Entre el amor y el odio

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 20 Disipando dudas


Candy se asustó al ver la brusquedad con que Terry se puso de pie. Lo fríos que se volvieron sus ojos azules. Sintió temor y estuvo a punto de arrepentirse por haber preguntado, por haberse adentrado en ese camino boscoso.

-¿Se puede saber a qué viene esa pregunta, Candice?- Le espetó finalmente en un tono nada amable.

-Sólo contéstame, Terry, con la verdad. Necesito saberlo para...

-Me hiciste la misma pregunta hace unas semanas atrás y creo que fui muy claro con la respuesta.- Le gritó, su voz retumbando por toda la habitación y Candy orillada en un rinconcito de la cama.

-Sí, lo sé, pero es que... ella conocía tantos detalles de ti... de tu cuerpo que...

-Candy, estamos hablando la de la mujer de mi hermano. ¿Qué clase de mounstro piensas que soy yo? ¿De verdad me crees capaz de algo tan bajo? ¿Y con Elsa? ¿Ese hombre que piensas que soy es con el que quieres casarte y tener un hijo?- Estaba fuera de sí, no le dolía que Candy mostrara algo de celos, pero si la manzana de la discordia tenía que ver con una traición a su hermano, sencillamente era indignante.

-¡Ya no me grites! Tengo todo el derecho del mundo a preguntarte. Tú siempre quisiste ganarte mi confianza. Ahora la tienes. No sabes todo el trabajo que me ha costado finalmente plantearte esta pregunta. Confié en ti lo suficiente para esperar una respuesta que me tranquilizara, pero tú... tú siempre...- El llanto de rabia que siempre la traicionaba le ahogó el argumento.

-¡Ah claro! Confías en mí. ¡Cómo no! Confías tanto en mí que has tenido que preguntarme dos veces y no te convences. Ni siquiera a ti te falté el respeto de esa manera cuando estuviste casada, ¿por qué piensas que sí lo hice con la mujer de mi hermano?- Su ira no disminuía, realmente no era coraje, era indignación, se había ofendido.

-¡Claro que confío en ti! Por eso necesitaba escucharlo de tu voz para convecerme de lo que siempre creí, que todo era mentira, que tú jamás serías desleal a tu hermano...

-¿Y qué fue lo que no te convenció al principio?- Fue sagaz, dispuesto acorrarlarla.

-En un principio jamás lo dudé. Entonces esa mujer me dijo que...

-Ah, porque por ahí viene la cosa, ¿no? Ella te dijo alguna estupidez y pusiste mi palabra en duda por la de ella...

-¡Ninguna estupidez! ¿Cómo reaccionarías tú si un hombre te dijera que sabe de lo ardiente que soy? Lo que es dormir sobre mi cuerpo, que conoce mis lunares... cosas que sólo tú que te acuestas conmigo deberías saber... ¿O se te olvidó todas las veces que me preguntaste lo que hubo entre Neil y yo porque no me creías que no hubo nada? Todas las escenas que tú montas cuando estás celoso por cualquier tontería. Y yo... que es la primera vez que expreso una duda, el primer ataque de celos, por llamarlo así, que he tenido, mira como reaccionas. Como un animal. ¡Como siempre!- Le gritó con rabia, pero Terry se había suavizado hacía rato cuando ella habló sobre los detalles que supuestamente conocía Elsa de él y una rabia y unos celos atroces se apoderaron de su ser ante la comparación de que fuera en sentido contrario, que otro hombre conociera los detalles íntimos de Candy. Se le había virado la tortilla.

-Me muero, Terry, me muero por saber tu reacción cuando otro hombre te diga lo delirantes que son mis besos, lo que es sentirme entre sus dedos...- Le comentó con ironía y sarcasmo, pero sobre todo, con un dolor profundo en sus ojos y con una rabia inmensa. Sus pupilas verdes taladraban a Terry.

