Un corto y muy fluffy oneshot con la canción de los Backstreet Boys, como regalo de cumpleaños para Tatjash. Espero que disfrutes de tu día y de este pequeño regalo. Con cariño!
AN: Brennan no ha estado nunca embarazada en este relato.
As long as you love me
Although loneliness has always been a friend of mine
I'm leavin' my life in your hands
Brennan se miraba en el espejo de cuerpo entero. La tela sedosa y azulada le llegaba hasta los pies, ajustándose en la cintura gracias a una cinta de raso y realzándole el pecho con un escote en pico. Aunque intentaba parecer calmada, sus manos no paraban de retorcerse. Ángela, observándola desde la puerta de la estancia, no pudo evitar sonreír y acercarse a ella.
-Todo va a ir bien, cariño.
-Lo sé, sí. Pero por muy irracional que sea no soy capaz de tranquilizarme.
-Piensa en que esto no es más que una forma de hacer oficial lo que todos sabemos: tú y Booth sois almas gemelas.
-Yo no creo que…
-Ya, ya, ya… – le interrumpió Ángela. – Me da igual como lo llames. Estáis hechos el uno para el otro y punto.
Brennan se giró de nuevo hacia el espejo y comenzó a tocarse su pelo suelto.
-A lo mejor debería hacerme algún tipo de recogido…
-Bren, tú no te preocupas por ese tipo de cosas. ¿Qué te ocurre relamente?
Dejando su pelo en paz, Brennan se acercó al sofá de su despacho y se dejó caer.
-Sólo quiero que esta boda sea perfecta. Por Booth. Es lo que él siempre ha querido.
Ángela se sentó a su lado y en un tono de voz muy suave le contestó.
-Booth no quiere una boda, quiere un matrimonio. Compartir su vida contigo.
-No sé cómo hacer eso. He estado sola tanto tiempo que la idea de "compartir una vida" me resulta casi imposible.
-Bren, hace años que tú ya no estás sola. Desde hace casi diez años, cuando empezaste a trabajar con Booth, desde hace tres cuando por fin admitisteis vuestros sentimientos, o desde hace dos, cuando os fuisteis a vivir juntos. Esto es sólo una formalización de estos últimos años.
Ángela observó como sus palabras calaban en Brennan. La antropóloga asintió lentamente. Su amiga tenía razón. Booth y ella no se iban a enfrentar a nada que no hubieran hecho ya.
-¿Mejor? – preguntó la artista.
Brennan sonrió y contestó:
-Sí. Muchas gracias Ángela. – La abrazó con fuerza. – Me alegro de tenerte como dama de honor.
-Y yo me alegro de poder ver este día. – Cuando se separaron añadió - ¿Quién iba a decir que la doctora Temperance Brennan podía convertirse en semejante manojo de nervios?
-No sé qué significa eso.
-Que es divertido verte tan nerviosa. – bromeó Ángela.
En ese momento apareció Cam en la puerta, llevando el mismo vestido rojo que Ángela y con su ramillete de margaritas en la mano.
-¿Todo bien por aquí? – preguntó.
-Sí, sólo los nervios habituales – contestó Ángela levantándose.
-Perfecto. Pues en marcha, es la hora.
Brennan cogió su ramo de narcisos y siguió a sus dos damas de honor hasta los jardines del Jeffersonian. Mientras caminaba por el pasillo que había entre las sillas no fue consciente ni de la música, ni de las sonrisas de los invitados, ni de su padre secándose una lágrima la verla. Ella sólo podía ver a Booth, con la sonrisa más grande que jamás le había visto. Llevaba años sin estar sola, y supo que nunca jamás volvería a estarlo. Booth y ella iban a compartir una vida.
