DE ARDIDES Y MENTIRAS

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CAPÍTULO VIII

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Breves notas de la autora:

Créditos financieros iguales que en el capítulo I. Agradezco la preocupación de todas por la vida de Loki. Tras releer el capítulo anterior me di cuenta de que quizás, se me paso la mano con la dosis de desgracias y como me insinuó Himiko–chan, no deseo tener a las fans de Loki yendo por mí cabeza, jo. Como siempre muchas gracias por sus amables reviews. Agradezco a Cuencas Vacías por su autoría en las escenas de combate, de las escenas porn y de ser mi beta reader, a la vez que aporta sus conocimientos del mundo Marvel. En fin. Gracias, mil gracias, a quienes me dejan reviews, añaden el fic en sus favoritos o simplemente lo leen. Quiero dedicar este capítulo de la historia a Mikunami esperando que haga las paces con Odín :)

Tras el final del capítulo anterior decidimos darle al final de este un poco de paz que a veces es tan necesaria, pero no se acostumbren mucho a ella. No se los recomiendo. Los aesir no festejan la navidad, así que digamos que la celebración de una victoria es como si lo fuera y por eso se dan obsequios en ellas y duran tanto. No es una tradición nórdica, me la he inventado de esta manera por puro gusto.

ADVERTENCIAS: M, Thorki, una borrachera maratónica, Odín en modo paternal.

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Capítulo VIII:

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Se deslizó cual sombra silenciosa por la habitación de Loki. Con movimientos casi felinos aquel ser se acercó a la cama del príncipe el cual dormía pacíficamente echado de lado, el largo cabello negro le caía cubriendo en parte su rostro, se veía desvalido e indefenso, sin embargo eso no inspiró ni un ápice de piedad en aquella sombra. Blandió un cuchillo en alto y de un tajo certero le sesgó la garganta.

La ilusión se disolvió desconcertando al atacante. La luz se encendió.

–Nadie ha conseguido acercarse a mí sin que lo note ¿qué te hizo pensar que ibas a ser el primero? –Le espetó el verdadero Loki. Algo en su mirada, una promesa de muerte, locura a punto de desbordarse, amedrentó al atacante que retrocedió por un momento. Se trataba sin duda de un as aunque Loki no ubicaba su rostro de ningún encuentro anterior. Su complexión fornida y la manera en que había atacado delataban que era un hired. Recobró el aplomo perdido y atacó a Loki nuevamente.

El jötun lo esquivó y sujetándolo de las muñecas lo congeló de las piernas hasta el cuello.

–¿Quién te mandó? –Le preguntó. Recibió como respuesta un escupitajo que no llegó a tocarlo pero dejó en claro que no iba responder a ello.

–¡Gusano negro! Estás devorando el corazón del Protector del reino –Gritó sin delicadeza el atacante presa de la desesperación. Se debatió dentro del ataúd de hielo en que lo había confinado hasta que lo rompió. Loki, pese a su sorpresa, volvió a esquivar un nuevo ataque. Generó la espada de hielo y le lanzó certera cuchillada hacía la parte posterior de las rodillas, un golpe que derrumbó a su oponente con los tendones sangrantes. No se iba a poner de pie pero no era una herida letal. Aunque no pareciera tener ganas de responder a las interrogantes del príncipe, a éste ya se le ocurriría una manera de persuadirlo de lo contrario. Los gritos de dolor de aquel hombre debieron alertar a toda esa ala del castillo.

La puerta de su dormitorio se abrió de par en par, pero en vez de la guardia del palacio, entraron más asaltantes, al menos una veintena. Uno tomó arco y flecha, le disparó a Loki quién atrapó la flecha en el aire. El príncipe se preguntó dónde demonios se encontraban los einheriar pero fue evidente que no iban a llegar, era posible que inclusive estuviera luchando con ellos. Se apartó de dónde estaba parado, lanzó dagas creadas con hielo a los cuellos de dos asesinos justo cuando alguien llegó en su ayuda. Los gemelos Ull y Vill debieron de haber escuchado el grito o en su caso el ruido de los atacantes. Ull golpeó con el puño a uno mandándolo a volar. Pronto aquello se convirtió en una pelea campal. Loki se deshizo en ilusiones que los ases maldijeron.

–¡Destrúyanlo! –gritaron algunos.

Vill atravesó con su espada a uno de los asaltantes, antes de que dos le hicieran retroceder con lanzas y uno más brincara sobre uno de los muebles para colgarse de su cuello y enviarlo al suelo. El instinto de Loki le permitía anticipar y esquivar los ataques a la vez que hacía uso de sus dagas para degollar y apuñalar al enemigo.

–¡Por Odín! –Gritaban.

Ull rugió aplastando el cráneo de dos ases en el proceso. Quedaban pocos mercenarios pero no se rendían en su frenesí asesino. Ull arrojó por la ventana a otro de ellos y Loki clavó otra daga con certera puntería en el corazón de un último. Estos soldados debieron pensar que el triunfo de Loki sobre un dragón era una broma si creían que podían aniquilarlo tan fácilmente. Vill estaba en el suelo. Ull se acercó a su hermano llamándolo y Loki corrió de inmediato a su lado pero el enemigo le había roto el cuello cuando cayeron, no había nada que hacer por él.

–¡Esto no se va a quedar así! ¡Nos has maldecido! –Gritó el mismo que le había atacado primero mientras se arrastraba, no había podido ayudar a sus compañeros en la contienda, sólo por eso seguía vivo.

Ull se levantó enojado, en su brazo creció la espada.

–¡No! –ordenó Loki pero fue demasiado tarde. Ull le cortó la cabeza sin mayor ceremonia. –¿Por qué hiciste eso? ¡¿Ahora cómo voy a saber quién ordenó este ataque?! –Explotó enojado.

Nuevos pasos se escucharon por el pasillo. Ull se preparó para matar al primer as que se atravesara en su camino pero quienes irrumpieron en la escena fueron einheriar, portando uniforme, espadas y escudos del palacio e increíblemente el que iba a la cabeza del grupo no era otro que Oleg. Los soldados miraron alrededor y se apostaron en entradas y salidas como si buscaran a algún otro atacante cuando era claro que todos ya estaban en el suelo.

–Príncipe ¿se encuentra bien? –Preguntó Oleg.

–Si –dijo Loki –pero no gracias a ti. ¿Dónde estabas, capitán? –Preguntó.

Oleg le miró con desagrado debido a aquella reprimenda. El Jötun pensó que sólo había ido a verificar y en su caso, hasta rematar, lo que habían iniciado sus hombres. De pronto Radha apareció por fin, detrás de él iba Frigga, su rostro mostraba desasosiego, la seguía su propia guardia. La reina no preguntó que sucedía, era demasiado obvio lo que había acontecido en aquella alcoba, se acercó a Loki y le rodeó por la espalda.

–Me alegro que te encuentres con bien –dijo visiblemente aliviada. –Ven conmigo –le atrajo hacía ella pero entonces observó al Jötun caído. –Sköll, llama a los sanadores para que se hagan cargo del amigo del príncipe Loki. Llévense los cuerpos, revísenlos y descubran sus identidades. Radha, trae a mis sirvientes para que limpien la alcoba, mi hijo se quedara conmigo en mis aposentos –ordenó la reina.

Sköll, comandante de la guardia de la reina, hizo señas a los einheriar para que se marcharan, él se iba a encargar del asunto. Loki no dirigió ni una mirada a Oleg pero eso no significaba se olvidara de él. Ull lo siguió, aún si no le habían dicho que podía hacerlo, caminó mansamente detrás de él embrollado en sus propios pensamientos y sentimientos.

Los aposentos de la reina eran por mucho más grandes que los suyos, tenía al menos tres salones privados, comedores, cocinas, dependencias para más de un sirviente y su guardia, despachos, biblioteca y alcobas de huéspedes. Loki tomaría una, se quedaría por esa noche aunque dudaba poder dormir en ese instante. Frigga le pidió a una doncella, a Loki le llamó la atención que no fuera Rhee, que trajera vino de amapola para calmar los nervios de todos. A Ull le permitió quedarse también en otra habitación de ese recinto, sólo porque el gigante parecía perdido sin la compañía cercana de su príncipe.

–¿Dormía ya, Alteza Frigga? –Preguntó Loki tomando asiento en un salón más privado, estaban a solas.

El semblante de Frigga era de alerta, parecía bastante despierta para las horas tardías. Antes de que ella hablara alzó una mano, las puntas de sus dedos brillaron en dorado y una capa que recubría la habitación brilló un instante.

–Una barrera para que mis palabras no salgan de mi alcoba, puedo enseñarte a hacerla –dijo. Loki demostró su sorpresa pero asintió. –No, estaba leyendo un escrito del concejo acerca de los comerciantes de acero de Nidavelir. Al menos hasta que Radha pasó a audiencia, creo que Rhee lo tuvo casi toda la tarde detrás de mi puerta esperando su oportunidad –dijo la mujer. Loki entendió porque no lo había encontrado antes, pero de todos modos no entendía el papel de su paje en lo que acababa de suceder, era un espía de Oleg. –Espera tu perdón por haberte desobedecido y creo que lo tendría bien ganado. Me contó del atentado que iban a perpetrar algunos guardias de palacio y además delató a mi doncella Rhee como parte de la intriga para que yo no me enterara hasta que fuera tarde –en ese momento desvió la mirada, parecía dolida por aquella traición. –En cuanto Sköll termine con los mercenarios, se encargará de ella –contó.

–No entiendo porque Radha no acudió a mí en primer lugar –dijo Loki. Si al final estaba de su parte podría haberlo advertido a él.

–¿Igual que acudiste tú a mí? –Le preguntó Frigga buscando su mirada. –Ahora sé que Rhee ha embrollado mi agenda y ha evitado que nos veamos directamente, pero eres como mi hijo, podrías haber irrumpido en mis habitaciones en cualquier momento sin que me enfadara por ello –dijo. Loki tuvo que reconocer que sólo había intentado una vez aquello, que no le había funcionado y había desistido; aunque también fue porque él quiso distanciarse de ella. –Sif y tú son parecidos en carácter, no estás solo en palacio, no cometas el error de creer que es así –le pidió.

–Ahora me está haciendo creer que me espía –dijo Loki suspicaz.

Frigga sonrió pero era obvia la respuesta. Loki se preguntó que oscuros y profundos secretos escondería aquella mujer.

–Advertí lo que se estaba maquinando pero dudé respecto a dejar a los conspiradores a su aire, con la esperanza de que acabaran incriminándose solos; o acabar con ellos antes de que pudieran poner en peligrosa marcha sus intenciones. Perdona, no es propio que me excuse de esta manera. Nunca pensé que se hubieran movilizado, esperaba poder contar con unos días más y confíe en que Olenna, a quien le he encargado la vigilancia de palacio mientras yo era regente, actuara con mayor prudencia –dijo –Loki, te debo una disculpa –añadió inclinando un poco la cabeza pidiendo su perdón.

Loki se apresuró a tomarla de los hombros, sorprendido de la humildad con la que Frigga se manejaba y negó con la cabeza. Se apesadumbró al verla pedirle disculpas ¿cómo había podido pensar que ella era un ardid en sí misma? La reina tomó sus manos y le sonrió con sinceridad.

–Me parece que ya sabe quién fue el responsable de mi ataque –dijo Loki. Para saberlo bastaba cuestionarse a quién le convenía que algo así sucediera. A pesar de que los mercenarios gritaron el nombre del Padre de Todo, Loki dudó que fuera obra suya, si Odín lo hubiera mandado a asesinar, seguramente ya estaría muerto. No, sin duda el instrumento había sido Oleg pero la maquinación debía provenir de Olenna; de quien Loki había aprendido a desconfiar por completo. –¿Heimdall no le informó? –Casi lo había olvidado.

Frigga asintió.

–Pero ya era demasiado tarde. Heimdall vigila la entrada del Bifrost, esa es su tarea, como un añadido observa a algunos de nosotros, puede mirar a todas las almas existentes en el reino pero no está pendiente de cada una de ellas. Me mira, te mira, ahora está más ocupado vigilando a Thor y a mi amado esposo; pero no miró a Radha ni mucho menos a los otros hombres –le explicó Frigga. Y seguramente tampoco prestó atención a Oleg. –Sköll traerá respuestas, esta noche no ocurrirá nada más –le dijo –yo enviaré una misiva a mi amado ¿quieres escribirle a Thor? –Le preguntó pero Loki negó.

–No podría escribir una sola línea esta noche –dijo.

Frigga asintió prometiendo que ella lo haría. Loki estaba seguro de que no podría dormir, sin embargo pronto descubrió que estaba equivocado. Con la certeza de que Frigga se encontraba cerca encontró la tranquilidad suficiente para cerrar los ojos, y el sueño se apoderó de él.

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La mañana llegó con Jyana, la nueva doncella de Frigga. Había acudido a despertarlo para que tomara el desayuno con la reina. Radha también estaba ahí, fue él quien le entregó su correspondencia. La primera carta era de su padre, o mejor dicho de Kjolen; estaba ya enterado de lo sucedido en palacio e informaba de pasada una discusión que ostentó con Odín, más aún, deseaba que volviera a Jötunheim para su protección. Loki la pasó por alto. El segundo correo, desde luego que era de Thor.

