DE ARDIDES Y MENTIRAS
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CAPÍTULO II
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Breves notas de la autora:
Mismos créditos financieros que en el capítulo I. Le doy gracias a Cuencas Vacías por revisar el fic a pesar de que tiene poco tiempo libre. También agradezco a quiénes me dejaron un review, un follow o un favorite, en especial a aquellos a los que no les puedo agradecer directamente por no estar registrados. ¡Gracias!
Aprovecho para anunciar que cada fin de semana –cosa del sábado o domingo– estaré actualizando el fic.
Eso es todo.
ADVERTENCIA: Slash, M, Mpreg y demás.
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Capítulo II:
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Salió de la habitación procurando no hacer ruido para no despertarlo. Se acomodó la capa que llevaba para el frío, se sintió demasiado despierto como para acudir a la cama e intentar ganar un poco de sueño, que debería hacerlo porque le esperaba un día extenuante. Prefirió salir a tomar un poco de aire y luego sus pasos le llevaron lejos de Valaskialf hasta el Bifrost. El camino por el puente le fue permitiendo quitar pesadez a las ideas que cruzaban una y otra vez su cabeza acerca de lo que había hecho. No fue hasta que llegó frente a Heimdall que sintió el peso de sus acciones sobre los hombros.
–Llegas tarde, Thor –le advirtió el guardián.
–Tenía intención de venir antes pero… –Thor no dijo nada más porque estaba seguro de que Heimdall lo había observado y no vio necesidad de repetir lo que había acontecido. Acudió a la habitación del Loki para hablar con él, para que le ayudara a suspender ese compromiso que de pronto fue una carga muy dura y en vez de ello, había consumado un matrimonio que aún no contraía. Los besos, las caricias y la sensación de su cuerpo aún le daban vueltas en la cabeza.
Dio un pequeño rodeo hasta detenerse al lado del portero.
–Sospecho del príncipe –le dijo Heimdall. Thor le miró a su lado sin entender a qué se refería –me temo que te está mintiendo, que es participe de un artificio junto con su padre. Aquel día en el campamento cuando curó a Fandral, pudo ocultarse de mi vista. Nadie durante toda mi guardia había logrado tal hazaña, quisiera saber cómo lo hace y que fue lo que se dijeron en confidencia Laufey y él –la última parte pareció decirla más para sí mismo que para Thor.
–¿Le estás vigilando?
–Odín me lo ordenó. Él, como yo, recela de Laufey y deberías hacer lo mismo respecto a su hijo. No estaría mal que indagaras qué es lo que se traen entre manos, aunque fuera por la fuerza –dijo negando con la cabeza –se ve que está acostumbrado.
–No digas eso –respondió en el acto Thor. No podía imaginarse poniendo sus manos sobre Loki como no fuera con el propósito de acariciarlo o poseerlo. –Ha confiado en mí, tú lo oíste, desea ser libre.
–Pero entonces te está usando. ¿Por qué lo hiciste Thor? No lo entiendo –dijo Heimdall. –Ahora ya no puedes negarte al compromiso, dirá que le has forzado y deshonrado. No puedes retractarte.
Thor miró hacia las estrellas, sabía por qué lo había hecho o al menos creía comprenderlo. El día en que se presentaron, que cometió el desliz de confundir a Loki con una fémina giganta fue porque era el único que era diferente de los demás. Pensó que era fácil distinguirlas si eran las únicas que tenían cabello, eran delgadas, y parecían bastante inteligentes. Después de eso, y de la manera en la que Loki salió del salón tras hablar con sus padres, pensó que lo odiaba por haber dicho tal cosa. La boda con Sif había sido natural, todo había salido conforme siempre supo iba a pasar, y se había olvidado de Loki. Lo mismo le sucedió en la guerra hasta el día del campamento. No sólo había salvado a Fandral, si no que tras haber discutido con su padre le había visto con entereza, orgullo y con un dominio sobre sí mismo que haría envidiar al más estoico de los guerreros. Y hacia unas horas, hablando con él, al saber porque había accedido al compromiso, entendió que Loki estaba perdido. No era un jötun, y aún con la apariencia que adoptó –y con la cual aún seguía alucinando– tampoco era un as. Loki, era simplemente Loki, y estaba solo.
–Porque dijo la verdad. Mañana los Jötun serían nuestros enemigos si rompía el compromiso, porque lo que vi en sus ojos me conmovió… –dijo. Porque su aspecto le había seducido, porque jamás se había sentido de esa manera con nadie, y él no era precisamente un hombre sin experiencia en la cama. –Mi padre me ha advertido sobre Laufey, Loki hizo lo mismo sobre Hildetand, pero si Loki es parte de esto, no creo que sea con su entero consentimiento. Averiguaré que es lo que oculta, aunque será a mi manera –dijo quedando en claro que no tenía intención de ser violento con Loki.
