DE ARDIDES Y MENTIRAS
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CAPÍTULO IV
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Breves notas de la autora:
Mismos créditos financieros que en el capítulo I. Agradecimientos a: Cuencas vacías por nuevamente participar en este fic, por corregirlo, por darme ideas, por todo; como siempre. A quiénes me dejaron un review, un follow y un favorite, a los que están registrados y les pude responder directamente pues ahí ya lo he hecho de manera larga ;3 y a los que no, pues un gracias de todo corazón. También va para quienes siguen el fic de manera anónima. Dedico este capítulo especialmente a Hydra Delphine.
Debo aclarar en este punto que en referencia a los elfos de Svartálfheim y las batallas entre reinos, he prescindido de las armas láser y apariencia tipo Malekith que se usó en la película de Thor 2. En este punto me aparto del Movieverse para centrarlo más en el cómic. Si han leído Blood Brothers sabrán que las batallas son más estilo medieval. Si, este capítulo arranca con indicios bélicos.
Cuando me imaginé a Hagen para crearlo, a mi mente vino de inmediato Robb Stark de Game of Thrones. Sólo quería decirlo, já.
Creo que eso es todo.
ADVERTENCIAS: Slash, M, Mpreg, AU y demás.
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Capítulo IV:
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–¿Qué ha pasado? –Demandó saber Frigga.
Sif tragó saliva, abrió la boca un par de veces como si buscara las palabras que le habían robado. Loki de pronto tuvo la terrible desazón de que algo le había pasado a Thor.
–Hagen y Giselher –dijo. Loki no esperaba que dijera aquellos nombres, se mostró igual de contrariado que Frigga. –Ambos son dragones –dijo Sif, se quedó con la boca abierta buscando algo más que decir –ambos son dragones –repitió sin más.
La reina le señaló un mueble con frascos. Loki comprendió que deseaba, no le tomó más de un instante encontrar una botella con amapola que calmaría los nervios de Sif, que le devolvería la sangre al cuerpo y la razón a la mente. Lo que estaba diciendo no tenía ninguna coherencia, los dragones estaban extintos. La hicieron beber, aun así tuvieron que esperar unos instantes hasta que la chica reaccionó mucho mejor.
–Tres meses. Tres meses habíamos luchado con Giselher y Hagen. Tenían un ejército numeroso y dominaban las zonas de Alfheim mejor que nosotros, caímos en trampas con escaramuzas, nos diezmaron y nosotros en respuesta los asediamos y rendimos por hambre. Les dividimos, cortamos sus comunicaciones, matamos a sus exploradores y aves. A costa de un mensaje que atajamos, se decidió que nos separáramos para terminar con esta guerra –narró Sif –Giselher y Hagen planeaban encontrarse en Ijósálfar, a la que llaman la Impenetrable. El Padre de Todo, Laufey y Hildetand marcharon a encarar a Giselher cuyo ejército aún era numeroso. Thor y yo fuimos a por Hagen, junto con un contingente de jötun. Nosotros llegamos con tres jornadas de anticipación a aquella fortaleza. Thor dejó a los tres guerreros a cargo de iniciar el asedio mientras que él y yo buscábamos a nuestro enemigo. Lo hallamos ayer al amanecer y entramos en combate al instante –en ese momento Sif calló un instante para beber un poco más.
No miraba a ninguno de ellos, tenía sus ojos castaños puestos sobre sus manos. Su expresión era de concentración.
–La fortuna nos sonreía. Hagen y Thor pelearon, pensé que le había vencido cuando lo tumbó al suelo y entonces, sus hombres se abalanzaron de manera suicida para protegerlo, Hagen se replegó pero no había donde huir. Yo estaba a su espalda, por un instante pensé que podía atravesarlo con mi acero y entonces hubo un murmullo en el aire que sonó igual a la peor de las maldiciones, la tierra tembló y un aire cálido nos arrojó al suelo. Ante nosotros el sol desapareció pero sólo porque algo lo ocultaba de nuestros ojos. Hagen ya no estaba, y en su lugar… –su voz se rompió –el dragón. Se giró sobre sí mismo, golpeó a los más cercanos con su voluminoso cuerpo y al instante, emprendió el vuelo. Desde el cielo, rió de la manera más cruel que he oído y nos escupió fuego. –En ese momento cerró los ojos.
Por la forma en que su labio tembló, comprendieron que aún podía ver los cuerpos en llamas de los soldados que la habían acompañado.
–Los que no murieron quemados, perecieron fundidos en sus armaduras, los sobrevivientes son los pocos que me acompañan; todos los gigantes que estaban con nosotros perecieron. Thor me sacó del círculo de fuego, fui la única que resultó indemne, pero el dragón le buscaba a él. Emprendimos la retirada. Thor intentó alejarlo de nosotros pero Hagen tampoco nos dejó marchar sin más, decidió matarnos con un río de lava proveniente de su interior, quemó el bosque que estaba a nuestras espaldas –meneó la cabeza, no enumeró los demás horrores que había visto –nos tuvimos que desbandar para poder regresar donde el campamento principal. No podía perseguirnos a todos al mismo tiempo –explicó.
Frigga tomó las manos de Sif y la hizo beber un poco más para que continuara hablando. Ninguno de los dos deseó interrumpirla para que no perdiera el hilo de sus pensamientos.
–Al volver no encontramos a casi nadie en el campamento, el Padre de Todo aún no había vuelto del ataque al frente alfh. Iba a enviar un mensajero para advertir al rey Odín justo cuando uno arribó para contarnos que a mitad del combate Giselher se había transformado en una bestia de fuego. No supe que hacer y habíamos perdido a Thor –la mujer en ese momento alzó los ojos pero se apresuró a seguir hablando. –Él nos alcanzó esta mañana, está malherido. No pudo matar al dragón, nos contó que Mjölnir no podía atravesar ni romper su piel, ni siquiera pudo acercarse sin que lo quemara, por lo que le sepultó en un acantilado para dejarlo atrás. Lo siento mi reina, debí haberlo traído aún en contra de su voluntad, aquella bestia lo quemó y lo hirió con sus garras pero cuando los soldados lo vieron de pie, admiraron su fortaleza y tuvieron esperanza –en ese momento decayó por un instante la narración de Sif. –El rey Odín había vuelto con sus generales. Giselher había perseguido a Laufey y su ejército, no supe más de esa contienda –finalizó.
El resto de la historia podía intuirla. En vista del peligro que corría Sif en la guerra, le ordenaron volver a Asgard con los heridos en aquella batalla. Y los demás se habían quedado a pelear con Hagen y Giselher. Loki pensó de inmediato que era una locura, que sin importar qué, todos iban a morir si sus oponentes eran bestias de tal calibre.
–¿Por qué Heimdall no nos dio estas noticias? –Preguntó la reina consternada.
–El guardián no puede verlos. El Padre de Todo piensa que vendieron su alma a Surtur de Muspellheim tras la derrota en Nornheim. Después de todo, los últimos dragones fueron hijos suyos –dijo Sif.
