Entre el amor y el odio

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 22 Karma


Advertencia: Este capítulo contiene escenas fuertes las cuales no recomiendo a quienes hayan sido víctimas de maltrato o abuso sexual. No estoy exagerando, por favor, cuidado al leer.


-¿Sabías que la vida es como un restaurtant, linda? Nadie se va sin pagar.- La miraba con una sonrisa que haría temblar al mismísimo Satanás. Un gesto lascivo le daba más pavor a su medio rostro chamuscado, una horrenda cicatriz de quemadura que sólo podía hacerte recordar tus peores pesadillas con Freddy Krueger. Ella nunca en su vida había sentido tanto miedo. Juró haber embarrado su ropa interior.

-Yo... yo... no puede ser... ¡Tú estás muerto!- Gritó presa del pánico.

-¡Yo te maté!- Volvió a gritar e intentó alejarse, pero él no se lo permitió. Se acercó a ella no dejando ni un milímetro de distancia entre sus cuerpos. Por la cicatriz de quemadura de su rostro, quedó un hueco cerca de su boca por donde se escapaba saliva. El aspecto de él realmente no podía ser más repugnante. Ella sentía ganas de vomitar. Le habló muy cerca, su fétido aliento rozándole el rostro.

-¿Te parece que estoy muerto? ¿Te lo parece?- Le gritó y fue conciente de su temblor, del miedo reflejado en sus ojos y eso le produjo un morboso placer.

-Tal vez me mataste en vida, es posible. Pero créeme que estoy lo suficientemente vivo como para cobrarme lo que me hiciste. Voy hacer de tu vida el mismo infierno en que me has hecho vivir eternamente.

Ella trató de apartarse, de correr hacia algún lado, pero no había escapatoria, no había nadie cerca, nadie que la oyera. Estaba encerrada con él en ese lugar. Nadie sabría ni vería nada.

-¡Apártate de mí, rata asquerosa!- Tremendo error por parte de ella haberle dicho eso. Le apretó la quijada entre la mano con tanta fuerza que le inmovilizó la cabeza entera.

-¿Ahora te doy asco? Excelente. Eso sería maravilloso, querida. Conosco esa sensación. Fue el mismo asco que sentí por ti cuando encendiaste mi casa. Me sedujiste... rompiste mi hogar... te llevaste los ahorros de toda una vida... dejaste a mi familia en la calle... y mi hija...

Hizo silencio por un momento. Ella lo dejó sin un peso y su hija enferma de leucemia no pudo continuar su tratamiento, dando paso a su inminente muerte pocos meses después. Eso hizo que él enloqueciera, que se volviera un mounstro por dentro y por fuera.

-¡Suéltame!

-Lo haría si tal vez viera algo de remordimiento en tu mirada, algún indicio de arrepentimiento, pero no. Sigues siendo la misma gusana inescrupolosa y vil. Y no, no te esfuerces en gritar, linda. Nadie te escuchará y si lo hicieran... nadie intervendrá por ti. Así es la vida, primor.

-¡Ya deja de tocarme!- Le gritó mirándolo con asco y sacudiéndose las partes donde él la había tocado.

-¿Te causo repulsión, amor?- Ella no contestó, sólo lo miró con el mismo asco, sin disimular.

-Esa sensación es la que enfrento cada día cuando me miro en el espejo. He pasado varios años buscándote, obsesionado contigo, planificando mi venganza y cuando al fin dejo de buscarte... la misma vida te pone ante mí. A eso le llamo karma, querida.

La arrinconó en una esquina y pasó sin delicadeza alguna sus chamuscadas manos por sus pechos. Ella lo manoteó asqueada, pero él le retuvo las manos y pasó su asquerosa lengua por su cuello. Ella sintió náuseas.

-Déjame, déjame, por favor...- Soltó con un llanto terrorífico. Por primera vez él la vio suplicar.

-No querida, esta cara... es la que quiero que veas mientras te hago mía. Esta cara y este cuerpo vivirá en tu recuerdo por siempre... vas a probar el infierno como lo hice yo. Tú me forzaste a vivir como un mounstro, yo voy a devolverte el favor. Voy a forzarte hasta que me canse.

