Entre el amor y el odio
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 18 Ángel
-¿Intento de asesinato? Eso no puede ser. ¿Quién querría matar a mi hermano? Es un hombre tranquilo, nunca se ha metido con nadie... es imposible que...
-No fue imposible, Terrence. Las pruebas hablan por sí solas. Lo de tu hermano no fue un accidente, lo impactaron repetidas veces de frente y de costado y lo dieron por muerto.- Terry estaba horrorizado, pero sobre todo intrigado. ¿Quién se habría ensañado con él de esa manera?
-Debo preguntarte, Terrence, si que tú sepas, tu hermano haya tenido algún enemigo, es abogado, algún cliente insatisfecho...
-No... mi hermano maneja casos de familia y herencias... no maneja casos criminales y hace un par de años que no está ejerciendo su profesión... desde su divorcio...
-¿Divorcio? Eso ya sería un motivo, contando el hecho de la posición económica de Albert... ¿Fue un divorcio acordado o turbulento...?- Entonces Terry pensó en Elsa, en el percance que tuvieron en la casa luego que él regresara con Candy de su yate.
-Sí hubo una discusión con su ex mujer hace unos días, pero no creo que...
-¿Qué tipo de discusión?- Indagó pronto el oficial.
-Algo acalorada, sí...- Terry le ofreció todos los detalles de lo ocurrido y el oficial iba apuntando en una libreta.
-¿Y dices que el motivo del divorcio fue una supuesta infidelidad por parte de tu hermano?- Terry asintió.
-Ahí tenemos otro motivo, Terrence. ¿La ex esposa de tu hermano, quedó conforme con la decisión final del divorcio? Ya sabes, separación de bienes... manutención...
-Entiendo que sí, se quedó con un apartamento, un millón de dólares, una manutención de cincomil dólares mensuales y la custodia de los niños.- Terry hablaba con rabia al recordar todo ese proceso y no por la parte material, sino por el infierno de los largos meses que duró el proceso, meses en los que Albert no pudo tener contacto con los niños.
-Puede que la señora en cuestión pensara que no fue suficiente... Qué tú sepas, ¿Dejó tu hermano algún seguro de vida que beneficiara a su ex esposa o a sus hijos en caso de que...?- No quiso terminar la oración, pero al buen entendimiento de Terry fue suficiente para que captara el mensaje.
-Mi padre heredó a Albert en vida con la mitad de todo el dinero y propiedades de la familia, Albert hizo un testamento de que en caso de que muriera... sus hijos heredarían todo, eso fue antes de su divorcio y no sé si lo haya modificado luego que se divorciaran...
-Me parece, Terrence, que esa mujer tiene motivos y razones suficientes para querer a tu hermano muerto, dado que no tenemos ningún otro sospechoso... ¿Sabe ella de ese documento?- Terry respiró profundo, Albert solía contarle todo a ella, le había tenido una confianza ciega.
-No sé si lo sepa, pero... de todas formas, los niños no podrán tocar ese dinero hasta los veintiún años y en caso de que mi hermano falleciera antes de que ellos alcanzaran la mayoría de edad, yo fui nombrado para manejar su herencia hasta que ellos puedan recibirla. Ella no se beneficiaría en absoluto de esa herencia... Sólo seguiría recibiendo la manutención y un porciento adicional del seguro social de Albert...
-Pero quizás esos detalles ella no los conoce, Terry. No habiendo nadie más interesado en perjudicar a tu hermano y luego y según lo que has contado, no puedo descartar a su ex esposa, aunque por la brutalidad del accidente, puede que no haya actuado sola, contrató a alguien tal vez...
-Elsa siempre fue una mujer perversa y abominable, pero no sé si haya sido capaz de llegar tan lejos...
-Terrence... en mi experiencia... la gente ha matado por muchísimo menos. Es todo por ahora, te mantendré informado.- Se despidieron estrechando la mano y Terry fue a casa nuevamente.
-¡Terry! He estado tan nerviosa. ¿Qué te dijeron?- Lo abordó Candy arrojándose en sus brazos y él se aferró a ella como si fuera el mismo aire que lo mantenía vivo.
-No fue un accidente, Candy...- La abrazó fuerte, con la mandíbula apretada por la rabia y los ojos enrojecidos por el llanto acumulado.
-¿No fue un accidente? ¿A qué te refieres?- Le preguntó más nerviosa aún, sintiendo cómo su pulso se le aceleraba.
-Trataron de matarlo, Candy. Lo habían dejado por muerto...
-¿Qué? Pero... ¿Quién? ¿Quién querría...?
