Entre el amor y el odio

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 17 Más allá de lo físico


Luego de haberse despojado de sus amargos recuerdos, Terry llegó al hospital donde se encontraba su hermano. Entró sin mirar a nadie, directo al mostrador y abordó a la enfermera que había ahí sin saludar siquiera.

-Necesito que me diga dónde se encuentra William Grandchester.- Siempre exigiendo, ese carácter de sentirse dueño del mundo, la enfermera a cargo frunció el ceño por su actitud maleducada, pero reparando en lo guapo que era y acostumbrada a situaciones semejantes, se dirigió a él de la manera más diplomática que pudo.

-Buenas tardes, señor...

-Terrence Grandchester. Soy hermano de William Grandchester, me llamaron de aquí.- Comenzó a parlotear nervioso sin darle oportunidad a la mujer.

-El señor William Grandchester se encuentra en cuidado intensivo. Tendré que comunicarme con el doctor a cargo para ver si puede pasar a verlo. Por favor, espere ahí en sala.- Le respondió, pero Terry sólo escuchó hasta que dijeron cuidado intensivo, de ahí en adelante todo sociego y razonamiento lo abandonó. Sintió como de pronto un sentimiento horrible lo arropó, siempre cerca de la muerte como una maldición. Su madre, su padre y ahora su hermano... en la incertidumbre.

-Señor Grandchester, el doctor Hamilton vendrá hablar con usted en unos minutos.- La enfermera lo sacó de sus pensamientos y él sólo se limitó a asentir. Sentado en una de las butacas de espera, con su mirada triste y perdida, pasándose las manos por el pelo, lo cierto es que estaba al borde de un colapso.

-¿Terrence Grandchester?- Se le acercó el doctor, cuarentón, bajito y con anteojos, muchas líneas de expresión en su frente que marcaban inteligencia y concetración.

-Soy yo. Dígame como está mi hermano.-Le espetó seguida, sin preámbulos.

-Su situación es bastante delicada, no voy a mentirle. El impacto del auto que lo chocó fue fuerte, tiene varias costillas rotas, un brazo fracturado, una cortadura profunda en el abdomen que hizo que perdiera bastante sangre, tuvimos que hacerle una transfusión de emergencia.- Según el doctor seguía hablando, Terry iba perdiendo un pedazo de su alma cada vez, se preguntó mil veces por qué la desgracia y la tragedia siempre rondaban su familia.

-¿Pero está bien? ¿Se pondrá bien?- Preguntó casi fuera de control, aferrándose a la esperanza, estaba desesperado, se notaba en cada poro de su ser.

-Debo decirle que lo que le mencioné ha sido lo más mínimo de su situación, lo que realmente nos preocupa es el fuerte golpe que recibió en el cráneo... su hermano... se encuentra en estado de coma.- Terry con toda su fortaleza y dominio por poco se desmaya, la última revelación casi lo mata y revivió su experiencia propia.

-Esperamos que pueda salir de ese estado vegetativo lo más pronto posible, pero he de advertirle que si bien puede que su hermano regrese del coma y retome su vida normal, también puede que haya secuelas debido al trauma sufrido. Puede que algunas partes cerebrales hayan quedado dañadas, puede presentar falta de memoria, ceguera... Tenemos que estar abiertos ante todas esas posibilidades.- El doctor debía, por ética, permanecer excéptico, pero por dentro le dolía tener que darle esas noticias, el dolor de Terry se reflejaba en cada parte de su ser y su expresión.

-¿Puedo verlo, doctor?- Por primera vez, la demanda de Terry sonó a súplica y no a exigencia, hasta su arrogancia había desaparecido, era un simple hombre que anhelaba ver a su amado hermano y daría hasta su vida por conseguirlo, si eso significaba enterrar su orgullo.

-Puede verlo. Sólo media hora, pues aún está en observación y su situación es delicada. Acompáñeme.

