Tras un mes de la season finale sigo sin poder quitarme esta sensación fluffy, así que espero perdonéis que vuelva a retomar a la pequeña Samantha para este posible futuro de la mejor pareja investigando crímenes… en América ;D
La canción más que conocida del "Mago de oz":
Somewhere over the rainbow
Somewhere over the rainbow
Skies are blue,
And the dreams that you dare to dream
Really do come true.
Nubes y lluvia eran la única visión que había ofrecido el cielo durante esa semana. Brennan lavaba las tazas del desayuno del domingo mientras miraba por la ventana como el agua se encharcaba en la acera. Vio las luces del coche acercarse, pararse en la entrada y apagarse.
Booth salió de inmediato del vehículo, resguardándose de la lluvia con un paraguas. Abrió la puerta del asiento trasero y de inmediato una niña de cuatro años saltó al suelo. Juntos echaron a correr hacia la casa. Un par de segundos después Brennan pudo oír la puerta abriéndose y a la niña gritando.
-¡Mamá, hemos vuelto!
-Ya lo he visto Samy, pero no hace falta gritar. – Se agachó para darle un sonoro beso en la mejilla a su hija. – Ahora ve al baño y deja ahí los zapatos y el abrigo para que se seque.
La niña hizo lo mandado.
Al incorporarse Brennan pudo ver a Booth que la observaba con una sonrisa.
-Tú también. No quiero que vayáis mojando el suelo.
-¿Y yo no tengo beso?
La antropóloga no pudo evitar poner los ojos en blanco, pero aún así complació a su prometido dándole un casto beso en los labios. A penas había desaparecido Booth de su vista cuando Samantha volvió al lado de su madre.
-¿Qué tal en la iglesia?
-No sé… cuando el señor de blanco se pone a hablar yo me aburro y me pongo a pensar en lo que voy a hacer en el colegio. ¡Pero no se lo digas a papá! – añadió rápidamente.
-Está bien – sonrió Brennan.
Tras el nacimiento de la pequeña, Brennan había dejado que Booth la bautizara y la llevara a misa todos los domingos, pero a cambio de que el nombre de Samantha incluyera también el apellido Brennan y de que su madre pudiera educarla en todos los aspectos de ciencias que creyera oportunos. Y viendo la orientación de las ideas de su hija, Brennan no podría estar más contenta con ese trato.
-Mamá ¿puedo jugar afuera?
La cristalera que daba al jardín mostraba que la lluvia empezaba a amainar y el cielo luchaba por mostrar algún claro.
-Aún no ha parado de llover, cielo. Mejor nos quedamos dentro leyendo un libro.
-Yo quiero ver una película.
Brennan era poco partidaria de esas películas de dibujos donde los juguetes o los coches cobraban vida. Le parecía irreal y creía que sólo conseguían confundir a los niños, pero Booth pensaba todo lo contrario, y para desgracia de la antropóloga su hija había heredado las mismas ideas que su padre.
A diez minutos de la película ya comenzada Booth se sentó al lado de Brennan y susurró:
-¿Otra vez esta película?
-No quería leer – contestó simplemente la antropóloga.
Samantha, ajena a la conversación de sus padres, tenía los ojos pegados en los juguetes de la pantalla. Booth, con un brazo sobre los hombros de Brennan, se dedicó a jugar con un mechón de pelo castaño, mientras ella seguía mirando el jardín al otro lado del ventanal.
Era un jardín grande, con piscina (como había querido Parker) y un porche y barbacoa para hacer cenas en verano con los amigos. La típica casa unifamiliar americana. El mismo tipo de casa donde había vivido Brennan con sus padres y su hermano. El tipo de casa en la que ella había soñado vivir de mayor cuando no era más que una niña.
Los años de su adolescencia y gran parte de su vida como adulta le hicieron creer que esos sueños jamás se harían realidad. Que era estúpido tener esperanzas en algo cuyas probabilidades de suceder eran mínimas, y así se olvidó de sus sueño. Hasta que apareció Booth.
Booth, que la sacó de sus casillas la primera vez que trabajaron juntos. Booth, que se convirtió en su mejor amigo. Booth, que le enseñó que el amor si existía y no eran simples reacciones químicas. Booth, que tras años insistiendo había logrado el "Sí" a la pregunta "¿Quieres casarte conmigo?". Booth, que le había dado lo más preciado que tenía: una familia.
Afuera la lluvia había cesado y las nubes se alejaban. Dejaban atrás un cielo azul claro sobre el que empezaba a dibujarse un arcoiris. Sonrió la recordar que ese era su fenómeno meteorológico favorito de niña. Tan inmersa en sus pensamientos estaba que ni se dio cuenta de la pequeña mano que tiraba de su camisa.
-Mamá, mamá….¡Mamá!
-¿Mm? ¿Qué pasa, cielo?
-¿Puedo jugar ahora afuera?
Y antes de que Brennan pudiera si quiera abrir la boca, Booth contestó por ella:
-Vamos a cambiarnos y luego podemos jugar en el barro ¿vale, princesa? No hay que manchar ese vestido tan bonito.
La niña sonrió a su padre y fue corriendo a su habitación.
Brennan observó, sentada desde el porche, como padre e hija jugaban al pilla-pilla sin importarles tirarse al suelo embarrado. Durante un particular ataque de cosquillas de Booth a la pequeña, esta pidió auxilio a su madre entre gritos y risas. Con una sonrisa de oreja a oreja Brennan acudió al "rescate" de su hija.
Desde luego, acabar manchada de barro no era parte de su sueño de pequeña, pero la realidad siempre superaba la fantasía.
