Entre el amor y el odio
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 8 In fraganti
-¿Boda? Albert, no estarás hablando en serio... ¿o sí?- Preguntó Candy preocupada y alarmada aún con Terry sobre ella mientras él sólo veía a sus hermanos con unas ganas inmensas de ahorcarlos.
-¿Te parece que estoy bromeando, Candice?- Le espetó muy serio, sin el más mínimo indicio de risa y ella abrió más los ojos y manoteó a Terry para que se le quitara de encima de una vez. Stear y Archie no perdían su sonrisita malévola.
-¿Podrían largarse de una vez para que podamos vestirnos y bajar?- Soltó Terry furioso y tapando a Candy cuando se levantó llevando sólo su camiseta, mostrando según Terry, todo.
-No hay problema, nos vamos. Pero no olviden consultar el calendario para la fecha de la boda. Los esperamos abajo.- Sin decir más desaparecieron dejando a Terry furioso y a Candy muy nerviosa.
-Es una broma. ¡Tiene que ser! Albert no puede pretender que me case contigo. ¡Dios! ¿En qué mundo él piensa que vive?- Hablaba sola caminando por toda la habitación mientras Terry seguía sentado en la cama pasándose los dedos por el pelo.
-Ah... porque eso es todo lo que te preocupa, ¿no? Casarte conmigo es una tragedia, pero no lo pensaste dos veces cuando te casaste con...- Se puso de pie y se le acercó de pronto, su estatura y su cuerpo la dominaban, contando el hecho de que estaba en bóxer y que Terry a pesar de las circunstancias había despertado con una erección rompecalzoncillos que ella por más que quiso no pudo evitar mirar.
-¿Y qué esperas? ¿Que esté dando saltos de alegría? Tú me odias, ¿lo recuerdas? Si quiero firmar mi sentencia de muerte sólo tendría que casarme contigo.- Por una razón ese comentario le dolió a Terry, ¿tan malo sería casarse con él? ¿Tanto que nisiquiera lo consideraría?
-Claro, en ese caso... puede que el viudo sea yo.- Le dijo con un sarcasmo que daba miedo por la forma en que se le acercó, la manera en que la miró y... su erección que seguía ahí, latente.
-¡Todo esto es tu culpa! No debí hacerte caso. "Dormir contigo". ¡Ja! No sé en que estaba pensando cuando acepté...
-¿Te arrepientes? No pasan ni veinticuatro horas y ya te arrepientes. Pero domir con el viejo seguro no te molestaba para nada...- Seguía cerca de ella y la apretaba, sabía que la lastimaba, pero no lo podía evitar.
-¿Y cómo quieres que no me arrepienta, Terry? Me diste una noche increíble, momentos increíbles que sé que no olvidaré, nunca habrá mejor manera de dormir que esa, eso te lo digo con todo mi corazón... ¿Pero y después qué? Ibas a despertar con fuerzas renovadas para odiarme. Para desquitar conmigo tu pequeño acto de debilidad. ¿Tu piensas que yo soy de hierro, Terry? ¿De verdad piensas que soy tan fría como dices?- La mirada de Terry se suavizó, ahí estaba, haciéndola llorar otra vez y además, sabiendo que ella tenía razón. No era justo, para ninguno de los dos.
-No me arrepiento, Candy, aunque tú sí. Tú no tienes idea de lo difícil que es odiarte cuando te tengo así... cuando te beso... estar sobre ti... como si hubiera estado toda la noche haciéndote el amor... desde aquél fin de semana yo sólo viví para una sola cosa, Candy, para ti, para hacerte feliz, para que todas tus sonrisas fueran para mí... Haber sido yo el que te arrebatara la inocencia y no...- Le acariciaba las mejillas, pegado a ella y Candy pudo notar sus ojos aguados, su melancolía, su dolor.
-Terry... yo aún... si deseas podemos...
