Entre el amor y el odio
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 19 Tocando el infierno
Candy se quedó sin voz por unos segundos, de todas las personas que imaginó que podrían estar tocando la puerta, Elsa no estaba en su lista y su sola presencia la ponía mal.
-¿Qué haces aquí, Elsa? ¿No te quedó claro que no eres bienvenida en esta casa?- El gesto de Candy era desafiante, aunque por dentro estaba nerviosa. Elsa la miraba de una forma perturbadora, había cierto desasociego y desquicio en su mirada.
-¿Y quién va a echarme? ¿Tú?- Le soltó con sarcasmo y lanzándole una mirada de menosprecio. Cerró la puerta tras de sí.
-Elsa, vete de aquí o te sacaré con la policía, será más humillante para ti...
-Jajajaja. Porque ahora tú te crees dueña y señora de esta casa, ¿no?. ¡Ay mijita! ¿Cuánto crees que te durará el encanto antes de que den las doce para ti? Al menos yo puedo decir que fui la señora de la casa, me casé... pero tú... ¿Tú qué eres? El cuerpo del viejo aún no se enfriaba cuando fuiste tras los huesos de Albert, te diste cuenta de que Albert es un hombre íntegro y fuiste tras el hermano que cayó como un idiota...
¡Plaf! Candy la abofeteó con todas sus fuerzas, ardiendo en rabia, harta de que siempre se refirieran a ella como una ramera arribista.
¡Plaf! Elsa le devolvió la bofetada y la miraba con un odio incalculable.
-En tu vida, se te ocurra volver a tocarme, ¡maldita golfa!- ¡Plaf! Candy no hizo caso a su comentario y la volvió abofetear, no estaba dispuesta a dejarse maltratar nunca más.
-Engañaste a Albert, le quitaste a sus hijos, lo has extorcionado a más no poder, quisiste engatusar a su propio hermano ¿y yo soy la golfa? No seas payasa, Elsa. Bájale el telón a tu teatro.- Elsa mostró el rostro desfigurado al saber que Candy estaba enterada de esos de talles y Candy le dio una mirada sarcástica y triunfante.
-¿Y tú piensas que eres mejor que yo? Disfruta mientras puedas, mosquita muerta, Terrence es imbécil, pero no tanto, tan pronto despierte de su estupidez, te mandará al diablo. ¿Por qué crees que no se ha casado aún, Candy? Tiene treinta años, de más está decir que es guapo... y por supuesto... no es gay...- Lanzó irónica, sembrando duda y cizaña.
-¿Será eso lo que te molesta, Elsa? Por más que lo intentaste no pudiste amarrar a Terry, ni con tu belleza, ni tus atributos o tus trucos de mujerzuela... por más desesperado que estuviera Terry, jamás traicionaría a su hermano. Estás ardida, Elsa, ardida porque te rechazó, porque no cayó a pesar de lo mucho que insististe.- Elsa intentó abofetearla nuevamente, pero Candy le detuvo la mano, frustrándola en el intento.
-Goza ahora, Candy. Moriré por ver tu cara luego de que él se canse de revolcarse contigo y te mande al diablo con sólo chasquear los dedos.
-¿Hablas por experiencia, Elsa? ¿Te han utilizado mucho los hombres? ¿Será que habrás probado un poco de tu propia medicina?- Elsa la miraba con furia y a la vez asombro, nunca imaginó a Candy respondiendo de esa manera.
-¡Vaya! Mucho tardó la gatita en sacar las uñas.
-¿Qué te duele más, Elsa? Puede que Terry sólo esté pasando el rato conmigo, pero tú... no conseguiste ni eso. Eso te duele en tu ego, fue una pasión que no pudiste apagar, que sigue ardiendo dentro de ti y que arde más aún porque sabes que nunca lograrás consumirla.
-¡Cállate! Cállate, maldita infeliz.- Se le acercó amenazadoramente, era una mujer alta, contaba con la estatura de un hombre promedio y añadido los centímetros de sus botas de tacón. Candy iba en desventaja poque era bajita y delicada, pero aún así, le daba la batalla, la desafiaba y no mostró su nerviosismo en ningún momento.
