Limón y Sal

Yo te quiero con limón y sal,

yo te quiero tal y como estás,
no hace falta cambiarte nada,

Siento el retraso al actualizar esto… Tengo un par de capítulos escritos en sucio, pero no he podido pasar a limpio nada hasta ahora.

Gracias a todos por los comentarios y las Alerts^^

Canción: Limón y Sal de Julieta Venegas

Las puertas del laboratorio se abrieron para dejar paso al agente especial Seeley Booth. Sonriente y rezumando alegría, se dirigió al despacho de su novia. ¡Dios! Que bien sonaba eso: novia. Llevaban sólo dos semanas saliendo, sí, pero él había dejado muy claro lo que significaba para él esa relación y ella no había puesto ninguna pega.

-¿Huesos! – saludó Booth al llegar a la puerta del despacho.

Brennan estaba sentada en el sofá, leyendo una carta con tanta atención que apenas oyó el saludo de Booth. Él se acercó al sofá, sentándose en el reposabrazos y dándole un beso a la doctora en el pelo. Estaba tan adorable cuando se concentraba que era casi imposible no hacerlo. Ella fue consciente entonces de la presencia del agente a su lado.

-Hola Booth ¿Qué haces aquí?

-Venía a preguntarte si querías ir a comer conmigo.

-Podrías haberme llamado.

-Pero quería verte de todas formas – sonrió Booth

Él se inclinó justo lo necesario para que sus labios se juntaran en un beso dulce. Al separarse la vista de Booth se desvió hacia la carta que Brennan aún sostenía en sus manos.

-¿Qué es eso?

-Una invitación para una cena de la Asociación Americana de Antropología la próxima semana.

-Ah… ¿Vas a ir?

-Si, supongo – contestó levantándose y yendo a por su abrigo.

-¿Y puedes llevar un acompañante? – preguntó tímidamente Booth.

Brennan se giró de golpe, sorprendida.

-¿De verdad quieres ir? Pensaba que para ti esas cenas no eran más que reuniones de científicos aburridos.

-Bueno, ahora estamos juntos ¿no? Quiero apoyarte en este tipo de cosas.

La mirada confusa de Brennan no desapareció ni cuando asintió con la cabeza diciendo:

-Si, se me permite llevar un acompañante. Iba a preguntarle a uno de los becarios, pero si quieres venir conmigo, vale.

En ese momento Brennan deseó leer a las personas tan bien como Booth. Había lago en su rostro, sus ojos, su media sonrisa, que no lograba descifrar que significaba.

La noche de la cena, Brennan se arregló en casa de Booth. Se estaba maquillando en el baño cuando entró Booth vestido pero con la pajarita sin anudar.

-Estás muy atractivo, Booth.

-Gracias. Tú estás preciosa – dijo él admirando el vestido de noche largo que dejaba la espalda al descubierto

-¿Te gusta? Ángela me lo hizo comprar para nuestra primera cita, pero no me pareció adecuado llevarlo al cine. – explicó ella con una sonrisa.

Booth la miró fijamente, serio. Ella estaba realmente radiante. La tela del vestido caía sobre su figura ajustándose en el escote y las caderas. Su pelo recogido en un moño clásico y el maquillaje oscuro acentuándole los ojos.

-Voy a ser el hombre más envidiado de esa cena. Estás increíble. Me encanta como te queda el rojo.

-Y a mi me encantan como te quedan los esmóquines.

Brennan apoyó sus manos en el torso cubierto de Booth, apreciando como sus músculos se marcaban bajo la tela. Subió las manos hasta el cuello y le ayudó a abrocharse la pajarita.

-¿Listo para irnos?

-Claro – contestó él con demasiada seriedad.

Durante toda la semana, Brennan había podido comprobar pequeños cambios en la actitud de Booth. Cosas como no discutir ni picarse con ella cuando cambiaba al canal de documentales, hacer menos bromas sobre el laboratorio, no quejarse de las revistas de antropología que había en casa de Brennan, hablar menos sobre deportes…Eran pequeños detalles que preocupaban a Brennan.

