Entre el amor y el odio

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 27 Finalmente felices


Candy miraba a Terry expectativa y muerta de la curiosidad. Él la llevó a otro rinconcito apartado donde había un pequeño gazebo decorado en motivos marinos, especialmente caracolas, ostras, conchas, estrellas marinas y caballitos de mar, todo muy fino en tonos blancos, dorado y plateado. Había una mesa redonda de diez sillas también decorada en los mismos motivos y un hermoso centro de mesa que consistía en una sirena sentada sobre una roca. La mesa estaba dispuesta con alimentos y refrigerios basados en mariscos y bebidas refrescantes.

-Candy, sé que ya estamos casados legalmente... pero me he dado cuenta que nunca te hice una proposición como Dios manda, como tú te mereces. Así, que hoy, con el mar siempre de testigo, quiero pedirte formalmente que seas mi esposa, para siempre.

Ella no fue capaz de articular nada por varios segundos, sus ojos se llenaron de lágrimas al verlo a él arrodillado ante ella extendiéndole una cajita aterciopelada en forma de ostra en cuyo interior había un hermoso anillo en oro blanco con un diamante en forma de estrella marina, precioso, simplemente hermoso.

-Sí. Sí, Terrence... no hay nada en esta vida que desee más que unir mi vida por siempre a ti...- Le dijo llorando y extendiéndo su delicada mano para que él le colocara el anillo.

-Yo soy el que se siente feliz de que me hayas aceptado a pesar de todo lo que te hice y te dije. Me dicacaré cada día, hora y minuto a hacerte feliz y borrar todo el daño que mis palabras y acciones te hayan causado. Voy a borrarlo todo con todos los besos, las caricias y entregas que siempre he guardado para ti. Te amo, Candice, Bruma, te amo, mi ángel.- Arrodillado, le besó desde los pies hasta el vientre donde su bebé crecía cada vez más, el fruto del inmenso amor de ambos. Luego selló su promesa con un apasionado y profundo beso.

El sonido de todos los aplausos y risas que se acercaron a ellos hizo que se soltaran.

-Es la propocisión más hermosa y emotiva que he visto en mi vida.- Expresó Daisy de la mano de Albert y el rubio captó la indirecta y le apretó más la mano.

-Felicidades a ambos.- Se les acercó Albert dándole a cada uno un gran abrazo seguidos de Daisy, Stear, Archie y los niños.

Comieron y platicaron amenamente. Hablaban de todo un poco, entre los dos les contaron a Daisy su increíble historia de amor, cómo había empezado todo y el cruel destino que los había separado, fueron muchas las ocaciones en que a Daisy se le escaparon un par de lágrimas, los hombres parpadeaban para disimular, porque también estaban conmovidos.

La hermosa tarde fue dando paso a la noche y todos los demás se retiraron, Los niños se quedaron a cargo de Stear y Archie, muy encantados, pues sabían que harían todo lo que les viniera en gana aprovechando a sus débiles e indulgentes tíos, en el caso de Lucy, hermanos. Terry y Candy se quedaron en la playa, siempre ese entorno era mágico y especial para los dos.

-Aquí, señora, hay otra sorpresa para usted.

-¿Más?- Preguntó ella con la expresión infantil que él adoraba.

-Sí, mucho más. Nada será nunca suficiente para ti.- La encaminó a otro rinconcito oculto e iluninado por por unas elegantes linternas que formaban un corazón en la arena, era inmenso, pues dentro de ese contorno de corazón había extendida una manta de seda blanco perlado con pétalos rojos esparcidos, como recreando aquella primera entrega, un hermoso canopy hecho de hojas de palmeras servía como techo de ese lecho marino y romántico.

-Ahora viene lo mejor, princesa.- Terry hizo una disimulada señal a alguien y en unos segundos cuando Candy miró hacia el cielo, tuvo que volver a llorar de alegría. Habían luces flotantes, todo era idílico.

-¿Có-cómo las conseguiste?- Preguntó con ambas manos en sus mejillas, asombrada como una niña.

-Tengo mis influencias, preciosa. Habías dicho que "Enredados" era tu película infantil favorita... recuerdo que me dijiste que te encantaría una fiesta con luces flotantes... y aquí las tienes, sólo para ti.- Le dijo Terry y haciendo una seña que Candy no vio, le indicó a quien quiera que hubiera contratado que se desapareciera, esa sería una fiesta privada.

-¿Te gusta, mi amor?- Le preguntó luego de un largo beso.

-Me encanta, Terry... todo es tan bello... a veces me pregunto si yo realmente merezco tanto...

-Mereces eso y más,el cielo y el mundo te mereces, Candy. Yo no descansaré hasta ver cumplidos todos tus sueños.

-Los has cumplido todos, Terry, todos.

-Ahora me gustaría cumplir uno mío...

