Ahora resulta que tengo un virus. Si no me pasa una cosa me pasa otra; he bajado como dos kilos de ayer a hoy y me duele un poco la cabeza. Estoy en exámenes parciales, pero en este momento mi único deseo es dormir, y comer algo decente (solo puedo comer frutas y verduras hasta nuevo aviso).
Pero bueno, basta de mis tragedias. Los invito a leer el siguiente capítulo de este fic.
Los personajes de One Piece no me pertenecen, todos son propiedad de Oda sama (*-*) yo solo escribo esto con fines de entretenimiento.
Por instinto
Capítulo 11: Después de la tormenta…
Para cuando salieron de ese lugar y pudieron bajar al lugar de la cueva donde se encontraban sus compañeros, Zoro no había conseguido tranquilizarse lo suficiente como para sentirse capaz de enfrentarlos, sin embargo sí había logrado convencerse a sí mismo de que era algo que tenía que hacer quisiera o no. Eran sus amigos después de todo, lo que pudiera pasar con ellos (o con él) era algo que a todos concernía y no podía pretender mantenerlos al margen, y de eso estaba muy consciente.
Se aseguró de que Robin estuviera segura mientras bajaban ambos por el túnel, ayudados por el equipo de alpinismo que Franky les había proporcionado. El trayecto hacia abajo le pareció eterno, y al mismo tiempo, lo suficientemente corto como para sentirse muy, muy nervioso al salir. Se le ocurrió pensar que de todas maneras nunca hubiera estado listo para aquello.
Cuando al fin llegaron al final de aquél túnel, le costó un poco ver entre las sombras, y se dio cuenta, no sin una cierta extrañeza, de que cuando no tenía sentimientos sus sentidos estaban bastante más desarrollados, de manera que podía ver bastante bien en la oscuridad aún si no traía una lámpara, cosa que ya no le era posible en su estado actual.
Sus ojos se acostumbraron poco a poco a la penumbra, pero pudo distinguir desde antes los rostros de sus compañeros gracias a las lámparas de Franky, que de un momento a otro apuntaron todas hacia él lastimando ligeramente sus ojos.
Sus compañeros parecían completamente impresionados al verlo, y posiblemente, de ver que tanto él como Robin estaban ilesos.
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Cuando Luffy vio a Zoro y a Robin descender a la cueva donde estaban todos, tuvo una confusión en su interior que le costó un poco resolver. Por un lado, estaba esa sensación extraña de que Robin no hubiera dejado que ellos le ayudaran con su misión. Por otro lado, estaba ese sentimiento de responsabilidad por lo que hubiera podido pasar allí arriba con ella y con Zoro. No atinó a hacer ninguna expresión que no fuera una confusión entre el enojo, el alivio y la preocupación; sus mejillas se inflaron, se puso rojo, pero aun así quería sonreír, quería reírse con todas sus fuerzas y lanzarse a abrazar a sus recién llegados amigos.
Nami no dejaba de evaluar con la mirada a los recién llegados, sobre todo a Robin. Le producía una gran ansiedad el pensar que Zoro le hubiera hecho algo, pero al parecer los dos estaban bien. Con esta parte en paz, ¿qué había de los sentimientos de Zoro? ¿Y el sacrificio? ¿Qué había ocurrido con Robin? Había muchas preguntas que hacer, pero no parecía ser el momento ni el lugar adecuado para realizarlas.
Antes de que cualquiera dijera algo, Robin se acercó a ellos apenas un paso, y al notar que Zoro se quedaba atrás estiró su mano también y lo jaló junto con ella.
Zoro comenzó a caminar junto con Robin y entonces pudieron verlo; el espadachín estaba preocupado. Estaba confundido. Pero aun así, Zoro estaba siendo valiente. Estaba tratando de levantar la cabeza para enfrentar a todos sus compañeros, y quizás fue esto lo que hizo que Luffy al fin decidiera lanzarse hacia él, gritar y saltar de la felicidad.
Los demás siguieron el ejemplo de su capitán al acercarse a Zoro para asegurarse de primera mano que el espadachín se encontraba bien, y que había recuperado sus sentimientos, pero apenas el espadachín vio la descarga de euforia de la que estaba siendo preso Luffy, se echó para a atrás en un acto tan repentino que casi parecía inducido puramente por el instinto.
Todos se detuvieron en su camino, confundidos de ver la mirada aterrorizada que ponía Zoro, que pronto pasó a ser una mirada llena de dolor, pero no parecía dolor emocional, pronto reconocieron que era un dolor físico por la manera en que se sujetó al sien y sus rodillas se doblaron, como si de un momento a otro fuera a tirarse al suelo.
-No lo agobien, por favor- el sacerdote salió de entre la penumbra y se acercó a Zoro. Éste se había sujetado de sus rodillas y ahora parecía tremendamente cansado-, está agotado. Tiene que haber sido un golpe muy fuerte para él, todo esto.
Entonces lo comprendieron, y tenían que admitir que el sacerdote tenía razón. No se habían puesto a pensar que Zoro seguramente no lo había pasado muy bien y más aún, probablemente ahora, si tenía recuerdos de todo lo que había pasado, estaba atravesando algún tipo de crisis.
Robin, que en esos pocos minutos no había dicho nada ni se había movido de donde estaba, se aproximó a él. Todos observaron, realmente sorprendidos, cómo le ponía las manos en los hombros y murmuraba que solamente Zoro pudo escuchar, pero que al parecer fue lo único que necesitó para incorporarse despacio. Sin levantar la vista para verla, asintió; parecía realmente apenado.
-Deberíamos salir de aquí- opinó ella, restándole importancia a lo ocurrido y hablando con una calma que casi rayaba en lo increíble.
Luffy asintió, y les indicó a todos que fueran saliendo, cosa que hicieron aún un poco confusos por lo que había ocurrido allí.
El viaje de regreso a casa del sacerdote se hizo mucho más ligero de lo que ellos hubieran esperado. Ya pasaba del mediodía y no daban crédito a que todo aquello había terminado. Sobre todo porque no daba la impresión de haber terminado realmente; aún había una gran inquietud dando vueltas en el aire, alrededor de todos ellos. El agotamiento aparente de Zoro, la pasividad de Robin y el hecho de que nada estuviera claro todavía…
-Los invito a quedarse en mi casa a descansar- habló el sacerdote en alguna parte del camino de vuelta- faltan al menos 4 días para que su Log Pose cargue y me imagino que necesitan al menos un par de días para reponerse.
