Entre el amor y el odio
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 5 Muriendo de amor
-Ahora sí, Candy, ¿qué fue lo que pasó para que huyeras de casa a ésta hora?- Candy a penas acaba de instalarse en la habitación de huéspedes del apartamento de Annie. Estaba desbaratada, cansada, ojerosa y al parecer, sus lágrimas no daban tregua.
-¡Me pasa todo, Annie! ¡Todo!- Gritó con frustración y llanto y al verla así y no con la coraza que solía usar en el trabajo, Annie supo que su compañera estaba realmente afectada.
-Ya, Candy, tranquila. No estoy preguntándote por chisme, sabes que soporto a Grandchester tanto como tú, pero es bueno desahogarse. Yo no le diré a nadie, puedes confiar en mí.- Con cariño pasó su mano por la rubia cabellera y le sonrió afable.
-Yo... yo siempre he pasado por alto todas sus idioteces, sus comentarios o sus humillaciones... es más, me rio de ellas y le respondo con algo peor, que tú lo sabes, pero ésta vez... ésta vez...-Se le hizo un nudo por el dolor de recordar sus últimas palabras.
-Se atrevió a insinuar que yo tuve algo que ver con el secuestro de Lucy.- Annie abrió los ojos como platos. Se había pasado, definitivamente.
-¡Qué imbécil!- Dijo Annie contagiada de la rabia de Candy. Candy se limpiaba las lágrimas con el dorso de la mano.
-Candy... yo quisiera entender por qué ese desprecio tan grande que tiene Terrence hacia a ti...- La miró con sinceridad, no como quien busca el chisme o simplemente saciar su curiosidad. Candy jamás contaría la historia a detalle, le ahorraría esa humillación a Terry aunque él no lo mereciera, después de todo, eso fue lo que hizo crecer ese resentimiento hacia ella.
-Yo le rompí el corazón hace tres años.- Los ojos de Annie querían salirse de la impresión. Caras vemos... fue lo que pensó y a Candy no le pasó desapercibido la expresión de sorpresa de Annie. ¿Quién iba imaginar que detrás de todo el odio que Terry le profesaba a diario había existido un amor inmenso, tan inmenso que nunca llegó a ser?
-¿Ustedes...? ¿Ustedes fueron novios...?- Preguntó despacio y con los ojos aún bien abiertos. Por alguna razón, Candy sólo consiguió llorar más.
-Es una historia larga y complicada, Ann...- Se echó hacia atrás en la cama, su espalda recostada a la pared y cruzó los brazos, sus ojos estaban rojos e hinchados.
-¿Y cómo fue que terminaste casada con...? Annie no se atrevía ni a pronunciarlo.
-¡Ironías de la vida! Un momento de desesperación me llevó a tomar la primera vía de escape que me ofrecieron. No sé que fue peor... si saltar de aquél puente del que me salvó o haber aceptado su propuesta.- Ahí sí que Annie no salió de su asombro. ¿Tan fuerte fue que iba a suicidarse?
-Pero... ¿Por qué no buscaste a Terrence?- Annie no podía entender esa falta de lógica y Candy comprendió su expresión.
-Fue la primera persona que busqué... bueno lo intenté, sólo tenía su número de celular... yo... nunca le dije mi nombre verdadero y tampoco quise saber el suyo. No me era fácil confiar en nadie, nisiquiera en él confiaba del todo, lo llamé mil veces... nunca me contestó, pasaron las semanas... y cuando me pasó aquello... acepté la propuesta del señor... o eso o morir.- Cada vez, Annie quedaba más impactada. Algunas personas podrían escribir un libro sobre sus vivencias, Candy sin duda podría hacer hasta una película.
-Pero... ¿le has explicado qué fue lo que te llevó hasta el punto de aceptar casarte con...?
-¡No me escucha! ¡Nunca ha querido escucharme! ¿No entiendes que me odia?- Candy se volvió alterar y luego se disculpó con Annie, tampoco era para desquitarse con ella.
