DE ARDIDES Y MENTIRAS

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CAPÍTULO VII

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Breves notas de la autora:

Esto no lo escribí, lo parí. Ahora extraño los episodios de guerra. En fin, mismos créditos financieros que en el primer capítulo. Agradezco mucho a Cuencas Vacías por no asesinarme en esta ocasión y en cambio ser paciente y ayudarme con la coherencia y fluidez del capítulo hasta que quedamos contentas del mismo. (sé que te correrán de tu trabajo por esto ¡pero ni te gusta!). Agradezco a quienes me enviaron un review, a quienes siguen la historia y a quienes simplemente la leen. Y especialmente a Yaya por regalarme el poster de Thor para mi inspiración personal.

Ya no diré nada acerca de la longitud de los capítulos. Salen como tienen que salir y no hay más. No sé si hemos conseguido superar el capítulo anterior pero como son de temática diferente, lleva un ritmo diferente. Quiero anunciarles que Odín ganó el premio al mejor padre del año, básicamente ha sido porque Heimdall lo ha robado por él. (Lo siento, tenía que bromear con eso).

Sin más… bienvenidos a la Corte de Asgard.

ADVERTENCIAS: Intrigas e hipocresías al por mayor, un poco de M, AU, Thorki…

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Capítulo VII:

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La algarabía de la tasca era mayor desde que varias unidades de soldados fueron licenciadas de la guerra. Se decía que habían ganado pero el Padre de Todo aún no volvía para celebrar la victoria. El hombre que recién entraba, llegaba tarde. Sabía que le esperaban en un salón privado en la parte superior. Subió, antes de abrir la puerta, alcanzó a escuchar parte de la conversación.

–Te juro que los midgardianos no tienen idea de otros reinos, pero si de algo saben, es de seda –dijo una voz de mujer –tengo unas telas hermosas. Intenté nuevamente colocar algunas entre las damas de la corte pero la perra de Olenna aún me tiene vetada –se quejó. Aquella palabra estaba por dejar de ser un insulto y pasar a ser un segundo nombre.

Entró en la sala. La mujer tenía un claro acento de Gundersheim y ojos rasgados, como muchos de sus conterráneos; era comerciante y se dedicaba principalmente a indumentaria y joyería. Tenía un problema con Olenna que con el paso de los años no hacía sino macerarse. Su interlocutor era un hombretón bastante robusto, casi tanto como Volstagg, y al igual que el capitán hired también usaba una larga barba, solo que la suya ya pintaba varias canas. Éste último se acercó a abrazarlo como bienvenida. Eran consuegros.

–Mi querido gobernador de Harokim –lo saludó burlonamente el otro hombre.

Se disculpó por su tardanza. Ya habían ordenado cerveza, así que tomó asiento. La fortuna les había dotado de riquezas, a uno como gobernador de una de las ciudades de Asgard, al otro como líder gremial de acereros de Nidavelir, y a la otra como mercante de la nobleza; pero ahora la puerta de la bonanza se estaba cerrando. Las influencias que antes tuvieran en el palacio habían menguado desde que Sif fue hecha princesa; aunque ellos tres bien sabían que no era cosa de la chica, ni siquiera de su generalísimo padre, sino de la madre de esta. Cuando se nombró a la joven como prometida del príncipe heredero, Olenna se había conducido con tanta vanidad, que parecía que ella fuera la novia.

–Mi hijo me habló del nombramiento de Bran, hijo de Vorts; como general de los hired –dijo el líder gremial. Ambos hombres tenían hijos en el ejército. La comerciante continuaba soltera, no por falta de oportunidad, sino por decisión propia.

–El mío hizo lo mismo, parece que se lleva bien con aquel hombre pero… –el gobernador hizo una mueca en una línea –Bran puede tener modales de carnicero pero tiene tanto sentido del honor como el mismo Starkag, y no tiene esposa que le haga cambiar de parecer cuando cometa una necedad. Su nombramiento es importante pero te apuesto a que no afectará la vida de palacio, en un año la bruja de Olenna estará intentando casarlo con su sobrina –dijo encogiéndose de hombros, no había otro remedio, él no tenía hijas. ¿Y entonces dónde estaría la oportunidad que ellos deseaban de escalar entre la nobleza? –No soy avaricioso, sólo quiero ver a mis hijos, ya no como capitanes, tal vez como segundos al mando de una unidad; como mayordomo del palacio o jefe de los pajes, maestre adjunto, guardián de la reina… –dijo moviendo las manos. Alguno de aquellos puestos.

–Ya, y yo sólo quiero ver a la reina Frigga usando mis joyas –dijo la mujer.

Los tres soltaron la risa. El acerero asintió dando por ciertas sus palabras.

–Al menos con Hibald se podía obtener algo, sólo había que meterle unas cuantas chicas en la cama. Ah como le gustaban las pelirrojas –dijo el hombretón con nostalgia. Era un experto en el área de meter mujeres en los lechos de los nobles, había provisto de varias de muy buen ver, inclusive para el mismísimo dios del trueno y los tres guerreros; por cierto, Hogun había devuelto la suya. –Estoy intentando encontrar una al gusto de Oleg, ahora que es capitán de la guardia –dijo el hombre.

El gobernador mostró de inmediato enfado.

–Escupo en el capitán Oleg –dijo, pero era en un sentido figurado.

Levantaron las copas y bebieron a la salud del general muerto. Se quedaron en silencio durante un momento. Posiblemente la cabeza del acerero se había ido a las cuentas, como dueño del clan enriquecía mucho más cuando se declaraba guerra. Su preocupación se debía a que Olenna intentaba colocar acero svartá debido a que tenía un íntimo amigo que lo importaba.

–Puede que tenga la solución –dijo el gobernador de pronto, pareció dudar de seguir hablando pero finalmente lo hizo –el príncipe Loki.

El acerero se irguió en la silla como si le hubiera dado un golpe directo en la nariz, en cambio la mujer alzó una ceja, completamente escéptica.

–¿El segundo consorte? No sé si te has enterado amigo pero en este momento los jötun no son muy queridos. Se sabe que fueron ellos quienes cegaron la vida de Hibald. Si no han asesinado a los que vinieron con el príncipe es porque los nobles no son tan valientes como para plantarles cara –dijo negando el acerero –ese príncipe está solo, carece de cualquier influencia en la vida de palacio.

De entre sus ropas el gobernador sacó un pedazo de pergamino que colocó sobre la mesa. La comerciante lo miró antes de tomarlo.

–Es una misiva del príncipe Thor al segundo consorte –les explicó –una copia, desde luego, la original está en el palacio, es más, creo que aún no se la han entregado –dijo riéndose, no lo pudo evitar –me ha salido cara.

La mujer no preguntó el precio, en cambió levantó una mano para que la dejara concentrarse en su lectura. No era una carta larga, menos de una cuartilla pero repasó las palabras una y otra vez hasta estar segura de que lo que leía no era mentira, sin decir nada, se la pasó a su otro amigo.

–¿Estás son palabras del dios del trueno? –Preguntó sorprendida, el otro asintió. –¿Cómo la has conseguido? ¡Olvida eso! No lo puedo creer, pensé que el segundo matrimonio sólo era por entera conveniencia y por la novedad de acostarse con un jötun ¿cuántos en Asgard pueden presumir de ello? –Dijo mirando al acerero.

–Ninguno –dijo éste –bueno, el príncipe heredero–añadió poniendo la carta sobre la mesa.

–Como dices, puede que el príncipe Loki esté solo y cuando Olenna se entere de esto lo va a destrozar, porque claro, se va a enterar –vaticinó –así pues, nuestro joven príncipe no cuenta aún con amistades, eso es mejor que mejor; estoy seguro que sabrá ser agradecido con quienes le tiendan la mano en estos momentos.

–¿Vamos a apostarle a la lujuria? –Preguntó la mujer. –Ninguna novia de nuestro querido dios del trueno ha durado, ¿recuerdan a aquella de Nidavelir? La que era castaña y pequeña como un pajarillo, le tuvo encantado unos meses… –e hizo memoria intentando traer el nombre de la chica pero no pudo. La joven al fin y al cabo había pasado sin pena ni gloria.

En ese momento el gobernador sacó otro pedazo de pergamino. El hombre no haría tal ofrecimiento a sus amigos sino estuviera seguro de lo que hacía.

–Aquí tengo la misiva que le envió a la princesa Sif –dijo.

La comerciante de inmediato se la arrancó de las manos para leerla.

–Esto debe ser una broma, espero que hayas verificado la autenticidad de estas palabras porque yo le he hablado con más pasión a mi gato –dijo la mujer. Puso una carta sobre la otra.

–Puedo asegurar que son auténticas. También me contaron anécdotas de los desposados en la guerra en Alfheim, una fuente más que fidedigna –dijo el gobernador, de hecho se lo había referido su hijo menor–los vieron besándose en público delante del mismísimo Padre de Todo. –Los otros dos se quedaron congelados –dicen que lo tiene seducido hasta la locura. También que lo tiene embrujado pero esas son patrañas –dijo sabiendo que eso último era un rumor que estaba haciendo correr el capitán de la guardia.

El acerero recuperó su semblante y miró fijamente a sus amigos. De pronto empezó a reír a carcajadas, se calmó un segundo después para poder hablar y explicarse.

–Con las influencias adecuadas puede llegar lejos, y me imagino que no es difícil acercarse hasta él –dijo mirando al gobernador que negó con la cabeza. –Menos mal que no hay que hacerle mil caravanas a nadie para obtener una audiencia. –Miró su vaso, ya estaba casi vacío pero había suficiente, lo levantó para que brindaran, porque habían tomado una decisión. –Por el príncipe Loki y porque el heredero al trono continúe tan deseoso de él como hasta ahora.

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Se removió en la cama, la consciencia empezó a hacer presa de él. Estiró una mano buscando a Thor para abrazarse a él y conciliar de nuevo el sueño pero no lo encontró. ¿A dónde lo había enviado ahora Odín? Esperó a escuchar el trajinar del campamento o que de pronto anunciaran que los estaban atacando, sin embargo todo estaba muy silencioso. Loki abrió los ojos por fin, la estancia se aclaró con la luz del amanecer, aún era temprano pero sintió que durmió demasiado. Tardó un par de minutos más en recordar que estaba en su alcoba en Valaskialf y no en el acantonamiento en Alfheim. Tomó las sabanas y se enredó en ellas, echaba de menos el cuerpo de Thor a su lado. Llevaba dos días despertando de la misma manera, no dejaba de pensar en las caricias de Thor sobre su cuerpo, rememoraba aquello con tanta nitidez que casi podía sentir el aliento del rubio sobre su nuca. Apretó los ojos y por un instante lo tuvo a su lado.

Se enderezó al fin y al cabo pero se quedó dentro de la cama. Sus pensamientos se fueron hacía la propuesta de Odín, sabía que era algo que no debía tomar a la ligera, que debía meditar concienzudamente. Todo lo que le prometió sonaba bien, pero lo que más le atraía era la posibilidad de quedarse en Asgard como ciudadano, completamente fuera del alcance de Laufey pero para ello tenía que renunciar a Thor. ¿Y si decía que no? Sin embargo antes de continuar meditando la idea, llamaron a la puerta. La cabeza de Radha se asomó.

–Buenos días, mi señor –lo saludó –veo que ya ha despertado, pediré el desayuno para usted –le dijo. Seguro que el paje, al igual que él, tenía el horario trastocado por la vida en Alfheim. Llevaba en las manos una misiva. Thor había prometido escribirle pero no esperaba que fuera tan pronto.

La desdobló mientras Radha abría las cortinas del balcón permitiendo la luz del sol colarse.

"Loki,

No hemos encontrado a Adalster, los hombres están desanimados pues esperaban un pronto retorno al hogar, esa es una añoranza que comparto con ellos. Por cierto, ordenaré que empiecen a buscarlo enterrado en los sembradíos de vegetales.

Hemos tenido otro conclave con tu padre y hermano, siguen tan encantadores como siempre. Laufey te concede su perdón y suspende la orden de arrestarte. Aunque podría ser una artimaña para echarte guante en cuanto te dejes ver. Aun así ¿qué es la vida sin algunos riesgos?

Hablando de ello, no sé cómo decírtelo pero te extraño.

No he dejado de pensar en tus ojos y las incógnitas que reservan, ni sé cómo llenar el vacío que has dejado tras tu partida. Ven a mi lado y alivia esta nostalgia que tengo de ti. "

Loki rió, primero por aquella broma privada del príncipe de Alfheim transformado en un tubérculo y segundo porque podía apostar que las últimas frases fueron idea de Fandral. Thor no era dado a decir tales cosas pero aun así no pudo evitar sonreír. Dobló la carta de nuevo, abandonó la cama. En cuanto a las noticias de su padre, aquella concesión de perdón debía ser ratificada por Laufey con algún mensaje; ojalá pasara pronto pues Ull y Vill, sus únicos amigos en la corte se mantenían apartados de él por aquel incidente en Ostlandet, y era difícil no verlos cuando sus aposentos estaban inmediatamente al lado. Aquella muestra de misericordia también significaba que Laufey no renunciaba ni a la alianza con Asgard ni a sus planes para con él. ¿Qué quería? Loki no dejaba de preguntárselo, igual y dejaría de importar si aceptaba la propuesta de Odín.

–Príncipe, la reina Frigga quiere que le informe del cambio en el lugar del festejo en honor a usted, y a los que volvieron de la guerra –dijo Radha.

Frigga había insistido en aquella celebración para honrar que volvió a salvo y victorioso de la batalla, se habían invitado a otros nobles y soldados que retornaron igualmente de Alfheim. Loki no dijo que no. El cambio de lugar era en razón al número de invitados, sin duda los ases eran afectos a celebrar ese tipo de cosas. Se puso presentable, desayunó y pensó en que debía encontrar algo qué hacer, se negaba a encontrarse melancólico, sin embargo su paje entró para anunciarle que tenía una visita.

–Se presentó como Yrsa, es una comerciante de Gundersheim –dijo Radha.

Loki accedió a verla extrañado porque no la conocía ni de oídas, la hizo esperar sólo un instante antes de encontrarse con ella en el recibidor de sus aposentos. Lo primero que le llamó la atención fueron sus ojos, eran rasgados igual que los de Hogun. La mujer hizo una caravana delicada, poseía una sonrisa amplia y esperó a que él le indicara que podía sentarse.

