Muchas gracias por seguir ahí ^^
Esta es la continuación del anterior capítulo "Varios efectos del amor". La verdad es que no tenía intención de continuar, pero gracias a la insistencia de algunos, especialmente Caris que me ha buscado incluso la canción, aquí está. Espero que os guste.
Los versos son de la canción Beyond, de los libros de Memorias de Idhún de Laura Gallego.
Beyond
Beyond this smoke, beyond this planet,
beyond lies and truths, beyond life and death.
Beyond you and me.
Just let it be
Cuando el ascensor abrió sus puertas al llegar a la planta de pediatría Booth salió corriendo. Hacía más de dos horas que Rebecca le había llamado para decirle que Parker se había caído durante una excusión de senderismo con su clase y se había fracturado la tibia. Por desgracia el agente se encontraba fuera de la ciudad y le había sido imposible llegar antes, algo que no era excusa para su ex, que le esperaba en la habitación del hospital.
-Hola Rebecca. – Booth miró hacia el espació vació donde debería estar la cama que ocupaba su hijo - ¿Dónde está Parker?
-Le acaban de bajar a hacerle más radiografías para asegurarse de que la escayola está bien puesta – contestó ella de mala gana. - ¿Se puede saber dónde estabas tú?
-Te lo he dicho – Booth bajó la voz, notando que la gente les miraba desde el pasillo. – Estaba con un caso en Richmond. He venido todo lo rápido que he podido.
-Siempre es lo mismo contigo ¿no, Seeley? – Rebecca no tomó tanta consideración en moderar el volumen de su voz – El trabajo antes que tu hijo, y si no es el trabajo es el juego…
-Por el amor de Dios, Rebecca – le interrumpió él. – Sabes que lo he dejado, voy a reuniones todas las semanas.
-Como otras tantas veces has hecho y has abandonado luego. No es lo que Parker se merece.
-¿Y qué vas a hacer? ¿Restringir mis visitas? ¿Más aún? Sabes que soy un buen padre, y el único motivo de no estar ahí siempre es porque tú no me dejas. Así que no digas que yo soy el malo de esta historia.
Booth no creía que seguir con ese enfrentamiento en un hospital fuera lo mejor, así que dio un paso atrás y salió de la habitación sin decir nada más. Necesitaba tomar el aire, o mejor un café. No había dormido bien desde hacía meses. Caminaba por el pasillo hacia la sala de espera, mirando como dentro de las demás habitaciones los padres entretenían a los niños y las enfermeras administraban las medicaciones. Su mente tardó en procesar unos segundos lo que vio en la última habitación. Estaba ya casi en la sala de espera cuando dio media vuelta. Con la puerta de la habitación completamente abierta pudo ver a Temperance Brennan (el nombre con el que al menos ella se había presentado ante él) leyendo un cuento a una niña rubia, de más o menos la misma edad que Parker.
Hacía cinco meses desde la primera y última vez que la vio. Los mismos ojos azules, capaces atravesarle el corazón con una mirada, el mismo cabello brillante, la misma voz pausada que ahora leía un cuento. Cuando la niña bostezó Temperance apartó el libro.
-Descansa – dijo dándole un beso en la frente y sonriendo.
Su sonrisa. Su sonrisa era sin duda lo que más echaba de menos Booth. La misma sonrisa que se desvaneció de inmediato al verle parado en la puerta.
La cara de Brennan se llenó de pánico. Miró a su sobrina, que se acababa de dormir, y de nuevo a Booth. Mentiría si dijera que no había pensado en él en todos estos meses. No había ni una sola noche que no soñara con su encuentro, ni un solo día en el que temiera que el FBI apareciera en su casa. Tragó saliva y adoptó una expresión neutra.
Muy lentamente se levantó de la silla y caminó hacia la sala de visitas, sin mirar directamente a Booth. La sala estaba vacía, a excepción de una pareja sentada en una esquina. Brennan se paró en el extremo opuesto a ellos y se giró para encararse a Booth.
-Si vas a detenerme al menos deja que me despida de mi sobrina.
Booth recordó la conversación en Las Vegas y el supuesto contrato para ayudar con el tratamiento de la niña. Al menos no había mentido en eso también.
-No quiero detenerte.
-¿No? – Preguntó extrañada - ¿por qué?
-Porque…. Porque yo…
Booth jamás lo había dicho en voz alta, y su mente guardaba bajo llave esos pensamientos, prohibiéndole sacarlos a la luz. Pero estaba bastante seguro de que estaba enamorado de ella.
-Yo siento algo muy fuerte por ti – contestó al final.
