Me di el tiempo de terminar esto y subirlo. Planeaba hacerlo el domingo por la noche, pero debido a distintos motivos no me fue posible. Estoy muy contenta de cómo avanza la historia, y bueno, han pasado cosas geniales estos días por los cuales estoy muy, muy contenta.
Espero que este capítulo les guste.
Ni One Piece, ni sus personajes me pertenecen a mí sino al gran mangaka Oda sama (*-*) yo solo escribo esto por entretenimiento.
Por Instinto
Capítulo 9: Miedo
Detrás de Robin, Martella rio a carcajadas después de ver como ella se descolocaba por completo al ver a su amigo retorcerse en el suelo. La arqueóloga apenas se dio la vuelta a tiempo para sujetarle la mano antes de que le atestara un nuevo golpe con el martillo, lo cual dio inicio a una guerra de miradas que se cortó cuando Robin hizo su siguiente movimiento. Sus manos florecidas en el suelo jalaron con fuerza hacia atrás a la marine y la hicieron perder el equilibrio hasta tirarla en el suelo. Con esto, Martella activó las cuchillas de su ropa y esto hizo que Robin retirara sus manos por un momento, pero únicamente para concentrar sus esfuerzos en el martillo que la mujer había usado para atacarla, intentando quitárselo. Tras ella, Zoro seguía quejándose con una lastimosa gravedad. ¿Qué iba a hacer ahora?
Mientras Martella se las arreglaba contra su poder, Robin corrió hacia donde las piezas del diamante estaban tiradas, las recogió con sumo cuidado y se las guardó en un bolsillo, pero no pudo acercarse a Zoro por que Martella se liberó y se fue de nuevo contra ella con el martillo en alto, lista para atacarlos a ambos. Robin no se movió, para evitar que le hiciera daño a Zoro pero no pudo hacer mucho por defenderse del martillazo que la salvaje mujer le dio en plena espalda. El golpe la tiró a varios metros de distancia, y fue tan poderoso que le inmovilizó todo el cuerpo por varios segundos. Por suerte había sido con el lado plano del martillo, de haber sido la punta, seguramente la hubiera matado.
Cayó en el suelo boca abajo, y entonces miró las gotas de sangre que salieron de su boca. Al tratar de levantarse no pudo hacerlo; el dolor era demasiado fuerte y sentía todo su cuerpo entumecido. A pocos metros de ella, Zoro seguía moviéndose un poco, pero ella ya no lo escuchaba quejarse. Darse cuenta de esto la hizo sentir un impulso mayor por levantarse y tratar de acercarse a él, pero no pudo hacerlo.
Entonces sintió como los dedos de Martella se enredaban en su cabello. Le dio un jalón hacia arriba y al estar completamente impedida para ponerse en pie por sí misma, aquello le dolió horriblemente.
No le dio el gusto de escucharla quejarse. No pudo evitar que su cara demostrara lo mal que se sentía, pero su boca no dejó salir ningún sonido. Martella era suficientemente fuerte para levantarla del suelo con facilidad.
Lo mismo hizo con Zoro, pero él no parecía darse cuenta de nada. Mientras lo levantaba del suelo jalándolo por el brazo, Robin apreció su rostro. Parecía dormir. Se veía tan tranquilo.
Ella siguió sin hacer sonido alguno, e intentó que sus pies o sus manos pudieran hacer algo por liberarse pero no consiguió nada. Martella los arrastró a ambos hacia adentro de la fortaleza. En el camino dejó el martillo de vuelta dentro del cajón.
Caminaron por varios pasillos y llegaron ante una puerta.
-Los pondré aquí mientras tanto- les dijo con la voz impregnada de desprecio- Espero que se diviertan, seguro yo lo haré.
Prácticamente los arrojó dentro. Primero a Robin, quien cayó al suelo como una muñeca de trapo. Después, y a propósito, hizo lo mismo con Zoro, cuidando al parecer que cayera directamente sobre ella.
El golpe le sacó el aire y estuvo varios segundos tosiendo y sin poder respirar. Solo escuchó las risas de la mujer, seguidas por el sonido de la puerta cerrándose. Finalmente, luego de un rato, logró calmarse. El cuerpo de su compañero seguía sobre el de ella, pero no podía moverse para quitárselo de encima pues su cuerpo seguía entumecido. Ni siquiera se sentía capaz de usar sus poderes. Se sentía agotada y adolorida.
Pasaron varios segundos antes de que sus brazos tuvieran suficiente fuerza para empujar a su compañero y quitárselo finalmente de encima. Zoro rodó y quedó a un lado de ella, acostado boca arriba.
Robin se acercó a él. Aunque aún no podía levantarse, lo sujetó para que volteara su rostro hacia ella. Estiró su brazo y le tomó el pulso. Era demasiado rápido. Su piel se sentía exageradamente caliente de un momento a otro, y de repente comenzó a sudar. Esto asustó a Robin. Se acercó un poco más a él y trató de despertarlo, pero no lo consiguió por más que lo intentó.
Su siguiente impulso fue de abrazarlo, aunque no estaba segura de que eso fuera a ayudarle en algo. De cualquier forma, se acercó más a él y lo rodeó con los brazos, un poco temerosa, un poco insegura.
Sorprendentemente, ésta sola acción pareció ser beneficiosa para él. Su pulso se calmó y dejó de sudar. Robin solo le abrazó con más fuerza y escondió la cara en su pecho, percatándose de una forma que no esperaba de lo importante que eran realmente uno para el otro, al menos en esa situación.
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Sanji se asomó por la puerta hacia el pasillo, comprobando que no había nadie en los alrededores. Volteó al interior y le hizo una seña.
La noche anterior, habían escuchado unos marines rondando por ese lugar, y como era de esperarse ninguno de ellos fue rival ni para Sanji ni para Chopper. Los arrojaron dentro de una celda que encontraron vacía y continuaron con su camino, pero pronto se dieron cuenta de que el camino era difícil de continuar; el lugar era prácticamente un laberinto y era confuso hasta el hastazgo.
Chopper probó seguir el rastro de Brook por medio de su olor, y funcionó bastante bien pero al cabo de un rato estaba demasiado cansado para continuar, de modo que decidieron descansar y después continuar buscando cuando pasaran algunas horas. En cierto modo, tenían miedo de que después de los marines pasaran por allí sin resultados fuera la misma Martella quien bajara a buscarles. Chopper estaría demasiado cansado como para enfrentarla, en caso de que eso ocurriera, y Sanji simplemente no podría ponerle una mano encima, impedido como estaba de pelear contra una dama.
Ya habiendo descansado bastante y con los alrededores asegurados, Chopper caminó hacia donde estaba Sanji y con la misma precaución ambos salieron hacia el pasillo y continuaron con el camino que llevaban antes.
Chopper no tardó en recuperar el rastro de su amigo y en seguirlo a través de los intrincados pasillos. Sanji lo seguía de cerca, mirando hacia todos lados, cuidando a ambos de cualquier trampa o emboscada. Continuaron sin detenerse hasta que llegaron a una puerta.
-Aquí, Sanji- le dijo el reno a su compañero- aquí es donde llega el rastro de Brook.
-Bien, atrás- le indicó, poniéndose en guardia. Hizo un ataque poderoso con sus piernas, nada del otro mundo, y consiguió tirar la puerta casi sin ningún problema. En el interior de aquella habitación había más puertas que sin duda daban a otras celdas. Todas estaban cerradas, pero antes de que Sanji pudiera preguntar, Chopper había seguido el rastro con diligencia.
Finalmente, escogió una de las puertas y la miró.
-¡Brook!- gritó con fuerza- ¿Estás ahí? ¡Soy yo, Chopper!
-Ch…Chopper san, ¿de verdad eres tú?- tanto el reno como Sanji no pudieron evitar que sus caras mostraran un gran alivio repentino al escuchar la voz de su compañero.
-¡Sí Brook, somos nosotros!- informó, emocionado, Chopper- Sanji viene conmigo.
-¿Estás bien, Brook?-preguntó Sanji, acercándose a la puerta- ¿Cómo es que no has salido de allí?