Yrsa miró a Loki como estudiándolo. Había contemplado al príncipe de Jötunheim previamente, el día que las tropas marcharon a Alfheim, pero lo había hecho de lejos. Ese día el Loki que había visto tenía la piel azul y vestía ropas hechas con pieles que dejaban al descubierto sus brazos y parte de su pecho. Por ello en ese momento se sorprendió al verlo aparecer más similar a los aesir. La superaba en estatura, lo cual no era de extrañar, después de todo seguía siendo de la raza de los gigantes. Su piel pálida realzaba sus rasgos de una delgadez angulosa que le daba a su semblante un aire solemne, pero lo más asombroso en él eran sus ojos, cuando la miró Yrsa sintió que era transparente para él. Su porte era digno de la nobleza aesir y con las ropas adecuadas, nadie en la corte se atrevería a tratarlo con desdén, la misma Olenna que daba importancia a la apariencia, no se atrevería a hacerle un desplante de frente. Como buena comerciante que era, se fijó en la ropa que llevaba ese día, se percató de que, aunque era digna de su rango, estaba lejos de la opulencia con la que ella pretendía ataviarlo.

–Príncipe Loki, es un honor estar ante usted, mi nombre es Yrsa. He escuchado de sus hazañas y su gran habilidad en los combates de Alfheim y eso me hizo desear conocerlo, le agradezco por haberme recibido cuando sólo soy una comerciante sin rango ni importancia dentro de la corte –dijo la mujer, toda ella adulación y lisonjas. –Le he traído un obsequio, espero que sea de su agrado –movió las manos sobre el paquete que llevaba envuelto en papel dejando al descubierto ropajes de rica confección. Eran negros entrelazados con verde, ribeteados en oro. Loki no se dejó deslumbrar aunque estaba curioso de saber de qué iba aquello –si me permite la osadía, el color verde combina con sus ojos, y los hará resaltar espléndidamente –lo halagó.

No era confiado, y la visita inesperada de aquella mujer le indicaba que deseaba algo. Tomó las ropas y las sacó de su envoltorio para mirarlas, le tela era suave, sin duda se trataba de una prenda fina y costosa. No pensó que hubiera una trampa más que el hecho de que deseaba adularlo pero si tuvo qué preguntarse por qué lo hacía en ese momento y no antes cuándo permaneció en palacio, bajó la ropa y miró a la comerciante a los ojos.

–¿Qué es lo que quieres? –Le preguntó sin ningún adorno. La sonrisa de la mujer danzó por un instante en su boca –es un regalo agradable pero si quisiera ropa podría pagarla; así que respóndeme con más que frases corteses y vacuas –señaló. Como príncipe consorte tenía una asignación, y su padre por supuesto que le envió con una dote, no necesitaba de presentes.

–No es mi intención insultarlo, por supuesto sé que puede pagarlo –dijo Yrsa. Loki continuó su asedio con la mirada. –El príncipe es directo, eso me gusta –dijo al fin la comerciante dejando de lado la sonrisa que portaba para cambiarla por una que reflejaba astucia. –Me pregunta que es lo que quiero, pues bien, deseo lo que todo buen comerciante quiere. Este es el primer obsequio de muchos más con los que, si me lo permite, voy a colmarlo. Mi deseo es que use estos ropajes reales en el festejo que organizó la reina por su retorno a palacio, y en muchas ceremonias más. Deseo que los nobles se pregunten quién se las proveyó, y esa seré yo. Quiero que le envidien las joyas, los tapetes, los muebles y me busquen. Y quizás un día usted invitará a la reina Frigga a desayunar y yo me encontraré aquí en su compañía, por supuesto que será un error del paje que me ha permitido pasar, pero usted con su buen ojo quizá elija algo de mi mercancía, quizás un collar de zafiros de Svartálfheim para la reina; más aún el día del retorno del príncipe Thor usted podría obsequiarle una capa roja, bordada en plata élfica que por cierto ya se está elaborando en los talleres y correrá por mi cuenta –la mujer se rió sin poder evitarlo dejando correr su imaginación. –Eso es lo que deseo.

–Entiendo tu pretensión pero ahora debo preguntarte porqué has venido a buscarme precisamente a mí. No soy querido en la corte, las damas de la misma, Iôunn, Olenna, Sif, Freyja, son más apropiadas para influir a tu favor –dijo.

Yrsa soltó un suspiro.

–No voy a mentirle. La madre de la princesa Sif me tiene vetada de la corte –se sinceró –dijo que le había escatimado en la mercancía, lo cual no fue cierto pero los otros cortesanos lo tomaron como tal así que… estoy al borde de la ruina. –Loki la miró con escepticismo. –Usted podrá pensar que lady Olenna no puede en realidad impedir nada, pero se equivoca, maneja a los nobles con una mano a la cintura y también a la servidumbre; la nobleza olvida que son los pajes quiénes les llevan su comida, sus mensajes, vigilan sus puertas y escuchan sus secretos y ella paga muy bien por conocer quién, dónde y cuándo suceden las cosas –dijo pues Loki le había pedido franqueza. –He tratado de sortear los obstáculos que ha puesto en mi camino pero no es posible para alguien de mi rango. Sin embargo príncipe, si hay alguien fuera de la sombra de ese ser, es usted.

Loki no le daba importancia a Olenna. No olvidaba que desde que desposó a Thor el trato de los cortesanos se tornó frío, con menosprecio, y a Loki no le había importado. En Jötunheim no se sucedían así las cosas, no había juegos de cortes, los asuntos siempre se arreglaban de frente y en más de una ocasión con golpes que los solventaban.

–Me halagan tus prendas Yrsa –dijo finalmente tras pensar en ello. –Las aceptaré y no olvidaré lo que me has contado – Loki era mesurado, no quería decirle que no a destajo y la mujer le había dicho algo que jamás se hubiera parado a pensar.

Yrsa se dio por satisfecha con sus palabras.

–Si me necesita sólo mande a su paje, me aseguraré de que sepa dónde encontrarme –le dijo. Yrsa hizo una reverencia y se marchó. Loki dejó las prendas a sabiendas de que Radha se encargaría de ponerlas en su sitio.

Decidió responder a Thor su misiva.

"Thor,

Empiezo a creer que me has engañado respecto a Adalster. Un tubérculo no podría esconderse para siempre de dos ejércitos y de la vista de Heimdall ¿no será que lo tienes más cerca de lo que crees? De cualquier forma, espero que tu empresa triunfe.

Dile a Fandral que sus palabras son adecuadas para cualquier doncella, no dudo que le hayan prodigado más de una mirada llena de amor incondicional pero sus encantos no me hicieron efecto alguno. Coincido contigo en cuanto a los riesgos pero no quiero tentar mi suerte poniéndome cerca de mi padre, como bien dijiste en el campamento, su cercanía hace un extraño efecto en mí, prefiero aguardar al momento en qué informes que no están cerca del ejército as.

Te dedico cada uno de mis pensamientos."

Se detuvo en la última parte de la carta. No debería buscar verlo, pues su cercanía le impediría pensar la propuesta de Odín pero no pudo evitar finalmente dejar aquellas palabras en la carta.

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Bajó la espada. Su pecho se agitaba por el esfuerzo realizado en el entrenamiento, se apartó los cabellos de la cara. Sonrió a su contrincante en el suelo. La adrenalina le corría por todo el cuerpo, casi como si estuviera en el campo de batalla aunque no estaba ni cerca de éste. Hizo una respiración más profunda, estaba esperando que se pusiera en pie para lanzarse de nuevo al ataque cuando su doncella apareció.

–Mi señora –dijo acercándose y viendo de reojo al gigante que entrenaba con ella. –Su madre la manda a llamar –añadió en voz un poco más baja.

Sif soltó un suspiro de decepción. El gigante derrotado era Ull, uno de los jötun venido con el príncipe consorte, éste le hizo una mueca burlona, porque claro, él no tenía a su madre llamándolo para sacarlo del entrenamiento.

–¿Es muy urgente? –Le preguntó la guerrera pensando en que podría evadirse del llamado pero la doncella sólo asintió. –¿Mañana a la misma hora? –Le preguntó entonces a Ull. Al otro lado de la cerca había un corro de guerreros que habían detenido sus ejercicios para observar la pelea. Había elegido al par de gemelos para entrenar porque, debía admitirlo, le dio pena verlos tan aislados y solitarios. La primera vez los hermanos la miraron como si planeara algo, pero aceptaron y desde luego que no temieron golpearla ni lastimarla en el enfrentamiento. A pesar de su muestra de cortesía, ningún otro soldado se animó a practicar con ellos, en especial desde que se corrieron rumores acerca de la muerte del general Hibald. En el colmo, Ull le caía bien. Su humor ácido era el contraste puro de la zalamería de los cortesanos de Asgard.

–Tal vez, depende de si tu madre te deja venir –dijo el jötun con la confianza con la que siempre se había manejado. Si de su propio príncipe era capaz de reírse, no iba a ir una princesa de otro reino a enseñarle modales.

–No tientes tu suerte –le dijo entre risas, aunque seguro que el gigante tendría razón.

Le pasó sus armas a su escudero para que se encargara de éstas mientras ella se alejaba por los pasillos con Myr, su doncella, por detrás. Por los corredores algunos la saludaron pero ella no se detuvo a hacer plática con nadie, en cambio en cuanto entró a sus aposentos aguardó por el regaño de su progenitora. Quería a su madre, desde luego, no tanto como a su padre a quien adoraba, pero le molestaba que desde su matrimonio con Thor no dejara de intervenir en cada uno de los aspectos de su vida. La encontró en su vestidor escogiéndole un vestido para la celebración que Frigga iba a dar por el retorno de algunos de los más excelsos guerreros, en realidad la celebración era por Loki pero Olenna prefería pretender que era por el ascenso de Oleg como capitán de los einheriar.

Normalmente ellas no pasaban tanto tiempo juntas, Sif compartía las comidas con alguno de los tres guerreros o con Thor, entrenaba con ellos o con sus ulfhednar a los cuales les hacía bien que los hiciera morder el polvo cada tanto solo para recordarles que no por ser mujer era blanda; y por las tardes podía charlar apaciblemente con Starkag de estrategia militar o de cualquier anécdota de cuando el rey Odín y su progenitor servían al anterior Padre de Todo, el rey Bor. Y en la cena podía volver a reunirse con ellos, y hablar con Hogun a quien todos tenían que sacarle las palabras casi con tirabuzón, excepto ella.

Pero la guerra los mantenía a ellos lejos, y a su madre cerca.

–¿Me has mandado a llamar? –Le preguntó.

Su madre se giró, no tenía el ceño fruncido y eso hizo temer más a Sif. La vio sacar una misiva. Con el Bifrost sellado se había perdido comunicación con Alfheim pero finalmente los mensajeros volvían a transitar entre reinos. La tomó pensando que era de su padre, con suerte, le pediría que regresara al campo de batalla pero después se quitó esa ilusión, su fracción de ulfhednar habían sido licenciada por el rey.

–De tu esposo –le dijo.

Thor jamás le había escrito nada en su vida. Fue todo un detalle encontrar que la carta seguía sellada, seguro que su madre echó mano de toda su fuerza de voluntad para no abrirla.

"Sif,

Me quedaré en Alfheim para encontrar a Adalster. Los ulfhednar te echan de menos, dicen que les levantas la moral sólo con verte, tú y yo sabemos que son dichos de Bran; por cierto, ahora los consejos de guerra son más divertidos.

Los tres guerreros se quedarán, aunque preferirían estar en batalla que buscando al príncipe.

Cuídate".

–Todo el reino sabe que permanecerá en Alfheim hasta que capturen a ese príncipe bárbaro, pero es bueno que él mismo te diga donde se encuentra –le dijo su madre.

Sif cambió de opinión, en lo que su madre se había vuelto diestra era en sellar lacres. Dejó la carta sobre la cama. Mientras ella se acicalaba su madre parloteó lo mismo de siempre: que Thor por fin le había hecho caso cuando le pidió que la sacara de la guerra porque no era su lugar, que la adoraba más que al sol y la luna, que en cuanto tuvieran un heredero sabría lo que era la felicidad… Más o menos así era la charla de todos los días. A veces tenía el impulso de hacerle saber a su madre que no amaba a Thor y que era recíproco, pero esos sentimientos o carencia de los mismos, eran de índole personal. Sif no había vuelto a Alfheim porque el Bifrost se selló y aunque pensó por un instante en que podía darle alcance a Loki y partir con él, tuvo otra razón de mucho mayor peso para quedarse; esa que compartía con el maestre Harma y que ni a su madre le había contado.

La dejó elegir su ropa. Seda y encajes con brocado de marfil para la ocasión. No le gustaban los vestidos tan elaborados y estorbosos pero su padre siempre le enseñó a escoger sus batallas, una ridícula prenda no era motivo para clavarle la espada a nadie. Desde su compromiso con Thor las nobles, los sirvientes e inclusive los concejales del reino, habían cambiado su forma de tratarla, la vida en palacio ya no le agradaba. La única que continuaba con su mismo trato era Frigga, quién siempre mantenía las intrigas de la corte en un nivel aceptable, pero estaba ocupada como regente y apenas si prestaba atención a lo que sucedía entre los nobles.

Al salir, su madre se detuvo en cada pasillo a charlar con alguien que deseaba saludarlas. Demoraron con el gobernador de Gundersheim y Sif divisó en ese momento a Loki, caminaba al lado de la reina. La valkiria había escuchado mucho sobre él de boca de los ulfhednar; había salvado a Thor del fuego maldito del dragón en dos ocasiones, ayudó vencer a aquella bestia infernal y peleó contra los alfh. Las opiniones en contra versaban sobre su magia, que invocaba demonios o que era tan cruel como su padre. Vio a los nobles, los mismos que en presencia de su madre desearon que Loki pereciera en la guerra, saludarlo, felicitarlo por la gloria en los combates y ser amables con él. Sif sabía que era por Frigga. Ella se lo había advertido a Loki, que la corte era aún peor que la batalla.

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Aquella mañana Sif se dirigió a las caballerizas vestida con traje para montar. La noche anterior había enviado a su doncella con un mensaje para Loki, en el cual incluía a su amigo Ull, los invitaba a salir de cacería. No tuvo que esperarlo, él ya estaba en las caballerizas cuando ella llegó. Los pajes estaban ensillando las monturas y les lanzaban miradas nerviosas que iban del uno al otro. Ull desde luego que no llevaba caballo.

–El día de ayer sólo pude saludarte antes de que los nobles te acapararan –dijo Sif a modo de saludo.

–Podrías haberme salvado de sus saludos superfluos, creo que más bien te divertiste al observar como tenía que sortearlos –respondió Loki, y ella se rió porque le fue refrescante su actitud.

