Entre el amor y el odio

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 11 En cuerpo y alma


Candy nunca pensó que se pudiera llorar tanto de alegría. Era un sueño estar de nuevo ahí, con él, en ese lugar donde se quedaron tantos recuerdos y momentos hermosos. Donde se habían prometido tanto y las promesas habían quedado rotas.

-Yo... nunca pensé que volvería aquí, Terry... donde fui tan feliz... Lo soñé tantas veces, me veía aquí contigo al cerrar mis ojos, pero con el tiempo fui perdiendo las esperanzas...- Lloraba y su llanto era puro y sincero, habían tantas emociones juntas, lo abrazó y él la cubrió con sus brazos, era un momento tan esperado, tan soñado.

-No llores, cielo. Yo te traje para hacerte feliz, como aquella vez. Yo nunca tuve el valor de volver a este yate sin ti, Candy. Me juré que regresaría contigo, siempre imaginé que era aquí donde te haría mía eternamente... y hoy te tengo aquí y eso es lo que importa.- Seguía acunándola en sus brazos con tanta ternura, le besaba la cabeza y su carita mojada y sacudida, era un sueño para ambos, pero uno muy real.

-Terry... si yo hubiera sabido que no te iba a ver más luego de ese fin de semana... me hubiera quedado aquí contigo por siempre, hubiera dejado y todo y me habría quedado por siempre junto a ti... no sabes cuánto me pesó volver... todo lo que me hicieron y...

-Ya, bebé, no te traje para que sufras ni revivas momentos amargos. No llores más, por favor, me estás destruyendo.- Le enjugaba las lágrimas mientras la abrazaba fuerte y la cobijaba con su cuerpo.

-Yo te voy a borrar todo el sabor amor amargo, voy arrancarlo de tu piel para siempre. Voy a darte un nuevo comienzo... esta vez, Candy... lo quiero todo de ti, todo... quierto tu cuerpo y tu alma, tu amor... quiero hacerte feliz... que no te arrepientas de haberme elegido.

-Nunca, Terry... nunca me he arrepentido, ni antes ni después. Yo soy tuya, quiero que tomes todo de mí, todo lo que desees... ahora sí podré ser tuya completamente...- Lo comenzó a besar con adoración y urgencia y se le colgó de la cintura como acostumbraba, esos gestos espontáneos le robaban el alma.

-Ahora, amor, quiero enseñarte algo.- Le dijo dejando de besarla un momento, pero cargándola aún porque ella no quiso que la bajara, porque en sus brazos se sentía protegida y él la fue llevando hasta su habitación.

-¿Tú hiciste todo ésto, Terry?- Preguntó con visible asombro viendo la hermosura de su habitación, a diferencia de la que hace tres años él había preparado para ella, ésta era más grande, pintada de blanco, una enorme cama estilo canopy, sábanas rojas de seda y cortinas blancas. La cama estaba casi repleta de muchos pétalos de rosa rojos y blancos y también esparcidos por el suelo, rememorando aquella vez de su cumpleaños, aunque ahora el motivo era muy distinto, ahora sería para una entrega de amor. En el suelo habían unas velas rojas encendidas que formaban un corazón y dentro del mismo, unas velas más pequeñas en blanco que formaban: Candice & Terrence. Sólo con las velas como lumbre, la habitación era simplemente mágica.

-Sí, todo esto es para ti, Candy. Quiero que esto se quede por siempre en tu memoria.- La besó apasionada y dulcemente y la soltó en el suelo y disfrutó de lo maravillada que ella recorría la habitación, deleitándose de todo y conteniendo el llanto por tanta alegría. Estaba de espaldas a Terry y se sorprendió cuando lo sintió de pronto detrás de ella, abrazándola desde atrás y metiendo su cabeza por el hueco de su hombro mientras le entregaba una rosa roja. La olió y se giró de frente a él sonriéndole mientras sus manos fuertes seguían sujetando su fina cintura. La miraba a los ojos con intensidad.

-No tengo palabras, Terry... no podía esperar menos de ti... me pregunto si realmente estoy despierta...

-Lo estás. Y no serán necesarias las palabras, lo que yo necesito es a ti, ahora...