La lanzó hacia la pared de mala gana y con su pistola hizo un gesto para que no se atreviera hacer ninguna estupidez. Se deshizo de su camisa mostrando también un torso chamuscado, arrugado y estirado como goma de mascar, al igual que su cuello. Se bajó los pantalones. Ella se llevaba las manos a la boca evitando soltar el contenido de su estómago.

-¿Ves esto? No sufrió daño alguno y funciona perfectamente.- Pasó lascivamente sus manos por su pene erecto y entonces ella ya no pudo evitar vomitar un poco. La acorraló y la puso de espaldas. Sacó unas esposas y le incapacitó las manos hacia atrás. Con la misma pistola que le había mostrado la amenazó para que no gritara y dejándola así de espaldas, le alzó el vestido de color tan apagado y austero que tenía, la sujetó fuerte del pelo y desde atrás comenzó a poseerla con brutalidad. Ella suplicaba, se quejaba, gritaba, lloraba, pero él no tuvo compación alguna. Había anhelando ese momento durante mucho tiempo.

-Hay que reconocerlo. Tienes un cuerpo hecho para la lujuria. Naciste para ser una perra.- Le dijo cuando hubo terminado con ella y aún jadeaba mientras el rostro de ella jamás volvería a ser el mismo. Nunca en la vida se había sentido tan sucia, tan humillada. Por primera vez hubieron lágrimas dolorosas en su rostro.

-Bienvenida a tu nueva vida, Elsa.- Dijo el policía correccional mientras se vestía y luego de un pronlongado rato le retiró las esposas y la dejó ir.

...

-Buenos días.- Saludó Candy muy alegre a Annie luego de darle un tenue beso en los labios a Terry y éste se dirigiera a su área mientras Candy se decidía a trabajar con los libretos y guiones.

-Buenos días, Candy. Me alegra verte ahora con esa sonrisa tan hermosa en todo momento. ¡Quién diría!- Sonrió la morena y luego le dio un beso en la mejilla.

-Es que estoy tan feliz, amiga. Tan feliz... tanto, que me da hasta miedo.- Confesó ella acariciando su barriguita.

-No pienses cosas negativas, Candy. Según lo que me has contado, ya has sufrido bastante. No te sientas culpable por ser feliz, no veo nadie que merezca ser feliz más que tú. Estás por casarte, vas a ser madre... y tienes el hermoso amor de Terrence, porque es más que obvio que te ama. Yo sabía que tantas peleas, tantas discusiones, tanta pasión tenía que venir de alguna parte. No podían estar más de cinco minutos sin provocarse y "casualmente", siempre coincidían en los mismos lugares...

Candy sonrió porque era cierto. Terry era súper atento con ella, con su embarazo, fue a su primera cita de seguimiento, lloró durante su primera ecografía y guardó una foto de la imagen que representaba a su ángel formándose. La trataba con dulzura y extrema delicadeza, aún cuando se enojaba. Había dormido todas las noches en una posición algo rara sólo por quedarse con la cabeza recostada de su vientre y abrazándolo, creando una capa que protegía a su bebé y Candy lo amaba más cada día. En el trabajo, Terry iba a su oficina cada media hora con cualquier excusa, a veces sólo a llevarle cualquier chuchería para que comiera. Todos habían sido testigos del gran cambio en él, de la luz que iluminaba su rostro con un nuevo brío.

-Tienes, razón, Ann. No debo preocuparme, creo que ahora sólo me dedicaré a ser feliz. Quiero que mi bebé crezca seguro y feliz.- Volvió a mirar y acariciar su vientre con ilusión y a Annie se le aguaron los ojos. En el fondo, ella también deseaba todo eso, algún día, sólo que no había llegado a su vida el indicando, el merecedor de todas esas cosas hermosas.

-Bueno, querida, yo voy a trabajar en los vestuarios. Al rato nos vemos.- Se despidió sonriente, pero era evidente en su rostro la melancolía, el anhelo. No se había vuelto dura y soltera por convicción, las decepciones la llevaron a mostrarse fría.

Candy fue a su escritorio, encendió la computadora y se puso manos a la obra. Había mucho trabajo acumulado. Estaba muy concentrada e inspirada, no se dio cuenta de una presencia masculina que la obserbaba sonriendo.

-Ahora sé por qué tus guiones son los mejores. ¡Con esa concentración!

