¡Hola! Yaaa quería terminar este capítulo. Me sentía frustrada, no parece que ya estoy de vacaciones, no he podido hacer casi nada de lo que tengo planeado TT-TT por suerte, creo que aún me queda tiempo para al menos comenzar a desarrollar mis planes.
A continuación, les dejo el siguiente capítulo de este fic, que a decir verdad está costando lo suyo.
Disc. One Piece y sus personajes son obra del genial mangaka Oda sama (*-*) yo solo tomé prestados algunos de ellos para realizar este fic.
Por Instinto
Capítulo 8: Destrucción
Los Mugiwara entraron en la fortaleza a paso decidido, y unos momentos después de que entraran escucharon unos murmullos, seguidos por los golpes que evidenciaban el inicio de la batalla que se desarrollaba entre Robin y Martella.
Avanzaron más sin detenerse y sin volver atrás, pues sabían que eso era asunto de Robin y no iban a intervenir. Delante de ellos, el camino se dividía en dos, a la derecha y a la izquierda. Había varios pisos más arriba, pero evidentemente las escaleras para subir no estaban allí.
-Bien… ¿por dónde deberíamos avanzar?
-Esto tiene pinta de trampa por todas partes- comentó Franky- era de esperarse que esa mujer tuviera algo preparado.
Habría que dividirse, para variar.
Lo dejaron a la suerte, y decidieron que por la derecha irían Luffy, Nami, Ussop y Franky, y a la izquierda irían Chopper, Brook y Sanji. Como siempre al cocinero no lo beneficiaba la suerte en cuanto a pasar algo de tiempo con una de sus amadas damas. Se fue rezongando siguiendo a los otros por el pasillo de la izquierda.
Conforme avanzaban, el pasillo se volvía más oscuro. No había ventanas que dieran hacia afuera y después de un rato de caminar se dieron cuenta de que el camino iba inclinándose. Al cabo de unos metros, se encontraron con unas escaleras, al final de las cuales había una puerta de madera que abarcaba todo el ancho y alto del pasilllo.
Sanji siguió caminando y los otros dos lo siguieron de cerca.
-Sanji…esto da miedo- dijo Chopper antes de que comenzaran a bajar las escaleras. El rubio se encogió de hombros.
-Puede que encontremos algo- repuso- hay que continuar.
Y así lo hicieron. Al bajar la escalera y llegar a la puerta, Sanji la miró con atención. Brook también se inclinó sobre ella.
-Tiene cerradura, pero- lo forzó un par de veces- no gira. Ni hablar, habrá que romperla.
Chopper y Brook se hicieron hacia atrás, no hacía falta más que Sanji para romper esa puerta. Apenas dio él la primera patada y la puerta salió volando hecha pedazos, pero al tiempo un zumbido apenas perceptible comenzó a escucharse.
Chopper, cuyo oído era mucho más sensible que el de sus nakama, se tuvo que tapar las orejas porque el ruido era insoportable.
Sanji se arrodilló a su lado, buscando cómo podría ayudarle, pero tuvo que levantarse rápido pues escuchó un ruido diferente al que oía Chopper; unos proyectiles venían hacia él, eran bolas de acero, mucho más grandes que sus puños, apenas logró esquivarlos y hacer que Chopper se tirara también al suelo para que no le hicieran daño.
-¡Brook, ten cuidado!- alcanzó a gritar porque a él no lo tenía tan cerca como para ayudarle como a Chopper. Brook comenzó a dar tropezones, un poco confundido, y peleándose contra sus propios pies terminó recargándose contra una de las paredes.
Sintió que su codo se hundía en una parte del muro. Bajo sus pies, el piso se abrió y él cayó por un túnel que se inclinaba cada vez más abajo en medio de una absoluta oscuridad. Lo último que escuchó fue a Sanji gritándole pero no pudo contestar más que con otro grito, con el que de cualquier modo no consiguió nada.
El suelo se cerró del mismo modo en que se había abierto, y tanto Sanji como Chopper no pudieron dejar de verlo por un par de segundos. Buscaron la manera de abrirlo durante varios minutos, tanto con sus ataques como buscando un "interruptor secreto" con el cual volver a abrir la trampa, pero no lo consiguieron.
-Genial- se quejó el rubio mientras volteaba hacia la entrada cuya puerta había destrozado- ahora también tendremos que ir a buscar a Brook.
-¿Crees que esté bien?
-No le pasará nada, es un esqueleto- Sanji torció un poco la boca, como evaluando qué tan cierto era lo que acababa de decir. Lo que no quería, obviamente, era preocupar a Chopper.
La puerta estaba abierta ahora y comprobaron que el camino seguía inclinado hacia abajo.
-Tal vez logremos llegar hasta él si seguimos por aquí- sugirió Chopper. Sanji se encogió de hombros.
-Habrá que intentarlo. Vamos.
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Brook se llevó una de sus huesudas manos a la frente, el golpe que había sufrido le había dolido hasta los huesos…el chiste se contaba solo. El caso es que el dolor que sentía en el cráneo no fue nada en comparación con el susto que se llevó al ver frente a él una verdadera aparición.
-Interesante espécimen, tenemos aquí- se escuchaba su voz cavernosa en medio de la oscuridad- un usuario, sin duda. Qué afortunado, muy muy afortunado.
Brook se sentó de golpe y se arrastró hacia atrás lo más velozmente que pudo hasta que su espalda chocó contra una pared, mientras soltaba un sollozo de susto; frente a él había alguien….era un anciano, pero a primera vista hubiera jurado que era un fantasma por su palidez y su cara arrugada, como diría Luffy, "un viejo con muchas heridas", casi un zombie. A pesar de verse algo lastimado, el viejo parecía firme y fuerte. Y bien, Brook no era la ¿persona? más adecuada para asustarse así por el aspecto de alguien.
-¿Estás bien, hijo? No te asustes, todo está bien.
Hacía mucho que nadie llamaba así a Brook y por supuesto hacía mucho que alguien lo trataba con tal naturalidad a pesar de un esqueleto parlante, de modo que el alegre músico no podía salir de su asombro, y tampoco contestar. El anciano se acercó a él, con algo de trabajo; evidentemente sus piernas estaban algo débiles para caminar. Brook se sorprendió al darse cuenta de esto y se preocupó, de modo que lo ayudó a sentarse a su lado. La perturbación iba disminuyendo poco a poco dando paso a la curiosidad.
-¿Por qué no se asustó conmigo?- preguntó. El anciano sonrió.
-Es evidente que eres un usuario. He visto demasiadas cosas en este mundo como para asustarme con alguien como tú.
-Oh…entiendo.
-Tú eres…un pirata, ¿No es cierto?
-¿Cómo lo sabe?
-Tu vestimenta. Y creo que no podrías estar aquí por otra razón. ¿También fuiste capturado por esa psicópata?
Brook supo en seguida que el anciano hablaba de Martella. Seguro ella era quien le había hecho daño. Decidió irse con tacto.
