Para Basileya, o como yo la suelo llamar, Rose. Creo recordar que en el foro (Draco Dormiens Nunquam Titillandus) te descubrimos varias canciones de Taylor Swift y te gustaron, así que dedicarte un escrito JamesRose con Taylor Swift se sentía… Indicado. Espero que te guste.
Mención especial para Gui, que fue la que me metió en la cabeza la idea del Louis/Lucy, y muchos rasgos de sus personalidades los he tomado de ella y de su fic Heirs.
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17 de septiembre, 2029
Lucy miró fijamente la carta, sin creérselo aún. Intentó buscar las palabras, pero simplemente no había. Así que hizo lo único normal en un caso así: Gritar.
Hecho esto, cogió el teléfono y llamó a la primera persona que se le pasó por la cabeza: Su madre. En cuanto lo cogió, interrumpió todo inicio de conversación que ésta hubiera podido atentar.
— Mamá, mamá, mamá, ¡estoy dentro!
— Cálmate, cariño— dijo su madre, con tono feliz y sorprendido—. ¿De qué hablas?
— Hablo de Magic News, ¡estoy dentro!
Hacía tan solo cuatro días, había recibido una carta del Profeta diciéndole que no estaban interesados en ella como becaria. En cuanto a la revista a la cual mandó la otra solicitud, aquel año no buscaban becarios, sino que tenían una política de un año sí, otro no que no había comprendido del todo.
Era por esto que Magic News era su última esperanza, y ahora que lo había conseguido, se daba cuenta de que debía agradecérselo a alguien en especial.
Louis. Louis, su novio.
¿Quién lo hubiera dicho? En aquellos momentos se sentía como en una nube. Louis, al principio renuente, había admitido por fin lo que sentía y ella estaba infinitamente feliz. Aunque aquello no debería de sorprender mucho: Lucy Weasley siempre conseguía todo lo que quería.
— Mamá, tengo que llamar a Molly— dijo Lucy, interrumpiendo las felicitaciones de su madre.
— Claro, claro, la llamaré para que venga a cenar. Y papá también estará, de eso me ocupo yo. Adiós.
En cuanto su madre colgó, llamó corriendo a Molly, y al sonar el contestador de voz no perdió el tiempo en decirle muy brevemente que debía darle una noticia. Después, colgó. Si no la hubiera llamado, aquella noche su madre hubiera hecho preguntas. Hizo el reflejo de llamar a Louis, pero entonces recordó que en su familia los aparatos muggles no eran más que cachivaches curiosos y que nunca había tenido el impulso de comprarse un móvil. Podría regalarle uno por su cumpleaños, sólo quedaba un mes.
Mirando la hora brevemente, decidió que si se daba prisa podría ir a buscarle a la salida del trabajo y darle la noticia.
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Then the cold came, the dark days when fear crept into my mind.
— ¡Adivina quién es becaria de Magic News! — fue lo primero que dijo Lucy nada más ver a Louis, para después ahogarle en un abrazo de oso.
— ¿Qué? ¿Magic News? — Dijo Louis, sorprendido. Después, comprendió—. ¡Ah, sí! ¡Felicidades!
— ¡Y todo gracias a ti! Si no me hubieras ayudado, probablemente me hubieran rechazado.
— De eso nada— dijo Louis, aún sabiendo que era cierto. Si no había reescrito cuatro veces la presentación, no lo había hecho ninguna.
Estaban paseados tomados del brazo, aún en el callejón Diagon. No podían hacer mucho más, puesto que aún podían cruzarse con cualquiera antes de llegar al Caldero Chorreante. Afortunadamente, pudieron mantener una insustancial conversación sobre la primera semana de Louis en Ollivander antes de llegar. Le iba bien, decía. Adoraba su trabajo, y aunque su jefe fuera algo cascarrabias sabía hacer su trabajo y transmitirlo.
