Entre el amor y el odio
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 9 A pesar de mi orgullo
La llamó, mordió su orgullo en frente de todos y la llamó. Ante sus miradas atónitas, ante la batalla dentro de su ser entre su ego y el riesgo al rechazo. Y ella se detuvo. Esa voz... esa voz pronunciaba su nombre y el tiempo se detenía, ella se detenía, todo se detenía. ¿Por qué bastaba sólo que él la llamara para que toda su convicción se fuera al traste? Se giró y se encontró con sus intensos ojos azules que decían más que mil palabras. Vio la esperanza brillar en las miradas de sus hermanos, una esperanza tan dulce que quebraba su decisión y le estrujaba el alma. ¿Pero cuánto duraría el encanto del príncipe? ¿Merecía la pena intentarlo de nuevo? Ahí estaba la encrucijada. Ya no se podía sufrir más, por más que uno amara.
-Terrence... esta vez sí me voy.- Le dijo mirándolo a los ojos, enterrándole el dolor, y dejando un nudo en la garganta de todos. Él no podía reaccionar, no podía respirar, se le iba... otra vez. Llegó a la puerta y giró la perilla porque ya todo estaba dicho. El orgullo de Terry era demasiado grande como para dar su brazo a torcer en frente de todos y retenerla, así que se iba sin mirar atrás, sin esperar ningún milagro, sin final feliz como en las novelas.
-Candy... otra vez no, por favor...- Unos fuertes brazos se aferraron a su cintura como el sediento a un manantial. Todo su mundo se paralizó como siempre ocurría cuando su cuerpo hacía contacto con el suyo. Sintió su cabeza apoyada en su espalda, su respirar, pero no era sólo eso. La estaba deteniendo, se estaba tragando su orgullo por ella. Pero... ¿no era ya demasiado tarde?
-Terry... no caeré en tu juego otra vez...- Trató de desahacer su fuerte abrazo, pero él se le aferró más fuerte, no la dejaría ganar esta vez.
-Quédate, Candy... elígeme a mí.- La apretó tan fuerte, le besó el pelo con tanta adoración y la aprisionó contra él. Sintió la parte desnuda de su espalda mojada. Estaba llorando, Terry estaba llorando. Le rozó los brazos que aún la apretaban y soltó sus lágrimas, las dejó caer libremente... el mundo había enmudecido, nadie hablaba, todos los corazones que los presenciaban habían incrementado su latir. Ella se giró hacia él sin safarse de su enganche, si lo hacía...
-No hagas que me arrepienta, Terrence.- Con su cara mojada pegó su frente a la suya y mientras él abrazaba su cintura ella posó ambas manos sobre sus mejillas y lo miró directamente a los ojos aún cuando los de ella estaban empañados por la lluvia salada que caía de ellos.
-Haré mi mayor esfuerzo, Candy... ayúdame a saltar sobre este odio... ayúdame amarte nuevamente...- Ahora eran sus lágrimas las que llovían, inundando todo, desde el mundo hasta el alma. Sólo faltaría un beso, querían saborear la sal de su llanto y endulzarla con sus besos. Entonces la tomó en sus labios y la besó con la misma hambre y necesidad que hubo siempre. Sus bocas se encontraron y sus lenguas ya no fueron capaces de abandonarse. Se habían anhelado y extrañado tanto que se fundieron en un apasionado abrazo, se enredaron y se volvieron una. Sus labios... se saboreaban, se mordían, se todo, pero se necesitaban. Habían ayunado durante mucho tiempo... ahora sencillamente no podían saciarse. Cuando el beso terminó, ambos estaban temblando y vibrando, se miraron a los ojos y en ellos permanecía la misma intensidad y el amor... la llameante pasión que los consumió desde la primera vez que se vieron. De pronto recordaron el mundo y su alrededor, cuando voltearon, no había nadie, por eso era el silencio y la quietud, sólo pudieron escuchar el auto arrancar, el mundo era de ellos y para ellos.
-Terry... ¿no estás jugando conmigo? ¿No es otro de tus arranques de debilidad para luego...?
-No... te lo juro que no... sabes que te odio, pero... te necesito... te necesito conmigo, junto a mí. Te necesito para arrancarme este rencor que siento... sólo tú puedes salvarme... no me dejes, Candy... voy a dar lo mejor de mí... voy a volver amarte... lo intentaré todos los días...- La volvió abrazar y se empapó de su olor, estaba hechizado por ella, desde el primer día.
