Entre el amor y el odio

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 12 Miedo a perderte


Él seguía extendiéndole el celular con su mirada dura y muy enfadado, ella se había quedado petrificada y asustada por su cambio de humor tan repentino. El teléfono seguía sonando en la mano extendida de Terry y cuando al fin ella decidió tomarlo dejó de sonar, brillando una luz roja de llamada perdida.

-Devuélvele la llamada, Candice, dile a tu amorcito que estarás libre en una semana para que pueda cortejarte...- Los celos estaban transformando a Terry, perdía su encanto de príncipe y se volvía una bestia aunque nunca la lastimaba físicamente, no hacía falta, la dureza de su mirada podía atrevezarla como una daga, siempre por su causa terminaba con las pupilas inundadas.

-A veces no te entiendo, Terry... eres todo ternura y en cuestión de segundos vuelves a ser un mounstro... el mismo de siempre...- Le dijo llorando y con un dolor palpable que podía respirarse a distancia. A él también le dolió en el alma esa comparación.

-¡Tú sacas el mounstro que hay en mí!- reviró ese comentario sabiendo que sería ofensivo, porque le dolía que lo comparase con un mounstro aunque tuviera la razón.

-¿Por qué no lo has llamado para decirle que te deje en paz? Que ya no estás sola.- Le reclamó con cierto grado de razón, ella no le había puesto un alto.

-Porque no me había vuelto a llamar y yo no tuve mente en estos días para pensar en él ni en nadie. Porque todos estos días he estado en la luna, sólo pensando en ti en lo feliz que estoy y tratando de hacerte feliz a ti. No le di importancia al tema de Neil porque lo único que está en mi cabeza eres tú. ¡Por eso!- Le gritó envuelta en llanto y él ni se atrevió a interrumpirla, todo hombre se hace a un lado cuando una mujer estalla en furia, era ley de vida. Otra vez Terry experimentó el sentirse miserable y pequeño por hacerla llorar y sobre todo, por esas palabras que ella acababa de decirle que lo emocionaron, pero que como siempre, él había arruinado el momento. Trató de acercársele, ya más calmado, dispuesto arreglarlo, no quería arruinar la semana de los dos.

-Candy... yo...- ella retrocedió con algo de temor y porque además estaba resentida.

-A veces me das miedo, Terry...- Otro golpe bajo para él, lo único que deseaba era hacerla feliz y darle el mundo, ser felices juntos. Entonces ella afirmaba tenerle miedo. Aún así se le acercó y la tomó del rostro mientras limpiaba sus lágrimas con sus dedos.

-¿Miedo, Candy? A mí no tienes que tenerme miedo, preciosa, yo te amo... por más que te haya dicho que te odio y te lo hubiera repetido hasta el cansancio, era cuando yo más te amaba. Yo nunca te haría daño, Candy, ni te lastimaría y menos intencionalmente, sé que has sufrido y yo no quisiera aumentar ese dolor...- Rozaba su nariz con la suya y sentía como ella se la sorbía por e llanto.

-Me lo haces, Terry... cuando te transformas y me echas la culpa de todo, con tus dudas...

-Candy... él se ha prendido de ti desde que te vio, te visita con el pretesto de que conoce a Albert cuando yo sé que es una excusa para acercarte a ti. Te llama constantemente, como si tuviera un radar para adivinar el momento más oportuno y tú no le pones el alto... ¡No puedo soportarlo más!- Ella se apartó de él y lo miró a los ojos.

-¡No todo es culpa mía! Nadie sabe que estamos juntos porque a penas han pasado dos días. Además, tú te encargaste de predicar tu odio hacia mí en todas partes, incluyendo el maldito trabajo. ¿Quién coño va a pensar que ahora andamos? Neil piensa que está cortejando a una mujer soltera, porque eso era hasta hace dos días, no se le puede recriminar eso y tampoco está haciendo nada irrespetuoso, pero no te preocupes, muy pronto lo llamaré y le explicaré todo.- Ella tenía razón y por eso él se quedó sin saber qué decir.