Brennan se le quedó mirando con la boca abierta.
-No. – Negó con la cabeza, sin mirarle a la cara. – Te equivocas. Sólo pasamos una noche no fue nada.
-¿Eso piensas? ¿Y por qué te llevaste mi corbata como recuerdo?
-Me la llevaría por error. – Aunque su semblante era todo seriedad, en su voz había un ligero temblor que delataba su mentira. Tras un pequeño silencio cambió de tema. – Si no has venido a detenerme ¿qué haces aquí?
-Mi hijo, Parker, le han ingresado.
-¿Está bien?
En la voz de Brennan se escuchaba verdadera preocupación. Booth se sorprendió, pero también le alegraba pensar que esa mujer, que apenas le conocía, se preocupaba así por su hijo. Todo eso no hacía más que aumentar sus ganas de besarla.
-Se ha roto la tibia. Se pondrá bien.
-Me alegro. – Miró en la dirección en la que estaba el cuarto de su sobrina – Haley… sólo lleva aquí un par de semanas pero está mejor. El tratamiento va a ser muy largo.
-El dinero ¿era para lo que lo querías? ¿Para tu sobrina?
-El mejor especialista del país está en este hospital – Brennan bajó la mirada. No debería contarle nada de eso, pero seguía habiendo algo en él que le hacía confiar. – Ni el seguro de mi hermano ni su mujer cubre algo así. Él ya ha tenido problemas con la ley, y no es lo suficientemente inteligente como para llevar a cabo unos atracos a esta escala. Mis padres son demasiado mayores para seguir haciéndolo. Así que sólo quedaba yo.
-Espera – interrumpió Booth, completamente serio – ¿Qué quieres decir con eso de tus padres?
Brennan le miró llena de pánico. Se había confiado demasiado. Se sentía atrapada, entre la pared y Booth. Intentaba dar cualquier tipo de excusa cuando las puertas del ascensor que tenían al lado se abrieron. Brennan dio gracias por la oportunidad para escapar.
Un celador empujaba de la camilla donde estaba Parker, que en cuanto vio a su padre gritó de felicidad.
-¡Papá! ¿Has visto mi escayola? ¿Me firmarás en ella?
Brennan aprovechó el momento para meterse en el ascensor vacío. Booth, dividido entre su hijo y la mujer de la que no había sabido nada en meses, sólo pudo ver como las puertas de metal se cerraban, escondiendo a Brennan de su visión y dejándola escapar de nuevo. Hubiera podido perseguirla, pero su hijo era quien necesitaba toda su atención en esos momentos.
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Dos días después Booth estaba en su despacho, adelantando papeleo para poder salir antes y pasar la tarde en el hospital con su hijo. Siempre que había ido a ver a Parker había mirado en la habitación de Haley, esperando ver a La Doctora de nuevo, su Doctora, pero siempre estaba una mujer rubia con un hombre que sospechaba era el hermano de Brennan.
Su vista estaba fija en os informes que tenía que firmar cuando llamaron a la puerta. No levantó la mirada al contestar:
-Sea lo que sea, ahora no puedo. Hoy me quiero ir pronto.
-Pensé que te gustaría que te devolviera esto.
Levantó la cabeza tan rápido que Brennan pensó que había hecho daño. Booth no sabía que sentir exactamente al verla en la puerta del despacho; preocupación porque estuviera en el FBI y alguien la descubriera, alegría por verla de nuevo, tristeza porque en cuanto pudiera volvería a escapar. Pero la emoción predominante era furia, furia por ocultarle quien era de verdad, quien era su familia, y por huir de él cuando se sentía arrinconada y por aparecer ahí como si todo fuera normal.
Brennan cerró la puerta y se acercó a la mesa, dejando sobre ella la corbata perfectamente enrollada. Booth no hizo ademán de cogerla, sólo miraba fijamente a la mujer que tenía frente a él.
-Te arriesgas mucho viniendo al FBI sólo para dejarme una corbata – dijo con frialdad – pero supongo que en cualquier momento saldrás corriendo por la puerta.
-Venía a hablar contigo y a explicarte todo – contestó ella dolida – pero ya veo que no es el mejor momento.
Al verla dar media vuelta Booth se arrepintió. Podía estar furioso, pero también quería aprovechar cualquier oportunidad para estar con ella.
-Espera. Lo siento. – Se levantó de la silla y señaló los sillones pegados contra la pared - ¿Quieres sentarte?
Brennan valoró sus opciones unos segundos y después se sentó. Aunque intentaba ocultarlo, Booth podía ver lo tensa que estaba y como no dejaba de mirar hacia la puerta.