-La puerta es muy gruesa y no la puedo cortar. ¿Puedes ayudarme?
-Bien.
Sanji se hizo para atrás. Él y Brook lanzaron al mismo tiempo sus mejores ataques contra la puerta y no fue necesario más para que esta cayera al piso hecha pedazos. Brook emergió de la habitación, y tras él apareció una pequeña figura encorvada, un anciano.
-Les presento al sacerdote de la isla de la Noche- anunció con alegría- él estaba en esta celda cuando caí y desde entonces hemos estado platicando un poco.
-Mucho gusto, señor- saludó Sanji, y Chopper hizo lo propio- menos mal que lo encontramos. Realmente necesitamos su ayuda.
-Su amigo Brook san me explicó cómo está la situación, y yo le he prometido que si me sacan de esta fortaleza y me llevan de regreso a casa les ayudaré en todo lo que esté al alcance de mis manos.
Sanji hizo un gesto afirmativo, con decisión.
-No dude que lo sacaremos de aquí. Pero antes hay que volver y buscar a los demás, escuchamos decir a unos marines que los habían capturado. No sabemos si tienen a todos.
-Tampoco sabemos qué ha sido de Robin.
-Bien, entonces no hay tiempo que perder- Brook volteó a ver al anciano- usted puede llevar mi bastón, si quiere, pero si necesito pelear, tendré que pedirle que me lo devuelva.
Brook sabía, porque lo había visto, que el sacerdote tenía problemas muy pronunciados para caminar, definitivamente necesitaba más el bastón que él. Por su parte, el anciano ya había visto que Brook tenía allí una espada, así que asintió aceptando sin dudarlo, pero Sanji intervino con urgencia.
-No, lo mejor será que yo lo lleve- se agachó, ofreciéndole subirse en su espalda-necesitamos darnos prisa. Puede que los demás nos necesiten ahora mismo y no hay tiempo que perder.
El anciano se subió a la espalda de Sanji. Al salir de la celda, vieron las demás que se encontraban en ese mismo lugar. Todas estaban cerradas con una puerta de metal, excepto por una, que estaba abierta y solo protegida por unos barrotes alrededor. Dentro de la celda se veían diferentes armas, cuchillos, un látigo, armas de fuego, martillos, cuerdas y cosas por el estilo. Brook no quiso mencionar lo que el anciano le había dicho sobre Zoro y que lo habían torturado, pensó que lo mejor sería dejarlo para después, cuando tuvieran al menos algo más de tranquilidad.
Salieron de allí, y cada poco tiempo, por si acaso, Chopper se agachaba en el suelo para percibir de regreso el rastro que habían ido dejando asegurándose de que iban caminando hacia el lugar correcto. No tenían un plan, para ello primero tenían que ver qué estaba pasando con sus compañeros.
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Robin hacía mucho que se había sentido tan mal como en ese momento, entre el devastador golpe que Martella le había dado y la que ya se sentía desde antes, se encontraba más que agotada y desgastada. Había dormitado a ratos a lado de su compañero, buscando protegerse mutuamente con el calor corporal que ambos pudieran producir. Él no había despertado, pero ya no se quejaba como un rato antes. A momentos cambiaba su estado físico, de pronto temblaba, de pronto sudaba y de pronto se alteraban su respiración o su pulso. De algo Robin estaba completamente segura; su piel se sentía demasiado cálida. Tenía una fiebre demasiado fuerte, casi hervía. Pero ella…no había nada que pudiera hacer para ayudarlo salvo quedarse a su lado como hasta el momento. No podía moverse mucho, y aunque lo hiciera estaban encerrados. Podría tirar la puerta con una de sus técnicas, pero no contaba con la energía suficiente para llevarlas a cabo. Aunque pudiera hacerlo, ¿qué iba a hacer? No podía dejar a su compañero solo, allí nada más.
Cuidarlo seguía siendo su responsabilidad. Había fracasado al cuidar de la roca, no podía darse por vencida al cuidarlo a él, no, no podía y no debía.
En una de las oportunidades en que parecía que el sueño iba a poder con ella, tuvo una sensación muy extraña que la obligó a abrir los ojos. Zoro tenía los suyos abiertos de par en par, apuntando directamente a los de ella. Era como si pudiera ver en lo más profundo de sus ojos, y esa sensación hizo que Robin se sintiera, por un momento, cohibida. Pero no por eso retiró la mirada.
Le aliviaba saber que lo de la piedra no le había hecho mayores daños, pero ¿qué significaría que hubiera sido destruida, y que los pedazos ahora estaban en su bolsillo?
Eso mismo se estaba preguntando cuando se dio cuenta de que los ojos de Zoro se comenzaban a oscurecer. Como si en un día soleado de pronto unos nubarrones cubrieran el sol, sus ojos se volvieron grises y opacos.
-¿Zoro?-lo llamó, sujetándole la cara. Él sacudió la cabeza, como si el tacto de las manos de su nakama lo molestara, y ella lo soltó sin dudarlo. Zoro mantenía sus ojos hacia ella pero Robin no creía que la mirara. Ella sabía que era algo diferente lo que pasaba tras esa mirada y esto la alarmó. Notó como su respiración se volvía agitada de golpe, y comenzaba sudar una vez más mientras su rostro se iba descomponiendo en un gesto de desesperación rabiosa que ella nunca esperó ver en él.
Trató de moverse, y consiguió incorporarse ligeramente. Se movió hasta quedar sentada en el suelo, y lo tocó.
-Zoro… ¿Te encuentras bien?
Sabía que no iba a contestarle pero al menos tenía que intentarlo. Se asustó al sentir su piel, caliente y húmeda de una manera tan exagerada. Además, sentía sus latidos aun cuando no había tocado ninguna vena, ni su corazón. Esto la asustó aún más, y la obligó a hacer un intento más por calmarlo y por hacerlo reaccionar.
Zoro comenzó a quejarse de nuevo. Primero lanzaba quejidos que se asemejaban a los aullidos lastimosos que lanzaría un animal herido, pero después de unos momentos estos se transformaron en gruñidos de rabia, mientras él trataba de ponerse en pie. Comenzó apoyándose en sus manos y en sus rodillas.
Robin se hizo para atrás, pero retrocedió aún más cuando sintió la feroz mirada de Zoro sobre ella. Era increíble como a pesar de tener la vista nublada, a través de sus ojos Robin aún podía sentir la pesadez y la amenaza que despedía. Ella consiguió ponerse en pie y en ese instante comprendió que estaba en verdadero peligro.
-Zoro…- trató de llamarlo, pero él no iba a responder y eso ella lo sabía a la perfección. La puerta estaba cerrada y ella apenas se podía mover. Si trataba de usar una de sus técnicas para abrirla Zoro podría tomarlo como si fuera una amenaza para él y ella no podía arriesgarse a eso.
Zoro comenzó a acercarse a ella. Pero percibió algo totalmente diferente a lo que había podido ver en él durante todo ese tiempo.
Su compañero no se acercaba con curiosidad, ni con ese frío deseo con el que la había asaltado antes, por las noches. Tampoco se acercaba con la rabia asesina que tenía en toda su expresión el día anterior.
Robin observó en él una mezcla de miedo, de dolor, de enojo y de desesperación que le fue difícil descifrar en un principio, y luego comprendió que era similar a lo que el sacerdote de la isla del Alba les había dicho antes. Zoro experimentaría cambios en su cuerpo que con el paso del tiempo serían difíciles de controlar y de soportar. Llegaría un momento en que no los soportaría más, y esto aterraba a la arqueóloga. Porque eso solo significaba que Zoro se encontraba cada vez más cerca de morir a causa de esa maldición…
Ella tenía la guardia arriba. De cualquier modo, se sintió conmocionada cuando él comenzó a correr en su dirección, con el puño en alto.
