Entre el amor y el odio
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 21 Ángeles
-¿Mi enfermedad? ¿Mi enfermedad avanzó? ¿Se convirtió en diabetes?- Preguntó Candy sin poder evitar el llanto. Había pasado años cuidando lo más posible de su hipoglucemia para que no se convirtiera en diabetes. Sintió cierto rencor hacia su madre, las matadas de hambres que ella a propósito le daba como castigo o su ausencia en la casa causaron esos desórdenes alimenticios en Candy que le provocaron la hipoglucemia.
Terry la apretó fuerte, con un dolor y una rabia profunda. No había puñalada más profunda y desangrante que verla a ella sufrir, como si ya no hubiera sido suficiente.
-Tranquila, Candice. No me has dejado oportunidad para expresarme. Pues sí, tu enfermedad ha avanzado. Y seguirá avanzando. No habrá forma de detenerla...
-¿Quiere decir que...?- Musitó ella con un hilo de voz.
-¿Entonces no se puede hacer nada?- Gritó Terry poniéndose de pie.
-Bueno, me temo que en los próximos ocho meses no podrán hacer nada para evitar que llegue al mundo un precioso bebé.
El mundo se paralizó para los dos. Sus pupilas se habían quedado estáticas, se preguntaron si habían escuchado bien.
-¿Un... un bebé?- Preguntó ella con sus ojazos aguados bien abiertos.
-Sí, Candice. Tu enfermedad desaparecerá en unos meses.- Le sonrió el doctor achicando sus ojos cálidos y bondadosos.
-Tu hipoglucemia está muy bien controlada, no tienes nada de lo que preocuparte, sí debes cuidarte más los niveles de azúcar por el embarazo, si no haces desarreglos, sólo puedes esperar un angelito en los próximos meses.
-¿Escuchaste, Terry? ¡Ya! ¡Ya vamos a tener un bebé!- Corrió abrazarlo llorando y él la apretó fuerte, sonriendo y llorando también. Besándole todo el rostro. El doctor miraba todo fascinado, era tan gratificante su profesión cuando las noticias eran alentadoras.
-Nuestro bebé. Nuestro Ángel...- Murmuró Terry y le dio un casto beso en los labios, el cual detuvo cuando el doctor carraspeó recordándoles que no estaban solos.
-Me alegro que estén felices, muchachos. Un hijo siempre es una bendición.- El doctor les entregó los resultados de los análisis, le dio a Candy una receta con las vitaminas que debía tomar durante el embarazo y un referido para que se hiciera su primera ecografía. Se marcharon de ahí más que felices y se dirigieron al estacionamiento.
-Terry... ¿a dónde vamos ahora?
-¡Uff! No terminé de decírtelo cuando te llamó el doctor. Daisy me dijo que Albert por fin despertó.
-¡Despertó! Vamos a verlo. ¡Vamos!- Ella estaba tan eufórica como una niña, la dicha de ambos era inmensa. Al fin una luz en medio de tanta oscuridad.
-Candy...
-Dime, mi amor.
-Gracias. Gracias por este hijo. Gracias por darme este milagro aunque estoy conciente de que no me lo merezco. Te prometo que voy amarlos y defenderlos con mi vida.- La recostó del auto y arrodillándose de pronto ante ella llenó de besos su vientre. La blusa se le mojó de sus lágrimas y ella también lloró de felicidad junto a él.
-Yo soy la que te agradece por darme a este ángel. Voy amarlo tanto. Me esforzaré por ser la mejor madre que pueda tener, así como fue la tuya.
-Estoy seguro de que será así.
-También voy a consentirlo mucho. En todo.
-Claro, mi amor. Será todo como tú quieras. Es tu bebé y por supuesto que lo consentiremos.- Se puso de pie y le dio un apasionado y tierno beso. Recorrió con sus labios su rostro y con ellos le enjugó las lágrimas.
-Creo que mejor nos vamos. Quiero ver ya a mi hermano.