-No, en realidad caí aquí por accidente. Pero tengo un nakama que tiene problemas. Usted…es un sacerdote, ¿verdad? de la isla de la Noche. Lo estuvimos buscando.
El anciano se sorprendió, pero en seguida se repuso. Brook por su parte, había llegado a esa conclusión al notar que seguramente el anciano necesitaba un bastón. El mismo que él y sus amigos habían visto en la casa donde encontraron también la comida quemada. Y al parecer, por la cara que puso, no se había equivocado.
-No esperaba que me reconocieras. ¿Qué tipo de problema tiene tu nakama?
-Pues…verá…
Brook le explicó todo lo ocurrido lo mejor que pudo. Abundó en detalles sobre lo que sabía, lo que él mismo había presenciado y lo que le habían contado Franky, Chopper y Robin acerca de Zoro, su estado, cómo habían conseguido la piedra entre otras cosas. El sacerdote lo escuchó con atención durante los pocos minutos en que estuvo hablando y pareció estar reflexionando profundamente cada una de sus palabras todo el tiempo. Cuando Brook terminó de hablar, le dedicó una mirada bastante grave.
-Debo entender entonces que el amigo que mencionas es un muchacho de cabellos verdes que trajeron aquí hace unas tres horas.
-Sí, es él- confirmó el esqueleto- Zoro san fue separado de nosotros y venimos a buscarlo. ¿Lo tenían aquí?
-Justo en la celda enfrente a esta- confirmó el anciano, volteando en esa dirección. El calabozo estaba cerrado por una pesada puerta de metal sin barrotes, solo con una pequeña ventana por la cual él no podría salir de todas formas. Brook se asomó por ahí y vio la celda donde habían tenido a Zoro antes, según él; estaba cerrada con barrotes, de modo que se veía su interior. En ella había un poste de madera y cadenas.
-Esa mujer es una salvaje. Escuché como torturaban a ese hombre pero no tuve el valor de verlo con mis propios ojos.
-¿Lo torturaron…?
-Sí. El pobre gritaba de dolor cada vez que le daban un latigazo y, por su estado actual, supongo, sonaba como un animal salvaje- se llevó una mano a la frente, reflexionando- debieron lastimarlo mucho.
-¿Tiene idea de dónde está ahora?
El sacerdote se encogió de hombros.
-Hace unos minutos se lo llevaron, no sé con qué fin pero de esa bestia se puede esperar cualquier cosa. Estaba preocupado por él y me sentía culpable por no tener el valor si quiera de asomarme por la ventanilla. Pero ahora me alegra saber que es un muchacho fuerte, y según lo que me dices sabrá resistir, seguro.
-No lo dude- afirmó Brook, con algo de orgullo. Se hizo un silencio no exento de cierta incomodidad pero ambos lo manejaron apropiadamente.
-¿Estás pensando en algo, amigo…?
-Brook. Me llamo Brook, mucho gusto. Pensaba en cómo podremos salir de aquí, no sé si pueda romper la puerta con mi espada.
Acto seguido se puso de pie y buscó con la vista su arma, que había caído cerca de donde él lo había hecho. Luego se acercó a la puerta de la celda, pero no tardó en comprobar que era demasiado gruesa. Suspiró. Tendría que confiar en que sus amigos lo encontrarían pronto y lo sacarían de allí y así se lo dijo al anciano sacerdote.
-No puedo ponerme exigente, ya que al menos tengo algo de compañía.
Brook asintió. Se sentó de nuevo en el suelo junto al anciano y trató de hacer memoria de qué herramienta de Franky sería útil para abrir esa pesada puerta. Un suspiro salió de él repentinamente.
-Me pregunto si Robin san podría pelear contra la capitana Martella.
El anciano volteó, prestándole atención otra vez.
-¿Puedo preguntar quién es esa Robin san que has mencionado tanto en lo que me cuentas? ¿Y dices que está peleando con Martella?
Brook había hablado sin pensar y en realidad apenas entonces se dio cuenta de la cantidad de veces que había mencionado a su compañera en ese tiempo.
-Robin san es una de mis nakama -repuso-, y sí, está peleando contra ella. Se enojó mucho porque le quitó la piedra y está peleando por recuperarla. Ha hecho un gran trabajo cuidándola y también cuidando a Zoro san…
El sacerdote miró a Brook gravemente, como si lo dicho por el músico fuera una gran falta cometida en lugar sagrado. Solo por esto, él guardó silencio y esperó por si le decía algo, estaba bastante impresionado por esta reacción tan repentina de parte de alguien que hasta el momento se había portado de lo más cordial. Su mirada severa era fulminante.
-Tu…compañera ha estado cuidando a la piedra y a Zoro san… ¿por sí misma? ¿Ella sola?- preguntó con énfasis.
-Bueno…sí…casi…y también ha estado leyendo ese libro, para saber bien qué pasa con Zoro san y cómo podemos ayudarle- admitió Brook- hemos ayudado en lo que hemos podido pero la mayor parte del tiempo…ella es quien se ha hecho cargo.
Hasta ese momento fue que Brook pareció darse cuenta, es decir, caer en cuenta seriamente en ese detalle, por su parte el sacerdote pareció estar preocupado.
-¿Y ella? ¿Está bien? ¿No se ha sentido mal?
Brook no entendió a qué venían estos cuestionamientos y por lo tanto no supo qué contestarle al sacerdote. Éste sin embargo insistió.
-¿Ha estado mal últimamente? ¿Ha estado cansada o enferma de algo?
-E…en realidad no lo sé…Robin san es tan reservada y no se enferma con facilidad…es muy difícil darse cuenta si le pasa algo. ¿Por qué me pregunta esas cosas?
-Porque…me imagino que no lo hicieron a propósito, pero provocaron que su compañera corra un gran peligro.
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Cuando Luffy se encontró a sí mismo, solo, en ese pasillo, un rencor tremendo lo recorrió de pies a cabeza. Una cosa era separarse para abarcar más terreno, pero otra cosa era que la mujer les tendiera trampas para que cayeran en ellas y sus compañeros simplemente desaparecieran detrás de él, dejándolo completamente solo. Y no era que le molestara estar él solo, el problema era que no podría protegerlos así. Apretó los puños y siguió avanzando a toda la velocidad que sus piernas se lo permitían.
Siguió corriendo, buscando, por si había alguna habitación o una celda donde ellos hubieran caído pero no encontró ninguna pista; por más que les gritó, por más que trató de encontrarlos simplemente parecía que se hubieran hecho humo. Esto lo desesperó en demasía, ya era el colmo lo que les estaban haciendo. Primero Zoro, ¿y ahora esto? ¿Qué era lo que quería esa mujer?
Esperaba que Robin pudiera con ella, pero no dudaba que sería un enorme problema. Quería confiar en que su nakama terminaría con ella con facilidad pero era difícil confiar en eso cuando la misma Robin no se encontraba del todo bien, eso era notorio hasta para alguien que como él siempre estaba en las nubes.
Siguió recorriendo el pasillo, pero conforme avanzaba éste se volvía oscuro, cada vez un poco más. Trató de continuar pero de pronto se sintió hondamente hastiado, cansado.