El caballerizo le pasó las riendas de su yegua blanca, había sido regalo de su padre, su nombre era Freki. En cuanto a Loki, inclusive a ella le sorprendió que usara a Tanngrijos, uno de los sementales de Thor pero no le dijo nada. La partida de caza iniciaba con las luces del alba y por lo general era compuesta por numerosos miembros de la corte pero ese día, de las caballerizas de Valaskialf, sólo salieron ellos dos con sus respectivos pajes, Ull y los perros de caza que pertenecían a la princesa.

El sol los encontró entre la maleza y siguiendo el sonido del río Godul. Sif aparejó su yegua al lado de Loki y él entendió que pretendía que charlaran.

–Estaba harta de encontrarme encerrada en palacio, echo de menos el campamento –le dijo. Loki podía entenderlo, él también lo hacía. –Y de no tener a alguien diferente con quien hablar, las doncellas y demás damas de la corte únicamente tienen un tema de conversación. De no ser por tus amigos, y porque han vuelto legiones de ulfhednar no tendría con quién entrenar.

–Pensé que entrenabas con los berserkir, que estabas en la unidad de tu padre –dijo Loki.

–No, soy capitán de los ulfhednar junto con Fandral. Mi padre es un hombre serio, recto y honorable, no quería escuchar que se dijera que tenía preferencias hacía mí –dijo y captó la mirada de Loki sobre ella –no lo digo porque sea su hija, lo digo porque es la verdad y todo Asgard lo sabe.

Con esa charla descubrieron que tenían un tema en común. Hablaron de la guerra que a ambos les había tocado ver, ella la de Nornheim y él la de Alfheim. Mencionaron a Hogun lanzando a los berserkir al ataque y de qué Volstagg era diferente en el campo de batalla y en la mesa de un banquete. Y desde luego que su charla los llevo irremediablemente hacía Thor.

–La verdad es que Thor superó mis expectativas –dijo Loki acerca de él –su fama lo precedía como uno de los más aguerridos en los nueve reinos, pero además de eso es duro. Lo vi con heridas atroces que hubieran tumbado a cualquier otro y sin embargo, él estaba de pie en primera línea de batalla –se interrumpió de pronto. –Sus hombres le tienen gran estima…

–…Porque jamás les pide nada que no esté dispuesto a hacer –dijeron sin querer a coro.

Sif tomó la palabra en esta ocasión.

–Sus soldados lo aprecian, en la corte también lo quieren y no se meten nunca con él. Y las doncellas… –en esa parte soltó un suspiro y rodó los ojos pensando en el tema. Como en antaño, no era un tema que ocasionara celos en ella. Loki la miró, no quería parecer insistente pero tenía curiosidad.

–No puedes decir algo como eso y quedarte callada a mitad de la oración –la instó.

Sif miró el camino, tanteando sus palabras.

–Los amigos que tiene son por una razón. Con Hogun comparte la disciplina de la guerra, con Volstagg el gusto por la comida y con Fandral el deleite por las doncellas y por alguno que otro hombre –contó. Loki esperaba que dijera que compartía con ella pero no dijo nada relacionado con eso. –Aun así hay una diferencia entre ambos, Fandral conquista todo lo que se menea, y a Thor se le echa encima todo lo que se mueve, y claro, él no dice que no. Se acostaba con todo lo que se le ofrecía –dijo riéndose –y nosotros somos sus consortes –añadió con ironía.

Eso hizo a Loki percatarse de porqué Thor no lo rechazó la primera vez. Y no le sorprendió saberlo, su experiencia en la cama denotaba numerosos amantes.

–Y aun así se maneja con diplomacia en público –dijo Loki.

–No es muy dado a las muestras de cariño ante nadie, sólo con Frigga. A mí ni siquiera me toma de las manos –dijo Sif. Sus caballos andaban con paso lento, como si intuyeran el estado de ánimo de sus jinetes. La valkiria miró a Loki de reojo –he escuchado de un rumor absurdo sucedido en Alfheim.

–Después de lo que me has contado, eres libre de inquirir lo que quieras –dijo Loki como si le adivinara el pensamiento.

–Me contaron que te besó en público y además delante del rey.

–Estaba ebrio –aceptó Loki.

Ambos se quedaron callados. Sif estaba sorprendida por saber que era cierto, se lo había dicho su primo pero no quiso creerlo porque presumía de conocer a su amigo. En cuanto a Loki, pensó que Thor era mesurado cuando acariciaba sus manos en señal de despedida y cuando se acercaba tanto que casi le besaba; ahora descubría que no era así. Thor jamás había sido diplomático con él. ¿Era por ello que la gente insistía que le tenía hechizado? Loki nunca lo hubiera adivinado, antes no tenía punto de comparación de cómo era Thor con sus parejas.

–¡Hey! –Gritó de pronto Ull señalando a la lejanía. Los perros que habían estado olfateando todo ese tiempo el suelo o la brisa, ladraron estruendosamente y salieron corriendo detrás del jabalí que se perdía en la distancia. –Pueden trenzarse el cabello después, o si quieren continúen, así me quedo yo con la presa –dijo el gigante corriendo detrás de los canes.

Al atardecer, tras la batida volvieron a palacio. Sif y Loki habían dejado correr la conversación acerca de Thor, ambos reían recordando los momentos más destacables de la jornada. Los pajes llevaban las presas abatidas, tres ciervos, el jabalí y un par de corzos. Antes de llegar a las caballerizas encontraron un corro de cortesanos que esperaban su retorno, con mesas de apuestas incluidas. La sonrisa en el rostro de ambos se congeló al instante. Sif había pasado un buen rato en compañía de los jötun. Loki era bastante listo, tenía un tino excelente con la lanza aunque con arco y flecha fuera un total asco, inclusive se había caído del caballo, y él que más se había reído de eso fue Ull; Loki se excusó aludiendo que no dominaba aún su montura. Sif encontró, extrañamente, un compañero en él. El jabalí había caído bajo su mano, así que le dio órdenes a su sirviente de enviarlo a las cocinas para que se preparara un banquete para ellos dos.

No quiso saber de las apuestas de los otros nobles, ni indagó en sus miradas de orgullo y decepción. A veces tenía ganas de gritarles que no esperaran nada de ella, porque jamás actuaría como deseaban. Estaba cansada de que todos le dieran consejos, debido a su juventud, y creyeran que podían influir en sus decisiones, especialmente su madre.

–Enviaré a mi doncella para informarte la hora de la cena –dijo Sif a Loki, quién asintió.

En cuanto entró a sus alcobas su madre ya la aguardaba. ¿No se suponía que estaba en reunión con Iôunn? De nada servía que intentara pasarla de largo, pues estaba a mitad de su alcoba.

–¿Cómo te ves cuando estás con el jötun? –Le preguntó.

–No muy distinta de cuando estoy con cualquier otra persona –respondió sin disimular el fastidio que sentía.

–No eludas mi pregunta –le reprochó –sabes perfectamente a qué me refiero. Tu lugar como consorte no es haciéndote amiga de quién puede cuestionar tu sitio al lado del próximo rey de Asgard. ¿Tienes idea de lo que se dice de ese salvaje? Oleg lo vigiló por nosotras en el campamento ¡dormía todo el tiempo en la tienda de tu esposo! –Estalló. El día anterior no había hablado con su sobrino pues no quería privarlo de la felicidad de su nuevo cargo, pero esa mañana mientras Sif salía de cacería con el jötun hablaron de todo lo sucedido en Alfheim.

–Que resulta que también es el suyo –dijo Sif sin contenerse –¿y cómo quieres que lo olvide si tú no dejas de recordármelo todo el tiempo? –Dijo la valquiria. Los ojos de Olenna se entrecerraron peligrosamente. –¿Qué esperas que te diga? Trato de actuar lo mejor posible como princesa, de evitar errores, hago lo que me has pedido en cada ocasión pero no tengo pensado hacerme su enemiga ¿eso es lo que querrías?

Olenna negó con la cabeza. Su hija no entendía absolutamente nada, como madre su deber era velar por su bienestar, aún en contra de los deseos de la propia Sif. Ella era joven, no sabía que era lo mejor, ni siquiera conocía de intrigas de la corte y ni idea tenía de cómo defendía cada uno de sus derechos. ¿Estaba mal que una madre se preocupara por su hija?

–Tu padre te ha llenado la cabeza con el sentido del honor pero esas son tonterías si es tu futuro lo que está en riesgo –dijo, pero la mirada de Sif denotó que no consentía esa idea. –Ese usurpador no vivirá eternamente –señaló. Hubo algo en la manera que lo dijo, que hizo que la piel de Sif se erizara.

–No digas eso, madre.

–¿Acaso es inapropiado decir que un hombre puede morir? Hay accidentes todos los días, de hecho ahora que lo pienso, muchos suceden en las partidas de caza –dijo como si lo meditara –pensándolo bien, es muy conveniente que tengas una amistad con él. Si algo llegara a pasarle, lo cual no sería tan extraño pues muchos en la corte no lo quieren; todos voltearían a ver a quien resulte más favorecida, que serías tú. En cambio sí demuestras que eres tan superior que no te importa tener lazos con él y frecuentarlo, nadie pondría en tela de juicio tu inocencia –dijo de pronto.

Sif no podía comprender cómo es que al hacer lo opuesto a lo que su madre quería en un inicio, terminaba haciendo lo que ella deseaba después. Lo mismo sucedió cuando su madre se negaba a que fuera una guerrera y luego cuando se percató de que eso la volvía cercana a Thor, estuvo encantada con ello, como si la propia Olenna hubiera planeado aquella maniobra para que se ganara el cariño del heredero al trono.

–Ya basta, madre.

–¿Qué? –Preguntó como si no comprendiera el reclamo de su hija, que sí lo hacía. –Bien, entonces asegura tu lugar como princesa consorte y ten de una buena vez un heredero –dijo Olenna volvieron a aquel tema, uno que para Sif era una tortura. –Siempre estás diciendo que ansias retornar a Alfheim, que era una pena que el Bifrost estuviera cerrado, pues ya puedes viajar de nuevo. Anda ve, pero procura volver embarazada –la mandó.

Sif había deseado con todo su corazón poner distancia entre su progenitora y ella pero si partía tras esas palabras, parecía que iba porque se lo mandaba.

–Estoy cansada ¿puedes dejarme sola? –dijo acercándose a ella para darle un beso en la mejilla y despedirla. Su madre no pareció acceder de buen talante pero finalmente lo hizo. Sif envió a su doncella a ver a Loki, le pedía disculpas pero repentinamente se había sentido indispuesta y tendrían que dejar la celebración de la caza para otra ocasión. En realidad su malestar era la impotencia que corría por su cuerpo y su decisión de no hacer lo que su madre ordenaba.

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Loki dormía. Radha entró como un huracán en su habitación tropezándose en su prisa por llegar a él. La caída del paje lo despertó con un sobresalto y la espada de hielo formándose en su brazo.

–Por Odín, ¿qué pasa? –Preguntó tentado de ir a la ventana para ver si vislumbraba un dragón acercándose en la distancia. Esas costumbres bélicas tardarían en borrarse de su subconsciente. Esperó, pero nadie le gritó que se alistara para la batalla, ni hubo ulfhednar marchando con espadas en ristre.

–Príncipe, acaba de llegar un heraldo de las casas de curación. Emboscaron a los berserkir en Alfheim. –Radha hablaba de prisa –Los heridos fueron enviados a nosotros, traen un mensaje del príncipe Thor –se lo tendió.

Loki lo tomó, era una nota estrujada y garrapateada de prisa: Por favor, ayúdalos.

La frase era sencilla, sin remitente ni destinatario pero Loki percibió la angustia con que Thor había escrito aquello. Salió de la cama y se vistió de prisa poniéndose lo primero al alcance. Partió rumbo a las casas de curación con Radha a la saga. El paje le contaba lo que le habían referido. Que los berserkir habían acorralado a Adalster, que en realidad se había tratado de una emboscada cuyo objetivo era matar al general Starkag, que habían llegado una docena de heridos graves. Se calló cuando alcanzaron su destino. Los guardias aposentados en la entrada los dejaron entrar de inmediato.

Uno de los sanadores aguardaba por Loki y le indicó que lo siguiera. Los heridos del ataque se hallaban en la sala principal, debía tratarse de soldados de menor rango y no le pidieron a Loki que fuera donde ellos; en cambio fue conducido a una sala privada. Alguien importante debía haber sido abatido. Le abrieron la puerta de aquel recinto donde lo aguardaba el mismísimo jefe de todos los maestres de Asgard, un sujeto de tal relevancia en la vida de palacio que inclusive era miembro del concejo. Su nombre era Harma. Llevaba el rostro afeitado, los cabellos canos cayéndole sobre las sienes, las manos delgadas y nervudas, y los ojos del frío color del acero. Su paciente yacía tendido en un lector de almas, aquella máquina de nombre irónico pues lo que evidenciaba eran todos los pesares del cuerpo. Loki se acercó, juraba que vería a Starkag agonizante pero no…

–Hogun –susurró al verlo.

Se quedó sólo con Harma.

–Príncipe Loki, el heredero al trono me envió un mensaje insistente de hacerte venir. No lo presencié pero supe lo que hiciste por Sköll, único sobreviviente, además del dios del trueno, del fuego de dragón. Por ello me veo en la necesidad de requerir de tu talento para curar.

Loki asintió. Se acercó aún más al herido. Hogun estaba inconsciente boca abajo sobre el aparato, habían cortado su ropa, exhibía rastros de sangre seca donde los sanadores habían frenado una hemorragia. Respiraba lentamente. Esa herida le recordó una muy similar que había visto en el cuerpo de Thor, cuando luchó contra las escaramuzas del general Vlaövic. Fandral le había referido después que el agujero en el torso de Thor tan similar al que exhibía Hogun se debía a que le habían disparado con un escorpión.

–Un lanzazo que le dio de lleno –se dijo y Harma asintió confirmándolo.

–Le rompió la espina dorsal –le dijo. –Si no encuentro la forma de reparar el daño no sobrevivirá y si lo hace será para yacer tendido en un lecho.

Las manos de Loki se encendieron en el acto. Hacía eso porque no tenía nada contra Hogun, había aprendido a apreciar a los tres guerreros, pero en mayor medida lo hacía por su afecto hacía Thor. Harma era más que nada un cirujano, como ya había aprendido Loki de los sanadores ases. El lector de almas fue activado. El maestre le fue explicando lo que necesitaba de él. Quería que Loki reparara el daño con su magia pero solo después de que él le hubiera colocado las vértebras y los nervios en el lugar adecuado. Regenerar la herida así como estaba implicaba hacer que el cuerpo soldara mal y por tanto requeriría volverlo a romper para empezar de nuevo. Nunca había usado su magia curativa de esa manera pero siguió las instrucciones que Harma le daba.