-¡Neil! ¿Qué te trae por aquí?- Preguntó sonriendo sincera y manteniéndose en su silla en todo momento, no quería dar pie a ninguna habladuría y mucho menos que se apareciera su querido prometido y la encontrara en alguna situación comprometedora que desatara una terrible discusión, aunque siempre se sacaba algo bueno de las discusiones con Terry...

-Pues realmente estaba buscando a Terrence. Quedamos en reunirnos para un nuevo comercial...

-Sí, debe estar en el estudio de grabación. Seguro que en cualquier momento te atenderá.- Volvió a sonreirle y él se le quedó mirando mientras ella luego siguió concentrada en lo suyo.

-Sabes, veo en ti un nuevo brillo, Candy. Brillas, siempre has deslumbrado, pero ahora... ahora te ves... feliz.- Le dijo él y le sonrió con cariño, alegre con su dicha aunque significara que él había perdido.

-No eres la primera persona que me lo dice. Debe ser por mi ángel.

-¿Tu ángel?- Le preguntó intrigado, pero sin dejar de sonreirle con esa ternura que sólo Candy despertaba en los demás.

-Sí. Estoy esperando un angelito.- Con la caricia que ella le dio a su vientre él entendió y volvió a sonreir con la misma sinceridad. Era difícil no enamorarse de ella, de su dulzura, de su encanto y hasta cierto aire de inocencia. Él se había prendido de ella desde el primer momento y antes de que la venda cayera de sus ojos, se imaginó conquistándola, descubriendo esa inocencia y transformándola poco a poco en experiencia. Se le ocurrió que de haber sido elegido por ella, seguro querría también a su hijo aunque no fuera de ella, porque ella era de las que amaba a todo el que necesitara ser amado de algún modo y hasta soñó verla llevar también un hijo, uno de él. Pero no habían sido más que sueños, conciente estuvo que ni por un segundo Candy lo había mirado ni reaccionaba de la forma en que lo hacía cuando estaba con Terry. Decidió mantener con ella una cordial amistad, porque desprenderse de ella de raíz era simplemente imposible, al menos por ahora.

-¡Candy! Necesito tu opinión con este...- Annie había entrado como un torbellino y tanto ella como Neil, al sorprenderse cada uno de la presencia repentina del otro, se vieron como si fuera la primera vez, aunque ya se habían visto y habían cruzado palabras. Esta vez fue diferente. Como si les hubieran rozado polvo mágico y los hubieran encantado de pronto.

-Buenos días, Neil. No esperaba encontrarte aquí. Saludó ella alegre, aunque no entendía por qué de pronto se había puesto tan nerviosa. Él también parpadeó varias veces para salir de su embobamiento y reparó en lo hermosa que era ella. Tenía una minifalda de jean con pedrería, unos tacones rosa que también estaban cubierto de pedrería transparente, una blusa de manguillos blanca y por encima un blazer rosa, impecablemente maquillada y su largo pelo azabache suelto.

-Buenos días, Annie. Con todo respeto, estás hermosa.- Le sonrió y ella se puso tonta, de pronto no sabía ni cómo actuar y Candy de pronto se sintió fuera de lugar, no era capaz de flotar en la misma nube en que flotaban ellos dos.

-Buenos días, Neil. ¿Me buscabas?- La voz grave de Terry se hizo presente, su cara de pocos amigos también, seguida por la mirada que le dedicó a Candy, la cual ella derritió con una enorme sonrisa y él se la devolvió con una retorcida aunque no quiso, se la obsequió. Además comprendió que Candy estaba a una distancia bastante prudente de Neil y que la atención de éste se había quedado en Annie, aún cuando Terry lo saludara.

-Buenos días, Terrence... Llegué hace un rato, pero estabas ocupado. Espero no haber venido en mal momento...

-Por supuesto que no. Vamos a mi oficina.- Le dijo y esa vez su voz fue más agradable y hasta curvó su boca en lo que pareció una sonrisa.

La jornada de trabajo terminó y Candy y Terry se fueron a casa. Terry seguía serio, aunque tampoco la ignoraba, pero ella podía sentir en él cierta frialdad. Saludaron a Albert que ya había sido dado de alta y se encontraba en la sala de estar junto a Daisy y los niños a los cuales también saludaron, pero se retiraron rápido.

