DE ARDIDES Y MENTIRAS

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CAPÍTULO V

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Breves notas de la autora:

Mismos créditos financieros que en el capítulo I. Agradecimientos a: Las personas que me dejaron review, y a quiénes les contesté de manera personal; a quiénes lo hicieron pero no tengo manera de responderles, les agradezco de corazón. Inclusive a quiénes no me dejaron, pero me dieron un favorite o un follow, o simplemente lo leyeron, un beso. Finalmente, a Cuencas Vacías quién redactó las escenas de batalla, Odín las libre de leer las que yo narro; corrigió, se preocupó, me persiguió y ayudó en todo lo posible.

Este es el capítulo más largo hasta ahora y nuestro rubio luce sus dotes de general. Oh si, Thor es más que músculos y martillazos. Y además, se nota que me cae bien Fandral. Una breve aclaración, el bitumen es un derivado del petróleo, los griegos lo utilizaban para incendiar al enemigo. (Imagínense, o mejor dicho lean, para que sepan porque estoy aclarando esto).

ADVERTENCIAS: Las de siempre. Slash, esto sigue siendo un MPreg aunque no haya nada de eso en este capítulo, AU y mucha, mucha, sangre.

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Capítulo V:

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Nada más llegar al acantonamiento Odín entró a la tienda de Thor, con este a la saga. Loki se quedó fuera junto con los generales, no se atrevían a intervenir en aquella riña pero desde dónde estaban parados podían escuchar la retahíla de palabras que se decían uno al otro.

–¡¿Cómo puedes exhibir esa conducta cuando estamos en tregua?! Y todo por malditos celos –rugió el Padre de Todo –si te llevé fue para que aprendieras como debe hacerse ¿es así como te he enseñado a razonar? Te lo he dicho, la guerra sólo es política hecha con otros medios –continuó. –Espero que hayas entendido lo que nos ha costado tu carácter irascible y tus impulsos ¿cómo vas a ser mi heredero de esta manera?

–Sólo me he portado como me has criado, de la manera que es acorde a mi rango. ¡No voy a tolerar que me reten!

–Yo te indico lo que debes tolerar y lo que no. Aun cuando insultara a tu madre y a mí, debiste haber callado porque eso era lo correcto. Sólo ves tu orgullo. ¿Dónde están los soldados que has condenado a morir en el fuego del dragón? –Preguntó. Se hizo el silencio por un momento –para pagar la deuda que has contraído con tus propios hombres tendrás que matar a Hagen. Eres el protector del reino ¡protégelo! –Le ordenó.

Odín salió de la tienda. Loki miró al frente esperando que no la emprendiera con él, pero el Padre de Todo se alejó seguido de sus cuervos andantes. Entonces el jötun entró, lo que encontró fue a Thor arrojando la mesa donde estaban sus papeles al suelo. Estaba de verdad furioso, cuando lo vio, le señaló.

–Tu padre tiene razón –le interrumpió Loki antes de que el dios del trueno dijera algo. El que él mismo le concediera aquello a Odín dejó a su hijo sin palabras por varios segundos.

–Te estaba defendiendo –dijo mirándolo como si no pudiera creer que le traicionara dándole la razón a su padre.

–¿Perdón? –Dijo Loki sin entender –no soy una doncella, no necesito que me protejas, puedo cuidarme a mí mismo –le dijo ofendido por aquel comentario.

–Ya veo lo bien que te has defendido solo, ¿por qué no le dijiste o hiciste algo? –Le espetó –¿Es qué te gustaron sus cumplidos? Como lo vuelva a ver cerca de ti, lo destrozaré. Si no me hubieras detenido al menos me hubiera asegurado de que no volviera a abrir su sucia bocaza.

Loki lo miró seriamente. A veces Thor era como un niño pequeño y había que explicarle palabra por palabra.

–Hagen no hizo eso por mí –pero sabía que eso no bastaba para explicarse. –No quería que se firmara el tratado entre Asgard y Nornheim pero no podía retar a su propio senescal, ni siquiera opinó en toda la reunión de ayer, porque él como nosotros no podía decir su parecer. La única manera que tenía de impedir la alianza era mediante la violencia. Me provocó a mí pero yo no iba a responder a sus bravatas, en cambio tú, mordiste el anzuelo –le dijo esperando que eso lo calmara.

–O sea que tenía que callarme mientras te besaba, ¿no querías que también lo invitara a nuestro lecho? –Explotó. Loki no lo entendía. Cuando presenció aquella escena, algo se hendió en el pecho de Thor, atizándole. Rezumó odio e ira en cada poro de la piel, jamás se había sentido de aquella manera. Era difícil explicar todas aquellas sensaciones que iban aparejadas a Loki, que lo afectaban de esa manera tan terrible; y que aparentemente no eran recíprocas.

–¿Qué no estás escuchando? Esas insinuaciones estaban basadas en política no en una preferencia hacia mi persona. A veces hay que tragarse las ofensas… –la furia de Loki, lenta en encenderse pero imbatible al final, se apoderó de él.

–Tal como haces con tu padre y hermano –dijo Thor. El jötun apretó los puños, hubiera querido gritarle a Thor que no había tenido más opción en lo que respectaba a sus familiares pero en vez de eso, hizo justo lo que acababa de aconsejar.

–Sí, a veces tienes que hacerlo. Thor, la venganza es un plato que se sirve frío. –Su tono de voz fue impasible volviendo a tomar control de sí, pero sus ojos se apagaron.

La rabia que bullía en el interior de Thor se disipó un momento, no le gustaba lo que observaba, era como si Loki se hubiera ocultado dentro de sí mismo dónde él no podía alcanzarlo. No lograba apaciguarse, quería dolerle tanto como él se sentía atormentado. No, al contrario, quería que desmintiera sus palabras, no con razonamientos políticos sino con el mismo ímpetu con el que él las expresaba. Quería que le gritara, rebatiera o golpeara. Cualquier cosa era mejor que el trato frío que ahora le dispensaba, como si no le importara.

–No creo en venganzas largas sino en combates inmediatos –apuntó.

–Sí, pero no todos somos Thor. A veces envidio eso de ti, pareciera que nada puede limitarte, no te preocupas de más por lo que sucede, menos mal que no tuviste hermanos, vivir a tu sombra sería terrible. No estás apesadumbrado porque tu padre te haya reñido o porque tengas que matar a un dragón que te ha vencido ya una ocasión y casi matado. ¡No estás pensando en ello! En vez de eso te inquieta si el tipo tiene ganas de besarme –le soltó de un tirón.

–Por supuesto que me inquieta, me ofende que te traten de esa manera –y cuando Loki estaba seguro de que le daría una frase posesiva digna del dragón negro, Thor añadió: –Porque no eres un trofeo.

Loki encontró que así era difícil enojarse con él.

–Busqué mis aposentos pero me dijeron que mi tienda de campaña justo es esta en la que me encuentro –cambió la conversación porque no quería seguir hablando del príncipe de Nornheim.

–La iban a armar pero me negué –respondió Thor. Algo así debió de haberse imaginado Loki. –No me has respondido la pregunta que te hice antes ¿te gustó lo que te dijo Hagen?

Loki levantó una mano para que se detuviera en ese punto de la conversación.

–No lo vuelvas a mencionar, y no estoy dispuesto a continuar con esta discusión –le dijo porque ya había hecho suficiente intentando hacer entrar en razón a Thor, dio media vuelta y salió.

Afuera se encontró con los tres guerreros.

–¿Pelea marital? –Preguntó Fandral pero Loki no estaba de ánimos para bromas.

Los dejó atrás aunque no había demasiado a dónde ir en un campamento de guerra. Se detuvo en el mismo punto en que Thor le había señalado Ijósálfar, miró la fortificación. Agradecía que el pacto entre Asgard y Nornheim no se hubiera llevado a cabo, en cuanto tuviera oportunidad se lo diría a Thor, en realidad no tenía ganas de pelear con él. Y si, las palabras de Hagen lo adulaban pero los celos de Thor lo halagaban mucho más. Desde luego, eso no significaba que fuera a provocarlos a la primera oportunidad, ya había comprobado que era completamente irracional de esa manera. Pensó por un instante en las últimas palabras de Hagen. Las únicas que podía considerar verídicas entre aquel derroche de fanfarronería y que tuvieron tanto ardor, que Loki las sintió vibrar dentro de sí. Negó con la cabeza, no tenía sentido pensar en lo que podría haber pasado de estar al lado de Hagen, aun cuando su imaginación se plagara de escenas de Jötunheim devastado por el fuego.

