Muchas gracias por todas las reviews y alertas ^^

No sé cuando podré actualizar de nuevo, se acercan los exámenes y el tiempo cada vez me cunde menos. Prometo subir un capítulo nuevo en cuanto tenga algo escrito.

La versos usados aquí son de la canción "The only exception" de Paramote.

BSS.

The only exception

Because none of it was ever worth the risk

Well, you are the only exception

Cuando esa noche Brennan abrió la puerta del apartamento que compartía con Booth, se encontró con el agente vestido con pantalón y camisa negra, listo para una velada en pareja. Recibió a Brennan con un beso y diciéndole: "He reservado en Golden Fountain a las ocho. Tienes media hora para arreglarte". Ella intentó preguntar a que venía todo eso, pero él solo le metió más prisa.

Y así se encontraron frente a frente sentados en el restaurante. Disfrutaron de la comida, Brennan con su lasaña de espinacas y Booth con su solomillo a la pimienta. Se picaron y rieron como dos adolescentes enamorados. El camarero retiró los platos ya vacíos y les preguntó por el postre.

-Yo quiero la mousse de chocolate con helado de naranja y ella el tiramisú – contestó Booth.

-¿No tomas tarta? – preguntó Brennan cuando el camarero se fue.

-No, no me apetece.

-¿Booth?

-¿Si?

-¿Por qué esta cena? ¿Qué celebramos? Tengo apuntadas todas las fechas significativas de nuestra relación y no recuerdo que hoy estuviera entre ellas.

Booth se encogió de hombros y se limitó a contestar:

-No estamos celebrando nada…sólo somos una pareja feliz que sale a cenar.

-Pero ¿Por qué tan repentino?

-Me di cuenta de que llevábamos mucho tiempo sin hacer algo así. Yo elegante, tú deslumbrante, una comida deliciosa, la gente mirándonos con envidia – sonrió. – Me pareció una buena sorpresa.

-Sabes que no me gustan las sorpresas.

-Te gustan… lo que no te gusta es esperar cuando te aviso de que te voy a dar una sorpresa.

Volvió el camarero con sus postres y la conversación quedó interrumpida.

-Mmmmm… este tiramisú está delicioso ¿Quieres un poco?

Booth aceptó el trozo de tarta que le ofrecía Brennan con mucho gusto, y a cambio le dio a probar un poco del helado de naranja.

-Muy dulce – dijo ella – parece más mandarina que naranja. Pero está muy bueno.

Tras unos segundos de silencio Booth se limpió la boca con la servilleta y se aclaró la garganta para llamar la atención de Brennan.

-Tengo algo para ti.

-¿Eh? Pensaba que no estábamos celebrando nada.

-Y repito que sólo quiero sorprenderte.

Sacó del bolsillo una cajita de terciopelo azul. Brennan dejó caer su tenedor de golpe y los ojos se le abrieron como platos. Su corazón empezó a latir más rápido, notó un escalofrío recorriendo su espalda y como le temblaba la mano al coger la pequeña caja. No elevó la mirada, no quería ver la expresión de Booth ni que él pudiera adivinar el pánico en los suyos.

Abrió la caja y se encontró un colgante en forma de delfín, con dos pequeños diamantes como ojos. Brennan frunció el ceño al verlo. Era bonito, simple y elegante, lo que no explicaba esa sensación de decepción que había en su interior.

-Lo vi en la joyería y me acordé de ti – comentó Booth con una sonrisa, aún inseguro de la reacción de Brennan. – Quería que lo tuvieras, no me pude resistir.

-Gracias – contestó Brennan elevando por fin la mirada y sonriendo con sinceridad, aunque sin perder esa sensación de decepción. – Es precioso.

Booth se levantó de su silla y, cogiendo el colgante de las manos de Brennan, se colocó detrás de ella para ponérselo.

La noche no se alargó mucho más. Ya en casa, Brennan realizó toda su rutina nocturna mientras Booth la esperaba en la cama viendo un programa de deportes. La antropóloga se metió bajo las sábanas sin quitarse el colgante y el agente apagó las luces y la tele. Con la espalda de ella de ella contra su pecho, Booth rodeó la cintura de Brennan para sentirla más cerca.

