Entre el amor y el odio
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 15 Pareja alfa
Todos fueron testigos de cómo los ojos de Terrence Grandchester brillaron de rabia y más aún porque estaba conteniéndola. Porque estaba ante un cliente, debía ser ético y porque estaba haciendo su mejor esfuerzo para no hacer quedar mal a Candy, que aunque no podía y tal vez nunca podría dominar sus celos, sabía que era suya, pero la espina seguía ahí, enconada en lo más hondo de su ser y de su ego masculino. Candy se sentía nerviosa y hasta con cierta compación por el niño, le hacía falta una figura materna y la vio en ella desde que salieran al cine aquella vez. Sería doloroso romperle las ilusiones, sólo tenía siete años, no había doble intención en sus palabras, sólo que al igual que Lucy, tenía picardía y una imaginación bastante dotada.
-Tommy, cariño, ven aquí.- Lo llamó Candy y el niño se le acercó muy contento, lo que hizo que a Candy le costara más lo que iba a decirle.
-Tu papi y yo no vamos a casarnos, sólo somos amigos, ustedes dos son mis amigos, somos como tú y Lucy...
-Pero yo quiero que te cases con él, eres muy linda y buena.- Con esas palabras a ella se le aguaron los ojos, no sabía cómo romperle el corazón, hasta el mismo Terry a pesar de su furia se conmovió, Neil sentía una opresión en el pecho por su hijo, nunca imaginó que expresaría sus deseos abiertamente y en frente de todos.
-Me siento feliz de que te gustaría tener una mami como yo, Tommy. Pero no puedo ser tu mami, cariño. Yo ya estoy comprometida.- La mirada de Terry se tornó algo triunfante, aunque su coraje seguía ahí. A Neil le cayó un balde de agua fría y se le desencajó el rostro.
-¿Qué es comprometida?- Preguntó Tommy confuso.
-Que me voy a casar, cielo, estoy prometida a alguien más y por eso no puedo casarme con tu papá ni ser tu mamá, pero sí podemos seguir siendo amigos los tres, ¿te parece?- El niño asintió con tristeza y ella le dejó un beso en ambas mejillas. Neil se acercó por el niño para consolarlo, aunque él necesitaría más consuelo.
El señor Johnsson se despidió cortés y discretamente al ver la peculiar situación y Annie seguía sin palabras y conmocionada. Terry disfrutó la cara de Neil por la noticia, aunque le conmovía el niño, entendía que cualquiera que pasara cinco minutos con Candy la querría a su lado para siempre, él podía dar fe de eso.
-Candy... yo lamento esta penosa confución. Tommy es un niño con la imaginación un poco elevada, discúlpalo.
-No hay nada que perdonar, Neil. Vivo con Lucy y créeme que su imaganicación es mucho más intensa que la de Tommy.- Ella le sonrió con amabilidad y Neil le devolvió la sonrisa, anque la suya estaba cargada de tristeza y decepción.
-Lamento si te incomodé de alguna manera, Candy. No sabía que estabas comprometida. Aún así espero seguir contando con tu amistad y deseo de todo corazón que seas feliz y que el afortunado sepa valorarte y te trate como la princesa que eres. Le dio otro beso más sutil en una mano para despedirse y entonces Terry ya no pudo resistirse más.
-Agradezco tu preocupación, Neil, puedes quedarte tranquilo. Yo haré a Candy muy feliz.- Dijo Terry abrazándola de pronto por la cintura posesivamente y dejándole un beso en la mejilla. La cara que puso Neil valía un millón, de todos los hombres no imaginó que fuera Terry el privilegiado. Fue testigo de cómo aborrecía a Candy, la vida da sorpresas.
-Te felicito, Grandchester. Es una gran mujer. Sólo hazla feliz, se lo merece.- Y sin más nada, Neil se despidió de todos, estrechando la mano de Terry. Luego que se fue, Candy se giró para quedar frente a Terry.
-Terry, quería decirte que me encan...
-Te espero en mi oficina en diez minutos.- La interrumpió y más bien le dio una orden. Sin duda había nacido para ser jefe, no había quién dijera lo contrario.
-Es que yo pensaba ponerme a trabajar con el...
