Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que actualicé… lo sé y lo siento. Clases, prácticas, exámenes, trabajos…el último año de universidad es algo caótico, pero con el inicio del 2011 voy hacer uno de mis propósitos organizarme mejor y escribir más ^^

El universo sobre mi

Sólo queda una vela encendida en medio de la tarta, y se quiere consumir...
ya se van los invitados tú y yo nos miramos sin saber bien que decir.

Tras las copas, las felicitaciones y la tarta, todos se fueron marchando poco a poco. Los primeros Ángela y Hodgins, se disculparon diciendo que la artista estaba cansada, nada extraño teniendo en cuenta sus casi nueve meses de embarazo. La siguiente fue Cam, ya que Michelle la estaba esperando en casa. Y por último Sweets y Daisy, que durante toda la noche se habían mostrado algo más que acaramelados.

En el Founding Fathers quedaban sólo Booth y Brennan. Sobre la mesa las copas vacías, restos del pastel de cumpleaños en platos de plástico y papel de regalo desgarrado. Ninguno de los dos se atrevía a mirar al otro, ninguno de los dos quería ser el primero en romper el hielo.

Era la primera vez desde hacía meses que se encontraban solos fuera del trabajo. Ni siquiera tras la marcha de Hannah. Brennan sabía que Booth estaba dolido, la vuelta de la reportera a Afganistán le había afectado más de lo que intentaba mostrar a sus amigos. Ella sólo le estaba dando lo que creía necesario para él: tiempo y espacio. Si él hubiera querido hablar con ella ya lo hubiera hecho, y a decir verdad eso era algo que la entristecía. Se suponían que eran amigos ¿por qué no hablaba con ella de esas cosas?

-No ha estado mal el cumpleaños ¿eh, Huesos? – rompió por fin el silencio la voz de Booth

-¿Qué? Ah, sí. Gracias por la fiesta – en su cara se dibujó una de esas medias sonrisas que tanto le gustaban a Booth – Y gracias por el regalo, Booth.

Brennan tocó inconscientemente la margarita de plata con la fina cadena que rodeaba su cuello.

-De nada. Lo vi y me acordé de ti.

Y de nuevo ese silencio incómodo. Booth quería decirle cientos de cosas a Brennan. Pedirle perdón por haberse comportado como un estúpido tras su vuelta a DC, perdón por haber creído que podría avanzar, perdón por no haber cumplido su papel de mejor amigo, perdón por no haber tenido el valor de aprovechar la segunda oportunidad que ella le brindó esa noche lluviosa en su coche.

Tras lo que parecieron horas en silencio, Brennan miró su reloj y decidió que ya era hora de irse a casa. Se levantó del taburete y Booth la imitó, su cuerpo alerta.

-¿Te vas ya?

-Si, es tarde y tengo trabajo pendiente por terminar mañana en el laboratorio.

-Deja que te lleve a casa.

-No hace falta, cogeré un taxi.

-Por favor – sonrió él – Aún sigue siendo tu cumpleaños y tienes derecho a que te lleven a casa gratis.

-Estoy segura de que eso te lo acabas de inventar – contestó ella con el ceño fruncido, sin comprender la insistencia de Booth.

Él no hizo caso y se limitó a coger el abrigo de Brennan para ayudarla a ponérselo. La acompañó hasta afuera, venciendo la tentación de colocar su mano en el lugar habitual de su espalda. Una vez fuera el agente comenzó a caminar hacia su coche, y hasta que no estaba a pocos metros de él no se dio cuenta de que Brennan no le había seguido. Ella seguía enfrente del bar, esperando a que apareciera un taxi.

-Huesos ¿qué haces? – Booth se acercó a ella con pasos agigantados.

-Te dije que me iba a casa en taxi. – contestó como si fuera lo más obvio del mundo.

-¿Tan mala compañía te parezco? – aunque preguntaba bromeando, había cierto deje en la voz de Booth que dejaba ver el miedo a una respuesta afirmativa.

-Es sólo que me he acostumbrado a estar sola.

-Oh, venga Huesos…Tú no estás sola. – contestó con una de sus sonrisas Booth.

Brennan prefirió no responder y se mantuvo en su sitio. Booth eliminó la mueca de su cara para revelar una expresión de pena. Con las manos en los bolsillos, la mirada agachada y la voz temblorosa volvió a preguntar:

-¿He hecho algo malo para que estés así?

Esa fue la gota que colmó el vaso. Brennan giró la cabeza tan rápido hacia él que podría parecer que se había roto el cuello.

-¡Pues claro que si! ¡Claro que has hecho algo! – gritó - ¡De hecho has hecho mucho!

-Huesos…

-No me llames Huesos. Estoy cansada de ese mote. Cansada de tus palabras afectuosas y tus mentiras.

-¡Yo nunca te he mentido! – gritó a su vez Booth, defendiéndose de ese ataque verbal.

-¿Qué hay de la noche en la que me pediste una oportunidad?

Booth se quedó parado. No se creía que Brennan hubiera sacado ese tema tras tanto tiempo.

-Me dijiste que lo sabías, que sabías que estaríamos juntos durante 30, 40 o 50 años. Cuando todo eso fue demasiado para mi ¿qué hiciste? Te rendiste y buscaste a otra.