Nadie dijo nada, ni siquiera Nami, que era la que normalmente se preocupaba si el Log Pose tardaba demasiado en cargar. Robin fue la única que reaccionó.
-Le agradecemos mucho su ayuda. ¿No sería demasiado ya?
-Por supuesto que no, Robin san. Rara vez recibo visitas, y me gustaría ver de cerca los avances de Zoro san con respecto a todo esto.
Luffy aceptó la invitación a nombre de sus nakama.
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Finalmente llegaron a la pequeña vivienda del sacerdote.
Franky volvió al Sunny con Ussop y Brook por algunas cosas; colchones y mantas, principalmente, para acomodarse a dormir, ya que la casa tenía solo 3 habitaciones y el mismo número de camas.
Sanji, Luffy y Chopper salieron a cazar y a recolectar para la comida y volvieron del bosque cargados de frutas y con un enorme animal listo para ser cocinado.
Mientras tanto, Nami ayudó al sacerdote a poner la casa en orden, sin dejar de vigilar a Robin y a Zoro, por supuesto.
Robin, como siempre, lucía de lo más tranquila, tanto que inquietaba a Nami. Zoro no lucía mucho más tranquilo que antes pero al menos parecía que la cercanía constante de Robin aún conseguía mantenerlo relajado.
Ahora, por sugerencia del sacerdote, estaba en uno de los cuartos, recostado, tratando de descansar, aunque cada vez que pasaba por ahí Nami comprobaba que tenía los ojos muy abiertos apuntando hacia el techo. Ella se preguntaba una y otra vez si sería posible hacer algo por él, animándose a no ser fatalista pero con serias sospechas dentro de su mente.
También estaba Robin, y esa tranquilidad tan…alarmante,….
¿De verdad podía estar así? casi parecía que pretendía a propósito que nada había ocurrido, cuando lo cierto era que había ocurrido demasiado. Pero por otro lado, ¿quién era ella para cuestionar a su amiga, si después de todo era verdad que había sido la única en tomar responsabilidad de Zoro?
Eso no cambiaba, por supuesto, que su actitud fuera por demás alarmante. No sabía si sus compañeros compartían sus temores, pero sabía que no los iba a soportar demasiado tiempo: apenas tuviera una oportunidad, estaba decidida a hablar con ella y aclarar todo lo que había ocurrido allá de una vez por todas.
Sanji se ofreció a cocinar para que el sacerdote también tuviera un merecido descanso. No estaba concentrado y cometió varios errores que trató de enmendar lo mejor que podía. Sus compañeros seguro jamás lo notarían, pero con un paladar tan fino como el suyo era difícil no darse cuenta de varios detalles.
La verdad era que había pasado demasiado en muy poco tiempo y quizás le estaba siendo difícil adaptarse a los cambios, aunque no podía ver porqué si situaciones como esas eran el pan de cada día cuando formas parte de una tripulación como la de los Mugiwara. Quizás le afectaba aún más porque se trataba de una de sus queridas damas y…del marimo. Maldito marimo. Ahora que había, al parecer, recuperado sus sentimientos, se atrevía a comportarse como si estuviera…convaleciente o algo así en lugar de apresurarse a reparar todo lo que había hecho y, sobretodo, compensar a Robin por la manera en que se había hecho cargo de él. Si alguien en ese momento necesitaba descansar y ser cuidada era ella, no él, desgraciado mal nacido, que de todas formas nunca se había preocupado por su propia salud y desobedecía las indicaciones de Chopper a la mínima oportunidad. ¿Así que ahora sí estaba reposando como si hubiera estado seriamente herido o enfermo? Eso no se lo creía ni dios. Lo que pasaba era que seguramente el muy estúpido tenía miedo de enfrentarlos…de mirarlos a los ojos y admitir todo lo que había hecho y cuánto los había lastimado (sobre todo a Robin chwan), y seguramente su estúpido orgullo era la principal causa de aquello.
Llegado a este punto, se separó un poco de la mesa en la cual estaba cortando unas verduras. Apoyó las manos en ella y bajó la cabeza, tratando de descansar un poco el cuello.
No, claro que no. Todo lo que estaba pensando no era sino una forma tonta de tranquilizarse. Él sabía muy bien que Zoro no era ese tipo de persona, no era un cobarde, pero se encontraba tan inquieto que la única manera que tenia de tranquilizarse era echarle la culpa de todo lo ocurrido y despotricar contra él todo su enojo, era lo más cómodo de hacer.
-¿Estás bien, amigo?
Sanji levantó la vista y vio a Franky parado frente a la mesa con una bolsa en sus brazos.
-Sí. No pasa nada- repuso, levantando la cabeza. Se talló un poco los ojos con las palmas de las manos y se dio la vuelta para lavárselas de nuevo. Cuando volteó de nuevo a la mesa, Franky seguía allí. Dejó la mochila sobre la mesa.
-Te traje algunas especias para la comida. No creo que el viejo tuviera mucha variedad aquí.
Sanji abrió la mochila e inspeccionó su contenido. Asintió en aprobación.
-Gracias. Haré algo decente con esto.
-Bien, ahora…- Franky dejó un paquete alargado sobre la mesa también- Tú lo conoces mejor. ¿Debería darle esto?
Sanji supo enseguida que hablaba de Zoro. Alargó su mano hacia el paquete hecho con telas amarradas unas con otras, y no tuvo más que tocarlo ligeramente para darse cuenta de lo que se trataba. Ladeó una sonrisa desdeñosa, tomó el pesado paquete y lo escondió dentro de una de las alacenas de la cocina.
-No se lo merece. Al menos no por el momento.
Franky se encogió de hombros.
-Estaban olvidadas en la habitación, siempre pensé que le provocarían algo tarde o temprano pero no fue así. Lo que se me hace raro es que no las haya echado de menos aún.
-No le falta mucho, o eso espero- contestó el rubio mientras comenzaba a picar un tomate- veremos cómo reacciona cuando tenga que enfrentarnos. Marimo es muy orgulloso- vació el tomate en un bol y comenzó a partir otra verdura- pero se tiene que tragar el orgullo cuando se trata de algo que le importa.
Luffy, Robin, y todos ellos. Sanji sabía que tratándose de ellos Zoro era capaz de cualquier cosa, aunque nunca se lo iba a reconocer con apertura.