Loki había intuido tiempo atrás, que el punto débil del ominoso guerrero era la magia.
–Hiciste cuanto pudiste Sif. Admiro tu valentía, ahora debes descansar –dijo Frigga, aun cuando Loki notó que sus ojos estaban teñidos de preocupación. –Llamaré a una sanadora para que verifique tu salud –añadió la reina.
Sif pareció a punto de negarse pero en vez de ello soltó aire de manera resignada. En ese momento reparó en él.
–¿Loki? –Le preguntó. El jötun recordó que ella no le había visto de esa manera, asintió. La valkiria lo tomó de un brazo y apretó con las uñas su piel –debes ir. Tú puedes curarlo como hiciste aquella vez con Fandral –dijo como si acabara de tener aquella idea.
En ese momento irrumpió Olenna que corrió a verificar que su hija se encontrara en perfectas condiciones. La mujer olvidó incluso que él estaba ahí porque abrazó a su hija con los hombros temblorosos. Loki, a quien aquella escena no le pertenecía, decidió abandonar el cuarto.
Paseó sus ojos por el resto de los heridos. Esos hombres estaban más muertos que vivos. Su piel se había ennegrecido a un punto innatural, eran heridas hechas con odio. La reina se había detenido junto a un soldado, seguramente lo conocía. Loki lo reconoció como un veterano cuyo nombre no sabía pero que había visto antes en Nornheim. Los sanadores estaban suturando un muñón, acababan de amputarle el brazo derecho. Lucían molestos. Loki se acercó.
–Resiste Sköll –lo animó Frigga, aunque aquel desdichado estaba inconsciente. La herida supuraba.
–No lo comprendemos Alteza. La quemadura no era grave, abarcaba la palma de la mano nada más, pero aun así en cuestión de horas se extendió y consumió el brazo, lo cortamos para frenar el proceso. –Loki sabía que la medicina de Asgard se especializaba en cirugía debido a que eran un pueblo guerrero. Aun así se veía que era poco lo que podían hacer por el tal Sköll.
–Y continúa avanzando –dijo otro señalando una mancha negra que carcomía las suturas.
Loki extendió una mano hacía la herida movido por la curiosidad, el halo verde que simbolizaba su magia se encendió. Percibió la energía que emergía de aquella herida, se resistía a él. Tuvo que presionar y emplear más de su magia para borrarla. Le tomó varios minutos pero cuando se apartó el muñón estaba perfectamente cicatrizado.
Junto al herido, sobre una mesa estaba su miembro perdido, completamente carbonizado. Uno de los sanadores apenas lo rozó y este se redujo a cenizas.
Loki y Frigga se miraron. Sif había dicho que Thor se había quemado. Los dos pensaron lo mismo.
–Iré –dijo Loki.
La reina, que ya lo sabía sólo asintió.
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Debido a la amenaza que representaban los dragones, el Bifrost había sido sellado. Frigga anuló aquella resolución, el guardián accedió cuando le explicaron que la vida de Thor corría peligro. En esta ocasión Loki no logró evadir que le acompañara un séquito de cincuenta einheriar. El paisaje de Alfheim le arrancó una maldición a uno de ellos. El viento llevaba ceniza y podía olerse el fuego, el terreno era irregular, se levantaba en picos escarpados y filosos como fauces. No había sol, el cielo estaba cubierto por nubes que sugerían una tormenta. El sitio le produjo pena y asco a la vez. No se trataba de que los otros reinos fueran así, era que la guerra siempre lucía los mismos colores. Avanzaron hacía el acantonamiento.
Algunos guerreros se animaron al ver la pequeña escaramuza de recién llegados, lucían nerviosos. Habían levantado una atalaya con el propósito de divisar al dragón en cuanto intentara acercarse. Fue conducido a la tienda de Thor, la cual era de las más amplias. El joven escudero que estaba a las afueras hizo el ademán de detenerlo para anunciarlo o quizás simplemente para no dejarlo pasar pero Loki le apartó con un brazo y cruzó de inmediato la tela.
En el interior se encontró con los tres guerreros. Fandral se paseaba nerviosamente en lo que parecía la armería, Volstagg comía algo sentado frente a un fuego y Hogun permanecía taciturno y apartado. Los tres se volvieron hacía él.
–¿Quién eres? –aventuró Fandral. Antes de que respondiera Hogun habló.
–Loki –dijo escudriñando sus rasgos.
–¿Loki? –Volstagg se puso de pie. –Por las nornas, benditos los ojos que te ven, estábamos planeando ir en tu búsqueda.
–Sif me contó que Thor resultó herido por el dragón, por eso vine. ¿Cómo está él? –Inquirió yendo al grano. Intuyó la respuesta antes de que se la dieran.
–Hagen calcinó sus brazos –explicó Fandral –el problema es que sus llamas están malditas y la herida no ha dejado de empeorar sin que ninguna medicina pueda prevenirlo –señaló hacía otra estancia de la tienda –ese loco sanador está hablando de cortar el tejido dañado, cirujanos militares, más bien deberían llamarse carniceros.
Loki fue en la dirección que le señalaron. Entró sin más en lo que debían ser los aposentos de Thor. El sanador seguía con él. El dios del trueno yacía en su lecho afiebrado, no llevaba ropaje alguno tan sólo lo cubría una sábana. Sus brazos descansaban sobre la misma, ennegrecidos. Loki reconoció el tipo de herida.
–El príncipe Loki ha venido –dijo Fandral que lo había seguido –posee magia curativa.
El sanador se apartó. Se veía asustado ante la perspectiva de perder a su general.
–El arte que poseo no puede hacer más, lo único que he logrado ha sido adormecerlo para frenar que sufra.
–Déjennos solos –solicitó Loki. Su petición fue cumplida.
Apartó un poco la tela para ver las heridas negras en la piel. Thor debió de haberse protegido del fuego con los brazos. Además de eso tenía otras lesiones, pudo adivinar por las cicatrices algunas de ellas, un lanzazo, un corte hecho con un arma, y en el hombro las puntas de las flechas. En su rostro se leía agotamiento y dolor.
Debido a su magia, en el pasado, Loki había sido requerido varias veces para reparar heridas: fracturas, desmembramientos, tajos y demás. Cumplía sin fijarse mucho en aquellos a quienes ayudaba y sin importarle el padecimiento que les infringía. Con Thor era diferente. Deseaba que despertara pronto y que lo mirara como siempre hacía. Puso manos a la obra. Lo más acuciante en ese momento era el costado donde no había un corte, era una perforación hecha con las uñas de la bestia y sangraba. Lo cerró al punto, al igual que los demás cortes que encontró en el cuerpo de Thor. Terminó con relativa facilidad y movió las manos hacía los brazos. Apenas los tocó se percató de lo calientes que estaban como si continuaran en llamas. Súbitamente la mano de aquel que curaba se cerró en su muñeca.