Apenas consiguió esquivarlo. El puño de Zoro quedó clavado contra la pared, de tal forma que él tuvo que jalarlo hacia sí con toda su fuerza para poder liberarse. Robin corrió al lado contrario del calabozo. Ya que el espacio era muy reducido, tuvo que armarse de valor y sacar fuerzas de la nada solo para evitar que Zoro la lastimara, sin embargo pronto se dio cuenta de que él no buscaba hacerle mayor daño del que se estaba haciendo a sí mismo. Sus golpes, y su comportamiento en general, eran totalmente erráticos, y más parecía que lo que él trataba de hacer en ese instante era dañarse, lastimarse. Se daba de golpes contra las paredes. Se iba sobre ellas a cabezazos y esto alarmaba a la arqueóloga porque cada vez se veía peor; herido, lastimado, cansado.
Su presencia parecía ser un detonante más, un blanco que se movía por cuenta propia, un motivador más para una serie de golpes y ataques que de no haber estado ella igualmente hubieran tenido lugar, solo que de una forma más desordenada.
Robin hizo su mayor esfuerzo por concentrarse y buscar una salida, y finalmente lo logró.
Recordó la pelea que Zoro tuviera días antes con aquél león/oso, unas islas atrás.
Se movió sabiendo que eso llamaría su atención, y se siguió moviendo con determinación. Le sostuvo la mirada mientras avanzaba y finalmente se colocaba frente a la puerta.
Zoro se movió hacia atrás y preparó su puño, como si Robin fuera un objetivo que tenía que acabar fuera como fuera.
Robin se preparó y en cuanto vio que él avanzaba hacia ella, tomó impulso, dobló sus rodillas y, apenas a tiempo, saltó hacia un lado evadiendo nuevamente un golpe.
El poderoso impacto hizo lo que ella hasta el momento encontraba imposible; la puerta cayó al piso sin mayor problema. Zoro, exhausto, se quedó tirado en el piso sobre los escombros un momento después del golpe, pero a pesar del golpe y de la energía empleada en todo ello, seguía despierto.
Robin se puso de pie a toda velocidad y sin pensarlo más, corrió. Saltó por encima de Zoro y de la puerta y salió al pasillo.
No quería dejarlo allí, solo, pero sabía perfectamente que no podría dominarlo por sí misma, por más que lo intentara.
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Brook, Sanji y Chopper corrieron de regreso el camino que habían recorrido el día anterior buscando al músico a toda la velocidad que les permitían sus piernas, pero tuvieron que desacelerar poco a poco cuando Chopper se vio obligado a inclinarse hacia el suelo y buscar la pista que habían dejado al ir corriendo hacia allí. Después de todo estaban en un laberinto y bien podían perderse de nuevo entre tantas bajadas, subidas, escaleras y puertas si él no hacía nada al respecto. No tardó mucho en encontrar el aroma a comida marina de Sanji y siguió de regreso el rastro. Llegaron a la entrada principal de la fortaleza y a partir de allí siguieron por el camino que el día anterior había seguido el resto de la tripulación.
Este camino parecía mucho menos complicado, siempre iba hacia el frente, hacia arriba y no había más caminos ni pasillos que seguir; había puertas por el pasillo pero nada más. Iban a una velocidad bastante buena en busca de sus amigos, pero tuvieron que bajar un poco el ritmo cuando ya habían avanzado bastante, porque repentinamente Chopper se agachó más de lo previsto; comenzó a olfatear el suelo con gran insistencia y su expresión de pronto pasó de la curiosidad a la preocupación.
-¿Ocurre algo, Chopper?- Sanji y Brook se agacharon a su lado, pero él les hizo una seña para que no se acercaran mucho.
-Huelo una especie de gas- susurró. Se agachó un poco más, pero rápidamente se transformó a su Brain Point y se tapó la nariz- lo sabía.
-¿Qué ocurre?
-Es un gas…algo venenoso- explicó, pensativo- No es letal pero debilita mucho el cuerpo. A los usuarios los perjudica especialmente y disminuye los poderes casi hasta la nada. Parece que se está diluyendo, casi no se percibe así que no creo que siga saliendo de ningún lado. Sigamos, pero con cuidado.
Continuaron con su camino, pero Chopper se puso alerta de nuevo y a su vez, alertó a todos en seguida.
-Huelo a Luffy…- explicó- percibo el olor de Luffy.
-¿Qué dices?
-Creo que él…creo que él fue el que…
Apenas dijo esto, comenzó a correr con todas sus fuerzas. Sanji sujetó bien al sacerdote en su espalda y tanto él como Brook comenzaron a seguir a su compañero corriendo a toda velocidad. Continuaron por el mismo pasillo y pronto vieron rastros, manchas en el suelo. A Chopper casi se le detiene el corazón.
-Es sangre- explicó. Se acercó a la puerta- Huele mucho a sangre allí dentro- saltó- ¡Luffy está allí!
Por precaución, Sanji bajó al anciano de su espalda.
-Cúbrase, viejo- le advirtió mientras él, Chopper y Brook se preparaban para lanzarle un poderoso ataque a la puerta, que confiaban sería suficiente para derribarla y entrar pronto a esa habitación.
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-¿Estás mejor, Luffy?- preguntó Nami, un poco preocupada, luego de un largo rato de quietud. Le dolía todo el cuerpo, especialmente la cabeza, pero ella sabía que su capitán había llevado la peor parte.
-Sí…un poco- dijo él- estoy bien, Nami. No te preocupes más.
Ya abría un poco sus ojos, pero seguían viéndose rojos e irritados y a simple vista Nami no podía determinar qué tan dañado estaba su cuerpo, además de que Luffy nunca admitiría sentirse tan débil o lastimado. Por su parte, Ussop trataba de averiguar cómo se encontraba Franky, pero éste estaba tan débil que sus únicas respuestas eran palabras cortas y pronunciadas en voz tan baja que Ussop tenía dificultades para comprender lo que su compañero trataba de decirle.
Terminó soltando un suspiro y bajando la cara. Miró a Nami y ambos tenían la misma cara de preocupación.
-No se preocupen por nada- intervino en algún momento Luffy- saldremos de aquí, no importa cómo.
Aunque esa posibilidad se veía realmente lejana, no existían motivos para desconfiar. Sanji y los demás estaban allá afuera y en cualquier momento podrían…
Justo en ese instante la puerta se vio disparada hacia adentro, despedazada, y ellos se quedaron viéndola hasta que afortunadamente vieron a sus nakamas entrar allí a paso veloz, preocupados por la suerte de todos sus compañeros.
-¡Nami swan!- fue lo primero que gritó Sanji, corriendo hacia ella, pero se detuvo cuando estaba a su lado- ¿qué tienes en el rostro?
Nami apartó la cara antes de que Sanji le tocara.
-No pasa nada Sanji kun, ayúdennos a liberarnos y salgamos de aquí pronto.
Sanji asintió y movido por su habitual instinto caballeroso utilizó uno de sus más poderosos ataques para, con todo el cuidado del que era capaz, romper los grilletes que mantenían apresada a Nami contra la pared. A su vez, Brook Y Chopper hicieron lo propio para liberar a Franky, Ussop y Luffy. A Franky lo depositaron en el piso, pues parecía haber perdido el conocimiento completamente.
Tal como Chopper había pensado, el capitán Mugiwara había sido quien había sido emboscado con aquél gas, afortunadamente después de las horas transcurridas parecía haber disminuido el efecto; los ojos de Luffy estaban algo enrojecidos pero al parecer veía bien, y aunque estaba tan cansado como los otros ya no estaba tan adormecido. El capitán además tenía esa costumbre de gastar hasta el último rastro de su energía antes de develar su debilidad, no aceptaría, por ningún motivo, una derrota o el simple hecho de parecer débil con sus amigos. A pesar de esto, Chopper insistió en revisarlo.
Los resultados fueron buenos, pero aun así la situación era algo preocupante. Luffy tenía un ligero desfase en la visión, lo que lo hacía perder el equilibrio e irse de lado cuando intentaba caminar. No lo había dicho, pero por la cara que tenía, el pequeño médico podía asegurar que le dolía mucho la cabeza. Chopper sabía exactamente qué era lo que podía hacer para ayudarle, pero no contaba, sin embargo, con suficiente equipo para darle un tratamiento adecuado, necesitaban volver al barco.