Terry lo siguió hacia el cuarto indicado y el doctor de inmediato lo dejó solo. Tuvo que pedirle a Dios fuerzas para no derrumbarse ante lo que vio. Albert, su apoyo, su roca, estaba postrado en una cama, sumido en la inconciencia, con un vendaje cubriendo su frente y gran parte de su cabeza, otro vendaje cubría la parte de su abdomen donde había sido cortado, hubo que dejarlo sin camisa por la alta fiebre que había tenido, el brazo fracturado estaba enyesado y los restos de su piel que quedaban visibles estaban mayugados y amoratados.

-Al... ¿Por qué me haces esto tú también? Yo no creo que pueda perder a nadie más ya y menos a ti, hermano. Yo no sería quién soy sin tu influencia en mi vida.- Apretó la mano del rubio y lo miraba, lloraba, como un niño, sin ocultar el dolor, dejándolo escapar, sintiéndolo.

-Quiero que despiertes, hermano, debes hacerlo. No puedes irte y defraudar a todos los que te amamos. Tus bellos hijos morirían de angustia, los gemelos, Lucy... ella te adora, y yo... yo te amo, Albert, eres el mejor hermano, ser humano, amigo, que hay en el mundo, despierta, por favor. Sabes que no funcionamos sin ti. ¿Sabes cómo se quedó Candy por ti? Su angustia era palpable, ella de quiere tanto, si te vas no tendrá quien la defienda de un imbécil, celoso y posesivo como yo.- Sonrió con tristeza al decirle eso y además porque a pesar del modo jocoso con que se lo dijo, era cierto.

-Tienes que regresar por nosotros, si no, iremos a morir todos contigo porque no sabremos vivir sin ti, sin tu dirección, sin tu amor en nuestras vidas. No puedes dejarme ahora cuando más quería compartir contigo la dicha de ser feliz junto a ella... y junto al bebé que posiblemente esté en camino. No puedes irte así no más sin conocerlo, sin darme tus consejos para que yo pueda ser un padre tan excelente como tú. No me dejes, hermano, te lo suplico.- Ahí fue el final de su fuerza porque se desplomó en llanto porque fue demasiado, más de lo que un hombre podía soportar. Lloró junto al cuerpo de su hermano, lloró con él como tantas veces había hecho, la única persona con la que se atrevía a llorar después de adulto, la única persona a la que su capa de orgullo no podía engañar. Ahora entendió la angustia que debió sentir Albert cuando él pasó por lo mismo, en medio de su llanto desolador, comenzó a recordar.

-¿Albert...? ¿Dónde estoy?- Preguntó Terry azorado cuando abrió los ojos, sintiéndose tan perdido y mareado, débil y sobre todo, con el cuerpo molido.

-Tranquilo, Terry. Estás en el hospital, hermano. Tuviste un accidente... tu carro se volcó y... has estado en coma por tres semanas.- La noticia le cayó como un golpe tan fuerte, que experimentó el dolor de cabeza más insoportable de su vida.

-¿Tres semanas? ¿He estado como un vegetal durante tres semanas?- Trató de incorporarse, pero el dolor no lo dejó.

-No te esfuerces, Terry, aún estás muy débil.- Trató de tranquilizarlo Albert como podía, Terry no era fácil.

-¿Y Bruma? ¿Ella ha venido a verme?- Preguntó desesperado.

-¿Bruma?- Preguntó Albert sin entender nada.

-Sí, Candy... ¿No ha venido a verme?

-Sólo hemos venido papá y yo, Terry. Ahora que lo mencionas... cuando tuviste el accidente, se recuperó tu celular y entraron varias llamadas identificadas como "Bruma" y "Buma, amiga"...- Entonces Terry recordó la razón por la que se distrajo mientras conducía y no vio el enorme camión que iba a impactarlo, luego de eso no recordó nada más.

-Ella me estaba llamando. Tal vez le pasó algo mientras yo estaba postrado aquí. Préstame tu celular, Albert. ¡Vamos! Necesito hablar con ella. Seguramente no sabe que estoy aquí...- Albert no salía de su asombro, su hermano estaba así por una chica, no preguntó por su padre ni por sus hermanos, sólo estaba preocuapado por la misteriosa mujer que lo había estado llamando. Albert le dio su celular.