–¿Loki? –Thor se había despertado y lo miraba confundido como si no pudiera creer que estuviera ahí.
–Descansa Thor –le pidió soltándose de su agarre.
–Me quemo –masculló. Loki conjuró una fina capa de hielo con la que lo cubrió por completo. Apoyó una mano gélida en la frente de Thor el cual mostró alivio. –No te vayas –le pidió mientras se perdía en el limbo de la inconciencia nuevamente.
–No te preocupes –le susurró antes de retomar su labor.
Sus manos brillaron en verde y recorrieron aquellas quemaduras sin hacerles nada en un principio. La herida que le había quitado a Sköll era pequeña comparada con estas. Las manos de Loki temblaban, aquellas heridas se oponían a su magia. El pensamiento de que enfrentaba la fuerza de Surtur pasó por su mente. Se concentró y aumentó la potencia de su hechizo, finalmente el tejido carbonizado se tornó en carne viva.
–¡Por las dísir! –Soltó a Thor y miró su mano prenderse en llamas. Conjuró hielo que lo apagara, su palma estaba chamuscada como si la maldición hubiera pasado a él.
Lo que había restaurado volvía a ennegrecerse, pero no se iba a dejar vencer tan fácilmente. Volvió a recuperar la herida y siguió adelante, cuando empezó a arder conjuró hielo obligando a su cuerpo a descender la temperatura para que no pudiera incinerarse. Le tomó horas terminar con Thor, lograr que hubiera músculos y piel restituidos. Lo soltó y se derrumbó. Ahora era él quien lucía aquellas heridas pero con un esfuerzo más se curó también a sí mismo.
–Loki –lo sacudieron, se había adormilado. Era Volstagg. Estaba acompañado por los otros dos y por el sanador el cual se apresuró a revisar a Thor. Se veían asombrados. –¿Estás bien? –Le preguntó el llamado león de Asgard –lo hiciste, no sabes cuánto te agradecemos –no hacía falta aquello. Fandral lo ayudó a ponerse de pie.
–Te ves cansado. ¿Quieres retirarte y reposar?
–No, me quedaré con Thor –aún tenía fiebre y quería velar por él. Los otros debieron entenderlo porque se dirigieron a la salida. –¿Dónde está el rey Odín? –Inquirió acordándose de pronto.
–Ocupado con Hagen –respondió Fandral –envió un emisario urgente.
Luego de que se quedaran a solas Loki enfrió la habitación. Se sentó en el lecho junto a Thor. Nunca lo había visto dormir. Había dormido con él, pero no era lo mismo porque él también pernoctaba a su lado. A pesar de la intimidad que habían compartido Loki nunca se había detenido a observarlo como en aquel momento en que la oportunidad de contemplarlo todo lo que quisiera se presentaba. Recorrió con los ojos los poderosos músculos del pecho y los brazos memorizando cada pliegue, cada cicatriz de batalla y cada detalle del cuerpo que había tocado demasiadas veces para el poco tiempo que se conocían. Se detuvo en el rostro que en ese instante estaba relajado y sereno. No se resistió a acariciarlo.
Cuando Laufey le dijo del acuerdo que había hecho, Loki se imaginó el escenario. Thor cumpliría su función de consorte con asco para luego alejarse de él y procurar no volver a estar juntos más que en ocasiones oficiales. La reina y toda su corte lo tratarían con desprecio; y él tendría que tragarse todo eso con tal de no ser enviado por su padre a los infiernos. Claro, igual se imaginó que toleraría la situación un tiempo hasta que todos se olvidaran de él y entonces sencillamente escaparía sin que a nadie le importara. Fue toda una sorpresa encontrarse con que estaba equivocado. A Thor le gustaba mucho, deseaba su cuerpo, disfrutaba de su compañía, lo trataba como nadie jamás lo había hecho.
–Y me es aún más sorprendente descubrir que todo eso me colma de una felicidad que no conocía. ¿Qué me estás haciendo Thor? –Le susurró.
Estuvo quieto unos instantes más antes de empezar a moverse por la tienda. Sobre la mesa que Thor usaba de escritorio había mapas y un listado con nombres de soldados caídos; encontró las misivas dirigidas a los familiares de los fallecidos, donde dedicaba algunas palabras a su memoria. Encontró el mensaje dónde le informó que iba a Vanaheim y el resto de sus cartas, solían escribirse al menos una vez a la semana para mantener contacto, aunque sus misivas estaban llenas de trivialidades. No encontró nada más que resultara interesante aunque nunca temió encontrar algo extraño.
Volvió junto al rubio, las sienes le palpitaban y sentía los miembros adormecidos. Se recostó a su lado y sin importarle nada más se quedó dormido.
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Despertó por el sonido de pasos en la estancia. Se incorporó sin saber qué día vivía. El escudero de Thor lo miró y se paralizó al instante. Era un jovenzuelo de cabellos paja y ridículo intento de barba en el rostro, debía tener quince años a lo mucho, aunque su constitución no lo diría; tenía una expresión de sorpresa combinada con nervios y al instante volvió a salir de la tienda.
Después de eso entró de nuevo aunque con Fandral detrás.
–Radha, de verdad me desespera que seas tan corto de mollera –lo amonestó en susurros –es el príncipe Loki, ¿cómo vas a servir al general si no distingues a su consorte? –Le dijo desesperado. Aunque Fandral también se había equivocado cuando lo vio con esa figura.
El guerrero llevaba en la mano una bandeja de comida, la entregó al escudero que le buscó un sitio en la mesa.
–Si hay algo que necesites, se lo puedes pedir a Radha –dijo Fandral, con el tono de voz un poco más alto, echó un vistazo a Thor –el rey Odín pide de inmediato su presencia. El príncipe Hagen requirió al Padre de Todo para un encuentro en medio de los dos campamentos y desea que esté presente, al igual que tú –dijo. Loki comprendió, lo que Fandral esperaba era que fuera él quien despertara a Thor, y aunque no le hizo demasiada gracia porque el dios del trueno estaba convaleciente, entendió la importancia del asunto.
–Estaremos listos en un momento –dijo Loki. Odín debía estar informado de todo lo que había pasado pues no daba muestras de preocupación por la salud de su heredero.
Fandral le agradeció con una sonrisa y dejó la tienda. No así el escudero Radha, que buscó otra armadura para Thor. Loki se preguntó si el chico sería capaz de hacer más ruido del que ya estaba creando al revolver los baúles. Aun así no despertó a Thor. Loki le rozó un hombro con los dedos, finalmente tuvo que sacudirlo para sacarlo de su adormecimiento. El rubio abrió los ojos mirándole y de inmediato lo tomó de una mano como si Loki pudiera escapársele si no lo hacía.