Percibió un aroma de lo más extraño en el ambiente. No lo había sentido hasta ese momento y no estaba seguro de si había estado allí desde antes y probablemente él solo no lo había percibido. Apretó los ojos y sacudió la cabeza, tratando de ignorar el hecho de que comenzaba a dolerle y que sentía que sus ojos peleaban contra él; no podía mantenerlos abiertos por demasiado tiempo y por más que lo intentaba más luchaban ellos por cerrarse. Cada paso que avanzaba en el ahora permanentemente oscuro pasillo le parecía que sus rodillas se doblaban.
Iba arrastrando los pies y llegó al punto en que tuvo que agarrarse de la pared para andar. Finalmente tuvo que arrodillarse y tras avanzar así un poco más, se arrastró usando los brazos, pero ya no le respondían. Trató de usar su poder, y comprobó que podía estirar su brazo así que todo aquello no tenía que ver con kairoseki. Fue lo único que pudo sacar en claro y decidió que tenía que salir de allí pronto, pero llegó un punto en que, en lugar de avanzar, se topó con una pared que cerraba el pasillo, dejándole cerrado el camino. Como pudo, aún tirado en el suelo, se dio la vuelta y trató de regresar pero no avanzó demasiado cuando otra pared se cerró frente a él, dejándolo encajonado en esa pequeña sección. Se estaba quedando por completo sin fuerzas. Aunque trató de usar alguno de sus ataques para romper los muros, no lo consiguió, el olor que había en el ambiente era cada vez más poderoso y sus brazos, y todo su cuerpo estaban realmente débiles.
Finalmente, no pudo más, y entregarse al sueño pareció la manera más factible para terminar con la situación. Aunque una parte de su consciencia le pedía que continuara, que se levantara y tratara de continuar avanzando, que no podía dejarse vencer por algo así, que se había dejado caer en una trampa cruel, no pudo hacerle caso a esa voz, y ni siquiera el enojo que tenía contra aquella mujer por haberlo separado de sus amigos fue suficiente para sacarlo del letargo.
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Nami abrió los ojos luego de un buen rato tratando de convencerse a sí misma de hacerlo. Sentía algo extraño en su cabeza; su cabello había sido jalado hacia arriba y su cuello estaba muy cansado. Se preguntó varias veces en dónde estaba y qué había sucedido pero no pudo efectuar ningún razonamiento efectivo, tan desubicada se encontraba aún. Trató de mover sus brazos, que estaban hacia arriba sujetos contra la pared con unos grilletes. Estaba sentada sobre sus piernas dobladas y sus tobillos también estaban apresados con cadenas.
Se removió, adolorida. Su espalda se sentía como si la hubieran atacado a pedradas y al tratar de estirarse sintió un dolor punzante en el pecho, en los pulmones. Se quejó en voz alta, y fue cuando sus oídos percibieron el eco que se producía a su alrededor que se dio cuenta de que estaba sola en un calabozo realmente pequeño, apenas un metro cuadrado, según pudo calcular. Había una gotera que caía enfrente de ella; el sonido que producía cada vez que una gota se sumaba al pequeño charco que se había formado en el suelo le retumbaba en la cabeza como si el charco estuviera allí, dentro de su cerebro. Respiró profundamente deseando que aquello terminara pronto, que alguien la sacara de allí, pero llegó a la conclusión de que esperar era algo que haría en vano. De modo que se atrevió y le dio fuerza a sus piernas y trató de ponerse de pie, pero al hacerlo sintió un fuerte jalón y cayó sentada de nuevo; su cabello estaba firmemente enredado en una pequeña estructura pegada en la pared; parecía una manija y tenía agujeros circulares, cuatro para ser exactos, donde su cabello se enredaba. Ya que estaba tras ella, no podía desenredarlo con propiedad y le dolía cada vez que intentaba jalar, así que finalmente desistió.
Así, cansada y fastidiada, se dejó caer sentada otra vez. Ojalá tuviera unas tijeras….pero bueno, su cabello era el mínimo de sus problemas, si de todas formas no podía mover mucho sus manos ni sus pies. Suspiró mirando hacia la puerta de madera que había frente a ella. Pensó en gritar pidiendo ayuda, pero después de un momento llegó a la conclusión de que mejor era mantener la calma y guardar silencio, no dar muestras de vida mientras estuviera allí…probablemente eso era lo más inteligente que podría hacer en semejante situación.
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Ussop levantó un poco la cabeza y vio a Franky frente a él. Franky hizo lo mismo; lo miró fijamente por un segundo. Sus lentes habían caído al suelo desde mucho antes y su peinado lucía cansado, sin forma.
-Te ves muy mal- afirmó el tirador, sin demasiadas fuerzas.
-Yo podría decirte lo mismo.
-Hablo en serio, Franky, te ves realmente mal.
-Bueno, ¿qué esperabas? Me quitaron todas mis reservas. Me queda apenas suficiente cola para mantenerme en pie. ¿Qué me dices de ti?
-No tengo idea de lo que pasó. Me duele todo el cuerpo y casi no me puedo mover.
Los dos estaban en un cuartito pequeño, que solo tenía salida arriba, como un pozo, que de todas formas estaba cerrado con una reja. Una luz venía de allí arriba y por el color, Ussop pensaba que provenía de antorchas. Estaban bien sujetos, de las muñecas y de los tobillos contra la pared, ambos de pie y sin posibilidades de descansar las piernas sentándose.
Ambos estaban bastante cansados ya…no sabían cuánto tiempo había pasado desde que despertaron allí, pero sabían que había sido demasiado y que a ambos les dolían ya mucho las piernas, la espalda, los brazos, todo. No tenían idea de en qué parte de la fortaleza estaban pero sabían muy bien que era muy difícil que salieran de allí por sus propios medios, e igualmente se preguntaban cuánto se tardaría alguno de sus compañeros en encontrarlos.
-Hay que tratar de mantenernos despiertos, eso es todo- sugirió Ussop, aunque sabía que le iba a costar mucho trabajo, y lo mismo a Franky. En cuanto al ciborg se le acabara lo poco que le quedaba de cola, despertarlo sería poco menos que imposible. Franky soltó una risa desdeñosa, pero a final de cuentas con algo cálido en su interior; de peores cosas habían salido. Se habían metido en problemas, claro, pero tendrían que aguantar. No podían empezar a desconfiar de sus compañeros ahora.
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-¿Qué es lo que pasa con Robin san, señor?- preguntó Brook al sacerdote, profundamente alarmado. El anciano trató de calmarlo con un ademán, pero no dejó de parecer ansioso.
-Es que… es difícil de explicar. Verás, mis hermanos y yo hemos estudiado casos como los de tu amigo desde hace muchos años y hemos analizado todo tipo de situaciones, tanto las que hemos presenciado nosotros mismos como las que están registradas en nuestros libros desde mucho tiempo atrás. No se presentan muy seguido pero han ocurrido ciertas…situaciones, y espero que no pase con tu compañera lo mismo que hemos presenciado en otras personas.