-Es extraño... sale número desconectado. ¿Qué día es hoy?- Preguntó Terry luego de varias llamadas fallidas que lo enviaban directamente al buzón de voz.

-Veintiuno de Julio...- Le contestó Albert aún sin entender nada.

-No se supone que hayan suspendido el servicio...

-Bueno... ya, Terry, no entiendo nada, explícame quién es esa tal Bruma o Candy o como se llame... ¿Cuál es la urgencia de verla? A penas estás reaccionando...

-Ella... es un ángel. Es mi novia... iba a presentárselas en unos días... pero... ¡Maldición! Necesito verla.- Gritó tratando de incorporarse nuevamente.

-Tranquilízate, Terrence. Vas a conseguir que vuelvan a cedarte.

-No puedo... necesito verla, Albert. Ayúdame, por favor. Tráela aquí...- Albert fue conciente de su evidente desesperación, jamás había visto a su hermano de esa manera y menos por una chica.

-¿Que te ayude? ¿Cómo?- Le preguntó intrigado y lo ayudaba a que pudiera sentarse un poco.

-Necesito que vayas a buscarla. Ve por ella, dile que eres mi hermano y tráela, por favor...

-¿Qué? ¿Quieres que me aparezca en su casa así no mas y la traiga? ¿Qué te hace pensar que confiará en mí?

-Entonces sólo dile que estoy aquí, que venga lo antes posible, por favor, hermano.

-Está bien, Terry. ¡Dios! ¿Tienes la dirección de afortunada dama?

-Sí. Busca dónde apuntar.- Albert sacó su celular y anotó la dirección e indicaciones que le daba Terry.

-Se llama Candy, usa como referencia "Bruma" para que sepa que vas realmente de parte mía.

-¿Y Candy o Bruma tiene apellidos?- Terry abrió los ojos y hasta se sintió algo estúpido, le dio vergüenza dar la respuesta.

-No sé su apellido. Pero olvida eso, sólo pregunta por Candy en esa dirección. ¡Vamos!- Albert nunca había visto a Terry tan eufórico, pero eso era una señal de que estaba bien, de que su estado de coma en esas semanas no trajo secuelas lamentables. Fue hacer lo que él le pidió mientras Terry aprovechando la soledad y la privacidad comenzó a consolarse con los últimos recuerdos de ella.

-Muy pronto, Bruma, todas las noches serán como esta para nosotros.- Le dijo Terry a Candy mientras ella estaba acomodada en su pecho la última noche en el yate en que ella le había pedido que durmiera con ella. Era de madrugada y habían despertado de pronto, Terry había estado sobre ella, pero sentía que ella era muy pequeña y frágil para soportar su peso, aunque nunca en su vida había dormido mejor, se salió de encima de ella y ahora la tenía sobre su pecho, acariciando su larga melena.

-¿Voy a dormir contigo cuando nos mudemos?- Preguntó con emoción y levantando la carita para mirarlo.

-Claro, cielo. Serás mi mujer. ¿Te gustaría?- Le besó los labios y le acarició la espalda, un escalofrío la recorrió entera.

-Sí... quisiera ser tu mujer desde ya...- Él vio como se sonrojaba al admitir eso y él luchaba cada vez más con su propio deseo, pero no podía ser egoísta. Ella en su ilusión y su ingenuidad no captaba la magnitud de todas las consecuencias que ese acto podría traerles en ese momento, pero por eso él era el adulto, para guiarla a ella y no truncarla tan pronto cuando faltaba tanto por descubrir y vivir.

-Yo también quisiera hacerte todita mía ahora, princesa, pero no podemos ser irresponsables, mi amor. No estás lista para enfrentar las consecuencias que eso nos podría traer aunque ahora por la emoción del momento pienses que sí. Vamos hacer las cosas bien, linda. Te haré mía muy pronto, todita mía, pero como tú lo mereces.- La volvió a besar, inevitablemente fue un beso que subió de tono y ella terminó casi encima de él, él estaba enloqueciendo al rozar su cuerpo y por sentir las ganas que ella tenía por entregársele, era una dulce tortura para él. No mantuvo sus manos quietas y con sus manos la recorrió entera, acariciándole la espalda y las nalgas suavemente, pero cuando todo comenzó a salirse de control, se detuvo. Fueron a la cocina y comieron algo ligero que serviría para calmar también sus cuerpos. Volvieron a la cama, otra vez ella sobre su pecho y él acariciándola.