–Pensé que te había soñado, es bueno despertar y descubrir que no fue así –dijo acariciando la mano de Loki. Lo vio cerrar los ojos un instante más y al otro enderezarse hasta quedar sentado sobre el lecho. Se revisó el cuerpo, buscando si le dolía algo más, y luego alzó el rostro para mirarlo. –Gracias. Y antes de que digas algo más, lo siento –añadió.
–No iba a reprenderte –la idea había cruzado por su mente pero cuando vio el estado en que Thor se encontraba se olvidó de ello. El dios del trueno le sonrió. –Tú padre nos está esperando, hay una reunión importante y desea que le acompañemos –dijo Loki, que casi había olvidado dar el recado.
Éste asintió.
Thor se puso de pie. Loki no tuvo que ayudarle, Radha se encargó de tenderle ropa, la cota de malla y ajustarle la armadura. Le pasó una nueva capa roja que Thor desdeñó. Pudo ver que el chico adoraba a su general, se esmeraba en atenderle aun cuando sus manos temblaran por los nervios, a Loki casi le dio risa.
–¿Te irás? –Le preguntó, se adivinaba que esa idea no le gustaba.
–No, me voy a quedar. Conociéndote pronto necesitaras nuevamente de mi arte de curación, así que ni intentes ordenarme que me marche, de todos modos el Bifrost está sellado –le señaló con un dedo, como si lo retara a que dijera algo más.
Thor tomó su dedo y su mano a la vez, tiró de él para hacer que se acercara hasta topar con su pecho. Los ojos del aesir brillaban con felicidad y Loki supo que no iba a sugerir su regreso a Asgard. Le tomó de la nuca y le besó de esa manera tan característica suya, como si el mundo se fuera a terminar y ellos no tuvieran otra oportunidad de tocarse. Loki correspondió a la caricia, lo tomó de la armadura para halarlo más cerca de él como si pudiera exterminar el espacio entre ellos. Sin embargo logró recordar en que situación estaban y antes de que las manos de Thor, raudas como sólo podían ser ellas, le tocaran de una manera que le hiciera olvidar hasta su nombre, rompió el gesto.
–Tu padre –le recordó.
–Estaba a punto de blasfemar –dijo Thor. No se había apartado casi nada, con un movimiento pudo atrapar nuevamente los labios de Loki.
–Blasfema entonces –le concedió.
Reaccionaron cuando un pequeño alud los distrajo. Radha había intentado salir discretamente de la tienda pero en su intento había tropezado con el baúl en el cual antes había estado guardando piezas de la armadura. El joven se puso en pie tan pronto como pudo, con el rojo tiñendo sus mejillas e intentando mirar hacia otro lado que no fuera directamente hacía ellos. Al menos su distracción sirvió para frenarlos. Thor movió la mano para indicarle a Radha que juntara el desastre que había ocasionado, y salieron de la tienda.
Los soldados saludaron con entusiasmo a su campeón cuando le vieron recuperado.
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El ejército al completo estaba movimiento el campamento. Retrocedían. Hagen había solicitado que al menos se alejaran un estadio más de Ijósálfar y los ases se lo habían concedido.
–Escuché algunos rumores de mi hermano dándote problemas –dijo Loki. Lo decía por lo que le había comentado Ull en su viaje a Vanaheim.
–Ah sí, un par de veces su espada estuvo cerca de mi cuello, igual que Mjölnir lo golpeó una vez por equivocación cuando regresó a mi mano –añadió riéndose. Eso era lo bueno de Thor, todo lo tomaba con humor –nos estamos entendiendo. –Loki lo dudó pero al menos le agradó descubrir que no era tan confiado como le habían sugerido.
–¿Dónde está la fortaleza? –Le preguntó Loki cambiando la conversación.
El dios del trueno se detuvo a mitad del campamento, se acercó un poco más a él y sobre el cerco de una arboleda, le señaló donde estaba anclado Ijósálfar. En el marco del amanecer, Loki pudo adivinar la construcción, aún chispeaban las atalayas pero desde ahí no se distinguía ningún movimiento del enemigo.
–Derribé a Hagen en un acantilado pero no tardó mucho en regresar a su castillo. Hasta aquí alcanzamos a oír el batir de sus alas –le contó. Thor también miraba Ijósálfar, como si esperara encontrar la figura recortada del dragón volando hacía ellos. –La construyeron anclada en piedra, una montaña es su defensa natural en la retaguardia. Sus muros son altos y resistentes, le han excavado hondonadas alrededor. Están construyendo escorpiones y escupefuegos, además de catapultas. Si nos acercamos demasiado, la caballería perecerá ante las piedras, y esta el asunto del dragón –le comentó. Por algo debían de llamar a Ijósálfar la impenetrable.
–No entiendo porque tu padre desea encontrarse con Hagen, si es una trampa lo que sucederá es que todos terminaremos siendo la cena del dragón –dijo Loki.
–¿Preocupado? –Rió Thor –conozco a Hagen. –Loki se extrañó. –Vivió en la corte de Asgard un tiempo, cuando mi padre trataba de instaurar una paz duradera con el suyo. No se convertirá en dragón, lo debió prometer si solicitó una tregua. Mi padre es bueno haciendo este tipo de negociaciones, ya lo verás –dijo Thor, se notaba orgulloso del hecho de ser hijo de Odín.
–¿A quién más conoces de otros reinos? –Preguntó curioso Loki.
–¿Laufey jamás te llevo a conocer otros mundos? –Loki negó con la cabeza. –Viví en Vanaheim medio año, con los gemelos Hjörtur y Hrafn, hijos del rey. Luego, cuando mi padre hizo negociaciones en Svartálfheim con los elfos, Eyvindur, el príncipe me enseñó su reino. Es un tipo muy religioso pero igualmente listo, pienso que te llevarías bien con él.
–¿Príncipe? Pensé que Eyvindur era mujer. –Thor dijo que no. –He escuchado descripciones sobre su belleza sobrenatural y demás características propias de una fémina ¿no le confundiste cuando le conociste? –Se burló.
Thor se rió nuevamente.
–Sólo me paso contigo. Yo ya conocía a tu hermano, distas mucho de él, no es mi culpa –se defendió Thor, aunque la mirada de Loki le invitó a qué contara cuándo había sucedido aquello. –Antes de la guerra hubo un cónclave entre reinos para limar asperezas. Acudieron los seis reinos, ni los infiernos ni Midgard fueron invitados. Ahí fue dónde me presentaron a reyes y príncipes.
Loki se imaginó que aquella reunión debió haber sido una competencia de testosterona.
–¿Qué pasó en ese concilio?
–¿En resumen? Tras varios días de diálogos, negociaciones y discusiones se dividieron en dos bandos. Giselher y Gerenot tenían alguna alianza previa. Aüdunn de Vanaheim era muy amigo de mi padre, estaba a su lado cuando las hostilidades se tornaron en declaración de guerra. E iban a pactar pero Aüdunn murió el invierno pasado y sus dos hijos aún pelean por el trono, han pedido el reconocimiento de Asgard sobre cada uno de ellos, tal vez pronto entren en guerra civil. Vanaheim puede no ser muy seguro próximamente –le dijo Thor haciendo alusión a su viaje –Svartálfheim medió durante un tiempo en las discordias pero finalmente se desentendió, y no quería entrar en una guerra entre reinos. Así que…
–Tú padre quiso pactar con el mío –dijo Loki entendiendo porque las cosas se habían dado de esa manera –nunca he oído nada del hijo de Giselher.