-Lo siento, Candy... yo no quise hacerte sentir mal... es que... tengo tantos celos, Candy... no me puedo controlar...- Se le acercó nuevamente para hablarle de frente y mirarla a los ojos, para serle totalmente sincero.

-No me molestan tus celos, Terry, yo sé desde el principio que eres celoso, siempre lo demostraste aún cuando no éramos nada y no me molestan, son parte de ti. Lo que me molesta es que me acuses de ellos, que me hagas sentir que yo tengo la maldita culpa por todo el que me mira, se me acerca o me corteja. ¡Eso me molesta!- Estalló y trató de alejarse de él, pero Terry se mantuvo firme, por nada del mundo la dejaría ir.

-Perdóname, no te alejes, Candy... no tengas miedo de mí. Sólo tengo celos, no los puedo evitar, Candy. Volver a tenerte ha sido lo más grande para mí, casi irreal y no sabes el pánico que me da perderte nuevamente. Yo no soy tan fuerte como aparento, preciosa. Cuando yo te encontré casada... el trauma ha sido bastante fuerte, Candy, más aún de lo que he demostrado. No lo hago por maldad, mi amor, te lo juro por Dios. Es sólo que cada hombre que se acerca a ti con cualquier tipo de interés, después de lo que pasó, para mí representa una amenaza, alguien que pudiera desplazarme y robarme tu amor... que pudieras preferirlo sobre mí...- Hablaba con el corazón, expresando sus miedos, desnudando el alma ante ella, mostrando sus más grandes temores, estaban tan cerca, lo sufiente para que ella pudiera ver que también en él había dolor. Sus hermosos ojos azules estaban cristalizados, eran el mar en ese momento.

-¿Y lo que acaba de pasar entre nosotros qué? Se te olvida que acabo de entregarme a ti, que no habido nadie antes de ti, ni siquiera él. Has convivido conmigo tres años y nunca me has visto salir con nadie, no me has visto interesada en nadie, trabajo contigo, lo que haría imposible que no te dieras cuenta si me estoy viendo con alguien. Te he dado todo lo que soy y lo que tengo, has sido el primero en todo, ni siquiera nadie me ha besado después de ti...

-Lo sé, Candy... pero aún así, no puedo evitarlo, lo siento. Hay daños, preciosa, que son irreparables aunque no sea culpa de nadie, no sé la razón que te haya llevado hacer lo que hiciste, ni tampoco quiero saberla, porque no quiero juzgarte y además es un nuevo comienzo, el pasado y tus razones quedaron atrás. Pero todo esto también es nuevo para mí... y necesito tiempo para poder vencer todos mis miedos... para poder confiar en ti... Te amo, Candy... y el miedo a perderte es inmenso, tanto que puede más que yo.- Sus lágrimas salieron, siempre era impactante ver a un hombre llorar, pero sobre todo cuando el sentimiento era tan real. Ella se le acercó y lo abrazó para envolverlo en su calor.

-Yo también te amo, Terry, con toda mi alma. No voy amar a nadie más en este mundo que no sea a ti, he comprendido esa verdad y la he aceptado. Me haces inmensamente feliz... ser tuya ha sido la gloria para mí, lo más hermoso. Amo todo de ti, Terry, todo, incluso tus defectos... creo que fue lo que más me atrajo de ti... tu voluntad, tu carácter dominante, tu sobreprotección... desespera, pero nadie me había protegido antes hasta que llegaste tú. Adoro tu carácter fuerte y decidido... lo único con lo que no puedo lidiar, Terry... es con esa mirada dura y fría que me lanzas cuando me haces culpable de todas tus desdichas... esa mirada me duele más que tus dudas y tus celos sin razón.- Él la apretó fuerte, no quería saber de que él fuera culpable de nada que la hiriera, sólo quería hacerla feliz.

