DE ARDIDES Y MENTIRAS
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CAPÍTULO VI
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Breves notas de la autora:
Mismos créditos financieros que el capítulo I, ya sé, siempre empiezo de la misma manera. En cuanto a los agradecimientos: Gracias, a todos los que me envían reviews, a los que siguen la historia, a los que le dieron favorite y a los que leen simplemente. Gracias a quiénes los recomiendan a sus amigas, y a quiénes en vez de estudiar, lo leen :) Por último, como siempre, gracias a Cuencas Vacías por la co–autoría de esta historia (aunque estuve a punto de matarla esta semana y sepultar su cuerpo donde nadie lo encontrara, muajaja).
Cuando dije en las notas del capítulo anterior que el V era el más largo, mentí. Este es el capítulo más largo, los demás no volverán a ser de este tamaño, me lo prometo a mí misma. Y aunque Cuencas Vacías se la pasó toda la semana diciendo que lo partiera a la mitad para hacer dos capítulos, me negué. La razón fue bien simple, quería terminar ya con el apartado bélico del mismo, por eso lo eché todo en una sola parte y voila ¡treinta páginas! Y aun así sentí que me faltaron páginas. Las que gustan de capítulos largos, disfruten este; las que no, pues les recomiendo una taza de té o una limonada según el clima. Aunque yo lo sentí muy digerible y cohesionado.
En fin, donen un review, este se los agradecerá.
ADVERTENCIAS: Mucha más sangre y política. Slash, M, AU. Hasta vergüenza me da seguir diciendo que es un Mpreg ¡pero eh, que lo divertido es hacer los niños!
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Capítulo VI:
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El concejo de guerra se reunió. Faltaba el general Thor, estaba recuperándose de las heridas sufridas en su victoria. A pesar de que Ijósálfar fue tomada decidieron no acampar entre las ruinas de la fortaleza, habían abandonado las escamas del dragón, conscientes de la maldición que portaban, y de la misma manera trataron la construcción. Tomaron provisiones, armas y prisioneros. La reunión había sido convocada por Hibald y Odín había accedido a ella.
–Tomé declaración a Hogun y Fandral. Ambos coincidieron en que el plan era rescatar al príncipe Thor y salir de la fortaleza a sabiendas de que los hired llegarían al amanecer a tomarla. En el momento en que Hagen atacó, el protector del reino se quedó junto con su consorte a combatir a la fiera hasta darle muerte –resumió Starkag. Aquella contienda se suscitó sin que ninguno de ellos estuviera presente ni tuviera conocimiento de ella. –Me fue entregado esto –dijo, al momento sacó la carta que Kranjcar había enviado –iba dirigida al rey con un nuevo tratado de paz, sin embargo, el senescal ha muerto. Hagen lo mató.
Dejó la carta en medio de la mesa, a vista de su señor el cuál sin embargo no le prestó mayor atención.
–¿Quién dio las órdenes para que se procediera de esa manera? –Preguntó Hibald, estaba en descontento y no hacía ningún intento por disimularlo –debieron poner un correo para enterar al Padre de Todo de la tregua, aunque no sé porque inquiero esto si todo el campamento sabe que fue idea de Loki –dijo, en la última palabra hubo rencor. –La princesa Sif no se toma las libertades con las que se maneja este segundo consorte.
En la mirada del padre de la joven brilló por un instante una advertencia. A Starkag no le gustaba la inmundicia de las conjuras de la corte, había procurado apartar a su hija de ellas para no convertirla en un premio a ganar por un montón de advenedizos que deseaban escalar entre los demás nobles. No iba a permitir que Hibald tratara de mezclarla en su querella contra el príncipe Loki.
–Los soldados piensan que fue la mejor opción ya que el general Thor estaba herido –dijo Starkag pragmáticamente –la acción fue emprendida, y en vista de que se ganó la batalla con pocas pérdidas, se puede considerar una buena victoria. Los capitanes tampoco consideran que hayan obrado mal, dicen que Thor hubiera perecido antes de que los hired llegaran a la cima de Ijósálfar y el correo nunca los habría alcanzado a tiempo. Hasta el protector del reino confía en Loki y le pide opinión, por eso hicieron lo que sonaba razonable –narró.
–No voy a generalizar, pero diré esto con franqueza, me tiene preocupado la influencia que ejerce este consorte sobre el dios del trueno –dijo Hibald.
No era algo nuevo lo que estaba escuchando Odín. Él mismo había percibido el influjo que el jötun tenía sobre su vástago. El día de la negociación, había calmado el ímpetu de Thor con facilidad. Su hijo era una fuerza de la naturaleza, indomable y no escuchaba a nadie, ni siquiera a él y sin embargo ese día se frenó antes de tener el Mjölnir en su mano. Tampoco escapaba a sus oídos los comentarios de que compartían tienda ¿acaso el hijo menor era la maquinación que Laufey ideó? No se le escapaba que debía existir una segunda intención en las maniobras del otro rey y este hijo no era como el heredero. La estrategia que ideó fue perfecta para el momento, lógica y hecha con pocos efectivos, tanto así que los capitanes le siguieron sin oponerse. ¿Quién lo diría? El jötun pequeño y de apariencia frágil era el peligroso.
Sus generales esperaban que dijera algo al respecto. Odín estaba consciente de que no había un sólo momento de ningún día del año en que un millar de personas no supieran donde se encontraba y que estaba haciendo. Él mandaba, y ellos obedecían; guardaba silencio y temblaban. Estaba rodeado de conjeturas y pequeñas intrigas. Sin embargo había algo en lo que nadie podía penetrar, en sus pensamientos. Nunca pronunciaba una sola palabra de importancia sin antes meditarla cuidadosamente porque sería repetida en todos los reinos. Y fue en su mente donde dejó las conjeturas relacionadas con el segundo heredero de Jötunheim.
No dijo nada. Estiró la mano hacía Starkag para que le diera la lista de los soldados caídos. Sin el Bifrost no podrían hacer llegar refuerzos por el momento.
–En su mayoría fueron soldados al servicio del general Thor, su hueste se llevó la peor parte en la contienda con el dragón –dijo Starkag. Él había perdido pocos berserkir en su maniobra en contra de Vlaövic, quien murió en combate; en cuanto a Hibald, ni un solo efectivo hired había caído pues no entraron en combate.
–Mi señor –dijo Hibald ocurriéndosele una idea. –Los einheriar generalmente están constituidos por soldados con entrenamiento ulfhednar. El príncipe consorte trajo consigo cincuenta de ellos, no son muchos pero pueden cubrir en cierta medida a los caídos. El príncipe no los echará en falta. –Con un ademán Odín expresó su aceptación de la propuesta.
También había una lista de los caídos norn y en ella figuraba parte de la familia real.
–¿Qué fue de la gran reina madre? –Preguntó leyéndola. Tenía entendido que Kaarina, a quien conoció personalmente, estaba en la construcción. Había huido con su familia cuando tomaron Rondeslottet en Nornheim.
–Ha muerto. Fandral rescató a la familia norn de las mazmorras sin embargo la gran reina madre murió bajó las flechas de sus propios hombres al salir al patio, con su sacrificio cubrió a sus nietas. Fandral intentó poner a ambas jóvenes a cubierto cuando el dragón atacó pero una de ellas se le resistió y la perdió durante la pelea. Al final sólo consiguió salvar a Héroïque, es una niña apenas, prima de Hagen. También tenemos al consejero Stánic y a un puñado de nobles –señaló Starkag. –Stánic ha pedido indulto para los prisioneros.
–No tenía intenciones de hacerlos ejecutar pero ya que lo ha solicitado, hazlo jurarnos fidelidad antes de aceptar su petición –le dijo Odín. En cuanto a Héroïque, no podían permitirse perder a aquella niña. La llevarían consigo hasta el enclave jötun. En cuanto el Bifrost pudiera usarse nuevamente, la pequeña heredera de Hagen viajaría a Asgard como rehén aunque su rango desde luego le daría privilegios, no la encerrarían en una celda. A los demás se les permitiría volver a Nornheim tras prometer lealtad. –Alguien debe velar por la seguridad de los nobles norn cuando volvamos a marchar –y al decir eso, les permitió que le dieran sugerencias de a quién nombrar para tal cargo.
–Propongo a Oleg, hijo de Olvërt. Es un guerrero valiente y de probada valía como Starkag puede dar fe –dijo Hibald. Sin duda alguna el general berserkir podría hacerlo pues se trataba de su sobrino. –Inclusive podría cuidar del príncipe consorte ahora que la guardia de palacio ha sido absorbida por el ejército, sería lo adecuado –comentó.
–Que vigile a los prisioneros –concedió el Rey, en cuanto a lo segundo que Hibald había dicho... –Veo en esta lista que el maestre de los berserkir pereció en el ataque al campamento –comentó. Starkag asintió. –Harulf, el sanador de los ulfhednar irá contigo; nombraré maestre en su lugar al príncipe con todos los emolumentos que el grado comporta, quizás así Loki encuentre su lugar dentro del ejército –dijo. Notó la mirada de ambos generales, desde luego, aquel cargo implicaba no sólo ser el encargado de la salud de los ulfhednar sino también de la del Padre de Todo y de ellos dos. Era la manera de Odín de agradecerle por haber salvado a su hijo, y había algo más, los sanadores no podían entrar en los concejos de guerra, ni opinar de ella, mucho menos dar órdenes a los capitanes.
No había ninguna razón para que Loki viajara con los prisioneros norn. Y lo que no era necesario, Odín no lo hacía.
–Tenemos noticias nuevas sobre el ejército jötun, según los informes se encuentra asediando la capital de Alfheim, en donde se encuentra Giselher con su ejército. Ostlandet es una ciudad amurallada y los resguarda bien. Laufey asegura tener todo bajo control –dijo Hibald. Alzó las cejas en señal de sorpresa, en la experiencia de los ases con Hagen, se les hacía difícil de creer que tuviera al otro dragón dominado. El rey jötun era conocido por el poderío de sus hombres pero nunca había obtenido demasiadas victorias en los años que llevaba reinando.
–No hay nada que hacer acerca de ello hasta encontrarnos frente a Ostlandet. Daremos tiempo a los hombres de recuperarse, luego nos pondremos en marcha –dijo Odín y levantó una mano para que entendieran que aquella reunión había terminado.
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Thor miró directo a los ojos de Hagen. El gran reptil resolló humo por las narices, abrió las fauces y el dios del trueno pudo observar el fuego encendiéndose en su interior listo para calcinarlo. Se plantó con firmeza y apretó el mango del Mjölnir listo para pelear a muerte. El dragón se abalanzó para engullirlo y Thor conjuró al trueno.
–Quien venza se quedará con Loki –habló la bestia.
Thor abrió los ojos en la oscuridad. No sabía si estaba muerto o vivo. Todos los músculos de su cuerpo estaban tensos listos para pelear con un enemigo que se había quedado en sus sueños. Se relajó y miró en derredor distinguiendo la silueta de la habitación donde estaba. Se trataba de su tienda de campaña. Al comprenderlo se giró en el lecho buscando. Loki estaba junto a él dormido. El alma le volvió al cuerpo. Extendió una mano para cubrir los hombros desnudos del jötun. El recuerdo de la batalla en Ijósálfar acudió con nitidez a su memoria. ¿Había matado a Hagen? No lo sabía. Se sentía extenuado, como si lo hubieran apaleado brutalmente, aunque de hecho así había sido. Se puso de pie y fue por agua. Su escudero siempre le tenía una jofaina fresca en la mesa y esa noche no fue la excepción.
Encendió un velón puesto sobre la mesa, bebió y al hacerlo se percató de una cosa más: la ausencia de dolor. Se miró las manos que se habían calcinado en su lucha con el dragón. No había signos de aquellas heridas ni de ninguna otra. Se palpó los brazos, todas las cicatrices que había tenido, inclusive aquellas previas a Hagen, se habían desvanecido. Seguro había sido obra de Loki. Un sentimiento que iba más allá de la gratitud se anidó en su pecho.
–¿Thor? –lo llamó la voz del jötun. Lo miró sentarse. –Finalmente despiertas, aunque es de madrugada. ¿Qué estás haciendo?
–Viendo tu obra en mi cuerpo. Estoy verificando si también me borraste el ombligo –Loki lo miró ofendido. A veces fastidiarlo era un placer para el dios del trueno. –No me veas como si fuera un desagradecido. Ya sé que estoy vivo gracias a ti. –Volvió a la cama y buscó los labios de su consorte, besándolo como nunca lo había hecho, despacio, saboreándolo lentamente. –Gracias –se abrazó a él y en el acto se quedó dormido nuevamente.
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Al día siguiente Odín lo mandó a llamar. Thor entró a los aposentos de su padre, estaba solo, así pues no lo había convocado a un concejo de guerra.
–Me da gusto verte recuperado hijo –dijo Odín. Además de que estaba orgulloso de Thor por haber dado muerte a Hagen aunque no lo expresó en ese momento.
–Mandaste por mí –dijo el dios del trueno.
–Partimos de inmediato –Thor ya lo suponía. –Haz que tus hombres levanten los pertrechos. Para la segunda jornada debemos estar en movimiento. Laufey está asediando la capital de Alfheim, no podemos perder tiempo. –Thor aceptó la orden con un asentimiento. –Instaura la más rígida disciplina militar. Podrá parecer que tras destruir Ijósálfar nuestro trabajo ha concluido en este reino, pero no es así, no estamos para festejos, tomar Ostlandet será la parte más dura y no quiero que nuestros hombres estén por debajo de los jötun.
–Así se hará.
–También va para ti y tus capitanes –advirtió Odín.
–Lo sé –Thor sonrió. –Nada de excesos, ni vino, ni banquetes, ni mujeres –dejó a su padre para cumplir sus órdenes.
Debía advertir a Fandral de no coquetear con las prisioneras norn, y a los ulfhednar en general de no buscar compañía ni con ellas ni con civiles de los poblados alfh. Suspiró dándose cuenta de que quizá debería poner distancia entre Loki y él, nunca pedía a sus hombres nada que él mismo no hiciera. Lo haría instalar en su propio pabellón y se cuidaría de no abalanzarse sobre su persona. Estaba en ello cuando llegó ante aquel en quién pensaba, Loki le miró y Thor perdió el hilo de sus cavilaciones ante aquellos ojos verdes. Bueno, seguro no pasaría nada si solo compartían la tienda y dormían juntos.
Loki no tenía entrenamiento militar, a pesar de que Laufey había mandado a instruirlo cuando era niño. Aquello fue un desastre y dio pie a que Hildetand se instaurara definitivamente como su superior e hizo que la difícil relación que tenían por ser hijos de madres distintas, adquiriera un cariz amargo y abusivo. No aprendió nada útil en cuanto a habilidades de combate, dio indicios de ser capaz de planear estrategias brillantes y de poder administrar a las tropas pero Laufey no apreció aquello. Y ahora estaba en medio de una guerra. El Padre de Todo lo había nombrado maestre del contingente que capitaneaba Thor, de los generales y de su propia persona. Loki estaba sorprendido y, aunque nunca lo admitiría, halagado de semejante muestra de confianza. Aunque pronto se dio cuenta de que quizá aquello había sido una estratagema de Odín para mantenerlo al margen de los acontecimientos e inclusive de la persona de Thor. Estaba muy ocupado, un maestre no sólo atendía a los heridos, sino que también debía administrar las provisiones médicas, aunque él no las ocupaba. Sumado a ello se esperaba que como cualquier soldado supiera bruñir la armadura que le dieron, mantener afilada la espada, que tampoco ocupaba, y atender el caballo que le asignaron. La vida en campaña le estaba resultando dura.