–¿Adalster? Es un tubérculo con ojos –se mofó.
–Thor, tus descripciones diplomáticas son de gran ayuda –dijo con cierto sarcasmo. Thor lo miró de reojo pero su mirada era divertida.
Se detuvieron frente al pabellón real. No eran los únicos que aguardaban al Padre de Todo, a la espera estaban dos generales. Starkag, el padre de Sif y el segundo, si mal no recordaba era Hibald, el general de los hired. Los escuderos llegaron con sus monturas, Odín salió de su tienda ataviado con una armadura de esmalte carmesí bruñida y deslumbrante, centelleante de gemas y filigrana de oro. En su mano portaba a Gungnir.
–Me alegro de verte recuperado –le dijo a Thor con una chispa de orgullo en su mirada. Le dedicó un saludo cortés a Loki sin darle las gracias por su intervención. Tomó a Sleipnir, el caballo de ocho patas y avanzó.
Lo mismo hicieron los generales, Thor y él. Más adelante se les unió un pequeño grupo de berserkir. Tras abandonar la última línea de su campamento, marcharon prudentemente hasta que divisaron a Hagen y su comitiva. Loki notó que el padre de Todo no estaba sorprendido de su apariencia, entrecerró los ojos pensando en ello, desde hacía meses sentía que le vigilaban de cerca y la ausencia de reacción le confirmó que Odín ya lo sabía. Odín era un viejo zorro y sin duda mucho más peligroso que Laufey.
Los soldados, que por su indumentaria se presumían norn, levantaron un toldo a mitad del campo. Sólo era el techo de una tienda desde dónde podía verse cada movimiento, habían llevado mesas y sillas para los presentes. Al momento en que finalizaron su tarea ambos grupos se acercaron al mismo paso.
Loki jamás había visto a Hagen. No se percibía en él la maldición que lo transformaba en un dragón. Era de la edad de Thor pero a diferencia del dios del trueno, rizos como alas de cuervo enmarcaban su rostro de piel morena y su expresión era rematada por un par de iris oscuros. Iba enfundado en una armadura negra que parecía extinguir la luz a su alrededor confiriéndole un aura amenazante. Lo acompañaba un anciano, que no podía ser su general, más bien parecía un concejero; y otros dos norn de aspecto salvaje; una docena de soldados cerraba la comitiva, más pequeña que la de ellos.
Los berserkir y los soldados norn se quedaron apostados a prudente distancia.
Tomaron lugar en la tienda. Los norn contemplaron a Thor como si fuera un fantasma. Seguro esperaban que estuviera ausente debido a las quemaduras, o inclusive muerto. Hagen apretó la mandíbula a la vista de su enemigo acérrimo y Thor pareció ponderar la continuación de la pelea que dejó pendiente. Un heraldo norn llamó la atención. Aunque casi todos se conocían igual los anunció conforme al protocolo.
–Hagen, hijo de Gerenot. Príncipe heredero de Nornheim, el dragón negro –lo presentó. –Kranjcar senescal de Nornheim. Stánic, consejero personal del príncipe. Vlaövic, general de la caballería Nornheim –señaló. Un ministro por parte de Alfheim brilló por su ausencia.
–Odín, Padre de Todo, Rey de Asgard. Su hijo Thor, protector del Reino y general de los ulfhednar. Los generales Starkag, comandante de los berserkir y Hibald, comandante de los hired. Loki, hijo de Laufey, príncipe consorte.
El silencio se hizo durante un instante.
Antes de entrar habían acordado que sólo el Padre de Todo y los generales tenían la palabra y los demás callarían. Odín había llevado a Thor para que aprendiera a manejar una negociación, para ser rey era necesario más que ser sólo un general así que lo instó a prestar atención. Hagen debía ser quien hablara primero sin embargo el que tomó la palabra fue el senescal, Kranjcar. Llevaba el pelo castaño trenzado y barba cerrada que le daba a sus rasgos cierta animalidad, sin embargo al hablar se mostró como todo un político.
–Rey Odín –lo saludó haciendo una leve muestra de respeto –hemos venido a negociar la devolución de Nornheim.
Los presentes no mostraran sorpresa pero internamente Loki pudo ver como se sacudieron, hasta él reconoció que Kranjcar era osado en su solicitud.
–Aceptamos escuchar su propuesta en aras de finiquitar este conflicto –inició Starkag la conversación en nombre de Odín –la petición que hacen es onerosa, considerando que son ustedes el bando perdedor.
–Estamos de acuerdo en una cosa, esta guerra ha sido costosa para todos los bandos implicados aunque ser los perdedores, como ustedes dicen, debe reconsiderarse en vista de los últimos acontecimientos –y miró en ese momento a Hagen, quien sentado a su lado, no había hecho signos de desear hablar. –Nuestro campeón ha demostrado tener fuerza a la par del mismísimo hijo de Odín aquí presente. Sin embargo también sabemos que no hay rey más sabio que el Padre de Todo así que apelamos a su sapiencia.
Loki notó que Thor se revolvía en su asiento, parecía que le desesperaba toda esa palabrería que se sucedía, y por la expresión de Hagen, ambos compartían esa idea. Los dos eran guerreros, posiblemente no concebían que una guerra terminara sino en justa pelea.
–Escuchamos su propuesta –concedió Starkag.
–Deseamos que nos sea devuelto el gobierno y la potestad de Nornheim y a cambio de eso, renunciaremos a la batalla con lo cual Alfheim estaría perdido en cuestión de días, más aún, Hagen está dispuesto a pelear con el mismo Giselher para evitar más derramamiento de sangre asgardiana.
–¿Por qué harían algo así? ¿En verdad le darían la espalda a aquellos que hasta este momento se hacen llamar sus aliados? –Inquirió Starkag, que por su manera de mirar a Kranjcar era obvio que la insinuación de traicionar una coalición no le hacía ninguna gracia.
El anciano, al que llamaron Stánic expresó su sentir.
–Debemos hacer de su conocimiento que todo esto fue idea de Giselher. Él persuadió a nuestro bien amado y ahora extinto rey Gerenot de entrar en guerra y posteriormente garantizó que obtendríamos la victoria al precio de sacrificar su alma y la del príncipe Hagen. Sin embargo ahora nos damos cuenta de que su ambición fue desmedida y que únicamente nos esgrimió como un arma contra Asgard. Queremos sacudirnos su yugo.
–Entonces se tornarían nuestros aliados para acorralar a Alfheim –repitió de manera escueta Starkag.