Heimdall puso una mueca irónica.
–Tendrá que ser así, ya que es capaz de eludir mi vista. No quisiera poner en tela de juicio la honestidad de alguien en quién tú claramente vas a depositar tu confianza pero no me gusta cómo sucedieron las cosas. Siento que es un montaje, Thor –dijo serio –piénsalo. Tú ibas con unas intenciones, y él te hizo cambiar de opinión a costa de su cuerpo. No me gusta.
Thor se rió.
–Perdona Heimdall pero me voy a fiar de mi instinto. Loki no es un seductor, no sé bien a que atribuirle lo qué pasó pero no era un plan suyo –se quedó callado un momento. Era evidente su falta de experiencia en la cama y por su estrechez al poseerlo, supo que era su primera vez. –No puedo explicarlo, algo entre nosotros… no sé, sólo se sintió correcto.
–Para no ser un seductor, eso que dices, suena a seducción. Lo único que te digo, no como un guardián al que han burlado sino como un amigo, es que no te fíes de él, aunque seas Thor.
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Dejó al guardián del Bifrost tras aquella charla. Regresó a sus aposentos privados, ya había acordado con Sif que esa noche no estaría con ella. Ya que Loki le había ofrecido una amistad, pensaba que lo mejor para los tres, sería hablar de ese matrimonio tan extraño y complejo. ¿Cómo se las arreglaban los de Jötunheim? Al quedarse dormido tuvo sueños extraños. Soñó con Loki. Una y otra vez.
A la mañana siguiente, le mandó a despertar Frigga para que desayunara con su padre y ella. Thor tomó los alimentos con pocas palabras y aún con sueño, sabía que Heimdall no les diría nada a sus progenitores de la noche anterior, pero aun así notó las miradas de estos sobre él. Cómo si lo supieran.
–Podría hablar con Laufey para cancelar el compromiso que hice a tu nombre –dijo de pronto Odín. A Thor le sorprendió que dijera justo eso, aquella mañana, si al menos lo hubiera dicho la anterior, estaba seguro de que habría aceptado, aun cuando eso significara batirse en duelo con el rey de los gigantes de hielo. Vio a sus padres intercambiar una mirada, supo que habían hablado de ello en la noche. –Mi hijo vale más que un reino. Loki Laufeyson deberá entenderlo –añadió su padre con tono solemne.
Thor carraspeó un segundo.
–Ayer hablé con Loki –dijo. Sus padres se dirigieron una mirada tensa. Hablar no era precisamente lo que hizo Thor pero no iba a confesar lo demás; –y decidí continuar con el compromiso. No hables con Laufey, padre –le pidió. Su madre sonrió de pronto con una nota de orgullo en sus ojos aunque después notó que su preocupación empañaba esa expresión, su padre por el contrario pareció molesto. –Eres el Padre de Todo, no sólo el mío –dijo Thor. Algo así había dicho Odín el día en que le reveló que había accedido a casarlo con un jötun. Ahora los papeles se invertían.
Se retiró tras eso pues había perdido parte de su apetito.
Cerca de la hora de la ceremonia, abrochó la capa de seda roja que ondeaba a su espalda. Llevaba una armadura reforzada con hileras superpuestas de discos de cobre que centelleaban como un millar de monedas recién acuñadas. Lady Sif, al igual que Loki previamente, no iba a estar en la ceremonia pero se dio un tiempo para desearle suerte en lo que iba a enfrentar y luego hicieron lo mismo los tres guerreros. Era una ceremonia pequeña, privada, pero con un mayor peso político que la primera. Sabía que su doble matrimonio había acarreado una serie de rumores dentro de Asgard y otros reinos. Pero a Thor en ese momento le preocupaba más lo que acontecería dentro del salón. Laufey con su esposa, y su corte; sus propios padres acompañados de los nobles importantes de Asgard, delegados de Svartálfheim y Vanaheim, como reinos invitados que a su vez estaban preocupados por aquella singular unión; todos ellos ya estaban acomodados dentro del salón. Él esperó afuera a la llegada de Loki, pues entrarían juntos.
–Perdona el retraso –dijo la voz a sus espaldas.