Sabía cabalgar pero no tenía habilidades destacables, en Jötunheim no se ocupaban caballos. Al segundo día de marcha dominaba a su montura pero quitarle los arreos al final de la jornada seguía resultándole infructuoso.
–¿Necesitas ayuda? –Lo abordó uno de los veteranos de los ulfhednar. –Presta atención muchacho, ya te enseño como se hace –le dijo y se puso a quitarle la cabezada, la silla y las bridas. Loki había observado que los soldados de Thor se trataban con demasiada familiaridad. Inclusive llamaban por su nombre al hijo de Odín, sin títulos reales ni militares. Que lo llamara "muchacho" no le extrañó. Estaba a gusto con los ases, de los jötun siempre obtenía mofas por su apariencia. –Soy Bran –se presentó aquel soldado, no hacía falta que el hechicero le dijera su nombre. –Loki supimos que el rey trató de arrear tu culo fuera de la tienda de Thor.
–¿Cómo dices?
–¿No lo sabías? –Claro que lo sabía, lo que preguntaba era ¿en qué términos te atreves a hablarme?
–Menos mal que no lo hizo. Pensamos que después de que Hagen casi lo hiciera escupir el hígado para vencerlo y que casi se muere y todo eso, se merece que al llegar a dormir alguien le tenga caliente el lecho.
–¿Qué cosa? –El soldado se rió, le pasó los arreos del caballo y le dio una palmada en la espalda dejándolo más que anonadado.
Pronto descubrió que no era el único chiste que corría entre la soldadesca, también se preguntaban cuál era la diferencia entre una bosta de vaca y un alfh. O cuántos ases se necesitaban para conquistar Ijósálfar, la ex impenetrable; la respuesta era veinte, y uno ya estaba encerrado dentro. Los hombres estallaban en risotadas, a Loki no se le pasó desapercibido que a él lo habían considerado como uno de ellos.
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Llevaban tres días de camino rumbo a la capital de Alfheim. Hibald quería que instalaran el campamento y lanzaran a sus soldados al ataque, pues, en la distancia ya se distinguía Tonsberghus, una ciudad menor y paso obligado rumbo a la capital. Starkag y Thor estuvieron de acuerdo con él, pero antes de que Odín diera la última palabra un mensajero salido de dicha ciudad les dio alcance. Galopaba con la bandera blanca enarbolada. Lo dejaron acercarse con un mensaje para el Padre de Todo. La gobernadora de la ciudad se rendía y les prometía darles la bienvenida y hospedarlos como a huéspedes distinguidos a cambio de que no mataran a su pueblo. Odín aceptó. El mensajero partió de vuelta con aquella respuesta. Pero Odín no era rey de Asgard por ser confiado.
–Hibald –lo llamó –toma una compañía de hired y adelántate, asegúrate de que esto no sea una treta para meternos en la boca del lobo. –Su general hizo como le ordenaron. Thor volvió sobre sus pasos rumbo a Fandral y Loki.
–¿Qué pasa? –Preguntó Fandral –¿acamparemos?
–No –respondió Thor. –La ciudad se rindió sin pelear –dijo y los ulfhednar a su alrededor repitieron aquello con entusiasmo pues implicaba que tal vez podrían dormir en camas de verdad esa noche, comer algo fresco y, Loki pensó, con un poco de suerte tomar un baño decente.
Un soldado volvió con la noticia de que podían ingresar a la ciudad. El ejército volvió a marchar, una vez saliendo del bosque se encontraron con un amplio camino adoquinado donde todos avanzaron con mayor facilidad. Conforme se acercaban observaron campos de cultivo, algunos teñidos de dorado, otros sembrados de flores de colores encendidos y otros más en pleno verdor. Las torres de Tonsberghus se divisaban desde donde se encontraban, relucientes contra el cielo, Loki las admiró y por un momento pensó que la ciudad estaba bañada en plata. Sólo conforme se acercaban notó que no era así, estaba encalada. No tenía murallas defensivas, las calles amplias estaban flanqueadas por edificaciones de poca altura, todas blancas, si no se hubieran rendido los habrían masacrado con facilidad.
–Los soldados acamparán fuera de la ciudad, entrarán únicamente generales, capitanes, los segundos mandos y una pequeña guarnición de diez hombres de cada unidad –mandó Odín a Starkag. –Que vigilen en todo momento a los prisioneros norn –añadió. El general asintió. Agradecía que Tonsberghus se hubiera rendido pero eso no significaba que pusiera al alcance de la mano de la gobernadora a sus antes aliados, en cuanto a su negativa de que entrara todo el ejército, no deseaba consentirlos pues en cualquier momento entrarían en combate.
El recibimiento que tuvieron no era el que esperaban. Los alfh se habían reunido fuera de sus casas a observarlos, en sus rostros se leía una esperanza y un brillo en los ojos como si estuvieran viendo a sus salvadores. Algunos inclusive aplaudieron ante su paso lo que desconcertó en gran medida a los ases. Hibald estaba con la gobernadora de la ciudad, Dgeir, quien recibió con grandes muestras de respeto al Padre de Todo y señaló su propio hogar como la residencia que podían ocupar. Loki notó que las construcciones estaban ideadas para un clima cálido, por eso mismo no eran de madera ni tenían chimeneas, sin embargo por las calles se percibía un viento gélido venido del oeste. Fueron invitados a cenar. Mientras la comida era preparada les mostraron cuáles serían sus habitaciones. Ni siquiera lo meditaron, Thor y Loki tomaron la misma alcoba. El jötun obtuvo el baño que tanto había ansiado.
En la cena, Dgeir cedió su asiento a la cabeza de la mesa al Padre de Todo y ella se sentó inmediatamente a la derecha con su familia. A la izquierda de Odín se sentaron sus generales, el príncipe consorte, los capitanes y los segundos al mando. A Loki no le pasó desapercibido que las dos hijas de la gobernadora habían sido sentadas frente a Thor y sus amigos, y que estas los miraban con interés, no supo porque lo hizo ya que no debía darle importancia pero colocó su mano sobre la de Thor que la giró para entrelazar sus dedos sin ni siquiera despegar los ojos de la conversación entre su padre y los demás presentes.
Les sirvieron buey asado pero rechazaron el vino.
–Padre de Todo. Es un honor recibirte en mi casa y en mi ciudad, que ahora es tuya –inició la conversación Dgeir–si hay algo que podamos hacer por ti y por tu ejército, bastará el mínimo gesto –añadió con una sonrisa.
–Que las nornas nos amparen, más políticos –le susurró Thor a Loki, –y seguro que también quiere una alianza. Tú presta atención –dijo. Y él empezó a comer.
Hibald miró al rey pidiendo permiso para hablar, y Odín se lo concedió con una breve mirada de su único ojo.
–Seguramente mantiene comunicación con las demás ciudades –dijo el general. La gobernadora asintió aunque con un gesto no muy convincente. –Y eso incluye Ostlandet –apuntó. Dgeir podía cederles su ciudad pero su verdadero rey no estaba más que a un día de distancia, y no era el único que pensaba que aquella muestra de generosidad escondía algo.
–La verdad es que la comunicación con Ostlandet se perdió hace una semana, ya envíe diversos correos pero ninguno ha vuelto. Dejé de enviar hombres esperando que fuera la ciudad la que se pusiera en contacto con nosotros –dijo ella. –Tampoco he tenido comunicación con Akershus y Vardohus, las otras ciudades cercanas, por lo menos no de una manera oficial. Sin embargo sabemos que sucumbieron ante el ejército jötun, algunas familias lograron escapar y llegar hasta aquí. Lo que sé me fue narrado por ellos –sus palabras se apagaron.
–Aun así, podrías infórmanos de la posición de los jötun –insistió Hibald.
Dgeir estiró la espalda en su asiento, en una mano tenía una servilleta que estrujó nerviosamente. Intercambió una mirada con los generales pero finalmente posó sus ojos en el rey Odín.
–Los jötun asedian Ostlandet. No sabemos qué ha pasado con nuestro rey o con la población que se encuentra dentro. Lo que sí sabemos es que Akershus y Vardohus son su abastecimiento. Mataron a los hombres que presentaron resistencia, a los que se rindieron se los dieron de comer a sus bestias de ataque; en cuanto a las mujeres y los niños, ahora son sus esclavos –dijo horrorizada. Ninguno dio muestras de estar sorprendido por aquel despliegue de brutalidad por parte de Laufey y sus hombres. Ahora estaba claro porqué la ciudad se les había rendido y porqué la obsequiaban al Padre de Todo. Dgeir esperaba salvar de esa manera a su gente de correr la misma suerte. –No sé a qué distancia de la ciudad se encuentra asentado en este momento el ejército de Laufey. Un glaciar surgido de la nada ha rodeado la zona, nuestra capital está aislada.
Odín volvió la vista hacia Loki y éste entendió la pregunta tácita que le hacía. Asintió en respuesta.
–Si –se dijeron con una mirada –Laufey había usado el cofre de los antiguos inviernos.
–Te agradecemos lo que nos has contado y hecho, no olvidaremos la hospitalidad que Tonsberghus nos ha granjeado –le dijo Odín. Aun así en ese momento eran los jötun y no los alfh sus aliados.
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Las alcobas de la ciudad estaban lejos de tener comparación con las que poseían en Valaskialf pero sin duda, eran mucho mejor que los talamos del campamento. Loki se estiró sobre la cama tan largo como era, si tenían suerte esa noche la podrían dormir de un solo tirón. No podía entender cómo es que a Thor le gustaba tanto la guerra, era cierto que la gloria de la victoria era un sentimiento difícil de igualar pero tenían bastantes privaciones, entre ellas la del sueño. Thor se había quedado en un concejo con su padre pero fue bastante corto, no tardó en aparecer y de inmediato despojarse de su armadura y tirarse a su lado en el lecho. Ambos se quedaron en silencio con sus propias conjeturas.
Loki era un ser racional, y ese lado le indicaba que aprovechara para descansar antes de que apareciera un dragón o cualquier otro desastre a interrumpir; pero otra parte de sí, aquella que solía tener arrebatos de ira, valor y pasión ahora le pedía saciarse de Thor, y le indicaba que era un momento oportuno. Thor le contó de la regla dentro del campamento, la que prohibía hacer banquetes, beber vino y buscar placer. En ese momento no estaban dentro del acantonamiento, no estaba cansado y la presencia de ninguno había sido reclamada. Mientras, el hijo de Odín se giró en el lecho para darle la espalda al jötun. Estaba buscando el sueño pero no lo alcanzaba y en cambio era consciente de lo corta que era la distancia que los separaba. Recordó su obligación de poner ejemplo dentro del campamento, eso le hizo soltar el aire y dominar su deseo.
Los rumores decían que Loki tenía hechizado a Thor. Aquello era mentira pero algo debieron de haber visto los demás, entre ellos Ull, para asegurar tal cosa. ¿Podría ser verdad? La primera vez que yacieron no podía considerar que lo sedujo, sólo se le arrojó a sus fuertes brazos y Thor había hecho lo demás, igual que el día después de la boda. Lo meditó y la idea de besarlo, de incitarlo y hacerlo romper sus propias reglas fue lo que lo impulsó. Tan seguro estaba que creó aquella barrera que dejaba fuera a Heimdall. Thor no estaba dormido, ya sabía distinguir cuando lo estaba y su respiración no era tan acompasada.
Lo rodeó por la espalda pegándose a él. Su boca rozó la nuca de Thor y con una mano apartó la cabellera rubia. Enterró su nariz en ella, la tenía espesa y dorada, el olor terrenal que despidió le provocó una erección casi dolorosa. Se enderezó lo suficiente para alcanzar su cuello y recorrerlo con besos, de inmediato el otro se giró, le tomó de las manos deteniéndolo. La alcoba estaba a oscuras pero la luz de la ventana les fue suficiente para poder distinguir los rasgos del otro. Thor lo cuestionó con una mirada, pero no dijo nada, en cambio tragó saliva. Ambos se miraron paralizados por un instante, hasta que Loki se soltó de su agarre, le tomó del rostro y buscó sus labios. La boca de Thor se abrió bajo la suya. El dios del trueno tenía la garganta seca y de pronto sin saber cómo, tenía a Loki entre los brazos y sus manos buscaban su piel bajo la ropa recorriendo su espalda hasta alcanzar sus nalgas y apretarlas acercándolo tanto a sí mismo que sus miembros se rozaron. Sus bocas se separaron y Loki se desprendió de la ropa que lo cubría tomando nota mental de buscar un hechizo que agilizara todo eso en un futuro.
–Espera –le dijo Thor recobrando lucidez. Loki decidió que no quería dejarlo pensar.
–No estamos en el campamento –le dijo, su mano descendió por su vientre hasta alcanzar su hombría aprisionada entre la tela. La palpó y la acarició, la sintió despertar bajo sus dedos. –Además, no estás buscando compañía, soy tu esposo y reclamo mis derechos como tal –en lo último no pudo evitar sonreírle como a punto de cometer una travesura.
–Eres terrible Loki –dijo Thor pero cerró los ojos y se dejó estimular por su amante.
Mientras lo tocaba Loki delineó la barbilla de Thor con sus labios, aún en las zonas en la que la barba le picaba en el rostro y fue posicionándose arriba de él. Colocó cada pierna al lado de la cadera del rubio y se rozó contra su entrepierna.
–Pensé que esto pasaría desde que llegue al campamento –le dijo bajando por su cuello hasta su fornido pecho, le lamió la piel probándolo con urgencia –y luego que sucedería tras derrotar al dragón. No había mejor manera que celebrar que esta.
–Excepto que estaba moribundo en las dos ocasiones, mejor cállate –pidió Thor con voz ronca. Cogió a Loki por un brazo y lo haló abrazándose a él, lo necesitaba justo como estaba, con su cuerpo pegado al suyo. Se comieron a besos, y Loki quería decir algo más, pero la forma en la que le dijo que se callara le gustó. No lo dijo como una imposición, lo dijo mordiéndole los labios con cuidado, comiéndole la boca, enroscando su lengua con la suya y agarrándolo por la cintura.
La puerta se abrió de pronto.
–Thor –llamó Fandral buscando una luz pero entonces debió comprender lo que estaba pasando. –¡Thor! Rechacé dos insinuaciones debido a tu orden y ahora te encuentro… ¡Dos! ¡De las dos hijas! –Hizo un gesto como si no valiera la pena seguir hablando y cerró la puerta, aunque un segundo después la abrió de nuevo –tú padre te manda a llamar, y a mi contigo, así que te espero aquí afuera –le dijo cerrando con un golpe.
