Entre el amor y el odio
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 14 Descubriendo el dolor
El momento de la verdad había llegado. Candy estaba dispuesta a revelarle lo que la llevó a tomar esa medida desesperada, la única salida en medio del infierno que estaba pasando. Respiró profundo para armarse de valor, había imaginado el momento preciso tantas veces y ahora que había llegado, no era lo mismo, las palabras no querían fluir y un nudo en su garganta la apedazaba.
-Te escucho, cielo. Pero respira, tómalo con calma. Yo no estoy exigiéndote nada, mi amor. Sea cual sea la razón, sé, ahora entiendo que sólo estabas sobreviviendo. Continúa si quieres, pero sabes que no es necesario que me lo expliques.- La apretaba fuerte, con ternura y ella tenía los ojos aguados, no era fácil remover recuerdos tan dolorosos.
-Tengo que hacerlo, Terry. Sé que esa espinita vivirá siempre contigo si no la saco. Déjame continuar porque tal vez después no logre reunir el valor.
-Adelante, entonces, preciosa.- La alentó a seguir sin que sus fuertes brazos la abandonaran en ningún momento.
-Bruma... sabes que no quisiera dejarte nunca y menos en tu casa... yo no confío en ese hombre. Yo... quisiera hablar con tus padres.- Le decía Terry en el camino de vuelta a su casa luego de ese increíble e inolvidable fin de semana.
-¿Hablar con ellos? No... Terry, mejor no... ellos...- Se puso muy nerviosa, asustada, sabía que sus padres no eran seres razonables y se moriría de vergüenza de sólo pensar en presentárselos a Terry.
-No tengas miedo, mi amor. Quiero hablar con ellos porque pienso llevarte conmigo. Quiero sacarte de ese lugar, de esa casa. Te quiero conmigo, Bruma. Yo puedo cuidarte y darte todo lo que te mereces, no te hará falta nada.- Tomó su mano libre mientras conducía y se la besó, vio como el brazalete que le había regalado se corrió más arriba de su muñeca.
-¿Voy a vivir contigo?- Preguntó con los ojos grandes y llenitos de sorpresa, pero más que eso, una emoción y una ilusión profunda. No porque se haya deslumbrado por todo lo que Terry podría ofrecerle, sino porque sabía que sería feliz, porque él le había dado más amor en el poco tiempo que se conocían que en toda su vida.
-Sí, Bruma. Quiero que vivas conmigo. Eres mía, ¿lo recuerdas?- Le sonrió con dulzura y ella le devolvió la sonrisa. Pensó que con toda la magia de ese fin de semana lo seguiría hasta el fin del mundo. Cualquier lugar sería un paraíso comparado con su casa.
-Está bien, Terrence, me voy contigo, pero... habla con ellos mañana, en una hora más apropiada... hoy en la noche y si me ven llegar luego de haber desaparecido tres días... creo que no sería un buen momento.- Contestó mostrando algo de miedo, pero por dentro guardaba más miedo aún de sólo pensar en todo lo que le podrían hacer si se enteraban que pasó un fin de semana sola con él en su yate.
-Tienes razón, hoy no sería un buen momento. Pero mañana estaré ahí y no habrá vuelta atrás. Voy a llevarte conmigo sí o sí.- Sentenció seriamente, no dando lugar a dudas ni a réplicas.
-Terry... si vivo contigo... ¿podré estudiar y trabajar?- Preguntó con cautela, pues por alguna razón había imaginado que tal vez él la querría en casa todo el tiempo para él, en el fondo no creía que fuera así, pero el único ejemplo que tenía era el de su madre y no podía evitar la comparación.
-Trabajar no será necesario, mi amor. Yo puedo darte todo. En estudiar tienes todo mi apoyo al cien por ciento. Yo quiero ayudarte a cumplas tus sueños y metas, quiero que te superes, no quiero estancarte más ni convertirte en un cero a la izquierda. De hecho... me pregunto por qué no estás estudiando en estos momentos... el gobierno da becas a los alumnos de pocos recursos...