Cuando llegaron al Caldero Chorreante, fueron directos a la chimenea. Llegaron por fin a la casa que Louis había alquilado— que se notaba recién habitada en detalles como las cajas apiladas detrás del sofá, impoluto.
Resguardados ya de miradas curiosas, Lucy aferró a su primo por la chaqueta y lo besó. Después de un rato éste se liberó, alegando encontrarse hambriento. Aunque Lucy también lo notó ausente, rehuyendo su mirada. No le causó buena espina
Una vez Louis se hubo preparado el almuerzo, se dirigió al sofá, se sentó y comenzó a comerse con apetito su bocadillo vegetal. Lucy se sentó junto a él, suspicaz, y no habló sabiendo que Louis querría hablarle de algo.
Obviamente, no se equivocó.
— Lucy, quiero preguntarte algo. Aunque no quiero que suene como una exigencia ni un requisito.
— De acuerdo— dijo Lucy, barajando lo más rápido que podía las posibles preguntas y las respuestas que debería dar.
— ¿Cuánto vamos a seguir con esto?
— ¿Esto?
— Sí. Esto— dijo Louis, señalándose a él y después a ella. Cuando Lucy abrió los ojos con sorpresa y dolor, éste rectificó—. Me refiero a estas salidas clandestinas. Esta situación.
— Explícate— replicó Lucy, tensa. Creía saber a que se refería.
— Sabes que yo soy una persona sincera por naturaleza— aquello era cierto. Louis era sincero hasta el punto de resultar hiriente sin darse cuenta. Solamente, él no se daba cuenta de que ciertas verdades era mejor suavizarlas. Él las decía tal como eran—. Y por eso mismo no sé cuanto podré seguir con este… Secretismo. Engaño. Llámalo como quieras.
— Yo…No sé que decir Louis. Ya conoces a nuestra familia.
— Sí, los conozco. Y por eso sé que cuanto más tardemos en decirlo, más posibilidades hay de que nos descubran o de que se lo tomen peor al enterarse. Y, si nunca van a enterarse porque esto no significa nada, no sé que hacemos los dos aquí.
— Eso tampoco es así— reclamó Lucy. Sin embargo, sabía que este era un argumento muy poco sólido contra la racional explicación de su primo.
— Me alegro de que pienses así. No espero una respuesta para ya mismo. Pero piénsatelo, porque espero una respuesta. ¿De acuerdo?
Lucy asintió, ensimismada en sus pensamientos. Entonces, algo que no había sentido hasta aquel momento apareció: Miedo.
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19 de noviembre, 2029
La Madriguera bullía actividad. En dos días, Louis cumpliría diecinueve años. Era el primer cumpleaños que podían celebrarle desde que entró en Beauxbatons y era niño, así que Fleur y Molly, en un inusitado acto de unión, se decidieron a que fuera la mejor fiesta de cumpleaños del año. No sólo consiguieron confirmar la asistencia de todos los primos, cosa que en los últimos años se había vuelto un reto, sino que además llevaban varios días organizando comida y espacio, cosa más fácil decirla que hacerla en la Madriguera.
Rose había llegado hacía menos de media hora. Llevaba meses sin dejarse ver por la casa de su familia, y visto que todos debían colaborar en la fiesta decidió aprovechar un momento en el que sabía sólo estarían en casa Dominique, que en realidad había tenido que salir a comprar, Hugo, quien estaba durmiendo en el piso de arriba, y Lucy, que debía estar por la cocina preparando su tarta de nata y caramelo, especialidad de su madre y que le salía divinamente.
Tardó tan sólo diez minutos en poner en orden todos los menús, horarios y demás papeles que encontró perdidos en la carpeta que su abuela le había entregado. Su misión, ordenar todos aquellos papeles, había concluido.
