Entre el amor y el odio
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 13 A capa y espada
Terry llegó hacia a ella con una agilidad y destreza de felino, la miraba con una intensidad y una rabia que hizo que le temblara hasta el pelo.
-No se te vuelva a ocurrir en tu maldita vida volver a insultar a mi mujer y mucho menos en mi presencia.- Estaba muy cerca, su mirada seguía siendo furibunda, la tenía sujeta fuerte de un brazo.
-Si no quieres ver al mismo diablo, más vale que la dejes en paz. ¿Has entendido?- Le apretó fuerte la muñeca y la jamaqueó haciendo que casi llorara.
-¡Terry! Ya suéltala. Stear, llévate a los niños a la terraza, por favor.- Albert fue a detener a Terry, hecho también una furia y Candy estaba realmente nerviosa, no podía dejar de llorar y sentir una rabia que la recorría entera.
-Hasta que te dignas en sacar cara por mí, Albert. Yo sólo quería abrirle los ojos al idiota de tu hermano para que no cayera por ésta...- Terry volvió acercársele con más furia que la vez primera y la sujetó fuerte de los hombros, tenía unas ganas inmensas de estrangularla.
-A mi mujer la vas a respetar, si no quieres que te arrastre de esta casa. Si hay una cualquiera aquí, esa eres...
-¡Suficiente! Terry, suéltala.- El mismo Albert tuvo que quitarle a Terry de encima a la mujer porque estaba fuera de sí y la sujetaba de una manera que la lastimaba.
-Escúchame bien, Elsa. Candy es tan dueña de esta casa como nosotros, si hay alguien sobrando aquí, eres tú. No tienes ningún derecho de insultarla en su propia casa y mucho menos en frente de nosotros. Y no vengas a dar tu teatro de mujer digna porque aquí sabemos muy bien la clase de mujer que eres tú. Si te permito seguir pisando esta casa, es por mis hijos que por desgracia tuve la suerte de engendrarlos contigo.- Albert estaba furioso y le impartía miedo, aunque no llegara a lo físico como Terry, aún así era de temer, rara vez se enojaba, pero cuando lo hacía, había que correr.
-¿Preferías haberlos engendrado con Candy, Albert?- Lo pinchó y la mirada que Albert le dedicó hizo que se arrepintiera inmediatamente de su estupidez. Se le acercó de una forma bastante similar a la de Terry y la sostuvo fuerte del mentón.
-No, Elsa. Una persona íntegra respeta a la pareja de su prójimo y más si se trata de su hermano, pero algunas personas no tienen ese sentido de integridad.- Sus palabras dijeron mucho más para un buen entendedor y ella se puso realmente nerviosa.
-Haz lo que quieras, Albert. Defiéndela, piensa con la polla como hicieron todos cuando ella llegó a ésta casa...- La detuvo el bofetón que estuvo a punto de recibir por la mano de Terry si Albert no lo hubiera detenido a tiempo.- La rabia brillaba en sus ojos zafiro.
-No vale la pena, Terry. Eso haría que esta arpía ganara y ya bastante a hecho.- Le dijo Albert mirándola con un desprecio y un resentimiento palpable.
-La prefieren a ella, no hay problema. No quieren que vuelva más a esta casa, no hay problema. Pero te advierto algo, Albert... esta humillación va a costarte caro. Despídete de los niños, puede que sea la última vez que los veas.- Lo amenazó llena de veneno, una mujer tan bella por fuera y era igual de repugnante por dentro. Albert sintió ganas de vomitar al pensar que alguna vez la amó. Candy tembló de sólo imaginar que Albert no pudiera ver a sus hijos, con lo mucho que los adoraba, eso le llegó al alma porque sus propios padres no la quisieron y a esos niños que tenían un padre que los amaba, querían arrebatárselo.
-Eso lo veremos, Elsa. Ahora, por favor, lárgate de aquí, tu presencia nos da asco.- Esas palabras hicieron que sus ojos castaños ardieran de humillación y rabia. Llamó a los niños a gritos mientras miraba con odio a todos, especialmente a Candy.
-Pero no queremos irnos. Queremos quedarnos con papi.- Comenzaron a llorar, especialmente la pobre Angie que se lanzó a los brazos de Albert y él nunca se había sentido tan impotente en su vida. Elsa lo miraba con un triunfo perverso en su mirada.
-Tienen que ir con mami, mañana tienen clases. Yo los buscaré el fin de semana.- Albert los besó a ambos con los ojos llenos de lágrimas y tanto Candy como Terry y sus demás hermanos sintieron un dolor profundo en lo más hondo de su corazón.