Thor miró a Loki de vuelta. De no ser por la advertencia de Fandral de aguardarle, llegaría tarde a la reunión con Odín sin pensarlo ni un instante sin embargo aunque su cabeza sabía que debía ir, su cuerpo le pedía una cosa diferente. Loki no se había movido ni un poco, parecía leer cada uno de los pensamientos del dios del trueno y que al parecer esperaba que él dijera algo. Movió una mano acariciando su rostro.
–Esto debe ser un castigo de Tyr y demás dioses bélicos, ve –le dijo finalmente. –Te estaré esperando –y eso último lo dijo con un tono que hizo sonreír a Thor y menear un poco la cabeza.
–Más vale que sea Giselher aporreando la puerta –dijo ofuscado.
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Loki paseó por la habitación con el calor de las manos de Thor todavía sobre su cuerpo. Fue a la ventana y le pareció que a lo lejos distinguía un resplandor. Un incendio, debía ser el maldito dragón. Esperaba que Odín no tuviera intenciones de enviar a Thor a luchar justo esa noche cuando él lo necesitaba más que cualquier guerra. En el pasado se había forjado a sí mismo con férrea voluntad. No confiar en nadie, no necesitar a nadie, no ponerse en manos de nadie. Esas tres reglas autoimpuestas le habían salvado el pellejo más de una vez durante su dura infancia en Feigefossen, el palacio de Jötunheim. Pero con Thor, era como si nada de eso valiera. Y ahí estaba, de pie en la oscuridad esperando por él como cualquier enamorado. ¿Enamorado? Su lado más racional atrapó aquel pensamiento y lo desechó.
–No estoy enamorado –dijo para sí mismo. El incendio en la distancia pareció acrecentarse un momento antes de apagarse súbitamente. Loki no lo hubiera creído de no haberlo visto con sus propios ojos pero empezaba a nevar. Seguramente aquel fuego que había alcanzado a divisar había sido sofocado con la magia del cofre de los antiguos inviernos.
Abrió la ventana y estiró una mano atrapando un copo en ella. En cierta forma era como volver a su natal mundo de hielo. No podía decir que guardara gratas memorias familiares pero la nieve era otra historia, era lo único bueno que había tenido en su hogar. Su impoluta blancura y lo silencioso que resultaba el mundo cuando se enterraba entre ella, esos habían sido sus remansos de paz. Decidido como estaba a no volver a las garras de su padre, pensó que nunca más tendría nieve. Tras cerrar la ventana volvió al interior de la habitación. Estuvo tentado a salir en busca de Thor pero su lado racional venció por una vez y se decidió por volver a la cama, aunque antes de ello escribió una nota en un trozo de pergamino el cual puso a su lado.
"Despiértame" decía. Por Siofua, se durmió pensando en formas cada vez más interesantes de que Thor cumpliera aquella sencilla petición.
Durmió pocas horas, parecía ya haberse acostumbrado a ello, despertó por sí mismo. El alba empezaba a clarear, la nota que expresaba su anhelo seguía junto a él. Thor no había vuelto. Malhumorado se vistió y salió de la habitación. La mansión estaba inusitadamente silenciosa. Toda la ciudad lo estaba. Nada habituados a tal frío, medio pueblo había salido al bosque cercano a proveerse de madera para encender fogatas. La otra mitad estaba ocupada tratando de refugiar a sus animales y salvar algo de sus cosechas, los colores que los campos aledaños lucían apenas un día antes habían desaparecido bajo el manto invernal. Era una muestra de crueldad el que Laufey le hiciera eso a aquel mundo. Mataría con el frío las plantas, el ganado, los cultivos; y aunque ganara la guerra y detuviera la magia del cofre, aquello destruido no volvería a la normalidad así como así, tomarían siglos que aquella magia revirtiera del todo.
Dio con Volstagg en las cocinas de la mansión que era la habitación más cálida de todas, el pelirrojo desayunaba solo. Él le dio razón de Thor. Al parecer durante la noche Giselher había atacado a los jötun a unas diez leguas de distancia. El Padre de Todo había enviado al dios del trueno a recabar noticias de Laufey y los suyos. Al menos esta vez no le había ordenado que acudiera a matar al dragón.
–Loki ahora mismo no siento aprecio por ti –le dijo cuando ya lo dejaba. –Tengo heladas hasta las pelotas y tú tan campante.
Hacia mediodía Thor regresó, antes inclusive de presentarse ante su padre fue a buscarlo a sus aposentos, estaba muy serio.
–Tu padre y tu hermano vienen en camino –le contó. –Debo informárselo a mi padre. Seguro tendrán un conclave para hablar de la guerra –Loki se había clavado en el piso. No tenía deseos de ver a esos dos. No cuando Thor lograba que se olvidara de ellos. El dios del trueno le contó lo que había presenciado durante la noche. Giselher, el dragón rojo, había destruido Akershus y Vardohus. Los pueblos que proveían al ejército jötun. Laufey había frenado a la bestia con el cofre de los antiguos inviernos, aunque con ello terminó el trabajo que el dragón empezara. –Unos pocos alfh lograron evadirse, los demás están muertos, quemados en el incendio o congelados con magia.
–El rey jötun no es dado a la misericordia –le explicó Loki. Thor debía irse pero antes de ello el jötun lo retuvo de la capa y le plantó un beso que empezó con desesperación, uno que encerraba el anhelo de estar juntos y que terminó lentamente, con un resabio a tristeza. –Lo necesitaba antes de ver a mi padre –le explicó Loki y Thor entendió que aquel rencor hacia su progenitor encerraba además miedo. Hubiera debido consolarlo pero ya había postergado demasiado cumplir con sus obligaciones de soldado al servicio del Padre de Todo. Le apretó las manos a Loki y con esa caricia se separaron.
La gente del pueblo se encerró en sus casas en cuanto supieron de la llegada del rey de los gigantes de hielo. Esperaban que el Padre de Todo no se olvidara de qué Tonsberghus ahora le pertenecía. Laufey llegó con sus generales y una pequeña escolta lo cual tranquilizó en gran medida a los alfh. Como Thor supuso Odín convocó a su estado mayor. A pesar de que Hibald prefería dejarlo al margen, Loki seguía siendo príncipe de Jötunheim y fue invitado también. Aunque tal reunión era en su propia casa, Dgeir quedó fuera. La sala de la mansión los alojó.
Estaban el Padre de Todo con sus tres generales y Laufey con los suyos; Kjolen, que comandaba a los guerreros; Ásgeir que dominaba a las bestias de ataque; su heredero Hildetand, que tenía una escaramuza con los más sanguinarios combatientes; y por supuesto Loki.
En la casa se respiraba un ambiente frío. Kjolen desenvolvió un mapa para explicar al Padre de Todo sus maniobras. Ostlandet estaba rodeada de altos muros de hielo, un auténtico glaciar; aun así tenía dos salidas; una que era el paso de los jötun por provisiones, y la otra era un puerto con salida al mar, sin embargo la onda del cofre de los antiguos inviernos congeló las aguas y había cerrado esa vía de escape. La ciudad, estaba sitiada, no sólo por el hielo que cubría todo y mataba lo que estaba a su paso; Hildetand había apostado un cerco de guerreros que no debían permitir a nadie salir de ella, habían construido atalayas para vigilar y en el mar había otros cientos de oteadores vigilando además de rondas permanentes de las bestias de ataque las cuales marchaban donde el hielo era grueso y donde no, podían nadar.
–Nadie entra o sale de Ostlanted sin nuestro conocimiento. Los oteadores tienen órdenes, aquel que no derribe a los hombres o a las aves, tiene que pagar con su cabeza –explicó Hildetand –ya han rodado algunas –añadió con una sonrisa.
Cabezas, picas y murallas. Hildetand había aprendido bien las lecciones de Laufey.
–¿Qué hay de Giselher? –Preguntó Odín.
–No había salido de Ostlandet. Ayer su incursión nos tomó por sorpresa, creímos que atacaría nuestro enclave, no sus ciudades. La temperatura helada le impide que pueda utilizar el fuego pero hace daño con garras y cola. El cofre de los inviernos antiguos le mantiene prisionero en su propia ciudad –dijo Laufey –rendir la ciudad por hambre tomaría meses, tienen suficiente comida como para alimentar a sus soldados, y según hemos escuchado, han matado a sus caballos para procurarse carne y ahorrar forraje; en cuanto a nosotros, siempre y cuando no arrase el resto de sus propias ciudades podemos obtener provisiones. No quiero estar casi un año soportando a Giselher, así que me niego a seguir esa estrategia; y una solución pacífica es impensable –explicó Laufey.
Odín no la iba a sugerir. Giselher los despreciaba tanto que antes preferiría morir que tener que pactar con Laufey o con él. En cuanto a rendir la ciudad, Odín sospechaba que el rey alfh soportaría hasta la muerte de toda su población. Y él no deseaba quedarse todo ese tiempo con el Bifrost sellado; al menos en esto estaban de acuerdo.
–Cuando entré a la ciudad, vi que tus guerreros tienen algunos problemas con la nieve –continuó hablando Laufey con una mirada de burla. –Te advierto, no descenderé ni una capa de hielo para que las monturas avancen, es lo único que detiene el aliento de dragón –señaló Laufey con cinismo. Odín casi pudo ver como Thor rodaba los ojos exasperado.
El rey jötun era capaz de oler la debilidad igual que un perro olía el miedo. El Padre de Todo dejó caer su peso sobre la silla, apoyó las manos sobre los brazos de esta, como si estuviera tomando impulso. Miró al gigante con expresión serena.
–Esta tierra ha quedado desolada, la has hecho ideal para tu raza y te la has apropiado. Cuando la guerra termine, Asgard se quedara con Nornheim –dijo Odín cambiando radicalmente de tema, no iba a entrar en confrontación con Laufey porque sus hombres no pudieran usar la caballería. Alfheim había perdido por completo Ostlandet, las tierras y su mar ¿quién querría vivir ahí? ¿Quién soportaría tal clima? Odín no hubiera querido aquello para los habitantes de aquel reino pero él no era el único en aquella guerra, Laufey sabía eso, y había actuado en consecuencia.
–Perdone, Padre de Todo –dijo tomando la palabra Kjolen –¿no es un poco pronto para repartir el botín? –Preguntó confundido, quizás hasta un poco alterado por sus palabras.
–Ostlandet ya está vencida –aseguró Odín –ya has decidido que entraras a la ciudad por la fuerza y la harás tuya. Renuncio a mi parte del saqueo, no me interesa, y lo único que te recordaré fue que al pactar la coalición prometimos no cometer genocidio –dijo. Laufey y su hijo, tan sedientos de sangre que no tendrían contemplación por los inocentes. Ese pensamiento le hizo pensar en el segundo vástago del rey, lo miró apenas en un atisbo. A diferencia de Thor, a quien aquellas negociaciones jamás le habían llamado la atención y que si guardaba silencio era porque él siempre se lo recordaba; Loki lo miraba con sumo cuidado, como si él pudiera enseñarle algo, con tanta atención que Odín sintió el escrutinio. –En respeto a nuestra alianza, preguntaré ¿qué necesitas?
Laufey no se dejó apabullar.
–A tu hijo –respondió sonriéndose. Odín notó aquella sensación molesta que lo perseguía desde el día en que pactó con Laufey, cada vez que preguntaba lo mismo, obtenía una respuesta similar, nunca dejaba de cuestionarse qué deseaba en verdad el gigante. –Lo quiero en la retaguardia con sus hombres. Verás, entre los muchos dones que se nos concedieron a los jötun no está el de volar y eso siempre es útil cuando tu enemigo es un dragón; no quiero que Giselher pueda escapar. Si la ciudad cae, su rey debe hacerlo con ella –dijo. Luego le señaló el mapa –esta población es la única salida al valle de hielo, he congelado Akershus y Vardohus, ahí ya no hay nada de interés. Ya que están aquí podrían vigilar que no lleguen refuerzos del resto de las ciudades con intensión de ayudar a Ostlandet.
Odín miró el mapa nuevamente. Estaba al tanto de los peligros que su hijo correría si él aceptaba que fuera con el ejército de Laufey, pero precisamente lo ponía en situaciones difíciles para que aprendiera las lecciones que le llevarían a la sabiduría. Su hijo era un héroe al que le faltaba mucho para ser un rey. Llegaría el día en que Thor recordaría este período de su vida con nostalgia.
–Está bien. Mi hijo, el general Hibald, las guarniciones de hired y de ulfhednar irán contigo –accedió Odín –yo me quedaré en Tonsberghus, está ciudad nos da suministros así que no puedes dar cuenta de ella –dijo.
Laufey no hizo ningún gesto de que aquello le molestara, en cambió pidió algo más.
–Loki se sumara al campamento jötun. –En ese momento observó a su hijo, un destello brilló en sus ojos pero el Padre de Todo no supo descifrar si la mirada era de aprobación o de repugnancia.
–Los jötun no lo necesitan y nosotros sí. Se quedará en nuestro campamento –contradijo Odín. No deseaba que padre e hijo tuvieran oportunidad de planear un ardid, aún no sabía que esperar del segundo heredero y hasta el momento en que no lo supiera, no lo quería cerca de Laufey. –El general Hibald quedará en mi representación dentro de tu acantonamiento, con potestad para hablar con mi voz y autoridad en estos asuntos de guerra. Me parece que eso es todo –finalizó.
–Nos marcharemos antes del atardecer, tu hijo ya debe ir con nosotros junto con sus hombres –dijo Laufey, como queriendo ser quien tuviera la última palabra. Tras ello se puso en pie junto con el resto de su concejo de guerra y abandonaron el salón.
Odín permaneció un instante más sentado en su silla. Mandaba a Hibald porque era mucho más desconfiado, vigilaría que a Thor no le sucediera lo mismo que en Ijósálfar. Starkag era un buen hombre, un excelente guerrero, pero era blando con el príncipe, a diferencia suya, el general de los hired le recordaría a su heredero cuál era su posición y cuáles eran sus obligaciones. Le hizo una seña a Thor.
–Ten los ojos bien abiertos. En la batalla, los ataques llegan por donde uno menos los espera –le pidió.
–Los tendré bien abiertos, padre –repuso Thor.
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Al menos se irían juntos. Eso fue lo que Loki pensó. Si Thor y los ulfhednar seguían a los jötun él iría con ellos en calidad de maestre. Al menos no se separaría de él. Salió de la mansión al jardín el cual era basto pero ahora semejaba una tundra, sus pensamientos acumulaban pesar aunque no tenía ganas de ponerse nostálgico. Era el paisaje que le recordaba Jötunheim lo que le tenía en ese estado. Se dejó caer en un cúmulo de nieve. La sensación de silencio era casi tangible. Sus cabellos y ropa se humedecieron pero claro, no tenía frío. Permaneció allí hasta que escuchó pasos acercándose, los reconoció y se incorporó entre su refugio de nieve, era Thor que avanzaba hacia él envuelto en una piel blanca. Loki la reconoció, era la que le había regalado el día de su boda, la que había usado durante el enlace. Sonrió. El dios del trueno se veía preocupado, sin duda tener a Laufey cerca le arruinaba el ánimo a cualquiera. Loki se inclinó sobre la nieve y la juntó con las manos apelmazándola hasta formar una bola.
