Me recosté en la grama del jardín del instituto, cerrando el libro que tenía en manos con un suspiro profundo. Tenía varios minutos intentando leer la novela que habían mandado para la clase de literatura, pero era inútil. Estaba cansada. Cansada de la escuela, cansada de mi familia, cansada de la rutina diaria, cansada de lo mismo, cansada de fingir, cansada de…vivir.
Habían pasado 3 días desde que rompí la promesa. Y si que fueron unos días difíciles. Estaba mirando el cielo, pero en realidad mi mente estaba en otro lugar… no estaba nada concentrada. Estaba sumergida en mis pensamientos. ¿Por qué era tan débil? ¿Por qué peleaba a diario con mi madre? ¿Por qué nunca podía hacerla feliz? ¿Por qué nunca podía estar orgullosa de mi?... Yo solo quería que algún día de su boca salieran palabras como "Eres la mejor, hija. ¡Estoy orgullosa!" pero yo estaba totalmente clara que eso no pasaría.
Yo no era la mejor, era solo una chica aburrida y corriente que no podía hacer nada bien. Que no podía ser fuerte y aguantar el dolor. Que callaba todo para sí misma. Una chica que ni siquiera podía pensar en el mañana. Siendo honesta, yo no era nada parecida a las demás chicas.
Todas las chicas de mi clase tenían algo que las hacía destacar, algunas cantaban, bailaban, actuaban, eran bonitas, inteligentes, tenían un lindo cuerpo. Pero yo ¿Qué podía tener? Nada. Yo solo quería tener algo que presumir, algo de lo que enorgullecerme. Y no tenía nada.
Tsk, yo solo estaba llena de defectos. Ni una virtud, ni nada bueno o que fuera de ayuda en mi. Solo llena de defectos e imperfecciones. Tal vez mi vida no tenía sentido. Es más, ya ni recordaba porqué seguía respirando, si no tenía ninguna razón para seguir haciéndolo. Ah, ya recordaba. Tal vez es que tenía esperanzas de que algún día mis padres estuvieran orgullosos de mí, y que me felicitaran por cualquier cosa. Tal vez algún logro, alguna meta que pude cumplir. Oh, ese día se veía tan lejano e imposible.
Sentí que alguien me llamaba, al parecer era una de mis compañeras de clase.
-Hey Miku…¡Miku! – al darme cuenta, esta estaba agachada en la grama haciéndome algunas señas raras como para que yo pusiera los pies en la tierra.
-¿Eh? – pregunté, algo desorientada.
-¿Estás bien? Parece que estás muy distraída – Agh, ¿porqué de nuevo esa maldita pregunta? ¡No, no estaba bien! ¡Me sentía horrible! Pero ¿eso qué? Igual a nadie le importaba si estaba bien en realidad.
-Hm, sí. Estoy bien – hice una pausa, sonriéndole a la chica ampliamente.
-¡Ya veo! Bueno, solo vine a dejarte tu libro de inglés. Gracias por prestármelo, siento molestar – rascó su nuca algo avergonzada y me entregó el libro.
-No es nada ¡si necesitas algo más me avisas! – asentí sonriendo, mientras veía como me devolvía la sonrisa.
-Eres muy amable, Miku. De verdad te agradezco por todo lo que me has ayudado – hizo una pausa, noté que miraba mi brazo arqueando una ceja. -¿Cómo…? ¿Cómo te sucedió eso? – señaló mi brazo. No me había percatado que la manga de mi blusa se había subido, dejando al descubierto una parte de mis vendas manchadas en ese asqueroso color. Estaba totalmente nerviosa, pero debía actuar rápido. Con mi otra mano, bajé la manga mientras le sonreía a la chica para que dejara de verlo.
-Oh, solo es un raspón. Me caí, nada grave. Mi madre me está dando los cuidados necesarios ¡no tienes de que preocuparte! – solté una pequeña risa nerviosa, mientras miraba a la chica.
- ¡Ya veo! Bueno, cuídate mucho esa herida. No se ve bien – hizo una mueca, pero luego parecía estar convencida. –Bueno, no te seguiré molestando ¡cuídate! – se levantó, despidiéndose con la mano. Hice lo mismo, por supuesto, sin dejar de sonreír.
Qué buena mascara había usado, que buena mentira se me había ocurrido. La chica parecía totalmente convencida. Como deseaba en ese preciso momento que todo lo que yo había dicho, fuese verdad. ¿Mi madre...Preocupándose por lo que me pasara? Buen chiste. ¿Mi madre curándome las heridas que yo misma me causé? Já. Solté un suspiro, relajándome porque la chica se había creído todo. Estaba a punto de cometer alguna idiotez, de que se dieran cuenta de todo el daño que me había hecho. ¿Y que si ella hubiera revisado debajo de las vendas? Bueno, de todas maneras yo no iba a permitir eso por nada del mundo.
Nadie, absolutamente nadie…conocía mi verdadero ser. Nadie sabía que tenía problemas, nadie sabía que me hacía daño, nadie sabía que me hacían daño, nadie sabía que detrás de esa sonrisa que yo brindaba diariamente, era falsa.
A veces no podía evitar preguntarme si mi sonrisa se veía demasiado falsa, o lograba convencer a todos. Creo que la segunda opción era más probable. Aunque ya estaba acostumbrada a ser alguien que no era, a veces me cansaba de fingir y andaba de muy mal humor. Pero yo solo respondía con un "Estoy bien ¡Solo tengo sueño!" con una risa despreocupada, agh. Como me odio.
Observé a unas chicas que pasaban por el campus, riendo y fastidiándose una a la otra. No podía evitar preguntarme ¿Qué se sentía tener amigos? A lo largo de mi vida, nunca tuve verdaderos amigos.
De hecho, hubo cierto tiempo en el que creí tener una amiga en quien confiar. Pero ella solo me utilizaba como a una muñeca de trapo. Solo hablaba conmigo porque yo la ayudaba con su tarea y la ayudaba con lo que ella necesitara. Pensé que ella nunca me dejaría, pero no fue así. Finalmente terminó burlándose de mí, diciendo que yo era una inservible, restregándome en la cara lo inútil e ingenua que era. Y todo esto porque había reprobado un examen por mi culpa. Ahí fue donde me di cuenta de quién era ella, y que pretendía.
Es algo como…la persona en la quien más confiabas, te destruye poco a poco con palabras y en realidad esa persona todo ese tiempo no fue quien decía ser. Yo creía que ella era una buena chica pero luego me apuñaló en la espalda. Muy fuerte.
Antes yo era muy ingenua, como decía mi 'amiga', pero la gente me había hecho tanto daño que aprendí a no confiar absolutamente en nadie. Tal vez suene absurdo o raro, pero era cierto. Yo fingía confiar en algunas personas, pero la verdad es que los odiaba a todos… a cada uno de ellos. Ellos siempre hablaban mal de mí a mis espaldas, y cuando me veían fingían que no había hecho nada. Por eso odiaba tanto a la gente tan falsa. Ah, esperen….yo soy así. Y bueno, por eso también odiaba mi forma de ser.
Sin embargo, yo siempre había estado sola. Y estaba totalmente clara en que terminaría sola.