Sin embargo, no le apetecía ir aún a su casa, que sabía solitaria, y arriesgarse a pensar. Así pues, se dirigió hacia la cocina, esperando poder hablar con su prima. Cuando ya estaba muy cerca de la puerta, escuchó un ruido sordo, el grito ahogado de su prima y un pequeño alboroto de cacharros.
— ¡Louis! No puedes estar aquí, lo tienes terminantemente prohibido.
— Mi madre y sus paranoias. Si nadie se lo dice, no tendrá por qué enterarse, ¿no?
Siguiendo un impulso, se apoyó en la pared y escuchó.
— Supongo que es cierto. ¿Qué tal el día?
— Horriblemente largo. He tenido que esperar a que la casa estuviera todo lo vacía posible para poder entrar.
— Eso te pasa por intentar hacer trampas— contestó Lucy.
Rose no pudo menos que sorprenderse de la familiaridad que desprendían las palabras de sus primos. Hasta donde ella recordaba, su relación había sido tensa, por lo menos hasta las últimas navidades que compartieron. Esa tensión provenía sobre todo de Louis, pero su tono era tan distendido como el de Lucy. Se preguntó cómo y cuando solucionaron sus diferencias.
— ¿Qué es eso?
— Tu supuesta sorpresa de cumpleaños. Una tarta de mi especialidad— un manotazo resonó—. ¡Ni se te ocurra tocarlo! Me ha llevado dos horas hacer el relleno de caramelo.
— De acuerdo— dijo Louis, con un tono por el que se intuía su sonrisa. Parecía estar de un excelente humor. Después, un sonido amortiguado se escuchó, y Rose tuvo que esforzarse más en escuchar.
— ¿Lucy? ¿No puedo probar ni siquiera un poco de ese caramelo?
— No— el tono de Lucy era firme, pero Rose tuvo la sensación de que tuvo que esforzarse para ello.
— ¿Ni siquiera un poco? — La voz de Louis sonó más baja. Aquello a Rose le pareció extraño, y su mente comenzó a trabajar a toda máquina.
— No, Louis. Ah, eres un pesado— sin embargo, esto sonó más suave, casi tierno. Después, un suspiro de exasperación, y la sala se calló repentinamente.
Con un presentimiento de lo que estaba pasando, Rose entró en la habitación, y aunque ya se lo había imaginado se sorprendió de encontrar a Lucy y Louis, sus primos pequeños, besándose.
Su entrada no fue silenciosa. Lucy se separó con rapidez y miró a su prima, con los ojos muy abiertos y pálida. La reacción de Louis fue más contenida, pero Rose pudo ver la sorpresa y la incertidumbre en sus ojos.
Se quedaron mirando varios minutos. Rose no sabía como reaccionar; Lucy y Louis, mucho menos. Rose decidió esperar una explicación, pues tampoco se sentía en el derecho de exigirla.
La primera en decidir fue Lucy. Le dio la espalda a Rose y le dijo a Louis en un tono bajo:
— Vete. Yo me ocupo.
— No— Louis no iba a huir, no quería.
— Vete, por favor— en sus ojos Louis vio que lo decía en serio. Después, recordó que Lucy y Rose eran muy cercanas hasta dentro de la familia, y decidió que tal vez sería lo mejor.
Una vez Louis se fue, la sala quedó en silencio.
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Turns out freedom ain't nothing but missing you,
Wishing that I realized what I had when you were mine.
I'd go back to December, turn around and make it all right.
I go back to December all the time.
Rose abrió la boca, pero fue interrumpida por Lucy.
— Lo sé.
— ¿Cómo? — Preguntó Rose, confundida.
— Sé lo que vas a decir. Que está mal, que no es correcto. Que somos familia, primos. Y que debemos acabarlo cuanto antes. Créeme Rose, lo sé.
En aquel momento Rose miró a Lucy de otra manera. Se fijó en sus gestos— su mirada gacha*, su aspecto derrotado, sus manos retorciéndose— y vio en ella a otra chica. Una chica solo un año mayor que ella, con la misma mirada, los mismos gestos, diciendo las mismas palabras al espejo intentando convencerse de ellas.