–Y a Jötunheim también –agregó de pronto el senescal de Nornheim.
–¿Ha dicho Jötunheim? –No pudo evitar preguntar Hibald que a su vez miró a Odín, esperando ver cómo había tomado aquella frase. El Rey permaneció gravemente serio.
–Eso es imposible –dijo Thor sin entender a qué se refería.
–Laufey prometió una alianza entre su reino y Nornheim, una que inclusive se iba a sellar con el matrimonio del heredero al trono norn y un príncipe de Jötunheim –explicó Kranjcar. En ese momento Loki descubrió que no le sorprendía pero que quizás debería averiguar si no había sido prometido también a Adalster, hijo de Giselher; o a Surtur en calidad de consorte. –Nos condujo con promesas vacías y al último momento nos dio la espalda, además de eso dio muerte al glorioso Gerenot y en esta guerra no está sino utilizando a Asgard para saquearnos. Nos atrevemos a ofrecer al padre de Todo lo que su majestuosidad amerita. Alianza de paz y dominio sobre Nornheim, sumisión total de Alfheim y Jötunheim.
Todos voltearon a ver a Odín.
–Es una propuesta que deberíamos considerar mi señor –dijo Hibald.
El padre de Todo dejó caer su peso sobre la silla, apoyó las manos sobre los brazos de está, como si estuviera tomando impulso.
–Palabras de semejante peso no deben ser tomadas a la ligera sin embargo yo suelo honrar mis promesas –intervino por fin Odín –aun así, como soberano, antes de pensar en mi propio orgullo debo considerar el bien de todos, y eso me indica que debo meditar esta propuesta –dijo con palabras sensatas pero era claro que podía ser el final de la alianza con Jötunheim.
–Palabras bien dichas, Padre de Todo. Aguardaremos por tu respuesta –Kranjcar sonrió de manera artera –¿mañana?
–No quisiera precipitarme pero esto exige premura, nos veremos mañana aquí mismo –aceptó Odín.
Tras ello se pusieron en pie casi al mismo tiempo y abandonaron la zona de tregua. Hagen sin embargo aguardó un momento y sus ojos se posaron de forma penetrante en Loki.
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La noche se cernía al arribar a su campamento. Se habían encendido hogueras para espantar las sombras, no tenía caso que fueran discretos, el enemigo sabía dónde se encontraban y sólo estaban tranquilos porque a la espera de su respuesta no atacarían. Se dirigieron a la tienda de Odín, ya que había prometido una respuesta pronta significaba que debían deliberar en ese mismo momento. Se acomodó a la cabeza de la mesa, un escudero se apresuró a llenarle una copa de vino y a atender al resto de los presentes.
–Deberíamos aceptar la propuesta que ha hecho el senescal de Nornheim –empezó Hibald –no podemos continuar soportando el asedio del dragón, cada día los hombres están más temerosos y nuestras provisiones no son eternas. No podemos usar el Bifrost por el peligro que representa que Hagen traspase a Asgard. El ejército de Jötunheim ha sido reducido de manera alarmante, después de todo muchos de sus hombres iban con el general Thor cuando Hagen se transformó y perecieron en la contienda; como no deja de recordarnos Laufey. Para traer nuevos soldados habría que usar el Bifrost pero él tampoco quiere que la bestia traspase a Jötunheim, así que… este nuevo trato podría significar el fin de nuestros problemas –dio a considerar el general.
–¿Quieres decir que debemos traicionar la alianza con Laufey? Lo que ha dicho Kranjcar no ha sido una propuesta, ha dado por hecho que debemos guerrear y someter a Jötunheim –dijo Starkag, la idea de faltar a su palabra parecía espantarle tanto como pelear en combate singular con Hagen convertido en dragón. –¿Deberíamos informar de esto a Laufey? –Preguntó.
–No lo creo –continuó hablando Hibald –los jötun son los menos honorables en los nueve reinos. Nornheim ya lo averiguó de mala manera ¿cuánto tiempo nos darán antes de traicionarnos también? –Preguntó. Luego pareció recordar que él estaba presente –una disculpa, príncipe consorte, no era mi intención ofender el honor de su estirpe –dijo agachando la mirada pero desde luego que tenía la clara intención de decir aquello.
–Podemos confiar en el príncipe Loki –dijo de pronto Odín, dejando caer su peso en la silla y apoyando las manos en esta de manera regia. –Mi hijo Thor lo hace. No quisiera tener que preguntarle dónde reside su lealtad y apego, sería duro tener que elegir entre ambos seres queridos, aunque si me atreviera a hacer tal cuestionamiento, sin duda alguna me gustaría saber la respuesta –dijo.
Loki notó la mirada de Odín clavada en su persona, y dicho fuera también las de los otros dos generales.
–Padre, Loki no tiene por qué responder a ello, su presencia en este lugar y lo que hizo por mí sacándome de un trance mortal son acciones que hablan por sí mismas –le defendió Thor. Pero al contrario, Loki sabía que sí tenía que hacerlo.
Estaban hablando de traicionar a su padre y no era algo en lo que él estaría en contra pero su odio hacía su progenitor sucedía en su fuero interno. Aun así, si la alianza con Laufey terminaba, ¿qué sería de él? Odín anularía su enlace con presteza, eso era seguro. El panorama era sombrío pero hizo gala de dominio de sí mismo. Sonrió, porque Odín no podía ser el único que resultara un excelente mentiroso.
–No me incómoda –dijo. Tomó la copa de vino que le habían servido –primero se encuentra mi cónyuge y después mi padre –respondió. Su mano ni siquiera temblaba, bebió un poco.
Odín no dejó de mirarlo de manera penetrante.
–Si hiciera una pregunta indiscreta ¿obtendría una respuesta sincera? –Inquirió sin más ambages que el de asegurar una contestación.
–Desde luego. Puede preguntarme lo que guste, Padre de Todo –accedió Loki. Pudo ver como los generales se tensaban en el asiento, jamás le había dicho así, pero no estaba de más recordarle a Odín que por el momento formaba parte de su familia.
–¿Es cierto que Laufey había negociado una alianza con Nornheim? –Inquirió. Odín debía pensar que si Loki iba a fungir como moneda de cambio estaría enterado de ello.
–Si la negoció, no lo hizo de mi conocimiento –respondió Loki –mi padre no suele pedir opinión a nadie al momento de hacer política. No tiende a ser comunicativo. –Le había informado de su boda con Thor con escasa anticipación y eso sólo porque estaba implicado. –¿Desea consultarle la veracidad de la acusación de los norn?
Bastó esa insinuación para que Odín negara.
–Laufey tiene a su propio dragón pisándole los talones. Eso significa que nuestros mensajeros por el momento no podrán alcanzarlo. Aún creo que debemos mantenerlo fuera de esto –continuó Hibald. Hasta Starkag se mostró de acuerdo. Odín cerró los ojos, estaba meditando la propuesta de Kranjcar con profundidad. Hagen poco tenía que ver con ello, aun siendo el príncipe de Nornheim era obvio que el poder político lo ostentaba el senescal.