–No te atrevas –le advirtió la voz de Thor un segundo antes de que se la arrojara de lleno en el rostro. –¿Acaso Loki, que es tan propio, juega con nieve? –Le increpó sacudiéndose tan mortífero proyectil del rubio cabello. El jötun se encogió de hombros y comenzó a preparar otra bola. Thor corrió hacia él, igual le dio en el rostro pero eso no lo frenó de llevárselo por delante y caer juntos rodando. Loki se reía como si fuera un niño, el dios del trueno nunca lo había visto así. Se jalonearon uno al otro porque Loki ahora insistía en meterle puñados de nieve entre la ropa. Tuvo que dominarlo echándosele encima e inmovilizándolo con su cuerpo. –Que soy tu superior en el ejército, esto es desacato –se quejó Thor riéndose.
Loki lo hubiera besado pero sabía que podían estarlos observando y había comprendido que Thor nunca le daría un gesto de afecto de tal magnitud ante nadie. La sombra de su primer matrimonio se interpuso entre ellos. Ya desquitaría todos esos besos pendientes en la alcoba.
–Vuelve dentro, seguro alguien está por gritar: Thor, Thor; y echarte encima alguna tarea urgente –le dijo Loki. El rubio le hizo caso y se pusieron de pie. Lo cierto era que debía alistar a sus hombres para partir. –Yo iré en un momento– le pidió Loki. Thor le acarició el rostro con manos frías aunque no llegaban a tan baja temperatura como la que Loki tenía en ese momento. El dios del trueno lo dejó, en cuanto lo perdió de vista Loki habló. –¿Hace cuánto que nos observas Hildetand? –Para hacerle saber que era consciente de su presencia aun cuando había permanecido fuera de su vista.
Su hermano surgió casi como si hubiera brotado de la nieve, miró hacia el sitio por dónde se marchó el aesir, sólo para asegurarse que no volviera.
–Desde que empezaron a actuar como bufones. Esos instintos tuyos, ¿te sirvieron para matar a Hagen? – le preguntó acercándose. Notó el escrutinio que le hizo con la mirada, no llevaba armas y a pesar de sus palabras, midió su tono de voz para no ser provocativo. Sólo quería charlar. Loki asintió. –Padre está orgulloso de ello –dijo el gigante. Y ver a su padre en tal estado por su hermano menor no era algo que se viera todos los días.
–Ya, seguro se le olvida pronto –aseguró Loki y Hildetand no lo contradijo.
–Yo también lo estoy –añadió. Loki lo miró como si lo hiciera por primera vez.
– ¿Qué quieres? –Ellos dos ya nunca hablaban como no fuera con un propósito.
–Padre me ordenó transmitirte sus órdenes, debes volver con nosotros. –Loki lo miró con extrañeza. –Quiero que sepas que no estoy de acuerdo con el hecho de que te use y menos de la manera en que lo está haciendo, aun cuando no me cuente todos sus planes –El hechicero estaba aún más confundido. Era lo más cercano que su hermano había estado de decirle que le importaba de alguna manera. –Encuentro totalmente abominable que estés casado con un hombre, y peor aún con ese que padre escogió para ti.
–¿Y qué quieres que haga? No me disculparé por algo que no elegí –replicó de inmediato.
Hildetand sabía que eso era cierto, Loki no escogió pero finalmente no se negó. Cuando le había preguntado a su padre el porqué de esa boda, le dijo que un niño podía jugar con espadas pero sólo un auténtico hombre accedería a un matrimonio de conveniencia, con todo lo que ello significaba. En ese momento Laufey también se mostró orgulloso de Loki.
–Si fuera rey de Jötunheim anularía el enlace –dijo de pronto. La cara de sorpresa de Loki no se hizo esperar –no estoy proponiendo parricidio. Aunque igual podría ayudarte a enviudar, se nota que Thor confía en ti, si me ayudaras a entrar en sus aposentos…
–¿Qué? ¿Lo matarías tendido en su lecho? Es lo más cobarde que te he escuchado decir –le dijo Loki volviéndose contra él. –Y antes de que sigas diciendo insensateces ten claro que no permitiré una cosa así.
–¿Qué pasa contigo? ¿Es qué disfrutas ser su esclavo? –Le preguntó. No entendía a que jugaban su padre y hermano, pero si la misión de Loki había sido ir a espiar a los aesir, seguro que ya la había cumplido y por eso su padre quería que regresara a Jötunheim. –¿O es que acaso te has enamorado de él? –Inquirió recordando la escena que acababa de presenciar.
Su hermano menor le observó cómo quien admira a un retrasado mental.
–No estoy enamorado de él –dijo, para Hildetand aquello era una obvia mentira. –Hemos terminado de hablar –le espetó.
–No. Vendrás con nosotros. Ahora veo porque padre aseguró que te negarías, si hasta has cambiado de aspecto para parecerte a ellos –lo fulminó con la mirada. –Igual me ha ordenado obligarte si te niegas –su voz se apagó por un instante. –No sé porque eres necio. Por fin has conquistado la gloria, mataste a un dragón, eres un héroe de guerra, padre está orgulloso de ello, los soldados jötun te mirarán con respeto, ¿no es lo que siempre quisiste? Pues es hora de volver a casa.
Loki debió de haber encontrado graciosas sus palabras porque se rió.
–Si esperas que me deje llevar como ganado lo llevas claro. Dices, que regresemos al hogar, yo ya tengo uno. –Hildetand apretó los puños y Loki se calló.
Loki le tenía miedo, como todo Jötunheim sabía. A diferencia de su hermano menor Hildetand si recordaba el rostro de su madre vanir y del odio que Farbauti le prodigó aún después de muerta, sin embargo él no aborrecía al enano jötun, como muchos lo apodaron. Admiró e inclusive envidió su magia cuando empezó a manifestarla, y cuando su padre los puso a entrenar juntos, siempre fue exigente con él porque le avergonzaba que los demás se burlaran de él. En gran medida era culpa de Loki, que siempre actuaba de manera refinada, como si quisiera gritarle a los demás jötun que eran unas bestias, y encima se ofendió cuando le propuso raparle los cabellos que había heredado de su madre para parecerse más a los gigantes. ¡Así cómo le iba a defender! Era su egocéntrica manera de decir: Soy Loki, los demás púdranse.
Recordaba bien que siendo adolescentes, cuando el arrojo era más fuerte que la razón, a Loki no le importaba luchar con él. Las palizas que le propinaba fueron empeorando, quería obligarlo a ser un guerrero cruel del cuál nadie se riera. Porque la risa era el veneno del temor. Sin embargo un día le rompió las piernas. Hildetand se había quedado mirándolo, su rostro en completa seriedad mientras Loki sollozaba. No sabía qué hacer, se quedó paralizado, pero justo en ese momento Loki se curó a sí mismo. Y él pudo suspirar de alivio, porque podían hacer de cuenta que jamás había pasado aquello, es más, juró en silencio que jamás volvería a hacerle tanto daño. No fue necesario, al descubrir ese don Laufey empezó a considerarlo valioso, le ordenó no golpearlo nuevamente y lo sacó de la instrucción militar. Desde entonces Loki evitó a toda costa enfrentarse con él, aunque eso implicaba poner pies en polvorosa y ser tachado de cobarde. joo
–Vete, o habrá problemas –le advirtió. Loki debía pensar que estaba sopesando obligarlo en ese mismo momento porque desvió la mirada hacia la mansión, en esa ciudad no podía ponerle las manos encima, hasta el Padre de Todo lo había reclamado para los asgardianos. Se enfadó nuevamente con él. Loki debía hacer la tarea que su padre le había mandado, nuevamente estaba rompiendo las expectativas que tenían en él. Estaba deshonrando Jötunheim.
–¿Lo dices por Thor? Ese escudo no te servirá para siempre–le dijo. Si el plan de su padre funcionaba, el guerrero asgardiano no iba a poder impedir nada. –Sólo quería trasmitirte estos nuevos mandatos y recordarte que nuestro padre siempre obtiene lo que quiere aunque eso signifique un mar de dolor para los demás.
–A veces creo que eso te gusta –dijo Loki. Su hermano levantó un puño, nunca había sido bueno controlándose pero finalmente contuvo sus deseos de hacerlo callar al recordarse su vieja promesa. Es que Loki nunca cerraba la boca, uno de esos días lo iba a meter en serios problemas.
Dio media vuelta y se marchó. Se giró para ver a su hermano que, con pasos presurosos volvía a la mansión. Él mientras tanto tenía que ir a darle la noticia a su padre. Loki había dicho que no porqué estaba enamorado de Thor.
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La comitiva jötun avanzaba sin problema alguno de vuelta a Ostlandet, podían inclusive echar a correr pero los asgardianos no tenían piernas tan largas y los dejarían atrás inmediatamente. Se volvió a verlos por un instante, pensó que Loki se quedaría en Tonsberghus con el rey tuerto, en cambio estaba al lado de Thor. Las noticias que le llevó a Laufey desde luego que no fueron de su agrado. Llegaron al enclave al anochecer. Los ases se quedaron en la parte de la retaguardia. El general aesir entró con su padre a su pabellón para planear el ataque en contra de Ostlandet en dos días. Él ya sabía que ordenes tenían y no era necesario estar presente porque a pesar de las adornadas palabras de Odín, ese asgardiano no era el rey y Laufey impondría su voluntad.
Por desgracia su padre le usó de mensajero una vez más, no usaba un correo normal porque Loki lo liaría con sus palabras y el heraldo terminaría muerto cuando demostrara su ineptitud al dar una noticia tan fácil. Estaba al corriente de lo listo que era su hermano. Hildetand había planeado que al ser rey, enviaría a Loki de embajador a otros reinos, donde haría de espía y le contaría lo que sucedía, así al menos no estaría en Jötunheim sufriendo por ser el extraño gigante. Y eso mismo debió haber hecho su padre en vez de casarlo.
Los aesir habían prescindido de los habituales siervos y lamebotas con que siempre cargaban. En medio de la nieve le pareció que por fin mostraban carácter militar. No había pajes ni heraldos así que simplemente entró en los aposentos de Odínson. En el interior escuchó la voz de su hermano, el contenido de sus palabras le resultó perturbador.
–Agh, Thor eres repugnante –reprendía al hijo de Odín como si fuera un niño. Los miró, hubiera deseado encontrarlos haciendo cualquier otra cosa, inclusive revolcándose en el lecho, pero la escena cargada de familiaridad le resultó el peor de los presagios. ¿Es qué siempre estaban juntos?
Cenaban, les habían llevado carne entre las provisiones y los ases eran muy afectos a ella. El hijo de Odín comía como si hincara los dientes en una presa. Loki todo propiedad y modales, esos malditos modales, encontraba su comportamiento francamente aberrante y se lo hacía saber sin ambages.
–Dame un abrazo.
–Preferiría abrazar a Hagen –Odínson miró a Loki sin disimular los celos que se encendieron en él –en forma de dragón, por Odín, no volvamos a discutir el tema –aclaró su hermano. Hildetand había tenido suficiente, avanzó un paso, su cabeza casi rozaba el techo del pabellón; y ambos se fijaron en él.
–Hermano.
–Hildetand –lo saludó Thor.
–Deseo hablar con Loki en privado –espetó. Odínson se había levantado y le indicó al gigante que tomara asiento. Hildetand se puso cómodo y pensó que el dios del trueno se iría y los dejaría a solas pero en vez de ello volvió a ocupar su lugar junto a Loki.
–No creo que tengas nada que decirle que yo no pueda escuchar –aclaró. Loki los miraba como esperando que el Ragnarok se precipitara sobre sus cabezas, era claro que le gustaría estar en cualquier otro lugar que en medio de ellos dos y aun así no pudo disimular el alivio de que no los dejara a solas.
–Tu rey te ordena estar a su lado cuando conquistemos Ostlandet. No quiere que regreses al enclave asgardiano una vez que derrotemos a los alfh, en cuanto a ti –dijo señalando a Thor –me ha dado órdenes de atacar junto contigo a Giselher. Ese general tuyo ya ha aceptado –dijo refiriéndose al lambiscón que envió Odín. –No espero respuesta, padre ya sabe cuál es: "cómo tú órdenes" –le dijo a su hermano. Cruzaron miradas y por un instante pareció que ambos estuvieron dispuestos a fingir que todo estaba bien.
Se levantó raudo, ya no tenía nada más que hacer ahí.
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–Tu hermano es un encanto –dijo Thor cuando el gigante se hubo marchado.
El día anterior, tras su charla, los recuerdos que Loki llevaba toda la vida tratando de enterrar habían aflorado ante las amenazas de su medio hermano. El jötun ocultaba sus miedos tras un rostro sereno e inexpresivo, como hacía con la mayoría de sus emociones; pero allí estaban.
–Gracias por quedarte en la tienda –le dijo a su consorte.
A pesar de que lo había reprendido por su forma de comer, no se enfadó cuando Thor lo tomó por la mejilla y le dio un beso. No hubo más, no por falta de ganas sino porque al igual que Hildetand la gente no se anunciaba a la hora de entrar y esta vez sí estaban en el campamento, por lo que debían acatar las normas. La cena podía continuar pero Loki no quería hacerlo en silencio, la intrusión de Hildetand había dejado tras de sí un halo de incomodidad.
–La cercanía de tu familia –dijo Thor, escogiendo sus palabras –surte en ti un efecto extraño –no le había pasado desapercibida la forma en que Loki miraba a Hildetand y a Laufey, ni la manera en que parecía empeñado en evadirlos. Loki no le dijo nada, parecía muy dado a callar, contenerse y guardar secretos. –Puedes confiar en mí. –El jötun se lo pensó un instante antes de decidirse.
–Cercanía no es la palabra que usaría –habló por fin. Llevaba años de rencores acumulados a cuestas y trató de resumirlos para su cónyuge. –Hace unos días me preguntaste si mi padre nunca me llevaba consigo fuera de Jötunheim, la respuesta es no, porque mi tamaño y mi debilidad lo avergüenzan. Al unirse con mi madre esperaba obtener un heredero más digno que Hildetand –Loki se rió de la ironía en que había terminado aquel deseo de Laufey. –Y aquí me tienes. No sé si puedas entenderlo, por mucho que Odín te riña se nota que está orgulloso de ti, en cuanto a Frigga, cada vez que te nombra lo hace con cariño.
No, Thor no pudo entenderlo del todo. Por su parte no se imaginaba como es que Laufey pudiera despreciar de aquella manera un hechicero poderoso, con poderes poco vistos y además un digno combatiente, sin mencionar todo lo listo que Loki podía ser, y si quería ir más lejos podría añadir a eso un aspecto digno de cualquier realeza de los nueve mundos, y esos ojos… bueno, tal vez Thor ya no estaba pensando de manera paternal.