-Haré de todo por ser quien tú te mereces, Candy. Me has dado lo más grande al haberte entregado a mí a ciegas y saber que no hubo nadie más que yo. Pero te digo algo, Candy, y te lo juro por Dios. Yo te amo con todo mi ser, desde ese día que te atropellé te comencé adorar, te me metiste en el alma y en la piel. Con todos mis defectos, mis celos absurdos y todas las estupideces que me adornan, puedo jurarte que tienes en mí a un hombre que te amará todos los días de su vida aunque vuelvas a fallarme y a pesar de que vuelva a odiarte. Que no importa si en ocaciones los celos y las dudas saquen la bestia que hay en mí, ésta bestia daría su vida por ti, mataría por ti. Podré ser un mounstro, Candy, pero un mounstro que te defenderá con su vida. Todos esos defectos soy yo, Candy, es todo lo que soy, y bueno o malo, te lo entrego a ti. Nunca, Candy, tengas miedo de mí. Sólo abrazáme siempre así... eso siempre va a dominar a la bestia.

Y la abrazó tan fuerte... y olvidó el temor, porque en sus brazos sentía ese calor que la protegía y la cubría. Escuchó la declaración de amor más hermosa, lloró en su pecho y le pidió con un gesto que la cargara, era algo infantil, pero ella adoraba que él la tuviera así, que su cuerpo grande y fuerte la sostuviera y entonces ella podría estar protegida contra el mundo entero.

-Te amo, Terry. Soy sólo para ti.- Le dijo colgada de su cintura al momento que le ofrecía sus labios y se fundieron en un beso tan dulce y tierno, siempre la maravilla de la reconciliación. La soltó a tiempo porque comenzaba a excitarse nuevamente y ella aún no estaba lista para recibirlo otra vez. Entonces recordó la comida que se había quedado a medias.

-Terry... voy a llamar a Neil ahora para decirle que...- Terry le quitó el teléfono y lo puso sobre el mostrador, pero no estaba molesto.

-Ahora no, Candy. Cuando volvamos a casa, se lo decimos a todo el mundo de frente.

-¿Y si vuelve a llamar...?- Preguntó con cierto recelo y dudosa del autocontrol de él.

-Entonces le contestas y le dices que estás ocupada haciendo el amor conmigo.- Ella abrió los ojos como platos y él se rió a su costa.

-No tienes que decirle eso, preciosa. Sólo dile que estás conmigo y que no te llame más.- Le guiñó un ojo y siguió cocinando mientras ella se sentaba en el mostrador a mirarlo desenvolverse en la cocina con gracia y agilidad, como todo lo que hacía.

-Aquí está tu comida, bebé. Es algo sencillo, no sé mucho cocinar.- Le dijo con humildad mientras le servía jugo.

-Huele delicioso, Terry, seguro sabe aún mejor.- Le guiñó un ojo y luego le dio una de sus radiantes sonrisas, esas que lo debilitaban. Terry se sirvió para él y comieron tranquilos y felices.

-¿Cómo sabes que me encantan las patatas con churrasco?- Le preguntó curiosa luego que se hubo zampado todo y él sonrió de lado.

-Tú me lo dijiste una vez.- Le sonrió con ternura, una que la invadió a ella, no recordó haberle dicho eso, pero apreció el detalle de que él se hubiera acordado y le dio un tierno besito.

Habían salido tan temprano en la mañana, que aún luego de la entrega y la comida era temprano, hacía sol y Terry decidió complacerla y llevarla a Culebra.

-Te ves tan sexy cuando giras el timón.- Se le acercó y le rodeó el cuello de espalda y él sintió la sensación de dejá vu como aquella primera vez.

-Y tú tienes suerte de que yo tenga capitanear la nave porque si no... te haría el amor ahora mismo y aquí mismo.- Le soltó y ella enrojeció, pero en el fondo, la idea hasta la excitó, algo cálido corrió por su centro de sólo imaginarlo.