Le susurró tan cerca que la estremeció completa, se quedó contemplándola con su vestido verde fino y corto, el pronunciado escote en los pechos y ese pelo tan largo y rubio que él adoraba. La envolvió en un beso candente que abarcaba su boca, su cuello y cada parte visible de su piel mientras ella también se abrazaba a su cintura, sintiéndolo tan cerca, su aliento la quemaba y sus manos iban paseando por su cuerpo con tanta calidez que la hacían tocar la luna. Suspiraba cuando sintió que él iba bajándole el cierre a su vestido, quedando su espalda expuesta y sintiendo como sus caricias iban erizando su piel hasta que el vestido cayó a sus pies, quedando ante él sólo con una tanga blanca de encaje, Candy no tuvo idea del efecto que eso provocó en él. Se quedó contemplándola, su larga melena cayendo sobre sus pechos en cascada, su figura tan esbelta y delicada, era bella de la cabeza a los pies. Besándola desde los labios, fue descendiendo hasta el vientre, los muslos, sus piernas y besó sus pies al momento que la despojaba de las delicadas sandalias. La sentía frágil y temblorosa ante sus caricias, sus ojos estaban encendidos y sus labios nunca le habían parecido tan apetecibles. Tomó la rosa que le había entregado hace un momento y se la colocó en el pelo a travez de la oreja. Esa imagen él no la olvidaría jamás, era como tener a su propia Venus, sólo que la suya destilaba inocencia y pureza, dos encantos suficientes para hacerlo perder toda la razón.

-Nunca me cansaré de decirte que eres preciosa, Candy. Mi ángel. Inició un beso en sus labios, tan pegado a ella que pudo rozar su erección, sobresalía tan divina de sus pantalones, se mordió los labios, lo deseaba, deseaba ser suya, costara lo que costara. Terry fue humedeciendo su cuello a besos, pasando su lengua suavemente por su garganta hasta que bajó al valle de sus pechos, los moldeó con sus manos y ella gimió sin poderlo evitar en el momento en que con una inmensa delicadeza el tomó uno de ellos en su boca y lo saboreó, tan suave e íntimamente, al hacerlo ella no podía evitar sostenerle de la nuca para permiterle que siguiera tocándola así. Le regaló otro gemido cuando sus dientes mordisquearon sus pezones suavemente. La tenía caliente y deseosa, hacía un gran esfuerzo por contenerse cuando la veía morderse los labios, cuando se pegaba más a él para sentirlo duro sobre sus muslos. Tímidamente introdujo sus manos dentro de su camiseta y lo acarició a él, sintiendo su duro torso y dibujando cada surco de sus marcados abdominales. Con sus manitas temblorosas le fue alzando la camisa y él la ayudó a quitársela, mientras ella seguía acariciándolo un poco nerviosa y con timidez, él la atrajo más hacia sí sujetándole el trasero, tan pegada estaba a él que su vientre rozó su miembro duro. Con un poco de vergüenza ella se lo acarició a travez del jean, sintió tantas cosas que no pudo describir y más cuando lo escuchó gemir quedamente, cuando él volvió a besarla, al ver que no la miraba, se atrevió a desabotarle el pantalón y bajarle la cremallera, eso sí le arrancó a Terry un ronco gemido por lo inesperado. La ayudó en su iniciativa de bajarle el pantalón por completo y quedó en un bóxer negro. Pudo ver el deseo enorme en sus ojos cuando vio el enorme bulto que sobresalía de esa fina tela. Lo tocó temblando, con vergüenza, pero se atrevió mientras Terry seguía tocando todo su cuerpo de forma desquiciante.

-Terry... ¿puedo tocarlo sin el calzoncillo?- No supo de dónde sacó el valor para preguntarle eso, pero se lanzó y él siendo incapaz de hablar, se lo bajó para que ella pudiera contemplarlo a plenitud. Ella lo comenzó acariciar suavemente, con ambas manos, de arriba hacia abajo y con algo de curiosidad, la punta sintiendo como sus manos se humedecían del líquido preseminal. Él tembló y jadeó, sentir sus suaves, pequeñas e inexpertas manos le estaban dando un placer increíble. Entonces ella se atrevió a más, algo la impulsó a besarlo allí, cuando él sintió sus carnosos y húmedos labios sintió que estallaría sin podérselo explicar.

-Eres divina, mi amor.- Se volvió apoderar de su boca y fue arrastrándola a la cama, quería comodidad para saborearla entera.

-Me gusta como te ves, Terry... es tan grande... ¿siempre son así?- Él no pudo evitar reirse, ella era encantadora, encantadoramente inocente y él no sobreviviría al paso que iba.