–Soy una afrenta para Laufey –dijo Loki –por eso te dije que hay que saber tragárselas, él lleva años haciendo eso conmigo. Si no me ha matado es porque aún espera que le sea útil de alguna manera.
–¿Casándote conmigo?
–Aun no entiendo del todo esa disparatada idea, tal vez esperaba que fastidiara a Odín hasta el suicidio –dijo Loki y esbozó una triste sonrisa, la carcajada de Thor en cambio fue sincera.
–Sin embargo ahora tienes opciones. –La mirada de Loki le dio a comprender que no entendía aquello. –Te puso en este camino pero no tienes que hacer lo que él quiera. Ya puestos, no tienes que hacer más que lo que tú quieras –le dijo, esa era la manera en que Thor se conducía. –Ni siquiera tienes que contentarme a mí. –Le recordó. –¿Y tu hermano?
–Esa es otra larga historia. Nos alentaron a odiarnos desde niños y cumplimos cabalmente con ello.
–A veces pareciera que le temes.
–¿Temor? –Loki se enfureció ante aquella insinuación pero la mirada azul de Thor le recordó que para variar no tenía que fingir fanfarronería que no sentía como le había pasado con Hagen y con su hermano. –Supongo que es un reflejo aprendido. Siempre ha sido más fuerte que yo y… –De pronto no quiso seguir hablando de eso. Ya era bastante duro tener que hacer el ridículo ante Thor contándole aquello. El rubio extendió una mano como si fuera a consolarlo y el jötun se apartó. No estaba acostumbrado a aquello, a sentirse vulnerable y permitir que alguien lo confortara. Se odió por ser tan débil.
–No eres débil –lo sorprendió Thor leyéndole la mente pero no hizo ademán de tocarlo. –Yo estoy orgulloso de ti.
Loki no supo que decirle, balbuceó algo de necesitar aire y se marchó. Aun así esa noche sólo pudo dormir cuando se abrazó a Thor con todo su ser.
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Giselher lanzó un desafío desesperado la noche siguiente. Aprovechándose de que su enemigo estaba confiado en su superioridad y en la falta de visibilidad. Las cinco mil unidades de ataque alfh avanzaron lo más silenciosamente posible amparadas en la sombras. Cuando los vigías de Hildetand las detectaron era tarde. Aniquilaron la primer línea de defensa jötun y siguieron adelante. Para cuando se dio la voz de alarma los tenían a menos de doscientos pies. El acantonamiento pronto estuvo en llamas, cortesía de flechas incendiarias. Furioso porque lo hubieran tomado por sorpresa Laufey ordenó un contrataque inmediato. La infantería jötun se puso en marcha para toparse con el mismísimo dragón rojo en persona. Y aunque frenaron a los arqueros perecieron en las fauces de aquella bestia. Los alfh se abrieron en dos contingentes. Estaban rodeando el campamento.
Hibald ordenó atacar, él en persona encabezó la ofensiva junto con sus hombres de a pie. Los alfh demostraron ser un hueso duro de roer en el combate cuerpo a cuerpo. Los soldados de Giselher se trabaron contra ellos impidiéndoles el paso, amparados en gruesos escudos y sarisas. Claramente deseaban cercarlos e impedir su escape. Pronto supieron porqué. Giselher planeaba alrededor del círculo de combate abatiendo a cuantos amenazaban con romperlo. Y entonces los alfh empezaron a estallar. Ungidos en bitumen se prendían fuego, cargados de pólvora estallaban amplificando el incendio del campamento y matando a los guerreros en derredor.
Fue claro en ese momento que los alfh habían aceptado la derrota y que harían pagar a los invasores convirtiéndola en una masacre suicida. Thor se unió a la contienda, voló hacía Giselher y lo apartó de sus hombres. Tal como Laufey había aseverado el dragón rojo no podía invocar fuego en aquel clima, sin embargo eso no le impidió enzarzarse en el cuerpo de Thor con uñas y dientes. A diferencia de Hagen no volvió a los cielos sino que se plantó a combatir en tierra.
Loki usó su magia para congelar a los alfh que se abalanzaban sobre ellos e impedir que estallaran. La mejor ofensiva en ese momento era el ataque a distancia. Los ulfhednar hacían uso de arco y flechas para prevenir el desastre. Buscó a Thor con la mirada, lo halló en combate mortal con Giselher pero sin la desventaja del fuego, se imponía con mayor facilidad.
El alba los alcanzó con la contienda en pleno apogeo. A pesar de su tamaño los soldados jötun tenían problemas. La ferocidad del enemigo al cual no le importaba morir les causaba grandes estragos. Laufey no estaba dispuesto a perder a su ejército de esa manera. Desde un inicio estaba decidido a llevar a cabo una letal estrategia y su momento había llegado. Se aposentó en una colina de nieve, izó el cofre de los antiguos inviernos y desató toda su potencia. Los gritos de agonía, las maldiciones recitadas en diversas lenguas, el sonido del choque de armas y el rugido del dragón, todo quedó en silencio súbitamente. La ola de hielo letal convirtió en cristalina estatua cuanto tocaba sin distinguir si era alfh o as. Sólo los gigantes de hielo resultaron a salvo.
Hildetand estaba esperando por aquello. Dio orden de ejecutar a sus enemigos atrapados como estaban. Los jötun cumplieron en el acto, se apresuraron a aplastar cabezas y a atravesar a los alfh con sus propias sarisas.
Loki estaba asqueado de la violencia a su alrededor, de esa manera de ejecutar a los soldados como si fueran cerdos en un matadero. Su asco tornó en horror al comprobar con sus propios ojos que a los gigantes les daba igual si aquellos que hacían pedazos eran sus aliados asgardianos. Vio saltar en pedazos sanguinolentos al general Hibald. Cuando Hildetand apareció y levantó una espada hacia un guerrero de gran tamaño Loki decidió intervenir, había reconocido a Volstagg.
–¡Detente! –Se interpuso entre el compañero de Thor y su hermano. –¿Qué haces? Ordena a tus hombres que frenen esta barbarie, darás al traste con la alianza entre aesir y jötun. –Lo increpó. Hildetand bajó el arma. Su rostro parecía imperturbable. Con un brazo atrapó a Loki, lo alzó en vilo como si fuera un muñeco y lo arrojó a los pies de uno de sus hombres.
–Llévalo ante el rey –le ordenó –te dije que nuestro padre siempre obtiene lo que desea.
Ni Laufey ni Hildetand sabían que Loki había decidido elegir su propio destino.
Aquel gigante iba a sujetarlo pero el hechicero se escabulló entre sus manos, rodó entre la nieve hacia una sarisa, propiedad de algún alfh que ya no la necesitaría. La enarboló hacia su atacante sin importarle que fuera uno de sus súbditos. Aquel gigante se lo tomó como una incitación a usar la fuerza. Se abalanzó sobre el príncipe quien volvió a burlarlo pasando bajo sus brazos y girándose para clavarle aquella lanza. Loki no dio en el blanco pues su hermano intervino. Sujetó la sarisa y trató de arrebatársela. Loki se negó a soltarla y fue a dar al suelo junto con su arma.
Hildetand hizo aparecer su espada de hielo.
–¿No huyes? –Dijo Hildetand, una pregunta retórica. Loki usualmente evitaba las confrontaciones físicas, un área en la que su hermano lo superaba con creces. –¿Cuándo te volviste tan valiente?
No hubo respuesta, estaba demasiado concentrado. Hildetand había sido el enemigo más fuerte que hubiese enfrentado, pero luego llegó Hagen. Loki se dio valor, le había plantado cara a un maldito dragón emergido de los infiernos de Surtur, estaba listo para este rival. Su hermano atacó, Loki logró mantenerse a la altura esquivando o desviando sus golpes, sin embargo su enemigo se batía con tajos tan cerrados y rápidos que no podía más que defenderse; no le dejaba espacio para un contraataque.
Thor se había quedado congelado como estatua, con el Mjölnir en alto a punto de descargar el golpe contra Giselher, quien a su vez lo aguardaba con garras y colmillos prontos a destrozarlo. A su alrededor los gigantes de hielo parecían haber enloquecido, estaban en pleno frenesí destajando tanto a enemigos como a sus aliados. La ira de Thor no tuvo límites ante esa despreciable traición. Un grupo de jötun iba a por el dragón y él. Ambos comenzaron a luchar por liberarse. La tropa llegó ante Thor con sus armas de hielo que en aquel clima eran más duras que el acero mismo. Atacaron a Thor pero, con gran estruendo, un trueno se precipitó desde las alturas cegándolos y soltando a su dios.
Descargó el Mjölnir contra el hielo haciendo saltar a los enemigos a su alrededor. Se abrió paso golpeando a quien quedó en pie. A lo lejos divisó dos figuras peleando, aquella locura alcanzaba su punto álgido: eran Loki y Hildetand. Se debatió entre ayudar a Loki o a sus ulfhednar. Escogió confiar en la fuerza de su compañero. Fue hacia Volstagg y lo soltó del hielo, nunca había visto tan enojado al pelirrojo.
Un ataque feroz de Hildetand alcanzó a Loki en el pecho. Cayó en la nieve, la armadura se cuarteó pero absorbió el golpe, él salió indemne. Su hermano le puso un pie sobre una rodilla.
–Juré nunca volver a hacerte esto pero no me dejas elección –le dijo a punto de romperle las piernas, a ver si así seguía negándose a ir con ellos. Sin embargo en el último instante se contuvo. Miró el rostro de Loki en el cual no había rastro de temor y no pudo dañarlo.
–¿Por qué no lo haces? –Lo increpó Loki despreciando su piedad. –En el fondo tú eres el cobarde, aunque trates de ocultarlo bajo tu máscara de villano.
El reto de su hermano lo enfureció y terminó con lo que se había propuesto. Su pie hendió la nieve. La ilusión de Loki rendido se disolvió dejando a Hildetand solo.
–¡Loki! –Gritó buscándolo. Al girarse vio que Thor iba hacia él con el martillo en alto. Seguro había presenciado su riña familiar. Hildetand reaccionó lanzándole un tajo de espada pero ninguno de los dos rivales golpeó al otro.
Con un coletazo el dragón lanzó a ambos por los suelos.
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Loki fue en búsqueda de su padre. Laufey lo vio venir pero no pudo moverse. El uso del cofre requería de toda su concentración para sostener su magia. Loki frenó a escasos metros de él y se miraron. La advertencia tácita de Laufey fulguró en sus ojos, el desafío teñía los de Loki. Desde que lo había visto con aquella apariencia de aesir, Laufey supo que ese hijo de mala cuna se le estaba yendo de las manos, por primera vez en su relación llena de rencores tuvo recelo de lo que Loki haría.
–Así que finalmente acudes a mi llamado –habló el rey.
–Podría decirse así.
–Hildetand afirmó que los sentimientos te habían nublado la razón, pero tú y yo sabemos que su mente es corta de miras.
–Detén la magia del cofre –lo interrumpió Loki –ya me tienes a tu lado, detén esta carnicería.
–Giselher sigue vivo –lo contradijo Laufey, por no hablar de Thor. –Este es el momento que esperamos por mucho tiempo. Estamos por vencer en la contienda, por conquistar Alfheim, por llevar Jötunheim a una gloria nunca antes vista. Y eso es sólo el inicio de la grandeza que nos aguarda. Siempre quisiste que te valorara Loki, ahora lo hago, permitiré que estés a mí lado en nuestro triunfo. Has probado ser un digno hijo mío, no lo arruines.
–Ahora soy un digno hijo tuyo. ¿Y antes no lo fui?
–Obtener mi aprecio requiere de méritos. –Loki negó, aquella sonrisa, la que un día sería temida en los nueve mundos se perfiló en su rostro dándole a sus rasgos un aspecto cruel.
–No debiste enviarme a Asgard –le soltó su hijo, Laufey no le encontraba sentido a aquellas palabras. –Ahora soy libre. El temor que me encadenaba a ti se ha desvanecido, no me importan más tus designios ni tus planes. –Su hijo, ese maldito hijo, el que le instaron a matar cuando era un recién nacido hizo aparecer una daga.
–No te atrevas –le dijo Laufey con la voz cargada de desprecio. Loki bajó el arma. Lo hizo sólo para tomar impulso. El tiempo pareció detenerse en el momento en que la daga dejó la mano de Loki y voló hacia el pecho de Laufey. El rey jötun se vio forzado a soltar el cofre para esquivar el golpe. Cayó maldiciéndolo. Se puso en pie dispuesto a molerlo a golpes, presa de una rabia desbordada, olvidándose de sus planes y de lo valioso que ese hijo era para lograrlos. Iba a machacarlo como a un cerdo. Su hijo había levantado el cofre y conjuraba su poder de vuelta. El viento gélido que apresaba a sus enemigos cesó, la temperatura se incrementó al instante. –¡Bastardo malnacido! –Laufey fue a por Loki el cual depositó el cofre en el suelo y le hizo una reverencia burlona a su padre. La hoja de hielo ya había aparecido en manos de éste. El rey descargó un golpe brutal sobre él pero Loki no cayó ensangrentado como esperaba sino que se desvaneció en el aire como un mal sueño. Aquella magia tomó desprevenido a Laufey, no podía saber que la reina Frigga le había enseñado a generar esas ilusiones hacía poco tiempo.
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El cambio en el clima había liberado a todos, los jötun se volcaron en los alfh. Aquello también había devuelto a Giselher la mortífera capacidad de escupir fuego. Thor dio un golpe a la criatura lanzándola por tierra antes de que lo carbonizara, su experiencia combatiendo con Hagen se probó decisiva en ese momento. Giselher se levantó y embistió nuevamente con los dientes. El hijo de Odín aprovechó para colgarse de la grupa de la bestia, un punto ciego a sus ataques con fuego. Pasó el mango del Mjölnir en torno al cuello del dragón y lo apresó como si se le fuera la vida en ello.
Hildetand corrió al encuentro de ambos titanes. Sus intenciones homicidas se volcaron en Giselher. El dragón se debatía por derribar a Thor y lanzaba chorros de magma en derredor. Hildetand los esquivó lo mejor que pudo. La bestia notó su proximidad y le lanzó un coletazo que le rompió varias costillas y lo derribó. El hijo de Laufey rodó esquivando las garras. Thor se soltó de la bestia y alzando su arma propinó un fuerte golpe en la cabeza de Giselher haciéndolo morder el polvo. El momento fue aprovechado por Hildetand quién se plantó, con gran temeridad, frente al dragón y cuando este trató de reunir aliento para matarlo le clavó su espada de hielo en la garganta. Giselher se derrumbó en medio de un bramido. Su cuerpo se hizo pequeño, el dragón se disolvió dejando al hombre a la vista. El rey de Alfheim trató de incorporarse, Hildetand lo decapitó con un certero tajo.
Thor y el gigante se miraron sin saber bien a bien si luchar entre sí o felicitarse por aquel triunfo. El dios del trueno dirigió una mirada hacia el campo de batalla y Hildetand hizo lo mismo.
–¿Acaso no saben reconocer un asgardiano de un alfh? –Les gritó el jötun a sus hombres. Ni siquiera se volvió a mirar a Thor.