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Amanecía, el padre de Todo había acordado con Hibald, el general de los hired, que atacarían por la retaguardia a Ijósálfar. Llevarían ingenieros militares que les ayudarían a tallar una escalera en las piedras, con mazas y escoplos, para hacer pasar una fracción del ejército por las montañas; una vez dentro, abrirían la puerta para que su ejército entrara y atacara rápidamente como haría un halcón. Sin más suministros no quedaba otra salida salvo continuar la batalla. Se dio la orden de movilizarse al amanecer. Los ulfhednar de Thor, que eran la infantería ligera, muy diestros en el combate a pie, debían quedarse en el campamento junto con la caballería berserkir de Starkag que era inútil en esta operación. El protector del reino no acudiría con su padre en castigo por su desobediencia. Los que escucharon la discusión no tardaron en repetir las palabras por el resto del acantonamiento, y para esas horas todos sabían que Thor debía matar a Hagen o perecer en el intento.

Starkag se reunió con él. El capitán de su fracción era Hogun, mientras que el de Thor siempre había sido Fandral. Volstagg había partido con Hibald. Hablaban de las medidas a seguir mientras el Padre de Todo no se encontraba, la estrategia por la que se decidieron les tomaría tres días y los norn anclados en Ijósálfar no debían percatarse de su ausencia. En medio de la plática, entró un heraldo sumamente agitado para anunciarles:

–¡Mis señores! El vigía ha atisbado movimiento enemigo. Una compañía de caballería norn se aproxima.

Starkag y Thor se pusieron en pie de inmediato. Salieron llamando a voces a sus respectivos hombres. Fandral acudió guiando un grupo de efectivos listos para presentar batalla, Thor los condujo al frente mientras que Starkag alistaba la caballería. Los norn se movilizaban velozmente. Salieron a la planicie donde ambos bandos habían hecho negociaciones antes.

–¡Ulfhednar a mí! Lanceros al frente, arqueros al centro –organizó Thor a los guerreros rápidamente.

Su orden fue cumplida cabalmente. Los portadores de escudo y largas lanzas se pusieron a la vanguardia. Hincaron rodilla en tierra y apostaron sus armas para empalar al enemigo en su primer avance. Los soldados de Hagen cayeron en aquel rápido movimiento. Aquellos que trataron de frenarse para evitar el acero asgardiano fueron empujados por la retaguardia. Starkag se aproximaba con su contingente a toda velocidad, la suicida maniobra de los norn terminaría rápidamente con una masacre. O eso pensaron.

Una lluvia de flechas cayó sobre ellos haciéndolos retroceder, se cubrieron con escudos limitando el daño pero el instante de distracción les costó caro, a sus espaldas hubo una explosión y una gran columna de fuego se elevó al cielo. Los soldados dieron alaridos de la llegada del dragón y no pocos se lanzaron a tierra. Thor se volvió con el Mjölnir listo para la contienda sin embargo no había dragón a la vista, eran los lindes del campamento que habían estallado en llamas. El ataque frontal había sido una mera distracción y una escaramuza norn estaba ocupada prendiendo con teas el acantonamiento as.

–Si perdemos el campamento, tu padre nos mata –dijo Fandral.

–Príncipe, yo me encargo –gritó Starkag haciendo volver a los berserkir. Señaló a Hogun y este entendió al punto y atacaron cada uno un flanco para frenar el daño.

Thor replegó a los lanceros y dio orden de echar mano de las espadas. Él mismo se abrió paso al frente, el ejército sabía que Thor nunca ordenaba ni exigía nada que él no estuviera dispuesto a hacer; además de siempre ser el primero en acometer a pesar de lo imprudente que pudiera resultar. El Mjölnir se cobró una hilera entera de norn, Fandral había sesgado un par de gargantas, cuando súbitamente como si fueran uno solo, el enemigo dio media vuelta y emprendió la retirada. Thor ordenó perseguirlos y así lo hicieron hasta llegar a tiro de piedra de la fortaleza donde tuvieron que frenarse, pues ahí los soldados norn estaban protegidos por las catapultas de Ijósálfar. Maldiciendo, regresaron al campamento.

Los berserkir, para su gran humillación, se dedicaban a apagar el fuego. Thor ordenó a Fandral y demás, apoyar en ello. Hubo quejas y maldiciones. Súbitamente un viento gélido sopló desde el centro mismo del campamento y aniquiló las llamas que quedaban, congelando de paso las tiendas húmedas.

–Gracias Loki, la próxima vez, intervén antes –dijo Fandral.

–Que yo sepa no tengo ningún puesto en el ejército. Nadie me llamó para apoyarlos.

–Ahora mismo te nombramos bombero oficial. –Loki lo fulminó con la mirada. Con esa sagacidad no le sorprendía que aunque los norn hubieran perdido la batalla, claramente se habían salido con la suya.

Se encontraron en medio del campamento para hablar. Se hizo el recuento de los daños, algunos soldados aún esperaban que el dragón hiciera su aparición pero por el momento Hagen brillaba por su ausencia. Starkag había alcanzado a divisar a Vlaövic en la retaguardia, de él debía ser aquella estrategia.

–Quemaron el linde oeste del campamento, salieron del bosque –dijo Hogun y miró hacia atrás. El bosque seguía ardiendo, a petición de Thor, Loki había acudido a controlar el incendio. –No sé qué pretenden –añadió.

–¿Cuántos norn asesinamos? –Preguntó entonces Starkag.

–Alrededor de veinte, hice que mis hombres recogieran los cuerpos y de nuestro lado, perdimos tan sólo tres –dijo Fandral. A los norn los enterrarían mientras que a los suyos debían prepararles para enviarlos de vuelta a Asgard, sin embargo con el Bifrost sellado y la guerra encima, tendrían que cremarlos y sólo guardar sus armas para ser entregadas a sus familias.

–Aun así, entre el daño al acantonamiento y al bosque, salimos peor parados que ellos –dijo Thor.

–Saben que tenemos pocas provisiones, sin duda esta salida fue para tratar de destruirlas y que nos veamos en apuros –dijo Starkag. Lo cual era cierto, el asunto de la comida podía dejar de ser un problema para volverse un inconveniente. Ya veía que pronto tendría que separar una fracción de berserkir para enviarla a los pueblos más cercanos a saquearlos por alimentos.

Un mensajero se acercó corriendo en ese momento.

–¡Nos atacan por el flanco oeste! –Gritó señalando el bosque en ese momento.

Thor volvió de inmediato su atención hacía el heraldo.

–¿Y Loki? –Inquirió preocupado.

–Ertan y los einheriar ya sacaron de ahí al príncipe consorte.

Starkag le hizo una seña a Hogun.

–Están usando la estrategia de tierra quemada. –Iban a arrasar con el bosque, incendiar los caminos y los pueblos para dejarlos aislados en medio de un erial. –No podría pedir mejor desafío para mis berserkir, déjamelo a mí. –Ya le habían acercado a su caballo y se retiró a galope junto con Hogun.

Otro heraldo vino corriendo, Thor ya se lo esperaba.

–Thor, los norn han salido de nuevo de Ijósálfar. –Alinearon a sus hombres y marcharon al frente otra vez. Thor se giró, al centro del campamento dejó a Loki en medio de su escolta; el cual le lanzó una mirada dubitativa como si esperara que Thor le indicara unirse a él pero no lo hizo.

Los norn venían a pie esta vez, armaron un contingente de unos doscientos hombres apenas, sin embargo se colocaron lado a lado portando escudos en forma de cuña los cuales clavaron en el piso para formar una barrera defensora, pronto esa acción tuvo sentido. De Ijósálfar habían sacado varios escorpiones y desataron toda su potencia contra los ases que marchaban contra ellos. Las lanzas que disparaban eran del grueso de un brazo y causaron tremendo daño entre la vanguardia, además de que llevaban consigo varios arqueros con flechas incendiarias. Thor montó en cólera y en vez de ordenar replegarse o defenderse gritó que avanzaran. Usando el Mjölnir abrió una hilera en medio de los escudos como si fueran de papel. Thor y Fandral valerosos casi hasta el suicidio corrieron a pie hasta el sitio de donde provenían las flechas, lo cual los hacía blancos fáciles.

Desviaron las saetas con hábiles mandobles, los fieles ulfhednar no eran tan buenos y varios cayeron en esa maniobra. El dios del trueno fue el primero en llegar hasta las máquinas y las destrozó enviándolas por los aires con un golpe. Fandral llegó tras él con un par de flechas clavadas en los hombros. El grupo de arqueros gritó órdenes en su lengua nativa y se desbandó en retirada para furia de Thor.

–¡No huyan! Den la cara malditos. –Fandral vio con horror como su general se metía de lleno en la trifulca. El heredero no estaba acostumbrado a pelear con un enemigo que lo provocaba para luego replegarse.

Los ulfhednar le siguieron sin dudar. Los arqueros enemigos dieron la vuelta y sacaron espadas para luchar. El acero de ambos bandos chocó. Fandral lo perdió de vista, ahora que peleaban frente a frente parecía que la victoria de los ases estaba garantizada. Sin embargo, aparecieron más enemigos portando una catapulta cargada con lanzas y como era predecible apuntaron con aquella arma a Thor. El espadachín lo vio un segundo antes de que dispararan.