-Terry... sabes que hay otro sueño menos imposible que también tengo...

-¿Cuál es mi amor?- Preguntó mientras besaba y jugaba con su pelo que se esparcía sobre ambos como una cortina dorada.

-Siempre he querido tener una familia de verdad... una convencional... papá-mamá-hijo... y que me quisieran... pero ya me di cuenta que yo no podré tenerla para mí... entonces... quisiera hacerla yo misma. Quiero un hogar, Terry. Un esposo que me ame y sea tierno y que quiera bebés, al menos uno, pero que lo ame y no lo maltrate como me hicieron...- Él aplacó el llanto que estaba por salir con un beso y la abrazó fuerte.

-Yo voy a darte todo eso, princesa, en su momento te lo cumpliré todo. Y no será sólo un bebé, serán todos los que tú quieras. Así que si quieres uno o dos o una docena... yo estaré más que dispuesto a hacértelos.- Le dio un besito casto para no volver a encender la situación porque estaba seguro que ya no sería capaz de detenerse otra vez y menos con la ternura y el amor inmenso que despertó ese sueño de ella, uno que al mismo momento pasó a ser el suyo y moría por cumplírselo.

-Terry... ¿No podemos tenerlo ahora?- Terry abrió sus ojos azules como platos.

-¿Ahora?

-Bueno... cuando nos mudemos...- Dijo ella sonrojada y sin comprenderse a sí misma.

-Me encantaría muñeca, pero no sería una decisión muy acertada. Aún falta tiempo por conocernos, adaptarnos a nuestra conviviencia y que tú puedas estudiar. Un bebé, mi amor, no sólo es cuestión de dinero, es tiempo y dedicación. Quiero tenerlo, sí, pero cuando ambos podamos estar cien por ciento para él.

-Pero yo estoy segura que quiero estar contigo siempre y ya hemos convivido aquí unos días y ha sido maravilloso.

-Bruma...

-Dime...- Murmuró con temor, esperando que él barriera con sus anhelos como lo hacían los demás.

-Me convenciste. Si ese es uno de tus sueños, lo haré por ti. Pero nos tomaremos al menos un año, para convivir, conocernos, prepararnos para todo lo que eso implica y... casarnos.- A él le brilló el mundo cuando ella sonrió, una sonrisa que lo deslumbró, era imposible negarle nada a ella, imposible y más si era algo que él anhelaba con tantas fuerzas como ella.

-¿Sabías que cuando un hombre ama profundamente a una mujer le nacen unas ganas profundas por tener un hijo con ella?

-No... no he conocido ese tipo de hombres... bueno... a ti...

-Así es. Has cambiando mi vida, Bruma. Lo quiero todo contigo, a ti, un hogar y muchos bebés. Quiero ver mi bebé crecer aquí.- La movió para acariciar y besar su vientre. Depositó sus sueños más puros y más profundos en cada uno de los besos que le dio a su barriguita plana.

-Te amo...- Le susurró luego de un rato de tenerla acunada en sus brazos, pero el te amo no llegó a sus oídos, dormía profundamente como un ángel sobre su pecho.

Terry se quedó dormido recordando y llegó el día siguiente, el día más esperado, Albert le traería noticias de Candy.

-¿Qué averiguaste, Al? ¿La viste?

-Saluda primero, maleducado.

-No estoy para eso, Al. Llevo esperándote todo el día. ¿La encontraste o no?- Preguntó perdiendo toda su paciencia. El semblante de Albert cambió, no sabía cómo decirle todo lo que averiguó, sería como matarlo, pero sabía que Terry exigiría una respuesta y que mentirle sería peor.

-No la encontré, hermano... lo siento.

-Bueno... pero vuelve a buscarla...

-No, Terry... no entiendes... fui a buscarla... pregunté por todo el barrio porque en su casa no había nadie y...