"Loki,

Mi madre me ha contado lo sucedido en el palacio, asegura que estás a salvo y bien pero preferiría saberlo de tu propia boca. He pensado en que podrías venir al campamento, aquí estarías seguro, a mi lado.

Al mismo tiempo que la carta de mi madre, me llegó una nota informándome que has estado en compañía de meretrices. No me he creído nada de lo narrado en ella, sé que eres demasiado propio y un poco remilgado para hacer uso de sus servicios; aun así me ha hecho preguntarme si acaso estás obteniendo conocimientos de las expertas, y si acaso planeas darme la bienvenida a mi retorno a Valaskialf con la sorpresa de algo nuevo en el repertorio. Di que sí. "

Como siempre, Loki no pudo evitar sonreír ante aquella misiva, ¡por Fimbulvert, el invierno eterno! ¿Thor se moderaría en sus comentarios si se enteraba de que media corte leía sus cartas? Por un segundo se imaginó el rostro de Odín, quien seguramente también tenía una copia de esa correspondencia, y el desconcierto del Padre de Todo ante las palabras de su heredero, casi le provocó una carcajada. No entendía si Thor pedía que consintiera ir al campamento o en cambio que estuviera entrenándose con Ásta. Le alivió que Thor no hubiera confiado en las palabras de aquella nota maliciosa que mencionaba, porque entre los chismorreos de la corte y su atentado, no hubiera sabido lidiar con las reacciones del dios del trueno.

Luego, recordó que había decidido desdeñarlo y eso ensombreció su humor. ¿Cómo podía Thor hacerse sentir tan cercano con unas cuantas líneas?

Frigga lo aguardaba ya en la mesa. En aquel desayuno no hubo más invitados. Radha se acercó a servirle agua, Loki notó que no se atrevía a mirarlo a los ojos, parecía mucho más solícito que antes pero que ni creyera que le iba a pasar por alto su rol en ese complot. A mitad del desayuno entró Sköll con un pergamino que tendió de inmediato a la reina. Loki se fijó en el guardián, le faltaba el brazo derecho pero aun así despedía cierto aire de cuidado. El hombre le dirigió una mirada rápida, un saludo raudo y se marchó. Loki lo siguió con la mirada.

–Fue el maestro de esgrima de mi hijo y de Fandral –dijo la reina como si adivinara sus pensamientos. –Era diestro, pero ahora que es zurdo, es aún más letal. Le he encomendado tu protección personal en lugar de los einheriar –le contó. Dejó la hoja a un lado.

–¿Se ha sabido quiénes eran mis atacantes? –Le preguntó suponiendo que para ello era aquel informe.

–Si. Un prisionero norn, los einheriar que Radha mencionó, unos hired y los otros hombres no eran de palacio, posiblemente de una de las ciudades de Asgard, no tardara en saberse quiénes son. Todos ellos llevaban dinero norn en los bolsillos –dijo la reina. –Los einheriar arrestaron en la noche a la princesa Héroïque y a su preceptor Stánic, pues sólo de ellos podía provenir tal oro. Le he pedido a Sköll que vigile su estancia en las cárceles, no porque considere que sean culpables sino porque me preocupa su vida –comentó Frigga.

Loki pensó que los cautivos debían estar desconcertados y temerosos por su integridad. Los norn sin duda tendrían razones para asesinarlo: Ayudó a darle muerte a Hagen; y seguramente más de un par de ojos vieron el desprecio que Héroïque le hizo en la biblioteca, esos mismos argumentarían que la princesa lo odiaba o se inventarían algo parecido.

–¿Lo duda? –Preguntó.

–Si. Su arresto sucedió antes que tu ataque –dijo la reina.

Loki no pudo evitar mofarse de la inteligencia de Oleg. Fue diestro en culpar a los norn, pero no debió meter a los einheriar ni a los hired, ni debió equivocarse en la hora de la aprensión, quizás pensó que no importaría una vez que él estuviera muerto. Olenna lo había acorralado y le hizo la vida difícil en palacio pero Loki estaba dispuesto a obtener la revancha, este desliz que su sobrino había cometido lo iba a aprovechar con creces. Si al menos Ull se hubiera detenido a pensar, podrían haber contado con un prisionero que hablara. Debía de haber alguna forma de atrapar a Oleg en su juego, necesitaba hablar con Ásta pero, estando con Frigga, se dio cuenta de que eso tendría que esperar.

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Ull partió a medio día con el cuerpo de su gemelo a Jötunheim, pues era en su hogar donde debían transmitirle sus respetos. Loki estuvo tentado de acudir con él porque también había sido su amigo pero si volvía a Jötunheim era posible que lo retuvieran. Ull no insistió, de hecho parecía preferir viajar solo y prometió volver a la brevedad posible.

Las estancias de Loki habían sido limpiadas, cambiaron algunos de los muebles para sustituir los que se rompieron en la trifulca, encontró que eran aún más exquisitos que los anteriores, debía ser obra de Yrsa. Llevaba en la mano el par de cartas que recibió en la mañana, no había encontrado respuesta a ninguna de las dos aún. Radha iba detrás de él, pero cuando le hizo señas de que le siguiera a su despacho lo vio dudar.

–¿No tienes nada que decirme? –Lo instó una vez con la puerta cerrada, a que fuera él quien hablara pero la vacilación en los ojos de Radha fue la única admisión que obtuvo. –¿No me vas a confesar que estabas espiándome para Oleg? ¿A quién más le contabas lo que hago? –Le fue preguntando a la vez que se acercó al chico que se miró los pies. –¿Es que esperabas verme muerto?

–¡No es así! –Dijo Radha de pronto –Oleg sólo me preguntaba si estaba bien, si recibía visitas, qué hacía con sus amigos jötun, dijo que todo era necesario para tenerle bien protegido. Yo pensé que lo hacía por usted. No quería, sólo hice lo que me ordenada –su voz se hizo un chillido.

–Seguro fue muy duro para ti obedecer. ¿Qué te ofrecieron? ¿Un rango de visir de los pajes? Seguro hubo dinero e invitaciones para cenar que te halagaron. Debe de haber sido una experiencia aterradora –Loki dio vuelta a su escritorio para sentarse en él. Radha no tenía ni idea de que no planeaba hacerle daño en realidad, de ser así, le hubiera atravesado la garganta en cuanto se quedaron solos. Lo que iba a hacer, era usarlo. –Justo estoy escribiendo una misiva para Thor, seguro que le interesará saber esto.

Tal como pensó, Radha se dejó caer de rodillas. El paje le había mentido a Frigga haciéndole creer que escuchó la conversación entre los soldados por casualidad, probablemente la reina se imaginaba que en sí era un espía y sólo lo había dejado en paz por considerar que Radha se había enmendado de su error al dar alerta del ataque. Frigga no le haría daño, eso era obvio para Loki. Y a Thor, ni siquiera pensaba mencionárselo. Pero para Radha, Thor era su mundo. Era su general, su príncipe y de quién más le importaba su opinión aun cuando el dios del trueno jamás le dirigiera una segunda mirada.

–No señor, por favor, no. No le diga nada ¡Me entregaré a Sköll! ¡Le diré todo!

–Mejor no –dijo Loki. La expresión de estupefacción de Radha, casi hizo reír a Loki. –Quiero saber qué hace Oleg con sus familiares, con quien se entrevista, de qué hablan, qué planes tienen. Todo. ¿Tú me lo contaras, verdad? Nadie tiene porque enterarse de que en realidad lo haces por mí. A cambio yo no le diré nada a mi esposo de tu pequeño papel en la intriga que casi me asesina, claro está, siempre que me seas fiel.

–Sí. Como ordene –ni siquiera titubeo al responder, lo que complació a Loki.

–Levántate. –Loki buscó una copa de vino, a últimas fechas casi siempre tenía una en la mano –quiero que Oleg te encuentre bien dispuesto, mantén su confianza. La de él y la de su tía. Si es que te pregunta, dile que estoy asustado y temeroso en mis habitaciones –lo despidió.

Radha hizo una reverencia rígida y salió de la estancia. Loki sintió pena por el paje, era patético y débil, pero no se merecía lo que iban a hacerle. Miró la carta de Thor, tomó pluma, respiró hondo y empezó a escribir.

"Thor,

Tal como tu madre te ha contado, me encuentro bien.

Como sabrás, tengo al cuidado a cierto número de heridos de la guerra, soy responsable de su salud y sería una afrenta hacía ellos que les abandonara en este momento. Una vez me otorgaste el invaluable don de la libertad en mis afectos hacía ti. Te aseguro que tienes mi lealtad y mis pensamientos. Sin embargo esto es lo que te digo: no iré al campamento."

Tomó la carta de Kjolen y la tiró a la basura. Ahora que había dicho que sí al Padre de Todo, ya no era su problema lidiar con Laufey.

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A pesar de su resolución, Odín le pidió que desairara a Thor, no a su madre, y estar al lado de Frigga le quitaba pesar, por ello no se continuó negando su compañía. Le estaba muy agradecido por haberle enseñado a proyectar ilusiones, ese hechizo le había salvado la vida contra Hagen, contra Laufey y ahora en el atentado. Así se lo hizo saber, con la secreta intención de que ella le enseñara más. Su deseo se vio cumplido. Se reunieron en el salón de la reina. Era tan amplio que se podría dar una fiesta u organizar un torneo dentro de él. Ese día estaba completamente vacío. Jyana los acompañaba portando una caja de música.

–Nadie puede espiarme –le dijo Frigga –y no es por mi rango, ni por falta de intentos –añadió, tomó la caja de música con ella y se alejó dejando a Loki y a Jyana en una esquina del salón mientras que ella se paró al centro. La reina parecía muy feliz de tener alguien con quien compartir aquellos conocimientos, Loki ya sabía que Thor no poseía ningún talento mágico, aunque tampoco creía que le hicieran falta. –Es un hechizo sencillo –le dijo. Accionó la caja de música, una melodía triste salió de ella. Frigga levantó una mano, la cual brilló dorada, generó un círculo en torno a ella y la música cesó en el acto.

Loki la observaba con aquella intuición suya captando velozmente lo esencial del conjuro. Frigga deshizo el hechizo y le indicó que se acercara. Jyana se encargaría de indicarles con señas si la música había dejaba de escucharse. A Loki le salió el hechizo al primer intento.

–Hay más –dijo la reina –esta vez es un poco más complejo. A veces no es suficiente con engañar los oídos. –Ella levantó ambas manos, con Loki parado junto a ella. Se concentró y un destello iluminó la habitación. Al menguar Loki observó que estaban de pie en medio de sillas y mesas dispuestas para un banquete. La reina movió las manos y el mobiliario se transformó en una biblioteca en perfecto orden. Loki tocó un librero junto a ellos el cual se disolvió.

Nuevamente era su turno. Proyectó una réplica de la biblioteca que Frigga hiciera surgir de la nada y luego volvió a reproducirla pero en tal estado de caos que parecía que un tornado había pasado por ahí. Los dos sonrieron.

–El último por hoy, aprendes muy rápido –dijo eso y se desvaneció. Loki la buscó con la mirada, aquello era mucho más que un hechizo de invisibilidad. Buscó a la doncella pero Jyana se había desvanecido también.

–Es una barrera, impide ver a las personas dentro de ella –dedujo. La reina y su doncella volvieron a aparecer.

–Requiere de un poco más de energía pues a un tiempo que no puedes verme tampoco puedes escucharme. Este es un hechizo permanente en mi habitación, cuando cruzo la puerta nadie que no sea bienvenido puede llegar a mí –le confió.

Loki estaba listo para intentarlo. Se concentró y proyectó primero el muro para impedir ser escuchado. Luego superpuso el segundo hechizo que Frigga le había enseñado y al unirlos se desvaneció. Tuvo una idea, encimó a aquella magia la barrera que usaba para dejar fuera la vista de Heimdall. Sonrió triunfante cuando de pronto sintió que el suelo bajo él se movía. Un repentino malestar hizo presa suyo y las rodillas se le doblaron.

–Loki –Frigga fue hacía él, sus encantamientos se habían roto. Loki se puso en pie de prisa, no había querido asustarla, pero al hacerlo volvió a sentir que el mundo a su alrededor giraba y se desplomó.

La reina lo sostuvo en su regazo.

–Estoy bien –le dijo Loki mareado y con el estómago revuelto, sin ser consciente de lo que hacía se llevó una mano al vientre.

–No se ve bien, está casi verde –dijo Jyana inclinándose a mirarlo.

–Trae una infusión de jengibre –le pidió Frigga y la doncella partió al punto.

–Estoy bien –repitió Loki, la habitación ya no se movía, aquello había pasado. –Lamento preocuparte.

–Creo que te presioné demasiado –habló Frigga. Loki asintió, en verdad ya se sentía bien, seguro con más práctica dejaba de pasarle aquello, lo único era que estaba avergonzado de haberse desmayado. Dejaron la práctica de hechizos. Cuando Jyana volvió con la infusión Loki se negó a beberla pero una mirada de Frigga bastó para hacerlo cambiar de opinión y obedecer.