-Sí, yo también muero por verlo.- Terry la ayudó a subir en la SUV y hasta le puso el cinturón, ya estaba cuidándola. Podría tener muchos defectos, pero su amor y adoración hacia ella era genuina.
Mientras él conducía, su mano libre se mantuvo situada en el vientre de ella, acariciándolo, juró que casi podía sentirlo. La miraba de vez en cuando y sonreía, ambos sonreían como tontos, felices.
Llegaron al hospital y ante la puerta del cuarto de Albert, Terry se detuvo. De pronto sintió miedo sin poderlo explicar. Candy se le acercó y acarició con ternura su espalda.
-Estoy segura de que debe estar esperándote. Vamos.- Su espléndida sonrisa y la dulzura con que lo miró lo derretía, él hacía cualquier cosa sólo por el hecho de ser ella que lo pedía. Le tomó la mano y juntos entraron. Terry no estaba preparado para lo que veía. Albert estaba inclinado, casi sentado y estaba riendo. Estaba riendo mientras sostenía la mano de Daisy.
-Terry...
-¡Albert!- Todo orgullo se fue al traste, Terry corrió hacia él y lo abrazó y besó como si se tratara de su propio padre. Lloraron juntos y una vez más Candy deseó haber contado con una familia así, con unos hermanos así que la cuidaran, la defendieran y dieran la vida por ella como lo hacían ellos.
-Me alegra tanto verte bien, hermano. No sabes toda la angustia que vivimos.
-La hierba mala nunca muere.- Bromeó él mientras las mujeres se miraban sin conocerse, esperando que ellos terminaran y las presentaran y Candy, esperando su turno para acercarse.
-¿Cómo están mis hijos?- Preguntó Albert de pronto impaciente.
-Están perfectamente, Al. En el colegio, me tomé la libertad de matricularlos en el mismo colegio que va Lucy... dado que la custodia pasó a mí mientras tú... te recuperabas...
-¿La custodia? ¿Le pasó algo a Elsa?- Se notaba que Albert estaba perdido, no tenía idea de que ella fue la casi provoca su muerte.
-Hay muchas cosas que no sabes, Al, y no sé si sea el momento...
-No habrá mejor momento que este. Dime todo lo que sepas.- Demandó con autoridad y al Terry ver que se encontraba bien y que además su hermano era un hombre fuerte, decidió decirle la verdad, pero primero los presentaría a todos.
-¡Albert!- Candy fue hacia él y se fundieron en un gran abrazo, uno que despertó algo de celos en Terry, pero se controló y se sintió feliz, si un día perdía a Candy, sabía que por manos de su hermano no sería. Pero Daisy que no la conocía de nada sí sintió algo de celos aunque los disimuló.
-Veo que estás muy feliz, pequeña. Que mejor manera de despertar que ver a mi bella cuñada tan feliz e incluso al amargado de mi hermano.
-Al, no te pases.- Bromeó Terry.
-Bueno, hemos sido tremendos maleducados. Mamá nos estaría pellizcando ahora mismo si estuviera viva. Daisy, ni siquiera te saludamos. Espero que estés bien. Ella es Candy, es mi mujer. Candy, ella es Daisy. La que trajo a Al de vuelta del más allá.- Daisy se sonrojó y los celos por Candy desaparecieron al comprender que era la cuñada y que no había doble intención en su franca y abierta sonrisa, hasta la vio como una niña. Daisy le devolvió la sonrisa. Era una mujer sencilla, pero bella, de una belleza natural e innata. Tenía el cabello castaño oscuro, casi negro, largo y lacio, sus ojos eran grandes y marrones, con un aire melancólico y sus facciones perfectas y delicadas. Era un poco más alta que Candy nada más y su complexión era también delgada y delicada como la de ella. Había adoración cuando miraba a Albert, no fue difícil entender por qué se enamoró. Tenía veintisiete años, era perfecta para Albert, se notaba.