-No sé si todos, muñeca. No miro hombres. Todo esto encajará perfectamente en ti, pronto.- Ella volvió a morderse los labios ansiando el momento y él terminó de acostarla en la cama. Fue besándola desde los pies y al llegar a su tanga se la bajó con los dientes y comenzó a jugar con su boca en su interior. Su olor lo inundaba, su sabor lo enloquecía. Su lengua la acariciaba allí en lo profundo y ella gemía y se revolvía sin comprender lo que le estaba sucediendo. Le abrazó el cuello con sus piernas mientras disfrutaba extasiada de como Terry se la comía entera. Algo la hacía vibrar, algo en ella quería estallar, pero no lo entendía. Él abandonó su sexo por un instante para ir besando su cuerpo entero, deteniéndose en sus pechos, besándolos y succionándolos con vehemencia, sus gemidos eran desquiciantes, estaban volviéndolo loco. Luego fue a besar sus labios, los impregnó de su propio sabor.

-Estás tan mojada, mi amor... y sabes tan rico...- Le dijo y ella sentía que todo su cuerpo latía, allá abajo todo le palpitaba, lo besó a él, succionándole la lengua, técnica que había aprendido de él, luego le lamió el cuello y con su lengua le acarició las orejas, sintió la piel que se le erizaba y otro ronco gemido se unió a los de ella. Volvió para abajo, a seguir alimentándose de ella, como si se hubiera vuelto adicto. Le separó bien las piernas y le apretaba las nalgas desde adentro mientras se la seguía comiendo y para esa vez ella no gemía, aunque quiso reprimirse, tuvo que gritar y retorcerse. Había una sensación ardiente que podía más que ella, que hacía que todos sus músculos se contrayeran mientras algo quería explotar...

-Terry... yo no sé qué me pasa, pero... ohh...- No sabía que esa sensación alucinante era su orgasmo, se deshizo en mil pedazos cuando Terry lo recogió entero en su boca haciendo él un esfuerzo por no tomarla así mismo de golpe.

-Eso que te pasó, mi amor... es lo que va a pasarte siempre que yo te haga el amor. Disfrútalo, es todo tuyo.- Le susurró recorriendo su cuerpo nuevamente con sus besos, colocándose al fin sobre ella.

-Ahora, cariño, ¿quieres ser todita mía? Estoy muriendo por estar dentro de ti...- Su voz sonaba ahogada mientras la besaba y ella sentía su cuerpo y su sexo aún palpitando, pero estaba ansiosa por recibirlo y entregarle todo lo que era, demostrarle todo lo suya que era.

-Sí, Terry, por favor... ahora quiero complacerte a ti... quiero tomes todo lo que siempre he guardado para ti...- Le respondió besándolo y jadeando mientras se abría un poco más de piernas instintivamente. Quería que él tomara todo lo que le pertencía. Por su parte él sintió una emoción profunda. La tendría suya al fin, sería el primero y en silencio juró que sería el único. Se preguntó cómo había podido engañarse tanto tiempo queriendo creer que la odiaba cuando no había dejado de amarla en ningún segundo de su vida. Quiso gritarle que la amaba, que lo supiera, pero esas sentidas palabras no querían salir de su boca y a él mismo le dolía. Dentro de su corazón sintió que esa barrera no duraría mucho en romperse y cuando eso sucediera se lo gritaría a los cuatro vientos. Él era el primero, ella se le había conservado dulce y pura como una rosa. Era extasiante verla acostada sobre todos esos pétalos, su desnudez enredada en ellos, su pelo esparcido, aún llevando la rosa que él le había colocado.

-Tú eres mi sueño, Candy. Todo lo que siempre quise.- La besó mientras en su cuerpo buscaba la posición para hacer suyo su sueño. Con ella húmeda, dispuesta, amándolo, no cabía el odio en ese momento. Se envolvieron con el beso, había llegado el momento.

-Candy... no podré evitar lastimarte un poco, ¿lo sabes?- Le preguntó acariciando su rostro con el pulgar, perdiéndose en sus ojos, en su ángel.

-No importa, Terry. Yo sólo quiero ser tuya, te lo prometí.- Había tanta inocencia en el gesto que su amor lo inundó profundamente. Tanto amor, tando para apagar su odio. Volvió a besarla y con una de sus rodillas le separó las piernas. Estaba tan invadido de ella que sólo deseaba que lo arrullara en su interior.

