Rima LIII

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará
.

Uno de mis poemas favoritos, de Gustavo Adolfo Bécquer.

Siento no haber actualizado antes, pero los exámenes de Febrero me han traído de cabeza. Aún así espero que os guste ^^

Gracias a todos los que comentaron el anterior oneshot!

La sala olía a palomitas rancias y chocolate, el sonido era ensordecedor, el suelo estaba pegajoso y para colmo la película no tenía ni pies ni cabeza.

Brennan se removía en su butaca y resoplaba a cada frase estúpida que soltaba el protagonista. Ángela, a su lado, parecía ajena a su amiga y tenía todos los sentidos dirigidos a l pantalla. Lógico, si se tiene en cuenta que había sido la artista quien había arrastrado a la antropóloga a ver la nueva "peli de tías".

El argumento no era simple, sino simplón. Chico conoce chica. Se enamoran. Chico tiene novia. Novia es la jefa de chica. Chico quiere romper con novia. Novia finge estar embarazada. Chica sigue viendo a chico. Novia despide a chica. Chica encuentra trabajo en el extranjero. Chico descubre la verdad sobre el embarazo. Chico rompe con novia. Chico sigue a chica hasta el aeropuerto. Chico evita que chica suba al avión. Chico declara su amor con un discurso. Chica besa a chico. Fin.

Los títulos de crédito empezaron a aparecer en la pantalla y las luces se encendieron. Brennan parpadeó varias veces para acostumbrarse a la iluminación. Ángel aya estaba levantada, recogiendo los bolsos y abrigos. Al salir a la calle un viento frío les dio la bienvenida. Brennan se subió la cremallera hasta arriba y se mantuvo callada mientras Ángela seguía hablando de la película.

-Era tan romántico, como él dejaba a la novia plantada siempre para poder salir con la chica. Y como la buscaba en el aeropuerto… ¡Y cuando la vio entre la multitud!

-De verdad, Ángela – intervino Brennan por fin – No sé como te ha podido gustar.

-¿Es que a ti no te ha gustado? Pero si era preciosa y el prota estaba ¡Wow!

-No niego que el actor tenía ciertas facciones simétricas que le hacían bastante atractivo, pero no por ello me va a gustar la película.

-¿Y los diálogos? ¿Y la declaración de amor?

-Irreales

-¡¿Irreales?! Bueno, es una película y exageran las cosas, pero yo no diría irreal.

-Yo he viajado mucho y he estado en muchos aeropuertos. Aún no he visto una situación que se asemeja a la escena final de la película.

Ángela miró a su amiga sin dejar de caminar. Estaba seria y miraba fijamente al frente. Estaba claro que no quería continuar con la conversación.

A la mañana siguiente Brennan fue la primera en llegar al Jeffersonian, como siempre. Había olvidado ya todo el asunto de la película: no era la primera vez que Ángela la obligaba a ver una de esas cintas románticas.

Se puso a trabajar en uno de los desconocidos del Limbo y a media mañana ya le había identificado como un terrateniente sureño del siglo XVIII. Una vez los huesos estuvieron guardados, se metió en su despacho para empezar con el papeleo del museo.

Escuchó unos pasos acercándose y parándose frente a la puerta.

-Pasa, Booth – dijo ella sin levantar la vista

-¿Cómo has sabido que era yo?

Booth se sentó al otro lado de la mesa y Brennan dejó de escribir en su ordenador para mirarle a la cara.

-Tus pasos. Distingo tu forma de caminar.

-¡Ah, bien! Porque yo distingo tu olor – contestó con una sonrisa.

Brennan le miró extrañada sin saber si estaba bromeando. Volvió su atención al ordenador y pulsó el botón de imprimir.

-¿Qué tal la película de ayer?

-Pura fantasía.

-¿De lo buena que era? – preguntó con cierta sorna Booth.

-¡No! De lo irreal.

-Bueno, Huesos, es una peli de tías. No pidas grandes guiones o historias. Todas esas películas están cortadas por el mismo patrón.

-Pues a Ángela le encantó.

-No me extraña… ¿Qué es lo que exactamente no te gustó? Porque vale que sean malas, pero al menos entretienen.

La doctora se quedó pensando unos segundos recordando los detalles de la película.

-Los diálogos me parecieron muy falsos. El discurso final del protagonista…no creo que alguien hable así en al realidad.

Booth sonrió y asintió con la cabeza, diciendo:

-Ya, te recuerda al típico adolescente salido que te habla dulce solo para meterte en su cama.

Ante la mirada inexpresiva de Brennan, Booth preguntó:

-¿Sabes a lo que me refiero?

-Si. Alagar a una chica para acostarse con ella. Es que yo nunca he estado en una situación así.

-Pero te habrán piropeado ¿verdad? – preguntó Booth inclinándose sobre la mesa.

-¿Piropeado?

-Elogiado.

-¡Ah! Si, han… piropeado mi forma física en numerosas ocasiones. Pero siempre de una forma corta y directa.