-Tremenda telaraña la que has hecho, Candy. Entiendo ahora por qué Terrence te aborrece tanto, no es para menos... viéndolo del punto de vista de él, claro. Pero también entiendo la razón principal de su odio. Creo que eso hasta un ciego podría verlo.
-¡Claro! Llega de pronto de no sé dónde porque nisiquiera supe qué coño había sido de su vida y me encuentra casada.- Estalló Candy harta de escuchar siempre lo mismo de las pocas personas que conocían la historia.
-No, Candy. La razón de su empeño por demostrarte que te odia es para poder convencerse a sí mismo. Lo que realmente odia es amarte, amarte tanto a pesar de todo.- Candy dio la vida por poder creer que era por eso.
-No lo creo, Annie. No se puede lastimar tanto a alguien que amas. Terry se levanta cada día pensando en cuál sería la yaga en que me hundirá el dedo.- Ya eso lo dijo tranquila, con pausa y resignada, con una resitación poética.
-Qué pena, Candy. Qué pena que dos personas que se amen con la intensidad que se aman ustedes no puedan estar juntos. Aún no habiendo nada que lo impida... Siguen amándose y no me digas que no. El viejo se murió, ustedes están solos... ¿qué les impide estar juntos?- Candy no contestó, sólo la miró suplicante para que no la torturara más y ella entendió.
-Bueno, descansa, Candy. Mañana hay trabajo.- Annie se marchó y Candy por fin decidió darse un baño y se tomó unas pastillas para poder dormir, sería la única forma en que podría conciliar el sueño.
-¡Te ves de puta madre!- Dijo Albert burlón al pasar por el lado de Terry en la cocina para servirse café. Terry ni le contestó. Estaba ojeroso porque tampoco pudo dormir, tenía una barba de dos días y su expresión era totalmente de pocos amigos.
-¿Podrías pasarme la azúcar o vas a vaciarla completa en tu taza?- Preguntó Terry de mal talante, pero Albert ya estaba acostumbrado, así que decidió divertirse a su costa, se lo merecía de todos modos.
-Si con eso te endulzas la vida y dejas de ser un limón...
-Vete al carajo, Albert- Respondió y le quitó la azúcar de mala manera, Albert seguía sonriendo burlón.
-¿Puedo llamarte dulce limonada?- Terry lo miró con ganas de matarlo, se atragantó el café a pesar de lo caliente que estaba y tiró la taza al fregadero de una manera que por poco la rompe.
-No te preocupes, hermanito. Tarde o temprano volverá- Albert hizo un gesto dramático y cursi y Terry cada vez estaba más apunto de ahorcarlo.
-No sé de qué hablas.- Dijo con fingida indiferencia mientras daba la espalda para irse.
-Pues que pena... porque hablo de cierta chaparra rubia... con pecas... muy linda eh... una con la que solías discutir mucho... Esa que te mandó al diablo anoche y se fue causando que te acabaras la botella de Whisky, que no pudieras dormir y que hoy estés más insoportable de lo habitual... ¿Te suena, Terry?- Aguijoneó con todo el sarcasmo e ironía que pudo. Albert estaba apretándole todos los botones.
-Vete-al-diablo- Fue la respuesta de Terry dividida en sílabas ante el descarado fastidio de Albert y el rubio soltó la carcajada.
-¿Quieres que te diga dónde está la rubia causante de tu insomnio?- Terry lo miró con furia. ¿A dónde quería llegar Albert?
-No me importa saber dónde está. ¡Que se quede por allá!- Aunque dijera eso, Terry no podía engañar a su hermano mayor, él pudo ver el dolor y la desesperación en sus ojos. Que necio era el orgullo.
-Creo que ella debe estar pensando lo mismo. Irá por la tarde a entregar su carta de renuncia.- La expresión indiferente de Terry se borró por completo. Albert pudo jurar que fue pánico lo que vio esa vez en sus ojos.
-¡Ella no pude renunciar! Esa fue una de las cláusulas del...