-Que otro te diga lo maravilloso que ha sido hacerme el amor...

-¡Ya basta!- La paró en seco y se le acercó, pero ella le rehuyó. También estaba dolida y no lo quería cerca.

-Tienes razón. Tienes toda la razón, lo siento.- Se le acercó un poco más, ya bastante calmado y dispuesto arreglar el atolladero. Ella seguía arrinconada, con las piernas dobladas hacia arriba, su cabeza apoyada en las rodillas en las que tenía la cara enterrada y se cubría con los brazos para evitar todo contacto.

-No me molesta que hayas tenido tus dudas y mucho menos que hayas estado celosa... fue que creyeras que traicionaría a mi hermano con una mujer como Elsa... bueno, ni como Elsa ni con ninguna que fuera mujer suya. Esas bajezas no están en mi naturaleza... Lo siento, preciosa. No quise...- Intentó otro acercamiento que igual fue rechazado.

-¡No lo sientas! Tú siempre me estrujas y luego quieres venir a plancharme. No te quiero cerca. ¡Vete!- Lo manoteó llorando, pero él le detuvo todos los manotazos que le iban dirigidos.

-¡Que me dejes en paz! No quiero saber nada de ti...- Le decía, pero lo gracioso era que él ya la tenía sobre su regazo y aunque ella le seguía lanzando improperios, estaba aferrada a él con la carita hundida en su pecho, abrazada a él mientras él le besaba y acariciaba el pelo.

-Ya no llores, preciosa. Puedes seguir insultándome si quieres, pero no llores, sabes que no puedo soportar eso.

-Es que tú... hip... tú siempre me haces llorar y... hip... ¡Y eres un idiota, Terrence!

-Sí, soy un idiota, pero un idiota que no soporta verte llorar. Tampoco soy lo suficientemente idiota como para traicionar a mi hermano por una mujerzuela como Elsa. No soy tan idiota como para pensar que tú seas igual que ella y hasta un idiota como yo reconocería que te ama profundamente y que mientras viva jamás estaré con otra mujer que no seas tú. Y a pesar de todos mis celos sin razón ni fundamentos... en el fondo, este idiota sabe que tú eres sólo mía.- La llenó de besos y aprovechó el momento en que ella levantó la cara para mirarlo y le enjugó las lágrimas, pero el gesto de ella seguía siendo orgulloso y lo miraba con su naricita respingona en la cual él depositó un tierno beso.

-¿Te sientes mal de nuevo, mi amor?- Preguntó al ver como se le contraía la cara.

-No... es sólo que... ¡Buah!- Se puso de pie en seguida y volvió a correr al baño que hace unos días se había convertido en su mejor amigo. Una vez arrodillada ante el inodoro, soltó el poco contenido que le quedaba en el estómago. Terry se mantuvo a su lado, ya la miraba con cierta pena. Era tan triste verla encogerse cada vez que llegaba un ataque de náuseas.

-Mañana iremos al médico sin falta.- Declaró mientras la ayudaba a ponerse de pie.

-Si estás enferma y empeoras por no querer ir a revisarte no me lo perdonaré.

-No estoy enferma y no me tienes que acompañar, puedo ir yo sola.- Sentenció mientras tomaba la mano que él le ofrecía.

-Sabes que iré contigo de todas formas, así que ni te molestes en discutir.- La llevó a la cama y se acostó apoyando su espalda en el espaldar, con ella entre sus piernas, acariciándole el estómago para aliviarle el malestar, según él.

-Terry...

-Dime, muñeca.

-Que... que te amo.- Reconoció con su gesto infantil de niña que ya se rinde sin tener opción. Juntó sus manos con las de él sobre su vientre mientras él le daba tiernos besitos en el cuello.

-Yo a ti te amo desde mucho antes de que yo mismo lo supiera. Te amo más que a mi vida, mi ángel.

-Ya no voy a dudar de ti... bueno no tanto...