-La única sospechosa hasta el momento es Elsa. Maldigo la hora en que esa maldita perra llegó a nuestras vidas. Te juro, Candy, que si fue ella la que estuvo detrás de esto, voy a matarla, terminaré en la cárcel, pero te juro que la mato.- Terry se había salido de control y comenzó a patear y a tirar todo lo que había a su alrededor. Candy se asustó y temblaba, no se atrevía acercarse por miedo de que alguno de los objetos que Terry lanzaba sin contemplación alguna le fuera a dar a ella.
-¡Terry! Cálmate, Terry... Me estás asustando...- Se le fue toda la ira de golpe cuando la vio atrincherada en una esquina, cubriéndose el cuerpo con los brazos, atemorizada como una niña.
-Candy... lo siento, mi amor, no te quise asustar...es que... de alguna manera tengo que sacar toda esta furia, toda esta impotencia que llevo adentro. Odio a esa maldita mujer, Candy. ¡La odio a muerte!- Expresó con un llanto furioso mientras se pegaba a ella y la abrazaba, sus frentes se rozaban.
-Pero ya no hables más así, mi amor. Lo importante ahora es que Albert se recupere, olvida a esa mujer y piensa en tu hermano. Estoy segura de que moriría si se entera de que has hecho alguna locura por él, ahí sí que lo matarías de angustia, Terrence, sabes cuánto él te ama, a ti, a todos ustedes.
-Lo siento, Candy... es que no lo puedo evitar, no quiero perderlo, Candy. Yo no soy nada sin mi hermano, ninguno de nosotros somos nada sin él.- Se deshizo en llanto abrazado a sus piernas y ella ya no podía resistir verlo así, verlo tan hundido y no poder hacer nada.
-Albert se pondrá bien, Terry, no hables como si fuera a morirse, por favor... Ya no resisto verte hablar así... me estás haciendo daño a mí también...- Él se alzó y la miró, se sintió miserable cuando vio sus ojos empapados en llanto, su carita roja que no ocultaba su angustia, la vio de pronto más pequeña y frágil, también se fijó en cómo ella inconcientemente tenía las manos situadas en su vientre, como si protegiera algo o a alguien... aún cuando no sabía si ese algo o alguien existía.
-Perdóname, ángel... te prometo que no volveré a angustiarte... perdóname, ¿sí? Es que estoy desesperado, mi amor.
-Ya no lo estés más, por favor. No estás solo en esto. Aquí voy a estar a tu lado siempre. Voy a cuidarte, mi cielo. Soy tu ángel, ¿lo recuerdas?- Ella le sonrió para tratar así de borrar algo de la amargura que los rodeaba a ambos, era una prueba difícil y dolorosa, pero estaban juntos, el apoyo mutuo era vital, su amor era el motor para poder sobrellevar ese momento de desdicha. Terry se quedó mirándola fijo, no hablaba, sólo se perdían uno en los ojos del otro. Terry la alzó y cargada la besó, dulcemente, despacio, recibiendo su porción de vida de ella.
-Nunca me dejes, Candy. Pase lo que pase... no me abandones. Prométemelo.- Le imploraba mientras seguía besándola, vitaminándose de su amor y su calor, refugiándose del dolor en ella.
-Nunca voy a dejarte mi amor. Soy tuya por siempre.- La siguió besando, como si ella fuera su aire, la necesitaba más que nunca, sentirse amado, protegido, tenener en quién descansar.
-Candy...- Murmuró entre dulces y arrebatadores besos, sin poder despegar su boca de sus labios, sin poder dejar de sentirla.
-Dime, cielo.
-Te necesito, Candy. Necesito de ti, de tu cuerpo. Déjame que te haga mía, por favor. Tal vez no sea el momento, pero te necesito... déjame que me refugie en ti...- Le besaba el cuello y la alzó un poco más para que ella lo abrazara con sus piernas. Entre besos iba acariciando sus pechos, caricias sutiles, llenas de amor y deseo, pero tan suaves como el amor mismo.
-Siempre he sido tuya, mi amor. Toma todo lo que necesites de mí. Seré tu paz.- Sintió cómo él mordisqueaba sus labios suavemente, los succionaba, él podía hacer de cualquier beso el más ardiente. Le quitó la blusa para disfrutar de sus pechos desnudos y ella también lo despojó de su camiseta, necesitaba hacer contacto con su piel. Tocaba su torso a plenitud, le besaba el cuello, los pectorales mientras ardía cada vez que la boca de él besaba y acariciaba sus pechos sensibles, sus pezones se endurecían a su más mínimo contacto, su cuerpo entero reaccionaba a él, fue hecho para él.