-El testamento sólo se leyó en la primera parte como estaba acordado, hermanito... te sorprendería todo lo que hay escrito ahí... y me pregunto... si tú estarías dispuesto a cumplir con todas las condiciones... cuando éste sea leído completamente...- Albert se había vuelto tan cínico como él, pero era que realmente deseaba ayudarlo, deseaba ayudar a ese par de necios a dejar ese orgullo que los consumía y que se decidieran a ser felices.
-¡Qué es lo que sabes, Albert?- Se le acercó amenazante, eran tan altos como el otro, altos e imponentes. Pero ninguno temía del otro.
-Todo, hermanito, todo. Yo lo preparé, ¿o tú piensas que me hice abogado para colgar el diploma en la pared?- Ignorando la forma amenazante en que Terry lo sostenía del cuello, Albert le habló con toda tranquilidad, sin mostrar expresión alguna, excepto ese cinismo permanente.
-¡Habla!- Le gritó desesperado y preso del coraje.
-Todo a su debido tiempo, hermano. Todo a su debido tiempo. ¿Quieres un adelanto? Bien, si fuera por mí... leería el testamento hoy mismo, pero... no se puede. Sólo puedo decirte que esas condiciones... sólo podrán traer felicidad a tu vida... Mucha felicidad... esa que está en tus narices y no quieres ver. Espera sólo un añito más.- Soltó con una sonrisita maliciosa y le palmeó el hombro mientras se soltaba de su agarre.
-Pero eso sí, Terryto... por nada del mundo... dejes que renuncie. ¿Cómo lo harás? No lo sé... ¡Piensa! Tienes mucho taller para hoy...- Muerto de la risa, Albert se fue dejando a Terry frustrado y pensando qué objeto de la casa destruiría para desquitarse. Respiró profundo y decidió irse a trabajar. Nada mejor que el trabajo para despejar la mente.
-Buenas tardes, Susana. ¿Su Alteza Grandchester se encuentra?
-¡Candy! ¿Estás bien? ¿Es cierto que vas a...?- Susana no podía evitar su curiosidad, el chisme corría como la pólvora.
-Sin comentarios, Susy, ¿está o no está?- Candy no tenía ganas de hablar con nadie sobre sus intenciones y menos con Susana. Se preguntó por qué la gente amaba tanto el chisme. Entonces vio a Terry a lo lejos. Con unas personas, riendo y conversando, como si nada, al menos no se veía como ella que tuvo que maquillarse muy bien para no reflejar su larga y trágica noche. Debió estar contento porque hasta lo vio abrazando a alguien. Sintió odiarlo en ese momento. Susana la seguía mirando con curiosidad. Terry ni se percataba de su presencia, envuelto en lo suyo.
Te odio porque nunca me contestas las llamadas
porque te veo abrazando a gente extraña
sonriéndote a pesar de mi dolor
yo te odio
porque no puedo arrancarme esas palabras
que enterraste en lo más profundo de mi alma
para matar lo más bello de éste amor
Ella observaba todo desde una distancia prudente. Todo estaba como siempre, tranquilamente en caos. Mucho trabajo, mucha algarabía, muchas relaciones públicas. Terry parecía estar nadando en sus aguas. Candy había tomado una decisión, no sabía si después iba arrepentirse, a cuántas personas iba a defraudar y seguramente dejaría varios corazones tristes. Los corazones que la amaban de verdad, pero el único que quería nisiquiera notaba los latidos desesperados del suyo. No podía sentir su pulso acelerado por él. Esa sensación inmortal cada vez que lo volvía a ver.
Dime cómo ser feliz así
dime cómo puedo enamorarme sin pensar en ti
dime cómo me libero
de la cruz de tu recuerdo
y el coraje que aún siento
cuando pienso en ti
Quien lo viera, pavoneándose, expresando ideas y todos bailando al son que él tocaba. Había que sólo fijarse en su caminar, tan seguro tan arrogante, es que todo en él era arrogancia pura. No pedía, exigía, no sugería, imponía. Nisiquiera preguntaba, él decidía y hacía. Muchas veces era complaciente, la mayoría de las veces, recordó, pero eso no le quitaba lo dominante.