-¿Se puede saber qué hice ahora?- Le preguntó Candy una vez estuvieron solos en la habitación.

-¿A qué te refieres, amor?- Terry fingió inocencia, no porque estuviera exactamente molesto, sino para no dar a entender sus celos y que terminaran discutiendo por una tontería. No quería que su embarazo sufriera ninguna tensión sin necesidad.

-A tu actitud indiferente, Terrence. A eso me refiero. No me hablaste durante todo el camino, ni siquiera un beso. Siempre le hablas al bebé, no lo has hecho. No creo que esa actitud venga por simple descuido, te conosco.- Le espetó dolida, pero molesta y con cierta autoridad.

-No es cierto. Es que estoy cansado.- Mintió, pero a la vez se dedicó a acariciar su vientre y ahí finalmente, aunque no fuera para ella, él sonrió, arrodillado ante su hijo y le repartió innumerables besos mientras le hablaba, aún así, Candy sintió la distancia entre los dos.

-¿Estás conciente de que no te creo?- Volvió a pincharlo y él respiró profundo, con hastío, con miedo de sí mismo. Sabía que sus celos eran absurdos, por eso no traía el tema a colación ni le había reclamado nada, pero si ella seguía caminando por esos terrenos...

-No es nada, Candy. Luego se me pasa. ¿Por qué no descansas un poco?- Le rozó el vientre y con una forzada sonrisa le señaló la cama.

-¡No estoy cansada, Terrence! Así como tampoco tú estás bien.- Se desesperó y su grito estuvo cargado de reclamo. Él volvió a respirar profundo.

-Candy, preciosa, estoy haciendo mi mayor esfuerzo para que no discutamos. Hago todo lo que está en mis manos para no estallar con estos celos que me consumen, por favor, no me lo hagas más difícil, ¿sí?- Le habló con mucha paciencia y suavidad, realmente no quería pelearse con ella, no quería sobresaltarla bajo ningún motivo y menos por unos celos sin sentido.

-Entiendo tu esfuerzo, Terry y lo admiro, lo agradezco, sé muy bien cómo habrías reaccionado hace algun tiempo atrás... pero no quiero que te lo guardes así si me vas a lastimar peor con tu indiferencia y con tu actitud distante. Si algo te molestó, sólo dímelo. Sin discutir, sin alterarnos, sólo tenme la confianza...

-Está bien, Candy, está bien. No soporto a Niel a tu lado. No soporto que siempre encuentre una excusa para estar cerca de ti. No soporto que le sonrías, que le hables, nada.- Él había estado evitando ese altercado, pero no fue posible. Ella lo escuchaba en silencio, dejando que se desahogara. Él estaba molesto, pero le hablaba suave, muy cerca de ella, como si un imán lo atrayera hasta su cuerpo.

-No soporto que nadie disfrute de tu encanto... siempre he querido todo lo tuyo para mí...- Su última frase fue más bien un susurro que se ahogó en el beso que quemó los labios de ella por ser tan ansiado y necesitado.

-Toda yo soy tuya, mi amor.- Correspondió a su beso de la misma manera ardiente y comenzó a tocar su cuerpo duro y viril. Necesitaba de él, su posesión aunque en momentos desesperara, la hacía sentir inmensamente excitada. Un sólo beso de esos que sólo él sabía darle, de esos que la envenenaban la garganta, el alma, era capaz de mojarla.

-No dudes más de mí, Terry. Todo mi deseo y mis ganas son para ti. Mira.- Le llevó la mano a su sexo empapado por el deseo que su cuerpo pegado al de ella provocaba y sus deliciosas y estimulantes caricias. Él sintió una excitación profunda al sentir su humedad y ese olor tan suyo que desprendía cuando estaba ardiendo. Se había vuelto adicto a él.

-Tú siempre eres tan deliciosa, Candy. Me vuelves loco.- Le sacó el vestido y la acostó con urgencia en la cama luego de desnudarla por completo, desnudarse él. Le separó las piernas y hundió entre ellas la cabeza. Su boca comenzó a saborearla entera. Separaba sus labios con las manos para alimentarse de ella. Ella se revolvía desenfrenada mientras su lengua se introducía cada vez más en su interior, pero no pudo evitar gritar cuando él mordisqueó suavemente su clítoris mientras también le hacía el amor con sus dedos.- Verla, escucharla, sus jadeos, gemidos enloquecerían a cualquiera. Ella era una amante innata. La mujer más apasionada que conocería y a falta de experiencia, instinto.

