Algo que espero ayude a pasar el trago de todo angst que hemos vivido con el último capítulo de Bones.
Los versos están sacados del famoso monólogo de Segismundo de la obra de Calderón de la Barca "La vida es Sueño".
La vida es sueño (monólogo Segismundo)
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
Entre besos llegaron al dormitorio. Sin despegar sus labios se dejaron caer sobre la cama. Las ropas fueron cayendo al suelo sin orden alguno hasta que sólo hubo piel. Las manos acariciaban, exploraban cada centímetro que quedaba al descubierto, memorizando curvas y texturas. El sonido de respiraciones pesadas, besos y gemidos acompañaron a los amantes hasta alcanzar su clímax.
Brennan despertó enredada entre las sábanas. Tardó varios segundos en situarse en su habitación. Cuando a su mente acudieron imágenes de dos cuerpos desnudos miró de inmediato a su lado, pero estaba sola en la cama. Se dejó caer sobre la almohada mientras un suspiro de frustración escapaba de sus labios. No había sido más que un sueño. Otro más.
Ya desde la primera vez que vio a Booth soñó con él. No era nada de lo que se avergonzara. Él era un hombre atractivo, de facciones simétricas y hombros anchos. Era natural sentir cierta atracción. Pero lo que ya no era normal era soñar con su compañero cada noche. Ya ni siquiera eran sueños eróticos, en la mayoría de esos sueños aparecían ambos, en una casa de las afueras, con niños corriendo por el jardín. Y Brennan era feliz en esos sueños. Era feliz cuando el Booth de sus sueños le cogía de la mano o le daba un beso en la frente. Era feliz cuando veía a esos niños, sus hijos, corriendo hacia ella para abrazarla. Pero esa burbuja de alegría acababa explotando cuando despertaba y volvía a encontrarse sola en su cama.
Lo pero era que ya había perdido su oportunidad. Booth le había abierto el corazón y ella, por cobarde, se lo había roto. Y cuando él se lo rompió a ella puede que se lo mereciera, puede que después de todo el karma existiera y esa soledad fuera lo que le correspondía por haberle roto el corazón a un hombre como Booth.
Se iba a dar media vuelta para continuar durmiendo un poco más hasta que el despertador sonara, cuando escuchó la puerta de su cuarto crujir. Creyó seguir soñando al ver a Booth, en calzoncillos, sujetando una bandeja con el desayuno. Se acercó a ella con una sonrisa de oreja a oreja, dejó la bandeja en el lado vacío de la cama y en un susurro dijo:
-Buenos días.
Al no recibir respuesta llevó su mano hasta el rostro de Brennan, acariciando su mejilla.
-Huesos ¿estás bien?
-¿Qué haces aquí? – preguntó, confusa.
-Ayer te dije que esto no era algo de una noche – contestó Booth serio, casi enfadado – Que si hacíamos esto no habría marcha atrás. Así que no me pidas ahora que salga de tu casa.
Brennan desvió la mirada de Booth para fijarla en la pared del fondo. Las palabras de Booth trajeron a su mente nuevas imágenes de ellos cenando juntos la noche anterior. Con un par de copas de vino, Brennan e había sentido lo suficientemente desinhibida como para lanzarse sobre su compañero y besarle. Había sido real. Tanto tiempo soñando le había hecho imposible diferenciar fantasía de realidad.
Volvió a mirar a Booth, quien la observaba con cierto recelo. Al ver la sonrisa que se empezó a dibujar en la cara de Brennan, el agente se relajó.
-No ha sido un sueño – murmuró, aliviada.
Soltando una carcajada, Booth negó con la cabeza y dijo:
-No, no lo ha sido. – Volviendo a coger la bandeja la dejó en el suelo para poder tumbarse junto a Brennan. – Pero si necesitas otra demostración…
Comenzó a besar el cuello de la antropóloga, encontrando ese punto detrás de la oreja que le hacía temblar de placer y que había descubierto la noche anterior.
-¿Qué…qué hay del desayuno? – logró preguntar Brennan.
-Mmmmm…puede esperar. Tenemos tiempo.
Rodeando el cuello de Booth, Brennan se dio impulso para girarles y acabar ella encima de él. Devolviéndole la ofensiva anterior, la doctora recorrió todo lo largo del cuello de Booth con sus labios. Al llegar a su esternón paró, incorporándose y mirándole a los ojos, casi negros por el deseo, para decirle:
-Definitivamente, no es un sueño.