-Voy a contarte todos los detalles, Candy. Sólo para que te convenzas de la clase de arpía que es Elsa... tal vez así comprendas por qué sabía ella esos detalles sobre mí...

-Elsa, me asustaste. No esperaba encontrarte aquí a estas horas...- Dijo Terry encontrándose con ella en la cocina cuando bajó con la intención de hacerse un sandwich. Había tenido tanto trabajo ese día con la grabación de un comercial que a penas había desayunado. También porque parte de la tarde lo había pasado viendo apartamentos, buscando el que sería perfecto para él y Bruma.

-No te preocupes. Yo también suelo ponerme muy hambrienta por las noches...- Dijo en tono sugestivo poniéndose de pie de pronto y pasando con su contoneo sensual por el lado de Terry, se había dejado el albornoz abierto a propósito, pero Terry ni se fijó en la sensual bata de seda con pronunciado escote de encaje que llevaba. Era la mujer de su hermano, sencillamente y además todo su deseo y su lujuria estaba reservado para una sola persona, Bruma. Aunque sí se sintió él un poco incómodo por no llevar camisa. Sentía que no era correcto en presencia de ella, por respeto a la esposa de su hermano. Pero ella estaba deleitándose con lo maravilloso de su torso y sus fuertes brazos.

-Disculpa, de verdad no pensé encontrarte aquí. Iré a ponerme una camisa...

-No, no te preocupes por mí, puedes quedarte así. Soy una mujer casada, no voy a sonrojarme por un torso de hombre desnudo.- Le dijo mordiéndose los labios provocativamente y rozando su torso con las uñas. El gesto puso a Terry un poco incómodo, pero la ignoró y se dispuso a sacar del refrigerador los ingredientes para su sandwich. Se encontraba cortando unas ruedas de tomate cuando...

-Así no, cariño, podrías cortarte. Hazlo así.- Se paró detrás de él, totalmente pegada a su cuerpo y lo abrazaba por la cintura mientras ponía su mano sobre la de él que sostenía el cuchillo. Eso sí lo puso nervioso, no porque se le haya encendido el deseo por ella, sino por su descaro y lo comprometedor de la situación si alguien los encontrara así.

-Elsa... creo que estás invadiendo mi espacio personal. ¿Te importaría...?- Ella se le despegó, pero se quedó recostada en los gabinetes de frente, con su mirada lujuriosa hasta que dejó caer el albornoz por completo.- Él se quedó en shock y no por lo bien que se viera ella, sino porque no la creyó capaz de semejante osadía.

-¿No quisieras venir a saciar tu hambre...?- Se acercó a él nuevamente, poniéndole los pechos casi en la boca por ser ella una mujer más alta de lo normal.

-Elsa... ¡Por Dios! ¿Te has vuelto loca?- La esquivó, más que molesto, indignado, con repulsión.

-No me niegues que no te gusto ni un poquito. Sé que me deseas, Terrence, tócame, anda...- Le llevó una mano a su sexo y Terry la retiró como si quemara.

-Mira, Elsa, tal vez estés cansada, no sé, pero mejor vete acostar. Yo no estoy interesado en ti, eres la mujer de mi hermano, prohibida para mí. Aún si fueras la última mujer en el mundo no me fijaría en ti. Voy hacer de cuenta que esto nunca sucedió. Además, tengo novia.- Le soltó y el rostro de ella se desfiguró con la noticia, pasó del gesto provocativo a la furia y el desprecio. Ya ella se había insinuado antes de manera más sutil, pero Terry quiso pensar que era sólo su imaginación, ahora se daba cuenta que la cosa iba en serio. Con más razón no llevaría a Bruma a vivir ahí con él estando esa mujer presente. Por eso lo mejor era buscar un apartamento como había sido la intención.

-¿Así que tienes novia? Será por eso que desapareces todas las noches últimamente...