Con aquellos nuevos conocimientos, puso una barrera permanente en sus habitaciones para evitar ser escuchado por oídos indiscretos e hizo lo mismo con la barrera que cegaba a Heimdall. No colocó la de invisibilidad porque no conseguía hacerlo sin marearse, como si no le alcanzara la magia para lograrlo, no comprendía qué sucedía pero decidió descubrirlo más adelante cuando no tuviera tantas preocupaciones pasando por su cabeza.

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El gobernador de Harokim avanzó por el pasillo, detrás de él iban su consuegro y su hijo mayor. Se dirigían a los aposentos del príncipe consorte. No pudo evitar mirar hacia atrás y observar a su vástago, era un joven honorable y él lo había convencido de que estaban haciendo lo correcto, no sólo lo más pertinente. No les sorprendió encontrar apostados en la puerta a guardianes de la reina. El paje les hizo esperar un momento pero tras ello los anunció a su príncipe. Se detuvieron en la pequeña sala. Había rumores que señalaban que el jötun estaba temeroso en su alcoba pero el hombre que se presentó ante ellos no parecía tener ni una pizca de miedo.

–Mi nombre es Erwel, hijo de Otän; soy el gobernador de Harokim y miembro del concejo del rey. Mi acompañante es Hagbard, hijo de Barda, líder gremial del acero de Nidavelir; y mi hijo Ertan me ha contado que ya lo conoce –dijo señalándolo. Loki asintió. –Yrsa se presentó antes que yo, pero lo hizo bajo mi indicación. Verá, príncipe, no podía acercarme sin más a usted, no hubiera sido prudente de mi parte y no le hubiera ayudado en nada al hacerlo precipitadamente. Le pido una disculpa por no evitar su intento de asesinato, la noticia nos llegó tarde –le dijo. La mayora de las cocinas fue quién les advirtió con premura, la mujer estaba comprada desde hacía años por Yrsa, y si no habló antes fue porque recibió la orden de sedar al príncipe y a sus compañeros jötun con poca anticipación, mandato que por supuesto no cumplió. –Sin embargo ahora nos ponemos a su disposición en forma directa y como muestra de que nuestras intenciones son serias, le he traído esto.

Depositó en la mesa que los separaba una nota. Loki la tomó con cuidado, la letra no le era conocida pero el nombre con la firma al final de la misma sí. Era una carta en la que se exhortaba a los jóvenes einheriar e inclusive a los hired, a destruir al traidor que se había asentado en Valaskialf, que con brujería había encantado al protector del reino y que con su sola presencia hundía a Asgard en el escarnio. O sea él. Oleg, hijo de Olvërt la había firmado.

–La princesa norn se la entregó a mi hijo el día de su arresto. Aún no entendemos cómo es que ella la tenía pero sin duda esto ayudará en la defensa de la infanta y a la vez, señalará a Oleg como el responsable –dijo Erwel. Su hijo había insistido en aquello, sabía que Héroïque se encontraba prisionera y deseaba verla en libertad. –Oleg es demasiado inmaduro para asumir el capitaneo de la guardia –añadió.

Cuando se hicieron los nombramientos en Alfheim, por mérito propio, Ertan debió de asumir la capitanía de los einheriar y no Oleg, todos en el ejército sabían que aquello fue una maniobra de Starkag y Olenna, quizás anticipada por Hibald antes de morir, pero el intento de asesinato demostraba que el joven no tenía en claro cuál era su deber como protector de los habitantes de Valaskialf. Como buen padre, Erwel quería aquel puesto para su hijo.

–Ahora, si su deseo es otro, dé la orden príncipe; y Oleg será dado por muerto –dijo Hagbard. Erwel asintió.

Hablaban en serio. Aguardaron por la respuesta, Loki no había dicho nada pero parecía estar meditando sus palabras. De pronto Erwel vio tinieblas de muerte y destrucción ensombrecer la mirada del príncipe. Contempló aquello asombrado y supo que dentro de aquel joven existía un alma ardiente ávida de caos. Le tuvo miedo. Observó a sus acompañantes esperando que hubieran notado aquello pero ni Hagbard ni Ertan dieron muestras de haber visto nada.

–No –dijo finalmente Loki –no quiero crear un mártir para la causa que tienen en mi contra. Que sea despojado de su título, su riqueza y sea arrestado, que su familia caiga en la ignominia por sus acciones. Estoy seguro que esto bastara para que varios einheriar hablen para no compartir el mismo destino que su anterior capitán, aún más, Olenna que hasta ahora ha ostentado la vigía del palacio deberá renunciar al cargo pues Rhee, la doncella de Frigga ha sido acusada de ser cómplice y ella debió de haber prevenido eso. Sería una vergüenza que siguiera como guía del palacio –dijo. –La muerte es tan definitiva y misericordiosa en ocasiones, no soy tan benevolente con el hijo de Olvërt –dijo Loki.

–No confío en que sea buena idea dejarle con vida –rebatió Erwel. –Oleg podría seguir siendo un incordio.

–Precisamente, pero no será a mí a quien moleste, creo que su tía pronto encontrará razones para querer desairarlo. No es necesario que hagamos nada más –dijo Loki quitando ya importancia sobre el asunto. –Quisiera hablar con Ásta –les dijo. Ertan ya le había contado que era astuto e Yrsa le advirtió que era muy directo, así que ya habría deducido que Ásta fue mandada por uno de ellos dos.

Hagbard se aclaró la garganta.

–Ásta se ha retirado definitivamente de la vida de palacio –dijo. Erwel observó que su amigo apretaba los puños, dijera lo que dijera se notaba que le tenía aprecio a aquella desdichada joven. Loki no parecía conforme con aquella respuesta, así que Hagbard siguió: –Ese gusarapo de Oleg la hizo ir a él acusándola de espiar para usted, príncipe –lo cual era cierto –y como ella se mantuvo en su negativa de admitir tal cosa –el hombretón hizo una mueca de angustia antes de soltar la última frase –el muy malnacido le destrozó la cara con una daga.

–Aun así quiero verla –dijo Loki.

Luego que le dejaron solo, Loki tomó la nota que le habían dado. No quiso usar a ningún mediador, fue él mismo el que llegó con la nota firmada por Oleg hasta los aposentos de Frigga, la reina le recibió con una agradable sonrisa, aunque algo intuyó en él.

–¿Qué sucede? –Preguntó Frigga.

Loki alzó la carta.

–Quiero justicia.

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Por una vez Ásta no entró a sus habitaciones a través del pasaje secreto, si no que Radha la anunció. Iba con Yrsa quién se quedó en la sala de estar de los aposentos de Loki. La cortesana en cambio entró en la alcoba del príncipe. Había perdido peso y portaba ropas sencillas, sin joyas ni adornos, un velo vedaba su rostro. Loki la instó a sentarse en su cama como solía hacer pero ella en cambio se acomodó en una silla. Sus manos temblaban.

–Saludos mi príncipe –su habla era balbuceante. Las heridas no la dejaban pronunciar con aquel toque de seducción y cinismo que solía emplear.

–Quiero ver tu cara –le ordenó Loki.

–Perdóname pero prefiero que conserves de mí mi antiguo rostro y no que evoques mi recuerdo con esta atroz fealdad –Loki se acercó.

–Tonta –la reprendió. –¿Acaso olvidas mis poderes curativos? Y no me digas que no sabías de ellos pues Harma te contó de los mismos. ¿Por qué no viniste a mí para que te sanara?

Ásta estalló en llanto el cual no enjugó pues hubiera equivalido a mostrarse.

–Mi señor, honestamente pensé que no harías tal cosa aunque te lo suplicara. Perdóname pero pensé dos razones para ello, la primera, que ya no te era útil, así que para qué querrías verme. Lo segundo es que Hagbard me contó que Olenna te acusó de cometer infidelidad conmigo, si me ayudases sería como aceptar que eso es cierto.

Loki negó.

–Pues ya ves que te equivocas, ahora quítate el velo –la apremió. Ásta dudó pero finalmente hizo caso a aquella orden. Su cabello castaño caía anodino ocultando en parte las heridas. Exhibía dos profundos cortes, uno del lado izquierdo que le corría desde la sien hasta la oreja, y al otro lado uno aún más feroz que partía desde sus labios, sin duda Oleg había metido la daga en su boca; y seguía desgarrando la mejilla.

Al verla Loki no se inmutó en lo más mínimo lo que confundió a la joven. Su magnanimidad la dejó sin palabras. Las manos de su príncipe la tocaron como si la acariciaran, sintió calidez corriendo por su rostro. Seguía llorando cuando Loki bajó las manos y le sonrió señalándole el vestidor donde tenía un espejo amplio. Prácticamente corrió hacía allá palpándose la piel. Cayó de rodillas delante de su propia imagen. Su rostro a salvo, indemne, el mismo hermoso rostro de siempre. Loki había ido tras ella. Ásta se puso en pie y se echó en sus brazos. El jötun le devolvió el abrazo riéndose de ella.

–Eres la mujer más necia que he conocido –la llamó –pero nadie antes me había demostrado semejante fidelidad. Te dije que yo recompensaba lealtad con amistad.

–Y tú eres más que mi príncipe, eres un auténtico aesir para mí, un dios. Siempre tendrás mi lealtad, te adoro –siguió ella besándolo en las mejillas para luego disculparse pues le había dejado un rastro de lágrimas.

Loki la dejó agradecerle hasta el cansancio y soltar gritos de júbilo. La despidió pues debía ir donde Frigga. La cortesana abrió la puerta y se lanzó a abrazar a Yrsa e inclusive a Radha a quién además le otorgó su perdón pues su indiscreción había sido la raíz de aquel amargo trance.

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Su intento de asesinato corrió de boca en boca por el reino pero el que hubieran apresado a Oleg, hijo de Olvërt, primo de la princesa consorte por el crimen, dio mucho más de que hablar. Loki no se encontraba con la reina en el momento en que sucedió, fue Radha que como pajarillo voló hasta él para contarle que Sköll en persona había puesto bajo custodia a Oleg. Ya había sido llevado a las cárceles del reino. Por desgracia los norn aún no salían bajo libertad pues el único con la potestad de juzgar era Odín, por lo que tendrían que esperar por su retorno.

Se enteró que Olenna pidió audiencia para intervenir por su sobrino y aunque nadie sabía que se dijeron ambas mujeres, era obvio que no había conseguido que lo liberaran o que al menos le permitieran estar en custodia en sus aposentos; esa misiva firmada por él casi le condenaba por si sola. Ásta, informada por el mayordomo, hizo de su conocimiento que Olenna había renunciado a dirigir la vida del palacio. Con ello la vida en la corte cambió por completo, varios de los amigos de la madre de Sif abandonaron sus relaciones con ella, sólo los más íntimos y familiares seguían despotricando contra él pero con voces cada vez más parecidos a susurros. En cambio otros, tales como el maestre Harma y el gobernador de Nidavelir le invitaban a cenas y le preguntaban su parecer en varios asuntos, adulando su inteligencia, su porte, sus contribuciones al ejército y demás méritos que Loki no sabía que tenía.

Ásta se había vuelto más que su informante aunque Loki nunca lo diría en voz alta. La veía cada vez mejor vestida y enjoyada, sin la sombra de Oleg ni de Olenna parecía prosperar en la corte, de hecho, aquellos que se habían ocupado de impulsarlo veían recompensadas sus expectativas. A Loki eso lo satisfacía pues llegaría el momento en que les cobraría todo ello.

Esa misma mañana recibió otra carta de Thor.

"Loki,

No te mentiré: lamento la palabra dada. Los heridos entenderán que abandones tus responsabilidades un solo día, eso es todo lo que te pido, un solo día para verte, saber que estás bien y regocijarme con tu compañía. Te espero pronto."

Sin preámbulos la respondió para que viajara sin demora.

"Thor,

Hogun y quince guerreros berserkir, marcharon de vuelta a Alfheim, no demeritaré mi intervención en ello con falsa modestia. Espero que con su ayuda tu empresa prospere. Amparado de ti en ti mismo, lo siento, no acudiré. Perdona mi capricho, no pienses que hay deslealtad ni doblez alguno en mi ser. Soy yo el que te espera."

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Jyana le hizo esperar un instante antes de hacerle pasar con Frigga. Se encontró de frente con Olenna que estaba saliendo en ese mismo instante, le resultó irónico que ellos dos se detestaran tanto y aun así casi nunca se vieran a los ojos. La mujer no ocultó su desprecio pero no le dirigió ni una palabra antes de marcharse. Erwel le hacía llegar copia de la correspondencia entre Sif y su madre, por ello Loki sabía que la mujer había urgido a su hija a regresar a la corte para ayudarla con su primo y la valkiria se había negado aduciendo asuntos apremiantes en la guerra.

–Loki –lo saludó la reina una vez que entró a sus aposentos. –Si has venido a hablar de Oleg, no digas nada aún. Sigo meditando las palabras que Olenna me ha dicho –dijo levantando un poco la mano, como si pidiera un poco de paciencia para con ella. Loki no deseaba hablar de ese asunto.

Se sentó a su lado y le sirvió un poco del té que Jyana había dejado en la pequeña mesa de centro.

–He venido a ver cómo estás, lamento que este incidente te haya dado más tribulaciones de las que ya asumes con la regencia. Sigo agradecido por la guardia que me has dado –dijo. Ull aún no volvía de Jötunheim, de hecho había mandado una misiva pidiéndole compañía, pero como estaba claro que detrás de la petición estaba Laufey, la rechazó. –Si pudiera ayudarte en algo, lo haría con todo gusto.