-Mucho gusto, Daisy.- Candy le extendió la mano con una sonrisa tan dulce que ella tuvo que devolvérsela y estrechar su mano.
-Bueno, ya que todos nos presentamos, ¿qué les parece chicas si van a la cafetería y se comen algo en lo que los caballeros hablamos?- Terry lo dijo más por Candy, se preocuparía más por su alimentación ahora y ellas comprendieron sin muchas ceremonias que querían estar solos, así que se retiraron educadamente.
-Albert... ¿realmente no recuerdas nada de tu accidente?
-Recuerdo que Elsa me llamó... nos encontraríamos en un punto medio, decía que tenía una emergencia... que alguien la seguía a ella y a los niños... así que fui a donde se suponía que estaba... como no la vi, decidí estacionarme en la orilla de la carretera... de pronto una camioneta grande... comenzó a impactar mi auto sin parar... de ahí no recuerdo nada más...
En la cara de Terry brillaba la rabia al saber como planificó todo esa desgraciada. Por primera vez le deseó a alguien la muerte.
-Al... querías la verdad y te la diré. Elsa fue la que planificó tu accidente, bueno, tu asesinato.- A Albert se le agrandaron los ojos, sabía que Elsa era lo peor que le había pasado en la vida, pero jamás la creyó capaz de tanto...
-¿Elsa? No... no puede ser... ella...
-Así fue, hermano. Lo confesó todo. Fue a la casa aprovechando que Candy estaba sola y allí...
Terry le contó todo con detalles de lo que había pasado y las lágrimas bañaron las mejillas de Albert. Lágrimas de decepción, de desilusión profunda, de arrepentimiento.
-En cualquier momento la policía vendrá a interrogarte y sé que pronto habrá un juicio. No te preocupes, los niños no saben nada de eso, ni siquiera saben que has estado en el hospital. Pensé que no habría nadie mejor que tú para explicarles todo de la mejor manera...
-Gracias, Terry. Me siento muy orgulloso de ti, de tu aplomo y de lo mucho que has crecido como persona. Sobre todo, me alegra verte así de feliz... enamorado.- Le sonrió afable, con el orgullo y la dicha reflejada en sus ojos celestes.
-Y eso no hubiera sido posible sin un ejemplo como el tuyo. Ninguno de nosotros seríamos los mismos sin tu influencia en nuestras vidas. Por cierto, los gemelos vienen dentro de dos días otra vez.- Le dijo Terry mientras le acomodaba las almohadas y le extendía el vaso de agua que había en la mesita.
-Creo que lo único bueno que pudo hacer Elsa en la vida fue darme a mis dos hijos. Son la única parte de la que no me arrepiento de haberla conocido.
-Lo sé. Tienes unos hijos maravillosos, por suerte salieron a ti. Pero ya no pensemos en esa bruja. Más vale que te termines de recuperar pronto, tenemos una boda pendiente, ¿lo recuerdas, padrino?
-¡Cómo olvidarlo! Cuenta con eso. Me alegro que las cosas vayan tan bien. Tu felicidad es la mía, me alegra que se hayan decidido, merecen ser felices.
-Algo que también te debemos a ti.- Anunció Candy entrando junto con Daisy y sonriéndole a Terry.
-¿A mí? Claro, como yo fui el que los alenté a que se escabulleran en la habitación o en la oficina...
-¡Albert! No vendré a visitarte más.- Amenazó Candy toda roja de vergüenza. Daisy fue al lado de Albert nuevamente y Candy y Terry notaron que se miraban de la misma forma en que se miraban ellos hacía un rato, con adoración. Puro amor.
-Al, hay otra cosa que Candy y yo queremos decirte...
-¿Más? ¡Dios! Si me quedo en coma dos semanas más me dirás que eres el presidente de Estados Unidos.- Fingió sentir fastidio y todos sonrieron.
-Veo que estás muy bien recuperado, no has perdido lo de payaso. Pero lo que vamos a decirte es mucho mejor que eso.