Con la máquina como guía tomo un escalpelo e hizo aún más grande la herida, Loki iba frenando la hemorragia conforme sucedía. Las manos hábiles de Harma hicieron incisiones aquí y allá uniendo tejido que Loki regeneraba en el acto. Les resultó fácil trabajar juntos como si lo hicieran siempre. El tiempo se fue volando y cuando terminaron ya amanecía. Aun así Loki no tenía sueño, para variar todos los pensamientos que se agolpaban en su ser, inclusive lo mucho que extrañaba Alfheim se disiparon.

–Gracias príncipe –le dijo Harma llamando a sus ayudantes para que trasladaran a Hogun. Los siguieron, en el trayecto el maestre dio la orden de mantenerlo dormido con narcóticos hasta que supieran si aquella peculiar cirugía mezcla de medicina y magia había funcionado. –Si esto resulta espero que no le resulte abusivo de mi parte requerir su presencia nuevamente cuando mi ciencia no sea suficiente.

–Será un honor –le dijo Loki. Aún estaban acomodando a Hogun cuando Sif llegó.

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Sif desayunaba junto con su madre. Las desavenencias que habían tenido respecto a diversos aspectos que uno consideraría como privados, habían quedado sosegadas por el momento. Estaban inusitadamente silenciosas. Sif echaba de menos a sus amigos. Estar lejos de ellos era como estar exiliada. Estaba pensando en ello, y fue como si aquella nostalgia invocara el desastre.

–¿Supiste dónde estuvo Loki anoche? –Su madre no debería odiar a alguien que la entretenía tanto. Negó resignada a escuchar otra sarta de nuevos defectos sobre la manera en que el jötun hablaba, como se conducía, o sobre su aspecto, bueno, sobre eso último no había tantos comentarios últimamente. De alguna manera estaba cada vez más imponente, regio y elegante. –En las casas de curación –el tono de su madre era menos duro que de costumbre. –Menos mal que el maestre Harma le encontró un uso a su hechicería, uno que no sea el seducir a tu esposo quiero decir –ya, un poco de veneno o no estaban hablando de Loki.

–¿Quién resultó herido? –Había oído de la llegada de varios soldados desde el frente pero no sabía que hubiera caído alguien importante, si su padre, o el rey, o Thor o Bran hubieran resultado lesionados la noticia habría corrido como reguero de pólvora.

–Ese sujeto, el mestizo venido de Gundersheim –Sif soltó la cuchara. Su madre solía llamar mestizo a una sola persona. El corazón se le estrujo pero no se le notó ni un poco.

–¿Hogun? –Soltó el nombre como si hablara del clima. Olenna asintió. –¿Y dices que Loki acudió en su ayuda?

–Dicen que Harma lo requirió.

–Iré a verlo –anunció desde ya pero procuró comer con mesura como si no tuviera ninguna prisa.

–Claro, es uno de los tres guerreros – apuntó Olenna. Como si tener un título de alguna índole fuera necesario para que Sif se preocupara por las personas. Su madre siguió hablando, ahora de Oleg pero Sif no escuchaba, se limitó a asentir o negar según la expresión de Olenna. Sólo cuando se hubo marchado se permitió casi echar a correr rumbo a las casas de curación.

Un sanador la condujo con la máxima diligencia donde su amigo. Le aseguró que se recuperaría a pesar de la gravedad de sus lesiones. Le quitó un peso de encima con aquellas palabras. Al entrar a la habitación se toparon con Loki. El jötun se giró hacía ellos. Le lanzó una mirada de entendimiento a Sif y ella maldijo por dentro. ¿Por qué de entre todas las personas de los nueve reinos había tenido que ser él quién notara su preferencia por su compañero de armas?

–Terminé con mi tarea así que me retiro.

–No es necesario –se adelantó Sif. –Si quieres quédate –era su manera de agradecerle lo que había hecho. Loki se negó.

–Quisiera descansar, fue una noche larga –se despidió y se marchó. El maestre Harma se quedó a revisar al herido, le dijo a Sif que la magia de Loki superaba sus habilidades como sanador y que era una suerte contar con él en momentos como ese. No se quedó demasiado tiempo y finalmente se quedó a solas con Hogun.

Algo debía ir mal con ella, parecía que lo que a otras mujeres les resultaba casi natural a ella se le dificultaba. No pudo hacerle ningún gesto cariñoso ni decirle ninguna palabra, lo encontraba fútil, después de todo él no podía oírla. Toda su preocupación se ahogó en su ser y sencillamente se quedó quieta a su lado mirándolo.

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La noche cayó, Loki había dormitado gran parte del día abandonando sus aposentos para una escala en la biblioteca de palacio, aunque en realidad lo único que hizo fue pasearse entre los libros. Iba de vuelta a sus habitaciones. Las sienes le palpitaban, vio venir un dolor de cabeza y eso era algo que su magia curativa no arreglaba. Quizá una copa de vino lo relajaría.

El problema era que ni siquiera su mente ágil podía resolver que resolución darle al Padre de Todo. Le daba vueltas a la oferta de Odín pero una parte de él, la misma que anhelaba la compañía de Thor, lo desanimaba de acceder. Pensó que pronto se olvidaría de Alfheim, sin embargo no era así. Noche tras noche se revolvía inquieto entre las sábanas y sólo lograba conciliar el sueño cuando invocaba el recuerdo de Thor y su calor, sus manos curtidas por la guerra en torno a él, su respiración acompasada cerca de su oído y su aliento que podía probar cuando se le antojara. Thor y su espalda amplia y fuerte, Thor y su mirada azul clavada en él cuando despertaba. Su sonrisa al verlo a pesar de dormir pocas horas, y su mano yendo hacía él para acariciarlo, para quitarle un mechón de cabello del rostro o simplemente para tomar su mano.

Aquellos pensamientos incontrolables lo dejaban deseoso de su compañía. Y cuando se quedaba dormido no encontraba consuelo pues su mundo onírico se veía plagado de las noches previas a su partida allá en Tonsberghus. De la manera en que Thor lo había poseído, con un cariño y cuidado que no le había brindado en sus primeros encuentros, pero a la vez reclamando tanto de él, hundiéndose en él, tocándolo, gustándolo de tal manera que Loki se había sentido suyo. Un sentimiento de entrega que lo dejaba devastado.

Con todo eso aguijoneando sus pensamientos no era de extrañar que tuviera aquel malestar. Resolvió primero meterse a la bañera para ver si eso despejaba en algo sus ideas. Al llegar a sus aposentos buscó a Radha para ordenarle que le preparara el baño pero el paje no estaba a la vista. Menudo holgazán. Pasó por la sala de audiencias que poseía, luego por su despacho privado donde ya empezaba a acumular varios libros en su biblioteca personal y finalmente entró a su alcoba.

–Buenas noches mi príncipe –lo saludó una voz femenina en medio de la penumbra. La dueña de dicha voz encendió una luz. Loki abrió los ojos desmesuradamente. Había una fémina de voluptuoso cuerpo, senos generosos y piel tersa e inmaculada tendida en su cama. De colmo llevaba puesto un vestido rojo cuyo escote descendía entre sus pechos hasta el vientre. Llevaba los hombros desnudos y una suave y larga melena dorada caía sobre ellos. El rostro no se quedaba atrás, tenía pestañas largas que enmarcaban una mirada azul realzada con maquillaje, los pómulos bien delineados y los labios carnosos. La encarnación de la sensualidad.

–¿Quién eres? ¿Quién te dio permiso de entrar en mis aposentos? –Preguntó recobrándose de la primera impresión.

–Mi nombre es Ásta, soy un regalo para tu persona príncipe. –Aquella joven se puso de pie permitiéndole apreciar la estrechez de su cintura y su andar lánguido. Se le acercó y le echó los brazos al cuello. –Puedo complacer cualquier fantasía que albergues, te aseguro que en mis expertas manos puedo conducirte por los senderos del placer ilimitado.

Loki se quitó las manos de Ásta de encima.

–No necesito tus servicios –la rechazó. –¿Quién te envió? –Inquirió.

–Dicen que se te ha visto decaído y taciturno, yo puedo remediar eso. Una noche conmigo y mañana serás un hombre relajado y feliz. –A Loki no le pasó por alto la forma en que evadió la pregunta.

–Lo que necesito es un baño, lo siento, pero no estoy interesado en gastar energías contigo. –Lo que le faltaba, le enviaban una prostituta. Lo que no sabía era si quien había pagado por tal regalo era alguien que deseaba burlarse de él o que deseaba halagarlo erróneamente. Aquella joven era difícil de desairar, la había perdido de vista dos segundos y ya estaba metiéndose a su cuarto de baño. Loki consideró echarla de maneras poco corteses, aunque ya se imaginaba el escándalo al día siguiente: el príncipe mete mujerzuelas en el lecho. Debía tener cuidado de que nadie la viera salir. –Maldición –el dolor de cabeza alcanzaba magnitudes épicas. ¿Si la congelaba y la metía en el vestidor alguien la echaría de menos?

Escuchó el sonido del agua corriendo en la bañera. Cuando fue a asomarse Ásta le estaba preparando el baño.

–Dije que cumpliría con cualquier cosa que desearas. Si no tienes ánimos para fornicar, ¿qué tal un masaje? –Loki la miraba con desconfianza. –Sólo soy una mujer indefensa. Todos en Valaskialf estamos al tanto de tus proezas de guerra, si fuera a atentar contra ti podrías dominarme con facilidad. –Suspiró resignado, ella esbozó una sonrisa triunfal que por poco y lo hace cambiar de opinión respecto a ponerse en sus manos.

–Bien, pero la desnudista aquí eres tú, si tanto insistes reclamo primero tener privacidad.

Ella asintió encantada y lo que hizo fue sentarse en un taburete de espaldas a la bañera. Loki acabó quitándose la ropa y metiéndose en el agua. Ella volcó sus atenciones en él. Ásta se conducía como si aquellos aposentos fueran de ella y Loki se tratara de un invitado. Sabía dónde estaban todas las sales de baño, aceites, perfumes y jabones de los cuáles él no tenía ni idea. ¿O sería que no estaban ahí cuando salió en la mañana? Más y más regalos iban apareciendo en sus aposentos, algunos aparentemente de la nada.

Lo cierto es que la rubia era experta en masajes. Debía concedérselo. Le fue distendiendo los músculos de la espalda con movimientos firmes y agradables, subió por su cuello y cuando terminó con esa parte de su cuerpo ya no le dolía nada.

–Eres muy atractivo mi príncipe –le susurró al oído y le dio un beso húmedo en una oreja. Loki se apartó de ella y la fulminó con la mirada. Ella se cubrió la boca y soltó una risita tonta.

–No soy tu príncipe. Dejemos en claro una cosa, no tengo el más mínimo interés en tu persona. Y ya puedes ir desechando esa careta de mujer fácil y simplona. Si en verdad te enviaron para complacerme puedes continuar con lo primero que estabas haciendo y ya puestos responder a mi pregunta inicial. ¿Quién te envío?

Ásta se puso seria. Con un ademán le indicó a Loki que volviera a acercarse y reanudó el masaje. Finalmente habló y esta vez fue en un tono de complicidad pero no de sumisión y menos de seductora.

–Yo me envié a mí misma pero fue por recomendación de un amigo cuyo nombre no puedo pronunciar. Es rencoroso y me arrancaría la lengua si supiera que voy delatándolo por el palacio. Y una cortesana sin lengua pierde mucho potencial. Príncipe Loki, en verdad deseo agradarte.

–Déjame adivinar. ¿Lady Olenna vetó tus servicios en la corte? –Ásta se mostró sorprendida ante su intuición.

–No –dijo ella, se cambió de lugar sentándose al borde de la tina junto a él para poder mirarlo. Como cortesana se ganaba la vida descifrando a los hombres, entendió que no debía tratar de manipularlo, eso seguramente lo insultaría más allá que cualquier palabra. Extendió las manos para lavarle el cabello. A Loki jamás lo habían consentido tanto pero se dejó hacer. –Ella… ella me separó de quien amaba. Me consideró poco menos que la suciedad adherida a su calzado y lo convenció de apartarme de su lado –sus ojos entristecieron con aquella confesión. –Está decidida a hacerte la guerra príncipe. Si supieras las cosas horribles que se escuchan de ti.

Podía imaginarse por donde iba la cosa. Que lo vituperaran no era algo nuevo en su vida y dudaba que los aesir pudieran ser más terribles que Hildetand.

–¿Quién las dice? –Eso le era más relevante. Que lo tildaran de extranjero, sodomita, monstruo y demás lo tenía sin cuidado. Estaba más interesado en saber a qué lechos tenía acceso la rubia que le ofrecía su lealtad. La mujer pareció dudar en continuar hablando. –Si quieres vengar el desamor que aquella mujer te ocasionó deberás ayudarme. Lo que necesito en este momento no es alguien que sacie mi lujuria sino una guía en los manejos de la corte. Los hombres hablamos de más cuando yacemos relajados y dispersos luego de la pasión, así que, quién mejor que tú para indicarme qué se oculta bajo las máscaras de refinados modales e insignes valores de los aesir. Ya que decidiste acercarte a mí por ti misma confía en ese primer instinto.

Ásta lo tomó de la barbilla pero no hizo ningún avance. Lo miraba a los ojos como buscando la mentira en sus palabras. Corría un gran riesgo si revelaba los íntimos detalles de sus amantes pero al final el despecho del que era presa aunado a las razonables palabras de Loki pudieron con ella.

–Tienes mi lealtad. Te diré cuanto necesites saber. Sin embargo debes saber que si me pongo en tus manos de esta manera y me señalas después como la fuente de tus informaciones, corro un gran riesgo, incluso un riesgo mortal.

–No temas, yo recompenso la lealtad con amistad –y también la deslealtad con odio y venganza pero eso no se lo iba a decir en ese momento. Por supuesto ella sería un chivo expiatorio perfecto si algo salía mal.

Aquel peculiar baño había terminado y él estaba de buen humor y tranquilo. Ásta lo dejó solo para que saliera de la bañera y se vistiera. Ella lo esperó afuera sentada al borde de la cama. Loki no dudaba que ella sería la mejor fuente de información posible. La despidió por esa noche, ella estuvo de acuerdo y ya se iba cuando Loki le advirtió que no debía dejarse ver o lo pondría en un brete.