-Huesos, no es así como…

-¿Y cómo fue? Dime. Porque aún no entiendo como puedes proclamar amar a alguien a primera vista y olvidarte del mismo en un par de meses.

Booth observó como las lágrimas recorrían el rostro pálido de su compañera. Le destrozaba el corazón verla así, saber que le había causado tanto dolor. Pero ella tampoco comprendía porqué había hecho lo que él había hecho. Booth no dijo nada, dejó que Brennan soltara todo lo que tenía que soltar.

-Y cuando te pedí esa oportunidad sé que fue en un mal momento. Sé que fue en las circunstancias menos deseadas. Pero pensé que lo considerarías, al menos cuando Hannah se fue pensé que tendrías en cuenta mis palabras y mis sentimientos. Pero no, te volviste más introvertido si aún podía ser. Si realmente me quisieras como proclamabas que lo hacías, no me hubieras dejado de lado en tu vida.

-Yo no te mentí – intervino por fin Booth con voz ronca – Jamás mentiría sobre una cosa así.

-Entonces yo tenía razón, el amor es un sentimiento efímero… lo cual es algo bueno para mí, – murmuró tan bajo que a Booth le costó entenderla – significa que no me será difícil olvidar lo que siento.

-¡No! No digas eso – gritó Booth desesperado – El amor no es efímero. Yo….yo… - pero calló al ver la mirada dura de Brennan.

-Tú ¿qué?

Booth dejó escapar un largo suspiro. Dio un par de pasos hacia atrás para apoyarse en la pared, sin dejar de mirar a Brennan en ningún momento. Ella siempre buscaba la verdad ¿no? Era eso lo que quería, y él podía dársela, podía poner en orden el desastre en el que se había convertido su vida.

-Soy un mentiroso, sí, pero no porque te mintiera a ti, sino porque me mentí a mi mismo. Yo no encajé bien tu rechazo, estaba tan seguro de que ese era nuestro momento…no podía ver que algo fuera mal. Después, en Afganistán fue fácil enamorarme de Hannah… era guapa, inteligente y graciosa, pero sobre todo fue fácil porque tú no estabas cerca. Al volver tuve que distanciarme, tuve que obligarme a que lo mío con Hannah funcionara…y lo habría conseguido pero a cambio me hubiera distanciado por completo de ti y eso es algo que no soportaría.

Brennan le miraba con los ojos abiertos como platos y la boca entreabierta. Sus dedos jugueteaban con la nueva cadena de plata que decoraba su cuello.

-Por eso no intenté convencer a Hannah de que se quedara. Tanto ella como yo sabíamos que esa relación apenas tenía futuro, aunque nunca lo hablamos. La noche en la que me dijiste que no querías perder otra oportunidad…tuve pánico, porque sabía que el caso te había afectado y no estaba seguro de que realmente sintieras lo que decías. Me aferré a lo más real que tenía en ese momento, y eso era Hannah. ¿me arrepiento de haber actuado así? Constantemente.

Booth observó las diferentes expresiones que pasaban por el rostro de Brennan, hasta que sólo quedó la confusión en ella.

-Eso no explica – replicó la antropóloga con voz suave – porqué has seguido distanciándote de mi tras la marcha de Hannah.

-Porque pensé que te habías olvidado de esa conversación en el coche, porque creía que tenía razón y todo lo que me dijiste sólo se debía al caso. Así que estaba intentando adaptarme, volver a la idea de ser sólo compañeros y amigos, y pasar demasiado tiempo contigo no me ayudaba.

-¿Y has vuelto a la idea de que sólo somos compañeros y amigos? – preguntó Brennan con la voz de una niña pequeña

-Hubo un momento en el que creí que sí, pero ya te he dicho que me mentí a mi mismo. Pero estoy cansado de hacerlo y quiero arreglar mi vida.

Se despegó de la pared, acercándose hasta Brennan y cogiéndola por la cintura, sus caras a penas a pocos centímetros la una de la otra.

-Voy a besarte, – susurró él – pero estás a tiempo de pararme si esto no es lo que quieres.

Esperó varios segundos sin soltarla. Su corazón latía con fuerza mientras sus ojos se perdían es los de Brennan. Apenas un par de centímetros separaban sus labios. Todo parecía transcurrir a cámara lenta hasta que la antropóloga tomó la última decisión, agarrando por la nuca a Booth y terminando de juntar su cara con la de ella.

No contaron el tiempo que pasó, daba igual, siempre les parecería que no fue el suficiente aunque al separarse les faltara la respiración. Brennan deslizó sus manos hasta el pecho de Booth y le apartó ligeramente de ella para poder miarle mejor al decir:

-Esto no ha acabado. Tenemos mucho de lo que hablar.

-Lo comprendo.

-Creo que antes de hacer nada más deberíamos terminar de sincerarnos el uno con el otro.

-Completamente de acuerdo.

Brennan se separó por completo de Booth, dejándole de pie en mitad de la acera como un imbécil. Hasta que ella no estuvo al lado del todoterreno negro no reaccionó.

-Pensaba que querías coger un taxi.

-La chica del cumpleaños tiene derecho a que la lleven gratis ¿no? – bromeó – Así que vamos a mi casa.

-¿Vamos?

-Acabamos de acordar que nos quedan cosas de las que tenemos que hablar – dijo sin perder la sonrisa. – Cuantas empecemos, antes acabaremos.