Brook guardó silencio, mostrándole que prestaba atención a lo que él le decía. Esperó a que continuara y el sacerdote lo hizo, buscando ser lo más claro que podía con su explicación.
-La persona que pierde sus sentimientos anda errática hasta que se vuelve completamente salvaje, su cuerpo se descontrola y finalmente muere. Eso sí se los dijeron, ¿No es cierto?
Brook asintió.
-Pues bien. Cuando se tiene la piedra, la persona afectada inevitablemente se siente atraída hacia ella, porque son sus sentimientos, es lo que hace falta para que esté completo, espiritualmente hablando. Es conveniente estar en un grupo grande como ustedes, que puedan atender tanto a la persona como a la piedra. Pero si es una sola persona quien lidia con ambos, tanto con la piedra como con el afectado, esta persona carga con un peso muy grande. Porque lejos de convertirse en un mediador o en un apoyo, se convierte en una fuente de energía, de sentimientos.
-¿Una fuente?
-Sí. Si tu amigo, Zoro san, ha pasado mucho tiempo con Robin san, lo más probable es que hayan creado una codependencia entre ellos, aún si nadie más se da cuenta. Él verá en ella no solo el apoyo, sino también los sentimientos y las emociones de las que carece, y aun inconscientemente, la buscará para que ella lo provea de todo eso. Por su parte, es probable que tu compañera no se haya dado cuenta de esto. Y…ella también desarrollará algún tipo de dependencia hacia él. Con el paso de los días él la irá drenando de todas sus energías, le quitará sus sentimientos, la vaciará. Tu compañera irá perdiendo las fuerzas, se sentirá enferma y cansada sin razón, y comenzarán a mimetizarse uno en el otro. Tendrán que estar juntos todo el tiempo o ninguno estará en paz. Ella desarrollará actitudes parecidas a las de él, y si se extiende por mucho tiempo la situación, podría quedarse sin sentimientos también.
Brook se quedó sin habla por algunos segundos, pero luego de reflexionarlo un momento, pudo darle forma a sus pensamientos y explicarle, a su parecer, la situación al sacerdote. Le costó trabajo, sobre todo porque no había experimentado la mayoría de las cosas por sí mismo, pero se esforzó en darle información objetiva desde su punto de vista.
-Somos muchos en el barco, señor, pero desde un principio nos pareció que Robin san podría hacerse cargo de la situación…ella tomó las riendas por su cuenta. Nosotros…- hizo una pequeña pausa- hicimos lo mejor que pudimos para hacerle las cosas fáciles y ayudarla cuando era necesario pero creo que siempre…pensamos que era lo mejor para Zoro san…se veía tan tranquilo con ella, nosotros no podíamos hacer mucho por mantenerlo bien, pero ella sí. Con ella se veía mucho menos tenso que cuando estaba con nosotros. Y en cuanto a Robin san… ella nunca se quejó de nada y se notaba que todo lo que quería era ayudar a Zoro san. La relevamos algunas veces para cuidarlo pero la mayor parte del tiempo ella estaba con él y no parecía que se sintiera cansada o enferma.
El sacerdote asintió.
-Comprendo su postura, y lamento que mis hermanos no previeran esta situación. Supongo que al ver que son varios en la tripulación asumieron que todos llevarían juntos la carga, pero una vez teniendo la piedra en su poder esto era algo que perfectamente podría pasar. Brook san, si ustedes me ayudan a salir de aquí los llevaré personalmente al lugar sagrado de mi isla para que puedan hacer el ritual sin ningún problema.
Brook asintió.
-Gracias, señor. Pero por el momento solo podemos esperar a que alguno de mis compañeros venga a ayudarnos.
Miró hacia la puerta del calabozo y esperó.
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Ussop escuchó un golpe arriba de ellos y levantó la cabeza.
-¡Luffy!- gritó con todas sus fuerzas al ver que su compañero había caído, con su cara vuelta hacia la reja que cubría el agujero donde ellos se encontraban. El capitán parecía estar inconsciente.
-¿Ussop?- escuchó entonces la voz de Nami.
-¿Nami? ¿Dónde estás?
-¡Estoy encerrada! ¡No sé dónde estás pero puedo escucharte!
Ussop siguió mirando hacia arriba, y pudo ver que Luffy se removía. Apretó los ojos y luego los fue abriendo, poco a poco.
-¿Ussop? ¿Franky?
Se escuchaba muy débil, y su mirada era pesada y ausente, como si estuviera realmente exhausto. Apoyó las manos en la reja y trató de abrirla, pero no resultó ya que casi no tenía fuerzas.
-Tranquilo Luffy, ¿estás bien? ¿Qué pasó?
-No sé… me siento raro…no veo muy bien- se quejó con la voz un poco temblorosa, haciendo que Ussop se asustara. Tanto él como Franky vieron cómo su capitán trataba de ponerse de pie sin éxito.
-¿Está Luffy con ustedes?- preguntó Nami, gritando.
-No, está…en otra celda, supongo, pero lo puedo ver. ¿Te encuentras bien, Nami?
-Yo sí, ¿qué hay de ustedes?
-Yo estoy bien, un poco cansado…Franky casi no tiene cola ya y Luffy se ve un poco mal.
-¿Tienen idea de dónde están los demás?
-No, desde que nos separamos no volvimos a saber de ellos.
Después de esto no hubo nada más que un profundo silencio. Luffy intentó una vez más ponerse de pie en vano, ante la mirada preocupada de Ussop que ya tenía el cuello por demás adolorido de tanto mirar hacia arriba.
-Ussop, no hagas ruido- llamó Nami otra vez- Escucho unos pasos...
-De nada te servirá susurrar, pequeña estúpida.
Nami lanzó un grito y a Ussop se le heló la piel; esa había sido la voz de esa mujer. De pronto, arriba de ellos, donde estaba Luffy, se escuchó una puerta abrirse y los pasos acercándose al interior. Entonces Ussop pudo ver a través de la reja: Martella venía caminando, sujetaba a Nami del cabello con una especie de manija, prácticamente la venía arrastrando. Nami se agarraba la cabeza y sollozaba de dolor, al parecer también estaba sujeta de pies y manos y le costaba seguirle el paso por las cadenas que traía en los tobillos.
Finalmente la lanzó al piso de un empujón y la navegante cayó encima de Luffy, que dejó salir un bufido.
Nami miró a través de la reja y su mirada se cruzó con la de Ussop; Franky parecía estar del todo inconsciente ya. Entreabrió los labios como si fuera a decir algo pero antes de poder hacerlo, la capitana le pegó una fuerte patada en el estómago, con furia. Nami dio varias vueltas en el suelo, alejándose de la vista de su nakama, que no se atrevió a decir palabra y ya sudaba frío.
-¡Deja a Nami!- gritó Luffy con toda la fuerza que tenía, con el rostro desencajado por la rabia, pero sin la posibilidad de moverse.