-¡Suéltalo, Territo!
-Que por fin serás tío.- Se lo soltó acercando a Candy a su lado y abrazándola por la cintura.
-¿Ya? ¡Dios! Sólo llevan un mes juntos... no perdieron el tiempo, eh.- Daisy le dio un codazo por insolente y todos lo notaron y rieron.
-Pues sí. Esperamos un angelito. Ha sido nuestro milagro...
-¿Milagro? Será el milagro de todas las veces que se escabulleron...
-¡Albert!- Esta vez fue Daisy la que se alarmó mientras Candy estaba roja como tomate.
-Ya, es broma. Estoy muy feliz por ustedes, sinceramente. Espero que tengan la fecha para la boda...
-Claro, sólo estábamos esperando por ti.- Dijo Candy sonriente mientras le mostraba su anillo.
Se fueron de allí a casa, porque según Terry, Candy tenía que descansar y era cierto, pero también quería dejar solos a Albert y a Daisy. Aún era muy temprano para recoger a los niños, así que fueron a casa a descansar un poco.
-Terry, yo estoy bien. No estoy cansada...
-Lo sé, mi amor, pero yo te prometí que te consentiría mucho más cuando hubiera bebé y yo cumplo mis promesas.- La cargó y la cubrió de besos mientras ella reía.
-¿Tienes hambre, muñeca?
-¡Sí!
-Mandaré a prepararnos algo. Ve al cuarto y ponte cómoda, descansa.- Le dio un último beso en la frente y la bajó para que ella hiciera lo solicitado.
Candy fue a la habitación y se quitó la ropa. Se puso un cómodo short de algodón, de cinturilla holgada y una cómoda camiseta también algo holgada, quería estar cómoda y que nada le apretara. Se alzó la camiseta y se contempló la barriguita en el espejo. Seguía plana, aún no se notaba que hubiera bebé, pero ella sabía y sentía que estaba ahí, que nunca más estaría sola. Se lo acarició con ilusión, ansiando el momento en que comenzara a crecer. Imaginando cómo sería. Se lo acariciaba con tanta ternura y no se dio cuenta cuando unos brazos fuertes la abrazaron desde atrás y unieron sus manos con las de ella en su vientre.
-Te ves preciosa, Candy. No me cansaré de decírtelo.- Le susurró y ella recostó su cara de su cuello mientras él besaba su mejilla.
-Vamos a comer.- Terry le llevó la comida y abrió una pequeña mesita donde colocó todo lo necesario. Se estaba esforzando y se estaba desbordando en atenciones para ella.
-Siento que todo es un sueño, Terry... simplemente no me lo puedo creer...
-Es que es un sueño, mi amor. Un sueño hecho realidad. Seremos felices.- Le dijo y se pusieron a comer. Luego que terminaron y Terry le diera a Candy incluso un postre, retiraron todos los utencilios y se recostaron en la cama.
-Terry... ¿por qué me quitas la camiseta?
-Porque quiero verte. Quiero ver siempre a mi bebé. Mientras estemos así solitos, quiero que tu vientre siempre esté descubierto para poder verlo y acariciarlo siempre.- Cuando se la quitó, dejándole sólo el sostén, la recostó y efectivamente comenzó a besar y acariciar su bebé.
-Sabes que siempre quise ser papá... siempre soñé con esto... tener una mujer muy dulce y que quisiera tener a mis hijos...- Se había sentado con ella a horcajadas, pero no con pensamientos sexuales en su mente, sino para tenerla así de frente y seguir acariciando a su hijo. Le hablaba sin espegar la vista de su vientre ni un momento. Ella se llenaba de emoción. Él podría tener un carácter endemoniado, pero en su corazón había una ternura y un amor inmenso. Había adoración en todo lo que hacía y quería.