-No es fácil, Candy, olvidar todo eso que hiciste... sencillamente no puedo...- La comenzó a besar dulcemente mientras hablaba, no lo podía evitar, ni ella tampoco, rechazarlo era una fuerza de voluntad que ella no poseía.
-Odiarte se me hace más cómodo...- La ironía estaba siempre ahí, la odiaba... ¿pero y esa ternura y toda esa pasión de dónde venía? Cómo podía llegarle su odio cuando sus brazos la abrazaban tan fuerte, cuando la besaba de esa manera... y cuando durmió en sus brazos como un niño...
-Ya, Terry... déjame irme, por favor...- Intentó safarse de él, aunque no con muchas fuerzas ni con mucha convicción.
-¿Soy tan malo, Candy? ¿Nunca te arriesgarías por mí?- Esas palabras se le clavaron en el alma. ¿No sabía él que ella se arrancaría el corazón para dárselo de ser necesario?
-Terry... yo por ti... si tú realmente quisieras...
-No te creo, Candy... tú ya demostraste quién eres.- Sus ganas de ofrecerle una nueva oportunidad, un nuevo comienzo, se esfumaron junto a sus palabras. Se las llevó su necedad.
-Entonces, todo está dicho ya, Terry. No vale la pena hacerme más daño sólo por seguir junto a ti a toda costa.- Seguiré cumpliendo con nuestro acuerdo. Hoy mismo me voy, definitivo. Ya no estaré más importunándote con mi presencia. Ya aguanté lo suficiente tus desplantes, tus humillaciones, tu necedad... si no me voy ahora... terminaré odiándote yo también.- Se soltó de él, recogió su ropa y se dirigió a la puerta.- Él quiso detenerla, realmente quiso, pero su cuerpo no respondió. El orgullo era a veces un saco de rocas en la espalda que te impiden avanzar y que a consecuencia trae cansancio y mucho dolor. Antes de partir, ella se volvió, se le acercó y le pidió que se bajara un poco para poderle alcanzar el rostro. Le besó el pelo, ambos ojos, la nariz, la frente y al final un casto beso en los labios y dio la espalda, se marcharía de su vida para siempre, intentaría reconstruir la suya así se le fuera parte de ésta extrañándolo y deseándolo.
-No, Candy. Así no es como se despide. Es así.- La atrajo hacia él y la besó antes de que ella fuera capaz de cualquier otra cosa, antes de siquiera respirara. La retuvo fuerte entre sus brazos y le deboraba la boca, como si fuera el último beso que fuera a darle, lo quiso todo, todo de ella, ella le colgó las manos al cuello y se dejó ir. Si ese iba a ser el último, que contara, que valiera. Pero el deseo y el anhelo de Terry era tan grande y tan hondo que la levantó, se la colgó de la cintura sin dejar de besarla, ella se dejó hacer, si estaba provocando una tormenta, que la corriente se la llevara, no iba a luchar más contra su sueño más anhelado. Terry fue conciente de sus gemidos, apenas audibles, pero le llegaron al corazón. Le acarició las piernas y los muslos y cuando le apretó las nalgas, ella hizo más presión sobre su cuerpo y pudo sentirlo, duro, como roca, tan fuerte y dominante como él mismo. Ninguno de los dos hablaban para no romper con el momento, para no arrepentirse, le cerraron la puerta a la cordura y pusieron el cartel de no molestar. Candy sintió algo divino cuando sus grandes manos acariciaron sus pechos a travez de la camiseta, sus ganas iban muy revueltas, alzó los brazos para que él se la quitara y cuando al fin esas suaves y frondosas colinas estuvieron a su vista y disposición, las acarició y besó con un hambre insaciable. Ella le regaló gemidos que lo transportaron al infinito. Todo en ella era delicioso, irresistible, más allá del orgullo y la razón. Ella sintió que se mojaba como nunca, algo allá abajo palpitaba, su respiración a penas la mantenía viva... que se acabara el mundo, ella sería suya y después... después se preocuparía por todo lo demás.