-¿Me das uno de nuestros besos favoritos? ¿Los recuerdas?- No hizo falta que él contestara la pregunta, porque olvidaría la teoría y se aventaría con la práctica.- La cargó y se la colgó de la cintura bien arriba para que ella pudiera alcanzar su boca a la perfección y se comenzaron a besar. Era siempre mágico para él tener su cuerpecito pequeño y frágil aferrado al suyo. El beso era dulce y tierno, como ella, como la que él conoció. Se dedicaba acariciar sus labios con los suyos, a succionarlos hasta dejárselos rojitos e hinchados. Cuando terminaron, ella le sonrió y brilló de nuevo la inocencia que él conoció alguna vez, no importa que en el fondo tal vez ya no la poseyera, era un nuevo comienzo y trataría de que funcionara.
-Ya, Terry, bájame.
-¿Por qué? No quiero.- Le dio un corto besito y no la bajó.
-Es que... estoy mareada... no he comido y ya sabes que...
-Es verdad, sabes que no puedes volarte las comidas, te lo he dicho muchas veces.- La estaba regañando, como antes... regañándola y cuidándola y ella volviendo adorarlo, como si alguna vez hubiera dejado de hacerlo.
-No quise volarme el desayuno... lo que pasa es...
-Shhh. Ya lo sé, es que no puedo perder la costumbre de enseñarte quién manda aquí.
-¡Tú no me mandas!- Le espetó algo indignada y porque sabía que aunque él lo dijera de broma, esa era su especialidad, dominar.
-¿Ah no? ¿Y si te digo que te pongas tu traje de baño porque vamos a la playa y comeremos ahí? ¿No lo harías?- Le preguntó sonriendo de lado con su pura malicia.
-Bueno... sí lo haré, pero es porque quiero, ¡no porque tú lo dices!
-Sí, como tú digas. Tómate un juguito y cámbiate que nos vamos.
Cuando dio la espalda para hacer lo que él le pidió, él le dio una nalgada que la hizo molestar y luego que se tomara el jugo que iban subiendo las escaleras él iba pellizcándole las nalgas peldaño a peldaño.
-¡Terry! Si sigues haciendo eso me pondré el bañador con tanga que me he comprado.- Lo amenazó muy seria y él semblante de él se oscureció por completo.
-¿Te compraste un bañador de tanga?- Le preguntó con la furia palpable en los ojos y acorralándola.
-Sí y me queda de lujo... bueno, eso me lo dijo el muchacho que me lo vendió en la tienda...
-¿Dejaste que te viera con él puesto?- Ahí sí que estaba rayando en la ira y aunque ella le temía, no podía evitar divertirse a su costa, bastante él le había hecho.
-Pues sí, necesitaba su opinión para ver cómo me quedaba... y por su cara creo que le encantó...- Había llegado demasiado lejos con su bromita. Terry con brusquedad la arrastró a la habitación de ella hasta el buró.
-Busca ese maldito bañador.- Le ordenó con una autoridad brutal y taladrándola con la mirada. Ella contenía las ganas de reir a carcajadas, sabía que estaba pasándose de la raya y que Terry no necesitaba mucho para estallar, pero no lo podía evitar.
-¿Para qué lo quieres ver ahora? Me lo verás cuando estemos en la playa.
-Candy... a ti como que se te olvidó quién soy yo, ¿verdad?- Su mirada seguía siendo temible y le apretaba las muñecas al punto de lastimarla, pero ella seguía con ese típico desafío en la mirada... y hasta con cierto grado de burla.
-Antes de que pongas un pie afuera con ese bañador yo ya te lo habré hecho pedazos.- Estaba más que furioso y eso que aún no lo había visto. Entonces Candy no pudo más y soltó la risa que venía conteniendo hacía un buen rato.
-Terry... jajajajaja.- No podía parar, sus carcajadas eran incontrolables, a Terry no le hacían gracia alguna, la miraba tan serio y rabioso que a ella le daba todavía más risa.
-¿Tú piensas que yo estoy jugando, Candy? ¿Quieres ponerme a prueba? ¿Eso quieres?- La sujetó más fuerte mientras la amenazaba, realmente estaba a punto de ahorcarla.
-No... sé que no estás jugando, Terry... pero yo sí. No tengo ningún bañador de tanga... Jajajajaja.- Terry la soltó de mala manera que por poco se cae, estaba bastante molesto y ahí ella se arrepintió de haber llegado tan lejos con su maldad.
-Terry... ya, sólo estaba jugando... ¿En serio estás molesto?