-Tranquila, Elsita, sé que la verdad duele. Ahora, si me disculpas, tengo que ir a recoger a Lucy. Gracias por tu visita y espero que no se repita.- Le soltó Candy con una sonrisa cínica, esa que había aprendido de Terry.
-¡No vas a ninguna parte!- Elsa la sostuvo fuerte de la muñeca hasta sentir que le hacía daño. Candy hizo un movimiento brusco que le propinó un codazo en la nariz a Elsa, haciendo que su rabia estallara más.
-¡Vete de aquí! ¿No te cansas de hacer el ridículo? ¿De denigrarte a ti misma?- Le gritó Candy con los ojos inyectados de furia.
-Porque tú sí eres una dama, ¿no? ¡Por Dios! Te revolcabas con un hombre que podría ser tu abuelo... ¿de verdad crees que Terry te está tomando en serio?
-¿Contesta esto tu pregunta?- Le mostró la mano en que el brillante zafiro resplandecía imponente en su dedo anular. Elsa abrió los ojos como platos.
-No todas somos iguales, Elsa. Lamento que no puedas asistir a la boda... no se permiten arpías. Nos reservamos el derecho de admisión. Ahora, ¿me harías el gran favor de largarte? Lucy me está esperando.- Trató de esquivarla, pues estaba bloqueándole la puerta, pero Elsa no se movió y la miraba de la misma forma perturbadora.
-Me temo que Lucy se quedará esperándote, porque no llegarás.- Sacó un arma y le apuntaba directo a la frente. Candy se paralizó completamente. Todo desafío la abandonó. Por tercera vez veía la muerte de cerca.
-Elsa. ¿Qué crees que haces? Baja esa arma, no seas estúpida... Terry está por llegar.- A la rubia le temblaba hasta el pelo, en cambio a Elsa no le temblaba el pulso mientras le apuntaba y le brindaba su mirada desquiciada.
-Terry no está aquí, cariño. Yo no lo veo... ¿Deseas dejarle algún recado antes de irte a reunir con el vejete de tu difunto esposo?
-¿Qué es lo que quieres de mí, Elsa? ¿Qué te he hecho yo?- Gritó Candy histérica y muerta del miedo. Se llevó las manos al vientre sin darse cuenta, tuvo miedo ante la posibilidad de encontrarse embarazada, no temía tanto por ella, sino por apagar la vida de un ser que a penas podría estar empezando a formarse.
-¿Qué me hiciste?- Rió con sarcasmo antes de dirigirse a ella y apuntar esa vez directo al corazón con su arma.
-Desde que pusiste tus malditos pies en esta casa todos comenzaron adorarte, hasta Albert, al imbécil de Terry se le iban los ojos viéndote a pesar de jurar que te odiaba. Todos estaban cegados por ti, hasta mis hijos preferían pasar el rato contigo que conmigo. No estuviste tranquila hasta ver que me desplazaban, me quitaste el amor de Albert, lo volviste en mi contra, a él, a todos.
-No seas absurda, Elsa. Albert te amaba y lo sabes. Si te dejó fue por perra, bien sabes que te daba la luna si sólo se la pidieras.- Se atrevió a gritarle Candy a pesar de llevar la desventaja de tener un arma apuntando hacia ella.
-Sí, claro. ¡Me amaba! ¡Hasta que llegaste tú! Hasta el mismo Terrence pude haberlo tenido a mis pies, pero tú lo envolviste como hiciste con todos... pero no te saldrás con la tuya, Candy.
-Créete tus propias mentiras si eso te hace sentir mejor, Elsa, pero aunque yo no existiera, Terry jamás habría puesto sus ojos en ti, tu atractivo no es más grande que el amor que siente Terry por su hermano.- Elsa reaccionaba a las palabras de Candy, cada verdad que ella le lanzaba era como una bofetada sorda que le golpeaba el ego en lo más hondo.
-¿Amor a su hermano? Si Terry respetara tanto a la mujer ajena, ahora mismo no estaría revolcándose contigo. ¿De verdad eres tan tonta para creer que Terry nunca tuvo que ver nada conmigo?- La pinchó con esa pregunta y aunque Candy pareció no inmutarse, ella sabía que le había afectado.
-No creo, Elsa, estoy segura.