A sus movimientos inconcientes mientras Terry disfrutaba tocándole cada rincón que escondía las más divinas sensaciones, la resfregó contra él y ella se mordió los labios por lo delicioso que sentía rozar su excitación. La boca de Terry volvió a la suya, pero sus dedos se pusieron acariciarla allí, su humedad era maravillosa, estaba lista para él y él ya no quería resistirse más. Fue dirigiéndose a la cama. Llegó el momento, no iba a esperar más.
-¡Terry! Terry, joder, apúrate, el desayuno se enfría.- Sus impertinentes hermanos no pudieron escoger otro momento, le dio Gracias a Dios que al menos no abrieron la puerta de golpe, seguramente no estaba asegurada.
-¡Ya voy!- Gritó frustrado y con un humor de perros. Candy de pronto volvió a la tierra e intentó cubrirse de Terry, se comenzó a vestir con apuro y nerviosismo. Lo que hizo fue ponerse la camiseta nuevamente, para ir a su cuarto lo más pronto posible. Al diablo el desayuno, ella necesitaba un buen duchazo.
-Esto aún no se termina, Candy. Aún no.- Le dijo en la puerta cuando se marchaba y ella no fue capaz de contestarle nada. Ya en su cuarto se metió directamente en la ducha. Bajo el chorro, pensando en todo, en lo que estuvo a punto de suceder, en lo que habría sucedido de no haber sido interrumpidos. Tenía que irse pronto, no podía quedarse junto a él un segundo más, si se le entregaba no habría marcha atrás, su corazón no iba a soportar rechazos ni desplantes luego que ella diera esa paso, tenía que hacerlo por ella, por su dignidad, aunque esas cosas importaban muy poco con cada roce que él le brindaba. Pero bajo la ducha también se encontraba Terry, con el agua en la temperatura más fría para conseguir apagar el fuego de ese encuentro, porque no sólo Candy se había quedado con la miel en los labios, el maldijo la interrupción que le impidió hacer suyo su sueño más profundo. Ambos sin saberlo se subieron a la nave de los recuerdos.
-Me encanta, Terry, es increíble...- Dijo Candy con sus brazos y pelo al viento mientras Terry manejaba el timón con gracia y habilidad. Hacía de todo por concentrarse cuando la tenía a ella así, con su bikini y tan feliz.
-Todo por verla feliz, princesa.- Le sonrió y volvió a fijar su vista hacia la dirección que se proponía. Se sorprendió con el tímido besito que ella le dejó en los labios y se colocó frente a él, quedando entre sus piernas, pero sin rozarlo. Puso sus manos junto a las de él sobre el timón.
-¿Quién te enseñó, Terry?- Preguntó mientras se memorizaba los movimientos de sus ágiles manos y trataba de seguirlos con las suyas.
-Mi padre me enseñó. Desde los catorce años lo hago y me encanta.- Candy vio el entusiasmo en sus ojos y ella misma se contagió de él.
-¿Puedo también aprender yo?- Le dio su sonrisa angelical, esa a la que no podría negarle ni el mismísimo cielo si se lo pedía.
-Claro, sigue mis manos. Ya estamos llegando.- Fue mágico para ambos el momento en sus manos se rozaban, cuando Terry giraba el timón con fuerza y ella trataba de igualarlo y se iba de lado. Era tan maravilloso estar así detrás de ella, sintiendo su cuerpo caliente y pequeñito y descansar su cabeza en el hueco de su hombro. Aspirar su olor. Estaba perdido por el ángel en zapatillas.
-Ya llegamos, señorita.- Terry aseguró el yate y bajó con ella a la playa. Era hermosa, limpia, cristalina, un paraíso. Y lo mejor de todo, estaban solos. Todo ese edén era para ellos.
