Las últimas semanas he estado falta de inspiración y sobrada de pereza, así que espero me disculpéis la tardanza y disfrutéis del nuevo capítulo.
Está situado al principio de la quinta temporada.
La canción: Comatose, de Skillet
Comatose
Waking up to You never felt so real
I don't wanna sleep, I don't wanna dream
'Cause my dreams don't comfort me
Como cualquier otra mañana, Booth entró en el laboratorio en busca de Brennan. Todo seguía como siempre, técnicos enfundados en batas azules portando bandejas con muestras para examinar, esqueletos en las mesas de autopsias de la plataforma, el olor a desinfectante y el sonido de los ventiladores de los ordenadores. Aunque el recuerdo más reciente que tenía Booth de ese sitio era como un club nocturno de gran éxito.
No se lo había contado a nadie pero desde que salió del hospital, cinco meses ya, no había dejado de tener sueños relacionados con su coma y esa noche no había sido la excepción.
Mientras se acercaba a su despacho, Booth observó a Brennan firmar informes, sentada en el sofá. Entró con paso lento dándose a conocer por un simple toque en la puerta. Brennan giró de inmediato la cabeza.
-¡Booth! ¿Hay algún caso?
-No, venía a por el informe forense del último caso. Caroline me ha estado acosando toda la semana, preguntándome por él.
Brennan se levantó sin decir una palabra y fue hasta su mesa para comenzar a rebuscar en una pila de papeles que tenía sobre ella.
Estar en esa estancia trajo un recuerdo muy vivo a la cabeza de Booth: Huesos, Bren en su sueño, vestida de negro y con su pelo recogido en un elegante moño, sentada en el regazo de él mientras sonreía tras recibir el beso de su marido. En su mente aún resonaban las palabras "O un niño". Había parecido tan real que aún cuando se despertaba por la mañana creía seguir en ese mundo. Creía sentir a Brennan en su lado de la cama, el peso de ella en el colchón e incluso el sonido de su respiración.
Tan ensimismado en su recuerdo estaba que no se dio cuenta de que Brennan le estaba hablando.
-¿Booth? ¿Me escuchas?
-¿Qué? No, lo siento, Bren.
Brennan se quedó petrificada justo en el momento que el mote salió de los labios de Booth. El rostro de él mostraba aún mayor confusión que el de la antropóloga ¿por qué había dicho eso? Su mente le estaba jugando verdaderas malas pasadas.
-¿Me has llamado Bren? Así es como me llamabas en tu sueño ¿Vuelves a tener alucinaciones?
Dejó caer el informe de nuevo en la mesa y con las mayores zancadas que sus piernas se permitieron, Brennan se presentó justo frente a Booth, su rostro mostrando pura preocupación. Sin dejar de analizar el rostro de Booth siguió hablando:
-¿Ves cosas raras? ¿Confundes la realidad? ¿Tienes lapsus de memoria?
-¡Huesos! Basta ya. Déjame – saltó Booth de forma brusca.
-Pero Booth, si hay una recidiva del tumor tenemos que ir de inmediato al hospital.
Booth bajó la mirada en el suelo y dejó escapar un suspiro largo de exasperación. Finalmente elevó la cabeza para dejar que sus ojos mirasen directamente a los azules de Brennan.
-Mi cerebro está bien, al menos físicamente.
-¿Qué quieres decir?
Booth abrió la boca para contestar, pero en el último segundo se arrepintió y negó con la cabeza.
-Déjalo. No ha sido más que un desliz. Yo estoy bien.
-¡Booth! Dime que te pasa…soy tu compañera.
El agente se negó a contestar, pero los ojos suplicantes y preocupados de Brennan le hacían débil. No tuvo más remedio que darle la espalda a su compañera para vencer la tentación. Deseaba contarle todo sobre sus sueños pero temía que ella no estuviese preparada y se asustara. Y temía no ser lo suficientemente fuerte para soportar el rechazo de esa mujer que significaba tanto para él.
Sin distraerle de sus pensamientos, Brennan se acercó por detrás de Booth hasta estar a escasos centímetros de él, y simplemente le puso una mano sobre su hombro, susurrando:
-¿Booth?
Él se dio la vuelta y se encontró cara a cara con Brennan. Miró esos iris azules y comprendió que ya estaba perdido. Su mente se bloqueó y no pudo impedir lo que su boca dijo.
-Tengo sueños.
-Como todo el mundo – contestó Brennan, confusa.
-No, me refiero con ese otro mundo, ese donde estamos casados, tú estás embarazada, el laboratorio es en realidad un club nocturno, con los cerebrines trabajando en él…
Fue como si el aire de los pulmones de Brennan desapareciera en cuestión de un segundo. Su respiración se hizo forzada y un ligero rubor subió a sus mejillas. Con el mejor tono analítico que pudo usar, contestó:
-Eso no es más que tu subconsciente recordando las páginas de la historia que te leí. No tiene más importancia que…
-¡NO! Te equivocas, Huesos – Booth la sujetó por los hombros, sin apretar, dejando sólo las manos apoyadas. Su corazón latía con tanta fuerza tras sus costillas que temía que se le saliera del pecho. – No es el sólo subconsciente, no es sólo un sueño, una historia que te hayas inventado. Para mi es real, lo vivo como si ocurriera en esta realidad. – Hizo una pequeña pausa, dejando que sus manos cayeran hacia los lados de Brennan hasta cogerla de las manos. – Te veo a mi lado, en la cama, sonriéndome al llegar de madrugada y al despertarme junto a ti. Siento cada vez que me coges la mano, me acaricias la nuca, pasas los dedos por mi pelo, me abrazas o me basas. Es como si no quisiera despertar.
-Booth… - dijo ella en voz muy bajita y los ojos caídos por al tristeza – Esa no soy yo. Tú y yo no estamos casados, yo no estoy embarazada y esto es un laboratorio de verdad.
Cabizbajo, Booth arrastró los pies hasta el sofá, donde se dejó caer. Cuando habló su voz era todo desesperación.
-No me has entendido. No es por le matrimonio, el hijo o el trabajo. Eres tú.
-¿Yo?
-Sí, tú. Tú eres el motivo por el que no quiero despertar. Ver la vida que podríamos llevar juntos y luego despertar aquí, donde sólo somos compañeros – escupió la palabra – me mata.
Brennan se sentó junto a Booth en el sofá, los ojos abiertos como platos.
-¡Oh!
El agente se quedó mirando a la antropóloga, esperando alguna otra reacción.
-¿No vas a decir nada más?
-Si te soy sincera – contestó Brennan muy lentamente – no estoy segura de que decir. Parece que mi cerebro está funcionando a un ritmo más lento de lo acostumbro.
-Pues si no puedes fiarte del cerebro, emplea el corazón.
La respiración de Booth era entrecortada, en parte por miedo y en parte por excitación. Este era el punto de no retorno.
Brennan giró al cabeza para estar cara a cara con Booth. Él podía ver la confusión en su ceño fruncido, como si intentara descifrar un acertijo muy complicado. De repente, y sin que le diera tiempo al agente a reaccionar, Brennan le rodeó el cuello con los brazos y chocó sus labios con los de él. Se fundieron en un beso largo y apasionado. No se separaron hasta que les hizo falta el aire. Booth apoyó su frente contra la de ella y le acarició la mejilla mientras decía:
-Siempre aciertas con el corazón.
Ella sonrió:
-Aunque entiendo la metáfora, espero que sepas que el corazón no sirve más que para bombear sangre.
Booth dejó escapar una carcajada.
-Dios….no sabes cuanto te quiero.