–¡Thor! –Trató de advertirle pero fue tarde.

La lanza golpeó de lleno a su general clavándose en su espalda. El dios del trueno cayó manchando de rojo el suelo. Lo hizo sin un solo sonido o tal vez el guerrero no pudo oírlo debido a los gritos de júbilo de los norn.

–¡Acabamos con el invasor! –gritaban. –Salve Hagen –y otras cosas que sonaban inteligibles.

Fandral berreaba maldiciones y promesas de matarlos lentamente mientras seguía luchando. Los soldados los estaban cercando. Seguro querían el cadáver del caído para enarbolarlo como estandarte.

–Ayúdenme a defenderlo –les gritó Fandral a sus propios hombres. –Thor, Odín todopoderoso… –maldecía y seguía.

Pronto mordió el polvo. Iba a levantarse cuando de súbito un brazo fuerte lo tomó de la ropa y lo puso en pie. Se trataba del dios del trueno. Herido como estaba se había alzado para asombro de todos, ases y norn. Gritaba de furia y trató de alcanzar la lanza que hendía su cuerpo. Fandral se apresuró a ayudarlo y usando su propia espada cortó el mango de la lanza, dejando con ello la punta anclada en su general. Thor llamó al Mjölnir y continúo la pelea como si nada hubiera pasado. Corrió hacia los enemigos apostados en torno a la catapulta, los cuales ya estaban recargando el arma. Saltó golpeando el suelo con el martillo y una ola expansiva destruyó aquel maldito artefacto por completo. Los soldados en vez de encararlo emprendieron la retirada. Thor se sintió tentado a perseguirlos para infringirles ejemplar castigo.

Pronto todo había terminado. Volvieron al campamento llevando varios heridos. Loki salió a su encuentro.

–Por los cuernos de Surtur –maldijo al verlo –¿acaso siempre te pones a tiro del enemigo? –Se calló lo demás que iba a decirle, algo de que tenía el don de estratega de Hildetand y cosas por el estilo, los ulfhednar lo miraban y decidió no dar un espectáculo.

Thor se despojó de la parte superior de la armadura y dejó que lo curara de inmediato pero lo hizo sentado a medio campamento escuchando los nombres de los caídos. Hogun regresó en ese momento. Starkag estaba cazando al general Vlaövic pero a él lo había enviado de vuelta para reforzar sus tropas. Loki terminó de cerrar la herida. Iba a retirarse cuando Thor lo sujetó de una mano, ahí mismo, en medio de sus hombres.

–Gracias, de nuevo –le dijo. Loki se dio cuenta de que Thor nunca le daba muestras públicas de afecto. Era diplomático sin duda, aunque no lo suficiente como para negociar una tregua. –Quédate –le pidió.

Fandral se acercó, ni él ni Hogun dieron señales de protesta por el hecho de que Loki participara en su reunión. También había curado las heridas de flecha del rubio espadachín. A diferencia de los demás generales a Thor no le importaba tener un concejo de guerra en medio de los soldados. Al parecer el hijo de Odín nunca tenía nada que ocultar.

–¿Qué haremos? –Indagó Fandral –seguramente volverán a salir. Los hombres empiezan a estar demasiado sedientos de sangre pero a la vez están preocupados por el dragón.

–No comprendo porqué Hagen no ha salido a combatir, con él de su lado todo esto les sería más fácil –comentó Hogun.

–Tal vez lo mandaron a otra misión.

–Lo habríamos visto salir del castillo, no es precisamente discreto.

–Bueno, asumamos que sigue ahí dentro pero no se le da la gana enfrentarnos. Quizá quiere que Thor vaya a retarlo a duelo.

–Eso es improbable, no hay lógica en sacrificar hombres, armas y tiempo cuando su letalidad nos arrasaría. Incluso pudo con Thor, no necesita esperar un desafío.

Loki se había quedado pensativo mientras Thor seguía el intercambio entre sus amigos. De pronto el dios del trueno lo miró con fijeza. Recordó lo bien que interpretó las segundas intenciones de Hagen en las negociaciones de paz.

–¿Qué opinas Loki? –Inquirió. Al jötun le pareció que los soldados tras él disminuían el sonido de sus conversaciones y actividades. Su teoría era muy diferente de las de Fandral, y por tanto debía ser más acertada.

–Hagen es un arma pero no un líder. Por su intervención se estropeó la oportunidad de un tratado de paz, una que le costó mucho trabajo granjear al senescal Kranjcar. Es fácil ver que éste último desea apoderarse del trono norn pero seguramente no tiene sangre real que le dé él derecho. Pactar con el Padre de Todo lo hubiera acercado a ese propósito. Si Kranjcar manda no puede permitir que Hagen lo desafíe y menos de esa manera tan osada. Seguramente lo ha hecho encarcelar para demostrar que ni el dragón negro debe retarlo.

Fandral parpadeó, para él no era fácil ver nada de eso.

–¿Y Hagen se somete así como así? –Fue la duda del espadachín.

–Si –dijo Loki sin más –ya lo dije, él no manda, se nota su inexperiencia, debe demostrar a su gente que puede ser un buen líder. A esa imagen le conviene acatar la orden sobre todo ya que la guerra se está prolongando debido a su exabrupto. Además, seguro sabe que Kranjcar acabará necesitándolo y se verá humillado al liberarlo y pedirle ayuda.

Hubo un murmullo de admiración a sus espaldas. Loki trató de no mostrarse demasiado ufano.

–Eso quiere decir que más pronto o más tarde Hagen volverá a atacarnos –concluyó Hogun –Thor, me parece que no tenemos opción más que resistir. Si te parece haré emplazar las máquinas de asedio para defender el campamento, igual podemos cavar una zanja y llenarla de bitumen, si intentan quemar las tiendas primero arderán ellos.

–Haz como dices –dijo Thor.

–Yo alistaré turnos de guardia. Quién deba dormir tendrá que hacerlo con armadura y la espada al cinto. No habrá más sorpresas –añadió Fandral. Al punto se marcharon a cumplir lo dicho.

–Sé que no es tu función pero, ¿podrías revisar a los heridos? El sanador sin duda agradecerá tu ayuda y yo también –le pidió a Loki, quien notó que Thor jamás le ordenaba nada aunque estaba acostumbrado a comandar a quienes lo rodeaban. Accedió de buen grado. Su pelea del día anterior parecía haber quedado olvidada. Thor se puso de pie, debía sustituir su armadura por otra así que se encaminó a su tienda, pero antes le dirigió una mirada de orgullo.

Loki podía acostumbrarse a eso.

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Caía la noche, el sonido del martilleo mientras ensamblaban las máquinas de asedio generaba un ambiente tenso. El foso de mortal bitumen ya había sido excavado y los hombres marchaban en cuadrillas y se llamaban unos a otros cada media hora. Un vigía hizo señales con una antorcha y el mensaje se corrió velozmente. Cuando llegaron ante Thor él ya lo sabía.

–Mi comandante, los norn han vuelto a atacar.

Iba a ser una noche larga.

El amanecer llegó con lluvia, conjurada por Thor. La cual apagó los rescoldos de los últimos incendios, no así el bitumen que llameaba con olor penetrante. Los cuerpos de los caídos estaban siendo apilados en una pira funeraria, a falta de tiempo para enterrarlos. La situación había tornado en carnicería pero eso no bastó para que Hagen atacara. El contingente norn había sido aniquilado por completo entre la artillería de las máquinas, las maniobras envolventes de los berserkir y la furia de los ulfhednar.

Thor entró en su tienda. Luego de los últimos acontecimientos necesitaba un descanso. Como si lo llamara con el pensamiento Loki no tardó en acudir. Se había hecho cargo de devolver al campo de batalla a los soldados heridos para desconcierto de los norn así que también estaba cansado. Sin mediar palabra se tumbó en el lecho y Thor, que hasta ese momento estaba sentado comiendo lo que fuera, hizo lo propio. No se tocaron. No era el momento para arrebatos apasionados aunque su mutua compañía les fue suficiente.

–Es una tontería por parte de Laufey no llevarte a cada batalla. Tu magia es muy útil.

–Honestamente agradezco que él no lo considere así –dijo Loki.

Se quedaron callados. Loki se enderezó para preguntarle a Thor su siguiente estrategia pero se encontró con que el rubio dormitaba y lo dejó en paz. Apenas habían tenido oportunidad de descansar unos minutos cuando el campamento resonó con el sonido de un trueno que se acercaba a ellos.

–Es Hagen –dijo Thor pasando de la somnolencia a estar alerta en segundos. –Loki, por Ygdrasill y todo lo sagrado, no te cruces con él –le pidió.

–No confías en mí –escapó de los labios de Loki que estaba demasiado agotado como para concentrarse en mantener la compostura. Thor frenó un segundo antes de salir de sus aposentos y se giró a mirarlo.