-Pues deja y te bajo de esa nube, muchachita. Sé lo delirante de los besos de Terry... sé del fuego de sus manos cada vez que toca la piel, su furia indomable, su virilidad... ese sentido del humor tan pervertido lo conosco también, Candy. ¿Crees que no he sentido su torso desnudo sobre mi cuerpo cuando me hacía el amor?- Candy no quería creer nada de lo que escuchaba, era su palabra contra la de Terry, ¿pero por qué la afectaba tanto si estaba segura de que no eran más que una sarta de mentiras? ¿Por qué unos celos y una rabia atroz se estaban apoderando de ella?
-¡Eso es mentira!
-Si eso te hace sentir mejor, princesita, adelante, no me creas. Yo también he estado entre sus dedos, Candy, he sido víctima dispuesta de su apetito insaciable. He dormido bajo el peso de su cuerpo sobre el mío. He acariciado ese lunar que tiene en la nuca, ese mismo, Candy, el que al rozarle el cabello hacia arriba se ve.- Los ojos de Candy se aguaron sin poderlo evitar. Sintió tanta rabia. No quería creerle, poner su palabra sobre la de Terry... ¿Pero cómo era posible que ella conociera tantos detalles de él, de su cuerpo?
-¿Ya te convenciste, querida? ¿O necesitas más pruebas para que entiendas que no has estado con el príncipe azúl?
-¡Vete al diablo!- Candy por un impulso se lanzó sobre ella, forcejeraron y rodaron, pero Elsa nunca perdió el arma de sus manos. Haló a Candy fuerte por un brazó y con brusquedad la lanzó a la pared. Volvió apuntarle con su arma, su dedo rozaba morbosamente el gatillo.
...
Terry estaba junto a su querido hermano. Rogando por un milagro que lo hiciera despertar del mundo en que se encontraba sumido. Daba cualquier cosa por escucharlo otra vez, sus bromas, la forma pícara en que se burlaba de él con respecto a Candy y que al final él tuvo razón, dio su brazo a torcer y a pesar de las circunstancias, estaba viviendo los días más felices de su vida junto a la mujer que amaba y en medio de ese gran dolor, sus brazos eran un gran refugio, su amor era su guarida.
-Al... ¿quién te hizo esto, hermano? Si al menos pudieras despertar y nos dijeras quién fue capaz de algo tan atroz...- En el fondo Terry deseaba que no fuera Elsa, no porque le tuviera el más mínimo aprecio, sino porque sería otro golpe duro para Albert cuando despertara y sobre todo, por los pobres niños que no tenían culpa de nada.
-Cada día que pasas aquí, sin una leve señal de mejoría, yo muero un poco, hermano, tú bien sabes que no soy tan duro como aparento ser... conoces todos mis límites, creo que ni mi padre me conoció tanto como tú. Ya no puedo más, hermano, levántate, por favor. Dame la dicha de escucharte reir nuevamente, yo hasta me aguantaría los celos que me dan al ver que Candy te quiere tanto. Eres la única persona en el mundo con la que yo compartiría sus abrazos, sus risas y hasta un poco de su amor.- Terry sonrió con los ojos aguados al decirle eso, imaginándose la peculiar respuesta que le daría su hermano ante eso.
-Bueno... también dejaría que te de un beso en la mejilla alguna vez, querré matarlos a ambos luego, pero me aguantaré, sólo por escuchar tu voz una vez más. También tendría que compartir su amor con el bebé que estamos buscando y que seguro no tardará en llegar. Tienes que despertar, Al. Tienes muchos compromisos pendientes, como mi boda... serás el padrino, ¿lo recuerdas? Además que también serás el padrino del niño o de la niña que Candy y yo tendremos. ¿Cómo me visualizas, con un niño o una niña? Seguro me dirías que una pobre niña sufriría al tenerme como padre y seguro será cierto porque si llegase a ser tan bella como Candy... yo no saldría a la calle con ella sin una escopeta.- Una carcajada escapó de la boca de Terry, Albert había comentado algo similar alguna vez.