Brennan seguía pensando en esa tarde, en ese peso que notó en el corazón al abrir la caja (un peso metafórico, por supuesto). Llevaban juntos algo más de un año, cinco meses viviendo juntos. Booth era le tipo de hombre que no se conformaba con una convivencia en pareja, él quería un matrimonio e hijos ¿Por qué entonces no le había si quiera sugerido a Brennan nada sobre compromisos o bodas? ¿Es que no la quería lo suficiente como para pensar en ella de esa forma?

-Eh, Huesos – escuchó a Booth llamarla. – Puedo notar ese cerebro tuyo funcionando.

-Mi cerebro siempre está funcionando, si no fuera así estaría muerta.

-Quiero decir que estás pensando en algo ¿qué es?

-Nada…

-Estás preocupada – insistió Booth - ¿Qué ocurre?

Brennan se dio la vuelta para poder mirar a los ojos a Booth. La luz de las farolas de la calle se filtraba por las cortinas, iluminando lo necesario para poder adivinar los perfiles de los objetos.

-Al abrir la caja no me esperaba el colgante, - confesó Brennan – y al verlo me he sentido algo decepcionada.

-¿No te ha gustado?

-¡No! No es eso. Me encanta, es precioso. Es sólo que me esperaba un anillo.

-¿Y eso te ha decepcionado? – se extrañó Booth.

-En un principio sentí pánico…pero sí, decepción es le estado de ánimo que mejor se aplica a mi en estos momentos.

Booth se incorporó, apoyándose sobre el codo.

-Hablemos claro ¿Quieres decir que te hubiera gustado que te hubiera propuesto matrimonio?

-Si – contestó Brennan, rotunda.

-Pero…pero yo pensaba que tú no querías eso. Que el matrimonio era un ritual anticuado y que no necesitabas un papel para demostrar tu amor.

Ella se encogió de hombros.

-Lo sé. Pero mi deseo de querer casarme corresponde a algo completamente irracional que no termino de comprender y que no puedo explicar. Tú eres la única persona que me ha hecho sentir así, y me asusta, pero más me asusta el pensar que algún día pueda perderte. Y nos imagino a los dos, casados, con hijos, haciéndonos mayores y me siento…feliz.

Medio aturdido por esa confusión, Booth sólo logró preguntar:

-¿Quieres que nos casemos?

-¿Quieres tú?

Booth la miró sorprendido ante la réplica.

-¿Qué? ¿Por qué me preguntas eso?

-Porque si quisieras casarte conmigo me lo hubieras preguntado antes.

Booth se terminó de incorporar, apoyando la espalda contra el cabecero y esperando a que Brennan lo imitara. La miró muy serio y dijo:

-No me veo pasando el resto de mi vida con otra persona que no seas tú. Te quiero, supe que eras la mujer de mi vida desde la primera vez que te vi. Si no te he pedido antes que te casaras conmigo es porque sé cual es…era tu opinión sobre el matrimonio, y no quería espantarte.

-Entonces ¿sí que quieres casarte conmigo de verdad?

-¡Claro! No lo dudes ni por un segundo – sonrió, pero a los pocos segundos volvió a ponerse serio. – Pero espera, esto lo tengo que hacer bien…mañana te compraré un anillo, te prepararé una cena con velas y música y…

-¡Booth! – rió Brennan – no necesito anda de eso. No necesito una pedida formal, ni un anillo. La decisión está tomada, nos vamos a casar.

Alargando la mano hasta el esternón de Brennan donde descansaba la figura del delfín, Booth dijo:

-Podríamos al menos considerar esto como una colgante de compromiso.

Brennan subió la mano hasta donde estaba la de Booth, entrelazando sus dedos. Ambos podían notar como el corazón de ella latía aprisa bajo las costillas.

-Un collar de compromiso, vale.

Sonriendo, Booth abrazó a la que ya era su prometida, besándola como si hubiese mañana. Se deslizaron bajo las sábanas de nuevo sin parar las caricias. El besó sólo quedó interrumpido cuando Booth se separó lo suficiente como para murmurar contra los labios de ella:

-Nos vamos a casar.