Terry tenía a Candy abrazada, consolándola, pero la soltó un momento para acercarse a Albert.
-Al, yo no quiero que esto vaya a costarte no ver a los niños... Candy y yo podríamos mudarnos a parte para que...
-¡No! Esta es su casa y no se van de aquí a menos que sea por su propia voluntad y no por los caprichos de esa maldita mujer. Y sobre los niños no te preocupes, hermano, yo soy abogado y conozco mis derechos, ella no puede quitármelos sin razón alguna. Elsa es manipuladora y lo sabes.
-Yo... lo siento, Albert... es mi culpa, desde que yo llegué sólo...
-Candy, no vuelvas a decir eso, tú no tienes la culpa de que yo haya elegido a una bruja como esposa. Esta es tu casa, ejerce tus derechos. Además eres la mujer de mi hermano, mereces respeto. No estés por debajo de nadie.- Dijo Albert y le dio un beso en el pelo y luego se retiró a su habitación, necesitaba estar solo.
-Nosotros nos llevaremos a Lucy a comer helados.- Dijeron sabiamente Stear y Archie para que la pequeña no sospechara de la gran tensión que había en el ambiente. Se despidieron de Terry y besaron a Candy en la mejilla, le dieron un abrazo de consuelo y apoyo y Terry aunque no podía evitar ciertos celos, le daba orgullo ver lo amada y aceptada que era ella por sus hermanos.
-¿Quieres que subamos a descansar?- Le preguntó Terry a Candy una vez estuvieron solos y ella sólo asintió. Había una gran tristeza en su carita que lo conmovió y le dio más rabia. Ella estaba tan feliz hacía un rato.
-Ven.- Se la llevó cargada hasta la habitación de él y se acostó con ella entre sus piernas, recostada de su pecho y le acariciaba tiernamente el pelo.
-Terry... yo no sé qué le he hecho a esa mujer para que me odie tanto... yo nunca me metí con ella...
-Shh. Lo sé mi cielo... pero no pienses más en eso. Descansa.- Le dio un beso en la coronilla con dulzura.
-No quiero descansar, Terry. Quiero respuestas, saber por qué tanto desprecio sin motivo...- Terry respiró profundo.
-A veces, muñeca, las mujeres cuando están cerca de otras mujeres hermosas se sienten amenazadas o desplazadas. Cuando tú llegaste aquí, tan hermosa y joven, casada con... con él, ella sólo pensó que eras una arribista igual que ella, siendo tú más joven que nosotros mismos, le nació esa rabia y esa preocupación de que Albert o yo pudieramos caer en la tentación de tenerte como le pasó al viejo.
-Pero si yo nunca me insinué y rara vez salía de la habitación... evitaba todo contacto con...
-Lo sé, Candy... pero el ladrón juzga por su condición. La interesada, oportunista y ramera es ella.- Él la apretó más fuerte en sus brazos luego de haberle dicho eso, como apreciando la diferencia entre su ángel y esa arpía.
-¿Y se divorciaron por mi culpa?- Preguntó ella con temor.
-No, Candy. El asunto tuyo les trajo ciertas discusiones, pero al final no fue por ti. Elsa nunca fue una mujer de fiar, nunca sentí que estuviera realmente enamorada de mi hermano, rara vez tenía un gesto cariñoso o amable con él, pero Albert la amaba y se cegó por ella, no veía esos defectos porque se deslumbró con su belleza y su actitud inaccesible le llamó la atención y lo hechizó, o al menos eso dice él. El caso es que ella... digamos que llegó a serle infiel.- Candy dio un respingo de sorpresa y sintió una punzada de dolor por Albert ante esa revelación.
-¿Lo engañó?
-Sí y dudo mucho que haya sido sólo esa vez. Albert se volvió loco, fue un golpe muy duro. Yo mismo quise matarla al ver como sufría mi hermano. Yo se lo advertí muchas veces, esa mujer no tenía escrúpulos ni moral, pero él estaba ciego. Elsa era tan descarada que...- No supo si decírselo y se quedó a medias.
-¿Tan descarada que...?- Lo instó a continuar Candy, su sexto sentido le advertía lo que vendría.
-Se me insinuó varias veces. Era insistente... al principio era de un modo sutil... mientras mi hermano dormía ella se me aparecía en la cocina por casualidad, en ropas de dormir ya sabes... y situaciones parecidas... luego llegó un momento que lo hacía directamente, sin remordimiento alguno. Tenía que quitármela de encima como una telaraña...