-Creo que el amor lo puede todo, Al, he sido testigo de eso. Creo que el amor es lo que te podría sacar de aquí, como me despertó a mí el amor por Bruma aquella vez... La traeré aquí para ti, hermano. Voy a buscarla, sé que a pesar de tus ojos cerrados podrás sentir la calidez de su mirada, la adoración con que siempre te veía. Ella irradiaba luz como Candy, no sé cómo la dejaste ir. Pero vas a recuperarla, Al. Traeré el amor de tu vida aquí. Si ella no te saca de ese abismo, nada lo hará.- Terry pensaba agotar todo lo que estuviera en sus manos para traerlo de vuelta. Buscaría aquella mujer que fue capaz de traspasar el alma de su hermano y hacerlo olvidar su obsesión por Elsa. Ese amor le había dado a Albert un nuevo brío, era evidente el cambio, hasta que la maldad de Elsa arruinó su relación y la pobre Daisy salió de su vida para no ocacionarle más problemas, tenía al igual que Albert, la virtud de pensar en los demás antes que en sí mismo.
-Es una promesa, hermano. Voy a traerte a la mujer que amas, así tenga que peinar al país entero. Sé que el amor te hará volver. También te prometo que voy a dar con el desgraciado que te hizo esto y haré un gran esfuerzo para no matarlo con mis propias manos. Así se trate de la mismísima Elsa, haré que esa maldita infeliz no tenga ni un sólo minuto de paz mientras dure su existencia.- Había que ver lo apasionado que era Terry en todo, lo apasionado y extremista. Podía tener muchos defectos, pero daría la vida por sus hermanos y por todos los que amaba.
Sonó su celular. La llamada venía de la academia en que Lucy tomaba sus clases de teatro. Contestó y se le desfiguró el rostro cuando escuchó que no habían ido a recogerla. Sólo pensó en una sola cosa.
-¡Candy!- Exclamó presintiendo lo peor. Se despidió de Albert apretando su mano y voló a buscar a Lucy.
...
-¿Vas a matarme, Elsa? ¿Igual que lo intentaste con Albert?- La osadía de Candy hizo que por primera vez a Elsa le temblara el pulso. Fue pavor lo que Candy pudo ver en su mirada.
-¿De qué mierda hablas, estúpida?- Gritó furiosa y nerviosa sin dejar de apuntarle.
-Eres la principal sospechosa, Elsa. Sólo tú podrías estar interesada en su muerte. A estas alturas, la policía debe estar peinando el país buscándote. Albert es un Grandchester, no dudes que muy pronto la noticia esté corriendo por todo el país y tu rostro saldrá en todos los titulares. ¡Asesina!- Le gritó y Elsa parpadeó varias veces.
-Mátame si quieres, Elsa, no vas a llegar muy lejos. Sabemos que intentaste matar a Albert, todos los sabemos y veo que ni te has esforzado en negarlo.- Siguió pinchándola Candy y Elsa estaba a punto de entrar en crisis por los nervios.
-Sí, yo lo mandé a matar. ¡Fui yo! Pero tú... no vivirás para contarlo.- Le apuntó con más firmeza en el pecho, la cara de Candy temblaba de horror, abrazó su vientre mientras las lágrimas bajaban por su rostro y justo cuando Elsa iba apretar el gatillo, el celular de Candy comenzó a sonar en el bolsillo de su jean. Era una llamada de Terry.
-¡Ni lo sueñes! Dame ese teléfono, zorra.- La amenazó Elsa, pero Candy logró presionar el botón de contestar, agradeció que fuera lo suficientemente grande y con pantalla táctil y logró también apretar el botón de alta voz. Se escuchaba a Terry decir el nombre de Candy varias veces.
-¡Terry! Elsa está...- Elsa le arrebató el teléfono y le dio un golpe a Candy en la mejilla con la culata del arma. El teléfono cayó al piso sin hacerse añicos gracias al protector que lo cubría.
-Acabas de firmar tu sentencia de muerte, basura. Terry no fue mío, pero tú tampoco vivirás para quedártelo. Ninguno será feliz.- El arma estaba pegada a su frente. Las lágrimas le quemaban el rostro. Elevó una plegaria en silencio y le rogó a Dios que si se llegase a encontrar embarazada en ese momento, que le diera la oportunidad de vivir, al menos a su bebé, rogó por un milagro mientras cubría su vientre plano sólo por el mero hecho de presentir que no estaba sola.