-Sí, pero eso se hace de acuerdo a los informes de contribuciones de mis padres y ellos... bueno, sólo trabaja mi padrastro, pero no quiere darme la mano para que yo estudie...
-¿Por qué?- Preguntó Terry alzando la voz y evidentemente molesto.
-Dice que es una pérdida de tiempo, que yo no tengo cabeza para los estudios y que soy más inútil que la quijada de arriba...- Soltó con vergüenza y en sus ojos brillaba la humillación, en los de Terry, la rabia.
-Para solicitar la beca por mi cuenta o un préstamo estudiantil, tengo que ser mayor de veintiún años o estar legalmente casada o emancipada.- Entonces Terry vio que ella estaba realmente atada. La mayoría de edad se hacía oficial a los veintiuno para muchas cosas, a los dieciocho aún no eres nadie.
-No te preocupes, mi amor. Muy pronto todo eso va a cambiar.- Le dio un beso para calmarla y darle confianza, pero sobre todo, para calmar él la rabia que sentía por toda la injusticia que ella vivía. Necesitaba sacarla de ahí, ella era fuerte, se había dado cuenta, pero si no la rescataba a tiempo, podía quebrarse en cualquier momento.
-Ya llegamos, bebé. Parece que no hay nadie... ¿quieres que te acompañe en lo que llegan tus papás?- La abrazaba, alargando el momento en que finalmente tendría que dejarla.
-No, Terry, te digo que será peor. Ve a casa, sé que debes estar muy agotado igual que yo.- Ella bostezó y él contagiado hizo lo mismo, estaban agotados.
-Está bien, Bruma. Por favor, si sucede cualquier cosa, llámame. No importa la hora ni el momento, yo vendré por ti.- Le besó los labios y el rostro entero.
-Gracias, Terry, te llamaré.- Se bajó ya dispuesta a entrar a su casa, pero él le retuvo la mano.
-Bruma. Te amo. Ten presente eso.- Ella se quedó paralizada por segundos. No sólo era el primer hombre que le decía que la amaba, era la primera persona en el mundo que se lo había dicho.
-Yo... yo también te amo.- Sonrió con timidez y con la cara roja.
-Me llamo Candy.- Le soltó y le sonrió nuevamente.
-Yo sabía que debías tener un nombre muy dulce. Me encanta, Candy.- Se despidió sonriendo, al menos sabía su nombre aunque no le hubiera dicho su apellido. Se alejó cuando vio que por fin entró a casa.
-¿Dónde has estado, putilla?- A penas había cerrado la puerta cuando se topó con la figura furiosa de su madre y tembló completa.
-Yo.. estuve con unas amigas... me invitaron a...
-¿Amigas? ¿Tú piensas que yo soy idiota, mocosa de mierda? Sé muy que sales todos los días a revolcarte con el ricachón.- Le gritó asustándola mientras el gordo de su padrastro observaba todo a distancia, con su mirada malévola y lasciva.
-No, mamá, no es así. Terrence es un buen muchacho... él me respeta e incluso quiere venir hablar con...
-¿Te respeta? Jajajaja. Te respeta tanto que te largaste con él tres días. Te usó como su perra todo un fin de semana, linda... ¿crees que tu caballero vendrá por ti luego de que ya le diste el culo?- Candy estaba horrorizada. A pesar de haber vivido toda la vida con su madre, no se acoplaba a sus palabrotas y a su insensibilidad.
-Y eres tan estúpida que te convenció con peluchitos y tonterías...-Miró con burla y desprecio al oso que Candy tenía en brazos, el que Terry le había regalado y que valía oro para ella.
-Me lo regaló por mi cumpleaños, mamá... fue hace tres días...- Expresó con dolor, su madre ni en ese día mostraba algo de afecto o compación por ella, al menos por tradición o apariencias.
