Los personajes le pertenecen a esa rubia inglesa que cambió la vida de millones con su historia -Sí, hablo de J. K. Rowling- por lo que no me pertenecen. Y esto no lo hago con fines de lucro, ojo.

Dark Mission – Capítulo 7: Draco Malfoy.

Respiró profundo antes de entrar a la sala de interrogación, donde Draco Malfoy lo esperaba listo para responder cualquier pregunta que Harry pudiera hacerle. El rubio no quiso llamar a un abogado, principalmente porque no creyó que era necesario. No escondía nada. Solo quería salir de ese lugar con su madre, irse a casa y poder preparar la despedida para su padre. Y Harry entendía perfectamente todo eso.

Cuando entró, Draco lo miró expectante, con ojos cansados; el pelinegro carraspeó y le dedicó una mirada fugaz hacia el vidrio, detrás de donde sabía que se encontraban Ron, Hermione y Seamus. Dejó caer el expediente recién sacado de Lucius Malfoy, así como también los expedientes de los asesinatos anteriores sobre la mesa, acción que ni siquiera inmutó al joven Malfoy.

—Señor Malfoy —Por Dios, qué extraño sonaba eso—, necesitamos hacerle algunas preguntas acerca de su padre —Escudriñó el expediente sobre la mesa.

—Lo escucho, oficial Potter —contestó el ojigris, arrastrando las palabras en lo que Harry pudo sentir el vestigio de burla. Este interrogatorio sería muy, muy interesante.

—¿Sabe si su padre estaba involucrado con algún grupo específico?

—Jugaba lacrosse, si a eso te refieres —Harry casi podía escuchar la risa de Ron al otro lado—. Además de eso, no tenía otros equipos. Amigos de copas, y eso.

—¿Puede decirme quienes eran esos amigos de copas, o a quién frecuentaba más?

—¿Piensan que alguno de ellos pudo haberlo matado? —preguntó Draco, y Harry no pudo diferenciar la expresión que el joven adoptó cuando hizo esa pregunta.

—Es una posibilidad —Se limitó a responder, no muy seguro de si debería darle más detalles. Si había algo que conocía de Draco era que podía ser capaz de hacerse cargo de hacer justicia por sus propios medios, y lo último que Harry necesitaba en ese momento era a Draco husmeando en casos confidenciales. El rubio soltó un suspiro cansino y extendió su mano vacía hacia él, cosa que lo confundió en sobremanera.

—Dame una hoja y un papel. Te escribiré sus nombres —No necesitó escuchar dos veces para hacer lo que el chico decía. De uno de los archivos sacó una hoja de papel y la deslizó hasta el muchacho, seguido de un bolígrafo. Sin decir nada más, el ojigris escribió una serie de nombres que luego le entregó de nuevo. Los leyó y después le echó un vistazo al vidrio que lo separaba de su equipo de Aurores, intentando enviarles un mensaje claro.

Todos los nombres coincidían con la lista de compañeros de las víctimas que habían sacado de la generación de Hogwarts.

—Creo que por ahora eso es todo. Esta lista nos ayudará bastante —le dijo a Draco mientras se levantaba—. Te estaremos informando. Y Malfoy… —se dirigió a la puerta y antes de abrirla, se dio media vuelta, encarando a su antiguo compañero de clase— Lo siento mucho.

—Potter —Lo llamó Draco cuando ya el pelinegro estaba saliendo de la sala. Se paró en seco y giró sobre sus talones—. Mi padre era un bastardo. Tú lo sabes. Yo lo sé. Todos los que lo conocieron saben lo jodido que ese hombre estaba. Y es posible que, sea lo que sea por lo que tú y tu… —hizo una pausa, seguramente buscando la palabra correcta— equipo fueron a la casa de mis padres, él era culpable. Y no le sorprendería a nadie eso.

—Malfoy…

—Pero no quiero que me escondas nada —La voz fría y decidida del joven Malfoy sorprendió el muchacho. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que escuchó ese tono en alguien? Demasiado, honestamente—. Estoy preparado para oír la verdad.

Hubo un largo momento de silencio, cargado de tensión.

—¿Desde cuándo te has vuelto tan realista? —preguntó el ojiverde, ocultando lo mejor que podía una sonrisa de lado. Draco miró sus manos con suma concentración.

—La vida es una basura a veces, Potter —contestó el rubio—. Lo es. Después de tanta basura en mi vida, tenía que aprender mi lección, y al aprenderla muchas cosas buenas pasaron. Así que… —El ojigris se encogió de hombros. Harry alzó las cejas y dio un paso dentro de la sala de nuevo.

—¿Aprender la lección? Vaya… —Harry cayó en cuenta de pronto, y esta vez la sonrisa de medio lado apareció sin que él pudiera hacer nada al respecto— ¿Acaso el Draco Malfoy conoció a alguien?

Draco levantó la mirada con los ojos como platos, e inmediatamente su expresión volvió a ser la misma que Harry conocía desde que eran niños. Fría e indiferente.

—No es tu maldito problema, Potter —contestó cortante y luego se levantó—. ¿Ya me puedo ir, o quieres seguir indagando en mi vida cual vieja chismosa?

—Cuidadito, Malfoy. Soy un oficial de policía —Murmuró Harry, pero aún así se hizo a un lado para dejarlo pasar.

—Sí, sí. Lo que sea —Contestó el rubio por encima de su hombro mientras se alejaba. Harry no pudo evitar soltar una risa. Sí, estaba justo como lo recordaba.


—¿Hola?

—Papá, soy yo.

