Feliz Navidad y Próspero 2014 a todos. Un pequeño y fluffy oneshot para celebrar estas fiestas.

Santa Claus Is Coming To Town

You better watch out, you better not cry,

you better not pout i'm tellin' you why,

Santa Claus is coming to town.

Si Christine era una niña activa cualquier día del año, el día de Nochebuena se convertía en un torbellino. La pequeña de cuatro años había arrastrado a su padre hasta el centro comercial para ver, por sexta vez, a Santa Claus y asegurarse que había entendido todos los puntos de su carta.

-¿Sabes? Me encanta la Navidad, pero nuestra hija lo lleva a un nivel superior – comentó Booth a su vuelta, mientras se sentaba en el sofá al lado de Brennan.

-Lo ha sacado de ti – sonrió la antropóloga.

-Puede que la parte de la Navidad la haya sacado de mí, pero esa obsesión por la perfección es toda tuya.

-No es obsesión, sólo creo que si algo se puede hacer bien, se debe hacer bien.

Desde la cocina escucharon el sonido de un taburete siendo arrastrado. Booth y Brennan se levantaron de inmediato, sabiendo que su hija tenía en mente alguna idea loca. Se la encontraron subida al taburete, de pie, intentando llegar a la estantería superior. Booth fue hasta ella corriendo, cogiéndola y dejándola en el suelo.

-¿Se puede saber que estabas haciendo?

-Quería coger la harina – dijo con los ojos llorosos que ponía siempre que sabía que había hecho algo malo – para hacer galletas para Santa.

Booth miró a Brennan, señalando a Christine y murmurando "¿Lo ves?". Brennan, muy tranquila, se arrodilló frente a su hija.

-Sabes que no puedes coger nada de la cocina sin pedirnos permiso.

-Pero quería hacer galletasssssss – continuó quejándose la pequeña.

-No, no. Nada de lloriqueos – dijo Booth. – Sabes que a Santa no le gustan los niños llorones.

Christine paró de inmediato.

-Eso está mejor. Ahora, si quieres hacer galletas nos tienes que pedir ayuda a nosotros ¿vale?

La niña asintió, sin decir nada. Booth la ayudó a sentarse en el taburete y cogió el paquete de harina.

-Muy bien. Ahora pregúntale a mamá de qué quiere que hagamos las galletas.

Dos horas después, una cocina llena de harina y una niña de cuatro años manchada por completo de masa de galletas, la segunda hornada ya estaba enfriándose.

-¿Qué hacemos ahora mamá? ¿Qué hacemos ahora?

-Ahora yo te voy a dar un baño mientras papá prepara la cena. Creo que tienes mantequilla hasta en el pelo.

-Pero eso no es divertido. Yo quiero jugar a algo. – La niña se quejaba mientras su madre le hacía subir las escaleras.

-¿Qué hemos dicho de los lloricas y Santa Claus? – le recordó Booth desde la cocina.

De nuevo funcionó. La niña se calló y obedeció a su madre. Una vez limpia y con el pijama puesto, Christine corrió escaleras abajo con un DVD en sus manos. Booth fue incapaz de decir que no a esa carita, una miniatura exacta de su Huesos, y acabaron viendo la película mientras cenaban. Normalmente la niña ya se habría dormido antes de que los títulos de crédito apareciesen, pero en Nochebuena Christine estaba más despierta que nunca.

-¿Podemos verla de nuevo?

-No. – Brennan fue tajante. – Es hora de dormir.

-No tengo sueño.

-Santa no vendrá si ve una niña despierta en esta casa.

Booth miró sorprendido a su mujer y ella se limitó a encogerse de hombre. Si el método funcionaba ¿por qué no usarlo?

Acurrucados en el sofá y comiendo las galletas que habían preparado esa tarde, Booth y Brennan disfrutaban del único momento de tranquilidad que habían tenido en todo el día.

-Cada año es peor – murmuró Booth. – Y no me quiero imaginar mañana cuando despierte y vea los regalos.

-Se despertará antes de que amanezca. Dudo que esté dormida ahora.

-Con un poco de suerte toda la energía que ha gastado hoy la deja agotada y duerme hasta tarde.

Brennan se rio, echando la cabeza hacia atrás y apoyándose en el hombro de Booth.

-¿A qué hora llega el avión de Parker?

-A mediodía. Iré a buscarle y luego podremos pasar el resto de las fiestas juntos, en familia.

-Eso está bien. Estaba pensando que a lo mejor podríamos hacer esperar a Christine y no dejarla abrir ningún regalo hasta que Parker esté aquí.

-Ya. Buena suerte con eso. – bufó Booth mientras cogía otra galleta del plato.

-¿Mamá? ¿Papá?

Ambos se levantaron para ver a su hija en las escaleras, sin ningún signo de haber dormido o tener ganas de ello.

-¿Ha llegado Santa ya?

-No – suspiró Brennan. – Es pronto aún y tú deberías estar dormida.

-Ya lo sé. Santa no vendrá si yo estoy despierta – contestó la niña dándose media vuelta, y añadió mientras volvía a su habitación – Pero los que se comen galletas que no son para ellos tampoco tienen regalos.