-En mi oficina en diez minutos.- Fue tajante y soltándola, se fue alante mientras ella se quedó junto a Annie presa de la rabia y el coraje. Quería comentarle sobre su precioso detalle del anillo, pero él con su testarudez le cortó toda la inspiración.
-Yo estaba esperando que ardiera Troya, amiga.- Comentó Annie una vez estuvieron solas.
-¡Ni lo digas! No conoces a Terry... pensé que se iría encima de Neil...
-Bueno, tampoco es para tanto, sólo fueron unos besos en las manos, un gesto de cortesía y además ya sabe que estás comprometida...
-¿Sólo fueron unos besos en las manos? ¿Crees que a Terry le importa dónde me los haya dado? En este planeta no existe un hombre más celoso y posesivo que él. Lo que lo controló fue la presencia del niño y del cliente.
-Bueno, amiga, te felicito por tu compromiso, sé que serás feliz, Terry es un gran ser humano aunque aparente lo contrario... y si me permites un consejo... ve lo antes posible a su oficina antes de que pase algo...
Candy no lo pensó dos veces y tomó el ascensor hasta la oficina de Terry, sabía que estaba celoso y molesto, pero ya se le pasaría, ella sólo quería decirle lo feliz que estaba por el detalle de su proposición.
-Ya estoy aquí, mi amor.- Llegó alegre con la esperanza de suavizar la dura expresión de Terry, pero no lo consiguió.
-Cierra la puerta, cariño- A pesar de la dulce expresión, dulzura era lo que menos había en su voz. Ella se le acercó y él se puso de pie frente a ella, siempre se sentía tan pequeña con él.
-Quiero que me digas, Candy, qué fue exactamente lo que tuviste con Niel.- Ella abrió los ojos enormemente. ¿A qué venía eso ahora?
-No te entiendo, Terry... ¿a qué te refieres?- Ella se ponía cada vez más nerviosa y él estaba cada vez más cerca de ella, sus alientos podían casi tocarse y él jugaba con un mechón de su frente, pero a pesar de lo sutil y tierno del gesto, su expresión era intimidante y amenazante, estaba sutilmente acorralándola.
-Me refiero, linda... a por qué si sólo son amigos y a penas salieron una vez... cómo su hijo pudo albergar esperanzas tan pronto de que te casarías con él... ¿será que hubo algo más, Candice? ¿Te besó?- El coraje se apoderó de ella esa vez y Terry lo notaría.
-¡Por supuesto que no! ¿Quién te crees que soy, Terrence? ¿Estás insinuando que soy una cualquiera?- Se exhaltó y trató de alejarse de él, pero no lo consiguió.
-¡No estoy insinuando nada! Sólo no me cabe en la cabeza su obsesivo interés en ti a pesar de que, según tú, no te has mostrado interesada en él.- Alzó la voz y no se le despegaba ni un centímetro mientras ella hervía de coraje.
-¿Y qué coño quieres que te diga, Terrence? ¿No me crees? Entonces ve y pregúntaselo a él. El interés debe ser porque le gusto, debe ser lo más lógico, está insistiendo como lo haría cualquier hombre que le interese una mujer y además yo era soltera hasta hace unos días, ya aclaramos la situación, dentro de poco el mundo entero sabrá que vamos a casarnos. ¿Cuál es la mierda ahora?- Estaba fuera de sí y Terry, aunque tenía rabia, le encantó verla así, enfurecida, su figura pequeña y tensa desafiándolo, su carita roja por el coraje y su naricita altiva y desafiante. Estaba molesto, sí, pero también excitado.
-La mierda es que te sigue persiguiendo. Que le fascina tener cualquier excusa para andarte besando. No tiene que besarte las manos para saludarte, ni la mejilla, ni nada. Se toma libertades que no le corresponden y no lo quiero cerca de ti, así que ni sueñes que van a seguir siendo amigos.- Ella lo miró con tanta furia e indignación que fue imposible que él no lo notara. Bruscamente, ella trató de apartarse de él y lo consiguió, pero no le duró mucho, él la volvió acorralar, la mandíbula le latía de rabia, pero tampoco podía controlar la excitación que se estaba haciendo cada vez más evidente en él.
-¡Tú no puedes prohibirme tener amigos!- Le gritó alterada y su cara cada vez más roja, sus ojos verdes lo miraban con una furia nunca antes vista, una que él murió por apagarla haciéndole el amor intensamente. Todo lo de ella lo excitaba, aún cuando sólo quería ahorcarla.