–Descuida príncipe –le dijo con la sonrisa de alguien que sabe algo que tú también quieres saber. Se dirigió hacia la pared junto a su escritorio y la presionó como si la masajeara hasta que dio con un mecanismo, el cual debía saber de antemano que estaba ahí, empujó y una puerta corrediza se accionó.

–No puede ser –dijo, porque entonces Valaskialf no era el sitio seguro que aparentaba.

–Sólo puede abrirse por dentro. Una vez que cierras queda sellado, y debes conocer desde luego los pasadizos a través de los muros, puedes perderte dentro –le instruyó –he entrado por aquí, así que no temas que nadie me ha visto, ni siquiera tu paje –dijo disimulando una risa. –Si un día me necesitas, sólo ve a las cocinas y dile a la mayora que tienes hambre. Ella me avisara –dijo Ásta, y dicho eso se perdió en la oscuridad de aquel pasaje.

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A pesar de sus múltiples ocupaciones como reina regente, Frigga se daba tiempo para él. Esa mañana lo instó a acudir a su lado para un desayuno en uno de los jardines privados de sus aposentos. Loki la encontró todavía despachando un asunto con un concejero antes de que el hombre saliera de prisa con un documento firmado. Frigga se disculpó por la intrusión cuando se suponía que era un momento de ocio. Los sirvientes los atendieron con presteza pero Loki no dejó de notar que había dos asientos aún vacíos, aguardaban por alguien más, ¿acaso Sif y su madre? Loki no tenía ninguna aversión por Sif a pesar de que lo evitaba desde aquel día de cacería; pero Olenna era otra cuestión. Había escuchado tanto sobre ella que sentía antipatía, ya no sabía si natural o sembrada. Sin embargo las personas que entraron distaban un mundo de las que pensó. Uno era el concejero de Hagen, Stánic; y la otra persona era una jovencita de cabello azabache y enormes ojos obsidiana, tan parecida al príncipe dragón que no dudó que fuera pariente suyo. Ambos hicieron una reverencia ante la reina.

–La princesa de Nornheim, Héroïque y su consejero, Stánic. La joven no habla as aún, le están enseñando pero de mientras se vale de su traductor –le dijo Frigga acerca de sus invitados.

El concejero lo miró durante un instante antes de hacer una reverencia ante él. Si le tenía algún odio por, supuestamente, matar a Hagen, lo escondió perfectamente en su faz. La adolescente en cambio los miraba con cierto temor. El anciano le explicó la situación hablando norn y le señaló, pudo distinguir entre las palabras dichas "Jötunheim". Héroïque asintió pero se quedó quieta en su sitio, parecía una estatua que no sabía qué hacer ni cómo moverse. Loki entendía la sensación, la primera vez ante Frigga se había comportado de forma similar, aunque desde luego, él jamás había sido tan inocente como aquella niña.

–¿Cómo sigue la salud de la princesa? –Le preguntó Frigga.

–Héroïque está bien, no tienen ningún problema con su cuerpo pero ha presenciado demasiados horrores, pesados de sobrellevar inclusive para hombres viejos –dijo el anciano. Loki quiso creer que la entendía pero no lo hacía. Héroïque había perdido su hogar, su reino, el hombre que se suponía debía protegerla la encerró en una celda, y su abuela había muerto delante de sus ojos. –Espero que a su Alteza no le moleste, pero a veces cuando tiene pesadillas sale a pasear a los jardines –continuó Stánic.

–Desde luego que no, entiendo lo que son las pesadillas –dijo la reina dirigiendo su semblante más dulce –y me alegra que no se encuentre enferma, de haber sido así, le hubiera pedido al príncipe Loki que aliviara cualquier malestar físico –dijo la reina mirándolo. Él asintió. –Siendo así, espero que su estancia esté siendo agradable –deseó Frigga dando a entender que si había alguna queja podían hacérsela saber en ese momento.

–Lo es, majestad. Antes de salir de Alfheim, instruí a Héroïque que me obedeciera, pues todo lo que hago es con el objetivo de protegerla. Ella sabe que esto no es un juego, es valiente y más sabia de lo que corresponde a su edad, ha hecho todo lo que le he pedido sin preguntarme nada –dijo el hombre –agradece su hospitalidad, el maestre que le asignó para instruirle y por la bondad de la doncella que ha puesto a su servicio. Personalmente, le agradezco que me haya permitido visitar la biblioteca de palacio –dijo el anciano sonriendo. Sus palabras parecían en verdad sinceras.

Loki desayunaba en silencio, prefería escuchar a hablar pero sobre todo lo hacía porque no podía dejar de mirar a la pequeña. Tenía la sensación de que alguien más faltaba en la mesa y de pronto supo quién era, y que si no estaba ahí era porque aún no lo capturaban: Adalster. Bien podría estar ahí, ¿qué iba a hacer Odín con él sino era darle el mismo destino que a la heredera de Nornheim? De pronto pudo ver el panorama, un plan brillantemente ejecutado se le reveló.

Odín casaría a Héroïque, tras instruirla a su manera, con un aesir para asegurar la lealtad de Nornheim. Su reino seguiría siendo protectorado de Asgard y jamás pensaría de nuevo en levantarse en armas contra él. Mientras que en Alfheim, a pesar de que ese reino ahora pertenecía a Laufey, el Padre de Todo mantendría a su príncipe a salvo, a Tonsberghus como una sede as, y además se había quedado con un ejército que odiaba a los Jötun. Odín iba a romper su alianza con Jötunheim, ahora se daba cuenta de ello. Podría quedarse con Alfheim fácilmente, ¿le había cedido ese reino a Laufey? No. En realidad le había ofrecido un fruto envenenado.

Se había perdido toda la conversación entre Frigga y Stánic. Bebió un poco de vino para aflojarse el nudo de la boca del estómago. Miró a la reina, no pudo evitar sentir recelo hacía ella, justo recordó algo que Thor le dijo. Que si no ayudabas a las personas arrodilladas a levantarse, jamás se volverían a hincar ante ti. Desde luego que era mejor que siempre le temieran a Odín mientras que podían amar a Frigga. Temor y amor, los dos lados de una moneda. Miró a Héroïque, le dirigía sonrisas sinceras a Frigga. Tomó un poco de vino intentando pasar el nudo en el estómago.

–¿Te sientes bien Loki? –Le preguntó de pronto la reina con semblante preocupado.

–No, la verdad es que no –dijo sin que tuviera ánimos de disimular que había tragado mal el vino –perdone, pero quisiera retirarme –se dispensó.

No sabía que rostro tendría porque Frigga accedió.

–Descansa hijo, le pediré al maestre Harma que acuda a visitarte –dijo ella despidiéndolo con una sonrisa. Loki le dio un beso en la mejilla, como habían tomado por costumbre y se marchó pero no fue a sus alcobas.

Sus pasos le hicieron deambular por los pasillos. Su último pensamiento le tenía asqueado, porque descubrió que él también quería a la reina, tanto como temía hacer enojar a Odín. Se detuvo un instante a pensar. Ya había descubierto los destinos de Adalster y de Héroïque ¿y el propio? Bien podría compartir la suerte de ellos dos. Si Jötunheim y Asgard entraban en guerra, nada impediría a Odín asesinar a Laufey y a Hildetand, ¿para que querría a su hermano si ya lo tenía a él? Por mucho que despreciara a Laufey, seguía siendo su hijo y heredero al trono. Se maravilló a la vez que le aterrorizó la sagacidad de Odín. Le hubiera aplaudido si no se hubiera descubierto atrapado bajo su sombra. ¿Debería decirle a Laufey acerca de los planes de Odín? Un buen hijo lo haría.

–Qué lástima que yo no lo sea –se dijo. Reanudó su paseo, entró a su alcoba, deambuló por ella sin encontrar paz como si fuera un animal enjaulado y tuvo que salir de nuevo. Estaba inquieto y de pronto estaba frente a la biblioteca.

A pesar del mensaje que le transmitió de labios de Thor, no creía que el Padre de Todo fuera a instruirlo acerca de sí mismo si le escribía una carta. Pero la vida de Odín era tan larga que muchas de sus gestas ya estaban asentadas en los archivos de palacio. Para poder decidir que responderle al poderoso Padre de Todo, necesitaba conocerlo mejor. Saber de qué sería capaz de darle una negativa ahora que se descubría parte de sus maquinaciones. Así terminó enfrascado no sólo en los relatos sobre Odín, sino también en aquellos sobre el padre de este, Bor. Había de todo, desde los rituales donde los midgardianos lo adoraban como a un dios, hasta un archivo con los nombres de los honorables guerreros que estuvieron con Odín desde el inicio de su reinado, entre los cuales figuraba un jovencísimo Starkag. Se acomodó con un relato entre muchos en las manos.

"Hace eones la sede del Padre de Todo estaba en Aesheim, el reino extinto. El Padre de Todo, Cul, gobernaba con puño de hierro, su poder se alimentaba del temor y por ello sometió a los aesheinos, simples mortales, a vivir en las tinieblas asolados por salvajes monstruos. Su reinado duró milenios y fue su propio hermano menor quién le puso fin. Con gran sabiduría obtenida del mismísimo Ygdrasill supo que para vencer a su hermano mayor debía cegar su fuente de poder. Condujo a poderosos guerreros aliados a su causa a Aesheim donde dieron misericordiosa muerte a sus habitantes. Sin ellos, la fuerza de Cul disminuyó para finalmente ser abatido por aquel que se había probado superior a él. Así murió el gran mundo Aesheim, fue arrasado y su suelo fue regado con sal y nombrado Midgard para que ningún dios volviera a vivir ahí. El hermano menor de Cul prometió con solemne juramento que mientras durara su reinado, evitaría que los inocentes fueran ofrendados en sacrificio para la victoria de los poderosos. Esta es una de la innumerables y portentosas hazañas de nuestro tercer gobernante, Odín."

–Así que por eso no cometes genocidio –se dijo Loki cerrando aquel libro.

Abrió otro grueso volumen. Este hablaba sobre Bor y su contienda contra un soberano de Vanaheim, en la época en que estalló una de las numerosas guerras contra Surtur.

"Toma a tu pueblo y quédate con tu fortaleza. No deseo nada de ello. Mi deseo es unificar los nueve reinos bajo mi protección. Te permito elegir libremente el camino que debes transitar: únete a mí o a Surtur y sus huestes infernales. Si escoges aliarte con Asgard te ofrezco tránsito libre entre nuestros mundo a través del Bifrost, compartir nuestro arte, nuestros guerreros y los frutos de cada uno de nuestros reinos. Pero debes saber que cuando pido algo lo hago solo una vez. Vete pues, te doy hasta el final de esta guerra para que decidas". Casi se le cayó aquel tomo. Como pudo lo sostuvo y lo levantó para leer el final del relato. Aquel soberano pactó en secreto con Surtur y luego dijo que sí al rey Bor. Cuando se dio cuenta de aquello el padre de Odín le dio muerte, tras la cual prohibió llorarlo u honrarlo con exequias.

"Y su nombre fue enviado al olvido y borrado de los anales del tiempo, hasta ahora sólo perdura la historia de su deshonra pero no la faz, la voz, ni la identidad de quién osó traicionar al Padre de Todo".

Si Odín era terrible, le alegraba no haber conocido a Bor, pero era notorio que a ninguno de ellos dos se les decía que no. Antes de que cerrara el libro encontró que alguien estaba espiando sobre su hombro, al girarse encontró a Stánic.

–¿Estudiando la historia de Asgard? Muy sabio de su parte príncipe –le dijo sentándose a su lado. –El pasado define el futuro, la historia de los ancestros traza el sendero de los hijos. –Loki aborreció aquellas palabras, bajó el libro y el anciano captó un párrafo del mismo. –El padre del Padre de Todo. Bor, un gran rey, el actual heredero al trono se llama así en honor a él.

–No lo sabía –admitió Loki –estaba repasando algunas gestas, estoy tratando de comprender mejor a los reyes de Asgard. –Stánic sonrió como si le diera su aprobación por ello.

–Una mente ágil sin duda. Sus preceptores jötun debían estar orgullosos de usted.

–No tuve preceptores. Mi padre llegó a la conclusión de que mi mente no requería mayor formación. Viendo el destino que me otorgó, usándome como consorte, queda claro que tuvo razón en pensar eso. –Trató de no destilar demasiado rencor en sus palabras.

–Un trato que no es extraño. Si repasa la historia de los nueve reinos descubrirá que las alianzas más sólidas son las que se consolidaron mediante bodas, de los propios reyes o de sus hijos –el tono de Stánic se volvió académico. –De hecho ninguno de los actuales reyes tiene una hija. Mi buen rey Generot contaba con sus sobrinas, con Héroïque y la otra pobre jovencita. Las iba a ofrecer en matrimonio al rey elfo de Svartálfheim. Su padre el rey Laufey, debo admitir, fue creativo al pasar por alto el género a la hora de forjar su enlace.

–Como dije –Loki volvió a levantar el libro –tuvo razón en no darme un preceptor, le hubiera resultado más útil enviarme a estudiar a una casa de hetairas –pensó que el anciano se marcharía pero en cambio puso una mano sobre el grueso volumen sobre la vida y obras del Rey Bor y lo instó a bajarlo. La lección no había terminado.

–Si un día su alteza llegase a tener un hijo lo entendería. Los príncipes rara vez se enlazan por amor. Los reyes usan a sus hijos para fines más grandes, no lo puede reprochar a su padre.

–Odín no hace eso con Thor. –Stánic le lanzó una mirada desaprobatoria, había fallado en esa respuesta.

–Pero lo hizo, lo usó igual que su padre a usted. Y va aún más lejos. ¿Qué representa el dios del trueno en este momento para su bien amado padre? –Loki no entendía por dónde iba la pregunta. Stánic debió comprender eso porque le dio más explicaciones. –Usted sabe acerca del sueño de Odín –Loki asintió, todos sabían sobre eso. –En la práctica someterse al sueño permite que los hijos gobiernen mientras su padre continúa con vida, de esa manera pueden instruirlos. La última vez que el Padre de Todo reposó ajeno a esta vida fue hace un siglo –Loki maldijo pues implicaba que quizá no necesitaría otro descanso de ese tipo pronto –pero en vez de encomendar el trono al joven Thor, lo dejó en manos de la reina Frigga. ¿Por qué príncipe? –Loki negó esperando una respuesta. –No deje que su afecto por el general Thor nuble su juicio. Piénselo.

–Porque no estaba listo. –Stánic asintió sonriente.