-Terry... ¿Tú y ella...?- No se atrevía a formular la pregunta, tenía miedo de la respuesta.
-¡Nunca! Yo amo a mi hermano, Candy, a todos mis hermanos. Jamás en la vida lo traicionaría y menos por una puta como Elsa.- Candy se estremeció con ese adjetivo, Terry no acostumbraba hablar así, al menos no en frente de ella, pero se podía ver la rabia el dolor en sus ojos.
-Pero, Terry... si ella engañó a Albert... ¿Por qué no puso Albert la demanda del divorcio por adulterio y se quedó con la custodia de los niños?- Su pregunta tenía bastante lógica, ella era inteligente y sagaz, eso le gustó a Terry.
-Lo que pasa es, mi amor, que Albert es un hombre de familia, tiene un gran corazón y ama a sus hijos más que a nada en el mundo. Poner un divorcio por adulterio era un proceso bastante largo, todos saldrían afectados,especialmente los niños y él no quiso denigrar la imagen de su madre ante ellos, puso el divorcio por mutuo acuerdo para evitarles ese trauma a los pequeños.- Evidentemente Albert era un gran hombre, le dolió que haya tenido la suerte de cruzarse con Elsa.
-¿Y cómo fue que al final en el divorcio el adúltero resultó ser Albert?- Terry respiró profundo nuevamente, esa respuesta era otro mal sabor y su odio hacia su ex-cuñada creció más.
-En lo que se procesaba el divorcio, ellos estaban separados legalmente, ella dejó de vivir aquí porque por el testamento de nuestro padre, la casa era nuestra mucho antes de que ella llegara a nuestras vidas, el cónyugue no tiene derechos sobre propiedades obtenidas antes del matrimonio, así que Albert le costeó un apartamento para que ella viviera con los niños. Estando separados y en lo que el divorcio se procesaba, Albert conoció a una chica, comenzaron a salir y se enamoraron, era muy linda y se veía buena persona...
-¿Resultó ser otra arpía?- Preguntó Candy con dolor y desilusión.
-No, se querían y ella era, como te digo, la mujer pefecta para mi hermano, llegué a conocerla. Cuando iniciaron la relación, Elsa se enteró. El divorcio no había salido, aunque estuvieran separados, mientras no termine el proceso de divorcio, seguían casados legalmente...
-¿Y que pasó?- Volvió a preguntar alarmada.
-Elsa lo comenzó a seguir, reunió evidencia y al final fue ella la que puso el divorcio por adulterio. Pudo obtener una muy buena cantidad de dinero y la custodia completa de los niños. Fue toda una batalla legal para que al menos pudiera tenerlos dos fines de semana al mes. Nunca, Candy, vi a mi hermano derrumbarse de esa manera. Lo vi llorar, sufrir como nunca y de alguna manera eso también hizo profundizar mi odio hacia ti... pensé que eras igual a ella, que sólo querías la oportunidad perfecta para sacar las garras.
Candy se estremeció en sus brazos y él pudo sentirlo.
-Yo jamás...
-No tienes que decirlo, Candy. Yo lo sé. Tú eres un ángel, me ha quedado claro, esa mujer no tiene comparación contigo. No te llegaría ni a los tobillos y ahora me doy cuenta. Tú no te pareces a nadie en este mundo, Candy.- La besó con mucha ternura y abrazó su cintura, quedándose ambos en silencio, pensativos, pero sin perder el contacto y el calor que les producía estar en brazos del otro.
-Terry...
-Dime, mi amor.- Ella respiró profundo para tomar valor y sacar el tema a relucir.
-Me he puesto a pensar... en ningún momento nos cuidamos... ¿estás conciente de que tal vez me hayas embarazado?- Lo soltó al fin muerta de nervios y él también se puso algo nervioso.
-Sí, lo he pensado. Fui un poco irresponsable con eso, al menos debí tomarte en cuenta antes de...¿estás arrepentida?
-No, para nada, Terry. Han sido los mejores días de toda mi vida. No los cambiaría por nada del mundo. Sólo es que... si resultara embarazada... ¿tú vas a querer al bebé?- Preguntó con miedo al recordar un suceso trágico con su madre que la hizo sacudir la cabeza varias veces para borrar ese mal recuerdo. Terry se sentó y la colocó a ella en su regazo frente a él. Le quitó el vestido por encima de la cabeza y se quedó contemplándola.
