Más fluff antes del capítulo navideño, que espero subir la próxima semana. Este oneshot se sitúa al final de la segunda temporada, justo después de que Ángela y Hodgins huyan de su "no-boda"

La canción es All About Us, de He is We ft. Owl City, y que descubrí gracias a la banda Sonora de City of Bones.

All about us

Cause lovers dance when they're feeling in love

Spotlight's shining. It's all about us

En cuanto Hodgins y Ángela desaparecieron de la iglesia todos los invitados miraron confusos a la pareja que se encontraba frente al altar.

-Quizás deberíamos… - susurró Brennan, no muy segura de cuáles deberían ser sus siguientes palabras. ¿Qué deberían hacer?

A su lado Booth se aclaró la garganta y se dirigió a los presentes.

-Ya habéis oído. La fiesta sigue en pie.

Con mucha indecisión y poca rapidez, los invitados fueron levantándose y saliendo. Quedó rezagado el equipo del Jeffersonian, viendo como los bancos se quedaban vacíos.

-¿Es buena idea? – preguntó Cam. - ¿Celebrar algo que no ha sucedido?

Booth se encogió de hombros y comenzó a caminar hacia la puerta, diciendo simplemente:

-La comida ya está pagada.

En el salón del restaurante sólo se escuchaban murmullos, preguntándose qué habría pasado y donde estarían Ángela y Hodgins en esos momentos. Mientras las copas de vino se llenaban y vaciaban, las conversaciones comenzaron a ser más ruidosa, preocupándose menos por la pareja que se suponía debía estar ya casada y más por temas de su día a día. La comida pasó entre risas, casi ignorando los dos asientos vacíos en la mesa presidencial.

-Es una lástima que Ángela se esté perdiendo esto – comentó Brennan mientras los camareros retiraban su segundo plato de la mesa. – Con lo mucho que le preocupaba que el menú quedara bien.

-Pues no tenía nada de lo que preocuparse – contestó Booth con la boca llena mientras terminaba de limpiar el plato con el pan.

-¡Booth! – le reprochó Brennan. – No hables con la boca llena.

-Venga, Huesos. Hablas como mi madre.

Brennan le dirigió una mirada dura y Cam tuvo que ahogar su risa.

Las copas de champán empezaron a llenarse. Brennan elevó la suya con intención de brindar, pero Zack apartó la suya.

-¿No vas a brindar? – preguntó Cam.

-Tengo entendido que el motivo del brindis en una boda es para desear buena fortuna a los recién casado, pero hoy nadie se ha casado al final.

-Pues brindaremos por que no tarden en hacerlo – Cam levantó su copa.

-Además – continuó el joven – mi tolerancia al alcohol es muy inferior a la del resto.

-No pasa nada por una sola copa de champán – intervino Booth, levantando su copa también y haciendo ceder por fin al antropólogo.

Dos horas más tarde Booth se arrepentía de haber pronunciado esas palabras mientras veía a Zack participar en una conga. Brennan, a su lado no paraba de reír. La mayoría de las mesas y sillas del salón se habían apartado para dar más espacio a la zona de baile, donde la mayoría de invitados estaba demostrando sus pobres habilidades en coordinación, en gran medida gracias a la barra libre.

-La próxima vez que alguien me diga que tiene muy poca tolerancia al alcohol, le creeré – sonrió Booth.

-Hablando de alcohol, voy a ir a por otra copa. ¿Quieres otro whiskey?

-Sí, gracias.

La vio marcharse, sin poder evitar mirar con ese vestido se ajustaba a su cuerpo, marcando perfectamente sus curvas. Booth agitó la cabeza, saliendo de su ensoñación. Quizás no había sido buena idea pedir esa segunda copa, viendo como la bebida le estaba jugando ya malas pasadas a su cerebro. No es que no se hubiera fijado antes en su compañera y lo atractiva que era.

"¿Atractiva?" sonó una voz dentro de su cabeza "Sabes que ella no es sólo atractiva. Está buena. El nivel de buena que habría hecho que te la llevaras detrás de las gradas en el instituto"

"No" reprochó una segunda voz "Huesos no se merece una sesión debajo de las gradas. Ella se merece más."

En la barra podía ver a Brennan, esperando a que le sirvieran las bebidas, y como uno de los primos de Hodgins se acercaba a ella más de lo debido, pasándole un brazo por el hombro y susurrándole al oído. Booth apretó con fuerza los puños y contó hasta cinco. Si en cinco segundos ese hombre no se alejaba de Brennan iría a por él. Iba por el número cuatro cuando Brennan le dio un pisotón en el pie, dio media vuelta y volvió a la mesa con las bebidas.

-¿Por qué sonríes? – preguntó Brennan al llegar a su asiento.

-Nada. – Booth cogió su copa y dio un pequeño sorbo. – Sólo es que me gusta la demostración que has hecho ahí en la barra.

-Ya te lo he dicho. Sé cuidar de mi misma.

Se quedaron un rato en silencio, viendo la pista de baile. Si Ángela estuviera allí y no vete tú a saber dónde, ahora mismo estaría obligando a Brennan a bailar, y a él seguramente también.