Me aposté que podía engañarte fácilmente

no fue fácil, pero un día sucedió

busqué después mil formas de humillarte

y es así como confundí a mi corazón

pero es que tú no estabas en mis planes

y esto que no era para siempre

pero tú fuiste como un ángel

que hasta la vida me salvó

Sobre ella, entralazó sus manos con las suyas y fue besando su cuello y oreja mientras rozaba lentamente su sexo con la punta de su miembro, la sintió revolverse, siempre tan divina. Comenzó a entrar, a pesar de su humedad, la barrera que se lo impedía era firme. Le dolía verla aprentando los labios por el dolor que le estaba infligiendo y a penas había entrado en ella muy poco, a penas la punta. Su ángel estaba totalmente sellada, sin estrenar, esperando por él.

-¿Te lastimo mucho, mi amor? Si quieres...

-No, Terry. Confío en ti... hazlo, yo aguantaré... quiero hacerlo... déjame al menos hacer eso por ti... te amo...- Le susurró y el mundo se le vino encima, el mundo y un gran descubrimiento que lo llenó de dicha, ella lo amaba y estaba entregándosele por completo a pesar del dolor. Entró un poco más y le ahogó el grito con un beso, pudo saborear la sal de unas lágrimas que resbalaron hasta tus bocas, pero aún así ella no dejaba de besarlo, se movía a pesar del dolor para seguirlo, para que él siguiera porque más allá de la molestia, había un dulce placer en todo, una mezcla irresistible.

-Voy a cuidarte, bebé, haré de todo por no lastimarte mucho...- El que la llamara por el adjetivo de antes la llenó de gozo, poco a poco estaba viéndola con los mismos ojos con que una vez la vio.

Entre el amor y el odio está la línea del perdón

cruzarla significa darle vida a esta pasión

y aunque el orgullo a veces pueda más que la razón

y aunque el alma se encierre para que entre el amor

Entre el amor y el odio me enamoro más de ti

cómo dos sentimientos tan distintos viven hoy dentro de mí

A pesar de todo, ella seguía mojada, porque su cuerpo también lo anhelaba. Siguió abriéndose paso en su interior, llegando a la mitad y ahogando otro grito agudo que fue especial por entremezclarse con un gemido. Pudo ver la adoración con que ella lo miraba, la forma en que sus brazos lo abrazaban y no lo detenían, la soltura con que ella se movía suavemente bajo él, dispuesta a participar, a dejarse hacer y a complacerlo. Siempre tan única. Sentirla tan estrecha lo desbordaba en placer, la sensación era maravillosa. No cambiaba a su ángel por ninguna que haya cruzado su cama alguna vez, lo que se le estaba ofreciendo era un pedazo del mismísimo cielo, algo que no podía ser comparado con nada más, nada podía ser más sutil, puro y real.

-Ya casi, mi amor. Verás que luego te duele menos... haré que lo disfrutes, sólo confía en mí.

-Estoy disfrutándolo, Terry. Tú eres mi amor... quédate el tiempo necesario, soy tuya, siempre... quiero que termines... que... ahh... que seas feliz y que tomes todo de mí.- Esas palabras le llegaron a lo más profundo... se odió así mismo por no poder aún así soltarle el te amo que estaba gritando su corazón.

Pero es que tú no estabas en mis planes

y esto que no era para siempre

pero tú fuiste como un ángel

que hasta la vida me salvó

Sus palabras le dieron tanto valor, llegaron con tanto amor, con tanta pureza, con cierta ingenuidad que pudieron mucho más que él. Sólo quería tenerla ya. Buscó nuevamente sus labios para ahogar el dolor de entrar completamente en ella. Sintió cómo la barrera se rompió permitiéndole la total cabida en su interior y fue tan hermoso y divino como las lágrimas que ella estaba soltando.

-¿Te hice daño, mi amor? ¿Quieres que me deten...?

-No, Terry. Lloro de alegría... nunca pensé que...ahh... que fuera a ser tan divino... tan hermoso... todo este tiempo me he perdido de esto...

-El pasado ya no importa, bebé. Estás conmigo y eres mía.- Le dijo mientras seguía en su interior en un suave y delicioso ritmo, entrando y saliendo extasiado. Ahora de ella obtenía placenteros gemidos y no quejidos. Si había de morir, quería que fuera así, en su interior.