El salón-comedor del hotel donde se celbraba la cena estaba organizado en mesas redondas de ocho personan, con un cesto con flores en el centro de cada mesa. En el fondo, un atril estaba preparado en el centro del escenario para dar algún tipo de discurso. Una fila de camareros esperaban junto a la puerta para comenzar a servir el primer plato en cuanto les dieran la orden.

Booth y Brennan se sentaron ene la mesa correspondiente junto a otras tres parejas cuya media de edad superaba los 60 años.

-Doctora Brennan – saludó uno de los hombres – Un placer tenerla con nosotros esta noche

-¿Quién es su acompañante? – preguntó la mujer del anterior.

-Agente Especial Seeley Booth – se presentó formalmente

Brennan le miró extrañada. Ese tono tan formal sólo se lo había oído usar con sus superiores en el FBI. Tomaron asiento y Brennan aclaró:

-Booth es mi compañero y mi novio

-Formáis una pareja adorable – comentó otra de las mujeres con una sonrisa.

Llegó el primer plato. Al murmullo de voces se añadió el ruido de cubiertos y copas de cristal. Los cuatro antropólogos de la mesa empezaron a discutir entre ellos sobre unos hallazgos arqueológicos encontrados en alguna isla del Índico, mientras las tres mujeres comentaban los últimos cotilleos de Hollywood que habían leído en las revistas. Booth se quedó callado, intentando prestar atención a la conversación que mantenía Brennan, pero por mucho que lo intentara su mente ignoraba las palabras y se centraba en cualquier otra cosa ajena a temas científicos.

Brennan notó lo silencioso que estaba Booth y giró la cabeza para verle. Estaba serio, jugando con la cuchara. La doctora alargó la mano para acariciarle la mejilla. Él elevó la mirada al fin:

-¿Estás bien?

Irguiéndose y manteniendo el semblante pétreo, Booth contestó:

-Perfectamente.

-Te aburres ¿verdad?

-No, no. Esto es tu trabajo, me interesa.

Durante el segundo plato Booth continuó en silencio. Brennan intentó en varias ocasiones introducirle en la conversación, pero el agente se cerraba en banda y contestaba con monosílabos. Llegó el postre: una tarta de chocolate y nata, y Brennan supo entonces que algo muy malo sucedía cuando Booth rechazó su trozo.

-Booth… - pero un ruido desde le escenario la obligó a callar.

El organizador de la cena iba a dar un discurso.

-Bienvenidos a la cena anual de la Asociación Americana de Antropología…

Empezó a hablar de los logros obtenidos ese último año. Reconocimientos, descubriciones, nuevas teorías…deteniéndose a explicar los más importantes.

Brennan escuchaba atenta hasta que el ruido de una silla la distrajo a su lado. Booth se había levantado y se dirigía a la salida del salón. La antropóloga se levantó tras él y le siguió hasta el pasillo enmoquetado.

-¡Booth!

Él paró en seco y se dio la vuelta lentamente.

-¿Qué haces? – le preguntó Brennan.

-Iba a tomar un poco el aire.

Brennan respiró profundamente y se acercó a él, invadiendo su espacio personal.

-¿Qué te pasa? Durante esta semana te has comportado de forma muy diferente y extraña.

-No sé de qué hablas – contestó él dándose la vuelta.

Los labios de Brennan dibujaron una sonrisa triste que Booth no pudo ver, pero sí pudo oír el comentario que acompañó esa mueca:

-Apenas tres semanas. Un nuevo record para mí.

-¿De qué hablas? – preguntó alarmado Booth, mirando a su novia de nuevo.

-Ya no te intereso…Esta elación, nosotros, ya no te interesa.

-¿De dónde sacas eso?

-Ya no discutes conmigo, ni haces bromas, apenas sonríes…No eres feliz.