–No digas eso. No es desconfianza, temo que ese maldito te haga daño o te separe de mi –su franqueza impidió que el jötun dijera más necedades.

El dios del trueno salió como un huracán de la tienda.

En pocos días los soldados de Asgard habían aprendido a temer ese fragor. En efecto, se trataba del batir de alas de Hagen. Fandral corrió hacia la tienda de Thor; por poco y se da contra su capitán de frente.

–Evacúa el campamento –le ordenó Thor. Los soldados ya huían de sus puestos.

Hagen arremetió contra el campamento incendiándolo todo como si fuera una ola, el viento que levantaba con las alas esparcía el fuego de una tienda a otra y con la cola derribaba la que quedaba en pie. Tras él, a la distancia, se vislumbraba un nuevo grupo de norn que marchaba con parsimonia. Prácticamente no tenían nada que hacer más que saquear los escombros que su general dejara tras de sí. El dragón había aniquilado la mitad del enclave as cuando, como si fuera una bala de cañón, Thor dio de lleno contra él alejándolo. El choque fue tan brutal que resonó en la distancia como si el mundo se hubiera resquebrajado.

Loki nunca había visto combatir a Thor de esa manera. Ertan y su guardia personal lo instaban a alejarse del campamento pero él estaba decidido a no ir más lejos de los lindes del enclave. No era el único que se había quedado como paralizado mirando a los dos titanes medirse.

Hagen volaba en círculos lanzando dentelladas tratando de agarrar a Thor o bien escupiendo fuego. Acertó un tiro y el hijo de Odín quedo prendido en llamas por un instante, cayó a pique pero retomó el vuelo muy pronto, ya sin la capa. Embistió de frente a Hagen, su temeridad y estoicismo lo definían en la guerra. Mjölnir machacó la faz del monstruo pero no lo derribó. Las zarpas de Hagen encontraron la carne de Thor estrujándolo. Pero por algo él era el dios del trueno; invocó su poder en su ayuda. Los rayos enceguecieron a la bestia, y a todos cuantos observaban. Thor se liberó, pareció que huía volando lejos de ellos, las nubes a su paso ennegrecieron. Hagen le dio alcance raudamente. Se abalanzó sobre él nuevamente escupiéndole fuego encima. Por segunda vez Loki vio a aquel que estaba aprendiendo a adorar consumirse en dolorosas llamas. Los ases tenían el corazón en un puño temiendo presenciar el fin de su amado comandante. El grito de Thor llegó hasta ellos a pesar de que era en ese momento un punto llameante en la distancia. No era un grito de dolor sino de batalla. Mjölnir centelló y un certero rayo envolvió al dragón. Fuego contra truenos. Thor se aferró a la grupa de la bestia, usando su arma golpeó los huesos que unían las alas al resto del cuerpo hasta fracturarlos. Tuvo que soltar el Mjölnir para sujetarlas y haciendo acopio de toda su fuerza, las arrancó de cuajo. Hagen se precipitó en un rugido de dolor.

Loki escuchó que su guardia personal estallaba en gritos de victoria; él príncipe jötun por su parte permanecía silencioso como una estatua, para que él gritara de júbilo era necesario que el dios del trueno descendiera sano y salvo junto a ellos.

En su caída Hagen cerró las zarpas sobre Thor y continúo vomitando magma encima de ambos. La batalla terminó en una espiral de fuego y el potente sonido de ambos rivales estrellándose junto a Ijósálfar.

Por un momento no hubo ningún ruido por parte de ambos bandos contendientes. Ese silencio fue roto por Hogun. El estoico guerrero dio la orden de avanzar a sus soldados. Iban de vuelta a su campamento el cual era presa de la rapiña por parte de los norn. El dragón y Thor habían caído pero el día aún no había terminado. Los einheriar a los cuales Frigga había encomendado a Loki no se movieron de su lado y él no hizo intento alguno por ayudar al dios del trueno.

–Necesito una montura –pidió a uno de sus guardias. –Debemos ir a buscarlo, necesito una montura. ¡Ertan! –ninguno lo obedeció. Loki soltó una maldición.

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Hagen se puso en pie y la forma de dragón que lo cubría se desvaneció poco a poco dando lugar al príncipe. Al final su piel continuaba recubierta de escamas oscuras y sus ojos eran de reptil. Las alas arrancadas quedaron varadas junto al martillo. Se tambaleó dolorido. La caída había sido estrepitosa, se había asegurado de caer encima de Thor para que él absorbiera el impacto. Los soldados salieron en tropel de Ijósálfar y se apresuraron a encadenar al dios del trueno, quien yacía inconsciente. El mismísimo Kranjcar acudió a darles la bienvenida.

–Aquí lo tienes –habló Hagen con la voz de una bestia, le costaba cada vez más regresar a su forma humana. Apretó los puños y las escamas retrocedieron, los ojos se tornaron negros. –Tal como me ordenaste, espero que esto garantice la vida de mi familia. Aunque haya incumplido mi palabra pues había prometido que lo iba a matar.

–Nornheim es aún más importante que el orgullo, las promesas y que tu vida –le dijo el senescal. Hagen no se contuvo de rodar los ojos. Como detestaba aquella pose de Kranjcar de estar haciéndolo todo por el bien de su pueblo. Estaba seguro que la finalidad era menos noble y se reducía a conservar el poder que había ganado al lado de su padre.

Se adentraron en la fortaleza cuyas puertas fueron selladas de inmediato tras él. Hagen vio cómo se llevaban a Thor a las mazmorras, el mismo lugar donde estaba encerrada su familia. Le hubiera gustado poder visitar a su abuela Kaarina y a sus primas pero Kranjcar tenía apostados ahí fieles guerreros que las lastimarían si él se acercaba al menos unos metros. De no haber sido por eso, no permitiría que le ordenara qué hacer ni le habría dejado sobajarlo como había hecho. En castigo por arruinar su alianza, esa pequeña nimiedad, le encadenó a mitad del patio como si fuera un perro. Al menos Hagen tuvo la satisfacción de verlo humillado al pedirle ayuda cuando las estrategias de Vlaövic resultaron en derrota.

En vez de acudir a sus estancias, siguió al senescal a uno de los salones dejando un reguero de sangre a su paso. Ijósálfar era una fortaleza, no un castillo con lujos. Stánic aguardaba por ellos en un pequeño salón donde habían dispuesto una mesa y sillas de tosca hechura. Vlaövic no había vuelto de su ataque de escaramuzas y empezaban a creer que pereció en la contienda. El concejero estaba terminando de redactar un nuevo documento, el cual obligarían a Odín a firmar a cambio de la vida de su hijo. Sin duda un pacto aún más benéfico para Nornheim pero sobre todo para el senescal. Hagen sospechaba que no eliminó aquella promesa de él contendiendo contra Giselher, pues le convenía que ambos dragones se mataran uno al otro, así él no sería un estorbo en su ascenso al trono. El príncipe norn detestaba a los jötun, sobre todo a Laufey por haberle cortado la cabeza a su padre y exhibirla cuál trofeo; pero Odín no se quedaba atrás, quizás no se manchara las manos con sangre pero había arrasado Rondeslottet, el palacio que él llamó hogar en Nornheim.

–Bienvenido príncipe Hagen, lo felicito por haber vencido nuevamente donde tantos otros han fracasado, aunque lamento que haya sido al costo del don maravilloso de volar –le dijo Stánic. Hagen sabía que el anciano sí podía considerarse un hombre del pueblo a diferencia del senescal. –Haré venir al sanador para que atienda esas heridas.

–No es necesario. Me regenero solo, aunque me temo que jamás recuperaré las alas –respondió. Ya no era un dragón, era más bien un réptil. Sabía que pronto izarían la bandera de paz en la fortaleza. Se aproximó a la mesa pues quería leer el maldito tratado, revolvió los papeles y cogió un pedazo de pergamino. Kranjcar se interpuso adrede.

–Que se aliste el mensajero –lo mandó el senescal como si fuera un soldado más, como si no acabara de abatir al más formidable guerrero aesir. Había hecho apresar a Kaarina desde antes de las negociaciones y desde entonces se escudaba en la gran madre para prodigarle ese trato a quién era su superior.

Hagen rechinó los dientes pero por una vez obedeció sin protestar. Dejó atrás la sala, sacó de su armadura el pedazo de papel y escribió ahí una invitación escueta hacia el príncipe de Jötunheim a reunirse antes de que Odín y Kranjcar se vieran nuevamente. Lo había embromado en un principio pensando que podía hacerlo rabiar y que rompiera las negociaciones, no esperó que fuera Thor quién lo golpeara, pero eso ya no importaba. No podía poner en palabras lo que sintió cuando lo besó, en ese momento la broma terminó.

Encontró al mensajero y le dio la orden de llevar ambos correos.

