Fearless
Sometimes I'm afraid of the dark
I can't find the light in my heart
Booth subía cada escalón con paso cansado. Los hombros caídos y la mente perdida en el funesto recuerdo de ese día. Sacó del bolsillo la llave extra que Brennan le había dado en su segundo mes como pareja y abrió la puerta.
Le sorprendió ver la luz de la cocina encendida. Eran más de las doce de la noche y no esperaba que Brennan estuviera despierta, pero ahí estaba ella, esperándole sentada en la mesa de la cocina, entre sus manos una taza de té.
-Hola – susurró Brennan al verle en su cocina – No estaba segura de si vendrías aquí.
Booth se sentó junto a ella, dejando escapar un largo suspiro.
-Me he retrasado con el papeleo y en un principio no pensaba venir, pero no quería estar solo.
Brennan deslizó su mano por la mesa para estrechar la de Booth, entrelazando sus dedos. Un gesto de ternura y apoyo.
-¿Necesitas algo?
-No, sólo quiero dormir y dejar este día atrás.
-¿Quieres hablar de ello, al menos?
-No lo sé…
-Te sacaré una cerveza.
No hacía falta preguntar si quería una, Brennan sabía de sobra que si lo hacía obtendría una respuesta afirmativa. Después de sacar una botella del frigorífico y dejarla sobre la mesa delante de Booth, apoyó sus manos sobre los hombros de él. Bajo la tela de la camisa pudo notar los músculos rígidos, duros como piedras. Empezó a masajearlos pero no percibió cambio alguno.
-Estás muy tenso. Quizás deberías tomar una baño antes de ir a dormir.
-¿Un baño? ¿Con espuma y velas? – se burló Booth entre sorbo y sorbo de cerveza – No gracias. Eso es demasiado de chicas.
Sin decir ni una palabra más, Brennan dejó a solas en la cocina a Booth. Este continuó apurando los últimos tragos de su cerveza con lentitud, hasta que ya no quedó más líquido en la botella. Tiró el vidrio a la basura y salió de la cocina, dejando las luces apagadas tras él.
Esperaba encontrar a Brennan bajo las sábanas, ya dormida, pero la cama estaba impoluta y el dormitorio completamente vacío. Todo estaba a oscuras, a excepción de una rendija de luz que se escapaba bajo la puerta del baño. Cuando la abrió se quedó con la boca abierta.
La luz que había visto desde e dormitorio procedía de más de una decena de velas encendidas y distribuidas por todo el cuarto de baño. La bañera estaba llena, con el agua rebosando en el borde y Brennan metida dentro. Sólo se podía ver su cabeza y su pierna descansando sobre el borde del mármol. Los ojos cerrados y una sonrisa en su rostro, sabiendo que le había ganado la partida a Booth.
-¿Has cambiado de idea sobre lo del baño? – preguntó sin molestarse en abrir los ojos - ¿O te sigue pareciendo una cosa de…chicas?
Booth tuvo que admitir que Brennan sabía jugar muy bien sus cartas. No tardó ni quince segundos en desnudarse y meterse en la bañera, justo detrás de Brennan de manera que su espalda descansara sobre le pecho de él.
El agua caliente hizo maravillas con sus músculos tensos en cuanto estuvo sumergido. Dejó que el calor recorriera su cuerpo e inhibiera sus sentidos.
-¿Quieres hablar ya de ello? –volvió a preguntar Brennan mientras le acariciaba el brazo.
Booth echó la cabeza hacia atrás, recordando las imágenes que con tanto esfuerzo había intentado olvidar durante el día.
Sólo pretendían hablar con él. El instinto de Booth le decía que Frank Darren tenía todas las papeletas para ser el asesino de la mujer de cincuenta años que descansaba sobre la mesa del laboratorio, pero faltaban pruebas. Todo lo que tenían era circunstancial.
La charla no tuvo nada de particular, pero en algún momento un cable se debió cruzar en la cabeza de Frank. En una abrir y cerrar de ojos sacó una pistolas de un cajón. Apuntó y Disparó. Por fortuna Booth fue lo suficientemente rápido como para lanzarse sobre Brennan y evitar que la bala le diera. Una vez estuvo seguro que la doctora no tenía ni un rasguño, Booth salió detrás de Frank.
