Something stupid

And then I go and spoil it all

By saying something stupid

Like "I love you"

No por primera vez, Booth se encontró en su cama, con Brennan dormida entre sus brazos, preguntándose cómo habían llegado hasta ese punto. Hacía casi dos semanas se habían encontrado encerrados en un ascensor. La tensión de su cercanía, junto con las luces atenuadas y las promesas que quemaron con una vela esa noche fueron los detonantes para que acabaran bajo las sábanas.

No hablaron de ello a la mañana siguiente, ni cuando Brennan le invitó a pasar la noche en su casa, ni ninguna de las otras noches que estuvieron juntos. Booth suponía que su relación en ese momento podía calificarse como un "amigos con derecho a roce". Y sabía que no podían seguir así, pero tenía miedo de acabar con un corazón partido como aquella noche a la salida del despacho de Sweets.

La mente del agente dejó de divagar cuando notó a Brennan moverse. Lo primero que vio la antropóloga al abrir los ojos fue a Booth sonriendo a su lado.

-Buenos días.

-Mmmm… Buenos días – contestó ella con un murmullo. - ¿Qué hora es?

-Las seis. Aún podemos dormir un poco más.

-Yo tenía en mente otra cosa – dijo Brennan más despierta.

-¿Ah, sí? – sonrió Booth, pícaro, reconociendo el brillo de los ojos de Brennan.

-Podríamos continuar con lo que dejamos a medias anoche.

-A medias porque alguien se durmió…

-Porque alguien me agotó. – Ella contraatacó poniéndose encima de él.

Booth zanjó la conversación con un beso apasionado. Caricias y besos fue lo único que siguió durante varios minutos. El contacto piel con piel era suficiente para volver loco a Booth, que dejó de pensar para sólo sentir, y no pudo evitar murmurar:

-Te quiero, Huesos.

Todo paró de inmediato. En un abrir y cerrar de ojos Brennan estaba fuera de la cama buscando su ropa.

-Tengo que irme a casa – decía apresurada. – Tengo que ducharme y cambiarme de ropa.

-¡Huesos! – intentó llamarla Booth en vano.

Brennan, medio vestida y con la blusa en su mano, salió de la habitación. Booth se puso unos calzoncillos y la siguió.

-Huesos, por favor…

-No tengo tiempo Booth, prometí a Cam que adelantaría trabajo en el Limbo esta mañana.

-¿Podemos hablar, al menos?

-Tengo prisa. Adiós. – y salió del apartamento sin dar opción a continuar la discusión.

Brennan no volvió a ver a Booth hasta la noche. Estaba sentada en la isla de su cocina, con una copa de vino en sus manos, cuando unos golpes en la puerta rompieron el silencio. Se planteó ignorarlo, pero sabía lo cabezota que podía llegar a ser Booth.

Nada más abrir la puerta el agente entró sin mediar palabra y sin esperar a una invitación.

-He intentado darte espacio y tiempo para pensar, - comenzó a hablar muy rápido – pero no aguantaba más. Necesitaba verte y explicarme. No podemos dejar esto sin hablar, y es lo que vamos a hacer ahora, te guste o no.

-Vale – contestó tranquilamente ella.

-¿Qué? ¿Estás de acuerdo? ¿No vas a poner pegas? Vaya, me había preparado para que me dijeras que no querías hablar.

Brennan le miró fijamente sin decir nada. Booth se encontró falto de palabras.

-Bien… esto… no sé por donde empezar.

-¿Quieres sentarte en el sofá?

-Sí, eso estaría bien.

Se sentaron el sofá uno al lado del otro, manteniendo cierta distancia y rodeados por un silencio incómodo. Brennan no se atrevía a mirar a la cara a Booth, mientras este intentaba poner en orden sus pensamientos. Finalmente el agente habló.

-Sé que lo de esta mañana te ha asustado. Lo siento, yo no…

-¿No lo decías en serio? – le interrumpió ella, mirándole por fin.

-No, lo decía muy en serio. Yo te quiero, pero no debería haberlo dicho así.

-¿Me quieres?

-Sí.

-Como a una amiga.

-No, no, Huesos. Te quiero. Te amo. No como una amiga sólo, sino como a una… mujer – intentó explicar él.

Brennan frunció el ceño y negó con la cabeza.

-No puede ser. Estás confundido, Booth.

-Créeme, estoy muy lúcido.

-Hace poco más de un mes eras feliz con Hannah. Querías casarte con ella.

-Pensaba que quería. Yo… este último año no ha sido el mejor para mí, y admito que tampoco me he portado tan bien como debería contigo. Pero cualquier cosa que hiciera no significa que te dejara de querer. Nunca.

-Pero Hannah.

-Olvídate de Hannah. Te lo dije una vez: Puedes querer a muchas personas, pero sólo a una es a la que más quieres. Y esa eres tú.

-¿Por qué no me lo dijiste antes?

-¿Y tú reacción hubiera sido diferente a la de esta mañana?

Brennan asintió lentamente, comprendiendo lo que le decía Booth. Tras unos pocos segundos en silencio añadió:

-Supongo que debería disculparme por como salí corriendo.

-Comprendo que te asusté, que no estabas preparada…

-No, no fue eso. Pensé que seguías enfadado.

Booth la miró extrañado ¿enfadado? Luego comprendió que se refería a la conversación que mantuvieron antes de su primera noche juntos.

-Supuse que aún no estarías preparado para entrar en una nueva relación – continuó ella – y que acostarnos juntos sólo era una forma de hacer desaparecer la tensión entre nosotros. Pero cuando me dijiste hoy que me querías me parecía demasiado pronto. No creía que estuvieras preparado y temí que al poco te retractaras de tus palabras o te arrepintieras de ellas... que te arrepintieras de estar conmigo.

El agente tomó las manos de Brennan con las suyas y se acercó más a ella, asegurándose de que se miraban a los ojos.

-Desde el momento en el que nos besamos esa noche dejé de estar enfadado. Estoy preparado para una nueva relación contigo. Olvídate de Hannah y del pasado. Tú y yo es lo único que importa en este momento. Te quiero y nunca lo he dejado de hacer. He cometido errores y no sabes cuanto lo siento.

-He de admitir que yo tampoco he tenido muy buenos momentos en el pasado. – sonrió nerviosa. – Pero te puedo asegurar que quiero esto, que quiero arriesgar por una relación. Entonces ¿estamos ambos dispuestos a comenzar una relación monógama y oficial?

-Una relación monógama y oficial. Sí. Jamás he deseado otra cosa.

-Perfecto.

Sin esperar más Brennan se lanzó sobre él, tirando de su cazadora para quitársela. Con cierta dificultad se levantaron a la vez del sofá y se dirigieron al dormitorio sin separar sus labios, esperando que esa vez pudieran acabar lo que habían empezado.