-¡Sí que puedo! Y a Neil Leagan puedes tacharlo de tu lista.- Los celos estaban actuando por él, se le veía en los ojos. Candy no supo por qué a pesar del coraje que le tenía a Terry en ese momento una sensación extraña la recorría, esa actitud de él tan posesiva y arrogante que la desesperaba, pero a la vez... a la vez la excitaba... porque eso era un encanto paradójico que él poseía, algo que despertaba en ella sus instintos más primitivos.
-¿Por qué siempre haces lo mismo, Terry? ¿Por qué te empeñas en destruir con los pies lo que haces con las manos? Cuando llegué, lo primero que hice fue preguntar por ti. Quería decirte lo feliz que desperté cuando me devolviste a mi oso y me encontré con este precioso anillo. Cada vez que lo veo, Terry... veo tus ojos. Te he demostrado que soy tuya en todas las maneras posibles, ya no sé de qué otra forma decírtelo o qué necesitas de mí para que te convenzas que soy sólo tuya. Te amo, Terry, todo lo que eres, tus celos me encantan, los adoro, te amo, mi arrogante posesivo, pero te odio cuando dudas de mi palabra, cuando cuestionas mis razones.- A pesar de que sus ojos estaban aguados, su voz no se apagaba, lo retaba y lo desafiaba, su tono de voz era bastante alto, lo suficiente para que él no haya osado interrumpirla.
-Tienes razón, no es tu culpa que le gustes a ese imbécil. No lo culpo a él tampoco, Candy. Es imposible sencillamente no enamorarse de ti.- Se pegó más a ella, sus frentes tocándose y sus manos posesivamente en su cintura.
-Yo caí preso de tu encanto desde el primer día, no pensé en otra cosa desde entonces que no fuera tú. Hice lo mismo, perseguirte, cualquier excusa era buena para estar cerca de ti. Tú me mirabas, me sonreías... y yo era capaz de bajarte la luna... de hacer cualquier cosa por cambiarte el mundo... creo que eso es lo que todos ven en ti, lo mismo que yo, lo mismo que Neil vio en ti. Por eso no soporto que esté cerca de ti, no soporto ver como te mira, como te besa aunque sean las manos, no importa, se ve el deseo reflejado en él, ese anhelo por tenerte y no lo soporto, Candy. Tú eres mía, yo no pienso compartirte con nadie y dejarte libre para que seas feliz con otro no está a discusión, lo siento.- Él siempre imponía, no daba opción, parecía tener siempre la última palabra y a pesar de que sus palabras le llegaron a lo más profundo y la conmovieron, el coraje seguía ahí, la pasión y la fuerza de su excitación también.
-Eso no te da ningún derecho a decidir nada por mí. Tú no tienes ningún derecho sobre mí y yo puedo tener los amigos que quiera y tú no me lo puedes impedir. ¡Me voy!- Lo retó y comenzó a forcejear con él para marcharse, pero lo que hizo fue encender más su coraje y echarle más la leña a la pasión que había en ambos y que amenazaba con consumirlos.
-No vas a ninguna parte, preciosa. Aquí te quedas hasta que yo diga. Soy tu jefe, ¿lo recuerdas?- Le dijo con cínica y amenazante arrogancia y reteniéndola entre su cuerpo, destilando rabia la recorrió entera, fijándose en lo hermosa y sexy que estaba, en sus generosos pechos erguidos y orgullos prisioneros del sostén y sobresaliendo en su blusa transparente, su sola mirada hacía que ella temblara y se excitara. Él, hacía rato que lo estaba.
-Me importa un pepino que seas el jefe, no sería la primera vez que te mando al diablo. ¡Suéltame!- Intentó safar su muñeca de su agarre, mirándolo con furia, pero en los ojos de él había una diversión diabólica que la perturbó, se le veía la rabia, pero también algo muy parecido a la lujuria.
-¿Tú sabías mi amor que eres muy malcriada y que a tu boquita le fascina decir cosas que no debe?- Le murmuraba rozándole los labios y besándole sutilmente el cuello.- Cuando te veo esa actitud altanera y desafiante... ¿sabes lo que me provocas?- Ella gimió involuntariamente mientra trataba de apartarse de él en vano.