-¿No quieres bailar? – se atrevió a preguntar al fin.

-No. Estoy bien aquí. – La vio dudar durante un segundo y luego añadió – Pero si te molesto me voy.

-¿Molestarme?

-Sí. Sé que las bodas son un escenario común en la que, solteros como tú, buscar una posible pareja para pasar la noche o algo más.

-No, Huesos – no pudo evitar reír ante lo ridículo de la idea. – No busco ningún ligue.

-En ese caso estoy bien aquí, haciéndote compañía – contestó alegre.

"Haciéndole compañía", eran las palabras que más feliz le habían hecho en todo el día. Brennan no quería ir a bailar porque quería quedarse con él. Pero Brennan se merecía más, y en esos momentos se merecía algo más que quedarse sentada durante toda la noche. Booth dejó su copa en la mesa y se levantó de un salto. Brennan le miró sobresaltada.

-¿Booth?

-Venga, vamos a bailar. – Dijo extendiéndole la mano.

-¿Estás seguro?

-Estoy seguro de haber bebido lo suficiente como para querer ir a bailar con la dama de honor.

Brennan aceptó de buen grado, poniendo su mano sobre la de Booth y dejando que él la llevara hasta la pista de baile. Bailaron desinhibidos por el alcohol y animados por el ambiente, incluso se unieron a otra conga que dio la vuelta completa al salón. Cuando una canción lenta comenzó a sonar Brennan no dudó en rodear el cuello de Booth con sus brazos y pegarse a él. Sorprendido, el agente sólo pudo apoyar sus manos en las caderas de Brennan. Comenzaron a moverse al son de la música, muy conscientes de lo cerca que estaban el uno del otro. Booth no podía apartar la vista de los ojos de Brennan, ese color que brillaba ahora con un azul intenso.

Ninguno parecía dispuesto a pestañear, manteniendo la mirada fija en el otro, hasta que Brennan cerró sus párpados y se atrevió a apoyar su cabeza contra el hombro de Booth. El agente se tensó durante un segundo y luego todo su cuerpo se relajó, permitiéndose cerrar también los ojos y agarrar con más fuerza a Brennan. Puede que toda la sala les estuviera mirando, pero poco les importaba en esos momentos. Se dejaron llevar por lo que sentían, sus manos sujetándose al otro, el perfume de Brennan embriagando a Booth, sus pies moviéndose en sintonía con la música. Esa era su momento; el mundo se detuvo, o puede que desapareciera por completo. Poco importaba lo que pasase más allá de ellos dos.

La melodía lenta fue sustituida por otra de notas electrónicas y, para disgusto de ambos, tuvieron que separarse. Las mejillas de Brennan se enrojecieron al mirar a Booth.

-Voy a salir al pasillo. Aquí hace calor. – Logró murmurar a pesar de una repentina sensación de boca seca.

Booth la vio desaparecer por la puerta. Su mente y su cuerpo tardaron en reaccionar, y cuando la siguió ella estaba sentada en las escaleras de la recepción.

-¿Necesitas compañía? – preguntó al llegar a su lado.

-Estoy bien. Gracias.

-Yo… siento lo que ha pasado dentro.

Sentirlo no era la palabra exacta, ni siquiera sabía si había algo que sentir pero ¿qué otra cosa podía decir?

-No hay nada que sentir. No ha pasado nada.

El rostro de la antropóloga estaba serio y su ceño ligeramente fruncido. Booth pensó que Brennan sería capaz de desvalijar a cualquiera en una partida de póker cada vez que mostraba esa expresión, era imposible leerla.

-Sí, claro, pensaba… Déjalo. Te dejaré sola, entonces.

Pero antes de que pudiera darse la vuelta Brennan se había levantado llamándolo por su nombre.

-Acompáñame a casa.

-¿Qué? – el agente la miró sin comprender.

-Quiero decir que tú y yo somos compatibles. Nos conocemos bien… somos atractivos y es común sentir cierto grado de atracción. Pensaba que a lo mejor, después de ese baile, tú querías venir a casa conmigo.

Su rostro seguía manteniendo la misma expresión, pero los nervios de su voz eran imposibles de ocultar.

-Aunque entendería que no te pareciese buena idea. Sé que tu pref…

La frase quedó inacabada cuando Booth se lanzó a los labios de Brennan, besándola con pasión mientras le rodeaba el rostro con sus manos. Como dos adolescentes enamorados empezaron a reírse sin separarse. Brennan finalmente se apartó lo necesario para poder decir:

-Entiendo eso como una respuesta afirmativa.

-Entiendes bien. – Booth le dio un beso rápido. – Dios Huesos… no sabes la de veces que he pensado que si alguna vez hacía esto me pegarías un puñetazo.

-¿Booth?

-¿Si? – Le dio otro beso, haciendo que la sonrisa de Brennan se ensanchara.

-Esto no es un simple ligue de boda ¿verdad?

-Claro que no – dijo como si fuera la mayor estupidez que había oído en su vida.

-Bien. Entonces vámonos.

-Coge los abrigos. – Un último beso y se separó del todo de ella. – Yo voy arrancando el coche.