Por eso tengo que decirte que te odio
más te odio, como te odio
porque me haces daño y yo te odio
más te odio, te siento odio
Decidió acercarse. Iba a paso firme, decidida. Aunque cada paso le costaba un latido menos de su corazón. Porque esa tarde iba a enterrar todo su amor. Porque no volvería a verlo, porque volvería nuevamente a sobrevivir como lo había hecho antes. Ella se acercaba cada vez más, varios de los que estaban con él la notaron, menos él que estaba envuelto en su plática con un posible cliente.
Te odio
porque vas a los lugares que frecuento
con ese aire de insolencia entre los dedos
y un deseo de destrozar mi libertad
por eso yo te odio
porque ese día en que al fin consigo hablar contigo
me levantas con palabras de cariño
para luego destruirme sin piedad
-Buenas tardes. Terrence, ¿tienes un minuto?- El saludo de Candy fue digirido a todos, pero toda su atención estaba en Terry. La miró sorprendido, no esperaba a que fuera hoy, no esperaba verla y no estaba listo. Se quedó mirándola fijo, viéndola completamente y con un nudo en la garganta, presintiendo que sería la última vez. A ella se le hizo el mismo nudo, tenerle de frente era diferente, su seguridad se quebraba, pero seguía con la cara en alto. Vio sus ojeras y su barba, era evidente que no tuvo una buena noche, deseó que se la hubiera pasado tan mal como ella, aunque seguramente no fuera por ella, estaba convencida de que él realmente la odiaba. Y odió más que aún con ese cansancio reflejado en sus ojos y rostro, le siguiera pareciendo tan guapo e irresistible, no dejar de desear estar en tus brazos. Sólo una vez, había pedido tantas veces. Ya estaba segura que no ocurriría.
Dime cómo ser feliz así
dime cómo puedo enamorarme sin pensar en ti
dime cómo me libero
de la cruz de tu recuerdo
y el coraje que aún siento
cuando pienso en ti
-Candy... Espérame en mi oficina. En unos minutos estaré contigo.- Respondió con una exagerada amabilidad que le chocó, como si todo estuviera bien entre ellos, como si tuvieran una excelente relación. Claro, tal vez no quería quedar mal ante esas personas a las que evidentemente quería impresionar. Mejor la haría quedar mal a ella. La mirada rabiosa de ella le llegó al alma a Terry.
Por eso tengo que decirte que te odio
más te odio, como te odio
porque me haces daño y yo te odio
más te odio, te siento odio
Esperó en la oficina de Terry. No tomó asiento, lo esperó de pie. Diez minutos pasaron para que él se dignara en aparecer. Cuando lo hizo, su expresión hacia ella fue la de siempre, nada que ver con el teatro de hace un rato frente a la gente.
-Cuéntame, princesa de hielo, ¿qué se te ofrece?- Eso sí le dio rabia a Candy, todos los adjetivos por los que él la llamaba, cada uno expresando la baja opinión que tenía de ella.
-Vine a cumplir tu deseo, Terrence. Aquí tienes mi renuncia. Ya no volverás a verme. Te prometo que no vas a saber de mí.- Le extendió el sobre y él no se dignó a tomarlo. Su mirada era indescifrable. Cuando ella se cansó de tener el brazo extendido, decidió dejar el sobre en el escritorio. Se giró para irse, ya que Terry no articulaba palabra.
-Candy...- La llamó y su tono fue suave, tan suave que ella se volvió, de haber usado su tono arrogante y exigente habría seguido de largo, pero ese tono...
-Antes de que te vayas... quería pedirte perdón. Por lo de Lucy... yo no sentía ninguna de las acusaciones que insinué... Sé que tal vez no me creeas porque... bueno, porque siempre te digo cosas agrias... pero... sabes que decir que tú tuviste algo que ver con su secuestro es algo que no me creería ni yo mismo. Aún si fuera verdad. Perdóname al menos eso.- Candy lo miró a los ojos. Los tenía aguados, pero eso no la sorprendió tanto. ¿Terrence Grandchester estaba pidiendo perdón? ¿A ella? El mundo estaba acabándose. Se acercaba el Juicio Final. Estaba segura.