-Eso no es asunto tuyo, Elsa. Dedícate a tu esposo y a tus hijos que de mi vida me encargo yo.- Le espetó dispuesto a irse, olvidándose del sandwich, hasta se le había quitado el hambre.

-¿Y sabe tu novia que te estremeces todito cuando te acarician la nuca así? ¿Ha acariciado este sexy lunar que tienes aquí?- Le soltó con voz melosa mientras lo sobaba y él le apartó la mano de un manotazo.

-No te resistas más, Terry. Será nuestro secreto. Tu hermano está de viaje, no tiene por qué saberlo... es sólo un polvo, vamos. Te dejaré que me la metas por donde quieras.- De un salto se le colgó a la cintura, abrazándolo con sus piernas como un pulpo e itentó besarlo. Terry se la arrancó de encima con tanta brusquedad que cayó sentada al suelo mientras Terry la miraba con un odio y una rabia indescriptible. Ella a su vez lo miraba con furia, humillada y levantándose del suelo mientras se sobaba el trasero.

-No entiendo, Elsa, no entiendo cómo mi hermano fue a parar con una mujer como tú...- Le dijo con el asco más grande reflejado en sus ojos.

-¿Una mujer como yo? ¿Debo sentirme mal por ser una mujer que no teme expresar sus deseos? ¿Que disfruta de su sexualidad y está dispuesta a saciarla?

-El deseo de una mujer casada, debe ser para su marido y tú tienes uno que daría la vida por ti y que además, estoy seguro que comparte el mismo apetito tuyo, con la diferencia de que él sólo lo saciaría contigo. Que Dios te perdone, Elsa.- Le dijo y se retiró a su cuarto, dejándola ahí ardida e insatisfecha, con la miel en los labios, deseando algo que jamás tendría.

Terry se acostó en su cama un poco abrumado por lo sucedido en la cocina. Agradeció que su hermano estuviera de viaje porque no quiso ni imaginar lo que pasaría si hubiera sorprendido a su mujer de esa manera y si le creería que él no tuvo nada que ver. Pero tan pronto como llegara de su viaje, hablaría con él, no importa si le creyera o no, él cumpliría con su parte de decírselo. Después de unos minutos de estar maquilando, se quedó dormido con el pensamiento de su ángel pecoso, con los planes que tenía para ambos.

Viajó por el mundo de los sueños y todo se sentía tan real. La estaba viendo, le sonreía con sus dientes pequeños y parejos y su pelo bailando con el viento. Se encontraban en la playa, él la tomaba de las manos y la giraba por los aires mientras disfrutaba de la música de su risa. Luego ella se fue corriendo hacia el agua y él corrió detrás de ella hasta alcanzarla. Entre risas se besaron. Ella se le colgó a la cintura en medio del beso apasionado que estaban compartiendo. Sintió como se iba excitando y la forma en que ella se frotaba de él. Terry le deboraba los labios, el cuello. Acariciaba sus pechos extasiado, se los chupaba y ella gemía.

-Terry... quiero ser tuya, Terry... hazme el amor...- Le pedía entre jadeos que lo excitaban aún más, hasta el dolor.

-¿Ahora, mi amor? ¿Quieres que te haga mía aquí?- Mientras seguía besando su cuello y sus pechos y apretaba más sus nalgas para presionarla contra su erección.

-Sí, Terry, ahora... no aguanto más, te deseo tanto...- Seguía jadeando y se mordía los labios. Terry iba a cumplir su deseo. Le sacó las bragas y dejó que la corriente se las llevara. Le dio otro beso ardiente...

-Vamos, mi amor... házmelo ya.- Se mostraba desesperada y ansiosa. Él tomó su trasero con firmeza y estaba dispuesto a entrar en ella cuando a lo lejos se escuchó el sonido de un yate que se acercaba, no era el suyo, pero sí veía que era su hermano Albert que iba en él y lo miraba de forma acusatoria. De pronto miró a Bruma y vio como su rostro se iba desvaneciendo.