–No tiene sentido hablar más de esto. Mañana sabré que respuesta le daré a los norn –dijo Odín levantando una mano, con lo que dio por terminada aquella reunión sin embargo antes de que los presentes se marcharan, añadió: –general Starkag, arreste al príncipe Loki y al capitán de su escolta. Manténgalos resguardados hasta el día de mañana. Si el príncipe intentara escapar, se considerara un enemigo de Asgard y podrán atacarle –soltó de un tirón.
Ninguno de los presentes pareció comprender a qué venía aquella orden pero ambos generales reaccionaron rápidamente. Salieron de la tienda y en pocos segundos entraron seis soldados berserkir acompañando a Starkag para tomar en custodia a Loki.
–Padre ¿qué estás haciendo? ¿Ahora es tu prisionero? –Intervino Thor más sorprendido que enojado.
–A pesar de su declaración de lealtad hacia Asgard, y aunque agradezco sus dones curativos, es hijo de Laufey y segundo heredero al trono de Jötunheim. No se le hará daño, sólo es una medida preventiva mientras terminamos de considerar este acuerdo con Nornheim. Mañana se verá libre –explicó Odín a su testarudo vástago pero eso no sirvió para que Thor permitiera que los berserkir se acercaran más a Loki.
–Es parte de nuestra familia –dijo Thor –me niego a que se encuentre cautivo aunque sea por una noche. Yo responderé por sus actos –se ofreció pero Odín no consintió –tendrás que arrestarme a mí también en dado caso, no consentiré que se lo lleven –añadió.
–Hagan lo que el general ha decidido –dijo Odín pero en sus palabras se notaba la ira que intentaba esconder.
Si Starkag encontró extraño tener que arrestar al cónyuge de su hija, se lo guardó para sí. Salieron, una vez fuera el número de berserkir se dobló para escoltarlos hasta el pabellón próximo. Los tres guerreros, que se hallaban afuera, los siguieron sin comprender qué estaba sucediendo, ni tampoco lo comprendieron los ulfhednar que vieron desfilar aquella comitiva. Llegaron hasta la morada que encerraría a Loki hasta el día siguiente. Soltó un suspiro, a diferencia de Thor entendía porque Odín lo hacía, aunque claro, eso no evitaba la indignación de verse tratado de esa manera.
–Me alegra haber venido –dijo sarcásticamente hacia Thor.
Entró al pabellón, cuando Thor iba a hacer lo mismo, el mismo Starkag se interpuso.
–Entiendo que su reclusión sólo fuera simbólica. No es necesario –dijo el general negando con la cabeza. Los berserkir se alinearon alrededor y sostuvieron sus armas con fuerza, no iban a permitir que Loki saliera pero tampoco que nadie entrara. Thor conocía a aquellos guerreros, había entrenado con ellos diariamente y sabía que ni por él, iban a desobedecer al Padre de Todo. Soltó una maldición y fue de regreso a dónde su padre.
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Loki no se encontró solo. Adentro ya estaba el capitán de la guardia que le escoltó desde Asgard. Dentro de la tienda no había nada pero no tardaron en llegar algunos escuderos con muebles sencillos, un lecho, mesa y sillas. El guerrero le miró seriamente pero Loki no notó que estuviera enfadado contra él por haber sido hecho prisionero. No le dirigió una segunda mirada, se sentó en el camastro con expresión concentrada. Estaba más preocupado que enojado por esta nueva situación. Odín lo había encarcelado para que no pudiera enviar un mensaje y prevenir a Laufey, eso significaba que aceptaría aliarse con Nornheim. Si el Padre de Todo lo trataba como un prisionero a pesar de seguir casado con Thor, a pesar de que le había salvado hacía menos de un día, no podía imaginar lo que haría con él si el enlace se anulaba ¿haría rodar su cabeza? A él no le convenía que firmara tal acuerdo.
El escudero de Odín les llevó de cenar, le sirvió con respeto pero no se atrevió a mirarlos, ni siquiera permaneció demasiado tiempo en la tienda cómo para que iniciaran una plática con él.
–¿Quién eres? –Preguntó Loki finalmente a su acompañante.
–Ertan, hijo de Erwel. Soy el segundo al mando de la guardia de Valaskialf –se presentó. A Loki no le tomó por sorpresa su cargo, asintió a sus palabras. –¿Puedo preguntar el motivo de nuestra reclusión? –Inquirió.
–Puedes –concedió Loki –pero no te responderé. Sólo diré que el rey Odín ha preferido que sea así por el momento, no te culparía si renuncias a ser capitán de mi guardia para que te liberen –dijo.
Ertan debió de haber tenido un pensamiento que le provocó una sonrisa.
–Custodiar a la familia real siempre es un honor. Puede dormir si así lo gusta, le protegeré de cualquiera que se adentre en la tienda, aun cuando no tenga armas conmigo y le despertaré si acontece algo importante –añadió el capitán.
Loki asintió, agradecido en el fondo. Aunque tuvo la intensión de descansar un poco no pudo hacerlo con entera confianza, esperaba que las palabras de Odín fueran ciertas y que al día siguiente se viera libre. Aguardó despierto varias horas más, deseando que Thor entrara en la tienda pero fue en vano.
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Amaneció. El desayuno le llegó con la noticia de qué acompañaría al rey junto con sus generales al encuentro del senescal de Nornheim. Al menos Loki confirmó que podía confiar en la palabra del Padre de Todo. Thor fue a su encuentro, por el silencio entre padre e hijo dedujo que aún sin su presencia habían reñido.
–Estoy bien –le dijo antes de que le preguntara –fue como dijo tu padre, no me hicieron daño –añadió. No buscaba hacerle ningún favor a Odín, sólo quizás es que estaba acostumbrado a tratos más rudos provenientes de su propio progenitor y su cabeza estaba en asuntos más apremiantes.
Partieron con el cielo claro hacia al emplazamiento donde se llevaban a cabo las negociaciones. Al llegar encontraron que la mesa se había reducido igual que el número de sillas. Kranjcar les aguardaba junto con el consejero Stánic sentados, en cambio tanto Vlaövic como Hagen permanecieron de pie, el último se veía agitado y molesto. Odín tomó asiento frente a ambos ancianos. Los demás testigos se replegaron a un solo lado.
–Padre de Todo espero que la respuesta que traiga consigo nos lleve a una solución pacífica –aventuró Kranjcar.
–Déjame ver ese tratado –pidió Odín.
De inmediato le fue entregado un pergamino con el contenido de lo que habían platicado el día anterior. Tanto Kranjcar como Stánic guardaron silencio para que Odín leyera lo redactado con cuidado y tomándose su tiempo. Los demás presentes los veían inquietos, apretaban los puños o lanzaban miradas fortuitas a los demás. Loki podía ver perfectamente a ambos grupos pues había terminado junto con Thor en medio de ellos, a su izquierda inmediata tenía a Hagen que no se perdía detalle de lo que sucedía en la mesa.