-Y como cumplías años aquí debíamos esperarte con un premio, ¿no?- Espetó con cinismo.
-No mamá, no espero nada. Sólo pretendo que me escuches, que te sientes conmigo... para hablarte de Terrence... de sus planes... te va agradar él, mamá, en serio...
-¡Aterriza, niña! ¡Aterriza! Ese no volverá a pasarse por aquí. No seas tan imbécil de creer que volverá por ti. Te echó un polvo y te lo pagó con este idiota muñeco.
-No, mamá. No, por favor... no lo destruyas...- Vio con horror como Eliza le destrozaba el peluche sin ninguna contemplación, con una furia y una maldad en la mirada que la escocía. El relleno de lo que fue un hermoso oso se esparcía por todas partes y Candy sintió que cada peluza que volaba por los aires era un pedazo de su corazón, por tonto que pareciera.
-¿Por qué me haces ésto? ¿Por qué eres tan cruel conmigo?- Le gritó con dolor y furia, sus ojos verdes centelleaban.
-¡Cállate!- La abofeteó y al halarla por la muñeca le rompió el brazalete que le había dado Terry, las anillas y medallitas que le colgaban se perdieron debajo de todos los muebles, sólo alcanzó a recuperar la zapatillita dorada.
-Te odio, mamá. ¡Te odio!- Le gritó en llanto, presa de un dolor indescriptible. Se alejó y sacó el celular para marcarle a Terry.
-¿Qué piensas que harás? ¿Vas acusarnos con tu príncipe azúl?- Esa vez se le acercó su padrastro y ella sintió un pavor horrible. Le costaba lidiar con la fuerza de su madre, cuando se trataba de él, era vulnerable e indefensa.
-No te me acerques o te juro que...
-¿Qué vas hacer?- La retó él y quitándole el aparato de las manos, lo hizo añicos contra el suelo.
-Ahora tu caballero no vendrá por ti, Cenicienta. Dieron las doce para ti.- Sonrió con burla. Pero ella no se quedaría ahí para ver cómo terminaban de hacerla pedazos. Se dirigió a la puerta. Pediría cualquier teléfono prestado y se comunicaría con Terry, afortunadamente se había aprendido su número de memoria. Fue a casa de su única amiga, que al verla en ese estado ni siquiera la cuestionó, sabía bien todo lo que pasaba Candy en su casa y además, los gritos de la discusión había llegado a oídos de la mitad del barrio.
-¡Contesta! ¡Dios! ¿Dónde estás, Terry?- Desesperada, había marcado más de diez veces y no pudo conseguir a Terry.
-Quizás está dormido, Candy. Puedes quedarte aquí en casa... y lo llamas mañana.- Dijo su amiga Andrea, con dulzura, era mayor que Candy, unos veinticinco años, pero era su única amiga, la que la ayudaba muchas veces, aconsejaba y hasta le daba un plato de comida cuando era necesario. Su manera de conseguir dinero no era muy legal e íntegra, pero tenía un buen corazón y siempre estaba dispuesta ayudar.
-Gracias, Andy.
Candy duró una semana en casa de su amiga, nunca pudo contactar a Terry. En la casa también vivían los padres de Andrea y nunca vieron a Candy con buen agrado, era evidente el disgusto de tenerla en casa, así que una noche, Candy, resignada, dolida y convencida de que tal vez su madre tenía razón y Terry jamás volvería con ella, volvió a casa...
-Cuando regresé, Terry...- Candy no pudo seguir contándole los sucesos a Terry. El llanto intervino apagándole la voz, reviviendo el dolor.
-Perdóname, Terry... no puedo continuar... no puedo... lo siento.- Se aferró a él con fuerza mientras su llanto fluía a borbotones.