El hombre corría por mitad de la calle, esquivando los pocos coches que pasaban a esas horas. No paró hasta que un camión le cortó el paso en una callejón. Intentaba buscar un recodo por le que continuar su huía cuando Booth apareció detrás de él, el arma apuntando.
-¡Alto! – gritó al ver a Frank acorralado - ¡Tira el arma y date la vuelta con las manos en alto!
Pero Frank no iba a colaborar. Se dio media vuelta aún sosteniendo el arma y apuntó a Booth. El agente no se lo pensó dos veces antes de apretar el gatillo y enviar una bala justo al corazón del sospechoso. Los primeros segundos todo quedó en blanco, hasta que su mente comenzó a asimilar el haber sesgado otra vida. Otro número y nombre en su lista negra.
-¿De qué hay que hablar? – replicó Booth con tono sombrío - He matado a otro hombre.
-No lo digas así.
-¿Cómo entonces? Parece que lo único en lo que soy bueno en mi vida es en matar ¿Qué me diferencia entonces de todos esos asesinos que metemos entre rejas?
De inmediato, Brennan se dio media vuelta para poder mirarle a los ojos, mientras le sostenía la cara con las manos. El semblante serio al hablar:
-Te diferencia todo. Lo que haces, lo haces por deber. Porque te lo pide tu trabajo.
-¿Cómo un asesino a sueldo?
Ese dolor que parecía rodear a Booth empezaba a poner enferma a Brennan. No estaba acostumbrada a ver a su novio tan decaído, sin ese brillo en los ojos. Como si toda la alegría de su vida hubiera desaparecido.
-No me refería a eso, y lo sabes – respondió ella – En el ejército, cuando eras francotirador, lo hacías por tu país, porque eres un patriota. Y ahora trabajas en el FBI para eliminar criminales de las calles.
-Eliminar….
-Meterles en la cárcel. Y sí, por desgracia hay ocasiones en las que el final es más desafortunado, pero eso no significa que seas una mala persona. Haces tu trabajo, que es hacer de las calles un lugar más seguro.
Parecía que Booth quería interrumpir para añadir algo, pero Brennan no le dejó, colocando una mano sobre su boca y continuando con el monólogo.
-Y eso de que sólo eres bueno matando es una completa falacia. Eres un gran padre, un excelente agente y un sobresaliente amante – añadió con una sonrisa.
Booth no pudo más que devolverle el gesto añadiendo:
-¿Sobresaliente? ¿No llego a Matrícula de Honor?
La sonrisa de Brennan se hizo más amplia. Si Booth ya podía bromear eso significaba que se encontraba mucho mejor.
-Cuando te esfuerzas…si – replicó ella continuando con el tono jocoso que había adquirido la conversación.
Ninguno dijo nada durante un buen rato. Continuaron abrazados, disfrutando del calor del agua y del olor de las velas que se consumían. Todo el pesimismo que había estado sintiendo Booth durante el día parecía estar desapareciendo. Las palabras de Brennan habían sido una gran ayuda. Ella conseguía que mantuviera los pies en la tierra.
Cuando el agua comenzó a enfriarse y el único calor que notaron fue el de sus cuerpos, decidieron que era hora de irse a la cama. Brennan estaba secando todo su cuerpo con una toalla mientras Booth miraba aún dentro de la bañera.
-Gracias. Me siento mucho mejor – dijo él casi en un susurro.
-Te dije que un baño ayudaría a relajarte.
-No me refería al baño, sino a tus palabras.
Salió de la bañera, ignorando la toalla que le ofrecía Brennan para en su lugar acercar a la doctora a él y abrazarla con fuerza.
-Gracias por ser esa pequeña luz que me mantiene cuerdo. Si no te tuviera no sé lo que haría.
-Puedo reciprocar perfectamente ese sentimiento.
Tardaron varios segundos en separarse y cuando por fin lo hicieron había en los ojos de Brennan un brillo característico que Booth no tardó en reconocer.
-Sabes... – empezó ella – Ya que tú estás desnudo y yo estoy desnuda… ¿Te gustaría intentar conseguir una Matrícula de Honor?
No hizo falta ninguna respuesta verbal, la sonrisa de Booth lo decía todo. Apagaron todas las velas y amparados por la oscuridad se metieron bajo las sábanas de la cama.