-¿O qué harás, pedazo de goma inútil? De ti ya ni me preocupo, mira cómo estás.
Martella caminó hacia donde había quedado Nami y con la misma furia de antes la agarró del pelo con fuerza.
Nami gritó; sentía como si le estuviera arrancando la piel del cráneo. No le quedó más remedio que hacer lo mejor que podía para ponerse de pie mientras la mujer la jalaba sin misericordia y la llevaba a una pared. Una vez allí, fijó sus grilletes al muro.
-¡Déjame ir, maldita zorra!
Al escuchar la protesta de Nami, Martella le soltó una bofetada con el revés de la mano. A Nami le saltaron las lágrimas, mitad de dolor, mitad de impotencia.
-Si te atreves a retarme como lo hizo tu amiguita te dejaré peor que a ella, ¿comprendes? Ahora mantente en silencio o no dudaré un segundo más en matarte.
Nami se quedó callada y la miró. Trató de no parecer débil, aún en su estado, pero pronto comprobó que se trataba de algo demasiado difícil.
Martella ya no le prestó atención. Caminó hacia Luffy y con la misma saña lo levantó del suelo sujetándolo de la garganta. Luffy se quejó; al parecer su habilidad estaba un poco debilitada.
Lo estrelló contra la pared con mucha fuerza, Nami pudo ver como su cabeza rebotaba contra ella pero no estaba segura de que le hubiera hecho daño. Luffy se mantenía con los ojos cerrados y se movía débilmente tratando de resistirse pero no era mucho lo que podía hacer. Una vez que ella terminó de encadenarlo, lo tomó firmemente de la cara y lo obligó a verla a los ojos; Luffy sin embargo no podía ver, como había dicho antes. No tenía los ojos completamente oscurecidos, pero sentía que eran como un vidrio empañado; distinguía algunas formas o siluetas pero no estaba seguro de nada de lo que estaba ocurriendo frente a él. Veía el rostro de la mujer, como quien ve una mancha frente a su rostro.
Ella se le acercó con una sonrisa burlona.
-¿Se supone que tu ibas a acabar conmigo, niñito idiota?
-¡Suéltalo, bruja!- gritó Nami, estirándose hacia adelante con todas sus fuerzas. Martella la miró con un gran enojo en el rostro. Soltó a Luffy y se acercó a ella. Nami por su parte, le sostuvo la mirada mientras ella se aproximaba cada vez más. Esperó en silencio cualquier cosa, un nuevo golpe, un jalón, una patada, un corte. Pero ella solo caminó hasta estar frente a ella, sacó un cuchillo de entre sus cosas y lo apuntó hacia ella.
-¿Tienes idea de lo que puedo hacer con uno de estos, bonita? ¿No? Guarda silencio si no quieres que te corte la garganta, estúpida.
Nami se sintió algo más amedrentada ahora; era muy diferente que la amenazara con palabras a que la amenazara directamente con un arma.
Pero evidentemente, acabar con ella en ese momento no estaba entre los planes de la capitana. Ella se acercó al pozo donde estaban Ussop y Franky y abrió la reja.
Pero ella no se hizo cargo de ellos directamente, sino que desde afuera de la habitación llegaron algunos marines más y fueron ellos quienes se encargaron de sacarlos de allí y encadenarlos a la pared junto con Nami y Luffy.
-Aquí solo hay cuatro- puntualizó Martella una vez que sus subordinados cumplieron- fueron siete los que entraron a la fortaleza, ¿dónde tienen a los otros tres?
-Al parecer se separaron al entrar, señora, capitana…los otros tres debieron ir rumbo a las celdas subterráneas.
Martella no iba a admitir error alguno y eso lo dejó claro en seguida.
-Les dije que para cuando terminara allá afuera los quería a todos aquí, ¿qué parte de la orden fue la que no entendieron?
-¿Cómo demonios íbamos a saber que ellos…?
El marine que se atrevió a hablar silenció de golpe su protesta. Nami y Ussop se miraron con ojos de preocupación, pero no dijeron palabra alguna. En el rostro del marine había una mueca de terror que solo se veía peor si la comparaban con el rostro impasible de Martella, cuyos profundos ojos verdes parecían ser lo único vivo en su conjunto, casi lanzaban llamas.
Su mano abarcó toda la cara del sujeto. Le hundió los dedos en los ojos mientras él gritaba con todas sus fuerzas. Los otros marines se mantuvieron firmes mientras Nami y Ussop apartaban la mirada de aquella escena. El hombre siguió gritando por varios minutos, y todo lo que Nami escuchó fue cómo su cabeza se estrellaba una y otra vez contra el muro. Finalmente no hizo un ruido más y todo lo que se escuchó fue la pesadez de su cuerpo al caer al piso.
-Sáquenlo de aquí- ordenó entonces Martella, con la voz inyectada de desprecio- ya me tenía harta. Y no se les ocurra aparecerse frente a mí sin los otros tres, ¿entendieron?
Los marines no contestaron, pero recogieron el cuerpo ensangrentado de su compañero del suelo y salieron corriendo de la habitación.
Ussop se sintió asqueado por el olor que inundó la estancia en ese momento. Cuando él y Nami abrieron los ojos y miraron a Martella, ella seguía de pie frente a la pared manchada de rojo, viendo fijamente su mano derecha. Esa mano estaba chorreando sangre. Luego se dio la vuelta hacia ellos. Nami sintió que se le hacía un hueco en el pecho, cuando Martella caminó de regreso hacia ella. Su mano ensangrentada entró entonces en contacto con la piel de su rostro. Nami ahogó un sollozo cuando sintió que le manchaba las mejillas y luego le sujetaba la barbilla.
Martella lanzó una carcajada de satisfacción cuando Nami trató de apartar el rostro con horror. La navegante tenía la mandíbula temblorosa y la piel de gallina, y parecía que en cualquier momento se iba a echar a llorar.
-¡Detente! ¡Déjala tranquila!- pidió Ussop, también muy afectado.
Por su parte, Luffy, sin estar muy consciente al parecer, murmuró el nombre de su compañera como pudo, y en este momento fue que Nami se esforzó un poco por calmarse y guardar silencio a pesar de lo que Martella le hacía.
-Bien, me retiro. Ya están advertidos, así que no me hagan enojar demasiado, ¿comprenden?
Se dirigió hacia la puerta de entrada a esa habitación; una enorme puerta de metal. La abrió con una llave que sacó de su chaqueta.
- Por cierto, a estas alturas creo que su amiguita ya está muerta. Y el otro, el de pelo verde… bueno, digamos que no hay mucho que puedan hacer por él.
Su sonrisa se quedó grabada en la mente de los Mugiwara cuando los miró por última vez y salió de allí.
-Nami…Nami, ¿te encuentras bien?
Nami asintió. Las lágrimas finalmente habían caído de sus ojos, formando dos gruesas líneas en sus mejillas que llegaron a su barbilla. No se soltó a llorar a lágrima viva pero sollozó un par de veces antes de calmarse y poder hablar de una manera más aceptable.
-Lo siento. Esto me dio demasiado asco.