-¿Bruma?- La llamó mientras su rostro iba desapareciendo hasta que se transformó en la cara de Elsa, de la impresión despertó de golpe, pero el despertar fue peor.

-¡Elsa! ¿Qué coño haces en mi cuarto?- La apartó de golpe haciendo que casi cayera. Resultó que era ella la que estaba a horcajadas sobre él, totalmente desnuda y era ella la que se frotaba de su erección que a diferencia del sueño era cien por ciento real debido al mismo.

-¡Sal de aquí ahora mismo, maldita zorra!- Se puso de pie y del brazo la arrastró hasta la puerta, la lanzó afuera sin ningún tipo de contemplación. Se llevó las manos a su cabello mientras trataba de salir de la impresión, de asimilarlo todo.

-¡Maldita perra!- Exclamó Candy luego de que él terminara con su relato.

-Nunca he odiado a nadie, pero a esa mujer la odio, Terry. ¡La odio!

-Ya mi amor, no pensemos más en ella. Ahora mismo, en la cárcel en que se encuentra debe estar haciendo lo que más le gusta. Seguro que allí debe ser la perra de una de las marimachos de allí.- Candy se estremeció con ese comentario. Aún era algo inocente y pudorosa para muchas cosas.

-¿Quieres decir que en la cárcel... las otras mujeres...?

-Eso mismo. Más que eso se merece esa infeliz. Pero ya no pensemos en ella. Vamos a dormir que mañana hay que levantarnos temprano. No creas que he cambiando de parecer con respecto a visitar el médico.

-Pero...

-Pero nada, Candy. A dormir y mañana al médico.- El besó su boquita en el gesto infantil y refunfuñón que hizo y luego se acomodó con ella. Estaban tan cansados que a los pocos minutos se quedaron dormidos.

-Pecas... pequitas... Despierta, dormilona.- Terry la despertaba a besitos mientras ella seguía remolona, vuelta una bolita en las sábanas.

-Vamos, los niños te esperan para saludarte. No Puedes volarte el desayuno, además.

-Pero Terry... yo no me quiero levantar. Me siento mal...- Se quejó sentándose de pronto en la cama y con la carita refunfuñona. Terry le tenía una ternura inmensa, cuando estaba así de ñoña, él sólo quería estrecharla entre sus brazos y comérsela a besos.

-Pues por eso precisamente vamos al médico, para que te revisen y te puedas sentir mejor. ¡Vamos!- Con el mismo gesto infantil, Terry la llevó al baño y Candy se aseó, luego de la ducha estuvo más despierta y con más ánimo, como de costumbre, a pesar que volvió a vomitar antes y después del desayuno. Se limitó a comer frutas y tomar jugos, evitando las grasas y cualquier cosa que resultara repugnante porque por su condición no podía quedarse con el estómago vacío.

-Vamos, niños, apúrense.

-Pero no queremos ir a la escuela, queremos quedarnos con Candy y contigo.- Protestó Angie, la hija de Albert, una rubia preciosa.

-¡No me digan! ¿Y cuando tu papá me pregunte cómo va la escuela? ¿Les digo que cancele el viaje a Disney World porque no quieren ir a la escuela?

-¡No!- Respondieron los hijos de Albert a lavez que Lucy y apresurados tomaron sus mochilas.

-Vamos, Lucy, de prisa.- Dijo Willie.

-No me digan Lucy, díganme tía.- Les dijo indignada, porque a pesar de que sólo le llevaba dos años a Willie y tres a Angie, efectivamente, Lucy era su tía.

-Pero es que tú no te ves como una tía... ¿verdad, tío Terry?- Dijo Angie.

-Bueno, es una tía pequeña, pero es su tía. Aunque no creo que a Lucy le importe si le llaman prima, ¿verdad, Lucy?