-No creo que sea orgullo lo que le pasa en este momento- repuso Franky, volteando hacia la puerta abierta de la habitación donde el espadachín descansaba- debe estar confundido…
-…y apenado, avergonzado, triste…a estas alturas ya lo procesó. Lo que no sabe es cómo enfrentarnos para pedirnos disculpas, es todo-, volteó hacia el pequeño horno de piedra que había en la cocina. Verificó la carne que había puesto en su interior media hora antes y decidió que le faltaba otro poco-, el marimo no es una persona muy simple, pero tampoco es muy complejo, ni le gusta darle demasiadas vueltas a sus sentimientos. Lo que siente, lo siente y ya.
Junto con decirlo, se dijo a sí mismo que era verdad. Ese era Zoro. No había que preocuparse mucho por él, sus asuntos los solía arreglar sin muchos problemas. Acaso necesitaba a veces un poco de apoyo o simplemente de comprensión, como en Thriller Bark. Sanji supo, solo con ver a su compañero, que el que no le dijera a nadie lo ocurrido con Kuma era importante para él, así que fue exactamente lo que hizo; ser discreto y proteger el secreto. Ni siquiera lo habían hablado, pero Sanji sabía que Zoro sabía que él se había dado cuenta de todo…y ambos estaban bien con eso.
-No te preocupes más por él.
Franky desvió su vista hacia la entrada cuando de reojo vio que alguien pasaba atrás de donde estaban ellos. Se trataba de Robin, que pasó como un rayo y salió de la casa.
-No es él quien más me preocupa.
Sanji lanzó un suspiro.
-Robin chwan se merece todo nuestro cuidado y atención- dijo entonces- Pero cuando ella no quiere que uno se meta en sus asuntos es totalmente imposible. Si lo sabré yo- añadió, haciendo alusión a todas las veces que él trataba de ayudarla o atenderla y ella por una o por otra razón no lo permitía-. Así que… hay que hacerlo a su manera. Hay que…respetarla.
-Estás resignado, ¿eh?- puntualizó Franky de manera un tanto burlona, pero no pudo evitar tambalearse un poco con la respuesta de Sanji.
-Parece que te resignaste mucho antes que yo.
Franky torció el gesto en una mueca de enojo que le dijo a Sanji más que cualquier palabra que hubiera podido pronunciar, así que no agregó nada más mientras su compañero continuaba mirándole.
-Yo quiero a Robin chwan y a Nami swan más que a todas las damas que hay sobre este y todos los océanos, y eso nunca va a cambiar. Pero si Robin chwan ha elegido al estúpido marimo y yo no puedo hacer nada más por ella que cuidarla y apoyarla, es lo mejor que puedo hacer, ¿No? Supongo que tú llegaste a la misma conclusión hace tiempo.
-Ya. Pero tú no estabas verdaderamente enamorado de ella.
-¿Tú sí?- preguntó levantando la vista, y por toda contestación, Franky lanzó un escandaloso suspiro.
-Claro que no. Me gustaba, sí… lo normal, supongo, es muy bella y madura…me refiero más bien a Zoro. Cuando me di cuenta de lo que él sentía por ella…
Sanji levantó la vista hacia él. Frunció el ceño ligeramente. ¿Franky se había dado cuenta y él no? Bueno…eso ya era algo grave.
-Yo lo convencí de que le dijera lo que sentía. Unos días después, cuando todo pasó, ella me dio su versión de los hechos. Y entonces lo comprendí- volvió a reír- pareciera que están hechos el uno para el otro.
Sanji bajó la vista y se encogió de hombros, como restándole importancia.
-Bueno, yo iré a ver en qué ayudo a los demás. ¿Cuánto le falta a la comida?
-No mucho. Hazme un favor y saca la mesa y las sillas al patio. Creo que un poco de aire fresco no les vendrá mal y después de todo…esta comida está pensada para eso.
Franky asintió y se puso manos a la obra.
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Al cabo de una media hora más, la comida estuvo lista y todos ayudaron a Sanji a llevar los suculentos platillos a la mesa que Franky había colocado afuera de la casa. Nami buscó a Robin, pero no la encontró dentro de la casa; la encontró en el patio trasero admirando unas flores.
Se vio tentada a preguntarle lo ocurrido en aquella cueva. Estaba tan tranquila que le costaba creer que hubiera sido algo realmente grave pero… Por otro lado, no quería hacerla recordar algo que probablemente no fue agradable para ella mientras no estuviera lista. Parecía estar en paz, y Nami no quería perturbarla por nada del mundo.
Cuando Robin se percató de la presencia de Nami, volteó hacia ella. Estaba inclinada sobre las flores, así que se enderezó un poco y sonrió tranquilamente. Nami la miró y sonrió también.
-Vamos a comer. Sanji preparó algo especial hoy, según sé.
Robin asintió y se inclinó por última vez para aspirar el aroma de las flores antes de seguir a Nami. Ella la detuvo un momento mientras caminaba.
-Robin, ¿estás bien?
-Claro que sí- contestó ella, casi en un susurro- no te preocupes.
Pero aunque le dijera eso, Nami estaba preocupada y no lo podía evitar.
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Chopper había intentado sacar a Zoro de la habitación en donde estaba. Él lo miró y le dijo en voz realmente baja que se adelantara, y que él saldría después, lo cual no dejó al médico más tranquilo pero de todas formas decidió que podía dejarlo en paz por el momento.
Hacía una tarde preciosa. El cielo estaba despejado, pero aun así no estaba haciendo calor, y hacía un aire tibio que llevaba al ambiente el aroma suave y fresco de los árboles del bosque.
Además, los platillos preparados por Sanji lucían perfectos sobre la mesa, como siempre. Nadie dudaba que aquella fuera una comida espléndida de no ser por las circunstancias.
Cuando Nami se acercaba a la mesa con Robin, Zoro iba saliendo de la casa. Todos se quedaron mirándolo, sorprendidos, como si esperaran algo.
Luffy, que estaba sentado ya a la mesa esperando su plato, levantó su mano escandalosamente, llamándolo.
-¡Zoro! ¡Siéntate aquí, conmigo!- lo llamó, eufórico, señalando la silla vacía que tenía a un lado. Zoro bajó la vista y asintió, no podía negarle ningún capricho a su capitán, por nada del mundo lo iba a hacer.
Caminó hacia él y se sentó a su lado y sintió los brazos del moreno rodearlo con fuerza. Él correspondió al abrazo apenas con fuerzas y se dio cuenta de lo mucho que el pequeño lo apreciaba. Agradeció en silencio. Se sentía bien, saber que Luffy aún lo quería. Ese pensamiento le provocó una sonrisa. Luffy nunca dejaría de querer a ninguno de ellos por nada del mundo.