-Yo siempre soñé lo mismo, Terry. Soñé que podría existir un hombre diferente a los que me rodeaban. Uno que sintiera amor por la familia y deseara tanto como yo tener una. Alguien que me amara con un amor bonito... que deseara un futuro conmigo... y sobre todo... que le gustaran los niños... que me diera la dicha de ver a un niño feliz... feliz porque yo soy su madre...- Se le salieron las lágrimas al recordar todas sus desdichas y la incapacidad de su madre para amarla y el estigma de no haber sabido quién fue su padre.
-Tú serás una excelente mami, mi amor. Y nuestro bebé será el más amado y consentido del mundo.- La besó en el rostro y se llevó con sus besos sus dulces lágrimas.
-También le daremos hermanitos para que sea más feliz y no esté solito, ¿te gustaría? ¿más bebés?- Ella asintió luego de que él le dejara un besito en los labios, tan dulce como el momento mismo que estaban viviendo.
-Quiero tener muchos bebés contigo, Terry.
-Claro que sí. Vamos a consentirlos a toditos. Tendremos pecositas...
-Y arrogantitos...- Añadió ella sonriendo con algo de burla, pero él le devolvió la misma sonrisa. Era tan fácil soñar cuando estaba a su lado.
-Enanitas...
-Amargaditos...- Ambos rieron. A Terry le tambaleaba el mundo cuando la veía reir entre lágrimas, siempre su felicidad iba acompañada de tristeza.
-Voy a borrar esa expresión tan triste que tienes y haré que todos tus días estén llenos de sonrisas... tú y mi ángel serán felices, yo sólo viviré para ustedes.
-Sí, es un ángel.
-Claro que es un ángel, viene de ti y tú fuiste el primer ángel que yo conocí. Aunque por poco te arrollaba.- Rieron los dos.
-Sabes... cuando Elsa... antes de que tú y la policía llegaran... yo pensé que moriría... que me había llegado la hora. Pero siempre presentí que no estaba sola... podía sentir la presencia de alguien que me protegía. Le pedí que me cuidara, Terry. Y en ese momento llegaron ustedes. Mi ángel me salvó.- Le dijo ella llorando nuevamente.
-Protegió a su mami. Bien hecho, bebé.- Le besó el vientre nuevamente con más adoración. Candy estaba viviendo momentos de ensueño. Terry amaba y deseaba a su hijo tanto como ella. Sería un niño muy amado y feliz, estaba segura.
-Terry...
-Dime, cielo.
-¿Por qué no me quiso mi madre? ¿Por qué no pudo amarme? Si yo amo tanto a mi bebé y aún no nace...- La pregunta llegó con un dolor hondo, inmenso y con unas pupilas verdes tan inundadas que asemejaban una playa y la sal de su agua provenía del llanto más doloroso y resentido que se pudiera imaginar.
-Me he preguntado tantas veces lo mismo, princesa. ¿Cómo puede alguien no quererte a ti? Si yo mismo te quise desde el primer momento en que te vi. Te quise para mí a ciegas, sin saber nada de ti y a la vez lo sabía todo. Supe que te amaría por siempre. Pero hay personas, mi ángel, que no nacieron para amar y que no merecen la dicha de portar el milagro que llevas tú en tu vientre. Pero no quiero que esos recuerdos amargos te sigan torturando. Yo voy amarte tanto que los voy a borrar uno a uno.
La besó para confortarla. Para que sintiera cuánto él la amaba y que no necesitaba a nadie más. Se entregaron tanto a ese beso y a ese momento que la pasión fue llegando poco a poco, arropándolos, envolviéndolos con su calor. Sus manos la fueron acariciando suavemente, recorriéndola mientras su boca seguía viajando por su cuerpo. Trazando rutas desde su cuello hasta los frondosos pechos. En su vientre se detenía para adorar un rato a su milagro y luego seguía su camino y la besaba entera.