Comprendió perfectamente cuales eran sus sentimientos y cuál su duda. Recordó también su decisión y se preguntó, con atormentada curiosidad, cuál escogería su prima.
— ¿Y tú que piensas?
— ¿Yo? — Lucy la miró unos instantes, para regresar su mirada al suelo. Después, contestó—. Sé que no es correcto. Y sé que lo debería parar. Pero… Yo…
Miró a su prima, con una desesperada necesidad de comprensión en su mirada. Y Rose no hubiera querido nada más en el mundo que poder dársela.
— ¿Cuánto? — Rose no necesitó decir nada más.
— Dos meses. Tal vez más.
Aquello lo explicaba, comprendió Rose. En los últimos tiempos no había estado atenta de su familia.
— ¿Qué vas a hacer?
— No lo sé, Rose. No lo sé— en aquel momento su mirada se tornó tan desesperada, que Rose estuvo a punto de soltar toda su historia sólo para aliviar su peso. Sólo a punto—. Rose, ¿qué debo hacer?
Llegados a este punto, Rose debería de haber respondido con un tajante Córtalo de raíz, cuanto antes, mejor. Podría haberle soltado también un discurso moralista. O simplemente recordarle cuanto dañaba a su familia.
Pero antes de articular palabra, los últimos cinco años se le vinieron encima como un cúmulo de diapositivas. Lágrimas, recuerdos dolorosos, relaciones que no llenaban. Una familia que había quedado rota sin saberlo ésta. Más dolor, mucho arrepentimiento. Noches y noches deseando desesperadamente haber sido más valiente, más Gryffindor, y haber luchado por su felicidad.
También recordó aquellos meses, los más felices de su vida, con James en casi todos sus recuerdos. Y, como siempre, deseó no haber elegido la opción moralmente correcta, sino aquella que la hubiera hecho mucho más feliz.
Miró a Lucy, y se vio a ella. Vio a la pequeña Lucy renunciando a su felicidad, rompiendo un poco más su ya rota familia con ausencias y excusas. Vio a Lucy y a Louis evitándose incómodamente, queriéndose sin poder hacerlo.
La de veces que había querido volver a aquel diciembre, aún sabiendo que era imposible. De hacerlo bien, de no arrepentirse de lo que sentía. Y de vivir muchos meses como los que había vivido, seguidos de muchos más meses y años.
Para ella, aquello era un sueño imposible. Pero no para Lucy. Y se iba a asegurar de que una de las dos hiciera la elección correcta.
— No deberías decidir por lo que los demás quieran, sino por lo que quieras tú.
— ¿Cómo? — Lucy tuvo la sensación de no haber escuchado bien.
— No deberías dejar que otros decidan por ti. Es tu vida. Tus errores. Tus decisiones. Créeme, si actúas guiándote siempre por lo que otros creen que es correcto, puede que en un principio te vaya bien, pero acabarás tomando una mala decisión, una decisión horrible, una que te hará arrepentirte y dudar de qué es correcto y qué no lo es. Y lo peor de todo, es que ya no habrá marcha atrás.
Lucy no supo qué le sorprendió más: Las palabras que había escuchado, qué estas provinieran de Rose o la mirada con la que las había pronunciado.
Y no le cupo ninguna duda de que Rose hablaba por experiencia propia. Después de todo, Rose siempre había hecho lo correcto. Si ella decía que eso no siempre era lo acertado…
Tal vez hubiera esperanza.
— Gracias— y por la mirada que Lucy le dedicó, a Rose no le cupo ninguna duda de que había hecho lo correcto.
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21 de noviembre, 2029
I'd go back to December turn around and make it alright.
I'd go back to December turn around and change my own mind.
I go back to December all the time.