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Aunque Loki no tenía puesto alguno en el ejército en cuanto Fandral y Hogun terminaron de aplacar incendios, rendir al enemigo y disponer de los cadáveres fue tras ellos pues no habría protocolo militar ni fuerza alguna que lo dejara al margen de lo que pasaba. Podía ser que él no tuviera apasionados arrebatos de celos pero en ese momento todo su autocontrol se había desvanecido ante la posibilidad de perder a Thor. Quería partir de inmediato en su ayuda. La suerte había tornado en contra de los ases, ni él mismo entendía como el campamento de Odín había quedado en manos de ellos tres. Tácitamente Hogun asumió el mando, los hombres se volcaban hacia él esperando instrucciones. Antes de que el líder berserkir pudiera tomar una resolución, que Loki esperaba fuera de un ataque inmediato, izaron la bandera de paz en Ijósálfar. En todo el campamento se hizo silencio sin que comprendieran a qué iba a aquella señal.

–Capitán Hogun –gritaba alguien –un mensajero norn se aproxima.

–Permitan que se acerque –mandó Hogun.

Se aproximaron al linde del campamento para recibirlo, viajaba solo. Cuando desmontó echó una ojeada a los tres, parecía esperar a alguien más regio pero de todos modos entregó un pergamino a Hogun para que se lo diera a Odín y sacó una breve nota para Loki, quién la recibió sin entender de qué iba aquello. No se despidió de ellos ni hizo ademán de esperar una respuesta, tomó su caballo y marchó de vuelta.

Entraron en una tienda de campaña. Por el tipo de armas que se apreciaban Loki dedujo que se trataba de la tienda de Hogun. El capitán berserkir no dudó ni un instante en abrir el mensaje.

–Va dirigido al Rey Odín –dijo impasible, sus ojos pasearon por las letras y luego miró a Fandral y Loki que aguardaban a que hablara más. –El senescal lo convoca a una nueva negociación de paz para que firmen la alianza, a cambio perdonará la vida de Thor. Está fijada para esta noche –dijo.

–¿Esta noche? Thor está malherido por el fuego maldito –dijo Loki –debemos traerlo de vuelta cuanto antes.

–Fandral, dispón del correo más rápido que tengamos para avisar al rey Odín –ordenó su compañero de armas. Sería imposible que el Padre de Todo regresara a tiempo para la cita, si todo había salido bien, la emboscada del rey y de Hibald ocurriría al día siguiente al amanecer; pero aun así debía enterarse lo más pronto posible de lo sucedido.

–Tenemos que hacer algo –les dijo Loki.

–Cayeron en Ijósálfar –explicó Hogun –esa fortaleza no puede ser tomada por asalto por los hombres que están con nosotros. Por algo el Padre de Todo ha acudido en un plan por la retaguardia. A Thor no le servirá de nada que vayamos a que nos maten frente a sus ojos –comentó.

–¿Qué pone la nota que te enviaron? –Preguntó Fandral de pronto. El Jötun por poco y se olvidaba de ella. La abrió. Hagen le pedía que se encontraran en secreto en el páramo adyacente a la fortaleza, le pedía que acudiera solo dentro de una hora. –¿Por qué te quiere ver? –Preguntó el espadachín. Desde luego, ellos no habían estado en la fallida negociación.

–Por capricho, Hagen es un príncipe acostumbrado a que se le complazca raudamente. –Fandral empezaba a entender por dónde iba el asunto. Loki se quedó meditando un instante –esta puede ser nuestra oportunidad de liberar a Thor, iré.

–Sabes de sobra que podría ser una trampa –dijo Hogun –lo siento pero no puedo permitírtelo. Thor me encomendó tu seguridad y no pienso defraudarlo.

Loki se enfadó. Los norn estaban amenazando con matar a Thor, quien además debía estar sufriendo por las atroces heridas y esos dos reaccionaban mandando correos a Odín y preocupándose por cumplir órdenes, sin embargo entendió que no tenía libertad de actuar como le viniera en gana y que carecía de autoridad en el campamento. Cuando volvió a hablar midió cada palabra.

–Raudo Fandral, estoico Hogun, pienso que este no es momento para acatar órdenes que no calzan con la desesperada situación en la que nos encontramos. Al atardecer Kranjcar sabrá que Odín no está aquí, y aun cuando no atente contra la vida de Thor, el fuego dará cuenta de él –miró a Hogun –les propongo algo, tomemos la fortaleza.

–No te has enterado pero la llaman La Impenetrable. No contamos con el ejército necesario para hacerlo –contradijo Fandral.

–Aunque la llamen así, podemos tomarla si sus puertas nos son abiertas –dijo Loki con semblante decidido.

–¿Y por qué razón harían eso? –preguntó Hogun pero en su semblante Loki leyó que iba a acceder a su propuesta.

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Toda fortaleza contaba con secretos. Ijósálfar no era la excepción. Tenía un túnel que fungía como vía de escape por si la construcción era conquistada. Hagen, decidió aprovechar el hecho de que Kranjcar estaba ocupado aguardando por la reunión con Odín. Fingió que iba a sus aposentos cuando en realidad se escabulló por tal pasadizo. La salida estaba escondida entre unas rocas que daban directamente al bosque, tuvo que retroceder un par de metros pero finalmente decidió aguardar oculto entre el follaje. Tenía la certeza de que Loki aparecería. Al verlo se identificó con él, tan parecidos que podrían haber sido grandes amigos y apasionados amantes de conocerse con anterioridad; y ese mismo reconocimiento lo vio brillar en la mirada del jötun.

El don que Surtur le había concedido no fue gratis. El señor de Muspellheim era un demonio y como tal tenía una sola moneda de pago: tu alma. Hagen se la había vendido con tal de obtener el poder que le permitiría poner de rodillas al mismísimo Thor. Sin embargo sentía como cada vez que se convertía en la bestia negra iba perdiendo el control de sí mismo; algún día no volvería a ser humano. El día de las negociaciones, estaba ofuscado, a punto de saltar al cuello de Odín o de hacer pedazos a Kranjcar. Fue en medio de eso que se le ocurrió retar a Loki con tal de sabotearle el día al senescal. Besar al jötun le devolvió la razón a su apabullada mente. Le supo a nieve. En Nornheim existían las montañas Hovedoya, hacía mucho tiempo cuando era apenas un adolescente le gustaba escalarlas y llegar a la cima. Un lujo en el reino. Entre el frío y la soledad se sentía verdaderamente libre; y Loki tenía esa frialdad en su piel. Si pudiera tenerlo, si pudiera imbuirse en su tacto… La idea le producía escalofríos y lo empujó a tomar dos resoluciones. La primera fue obedecer sin fastidiar a Kranjcar, la segunda era hacer eso para evadirse de la fortaleza junto con lo que le era valioso.

Convencería a Loki de unírsele para luego rescatar a su familia. Había elegido ese sitio no sólo por su cercanía con la salida secreta de Ijósálfar sino porque fue el sitio donde cayó con Thor tras la batalla. Sus alas yacían en el suelo aunque era mucho más significativo el martillo que había quedado como mudo testigo de la derrota de su portador. Algunos hombres intentaron llevarlo pero fue inútil, nadie pudo levantarlo; en cuanto a sus extremidades perdidas, nadie osó tocarlas sabedores de que portaban una maldición demoníaca. Mientras esperaba, su cabeza divagó hacia una elaborada fantasía en la que Loki accedía a sus planes y a sus sentimientos; en algún punto se imaginó que inclusive podría despojarlo de toda ropa y tenerlo en ese mismo lugar.

Dejó tales cavilaciones cuando le vio aparecer solo en medio del páramo. Le salió al encuentro sonriente y tuvo que contenerse de recibirlo entre sus brazos y cubrirlo de besos.

–Loki –lo llamó surgiendo a sus espaldas. No lo sorprendió, así que ya sabía que estaba ahí. Hagen le dirigió una mirada de lobo hambriento. –Por Siofua, había rezado por la oportunidad de encontrarnos una vez más, no sé si volverme más devoto o más escéptico pues conseguí atraerte por mi mensaje.

–¿Qué deseas? –Inquirió Loki mirándolo desconcertado. Era claro que no estaba acostumbrado a recibir avances, a Hagen le costaba trabajo creer que sólo él lo hubiera visto y sentido ganas de poseerlo.

–Tengo algo que proponerte –le dijo y fue al grano: –quiero que vengas conmigo.

–Accedí a este encuentro para liberar a Thor –se sinceró el jötun sin considerar siquiera sus palabras pero Hagen ya se imaginaba que no diría que sí a la primera de cambio.

–Lo entiendo. Sé cómo son los enlaces políticos, entiendo que desees salvar a Odínson, no te conviene caer de la gracia del Padre de Todo.

–No te precies de conocerme hijo de Gerenot.