Comenzó a besarla ardientemente mientras la encaminaba hacia el lecho marítimo que había construído para ella. Sus manos la acariciaban con ternura y delicadeza.

-Terry... no pretenderás...

-Sí. Eso pretendo.- Le contestó besándole el cuello para irla envolviendo y engatusando.

-Pero... ¿aquí?

-Es área privada, amor. No te preocupes, que nadie se aparecerá por aquí y menos a estas horas...- La volvió a callar con otro beso que la dejaba sin aire, que la sofocaba, pero que la traía a la vida al mismo tiempo.

-¿Con esta panza, Terry?

-Estás preciosa para mí, mi amor. Con panza, sin panza, como sea. ¿No entiendes cuánto te deseo?- Le dijo sin romper el beso y acariciando el nacimiento de sus pechos a travez del top que ahora estaban mucho más llenos y lozanos. Acarició también la melena que le llegaba casi al trasero y hablando de trasero, introdujo sus manos dentro de su corta y vaporosa falda y se lo apretó suave, pero sugestivamente.

-Te amo, Candy. Te amaré siempre. Estés como estés, siempre encenderás el deseo en mí... estés flaquita, gordita... o así, con mi hijo en tu interior te ves irresistible para mí, no lo dudes, nunca.

Sus palabras eran tan bellas, tan profundas y combinadas con sus besos eran simplemente letal, una fuerza que siempre la podía.

Quiero vivir ese instante de la sin razón

donde el amor llega y nos desnuda

quiero habitar el latido de tu seducción

sin el temor de sentir la duda

presiento que se rompen las cadenas

desatando la pasión

tus manos le dan vida a ese poema

donde no cabe la pena

porque manda el corazón

Entre caricias y besos fue bajando su falda, quedando sólo en su sensual bikini que para nada desentonaba con la figura de fertilidad que ella representaba. Sus manos se estacionaron en su vientre mientras le deboraba los labios dulcemente, humedecía con besos su cuello y oreja y los tiernos gemidos provenientes de ella provocaron una corriente eléctrica en él que se reflejó en el bulto sobresaliente de su pantalón blanco de lino y que ella, sin timidez alguna ya, comenzó acariciar.

Toco la luz cuando al fin me entrego

sobre tu piel, cuando muero por ti

quiero besar el calor del fuego

y abrazarte luego

y quedarme allí

Ella seguía acariciándolo ahí con suavidad y delicadeza, él supuso que ella no era plenamente conciente del efecto que estaba causando esa caricia tan dulce. La atrajo más hacia sí, tanto como su panza lo permitió y la besó con más pasión hasta ir arrastrándola al interior del lecho por el cual a travez de las rendijas que dejaban el techo de hojas de palmeras, podían ver las estrellas. Una vez allí, fueron desnudándose.

-Te amo, Terry...- Le susurró perdida en la magia de sus caricias, entre el deseo encendido de uno de sus dedos jugando en su interior.

Busco el lugar donde nacen los versos de amor

sueño con él, sola en tu cintura

quiero rozar con mis labios tu verso mejor

sombre tu piel, nace la locura

tu boca va escribiendo lo que siento

enmudece la razón

quiero sentir eterno este momento

donde duerme el desaliento

porque manda el corazón

-Y yo a ti te he amado y deseado desde el primer día. Las estrellas escribieron que eras mía.- Sus besos y toques eran sencillamente arrebatadores. Desnuda, así, la besó enteramente, cada resquicio de su piel, hasta lo que a simple vista no se veía le besó. Entonces era ella la que deboraba su cuello, la que probaba con su lengua ardiente sus orejas y toda la piel que había dispuesta para ella. Cuando sus manos grandes apretaron sus demasiado sensilbles pechos ella clavó sus uñas en sus pectorales.

Toco la luz cuando al fin me entrego

sobre tu piel, cuando muero por ti

quiero besar el calor del fuego

y abrazarte luego

y quedarme allí

Se sentó con ella en el improvisado lecho, ambos con las piernas enroscadas en la cintura del otro. Bajo la brisa del mar, la luna y las estrellas se hicieron uno, se unieron una vez más, danzaron sus cuerpos al ritmo del golpear de las olas sobre las rocas.

Dos meses después...

Terry contemplaba al amor de su vida alimentando a su bebé desde el umbral de la puerta de la habitación. Ella no se había percatado de su presencia. Observaba con adoración cómo su bebé se alimentaba de su pecho y como su manita se aferraba a ella en un abrazo.

Ángel Albert Grandchester nació una semana después de la hermosa proposición de matrimonio de Terry. Fue un parto de varias horas hasta que al final ambos padres tuvieron en sus brazos a su milagro más deseado, llegó al mundo midiendo nada más y nada menos que veinticuatro pulgadas y pesando casi diez libras. Eso dificultó un poco el parto haciendo que por poco el doctor decidiera hacer una cesárea, pero afortunadamente, Candy pudo con la misión y trajo a su ángel al mundo de forma natural.