-No te preocupes, Terrence. Yo ya me he acostumbrado a tus desplantes. Algún día seré totalmente inmune.- Otra vez tuvo intención de irse. Ya el alma se había ido de su cuerpo hace mucho, la había dejado ahí con él para no volverlo a ver.
-Candy...- La volvió a llamar. En el mismo maldito tono que ella no pudo resistir. Ahogó el nudo en la garganta y una vez más se volvió.
-Dime, Terrence.- Le dijo con calma y hasta le sonrió. No quería peleas. Prefiriría recordarlo así.
-No tienes que hacerlo, Candy. Renunciar. No es necesario. Arriezgar tanto sólo por no querer verme es demasiado. Te propongo algo.- Ella abrió los ojos, pero estaba segura que no se dejaría convencer, no importaba la fuerza de la mirada de esos ojos que ella tanto adoraba.
-Terrence, yo tomé una decisión...- Dijo con un suspiro, pero él continuó.
-No voy a pasar por encima de ella. Sólo te daré una solución que te convendrá más y obtendrás el mismo resultado: no verme más.- Candy no supo por qué viniendo la verdad de la boca de él dolía más. Puso todas sus fuerzas para no llorar. No lo interrumpió.
-Puedes trabajar desde casa. Para hacer los libretos y guiones, sólo necesitas una computadora y los programas que ya conoces. Susana será la intermediaria para que no tengas que tener contacto conmigo, al menos no contacto directo. Te enviaré todo por e-mail, las instrucciones, todo lo que necesites y me lo regresas de igual manera.- A Candy la impresionó la idea, jamás hubiera esperado semejante gesto de él. Aún así no se sentía feliz, no verlo más no era lo que ella quería, era lo que las circustancias la habían obligado hacer.
-¿Qué dices, Candy? No tienes por qué perder tu trabajo y volver a una vida incierta sólo porque no nos llevamos bien. Además... Lucy preguntó por ti... le dije que tenías que hacer un trabajo fuera un tiempo... no era el momento de decirle la verdad... ya sabes... No olvides visitarla alguna vez, avísame y así no estaré presente para incomodarte...- Ya los ojos de Candy estaban aguados, pero contuvo el llanto. No lloraría, no delante de él, nunca más.
-Terrence... déjame pensarlo...
-No lo hagas por mí, Candy. Hazlo por Albert, por Lucy... ellos no han tenido problemas contigo, sufrirían mucho si saben que vuelves a... ya sabes...- Candy se quedó analizando sus palabras... ¿Y tú, Terrence? ¿Sufrirías si me voy? Se preguntó para sus adentros, pero prefirió nunca saber la respuesta.
-Está bien, Terrence. Voy aceptar, por ellos... y por mí misma.- Le dio una débil sonrisa y sin nada más que decir estuvo dispuesta a irse nuevamente.
-Candy...- Otra vez... ¿qué se proponía? Se volvió hacia él, no pudo descifrar su mirada. Había tanto misterio en ella. Tanto y a la vez nada. Cuando ella se giró hacia él, él se le acercó.
-Ya que no volveré a verte... no podré insultarte, ni pelearme contigo, ni decirte cuánto te odio... quiero que te lleves ésto. No quiero seguir guardándolo. Además es tuyo.- Sacó la cadenita y sin más, le pidió que se levantara el pelo y se la colocó, cuando la miró a la cara, pudo ver una de sus orejas que quedaba al descubierto. Tenía los mismos aretes que él le había regalado. ¿Será que nunca se los quitó? Se preguntó y sintió orgullo. El viejo seguro la llenó de muchas joyas preciosas y ella llevaba esos sencillos aretes de delfín. Ambos pensaron lo mismo y se quedaron mirándose, profundamente. Ella sintió un escalofrío cuando él recorrió su oreja con un dedo. La respiración se le estaba yendo. Estaban tan cerca.