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Con la muerte de su rey los alfh depusieron las armas. El interior del glaciar era un caos, el hielo estaba surcado de cadáveres de gente congelada y hecha pedazos. Los campamentos jötun y asgardiano que se habían alzado ordenados y amenazantes ahora eran escombros, lo poco que se mantenía en pie ardía. Los hired y los ulfhednar rindieron a los alfh con los que pelearon. Thor iba entre ellos, aquella victoria le sabía amarga, había pedido a un grupo de sus hombres que buscaran a Loki. Nada más llevar la vista un poco más lejos contempló como los jötun continuaban asesinando a aquellos que ya se habían rendido. Se dirigió con paso firme hasta una unidad de gigantes.
–¿Qué creen que están haciendo? ¡No maten a esos hombres! –Les gritó. Un buen general siempre tiene buena voz para hacerse obedecer, y Thor la poseía. Los soldados, a pesar de no estar bajo su mando acararon la orden. Nada más acercarse, Hildetand apareció.
–Las órdenes de mi rey son de rematar al enemigo –le dijo. Los ojos de Thor se posaron en la cabeza de Giselher que llevaba colgando en la mano, la sangre había corrompido la nieve de forma grotesca; la llevaba para enarbolarla como estandarte al entrar a Ostlandet. Fue consciente de que ases y jötun empezaron a conglomerarse en torno a ellos dos. Los ulfhednar y los hired estaban sedientos de sangre y enojados por lo sucedido en la contienda, si daba la orden, no dudarían ni un instante en atacar a los jötun.
–Y las del mío que haya clemencia para quiénes se rinden. Pactaron que no habría genocidio, repliégate con tus hombres –le dijo apuntándolo con el martillo. Ya había estropeado una negociación de paz, podía echar por tierra un tratado de alianza aunque su padre lo despellejara en vida. De pronto, como si lo tuviera al lado, le pareció que escuchaba a Loki recordándole que a veces tenía que tragarse las afrentas. No podía meter a sus hombres en aquella pelea, les superaban en número y él podría sobrevivir pero los demás no.
–Me quedo con esto como trofeo –dijo Hildetand levantando la cabeza.
–Sea –concedió Thor. Hildetand ladró una orden a sus propios hombres que entregaron a los alfh en manos de los ases. –Fandral, reúne a todos los rendidos, deberán marchar a Tonsberghus donde mi padre decidirá qué hacer con ellos –le mandó.
Volstagg llegó hasta él, se ocupó en reseñarle el infausto día, no lo hizo lleno de grandilocuencia como le era usual. Incluso el león de Asgard estaba harto, despreciaba sobre todo el papel de los jötun y su conducta sangrienta. Thor apenas lo escuchaba, estaba pendiente de cualquier señal de que Loki hubiera vuelto. Un soldado llegó corriendo también a su lado.
–No está entre los caídos –le informó.
–Quizá está con los suyos –dijo algún otro.
–Creo que Loki se siente más aesir que jötun en estos momentos. Aunque no podemos descartar la posibilidad –dijo Volstagg lanzándole una mirada significativa. Como si lo hubieran invocado, un heraldo jötun se abrió paso buscando a Thor.
–General –se dirigió a él cortésmente –el rey Laufey pide saber el paradero de nuestro príncipe Loki –le dijo.
–Esperaba que estuviera con ustedes –respondió Thor. Por alguna razón el heraldo se mostró escéptico –¿qué pasa? –Quiso saber el hijo de Odín.
–El rey ha mandado arrestar al príncipe en cuanto sea avistado.
–¿Bajo qué cargo? –Inquirió Volstagg metiéndose –si es por salvarnos de ser masacrados ya puedes tomar esa orden y tragártela.
–Es por la grave falta de agredir la persona del rey –soltó el heraldo –lo buscaremos entre ustedes para llevarlo con nosotros, queríamos que estuvieran al tanto para que no se malentienda como un ataque. –El gigante se giró hacia Hildetand, que había permanecido ahí y le trasmitió aquellas órdenes también.
El rostro de Thor traslucía su enojo. Así que Loki había atacado a Laufey, eso explicaba por qué la magia del cofre de los antiguos inviernos había cesado abruptamente. Y ahora ese escupitajo del infierno pretendía arrebatarle a Loki por ello, como si no hubiera presenciado además que su hermano lo atacó deliberadamente. Estaba haciendo un esfuerzo tremendo por no lanzarles un trueno a los jötun.
Thor concedió permiso para registrar entre sus hombres porque sabía que no estaba ahí, y la voz de Loki aún le aconsejaba prudencia. Hildetand ya se iba con las manos vacías cuando se detuvo frente a él.
–Loki siempre ha tenido el maravilloso don de escabullirse, debe estar a kilómetros de aquí, si sabe lo que le conviene –dijo el gigante riéndose. Thor tuvo que recordarse lo inapropiado que sería golpearlo. Iba a marcharse para dejar a Hildetand hablando solo cuando le tomó de un hombro, de inmediato el dios del trueno se sacudió de encima su tacto y le lanzó una mirada de advertencia. –Esa serpiente convenenciera no amerita tu preocupación. Desde hace años añora alejarse de nuestro padre; ahora que se le ha presentado la oportunidad la tomó sin pararse a pensar en nadie más. Y honestamente no lo culpo. Si lo aprecias como parece, si no piensas que no es más que un esclavo que te obsequiaron, si no quieres verlo morir, no lo busques. –Era lo más que Hildetand le había dicho.
–Él sabe que jamás lo obligaría a hacer algo que no quiera, y no es de mi de quién se esconde –le rebatió. No importaba que tuviera que levantar el rostro para hablar con él, Thor sabía que los enemigos grandes caían con más fuerza. –No creas que voy a olvidar tus intenciones de lastimarlo, si me entero que tu padre lo tiene, voy a ir por él. Si intentas detenerme, no habrá cofre de los antiguos inviernos, ni tus soldados o bestias, ni siquiera mi padre con su alianza, podrá protegerte de que te busque y te cace como a un perro. Esa es mi palabra –le prometió. El gigante le lanzó una mirada hosca pero se alejó con su comitiva. –Y ya que te gusta hacer de mensajero, díselo a Laufey.
Thor estaba agotado pero antes de que siquiera pudiera unirse a sus capitanes, un nuevo heraldo llegó con órdenes del rey. El Padre de Todo se acercaría a Ostlandet para vigilar que Laufey cumpliera con su palabra de no masacrar a la población, no quería que Thor volviera, era su deseo que fuera a la ciudad a buscar a Adalster, el hijo de Giselher con un grupo de ulfhednar. Thor miró a sus hombres, dejó que Fandral eligiera a quiénes debían acompañarlo y cuando el espadachín hizo ademán de unirse a él, el dios del trueno no se lo permitió.
–Busca a Loki. Pon a algunos hombres, los mejores rastreadores a buscarlo. La última vez que le vi se dirigía a donde Laufey estaba con su cofre. – Le pidió a Volstagg que se acercara –Hibald ha caído así que te nombro comandante de los hired, te encomiendo a los prisioneros, pelearon con valor y haciendo grandes sacrificios, no merecen ser vejados.
–Nadie atentará contra ellos, ni ases ni jötun –le prometió Volstagg, sin recelar de tener que proteger a los mismos con los que habían luchado a muerte apenas horas atrás.
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Fandral hizo venir a Bran, uno de sus veteranos y excelente rastreador, le ordenó ubicar dos más con habilidades similares a las suyas y que se pusieran a buscar a Loki de inmediato. El hombretón de barba hirsuta no preguntó por qué, había seguido el intercambio entre Hildetand y Thor. Al igual que a sus compañeros le hubiera encantado que su general diera la orden de atacar con tal de arrancarle un pedazo a aquella mierda de gigante. Pronto, Ertan hijo de Erwel y Artis hijo de Etis se le unieron. Ertan parecía al borde de la hipotermia pero dijo que sería un honor ayudarlo en su tarea. Bran rodó los ojos ante su modo de hablar, como el muchacho era parte de los einheriar se le pegaban aquellos modales cortesanos. Artis lucía un corte en la armadura, dijo que había escapado por los pelos de que lo evisceraran.
–Parecen perros apaleados, pero esto es urgente. Cuando tengamos a Loki seguro que Thor nos recompensa con el mejor vino y comida –los animó. Los tres se pusieron a ello.
Había un gran trajín de heridos, cautivos y soldados evacuando el glaciar. Ertan se puso a interrogar a quienes habían visto a Loki combatiendo con su hermano y más adelante atacando a su propio padre para soltarlos del hielo. Le debían una y grande, su retribución sería ponerlo a salvo de sus propios familiares. Artis y Bran peinaron la zona donde el rey jötun y Loki habían reñido, dieron con las huellas del príncipe pero se perdían de vuelta en la contienda.
–Esto es imposible –le dijo Artis. Bran miró en derredor aguardando por Ertan. El glaciar los rodeaba y dudaba que Loki supiera volar como para evadirse sobre este. Ostlandet estaba siendo ocupada por su padre así que era improbable que fuera en esa dirección, eso les dejaba con la salida del glaciar.
–Si yo fuera él intentaría volver a Tonsberghus –meditó Bran mirando el camino. Aunque era difícil que el príncipe pasara desapercibido entre los soldados alfh o ases.
–¿Por qué lo haría? Seguro los jötun pensarán lo mismo y lo buscarán ahí –contradijo Artis.
–Odín lo protegería, después de todo ahora es de su familia. –Artis rió. –¿Cuál es la gracia?
–El Padre de Todo lo hizo arrestar antes.
–Eso no era personal.
–¿Y esto si lo es?
–Joder a los jötun siempre lo es, sobre todo después de lo que nos hicieron durante el combate.
Ertan volvió donde ellos. Nadie había visto a Loki y tampoco se encontraba entre los caídos, aunque por el estado de algunos era imposible identificarlos. Bran decidió probar con su idea y hacer el camino hacia Tonsberghus. Pasaron el resto del día en las inmediaciones del glaciar. Se toparon con una escaramuza berserkir que estaba peinando la zona. No les extrañó que Thor hubiera transmitido la orden de buscar a su consorte a sus tres amigos, seguro también había un grupo de hired tras la pista de este. Los berserkir les facilitaron un par de caballos para que cubrieran terreno más rápidamente. Bran decidió seguir a pie, se le hacía más fácil perseguir un rastro si tenía la cara más cerca del suelo. A mediodía se cruzaron con una patrulla jötun que hacía lo propio, ambos grupos estuvieron a punto de liarse a golpes. Si a Bran le hubieran contado al iniciar la guerra que acabaría defendiendo el honor del príncipe Loki y enfrentándose a los mismos jötun de los cual él formaba parte, no se lo hubiera creído. Pararon al caer la noche pues en las tinieblas y con el frío que reinaba no podían seguir buscando. Además de que los tres estaban agotados y no habían probado bocado en todo el día.
Llegaron a galope al campamento frente a Tonsberghus. Les informaron que Thor se encontraba en el mar de hielo dándole caza a Adalster, el hijo de Giselher, quién había escapado de Ostlandet en esa dirección. Los tres desmontaron con los miembros entumecidos. Ninguno envidiaba a Thor por tener que seguir adelante. Por lo menos ellos podrían cenar y dormir un par de horas antes de continuar con su misión.
–El general es incansable –dijo Ertan con admiración mientras se dirigían a buscar comida. –Siempre se lleva la mayor gloria pero también la peor parte de cada batalla.
Llegaron a la tienda que fungía como cocina. Había más soldados comiendo de pie, calentándose en torno a hogueras. Aunque habían vencido a los alfh nadie festejaba. La orden de no ingerir vino seguía vigente. Les pasaron un potaje de leguminosas, ciertamente no era el platillo más fino pero se lo bebieron a grandes tragos.
–Descansaremos un poco y cuando el día clareé volveremos al bosque en torno al glaciar. No seré yo quien le diga a Thor que le fallamos –habló Bran, –en todo caso lo harás tú Ertan –el joven lo miró dejando claro que no pretendía hacer eso. –Anda, dime que será un honor –se mofó de sus modales.
–En todo caso –habló el aludido poniéndose rojo, –entre nosotros Artis es el de menor rango.
–Si no damos con ese descastado jötun, ya se lo digo yo –habló el último luciendo un valor que no sentía. –Qué hará, ¿mandarme a azotar por mi ineptitud? –No se imaginaba a Thor dando tal orden.
–Quizá –dijo Bran. –Se nota a la legua que quiere mucho a ese condenado.
–No me extraña –añadió Ertan pero no aclaró porqué pensaba eso. Una voz a sus espaldas se unió a su conversación, pues al parecer había seguido su intercambio.
–Porque es un brujo, tiene hechizado al protector del reino, y también dicen que es una zorra insaciable en el lecho –se trataba de Oleg.
–Metete la lengua en el culo –le amenazó Bran. –Pequeño mierda, siempre andas diciendo ese tipo de cosas, por si no lo has notado tu tío no está por aquí y Hibald que tanto te solapaba la ha palmado allá en el hielo.
–Mejor cállate viejo. ¿Prefieres al extranjero por encima de mi prima Sif? Eso es traición, me acordaré de lo que dijiste cuando…
–¿Cuándo qué? ¿Cuándo me acuses con tus familiares?– Bran le lanzó el plato vacío en la cara a Oleg. Ertan se apresuró a agarrarlo. Un grupo de hired asomó tras su compañero dispuesto a respaldarlo. –Tengo el más alto respeto por Sif, ella es mi capitán cuando está presente, pero nadie tiene embrujado a Thor, y si le da la gana follar con Loki, o con quien sea tú te callas pues al que insultas con tus intrigas es a mi general.
Artis no sabía cómo es que aún tenían ánimos para pelear, cuando ya se estaban formando dos bandos listos para irse a los golpes apareció Volstagg.
–Hombres ¿qué pasa? –Su sola presencia enfrió los ánimos. El mismísimo Oleg dijo que ahí no se cocía nada. El león de Asgard era muy temido, exigía casi tanta disciplina como Hogun y era menos paciente que éste. Ordenó a sus hired que se retiraran si ya habían terminado de hacer el idiota y amonestó a Bran y los suyos también.
No dieron con Loki. Artis sí fue el elegido para decírselo a Thor. Este volvió con sus ulfhednar los cuales parecían a punto del desmayo, el dios del trueno estaba maltrecho, los labios partidos por el frío y el rostro cansado pero seguía moviéndose con la misma energía de siempre. El mismísimo Odín apareció para darle la bienvenida a su hijo. Artis le hizo una profunda reverencia al Padre de Todo y aguardó para poder hablar con su general.
–Tuve que cesar la búsqueda padre. Algunos de mis hombres perdieron dedos por el frío, si hubiera continuado habrían muerto. Si quieres yo seguiré persiguiendo a Adalster pero lo haré solo. Los jötun y sus bestias cubren terreno más rápido que nosotros pero si lo busco volando, tal vez… –Odín lo interrumpió levantando una mano.
–Seguiremos con ese asunto después. Descansa, lo mereces. He instruido a Starkag para que tome a Dgeir y los suyos y organicen un festejo.