Loki iba ataviado con su aspecto de jötun. En esa ocasión no le tomó por sorpresa, de hecho Thor encontró semejanzas con la apariencia de aesir que había tomado el día anterior, y aunque le gustaban más sus ojos verdes no se atrevió a decirlo en ese instante. Llevaba la ropa tradicional de su país, con una piel que cubría su cuerpo aunque no hiciera frío, los colores azules y blancos de los jötun y joyería, tales como collares largos que caían sobre su pecho desnudo.
–Estamos a tiempo –dijo Thor.
Vio al heraldo as entrar para anunciarlos, iban a abrir las puertas. Thor supo que estaba en un punto sin retorno, estiró la mano y estrechó la de Loki con la suya. Las puertas dobles se abrieron de par en par, quedaron a la vista de los ojos de los presentes, le tomó un segundo observar los rostros extraños, hasta que ambos caminaron al mismo tiempo hasta la realeza. Por ser ambos príncipes, Asgard y Jötunheim darían su bendición a aquella unión. Cuando llegaron al frente, Thor no supo exactamente quien estaba sosteniendo a quien, si era él quien apretando la mano de Loki le infundía fuerza o era él, quien estrechando sus dedos, le daba valor. Se formularon los votos, se invocaron las bendiciones y se intercambiaron promesas. Thor tomó una manzana dorada de Iôunn y se la ofreció a Loki para que la compartieran en ese momento como símbolo de la eternidad de su unión, siendo una sola carne, un solo corazón, una sola alma.
Presidieron el banquete siendo la cabeza de la larga mesa. Había unos cincuenta invitados. A cada lado de uno de ellos, estaban sus familias y amigos, al principio, los presentes estuvieron serios, como si estuvieran esculpidos en piedra, al menos hasta que fluyó el vino. Volstagg fue el primero en proporcionar risas del lado de la mesa de Asgard. Thor aún tenía la mano de Loki entre las suyas, y este aprovechó para inclinarse sobre él y empezar a contarle anécdotas sobre la corte Jötun. En más de una ocasión, Thor soltó una carcajada, en especial con aquellas historias que hablaban de Hildetand. Brindó en honor a su nuevo cuñado, y de la bestia de combate que le había arrastrado cien metros por un lío con la montura. Cuando la voz de Loki empezó a narrar relatos de los propios aesir, Thor no entendió cómo podía saber tanto de la corte; pero encontró la situación divertida y mucho más placentera de lo que había previsto en un inicio. Loki parecía un cómplice, y Thor supo que jamás había conectado tan rápido con alguien. En algún momento tomó la mano de Loki y le dio un beso en ella.
Thor bebía mucho y apenas comía. Escuchaba a todos los que se levantaban para hacer brindis y él asintió a cada uno de ellos. Probó un poco de carne con especies e indicó con gestos que quería más vino. Notó que Loki lo miraba de reojo, y sintió que aquel banquete duraba siglos. Los espectáculos preparados para aquella noche se sucedieron velozmente, espoleados por una marea de vino y cerveza. Sólo cuando empezó a ver dos Fandral con cuatro muchachas iguales, decidió que no podía tenerse más en aquel festejo. Le pareció que su padre estaba enojado, posiblemente por todo el vino que había ingerido y porque había otros invitados que habían empezado a proporcionar diversiones alternativas de manera involuntaria a los demás. Loki al menos había bebido casi tanto como Thor. Se apoyó en él para poder salir de ahí.
Antes de que dijera algún mensaje, Loki se le adelantó.
–Les agradecemos a todos su presencia. Nosotros nos retiramos pero pueden seguir disfrutando de la comida y la bebida. Gracias por su compañía y sus buenos deseos –dijo arrastrando un poco las palabras al final y con una sonrisa, que parecía estar divirtiéndose con un chiste personal. Thor asintió, dándole la razón. Se inclinó para despedirse de su madre, que le veía de manera extraña. Ambos se fueron, con varios tropiezos en el pasillo, a la alcoba que les habían asignado como matrimonio.
Al entrar en ella, Thor le soltó para poder quitarse la pesada capa roja. La armadura le llevó algunos tirones extras pero cedió al menos en la parte de arriba. Se giró a ver a Loki que se quitaba la joyería que llevaba puesta y Thor tiró de la piel para el invierno, estaba suave al tacto.
–Deberías regalármela.
Loki se la quitó y se la lanzó a la cara. Cuando Thor le miró de nuevo, Loki había recuperado aquella apariencia de aesir que le gustaba. Se sentó en la cama para quitarse las botas antes de tenderse en la cama. La cabeza le daba vueltas. El peso a su lado le hizo comprender que Loki ya estaba recostado, tiró de las mantas con dificultad para hacer que ambos entraran.
–¿Y ahora qué? –Preguntó Loki.