-Ésta será la última vez, te lo juro.- Le dijo y la besó. Si no lo hacía iba a morirse. La besó con una ternura inmensa, pero con una gran necesidad, con hambre de ella. La tenía abrazada, acorralada, como si a pesar de lo que su boca decía, su alma se negara a dejarla ir. Porque prefería vivir odiándola que morir sin ella. Ella lo besaba con la misma necesidad, su boca se le estaba entregando, sus labios se acariciaban, se mordían, sus lenguas no se abandonaban, el mundo no existía en ese momento en que sus bocas se entrelazaban.
-¡Terrence! Mira quién vino a verte... Albert se quedó de una pieza, mientras su acompañante daba saltitos de alegría.
-¡Son novios! ¡Son novios! ¡Lo sabía! Ya Candy no será mi hermana... y Terry... tampoco... Si se casan van a ser mis papás, ¿verdad, Albert?
Candy y Terry no se esperaban ser cachados de esa manera. ¿Y ahora qué iban a decirle a la pobre Lucy?
Continuará...
¡Hola Princesas!
Otro capítulo, ya ven, cumpliendo mi palabra. Espero que les haya gustado, seguro me lo dirán con sus reviews. Quiero agradecer sus oraciones por mi amiga, ayer supe de ella y cómo sucedió todo, fue terrible, no entraré en detalles aquí porque voy a divulgar la vida personal de nadie, pero sí puedo decirles que su esposo dijo que le apretó la mano y el doctor dijo que eso era buena señal, así que estoy segura que ella va a salir de esa prueba y muy pronto la tendremos con nostras. Gracias por sus palabras tan bellas, sé que su esposo y familiares se los agradecerá.
Extiendo mis agradecimientos a:
ANDREA-SILVIA E.-NATHY-FATI-ROSE GRANDCHESTER-ANAALONDRA28-BETTY SUAZO-MARLA88-WISAL-LUISA-PRISITERRY-BETK GRANDCHESTER-LAURA GRANDCHESTER-DALI-SAYURI 1707-NANDUMBU-CAROCLARF-NERCKKA-LADYGMIMI-ALEJANDRA G.W-ZAFIRO AZUL CIELO-ELI DIAZ-ARE-DULCE MARIA-MIKAELA GRANDCHESTER-COMOAGUAPARACHOCOLATE-VERO CAPILLA-MAGGY DE ANDREW-ELIZA-YAZMINA27-MARIA DE JESUS LH-SHARELI GRANDCHESTER
Contestando la pregunta de:
Nahomi Grandchester: Ésta historia, como dice el disclaimer es de mi total autoría. No copio a nadie, ni hago adaptaciones. Éste es mi pasatiempo favorito, escribir. Sí hubo una telenovela mexicana con el mismo título, pero yo no la vi, eso fue hace muchos años, yo debí tener algunos 13 años por ahí... si hay alguna similitud entre la telenovela (además del título), algún libro y mi historia es pura coincidencia. Yo voy creando cada capítulo cada día, espontáneamente, a ver qué sale. Me inspiré en la canción "Entre el amor y el odio" de Angel López que fue también la que utilizaron para la telenovela que mencioné porque en yotube los videos de la canción algunos salen con segmentos de dicha telenovela o imágenes. ¿Por qué se odiaban los protagonistas de la telenovela? Ni idea, como dije, no la vi. Gracias por tu review, amiga y por decir que mi imaginación era prodigiosa jejejeje. Me pongo rojita! Espero que mis historias sigan siendo de tu agrado.
Contestando el review de:
Daniela Bascuan: Gracias por regresar, amiga, creo que me abandonaste un buen tiempo y que pena que la historia anterior no te haya enganchado desde el principio, pero me alegro que ahora sí le hayas tomado el piso y espero que te pongas al día pronto junto conmigo. Espero que esta vez te quedes para siempre y que no seas tan "ingrata" jajajaja. Nos leemos pronto.
Canción de Candy: "Te odio" Noelia
Hasta mañana, hermosas
Wendy