-No te culpo… ¿crees que lo haya matado?
-Si no está muerto, cuando menos lo dejó en estado vegetativo- contestó ella entonces, hablando totalmente en serio- Nunca pensé que fuera tan cruel. ¿Viste que no se le movieron ni las cejas?
Ussop asintió, pero sacudió la cabeza para olvidarlo por un momento.
-Luffy, ¿cómo te encuentras?
-Aún…no me siento bien…
-¿Ves algo?
-No mucho.
-Tranquilo…los demás no tardarán en encontrarnos…- trató de animarlo Ussop- ¿Franky? ¿Estás despierto?
Franky efectuó un débil movimiento afirmativo.
-Estoy tratando de guardar energía.
-Menos mal. Trata de mantenerte despierto.
Ussop suspiró mientras dejaba caer su cabeza hacia el frente, pues sentía una gran presión ahora sobre él y sus amigos. Nami le llamó la atención con un movimiento de cabeza; ella le pedía que no hiciera mucho ruido, de modo que ambos se acercaron lo más que pudieron para poder hablar.
-Martella, ¿la viste con atención?
-Me preocupaba más el cuchillo que traía en la mano, para ser sincero.
-Pues…ella no traía ya la piedra en el cuello. ¿Crees que Robin se la haya quitado?
Ussop miró hacia el piso un momento y luego volvió a mirar a Nami.
-Tú la oíste. Seguro le tendió una trampa o algo, y por eso cree que algo le ha pasado ya. No quiero creer que Robin esté muerta, no puede estar muerta…pero si Martella cree eso, quizás es porque la venció.
-Robin es demasiado poderosa para haber sido vencida por esa bruja- repuso Nami, con orgullo- algo debe haber hecho. No creo que le haya sido tan sencillo vencerla, debe estar alardeando.
Ussop hizo otro gesto de preocupación, y entonces Nami negó con la cabeza, repentinamente exasperada por tanto pesimismo de parte de su compañero.
-Ya verás…ella vendrá, con la piedra… y con Zoro.
Ussop miró a Nami y trató de tener algo de su confianza, pero pronto se dio cuenta de que la navegante estaba tan confundida y asustada como él, solo que tenía que mantenerse fuerte. Luffy se mantenía con los ojos cerrados pero cada cierto tiempo se movía o murmuraba algo, demostrándoles que seguía despierto, lo mismo que Franky. Pasaron varias horas así. Se hizo de noche y aunque sus posiciones no eran cómodas, consiguieron dormitar un poco. La débil luz de la mañana se coló por una pequeña ventana que estaba muy, muy arriba de ellos, aunque a decir verdad, no les hacía mucha diferencia si aún no encontraban una manera de salir de allí.
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Robin y Zoro llevaban unos pocos minutos caminando por el bosque, cuando pasaron justo al lado de la fosa donde ella había caído la noche anterior. Robin se paró en una orilla con la firme intención de mirar en su interior y tratar de averiguar qué tan profundo era, y no pudo evitar sentir una ligera conmoción, con un toque de vértigo, cuando comprobó que no podía ver el fondo y que se oscurecía. No había nada más en su interior que agua, sucia, casi lodosa.
Se inclinó un poco más hacia delante y en ese momento la sensación cálida del brazo de Zoro le rodeó la cintura. Ella retrocedió y lo hizo que la soltara, retirándolo con firmeza.
Continuó la marcha asegurándose de que su compañero la seguía y que no perdiera el camino como era tan habitual que lo hiciera. Llegados a este punto, se tuvo que preguntar cómo exactamente la había encontrado la noche anterior, cómo había encontrado la cueva en que se habían refugiado, entre otras cosas.
Por el momento no le prestó mayor importancia a estos detalles, lo que debían hacer pronto era salir de allí.
Decidió hacer lo que no había podido hacer el día anterior; ayudada por sus poderes, escaló uno de los enormes árboles de la isla luego de hacer prometer a su compañero que no se movería de donde ella lo dejaba. No le costó mucho trabajo llegar a la cima de uno de los árboles y desde allí echó un vistazo. No tuvo dificultades en encontrar el Sunny, y realmente no estaba tan lejos como ella lo había pensado.
Si se había confundido y se había perdido al correr pudo deberse a su cansancio, a la angustia que de pronto había sentido y a que se había enfermado de un momento a otro de una fiebre terrible, que probablemente hasta la había hecho alucinar. Distinguió entre los árboles lo que creía que sería el mejor camino para regresar al barco y bajó con precaución del árbol. Debajo de este, Zoro seguía esperándola justo donde ella se lo había indicado, sin moverse, completamente obediente.
Continuaron con su camino siguiendo el mapa mental que se había trazado Robin.
Mientras andaban, ella trató de conversar con su nakama para calmar un poco la tensión que había, sin embargo, no tardó mucho en comprobar algo que desde la noche anterior le había causado cierto pesar; Zoro no contestaba a nada de lo que ella le decía. Y su mirada no estaba tan ausente, y hasta parecía comprender las cosas que ella le dirigía o las preguntas que le hacía, pero él no parecía capaz de emitir palabra alguna. Unos días antes lo hacía, aunque fueran en su mayoría respuestas mecanizadas, obedientes a sus impulsos corporales y completamente frías y objetivas, él seguía siendo capaz de expresarse de manera que seguía pareciendo, al menos, un humano, una persona. Pero ahora ni eso. Por más que Robin intentaba hacer que su compañero hablara, aunque fueran palabras mínimas, él no lo hacía. Se limitaba a mirarla, a asentir o a negar con la cabeza, y eso después de mucha insistencia y con un gran esfuerzo de su parte, al parecer.
Robin se preocupó y apresuró su paso. Pero era tan difícil, sobre todo porque Zoro insistía en acercarse a ella, en tocarla aunque fueran roces mínimos. La tomaba del brazo, se acercaba a su espalda. Cuando ella tenía que detenerse un momento, por cualquier cosa, su compañero se acercaba a su espalda y trataba de abrazarla. Ella huía a sus brazos, pero al mismo tiempo sentía que una fuerza superior a ella la empujaba de regreso hacia ellos, hacia el cuerpo de su nakama que emitía un calor tan agradable y un magnetismo que parecía actuar poderosamente sobre ella. Robin se resistía a caer presa de ese poder.
Ya había entregado suficiente de sí misma, a decir verdad, demasiado. Zoro se había equivocado. Al decirle aquellas palabras, antes de que todo pasara, él no le había dado a Robin una parte de él, sino al contrario. Zoro había arrancado sin piedad una parte de ella y se la había guardado en el bolsillo como para tenerla disponible cada vez que la necesitara.
Aunque por otro lado, ¿por qué seguir negándose? ¿Por qué alejarse de algo que podía hacerlos felices a ambos? ¿Por qué privarse de un placer que ambos buscaban obtener, uno del otro, a manos llenas?
De tener sentimientos aún, si de verdad la amaba tanto como había afirmado, ¿no hubiera querido Zoro tenerla y hacerle el amor? ¿Y no era eso lo que ella misma estaba deseando?