-Quisiera besarte y morderte esos labios hasta verlos rojitos y sangrando... me gustaría continuar besándote el cuello así mientras te voy desabrochando la blusa para tocar tus pechos, quitarte el sostén para poder acariciarlos a mi antojo, rozar con mis dedos tus pezones hasta que se pongan duritos y suavemente, cariño, mordisqueártelos mientras escucho tus gemidos... llevármelos a la boca y chupártelos uno a uno... por tanto rato.- La sentó sobre su escritorio, ella temblaba, incapaz de articular nada mientras él le separaba las piernas para quedar metido entre ellas.
-Te levantaría la falda hasta la cintura para besarte los muslos y luego cuando llegue aquí...determe un buen rato... introducir mis dedos en ti y tocarte profundo mientras veo como te revuelves y jadeas, verte susurrar mi nombre mientras te mojas... y luego, cielo... hundiría aquí mi cabeza para saborearte entera con mi lengua... comerte enterita ahí, separarte los labios con los dedos mientras mi lengua sigue jugando y tú te vas mojando cada vez más y yo veo cómo te vas contrayendo... como abrazas mi cuello con tus piernas para que yo no pare de hacerte el amor con mi boca... empiezas a gritar mi nombre cuando sientes que estás a punto de correrte... y yo te torturo un poquito más, jugando con tu clítoris y vas sintiendo que no puedes más... suplicas que esté dentro de ti, que te haga mía...- La miró a los ojos y vio como ella ardía, estaba temblando y jadeando a pesar de que él no estaba haciéndole nada, sólo se imaginaba todas las cosas que él le estaba diciendo estaba a punto de morir de excitación.
-Estás mojada, ¿verdad cariño?- Ella sólo fue capaz de asentir, le faltaba el aire. Y además, abajo, en su interior algo ardía y palpitaba, algo que anhelaba tenerlo a él ahí nuevamente.
-Puedo olerte desde aquí, mi amor. ¿Quieres ver cómo estoy yo?- Sin esperar su respuesta, le llevó las manos a su entrepierna para que sintiera lo duro que estaba. Su erección ya era dolorosa, pero estaba resistiéndose. Ella temblaba y se mordía los labios, su cuerpo estaba febril, ardiente a millón, lo único que deseaba era que él la tomara ahí mismo, pero notó que disfrutaba de la tortura que le estaba infligiendo.
-¿Sabes qué sería bueno, bebé?- Ella no contestó, no supo qué y se perdió en el beso ardiente que él le estaba dando.
-Tu permiso, princesa. Tu permiso para hacerte mía aquí y ahora... porque no lo aguanto más... necesito hundirme dentro de ti... ¿harías eso por mí, cielo?- Candy sabía que no era capaz de negarle nada en esos momentos, que estaba a su merced, pero no sabía que él también estaba bajo su yugo en ese instante. Que bastaba que ella dijera que no y él se retiraría si ella se sentía intimidada o denigrada. Pero él aún no entendía que ella, aún con su falta de experiencia, poseía la misma pasión que él y que no había nada que deseara más que ser suya en ese momento, donde fuera.
-Hazme el amor, Terrence. Soy tuya, por favor...- El coraje de Terry había desaparecido de lleno, ella sabía cómo calmarle a la bestia que llevaba dentro, esa mujer era suya y no había duda, aunque sus celos le jugaran malas pasadas. Le subió la minifalda hasta la cintura como lo había expresado en su juego, se bajó el pantalón apresuradamente y le corrió las bragas a un lado. La recostó en el escritorio, le separó las piernas y se las colgó en su cintura, no esperó más y entró en ella, estaba tan mojada y ardiente que su miembro se deslizó en su interior muy suavemente. La satisfacción comenzó a llegar de inmediato. Ese alivio de poder liberar y satisfacer el deseo en el cuerpo del otro. Candy tan pronto lo sintió dentro se puso a gritar y a gemir como desesperada, Terry tuvo que besarla para ahogar sus ruidos, no podían olvidar que no estaban en casa y él mismo ahogaba sus gruñidos de placer, porque no había nada mejor en la vida que estar dentro de ella, sintiéndola tan suya. Comenzó a deborarle los pechos luego de haberle desabrochado la blusa que por poco se la rompe y se movía en ella rápido, fuerte, el nivel de la excitación de ambos lo requería y la presión que ejercía Candy con sus piernas para que él entrara más profundo.