Entre el amor y el odio está la línea del perdón

cruzarla significa darle vida a esta pasión

y aunque el orgullo a veces pueda más que la razón

y aunque el alma se encierre para que entre el amor

Entre el amor y el odio me enamoro más de ti

cómo dos sentimientos tan distintos viven hoy dentro de mí

Sus jadeos lo hacían abandonar la tierra, estar abrigado dentro de ella fue la gloria, fue el paraíso y la despedida de todo el dolor que vivió lejos de su cuerpo, de sus besos, de su amor. Ella se movía a su ritmo, haciéndolo feliz, acariciándolo, entregándose. Sabía que estallaría en cualquier momento, verla revolverse de esa manera, sentir las contracciones de su orgasmo y la forma en que gemía su nombre era demasiado. Iba a explotar, pero antes... debía hacer algo, era necesario, ella lo merecía.

Por más que lo pienso no comprendo

cómo puedo odiarte al mismo tiempo

que me muero por estar cerca de ti

-Candy...- La llamó mientras la embestía deliciosamente, con los ojos oscurecidos de pasión.

-Umm.- Murmuró ella solamente porque no era capaz de articular palabra alguna, no cuando un desorbitante orgasmo estaba a punto de debordarla.

-Te amo, Candy... te amo...- Se lo dijo al fin, se lo repitió para que se le quedara en la memoria y ella lloró nuevamente bajo su peso, con él en su interior, embistiéndola mientras le decía incontables veces que la amaba. No era un sueño, la amaba y ella viviría para que él no se arrepintiera.

-Yo también te amo... por siempre, Terry...- Se dejó ir finalmente en el climax para luego sentir como él la bañó abundantemente por dentro, dejándole todo... el futuro de los dos comenzaría a partir de ese momento.

-Te amo...- Volvió a susurrarle, era increíble, no paraba de correrse en su interior, alucinante. Tanto amor no parecía real, pero lo descubrieron juntos. Luego terminó sobre ella que lo acunó como un niño, con todo el cariño y la ternura. Lo acarició para calmar su cuerpo ardiente, desbocado, acelerado.

-Así debió ser siempre, Candy... Siempre mía- La besó y se puso de pie para liberarla de su peso y la cargó al baño donde le tenía otra sorpresa.

-Terry... estoy manchada...- Murmuró al ver la sombra roja sobre las sabanas y que entre sus mulos también la recorría un poco, sintió algo de vergüenza de que aún así él la tomara en sus brazos.

-No tienes que avergonzarte de eso, mi amor. Esa es la señal de que has sido sólo mía.- Le dio un besito y finalmente llegaron al baño, otro detalle increíble. El jacuzzi lleno con agua que se conservó tibia, estaba espumosa, aromatizada, llena de pétalos también.

-Terry...-Murmuró porque no podía contener el asombro. Tanta dicha, tanto amor. Sus ojos volvieron aguarse.

-Vivo sólo para ti, princesa.- Le dijo y la depositó en el agua con delicadeza para luego entrar con ella.

-Terry... ¿lo haremos otra vez?- Preguntó un poco preocupada, no era que le faltaran las ganas, era que estaba muy adolorida.

-No, mi amor, aún es muy pronto para ti. Aquí es sólo para yo consentirte un ratito.- Se sentó en una de las esquinas del jacuzzi con ella sobre su regazo y tomó una toalla pequeña y la humedeció. Le separó las piernas y la limpió con una inmensa ternura. Él mismo la aseó y se dedicó por un buen rato a ella, a disfrutarla y hacerla feliz.

-¿Qué haces, Terry? Tengo mucha hambre.- Le dijo mientras luego de cambiarse lo vio cocinando algo, el olor se le metía en los poros.

-Algo para seguir complaciendo a mi princesa.- Ella se le colgó del cuello por la espalda y luego le dio un besito. Él le regaló la más dulce sonrisa hasta que vino algo a romper con todo el encanto.

-Toma. Contestále a tu amor.- Le ladró con una cara furiosa extendiéndole el celular.

Continuará...


¡Hola Preciosas!

Aquí está el capítulo más esperado. Espero que haya sido de su agrado y me lo dejen saber con sus reviews. Veremos luego qué pasa con las inoportunas llamadas de Neil, pero bueno, entiéndanlo, nadie sabe, excepto la familia que Terry y Candy andan... aún esos dos conejitos no se han dignado de presentarse en el trabajo... así que será todo una bomba, aunque no sé si estalle tan fuerte como los celos de Terry por ese nuevo admirador de Candy... Veamos cómo lo solucionan.

La canción de Candy y Terry fue: "Entre el amor y el odio" De: Angel López

Hasta pronto, lindas

Wendy