-Precioso, Terry. Precioso.- Iba siempre con su encanto de niña que lo volvía loco. Tocó el agua tan trasparente, se maravilló al poder ver sus pies aunque estuvieran sumergidos. Vio pecesitos, nada parecía la realidad.
-Sabía que iba a gustarte, hermosa. Bienvenida a Culebra. Esta isla es toda suya por hoy, señorita.- La alzó y la besó, se puso nervioso porque ella se le colgó de la cintura, una situación peligrosa y comprometedora, ella era inocente, pero él no. Con dolor en su alma la bajó y poco a poco concluyó el beso.
-¿Podemos quedarnos aquí ya, Terry? ¿Podemos?- Valía la pena verla, Terry adoraba cambiarle todo su mundo al menos por unos momentos, deseaba poder hacer mucho más, pero debía ganarse su confianza poco a poco para no espantarla ni presionarla.
-Primero a comer, Bruma. No voy a dejar que te me desmayes aquí como aquella vez.- Ella no replicó, sabía lo mandón y autoritario que era él y que después de todo él tenía razón.- Bajó el camper, una neverita y ella lo ayudó llevando la comida. Buscaron el punto más conveniente y con sombra y entonces Terry armó el camper con agilidad y rapidez, lanzó en la arena una gran manta y Candy lo ayudó a preparar sandwiches de jamón y queso con ensalada, ella aguantaba los vasos mientras él servía el jugo.
-Bruma, despacio. La playa no se irá de ahí, además, nos quedan dos días, no hay prisa.- Le dijo al ver como ella deboraba el sandwich bocado tras bocado sin parar, él pensó que ni masticaba.
-Es que... ya me quiero meter al agua... estoy apurándome...- Sonrió con la boquita llena y luego se dio un trago de jugo.
- Pues de todas formas irás más despacio porque no entrarás al agua hasta que no hayas reposado.- Sentenció y la carita de ella se entristeció.
-Sólo unos quince minutos, bebé. No es para tanto. No pongas esa carita.- Le pellizcó la nariz. Ella seguía algo inconforme y molesta.
-No me digas bebé.- Le dijo seria, pero a él le causó gracia.
-¿Por qué? Si te queda perfecto. Eres linda, dulce, pequeñita, cachetona...
-Pero no soy una bebé. Ya casi soy adulta.- Reiteró enfadada y más aún cuando él se rió de ella.
-No he dicho que seas una bebé, mi amor. Tú eres mi bebé... mía.- Le dijo y ella se quedó mirándolo con desconcierto. ¿De dónde había salido esa posesión?
-¿Soy tuya?- Preguntó dejando su sandwich de lado y mirándolo con sus ojazos bien abiertos.
-Claro que eres mía. Ya no te dejaré disponible para nadie más.- Le dio un corto, pero apasionado beso y ella se quedó más confundida que nunca.
-Terry... ¿te puedo hacer una pregunta?- Preguntó toda colorada y bajando la vista. Terry vio su rubor y decidió divertirse un poco a su costa.
-Ya me has hecho una...
-¡Ya, tonto! Es que... quería saber... ¿qué somos?- Por fin lo soltó aunque muerta de vergüenza y sin poder sostenerle la mirada un segundo.
-Desde el primer beso... eres mi novia. Eres mía. Si aceptaste el beso, aceptaste ser mi novia.- Ella trataba de digerirlo todo, estaba pasmada, estaba feliz, pero de pronto increíblemente nerviosa.
-Y... si soy tu novia y soy tuya... ¿tenemos también que...?- Terry se echó a reir, no pudo evitarlo. Nada deseaba más que fuera totalmente suya, pero todo a su tiempo. Aún faltaban muchas cosas por conocer de ella y no iba aprovecharse de su inocencia y su ingenuidad. Él no era así y jamás le haría eso a ella. A menos que... ella quisiera.
-Eso, cielo, pasará cuando sea el momento. Por ahora eres mía sin eso.- Ella suspiró aliviada y a él no le pasó desapercibido.