–Ahora, a dormir –dijo Thor. Estaba demasiado bebido como para intentar hacer algún avance o recibir uno, y de todos modos ya habían consumado ese matrimonio así que, creía, podían darse esa noche. Estiró el brazo rodeando a Loki y recibió a cambio un abrazo similar.
–Gracias –escuchó a Loki decirle antes de perder la consciencia.
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Despertó, no debido a la luz del sol sino a la molestia en su estómago que le exigía comida. Cuando abrió los ojos, se pasó la mano por el cabello peinándolo hacia atrás, el sol se adivinaba a través de la ventana. A su lado aún descansaba Loki con su apariencia aesir. Al moverse para apartar las cobijas, despertó a su acompañante, o quizás Loki ya había despertado y sólo permanecía ocioso en la cama.
–Tengo hambre –dijo Thor. Tenía los pantalones puestos así que se levantó del lecho, sabía que afuera de las estancias siempre había un sirviente, pretendía pedirle el desayuno porque sin alcohol, no tenía demasiadas ganas de enfrentar el comedor. Cerró la puerta tras el pedido y volvió a la cama a sentarse. –La boda –inició el tópico de la conversación –estuvo bien –dijo. En su cabeza así había sido, él se había reído bastante en la mesa de honor.
Loki, levantó una ceja.
–¿En serio? Ahora creo que estuvimos en bodas diferentes –dijo éste –no sé quién nos miraba peor, si mi padre con sus dos ojos rojos o el tuyo con uno solo. Aunque si se trataba de hacer enfadar a esos dos, creo que lo logramos bastante bien. Estabas muy ebrio –le aclaró Loki.
–Tú también lo estabas –le espetó riéndose. No era su intención enfadar a Odín pero ya que había sido él quien contrajo nupcias, debía ser él quien se divirtiera con la situación.
–Menos que tú. Lo suficiente para notar que sólo nosotros nos estábamos riendo en el salón. Excepto Volstagg, pero sólo él en los nueves reinos, sabía de qué –dijo Loki.
El jötun se enderezó en el lecho y le dio la espalda para buscar su calzado. Thor no pudo evitar en ese momento deslizar la mirada por la piel que tenía descubierta. Había creído que sería más difícil aceptar que lo acontecido antes de la boda en realidad le había gustado, creyó que jamás se podría llevar bien con él y que eran incompatibles en más de un sentido pero ahora sabía que no era así y que, definitivamente, no podía pensar bien estando a su lado. Estaba sospechando que sin quererlo gravitaba a su alrededor. Estiró la mano acariciando su espalda, haciendo que el otro se girara instintivamente, con una mirada le interrogó. Thor había sido criado como el príncipe de Asgard, estaba acostumbrado a obtener lo que deseaba, y nada jamás se le había negado, sin embargo eso no significaba que supiera exactamente cómo tratar con Loki.
–Estuve pensando –inició. Estiró la mano para tomarlo de un brazo –que no me molestaría repetir lo sucedido hace dos noches –se sinceró. Tiró de él para hacer que se moviera hasta su lado. Loki le miró a los ojos, como si buscara la mentira evidenciándose. Aún no lo conocía bien, todavía no descubría que Thor jamás mentía. –Lo sé. El que te buscaba para pedirte que cancelen el compromiso, ahora te dice que quiere volver a hacerlo, no soy muy lógico pero si sincero –y dicho eso, Thor se movió por la cama. Su mano acarició los cabellos de Loki acercándolo totalmente a él. –Y aún mantengo lo que te dije en Nornheim, que no por ser mi prometido o más bien mí esposo, estás obligado a hacer algo que no quieras –dijo. Su aliento ya se mezclaba con el de Loki.
El jötun parecía no saber qué decir a sus palabras.
–¿Es que soy tan bueno? –Preguntó con un tono retador pero cuando sonrió, Thor supo que había accedido porque hasta ese momento no lo había visto sonreír de esa manera para nadie más.
–Lo eres –aceptó.
Cuanto más lo miraba más aumentaba su pasión. Pero no le bastaba con verlo, tenía que añadir el tacto, tenía que acariciar su cintura y las sinuosidades de su espalda. Le desnudó a la vez que se quitó la ropa, esta vez sin ningún atisbo de timidez o falta de confianza. Luchó por capturar su lengua que se escabullía de su contacto y que hacía más profundo el beso a cada instante. Thor inhaló el aroma de Loki que lo enloquecía. Era tan bueno como lo recordaba. Una de sus manos soltó su cadera para hundirse en su cabello, le fascinaban aquellas hebras negras. Loki era el único en causarle reacciones tan intensas.