–Y sigue sin estarlo, le falta mucho aunque seguramente será un excelente rey. Entonces, ¿qué representa el dios del trueno para su padre? No lo deja gobernar pero en cambio lo hizo general a la par de Starkag, un noble como pocos que inclusive peleó al lado del rey Odín contra su hermano mayor Cul.

–Es un arma –lo interrumpió Loki. –Thor es un arma. –Stánic lo miró significativamente.

–Estuve presente cuando el príncipe Hagen provocó la furia del general Thor allá en Alfheim. No lo comenté con nadie, pero me percaté de una cosa y si yo lo vi, el rey Odín seguramente también lo hizo. Un arma no es útil si no eres tú quien la esgrime –Loki entendió entonces de que iba todo.

A Odín le preocupaba su influencia sobre Thor. Y viendo aquellas sangrientas historias sobre los Padres de Todo, ya no estaba tan sorprendido por ello. ¿Y él le iba a decir que no a la generosidad de Odín? Bien podría simplemente hacerlo matar. Si al menos tuviera la certeza de que Thor podía oponerse a su padre, pero recordaba bien qué no, cuando le hizo arrestar, protestó y se enojó pero no consiguió el indulto.

Regresó a sus aposentos con mil ideas en la cabeza. Se dejó caer en la silla frente a su escritorio, había una misiva de Thor sobre la misma, una que no estaba ahí en la mañana, no quiso hacerlo pero terminó abriéndola para leer su contenido.

"Loki,

Es verdad, las palabras eran de Fandral pero los sentimientos eran míos. He estado pensando, ya que tú eres el elocuente y tienes más tiempo libre, deberías ser el que escribe los poemas.

Quitando las chanzas, no he tenido noticas aún de Hogun pero bajo tus cuidados no dudo que se pondrá bien aunque los sanadores dijeron que no podría volver al campo de batalla. Con esto has salvado a los tres guerreros y a mí. Confieso que estoy frustrado, Adalster ha resultado más escurridizo que una comadreja, inclusive Heimdall dice que no puede verlo, hay temor de que resulte que también es un dragón; por la sombra de aquella duda Laufey tiene congelado todo Alfheim."

La carta primero le produjo risa debido los comentarios de Fandral y la poesía, pero esa sonrisa quedó rígida cuando leyó sobre la sospecha de que Adalster era también un dragón. No lo creía, porque Giselher lo hubiera usado para defender Ostlandet. El hecho de que Heimdall no pudiera verlo le hacía temer algo aún peor, que Hagen estuviera con el príncipe tubérculo y que de alguna manera, su cercanía fuera la que obstruyera los poderes del guardián. Maldito el impulso que lo había llevado a ayudar al dragón negro. El Padre de Todo seguro evitaría mandarlo a llamar, y con Alfheim congelado, si Hagen entraba en contienda nuevamente, no podría escupir fuego, al menos eso era una ventaja.

"Thor,

Te alegrará saber que Hogun se encuentra bien, su recuperación es lenta pero tal vez sea posible que sea restituido bajo las órdenes de su general antes de que la guerra por fin termine, lo más seguro es que el maestre Harma les haga llegar noticias. Lo que me cuentas sobre Adalster es preocupante. "

Dejó de escribir sin que se le ocurriera más. Si, era el elocuente de los dos pero ahora mismo no estaba de humor para explayarse. Encontró que su carta era vacía y no daba pie a una respuesta, quizás sería lo mejor. La selló, si la dejaba ahí Radha se encargaría de enviarla. Soltó un suspiro y lo dejó estar. Lo meditó durante largas horas aquella noche pero descubrió pronto que no había qué pensar demasiado la respuesta.

Aceptó, aún sin que la guerra hubiera terminado y sin decírselo de frente pero la decisión ya estaba tomada.

–Maldito seas Padre de Todo –dijo a la oscuridad.

.

Kaarina la miraba acariciando sus cabellos, tratando de instruirla acerca de la dignidad de ser una princesa Norn. Acerca de honrar a sus antepasados, de nunca dejarse denigrar por ningún enemigo. Héroïque ya sabía que estaba soñando pero no por eso aquello le resultaba menos real. Su abuela se despidió, lo último que le dijo era que lamentaba que tuviera que vivir aquellos aciagos días, en vez de la apacible juventud que se merecía.

–Abuela Kaarina –despertó llamándola en la oscuridad. Se incorporó y se secó las lágrimas que incontrolables delataban su pena. Como otras noches salió de la cama y se dirigió a los jardines de Valaskialf. Todo ahí era hermoso y la reina Frigga en verdad la trataba más como si fuera de su familia que como a una prisionera. Tanto que a veces se le olvidaba que lo era.

Llegó al jardín, aunque la noche estaba fresca no sentía frío. Se sentó en un banco a mirar la luna llena que iluminaba el cielo como una farola.

–¿Héroïque? –La llamó una voz y le dijo algo más que no comprendió del todo. Sabía que era cuestión de tiempo para que él llegara hasta el jardín. Se habían encontrado todas las noches sin proponérselo. Se volvió hacía el recién llegado y lo saludó con un gesto. El idioma seguía siendo una barrera aunque ella estudiaba con ahínco, ardía en deseos de poder comunicarse con quienes le rodeaban. Quería poder agradecer a Frigga personalmente, quería charlar fluidamente con Danna, quería poder decirle a ese joven que le tenía en alta estima con solo mirarlo; y también quería poder escribirle una carta a Fandral, su salvador.

–Ertan –al menos conocía su nombre. Él se acercó a ella diciéndole a saber qué cosas. A él parecía no importarle que ella no comprendiera como si lo único que pretendiera fuera hacerse compañía y desahogar alguna pena. –Aún tengo pesadillas –le dijo Héroïque en norn. Ertan guardó silencio y la miró con interés como si la comprendiera –sobre mi abuela Kaarina, al menos hoy no la vi morir –dijo pero trató de no recordar. –Extraño al tonto imprudente de Hagen. Lo hubieras visto cuando entraba en combate, dirías que un dios vengativo había descendido del cielo. ¿Para qué te digo esto? ¿No me entiendes verdad Ertan? –sacudió el negro cabello negando.

–Lamento mucho la muerte de tu abuela –le dijo Ertan en norn. Héroïque lo miró sumamente sorprendida. Él repitió lo que había dicho pero no habló más y ella compendió que no es que él de repente supiera su idioma, sino que había aprendido aquella frase expresamente para decírsela.

–Gracias –dijo y sintió que rompería a llorar. Que indigno sería dejar que alguien que apenas conocía la viera en ese estado, por ello se levantó y prácticamente huyó de él.

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Danna se cepillaba los cabellos castaños interrumpiendo aquella labor de tanto en tanto para escribir una palabra más en la misiva que intentaba redactar. Una que debería traslucir preocupación, cariño y ternura para el destinatario. Tres cosas que no sentía por él. Héroïque estaba sentada cerca de ella metida en un voluminoso libro, tratando de redactar a su vez una carta. A ella le pasaba lo contrario que a Danna; tenía demasiados sentimientos y poco dominio del as como para plasmarlos en papel. Danna se interrumpió y le arrebató la carta a la chica la cual la fulminó con la mirada.

–Voy a revisarla –le dijo. –Querido Fandral –leyó y soltó una risita. –Gracias por lo que hiciste por mi familia y por mí. En verdad gracias… –hasta ahí llegaba y eso que Héroïque llevaba horas metida en aquella tarea. Danna se la regresó. Su tía le había encomendado que hiciera migas con la protegida norn de la reina. Le simpatizaba aunque la encontraba aburrida, tal vez era el problema de no poder hablar a sus anchas. –No deberías llamar querido a Fandral, si lo haces se creerá que deseas acostarte con él. Así es ese hombre, todos en la corte lo saben –le explicó aunque ella se limitó a sonreír cuando oyó el nombre. –Sería tu ruina enamorarte de alguien como ese, ya te lo digo –terminó y volvió a su deber.

Su doncella entró para anunciar a su hermano quién de hecho ya la seguía. Danna se levantó para saludarlo con un beso. Últimamente andaba muy atareado, eso de ser capitán de los einheriar lo ocupaba demasiado.

–¿Qué haces? –Le preguntó tras saludar a Héroïque con un ademán.

–Escribo a Bran –respondió ella al punto. Su tía Olenna la había alentado a ello a pesar de que el aludido le triplicaba la edad, sin embargo Danna le tenía fe ciega a los consejos de su protectora, debía saber lo que hacía, la prueba de ello era que había logrado que Sif se casara con el príncipe heredero. –Pero honestamente no estoy muy inspirada. –Oleg se rió pero no la alentó a seguir con aquello. Despreciaba a Bran y pensar en su hermana con él le daba repulsión aunque no se opuso cuando su tía propuso la idea. –¿Qué es esa carta? ¿Alguna enamorada? –Preguntó Danna señalando el papel que Oleg portaba estrujado en una mano. Se lo arrebató como antes hiciera con Héroïque.

–No, es…

–Acerca de Loki –dijo Danna leyendo de prisa. –Hermano esto que escribiste es traición –le dijo soltando la hoja entre las suyas y mirándolo con aprensión.

–En absoluto –dijo Oleg pero no habló más y en cambio le lanzó una mirada a Héroïque.

–Ya sabes que no habla aesir –le dijo su hermana –y además es una tonta. –Oleg se rió.

–Al contrario, pienso que es una muestra de lealtad hacía el Padre de Todo el velar por los intereses del reino dorado. Los extranjeros que nos corrompen deben encontrar su lugar. El jötun tiene hechizado al príncipe heredero, yo sólo deseo ayudarlo a sacudirse su yugo de encima. Y también hago esto por Sif.

Su hermana seguía muy impresionada.

–¿Cuándo vas a actuar?

–Pronto. Más pronto de lo que te imaginas –añadió –pero todo saldrá bien. Me he rodeado de gente absolutamente confiable.

–¿Cómo Ertan? –Preguntó burlona Danna. Detestaba a ese tipo casi tanto como a su mezquino padre.

–No. Lo tengo haciendo rondas nocturnas. Hubieras visto su cara cuando le asigné esa tarea. No se me ocurrió nada más bajo, los einheriar se verían mal lavando trastos en las cocinas –los dos se rieron. La doncella volvió a entrar indicándoles que eran llamados a la mesa de la princesa Sif.

–Héroïque es hora de irnos –le dijo Danna a su compañera y le indicó la puerta con la mano. La joven asintió y se puso de pie junto con su libro y sus papeles, los siguió como un cachorro perdido. Se separaron en el corredor.

Héroïque se dirigió a sus habitaciones, al cerrar la puerta su semblante delató la rabia que la consumía. No había captado del todo la conversación entre los hermanos, pero distinguió algunas palabras: "es una tonta", y también el nombre de Ertan, aunado a ese tono de desprecio con que fue pronunciado.

–Nunca te dejes denigrar –se repitió las palabras de Kaarina. Abrió el libro que portaba, entre sus hojas iba la nota que Oleg había llevado.

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Se dirigía a las habitaciones de su madre cuando vio salir al paje de Loki de los mismos. Si hubieran sido los suyos habría pensado que le llevaba un mensaje pero dudaba que su progenitora quisiera trabar algún tipo de conversación con el jötun. Entró sin más y antes de que la doncella de su madre la anunciara en la sala de estar, la cogió de un hombro y la obligó a salir de ahí. Se quedó parada en la puerta, no se oía casi nada y apenas si distinguió la palabra "veneno". Sif aguardó un instante para ver si alcanzaba a escuchar algo más pero tal vez sus pasos la habían delatado porque no oyó nada en el interior, no tuvo más remedio que entrar. Olenna estaba sentada en su pequeña sala de estar y hablaba con Oleg. Sif apreciaba a su primo, de niños fueron inseparables. Él fue el primero en jugar con ella con espadas de madera sin embargo mientras ella escogía el camino de un soldado, él se hizo desmedidamente ambicioso y sus personalidades empezaron a chocar. Aún peor, desde que lo nombraron capitán de los einheriar ni la misma Sif lo soportaba.

Había ido a buscar a su madre para avisarle que su padre la había requerido en la batalla, iba a tomar el lugar de Hogun. Partiría en dos días mientras se alistaban los soldados que irían con ella, además de nuevas provisiones. Estaba exultante por la posibilidad de volver aunque le apenaba dejar atrás a su amigo herido.

–Le he pedido a Myr que te prepare la ropa de invierno, Oleg me ha contado el horrendo clima que hay en Alfheim por culpa de los jötun –dijo su madre cuando le dio la noticia, aunque no parecía ni siquiera un poco sorprendida, así que también ya lo sabía. A Sif no le sorprendió, en cambio descubrió que le enfurecía que espiara su correspondencia. –Los dejo solos niños; tengo una audiencia con la reina Frigga –dijo con una sonrisa que sólo significaba que su visita tenía un propósito.

Sif aguardó a que se marchara para cerrarle el paso a su primo y no dejarlo ir fácilmente.

–¿Veneno? –Preguntó. A últimas fechas todo lo que se relacionara con mercenarios, accidentes y venenos lo relacionaba con Loki. No podía olvidar las palabras que su madre había pronunciado el día de la cacería. –Espero primo que no estés pensando en atentar contra Loki, eso sería una locura.

Oleg se encogió de hombros. Su madre había velado por los dos hijos de su hermano Olvërt cuando perdieron a sus padres, y éstos le seguían con una obediencia ciega que a Sif a veces enfermaba, ninguno de ellos veía que los consejos de su progenitora no siempre estaban basados en el sentido común, muchos de ellos, eran simples deseos.

–Nadie ha dicho nada de eso –negó Oleg –es más, nadie asegura que el veneno haría daño a los jötun –dijo riéndose. –Es sólo que a últimas fechas parece tener tantos detractores que como capitán de los einheriar debo pensar en todas las posibilidades. Particularmente considero que el veneno es la salida de los cobardes.

Sif no supo si confiar en él.

–Oleg, no todo lo que dice mi madre es correcto –lo advirtió.

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Loki yacía entre las sábanas adormilado. Aquella intuición suya, fruto de su magia, le alertó de la presencia en su alcoba antes de siquiera acabar de abrir los ojos. Reconoció sus pasos y su peso en la cama junto a él; y no se movió. Permitió que su compañero se le acercara, como nunca se lo permitía a nadie. Iba a girarse para saludarlo, para besarlo y preguntarle en qué momento había llegado, pero antes de que hiciera nada de eso las manos de Thor ya se deslizaban bajo su ropa. Loki sonrió bajo su tacto. El dios del trueno lo atrajo hacía él y besó su cuello lentamente, como entregándole la nostalgia que había sentido por él en cada gesto. Loki se iba a girar nuevamente pero con un brazo Thor lo retuvo en la misma posición mientras que su mano libre se deslizaba hacía su miembro y empezaba a acariciarlo despertando en él un hambre por el cuerpo de Thor que no había sabido que tenía. La respiración del rubio en su cuello se volvió más agitada y sintió la erección de su amante contra su espalda. Loki apretó los ojos dejándose hacer, sentía como todo su cuerpo clamaba por más, los minutos se prolongaron pero la penetración no llegaba.