-Luffy, yo…
-Hay que comer- le dijo el capitán, como si le advirtiera que debía de guardar silencio y disfrutar de aquella reunión. Zoro no tardó en darse cuenta de que Robin se había sentado a su lado y esto lo hizo sentir apenas un poco más tranquilo.
Sanji llevó el último plato a la mesa. Ya todos estaban sentados, y fue entonces que el cocinero, que por pura suerte había quedado frente a Zoro, le lanzó una mirada que decía claramente que de esa no se iba a escapar por ningún motivo.
-¿Cómo te encuentras, Zoro?- preguntó Ussop, no sin un poco de nervios. El espadachín levantó su vista hacia él y trató de sonreír cuando contestó.
-Bien.
-Zoro, si te encuentras herido o algo, dímelo- agregó Chopper, sintiéndose libre de decirle lo que unos minutos antes, cuando fue a buscarlo, no tuvo el valor de sugerir.
Zoro lo miró y asintió, aceptando la ayuda pero sin decir si necesitaba que lo atendieran o no. Por debajo de la mesa, Robin le tomó la mano y la presionó suavemente, sabiendo que él seguramente no estaba muy contento con lo que estaba sucediendo.
El ambiente era tenso. Nadie sabía qué decir, no sabían si debían hablar entre ellos, o tratar de incluir a Zoro forzosamente a alguna conversación, o si debían dejarlo por la paz… ¿Cuál podría ser su reacción? se veía tan incómodo…
Sanji no estaba para aguantar esas cosas. Zoro iba a hablar, costara lo que costara.
-Marimo, si no es motivo para que te vuelvas loco y saltes encima de mí para matarme, pásame la sal.
-¡Sanji!- Nami volteó hacia el rubio y le dio un codazo. Sanji no pareció reaccionar con esto, y cuando Zoro le pasó la sal, hizo amago de no tomarla por el "miedo" que le inspiraba su compañero. Zoro frunció el ceño, le tomó la mano y depositó la sal en ella con firmeza, ganándose una risa desdeñosa por parte de su compañero.
-Parece que al fin alguien está encontrando la manera de controlarse…
-¡Cierra la boca, cejas! ¡Me tienes harto!
Sanji sonrió mucho más ampliamente, pues había conseguido lo que quería. Zoro se había puesto de pie bruscamente, golpeando la mesa con sus manos al gritarle.
Pero se arrepintió cuando después de ese arranque, Zoro se tambaleó y cayó sentado de nuevo. Se veía como si acabara de correr o de pelear contra un poderoso enemigo, se veía agotado.
Chopper brincó de su silla y corrió hacia él.
Para todos resultó evidente en ese instante que Robin le había estado sujetando la mano. Ahora miraba reprobatoriamente a Sanji, mientras Chopper se desvivía tratando de ayudar a Zoro, mas este evidentemente no deseaba ningún tipo de ayuda.
-Ya pasó Chopper, estoy bien, déjame- le dijo mientras lo alejaba, tratando de calmarlo- no te preocupes.
Volvió a ponerse a comer, y los demás hicieron lo mismo.
Mal que mal, la alegre ocurrencia de Sanji había deshecho un poco la tensión que minutos antes se respiraba en el ambiente, y el cocinero se felicitaba mentalmente por ello, aunque aún se sentía ligeramente culpable de que Zoro comenzara a sentirse mal.
Pero se le olvidó en el momento en que notó que Luffy pasaba su mano por encima del plato de Zoro, dispuesto a robarle un trozo de carne que el espadachín aún no había tocado. Éste trató de alejarlo, ya que estaba hambriento, pero Luffy no hizo caso del manotazo que le dio y siguió intentando.
Los demás ahogaron un poco la risa por los gestos de fastidio que hacía Zoro mientras trataba de alejar a Luffy de su plato y por las caras de maniaco loco por la comida que hacía Luffy a cada nuevo intento.
Finalmente nadie pudo disimular la risa, sobre todo cuando Luffy le tiró encima a Zoro un recipiente con salsa y éste finalmente se le echó encima para tratar de ahorcarlo.
Después de semejante imagen todos estaban riendo con ganas. Incluso Zoro, una vez pasado el escándalo, comenzó a reír un poco, al parecer, mucho más relajado que un rato antes.
Desde el piso, a donde había caído con Luffy entre los juegos y las risas, lo sujetó del cuello del chaleco y lo jaló para sentarlo de vuelta, y se sentó junto con él.
No se le borró la sonrisa y lo cierto era que la quería mantener. Hacía tanto tiempo que no se sentía feliz. O bueno, hacia unos días que de hecho no sentía nada…
Cuando terminaron de comer, era evidente que todos esperaban que dijera algo acerca de lo ocurrido. Zoro sabía exactamente lo que necesitaba decirles. Ya que todos estaban en silencio y mirándolo fijamente, aprovechó un poco de calor que sintió en su mano cuando Robin la sujetó y la estrechó de nuevo; fue más que suficiente para que se animara a hacerlo.
Levantó la vista y miró rápidamente a todos sus compañeros. Luego suspiró ligeramente.
-Escuchen. Lo lamento mucho. No sé…cómo permití que esto sucediera. Debí ser más fuerte. Por favor, yo- se interrumpió, pues le estaba costando trabajo y le costaba mucho explicarse, expresarse, así que decidió terminar rápido, pronunciando una palabra que le costó mucho más trabajo del que hubiera imaginado-;…perdónenme.
Por toda respuesta, Luffy volvió a pasarle el brazo por el cuello, mostrando una de sus sonrisas más perfectas y relucientes.
-¡No necesitas pedir disculpas, Zoro!- le dijo alegremente- nosotros te ayudamos porque te queremos, ¿Verdad, chicos?
Luffy volteó a ver a sus nakama y Zoro recibió varias sonrisas de aprobación, incluyendo por supuesto una muy burlona de parte de Sanji. Se sintió exageradamente confortado por aquellas sonrisas, asentimientos y por las palabras de afecto y apreciación que le dieron después, tanto, que podía sentir claramente la sangre agolpándose en su cara, lo cual provocó que las risas de sus compañeros fueran aún más expansivas y alegres. Y maldijo un poco que ahora necesitaba volver a aprender a controlar sus emociones, porque decididamente no estaba en control en ese preciso momento y esa no era una posición nada cómoda para él.
-Pero- volvió a hablar Luffy de pronto, soltando un poco el agarre que tenía en su cuello- Zoro, escúchame bien: ¡No quiero que vuelvas a ponerte en peligro por mí de ese modo!