–Auch –se quejó Loki de pronto.
–Aún no te hago nada –se rió Thor. Había sido un poco brusco con Loki hacía dos noches.
–Espera un momento –le pidió recordando algo. Trazó un círculo con una mano y un resplandor verde rodeó las paredes de la alcoba un instante –Heimdall no necesita ver esto –Thor no podía estar más de acuerdo.
Se tumbó a su lado, su mano se deslizó por su piel hasta su entrepierna, tiró de la hombría de Loki, ya estaba duro pero le faltaba estimulación. Sus bocas se unieron mientras Thor le masturbaba con firmeza, desde la base hasta la punta, luego giró la muñeca sacudiéndolo. Loki gimió en su boca, ya no se besaban porque la necesidad de respirar era mucho más apremiante. Thor tomó ambos falos acariciando de igual forma. Loki en ese momento pareció reaccionar, palpó con los dedos la hinchada erección de su cónyuge y respondió con la misma velocidad. Las caderas de Thor se movían como si lo embistieran.
Haciendo caso a su propio deseo, soltó a Loki. Le tomó por la nuca para darle otro beso y luego se chupó él mismo los dedos. Loki lo miró entre horrorizado y extasiado cuando comprendió lo que iba a hacer. Thor le mordisqueó el cuello dejándole pequeñas marcas en la piel pálida. Sus dedos, expertos amantes, se perdieron entre las nalgas del ojiverde. Loki mordió sus labios y apretó los ojos intentando no hacer ningún ruido cuando el primer dedo exploró su interior. Unos instantes después al primero le acompañó un segundo que entraba y salía en un lento ritmo. Loki se sintió en llamas cuando de pronto hubo un tercero. Cerró los ojos dejándose llevar por las sensaciones que le torturaban. Tuvo la seguridad de que llegaría al clímax en cualquier momento pero Thor le soltó.
De pronto llamaron a la puerta. Ambos se miraron con los ojos brillando, la respiración agitada y las mejillas teñidas.
–Altezas, les traigo el desayuno –informó algún sirviente.
–Déjalo fuera –mandó Thor que no apartaba los ojos de Loki. Escuchó al paje musitar algo al otro lado de la puerta. –¡Qué lo dejes fuera! –Ordenó. Y entonces sólo escucharon el ruido que hizo al marcharse.
La mirada de Thor anunciaba que aún no habían terminado, que deseaba mucho más de Loki.
No le hizo girar como la primera vez. Se acostó encima de él, permitiéndole una visión de su cuerpo desnudo. Loki se dejaba guiar expectante. Las manos de Thor tomaron los tobillos del ojiverde y los acomodó sobre sus propios hombros. Loki sintió como rozaba su entrada pero debido a las caricias previas, esta vez fue más fácil su ingreso. Thor se quedó quieto, en su rostro pudo leer la satisfacción de penetrarlo. No le tomó de las caderas, en vez de ello, le sujetó las muñecas alzándolas por encima de su cabeza. Thor sostuvo su propio peso con las rodillas e inició la cópula. La cabeza de Loki se desintegraba ante la visión del dios del trueno dominándolo por completo. Su miembro se rozaba contra el vientre de Thor, se asfixiaba bajo él pero le enardecía verlo así. Thor gimió. Loki elevó las caderas con dificultad, se rindió hasta donde el cuerpo le alcanzó. Thor se agitó en su interior, atrapado por el deseo finalmente desatado. Nunca había estado tan vivo como en ese momento en que lo poseía, se corrió dentro de Loki por primera vez aquella mañana.
Tras tomarse un respiro Thor volvió a poseerlo de esa misma manera. Le gustaba poder contemplarlo mientras se lo hacía; la visión de su amante gimiendo bajo él era algo que podía disfrutar por siempre. Le extrañó que en vez de pedir una tregua para ocuparse del mundo exterior que pronto los reclamaría, Loki tomó la iniciativa la tercera vez. Lo hizo abrazándose a Thor y acercando sus labios a su oído para susurrarle una sola palabra:
–Más.
Thor se rió. Había compartido el lecho con muchas personas pero a nadie se la había ocurrido incitarlo de esa manera. Las damas de la corte solían tratarlo de "majestad, príncipe, general" y demás. Al punto sus manos tomaron a Loki y se aprestaron a cumplir sus deseos.