-Nadie sabe quién eres. Estás a salvo.
-¿Por qué? ¿Por qué no dijiste nada? Tras esa noche pasé semanas temiendo que el FBI me tendiera una emboscada en cualquier momento.
-Ya te lo dije. No soportaría verte en prisión – confesó Booth. – Y puedes decir que fue una noche y no significó nada, pero esa corbata me dice lo contrario.
-Sólo quería algo para recordarte – se encogió de hombros Brennan.
Booth no pudo evitar sonreír. Algo para recordarle, así que para ella también había sido algo especial.
-Lo primero que quiero que sepas es que lo he dejado. Sólo lo hice para tener el dinero necesario para el hospital, para mudarnos aquí y para que mi hermano y su mujer pudieran vivir sin trabajar durante un tiempo, para que pudieran estar con Hayle.
-Cuando dijiste lo de tus padres ¿te referías a Max y Ruth Keenan?
Brennan le miró sorprendida.
-¿Cómo lo sabes?
-Agente especial – bromeó Booth. – Investigué tu supuesto apodo, Joy Keenan, hija de Max y Ruth, famosos atracadores de bancos que desaparecieron de la noche a la mañana, a la vez que aparecieron Matthew y Christine Brennan, padres de Temperance Brennan.
-Y esto no se lo has dicho a nadie. – comentó Brennan incrédula. – Si el FBI se enterara de que te guardas esta información…
-Sólo yo lo sé. Sólo yo tengo todos los datos para llegar a esas conclusiones. Y no creo que merezca la pena decir nada. Los crímenes de tus padres han prescrito, y tú no mereces estar entre rejas. Lo que hiciste fue por tu familia, y jamás heriste a nadie.
-Sigo siendo una criminal – susurró ella con voz apesadumbrada.
-Eres una buena persona. Y haces a los demás mejores personas… al menos a mí. - Brennan le miró confundida – Cuando te conocí, en Las Vegas, yo tenía un problema con el juego… un problema que intentaba controlar y como comprobaste en la mesa de Jack Black no lo conseguía. Pero después de eso no he vuelto a recaer.
-¿Qué tiene eso que ver conmigo?
-Me motivaba pensar que te merecería más de esta manera. Que podría estar contigo con la conciencia en paz.
Brennan se levantó del sillón y comenzó a pasear por el despacho.
-Seeley… todo esto… es increíble.
-Lo sé – sonrió él. – La verdad es que volver a estar juntos…
-No como algo bueno. – se paró y le miró. – Es increíble porque es algo que jamás sucederá. Tú eres un agente de la ley y yo la he incumplido ¿Cómo vas a querer estar con alguien como yo? Soy yo la que no te merece. Esto entre nosotros no es natural. Estamos jugando, literalmente, al juego de polis y ladrones.
Si Booth no hubiera estado tan inmerso en lo que le estaba diciendo la habría corregido, pero siguió escuchando atentamente.
-Deberías perseguirme, detenerme. Yo debería estar ya entre rejas. Tú eres una persona buena y leal, defiendes tu país de gente como yo. – terminó con lágrimas en los ojos.
-Escúchame Temperance. – Se acercó a ella. – Si algo he aprendido en este trabajo es que no existen los absolutos. Hay gente buena que comete errores, y gente mala que se sale con la suya. Hay que mirar más allá de las etiquetas que el mundo nos ponga, hay que mirar en todas las mentiras y verdades que te puedan decir, en la vida entera de una persona para saber cómo es en realidad. Y es por eso que jamás me cansaré de decirte que era una buena persona, y no me arrepiento de encubrirte. Lo seguiré haciendo todos los días de mi vida, porque lo que siento por ti es más importante que lo hayas hecho o de lo que seamos cada uno de nosotros.
A penas había terminado de pronunciar la última palabra cuando Brennan se lanzó sobre él, rodeándole el cuello con los brazos y besándole con fuerza. Se olvidaron de cualquier juego de polis y cacos, de que había más gente al otro lado de la puerta de cristal, se olvidaron del mundo en general. Sus labios se separaron pero no deshicieron el abrazo. Brennan le miraba con ojos brillantes, llenos de esperanza.
-Esta tarde tengo que estar en el hospital, pero siento que no quiero abandonar esta oficina – confesó ella.
-Puedes abandonarla conmigo – sugirió Booth sonriendo – Te acompaño al hospital y a la noche cenamos juntos. Conozco el mejor tailandés de la ciudad.
-Me gusta cómo suena eso. Me gusta mucho.
Y atrayéndole hacia ella le volvió a besar.