Estaba sacándole los gases cuando al fin se percató de la presencia de Terry.

-¿Hace cuánto tiempo estabas ahí de pie?

-No mucho. Me gusta observalos. Mis dos ángeles.

Entonces Terry cargó al pequeño ángel que era idéntico a él, lo que más Candy había deseado era que tuviera esos hermosos ojos azules por los que ella deliraba, esos rasgos y facciones arrogantes, su pelito lacio, pero rubio como el de ella. Era hermoso, digno de una pareja tan bella como ellos.

Ella se puso de pie, aprovechando que Terry estaba con el bebé, el cual también era locura con su padre, el niño era realmente apegado a ambos, pues ambos lo consentían a morir y el pequeño estaba altamente engreído, entonces ella comenzó a desvestirse para tomar un baño y de pronto se acobardó y comenzó a cubrirse. Terry puso al niño en el moisés que estaba en una esquina y se acercó a ella.

-¿Por qué te tapas, amor? No me digas que me tienes vergüenza a estas alturas...

-Es que... no es lo mismo, Terry. Ahora me veo diferente... estoy gorda...- Dijo con frustración y agarrándose exageradamente la piel de la barriga.

-Candy... si no fuera porque te vi embarazada, juraría que nunca lo habías estado. Estás perfecta. Además, esos kilitos que adquiriste no te han asentado nada mal, creo que los necesitabas.

-¿Tú crees?- Le preguntó con voz añoñada mientras estiraba la cabeza para mirarlo con sus ojazos verdes.

-No creo, estoy seguro. Además... te veré por mucho tiempo panzona otra vez... ¿o ya se te olvidó que me prometiste muchos bebés?- Le dijo con una hermosa sonrisa.

-No... pero... ¿ahora?- Él soltó una carcajada antes de expresarse.

-No, mi amor, no ahora. A penas sí estamos disfrutando a ángel que rinde por dos más. Podemos esperar al menos dos años entre cada bebé...- Ella le dio su habitual sonrisota y él se la comió a besos y cosquillas.

-No te preocupes, amor. Además, en seis meses, serás la novia más hermosa desfilando por el altar. Eres una princesa, recuérdalo siempre.

Fin


¡Hola preciosas!

Ya llegamos al final de esta Aventura. Gracias a todas por el cariño, la confianza, el apoyo y el ánimo que me dieron desde el principio hasta el final. Creo que todo lo que he recibido de ustedes ha sido mucho más de lo que merezco y lo tendré siempre presente. Pensé hacer esta historia de 30 capítulos, pero entendí que no le faltaba nada más y no había razón por la cual alargarla y volverla monótona. No se preocupen, tengo un epílogo también, ¿o ustedes pensaron que yo sería capaz de dejar a Candy y a Terry sin su boda de ensueño? ¡Jamás! O que yo sería capaz de olvidarme de los demás personajes... por supuesto que no. Esperen el epílogo mañana.

Quiero agradecer especialmente a Nerckka y a Marla88 por su inciativa y apoyo para que esta historia alcanzara tanto éxito.

A mi comadre Kary Klais: Es para mí un honor se la madrina de tus pequeñas y sobre todo, que lleven mi nombre. Creo que es el regalo más hermoso que alguien me haya hecho jamás. TQM y muchas bendiciones para ti y tu familia.

Tampoco olvidaré mencionar a:

zurizadai, Andrea Godoy, Katty White, Daniela Bascuñán, anaalondra28, prisiterry, Amy C.L, Rose Grandchester, LUCYLUZ, Olgaliz, Iris Adriana, Krys, danie, Nathy, Luisa, Odette. , dulce lu, Laura Grandchester, Vero, WISAL, Silvia E, Lulú G., Betk Grandchester, ladygmimi, Dali, Andrea Soraya, Alexa C, Wendy, candy667, Anny, maria 1972, bettysuazo, maryanita, Comoaguaparachocolate, Yancy, lala, Zafiro Azul Cielo 1313, Jazmin Reyes, sayuri1707, march klais, yesi de cornwell, kika de grandch, prinses de terry, tere granchs, anet Andrew, betty grandch, yamileth, frank klais, anieram 1, Aneth White, Olgaliz, rose, dulce maria, andrea...

Espero que no se me haya quedado ninguna, si fue así, por favor, háganmelo saber y yo me encargo en el epílogo.

También gracias a las chicas "Guest" si pueden, dejen un alias para poderlas mencionar también. A las que prefieren mantenerse en el anonimato, gracias también por su valioso tiempo, así como aquellas que leen en silencio.

Gracias por todo y esperen mañana el epílogo.

Wendy Grandchester


Canción de Candy y Terry: "Toco la luz" (Noelia)