Zoro casi da un salto en su silla cuando a su mente volvieron las imágenes de cómo había empezado todo aquello. ¡Por supuesto!
Él se había quedado en una esquina donde, de algún modo, no fue alcanzado por la misma fuerza que mantuvo a sus compañeros congelados sin poder hacer nada. Dejar a Luffy pasar peligro sin hacer él nada por ayudarlo simplemente no era algo que estuviera entre sus planes, y fue así que se lanzó, literalmente, para ayudar a su capitán.
Sintió la mirada de Sanji posarse significativamente en él y supo que las mismas dos palabras que pasaron por su mente en ese momento pasaron por la mente del cocinero cuando sus pupilas se encontraron: "Thriller Bark".
Sanji hizo una sonrisa socarrona mientras levantaba su vaso en ademán de brindis sin que nadie salvo Zoro se diera cuenta.
Él suspiró ligeramente.
-Haré lo mejor que pueda, capitán- afirmó, aun sabiendo que volvería a lanzarse si tuviera la oportunidad.
Pasados unos segundos más en silencio, Zoro volvió a sentir un poco la tensión que había en el ambiente, pero también sabía muy bien que esta vez esa tensión se debía a un motivo muy distinto:
-Adelante, pregunten lo que quieran- animó a sus compañeros, más resignado que convencido de ello. En seguida Ussop, Chopper, Brook y Luffy comenzaron a bombardearlo con preguntas, pero nada que pudiera procesar ni comprender con facilidad. Casi se cae para atrás en su silla, de no ser porque Franky, Sanji y Nami jalaron a los otros de regreso a sus sillas y pusieron orden firmemente.
-¿Qué les dije de abrumar al joven Zoro?- preguntó en tono de advertencia el sacerdote, que había estado en silencio sentado en una de las orillas de la mesa. Al escucharlo, la calma se hizo aún más profunda y solemne, y entonces Nami decidió que quizás sería buena idea resumir ella misma (con ayuda de Franky y Sanji, por qué no) las preguntas que podían hacerle a Zoro.
-Pues…Zoro, ¿recuerdas todo lo que pasó cuando estuviste…así?
Zoro miró a Nami un momento. Miró la mesa, su plato vacío ya y su vaso de fresco jugo de frutas medio vacío.
-No todo. La mayor parte. Hay ciertas…lagunas. Había momentos en que simplemente perdía toda consciencia y cuando volvía en mí…
Se asustaron todos un poco cuando vieron que levantaba su mano y se tocaba la cara de una forma bastante afectada.
-¿Te sientes bien?
-Me cuesta recordar. Esforzarme en recordar, más bien. Me duele la cabeza cuando lo intento.
Volteó a ver a Robin.
-Sé que los ataqué. Y sé que era entonces cuando perdía la razón por completo. Pero en realidad no es mucho lo que recuerdo al respecto, solo unas pocas imágenes, muy dispersas.
Hubo silencio otra vez. Franky se animó a hacer la siguiente pregunta, sobre todo porque sabía que era algo que a Robin podía importarle especialmente.
-¿Por qué te fuiste con Martella?
Todos observaron cómo Zoro se tensaba. Robin inclinó un poco la cabeza hacia él, mostrando mucho más interés que el resto de la noche en lo que tuviera que decir.
-No sabría explicarlo. Yo…sabía que no podía separarme de la piedra. Yo sabía que no tenía que irme con ella, pero tuve que hacerlo porque de otra forma…hubiera muerto- explicó- lo supe todo el tiempo. Pero…siempre hubo algo en mi interior que me dijo que no podía permitir que esa mujer conservara la piedra. Y entonces se la quité y se la devolví a Robin.
-Es verdad…ustedes se encontraron.
Robin asintió.
-Zoro apareció cuando peleaba con Martella. Había perdido la razón y me atacó. Hui por el bosque…y comenzó a caer una tormenta. Luego no recuerdo mucho.
-Yo me recuperé, volví a la fortaleza y le quité a la mujer la piedra. Luego fui al bosque a buscar a Robin y vi que había caído a una fosa. La saqué de ahí y la llevé a una cueva.
Zoro se detuvo abruptamente y volteó a ver a Robin, preocupado, como si acabara de recordar lo que había ocurrido dentro de esa cueva. Robin sin embargo solo sonrió y continuó con el relato.
-Cuando recuperé la consciencia Zoro había encendido una pequeña fogata para calentarnos un poco, y permanecimos allí hasta el día siguiente que volvimos a la fortaleza a buscarlos. Cuando Martella rompió la piedra fue que no hubo manera de controlar a Zoro y bueno…creo que ustedes saben bien qué más sucedió.
-Claro- aceptó Franky-, ¿Ustedes están bien?
-¿Nosotros?-preguntó Robin dulcemente, al parecer sin comprender lo que el ciborg le insinuaba.
-Ya saben…ustedes dos… ¿están bien? ¿Tienen algún problema entre ustedes ahora?
-Por supuesto que no- contestó Robin con una sonrisa reluciente, mientras volteaba a ver a Zoro y posaba su mano sobre la de él en la mesa, a la vista de todos-, estamos bien, ¿No es cierto, Zoro?
Zoro asintió, un poco incrédulo de que su mano ahora estuviera siendo tan tiernamente sujetada por la de Robin. Aquello lo ponía muy feliz, aunque le daba bastante vergüenza demostrarlo frente a sus amigos.
-¡Lo que hiciste fue muy valiente, Robin!- gritó Ussop de pronto, exaltado y emocionado- La verdad yo me puse muy nervioso desde que nos dijeron lo del sacrificio, pero tú….
-¿Sacrificio?- saltó Zoro de repente, asustado y soltando la mano de Robin. Decididamente, haber estado tan desconectado de sentimientos durante esos días lo había dejado ahora hipersensible hacia cualquier cosa. La única razón por la que no se había puesto de pie con ese impulso fue porque de pronto había sentido que las piernas se le hacían como de gelatina.
En medio de su inconsciencia y de su razonamiento alterado cuando se encontraba bajo los efectos de esa…maldición, había escuchado algo acerca de un sacrificio, y ahora que lo pensaba, era cierto, alguien tenía que haber hecho ese sacrificio para que él pudiera recuperar sus sentimientos, y para como estaban las cosas, y considerando que estaba con ella en la cueva cuando al fin todo en él volvió a la normalidad…por supuesto, ¿cómo no lo había pensado antes…? ¿Cómo pudo pasarlo por alto?
-Robin…-le llamó, en un tono que casi sonaba a advertencia- ¿qué fue lo que paso?