Habían perdido el sentido de la hora, sólo cuando ambos sintieron hambre fue cómo decidieron a suertes el que saldría al recibidor de las habitación para tomar los alimentos que les habían dejado. Thor resultó el perdedor, salió tal como estaba a por la charola con lo que era un desayuno. Llevó la bandeja hasta la cama donde ambos decidieron comer de manera informal. Thor le miraba cada gesto, con familiaridad tomó comida del plato de Loki el cual primero lo miró con desaprobación para luego olvidarse de sus modales y hacer lo mismo con la comida de Thor. Bebieron de la misma copa y de pronto se besaban sin motivo aparente. No lo había comprendido antes y mucho menos con Sif, que era su amiga; pero justo lo que estaba haciendo con Loki abarcaba el ser amantes.
–Hay algo que no entiendo –dijo Thor, tomó un poco de fruta y la masticó antes de hablar –no comprendo porque tú padre se empeñó en casarte. No era a él a quien amenazaban con la guerra –dijo Thor.
–Tampoco lo sé –dijo Loki –pero pretendo averiguarlo. Mi padre jamás hace algo sin una razón y mucho menos si no es algo que le convenga –le explicó. La idea de que Loki podía ser parte de un ardid o no, no estaba en claro para Thor, Laufey bien podría estarle usando como una ficha, y eso que Loki le parecía un tipo sumamente inteligente para caer en un juego así. Thor no sabía nada de conspiraciones de cortes, jamás le habían interesado.
Tocaron a la puerta. Thor se volvió pero no estaba en condiciones de abrir.
–¿Qué pasa ahora? –Preguntó en voz alta. Más valía que estuvieran invadiendo Asgard.
–Príncipe Thor. Su padre lo llama para que participe en el concejo de guerra, en la sala del trono, dentro de una hora. No quiere que falte –le dijo algún heraldo.
Thor haló aire, había olvidado que estaban en guerra, y eso que a él le gustaban los combates.
–Gracias heraldo, ahí estaré –dijo.
Thor pensó en lo mucho que le gustaría poder quedarse en la alcoba. Se estaba aficionando a la compañía del jötun pero no podía quedarse ahí para siempre. Se dio una ducha, no se calzó de nuevo la armadura porque esa era para ceremonias aunque tampoco se molestó en levantarla, aún debía acudir a su propia habitación para estar presentable.
–Estás serán tus nuevas habitaciones –le dijo a Loki. Aquella alcoba era mucho más espaciosa que en la que había sido recibido la primera vez. –Los sirvientes deben estar esperando que salgamos para mover tus cosas de aquella ala hacía aquí –se quedó quieto cuando estaba listo ya para salir. No había manera de escapar de esa mirada verde. –¿Puedo volver cuando haya terminado la reunión? –Le preguntó.
Loki, que aún estaba sentado en la cama, lo miró.
–Me da mucha gracia que me pidas permiso, Thor. Pero si, puedes volver –le dijo sonriendo, su boca era una línea continua, nuevamente una sonrisa que hacía pensar que Loki tenía una broma privada.
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En cuanto Thor se marchó. Loki se aseó, haciéndolo pensó en la mentira que le había dado a Thor. Que no sabía porque su padre había querido casarle, lo sabía o lo imaginaba pero hasta no tener una idea más clara, no deseaba decirlo en voz alta. No salió de la estancia, se limitó a abrir la ventana que daba a un pequeño balcón y que tenía una de las mejores vistas de la ciudad. Tal como había dicho, su ahora esposo, la servidumbre no tardó en hacer llegar sus posesiones a esas nuevas alcobas. Notó que algunos de los pajes le dirigían miradas extrañadas y sólo hasta entonces reparó en que seguía pareciendo un aesir, se quedó con ese aspecto, le gustaba tenerlo porque le hacía sentirse más alejado de su pasado jötun, como si hubiera escapado de un mal sueño.
Se concentró en mirar el paisaje. Había creído que Thor, tras la primera noche que compartieron, estaría avergonzado de tener a un hombre por amante. Creyó que iba a retractarse del compromiso, aunque ya era muy difícil cancelarlo por lo que había ocurrido, lo que no pensó, fue que no sólo Thor continuara con la boda sino que deseara repetir el encuentro. ¡Y de qué manera! No podía dejar de pensar en sus ojos, en lo diferente que le miraban, en que parecía no importarle que fuera jötun, que fuera un hombre o que no hubiera deseado aquello desde un principio, notaba el deseo que despertaba en él. Cuando lo veía así, Loki tenía la sensación de estar fundiéndose, de que un calor intenso le abrasaba y que en vez de sangre, tenía fuego. Y le daba miedo.