-Ya estamos llegando, muñeca.- Ella podía ver la islita cada vez más cerca, tan hermosa. Se puso frente a él para repetir la escena de seguir sus movimientos en el timón y esa vez, su trasero más protuberante y redondeado rozó la entrepierna de Terry, estando en bikini era simplemente imposible que aquello no reaccionara a ella. Una preciosa erección se irguió y acarició sus nalgas.

Llegaron y Terry bajó y montó todo lo necesario. Ya eran las seis de la tarde aproximadamente.

-Es más hermosa que antes.- Sostuvo un poco de la arena clara y limpia.

-¿Y siempre está tan solo aquí...?- Preguntó ella no creyendo posible que no hubiera nadie disfrutando ese paraíso porque sabía muy bien que Culebra tenía habitantes.

-Siempre en esta zona. La considero mía... y es lo mejor que estemos solos porque hace rato que me tienes así...- La pegó a él para que pudiera sentir lo duro que estaba y la besó ardientemente, ella correspondió de igual manera. Sus traviezas manos estaban tocando y acariciando todo su cuerpo descaradamente, pero cada roce la quemaba, al más mínimo contacto con sus manos su piel ardía y se excitaba, ese calor y humedad abajo llegaba ensiguida... palpitando, siempre dispuesta para él.

-Te amo, Candy.- Le susurró mientras acariciaba sus senos a travez del top, jugaba con sus pezones, acariciándolos con la punta del pulgar y entre su beso ella se rozaba más de él, Terry se acomodó su erección que estaba a un lado de su muslo y la centralizó para que ella pudiera frotarse justo donde quería. Se mojó por completo mientras su punta la rozaba en el centro, gemía al recordar la sensación de haberlo tenido adentro hacía unas horas. Terry se la colgó a la cintura para besarla más cómodamente, pues la diferencia de estatura hacía que ella tuviera que estirar mucho el cuello y él bajarse demasiado, además colgada a él, abrazándolo con sus piernas era mucho más íntimo y excitante. Le quitó el top de su bañador para tener sus pechos desnudos e inmediamente los saboreó, los chupó de una forma delirante mientras sus manos se deslizaban por su vientre y espalda, jugaba con su ombligo y ella le estaba comiendo el cuello y la oreja, lo sintió estremecerse. Su clítoris comenzó a palpitar cuando él la apretó fuerte de las nalgas y la frotó de su erección moviéndola de arriba hacia abajo. La sensación era divina, aunque daba esas punzaditas de dolor, estaba ardiente y excitada, le gemía al oído.

-Candy... ¿crees que resistirías ser mía otra vez? Quiero estar dentro de ti... por favor...- Él apenas podía hablar, estaba tan excitado que le dolía, deseaba hundirse en ella ya, pero tenía que tomarla en consideración y no pensar sólo en él. Metió su mano dentro del bikini y acarició su sexo con dos dedos. Le sorprendió ver lo mojada que estaba, su olor se le colaba en los sentidos.

-Sí, Terry, por favor... yo también te deseo mucho...- Murmuró mientras Terry seguía acariciando su sexo, recogiendo su olor y sabor.

-¿Me deseas mucho?- Le preguntó él mientras se lamía la mano que hubo con que la había tocado ahí.

-Sí, Terry, mucho...- Respondió jadeante mientras le chupaba los dedos que él le ofrecía impregnados de su propio sabor. Se bajó su traje de baño y echó el bikini de ella hacia un lado y se clavó en su interior, con suavidad para no lastimarla. Fue tan delicioso y alucinante volver a estar dentro de ella, estaba tan húmeda tan cálida, su cara le decía que no estaba lastimándola y así colgada a su cintura seguía moviéndose, recostada su espalda de una palmera mientras la subía y bajaba, entraba y salía suavemente de ella, pero cuando escuchaba sus gemidos tenía que aumentar el ritmo y la velocidad, penetrándola más rápido y más fuerte.

-Te amo, mi amor... te amo y te deseo- Confesaba hundido en ella deliciosamente mientras ella gemía y gritaba. Se movía también, él le despertaba todos los instintos.

-Te amo más, Terry...