-Te amo, Candy. Dime que eres mía, mi amor... dime que te gusta que te haga mía...- Su voz era ronca, entrecortada, agitada y no dejaba de embestirla con fuerza, nublándole todos los sentidos.
-Soy tuya, Terry... ahh... sólo tuya... y me ohh... me encanta que me hagas ésto.- Candy aún estaba descubriendo los misterios de la pasión y cuánta podía haber en una discusión entre dos personas que se amaban con la intensidad con que se amaban ellos. Cuando Terry hizo una explosiva mezcla entre separar sus labios vaginales con sus dedos mientras la embestía y engullía sus pechos a la misma vez, ella no fue capaz de detenerse y dejó fluir su orgasmo sin ninguna contemplación. Terry la siguió, ya no podía resistirse más y se dejó correr desenfrenadamente en su interior.
-Ven, mi amor. Vamos al baño.- Terry la condujo al baño de su oficina y se asearon. Ayudó a Candy acomodarse su ropa con una ternura infinita, como si no hubieran estado discutiendo antes. Al salir del baño, se quedó otro rato en la oficina con Terry, sentada sobre su regazo.
-Candy... perdóname si te hice sentir mal al insinuar que tuviste algo más con Leagan, es que su hijo y sus actitudes dieron a entender muchas cosas. La única palabra que me debe importar es la tuya. Sé que no es fácil convivir con mis celos, son una tortura para mí mismo, me ahogo en ellos desde que tú llegaste a mi vida. Desde que sé que no soy el único que ve esa luz que hay en ti y que tiene el poder de atraer como un imán y hechizarte. Porque a pesar de que te casaste con otro, de la traición que eso supuso a mis ojos y del odio profundo que comenzó a crecer en mí, lo cierto es que ni así dejé de amarte ni un segundo de mi vida, nunca dejé de desearte, nunca fui lo suficientemente fuerte para alejarme de ti. Prefería seguir bajo el mismo techo contigo, predicándote mi odio que irme y no volver a verte. Nunca dejé de perseguirte ni acosarte aún cuando tú ni te metías conmigo... te robé todos los besos que pude y si me lo hubieras permitido, te habría arrastrado a mi cama hace tiempo atrás. Tienes ese poder sobre mí, Candy. Tenlo presente para que puedas convivir con lo que yo soy, con mis celos y la bestialidad que surge en mí cuando otro trata de invadir mi territorio. Sabes muy bien que posees el encanto suficiente para dormir a la bestia, sólo úsalo, a pesar de mí.- Le besó el pelo con infinita ternura.
Candy sabía que todo lo que él le decía era verdad. Terry la amaba profundamente, más que nadie en el mundo, la había cuidado y protegido como nadie, sabía bien que Terry era capaz de darle el cielo o morir en el intento si tan sólo ella se antojaba de tenerlo. Que su único defecto eran sus celos y su posesión, pero ella tarde o temprano se acostumbraría a vivir con eso, siempre y cuando supiera cómo dominar a la bestia, cómo atraerla y hacerla sentir segura y confiada.
-Terry, yo quería que supieras que nadie en este mundo me ha hecho más feliz y más amada que tú. No te imaginas la emoción inmensa que sentí cuando desperté y vi a mi oso, pude cumplir un sueño, Terry, uno muy tonto e infaltil tal vez, pero mi sueño al fin. Aunque no lo supe, dormí con él. Yo siempre quise dormir con el primero que me regalaste... pero no fue posible...
-Ahora todos tus sueños serán posibles, princesa. Ningún sueño tuyo será insignificante o tonto para mí, si tú quieres dormir con tu oso, duerme con él.- La llenó de besos y la apretó fuerte contra él.
-También quería decirte que me encantó mi anillo, es como llevar tus ojos conmigo siempre. Y que mi respuesa, aunque no la pediste, porque fuiste tan arrogante de ordenarme que me casara contigo y no hacerlo a modo de pregunta, mi respuesta de todas formas es sí. Me casaría contigo en esta vida y en la siguiente. Te amo.- Le dio un beso dulce y apasionado y luego se quedó recostada de su pecho, sintiendo sus latidos.