-Te amo, Candy. Te amaré siempre. Fue guiándola a la cama. Se despojaron ahí de toda la ropa, desnudando más que sus cuerpos, sus almas. La depositó en el colchón y con su boca fue recorriéndola y acariciándola despacio. Saboreando y adorando cada centímetro de su piel. Dibujaba el contorno de su silueta con las manos. Con cada caricia estaba amándola. Hizo un camino de besos desde sus pies hasta su vientre, su lugar favorito en su cuerpo, el que muy pronto llevaría un pequeño ser de los dos.
Quisiera amarte hasta el amanecer
besarte lentamente
y perderme por tu piel
encontrarme con tus labios
en un beso sin final
todo por tu amor
sólo dame una señal
-Voy hacerte feliz, mi ángel. Haré que nunca te arrepientas de elegirme a mí.- Seguía besándola con adoración, llenándola entera con sus manos, viviendo por cada reacción de su cuerpo que estaba tendido ante él, entregado.
-Nunca me arrepentiría de ti... viviré para ti todos los días de mi vida. Te amo, Terrence.- Buscó sus labios y lo besó, transmitiéndole todo su amor, su devoción, su sinceridad y todo lo puro de sus sentimientos. Dejándolo que la sintiera inmensamente suya.
Ángel
que das luz a mi vida
eres el aire
que quiero respirar
ángel
que alivias mis heridas
no te alejes
que muero si no estás
-Quiero que seas por siempre mía, Candy. Yo no podría ver más la vida sin ti o dormir otra noche sin que tú estés aquí. Lo eres todo para mí... cada vez que estamos así, mi amor. Cada vez que te hago el amor, que me das tu cuerpo... yo dejo en ti todos mis sueños, todas mis ilusiones están en tus manos. Te lo estoy dando todo, Candy.- La sentó y entrelazaron sus piernas, se enredaron mientras se besaban.
De noche me desvela sin piedad
al recorrer tu imagen
en mi triste soledad
fugitivo del dolor
voy buscando una ilusión
dame una señal
para creer en este amor
Terry entró en ella suavemente en la posición que se encontraban. Su ritmo era suave, lento. No había lujuria, sólo una expresión de un amor inmenso escrito con besos y caricias, tatuado por siempre sobre su piel. Sus embestidas eran calmadas, pero Candy las sentía deliciosas en medio de los besos en el cuello y en sus pechos, entre las caricias que recorrían su vientre y su espalda. Sus movimientos circulares dentro de ella la extasiaban. Conmovía la devoción con que él tomaba y acariciaba sus pechos, la dulzura con que los acariciaba con su boca, succionándolos, amando todo de ella.
-Sueño ver a nuestro ángel alimentándose de ti. Quiero que me des ese milagro, Candy.
Ángel
que das luz a mi vida
eres el aire
que quiero respirar
ángel
que alivias mis heridas
no te alejes
que muero si no estás
ángel
llévame en tus alas
a la cima de este gran amor
en tu alma vive mi esperanza
en tus manos está mi corazón
Y no había nada en el mundo que Candy deseara más que hacerlo feliz. Que darle la dicha y cumplir ese sueño tan deseado. Deseaba fervientemente un bebé de los dos. Desde la primera vez que estuvieran juntos, hasta la fecha, habían pasado casi dos semanas y ella sólo deseaba que el tiempo siguiera corriendo para tener la certeza de ese milagro o que al menos existiera la sospecha. Tenía tantas ilusiones y esperanzas como él, se moría porque fuera así, no quería defraudarlo más. Destruir sus sueños nuevamente.
-Es mi más grande sueño, Terry. Un bebé de los dos. Haz que se cumpla, Terry. Hazme a tu bebé.- Le confesó presa del deseo, revolviéndose sobre su cuerpo y sus embestidas, jadeando, gimiendo. Sus expresiones también surtieron efecto en Terry, que aceleró el ritmo y se profundizó más en ella. La besaba y penetraba con un nuevo brío, dejando todo su ser y sus fuerzas para que ese sueño pudiera cumplirse y porque nada igualaba la calma que sentía cuando estaba en los brazos de ella, cuando lo refugiaba en su interior.
-Todas las noches, Candy... todas las noches voy hacerte mía, vas a tener a mi hijo, es un hecho, mi amor.- Era un esfuerzo el poder hablarle cuando cada latido y cada respiro de su ser estaba siendo tocado por la maravillosa sensación de sus cuerpos conectados.
Tú mi ángel
ilumina nuestro amor
tú mi ángel...