-No te preocupes, mi amor. Me cuentas cuando estés lista si así lo deseas. Ahora cálmate, cariño. Sabes bien que yo no voy a exigirte explicaciones. Si lo hago, eso significa que no te he perdonado y no es así. Olvida todo lo que pasó, yo estoy aquí contigo y nunca dejaré que te lastimen, cielo. Nadie te hará daño mientras yo viva.- La abrazaba, la acariciaba y besaba con ternura y devoción.
-Candy... lo que voy a decirte, no me lo tomes a mal, es una sugerencia por tu bien... me gustaría que hablaras con un psicólogo. Quiero ayudarte... tal vez algunas terapias te ayuden a superarlo hasta que puedas hablar de ello... ¿Qué piensas?- Ella asintió porque no tenía fuerzas para hablar. Estaba experimentando el dolor en carne viva nuevamente.
-Maldigo el momento que tuve el accidente... de no haber sido por eso, nada de esto hubiera pasado...- Decía Terry con frustración.
-Ahora comprendo por qué no contestaste mis llamadas... por qué no fuiste a verme... perdóname, ángel. No estuve para ti cuando me necesitaste...
-No digas eso, Terry. Fuimos víctimas de las circunstancias.
-Tal vez tienes razón, muñeca. Pero ahora, quiero que te laves la carita y me sonrías. Ya todo pasó y estás aquí conmigo, no soporto verte triste.
Ella fue al baño y como él dijo, se lavó el rostro y se lo secó, fue hacia él con su expresión de niña, provocándole una inmensa ternura.
-Ahora sonríeme, ¿sí?- Le estiró ambas mejillas haciendo que sonriera involuntariamente, con sus dientes blanquitos y en perfecta simetría.
-Así está mejor. Además, no creo que el bebé quiera una mami triste. Tienes que estar feliz para que haya bebé pronto.- La sentó en su regazo y acarició con ilusión el vientre de su mujer.
-Terry... creo que sería buena idea si nos casamos primero...
-¿Crees que no lo he pensado? Usted ya está condenada a pasar conmigo el resto de sus días, así que vaya apurándose en elegir una fecha. Que yo me apuro en hacerle el bebé.- Ella sonrió, hacía tanto que no se sentía tan feliz y completa.
-¿Crees que me veré linda, Terry?
-Tú siempre has sido preciosa, mi amor. ¿Por qué preguntas?
-Me refiero a si crees que me veré linda embarazada...
-Por supuesto que te verás hermosa, mi amor. Eso vamos a comprobarlo muy pronto.
-A veces me pongo a pensar... ¿no será demasiado pronto? La gente...- Terry la apretó contra él y le besó el cuello.
-¡Al diablo la gente! Hemos esperado demasiado para ser felices. No pienses en la gente, mi amor, piensa en nosotros. Estar contigo y que tengamos un bebé me hace mucha ilusión.
-Es verdad... yo estaré encantada de llevar en mi vientre a tu bebé. Nada me gustaría más, un niño igualito a ti. Lo consentiría a morir.
-Estoy seguro de que sí. Serás una buena mami. Sólo no te olvides de mí.- Eso lo dijo de verdad, hasta un poco serio, él se lo pensaba hasta para compartirla con sus propios hijos.
-Y sobre todo que herede esos celos y esa arrogancia.- Comentó ella con ironía y con una sonrisa travieza.
-No estoy celoso de mi hijo.- Respondió serio y con arrogancia, ella sonrió nuevamente, él también era adorable cuando quería.
Finalmente se quedaron dormidos abrazados. Fue un sueño plácido y tranquilo. No hubo las pesadillas que solían invadirlos a ambos, las que desnudaban sus traumas y sus miedos más atroces. Ella dormía segura en sus brazos y él se dejaba arrullar como un niño. Decía que dormía con un ángel y por eso los sueños malos no lo alcanzaban. El abrazo de Terry era posesivo, pero en su opinión, era que estaba "cuidándola".