–No lo hago aunque me encantaría. –El dragón negro se había acercado. –Antes cuando probé tus labios los sentí fríos como el hielo. –Hagen acarició su rostro. Loki pensaba que el príncipe había enloquecido. –Me gustó mucho esa sensación. Vendería nuevamente mi alma maldita a cambio de sentir tu boca recorriendo mi cuerpo. –Loki lo apartó de un empellón perturbado. –Lo siento –se disculpó Hagen volviendo a sus cabales y escogió mejor sus siguientes palabras. –Libertad.

–¿Qué dices? –Inquirió confundido Loki.

–Te ofrezco tu libertad. Puedo ayudarte a sacudirte el yugo de Laufey, de Odín, del mismo Thor –ofreció, y esta vez su oferta era mucho más tentadora, sin embargo…

–Para sucumbir al tuyo –protestó.

–No. Me he propasado. No niego que te deseo, tanto que me duele pensar en ello pero por ahora puedo resignarme con tener tu aprobación y beneplácito. Escapa conmigo –le insistió. Los ojos del jötun se posaron rápidamente en Ijósálfar y como si adivinara sus pensamientos, Hagen aclaró. –Me importas más tú que la fortaleza y que los hombres que hay dentro. –Buscó el contacto con sus manos y las tomó, aquella fría piel le resultó gratificante, depositó un beso en ellas seguro de que lograría su objetivo, sin embargo Loki retrocedió.

–O será que tal derrota te es indiferente pues es la de Kranjcar más que la tuya. –La naturaleza de Loki parecía ser desconfiar.

–Dices bien, pero intuyo que me entiendes cuando te digo que ese malnacido me está usando como un peón en su guerra. Estoy decidido a dejar que se pudra con sus planes y proyectos, si me voy Ijósálfar caerá pero no me puede más que dar igual. Tiene en su poder a la familia que me resta y por ello no le he arrancado la asquerosa cabeza, pero esta noche nos liberaremos todos, incluido tú. Si vienes conmigo haré lo que desees, por tener un poco de ti haría cualquier cosa.

–Vine por Thor. –Loki cerró los ojos en ese momento como resistiéndose a la tentación, como ponderando sus opciones. Lo que Hagen decía tenía sentido. Si se iba con el dragón negro quedaría fuera del alcance de Laufey y trastocaría sus planes, sin embargo hacerlo implicaba condenar a Thor pues nadie más podía sanar sus heridas. No pudo decidir entre la disyuntiva de ganar la libertad o salvar al dios del trueno, pero pudo percatarse de un tercer e irresistible deseo.

–Inclusive liberaría a Thor con tal de tenerte –interrumpió sus meditaciones la voz de Hagen. Ante esas palabras Loki enfureció.

–Bestia inútil. No sé con quién te crees que tratas. Soy un príncipe con todo derecho, no una ramera que se vende por favores. En cuanto a Thor, te haremos pedazos juntos.

–Ven conmigo –casi suplicó.

–No hay a donde ir. No te puedes ocultar de Odín más que en los infiernos.

–Entonces vámonos al infierno.

–Déjate de chanzas –se negó Loki –no perdamos más tiempo, hace tiempo que el destino nos puso en caminos separados. Cumplamos con el hado que nos corresponde.

Las constantes negativas de Loki lo enfermaban ¿entonces para qué había acudido a su encuentro si era únicamente para negarse a cuánto le dijera? En ese momento el Mjölnir se levantó como si tuviera voluntad propia y salió disparado contra Ijósálfar. Hasta ellos llegó el barullo de una contienda suscitada en el interior de la fortaleza.

–Así que por esto viniste –dijo Hagen furioso. Se sintió engañado y todas aquellas fantasías que albergó se despedazaron frente a sus ojos.

Loki lo miraba seriamente.

–Si me hubieras ofrecido tu amistad, la habría aceptado pues somos muy parecidos pero decidiste tratarme como a una conquista –le dijo –me ofreciste libertad pero no es eso lo que más anhelo. Ahora mi más grande ambición es cobrarme una venganza despiadada y desmedida, y tú no eres suficiente para colmar mi deseo –dijo Loki.

El sonido de la refriega al interior de Ijósálfar se incrementó. Estaban lo suficientemente cerca para oír los gritos y la campana de alarma que repicaba. Hagen recordó con horror, que sus familiares estaban a una escasa distancia de la celda de Thor. Soltó una maldición y echó a correr en dirección al pasadizo secreto, Loki se debatió un segundo pero lo siguió. Aquel era el camino más rápido.

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Ijósálfar se hallaba iluminada por múltiples antorchas. Los soldados iban y venían acarreando a los sobrevivientes del fallido ataque a los ases, llevando provisiones y, de tanto en tanto, paseando frente a la celda de Thor. Ver al hijo de Odín encadenado, con el torso sangrante y vencido era lo único que les infundía esperanzas de ganar esa guerra. Las murallas del castillo eran bastante gruesas y altas como para temer un ataque. Las puertas fortificadas y ampliamente vigiladas no ofrecían un punto por el que nadie pudiera colarse.

–Una auténtica fortificación de este reino –se dijo un humilde soldado que se acercó llevando un odre de agua acompañado de otro cuyo brazo colgaba en un improvisado cabestrillo. La puerta principal se abría izándola hacia arriba. Estaba hecha de pesados troncos de árboles más gruesos que un hombre. Sin embargo a un costado había una entrada insignificante flanqueada por guardias. Ambos soldados se unieron a otros compañeros que desfilaban por ese derrotero. La puerta daba a un largo pasillo y luego a otra puerta más con más guardias. Nuestros humildes soldados, bajos de estatura, desaliñados y malheridos pasaron entre los guardias que apenas y los miraron. Ya dentro del patio del castillo ubicaron la atalaya donde seguramente se ubicaba el mecanismo que controlaba la puerta.

–Hay que aprovechar que Loki distrae a Hagen. Separémonos –dijo el del brazo lastimado. –Iré en busca de Thor mientras tú nos aseguras una salida.

–Bien –dijo aquel que portaba agua y se dirigió a la atalaya. El plan que el jötun había concebido les pareció la mejor opción que tenían en aquel momento aunque no por eso dejaba de implicar que corrieran riesgos casi suicidas. Hogun vio a Fandral, o a aquel en quien Loki había transformado a Fandral, atravesar el patio de guardia.

Fandral dejó de fingir que tenía un brazo herido para hacerse con un rehén, el primer soldado al que pudo echar el guante. Lo instó a conducirlo hasta Thor. El pobre hombre cumplió la petición con una daga sujeta contra sus costillas.

–Como me lleves a una trampa te sacaré las tripas –amenazó aunque esperaba no tener que llegar a eso. No se le daba el arte de torturar, sería terrible tener que improvisar en ese momento. Descendieron hasta las mazmorras atravesando por una pesada puerta que se cerraba por dentro. Había un nutrido grupo de guardias por todas partes aunque no se esperaba menos, habían capturado a Thor, no a cualquier tipo. Fandral estaba considerando la excusa que daría para acercarse a su amigo cuando su guía lo traicionó.

–¡Es un aesir! –gritó.

Fandral le dio un golpe en la cabeza con el mango de la daga dejándolo inconsciente y desenvainó su espada, la ilusión que lo envolvía se terminó. Hasta ahí había llegado su avance encubierto. Se giró y atrancó la puerta para que no hubiera refuerzos desde el exterior. Los guardias se le echaron encima con rapidez, excepto por unos cinco que custodiaban una celda en específico y que debían tener órdenes de no descuidar su vigilancia así les cayera el Ragnarok encima.

Fandral esquivó golpes y los devolvió al punto, cortó unas cuantas manos y apuñaló a otros norn. El luchar en un pasillo angosto le daba ventaja.

–¡Thor! –Llamó a su amigo batiéndose con ferocidad. Al otro lado de la puerta se oían llamados y golpes tratando de forzarla. Fandral pasó sobre los norn muertos. Habían quedado en pie solo los guardias de aquella mazmorra que no podía ser otra que la de su general. –Apártense –les gritó pero era obvio que no iban a hacer caso.

Fandral se metió de lleno en un duelo con ellos. Estos guardias eran más hábiles que los anteriores. Lograron desarmarlo y arrojarlo contra el muro. El espadachín pensó que su hora de marchar al Valhala había llegado cuando una llamarada proveniente de la celda derribó a un par de norn. Los tres restantes se giraron y uno de ellos se puso a gritar en su lengua natal algo que claramente era un insulto. Abrió la puerta de la celda mientras que otro ponía su espada en el cuello de Fandral en tácita advertencia de no moverse.

Esa no era la celda de Thor. De su interior sacaron un pequeño grupo de mujeres. Una anciana y dos jovencitas. Una de ellas aún tenía las manos en llamas, debía ser una bruja, fue puesta de rodillas pronta a ser ejecutada. Fandral se valió de aquella distracción para escurrirse el filo que lo atenazaba. El guardia que lo había amenazado fue muerto con su propia arma, y abatió a los que quedaban sin más.