–¿Acaso quieres que te ruegue? –Preguntó Loki entre jadeos. –Hazlo –lo apremió restregando su cuerpo contra el de su amante. Incitándolo con aquel gesto. Su petición se vio cumplida en el acto. Thor lo sujetó de las caderas y sin más se hundió en él. Loki gritó de placer. Fue ese grito el que lo devolvió a la realidad. A su habitación vacía, a su vida sin Thor.

Estuvo tentado de aferrarse a aquel sueño. De invocar sus recuerdos más apasionados y fusionarlos con fantasías nacidas de su anhelo por el dios del trueno. Estuvo tentado de acariciarse pensando en Thor y recrear su tacto en su cuerpo.

Pero no.

Salió de la cama y trató de recobrar la cordura, de imbuirle frialdad a sus pensamientos. Se tranquilizó, por lo menos en lo físico, pero aquello que sentía no era algo que se limitara a explosiones de lujuria. El cuerpo y la mente estaban bajo control pero ahora era en el pecho donde sentía un gran vacío.

No podía renunciar a Thor.

Aquel pensamiento dolía como si le hubieran arrancado el corazón y en la herida le tiraran sal a puñados. Desesperado, se lanzó al escritorio y tomó un papel, empezó a escribirle una carta a Thor, las palabras fluían atropelladamente.

"Thor,

Esta noche he soñado contigo. Soñé que me acariciabas, soñé que estabas aquí conmigo. Desperté con la tortura de haberte sentido y que súbitamente no estuvieras aquí para continuar poseyéndome.

Te odio. Te odio por hacer que tu presencia me sea indispensable. Te odio porque no puedo más que pensar en tu mirada, tus manos, tu cuerpo, tu voz. Me odio aún más de lo que te dedico ese sentimiento porque ahora soy consciente de mi propia debilidad, de quién soy. Ahora sé que aunque mil ardides nos hayan unido, carezco de poder o elección para mantenerme a tu lado. Y tú también. –Únanse– nos ordenaron, y cumplimos. Ahora se nos dice –sepárense–. Y a pesar de ser quién eres, a pesar de toda mi astucia, no podemos sino obedecer. Nos odio a ambos por eso.

Me siento morir ahogado en estos sentimientos, mi afecto por ti es el más grande que haya prodigado nunca a nadie. Yo…"

Soltó la pluma, no pudo seguir.

–Te amo –le dijo a la nada. Se levantó y tomando aquel papel le prendió fuego.

Salió antes de que aquel rapto de osadía se esfumara sofocado por aquellas palabras que resonaban con fuerza en su mente y que nunca le diría de frente a Thor. Acudió donde Heimdall, sabía que el guardián podría hacer llegar cualquier mensaje a Odín, y que estaba al tanto de la propuesta que le había hecho. No tuvo que hablar demasiado con él, sólo le pidió que le dijera al rey que aceptaba y el portero comprendió.

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Al desairar a Thor pensó que era lo mejor hacer lo mismo con Frigga, así que llenó su tiempo con jornadas de entrenamiento con Ull y Vill –aunque en sí sólo se sentaba en la sombra de un árbol a observarlos–, tomó bajo sus cuidados a los demás heridos que llegaban de la guerra. Las noticias de numerosos ataques perpetrados por escaramuzas no dejaban de llegar a palacio, los ánimos se habían enfriado nuevamente; pero con todo ello se entretuvo tardes enteras.

Se adentró tanto en su propósito que llegó el día en que la rutina le impidió distinguir que día vivía. Luego también notó que Frigga no le había mandado a llamar desde el desayuno con los norn. Al despertar de su trance y ensimismamiento descubrió que, parecía que una bomba fría había caído en Valaskialf pues el trato de todos se volvió helado. Loki pensó que tal vez fueran imaginaciones suyas pero en el primero que lo notó fue en Radha, su paje seguía siendo servicial pero ya no era amigable como en antaño, Harma se volvió parco cuando antes solía hablar mucho más con él; pero la certeza de que algo pasaba, la obtuvo en la biblioteca.

Encontró a Stánic con su princesa en la mesa de siempre, solían verse y saludarse con respeto al menos cada dos días, pero ese día nada más llegar hasta ellos, Héroïque le lanzó una mirada furibunda y se alejó. El anciano no hizo lo mismo, él se quedó.

–Perdónela príncipe –dijo el hombre –alguien le ha contado que usted ayudó a matar a su primo Hagen –explicó el concejal.

–¿Es que acaso no lo sabía? –Preguntó Loki.

–Sí, conocía el relato de la batalla y entiende que no es personal, pero le han contado que atacó a Hagen por la espalda e hizo trampas con sus ilusiones. Ahora mismo no siente demasiado aprecio por usted –dijo el anciano finalmente. Así que su victoria sobre un dragón ahora se reducía a qué hacía uso de trampas. Y hasta una rehén se daba el lujo de menospreciarlo. –No lo vimos esta mañana en el desayuno con su majestad Frigga –comentó como casualmente Stánic. –Nos dijeron que se sintió indispuesto –Loki procuró no mostrarse sorprendido.

–Ya me encuentro bien –fue lo que dijo antes de despedirse. Por supuesto que no lo habían visto, ni siquiera se había enterado de que lo hubieran invitado. Esa mentira de haberse perdido algo así, aunque fuera trivial, no honraba a Frigga. En su experiencia ella, igual que Thor, no mentía. Sus recelos sobre la reina aumentaron.

Se dirigió a las cocinas, los sirvientes se detuvieron un momento al verlo pasar hasta que Loki encontró a la mayora.

–Tengo hambre –le dijo. La mujer sonrió y le tendió un plato con comida, no era lo que Loki esperaba. En cuanto entró a su habitación dejó la charola con la comida en cualquier sitio pero al girarse encontró a Ásta. Lo que Loki debería preguntarle era quién le dejaba el pasadizo abierto, porque él no lo hacía. La chica ya no tenía el cabello rubio, sino de un rojo pasional que combinaba mucho mejor con sus rasgos.

–A tus ordenes príncipe mío –ella le había ofrecido ser su aliada y ahora necesitaba que se convirtiera en sus ojos y oídos.

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A la mañana siguiente empezó por acudir con la reina. Se presentó ante sus habitaciones y solicitó una audiencia. La dama de compañía de la reina, Rhee, lo miró con calma.

–Su majestad no se encuentra en palacio –dijo. Sintió que Frigga se había vuelto inalcanzable.

–No te creo –trató de acorralarla. –Si ella no está aquí, ¿por qué tú si lo estás? ¿No es tu función el acompañarla a donde vaya? –Rhee se puso roja y en vez de responder hizo una señal a los einheriar. Loki arqueó una ceja. ¿Ahora lo haría arrestar?

–Príncipe –lo saludó una voz conocida.

–Ertan –casi se sintió feliz de verlo. Al menos le constaba que él no era todo doblez e hipocresía. –Busco a la reina.

–No se encuentra en Valaskialf –Loki se apartó con recelos. Ertan trató de decirle algo más pero lo dejó con la palabra, o mejor dicho, con la mentira en la boca.

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Visitó a Hogun del diario hasta que él abrió los ojos. Sif se sintió avergonzaba por estar feliz de que él se encontrara ahí, a su lado. Además con su partida inminente quería llenarse de recuerdos que la acompañaran en la guerra. Tomaba el almuerzo con él, se marchaba para entrenar o hacer vida de corte con su madre y su prima pero ya nunca sabía de qué hablaban aquellas dos. Las tardes por el contrario se las dedicaba a Hogun sin importarle si su madre se molestaba porque pasara todo el tiempo con él. Hogun no la instaba a acudir a su lado como tampoco le sugería que debería marcharse. La miró como siempre hacía, desnudándole el alma. Siempre sabía cuándo estaba verdaderamente feliz o furiosa aunque por fuera fingiera. Y también sabía cuándo estaba desconsolada, como en ese momento tras la pregunta que le había hecho: ¿por qué no volviste desde antes a Alfheim?

Lo peor fue el tono en que la había formulado, no había ni mota de reproche que encerrara un "te extrañé" o un "me decepcionaste". No con él, Hogun nunca la juzgaba por nada, siempre la aceptaba tal como era. Incluso cuando Thor y ella les dieron la noticia de que iban a casarse. Incluso en ese momento el guerrero no fue sino tranquilidad. Era su remanso de paz, su punto de apoyo para mover el mundo.

–Porque –empezó ella tratando de nunca mentirle. Si le empezaba a mentir a Hogun ya no le quedaría ningún honor como mujer, todo daría igual si rompía con lo más sagrado que tenía, aquel inexplicable lazo entre ambos. –Estuve… el maestre Harma me pidió que no viajara –dijo –era lo mejor para mi cuerpo, necesitaba descansar –el dragón no la había herido y ambos lo sabían. No pudo más, había cargado aquel secreto por sí misma. Jamás se lo diría a su madre, tampoco pudo contárselo a Thor aunque le atañía. Pero estaba harta de tener que ser fuerte para los demás y encima recoger los pedazos de sí misma. –Estuve embarazada –le soltó por fin. Él hizo algo que nunca había hecho, la tomó de la mano y la estrechó en sus brazos. Sif no lloró. Aquel diminuto ser ni siquiera había cobrado forma cuando se le fue entre sangre. –No lo lamento –continuó Sif –no quiero tener un hijo, no sé si algún día querré pero definitivamente no ahora –sería sólo un peón en una rivalidad que no había deseado.

Se dejó estar en brazos de Hogun, no la abrazaba con fuerza, aún no se recuperaba del todo, pero su tacto la confortaba aunque no dijera nada. Había renunciado a él en aras de lo que consideró correcto; pero cada día que pasaba se le hacía más difícil sobrellevar aquello. Se apartó, sin que mediara palabra habían acordado nunca hablar de lo que sentían, jamás compartir ni siquiera un beso pues entonces aquello que callaba se volvería incontenible.

–Ya no sé quién soy. ¿Soy la princesa consorte? ¿Soy una guerrera? ¿Soy la rival de Loki? –Le preguntó segura de que él conocía la respuesta.

–Eres Sif.

–¿Eso es todo lo que me dirás? –Hogun no la tocó pero sus palabras igualmente la abrazaron.

–Eres mi Sif.

Había tanta pasión en aquellas palabras desapasionadas que fue como si Hogun le dijera que la amaba. Alzó los ojos hacía el techo blanco a sabiendas que algún día no iba a poder dominar lo que sentía. Su matrimonio con Thor siempre había sido inminente. Los acontecimientos se precipitaron cuando su amigo le anunció que el Padre de Todo le había ordenado contraer nupcias con una gigante. Y aunque primero se había burlado de lo lindo por ello, al final no pudo dejarlo solo en aquel lance del destino. Además, de que si ella se hubiera negado, la segunda candidata era su prima Danna, con quién Thor no tenía nada en común, y que le hubiera amargado la vida. Puso a Thor y su amistad, a Thor y su deber, por encima de lo que sentía. Estaba más que harta de todos los sinsabores que aquella decisión le había causado durante ese tiempo, no eran culpa de Thor sino de los malditos juegos de la corte que no podían perdonarles; a ella que aún no tuviera un heredero, y a Thor y a Loki que se hubieran vuelto tan cercanos. Tomó una resolución en ese mismo instante, su madre no la iba a esgrimir como si fuera un títere, ya había tenido suficiente.

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Luego de su fallido intento de hablar con Frigga se dirigió a las casas de curación. Cuando acudía a visitar a Hogun solía encontrarse con Sif y esa mañana no fue la excepción. De no ser por el berserkir no se verían, lo que pudo haber sido una amistad se enfrió sin más. Se sentaban en torno a la cama y charlaba un poco con él pero Loki tendía a irse, pues sentía que les robaba privacidad, aun cuando ellos nunca le pedían que lo hiciera. Ese día los encontró inusitadamente callados como si compartieran un secreto. La mejoría de Hogun era notable. Tras convocar otro hechizo de curación Loki se fue, extrañamente Sif salió detrás de él.

Caminaron uno al lado del otro por el pasillo sin decirse nada hasta que ella le hizo desviarse por una lateral. Loki no conocía esa zona pero pronto se dio cuenta, se dirigía a las habitaciones de Sif. Lo hizo pasar a su sala de estar. Se empezó a imaginar un ardid cuando ella tomó asiento y le indicó que hiciera lo mismo. Envío a su doncella a traerles algo de beber y a un bardo.

–Pronto partiré a Alfheim –comentó.

–¿Por qué me dices esto? –Le preguntó, la envidió por aquello.

–Por si querías enviarle alguna misiva a Thor… –dijo Sif como si fuera lo más obvio del mundo. Seguro que en sus manos llegaría más rápido pero no había recibido respuesta de la última que envió.

La bandeja con té y miel llegó en ese momento. La doncella sirvió, ellos dos no habían vuelto a estar solos en mucho tiempo y no se le ocurría que decirle a la guerrera. La taza endulzada le supo amarga. Él también hubiera querido ir a Alfheim pero su destino apartado de Thor ya estaba decidido.

–¿Y el bardo? –Le preguntó Sif a Myr, que volvió a salir en busca de éste.

¿Un bardo? ¿Para qué lo querían? Myr volvió con la compañía del juglar. Sif despidió a la primera y al segundo le ordenó cantar una melodía larga. El bardo de hecho tenía una nueva balada que narraba la batalla de Ijósálfar, debía de haber visto una oportunidad, al encontrarse frente a Loki, para interpretarla. Sif esperó que rasgara las primeras cuerdas con su laúd. La canción inició y Sif se giró hacía él.

–Myr me espía. Estoy segura de que tiene el oído pegado a la puerta pero mientras escucha la canción, nosotros platicaremos tranquilos –dijo la valkiria mirando hacía el portón que dividía las estancias –pensé en usarla de prueba para mi arco pero le he encontrado otra utilidad –compartió. –La razón de esta charla, es para decirte que Radha de espía a ti.