Podía simplemente mandar todo lo demás al diablo. Podría simplemente…entregarse a él en cuerpo y alma, y dejar que la pasión los consumiera hasta que tuvieran que matarse uno al otro… hasta que tuvieran que despedazarse, desangrarse, y de ser posible morir confundidos completamente, sus cuerpos, sus almas, su sangre….
Esta imagen, este pensamiento, impregnó su cerebro. Se estremeció solo de pensarlo, se le cortó la respiración, y antes de que pudiera rectificarlo, habían llegado al Sunny.
Las piernas le temblaban… ¿de verdad lo estaba considerando tan seriamente? ¿de verdad estaba imaginando cómo sería, como si pudiera pasar en ese momento?
A duras penas pudo subir al barco sin caerse de la sensación tan extraña que había recorrido su cuerpo.
Pero no pudo decir nada. No hubo ninguna palabra en medio de lo que ocurrió a continuación; Zoro la cargó con toda su fuerza y la acorraló contra el mástil del barco para besarla. Y ella lo permitió en un principio, dejó que lo hiciera, correspondió a las toscas y apremiantes muestras de necesidad que su compañero hacía de ella. No iba a haber vuelta atrás, si él comenzaba a acariciarla, o si simplemente se quitaba la camisa y le dejaba el camino libre para que ella pudiera tocarle, ya no iba a poder detenerse más y todo lo demás dejaría de importarle en lo absoluto. Lo abrazaría y lo besaría, y se entregaría débil y sumisa ante cada deseo y cada necesidad que él tuviera, hasta que cualquiera de los dos sucumbiera ante semejante maldición…
La rabia de la violenta reacción de su compañero no había hecho más que encender un poco más la fuerza de su sangre y el palpitar pasmoso que tenía en esos instantes su piel, su corazón latía tan fuerte que creía poder escucharlo directamente en sus oídos y sus pulmones almacenaban tan poco aire que respiraba de manera entrecortada e incluso le daba la sensación de que se ahogaba, cada vez un poco más, cada vez estaba muriendo un poco más en los brazos de su nakama, que se negaba a soltarla y a cortar el beso, que parecía querer absorberla, volverse juntos un único ser.
La piedra colgaba de su cuello emitiendo cada vez un mayor calor, y era cada vez un poco más pesada. No supo en qué momento la notó más caliente de lo normal y le asustó que la fuera a quemar. de pronto sintió su brillo de lleno en los ojos, que aunque tenía cerrados, concentrada como estaba solo en disfrutar de su nakama, fueron perfectamente capaces de distinguir el resplandor verde y poderoso de los sentimientos de su amigo que eran cada vez más pesados, más difíciles de llevar. Fue entonces que Robin se percató de lo silencioso que estaba el barco…sus amigos no estaban allí, era un hecho que ninguno de ellos había regresado o ya se hubieran dado cuenta de lo que sucedía entre ellos allí en la cubierta. Pensar en esto la asustó.
De pronto, su mente repasó todas las cosas que había pensado en esos (ojala) escasos minutos y se dio cuenta de lo descabelladas que eran todas esas ideas, y de lo egoísta y desconsiderada que había sido, pero sobre todo, se asustó al darse cuenta de que en el fondo, estaba más que dispuesta. Estaba lista para hacer todas esas cosas sin pensar en nada más.
Tanto, que ahora sus amigos casi le daban igual y aunque estaba racionalizando su proceder poco a poco, esto no hacía que las cosas que realmente habían sido importantes antes volvieran a importar.
El egoísmo de su deseo poco a poco le fue ganando al miedo que sentía por sus amigos. La emoción de la entrega completa e incondicional, a lo bestia, le ganó al antes siempre latente miedo a la muerte, y el deseo, la lujuria y la pasión del momento le ganaron al anhelo de recuperar el amor frustrado que había compartido por unas pocas horas con su nakama.
Más de pronto otro golpe de realidad le golpeó de lleno dentro de su mente. De un momento a otro, y sin que viniera al caso, recordó las últimas palabras pronunciadas por Zoro la noche anterior. "Te quiero". Y esas mismas palabras habían sido las últimas palabras pronunciadas por Zoro del todo. Un "te quiero"… que para ella podía significarlo todo debido al momento que vivían cuando las pronunció, pero que sin embargo no habían dejado nada dentro de ella. Porque esas palabras estaban vacías. Porque Zoro, en su estado, no sabía lo que significaban o lo que podían llegar a significar para ella.
Zoro no estaba sintiendo lo mismo que ella. Él no sentía el fuego consumiéndolo, él no sentía la necesidad de la entrega. Él no deseaba comérsela viva ni morir a su lado del todo. Todo lo que él deseaba en ese momento era saciarse de ella y dejarla tirada allí… para él todo lo demás no significaba absolutamente nada.
Por un momento lo odió. ¿Por qué no era capaz de sentir todas esas cosas? ¿Por qué no era capaz de corresponderle? ¿Por qué tenía que lidiar ella sola con semejante agujero negro en que se había convertido su corazón?
Trató de quitárselo de encima a empujones y se repitió la escena que hacía dos noches había sucedido también allí en cubierta, al fin pudo darle un empujón suficientemente fuerte para quitárselo de encima.
Cayó al suelo, exhausta. Se reacomodó la ropa como pudo, las mangas de su blusa caían de sus hombros, y ella estaba tan agitada que apenas podía respirar lo suficiente para no desmayarse.
Seguía sintiéndose mal. Entre mareada, cansada y asustada. Su cabeza dolía tanto que creía que podría explotar.
Se cubrió la cara con las manos y luego las pasó por su cabello.
Miró hacia el cielo, gris y frío, preguntándose qué demonios había estado pensando, cómo había podido llegar al extremo de actuar de ese modo tan irresponsable. Pero sobre todo, ¿qué sería lo que la seguía manteniendo, aunque muy apenas, en la línea que marcaba la cordura, cerca de la realidad?
Cerró los ojos y se masajeó un poco el cuello. Luego levantó la vista hacia Zoro, que estaba sentado en la cubierta, algo lejos de ella pero aún enfrente, directamente, como si esperara algo de ella. Y Robin tuvo una pregunta más qué hacerse a sí misma, ¿cómo había podido permitirse, de una manera aunque fuera remota, odiarlo?
No tenía respuesta a ninguna de las interrogantes que se hacía.
Se puso de pie. Pero en lugar de ir con su compañero, se adentró en la cocina. Bebió un vaso de agua fría y salió de allí, para revisar las habitaciones, la bodega, la enfermería, los baños, la biblioteca. Nada. Ninguno de sus compañeros estaba allí.
-¿Se quedarían en la fortaleza?
Tal vez los habían atrapado. Robin no quería imaginarse qué podía pasar si alguno de ellos caía con Martella, si ella se ensañaba con ellos y trataba de lastimarlos. Ellos eran fuertes pero ella era demasiado astuta, conocía trampas, sabía cómo hacer daño.