-Aún no- objetó Luffy cuando Chopper trataba de jalarlo hacia afuera de la habitación- Faltan Robin y Zoro…
Esto detuvo en seco a todos los demás. Todos sabían que algo había pasado, pero nadie estaba seguro del qué.
-Robin peleó con Martella- informó Nami a sus compañeros recién llegados, su voz era baja e inundada de pesar, pero suficientemente firme para que ellos le escucharan- y al parecer ella la venció. Zoro… no sabemos dónde está.
Brook miró de reojo al sacerdote, y éste asintió con la cabeza. El esqueleto pensó un segundo en las mejores palabras con que podría explicarles a sus amigos lo sucedido.
-Cuando me separé de Sanji y de Chopper caí en unos calabozos, al parecer subterráneos- dijo- el sacerdote me dijo que habían tenido allí a Zoro antes de que yo llegara- decidió no darle muchas vueltas a lo que había sucedido a continuación, mejor que lo supieran ya y no crear malentendidos después-, tal parece que cuando estaba encerrado lo golpearon y lo torturaron.
Las distintas expresiones en el rostro de sus compañeros demostraron lo que esa revelación significaba.
Sanji, por su parte, recordó el calabozo ensangrentado que habían pasado al salir de allí. Un pensamiento llegó repentino a su cabeza y no hubo forma de ahuyentarlo.
Entonces toda esa sangre era….
No quiso terminar de pensarlo por dos motivos: uno, era lo más probable, y dos, era muy inquietante.
-Si le hicieron tanto daño- dijo en voz alta, tratando de no sonar demasiado preocupado- el marimo debe haber explotado de rabia y atacado como un loco.
Luego de decir esto, Sanji levantó la vista y sus ojos se encontraron con los de Ussop, y se miraron uno al otro como si hubiesen pensado justamente lo mismo al mismo tiempo.
Chopper comprendió también y los tres salieron corriendo del lugar sin dar explicaciones.
-Robin está cerca- anunció Chopper de repente, acelerando aún su marcha, y Sanji y Ussop siguieron detrás de él a toda velocidad.
Al dar la vuelta en un pasillo, Chopper detuvo abruptamente la marcha y cambió de golpe a su Guard Point. En su cuerpo rebotó entonces el cuerpo de otra persona, que cayó al suelo dándose un fuerte golpe debido a la velocidad que llevaba antes en su carrera.
-¡Robin!- gritó entonces el médico, lanzándose a abrazar a su compañera, quien le devolvió el abrazo aún un poco confundida por el golpe- ¿Estás bien? ¿No te pasó nada?
Atrás de él llegaron Sanji y Ussop, quienes al ver a Robin reaccionaron de la misma manera, precipitándose a abrazarla. Pero Robin estaba perturbada, muy perturbada por algo, y ellos lo vieron en seguida.
-…Zoro…- dijo, volteando hacia atrás. No tuvo qué decir una cosa más porque en seguida sus compañeros voltearon en la misma dirección que ella, la tomaron de los brazos y corrieron con todas sus fuerzas para llevársela de allí como si supieran exactamente qué era lo que estaba pasando.
Regresaron a la habitación donde habían tenido encerrados a Nami, Luffy, Ussop y Franky. Entraron allí con la arqueóloga y cerraron la puerta tras ellos.
Robin se quedó parada en el centro de la habitación, y al verla Nami corrió hacia ella sin dudarlo.
-¡Robin, te encuentras bien!- gritó mientras la abrazaba, y Robin le devolvió el abrazo con naturalidad, aunque todos los demás advirtieron el estado de confusión en que se encontraba, a juzgar por la expresión de su rostro.
-¿Cómo te encuentras, Robin?
Robin no pudo contestar. En ese momento fue como si las palabras de sus amigos no tuvieran significado dentro de su cabeza, aunque las comprendía, comprendía perfectamente sus palabras y lo que sus amigos deseaban, sin embargo no parecía encontrarle sentido a que le hicieran esa pregunta y tampoco encontraba la manera adecuada de explicar su respuesta.
-¿Qué pasó con Zoro?
Inesperadamente, al escuchar el nombre de su nakama, Robin pudo al fin hablar.
-Está muy alterado y violento…estaba persiguiéndome-explicó, pero no todo estaba claro en ese instante, ni siquiera para ella.
-Hay que llevarlo rápido a la isla y hacer el ritual- urgió el sacerdote- o será demasiado tarde para él.
-Traje una dosis del calmante que le di el otro día por si algo así pasaba- anunció Chopper- pero voy a necesitar que me ayuden a sujetarlo.
-Sanji y yo nos encargamos de eso- decidió Luffy ignorando nuevamente su propio estado en que podía salir lastimado con facilidad, sin embargo sus nakama no protestaron ante esto, porque sabían que lo que dijeran al respecto sería negado por Luffy de una manera u otra.
-Nuestras cosas- dijo de pronto Ussop- esa mujer se llevó mi kabuto y las botellas de cola de Franky.
-A mí me quitó mi Clima Tact- agregó Nami.
-Creo que a Zoro le quitó sus espadas- puntualizó Robin, un poco más repuesta de su situación anterior, recordando esto, de lo cual no se había percatado por completo el día anterior. No comprendía porqué se estaba comportando así, tan ausente, ni porqué el sacerdote la miraba con semejante preocupación e insistencia.
Antes de que pudiera preguntar, escucharon un gran alboroto en el pasillo. Se oían fuertes golpes, y no tuvo que pasar mucho tiempo para que se dieran cuenta de que el que provocaba todos esos ruidos no era otro que Zoro.
-Es hora de salir a detenerlo- les dijo entonces Luffy, con decisió saben, Chopper, Sanji y yo nos quedaremos. Los demás vayan a buscar las cosas y nos vamos todos al barco.
Asintieron, sabían que Luffy estaba herido pero confiaban en que Sanji y Chopper pudieran hacer suficiente para detener a Zoro antes de que cualquiera de ellos saliera lastimado de verdad.
-Bien, entonces Nami, Robin, Brook y yo iremos por las cosas- anunció Ussop. El sacerdote se quedaría con Sanji, Chopper y Luffy, aunque no estaba seguro de ello quería pensar que quizás podría hacer algo para ayudar al espadachín- a Franky lo dejaremos aquí adentro hasta que podamos traerle algo de cola. De otro modo está totalmente vulnerable.
Todos asintieron en acuerdo. Reunieron valor y abrieron la puerta del calabozo.
Zoro estaba cerca de la puerta, y al escuchar cómo se abría, se había puesto en guardia rápidamente. Sus nakama lo observaron con cuidado; estaba sudado, evidentemente cansado pero seguía trasmitiendo esa aura feroz que amenazaba con responder a cualquier provocación con un ataque implacable. Sus ojos estaban más nublados que nunca, y el tono blanquecino que adoptaban poco a poco parecía teñirse de un gris muy profundo, como si de verdad estuvieran siendo cubiertos con nubes.
A pesar de lo que pudiera parecer, daba la impresión de que Zoro los miraba directamente desde atrás de esas nubes. Todos sin excepción sentían la pesadez de su mirada sobre ellos pero no tardaron en comprender que a quien se dirigía esa mirada era a Robin, pues Zoro comenzó a avanzar a ella a paso decidido y sin borrar el gesto de rabia en su rostro, como si ella fuera la causante de un gran mal. Robin, atrapada completamente por esa mirada, no se movió un centímetro.
Quienes sí se movieron fueron sus nakama.
Nami, Ussop y Brook la tomaron de los brazos y se la llevaron corriendo de allí mientras Sanji, Chopper y Luffy les protegían de Zoro.
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Sanji, Chopper y Luffy miraron a Zoro fijamente, cuidando de no perderse ni el más mínimo detalle de sus movimientos por el temor de que pudiera dañarse a sí mismo o dañarlos a ellos. El espadachín no se había decidido a atacarlos luego de, al parecer, comprender que no lo dejarían llegar a Robin.
-Luffy. Quédate atrás- indicó Sanji. En realidad le valía un comino que fuera el capitán, en ese momento al menos. Lo que importaba era que saliera vivo de esa, y si tenía que ser irrespetuoso del estatus de su compañero para lograr conservarlo con vida eso haría.