Brennan luchaba contra las lágrimas. Si Booth iba a cortar con ella quería que fuera como quitarse una tirita: rápido e indoloro.

-Soy feliz. Cuando estoy contigo no podría ser más feliz – la desesperación era clara en la voz de Booth – Tú, yo, nosotros...me importa y mucho.

-Entonces ¿por qué te has comportado como si no fueras tú esta semana?

-quería encajar – se rindió finalmente Booth – Demostrarte que puedo formar parte de esta parte de tu vida que es la ciencia. Burlarme menos de ella e intentar prestar más atención…pero supongo que soy demasiado estúpido para lograrlo.

-No eres estúpido – contestó de inmediato Brennan – No eres un genio, pero no eres estúpido. No necesito que vengas a estos eventos conmigo si no te gustan, ni que dejes de comportarte como lo haces por el simple hecho de agradarme. Me gustas como eres, no tienes que cambiar por mí.

-¿De verdad piensas eso? ¿Del tío que te llevó a ver una película en la primera cita en lugar de a un restaurante caro para que pudieras lucir ese vestido? – medio bromeó él, aún con cierta inseguridad.

-Me da igual a donde me lleves, mientras estemos los dos juntos – sonrió ella.

-Eso ha sonado demasiado cursi para ti – Booth se empezó a acercar a ella.

-Será que paso mucho tiempo contigo – contraatacó la doctora, caminando también hacia Booth.

Se acabaron encontrando a medio camino, juntando sus cuerpos de forma que estuvieron pecho contra pecho. Booth comenzó a pasar la mano por el brazo de Brennan, subiendo y acariciando su piel hasta llegar al cuello, donde paró. Comenzó a acercar sus labios a los de ella y cuando se estaban rozando murmuró:

-Siento haberme comportado así.

-Estás perdonado – contestó ella – Ahora bésame.

Se besaron con pasión. Booth la sujetaba por la cintura mientras Brennan dejaba que sus dedos recorrieran el pelo de él, despeinándole. Las manos del agente comenzaron a moverse hacia la espalda desnuda de la doctora. El contacto piel con piel envió corrientes eléctricas por todo el cuerpo de Brennan, lo que hizo que profundizara aún más ese beso. Empujó a Booth contra la pared, aprisionándole con su propio cuerpo mientras sus bocas seguían luchando.

Cuando la cosa empezó a salirse de las manos, Booth tuvo que acudir a toda su fuerza de voluntad para poder parar. Aún así, se seguía viendo entre la pared y el cuerpo de su novia. A ambos les costó recuperar el aliento y sus labios estaban rojos e hinchados por la actividad.

-¡Dios, Huesos! Ese tipo de cosas hacen que te quiera llevar a casa ahora mismo.

-¿Y por qué no lo hacemos? – preguntó ella con intenciones muy claras.

-¿La cena? ¿No quieres quedarte?

-Sólo queda el baile, y eso me obligaría a aceptar numerosas invitaciones de otros hombres para bailar. Supongo que preferirás disfrutar de este vestido tú sólo.

-Que bien me conoces

Le dio un beso rápido en los labios y esperó mientras ella volvía al salón a por su bolso y sus abrigos.

Mientras caminaban hacia la salida, cogidos de la mano, Brennan comentó:

-Debería compensarte. Tú has venido a esta cena por mí – se quedó unos segundos pensando - ¿Te apetecería ir a ver un partido de jockey la próxima semana. Sé lo mucho que te gusta ese deporte…

Booth la hizo callar con un beso.

-Eres asombrosa, Huesos. No estoy seguro de merecerte.

-Y yo no estoy segura de merecerte a ti, así que supongo que estamos empatados. Pero prométeme una cosa, no cambiarás nunca tu forma de ser.

-Hecho, si tú me prometes lo mismo.

-Hecho.

Booth sonrió, dándole un beso en la frente a Brennan y sujetándola más fuerte contra él mientras salían al frío de Washington.