Rose agarró con fuerza su copa, hasta el punto de que los dedos se le pusieron blancos. Se mordió con fuerza el labio, casi haciéndolo sangrar, y miró con nerviosismo alrededor. No, aún no aparecía. Pero lo haría. Ningún Weasley faltaría a aquella fiesta.
Dirigió a Lucy una mirada rápida, y pudo verla ensimismada y lanzando miradas hacia la puerta, esperando que llegase el invitado. No disimulaba muy bien, la verdad. Rose se preguntó si ella había sido tan obvia hacía ya tanto tiempo, o si el comportamiento de su prima se debía a que tampoco necesitaría disimular por mucho tiempo.
Volvió a dirigir su mirada hacia el suelo, bebiendo un poco más. Cuando Lily llegó a su lado y comenzó a hablar animadamente se limitó a asentir, escuchando a medias. Y al fin llegó el momento en que Lily dijo las temidas palabras.
— ¡Mira, Rose! Aquí llegan mis hermanos.
Era cierto. Allí llegaban Albus, que parecía ligeramente achispado— una sola copa del ponche de Fred y cualquiera se achisparía— y James. El cual no parecía especialmente afectado por acercarse a saludar, pero la tensión de sus hombros lo delataba.
— Hola Rose, Lily— Albus estiró sus brazos y las atrapó en un abrazo grupal, corroborando la sospecha de Rose. Se limitó a devolverle el saludo.
Y había llegado el temido y esperado momento.
— Hola James— su voz sonó normal para todos, solo algo cansada. Aunque a James no podía engañarlo.
— Hola Rose— él tampoco podía engañarla, después de todo.
Se hizo un incómodo silencio, que Lily notó sorprendida. Achacándolo al tiempo que llevaban sin verse, comenzó a ponerles al día el uno del otro.
Pasaron interminables minutos para Rose, en los cuales escuchó su propia vida los últimos tiempos. Cuando su mirada y la de Lucy se cruzaron, vio su salvación.
— No he saludado a Lucy. Os veo luego—o mejor dicho, hasta la próxima celebración, James.
— De acuerdo— dijo Lily, visiblemente alicaída. Rose se sintió mal, de pequeños los tres hermanos y ella habían sido inseparables. Lily fue la más afectada y consciente de la separación entre James y Rose, aunque ni se imaginara el motivo.
Cuando llegó junto a Lucy, ésta miraba hacia la puerta intensamente. Se decidió a intervenir.
— Hola Lucy. ¿Te han dicho que tu discreción apesta?
— Varias veces— contestó tras un breve sobresalto, pero sin una pizca de vergüenza. Después, se giró hacia su prima—. Rose, quiero que sepas que creo que tenías razón con lo que me dijiste. Y que creo que cuanto antes lo arregle, mejor.
— Me alegro de oír eso.
— Y también decirte que creo que lo haré público hoy.
— ¿Tan pronto? — No pudo evitar decir Rose. Sin embargo, parecía lo más correcto.
Entonces pensó que tendría que haber tenido el suficiente temple y juicio para hacer lo mismo. Si hubiera hecho lo mismo, aquel día no tendría que haber soportado ningún silencio incómodo, y ella y James…
Sin ser consciente de esto, Rose giró la cabeza hacia James. Se veía bien; muy bien, en verdad. Tan solo tenía veinticinco años, aunque a ella le pareciera que había pasado más tiempo. Y ella sólo tenía veintitrés, aunque sintiera que los reveses de la vida la habían envejecido diez años más.
Metida de lleno en sus cavilaciones, Rose no notó como su prima la observaba con curiosidad, para después seguir su mirada y sobresaltarse al ver a James. Lucy volvió a mirarla, para mirar otra vez a James, y finalmente observar a Rose.