La mañana llegó y Candy vio que eran casi las diez. Se habían quedado profundamente dormidos luego de un día tan agotador y con tantos sucesos. Estiró el brazo para tocar a Terry, al que sentía que su piel era más suave que nunca. Demasiado suave, así que se giró a su lado y abrió bien los los ojos. Había alguien en su cama, a su lado, pero no era Terry.
-Terry... murmuró con los ojos aguados y con una sonrisa hermosa de la que Terry no pudo ser testigo. Junto a ella, había un oso de peluche grande y hermoso, igual al que le hubo regalado aquella vez, pero ese era más especial. Estaba vestido de gala, con smokin y un enorme sobre encima del ramo de rosas rojas que portaba. Lo abrió con manos temblorosas, era un papel grande con unas palabras impresas en letra elegante y cursiva: Cásate conmigo. Se sorprendió y tuvo que retener el llanto y la emoción porque lo único que quería era gritar de alegría. Entonces reparó en el ramo de rosas, lo olió y algo metálico y frio rozó la bunta de su nariz. El anillo. Un hermoso aro de oro con un zafiro, dentro del aro también había algo inscrito: Eternamente mía. En ese momento no refrenó sus lágrimas, tanta alegría no se podía contener.
Llena de ánimo, se metió a bañar, tenía que presentarse a trabajar. Había varios libretos y guiones por realizar, mucho trabajo atrazado, pero ella tenía una paz interior que nada podría derrumbar. Salió de la ducha y eligió su vestuario. Una minifalda negra de poliester a medio muslo y una blusa crema sin mangas de seda, transparente con un elegante cuello y diseño en relieve que formaba una línea vertical y centralizada desde el pecho hasta el borde, iba por dentro y se calzó unos tacones también color crema. Se dejó el pelo que le llegaba a las caderas suelto, pero acondicionó los rizos en definidas ondas con gel. Se maquilló impecablemente, se puso sus aretes y cadena de delfín que por ser de oro y bastante discretos, no se veían mal con su atuendo ni desentonaba con su anillo de compromiso, el cual se puso con una enorme sonrisa.
Se dirigió al trabajo, reía sola en el camino. Su alegría era inmensa, tanto que era imposible disimularla.
-¡Candy! Pensé que te habías tomado muy en serio lo de trabajar desde tu casa. Dichosos los ojos que te ven.- Saludó alegremente Annie y hasta le dio un abrazo.
-Nada de eso, Ann. Me quedo aquí. Por cierto... ¿has visto a Terry?
-¿Su Majestad Grandchester? Sí, está en la sala de juntas. Y parece que fue raptado por estraterrestres porque llegó sonriendo y casi abrazando a todo el mundo. Imagínate que le dijo a Susana que estaba guapa y más delgada.- Candy soltó una risita que despertó la sospecha de Annie.
-Candy... ¿No será que ustedes...? ¡No! ¡Cuenta! ¡Vamos!- Annie no podía disimular su sorpresa ni su emoción, o sus ganas de chismosear, Candy le había dado la excusa perfecta.
-Pues... decidimos hablar... nos dimos una oportunidad... y ahora...- Le enseñó la mano para que viera el brillante anillo en su dedo anular.
-¡Oh Dios! Creo que moriré hoy.
-Ya, Annie, no seas payasa. No es para tanto.
-¿A qué debemos tanta alegría, chicas?- Se giraron de frente ambas mujeres para encarar a la voz que había llegado.
-Neil...- Murmuró Candy un poco nerviosa. Recordó de pronto todo el asunto de las llamadas, "el cortejo" y los celos de Terry.
-Hola, Candy. Al fin tengo la dicha de verte luego de tanto tiempo. Te ves hermosa. ¿Cómo estás?- Preguntó con su sonrisa y su galantería habitual, iba con su hijo Tommy que también le sonreía dulcemente. Antes de que Candy pensara su respuesta, él le besaba ambas manos sin percartarse del anillo. Annie comenzó a carraspear exageradamente para avisar de la furia que se avecinaba en el cuerpo de quien había regalado el anillo, demasiado tarde al parecer.