–Númenes misericordiosos. Gracias querido muchacho –le dijo la anciana irguiéndose. Su forma de hablar y sus movimientos denotaban nobleza. –Seguramente viniste por el dios del trueno –dijo sin mostrarse ofendida porque no hubiera acudido en primer lugar a rescatarlas. –Se encuentra cautivo en la última celda –le señaló. Una niña de cabello oscuro y rasgos similares a ella miró largamente al guerrero aferrada a la ropa de su abuela.

Fandral no entendió quiénes eran ellas ni que es lo que estaba pasando, las tres aguardaron pues seguían atrapadas en ese sitio; mientras que él fue a la reja que albergaba a su general. En efecto estaba ahí. El dios del trueno yacía ensangrentado en esa celda oscura. Sus muñecas habían sido sujetas con grilletes por encima de su cabeza.

–Thor –lo llamó, iba a volver a buscar las llaves entre los guardias derribados cuando el hijo de Odín se estremeció y levantó la mirada. Lo vio tensar los poderosos músculos de sus brazos y arrancar los grilletes de la pared soltándose. –Será ingrato –pensó Fandral antes de verlo levantar una mano llamando a Mjölnir.

Se apartó de la puerta. Un segundo después esta saltaba en astillas, derribada por el mismo Thor. Las quemaduras que Hagen le infringiera ya se habían oscurecido. Fandral lo ayudó a tenerse en pie. Todos los soldados del castillo debían estar por caerles encima. La puerta había sido derribada por fin.

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Hogun había liquidado a los guardias en la atalaya, abrió la puerta empleando todas sus fuerzas. Una vez que lo hizo se dio prisa en atorar el mecanismo que la controlaba clavándole las espadas de los norn caídos. Un grupo de soldados venía subiendo a por él para volver a sellar la fortaleza. Esperaba que Fandral ya tuviera a Thor. Sacó su arma, no era una espada sino una maza con letales picos, al estar en lo alto podía defenderse mejor, cuanto soldado se puso a su alcance fue abatido. Sacaron arco y flechas pero no tenían buen ángulo de tiro.

En cuanto la entrada de Ijósálfar se abrió, un grupo de ases encabezados por Ertan irrumpió en el patio de guardia tomando completamente desprevenidos a los norn que no esperaban un ataque justo cuando se suponía que su senescal estaba negociando una nueva tregua. Mataron a varios de ellos desarmados. Ertan sabía que Hogun debía estar en la atalaya y ordenó a sus soldados que despejaran aquella zona para evitar que el capitán quedara atrapado. Debían mantener la puerta abierta hasta que liberaran a Thor.

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Hagen había corrido de vuelta a la fortaleza con Loki a la saga. Dejó de lado sus deseos por el jötun por un momento. Estaba más preocupado por lo que pudiera pasarle a Kaarina y a sus primas. En el interior de la fortaleza se encontró con un auténtico caos. Thor se había liberado, lo cual no lo sorprendía mucho, y junto con ese capitán que siempre lo seguía, Fandral, estaba luchando en la salida hacia el patio de guardia en el cual ya había una compañía de ases batiéndose en múltiples duelos. Hagen iba a sumarse a la contienda cuando vislumbró a su familia. La gran madre real conducía a las otras dos en medio del desastre tratando de refugiarse de la trifulca. Maldijo internamente.

–El príncipe –gritaron los soldados –el príncipe Hagen.

Tenían órdenes de matar a las prisioneras antes que permitirle acercarse a ellas. Algunos hombres fieles a Kranjcar tomaron arco para ejecutarlas.

–¡No! –Hagen perdió los estribos ante aquella amenaza y se convirtió en la bestia de fuego que era. Sin embargo su acción tan solo apresuró a aquellos hombres a cumplir sus órdenes y una lluvia de flechas cayó sobre las mujeres.

El dragón negro lanzó un rugido y sin dudarlo escupió fuego sobre aquellos que alguna vez fueron sus propios hombres. Los norn se dispersaron. Thor se dirigió hacia él a paso firme. Parecían destinados a pelear una y otra vez hasta que alguno de los dos matara al otro o ambos perecieran. Hagen estaba harto del hijo de Odín, de los ases e inclusive de Kranjcar y la resistencia que quedaba de su reino. Haciendo acopio de toda su potencia lanzó fuego en derredor envolviéndose inclusive a sí mismo e incendió el castillo arrasando con todo, dándole muerte a todos a su alrededor.

Los norn y los ases escaparon hombro con hombro, bendiciendo a quién había dejado las puertas de la fortaleza abierta. Ijósálfar se prendió cual pira funeraria. En medio del desastre el senescal Kranjcar y el concejero Stánic se debatían por alcanzar la salida cuando la bestia los atisbó y sin dudarlo un instante se abalanzó sobre ellos, pasó de largo al anciano Stánic y alcanzó a Kranjcar machacándolo con las fauces. Hagen estaba completamente fuera de sí. En la fortaleza se hizo silencio mientras el dragón terminaba de masticar a aquel desdichado. Cuando se irguió, en medio del caos de fuego sólo quedaba Thor.

Hagen embistió contra él pero se desvió en el último momento, había percibido a alguien más por el rabillo del ojo y dirigió su ira contra el insensato, todo era culpa suya, si no hubiera demorado tratando de persuadirlo...

–¡Loki! –Thor maldijo descubriendo que había seguido a Fandral en aquella locura de rescate.

Hagen cerró las fauces sobre el hechicero, sólo que no se trataba de él sino de una ilusión que se deshizo en el acto. El verdadero Loki cayó sobre Hagen con un ágil salto y trató de clavar la daga que portaba en uno de los ojos ambarinos del dragón. Hagen se sacudió y Loki perdió el arma pero de inmediato la sustituyó por otra. De su brazo surgió hielo que formó una espada. Thor había visto a los jötun hacer eso muchas veces pero se sorprendió al verlo en Loki. Por momentos se olvidaba del origen de su compañero. Loki clavó el arma cegando un ojo de Hagen el cual soltó un gruñido ensordecedor. Levantó la cabeza y lanzó fuego que se volvió sobre sí mismo bañándolo. Loki hubiera muerto de no ser porque Thor voló hacia él y lo apartó del camino. La intención del dios del trueno ya no era luchar con Hagen sino salvar a Loki. Hubiera volado lejos del castillo en llamas pero la gran serpiente no se los iba a permitir. No podía volar pero les lanzó sendas bocanadas de fuego y luego se sujetó de la atalaya y tomando impulso saltó sobre ellos derribándolos.

Las luces del alba despuntaban. Thor soltó a Loki al caer. Se levantó y vio al dragón atacar con la cola al objeto de su preocupación. Loki parecía bailar, había en él una intuición que Thor nunca había visto, burlaba los ataques de Hagen como si los anticipara. El dragón se hartó de aquella danza y atacó con las fauces. Loki le plantó cara y levantando los brazos conjuró el hielo de su reino natal congelando el rostro del dragón. Eso duró apenas unos segundos. Lo que le tomó a Thor recobrar el Mjölnir y lanzarle un rayo a Hagen a los ojos. El dragón retrocedió.

–No puedo congelarlo –dijo Loki –hace demasiado calor aquí, no puedo descender más la temperatura.

Hagen volvió a la carga. Thor usó a Mjölnir para parar su embestida. Miró a Loki sin preguntarse si sería la última vez que lo haría y emprendió el vuelo. El cielo se oscureció en una segunda noche debido a las nubes de tormenta que Thor conjuraba. Comenzó a llover aunque eso no bastaba para apagar el incendio de Ijósálfar. Hagen y Loki se detuvieron un momento antes de reanudar su duelo a muerte. El dragón fue a por Loki con ferocidad y rapidez. Loki generó una ilusión tras otra, apenas y tenía tiempo antes de que Hagen diera con la correcta. Cambió de táctica y se reprodujo a sí mismo cien veces. Un centenar de Lokis lanzaron dagas de hielo sobre Hagen, con la cola y las garras Hagen se entretuvo en hacer pedazos cada uno de ellos.

Sobre ellos la tormenta crecía hasta convertirse en tromba. Los relámpagos resonaban. Thor conjuraba el viento y los rayos y los convirtió en un torbellino. Justo en eso una nueva a acometida de Hagen dio con el verdadero Loki enviándolo contra un muro que aún se sostenía en pie. Thor no dudó e hizo descender el torbellino que se había afanado en crear sobre el dragón. Hagen no resintió el embate climático, en cambio puso una pata sobre Loki y abrió las fauces para escupir fuego sobre él. Loki por su parte invocó su más poderoso hechizo de hielo. Thor le había dado las condiciones necesarias para generar una ola de hielo que inmovilizó a Hagen por completo congelándolo en fúrica expresión. Luego de que la fortaleza se viera incendiada ahora estaba cubierta de escarcha blanca. El mundo rojo de Hagen se había reducido a ese blanco invernal y silencioso, pero el dragón estaba lejos de ser vencido. Se sacudió la fría coraza que lo apresaba y reunió aliento para matar a Loki. El fuego de Hagen tardó en encenderse y Loki se apresuró a descender aún más la temperatura. Se quedaron en estático paroxismo, uno invocando fuego y el otro tratando de frenarlo con hielo. Hagen desistió de incendiarlo y mordió a Loki.