-Cámbiate y te espero abajo.- No dijo nada más y salió de su habitación y ella se quedó frustrada, le pesó haber jugado con él de esa manera. Se quitó la ropa y se puso el traje de baño que había comprado el día anterior, cuando se lo puso recordó que Terry había exigido que se lo quitara también, pero lamentablemente ese era el único que tenía, que se aguante, pensó luego que se lo puso. Se volvió a poner la minifalda de jean y se quedó con el top de su bikini. Se soltó el pelo y se puso una banda y en vez de ponerse las sandalias de plataforma se puso unas bajitas de goma. Hizo un pequeño bulto con una muda de ropa adicional, una toalla y todo lo necesario, luego bajó. Terry ya estaba con su traje de baño y una camiseta, chancletas de goma también y una mochila. Se quedó mirándola detenidamente, una sensación de dejá vu lo recorrió. Recordó aquellos maravillosos días en el yate. Parpadeó varias veces para no irse en el trance de los recuerdos.
-Se te olvidó la blusa.- Le dijo luego de contemplarla hasta el cansancio.
-No se me olvidó nada, Terry. No es necesario que...
-Ponte una blusa.- Le dijo pausadamente y con toda tranquilidad mientras le quitaba el bulto para colocarlo en la cajuela del carro. No había lugar a réplicas, sabía que si no se ponía la bendita blusa, Terry era capaz de no ir a ningún lado. Fue a su cuarto y se puso una cómoda camiseta y luego bajó, un poco molesta, Terry era demasiado celoso por todo, lo adoraba, pero a veces la desesperaba.
-Ya. ¿Complacido, Alteza?- Le comentó con sarcasmo sin ocultar su molestia. Él le dio un beso que barrió con todo su mal humor y hasta se hubiera vestido de musulmana si se lo pidiera. Se montaron en el carro y en media hora estuvieron en la playa. Primero pararon en un sencillo restaurant de mariscos que había en las afueras de la playa, todo en madera, con su bar y salón de billar. No era nada ostentoso, pero Terry por experiencia sabía que los mejores mariscos eran los de los puestos sencillos y no los de restaurantes de lujo, la cocina local era mucho mejor. Inmediatamente entraron, una joven mesera los recibió y los ubicó en una mesa para dos, se presentó y les entregó los menús.
-Mmmm. Terry... quiero éste pescado en salsa... así como está ahí, que no quepa en el plato.- Había regresado con ella su entusiasmo infantil, ese que él tanto adoró alguna vez.
-Pues eso, linda, tienes que decírselo a la mesera, no a mí.- Le sonrió y le hizo una seña a la joven para que se acercara, ordenó dos platos iguales y los acompañarían con mofongo.
-Terry... ¿me puedo pedir una cerveza de éstas?- Preguntó con miedo, no sea que a Su Majestad le diera por prohibírselo también.
-Puedes pedir lo que quieras, Candy. Sólo no te emborraches.- Le guiñó un ojo. Ella no podía creer que después de tanto estaban ahí, juntos, como antes, como si nada... aunque veía a Terry reprimirse en muchas ocaciones, como si en el fondo aún tuviera miedo de confiar en ella otra vez... en ocaciones lo vio querer rozar su mano y echarse para atrás, a veces la miraba como queriéndole decir algo, pero se arrepentía y se limitaba a sonreirle. Llegó la comida y comieron en silencio, pero se miraban y con sus ojos se decían mucho, realmente no parecía que fuera real nada de lo que estaban viviendo. Candy muy dentro de ella temía que en cualquier momento el hechizo se rompiera y la dureza de Terry apareciera... volviendo a lastimarla, a matarla en vida nuevamente.
-Ven, Candy, vámonos. La tomó de la mano luego de haber dejado la comida paga. Le tenía la mano casi morada por la forma en que se la apretaba cuando se tensaba al ver que varios jóvenes miraban a Candy, así como ella, de su edad, sin disimular, con el descaro y rebeldía de la juventud.
-¿Ya vamos para el agua, Terry?- Otra vez... esa alegría de niña que lo golpeaba en lo más hondo. Se preguntó si es que siempre ella había sido así o era una consumada actriz que sabía cómo envolverlo.
-La playa está llena, Terry...- Miró todo al rededor y se soltó de la mano de Terry por unos segundos para frotársela, pues su agarre era fuerte y posesivo. También para darle la libertad a Terry de que llevara las cosas que necesitarían más cómodamente.