-Cuídame, mi ángel.- Expresó muy bajito con sus manos aún en su barriguita, pero Elsa la escuchó y la miró con más burla.
-¡Vaya! Esto sí que es noticia. Te dejaste preñar, eres más lista de lo que pensé.- Sonrió con malicia y con más desprecio aún.
-Pero sabes qué... no vivirás para ver a tu bebé... no logré matar a Albert... y quiero que mueras con la impotencia de saber que fui yo que planifiqué su muerte y que tú no podrás hacer nada. Porque vas a morirte ahora junto con el bastardo que estás esperando.- Otra vez hizo el ademán de apretar el gatillo. La vida de Candy pendía de un hilo. Cerró los ojos esperando el momento. Ya había llegado la hora. Agradeció a Dios en silencio por haberle permitido vivir los días más feliz de su vida junto al hombre que amaba, partiría con la dicha de saber que él también la amaba.
-¡Elsa Fuentes! Somos la policía. Arroje el arma.- El oficial Padilla y varios hombres llegaron justo a tiempo. Dios escuchó las plegarias de Candy, pues Terry habría ido hasta la casa por sí solo, pero Dios puso en él la sensatez y se comunicó con Padilla.
-¡No se me acerquen! No se me acerquen o ella y su bastardo se mueren...- Amenazó Elsa sumamente nerviosa y sin dejar de apuntar hacia Candy.
-Terry...- Murmuró Candy, ya rendida, resignada a morir.
-Arroje el arma y entréguese, señora Fuentes.- Habló la voz grave de Padilla, pero Elsa seguía apuntando firmemente hacia Candy aunque le temblaban las manos y sus ojos aguados brillaban de furia. Dos oficiales tuvieron que sostener a Terry porque se iba encima de Elsa y ese acto impulsivo podría traer lamentables consecuencias.
-No serás feliz con ella, Terrence.- Desvió la mirada hacia Terry y en esa distracción uno de los oficiales la interceptó por atrás, tumbándola al piso y despojándola de su arma.
-Terry... ¡Terry!- Candy fue corriendo a sus brazos, llorando y él la recibió en ellos, cargada, abrazándola fuerte, llorando con ella.
-Ya estás bien, mi amor. Nada va a pasarte... Voy a cuidarte con mi vida.- Llorando la abrazaba y la besaba con adoración, no la soltó en ningún momento.
A Elsa le leyeron sus derechos y fue esposada mientras lanzaba toda clase de insultos e improperios como una loca.
-¿Este teléfono...?- Preguntó un oficial recogiendo el aparato del piso.
-Es mío.- Dijo Candy apresurada.
-Pues está en modo de grabación, puede ser evidencia importante para el caso. Lo llevaremos para examinarlo.- Dijo el oficial mientras otro lo guardaba en una bolsa transparente de cierre hermético. Elsa no supo que al arrebatarle el celular a Candy apretó el botón de "grabar". Ahí había evidencia de todo, incluyendo su confesión de haber planificado el asesinato de Albert. Elsa no tenía ni idea de lo que le esperaba... de todas las vueltas que da la vida... de los juegos del destino...
-Lucy fue abrazarlos también, había permanecido en una patrulla con la misma oficial que la había encontrado en el almacén donde había estado secuestrada. A pesar de todo, estaba tranquila, pues ignoraba muchos de los sucesos, como la situación de Albert.
Dos semanas después de los fatídicos sucesos, Candy y Terry se encontraban en su habitación. Abrazados y comentando la alegría de que Albert le había apretado una mano a Daisy. El doctor había dicho que era una buena señal y ellos se abrazaron a la esperanza. Terry había vuelto a sonreir, estaba lleno de fe.
-Es el milagro de estar enamorado, Candy. Sé que su amor por ella lo traerá de vuelta.- Le expresó mientras la abrazaba fuerte con la cabeza apoyada en el hueco de su hombro.
-Estoy segura de que será así, mi amor. Gracias a... ¡Buah!- Un ataque de náuseas la interrumpió y se incorporó rápidamente para dirigirse al baño.
-¿Qué te pasa mi amor?- Preguntó Terry preocupado viendo como la cara de Candy se ponía pálida y morada a la vez mientras corría al baño donde devolvió hasta lo que no se había comido.