Ussop se había dado cuenta, por supuesto, de que lo había arruinado todo, y ahora estaba mirando a Zoro con los ojos desorbitados, la boca tapada con sus manos y con su cara variando colores entre el verde, el azul y el morado.
Para su suerte, lo único que se ganó fue una mirada un tanto melancólica por parte de Robin, pues la atención de Zoro estaba en ella y a su vez, la atención del resto de sus compañeros estaba en Zoro.
-Robin…- en este punto, no fue Zoro quien insistió, sino Luffy, que se había quedado bastante serio-, yo también quiero saber qué fue lo que pasó.
Robin sintió la atención de todos sobre ella, esperando a que diera una respuesta. Lo que hizo entonces fue tratar de parecer lo más tranquila que le fuera posible y continuar sonriendo, como siempre.
-La verdad es que…no lo sé- hubo un silencio pesado que la animó a continuar-, en realidad he tratado de pensarlo pero realmente no tengo la menor idea de qué fue lo que el espíritu me quitó así que… supongo que algún día me daré cuenta, pero ahora simplemente no es el momento.
-¿Estás segura?-preguntó Nami, visiblemente preocupada.
-Claro que sí. No se preocupen, cuando me dé cuenta, ustedes serán los primeros en saberlo.
-Supongo que tampoco sería bueno perturbar a Robin san- habló el sacerdote otra vez- ella tiene razón. En algún momento se dará cuenta así que ustedes deberían quedarse tranquilos hasta entonces.
Saber esto dejó más tranquilos a los Mugiwara, a todos por supuesto, menos a Zoro, que se negó a volver a tomar la mano de Robin después de eso, pues no sabía que pensar y se sentía francamente confundido.
Después de un rato se fueron levantando de la mesa. Ayudaron a recoger los trastos sucios y a llevarla de nuevo al interior de la casa del sacerdote.
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Esa noche el sacerdote durmió en una habitación, Robin y Nami durmieron en otra y a Zoro le dejaron la última, pues según el sacerdote necesitaba comodidad y estar lo más tranquilo que fuera posible. Ya que Chopper insistió en esto, los demás estuvieron de acuerdo, de modo que acomodaron varios colchones en el suelo de la sala y la cocina y se acostaron allí a dormir.
Pasaron un par de horas y Zoro continuaba despierto. La verdad era que no tenía ganas de dormir; estaba algo adolorido, tanto de la mente como del cuerpo, pero no estaba realmente cansado. Comenzaba a pensar que quizás sería buena idea salir a dar una caminata para gastar energías, pero apenas iba a enderezarse cuando escuchó el crujir de la puerta de su habitación, que estaba cerrada. Volteó y vio como el pomo daba vueltas, para finalmente abrirse y dejarle paso a una sombra a la que le costó darle una identidad en medio de la oscuridad. Ella lo miró entre la penumbra y le sonrió.
-No pensé que estuvieras despierto.
Él se encogió de hombros y se relajó un poco al escuchar su voz.
-No puedo dormir. No tengo sueño.
A pesar de todas las cosas que pudo haber esperado o pensado, justo en ese instante sintió como las sábanas con las que estaba cubierto eran removidas ligeramente, para dar paso al cuerpo de su nakama, que se coló al interior de su cama lentamente.
Por inercia se hizo a un lado y le dejó espacio, y ella terminó de acomodarse, y se abrazó a él suavemente.
-Yo tampoco podía dormir. Pensé que aquí contigo me sentiría mejor.
A Zoro le sorprendió esa declaración por parte de Robin. Un poco inseguro, pasó un brazo por debajo de su cuerpo para abrazarla por la cintura y la acercó un poco más a él, a lo que ella respondió con una expresión de gusto que casi parecía un ronroneo.
Suspiró.
-¿Por qué pensaste que estarías mejor aquí?
Ella se removió un poco más. Fue extraño, Zoro se sintió excesivamente perturbado cuando se dio cuenta de lo definido que sentía su cuerpo bajo las sábanas y aún bajo la delicada bata de dormir que vestía en ese momento, pero sobre todo, estaba sorprendido de recordar y de darse cuenta de lo acostumbrados que estaban sus brazos a sostener ese cuerpo contra su pecho.
-Eres muy cálido- suspiró ella, y fue en ese instante que Zoro se dio cuenta de lo helada que estaba su piel. Se había sentido tan turbado por sentir su cuerpo tan deliciosamente pegado al suyo que no se había percatado de que su temperatura era por demás preocupante.
Asustado, la estrechó fuertemente. La sujetó de la cara y la miró con mucha atención, como buscando algo que le indicara cuál era realmente su estado de salud. Ella solo sonrió ante esta muerta de miedo de su parte, levantó su mano hacia él y le acarició la mejilla.
-No te preocupes, estoy bien.
Zoro, sin dejar de mirarla ni un instante, tomó la mano que ella había llevado hacia él, la sujetó firmemente y la besó. Robin no la retiró, y en cambio, se acercó aún más a él y acomodó la cabeza en el hueco que formaban el hombro y el cuello de su compañero.
-Perdona que no haya hecho esto antes. Espero que sirva para contestar a lo que me pediste aquella vez.
-¿Te refieres a lo que pasó esa noche? Mujer yo…no puedo, me siento demasiado culpable por lo que te hice, debí ser mucho más cuidadoso contigo y…
-Me refiero a la noche antes de que todo esto pasara. Cuando estábamos en el barco y me dijiste que sentías algo por mí.
Zoro se quedó callado. A pesar de que le estaba costando recordar muchas cosas y hacer que su mente tuviera un orden, ese era un recuerdo que tenía en su memoria fresco e intacto.
Recordaba perfectamente la sonrisa de su nakama al ir a hablar con él sin comprender qué podía necesitar él de ella, y su cara de incredulidad cando le confesó todo lo que traía adentro y necesitaba que ella supiera. Recordaba como se veía su rostro enmarcado por la luz de la luna y recordó el miedo que le recorrió el cuerpo al no obtener una respuesta.
-No te dije nada en ese momento porque estaba muy asustada- confesó ella, sin darse cuenta de que él de pronto pareció confuso y perturbado-, porque tú…tienes una pasión demasiado grande en tu pecho, Zoro, y yo temía no ´poder corresponderte como lo merecías. Pero ahora…-susurró- quiero que sepas que estoy dispuesta a darte todo de mí, todo lo que quieras de mí, todo lo que necesites…
-Robin…
-Por favor, escúchame- le interrumpió ella de cualquier cosa que pudiera decir-Después de todo lo que pasó siento que puedo comprenderte mucho mejor. Aprendí a sentir como tú sientes y a pelear como tú peleas. Por primera vez en mi vida sentí…esa pasión que corre por tus venas, y entiendo, entiendo que contener unos sentimientos tan grandes es una pesada carga. Por eso…déjame quedarme a tu lado.