-¿Quieres ir al agua ahora?
-¡Sí!- Se paró corriendo y ambos se fueron. Pasaban momentos increíbles, se sumergían, Terry la enseñaba a nadar. La lanzaba al agua, se chapuzeaban, se besaban, todo. Esos serían los días más inolvidables de sus vidas, aunque en ese entonces no lo sabían. Porque serían los últimos.
-Ya me cansé, me duelen los brazos.- Se quejó, pero sonriendo, se la estaba pasando de lujo. Deseó que ese fin de semana fuera eterno.
-Ven aquí, Bruma, yo te cargo.- Confiada, ella se colgó de él y el rostro de Terry cambió por completo. Esta vez no se le colgó de espalda, se le colgó de frente, casi a horcajadas e inocentemente lo abrazaba con sus piernas. Dios estaba mandándole una prueba de fuego. Rogó porque cierta parte de su anatomía no se antojara de despertar y la asustara.
-¿Qué pasa, Terry? ¿Peso mucho? Si quieres me bajo y...
-No. Tú no pesas nada, mi amor. Es que...- Se quedó mirándola, dejando que la magia de sus ojos lo envolviera y se le acercó para besarla. Ella iba confiando más en él, se dejaba hacer sin ponerse a la defensiva. Dulce y suavemente confiada, él era el que no confiaba ya en sí mismo. Ella aún iba aprendiendo de él cómo perfeccionar los besos. Le estaba dando uno tan ardiente que la hacía gemir, por instinto se aferraba más él y él iba enloqueciendo cada vez más. Le besó el cuello y la oreja y ella sintió que se derretiría allí mismo. Ella tenía una pasión innata que él había despertado y le acarició la nuca suavemente con sus uñitas largas, sus piernas lo abrazaban más fuerte y ya estaba muy cerca de perder el control. Le comenzó acariciar la espalda y el vientre y luego subió a sus senos, ella no hacía nada para impedírselo, eso sería su fin, ella no lo detenía, estaba siendo confiada y entregada, él lo agradecía, pero su conciencia le decía que ella corría peligro. Pero su cuerpo no obedecía, tampoco sus deseos. Le comenzó a desamarrar el nudito de su top y ella aunque nerviosa, se lo permitió mientras seguía perdida en su beso. Se lo quitó y entre besos le acarició los pechos, ella sintió morir y resucitar, todo era nuevo, nuevo y delicioso. Por poco ve la luna y las estrellas cuando la boca de él los saboreó uno a uno. Tuvo que pegarse más a él, con las piernas lo aferró más y su miembro erecto la rozó ahí mismo. Entonces él supo que tenía que detenerse, porque si no...
-Bruma... tenemos que parar... no te sigas moviendo así por favor... No quiero hacerte daño, cielo...- Renuente se comenzó a separar de ella y la soltó en el agua para amarrarle nuevamente su top. Algo avergonzada ella lo miró y él la abrazó.
-Lo siento, mi amor. No volveré a... sé que no estás lista...
-Está bien, Terry... será después, pero no te sientas mal... yo soy tuya, ¿recuerdas? tuya sin eso.- Le sonrió con la inocencia marcada y él le dio otro beso. Viviría para ese momento en que fuera suya completamente. Sólo suya.
-¿Puedo hacerte otra pregunta, Terry?
-Dime, bebé.- No protestó por el adjetivo, comenzaba adorarlo, como todo lo de él.
-¿Qué edad tienes?- Lo preguntó con algo de vergüenza, porque era su novia y ni eso sabía de él. Terry se rió.
-Tengo veinticinco. ¿Te molesta que sea tan viejo para ti?
-No. No... ¿te molesta a ti que sea... más pequeña?- Su pregunta llegó con algo de miedo, como si un sentimiento de inferioridad la hubiera embargado.