No quiso perder más el tiempo haciendo conjeturas.
Salió de las habitaciones y se dirigió de nuevo a la cubierta, donde la esperaba Zoro, tranquilo, impasible.
Consideró dejarlo allí, en la bodega encerrado como lo habían hecho cuando atacó a Sanji, pero después de considerarlo decidió que esa quizás no era la mejor opción. No sería la opción más cómoda, pero le indicó que se pusiera de pie y le acompañara, y Zoro así lo hizo.
Por momentos, la rabia volvió a ella. ¿Cómo le era tan sencillo salir de una situación así, sin ningún problema, mientras ella seguía sin saber qué hacer con lo que llevaba tanto tiempo sintiendo y que la torturaba tanto, en su mente, su cuerpo, en su corazón?
Pero controló esa rabia, que no podía mal dirigir hacia Zoro y que de nuevo sentía, como el día anterior, que a la menor provocación le quemaba las venas.
Se sentía tan extraña. Todos esos comportamientos… todos esos deseos repentinos y esas actitudes eran tan impropios de ella. De pronto sentía cosas tan extrañas hacia su compañero, hacia sí misma. No comprendía qué demonios le estaba pasando y no le gustaba nada, porque cada vez le estaba costando más trabajo mantenerlo, lo que fuera, bajo control.
Robin y Zoro bajaron del Sunny y se dirigieron con gran velocidad hacia la fortaleza. Unas fuerzas extrañas surgidas en su interior le dieron a Robin el impulso que le hacía falta para dirigirse en esa dirección y algo dentro de ella le dijo que volvería a verse las caras con esa mujer.
Llegaron a la fortaleza, y esta vez, sus puertas estaban cerradas.
Robin se acercó a la barda y la saltó sin muchos problemas. Lo mismo hizo Zoro, tras ella. Se deslizaron por el patio vacío y llegaron a la entrada principal de la construcción, que estaba abierta.
-Vaya, no esperaba que volvieras viva de tu pequeña expedición por el bosque.
Robin se puso a la defensiva. Martella surgió de un rincón oscuro dentro de la construcción y se acercó a ella con el mismo andar tranquilo y resuelto que parecía tener siempre. Robin vio con sorpresa cómo se quitaba unos guantes blancos manchados de sangre, que tiró al suelo.
-Pensé que tu amigo te mataría, pero en lugar de eso volvió aquí y me quitó la piedra- un gesto de enojo cruzó su rostro- estaba muy ocupada para pelear pero pensé que si se quedaba aquí en la isla ya podría matarlo después. Después de todo no tiene forma de salir, ya que todos tus amigos se encuentran aquí dentro. Lo que no me esperaba era que volviera como un perrito amaestrado a buscar a su ama. Se ve que lo entrenaste bien, puta.
Robin apretó los puños pero no permitió que la provocación la lastimara. Martella solo sonrió. Hizo amago de comenzar a fumar pero al parecer no tenía cerillos.
-¿Tienes fuego?- preguntó de manera casual.
-No del que te gustaría- contestó Robin en el mismo tono. Martella soltó una risilla desdeñosa y guardó el cigarro en uno de sus bolsillos.
-Dime, mujer, ya que tengo entendido que lo sabes prácticamente todo- preguntó con cierta burla- ¿tienes idea de por qué me llaman "Martillo"?
Robin se mantuvo quieta y no contestó, no se iba a prestar para un juego infantil.
-¿No se te ocurre? Bien. Es por esto.
De una caja que había en el suelo, ella sacó de un tirón un arma; un martillo en todo el sentido de la palabra. Era enorme y liucía realmente pesado. Un lado de su cabeza era grande, plano, y se veía pesado. El otro lado en cambio terminaba en una fina y perfecta punta. La punta emitió un pequeño brillo cuando Martella lo movió.
-Te presento mi mejor arma, la que manejo con más soltura. Adoro los cuchillos- comentó, como si a Robin le importara- pero veo en este martillo cierta belleza. ¿Ves esa única punta? La encuentro hermosa. Fue hecha especialmente para mí hace algunos años. Es un diamante, de los más fuertes y puros.
Robin tomó la piedra con una mano y estuvo a punto de retroceder.
-Tú podrás ser…una especie de joya para muchos, Niña Demonio. Pero basta un diamante, para destruir otro de menor valor.
Dicho esto, no esperó más y se lanzó encima de ella. Robin retrocedió y se protegió, pero Martella parecía fuera de sí, dando golpes con el martillo, con toda su fuerza, hacia donde estaba ella.
Zoro intervino también, pero no pudo hacer mucho contra ella. Martella era demasiado ágil, encontraba la manera de escurrirse y avanzar hacia Robin y tratar de golpearla con el martillo. Por su parte la arqueóloga no estaba tan interesada en protegerse sino en proteger la piedra.
Se expuso demasiado y de pronto vio la sombra de la terrible arma ceñirse sobre su cabeza. Se acurrucó sobre si misma en el piso, pero antes de recibir el golpe se dio cuenta de que Zoro lo había recibido por ella en un intento nuevo de defenderla.
No le dio tiempo de preguntarse de nuevo por qué demonios Zoro actuaba así con ella si no tenía sentimientos, lo único que pudo hacer fue tratar de protegerse de nuevo, pues luego de que él saliera disparado hacia un lado y cayera al suelo pesadamente, ella había quedado expuesta una vez más.
Pero todo ocurrió como en cámara lenta. A pesar de sus esfuerzos por proteger la piedra, fue como si esta, por cuenta propia, sobresaliera lo suficiente para que el golpe fuera directo hacia ella, a su centro. Y en lugar de dirigir la fuerza del golpe recibido hacia el cuerpo de Robin, la piedra pareció absorber el golpe y quedarse firme y estática, de tal modo que Robin miró unas líneas brillantes formándose en su superficie. La piedra se agrietó y se deshizo entre las manos de Robin, que aún la sujetaba con todas sus fuerzas.
Los pedazos cayeron al suelo, ante la mirada impotente de la arqueóloga, que ahora volteó hacia Martella, explotando en toda la furia que no había podido dejar ir antes.
-¡¿Qué demonios hiciste, maldita?!
Se puso de pie y en lugar de atacarla con sus poderes le soltó un bofetón que tomó desprevenida a la marine.
Pero Robin detuvo el ataque cuando escuchó los quejidos de Zoro. Se dio la vuelta y no pudo reaccionar ante lo que vio. En el suelo, el espadachín comenzó a retorcerse como si le doliera mucho algo, sudaba, se quejaba, y se sujetaba el pecho, víctima de un dolor demasiado insoportable…
Continuará
Espero que el capítulo haya sido de su agrado y que se comiencen a resolver las dudas.
Muchas gracias a todos por dejarme sus reviews y obviamente por regalarme algo de su tiempo y leer esta historia.
Espero tener pronto el siguiente capítulo, realmente escribir un fic, pero sobre todo llegados a este punto es para mí de lo más emocionante.
Una vez más, gracias por todo, y espero leernos pronto.
Aoshika October