-No, Sanji- contestó Luffy en tono serio- es mi responsabilidad, no voy a dejar que sufra por mi culpa otra vez.
-Mira cómo estás, idiota- le reprendió, esta vez con un aire que casi rayaba en lo paternal- puede que el marimo no esté muy bien tampoco pero te dejaría fuera de combate con un manotazo.
-No me importa eso, Sanji- replicó de nuevo el capitán, volteando algo enojado a ver al cocinero- ¿por qué insistes tanto si sabes que no me voy a retirar?
En cierto modo, Luffy tenía razón. Sanji lo sabía. Pero por algún motivo tuvo la necesidad de insistir.
-Ya cálmense los dos- los reprendió Chopper – hay que concentrarnos en Zoro.
El espadachín estaba de pie donde lo habían dejado y ahora era claro que no tenía las espadas con él. Esto no lo volvía menos peligroso; en su estado daba lo mismo que trajera o no las espadas, su ataque era poderoso y a morir invariablemente.
La idea era simple: sujetarlo, inyectarlo y esperar. Sanji confiaba en que podría sujetarlo e inmovilizarlo sin dificultad, sobre todo, sin la necesidad de que Luffy interviniera y por lo tanto saliera lastimado. Pero antes de que pudiera efectuar su primer movimiento, el capitán ya había pasado por su lado como un rayo para enfrentarse a Zoro, quien lo esperó donde estaba, listo para cualquier cosa.
Comenzaron a golpearse sin piedad.
A pesar de que ambos contrincantes tenían sus habilidades mermadas, la energía despedida por los ataques que generaban era perturbadora.
Se trató de una pelea basada por completo en la fuerza física. Los golpes eran desorganizados y no había ningún ataque elaborado por ninguno de los dos. Al parecer lo que Luffy buscaba era cansar a su compañero, pero no lo estaba logrando y cada vez se estaba gastando más. Sanji quería intervenir, pero no sabía cómo iba a tomarlo su capitán.
Nunca dejaba que nadie se metiera en una pelea que no fuera suya. Pelear contra Zoro era algo casi sagrado para él; no solo era su nakama, sino que también era el más poderoso, solo por debajo de él mismo y aún a veces eso era puesto en duda. Una batalla contra Zoro era algo que no se podía perturbar en ningún sentido porque era prueba de muchas cosas; su lealtad, su poder, su amistad.
Pero, ¿cómo no sentirse impotente al darse cuenta de lo lastimados que estaban ya los dos? eso sin mencionar el cansancio, la confusión, el dolor del que eran presos en ese momento.
Porque Luffy se sentía culpable del estado de Zoro. Y Zoro por su parte daba la impresión de que en cualquier momento perdería para siempre su identidad…su esencia.
Luffy se veía ya muy débil después de unos pocos minutos. Chopper los miraba atención, con la inyección firmemente sujeta en su mano. Sanji aguardaba, apretando los puños y esperando cualquier instrucción de su parte pero esto nunca llegó. En cambio, Luffy lucía cada vez más debilitado, y el marimo cada vez más confundido.
Al diablo con todo eso de respetar batallas ajenas…no podía dejar que continuaran así simplemente porque esa no era una batalla en condiciones, dijeran lo que dijeran.
Ninguno de los dos estaba bien y aquello no lo ganaba nadie. Iba apenas a dar un paso cuando la imagen lo sorprendió. Luffy recibió de lleno un golpe en su estómago, y esto lo sofocó. Pero… ¿no se suponía que no le debía hacer daño?
Su poder seguía mermado por el veneno del gas. Otro golpe hizo lo que hasta ese momento Sanji hubiera considerado impensable; Luffy cayó al suelo sujetándose el pecho, como si se le fuera a salir el corazón de un momento a otro. A su lado, Zoro lo miraba desde su altura, sin mudar en absoluto su expresión.
Esta imagen, que cualquiera de los Mugiwara hubiera visto apenas en alguno de sus peores sueños, hizo que Sanji sintiera un enojo que nunca antes había sentido contra Zoro.
-Sanji…cálmate, por favor- le pidió Chopper con voz suplicante, y Sanji pensó en ese momento lo poco que concordaba ésta con el aspecto feroz que le daba su Strong Point. Pero no por eso se detuvo.
-Oye tú, marimo estúpido. Ya fue suficiente.
Lo miró por un segundo y Sanji se preguntó si era capaz de saber quiénes eran en ese momento los tres sujetos que lo enfrentaban, pero a juzgar por la cara que ponía Zoro y por su comportamiento era seguro que no tenía consciencia de nada.
Hablarle no iba a funcionar. Tendría que atacar.
-Sanji…detente…- lo llamó la voz de Luffy cuando él ya se había adelantado para enfrentar al estúpido marimo. No lo escuchó.
-Chopper…saca a Luffy de aquí y enciérralo con Franky. De este otro imbécil me encargo yo.
Chopper asintió y se acercó a Luffy para cargarlo, pero este hizo el intento de levantarse. Su mirada fue más elocuente que cualquier palabra que pudo haber pronunciado. Igualmente habló.
-¡Chopper, detente, es una orden!
Chopper no se atrevió a tocarlo hasta que Sanji gritó de nuevo.
-¡Chopper, hazlo!
Antes de que Chopper pudiera hacerlo, Luffy se levantó. Le miró y Chopper no se pudo mover de donde estaba. Luffy volvió a ponerse frente a Zoro, aturdiendo con esto a Sanji quien creía que su capitán no iba a moverse más.
-Terminemos con esto, Zoro.
El espadachín no hizo nada hasta que Luffy volvió a irse contra él. Trató de sujetarlo y de enredarse en él, ya no de atacarlo, pero aun así, él era demasiado fuerte y estaba demasiado furioso como para permitir que lo atraparan. Se removía con todas sus fuerzas tratando de deshacerse de Luffy, mientras éste echaba mano de todas las ideas que tenía para inmovilizarlo.
Saliendo de su confusión anterior, Sanji decidió que era hora de actuar y se acercó para poner de su parte. No entendía cómo podía ser más difícil que la vez anterior, pero es que esta vez Zoro parecía aún más poderoso, más caótico…y tenía miedo. Sanji perfectamente podía sentir que Zoro tenía miedo. Y no entendía por qué, pero sabía que esa era probablemente la fuente de sus ataques, y de la furia que estos tenían.
Se abalanzó sobre él en el momento en que se quitaba a Luffy de un puñetazo. Mientras el chico de goma caía al suelo, bastante dañado ya, Sanji saltó por los aires y cayó justo sobre el cuello de Zoro, enredándolo con sus piernas. Se balanceó y trató con todas sus fuerzas de llevarlo al piso, pero aunque lo consiguió no pudo terminar de inmovilizarlo a tiempo. Zoro también se balanceó y cayó sobre él, clavándole un codo en el estómago con tanta fuerza que Sanji creyó que le había reventado el estómago. Luffy hizo un intento más de golpear a Zoro, pero él se incorporó. Tomó a Luffy del cuello antes de que lanzara su ataque, lo levantó, y golpeó salvajemente su espalda contra su rodilla doblada. Un golpe seco, único. Soltó a su capitán que, privado como estaba de sus poderes, recibió de lleno el golpe y todo su daño.
Cayó al suelo, completamente inconsciente.
-¡Luffy!- gritó Chopper corriendo hacia él. Lo levantó y lo revisó, preocupado. No podía decir que estaba bien, aún respiraba, pero debía encontrarse muy lastimado…
No podía revisarlo allí, así que se lo llevó dentro, donde estaba Franky.
-¡Sanji, dame tiempo, por favor!- le suplicó a su nakama.
-¡Lo intentaré, corre!- Sanji le impidió el paso a Zoro. Esta vez estaba más que furioso- ¡Fíjate en lo que estás haciendo, marimo de mierda! ¡Tú nunca le hubieras hecho eso a Luffy!
Zoro se fue corriendo contra él y le soltó un puñetazo tan fuerte que lo mandó directo al suelo.
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Ussop, Nami, Brook y Robin continuaban corriendo.