O lo intentó. Thor se interpuso sujetando las fauces del dragón con ambas manos. Lo obligó a retroceder de un empellón, levantó a Mjölnir y en ese momento Hagen devoró a Thor. Se sonrió viperinamente antes de lanzarse sobre Loki el cual no se movió ni hizo intento alguno de defenderse. La mordida final no llegó. El interior del dragón se encendió como si estuviera al rojo vivo. Aquel invulnerable a las llamas se abrasaba. Hagen se retorció en agonía y con un estertor expulsó un rio de magma y al propio Thor para finalmente derrumbarse. Gritó mientras caía, un rugido bestial que se fue tornando poco a poco humano, conforme las escamas y la carne se abrían para revelar al príncipe norn en su interior. El enemigo yacía exánime pero Loki no tenía ojos para él.

Thor se dejó caer agonizante junto al jötun, quien lo cubrió con una capa de nieve. Habían ganado. Escuchó un cuerno de guerra sonar, no podía ser otro que el del ejército de Odín que había alcanzado por fin Ijósálfar.

–Llegas tarde, Padre de Todo –murmuró Loki.

Estiró las manos y cerró una herida en la pierna de Thor que se desangraba rápidamente. Rozó su piel dejando una estela de luz verde donde lo curaba, actuaba de prisa frenando el daño. El cuerpo del dios del trueno era un amasijo de carne martirizada sangrante y lacerada.

Percibió un movimiento proveniente de dónde yacía el dragón, formó en las manos un par de dagas de hielo dispuesto a atacar a quién apareciera cuando vio salir a Hagen. Se había separado de su forma de dragón, llevaba la armadura negra resquebrajada, su cuerpo estaba marcado por golpes y su ojo derecho sangraba, se acercó a dónde estaba con paso tambaleante, pareció buscar un arma con la cual hacerse pero no había ninguna. El Mjölnir brillaba pero dudaba que Hagen fuera capaz de levantarlo.

El príncipe norn se dejó caer de rodillas, golpeó el suelo con los puños y Loki pudo ver que lloraba de coraje por verse derrotado o tal vez era por las mujeres abatidas por las flechas. Se quedó en esa posición respirando con dificultad hasta que se quitó del rostro parte de su sangre.

–Tomaste una decisión sabia al negarte a ir conmigo –dijo el dragón. –Como dices no soy suficiente para ti, soy indigno de tu conmiseración.

Hagen no tenía escapatoria y ambos lo sabían. Las ruinas en las que se encontraban estaban rodeadas por Odín y sus hombres, en cuanto lo divisaran lo capturarían. El príncipe norn pareció descolocado un instante pero después tomó la decisión férrea de mantenerse dónde estaba y acatar el destino que llegara hasta él, sino se quedó en pie fue porque su cuerpo no tuvo la misma determinación que él. Se sentó con la respiración fatigada aunque su mirada negra aún brillaba, era su única manera de demostrar que era valeroso a pesar de su derrota.

Loki comprendía ese sentimiento de ahogarse sin más dignidad que soportar el castigo.

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Un soldado se plantó ante la tienda del general Thor. Tenía el rostro ensangrentado y un sanador se acercó a él pero desdeñó su ofrecimiento de ayuda, decidido como estaba a no moverse hasta tener noticias de la suerte del hijo de Odín. No era el único, todos los ulfhednar estaban ahí en corro. Había visto el momento en que habían llevado en volandas el cuerpo de Thor. Tales heridas habrían puesto fin a la vida de cualquiera de los presentes. Su torso desnudo daba cuenta de sendas y oscuras quemaduras. Tras él había pasado el príncipe Loki. Sus facciones se mostraban tiesas como quién lucha por ocultar sus emociones y está a punto de perder la batalla. En ese momento el soldado se preguntó si el jötun lloraría ante la muerte del general. Un momento después la tienda se había iluminado con un resplandor verde. Los sanadores ni siquiera se habían acercado a ofrecer su arte, era completamente inútil. El Padre de Todo se había unido a aquella procesión con semblante preocupado.

Sólo quedaba esperar.

–Su hubiéramos continuado con mi estrategia nada de esto habría sucedido –escuchó una voz tras él. Al girarse vio al general Hibald hablando con uno de sus soldados.

–Pero no me extraña que Odínson haya caído en un arrebato, sobre todo si prestó oídos a consejos necios de ese que se dice su cónyuge –dijo su interlocutor. Como si fueran uno los ulfhednar alrededor de ellos les lanzaron miradas desaprobatorias.

–Calla Oleg, aunque tus palabras sean muy ciertas, no es momento de dar tu parecer.

Aguardaron por horas sin ninguna noticia y sin que nadie osara entrar en la tienda para preguntar por el estado de su general. De pronto salió el escudero llorando, había abandonado el interior del recinto al no poder mantener la compostura. En minutos se había corrido el rumor de que el dios del trueno había muerto. Hubo un clamor exigiendo saber lo que pasaba, en respuesta el león de Asgard, Volstagg, salió a rendir cuentas.

–Sobrevivirá –les dijo y tuvo que levantar la voz ante el ruido de mil murmullos encendiéndose. –Sobrevivirá –repitió.

El soldado no supo si era una afirmación o un deseo. Él conocía esas heridas y había visto sucumbir a muchos por ellas. El resplandor en la tienda se apagó. Esperó deseando que Loki saliera pero fue en vano. En lugar de él, quien apareció fue el capitán Fandral.

–Hombres, retírense a descansar, ha sido una jornada ardua y la guerra aún no termina así que mientras puedan recuperen fuerzas, que nuestro general está haciendo lo mismo. –Los soldados se miraron unos a otros.

–Fandral –habló uno en nombre de todos –deseamos hacer turnos de guardia frente a los aposentos de Thor, para que cuando se levante vea que le somos fieles y estamos listos para seguirlo –seguramente el dios del trueno no se iba a poner en pie pronto pero, conmovido, Fandral se limitó a dar su consentimiento con un gesto.

De inmediato los ulfhednar se pusieron de acuerdo. El soldado de ojos negros se apartó pues no requería para sí semejante honor, aunque él sería capaz de aguardar mil horas pero más bien por volver a contemplar al príncipe consorte. El problema era que no tenía mil horas. El mismo que le había salvado, que le había ocultado bajo ese rostro, le había dado un ultimátum, que revelaría quién era y lo entregaría a Odín, si no se había marchado al anochecer. Los rayos del sol ocultándose lo apremiaron a poner tierra de por medio.

–Cuando regrese cubierto de gloria recordarás este día y recordarás mis promesas –dijo Hagen y se perdió entre el trajinar del campamento.

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Un heraldo entró de prisa a la tienda. Portaba un mensaje a voz, y a sabiendas de que su interrupción no sería tolerada por su rey, soltó el correo de un tirón.

–Hagen ha muerto –declamó con voz seria. Había hecho el viaje en el menor tiempo posible para que se conociera tal noticia en el campamento –el dios del trueno lo ha matado –añadió el gigante. Los ojos rojos de su rey se alzaron hacia él, en su expresión pudo leerse el desprecio que sintió al enterarse de tal noticia, pero aún no era todo. –El príncipe Loki le ayudó en la contienda, lo asesinaron juntos.

Laufey cambió su expresión por una de asombro.

–Loki ¿está aquí? –Estaba sorprendido, lo hacía en Asgard, lejos de él. Le hizo una seña al heraldo para que se marchara. En el pabellón sólo se encontraba su hijo Hildetand. Laufey meditó un instante el mensaje, se enojó porque aquel hijo de mala cuna no le hubiera avisado de su viaje; y tras ello decidió lo que haría a continuación. –No puedo confiarte los planes que tengo para con tu hermano pues el perro guardián de Odín debe estarnos vigilando, sin embargo, no podemos dejarlo marchar de vuelta a Asgard, debe volver con nosotros a Jötunheim a toda costa.

Hildetand lo miró serio.

–Ahora es un héroe de guerra y está ligado a Thor.

–Ah, Thor –dijo soltando el aire de manera cansina, ya había escuchado demasiado de Odínson.

–He intentado matarlo, pero sus ulfhednar nunca se apartan lo suficiente de él y a su vez, desconfía de mí para bajar la guardia cuando me acerco. Si acabar con él fuera sencillo, ya lo habría hecho en Nornheim –explicó –ahora además parece que ni un dragón es capaz de aniquilarlo.

Laufey meditó aquellas palabras pero no se podía dar por vencido por ese obstáculo.

–Tengo un plan, te aseguro que ningún asgardiano impedirá que tu hermano vuelva a donde pertenece –añadió.

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CONTINUARÁ…