La reina le sonrió pero Loki no esperó que ella le acercara sus papeles.

–Un asunto de los acereros de Nidavelir. Tienen un gremio y un representante, Hagbard, fijan el precio del acero y cada vez que hay guerra se hacen más ricos. El poder que han acumulado se está volviendo desmesurado y les permite incurrir en abusos hacía los otros gremios e inclusive hacía el ejército. Antes me fue propuesta como solución importar el material desde Svartálfheim para frenar su descomunal fortuna, pero se enteraron y están haciendo todo lo posible por presionar en contra de tal resolución ¿qué harías tú? –Le preguntó.

Loki tomó el papel, ya sabía que el líder gremial era Hagbard, uno de sus aliados y protector de Ásta y de otras muchas mujeres de su misma profesión. Leyó con detenimiento el asunto. Se tomó unos momentos para discernir mientras Frigga hojeaba otros documentos. No le molestó quedarse en silencio junto a ella, disfrutaba su compañía más que la de nadie en Valaskialf.

–Haría noble a Hagbard –le dijo tras un momento. Frigga pestañeó un instante pero esperó a que él se explicara. –Si intentaran imponer otro líder, los acereros lo rechazarían, pues Hagbard es uno de ellos, vela por la riqueza de sus pares y lo que él dice es la opinión de éstos. Si se le concediera un título, dejará de pensar como acerero y lo hará como noble, antepondrá los intereses del reino sobre los de su gremio. Tendrá que ponerle un freno al precio del acero. Más aún, si lo haces tú sin la firma del Rey Odín, te estará eternamente agradecido y no cometerá errores pues el Padre de Todo podrá deponerlo en cualquier momento sin ningún problema –le explicó.

Frigga tomó de vuelta el papel sin dejar de mirarlo.

–Mi hijo no ha dejado de halagar tu inteligencia –dijo. La correspondencia que Frigga mantenía con Odín y Thor no viajaba por el canal regular del mayordomo por lo que no podía espiarse. –No es que lo dudara pero ¿querrías ser mi secretario personal? –Le preguntó.

Loki sonrió, aquello era todo un halago.

–Aceptaría con gusto tal honor –dijo. Frigga le pasó en ese mismo momento varios asuntos más para que los fuera estudiando. Loki la miró, siempre que estaba concentrada una fina línea surcaba la comisura de sus labios, ya era mayor pero tenía una belleza apabullante, se quedó mirándola más de lo debido pues Frigga lo notó. Loki no pudo contener su pensamiento. –A veces desearía que fueras mi madre –le dijo.

Frigga se sonrojó, como si le hubiera hecho el mayor de los halagos.

–Aun cuando nunca estuviste en mi vientre, te considero mi hijo –le respondió.

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Su nuevo cargo como secretario de la reina lo tenía muy ocupado, pero ese día ella tenía asuntos personales junto con otras damas de la corte. Loki ya sabía que se había organizado una demostración de ropa, joyería y demás, por parte de varios comerciantes, aunque la principal en ello era Yrsa. Así que tenía una mañana de puro ocio, se tendió sobre el lecho de su habitación con un libro en las manos, ni siquiera lo leía, sino que lo acomodó sobre su cabeza como si pudiera absorber las palabras por osmosis. Había un plato cerca de su cama con un poco de carne de venado, hojaldre y frutas. No había nadie con él por lo que en realidad estaba a punto de quedarse dormido. Escuchó la puerta de su alcoba abrirse y los pasos rápidos de Radha, ya se había acostumbrado a distinguirlos.

–¿Qué sucede? –Se quitó el libro del rostro y encontró una misiva en las manos del joven. –¿En serio? Dime la verdad Radha, Thor te paga por hacerme llegar sus cartas lo antes posible –dijo tomándola con una mano. Radha negó con la cabeza. Loki desbarató el lacre pensando en lo inverosímil que se había vuelto el asedio de Thor ¿acaso Adalster no lo podía tenerlo más ocupado? –Siempre me he preguntado cómo es que llegaste a ser su escudero, perdona que lo diga, pero no tienes madera de serlo –comentó.

–Soy sobrino del difunto general Hibald –respondió Radha –pero soy el hijo menor de mi padre, mis hermanos ya tienen puestos en el ejército. Era el escudero de ellos pero un día, el señor Thor bajó de su caballo, de Tanngrisner y me tendió las bridas. Sé que me confundió con su escudero pero él no estaba cerca, de hecho estaba a punto de ser ascendido a ulfhednar así que, tomé su lugar. Lo seguí por el campamento, pulí su armadura, le serví la comida y cuando llegaron mis hermanos buscándome, el señor Thor dijo que yo era su escudero. Así que me quedé con él –dijo Radha con la sonrisa más larga y tonta que Loki había visto.

–Una historia enternecedora –dijo. Radha ni siquiera notó el sarcasmo con el que lo dijo.

"Loki,

Sí que sabes negarme lo que solicito de ti ¿acaso intentas enloquecerme? Parece que ni con toda mi fuerza puedo cambiar un ápice a Loki. Lo diré sin ambages, no me gusta que te rehúses a mi sincera petición pero te lo solicitaré nuevamente ¿Vendrás o no?"

Parecía que estaba haciendo enfadar a Thor con su negativa. Se levantó de su lecho mientras pensaba en la contestación que podría darle.

"Thor,

Siento pena de que consideres tales mis intenciones. La vida en palacio me mantiene ocupado. Me concediste libertad de consentir o no incluso a la voluntad del hijo de Odín quien pronto ve cumplidos todos sus caprichos. No pienses mal de mí, es tu deseo previo de complacerme el que ahora obstruye este otro deseo tuyo de tenerme. Más aún, ese anhelo que tienes se desvanecerá como un mal sueño a tu retorno a Asgard cuando te veas colmado por tu familia, tus amigos y tu mujer."

Se la tendió a Radha para que la enviara en cuanto pudiera.

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Erwel brindó a la salud de Hagbard. Le reía las bromas a él y a Yrsa, aceptó que Ásta rellenara su copa con cadenciosos movimientos. La fiesta, ocurrida en los aposentos del gobernador Erwel en palacio, era en honor del acerero y su nuevo título nobiliario concedido por la reina, aunque ellos cuatro sabían que había ocurrido a instancias de Loki.

–Parece que apostamos a la jugada correcta –dijo Hagbard ya borracho.

Erwel volvió a brindar aunque por dentro sentía desasosiego. El joven ahora era secretario de la reina, quién todos sabían que lo trataba como a un hijo; tenía a más de la mitad de la corte de su lado, inclusive Sköll, el estoico guardián de la reina lo trataba con deferencia. Ásta e Yrsa le profesaban un afecto que rayaba en el fanatismo. Había nobles, embajadores, sirvientes y soldados granjeándose su amistad. El príncipe había entendido demasiado rápido la manera en que la corte funcionaba. Tenía acorralada a Olenna, ahora era él quién le espiaba la correspondencia y tenía gente siguiéndole los pasos, ahora era él quién la aislaba de la reina y lo lograba con el simple hecho de pasar demasiado tiempo con Frigga. La madre de Sif no era la única, Erwel estaba seguro de que los miembros del concejo tampoco podían hacer ya nada sin que el joven lo supiera.

Parecía haber sido sólo él quién notó la expresión de malicia en el príncipe Loki. Estaba preocupado. Temía que le hubieran abierto la jaula a una fiera, una que podía acabar devorándolos. Habían comprado finalmente al mayordomo pero eso no detuvo la venta de la correspondencia entre ambos príncipes, ahora era vendida por los heraldos que portaban las cartas y habían alcanzado precios tan extraordinarios que sólo los más poderosos podían comprarlas, eso no había hecho que la corte dejara de conocer el contenido, pues las doncellas y pajes espiaban las cartas sobre las mesas de sus señores y luego contaban lo que sabían a otros. Era así como corrían los rumores. De lo último que se hablaba últimamente era de la manera en que Loki rechazaba acudir al encuentro del príncipe heredero. No entendía que locura lo impulsaba a proceder de esa manera, nadie se atrevería a darle un consejo sobre su trato hacía el dios del trueno. Al menos, si continuaba así y perdía el afecto del hijo de Odín, aquellos nobles que se le acercaron por ello le retirarían su apoyo, eso tendría que disminuir la influencia que había ganado aun cuando siguiera siendo del agrado de la reina. Se tranquilizó un poco, después de todo, había descubierto que no había nada que pudiera hacer, le debía el nombramiento de Ertan como capitán de los einheriar.

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Ull volvió a Asgard, traía consigo a cinco fieros guardias jötun que superaban por mucho a Ull en estatura y porte. Los había enviado Laufey para su protección ya que Odín se había negado a que el joven se moviera de la corte. A Loki le hubiera gustado saber cómo había ido aquella discusión pero sus influencias no llegaban tan lejos como para saber que ocurría en el acantonamiento y el único que podría referírselo era Thor, así que confió en que Odín siguiera dando muestras de mantener a raya a su padre.

Para animar a su amigo lo invitó a salir de cacería, algo que agradaba a Ull. Tomó de las caballerizas a Tanngrijos y remontó la planicie de Ida que llevaba a uno de los palacios privados del Rey Odín, en Gladsheim. No llegó tan lejos pero el aire despejado le dio una sensación de total libertad. En verdad Asgard era el reino dorado, la luz irradiaba dónde se le veía y no había visión más bella que la del Valaskialf a la distancia. Sin embargo llegado a ese punto se preguntó si esa sería alguna vez su ciudad y si podría llamarla realmente hogar. Ull llegó a su lado, junto con otros dos guerreros que salieron a su par, aunque ellos tres iban a pie. Cerca de él iba Radha, en un caballo marrón. A pesar del temor que le inspiraban los jötun permanecía siempre a su lado.

–¿Dónde se encuentran las prisiones? –Preguntó de pronto Ull detrás de él.

Loki se las señaló a lo lejos, estaban dentro del mismo palacio aunque en un nivel mucho más inferior.

–Te repito que no hagas nada. Sé que la pérdida de Vill es dolorosa, yo también lo extraño pero si Oleg muere, aun cuando no sea con hielo, me culparán a mí –le explicó. Algo rumió UIl a su lado, algo inteligible pues no comprendió nada. –No te preocupes, esto no quiere decir que olvidemos lo que ha ocurrido –le dijo. Los Jötun eran especialmente rencorosos, lo llevaban en la sangre y se daban por fácilmente agredidos.

–Ese es el Loki del cual me granjee su amistad –dijo Ull. Un poco más satisfecho con lo que considero una promesa de retribución por la vida de su hermano.

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A la mañana siguiente Radha entró triste a sus aposentos, lo que le llamó la atención pues el joven solía ser más alegre. Le tendió una misiva. El mensajero de verdad estaba siendo presuroso por una orden de Thor, o al contrario, él mismo estaba ansioso por saber las respuestas.

–¿Qué sucede? –Le preguntó pero el chico no dijo nada. –Radha, habla ahora o no me preocupare más por tu semblante.

–Perdón, señor –se disculpó de antemano –es que, el general Thor está enojado con usted –dijo tímidamente.

Loki se giró a mirarlo. Ya tenía la carta en las manos, aparentemente sellada y el jovenzuelo le estaba dando un adelanto de lo que contenía la misma.

–¿Has estado leyendo mi correspondencia?

–¡No! No me atrevería pero he escuchado comentarios en los pasillos respecto a ello –dijo Radha.

Abrió la misiva.

"Loki,

Me las vas a pagar."

Y se rió. No supo si de alegría, o por el contrario, las más aterradora tristeza.

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El Bifrost se abrió para ellos. El ejército de Asgard finalmente volvía a casa. Adalster había sido capturado a manos de los ases, así que en ese mismo momento viajaba con ellos tras que el ejército terminara sus asuntos en tierras extranjeras. En cuanto a los jötun, algunos de ellos habían vuelto al hogar, otros se habían quedado para colonizar su nuevo dominio, Alfheim. Laufey no insistió en hacer ninguna visita de cortesía a su vástago asentado en Valaskialf.

Los guerreros desfilaron por el puente hacía la ciudad. Al entrar en ella hubo una comitiva de bienvenida conformada por el pueblo. Las doncellas arrojaban flores al paso de los soldados, los niños vitoreaban el nombre de Thor. Fandral saludaba con la mano desde su cabalgadura seleccionando de antemano a las féminas que recibirían sus favores esa noche.

Ante el paso de Odín la gente callaba y hacía reverencias. El amado Padre de Todo volvía a su capital y esta aguardaba por su sabiduría y templanza. Al llegar a Valaskialf, Thor despidió a sus huestes convidándolos a acudir esa noche al festejo. Fandral y Volstagg se fueron por su lado, Hogun todavía un poco decaído decidió que requería de paz, Sif y su padre fueron recibidos por Olenna. Frigga aguardaba por Odín y por su hijo, besó a ambos y los condujo al interior del palacio. En cambio Loki no estuvo ahí para recibir a Thor. El joven príncipe no se mostró contrariado por ello. Fue todo sonrisas con su madre pero apenas puso un pie en el interior del castillo se perdió de vista.