-Ahora quiero hacértelo de una forma que siempre he querido... todas las noches después de aquella vez.- Cargada en su cintura la llevó hasta el agua, como aquella primera vez que estuvo a punto de quitarle la inocencia, sólo que esta vez sí se cumpliría. Le deslizó el bikini por completo y lo arrojó a la arena que aún estaba cerca y caminó un poco más adentro. Ella lo abrazó fuerte con las piernas mientras él la besaba y acariciaba toda, no tardó en volver a estar en su interior. Se movía dentro de ella suavemente y cuando sus gemidos y gritos lo hacían perder la razón, aumentaba el ritmo para conseguir él más placer. Ella aún se sentía estrecha y esa sensación era divina. Entre su rica penetración y sus caricias, los espasmos llegaron a ella, contrayéndola, haciéndola jadear y gemir para finalmente estallar en su estrepitoso orgasmo.

-Te amo...- Le susurró él mientras se sostenía fuerte de su cintura y dejaba su cabeza ir para atrás por la sensación de su climax, la apretó más cada segundo que duraba toda su eyaculación dentro de ella. Estaban casi sin aire y ella podía sentir su pene palpitar en su interior mientras él se seguía corriendo.

Se quedaron abrazados largo rato, cumpliendo otro sueño. Haberla hecho suya en la playa como no había podido en aquella ocación. Para aquél entonces era su novia, ahora era su mujer, suya.

Al rato, él la sacó del agua y la secó porque la sintió temblar de frío y ya había oscurecido. Ella se puso algo cómodo y sobre la manta que él había extendido, se quedó dormida acurrucada en su cuerpo mientras él le acariciaba el pelo pensando en tantas cosas, haciendo tantos planes, como antes. Un estornudo de él la despertó de pronto, lo miró con sus ojitos desorientados y en una mejilla la marca de la mano de la que se había recostado. Simplemente adorable.

-Duerme, preciosa. Yo te cuido.- Ella obediente volvió acurrucarse como una niña, quedando dormida nuevamente.

La semana fue espectacular. Se conocieron nuevamente, se amaron intensamente durante cinco días y en muy repetidas ocaciones. Fueron más felices en esos días que en toda su vida, pero, nada dura para siempre y el deber llamaba. Tendrían que volver a casa, a la rutina y al trabajo, pero felices al fin y juntos.

-¡Candy! ¡Terry!- Lucy fue la primera en recibirlos y fue muy eufórica hacia ellos, se lanzó a los brazos de su hermano. Estaban todos presentes, aunque Stear y Archie se marcharían al día siguiente, pues habían ido luego de enterarse del secuestro de Lucy, pero tendrían que volver a Estados Unidos donde estudiaban por preferencia de ellos.

-Bienvenidos nuevamente. ¿Se acuerdan de nosotros?- Preguntó Albert burlón y Candy se sonrojó.

-Cómo olvidarlos si nunca faltan sus grandiosos comentarios.- Dijo Terry con Lucy aún en brazos mientras saludaban a todos.

-¿Y dónde lo dejaron, Candy?- Preguntó la pequeña Lucy dirigiéndose a ella, pero sin abandonar los brazos de su hermano, estaba ansiosa de él luego de una semana sin verlo.

-¿Dónde dejamos qué, linda?- Preguntó Candy con dulzura mientras todos se miraban a excepción de ella y Terry.

-Pues al bebé.- Soltó la niña mientras Candy por poco se desmaya de la impresión y Terry por poco deja caer a la pequeña de sus brazos. ¿Cómo no pensó en eso? Cinco días haciéndole el amor intensamente, en ningún momento les pasó por la mente usar protección.

-¿El... el bebé?- Le preguntó Candy nerviosa y tartamudeando mientras miraba a Terry en busca de ayuda, pero él estaba tan conmocionado como ella.

-Sí. Escuché que Albert le dijo a Stear y a Archie que seguro volverían con un bebé.- Candy volvió arder de vergüenza mientras Terry miraba a sus hermanos con ganas de matarlos mientras ellos sonreían y saludaban con la mano fingiendo inocencia.