Él recordaba bien la boda. La mirada incrédula de los presentes por verle reír a su lado contento, de las miradas tensas que les arrojaron cuando sostuvo a Thor para salir y de que ambos hubieran dejado el banquete casi anunciando que iban a consumar el matrimonio. También notó las miradas de odio, repartidas casi por igual entre ambas cortes. Y Thor no había visto nada de ello. De pronto pensaba que era el sujeto más simple e ingenuo que había conocido, y luego, le daba aquella tregua al dormir únicamente con él. Abrazándole como si se conocieran de toda la vida.
Debió de haber pasado varias horas perdido en esos pensamientos pues de pronto su puerta se abrió. Sin embargo no era Thor, sino su padre. Laufey le miró desde la mitad de la sala, de una forma calculadora como si esperara atravesarlo y saber qué estaba pensando. Movió un dedo girándolo para hacerle comprender que deseaba una barrera de privacidad. Loki trazó el círculo para quedar fuera de la vista de Heimdall.
–¿Y esa apariencia? –Fue lo primero que le preguntó.
–A él le gusta –respondió.
–No la uses cuando estés conmigo –le reprendió. Loki, que no tenía ganas de fastidiar a su padre por aquél día, revirtió su apariencia a su verdadero cuerpo. –¿Lo han consumado? –Preguntó hosco.
–Si –respondió Loki. No tenía sentido que mintiera con aquello, era lo que Laufey seguramente había querido que sucediera para dar por validada la boda –no entiendo tu disgusto. Si me niego a hacer lo que quieres, te molesta, si lo hago con ganas, de cualquier manera te enfureces.
–Son las ganas con las que te aplicas las que me han molestado. Menos mal que no tendré que volver a presenciar aquella escena, por un momento creí que el aesir se había emborrachado a propósito para tener una excusa para no consumarlo –dijo meneando la cabeza. Loki no quitó de su error a su padre, tampoco iba a contarle con detalles como había sucedido. –Ya sabrás que estamos por partir hacía Alfheim. Voy a pedir que seas trasladado a Jötunheim para tu comodidad –le informó.
Loki abrió la boca para protestar.
–Te tomaste muchas molestias para traerme aquí, que fuera aceptado por Odín, casado con Thor para que… –de pronto se interrumpió. Iba a decir "para devolverme a Jötunheim tras tu adorada boda" pero se había equivocado totalmente. Laufey disfrutó con su desconcierto. Loki entrecerró los ojos porque al fin había comprendido –no era la boda lo que querías, sino que me dejara preñado. Habrías hecho lo indecible para meterme en la cama de Odínson, querido padre, tu maldad me ha dejado asombrado –dijo con rencor. ¿Cómo no lo había previsto? Porque eso había sido bajo, inclusive para Laufey.
Le dio la espalda caminando por el borde de la barrera. Quiso escupir en los planes de Laufey, en volver el tiempo atrás y aceptar la negativa de Thor. Su padre había sido más inteligente que él, y eso era algo doloroso de aceptar porque Loki siempre lo había considerado una bestia sin cerebro. ¿Libre? ¿De verdad pensó que se había librado de él?
–No hay razón para que te quedes ya en Asgard. Te advertí desde el principio que volverías tarde o temprano a casa ¿se te olvidó? –Se mofó. –Además no creo que el aesir se oponga a deshacerte de ti, así que espero que haya funcionado.
Loki se giró hacía Laufey, retornó a su apariencia aesir, las ganas de hacerlo enojar le habían vuelto porque aquello no podía quedarse así de ninguna manera. Abrió los brazos y se rió. Una mueca espantosa, que sólo podía augurar algo malo, así fuera sólo dolor para su portador.
–Creo que mi estancia en Asgard depende de mi marido –dijo Loki. Laufey arrugó el entrecejo. –Pensaste en que tras la boda aceptaría repudiarme, porque lo que me ató a Thor fue tu alianza de guerra pero también tengo mis encantos. Y he sabido usarlos bien. Te aseguro que insistirá en que me quede –dicho eso amplió la sonrisa.
Al menor le hubiera gustado negar cualquier tipo de parentesco con su padre, pero por desgracia, ambos eran muy parecidos en carácter. Laufey en vez de intimidarse, volvió a hablar.
–Si te conociera la mitad de lo que hago yo, no querría quedarse contigo. Ya veremos lo que dice cuando le haga la propuesta –luego le sonrió –hasta tú sabes Loki, que no debes creerte tus propias mentiras – añadió Laufey antes de salir del círculo que les protegía. Loki lo deshizo en un instante mientras miraba la espalda de su padre alejarse.