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Fandral y Volstagg decidieron empezar con la festividad antes de que cayera la noche. Acudieron a una tasca conocida donde no faltaba buena comida, vino delicioso y excelente compañía. No habían sido los únicos con aquella idea, se encontraron con algunos hired y ulfhednar de sus propias compañías pero también con gente de Asgard y algunos nobles de la corte. Volstagg pidió un corte de cerdo y una garrafa del mejor vino que tuvieran.

–Me sorprende, ¿sólo eso? –Se burló Fandral.

–Tengo que dejar un espacio para la comida de palacio, conociendo cómo son, como mínimo habrá veinte platillos diferentes y quiero probar de todos –dijo Volstagg.

Fandral notó algo extraño en el ambiente, aparte del ambiente de fiesta que se respiraba en Asgard, notaba que la gente hablaba entre cuchicheos, algunos mostraron una sonrisa aún más grande que al momento de enterarse que habían vuelto sus héroes y ello le produjo curiosidad al rubio guerrero.

–¿Qué pasa? –Dijo llamando la atención de un einheriar.

–Estamos celebrando, capitán Fandral. No sólo la victoria de nuestros ejércitos en tierras hostiles sino porque la ignominia de Asgard está por caer, ese al que nos han obligado a llamar príncipe consorte –dijo. Fandral no comprendió de qué estaba hablando aquel hombre. –El jötun. Ha hecho enfadar al heredero al trono, al parecer nuestro príncipe lo invitó en repetidas ocasiones a que lo visitara en el acantonamiento en Alfheim y él se rehusó. Como si fuera lo suficientemente importante como para decir que no.

–Seguro que lo sabe mejor que nosotros, es amigo íntimo del general Thor –comentó otro –el día de hoy tiene intenciones de devolver a ese país de hielo al jötun. ¡Qué pena que no fue mi turno de hacer guardia! Me hubiera encantado estar cerca de la puerta para ver cómo le lanzaba de las habitaciones –y se rió de ello.

Volstagg no recordaba que Thor tuviera el plan de echar a Loki del palacio. Había estado con él toda la mañana y de su boca no había salido ninguna de esas palabras.

–¿Darán problemas esos guardias que siempre tiene en la puerta? Hay uno que duerme con él desde el ataque, sin duda son bestias. Quizás hasta sea más que su guardia –dijo con tono significativo –no me sorprendería, los jötun son animales, podría hacerlo hasta con su caballo.

Fandral golpeó el vaso con cerveza y se puso en pie llamando la atención de todos los que se encontraban en el lugar. Llevó la mano hacía la empuñadura de su espada aunque no llegó a sacarla, sólo era una advertencia.

–Será mejor que calles soldado antes de que tus palabras te creen un problema. Loki salvó mi vida, tengo una deuda con él y no tengo intensiones de escuchar cómo le insultas. ¿Cómo te atreves a hacer tales acusaciones? Es miembro de la realeza y por ende, se le debe respetar –le dijo.

–Perdón capitán –dijo el soldado con los dientes apretados pero calló. De hecho, su acompañante y él se apresuraron a terminar sus bebidas y se retiraron del lugar.

El platillo de Volstagg llegó en ese momento, la posadera que atendía el lugar lo colocó en medio de ellos, junto con otro que ellos no habían ordenado.

–A cuenta de la casa –les dijo. Iban a agradecer el gesto cuando la mujer habló –bien dicho señor Fandral. Si no hubiera dicho usted eso, ya tendría yo que haberlos corrido por hablar de esa manera del príncipe Loki –la mujer soltó un bufido y lanzó una mirada colérica a la puerta por donde los soldados se habían marchado. –Esos hombres olvidan que la princesa Sif le mandó a asesinar con su ruin primo. Pobre del príncipe Loki, estando en un reino lejano, sin la compañía de sus familiares, debería recibir un mejor trato de nosotros los ases –negó con la cabeza –yo tampoco olvido que curó a mi Willat, lo hirieron en Alfheim, si no fuera por él tendría toda la cara marcada ¿y usted señor Volstagg? ¿De parte de quién está? –Le preguntó.

Volstagg casi se atragantó con un pedazo de carne. Miró a la posadera.

–Ninguno de ellos me ha pedido que me ponga de su lado –dijo.

La posadera movió una mano y se marchó de vuelta a las cocinas. Volstagg y Fandral intercambiaron una mirada.

–Por Ygdrasill, ¿qué es lo que está pasando? –murmuró Fandral.

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Los rumores de la corte de los cuales Loki y Sif estaban hartos nunca alcanzaban a Thor. Era inmune a conspiraciones, habladurías, chismorreos y complots. Él era la encarnación de todo lo honesto y puro, una fuerza de la naturaleza, todos lo consideraban por encima de esas cosas, además de que era demasiado transparente como para ser un peón útil en ninguna maquinación. Avanzó por los corredores del castillo aún engalanado con la armadura y la capa, el silencio reinaba a su paso. Fue directo a los aposentos de Loki, ese condenado jötun que lo había preocupado con su atentado, mortificado con sus silencios y finalmente atormentado con sus negativas decoradas con palabras que a Thor se le hacían como dardos venenosos. Entró sin llamar a la puerta y sin anunciarse. Ni él mismo sabía si lo que deseaba era pegarle un puñetazo a Loki o devorarlo a besos, conducía sus relaciones igual que las batallas, con arrojo, sin un plan previo y arrasando con todo.

Entró sin anunciarse, por un segundo creyó que se había equivocado de aposentos pues aquel recinto distaba del que habían compartido el día de su boda. Había muebles opulentos, tapices, cortinajes, jarrones y demás objetos que denotaban lujo. Loki estaba sentado leyendo un libro en una butaca mullida; un sirviente cuyo rostro le sonó de algo a Thor le estaba sirviendo vino. Su consorte, el que tanto había querido ver, también había cambiado. Llevaba puesta ropa que Thor no le había visto antes, sobre la cual relucían adornos de oro. Se sintió un poco descolocado. El paje que atendía a Loki levantó la vista, al verlo por poco y derrama la copa de su señor, hizo una reverencia nerviosa.

–Déjanos –le ordenó Thor sin darle oportunidad al sirviente de abrir la boca siquiera. El paje se apresuró a cumplir la orden tropezando con sus propios pies. Loki no levantó la mirada del libro como si no se hubiera enterado de nada. En la balanza de Thor, la opción de darle unos golpes al ojiverde ganó peso. El sonido de la puerta cerrándose los sumió en incómodo silencio.

–Lamento no haber acudido a darte la bienvenida –habló Loki por fin pero sin mirarlo todavía –pero no fui educado como una doncella para saludarte en cada uno de tus regresos. Además de tu última misiva deduje que mi presencia podría resultarte molesta. Si me buscabas para algún tipo de confrontación mejor que fuera en privado.

Y ahí estaba Loki actuando como si se hubieran dejado de ver hacía unas pocas horas o peor como si Thor fuera parte del mobiliario. De un manotazo el rubio mandó a volar el libro. Loki alzó la mirada pero sus ojos tan sólo destilaban frialdad. Cuando lo miraba de esa manera Thor sentía ganas de sacudirlo o gritarle o besarlo o demás arrebatos violentos, lo que fuera con tal de sacarlo de su alejamiento.

–¿Quiero saber qué pretendes con…? –su frase se vio interrumpida. Había una capa roja, como las que él siempre llevaba, doblada dentro de una caja. Eso lo confundió –¿qué está pasando Loki? –Inquirió.

Los ojos del jötun fueron a la capa.

–Es un regalo para ti –le dijo.

–No te dignas a aparecer a recibirme pero en cambio me tienes un obsequio.

–Te lo daré en el festejo de esta noche. –Dijo Loki como si eso fuera obvio. Thor bufó. ¡Estaba convertido en un irritante, convenenciero y déspota cortesano! Ahora mismo lo agarraba y se lo llevaba a cualquier guerra, la vida en la corte parecía hacerle daño.

–Así que en público vas a halagarme y en privado te portaras como si fuéramos dos extraños.

–Si dices "en privado", haciendo alusión a nuestra correspondencia, puedes olvidarte de eso, todo el palacio leía lo que nos escribíamos.

–Ya lo sabía– por fin el semblante de Loki mostraba algún signo de interés. –Soy el príncipe y mi correspondencia es espiada desde siempre, ya sabía que un montón de hipócritas leen cuanto escribo y no me extraña que su interés aumentara si se trataba de mis cartas hacía ti. –El jötun parecía confundido, al menos compartían eso. –No voy a dejar de escribir lo que me venga en gana porque a ciertos ojos pudiera no gustarles –aclaró. –Ahora quiero que me digas, ¿qué es lo que pretendes con tu comportamiento, con este recibimiento, con las palabras que mandaste? –Thor esperaba que Loki le dijera que todo era una broma y volviera a ser el mismo de antes, el que le curaba las heridas, el que le mostraba otra faceta de los concejos de guerra, el que luchaba a su lado, el que había amado con pasión desbordada.

Loki apoyó las manos en los brazos de la butaca como si tomara impulso.

–Quiero que nos separemos –habló por fin. Lo tomó tan desprevenido que el dios del trueno no pudo reaccionar. –Thor, estar contigo fue… agradable, tienes mi lealtad y mi admiración pero por lo demás…– Thor ya no estaba escuchando las palabras vacías que el jötun le dedicaba. Seguía hablando sobre quién sabe qué tonterías acerca de su valor y su fuerza pero él en cambio se había perdido. Lo recordaba rindiéndose entre sus brazos, suspirando de placer, besándolo, incitándolo, lo recordaba renuente a marcharse de Alfheim, lo recordaba auténticamente preocupado por él, lo recordaba lanzándole una bola de nieve. Y ahora le decía…

–No te importo para nada. –El jötun dejó su grandilocuente y mezquino discurso.

–Si me importas, pero ya no deseo ser tu amante.

–No eres sólo mi amante, por las dísir –maldijo –pensé que lo sabías, eres mi consejero, mi propio sanador, mi amigo, mi compañero –Thor no era elocuente pero siempre era sincero. –¿Por qué? ¿Qué ha pasado para que te encuentre metido en esta máscara de indiferencia? –Loki iba responderle en el acto pero Thor lo tomó de la ropa y sujetándolo lo puso en pie y lo acercó a su rostro. El jötun perdió definitivamente el habla, por un momento pareció extasiado. –No te atrevas a mentirme –le advirtió el dios del trueno.

–Es una orden de tu padre –aquella situación se le antojaba tan irreal que lo soltó. Debía estar soñando, sí, seguro Adalster se convirtió en dragón y lo había noqueado, en cualquier momento despertaría en el acantonamiento, muerto de cansancio y adolorido pero con el Loki correcto a su lado. –Me ofreció apartarme para siempre de Laufey y acepté, tú sabes Thor que lo que más deseo es libertad.

–¿Y yo que debo hacer? Tú vas y arreglas tu vida sin decirme una palabra al respecto. Ahora que hago contigo ¿repudiarte?

–Eventualmente tu padre anulará nuestro enlace, sólo debes ser paciente, por mí parte te prometo no molestarte ni en lo más mínimo, tampoco te impondré mi presencia… Si te importo en algo te pido que aceptes, no, que toleres la decisión que tomé. Puedo vivir sin ti pero no creo que pueda vivir en manos de mi padre.

–¿Cómo pudiste aceptar una cosa así? ¿Cómo pudo mi padre ofrecerte eso?

–Eres su heredero, y yo sigo siendo un extranjero y el hijo de su enemigo; debes entender que un futuro rey de Asgard no debe arriesgarse a ser influenciado por alguien así –le explicó Loki.

–Entiendes tan bien al Padre de Todo, eres tú el que debería ser su hijo. –Thor le dijo aquello último verdaderamente molesto, su rostro se tiñó de decepción. Dio la vuelta y se marchó azotando la puerta al salir.

Apretó los puños. No podía, no lo aceptaba. Volvió a entrar y se quedó petrificado en el umbral. Loki se había dejado caer en aquella butaca pero esta vez se veía completamente derrotado, tenía el rostro hundido entre las manos conteniendo sus emociones.

–Thor –lo llamó sin verlo.

–¿Ahora qué quieres? –Le preguntó el aludido sorprendiéndolo y acercándose. Loki lo notó, ya iba a retomar su postura indiferente pero antes de que lo hiciera el rubio lo atajó de una mano y no lo dejó decirle nada. Lo tomó de la nuca con la mano libre y lo besó. Un beso demandante, sin darle espacio para que pensara, para que volviera a aquel trato donde no había cabida para ningún sentimiento.

–No –masculló Loki tratando de írsele de las manos pero Thor no iba a soltarlo. Las manos del dios del trueno ya se deslizaban en aquellas complicadas prendas que llevaba puestas luchando por alcanzar la gélida piel que deseaba, terminó abriendo la ropa a la fuerza, rasgando las costuras y descubriendo los hombros de Loki. Su piel blanca era la tentación más grande que Thor había tenido ante sus ojos, no pudo resistirse a marcarlo a mordiscos suaves y lentos. Loki parecía haber perdido el habla, estaba aferrando con fuerza a la espalda de Thor buscando acercarse más y poner al alcance del rubio su cuerpo. Era un "sigue" dicho con un toque. Las manos de Thor aún sujetaban la indumentaria de Loki. Sus labios habían descendido ya hasta el borde de la tela. Interrumpió sus caricias para terminar de romper aquel obstáculo y apartarlo a jirones. Ahora tenía a Loki con el torso desnudo delante suyo.