-¿Y? ¡Habla!

-Terry, no conocí a la tal Bruma o Candy... pero no te agradará lo que te voy a decir...

-¿Le pasó algo?- Preguntó exaltado, pensando en ella en todo momento, justificando su ausencia, aferrándose a la esperanza.

-Una vecina de ella... una tal Andrea me dijo... que se había ido hace una semana... con un hombre mayor... un ricachón, según lo expresó ella.- Terry estuvo sin reaccionar por casi un minuto, Albert se preocupó. El dolor que Terry experimentó en ese momento, fue más allá de lo físico, era un dolor del alma, una herida irreparable y profunda, su destrucción total.

-No... no... eso no puede ser cierto... ella no haría algo así... ¡No!

-Señor Grandchester... ya pasó el tiempo. Puede venir a verlo mañana.- El doctor sacó a Terry de ese agrio recuerdo y lo devolvió al presente, al que se intercambiaban los papeles y era Albert el que estaba postrado en una cama de hospital y no él. Se despidió dándole un beso en la frente y abatido se marchó a casa.

-¡Terry! Estuve esperando tu llamada todo el tiempo. ¿Cómo está Albert?- Lo abordó Candy tan pronto como él entró en la habitación.

-Lo siento, la covertura en los hospitales es muy mala. Albert... está... mal, muy mal, Candy... está en coma...- Se lanzó desplomado a los brazos de su mujer y lloró sobre su cuerpo, cubriéndola completamente.

-Va a ponerse bien, mi amor. Ya lo verás. No llores, mi cielo. Yo estoy aquí contigo.- Él se aferraba a ella con más fuerza, se había rodado y estaba casi a sus pies.

-No lo viste, Candy... No era ni la sombra de él el cuerpo que había en esa cama. Quisiera encontrar al maldito que lo chocó y matarlo con mis propias manos. Eso quisiera, Candy... matarlo por querer quitarme a mi hermano.- Eran los sentimientos los que hablaban por él en medio del llanto y Candy daba la vida por borrar de él ese dolor.

-Ya no hables así, mi amor. Fue un accidente... no creo que nadie le haya hecho eso a propósito. Él va a recuperarse. Es un hombre fuerte como tú, mi vida.

-El malnacido que lo chocó se fue a la fuga, Candy. Ni siquiera llamó una maldita ambulancia, dejó que mi hermano casi se muriera desangrado de no ser por aquella pareja que lo vio...

-Ya, Terry, cálmate, por favor. Ven aquí, mi amor, conmigo.- Lo guió hasta la cama y lo recostó. Lo tenía abrazado, su cabeza descansaba en el regazo de ella y él en silencio seguía llorando mientras ella lo arrullaba y acariciaba tiernamente sus cabellos.

-¿Sabes qué me había dicho Albert hace unos días?- Le preguntó Terry sin dejar su regazo mientras se sorbía la nariz por el llanto.

-¿Qué te dijo, mi cielo?

-Que no iba a morirse hasta verme casado y con hijos...- Confesó con un dolor más profundo, si es que fuera posible.

-Y vivirá para verte así, mi amor. Albert es un hombre de palabra, si te lo dijo, va a cumplirlo. Ya lo verás. Aleja esos pensamientos malos de tu mente, mi amor. ¿Recuerdas que dijiste que al bebé no le gustaría unos padres tristes?- Lo endulzó con eso, recordando que él le había dicho lo mismo, esa era su frase y en labios de ella cobraba más valor. Se incorporó y automáticamente la despojó de su blusa.

-Tienes razón. No va a irse, no sin conocer al bebé.- Acariciaba y besaba su vientre mientras al mismo tiempo lo mojaba de sus lágrimas, lágrimas puras de su corazón que la hicieron llorar a ella.

-¿Tú crees que ya haya bebé, Candy? ¿No lo presientes?- Alzó el rostro hacia ella y ella se derritió en sus ojos suplicantes.

-Estoy casi segura de que sí, mi cielo. Con todo el amor y entrega que me has dado, estoy segura que debiste haberme dejado a nuestro ángel aquí.- Le dijo Candy contagiada de su llanto y rogándole a Dios que fuera así, rogando porque estuviera germinando en su vientre el fruto del amor de los dos.