Zoro no supo qué era lo que debía de contestar. Las palabras de la arqueóloga tendrían que haberlo animado o reconfortado, pero en lugar de eso una inquietud mucho más grande que todo lo que había sentido en su vida tomó posesión de su corazón sin saber él qué podía hacer al respecto.
De modo que inclinó su cabeza hacia ella, pegando sus frentes, y soltó un pequeño suspiro.
-¿Eso quiere decir que tú y yo…?
-Seamos pareja desde ahora. Novios, amantes, lo que quieras.
Zoro sonrió. ¿Qué más podía hacer? Acercó los labios a los de Robin y la besó lentamente. No quería forzarla ni lastimarla como había hecho antes, deseaba verla feliz, hacerla feliz mientras pudiera hacerlo. Ella cortó el beso de pronto y lo miró con bastante seriedad.
-Solo te pido dos cosas- Zoro asintió, muy serio-. Primero, no esperes mucho de mí en este momento. No me encuentro muy bien…estoy agotada. Dame unos días. Y….
-¿Y…?
-Y segundo, no le digamos nada de esto a nadie, al menos hasta que volvamos al barco.
Zoro sintió otra sacudida cuando escuchó esto, pero supuso que si Robin se lo pedía tendría buenas razones para ello. De modo que aceptó sin más.
Se sintió extraño, pero a la vez gratamente sorprendido, cuando sintió que ella volvía a esconderse en su cuello y comenzaba a repartir en él pequeños y traviesos besos, que comenzaron del todo tranquilos y evolucionaron en fogosas caricias que le hicieron sentir escalofríos por todo el cuerpo, debido a la fría humedad que contrastaba ahora con su piel cálida.
Pronto sintió moverse el brazo que estaba alrededor de él, para que esa mano comenzara a acariciar lentamente su pecho desnudo y bajara poco a poco para terminar posándose en sus pantalones sin dejar de besar su cuello.
En este punto, Zoro reaccionó y detuvo a su compañera.
-Mujer, ¿qué haces?
-Bueno… pensé que si no hacíamos nada tú y yo te gustaría que me hiciera cargo de ti.
-Preferiría tomarnos esto con más calma- susurró él, un poco exaltado.
Le hubiera encantado, por supuesto, pero sentía que eso sería casi como faltarle al respeto a su nakama. Lo cierto era que no le importaba tener que esperar a tener intimidad con ella, pero sobretodo, deseaba que llegado ese momento fuera algo que ambos disfrutaran sin más.
Sintió que Robin seguía besándole el cuello, pero a pesar de que realmente lo estaba disfrutando, seguía sintiéndose incómodo con respecto a ella, a lo que realmente estuviera pasando, con ella.
Volvió a acariciarle la cara y a acercase a ella para mirarla, y percibió un cierto vacío en sus ojos. Ese mar azul que podía verse en ellos ya no era cálido, sino frío y vacío, como un témpano de hielo en cada orbe.
-¿Estás segura de que estás bien con esto? ¿Estás segura de que tú te encuentras bien?
Ella asintió con una suave y neutral sonrisa cubriéndole el rostro; la última cosa que Zoro hubiera deseado ver porque conocía a la arqueóloga suficiente como para saber que después de esa expresión en su rostro solía venir alguna catástrofe difícil de enfrentar.
Pero no la presionó, ni hizo más preguntas. Solo la abrazó, sintiendo sus besos, sintiendo como el rostro de su amada se frotaba contra la piel de su cuello, y cómo su frío se veía aminorado poco a poco por el calor que él desprendía, y el de las sábanas que los envolvían esa noche.
-No te creo una sola palabra- dijo en voz baja después de varios minutos-, pero cuando quieras dejar de mentirme, aquí estaré para escucharte.
Lo había dicho más para sí mismo, pues Robin había dejado de besarle desde hacía unos momentos y suponía que se había quedado dormida. La reflexión en voz alta fue como un momento de iluminación para él. Realmente no le creía a Robin pero…
Le estaba ofreciendo una oportunidad para ser finalmente feliz. Completamente feliz.
Y él buscaría por todos los medios hacerla feliz a ella, no deseaba otra cosa en esta vida que verla sonreír de forma verdadera, y mucho mejor si esa sonrisa era provocada por él.
Con este pensamiento se obligó a cerrar los ojos y dormir, igual que ella lo hacía.
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Lo despertó la inequívoca sensación de unos ojos fijos en su rostro, y cuando abrió los suyos, sonrió ante la comprobación de que se trataba de ella.
Robin lo miraba tiernamente, sin decir nada.
Aún no había amanecido, pero Zoro sabía que estaba a punto debido al alba blanca que comenzaba a clarificar la habitación. Abrazó a Robin, que estaba trepada en su pecho, y se dio la vuelta para refugiarla mejor entre sus brazos y cobijarse.
-Déjame ir, Zoro- pidió ella con voz dulce- ya va a amanecer. Tengo que irme.
-¿A dónde?
-Bueno, planeaba salir al bosque a recolectar algo de leña antes de que Sanji se levante a cocinar- sonrió-así no se darán cuenta de que pasé la noche aquí y de paso estiraré un poco las piernas. Tú quédate y duerme un poco más.
Zoro hizo una expresión de disgusto al oírla mencionar al rubio cocinero, pero al volver a su mente el hecho de que no iban a decirle a nadie de su relación (aún), tuvo que admitir que ella tenía algo de razón al querer salir de allí antes de que los demás se levantaran.
Tal como ella pedía, la dejó ir. Seguía adormilado y deseaba hacer algo más, pero ella simplemente se inclinó sobre él y le dejó un suave beso en la mejilla.
Zoro cayó presa del sueño una vez más.
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Despertó debido al ajetreo que se escuchaba en la sala y la cocina de la casa del sacerdote. Era más que evidente que sus amigos ya estaban despiertos y se preparaban para sus actividades del día, que consistían en principalmente ayudar al anciano con algunas labores en agradecimiento por la ayuda que les había brindado.
Franky y Ussop se ofrecieron a reparar el techo y a hacer otros arreglos menores en la casa mientras que los demás recolectarían y cazarían suficiente comida para que tuviera guardada en su bodega por unos cuantos meses.