Quizá no debió hacer eso.

Loki no podía comprender que lo que le pedía le resultaba imposible, una tortura. ¿Cómo podría tenerlo cerca y a la vez renunciar a él? Thor sintió la boca seca y un angustioso nudo en el estómago que sólo había experimentado una vez antes, cuando creyó que Hagen había matado a Loki allá en Ijósálfar. Loki abrió la boca para replicarle pero algo en la mirada de Thor lo detuvo. Y es que, en ese momento, Thor lo contemplaba adorándolo, mirándolo como si fuera la primera vez, imbuyéndose de cada pliegue de su piel, de la palidez de su vientre, de la firmeza de sus brazos. Loki respiraba aceleradamente, aquella forma en que Thor lo miraba le hacía bullir la sangre, y el rubio ni siquiera lo estaba tocando. Lo miraba con el anhelo de algo que ahora se le prohibía, con la tristeza de saber que para Loki había algo más importante que él, lo miraba como lo más sagrado que tenía. Y Loki se iba entre sus dedos, aun cuando lo tuviera sujeto con las manos.

–No sigas –pidió Loki y apretó los párpados para recobrar determinación obligándose a no verlo. –Eres un mentiroso –nunca nadie había acusado a Thor de eso –siempre vas con tu pose de héroe, diciéndome que soy libre de no complacerte y ahora que pretendo algo con lo que no estás de acuerdo no eres capaz de cumplir esa palabra tuya.

–Mírame –le replicó Thor sin perder los estribos. Loki lo obedeció. –Nunca te forzaría a nada, pero dime que no me quieres.

–No te quiero, quiero que me dejes, ¡necesito que me dejes! –Thor se detuvo dolido por sus palabras, estuvo a punto de apartarse pero vio el cuerpo de Loki seguirlo como si estuviera a punto de abrazarse a él. El dios del trueno no podía aceptar las palabras del ojiverde cuando su cuerpo le gritaba lo contrario con todo su ser. Se inclinó nuevamente hacia él. Loki metió las manos pero con tan poca fuerza, que Thor las apartó con apenas un movimiento.

–Deja de mentir –le pidió Thor y lo besó. Loki entreabrió los labios dando cabida a sus caricias pero apretó los ojos, parecía tener una batalla en su interior, parecía debatirse entre arrojarse a sus brazos o clavarle una daga. –Deja de mentir –le susurró, estrechándolo contra su cuerpo. Y siguió con aquella lenta caricia pues no aceptaba que no pudieran amarse.

Aquellos ojos verdes se abrieron por fin, reflejaban la furia de su dueño, a saber si era contra Thor, contra Odín o Laufey o contra sí mismo. Se dieron un beso rabioso, una batalla de lenguas, dientes y suspiros. Pero cuando Thor se alejó un centímetro más de lo que necesitaba, la boca de Loki le persiguió para darle otro beso, otro y otro más.

–Te odio –murmuró Loki pero asintió aceptando por fin que no podían estar separados.

Sin mediar palabra, se escurrió de su abrazo y terminó lo que Thor había iniciado, se quitó el resto de la ropa y se enderezó completamente desnudo para el placer visual de Thor que sin ningún reparo lo devoró con los ojos, desde los dedos de los pies, pasando por las piernas inmaculadas, deteniéndose en su miembro que empezaba erguirse, siguiendo por el torso enrojecido por las caricias que ya había recibido; se detuvo en el rostro. Ese rostro que lo tenía subyugado sin que le importara, ese rostro por el que gritaría los cuatro vientos que Loki era suyo y que podían irse a los infiernos todos lo que no estuvieran de acuerdo; entre ellos su padre.

Thor hizo lo propio quitándose la armadura en movimientos precisos. Cuando se acercó a él notó el sonrojo de Loki. Negó y sonrió, no pudo evitarlo, no podía creer que su amante aún albergara algo de timidez después de todo lo que ya habían pasado juntos.

–Eres hermoso –le dijo –y no me digas que no puedo halagarte de esa manera porque no eres una doncella porque no es un cumplido, sólo constato una verdad.

Su comentario le sacó una sonrisa a Loki, y junto con la sonrisa llegó la ternura que perdieron allá en Alfheim, Loki extendió las manos tocando el pecho de Thor, acariciando sus brazos, acercándose más y más hasta que sus miembros se rozaron, le echó los brazos en torno al cuello.

–Te extrañé –le confesó, por fin una verdad salida de esos labios que parecían resueltos a mentir y mentir. –Tengo tantas ganas –dijo para risa de ambos.

Los dedos de Thor se deslizaron por la espalda de Loki y siguieron su camino hasta sus nalgas. Loki olvidó en ese instante por qué había tratado de alejarse de Thor. No recordó odios ni temores, venganzas ni resentimientos. Se dejó hacer entre suspiros entrecortados, friccionando su cuerpo contra el del dios del trueno. Thor le tendió una mano que Loki aceptó en el acto. Tomándolo con facilidad lo levantó en vilo. Acomodó a Loki sobre él, sus piernas colgando a los costados de Thor, sujetándolo de las caderas acomodó el cuerpo del jötun sobre su hombría erecta. El ojiverde se asió de los hombros de su amante. El rubio empezó a adentrarse en el cuerpo de Loki, haciéndolo descender lentamente sobre su miembro. Loki contuvo la respiración al sentir la intrusión. En verdad era estrecho. Thor tuvo que forzarlo un poco. Loki se quejó pero aguantó. Con un hombre del tamaño de Thor era imposible que no saliera lastimado en sus encuentros, saber que le provocaba dolor y que aun así Loki pedía más… eso excitaba mucho a Thor. El rubio soltó un gemido cuando el cuerpo de Loki terminó de albergarlo. Se quedó quieto disfrutando, Loki se retorcía sobre Thor y apretaba los dientes sin abrir los ojos aún.

–Pídelo –le susurró Thor porque necesitaba escucharlo.

–Házmelo –murmuró Loki finalmente. –Quiero sentirte.

Thor apretó las caderas de Loki y con suma facilidad lo levantó y lo embistió. Ese primer movimiento provocó que el ojiverde se soltara. Gimió algo inteligible pero su expresión alentó a Thor a continuar. No existía nada más en el mundo que Loki, su cálida estrechez, sus piernas en torno a su cuerpo, sus gemidos que colmaban los sentidos de Thor, su rostro estático de placer y dolor combinados. En cada embestida parecía que Loki iba a desfallecer, Thor no podía dejar de mirarlo bebiéndose su imagen. Poco a poco fue reaccionando, volvió a sujetarse de los hombros de Thor y se forzó a sí mismo a seguirle el ritmo. El rubio fue acelerando sus movimientos, convirtiéndolos en embestidas feroces. Loki gritó a punto de desmayarse, superado por las sensaciones que hacían presa de él. Clavó los dedos en los hombros de Thor como si fueran el último resquicio de su cordura. A esas alturas le era imposible seguirle el ritmo al dios del trueno, estaba completamente a su merced, rendido ante la fuerza de Thor que lo obligaba a continuar con aquella desenfrenada cópula. Seguía gritando, gimiendo, murmurando algo incomprensible en su idioma natal que podía ser a un tiempo una orden de no parar o una promesa de eternidad.

–¡Thor! –con el nombre de su amante en los labios Loki se corrió manchando el abdomen de Thor, ver aquello aunado a la fricción que le provocaba el interior de Loki acabó por empujar al dios del trueno al orgasmo, moviéndose con un par de embestidas profundas y bestiales estalló colmando al ojiverde. Cayeron como fulminados en la alfombra, el razonamiento no les dio para intentar alcanzar el lecho.

Se quedaron así un momento antes de separarse quedando acostados uno junto al otro con las respiraciones agitadas pero sin tocarse. Thor se giró a mirar a Loki, su rostro se veía inusitadamente tranquilo, tenía los ojos nublados, unos mechones de cabello pegados a la frente perlada de sudor, la expresión de quién no sabe ni el propio nombre. Alguna vez Loki le dijo que no necesitaba que lo protegiera, y sin embargo estaban en ese atolladero en el que el jötun se valdría de la influencia del Padre de Todo para liberarse de Laufey, y lo único que le pedía era que se quedara al margen mirándolo alejarse.

–No puedo –dijo Thor y lo haló hacía sí para abrazarlo. Loki apretó los ojos conteniendo tantas emociones que lo empujaban al borde del llanto. Él tampoco podía. –Loki, te ofrezco lo mismo que mi padre –habló Thor estrechando su desnudez, sintiendo su cuerpo relajado y tibio contra el suyo.

–¿Qué dices? –murmuró Loki con la fiebre de su encuentro aun tiñéndole la voz.

–No sé qué te prometió pero te juro que seré capaz de cumplir lo mismo. Tan sólo quédate a mi lado. –Sus palabras hicieron vibrar a Loki.

–No sé qué decir –admitió.

–Entonces no digas nada –dijo Thor inclinándose sobre él para tomarlo de la barbilla y volver a besarlo.

–Espera –lo interrumpió Loki pero no dijo nada frío y calculador. En cambio sus palabras hicieron sonreír a Thor con los labios, con los ojos y con el alma –llévame a la cama –el rubio siguió riéndose –házmelo otra vez.

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Se separaron tras una nueva ronda de arrebatos apasionados. A pesar de que Thor venía de una guerra, no podían quedarse ociosos en sus aposentos haciendo que el resto del mundo no existía, pronto los requerirían a ambos. Loki pensaba en su encuentro. Se sentía dividido entre la felicidad de haber vuelto a los brazos de Thor y la preocupación por las consecuencias de tal acción.

–Mi señor –lo llamó Radha asomándose en su estudio. Estaba intentando despachar asuntos menores de la reina. El Padre de Todo pronto retomaría la administración de Asgard pero por lo mientras aún tenía deberes como secretario que cumplir y quería finalizarlos antes de la celebración, pues según había escuchado, podía durar al menos una semana.

–¿Qué sucede? –Le dijo sin levantar la mirada.

–Yrsa envió sus ropajes para el festejo de esta noche –a Loki no podía importarle menos ese asunto, iba a regañar a Radha por interrumpirlo con tales cuestiones pero el paje siguió: –Además lo busca el mayordomo real –aquella convenenciera ave de rapiña, que sin embargo jamás acudía en persona a tratar asuntos si podía enviar mejor a algún sirviente. A Loki lo intrigó que estuviera en sus aposentos donde jamás había puesto pie. Accedió a verlo.

–Príncipe necesito que me acompañes para disponer de tus nuevas estancias –le dijo. Frigga no había mencionado nada respecto a mudarlo de aposentos. –Se trata de tu nueva biblioteca personal.

Ahora estaba más que intrigado. Accedió a seguir al mayordomo a un ala de palacio un tanto apartado. Al ingresar se encontró con tres salones unidos entre sí por arcos, había carpinteros y sirvientes empotrando una serie de libreros al muro, mientras que una docena más de ellos apiñaban cofres.

–Este es Benfred, será el tenedor oficial de libros puesto a tu servicio para catalogar tu nueva colección –le presentó el mayordomo a su nuevo sirviente.

–No entiendo, ¿qué son estos libros? –Preguntó algo anonadado.

–Pensaba que eras más listo –dijo el hombre, parecía sumamente fastidiado. Loki lo iba a dejar correr porque aquella celebración por la vuelta del ejército lo debía tener atareado. –Se trata de la colección rescatada de la biblioteca de Ostlandet en Alfheim, y la colección del palacio de Rondeslottet en Nornheim. El príncipe Thor dispuso que te fueran entregadas como un obsequio. –Se sintió abrumado.

El mayordomo dejó todo en manos de Loki y de Benfred. Las preocupaciones se esfumaron por un momento.

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Las celebraciones en Asgard eran bastas y duraderas, mucho más una que representaba el final de una guerra si bien no larga, si penosa y llena de contratiempos. Thor estaba en sus aposentos, dejó que su ayuda de cámara eligiera su armadura y capa para aquella noche. Estaba pensando en lo que le diría a su padre respecto a la oferta que le hizo a Loki, la cual el jötun le reveló en forma de la ciudadanía asgardiana y debía poder conseguirla. No quería que sus palabras y sus promesas resultaran vacías. ¡Por las nornas! No quería ser Laufey que lo usaba a su conveniencia, no quería darle la razón a Hildetand en que lo consideraba un esclavo que le regalaron y mucho menos ser Hagen para verlo como un trofeo. Pero sabía que en ese momento, con la celebración apunto sería demasiado inoportuno que su padre y él se enzarzaran en una discusión.

Aún quedaba una hora para la puesta del sol. Salió de Valaskialf pues aquel evento se celebraba en la explanada del castillo y se extendía por las calles de la ciudad. Asgard estaba iluminada en todos los apliques de las paredes. Los pajes ataviados con la librea real corrían de un lado a otro, las galerías estaban abarrotadas de músicos. Thor se dirigió al estrado, a la sombra del palacio; que para la ocasión estaba cubierto de largos gallardetes de seda color oro y rojo. El ceremonial le exigía hacer su entrada junto con sus dos consortes, así que esperó por ellos.