-¿Dónde podrán estar nuestras cosas?
-Debe de tenerlas ella en este momento…si encontramos su habitación, oficina o lo que sea, allí estarán nuestras cosas.
-O una trampa.
La sola idea les perturbó. Ya habían tenido más que suficiente castigo por estar allí, ya estaban hartos todos, pero sobre todo, se encontraban bastante en desventaja si no tenían sus armas, llevaban más de un día sin probar bocado y estaban cansados y debilitados. Esperaban con todas sus ganas que Sanji y Chopper ya hubieran conseguido calmar a Luffy y hacer dormir a Zoro, para que, en caso de que ellos pudieran tomar sus cosas con rapidez consiguieran salir de allí pronto, volver al barco y dirigirse a toda la velocidad a hacer al fin el dichoso ritual. Enfrentar o no a Martella ya había pasado a segundo plano si consideraban el estado en que se encontraba Zoro.
Claro que encontrarse con ella sería un problema gigantesco en ese instante.
Revisaron cada habitación que se encontraron en su camino, pero casi todas estaban vacías, o tenían dentro reservas de armas, herramientas y uniformes de la Marine, pero no había rastro de sus cosas. Continuaron y conforme subían iban disminuyendo las habitaciones hasta que se terminó el camino, justo frente a una puerta.
La puerta era doble y mucho más grande que las demás. Adivinaron que ese era el lugar donde iban a encontrar a Martella, donde la enfrentarían de ser necesario para salir de ese lugar finalmente.
Robin sintió surgir de nuevo en su interior esa rabia que había sentido antes, y pensó por un corto instante en porqué estaba sintiendo eso y no sintió la alegría desbordarse en su pecho cuando al fin encontró a sus amigos, ni la angustia que sintieron todos de pensar que Luffy querría enfrentar a Zoro y que eso seguramente traería terribles consecuencias para él. Solo sintió la rabia en el instante exacto y eso fue para ella muy confuso.
Pero no era momento de hacerse preguntas ni de analizar sus sentimientos. Abrieron la puerta.
Dentro de la habitación no había nada, pero las cosas de todos estaban arrinconadas en una esquina.
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-¡Reacciona, imbécil!- gritaba Sanji furioso, mientras esquivaba los golpes de Zoro y mandaba él otros tantos.
-Es inútil, Sanji san- el sacerdote trataba de hacerlo entrar en razón, a falta de Chopper- él no lo va a escuchar. No es posible razonar con Zoro san en este momento.
-¡Yo lo haré reaccionar! ¡Concasse!- la patada fue suficiente para plantar la cabeza de Zoro en el suelo, pero como en los últimos ataques, apenas Sanji se le quitaba de encima, él se levantaba y contestaba el ataque con igual o mayor poder y esto ya tenía cansado al rubio.
Lo cierto es que ni Sanji estaba seguro de porqué estaba tan molesto con Zoro si sabía que él no tenía la culpa de lo que le estaba sucediendo. A pesar de estar plenamente consciente de que Zoro no era capaz de dominarse, Sanji no podía evitar sentir esa necesidad de golpearlo con todas sus fuerzas. Pero se engañaba. Sabía por qué se sentía así, aunque le daba mucho miedo escarbar para dar con una respuesta que no quería encontrar:
Sanji estaba igual o más asustado que Zoro en ese instante.
Porque el imbécil marimo, el idiota sin modales que solo se rellenaba de cerveza cada vez que podía, que no sabía resolver nada sino a golpes, el que siempre parecía imparcial y firme, el que tenía una lealtad y una resistencia que rayaban en lo ridículo, era mucho más fuerte que él en cualquier aspecto.
Y he ahí el problema. Si era el más monstruoso y resistente de toda la tripulación, ¿cómo se había dejado vencer por algo así? ¿Cómo estaba ahora preso de esa maldición, cómo había podido olvidarlos así a todos? ¿Cómo podía atacar de ese modo a Luffy? ¿Cómo podía estar tan asustado?
Si él, el gran Roronoa Zoro que lo superaba tanto en fuerza física como en entereza emocional en cualquier situación se encontraba en ese estado lamentable, ¿qué les esperaba a los demás en adelante? Habría más situaciones así…cada vez había más peligro y más enemigos, ¿qué les esperaba a todos si esto continuaba de este modo?… ¿¡Qué demonios le esperaba a él mismo!?
En pocas palabras.
Si el estúpido marimo hijo de perra no había podido enfrentarse a una maldición así, ¿¡Qué sería de todos los demás si el viaje en adelante solo iba a empeorar, maldita sea!?
-¡Maldito marimo hijo de puta! ¡Mutton Shot!
Sanji saltó de nuevo y dio varias vueltas en el aire, para finalmente caer sobre la cabeza de Zoro y tirarlo al suelo.
Tal y como Luffy lo había intentado, se enredó en él sujetándole con todas sus fuerzas brazos y piernas.
-No me importa lo que pase contigo, marimo- advirtió entre dientes, con la voz temblorosa y sacudida de rabia y miedo-, pero tienes que salir de esta. Porque cuando lo hagas y estés plenamente consciente de lo que pasa, podré tener todo el placer de ponerte la paliza que te mereces por hacernos pasar por todo esto.
Diciendo esto, afirmó aún más los brazos de su nakama y le clavó las rodillas en la espalda para mantenerlo en el suelo. En ese instante, Chopper salió a toda velocidad de la celda.
-¡Chopper, inyéctalo ahora!
-¡Sí!- Chopper se apresuró hacia él y sacó la inyección de entre sus cosas. Lo inyectó rápidamente, como aquella vez en el barco. Sudado, enrojecido y con el corazón a mil por hora, Zoro cerró los ojos al sentir que lo picaba con la aguja y soltó un pequeño quejido pero no dijo nada más.
Lo soltaron poco a poco cuando percibieron que dejaba de moverse.
Sanji se alejó y se sentó contra la pared del pasillo.
Sus pálidas manos temblaron cuando buscó dentro de su saco la caja de cigarrillos y el encendedor. Se llevó un cigarrillo a los labios y lo encendió. Apoyó los brazos sobre sus rodillas, que tenía dobladas hacia su pecho, y comenzó a lanzar el humo del cigarro hacia arriba. Estaba demasiado exaltado.
-Tiene la respiración demasiado rápida, lo mismo que su ritmo cardiaco- informó Chopper en voz alta, y Sanji lo escuchó lejano, irreal- su temperatura corporal es muy elevada…se siente como si fuera a explotar o algo así.
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Se adentraron en la habitación para tomar sus cosas una vez que se aseguraron que no hubiera peligro allí dentro, pero apenas pusieron un pie en el interior, la puerta se cerró tras ellos rápidamente, como si alguien la hubiera azotado.
Miraron la puerta e inmediatamente se abrió uno de los muros de la habitación, revelando de nuevo una trampa.
Martella los miró con altivez.
-Vaya, era de esperarse- comentó con una sonrisa cínica- sabía yo que tarde o temprano llegarían aquí- en ese momento, su mirada se posó en Robin, y le molestó sobremanera ver el brillo que se percibía en sus fríos ojos azules al posarse sobre ella- En cuanto a ese espadachín inútil, es la tercera vez que me falla contigo. No puedo creer que de nuevo hayas salido con vida.
-No deberías subestimar a tus rivales, Martella- le contestó Robin. Ella comenzó a acercarse.
Una serie de brazos y piernas la rodearon como si de una armadura se tratase. Ella se sintió fuertemente presionada, pero aunque activó su armadura de cuchillos y navajas no le sirvió de nada: Robin no la soltó y ni siquiera parecía haber recibido ningún tipo de daño, o al menos no estaba reflejando en su rostro ningún tipo de dolor.
-Yo la detendré- dijo entonces la morena, mostrando una gran determinación-. Ustedes tomen las cosas y vayan pronto al barco, yo los alcanzaré en cuanto pueda.
-Pero…Robin…
-¡Hagan lo que les digo!- ordenó Robin en un tono de voz tan fuerte y molesto que sus nakama se quedaron petrificados, ya que ella nunca hablaba de ese modo- Esto es entre Martella y yo.