-Buenos días.- Dijo Terry con educación, pero alzando la voz más de lo necesario y miraba tanto a Candy como a Neil de una forma que daba miedo. Tal vez no hizo una escena porque venía acompañado.
-Candice, Annie, él es el señor George Johnsson, dueño de la cadena de tiendas Just for men...
-Mucho gusto, señor Johnsson. Candice White.- Se presentó nerviosa dando su apellido de soltera, siempre lo hacía, sobre todo desde que enviudó y más en presencia de Terry que seguía mirándola con furia contenida al igual que a Neil y Annie se dio cuenta de todo, también estaba tensa.
-Y yo soy Tommy Leagan, y él es mi papá, Neil Leagan. Muy pronto se va a casar con la señorita Candy y será mi mamá, ¿verdad, papi?- Soltó el hijo Neil haciendo que éste se sonrojara hasta la ropa, Candy por poco se desmaya, Annie estuvo a punto de perder sus globos oculares por el asombro y Terry...
Continuará...
¡Hola niñas lindas!
Espero que hayan disfrutado este capítulo, estuvo un poco fuerte, sí. Poco a poco se está descubriendo la verdad y los motivos para el casamiento de Candy como única vía de escape, pero aún falta para que lleguemos ahí, hay muchos capítulos que tenemos que abarcar antes de llegar a esa conclución, recuerden que el misterio es parte de esta historia, este fic es así, el suspenso se mantendrá casi hasta el final, los recuerdos irán revelando la verdad periódicamente.
Quiero agradecer por todos sus reviews a:
anaalondra28- Anneth White- Guest- Wendy- Katty White- candy667- Dali- Nerckka- Laura Grandchester- Ivonne Saldaa- Amy C.L- CONNY DE G- prisiterry- Nathy- Rose Grandchester- Betk Grandchester- marla88- Zafiro Azul Cielo 1313- Maggy de Andrew- anieram 1- WISAL- Silvia E- Comoaguaparachocolate- maria 1972- ladygmimi- bettysuazo- dulce maria- ginaa- ana karenina- Shareli Grandchester
Si se me quedó alguna, favor disculpar, cuenta que leí todos los reviews.
Notas mías:
Wendy: (Tocaya) Te llamas Wendolyn y te dicen "Wendy" jejeje ¿Sabes qué? Yo me llamo Wendy y me dicen "Wendolyn" ¡Ironías! Gracias por tu review, preciosa.
Anneth White: Pues sí, esta historia tiene algunos momentos fuertes, pero es la realidad de muchas personas abusadas, esta es una historia diferente con un protagónico antagónico, ha sido un trabajo diferente, nuevos retos y proyectos que me he trazado, tengo que ser versátil ya que pienso algún día dedicarme a esto. Agradezco mucho tus reviews y que a pesar de la impresión por las escenas fuertes hayas decidido seguir leyéndome, gracias por el voto de confianza, amiga.
candy667: Hola, amiga, me alegro que te hayan gustado mis historias y que me estés siguiendo en ella. Sobre la historia que mencionaste que te gustaría leer de Candy y Terry, déjame decirte que la tengo en mente, es la que realizaré luego de esta ya que me ha han pedido anteriormente, a pesar que no soy una escritora épica, (me gustan las historias épicas) pero no son mi especialidad, aún así he aceptado el reto porque mis lectoras se lo merecen. Un beso cálido a Venezuela, me encantan los venezolanos (aunque nunca pude cazar uno) jejeje. Hasta pronto, preciosa.
anieram: Me agradan tus reviews, no sé, cuando los dejas imagino tu voz dando los avances de mi historia en la radio, suena así en mi loca imaginación por la forma en que escribes. Gracias, querida y besos desde Puerto Rico.
Ahora sí me despido, buenas tardes y buen provecho para las que estén almorzando. (Es mediodía aquí en Puerto Rico)
Wendy