Sif se detuvo a su lado, iba ataviada con un vestido que destellaba ante la luz de las antorchas, sin embargo su semblante era más serio que festivo.

–¿Tú madre? –Preguntó Thor. Harto eran conocidas las discusiones entre la valquiria y su progenitora, y Sif le había narrado algunas de ellas mientras todavía estaban en Alfheim.

–Algo así. Me he marchado a la mitad de su disputa, ha sido mi padre el que se ha quedado con ella –dijo sin más. Starkag era un excelente general pero todos sabían que en su hogar gobernaba su señora esposa. Antes de que Thor hiciera preguntas, Sif le ahorró la cuestión. –Es por Oleg. Quiere que mi padre como miembro del concejo del rey consiga su libertad pero mi padre le ha recordado que la justicia sólo actúa a través del Padre de Todo, no de su concejo –soltó un suspiro. –He escuchado que algunos dicen que yo ordené aquel disparate.

–Tú jamás harías algo así. –Sif sonrió.

–Deber y honor –murmuró Sif –no deja de darme pena el infausto giro de su fortuna, justo cuando Oleg había llegado a ser capitán de los einheriar… lo peor es que él mismo lo ha provocado.

Cuando le dijeron que alguien había intentado matar a Loki, Thor había sentido la homicida intención de aniquilar a aquel que había osado dañarlo; y cuando le relataron que Loki se había defendido con demasiado éxito había sentido una nota de orgullo en su interior. Thor pensó que Oleg tenía suerte de que él no hubiera estado en palacio, por consideración a Sif, sólo le hubiera saltado los dientes, aunque seguro que Loki hubiera replicado que no era una doncella y no necesitaba que lo defendiera. Recibió un golpe en el brazo. No había notado que calló sin más, ni tampoco se percató del momento en que Loki había llegado. Debía de ser la hora, le tendió el brazo a Sif, igual a cómo hizo en un desayuno mucho tiempo atrás y luego le tendió la mano a Loki. Tomaron su sitio en el estrado, a la izquierda del Rey.

El ejército por entero estaba en la explanada ante el rey, en refulgentes armaduras y formados según sus propios rangos. Odín se adelantó, lucía una armadura de gala. Levantó a Gungnir e inició un discurso al que Thor no prestó mayor atención porque lo conocía de memoria, siempre iniciaba con las palabras: Hombres de Asgard, yo declaro en vuestra presencia que la victoria… y seguía por ese rumbo. En cambio tuvo que despabilarse cuando Starkag, que no sólo era el general de los berserkir sino el representante del ejército en el Concejo se levantó de su lugar para otorgar condecoración a los soldados que habían exhibido muestras de valor en batalla. Starkag y él habían hecho la lista para el Rey, y el dios del trueno sabía que Loki estaba entre ellos por su participación en la toma de Ijósálfar, por matar al dragón negro y por la contienda de la planicie de Ostlandet. Le llamó la atención que el jötun se mostrara sorprendido cuando la recibió. También se repartieron copas de oro entre los parientes de los caídos y se vitorearon sus nombres a la vez que se deseaba que gozaran de los banquetes del Valhalla.

Finalmente su madre se puso en pie. Si Odín representaba al ejército cuando se marchaba, Frigga era la ciudad de Asgard. Ella pasó sonriente al lado de su hijo a quien acarició en el rostro, el dios del trueno le besó una mano. La reina sonrió y procedió a hablar.

–Os doy la bienvenida, victoriosos soldados. Que Ygradsill os colme de bendiciones y que sus valerosas hazañas queden inscritas en la eternidad. Salve valientes ases. Salud en esta noche de victoria, tienen el amor de su ciudad dorada y la gratitud de su reina.

Los capitanes ordenaron presentar armas: Los hired, los berserkir y los ulfhednar crearon un bosque de lanzas, espadas y escudos. A continuación comenzaron todos a cantar rítmicamente el nombre del rey y de la reina, mientras golpeaban sus armas haciendo ascender su fragor hasta las estrellas. Se pensaba que así también la gloria ascendería, como sus voces, como el estruendo de sus armas hasta las moradas del Valhalla, entre las constelaciones del firmamento.

Una vez disuelta la asamblea, el rey ordenó que se vertieran las jarras de vino en las copas, y un millar de brindis entrechocaron dando por comienzo el banquete. Se había hecho una tradición que, quienes iban a la guerra trajeran obsequios a quiénes los aguardaban y qué estos dieran algo a cambio por la gloria obtenida en combate. Estrictamente hablando Thor no tendría que darles nada a sus consortes pues pelearon a su lado en alguna contienda pero finalmente aquella tradición había dado pie a darse algún obsequio de buena voluntad. El regalo de Sif consistió en armas para salir de cacería y él a su vez la obsequió con una silla de justar de cuero. Se volvió hacia Loki, le tendió la llave de la biblioteca privada que le había obsequiado con libros traídos de otros reinos, el ojiverde no le preguntó qué era así que ya debía estar al tanto de qué se trataba y la tomó con gusto. El jötun le tendió aquella capa roja, Thor se despojó del manto que había vestido para lanzarlo al paje que estaba inmediatamente detrás de él, no le dijo nada pero Loki comprendió lo que deseaba. Le ayudó a ponérsela. Mantuvieron seriedad y formas. El banquete dio inicio. Odín presidía la mesa, Loki esquivaba la mirada del Padre de Todo, su preocupación era evidente pues en cuanto termino una cantidad de alimentos que a Thor le resultó muy escasa pidió permiso a la reina para retirarse y se escabulló hacia la ciudad. Thor lo dejó estar. Sif siguió comiendo con calma observando a ambos.

–Ven –le pidió cuando Thor iba a por el sexto plato de comida. Thor pensó en negarse por un instante pero los ojos castaños de su amiga le indicaron que no iba a aceptar una negativa.

En ese momento, ni en Valaskialf ni en la ciudad había un sitio donde la algarabía de la fiesta no hubiera entrado. Sif de todos modos no lo condujo al palacio dorado, se alejaron por una de las calles más amplias, cada una de las personas que se encontraron, ya fueran soldados o civiles, les pidieron que brindaran con ellos. Sif accedió, Thor la imitó. Para cuando llegaron al inicio del Bifrost, ambos estaban más relajados por el alcohol.

–He tenido una idea –dijo Sif –iré a decirle a Fandral que hagamos una competencia. Iniciaremos en Valaskialf e iremos brindando con cuantos deseen y luego volveremos a palacio por otra calle. Quien aguante más brindis será el primer capitán de los ulfhednar, será la promoción más fácil de mi vida –dijo riéndose. Llegaron hacía la mitad del camino y Sif se tumbó sobre el puente a mirar las estrellas como cuando eran adolescentes. Thor la imitó.

–¿Hiciste las paces con Loki? –Le preguntó, Thor le había confiado el contenido de aquellas insolentes cartas a Sif entre los descansos que se tomaron para agarrar a Adalster.

–Algo así –dijo como respuesta pero su sonrisa dio a entender que sí, definitivamente habían hecho las paces. –Perdóname –a veces se le olvidaba que estaba casado con Sif y que quizá debería ahorrarle los detalles de su relación con el jötun, pero la costumbre de confiarse a ella como amigos que eran superaba el protocolo que les habían impuesto.

–No importa –dijo ella y sonrió. –Ya te dije que no estoy dispuesta a ser rival de Loki. Te lo preguntaba no como consorte celosa, si no como tu amiga dispuesta a lanzarlo del Bifrost como te haga una putada.

Thor se rió a carcajadas, siempre lo hacía cuando Sif decía alguna palabrota. Se le antojaba irresistiblemente tierna aunque ella pretendiera ir de ruda al hacerlo.

–No te merezco.

–Eso es muy cierto, lo que te mereces es a un jötun de carácter difícil, astuto y esquivo.

–Que folla divinamente –se carcajeó Thor.

–Eso no lo quería saber, si tiene habilidades circenses y las usa sobre ti me tiene sin cuidado –Sif lo miró seriamente. –Cuando me casé contigo sabía que sería por deber y honor, nunca nadie mencionó el amor o la felicidad, me da gusto que los hayas encontrado. –Su amigo se puso serio lamentando que ella no tuviera lo mismo. –No te sientas mal por mí, ya sabes que detesto la melancolía. Sólo quería que supieras que tienes mi apoyo en este estúpido romance en que te has metido, y Loki tiene mi respeto a pesar de todo.

Suspiraron mirando las esferas sobre sus rostros titilar. De pronto Thor rompió ese silencio.

–Está hecho un cortesano.

Sif hizo una mueca. Ellos dos se consideraban soldados. Si bien eran parte de la nobleza aesir, desde que eran amigos prometieron jamás permitir que la corte los cambiara. De labios de Thor, la palabra cortesano era casi un insulto.

–¿Te atrae menos por eso?

–No. Aunque detesto la ropa que le ha dado por usar. Por cierto, debe estarme buscando.

–Déjalo estar un rato, así te deseará más.

–Entonces Hogun debe desearte mucho –Sif se incorporó y lo miró iracunda, como si la hubiera atrapado haciendo algo indecoroso. Luego su rostro denotó tanta tristeza que Thor se sintió culpable por ello.

–¿Cómo?... No, la pregunta más bien es: ¿desde cuándo lo sabes?

–Desde la guerra en Nidavelir, recuerdas que pensó que iba a palmarla, me pidió que te transmitiera sus sentimientos. Sif, no sabes cómo lamento ser el obstáculo entre ustedes –añadió abrazándola.

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Loki no estaba buscando a Thor. En cambio quería hablar con alguien en particular. No había heraldo que anunciara su presencia, sólo einheriar que le permitieron el paso sin ningún contratiempo. Levantó la barrera que dejaba fuera a Heimdall, sintió una punzada en la cabeza y de inmediato lo achacó al vino ingerido. La alcoba en la que se presentó era del mismo tamaño que la primera vez que él llegó a Asgard y su ocupante se encontraba solo a mitad de una pequeña sala de estar, estaba comiendo. Loki jamás había visto antes a Adalster, no tenía en su físico nada que le hiciera parecer un tubérculo. Era pelirrojo, con una barba corta y despeinada que envidiaba la de Volstagg. Sus pómulos marcados denotaban el hambre que padeció fugitivo en un reino de hielo, también se veía pálido, sin embargo en sus ojos parecía brillar calma. Debía estar aliviado de encontrarse en Valaskialf y no en la pica de una muralla.

–Soy Loki, de Asgard –se presentó tomando asiento sin más delante de él. El aludido lo miró y asintió pero no dijo nada y continuó comiendo. –Quisiera preguntarte cómo es que te escondías de Heimdall –preguntó.

El pelirrojo se atragantó con el bocado que estaba digiriendo en su momento. Cuando consiguió pasarlo negó lentamente con la cabeza.

–No responderé a ello, inclusive el Rey Odín me lo ha preguntado pero mis labios continuaran sellados –dijo solemnemente.

Loki estaba seguro de poder sonsacarle lo que deseaba saber, y la razón de ello es que él ya tenía una idea previa de cómo es que el príncipe tubérculo lo hacía.

–Necesito que me digas si se debía a Hagen.

–¿Hagen? –Parecía que no sabía de quién le hablaba. Loki empezó a considerar que Adalster de verdad era tan tonto como Thor se lo había descrito. –¿El dragón negro? Murió en Ijósálfar. Todo el mundo lo sabe.

Al parecer había perdido su tiempo, quizá Adalster contara con recursos que no se imaginaban. Loki se levantó para marcharse, Adalster le prestó atención nuevamente.

–¿Dijiste Loki? ¿Loki Laufeyson? –El jötun se frenó y asintió. –Así que eres tú. –Siguió comiendo y Loki tuvo ganas de clavarle unas cuantas dagas para ver si así se ponía más comunicativo. –Hagen me habló de ti.

–Está vivo –admitió Loki.

–Lo sé. Tienes razón, él me ayudaba a esconderme. Anda por Alfheim junto con esa prima suya, la que se les escapó a los asgardianos, es una bruja e hizo una poción con la sangre del dragón para que el portero no pudiera verme. –Tal como Loki había temido. Ahora necesitaba asegurarse de que el buen Adalster no fuera a repetir esa confesión ante nadie. –¿Sabes? Hagen se negó a luchar junto a mi padre en Ostlandet. Se presentó en la fortaleza pero cuando los jötun nos cercaron con hielo se negó a acudir a la batalla. Mi padre por poco y lo hace ejecutar. Dijo que no podía volar y con el hielo tampoco podría escupir fuego, así que el rey lo dejó de lado y le encargó proteger mi vida nada más. –La mirada de Adalster estaba fija en el vacío mirando aquellos recuerdos. –Vimos pelear a Thor desde lo alto de la muralla, Hagen adivinó que tú debías estar cerca y quería bajar a por ti pero le recordé que había prometido quedarse a mi lado. Nos escapamos por el mar de hielo con unos pocos hombres. Él quería que siguiéramos huyendo de Odín pero le dije que ya no tenía sentido. Me iba a entregar el día que los berserkir nos atacaron pero él me defendió. No se convierte más en dragón porque sabe que eso delataría que lo ayudaste y no quiere causarte problemas.

La devoción de Hagen hacía su persona no dejaba de resultarle perturbadora a Loki.