Lucy no era la persona más inteligente de la familia, pero tenía una sagacidad que siempre había sorprendido a quienes llegaban a conocerla y que la había ayudado en su misión de conseguir todo aquello que se proponía. Ya había sospechado que Rose había tenido un amor en el pasado que no había logrado superar. Había supuesto, de igual modo, que Rose habría sido quien cortara la relación por algún motivo racional. Sin embargo, ni con toda la imaginación que siempre había tenido hubiera podido imaginar que ese amor pasado era James Potter, su primo.
Era como si aquella simple mirada hubiera hecho encajar todas las piezas. Desde que Lucy fuera a cuarto en Hogwarts, cada Navidad había sido difícil sino imposible ver a toda la familia al completo. Y en las fiestas. Usualmente por ellos dos. Y eso, que cuando era niña siempre los veía juntos, con Lily o Albus, o simplemente a ellos dos solos, disfrutando de su compañía…
¿Cómo no se le había ocurrido antes? Era demasiado lógico. Demasiado obvio. Desde que era cría habían sido polos opuestos, pero siempre habían estado muy unidos. Se enfadaban, pero rápidamente se perdonaban. Y casi siempre estaban juntos, hasta hacía casi cinco Navidades, más o menos.
Era obvio que Rose no era feliz con aquella decisión, y James tampoco, a juzgar por sus casi nulos intentos de tener una vida amorosa. ¿Sería demasiado tarde?
— Rose.
— ¿Sí? — Contestó Rose con voz distraída.
— Tal vez tú deberías hacer lo mismo.
— ¿Cómo? — La voz de Rose sonó sorprendida y ligeramente horrorizada.
— Tomar cartas en tu vida. Y por cierto, tú tampoco eres muy discreta— dirigió una elocuente mirada hacia James.
Rose intentó negarlo, pero sus palabras sonaron falsas y sin fuerza hasta para ella. Finalmente, murmuró:
— Es demasiado tarde.
— Eso deberías dejar que lo decida él, ¿no?
Rose se giró hacia James, quien ahora la estaba mirando. Siempre había tenido un sexto sentido para percibir escrutinios ajenos, consecuencia de su popularidad en Hogwarts. Rose se ruborizó como toda una Weasley al sentirse descubierta, pero algo la distrajo.
En la puerta, Dominique acababa de llegar con Louis, quien se estaba quitando una venda de los ojos. Fingió más sorpresa y alegría de las que jamás podría sentir aunque la fiesta fuera una sorpresa auténtica, y saludó a todos como se esperaba de él.
Rose, sabiendo lo que se acontecía, miró fijamente la escena. Lucy se había quedado mirando a Louis, y compuso una mirada decidida mientras se acercaba al centro de la fiesta. Cuando llegó donde estaba Louis, ya todos se habían apartado, a excepción de algunos tíos, Victoire y uno de sus hijos que gritaba "Tío Luí".
James, notando la intensidad con que Rose observaba, se giró con curiosidad. Lo hizo a tiempo de ver como Lucy rebasaba a Victoire para abrazar con fuerza a Louis, y en lugar de separarse alzar su rostro y besarlo con fuerza.
La sala se quedó en un repentino silencio. Rose sonrió con alegría por sus primos, alegrándose por su breve felicidad antes de las explicaciones y los reproches. Después miró a sus tíos, la mayoría de los cuales se habían quedado de piedra, y vio a tío Percy abrir y cerrar la boca como queriendo gritar pero sin saber qué. Entre sus primos vio la más variopinta muestra de sentimientos: Sorpresa, incredulidad, shock… Pero no James.
Éste la miraba fijamente, con el ceño ligeramente fruncido, como preguntándose su implicación en aquel hecho. Rose le devolvió la mirada con firmeza, pensando en las palabras de su prima. Queriendo saber si para James aún podría haber un nosotros.
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22 de noviembre, 2029
Maybe this is wishful thinking,
Probably mindless dreaming
If we loved again I swear I'd love you right.