No le pareció mala idea salir a dar una vuelta y ver en qué podía ayudar. Tenía muchas ganas de salir y entrenar, pero…
¿Dónde demonios estarían sus katanas? hasta ese momento no se había percatado de su ausencia, y aunque ya se había levantado cayó sentado otra vez en la cama, bastante impresionado al darse cuenta de lo perdido que se sentía. Realmente, no sentía haber perdido nada de su propia identidad o de sus recuerdos, pero si intentaba traerlos a la superficie simplemente se perdía. De ahí que apenas en ese momento hubiera reparado en la ausencia de sus amadas katanas, que en cualquier otra circunstancia le hubiera hecho salir corriendo a buscarlas.
La realidad lo golpeó, y entonces actuó como tuvo que haberlo hecho desde un principio: salió corriendo de la habitación con el único pensamiento en la mente de llegar pronto al barco.
Pasó a través de la cocina y casi choca de frente con Robin, que en ese momento llegaba, cargando la leña que había encontrado en el bosque. Las katanas se borraron de su mente y su única reacción fue ayudarle, quitándole la leña de los brazos y quedándose parado allí, como si esperara algo, pero sin realmente estar esperando nada de parte de ella.
-Gracias, Zoro- le dijo ella para estirarse hacia él y darle un beso en los labios, rápido y ligero pero no por eso menos significativo para él.
No había nadie en los alrededores así que nadie fue testigo de esa demostración. Después de que Robin saliera de la casa con el pretexto de buscar a los demás y ayudarles en algo, Zoro dejó la leña en un compartimiento de la cocina. Pensó que quizás era algo que también él podía hacer, salir a ayudar en algo y distraerse con eso un poco.
Pero también deseaba estar cerca de Robin. Sentía que estar en su presencia le daría paz. La paz que tanto estaba buscando.
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A todos les parecía por demás sospechoso. Zoro parecía demasiado apegado a Robin, como cuando estaba sin sus sentimientos.
En los siguientes dos días, parecía que siempre estaba cerca de donde ella estaba, pero eso no era todo; cuando tenía oportunidad, se sentaba a su lado o la acompañaba al bosque cuando necesitaba hacer algo o simplemente quería dar una vuelta.
Para nadie era ya un secreto lo que había pasado entre los dos, y estaban todos ansiosos por conocer el desenlace de aquella historia. Querían saber si había algo más entre ellos en ese instante, si después de todo lo pasado se habían sincerado por fin, pero ellos se mostraban demasiado herméticos.
Cuando se juntaban en la mesa a cenar se sentaban juntos. Más de una vez se dieron cuenta de que se tomaban de la mano o se dirigían miradas muy significativas, pero no parecían querer decirles nada aún.
No era muy cómodo tratar de espiarlos, pero Nami se dio cuenta en una de esas noches que Robin se levantaba de la cama, salía de la habitación y simplemente no volvía.
Aquella fue la última pista que necesitó. Decididamente ellos necesitaban saber con exactitud qué estaba ocurriendo con sus nakama.
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El sacerdote les informó la tercera mañana que del otro lado de la isla había una pequeña ciudad. No era ningún tipo de atracción turística, pero podrían comprar allí algunas cosas que les hicieran falta para el barco, pues el log pose terminaría de cargar muy pronto y ellos finalmente podrían partir.
Se despidieron del anciano, pues moverían el barco hacia aquél lado de la isla y de ahí partirían para continuar con su viaje. Él les recomendó que siguieran con bastante cuidado, pues la influencia del espíritu se encontraba en los alrededores y cualquier cosa podría suceder.
Ellos estuvieron más de acuerdo que nunca con esto; la última vez que no habían seguido indicaciones casi se va todo al diablo. Esta vez sin excepción serían mucho más cuidadosos.
Subir al barco fue un alivio para Zoro. Se sentía tranquilo de estar en un lugar que le era tan familiar; la cubierta donde se acostaba a dormir, la bodega donde estaban las cervezas y el sake, la habitación que compartía con sus compañeros y todas las otras habitaciones; la cocina, la enfermería, la biblioteca, el nido de cuerpo, la torre de vigía…
Tenía la sensación de no haber estado allí en meses enteros.
Disfrutó como nunca recostarse junto al mástil del barco y permitir que los rayos del sol lo cubrieran con su calor, así como el frío de una botella de cerveza a su lado.
Lo único que le preocupaba ahora era cómo iba a pasar la noche con Robin, si ella volvería a dormir con Nami y él con los chicos.
Pensó en la bodega como una opción, pero simplemente no le parecía que ella mereciera algo así. Robin necesitaba…y se merecía, tener comodidad y paz si iban a dormir juntos. Supuso que podría hablarlo con ella después.
-Toma, idiota- sintió un fuerte golpe en el estómago, y al abrir los ojos, se encontró con que sus katanas estaban en su estómago. Sanji estaba parado frente a él, fumando un cigarrillo, y evidentemente las había lanzado hacia él con bastante fuerza-, más vale que las uses bien de ahora en adelante.
Dicho esto se fue, y Zoro no le contestó únicamente porque estaba contento de tener sus katanas de regreso.
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Al atardecer, Nami vio cómo Zoro y Robin bajaban del barco y se adentraban en la pequeña población, y esto le llamó la atención en demasía.
Llamó a sus compañeros, que a estas alturas estaban dispuestos a cualquier cosa con tal de saber qué se traían entre manos ellos dos. Los observaron a la distancia por varios minutos, sin dejar de seguirlos, y a nadie se le pasó por alto que sus manos no se soltaban en absoluto. Había momentos en que se acercaban un poco más el uno al otro y la emoción que embargó a Nami cuando vio que Robin besaba a Zoro en la mejilla era algo realmente difícil de explicar. Los demás también estaban felices de que ellos parecían estar muy bien juntos, pero aunque sus sospechas ahora parecían confirmadas, no dejaron de seguirlos a través de la ciudad.
No tenían idea de a dónde podrían dirigirse hasta que vieron que se volvían a introducir en el bosque. Los siguieron a través de los árboles y finalmente vieron que llegaban a un pequeño edificio, lucía de lo más cálido y tenía un letrero: "HOTEL"
Continuará…
El próximo capítulo será el último de este fic.
Los invito como siempre a hacer sus apuestas, ¿qué pasa con Robin? ¿qué sucederá entre ella y Zoro a continuación?
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Y cualquier cosa que quieran decirme, crítica constructiva, pregunta, comentario o sugerencia, serán bienvenidos.
Saludos
Aoshika October