—¡Harry! —La voz animada de su padre siempre había sido tan contagiosa que lograba ponerlo de mejor humor con solo escucharla—. ¿Qué tal todo, campeón?

—Sí, todo bien —Harry se dejó caer pesadamente en el sillón de cuero de su departamento, dejando escapar un suspiro—. ¿Cómo están ustedes?

—Estamos bien, pequeño —Harry rodó los ojos, una sonrisa cariñosa apareciendo en su rostro. Tenía que usar el pequeño—. No te preocupes por nosotros, de verdad.

—Es imposible, papá —contestó con sinceridad.

—Ya has enviado a estos compañeros tuyos a vigilarnos —respondió con despreocupación James—, que por cierto, están subiendo unos cuantos kilos gracias a tu madre —lo último lo dijo en susurro, seguro para evitar que Lily lo escuchara. Harry rió a carcajada—. Te lo digo, Harry, eso de que Molly y Lily se junten tanto está haciendo que a Lily le de por vivir en la cocina.

—¿Te estás quejando de que mamá cocine demasiado? Pero si su comida es deliciosa.

—¡Lo es! Pero como siga así en nada tus compañeros no podrán pasar por la puerta —Harry soltó una carcajada, deslizándose hasta quedar acostado en el sillón. Había dormido varias veces allí, y era bastante cómodo.

—Les diré que dejen de comer tanto, no te preocupes —acordó el joven, removiéndose en el cuero del sillón—. Además, no pretendo que duren mucho en vigilancia. Planeo conseguir a este grupito de asesinos cuánto antes.

—Así se habla —El orgullo que emanaban esas tres palabras le perforó el alma. Quería enorgullecer a su padre. Quería probarle que tenía madera de líder, justo como James Potter—. Sé que lo harás. Tú madre y yo confiamos en ti.

—Lo haré, papá —aseguró, firme y decidido. Mucho más decidido de lo que esperó que sonaría—. Te quiero. Los quiero a ambos.

—Nosotros a ti, campeón. Cuídate —contestó James.

—Ustedes igual. Nos vemos pronto —Colgó y dejó su teléfono celular a un lado, cerrando los ojos. El cansancio le había entumecido los músculos desde el momento en que se había acostado en el sofá, y ahora difícilmente podría levantarse para hacerse algo de cenar. Se reprendió a sí mismo por no haber pensado en ello antes, pudo haber ido a un sitio de comida rápida de camino a su hogar. No, ya se quedaría sin cenar.

Pasó una mano por su cabello y decidió que lo mejor era dormir, descansar. El mañana sería otro día. Reunió todas sus fuerzas y se levantó, arrastrando los pies hasta su habitación donde se dejó caer en la cama sin importarle en lo más mínimo colocarse algo más cómodo, o cubrirse con la manta. Podría congelarse con el frío que estaba haciendo y aún así no le hubiera importado.

Estaba rindiéndose al sueño cuando su teléfono celular sonó desde la sala principal. Maldijo para sus adentros, pensando en la posibilidad de no contestar. Pero tenía que, ¿qué pasaba si era una emergencia? Su obligación era contestar, y pobre de la persona que estuviera llamando si lo hacía por una tontería.

Se levantó y se apresuró hasta el sillón, logrando contestar la llamada antes de que sonara el cuarto timbre.

—Potter —respondió enojado, y de mal humor.

—Harry, hemos conseguido algo —Las palabras de Dean Thomas actuaron como la cafeína, o un Red Bull. Todos sus sentidos despertaron de sopetón, y la energía que antes había demostrado estar agotada ahora corría por sus venas.

—Voy para allá —respondió y acto seguido colgó al tiempo que se apresuraba hasta su abrigo y sus llaves, para luego salir como alma que lleva el diablo rumbo al Departamento de los Aurores.


Cuando llegó al Departamento, lo primero que vio fue un montón de Aurores reunidos en el escritorio de Dean Thomas. El moreno al verlo entrar, corrió hacia él, y Harry no pudo descifrar la expresión de su rostro.

—Infórmame —musitó el pelinegro, mientras caminaban hacia el escritorio.

—En la escena del crimen que nos enviaste a revisar conseguimos algo que podría ser una pista —contestó el joven. Los demás Aurores que se había reunido alrededor del escritorio se hicieron a un lado para dejar al ojiverde pasar—. Neville lo encontró dentro de la boca de la víctima.

Alguien a su lado le tendió unos guantes quirúrgicos que Harry aceptó, poniéndoselos rápidamente. Observó el escritorio vacío salvo por una bolsita transparente de plástico, que dentro reflejaba la evidencia y la posible pista, un pedazo de papel rasgado y escrito con una caligrafía cursiva pero legible, que sin duda logró solo confundir al equipo:

"All is a Riddle. And the key to a Riddle… is another Riddle. —Ralph Waldo Emerson".


Respuestas a los comentarios del capítulo anterior:

- Smithback: MUAJAJAJAJAJAJA si te soy sincera, la razón por la que Lily y James están vivos es más porque el rastro de humanidad de Harry es importante. ¿Qué si los pienso matar? No lo admitiré ni tampoco lo negaré. Muchas gracias por comentar. xx

- anaradcliffe: ¡Gracias a ti por leer! Que bueno que te esté gustando. xx

- ika potter: No tardé tanto, ¿huh? Sí, es cortito pero lo subí prontito. Gracias por comentar, de nuevo -le envía un Danila en coco mademoiselle-. P. D: Tu regalo va a ser muuuuuy pronto dentro de, más o menos dos capítulos, sin contar este que subo. xx

- jovanna: Oh My Kloves! ¡Gracias! xx