Los demás se deslizaron rápidamente por la habitación hasta llegar a donde estaban sus cosas.
-Robin….-Nami se detuvo en la puerta cuando estaban a punto de salir- por favor, ten mucho cuidado.
-No te preocupes por mí- contestó ella sin voltear a verle, con toda su atención concentrada en la marine que le miraba con el ceño fruncido; su boca también había sido cubierta- vete con los demás y espérenme en el barco.
Nami retrocedió dos pasos sin dejar de ver a su amiga, y finalmente se dio la vuelta y salió corriendo de la habitación. Robin floreció unas manos que cerraron la puerta tras ella, y fue entonces que soltó a Martella y se hizo del todo evidente que ella le había hecho daño en sus extremidades.
-Como dije antes, lo hiciste demasiado personal, perra.
-No me dejaste opción. Desde un principio te metiste con lo que más amo y eso no lo voy a perdonar.
-¿Hablas de ese espadachín descerebrado que no sabe ni hablar?
Robin la fulminó con la mirada.
-Hablo de mis nakama. Ellos son mi familia, Martella. Nunca comprenderías algo así. Tampoco serás capaz de comprender lo mucho que me lastimaste haciéndoles daño a ellos, y es por eso que te haré pagar.
-Bla, bla, blah… déjate ya de tus cursilerías baratas. ¿No querías enfrentarme? déjame advertirte que esta vez solo una saldrá viva de esto. Ya me está cansando esto de que al parecer tienes más vidas que un gato, chulita.
Robin no permitió que ninguna emoción generara un gesto en su rostro. Tal y como antes, no le iba a permitir a Martella el gusto de verla sufrir en ningún modo.
Pero antes de comenzar a caminar hacia ella para dar inicio a la batalla, todo el salón en que se encontraban comenzó a temblar y a moverse. Las paredes dieron vuelta, e incluso se abrió el suelo y el techo, y de todos los lugares que se movieron y se abrieron salieron distintas máquinas que Robin definitivamente no esperaba: por todas partes había hachas, espadas, cuchillos y navajas incorporadas a mecanismos que se movían y daban vueltas peligrosamente. También había pares de placas metálicas de gran tamaño que chocaban entre sí, suficientemente grandes y pesadas para matarla si caía en alguna de ellas, en incluso había otras trampas como una red de cuerdas, un lanzallamas y una pistola de dardos. Todos disparaban en el momento menos esperado y al parecer Martella conocía el patrón de orden que seguía cada arma, porque las evitaba con la mayor facilidad. Además te todo, en una de las máquinas se encontraba su martillo. Se acercó a la máquina y lo tomó.
-Bueno, te quieren viva o muerta, pero te aseguro que me ascenderán en cuanto se sepa que fui yo quien te eliminó por fin, zorra.
Robin no se inmutó. Pretendió que todo aquello no le afectaba en lo más mínimo y realmente no le costó demasiado trabajo; el odio, el enojo que tenía para Martella era mayor a cualquier sensación de miedo que la situación pudiese haber provocado en ella. La sonrisa se le borró del rostro a la marine cuando comprobó que esas acciones no le estaban sirviendo en nada para intimidar o hacer retroceder a Robin, pero aun así no dejó su pose de superioridad ni la sonrisa segura.
Robin supo que su mente tenía que actuar rápido y tenía que estar alerta si quería salir de esa con el mínimo daño.
-Bien, no hay que alargar mucho esto, así que ahora sí… ¡Esta vez morirás, puta!- gritó Martella mientras corría hacia ella con el martillo en alto, dispuesta a darle un buen golpe. Robin se echó hacia atrás con rapidez y apenas logró quitarse a tiempo antes de que una de esas navajas giratorias pudiera rozarla, pero no suficientemente a tiempo para que otra de ellas le diera alcance y le alcanzara un costado, de modo que su abrigo se abrió y le brotó un poco de sangre.
-Vaya, qué suerte tienes.
Robin se sujetó el costado con una mano firmemente y comprobó que la herida era superficial. De todas maneras…no había sentido nada.
Apenas pensó en esto cuando tuvo que agacharse antes de que Martella la golpeara directamente en la cabeza. Desde el suelo se las arregló para darle una patada que la sacó de balance, y debido al peso del martillo, la alejó suficiente para que Robin pudiera recomponerse.
El lanzallamas se activaba pasados sesenta segundos.
Robin floreció un par de manos en la espalda de Martella para sostenerle los brazos mientras ella se movía hacia el otro extremo de la habitación. Martella se liberó de una sacudida y volteó hacia donde Robin había corrido pero ciertamente ningún lugar de la habitación era seguro.
Los dardos se activaban exactamente medio minuto después que los lanzallamas y tenían tres descargas largas, una cada diez segundos. Inmediatamente después otra llama, después de la cual había treinta segundos limpios en los que ella podía moverse con mayor libertad.
Martella no tardó en comprender que Robin había aprendido el patrón del lanzallamas y de los dardos, de modo que ahora la pelea era apostar a que una de las dos se confundiera y cayera en alguna de las trampas.
A partir de ese instante comenzaron a atacarse con mayor fuerza que antes, tratando de forzarse, una a la otra. Martella le lanzaba golpes que ella trataba de esquivar; le daba lo mismo golpearla ella misma o forzarla con los movimientos que hacían a caer en las cuchillas y que se convirtiera en picadillo.
Robin… en cualquier situación le hubiera bastado enredarla en la red de cuerdas y que pasara lo que tuviera que pasar, pero a estas alturas y tal y como se encontraba, le parecía que si tenía que morir…que muriera. Que muriera de la manera más cruel, y a ella no le iba a importar en lo más mínimo.
Sin importarle ya demasiado el martillo o lo que pudiera hacer contra ella, o el hecho de que cualquiera de las dos podía morir en esa habitación llena de trampas, Robin se dedicó a defenderse de ella y forzarla a moverse y caminar en todas direcciones para que cayera en cualquiera de esos aparatos, es decir, lo mismo que la marine tratara de hacer con ella. Al cabo de un rato era más que evidente que ninguna de ellas iba a ceder.
En el proceso ambas terminaron con varios rasguños y golpes proporcionados por las máquinas, pero sin que hubiera alguien con una ventaja clara hasta el momento. Harta de tanto forcejeo que no parecía llegar a ninguna parte, Martella levantó de nuevo su arma en el aire en un momento en que Robin se había hecho a un lado para esquivar un dardo que le hubiera dado en un brazo. El movimiento tan brusco que había tenido que hacer casi le provoca una caída muy severa. Aunque se mantuvo firmemente de pie, no le dio tiempo de esquivar un nuevo golpe de parte de Martella, que le alcanzó en el estómago haciéndola caer al piso bruscamente. Apenas pudo cuidarse de no caer sobre alguna de las máquinas.
Pronto se dio cuenta, después del aturdimiento del golpe, que en realidad ni siquiera le había dolido. Esto le causó, además de una gran confusión, un terrible temor. ¿Tan mal estaba realmente?
Se puso de pie de un salto, ante la desesperación y la confusión de Martella.
Mientras ellas volvían a chocar una contra la otra, se escucharon rechinidos provenientes de las máquinas. Se estaban sobrecalentando, o al menos eso comprendió Robin cuando en medio de los forcejeos pudo ver un medidor de presión y temperatura que le había quedado bastante cerca.
Si esas máquinas se desarmaban o hacían algún tipo de explosión, sus partes en movimiento se desprenderían de sus estructuras y significarían un gran peligro para ambas; atrapadas allí, significaba una muerte terrible.
Necesitaba quitársela de encima pronto.
-¡Me tienes harta!- gritó de pronto la pelirroja, fuera de control- ¡Te mataré! ¡Te mataré aunque sea lo último que haga!
Dicho esto siguió hondeando su martillo incontrolablemente, volviéndose más peligrosa que nunca.