-Te amo, Terry. Todo por hacerte feliz.- Le dijo abrazada a él mientras intentaba calmar su agitado respirar luego de haber llegado hasta el final de una entrega mágica y especial, otra más en que Terry derramaba en ella su anhelo más profundo y la esperanza de ambos porque germinara.
-No importa que el mundo esté cayéndose, Candy, mientras yo cuente con tus brazos, con tus besos, con tu amor, sobreviviré. Nunca más vuelvas alejarte de mí, nunca vuelvas a dejarme sin tu cuerpo, sin tus caricias. No quiero volver a vivir sin tu inocencia. Te amo. Gracias por cruzarte en mi camino. Te amo, ángel.
Él la acomodó sobre su cuerpo, la abrazó y la cobijó, se maravilló de ver su pelo arropar el cuerpo de ambos. No podía dormirse, pero estaba en paz, observándola a ella con su carita tan apacible, adoraba ver la dormida. Siempre esa luz, esa pureza. Sólo un ángel podía compararse con ella. Su amor se le había metido hasta en la piel. No dejaba de contemplarla, la adoraba.
Ángel
que das luz a mi vida
eres el aire
que quiero respirar
ángel
que alivias mis heridas
no te alejes
que muero si no estás
ángel
llévame en tus alas
a la cima de este gran amor
en tu alma vive mi esperanza
en tus manos está mi corazón
Terry había despertado primero y le llevó el desayuno a la cama a Candy, eran las nueve de la mañana.
-¿Ya te vas, Terry?- Preguntó tristona.
-Sí. Necesito saber qué averiguó el oficial Padilla sobre... esa mujer. Además... voy a ver a Albert otra vez...
-¿Ahora sí puedo ir contigo?- Preguntó llena de esperanzas, deseosa de acompañarlo.
-Ahora no, mi amor. Dejaré a Lucy en sus clases de teatro y tendrás que recogerla en dos horas. Cuando yo regrese, puedes ir tú...- Le dio un dulce besito para suavizar la órden que le había dado, siempre tan dominante, aunque a veces ni cuenta se daba.
-Pero... yo quería ir contigo ahora, Terry... siempre me dices que no.
-No he dicho que no, mi amor. Sólo que te quedes aquí hasta que llegue Lucy... ella piensa que Albert está de viaje... cuando yo vuelva, cielo, puedes ir a verlo tú. Ahora, cómete tu desayuno, no quiero que te me vayas a marear o a desmayar.- Él mismo le dio el primer bocado de su revoltillo en la boca, invadido de ternura, se lo dio todo y luego se fue con una muy contenta y eufórica Lucy que no tenía ni idea de la gran pena que estaban batallando.
Luego de que Candy reposara. Se duchó y se vistió sobriamente. Era sábado, no había trabajo, pero tenía que recoger a Lucy y quería estar preparada para cuando Terry llegara, ir ella de inmediato a ver a Albert. No pudo evitar llorar al recordarlo, él había estado tantas veces para ella, su consejero, su mejor amigo, como un hermano, el que le extendió la mano cuando el dolor estuvo a punto de destruirla, el dolor y todos los desplantes de Terry durante los tres años que se mantuvo reiterándole todo su odio. Ahora Terry le demostraba un amor profundo y en parte se lo debía a él, a su amigo del alma. Escuchó sonar el timbre, fue abrir la puerta pensando que sería Terry que estaba de regreso. La servidumbre no trabajaba en fin de semana, así que Candy estaba totalmente sola en la inmensidad de esa casa y con el corazón en un puño anhelando tener buenas noticias de Albert.
-Ya voy...- Gritó y luego de que girara la perilla de la puerta, tuvo un presentimiento... Terry no tenía que tocar la puerta porque vivía ahí y obviamente tenía llave, pero su razonamiento llegó tarde, la puerta no estaba asegurada y la visita se abrió paso por las malas.
-Así quería encontrarte, maldita golfa. A ver quién va a defenderte ahora...
Continuará...
¡Hola niñas!
Espero que hayan tenido un excelente comienzo de semana. Gracias a las que preguntaron por mi bebé, está muy bien. Bueno, espero, como siempre que les haya gustado este capítulo, estamos casi en tercera y última etapa de la historia, por eso es que los capítulos están siendo más fuertes y reveladores, pero lo importante es el amor profundo que se tienen Terry y Candy en medio de la tormenta y que a pesar de todo, están juntos.
Cuento con sus reviews. Hasta mañana.
Wendy
Canción de Candy y Terry: "Ángel" De: Christian Castro