-Candy, yo quiero todo de ti.- Con ternura y devoción la comenzó a besar, desde el rostro hasta los labios, en el cuello, sus pechos y se detuvo en su vientre plano, que siempre le había parecido hermoso al igual que su ombligo. Se lo comenzó a besar con una dulzura infinita que casi la hace llorar. Le seguía besando el vientre y se lo acariciaba con ambas manos, con adoración.
-Nada me gustaría más en este mundo que tener un hijo contigo. Lo llegué a imaginar muchas veces. En mis sueños de una vida contigo. Te imaginé siendo mi esposa... imaginé muchas veces tu vientre lleno, cargando en él a mi hijo. Nosotros somos hombres de familia, Candy. No tienes que preguntarme si voy a querer a mi propio bebé y mucho menos si viene de ti.- Volvió a besarla mientras la seguía acariciando completa, la sentó a horcajadas sobre él mientras sus manos la recorrían, amándola, memorizándola entera. Ella pudo sentir que él estaba excitado, siempre lo estaba ante ella.
-Te amo, Terry. Quiero tener a tu hijo.- Le susurró con puro amor y los sentimientos de él hacia ella crecieron mucho más en ese momento. Le besó el cuello y le lamió una oreja porque eso lo estremecía y lo hacía gemir roncamente. Comenzó a besar y acariciar los pechos de ella, acariciaba deliberadamente sus pezones, estimulándolos y excitándolos, y envolviéndolo con sus dulces gemidos. Se fue deslizando el pantalón y los calzoncillos hasta que se deshizo de ellos y suavemente entró en ella. Estaba siempre mojada para él, ansiosa de ser suya. Se movió suave y ritmicamente en su interior sin abandonar las caricias y los besos. Ella se movía deliciosamente sobre él. La manera en que estaban haciendo el amor era diferente, muy dulce, muy tierna, sin arrebatos, como un cariño, un consuelo. Una misma caricia.
-Dame todo de ti, Candy. Dame un hijo.- La besó ardientemente y la penetró un poco más fuerte haciéndola gritar de tanto placer, de tanto deseo, tanta dicha y tanto amor.
-Dame todo lo que necesito de ti para poder tener a tu bebé.- Se movió de una manera sobre él tan desorbitante que nunca lo había hecho, ella tenía instinto, una pasión tan grande como la de él que compensaba su inexperiencia y lo hacía enloquecer. Pasaba sus manos desde su fina cintura y las bajaba hasta sus nalgas mientras ella lo montaba ávidamente, enloqueciéndolo con sus gritos y gemidos. La penetró tan fuerte que ella llegó al orgasmo sin presentirlo y él la apretó con mucha fuerza de las nalgas para descargarse por completo en su interior. Sus respiraciones estaban bastante agitadas, Candy seguía a horcajadas sobre él, con la cabeza recostada a su pecho para tomar aire, los cuerpos de ellos subían y bajaban por la fuerza de su respiración. Estaban sudados y completamente satisfechos.
-Te amo, Candy. Ésta vez sí le haré caso a Albert.
-No te entiendo, Terry... ¿hacerle caso en qué?
-En fijar la fecha de la boda. Te quiero conmigo, para siempre.
La besó nuevamente y luego fueron a bañarse. Terry le hizo el amor en la ducha nuevamente. Estaban felices y radiantes. Ella volvió a ponerse la playera de Terry y se recostó nuevamente a su lado, sintiendo sus fuertes brazos rodeando su cuerpo.
-Candy... ¿por qué pensaste que yo no iba a aquerer a mi bebé?
-Pues... sé que no habíamos planificado nada... y en caso de que yo estuviera embarazada... no sabía cómo ibas a tomarlo porque a penas estamos empezando y yo sé que tú aún tienes tus dudas sobre mí...
-Ya no las tengo, Candy. Estoy más seguro que nunca de que te quiero en mi vida, quiero la vida contigo que tanto esperé y no pienso esperar más. Por eso quiero todo, no voy a esperar por nada, quiero que seas mi esposa como siempre debió haber sido y pienso hacerte el amor todos los días y todas las noches hasta asegurarme que esperas a mi hijo.- Le besó el pelo y con cariño siguió acariciándole el vientre por dentro de la playera.
-Terry... ahora que estamos juntos... que quieres una vida junto a mí y si Dios lo permite... pronto pueda darte un bebé... quiero que todo esté claro entre nosotros. Quiero que sepas la razón por la que me casé con...
Continuará...
¡Hola niñas!
Aquí otro capítulo con mucho amor para ustedes. Espero que lo disfruten y me lo dejen saber con sus reviews.
Las quiero, preciosas.
Wendy