-Bueno...- Expresó resignada y se aprovechó de Terry para que la llevara cargada hasta la SUV que los llevaría a todos a su destino.

Luego de dejar a los niños en la escuela y animar a los hijos de Albert, pues estudiaban en otro colegio y ahora asistirían al mismo de Lucy, esperaban que pudieran adaptarse bien al cambio y que por nada del mundo la noticia de lo que realmente pasaba con sus padres llegara a sus oídos. Pensaban que ambos estaban de viaje, buscarían ayuda profesional para ir diciéndoles la verdad poco a poco.

Luego de dejarlos, se dirigieron al médico. A Candy se le hicieron varios análisis, le tomaron la presión, le hicieron una prueba de azúcar y varias pruebas de sangre para verificar sus plaquetas y si era posible que tuviera anemia, pues ya tenía historial de eso. Le hicieron también otro análisis, el más que le interesaba a ella. Prefirieron esperar en sala las dos horas en que tardarían todos los resultados. El celular de Terry sonó.

-Buenos días. Hola, Daisy. ¿Pasó algo? ¡Bendito sea Dios! En un momento estaré ahí...

-¿Qué? ¿Qué te dijo, Terry?- A Candy la mataba la curiosidad y el miedo a que sea una mala noticia.

-Es con relación a Albert... él...

-Candice White, oficina tres, por favor.- Al escuchar su nombre en el intercom, interrumpió la respuesta de Terry y fueron hacia el lugar el lugar indicado. El doctor los estaba esperando con todos los resultados en la mano.

-Buenos días otra vez, Candice. Bueno... No sé cómo tomes esta noticia, pero tu enfermedad...

Continuará...


¡Hola niñas!

Último capítulo de esta etapa. Ya los próximos son los culminantes, muchas revelaciones los acompañarán, en éste sólo tuvieron un pequeño entremés de lo que viene próximamente. Entramos en la recta final.

¿Cuál será esa enfermedad de Candy?

¿Qué habrá pasado con Albert?

¿Qué pasó con Candy mientras Terry convalecía en el hospital?

Y sobre todo... ¿Con quién se casó y por qué?

¡Lo averiguaremos pronto!


Gracias por tus comentarios:

Abi- Comoaguaparachocolate- Nerckka- dulce lu- Alexa- Andrea- Katty White- Shareli Grandchester- Dali- Amy C.L- Yancy- anaalondra28- Iris Adriana- WISAL- Mary- Zafiro Azul Cielo 1313- VERO- are- Rose Grandchester- Nathy- marla88- Laura Grandchester- anieram 1- zucastillo- Betk Grandchester- SILVIA E- LUCYLUZ

Shareli Grandchester: Espero de corazón que tu papá se recupere muy pronto y gracias por a pesar de ese momento de angustia que estás pasando sacas el tiempo para leerme y dejar un review. Eso vale mucho. Bendiciones y sanidad para tu padre, para ti y los tuyos.


Chicas:

Mi amiga Kary Cruz, la que estuvo hace poco en el hospital y que ustedes me acompañaron con sus oraciones para su pronta recuperación, aparece en fanfiction como Kary Klais, ha publicado su primer fic, se llama "Tú o ninguna" (Terryfic, obviamente) está muy bueno y al igual que yo pretende dejar un capítulo diario ya que su fic está casi terminado. Espero que le den todo su apoyo como lo han hecho conmigo, ella no se atrevía a publicarlo, pero yo la animé porque realmente tiene talento y su fic es muy hermoso, al menos a mí me gustó. Si no es mucho abuso de mi parte, delen una revisadita, no se van arrepentir y si es posible, dejen sus comentarios para que la alienten a continuar. Como la gran familia que somos aquí, apoyemos el talento y el amor por Candy Candy. Cuento con ustedes, preciosas.

Las quiero, chicas.

Su amiga,

Wendy Grandchester.