-Terry, mi amor... ahh... no puedo más- Musitaba mientras le abrazaba el cuello con las piernas y se retorcía. Terry sabía que no tardaría mucho en estallar y siguió provocándola hasta conseguirlo. Se bebió todo de ella y así temblorosa, la levantó y se la colgó a la cintura, necesitaba hundirse en ella lo antes posible y lo hizo. Con fuerza, sosteniéndola firme del trasero, deborando sus pechos con su boca y con los dientes, llenándose de sus interminables gritos mientras ella enroscaba sus piernas en su cintura como una serpiente.

-Candy... siempre es tan rico estar dentro de ti... ohh...- Dejó escapar un ronco gemido mientras la seguía embistiendo y ella seguía gritando, clavándole las uñas en la espalda. Dejándose llevar.

-Hazlo ahora, preciosa, córrete otra vez para que yo pueda hacerlo...- Le dijo con embestidas aún más fuertes y comiéndole los pechos sin tregua. Entonces ella ya no fue capaz ni de respirar, se dejó ir nuevamente y a los pocos segundos sintió como él explotaba en su interior.

-No hay nadie mejor que tú para mí, Terry, ni en esta vida ni en la siguiente. Te elegiría a ti una y mil veces.- Le confesó mientras era mimada recostada de su cuerpo, sentada entre sus piernas en la tina. Disfrutando del baño y un momento de relajación juntos.

-Sólo quiero que confíes en mí, en mi amor. En que he sido, soy y seré siempre tuya. Jamás podría ser de otra manera. Sólo la muerte me podría desligar de ti.- Recibió un delicioso beso en el cuello por parte de él.

-Confío en ti, Candy. Sólo que mis celos son parte de mí, de mis defectos como humano, pero te amo a pesar de ellos y te creo, aunque con ellos te demuestre todo lo contrario. Contigo soy posesivo y no puedo evitarlo. Te pertenezco entero, Candy.

-Me alegra escuchar eso, Terry. Quiero que sepas que antes fui una tonta por no confiar plenamente en ti y que en el momento que me propusiste irme contigo, debí hacerlo ese mismo fin de semana. Volver a casa fue la peor decisión de mi vida y viviré toda la vida arrepentida de ello. Quiero, por primera vez, decirte todo, Terry. Necesito sacármelo de adentro.- Suspiró profundo y unas lágrimas que quemaban sus ojos amenazaban con salir.

-No es necesario, amor, no quiero que luego...

-No, Terry, ya no voy a posponer más ese momento. Quiero que conoscas todos los detalles. Seré tu esposa dentro de poco y vamos a tener un bebé, no quiero que nazca en un castillo de mentiras e intrigas. Déjame liberarme ya de esta carga.- Se volteó a mirarlo con sus ojitos suplicantes, esa mirada que le quebraba el mundo y daba la misma vida por no verla más.

-Abrázame fuerte, Terry. No me sueltes hasta que haya terminado de contarte... qué me llevó a la desesperación, a no poder esperar por tu amor.

-¡Vaya! Al fin la zorrita menor se digna en llegar a casa.- La recibió el gordo de su padrastro luego de que la madre de su vecina amablemente la corriera de su casa después de una semana. Todos esos días estuvo llamando a Terry, en ninguna ocación tuvo éxito. No tenía otro lugar en el mundo. Tuvo que volver a casa.

-¿Dónde está mamá?- Preguntó ignorando su asqueroso comentario sobre ella.

-¿La zorra mayor? No lo sé. Seguro putéandole a otro, es lo único que sabe hacer.- Candy suspiró y volvió a pasar por alto el desagradable comentario, aunque no estuviera lejos de la verdad.- Torció los ojos hacia arriba e iba a pasarle por el lado para dirigirse a su habitación. Sólo quería llorar, llorar hasta quedar sin lágrimas por su desdicha, por sentirse traicionada y estafada por Terry. Su padrastro cerró y aseguró la puerta y de un tirón la atrajo hacia él.