-Nunca más te hará falta amor, Candy. Nunca más.- La besaba tanto, sus dedos eran tan ágiles y expertos, le hacían caricias que no se habían inventado. Todo su ser reaccionaba a su contacto, a sus caricias. Ella se dejaba hacer, pero también le hacía a él. Refugiada en sus brazos lo acarició, recorriendo sus brazos fuertes, su espalda ancha, besando su rostro tan varonil y perfecto, su mandíbula cuando estaba tensa, besarlo en el momento en que él gruñía de placer era mágico. Sentirla a ella revolviéndose sobre él a horcajadas lo despertaba entero. Se llevó a la memoria cada uno de sus gemidos cuando su boca de apoderó de sus pechos y los besó y chupó hasta la saciedad. Se sacó el pantalón, todo, la dejó a ella igual. Se necesitaban así, desnudos y entregados. Se hicieron primero el amor entre caricias, con miradas, con las manos. Luego así mismo, teniéndola a horcajadas entró suavemente en ella que estaba lista para recibirlo y enseguida fue acogido en su cálido interior.
-Te amo, Candy. Yo sí te amo y te voy amar siempre.- Le confesó jadeando mientras se movían ambos presos de un placer infinito.
-Y yo seré tuya por siempre, Terrence. Siempre.- Seguía moviéndose desquiciantemente sobre él mientras él acariciaba y apretaba su trasero y su boca seguía deborando sus pechos. Ella no gemía, gritaba desbocada. Hacer el amor con Terry, que la amara Terry era algo delirante, explosivo, iba más allá de toda razón. La apretó fuerte contra él hasta que el climax llegó a ambos en una sórdida explosión.
Estaban jadeantes, sin voz, temblorosos. Se quedaron tranquilos unos minutos en lo que recuperaban el aire.
-Tengo que recoger a los niños.- Dijo Terry dándole un beso y poniéndose de pie mientras se dirigía al baño.
-Te acompaño.- Salió ella detrás de él.
-No, mi amor. No es necesario, sólo es recogerlos y volvemos en seguida. Además tengo mucho trabajo pendiente... creo que me daré una vuelta por la empresa...
-Pero yo también tengo mucho trabajo atrasado...
-Pues sí, pero no será hoy que vas a empezar. Tal vez mañana.- Respondió él en el mismo tono infantil de ella y besándola nuevamente.
-Ya habrá tiempo para que te pongas al día. Ahora sólo descansa y cuida de Ángel, ¿sí?- Ella asintió y se asearon juntos. Luego ella se recostó, estaba realmente agotada y Terry se fue hacer lo que habían acordado.
Una semana después
-¡Vaya! ¡Pero qué sorpresa! La vida da vueltas, ¿no princesita?- Ella lo miró con los ojos llenos de terror. La reconoció. Después de varios años la reconoció.
-¿Tú...? Pero...
-No estoy muerto, querida... sabía que la vida me pondría frente a ti nuevamente...
Continuará...
¡Hola niñas!
Espero que hayan disfrutado de este capítulo. ¡Ya está embarazada! Albert está recuperándose con la ayuda de Daisy.
Bueno, como les había dicho, estos próximos capítulos serán los reveladores. Ya estamos desentrañando los misterios. ¿Qué pasará? Pues para enterarse Deben seguir la historia.
Quiero agradecerles también por el apoyo que le han dado al fic "Tú o ninguna" de mi amiga Kary Klais. Les dije que no se arrepentirían, está muy linda su historia y no es porque sea mi amiga, yo no recomendaría un fic que no considere bueno, como muchas pudieron comprobar,está muy hermosa la historia y ella sin duda alguna tiene talento. Sigámosla apoyando y dejando nuestros reviews para que ella siga adelante. Ya pronto subirá su próximo capítulo. Está publicando diariamente como yo.
Bueno, también quería agradecerles su inmenso apoyo, jamás pensé en conseguir tantos reviews,pero sobre todo, tantas palabras hermosas por parte de ustedes, gracias. Eso significa que mi dedicación vale la pena la recompensa es amigas maravillosas como ustedes.
Estaré esperando sus comentarios. Gracias por todo.
Su amiga
Wendy Grandchester