–¿Qué? –Thor parecía haber oído mal.
–Ha sido una jornada muy dura, se merecen recobrar ánimos. He levantado el sello al Bifrost y están por llegarnos provisiones desde Asgard, los hombres andan resentidos y en busca de alguien que se las pague, así no podremos finiquitar los asuntos en Alfheim sin que nuestra alianza con Laufey acabe en una batalla. Es hora de celebrar que ganamos la guerra.
Thor y Odín afinaron un par de detalles más y el Padre de Todo se retiró. Finalmente el dios del trueno se volvió hacía él.
–No encontramos a Loki –le dijo sin adornar el mensaje. –No hay noticias de que los jötun hayan dado con él –añadió. Thor se pasó una mano por el rostro y finalmente pareció exhausto. –¿Qué deseas que hagamos?
Pareció sumamente apesadumbrado. ¿Tanto le dolía perder a Loki? Posó una mano en el hombro de su soldado el cual notó la serie de cortes con sangre ya seca que exhibía.
–Di a tus compañeros que obedezcan al rey. Descansen y acicálense para el festejo, se ven como basura y no quiero que las jóvenes de Tonsberghus digan que los ases son horrendos.
–Tú también luces así general, tal vez igual necesitas una muchacha. –Thor negó, en su mirada Artis leyó que a quién necesitaba era a aquel que lo había abandonado.
Artis les dio la noticia a Bran y a Ertan. Acababa de hacerlo cuando las luces del Bifrost iluminaron el cielo. Hubo auténticos gritos de júbilo entre los soldados ante ello. Los tres rastreadores se separaron, lo último que Artis oyó de ellos fue a Bran quejándose de la rapidez con que Fandral siempre seducía a las chicas más bonitas y de cómo estas luego ya no se conformaban con menos que un capitán. Por su parte él se dirigió a la mansión de la gobernadora Dgeir.
El lugar estaba metido en intenso trajín mientras se alistaban los preparativos. Nadie hizo por detenerlo cuando se coló hacia el interior de la residencia y se dirigió hacia la habitación de Thor. Este aún no llegaba. Artis se dirigió hacia el cuarto de baño. Se quitó la armadura maltrecha y las ropas húmedas y lodosas. Cuando quedó desnudo volvió a ser él mismo. Se miró en el espejo reconociéndose. La piel pálida, no azul; los ojos verdes, no rojos; lo único siempre igual era el negro cabello heredado de Járnsaxa. Ese era él, su verdadero yo.
–Te maldigo Thor –le dijo a la nada. Se había metido en el disfraz de aquel desdichado muerto para evadir a Laufey y a todos. Había pensado mantener la mascarada hasta que pudiera escapar a Vanaheim o a Svartálfheim, inclusive rumbo Asgard; pero al ver lo mucho que lo echaba de menos, al ver la cara que puso cuando le dijo aquella noticia de no haber dado consigo mismo… –Arruinaste mi huida. –Se había quedado sin fuerzas para mantener su determinación. Esperaba que ese prosaico soldado, Bran, tuviera razón cuando dijo que Odín lo protegería si volvía a Tonsberghus. Se aseó, se vistió conforme a su rango nuevamente y se tiró en la cama a descansar, no llevaba ni quince minutos tratando de conciliar el sueño cuando la puerta se abrió.
El semblante de Thor al verlo fue poesía pura. Pasó de la incredulidad a la rabia y luego a un arrebato de felicidad que dejó a Loki sin habla. Ni siquiera le preguntó dónde había estado ni le cuestionó porqué se había ido. Le levantó de la cama y lo estrechó casi rompiéndole los huesos. Se serenó lo suficiente para tomar su rostro entre sus manos y cuando el jötun pensó que iba a devorarlo a besos, en vez de eso besó lentamente sus párpados, su frente, sus pómulos y finalmente su boca.
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Antes de cualquier celebración, el ejército se formó perfectamente a las afueras de Tonsberghus. Los hombres presentaron sus armas y se montó la guardia de honor gritando a grandes voces los nombres de cada uno de los caídos cada vez que eran llamados por su comandante. Las voces de los soldados se hicieron ensordecedoras. Odín contemplaba a su ejército desde un templete que se alzó para que todos pudieran verlo, a su izquierda estaba Starkag seguido de un asiento vacío; a su diestra, se hallaba Thor llevando una armadura de acero rojo bruñido; un regalo muy obsequioso de Dgeir. Loki estaba justo a su lado, vestido con una nueva armadura puesto que la anterior su hermano la había destrozado. Los ulfhednar no ocultaron su asombro, ni su alegría de verlo nuevamente con ellos. Una fanfarria de trompetas recibió a los capitanes, segundos al mando y soldados de probado valor. Aquel ceremonial era en aras de ocupar el puesto vacante que la muerte de Hibald había dejado, a pesar de que Volstagg era el capitán, le faltaba experiencia para subir al concejo del Padre de Todo.
Starkag se acercó al final de la tarima.
–Por su probado valor en las batallas de Saaremaa, de Ruhnu, Osmusaar, Ijósálfar, y demás; se nombra como general de los hired a Bran, hijo de Vorts; con todos los emolumentos e insignias que esto representa. –El soldado no traslució sorpresa, ya estaba al tanto de ello y esto sólo era una formalidad. Loki no se imaginaba un contrapeso más contrastante para la sobriedad casi de sepulturero de Starkag. El hombre subió al estrado al lado del Padre de Todo a quién reverenció con respeto. –Como nuevo Capitán de los Einheriar se nombra a Oleg hijo de Olvërt; con todos los emolumentos e insignias que esto representa –continuó Starkag.
El aludido también subió a dar las gracias aunque él no se quedó en la tarima, portaba una sonrisa de autosuficiencia y el jötun recordó que Ertan era el segundo al mando de la capitanía de la guardia ¿por qué entonces no había ascendido él? Lo buscó entre el mar de armaduras y cascos, lo encontró serio y en sus ojos leyó coraje. Sólo un instante después recordó que Oleg, era sobrino de Starkag, lo que explicaría su rápida promoción.
Se nombraron a los guardianes de Nornheim y de Tonsberghus, la ciudad al ser propiedad del Padre de Todo fungiría como la embajada asgardiana en aquel reino que ahora pertenecía a Jötunheim. Se licenciaron varias unidades las cuáles alzaron vítores estruendosos al enterarse que podían volver al hogar, serían sustituidas por tropas nuevas que arribarían pronto desde Asgard. Se nombró al maestre que supliría en funciones a Loki. La ceremonia empezó a alargarse más de lo que el jötun había supuesto y cuando empezó a creer que llegaría la noche sin que terminaran, ya había finalizado.
Loki se encontró bajo el toldo donde se instauraron los altos mandos del ejército. Compartía la mesa con los tres guerreros, algunos otros capitanes y desde luego, Thor. La cena había degenerado en brindis cada vez más disparatados. Honraron los nombres de los soldados caídos en las contiendas, bebiendo por ellos.
–¡Más vino! –Pidió Volstagg levantando las manos, arrojó el tarro vacío al suelo –bebe Thor, bebe Loki. No se queden atrás –les ordenó.
Fandral era agasajado por las dos hijas de la gobernadora a quienes no parecía importarles compartir al espadachín, les estaba contando sus proezas bélicas. Hogun en cambio bebía en silencio, aunque se podía leer una sonrisa en la comisura de sus labios. Afuera de la tienda más hombres se divertían, explotó una pelea a unas mesas, hubo algunos golpes que se calmaron al conciliarlas con más alcohol. Las risas se hicieron más estruendosas y trajeron más comida servida por las alfh de Tonsberghus. A Loki no le agradaban las fiestas de la misma manera que a los ases y al menos no se sentía inclinado a quedarse ahí hasta el amanecer.
–Deberíamos ir a descansar. Tú lo necesitas –le susurró a Thor en el oído. No era eso lo que quería decirle, sino que podían escabullirse de la fiesta y terminar lo que Fandral había interrumpido hacía varias noches, pero no se atrevía a hacer una invitación tan abierta delante de los capitanes.
En respuesta Thor lo atrapó por la cintura, y sin darle tiempo a reaccionar le estampó un beso impaciente que le supo a todo el vino que tenía en las venas. Cuando lo soltó, Loki ni siquiera escuchó las risas de fondo, porque no podía creer que Thor hubiera roto su diplomática forma de llevar su relación. Ni siquiera pensó en culpar al vino porque el día de su boda el dios del trueno había estado mucho más ebrio que en ese momento.
–Descansar no es precisamente lo que tengo en mente –le dijo Thor provocando otro coro de risotadas entre sus amigos. Loki levantó la vista hacia la mesa principal, Odín negaba con la cabeza. Salieron del banquete pero llegar hasta la mansión les tomó tiempo. Cada guarnición que se encontraron quiso brindar con el Protector del reino y con él; y Thor les dio gusto.
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Una vez en la alcoba, le ayudó a quitarse en parte la armadura. Levantó una mano para colocar su ya tan conocida barrera para dejar a Heimdall fuera. A ninguno de los soldados, con la fiesta en pleno apogeo, se les ocurriría molestarlos.
Thor le tomó por el rostro con ambas manos y se precipitó en un beso hambriento. Al soltarse se miraron a los ojos, Loki sonrió. El dios del trueno le acarició el semblante con el pulgar, desde su sien hasta su barbilla, fue en ese gesto en el que el ojiverde giró el rostro para atrapar el dedo de su amado y succionarlo lentamente. La mirada de estupefacción de Thor no tuvo igual, lo vio tragar saliva ante aquel gesto obsceno e invitante. Loki no apartó su mirada de él. Esta vez fueron sus manos las que corrieron a abrir los pantalones de su cónyuge e introdujo su mano entre la tela para acariciar directamente su hombría. Thor jadeó en respuesta.
Cuando se iba a mover, Loki lo atajó.
–No –le dijo. Lo empujó sobre una silla. En su disfraz había escuchado a Thor defenderlo, había atestiguado su desesperación por encontrarlo y su tristeza al pensarlo perdido; aquello había despertado un sentimiento en el jötun que no era precisamente gratitud, no sabía cómo nombrarlo en ese momento ni quería pensar en ello. Deseó entregarle su cuerpo, no porque fuera conveniente, ni tampoco porque no tuviera otra opción que continuar con aquel matrimonio. No, quería hacerlo para colmarlo de placer que borrara los desvelos, las heridas, las desazones y hasta los celos que esa guerra había arrojado sobre ambos.
Se hincó frente a él, y sin mayor preámbulo tiró de la ropa para alcanzar su miembro y regalarlo con besos. La reacción de Thor fue instantánea. Tuvo una erección en contra de sus labios, mientras él se ocupaba en lamerlo de la base a la punta con lentitud. El ojiazul tuvo que morderse los labios. Halagaba a Loki con ello, su respiración, sus palabras y sobre todo esos gemidos que surgían tan espontáneos. Loki sintió los dedos de Thor enredados en su cabello, empujando su cabeza exigiéndole caricias más atrevidas. Cumplió aquel deseo engulléndolo y succionando mientras atacaba la punta con su lengua. Thor se retorcía dentro de su boca pidiéndole más y musitando su nombre, o al menos Loki suponía que era eso pues el habla de su amante en ese momento era incomprensible. Aumentó la velocidad con una sola y clara intención, se dio por satisfecho cuando sintió el sabor salino de Thor en su paladar. Lo liberó lentamente.
Loki se incorporó y en la penumbra vislumbró el rostro de Thor, capturó su mirada en la suya y sin dejar de mirarlo se montó a horcajadas sobre él. El cuerpo de Loki se puso al alcance de sus manos y el dios del trueno no dudó en apresarlo atrayéndolo hacía sí. El ojiverde se sujetó de sus hombros con una mano al tiempo que con la otra tomaba el miembro de Thor, lo acariciaba para estimularlo nuevamente y lo dirigía hacia su interior. Dejó que su amante se deslizara poco a poco. Estuvieron unidos e hicieron una pausa, Loki no tenía manera de saberlo pero Thor siempre aguardaba antes de iniciar la cópula debido a que le era tan estrecho, lo aprisionaba dentro de sí de tal manera que le dificultaba moverse en su interior. Loki fue quien inició, se agitó sobre Thor reclamando para sí el aliento del rubio y sus manos en sus caderas. Hacía tiempo que no estaban juntos y los primeros embates le produjeron dolor a la vez que sentía una descarga corriendo por su espina dorsal hasta su cabeza. Le costó lo suyo no perder el ritmo y sencillamente abandonarse para que Thor hiciera de él lo que quisiera. Haló aire, no se había dado cuenta de que contenía el aliento, y sujetándose de la amplia espalda de Thor onduló sobre él empalándose. El rubio gemía adorando cada movimiento que hacía. Su sangre estaba en ebullición y sentía que no podría resistir mucho más. Como pudo aumentó el frenesí de sus movimientos. Su propio miembro se friccionaba apresado entre el abdomen de ambos.
–Loki, Loki –Thor susurraba su nombre, su voz encerraba esa nota que el ojiverde reconoció como el preámbulo al orgasmo. Thor apretaba los ojos, su rostro reflejaba deleite. –Loki –no paraba de susurrarlo, ese nombre nunca fue tan sinónimo de pecado. El rubio estalló en su interior y Loki pronto lo siguió. Se quedaron abrazados, exhaustos. Al cabo de un momento Thor se levantó llevando a Loki en vilo consigo y consiguió que ambos cayeran en el lecho.
Thor le quitó del rostro algunos mechones negros a Loki. Pronto volverían a separarse, Loki debía volver a Asgard ahora que el Bifrost se había abierto, lejos de Laufey y de Hildetand; aunque también lejos de él. En vez de ponerse nostálgico por ello decidió aprovechar aquella noche que se les obsequiaba. Besó el cuello de Loki, bajó por sus hombros repartiendo mordiscos; lo sujetó de un brazo y lo giró con cuidado como si fuera lo más frágil, se posicionó sobre él cuidando no echarle encima todo su peso; acarició su abdomen y bajó sus manos hasta sus muslos. Los recorrió despacio hasta llegar a su miembro y con habilidad lo acarició con una mano mientras que la otra se dirigía hacia su trasero, deslizó un par de dedos en su interior. Loki gemía bajo él perdido en aquellas sensaciones. Hubiera debido preguntarle algo complejo para ver si era capaz de hilar un pensamiento congruente. La expectativa y los pecaminosos sonidos que Loki emitía volvieron a entiesar al dios del trueno. Dejó ir a su amante, el cual protestó por ello aunque pronto guardó silencio. Thor lo tomó de las caderas y se dirigió a su interior. Se mordió los labios mientras se lo metía lentamente disfrutando ampliamente de poseerlo. Antes, cuando Loki lo había dominado sobre aquella silla notó que el jötun no pudo clavarse el miembro de Thor hasta el fondo, le seguía faltando experiencia para hacerlo sin lastimarse. Pero en ese momento el rubio estaba más que decidido a no darle ninguna concesión; sintió escalofríos mientras se esforzaba por alojarse completamente en el cuerpo de su amante. Loki se retorció bajo él y se le erizó la piel cuando logró su cometido. Vio como sus puños se cerraban con fuerza sobre las sábanas. Thor no se movió.