Rose miró su reloj, frustrada. Hacía hora y media que la fiesta había terminado. Eran las dos de la madrugada, estaba cansada y tenía trabajo al día siguiente. No había faltado ni un día al trabajo los últimos tres años— ni siquiera quiso argumentar nada cuando cayó enferma—, y no quería empezar. Sin embargo, las palabras de Lucy seguían resonando en su cabeza.
Tal vez tú deberías hacer lo mismo. Tomar cartas en tu vida. Eso deberías dejar que lo decida él, ¿no?
Rose se llevó las manos a la cabeza, frustrada, y sintiendo como cada palabra le taladraba el cráneo.
Hacía tiempo que tenía asumido que dejó pasar lo suyo con James, y que nunca lo recuperarían. Daba igual cuanto quisiera, lo dañó, mucho, y James no era de los que perdonaban con facilidad.
Y sin embargo… ¿Qué podía perder? Sí, la humillación sería grande, pero no volverían a hablar, como ya hacían. Y esa humillación no saldría de allí, puesto que si alguien más se enteraba ambos pagarían el pato.
En cambio, si le decía que sí, si le perdonara… Lo haría todo bien. Nunca volvería a anteponer nada a lo suyo, ni ocultarlo, ni avergonzarse. Lo querría bien, como se merecían, empezando de nuevo lo que dejaron inconcluso. Y, desde luego, sería infinitamente más feliz.
Se miró las manos, envalentonándose. Era una Gryffindor. Siempre había creído, como todos, que su lugar hubiera sido Ravenclaw, pero era una maldita Gryffindor y ya era hora de que por una vez en su vida lo demostrara. Con estos pensamientos, se apareció en casa de James.
Caminó hasta la puerta, pero gran parte de su arrojo se fue cuando levantó la mano y llamó. Una pequeña parte de ella se arrepintió, mientras que otra mucho más grande, concretamente la que había sufrido aquellos últimos cinco años, la animó.
No tardó mucho en abrir, y cuando lo hizo fue evidente que aún no se había acostado. Llevaba la misma camisa roja y los mismos vaqueros arrugados que en la fiesta.
La miró sorprendido, sin saber que decir. Sus nudillos aferraron con fuerza el marco de la puerta, y esperó a ver qué tenía que decir.
— Hola James.
— Hola.
Su respuesta, escueta, hizo que a Rose se le hiciera un nudo en la garganta que le impedía respirar correctamente.
— Yo… Bueno, yo…— ¿Tantas veces imaginándose aquel escenario, y ahora no sabía que decir? Patético. Patético y triste.
— ¿Qué ocurrió en la fiesta?
— ¿Cómo?
James la miró, impaciente.
— Lucy. Louis. La fiesta— la miró con fijeza—. Lo sabías, no lo niegues.
— Hace un par de días los descubrí. Y Lucy me dijo que lo haría público hoy— Rose no encontró motivos para ocultarlo.
— Me sorprende que no les aleccionaras con tu voz de la experiencia— respondió James, con un sarcasmo amargo que hizo que a Rose le picaran los ojos.
— Oh, lo hice.
— ¿En serio? — James la miró, definitivamente curioso—. ¿Y qué dijiste?
— Le dije a Lucy que debía hacer lo que ella quisiera, no lo que dijeran otros. Y que si no, se arrepentiría.
— ¿En serio? ¿Cuánto? — Llegados a este punto, la tensión en los hombros de James casi había desaparecido, y apoyaba su espalda sobre la puerta mientras la miraba intensamente.
— Mucho. Demasiado. Y se daría cuenta de que había tirado algo bueno a la basura por un deber que no lo valía tanto. Y también desearía no haber hecho lo que hizo, no haber sido tan tonta y haberse dado cuenta de lo que tenía cuando era suyo. Porque eso haría que se pasase días enteros sin dormir, extrañándole mucho y recordando sin parar los tiempos que habían pasado juntos.