Booth supuso de inmediato que "de forma corta y directa" se refería a frases como: "Que buena estás", "Menudo cuerpo para el pecado", "Esas sí que son curvas peligrosas"…y demás frases ordinarias. El agente se levantó de la silla para colocarse al lado de Brennan.

-Me cuesta creer que nadie se te haya declarado nunca ¿No tuviste algún admirador secreto en el instituto? – Brennan negó con la cabeza - ¿En la universidad?

-No, Booth. Nadie.

-Entonces no me extraña que tengas esa opinión sobre las pelis románticas – murmuró Booth.

Brennan ignoró su comentario y continuó:

-De todas formas tampoco creo que me haya perdido anda importante.

Si previo aviso, Booth agarró el respaldo de su silla y la giró para que se estuvieran mirando cara a cara. El agente apoyó cada mano en un reposabrazos y se inclinó ligeramente.

-¿De verdad te da igual?

Los ojos del agente eran casi negros.

-¿De verdad me dices que no te gustaría conocer la sensación que se siente cuando alguien se declara?

Brennan estaba sin habla y solo pudo asentir con la cabeza. Por algún motivo su corazón latía con fuerza, como si intentara escaparse de su pecho, notaba el estómago pesado y la sinopsis de sus neuronas parecía haber cesado. Inclinándose aún más sobre ella, Booth continuó hablando casi en un susurro.

-¿Y si te dijera que eres preciosa? No sólo por tu cuerpo sino por tu forma de ser. Que tu risa es suficiente para convertir un asco de día en uno maravillosos. Que cuando estás triste tus ojos parecen más grises, y por eso prefiero el azul claro, porque ese es el color de tus ojos cuando estás feliz. Que tu piel puedo confundirla con la porcelana, y muchas veces temo tocarla por si es igual de frágil. Tus labios…fantaseo con esos labios día y noche. Cuando despierto deseando que estés a mi lado y no estás cuento los minutos hasta la hora de la comida, cuando puedo venir a buscarte. Aunque tú no lo veas, eres una mujer asombrosa, fuerte, inteligente, divertida, con un gran corazón, incansable. No entiendo como alguien te puede considerar fría e insensible. No entiendo como alguien podría decir que no te ama. Porque yo lo he intentado, lo admito, no creía correcto enamorarme de mi compañera. Pero fallé. Te amo.

Se quedaron mirándose, sus caras a pocos centímetros. Brennan no era capaz de reconocer lo que sentía en ese momento. Taquicardia, taquipnea, respiraciones superficiales, sudoración, sensación de calo… Era capaz de reconocer las respuestas fisiológicas pero no entendía el porqué ¿Era posible que las palabras de Booth causaran todo eso?

Nunca nadie le había hablado así, nadie le había dicho nunca algo parecido. Los ojos de Booth ya eran completamente negros, y en las últimas frases su voz no superaba el tono de un susurro.

Y en ese momento, cara a cara, a pocos centímetros el uno del otro, Brennan podía sentir el aliento cálido de Booth sobre su piel. Se tomó un segundo para tranquilizarse, cerrando los ojos y haciendo unas inspiraciones largas y profundas, intentando controlar la respuesta de su organismo. Tras unos pocos segundos volvió a abrirlos para encontrarse de nuevo con Booth en la misma posición

Más calmada, la doctora supo lo que tenía que hacer. Agarró el cuello de la camisa del agente, acercándole a ella y chocando sus labios contra los suyos. Tan rápido como empezó, acabó.

El shock de Booth no pasó ni cuando Brennan se separó de él. Había sido un beso rápido, sin ninguna característica especial. Labios contra labios. Y Booth se había quedado con ganas de más.

Agarró a Brennan por la cintura, levantándola de la silla y acercándola a él lo máximo posible. Sin darle tiempo a responder la besó. Un beso más pasional y con más sentimientos que el anterior. Brennan subió sus manos, rodeando el cuello de Booth. Sus labios no cesaron de moverse sobre los del otro hasta que el oxígeno se hizo completamente necesario. Pero no rompieron su abrazo, siguieron en los brazos del otro mirándose a los ojos.

-¿Piensas de verdad todo lo que has dicho? – preguntó Brennan con cierta inseguridad.

-Eso y mucho más. Te quiero, Huesos

-Yo… yo siento algo muy fuerte por ti. Algo que nunca antes había sentido. Pero no sé si puedo decirte aún que te quiero.

-Eso me vale – sonrió Booth – Aunque tú aún no le sepas, yo sé lo que sientes.

Volvieron a besarse, tomándose le tiempo necesario para explorar las nuevas sensaciones descubiertas. Metidos en su propia burbuja, no pudieron ver a la artista que les miraba desde el otro lado de las paredes de cristal.

-Angie – exclamó Hodgins - ¿Qué haces aq….? Wow ¿Y eso? – exclamó al darse cuenta de la pareja que se besaba en el despacho.

-Eso, Hodgins, acaba de superar a toas las pelis románticas que he visto en mi vida. Y eso es decir mucho.