–Resiste –le pidió besándolo en la nuca. Loki obedeció dócilmente. No sin esfuerzo Thor se salió casi por completo y embistió despacio nuevamente hasta clavarle toda su hombría, el jötun parecía a punto de desmayarse, su cuerpo se tensaba a cada movimiento del dios del trueno, sin embargo en ningún momento le pidió que parara. Continuó de esa manera hasta que el cuerpo de Loki se dilató lo suficiente para permitir caricias más fogosas. Thor nunca llegó a imaginarse que pudiera sentir tanto placer. Tampoco pensó que estar con alguien se sentiría tan perfecto, y supo que nunca necesitaría a nadie más.
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El día siguiente los ases lo dedicaron a curarse una monumental resaca; si alguien notó que Loki y Thor nunca salieron de la alcoba que compartían nadie dijo nada. El día siguiente a ese finalmente el ejército se ocupó de sus deberes.
Fandral, Thor y Loki con ayuda de una de las hijas de Dgeir, llamada Threir, tenían la tarea de levantar el censo de los prisioneros alfh. Oficialmente le pertenecían a Laufey pero el rey jötun había cedido su custodia sobre ellos a cambio del pago de un rescate. Fandral se había conmovido al ver a Dgeir echarse a los pies de Odín para suplicarle por su ayuda, dado que ella no contaba con los recursos para pagar tan cuantiosa suma y la amenaza de Laufey de hacer colgar a los prisioneros a la entrada de Tonsberghus, tenía destrozada su consciencia. El Padre de Todo había hecho gala de suprema magnanimidad y consintió en pagar por la vida de aquellos desgraciados, aunque claro, se haría a costa del tesoro de Nornheim.
A Fandral le había encantado el gesto de su rey hasta que le cayó encima la tarea de administrarlos, tenían que requisar nombre, rango y familiares, y conformar dos grupos. Uno estaría formado por los capitanes y los novatos; el otro por los soldados veteranos. Enviarían a los primeros a Asgard y los segundos se quedarían en Alfheim. Aunque el rubio espadachín no le encontraba sentido aquello, cumplió sin chistar, bueno, tal vez se quejó un poco la noche anterior entre cálidos brazos femeninos. Era claro que aquella tarea se le hacía tediosa a Thor también, quién de hecho estaba intentando recordar de qué manera había hecho enojar a Odín para que le castigara de tal manera, su padre le dijo: Un rey también debe saber de cuestiones de administración. En cuanto a Loki, estaba ahí porque se había vuelto la niña de los ojos de Thor.
–¿Cuántos llevamos? –Preguntó Thor, como si estuvieran contando cabezas de ganado en vez de personas.
–Doscientos treinta y siete –respondió Fandral –¿o eran trescientos cuarenta y siete? –Bajó el atajo de papeles y miró a su compañera.
Loki se adelantó a comentar algo en alfh. Ella se rió de buen grado ante la broma, y luego Loki tradujo.
–Dice que son doscientos noventa y dos.
–¿Y eso le hace gracia?
–Es que dice que son personas, no ratones lo que estás perdiendo.
–¿Desde cuándo hablas alfh?
–Adquirí los rudimentos de su idioma a lo largo de esta tediosa mañana. –Thor ni se sorprendió, ya se había dado cuenta que estaba casado con un genio. –No entiendo la resolución de tu padre, está gastando una suma de dinero exorbitante por soldados derrotados y además de eso pretende llevarse a los altos mandos a Asgard con todo y sus familias. ¿Tú sabes que se propone con ello?
–No. Cuando me encomendó esta tarea no se me ocurrió cuestionar la raíz de la misma –dijo Thor.
–Me encantaría saberlo. Si pudieras averiguarlo y después referírmelo, sin que sepa que soy yo el que pregunta…
–Ahora mismo lo hago –dijo poniéndose en pie para ir a buscar a su padre, y se perdió de vista.
Loki no había esperado que hiciera aquello, y cuando se volvió hacia Fandral, este le estaba dando un beso que rayaba en lo obsceno a su compañera.
–Comprenderás que debo aprovechar el tiempo antes de que los crueles menesteres bélicos me aparten de su lado, de todos modos ya dominas suficiente alfh para seguir por tu cuenta –y tras ello puso pies en polvorosa. Loki se quedó preguntándose cómo es que si era más listo que esos dos, había terminado haciendo su trabajo.
Thor volvió al cabo de una hora cuando Loki ya había censado quinientas personas.
–Te traigo una respuesta –dijo muy ufano. Loki se mordió la lengua para no echarle bronca antes de que le contara lo que Odín había respondido. –Le hice saber qué era de mi interés particular conocer el motivo de esta leva. Me contestó que estos soldados ya están adiestrados para el combate, por lo que no tendremos que gastar en su formación; los capitanes marchan con nosotros para instruirlos a nuestra manera y utilizarlos con efectividad cuando sea necesario. Cuando un hombre se arrodilla y pide clemencia, debes ayudarlo a levantarse o de lo contrario, nunca se volverá a hincar para ti. Tendrán una deuda de vida con Asgard que los liberó del yugo de la esclavitud y la muerte. Eso y siempre tendrán rencor y odio con el ejército que los humilló y masacró, o sea el de tu padre –explicó Thor. –Por cierto, añadió que la próxima vez que tengas una duda, vayas a verle personalmente–dijo.
No habían engañado ni por un segundo a Odín.
–A veces no entiendo el proceder de tu padre –dijo Loki. Tenía muchas más interrogantes acerca de cómo se conducía en la política pero era obvio que el Padre de Todo conocía a su hijo para saber cuándo era él quien preguntaba, y cuándo era la curiosidad de Loki. Y aunque había hecho la invitación de que fuera a preguntarle, Loki no consideraba que le fuera a responder todas sus preguntas.
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Su regreso a Asgard estaba programado, había retrasado su partida lo más posible pero no debía tentar la suerte, aún no estaba fuera del alcance de Laufey. Bran probó estar en lo cierto, de la ciudad asgardiana nunca salió un solo mensajero para informar a los jötun de que su príncipe estaba en ese lugar. Los prisioneros norn fueron enviados inclusive antes de la celebración, el ejército ya había sido reducido. Thor se quedaría a buscar a Adalster pero el príncipe no tenía castillo, ni suficientes hombres, ni nada para continuar con una guerra y su aprensión era sólo para asegurarse que Alfheim fuera sometida por completo. Antes de marcharse, el Padre de Todo le mandó que se presentara ante él. La orden le resultó extraña pero acudió de igual manera. Una vez que el heraldo le dejó pasar a la sala encontró que el rey no estaba presente, aguardó pacientemente delante del escritorio de la gobernadora, el cual le había cedido para que Odín despachara sus asuntos. Había una carta encima del mueble que llamó su atención.
"Odín, rey de los aesir a Laufey, rey de los gigantes…
Me fueron transmitidas tus condolencias por el trágico accidente en que pereció el general Hibald así como varios de mis soldados, comprendo que llevados por el fragor de la batalla tus huestes hayan equivocado al momento de ejecutar a los alfh. Por supuesto esto no afecta nuestra alianza en forma alguna. El pago por los alfh que ahora están bajo mi custodia te será completado en cinco días más.
Acepto tu propuesta en torno al destino de Adalster, hijo de Giselher y actual heredero al trono. Quien lo capture primero podrá hacer con él lo que mejor le parezca sin que el otro pueda interferir.
Por último, comprenderás que estando en esta guerra es difícil controlar cada aspecto y cada pequeña minucia, sobre todo en lo que concierne a los jóvenes que a veces se dejan llevar por sus impulsos. Perdona la imprudencia de tu hijo Loki en el campo de batalla, estoy seguro de que está avergonzado de su conducta. Aun así lo he retirado de la guerra para que no vuelva a errar y le he enviado de vuelta a Asgard donde pertenece".
Le faltaba la firma por lo que Loki la dejó justo en la encontró y no supo qué pensar acerca del contenido. La puerta tras él se abrió y se levantó para recibir al rey. Odín lo escudriñó un instante antes de señalarle la silla donde él ya había estado sentado, Loki se acomodó en un fluido movimiento.
–Cuando tu padre me impuso tu matrimonio, el cual me vi forzado a aceptar, pensé en cualquier escenario posible. Creí que querrías asesinar a Thor en cualquiera de estos meses, que abrirías las puertas del Bifrost a un ejército de jötun listos para asaltar mi reino, que inclusive Laufey en secreto había pactado con Nornheim y Alfheim para llevarnos al campo de batalla y aniquilar al ejército asgardiano. Pensé inclusive que intentarías matarme –dijo el rey sin esperar que Loki dijera nada –lo que nunca pensé, fue que mi hijo se encaprichara contigo del tal forma que olvidara el decoro. No, aún peor, está tan cegado que no advierte su comportamiento –y en eso parecía bastante molesto. Probablemente hubiera preferido los intentos de asesinato.
–¿Por qué me dice esto, Padre de Todo? –Preguntó Loki –no he hecho nada que le haga pensar que intento hacer daño a la familia real, inclusive me pidió que dejara en claro dónde estaban mis lealtades, me arrestó en aras de un mejor pacto y he peleado en nombre de Asgard –se rió de pronto –¿es acaso deshonroso que mi cónyuge me prodigue respeto y cariño? –Le dijo –Más bien me parece que está a punto de pedirme un favor.
–Quiero que desaires a Thor. Sé cortés y respetuoso pero no fomentes su cariño ni su apego. –Ese era su deseo, uno que se contraponía completamente con el de su esposa. ¿Cuánto tiempo había transcurrido desde que Frigga le comentó que esperaba que se enamorara de Thor?
–¿Y qué obtendría yo a cambio?
–Laufey te tiene subestimado pero yo no –dijo Odín –no me ha pasado desapercibido tu aspecto ni tus acciones, y eso dice mucho más que tus palabras. Seguramente pasaste una infancia dura en Jötunheim porque Laufey sólo valora la fuerza y el tamaño, quizás creciste a la sombra de tu hermano. Ese rostro tuyo grita que no deseas ser un jötun ni familiar de Laufey pues quien se cambia de faz, lo hace para salvarse de algún perseguidor. Esto es lo que ofrezco: Jamás volverás a Jötunheim ni aunque tu padre te perdone la afrenta cometida y haga invitaciones corteses. Eres el príncipe consorte, y sólo eso, no hay más gloria en ello; pero puedo darte títulos, tierras, ríos y bosques; custodia sobre pueblos enteros y poder –ofreció.
Loki dejó caer su peso sobre la silla, apoyó las manos sobre los brazos de esta, como si estuviera tomando impulso. Hubo desconcierto en la mirada de Odín pues reconoció de inmediato su propio gesto. Se resistió a dejar caer su cuerpo contra la silla y acomodarse como si estuviera en Hliöskjálf. Aquel ademán de Loki le mostraba que estaba aprendiendo muy rápido acerca de cómo se manejaba el mismísimo Padre de Todo.
–No me ofrece nada nuevo, Padre de Todo. Eso lo puedo obtener con Thor a mi lado.
La resolución de apartar a aquel joven, y su influencia, del lado de su hijo se volvió férrea.
–Thor no reina, es el protector del reino pero no tiene poder político; y cuando lo tenga habrán pasado años. Puedo añadir a esta propuesta, la ciudadanía asgardiana. Laufey ya no podrá entrometerse en tus decisiones, ya no se diga que no podrá juzgarte por el ataque que hiciste contra su persona. No serás un jötun, sino un as. Pasado un tiempo, si lo has hecho bien, y dado que no necesitaré el permiso de tu padre, puedo anular tu matrimonio con mi hijo aduciendo que no puedes tener herederos. Y aun así continuarás viviendo en Asgard, con un título noble. Riquezas, ciudadanía y poder, además de mi agradecimiento –añadió –y debo advertir que estoy acostumbrado a pedir una sola vez, esta propuesta no te la volveré a conceder.
–Tendré que pensarlo –dijo Loki con aire meditabundo. No podía dar una respuesta en ese momento, además le gustaba la idea de poder mortificar un poco al poderoso Odín. –¿Puedo preguntar porque no le ha ordenado a Thor qué se aparte de mí? –No olvidaba que el rey le había gritado a su hijo que él decidía que debía tolerar y que no.
Odín se quedó en silencio por un momento.
–Porque me ha dicho que no –se sinceró el rey. No le mandó directamente que rechazara a su consorte, pero le había pedido prudencia en sus relaciones. Thor jamás decía que no a una petición suya, pero en sus ojos leyó que no lo iba a obedecer. Era Thor el que estaba encaprichándose con el jötun, no al revés; era por eso que le pedía aquel favor. –Márchate pues, no olvides mis palabras. Cuando regresemos a Asgard querré tu respuesta –y movió una mano despidiéndolo.
Nada más salir, se encontró con Thor de frente. Parecía un poco nervioso, quizás intuía parte de la plática si era verdad que Odín había hablado con él antes. Loki sonrió, y ese único gesto calmó al dios del trueno. Lo acompañó para despedirlo en la zona que se usaba para transportar gente en el Bifrost.
–Cuídate –le deseó Loki. –Sé que no será divertido encontrar al tubérculo con ojos sin mí, pero ya encontrarás algo conque entretenerte –dijo sonriendo.
Thor levantó sus manos para darle un beso en ellas en muestra de cariño. Había vuelto a su formal trato hacia él, lo que no molestaba a Loki de ninguna manera, no esperaba una adiós cargado de besos cuando ya se habían despedido enredados uno en el otro entre las sábanas.
–Te escribiré en cuanto tenga tiempo –dijo Thor. Aunque sin duda sería como su correspondencia anterior, de una misiva por semana. Antes de que se fuera, Thor le retuvo un instante más. –Te voy a echar de menos –añadió. Entonces dejó ir sus manos.
Loki lo miró alejarse pero antes de que se alejara más, lo alcanzó por la capa.
–No te agradecí por impedir aquel tratado que Kranjcar promovió y en el cual iba a salir muy mal parado, así que… gracias –dijo en ese momento. Con todo lo que sucedía siempre a su alrededor casi lo había olvidado y justo en ese momento, le pareció adecuado hacerlo. –En cuanto a Hagen –pudo ver la expresión de enfado en Thor –no me gustaron sus palabras –respondió por fin a su pregunta.
Thor sonrió.
–¿Y tenías que esperar hasta este momento para decírmelo? –Preguntó riéndose.
Parecía que les era difícil separarse. Era consciente de la serie de secretos que llevaba consigo, tales como que Hagen se encontraba vivo o que ahora Odín quería que se separaran. Finalmente Loki se unió a Ertan y su guardia. Radha viajaba con él como miembro de su séquito. El chico era muy nervioso para estar en la guerra, así que le habían cambiado del servicio de Thor, al de él.
Las luces del Bifrost descendieron y de pronto, estaba nuevamente en Asgard. Loki soltó un suspiro nada más llegar. Frigga fue directa hacia él con la palabra "bienvenido" en los labios y un fuerte abrazo.
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CONTINUARÁ…