-Si hubieras dicho que no, te hubiera obligado de todas formas.- Le sonrió con arrogancia, pero se sabía que él era perfectamente capaz de encontrar la manera y hacer su voluntad aún en contra de la de ella, ese era el arrogante Terrece Grandchester, su amor irremediable.
-¿Y cómo ibas a obligarme a casarme en contra de mi voluntad?- Preguntó sonriendo, pero sin esconder su desafío.
-A estas alturas, cielo, es casi seguro que lleves a mi hijo en tu vientre. Y en eso, preciosa, yo soy chapadito a la antigua, mi hijo tiene que crecer en un matrimonio con sus dos padres, así que no tienes salida, mi amor. Me perteneces.
-¡Arrogante engreído!
-Te amo.- Le soltó mientras la ponía de frente para entretenerce un rato besando y acariciando su barriga aunque no hubiera nada en ella aún.
-Sabes que cuando haya bebé te voy a cuidar más aún...
-¿Y me vas a complacer todos mis antojos también?
-Bien sabes que sí. No necesitas estar embarazada para eso.- Sus dedos dibujaban círculos y figuritas invisibles en su vientre mientras ella seguía en su regazo como una niña, jugando con el pelo de él y disfrutando de sus caricias.
-¡Terry! Tengo que irme a trabajar... ¿Qué van a pensar de que lleve horas aquí metida en tu oficina?- Se alarmó de pronto y se puso colorada.
-Nada, cielo. Sólo que nos tomamos un momento libre para encargar a nuestro bebé.
-¡Terry!- No siguió replicando porque el intercom de Terry sonó.
-Dime, Sussy.
-Tiene una llamada del hospital en la otra línea, señor.
-¿Del hospital? Pásamela.
Continuará...
¡Hola bellezas!
Les mando un beso enorme a todas, eso es lo primero que quiero hacer porque su apoyo ha sido sorprendente e inmenso, ustedes me hacen cada vez mejor y de verdad no hay palabras suficientes para agradecer tanto, tantas atenciones y tantas palabras de aliento, esta página sólo ha traído felicidad y sociego a mi vida.
Espero que hayan disfrutado este capítulo que estuvo un poquitín hot, un poquitín nada más, porque yo casi no le pongo cachondeo ¡y que nadie diga lo contrario! jajajajaja
Bueno, espero que tengan una muy linda tarde y un excelente fin de semana en caso de que mañana no pueda publicar, que lo dudo porque es lo primero que hago luego de despertar y desayunar, pero... eso depende de que la visita que tengo que recibir no le de por llegar muy temprano, en dado caso, nos leeríamos pasado mañana.
Anneth White: Hola, amiga, recibí y leí todos tus reviews, gracias por seguir conmigo. En cuanto al carácter de Terry, no sé si hayas leído mis fics anteriores, pero siempre lo pongo celoso y posesivo, es algo que no voy a cambiar, Terry es adorablemente insoportable jejeje. Yo pongo a Terry así porque en mi percepción, así es como lo veo, medio amargadito, celoso, posesivo, impulsivo, apasionado, el personaje de Terry me lo encuentro apasionado y extremista en todo. Ama y odia con la misma intensidad, una palabra que lo describiría, sería "intenso". Es intenso cuando ama, cuando odia, cuando está molesto, cuando está feliz, celoso, triste, etc. Con los personajes secundarios, yo juego con sus roles y no necesariamente son igual al animé en sus personalidades o roles, pero los personajes principales, en este caso, Candy y Terry, me gusta que conserven algo de su escencia original y Terry sin sus celos y su mal carácter no sería Terry, (eso es en mi opinión) respetando la tuya y la percepción que tengas de ese personaje. En cuanto a Candy, ella es dulce, es luchadora y se gana el corazón de todos, enamora a todos y aunque parezca sumisa, sabe con su dulzura apaciguar a Terry, se da cuenta de que con su cariño consigue más y mejores resultados que poniéndose en la misma posición que él, no lo hace por que sea sumisa, lo hace porque es astuta, aunque parezca lo contrario. Bueno, amiguita, nos vemos en tu siguiente review, gracias por la aceptación a esta historia a pesar de lo fuerte que puede ser y del adorablemente insoportable de Terry, jejeje.
Olgaliz: Bienvenida otra vez.
Es todo, lindas.
Wendy