-Al área que pienso llevarte no estará llena. Sólo que tendremos que caminar un poco...- Le dijo y ella lo siguió hasta que llegaron a una parte de la playa que como había dicho Terry no estaba llena, más bien no había ni un alma allí. Era un lado redondeado y cristalino con mangles en sus alrededores y un rompeolas. La arena era blanquecina y las hermosas palmeras les brindaban bastante sombra. Cuando ambos se miraron, aunque no lo dijeron, supieron que estaban pensando lo mismo, aquél fin de semana en Culebra, esos inolvidables días.
-Es hermoso aquí, Terry... tú conoces tantos lugares encantadores...- Expresó en un tono un tanto melancólico por los recuerdos y el anhelo que se había quedado hambriento en ambos durante tanto tiempo.
-Sabía que te iba a gustar. Es uno de mis lugares favoritos en el mundo.- La abrazó por la cintura luego de haber acomodado la manta y otras cosas. Se quedaron unos pocos minutos así, sólo contemplando las olas y su música al golpear las rocas.
-¿Ya me puedo quedar en el bañador, Terry? Seguro que aquí nadie va a mirarme...- Terry sonrió, ella era adorable, había olvidado eso y como él asintiera, ella comenzó a desvestirse hasta quedarse en el bañador solamente. Él la miró a plenitud. Ella sentía que se sonrojaba ante esa mirada tan ardiente.
-Te ves diferente de la última vez... estás más... moldeada... me gustas mucho, Candy... tus caderas, tus pechos están... más hermosos y tus nalgas...- Se le había acercado demasiado y la admiraba, le rozaba la piel, pero no lo hacía con lujuria aunque sus ojos la reflejaban por momentos. La estaba admirando... tan perfecta y esa maldita inocencia que le robaba los sentidos... su expresión tan arrebatadoramente dulce e ingenua, no tenía la más mínima idea de todo lo que causaba en él.
-Sí... he crecido... es que ya soy adulta.- Él sonrió... ¿Cómo se podía ser tan inocente a esas alturas?
-Ven aquí, Candy.- La llamó hacia él y se sentó en la manta con ella en sus piernas, le acarició el pelo y la espalda con ternura y nostalgia, pasó sus dedos por las líneas más blancas de su piel que por el bañador no hicieron contacto con el sol en el día de la piscina.
-Muchas veces te imaginé así, Candy... no sabes cuántas noches. Sólo deseaba tenerte por siempre así en mis brazos, que fueras siempre mía... que sólo yo pudiera tocarte... besarte... imaginé una vida juntos... tenía tantos planes contigo, Candy. Quise dártelo todo, que vivieras como la princesa que eras... borrar esa tristeza latente de tus ojos... No sabes toda la película que hice en mi mente contigo... tú esperándome en casa... sonriéndome... recibiéndome con tus dulces y tímidos besitos, los mejores que he probado en la vida.- Ella tenía los ojos empapados, él no supo cuántas veces ella soñó lo mismo, las ganas de morirse que tenía cuando de pronto no pudo saber más de él, tantas ilusiones quebradas.
-Yo lo quise todo contigo, Candy. Me enamoré como un idiota... deseé y esperé cosas para las que tú seguramente no estabas lista ni entendías... o simplemente tu amor no me quiso lo suficiente...
-No, Terry... yo a ti de adoré con...
-No te creo, Candy... no te esfuerces porque no te creo.- Estoy intentando empezar de cero.- La besó para no escuchar sus explicaciones, no importaban sus razones, todo le parecía absurdo, ¿cómo podía adorarlo tanto sin en un mes se había casado con otro? ¿Qué excusa podría justificar eso? Era preferible no escucharla. Cualquier mentira que fuera a salir de su boca, era preferible ahogarla con su beso.
-Está bien, Terry. Será como tú digas, si no quieres mis razones, no te las daré. Haré todo lo que quieras y necesites para que puedas volver a confiar en mí y ya no me odies más... Te daré una razón muy grande para que veas que yo nunca dejé de ser...- Su celular comenzó a sonar sobre la manta interrumpiéndola y Terry fue quien lo alcanzó e imprudentemente miró la pantalla.
-¿Quien es, Candy?- Le preguntó serio y con su mirada dura nuevamente, pues el número era desconocido. El aparato seguía sonando y el ambiente se iba tensando cada vez más.
-No sé quién es, Terry... si me dejas contestar puedo averiguarlo...- De mala gana, Terry le pasó el celular y ella contestó.
-Buenas tardes... ¿quién me habla?- Se tensó cuando supo quién era y Terry lo notó, la ponía nerviosa y su mirada exigía una explicación.