Robin se hizo hacia atrás y se topó de espaldas con unas cuchillas que giraban a gran velocidad: alcanzó a recibir una fuerte herida en la espalda que por algún motivo sí le dolió, a diferencia de lo que había sentido hasta el momento. Se agachó a tiempo para evadir el martillo, que pasó por encima de su cabeza y chocó contra las cuchillas que por el movimiento lo arrancaron de las manos de Martella y lo mandaron volando hacia una pared.
Robin aprovechó que al fin estaba desarmada para darle un empujón.
Después de desarmarla y confundida Robin sintió que podía usar sus poderes con mayor libertad. Trató de aplicarle un clutch, pero Martella mantuvo tal firmeza en todo su cuerpo que era casi equivalente a tratar de doblar un pedazo de acero con sus propias manos. En cambio, la enloquecida mujer se le lanzó encima clavándole las rodillas en el estómago, se lanzó sobre ella y la sujetó del cabello con todas sus fuerzas. Robin se incorporó ayudada por unas piernas florecidas en su espalda y empujó hacia atrás a Martella justo en el momento en que se activaban las olas de dardos, seguidos de un flamazo que obligaron a la marine a soltarla y retroceder.
Cuando la llama desapareció frente a sus ojos, Martella escuchó la voz de Robin con toda claridad.
-¡Cien fleur…Slap!- una serie de manos se entrelazaron desde el piso y formaron un brazo bastante grande que la empujó y la hizo caer hacia atrás, justo entre la red de cuerdas.
Estas parecían estar programadas de algún modo, ya que al sentir la presencia de un cuerpo en la estructura de metal que las sujetaba, se cerraron alrededor del cuerpo de Martella y la apresaron fuertemente. Una de las cuerdas quedó especialmente sujeta de su cuello.
En ese momento, Robin escuchó un zumbido que provenía de una de las máquinas. Empezó a salir humo de otra de ellas y ella no pudo más que retroceder.
Detrás de ella, la puerta se abrió y cuatro marines entraron por a la habitación y se quedaron estáticos. Miraron la escena, confundidos.
-¿No ibas…a matarme ahora…muñeca?- preguntó Martella con aire retador, a pesar de que su voz estaba ahogada por la cuerda que rodeaba su cuello y por las cuerdas que aprisionaban el resto de su cuerpo.
Robin se quedó allí de pie y otra de las máquinas crujió, asustando a los marines allí presentes.
-Este lugar…hará explosión en cualquier instante…- rio entonces Martella, y fue que Robin miró en sus ojos un brillo extraño. ¿Locura acaso? era probable- La pregunta aquí es, zorra, si eres capaz de cargar con otro peso en tu consciencia- continuó la mujer, ante la mirada dudosa de la arqueóloga- jhé, toda la gente que has asesinado… ¿puedes con una más?
Acto seguido se carcajeó, como si creyera que no podría. Robin la miró, y no pudo sentir por ella más que un poco de desprecio, que al cabo de dos segundos ya no era nada. Era solo un ser perdido y patético que no merecía tu atención, ni un lugar en su consciencia. Para su sorpresa, la situación no provocó nada en su interior.
-Eso le corresponderá a tus subordinados- decidió Robin, sabiendo que los marines que acababan de entrar no la detendrían cuando intentara salir- y la verdadera pregunta es, Capitana Martella, si ellos te aprecian lo suficiente para impedir que mueras aquí.
La mueca triunfante de Martella se transformó en un gesto de terror que se imprimió en el cerebro de Robin apenas por un segundo. Ella se dio la vuelta y cruzó la puerta, habiendo olvidado ya la expresión de esa enemiga que al final le había resultado tan insignificante, tan deprimente y patética. Caminó pasillo abajo pero se volteó al escuchar que la puerta se cerraba.
Los marines salieron de aquella habitación.
Sin Martella.
Luego escuchó la explosión, las máquinas colapsando, el choque furioso de las navajas, unas contra otras, contra el suelo y las paredes, el chillido estresante de la presión de una de las máquinas al desplomarse y un grito agudo y ahogado que no duró más de dos segundos en el aire antes de apagarse por completo, dejándola con una sensación extraña en el pecho.
Bajó de allí corriendo con todas sus fuerzas, y comprobó sorprendida que no podía dejar de imaginar tan dolorosa muerte, sin embargo, esta visión no provocaba nada salvo una vacía indiferencia.
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-¡Robin!- gritó Nami al verla llegar por el pasillo. Nadie había querido irse de allí sin ella, y a pesar de la solicitud de Robin de que la dejaran encargarse ella misma, Sanji y Ussop ya se estaban preparando para irla a buscar.
Robin caminó más rápido hacia ellos y fue recibida por un abrazo grupal algo incompleto. Zoro estaba inconsciente y Luffy no tenía muchas fuerzas pero estaba despierto. Franky, al obtener de regreso la cola, había recobrado el conocimiento pero lamentaba no haber podido hacer nada por ayudar. Robin no comentó nada de lo de Martella y decidió que no lo haría hasta que los demás le preguntaran, pero por el momento les bastaba saber que estaba allí y que era momento de regresar.
Sin más que hablar ni qué decir, y ni siquiera sin hacer pregunta alguna, volvieron al barco con rapidez. Los marines que debían de estar cuidando la fortaleza desaparecieron misteriosamente, al menos para la mayoría de ellos, solo Robin creía saber qué era lo que había sucedido allí e igualmente se negaba a decir cualquier cosa. Para ella, esa última mirada compartida con ellos fue como un pequeño acuerdo, era más que claro que no se iban a interponer a su partida si ella no hacía comentario alguno de lo sucedido con Martella.
Salieron de la fortaleza con tal facilidad que les pareció que era algo difícil de creer. Tenía que ser una trampa o algo, pero avanzaron con relativa calma, a toda la velocidad que podían, y finalmente, luego de menos de una hora de caminata, encontraron el Sunny.
Franky había cargado a Zoro por el camino, Sanji a Luffy, que aún no estaba muy bien en ningún aspecto y Ussop al sacerdote, que no dejaba de agradecer por todas las atenciones y por haberlo sacado de ahí. Subieron todos al barco y sin retrasos de ningún tipo, Nami los organizó para echarlo a andar. Una vez que comenzaron a adentrarse de nuevo en el mar y ver la isla alejarse poco a poco sin que nadie opusiera ningún tipo de resistencia, la atención de todos se enfocó en Robin.
Ella estaba parada en medio de la cubierta sin decir ni hacer nada. Después de un rato, sin embargo, se había sentado junto a Zoro, al que habían dejado allí acostado mientras los demás preparaban todo para salir. Se había quedado allí, a su lado, mirándolo, y después de un rato había tomado su mano, comprobando que su piel estaba enrojecida e hirviente, mientras que la suya propia estaba fría, casi congelada.
Se acercaron a ella, sobretodo el sacerdote.
Ella lo miró, y todos se sorprendieron cuando, en medio del vacío que transmitía su mirada, se comenzó a asomar una mueca de tristeza insoportable, mientras ella se metía la mano en el bolso de su abrigo y la sacaba.
Abrió su mano y les mostró lo que había en ella; los pedazos de la piedra, verdes y opacos, antes tan brillante…
No solo miró al sacerdote. También levantó la vista y miró a los demás.
-Lo lamento…
Continuará….
Me gustó escribir este capítulo. Siempre me ha llamado la atención ese intenso y violento "bromance" (si es que se le puede llamar así en este caso) que hay entre Zoro y Sanji, y me encantó escribir la parte en que se enfrentan.
Por otro lado, la pelea entre Robin y Martella fue todo un reto, pero creo que terminó como tenía que acabar.
Estamos comenzando a llegar a los capítulos decisivos y la perspectiva de escribir al respecto me tiene muy emocionada *-* pero yo quiero ROMANCE! DRAMA! quiero que haya más acción ZoRo pronto TT-TT aunque bueno, la trama no se ha prestado mucho para ello últimamente, probablemente veamos un poco más para la próxima.
Y bueno, espero les haya gustado cómo va el fic y que dejen sus comentarios :) que son lo que más me anima a continuar escribiendo.
Muchas gracias a quienes hasta ahora han continuado leyendo y comentando, su apoyo me ha hecho muy feliz.
Un saludo y nos leemos pronto.
Aoshika October