-Tienen que tener cuenta con lo que hablan en frente de Lucy. ¡Por Dios! Es una niña.- Les recriminó Terry, aunque él le había enseñado a Lucy barbaridades peores porque la consentía a morir al igual que todos, pero su nerviosismo se debía a lo no muy lejos de la realidad que estaban.

-No me lo dijeron, pero yo los escuché.- Contestó ella muy sonriente y triunfante.

-Lucy, cariño, no trajimos a ningún bebé, no les hagas caso a tus hermanos.- Dijo Candy con dulzura y mirando con intención a todos sus traidores cuñados. Aunque en el fondo, sabía que existía esa posibilidad. No le sorprendería que Terry la hubiera embarazado luego de tantas secciones de pasión. Tampoco la asustaba, sería lo mejor que pudiera ocurrirle, pero no sabía qué pensaría Terry sobre eso y eso la preocupaba.

-Buenas tardes. Al, pasaba por aquí y los niños quisieron visitarte... espero que no te moleste que no te haya avisado...- Llegó de pronto la ex-esposa de Albert con los pequeños que fueron corriendo a sus brazos y Lucy rápido se bajó de brazos de Terry para saludarlos, olvidando por suerte el asunto del bebé.

-Claro que no me molesta, son mis hijos.- Contestó algo indignado y sonriendo por la alegría de verlos, porque dos fines de semana al mes no le eran suficientes, no luego de haber sido un padre a tiempo completo.

-Bueno, estás en tu casa. Candy y yo estamos cansados, si nos disculpan...- Dijo Terrence a su ex-cuñada y de la mano se llevaba a Candy, tenían una conversación pendiente, sin embargo...

-¿Tú y Candy?- Preguntó ella con curiosidad y sombro... hasta con cierta molestia por la forma desdeñosa en que miró a la rubia.

-Sí, Candy y yo. Ella es mi mujer ahora.- Con esa respuesta se quedó helada. Candy se puso nerviosa, esa mujer la odiaba, desde el principio y sin ninguna razón. Terry pudo sentir la incomodidad de Candy y se comenzó a molestar.

-Increíble, Terrence. No puedo creer que hayas caído tú también... y tú...- Señaló a Candy- Eres una cualquiera de lo peor, primero engatusaste al pobre viejo, lo intentaste con Albert y ahora vas tras Terry.- Todos se quedaron en shock ante toda esa acusación de la mujer, Candy ardía de rabia, pero sus lágrimas la traicionaron y fue todo lo que Terry necesitó para estallar. Soltó la mano de Candy y se acercó peligrosamente a la mujer que la insultaba.

Continuará...


¡Hola niñas lindas!

Otro capítulo que espero que les haya gustado. Bueno... sé que los celos de Terry a veces son un adorable tormento, pero... acaban de empezar y todo es un proceso, luego de esa cruel, injusta y dolorosa separación sumado al matrimonio de Candy... no es para menos que guarde ciertas dudas. Ya de por sí decidir estar con ella fue un paso gigante para una persona tan terca y orgullosa como él. Además, apenas estamos comenzando la segunda etapa de la historia y pues tienen que esperar que pasará de todo, cosas buenas y malas. Digo la segunda etapa porque mis historias constan siempre de 30 capítulos, los primeros 10 son el comienzo de todo y los conflictos, los otros diez representan las diversas situaciones luego que inicia la relación y los otros diez son los capítulos culminantes, el desenlace, aunque no sé todavía cuántos capítulos tendrá esta historia, lo que puedo asegurar es que nunca sobrepasará los 30, no me gustan los largometrajes.

Bueno... en el próximo veremos cómo reaccionará Terry ante los insultos directos hacia Candy por parte de su ex-cuñadita... y conociéndolo... ya veremos...

Gracias por sus comentarios, lindas. Que tengan una bonita tarde. Me dejan sus reviews.

Wendy