Se quedó en la habitación a rumiar la afrenta que se había ostentado en su contra. Rememoró las conversaciones pasadas intentando anticiparse a los movimientos de Laufey ahora que sabía la verdad. Si tenía un hijo, sería el heredero de Asgard y Jötunheim, podría reinar en ambos reinos con pleno derecho pues dudaba que Thor no reconociera a un hijo suyo tras una boda válida ante casi los nueve reinos. Si Laufey deseaba que regresara a Jötunheim, sería para asegurarse que el infante tuviera educación jötun aun cuando tuviera apariencia de aesir. ¿Y él? Había algo más que se le estaba escapando, y eso era su propio destino. Mientras él estuviera vivo se interpondría en los planes de su padre, así que lo más lógico sería que le asesinara una vez nacido su hijo pero claro estaba que Loki no tenía ninguna intención de dejarse liquidar fácilmente.
Sabía que en teoría podía traer vida porque tenía magia vía materna, porque su abuelo lo había hecho. Él no lo conoció porque murió cuando tuvo a su hija, o sea su madre. Y su progenitora no podía contarle nada porque estaba muerta pero tenía la sospecha de que Laufey sabía algo que él no. Y Loki debía descubrirlo. Se miró, primero las manos y después el estómago, ¿estaría ya formándose dentro de sí el vástago de Thor? Era difícil saberlo siendo hombre. Y más con una magia tan arcaica, fuera de su abuelo no conocía a nadie más que asegurara que podía suceder, tal vez su madre había mentido. ¿Qué podría saber Laufey si todo lo que no era fuerza física no le impresionaba?
Respingó al momento en que una mano se posó sobre su hombro, tan concentrado estaba en sus pensamientos que no notó que Thor ya había vuelto. No se veía desanimado, por un instante a Loki le pareció que nunca se había ido.
–¿Qué ha pasado? –Le preguntó.
–Partimos hacía Alfheim, mañana mismo. Nadie desea que Hagen y Giselher tengan tiempo a reagrupar o contratar nuevos guerreros. Es un buen momento para terminar lo que se inició en Nornheim –dijo Thor quien por cierto, se veía contento.
–¿Cómo todos los asgardianos disfrutas las guerras?
–Pues si –dijo Thor asintiendo –no hay nada como acudir a otro reino a enfrentarse a algunos enemigos –respondió. Loki asintió un poco aunque no compartía la idea del enfrentamiento directo, siempre había mejores estrategas, como las que Laufey pensaba. Ese pensamiento lo hizo sentirse asqueado. –Quería preguntarte porqué los jötun tienen dos esposas, no entiendo la razón para hacerlo ni comprendo cómo hacen para que todo salga bien.
Loki se levantó del asiento para rodear un poco la estancia hasta rellenar un vaso con agua para sí.
–Bien, no es una palabra que yo usaría. Porque lo normal es que una no sobreviva. Puede morir en el parto, por una pelea con su esposo, porque un rayo del Bifrost le caiga encima o un grupo de asgardianos salga de pronto y la masacre. Esa última es una causa muy común de muerte en Jötunheim –le dijo seriamente. Y supo por la expresión de Thor que había entendido que no estaba bromeando.
–¿Tú madre? –Preguntó. Loki jamás había hablado de su progenitora con él pero suponía que Frigga si lo había hecho, casi notó algo de culpa en Thor, como si él hubiera matado con sus propias manos.
–No –respondió. Los ases no mataron a su madre, lo había hecho Laufey.
–Ahora me siento como un bárbaro –dijo Thor seriamente.
–Eres un bárbaro –lo corrigió Loki. El dicho 'el cuervo le dijo al grajo' sonó en su mente.
La mano de Thor fue a dar en su muñeca, sin apretarla, únicamente para tomarla y uno de sus dedos empezó a acariciar su piel.
–¿Hay algo que me estés ocultado Loki? –Le preguntó de pronto.
Que Laufey orquestó una boda, planeó que yaciera con él. Que Loki se prestó a hacerlo. Que podría ser que una criatura se estuviera gestando dentro de él, si es que Thor era de los que llegaban a creer que eso podía pasar. Que volvería a su hogar en Jötunheim para ser retenido contra su voluntad y luego a morir en la oscuridad. Que ambos fueron y seguían siendo piezas de un juego complicado. Que si había un niño, éste crecería envenenado en contra de sus abuelos y su propio padre. Que había un mundo de posibilidades donde Loki no gobernaba las consecuencias de sus actos. Incluso que se estaba encariñando con él, que eso le daba miedo y además alegría al ver que a Thor le sucedía lo mismo.
Naturalmente le estaba ocultando cosas.
–No.
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CONTINUARÁ…
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