-¿Nuestro ángel?- Sonrió él a pesar de las lágrimas, una sonrisa bellísima, mezcla de amor y esperanza.

-Claro, es un ángel, el milagro que he esperado toda la vida.

-Me encanta, Candy. Niño o niña se llamará Angel.- Aseguró Terry con su sonrisa de alegría en medio del dolor, ambos sonreían entre lágrimas. Candy disfrutaba de ver su ilusión y de las caricias y besos que seguía dándole a su vientre descubierto. El sonido del teléfono los sacó de su momento de ensueño.

-¿Quién es, Terry? ¿Quién llamó?- Candy miraba a Terry que se había quedado paralizado.

-Era la policía. Algo relacionado a Albert. Tengo que ir con ellos.

-¡Te acompaño!- Otra vez se ofreció Candy, pero Terry no se lo permitió.

-No, Candy. Tú quédate aquí, no quiero que te exaltes ni te expongas a nada. Además no quiero preocupar a Lucy, si nos vamos los dos comenzará a sospechar que algo pasa. Además piensa también en el bebé que a lo mejor esté aquí. Cuídalo por mí, ¿sí?- Ella se limitó a asentir y luego de varios besos y prometerse ambos que se cuidarían, Terry se fue.

-Buenas tardes. ¿El oficial Padilla?- Preguntó Terry tan pronto llegó y lo llevaron inmediatamente hasta el oficial.

-Buenas tardes, Terrence. Me hubiera gustado que fueran otras las circustancias que nos reunieran nuevamente.- Dijo con pesar el policía, mismo que había llevado el caso de secuestro de Lucy.

-¿Qué descubrieron, oficial?- Preguntó sin rodeos, desesperado.

-El auto de su hermano estaba estacionado, se había alineado en la carretera. Lo sabemos porque al axaminar el auto, estaba puesto en "estacionar" y la palanca de emergencia estaba puesta. Los impactos del vehículo que lo chocó se encontraban en diferentes partes del auto de su hermano y muestra que lo impactaron repetidas veces...

-¿Qué es lo que quiere decir, oficial?

-Que quien quiera que lo haya chocado, lo hizo a propósito. Esto no fue un accidente, Terrence. Fue un intento de asesinato.

Continuará...


¡Hola niñas!

Un poco tarde, pero llegó. Como ya sabrán las que me tienen agregada a Facebook, estuve en el hospital con mi hija desde las 12 de la noche hasta casi las 6 de la madrugada, así que sabrán que llegué a casa muerta y nos acostamos todos. Gracias a todas las que se preocuparon y pregutaron por ella, no fue nada grave, sólo un susto y ya está en casa haciendo estragos nuevamente. Todo el estrago que puede hacer una niña de tres años jejeje.

Bueno, yendo al capítulo, espero que lo hayan disfrutado, cada vez vamos conociendo y revelando los misterios de la historia, es poco a poco, sé que tendrán muchas dudas y preguntas, pero irán revelándose eventualmente mediante los recuerdos. Ya saben, estaré esperando sus reviews y su opinión, como siempre.


Dulce lu:

Gracias por todos tus reviews tan bonitos y por los que dejaste en las historias anteriores, bienvenida, amiga. Me alegro que mis historias te hagan feliz de alguna manera y que tengas la misma percepción de Terry que tengo yo. Te estaré esperando en tu próximo comentario. Si tienes facebook puedes agregarme: Wendy Grandchester Fanfiction (así aparesco y mi foto de perfil es la misma que tengo en el perfil de aquí). Luego espero que te unas al grupo interactivo que tenemos en facebook, se llama CANDY, CANDY FANFICTION. Bienvenida nuevamente. Un abrazo desde Puerto Rico.

Chicas, Dulce lu es una nueva lectora, las que somos más viejitas aquí, démosle la bienvenida! Yo por mi parte, envío un beso grande a México, tengo muchas amigas mexicanas, así que viva México!

Es todo, preciosas

Wendy