–Lo imaginaba –tuvo que admitir –lo que no sé es a quién le está informando –dijo Loki. A Odín no, él tenía a Heimdall. La primera en su lista de sospechosas era precisamente Olenna.

–He escuchado algunas cosas por accidente, pero callan en mi presencia. Y Loki, no sé qué locura te ha hecho pensar en alejarte de la Reina Frigga pero deberías considerar volver a su círculo –dijo Sif.

Loki no pudo evitar reír, si no podía llegar hasta Frigga era precisamente por su madre, por su grandiosa manera de interponerse pero no se lo dijo a la valkiria, ya había visto que no conocía lo suficiente a su progenitora.

–¿Escuchas? ¿A quién? –Preguntó obviando lo último que le dijo –no parece que te gusten los juegos de la corte, pero eres una pieza igual que yo ¿es tú madre? –Fue directo sobre sus sospechas.

Sif dejó su taza. Su rostro mostró la seriedad que la caracterizaba.

–No, mi madre no –le dijo pero Loki no le creyó. –Está muy ocupada espiándome a mí. Si… estoy haciendo esto, es porque no encuentro honor en los rumores que hacen correr acerca de ti, porque no estoy dispuesta a seguir siendo una marioneta, y si te defiendo, apoyo mi propia causa. Y en especial, es por agradecimiento –dijo. Ninguno de los dos necesitaba mencionar porqué, se trataba de Hogun y ambos lo sabían. –Es mi primo. Probablemente ni te has fijado en él, es el capitán de los einheriar. Está enfadado porque la gloria te cubrió en batalla y porque Thor te besó frente a todo el campamento y demás que tú sabes; lo consideró una afrenta hacía mi –soltó un bufido al final –y claro, porque tienes embrujado a Thor. Le he dicho que eso último es una tontería pero no hace caso de nadie.

–Conozco a tu primo –dijo Loki. Cuando se hizo pasar por Artis, le escuchó decir cosas poco halagadoras de su persona.

–El príncipe Loki al castillo negro acudió, al dragón congeló. El fuego del averno extinguió…

Miró al bardo que entonaba la batalla aún sin haber estado en ella, encontró que la estrategia de Sif era útil para confundir a los espías. La canción llegó a su fin. El bardo hizo una profunda reverencia ante ambos, quienes le aplaudieron su actuación aunque no habían escuchado ni una sola palabra. El músico salió, y ese momento lo aprovechó Myr para anunciar a quien ya iba detrás de ella. Su dichoso primo. Ninguno de ellos se puso en pie, en cambió Oleg tuvo que hacer una reverencia.

–Te presento a Oleg hijo de Olvërt. Capitán de los einheriar –dijo Sif.

Loki hizo un asentimiento con la cabeza sólo para dejar en claro que notaba su presencia.

–Príncipe consorte, es un honor estar ante usted –dijo el joven, escondiendo las intenciones ya declaradas por su prima tras una fingida sonrisa. Loki hubiera preferido que Oleg tuviera la personalidad de Hildetand, quien escupía los insultos directo a tu cara; y no que fuera como él, capaz de ocultar sus propósitos detrás de una sonrisa. –¿Nos acompañara a cenar? –Preguntó. Loki se lo imaginó completando aquella pregunta con la frase: "zorra insaciable", que era como lo había llamado en el campamento de Tonsberghus.

–No, lo siento. Debo volver a mis habitaciones –se disculpó Loki poniéndose en pie. –Gracias por la charla y el té, Sif –dijo despidiéndose de ella.

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Nada más llegar a su alcoba buscó a Radha. Esa pequeña alimaña se las iba a pagar, pero no lo encontró. Ull y Vill fueron su compañía a la hora de la cena, a ellos no les sorprendía el trato que le dispensaban los cortesanos, habían pasado exactamente por lo mismo, excepto que a ellos en verdad no les importaba. Despidió a sus amigos y apenas se hubieron marchado Ásta hizo su entrada. Esa noche llevaba el cabello de un tono casi tan oscuro como el de Loki y un vestido blanco. Lo miró sin saludarlo y le hizo una reverencia. Claramente quería que él dijera algo acerca de su aspecto.

–Luces encantadora –le concedió.

–Gracias mi príncipe –dijo ella satisfecha. La cortesana se dejó caer en su cama en lugar de en el sillón que él le indicaba. –Supe que hiciste un desplante a Ertan –le dijo y se echó a reír burlonamente.

–¿Qué tiene de gracioso? –Le dijo Loki.

–Él no está de parte de Olenna –aseguró. –Es hijo de Erwel, y éste último tiene querella con ella desde hace siglos. Sus familias antagonizan en todo aspecto posible. –Loki tomó nota mental de aquello. Le confortaba un poco que Ertan no fuera parte de aquellas maquinaciones que tenían por objeto destruirlo. Le agradaba, debía reconocerlo. –Hice unos cuantos favores –dijo ella y se pasó una mano por el escote dejando en claro la índole de los mismos. –Esto es lo que averigüé para ti. El mayordomo no es del todo fiel a Olenna. Está al tanto de tu correspondencia, la lee, la copia y la distribuye; créeme que muchos pagan bien por ella y luego la sella antes de pasársela a tu paje pero no distingue entre enemigos y detractores tuyos a la hora de hacerlo. De las misivas del dios del trueno sabe que tienes su aprecio y se está preguntando qué tan mala idea sería hacerse tu enemigo. El maestre Harma está alucinado con tus habilidades curativas. Empezó dudando de ti por ser jötun pero luego de tu intervención a favor del buen Hogun, quién es muy querido en estos lares, te tiene en alta estima. Ya no acude a las cenas de Olenna. Y tal como te lo anticipé tienen comprados a varios siervos, incluida Rhee la dama de la reina. Igual intentaron con su guardián pero los mandó a pasear a los infiernos.

–¿Quién es? –Si lo había visto no lo ubicaba.

–Fue nombrado hace poco. Se llama Sköll, le falta un brazo pero dice que habría aún menos de él de no ser por ti. –El nombre le vino a la memoria. Era bueno saber que alguien en esa posición no estaba contra él. Ella guardó silencio dejándolo cavilar esa información. –¿Y cómo va la poesía príncipe? Espero que se te ocurra algo un tanto pornográfico. –Loki la miró sorprendido y ella estalló en carcajadas. –¿Me permites sugerirte algo? –Hasta la prostituta de la corte leía su correspondencia. Loki negó maldiciendo el atolladero en que se encontraba metido. –Escríbele: seamos uno solo, yo te daré placer en el mismo centro de tu ser, pero lo haré imaginándome que es a mí mismo a quién mis labios acarician; y tu éxtasis será mío y cuando estalles será como si fuera yo…

Loki iba a callarla pues justo en ese momento se percató de algo. Le pareció escuchar un ruido. Le indicó a Ásta que guardara silencio y abrió la puerta de la habitación de golpe. Se trataba de Radha, quién seguramente había estado escuchando, le inquietó pensar que tanto había logrado captar.

–Mi señor, vine a ver si necesitabas algo –le mintió el paje. Loki lo fulminó furioso, el paje se amilanó y sin poder siquiera articular otra palabra se escabulló. El jötun se giró hacía su acompañante quien se había cubierto la boca con las manos horrorizada.

–Es la peor persona que podría encontrarme contigo –masculló más aterrada de lo que la situación ameritaba. Loki pensó que estaba exagerando, y Ásta se lo notó. –No lo entiendes –chilló –es amigo de Oleg.

–¿Oleg? –Era la segunda vez en el día que aquel venía a perturbarlo. –El primo de Sif. –Ásta asintió y Loki entendió porque aquel insignificante gusano que era su paje estaba espiando para el bando contrario.

–¿Recuerdas el motivo de mi querella con Olenna? Es por Oleg, aquel noble del que enamoré y que está causando mi ruina es él. Si Radha le cuenta a Oleg de mi presencia sabrán también de mi protector. Loki, ve pensando en hacer que lo maten.

Luego de aquello perdieron el humor. Loki le ordenó marcharse, por su parte hizo venir otro sirviente y le pidió que buscara a Radha pero el mencionado se había puesto fuera de su alcance por esa noche.

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Sif ya había viajado a través del Bifrost para acudir a Alfheim. Se lo contó Yrsa, quién se había dejado caer con nuevos regalos para él, incluidos varios libros para fomentar su reciente interés por la poesía. Radha brilló por su ausencia a pesar de que le hizo llamar en repetidas ocasiones. Esperaba que estuviera ahogado en alguna fuente del palacio, porque de no ser así, iba a desear estarlo. Cenó con Ull y Vill, que se marcharon a una hora tardía.

Loki no fue directo a su lecho, solía leer hasta tarde, a veces hasta que los ojos le dolían por el esfuerzo de continuar con algún volumen interesante. Intentaba pensar en el hecho de que Thor no había respondido a su última misiva y si eso tenía un significado o por el contrario sólo era una coincidencia porque Sif se encontraba ya con él.

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Ásta le informó a su protector del brete en el que estaba medita. Oleg la había citado para verse aquella noche y ella había dicho que sí con toda la inocencia que pudo fingir. Ella se tiñó el cabello de rojo, como sabía que a él le gustaba y que combinaba con el vestido verde que eligió, iba dispuesta a ser toda gracia y complacencia. Al entrar Oleg, ella lucía una sonrisa que rallaba en la ternura. Él fue hacía ella claramente molesto.

–Maldita ramera, ¡me vas a decir qué tanto le has contado al asqueroso jötun! –habló él antes de siquiera saludarla.

–Nada –dijo ella con calma. Y ya que él no mostraba interés carnal en ella siguió: –le contaron de mi talento en el lecho y quiso hablar conmigo, que le diera algunos consejos para satisfacer al dios del trueno –le dijo.

–Mientes –aseguró Oleg y fue a servirse una copa de vino. –Te conozco y sé cuándo mientes. Estás haciendo de espía para Loki. No te preguntaré de nuevo por la buena –amenazó.

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La mercante, tras dejar a Loki, fue a las cocinas. Pasaba a dejarle regalos adicionales a la mayora, consideraba que había que ser especialmente generoso cuando las jugadas que planeabas no resultaban tan bien como querrías.

–Yrsa, gusto en verte –la saludó la mujer. Recibió el regalo y le pasó una nota. La miró con intensidad dándole a entender que no se le ocurriera leerla en ese sitio. La comerciante se despidió y se marchó de ahí. La nota ponía: El paje del príncipe lleva horas delante de los aposentos de la reina, le ha pedido audiencia y Rhee le permitirá pasar.

La comerciante bufó. Así que el paje pretendía acusar a Loki directamente con la madre de su esposo. Yrsa decidió tomar cartas en el asunto y acudió al ala del castillo donde residía la reina; pero no pudo ir más lejos de las escaleras que conducían hacía allá. Su rango la frenaba. Se puso creativa y sobornó a uno de los criados para que le indicara a Radha que se reuniera con ella. Llevaba más dinero encima y estaba dispuesta a enriquecer a ese pequeño bastardo a cambio de que cerrara la boca.

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Estrujó el jubón nervioso, luego le sonrió a Rhee intentando aparentar normalidad porque ya lo estaba mirando de forma extraña. Le había hecho un lugar en la apretada agenda de la reina regente pero no la podría ver hasta que el gobernador de Harokim saliera de sus aposentos. Un sirviente llegó hasta él para decirle que una mujer lo esperaba a pie de las escaleras y le insinuó una bolsa llena de dinero.

–Gracias por decirme pero no voy a ir –dijo Radha.

Eso mismo le dijo a los otros sirvientes y doncellas que fueron a verlo porque Loki le estaba buscando. No se marcharía de ahí hasta hablar con la reina. Su adoración por el dios del trueno impulsaba su determinación de serle útil.

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Ajena a la tormenta, Olenna redactaba una misiva anónima dirigida al heredero al trono. Lo hacía de esa manera porque no confiaba del todo en la fuente de información pero no estaba de más alertar al hijo de Odín acerca de la clase de serpiente con la que se había visto forzado a desposarse. En líneas breves le relataba aquello de lo que se había enterado: Que Loki mancillaba su vínculo matrimonial de la manera más vil, revolcándose con rameras y a saber con quién más, durante su ausencia.

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A Héroïque le había tomado todo ese tiempo traducir la nota de Oleg. Poco a poco había comprendido que aquello no tenía que ver con Ertan sino con Loki. Loki, el asesino de su primo. Había terminado de traducirla aquella mañana para luego quedarse impertérrita pensando en lo que debía hacer. Trató de imaginarse lo que Kaarina le aconsejaría. Al final resolvió que lo más prudente era entregarle la misma a Ertan y dejar que él decidiera como proceder. No podía quedarse callada, aquello habría sido ruin de su parte.

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Oleg había licenciado a Ertan de hacer guardia esa noche. Encontró la orden extraña pues Oleg no perdía oportunidad de humillarlo con tareas tediosas. Lo que su capitán no podía saber era qué a pesar de tener permiso igualmente Ertan había decidido acudir al encuentro de Héroïque. Sin embargo cuando llegó donde siempre lo aguardaba, ya había un par de einheriar arrestando a la pequeña princesa. De pronto, ella al verlo, se escabulló de sus captores y corrió hasta él tomándole de las manos.

–Ertan, toma esto –Héroïque le tendió una nota hablándole en as –toma esto y guárdalo.

Él no la comprendía pero hizo lo que le pedía. Luego de eso Héroïque se quedó parada con calma y se entregó a sus captores. Ertan abrió el puño sin comprender qué era aquella carta que tenía en la mano.

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Aquella noche sería su única oportunidad. Los einheriar habían abandonado sus puestos dejándole libre el camino, alguno de los pajes, a saber cuál, había dejado sin cerrojos todas las puertas. Y la mayora de los cocinas había narcotizado a los gigantes que cuidaban al jötun y al propio príncipe para que no pudiera gritar por ayuda. Debían de golpear pronto antes de que la presencia del Padre de Todo y el dios del trueno se convirtieran en el escudo ideal para aquel demonio que con su presencia maligna los deshonraba a todos. El honor de ser la mano que descargara el golpe letal había caído sobre él, sus compañeros estaban preparados para auxiliarlo por si lo necesitaba.

Se deslizó cual sombra silenciosa por la habitación de Loki. Con movimientos casi felinos aquel ser se acercó a la cama del príncipe el cual dormía pacíficamente echado de lado, el largo cabello negro le caía cubriendo en parte su rostro, se veía desvalido e indefenso, sin embargo eso no inspiró ni un ápice de piedad en aquella sombra. Blandió un cuchillo en alto y de un tajo certero le sesgó la garganta.

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CONTINUARÁ…