-No. Eres mi novia. Te quiero así.
-¿Y cuándo cumples veintiseis?
-Pronto. En un mes. ¿Vas a regalarme algo, pequeña pecosa?- Preguntó mirándola con dulce arrogancia y ella se puso nerviosa y colorada por pensar en lo que le regalaría.
-Sí. Voy a regalarte a mí. Completa.
Volvieron ambos al presente al mismo tiempo. Aún en la ducha y maldiciendo el que aquella promesa nunca se realizara. Que después de ese maravilloso fin de semena ninguno supo más del otro hasta que... Candy vio la hora. Casi las once, ya más bien se acercaba el almuerzo. El desayuno debió haber pasado hace siglos. Sería una buena excusa para marcharse y no mirar atrás, antes de que los recuerdos y la melancolía se lo impidieran. Antes de que él volviera a besarla y le quebrara las fuerzas.
Se secó bien y eligió su ropa. Una minifalda de jean, una blusa sin mangas verde, estanpada de florecillas, unas hermosas sandalias de plataforma en tono crema y maquillaje sencillo, se recogió el pelo en una coleta alta y con un poco de gel se hizo definidos rizos, era sábado, aunque por dentro estuviera muriendo, quería verse bien y enfrentar el mundo que le tocaría vivir. Tomó su bolso y decidió a bajar.
-Candy... no me digas que te vas otra vez... ¿a dónde?- Quiso saber Albert algo preocupado mientras los otros hermanos la miraban desconcertados, Terry estaba ahí, pero las palabras para detenerla no le salían.
-Lo de la boda fue una broma, Candy... No creíste que hablaba en serio, ¿o sí?
-No, Albert, no me voy por eso y lo sabes. Chicos, es un placer volver a verlos. Los vendré a visitar de vez en cuando...
-¡No! Candy... no te vayas...- La pobre Lucy comenzó a suplicar al borde del llanto y Candy sintió que se partía en dos.
-Es sólo un tiempo, Lucy. Vendré a visitarte... te lo prometo...
-Pero es que... se supone que yo te ayudaría a que... Terry se enamorara de ti...
-Lucy... eso no va a pasar, cielo...
-Claro que no va a pasar, si te vas no va a pasar. Terry... no la dejes ir...- Eso fue mucho más de lo que Candy podía soportar. ¿Por qué tenía que ser todo tan difícil? Todos se miraban y miraban a Candy. Lucy fue a los brazos de Albert a llorar y Terry sentía un nudo tan grande y unas ganas inmensas dentro de su ser por detenerla y amarrarla a él para que no se fuera nunca, no después de haber dormido entre sus brazos y haber sido invadio por aquél recuerdo, por aquella promesa.
-Lo siento, chicos. Volveré a verte pronto, Lucy.- Dio la espalda y se dirigió a la puerta.
-¡Candy!- Sacó coraje y la llamó, una vez más se tragó el orgullo por ella.
Continuará...
¡Hola niñas!
Primero que nada, les comento que ya mi amiga Kary Cruz está muy bien, pude hablar con ella ayer y ya hasta se puso al día con la historia. Ella y su familia les manda muchos saludos y su más sincero agradecimiento por sus oraciones. Gracias a todas las que se interesaron y se unieron conmigo en clamor. Estaré eternamente agradecida, niñas.
Yendo al capítulo, pues espero que les haya gustado, contaré como siempre con sus reviews. Pues cuando se habla de pasado, yo no pongo flashback ni la letra en italic, pero siempre pongo en el párrafo anterior que comienzan a recordar... no pongo flashback porque me gusta la idea de que se entrelacen los tiempos, espero que no se me confundan, aunque en mi opinión se nota cuando es pasado, la actitud de ambos es diferente... bueno, cualquier duda que puedan tener me la dicen y con gusto las aclaro, dudas, no adelantos, tramposas jejeje.
Es todo por hoy, bonita tarde,
Wendy