-¿Estás bien, cielo? ¿Quieres que te lleve al médico?- Le preguntó con dulzura pasando la mano por su espalda mientras ella abrazaba el inodoro, las náuseas seguían amenazándola.
-No... mejor mañana en la mañana cuando los niños estén en la escuela.- Dijo ella mientras se ponía de pie para enjuagarse la boca. La custodia de los hijos de Albert había pasado a Terry temporalmente y a pesar de las circustancias, los niños estaban felices, como si hubiera sido un gran alivio el estar lejos de la bruja que tenían por madre.
-¿Estás segura de esperar a mañana?
-Sí. No te preocupes, cielo. Son sólo náuseas y mareos, los he tenido siempre, desde que padezco de hipoglucemia, seguro que no es nada grave.- Ella le sonrió y se fueron a la cama.
-Bueno... vamos a dormir que es tarde. Mañana, tan pronto dejemos a los niños en la escuela, vamos para el médico.- Fue una orden que no tuvo lugar a réplicas. Le besó la frente y la abrazó. Candy no cambiaba por nada la sensación de estar entre sus brazos. Pero había una inquietud que nunca dejó de rondar por su cabeza durante esas dos semanas.
-Terry... ¿Puedo preguntarte algo?
-Lo que quieras, mi amor.
-Yo sé que existe el refrán de que lo que no fue en tu año no te hace daño... y además sé que todos cometemos errores... y no voy a juzgarte...- No sabía cómo formular la pregunta. Algo le decía que terminaría mal la cosa, pero ella tenía que sacarse esa espina y tenía derecho, como pareja a expresarle sus miedos y dudas.
-Candy, muñeca, ve al grano.
-Bien... ¿De verdad nunca tuviste nada que ver con Elsa?
Terry se incorporó de golpe y ella se asustó. Algo desconocido brillaba en sus azules pupilas.
Continuará...
¡Hola!
Otro capítulo intenso e impactante, ¿no? Estamos cerrando la segunda etapa para pasar a la tercera y última de esta historia. Ya comenzaremos con las revelaciones que todas están esperando. No piensen que lo de Elsa (es Elsa y no "Elisa", no me comí la "I", Elisa en esta historia es la mamá de Candy y está bien presa, recuerden que participó y fue cómplice del secuestro de Lucy) pues lo de Elsa no terminará ahí, tengo una que otra sorpresita para ella. Nuestro príncipe de la colina ya está reaccionando... el amor lo puede todo. Veámos si el amor de su Daisy lo trae de vuelta.
¿Y esos síntomas de Candy? ¿Será que está enferma? (Jajajaja) Hay que ver cómo reaccionará Terry ante la pregunta de Candy... como pareja, tienen que tener comunicación y confianza para expresar sus miedos y dudas y a pesar de lo incómodo de la pregunta y lo "absurda" que tal vez parezca, si ella tiene la duda, es su deber comunicárselo que vivir con esa espinita que al final les afectará más, ¿no creen?
Ya revelamos por qué Candy nunca pudo comunicarse con Terry cuando llegó a su casa del estadía en yate. Ahora queda saber...
¿Qué pasó para que Candy se casara de esa manera apresurada?
¿Con quién se casó?
¿Cómo fue la convivencia con Terry durante ese tiempo?
Tenemos varios capítulos más para averiguarlo.
Quiero agradecerles a todas por sus comentarios y su apoyo. Especialmente a ti, Nerckka por tu empeño en hacerme llegar a 1,000 reviews jejeje. Con los que me dejan todas ustedes, niñas lindas, me doy por satisfecha.
Anneth White: ¿Qué puedo hacer si soy mazoquista y me encanta el insoportable, arrogante, celoso, posesivo, obsesivo y enfermizo de Terry? Jejejeje. Gracias por tus reviews, preciosa.
ginaa: Aquí Candy se defendió y dio lucha mientras pudo, pero ya con un arma apuntándole... la cosa cambia jejeje.
VERO: Gracias por tu review y bienvenida. Me alegro que te haya gustado Puerto Rico y espero algún día visitar México. Vuelvo y repito, ¡viva México!
anieram 1: Estoy comenzando a adorar tus comentarios jejeje.
Bueno, es todo por hoy. Las adoro, niñas lindas.
Wendy