Llegados a este punto Rose no hablaba de Lucy, y ambos lo sabían. James la miraba fijamente, pero no pudo determinar lo que sentía. Lo que sí supo es que ya estaba lanzada, y que si no seguía no diría el resto nunca.
— Recordando momentos como peleas estúpidas, o helados pegajosos, o-o coches muggles— rió, pero fue una risa pegajosa, como si quisiera reír y llorar a la vez—. O pensando en el miedo que había sentido ante lo desconocido, y como no fui capaz de afrontarlo. Como alegué la libertad en un intento de excusar que estaba muy, muy asustada. Y pensando, todos los días, sin descanso, que volvería a diciembre todo el tiempo. Volvería a aquella noche de diciembre para deshacer lo que hice. Volvería a aquel diciembre para cambiar de opinión y hacer las cosas bien. Volvería a diciembre todo el tiempo si pudiera.
Al mismo tiempo que comenzó a hablar en primera persona, las palabras salieran junto con un tono muy parecido al sollozo. Las lágrimas aún no habían aparecido, pero Rose tuvo que apretar con fuerza los ojos para esto.
— Y, después de cinco años viviendo en un infierno, aquí estoy, James. Tragándome todo mi orgullo Weasley y tirando de todo mi valor Gryffindor para decirte que cometí con nosotros el mayor error de mi vida. Y sé que en realidad esto no es más que una ilusión, este romance adolescente que ya habrás superado como yo no supe hacer, pero…— Rose respiró profundamente— Si nos dieras otra oportunidad, te juro que lo haría bien.
Se quedaron mirando a los ojos. Un buen, buen rato. James la miraba sin expresión en los ojos, lo cual para Rose es lo peor que hubiera podido hacer. Tenía razón; no debía perdonarla. ¿Por qué hacerlo?
Sabiéndose humillada, Rose desvió la mirada hacía sus manos, sus pies, los escalones para entrar a la casa o cualquier cosa que no fuera la cara de James, quien seguía mirándola fijamente. Se alisó la ropa, en un desesperado intento de hacer algo. Quiso frotarse los ojos, que sabía rojos aunque no hubiera llorado, pero prefirió no hacerlo. No había motivos para alargar la humillación.
Comenzó a girarse, pues James no parecía tener planes de moverse próximamente y ella necesitaba un buen chocolate caliente para llorar sus penas. Sin embargo, antes de que pudiera desaparecerse o moverse mucho siquiera, James la cogió de la nuca y la besó.
Una sensación de plenitud se extendió a través del cuerpo de Rose. Se sintió inmensamente feliz, mucho más de lo que lo había sido desde hacía demasiado tiempo. Todo lo demás daba igual; sólo importaba la luna y ellos.
Desearía que el tiempo se hubiera detenido, que nunca más dejara que se separasen. Sin embargo, el tiempo era caprichoso e implacable. Fue James quien se separó.
— Has tardado demasiado tiempo, enana— murmuró, con una sonrisa—. Demasiado…
Rose no pudo estar más de acuerdo.
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Aclaraciones del Capítulo:
1º De acuerdo, esperaba publicar esto antes, pero quería leerlo un poco por encima antes de publicarlo. Llevo un par de semanas de locos con los exámenes y Selectividad selectividad selectividad (faltan aún tres meses pero escuchando a mis profesores pareciera que son tres semanas). Sin embargo he tenido una semana horrible y necesitaba desconectar, ergo capítulo. Esta historia en principio iba a ser one, pero como veis se alargó monstruosamente. No habrá más capítulos, así que espero que la disfrutarais mientras duró :P Espero escribir algo pronto ^^
2º Este capítulo no está beteado, no quería esperar a encontrar una beta para publicar esto. Tengo la esperanza de betearlo en un futuro, aunque si os soy sincera me dolería cambiarlo mucho ya que de tanto releerlo me he acabado encariñando más que con otras historias.
3º Los reviews ponen feliz al escritor... ¡Por favor hacedme feliz!
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