-Ah... hola, Neil... pues verás... ahora no puedo porque...- Terry con brusquedad la apartó de sus piernas casi tumbándola y se puso de pie recostado de una palmera mientras la miraba lleno de ira y unos celos que lo hacían echar humo hasta por las orejas.
-Disculpa, Neil, te llamaré en otro momento, no puedo hablar ahora.- Colgó la llamada abruptamente y se dirigió a Terry.
-Terry... ¿Estás molesto? No tienes por qué, sólo...
-¿No tengo por qué?- La sacudió por los hombros y le lanzaba una mirada furibunda que la hacía empequeñecer más de la cuenta.
-Ese infeliz no ha dejado de perseguirte, te invita a salir, no te despega la maldita mirada de encima y ahora te llama a cualquier hora como si nada... ¿No será que se traen algo ustedes dos? Dímelo, Candy... ¿Te interesa ese idiota?
-Terry...no... sólo somos amigos... me estaba saludando y...- Trataba de explicarse nerviosa, no le diría que realmente estaba invitándola a salir, la cosa podía ponerse peor.
-Claro, saludándote, como no. ¿Crees que nací ayer, Candy? Te advierto algo, Candy. Conmigo no vas a jugar nuevamente, no me vas a poner en ridículo por segunda vez.- La apretaba tan fuerte, la miraba tan duro y había en él tanta furia que ella sin poderlo evitar se puso a llorar, entendía su desconfianza después de lo que hizo, pero... le dolía, aún así le dolía porque ella nunca lo lastimaría intencionadamente, no cuando al fin había podido conseguir dar un paso hacia adelante con él, pero como siempre, retrocedía dos.
-Ya, Terry... suéltame. No tengo nada con nadie, ni con Neil, ni con nadie... Yo... soy sólo para ti ahora...- Le dijo llena de lágrimas y él la soltó. No podía evitar el sentirse miserable por hacerla llorar, sus celos muchas veces no lo dejaban razonar, aunque ella se mereciera la desconfianza.
-Has dicho bien, Candy. Eres mía. Solamente mía...- Le dio un beso que aunque la castigó con su brutalidad, le dio vida y fuerzas. La pasión en ellos era palpable, se podía tocar... se podía fotografiar porque tenía vida propia. Sus manos la comenzaron a tocar y acariciar con posesión y descontrol, su boca recorría su piel casi desnuda, la saboreaba, la lamía. La sintió nerviosa y temblar en sus brazos, pero no esperaría más. Iba a tomar lo que le había pertenecido siempre. La recostó sobre la manta y sobre ella siguió besándola y acariciándola.
-Terry... detente... yo...
-No puedo, Candy. No voy a detenerme... lo haría si tal vez no te odiara tanto... pero te odio, Candy... mucho... y no pienso detenerme hasta que te haya hecho mía completamente.- ¿La odiaba? ¿Y esos besos tan dulces que le estaba dando a su boca y a su piel mientras le hablaba y le recalcaba su odio? ¿Por qué sus caricias no respaldaban lo que su boca decía? ¿Y toda esa ternura con que estaba tocándola y explorándola? No podía haber odio en eso, él podía decirle todo lo que quisiera, sus manos y su corazón la estaban amando intesamente. Todas sus caricias y besos se habían transformado inmensamente delicados, una ternura que sólo se despierta con el ser amado.
-Terry... yo te amo...seré tuya si eso es lo que deseas, pero... aquí... ¿no podrían vernos?- Logró articular con el poco aire que le quedaba por sus caricias y besos que le habían nublado por completo la razón. Sería suya, eso no iba a impedirlo nadie. Su sueño más grande se haría realidad.
-Nadie nos encontrará aquí, preciosa.- Le dijo ahogándola en besos, cuando realmente quería gritarle que también la amaba con todo su ser, que nunca había dejado de hacerlo aunque le dijera incansablemente que la odiara, pero tenía miedo... no podía pronunciar esas palabras nuevamente, todavía no.
-Cúmpleme aquella promesa que me hiciste, Candy. Se mía.
Continuará...
¡Hola niñas lindas!
Primero, quiero darles las gracias a todas por sus reviews y su inmenso apoyo. Me han hecho muy feliz. Todos y cada uno de sus comentarios los he leído y me los he llevado al alma.
Espero que les haya gustado el capítulo, sé que me lo dejarán saber prontito!
¿Será que ahora sí se entregarán? No lo sé... esperen el siguiente capítulo a ver qué pasa... jajajajaja
Wendy