-No tan rápido, zorrita. Ahora mamita no está. Sólo somos tú y yo.- Se relamió los labios con lascivia y Candy sintió un terror que la recorrió completa, como un gatito asustado.

-¡Suéltame, gordo idiota!- Se safó de él con brusquedad, pero él volvió a tirnonearla con fuerza y la paralizó con su rechoncho cuerpo pegado al de ella.

-¿Sabes cuánto esperé porque ese cuerpecito tuyo madurara? Que estuvieras crecidita y así mordisquear tu paquete...- Volvió a relamerse los labios con la misma lascivia y cuando ella fue a gritar de asco y temor le tapó la boca con su mano regordeta.

-Pero el ricachón se me adelantó y se lo comió primero que yo. Pero no importa. Ahora te voy a coger yo. Te voy a re-coger y no no harás ni dirás nada, perrita...- Candy estuvo a punto de perder hasta el aire cuando lo sintió tan cerca de ella. Su asquerosa erección rozó su muslo y ella deseó morirse en ese mismo instante. Pero comenzó a luchar y cuando el gordinflón intentó besarla luego de poner una de sus repugnantes y gordas manos en uno de sus pechos, le dio un rodillazo en su parte íntima que hicieron que por un momento se doblara de dolor y soltara una maldición. Ella intentó salir corriendo, pero justo en la puerta, él volvió a darle alcance y aunque gritaba, nadie hacía nada, todo el mundo era sordo y además estaban acostumbrados a los gritos que siempre provenían de su casa, ya los ignoraban.

Cuando él la arrojó al piso con la intención de írsele encima, ella lo pateó con ambas piernas en la cara, rompiéndole la nariz. Aprovechó ese momento y salió corriendo. Como lo hiciera aquella vez cuando se encontró con Terry y su auto por primera vez. Sólo que esa vez corrió sin saber a dónde. Corrió y corrió hasta descansar y tomar aire recostada sobre las barandas de un puente. Miraba hacia abajo los autos pasar con toda velocidad. Ya la habían empujado hasta el límite, ya no era capaz de resistir más. La herida por el supuesto abandono de Terry estaba latente doliéndole más que su precaria situación. Seguía mirando hacia abajo del puente... los carros pasaban tan rápido, convirtiéndose en sólo estelas, celajes de distintos colores que a veces sus pupilas no llegaban a captar. Ya no tenía ganas de seguir viviendo. Había llegado el fin... ya no quería más sufrimiento, ya no quería seguir soñando con un futuro, con cosas imposibles. Estaba dispuesta a decirle adiós a ese mundo tan cruel. Se subió a la baranda, cerró los ojos, porque si veía abajo no tendría el valor para lanzarse y que todos esos autos la hiciera añicos, que terminaran de una vez con su miserable vida. Estaba decidida, saltaría.

-¡No lo haga!- Escuchó una voz grave, pero suplicante y abrió los ojos de golpe.

-No lo haga, señorita.- Volvió a insistir la voz y le extendió la mano para que se bajara.

-¡No se me acerque!

-Sólo déjeme ayudarla. Sé que tiene solución...

-¡Usted no sabe nada! ¿Quién es usted?

Continuará...


¡Hola chicas!

Este fue un capítulo fuerte, espero no haber herido la sensibilidad de nadie, bueno, por eso puse la advertencia. Como había mencionado, estos serían los capítulos reveladores. Nos estamos acercando al final y para que Candy y Terry puedan lograr la felicidad total, Deben liberarse de todos los rencores, malentendidos y cadenas del pasado para dar comienzo a una nueva vida de dicha y prosperidad.

¿A que no se esperaban que fuera Elsa a la que había encontrado aquél misterioso hombre que resucitó del más allá? Yo en ningún momento dije que era Candy, jejeje.

Bueno, ya falta poco para que descubramos con quién se casó Candy, porque el por qué ya está quedando más que claro.

Quiero agradecerles a todas por sus reviews, especialmente a Nerckka y marla88 por la misión que se han propuesto de hacerme llegar a 1,000. Estoy muy satisfecha por el apoyo de todas, chicas, ustedes son una parte importante de mi vida aunque no las conosca y mando mil besos para todas y cada una de ustedes.

Gracias nuevamente por el respaldo a mi mi amiga Kary por su fic.

Hasta mañana, hermosas,

Wendy