–Lo va a firmar –cuchicheó Hibald.
–El Rey Odín es leal a la palabra que otorga, y a la vez siempre piensa en sus protegidos. Si firma ese pacto no importará, de todos modos le seguiremos de manera diligente –dijo Starkag con el semblante serio.
–Los hired, los berserkir y los ulfhednar están listos para una contienda. Si salimos antes de mediodía podemos dar alcance al ejército de Laufey, pensarán que hemos ido a fortificar su defensa y podremos atacar por sorpresa –vislumbró Hibald.
Starkag le hizo una seña de que fuera más mesurado con sus comentarios, era prudente. Loki suponía que cada general hacía de Hugin y Minun, los cuervos de Odín. Hibald le lanzó una mirada de burla, en ella comprendió que ese era otro del que debía cuidarse. Algo curioso porque Starkag, aun siendo el padre de Sif, era un hombre de palabra que jamás haría algo que lo hiciera caer en la deshonra. Laufey, Hildetand, Olenna y ahora Hibald, al parecer su lista de adversarios pronto iba a ser demasiado larga.
–Lo va a firmar –susurró a su otro lado, Vlaövic.
Hagen en cambio negó con la cabeza, apretaba tanto los puños que los nudillos empezaron a ponérsele blancos. Loki pensó en ese momento que a pesar de su título de príncipe de Nornheim no era él quien mandaba, ese debía ser el senescal que sonreía contento por lo que consideraba un trato realizado. Se acercó a Thor para poder hablarle en murmullos también.
–Hagen no está de acuerdo con este tratado.
–Yo tampoco –dijo Thor.
Loki imaginó que mientras Hagen vivió en Asgard aquellos dos debieron haber sido grandes amigos, si la guerra no se hubiera interpuesto tal vez aún lo serían. En eso lo tomaron por un brazo halando de él, el movimiento le tomó levemente desprevino, él también había estado concentrado en los movimientos de Odín como para percatarse de que Hagen era quién lo había cogido. Notó su mirada negra escrutándolo de arriba hacia abajo, tras su análisis lo soltó.
–Ayer no pensé que fueras de Jötunheim, sólo hasta después recordé que te llamaron hijo de Laufey. No pareces un jötun –le dijo mirándolo mejor –pensé que todos eran azules, enormes, calvos y con esos extraños tatuajes en el resto del cuerpo. Ni siquiera tienes los ojos rojos, ¿qué son estos iris verdes? –Le dijo acercándose demasiado a él.
Loki levantó una mano hacía él para que dejara de invadir su espacio, su brazo obtuvo la tonalidad azul característica de su raza.
–¿Así está bien? ¿Debe ser más o menos azul? –Le preguntó irónicamente.
Hagen echó la cabeza hacia atrás, luego se rió.
–¡Un hechicero! No pensé que los jötun tuvieran de ellos entre su especie –dijo mostrándose más interesado en él. Loki era consciente de que aquel intercambio de palabras lo seguían todos a su alrededor, Hagen no estaba hablando en voz baja.
–¿Tienes problemas con los hechiceros?
–Mi prima es bruja, bastante poderosa, y no me agrada del todo. En realidad a quienes desprecio es a los jötun pero contigo, haré una excepción –dijo, parecía querer desnudar a Loki con la mirada, éste se preguntaba de qué iba Hagen. –No sé cómo sean las cosas en Asgard pero en mi reino a los traidores se les repudia. –Loki alzó una ceja. –Cuando acabemos con Alfheim y Jötunheim, serás proscrito y tú enlace con la casa de Odín se anulará. Me ofrezco a reivindicarte, podríamos retomar lo que inició tu padre y convertirte en príncipe de Nornheim.
–No sé qué pretendes con esas palabras pero no soy botín de nadie, no puedes simplemente tomarme entre los despojos de guerra.
–Eso está por verse.
–Cuida tu lengua –dijo Thor interviniendo, bastante fastidiado ya de lo que se había visto forzado a escuchar. ¿Acaso Hagen se creía que él estaba ahí adornando el paisaje?
Recordaba bien que mientras estuvo en Valaskialf Hagen había hecho gala de gran habilidad en el combate, con ello le agradó a Thor pero pronto cayó de su gracia cuando se percató de la forma lasciva con que contemplaba a Sif y a cuanta doncella cruzaba por su camino. Gran aficionado al placer, sus hazañas motivaron a Fandral a acometer una maratón casi orgiástica para igualarlo. Y ahora dedicaba aquella lujuriosa mirada a Loki. Thor apretó los puños a punto de perder la paciencia.
–Lo lamento –se disculpó Hagen de inmediato y se giró para alejarse, sin embargo pareció recordar algo más de último momento porque volvió sobre sus pasos. –Sin embargo Laufey me prometió una recompensa y Loki es quién debe pagarla –dijo y tomando el rostro del jötun asaltó sus labios raudamente. Loki se quedó de piedra, le iba a lanzar una maldición pero la diestra de Thor fue más rápida al impactarse contra la mandíbula de Hagen y lanzarlo al piso.
El dragón negro se levantó de un salto y se llevó por delante a Thor. En la mesa de negociaciones todos se habían levantado. Los contendientes rodaron por el suelo, sin Mjölnir ni escamas de dragón, tan sólo golpeándose puño contra puño. Hibald y Vlaövic separaron a ambos príncipes que exhibían una conducta políticamente inmadura.
–Mi padre podrá firmar ese acuerdo pero yo no seré tu aliado, te haré pedazos –le escupió Thor.
Hagen se quedó en su sitio con el labio roto. Sus ojos cambiaron de color, se tornaron ámbar y sus manos exhibieron las escamas de la maldición que portaba. Thor levantó una mano invocando a Mjölnir pero ese gesto fue atajado por Loki.
–Por Odín, ¿qué estás haciendo? –El jötun lo sujetó del brazo –es suficiente, este no es el lugar ni el momento para arrebatos.
–Es claro que el tratado está anulado –sonó la voz de Odín de manera cortés, aunque su ojo ardía en fría cólera. Los suyos se formaron para retirarse.
Kranjcar le gritaba a Hagen que se contuviera. El príncipe se relajó y sus manos volvieron a la normalidad. Loki y él se miraron un instante. Aquel don de cambiar su aspecto de monstruos temibles a civilizada apariencia, el que ambos hubieran sido apartados de sus respectivos tronos y que les hubieran esgrimido en aras de mejores alianzas eran puntos en común; y se entendieron.
–Ojalá el destino hubiera unido nuestros caminos –se atrevió a añadir Hagen; cuando le dio la espalda. Ya se alejaba junto con los aesir cuando alcanzó a escuchar que le gritó: –Cuando mate a Odínson, ¡iré por ti! –Y eso sonaba a promesa.
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CONTINUARÁ…