–¿Y tú me los vas a causar? –Adalster negó.

–No. Esto es una empresa perdida, qué sentido tendría intentar hacerte daño.–Pasivo, nada aguerrido, el hijo de Giselher no era una amenaza. Casi le causó pena. –Te tengo un mensaje. Cuando nos separamos me dijo que seguro acabarían atrapándome y me recomendó procurar quedar en manos aesir en lugar de jötun. Me dijo que si llegaba a este sitio y te encontraba te diera un recado. Me dijo: "dile que mi afecto por él no ha disminuido ni cambiado, que sigo pensando en él y que siempre tendrá un lugar a mi lado, y si puedes dale un beso de mi parte" –Loki dio un paso atrás. –No me interesa cumplir esa parte.

Negó pero en el fondo estaba aliviado. Le dio las gracias a Adalster por su discreción y se fue a la puerta.

–Ya nos veremos –ahora vivirían en el mismo lugar, seguro se cruzaban, Loki estaba seguro de que no tardaría en encontrarlo en los aposentos de la reina al amparo de su benevolencia.

–Yo no traicionaré a mi amigo pero cuando los berserkir atacaron él y su prima pelearon con ellos, Hagen se enfrentó a uno de los aesir grandes.

–¿A quién? –Tuvo qué preguntar. Deseó que fuera un soldado ya muerto, o Bran o Hogun.

–Starkag –dijo Adalster.

Loki apretó los puños. Starkag era el único hombre al que no podía corromper, comprar, mentir, chantajear y demás trucos. La misma característica por la que le había admirado ahora era un incordio, porque si Starkag había visto a Hagen se lo contaría a Odín sin duda alguna y el Padre de Todo sabría que había traicionado Asgard al ayudar a un enemigo.

Esa noche durante los festejos se la pasó con un nudo en el estómago y la sensación de que el Ragnarok se precipitaría sobre su cabeza en cualquier momento. Ya era bastante malo haber dicho que no al Padre de Todo para encima sumarle a eso cometer la traición de haber ayudado a un jurado enemigo de Asgard. No sabía que debía hacer, se preguntaba si Starkag ya habría hablado. En la madrugada cuando se separó de Thor aduciendo cansancio fue a sus habitaciones pero no pudo dormir ni siquiera un poco.

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El segundo día de los festejos ya no era presidido por el Padre de Todo quien recuperaba la administración del reino, y en este caso tenía asuntos apremiantes que resolver, tales como el juicio en contra de los norn y de Oleg. Thor decidió aprovechar ese momento para hablar con su progenitor. Se apostó frente a la puerta de los aposentos de la reina, donde le indicaron que se encontraba su padre. Amaba a Loki, estaba seguro de ello, no podía renunciar a él. Entró al recibidor sin más. Thor jamás se dejaba anunciar por nadie, pasó por alto al heraldo de su padre que ya acostumbrado a sus modales sólo le indicó donde encontraría a los reyes. Estaban en una de las salas privadas de Frigga, sentados uno al lado del otro, en plática privada con sonrisas no sólo en sus bocas sino también en sus miradas. La primera en notar su presencia fue su madre. Odín volvió a su serenidad característica, parecía que ya sabía qué iba a decir. Sin embargo Thor no iba a reprocharle por haber pactado a sus espaldas con Loki.

–¿Cuándo me he dejado influir por las opiniones de otros? –Le preguntó directamente. Thor sabía que la respuesta era "nunca", antes de que en la corte descubrieran que no era un peón de nadie, que era demasiado transparente para inmiscuirlo en conjuras; lo habían intentado con ahínco y habían colisionado con su sinceridad. –Sé que aún me queda un largo camino para ser tan sabio como tú pero si sé, que una vez me dijiste que eras mejor persona desde que mi madre estaba a tu lado…

–No intentes comparar a tu madre con el jötun –lo advirtió Odín.

–No iba a hacerlo. Sólo hago alusión a que el cariño que le tienes a una persona te hace expandir la forma en que ves la vida. Si alguna vez he hecho algo mal por consejo de Loki me gustaría que me lo dijeras ahora –dijo. Aguardó inclusive que hiciera mención al trato fallido con Nornheim pero no podía decir que Loki le había dicho que golpeara a Hagen, eso lo hizo él porque así quiso, y en dado caso había sido el jötun el que le impidió continuar con la pelea.

–No puedo confiar en ese joven, sigue siendo el hijo de Laufey quien ahora se ha cubierto con la máscara de una tregua que nos era necesaria pero ésta tarde o temprano se romperá –vaticinó y si lo decía, era porque tenía todas las razones para creer en ello.

–Si te preocupa que Loki es un extranjero, propongo que le des la ciudadanía –dijo Thor. Odín le lanzó una mirada de circunstancias. Levantó entonces una mano aguardando por el Mjölnir, su padre no se movió a sabiendas de que su hijo no lo atacaría con el arma que él mismo le había otorgado, y este llegó a través de la ventana. Thor lo dejó en alto, a la vista de los tres. –Me confiaste esta arma, una de las más poderosas de tu arsenal y me nombraste Protector del Reino porque pensabas que lo haría bien, entonces te pido que me tengas una vez más confianza.

Odín meneó la cabeza. Frigga se había quedado quieta en su sitio sin dar ninguna opinión pero no dejaba de mirar a Thor.

–¿Es a ti a quién escucho o es a Loki que actúa a través de tus labios? –Odín levantó una mano, no esperaba una respuesta. –No me quedará más remedio que averiguarlo con el tiempo, porque ya veo que no estás dispuesto a apartarte de él. Ve Thor, disfruta de las fiestas en honor a la victoria que has ayudado a obtener. –Y dicho eso, lo despidió.

Thor, a sabiendas que no podía imponerle nada a su padre, tuvo que obedecer aunque no dejaría el tema en paz. Una vez que se marchó de sus habitaciones, los reyes se quedaron en silencio pero Odín se puso en pie para dejar la estancia de su esposa e ir a las propias, sus aposentos estaban conectados a los de la reina a través de una puerta.

–Le ofrecí todo lo que pensé que podía desear –dijo Odín en referencia a Loki, al continuar con la plática significaba que deseaba que Frigga lo siguiera, así que eso hizo ella. Le había confiado el acuerdo al que había llegado con el hijo de Laufey así que no necesitaba dar más explicaciones.

Frigga se acomodó en su asiento.

–Amado, me relataste que los jötun mataron al general Hibald en cruenta trampa, y nuestros soldados deseaban venganza, si Thor se los hubiera ordenado habrían atacado sin dudar, él hubiera sobrevivido pero todos esos hombres habrían muerto. También me has contado que en el cónclave con Laufey, se le concedió una recompensa por derrotar al dragón rojo y nuestro hijo pidió ciento veinte monedas de oro y cincuenta de plata. Una nimiedad para el tesoro real de Alfheim que sin embargo no era para él, era para los soldados que pelearon en la planicie y la plata era para resarcir en algo a la familia del general Hibald. Para sí mismo solicitó la biblioteca del reino, la cual, como me he enterado por el mayordomo, se la ha regalado a Loki junto con la colección que salvaron en Rondeslottet –continuó Frigga.

–Así es –aceptó Odín.

–Una vez dijiste acerca de Thor que era osado, pero que la audacia no era signo de sabiduría y esa faceta que tanto te había decepcionado en tú heredero ha cambiado, y la razón de ello es Loki –dijo la reina. No esperó a que Odín dijera nada más, había llegado al punto al que deseaba. –Tal vez la solución no sea apartarlo de Thor como has intentado. No sé la razón por la cual lo envió Laufey con nosotros pero cada acción que realiza, no hace sino llamar la atención de que no quiere estar en Jötunheim ni ser hijo de su padre. Cambió su rostro, su forma de hablar, ha peleado por Asgard y ha salvado a mi hijo, y por ello tiene mi eterna gratitud; más aún, pactó contigo aunque eso significara que Thor lo odiara.

–¿Entonces cuál es tu solución? –Preguntó Odín aunque ya la intuía. Se dejó caer frente a su gran mesa donde despachaba los asuntos más privados que no requerían de la solemnidad de Hliöskjálf.

–Edúcalo –dijo Frigga –su padre no le dio preceptores. Enséñale, fórjalo, si va a influir en Thor que sea siempre en beneficio de Asgard, ahora es un buen momento para moldear su mente –dijo acercándose hasta donde se encontraba él, como si fuera una niña pequeña se acomodó sobre el suelo poniendo sus finas manos sobre la rodilla de su esposo.

–¿Cómo has hecho tú? –Preguntó Odín, a quien desde luego no se le había ocultado que era el secretario de su reina. –Temo darle más poder, no importa donde lo ponga parece expandirse. En la guerra, y aún sin instrucción militar lo encontré ordenando a capitanes más experimentados que él y colándose en mis concejos de guerra. Retorna a la corte y cuando vuelvo encuentro que los cortesanos se inclinan hacia él y le preguntan su parecer. Si le enseño más…

–Thor hizo una petición justa. Debes confiar más en él y su discernimiento –dijo Frigga –no creas que tu hijo no se percata de que lo usas como un arma, pero si no dice nunca nada es porque te quiere. Si hoy le dices que parta a otro reino a hacer la guerra, te obedecerá sin ninguna duda pero te perderá respeto y a la larga la confianza –le hizo ver Frigga.

Odín soltó un suspiro. Estiró la mano acariciando sus dorados cabellos, las hebras desprendieron un ligero toque a perfume que lo emocionó, su esposa seguía siendo lo más bello que nunca contemplaría. A su lado dejaba de ser el temible Padre de Todo y volvía a ser joven, el mismo que se enamoró de ella.

–Posiblemente sea lo mejor, mientras más me empeñe en separarlos sé que Thor será aún más testarudo. Aun así, considero que lo mejor será anular su matrimonio cuando la alianza con Laufey se rompa –Frigga asintió, estaba al tanto de que tal cosa terminaría sucediendo. –Lo haré aduciendo que Loki no puede tener hijos, podrán seguir siendo amantes si es que no es sólo un capricho de ambos. Si lo es, se extinguirá por sí mismo y en caso contrario no haré nada por separarlos –dijo.

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Finalmente Loki decidió que para lidiar con Starkag no podía aventurarse solo, y que tampoco podía recurrir a su pequeño ejército de nobles, rameras, comerciantes, soldados y demases que le habían jurado lealtad. Decidido, iba a buscar a Thor, pero fue como si lo invocara pues precisamente el rubio entraba a su recamara en ese momento sin dejarse anunciar por nadie, como siempre. El dios del trueno parecía algo bebido, lo agarró por la cintura y lo derribó en la cama sin más preámbulo.

–Hablé con mi padre y aunque no me dijo nada, creo que puedo obtener lo que te prometió –le dijo riéndose y acariciándole el cuello. Dejó la charla de su padre para después y de todos modos Loki no parecía querer insistir en ella. – Te perdiste de una interesante competencia de bebida, Sif venció a Fandral otra vez, si siguen así, ella acabará con rango de general y él degradado a palear detrás de los caballos –Thor se rió pero dejó de hacerlo al verle el semblante. –¿Sabes qué me gustaría hacer ahora mismo? –Le preguntó acercándose por un beso.

–Thor creo que no vas a tener muchas ganas de besarme después de lo que voy a decirte –el rubio se incorporó, no estaba tan ebrio después de todo.

–¿Qué pasa? ¿Otra propuesta de mi padre? –Loki negó. –Entonces puede esperar –el jötun se puso de pie.

–Necesito tu ayuda –confesó y con eso logró que Thor dejara de pensar lujuriosamente y se concentrara. –Sé que vas a molestarte pero quiero dejar en claro de una vez que no cometí semejante acto pensando en traicionar a Asgard, ni mucho menos guiado por algún afecto que definitivamente no siento. Lo hice porque él y yo somos similares y me horrorizaba pensar en verlo muerto después de todo el valor que había demostrado. Lo guardé en secreto pero me temo que alguien puede revelar mis acciones y ocasionar un desastre.

–¿Me vas a decir de una vez que fue lo que hiciste? –Thor estaba mareado con tanta palabrería. –Suéltalo de una vez.

–Es Hagen –Loki notó como Thor apretó los puños.

–¿A qué viene ese tipo ahora? Está muerto –Loki negó. Thor se puso de pie frente a él. Lo percibió más alto e imponente que nunca, al parecer la ira lo hacía ganar presencia. –Se escapó –Loki asintió esta vez –con tu ayuda –las últimas palabras estuvieron cargadas de enojo y en la voz grave de Thor sonaron amenazantes.

–Sí, yo lo oculté con mi magia –Loki procuró no mirarlo a los ojos.

–¡Lo sabía! –Estalló Thor. –Sabía que algo andaba mal cuando me dijeron que no hubo cadáver sino sólo escamas de la piel del dragón. Lo que nunca pensé fue que…. Tú… y él, ¿cómo pudiste?

–Siempre te he sido fiel –lo cortó Loki. –No lo hice por afecto, lo hice porque no se merecía tal destino.

–Él se granjeo su destino –Loki seguía sin comprender aquellos brutales accesos de celos. Thor se calmó un poco –dijiste que alguien podía revelar lo que hiciste.

–Hagen y su prima viajaban con Adalster, con su ayuda éste logró evadir la captura por mucho tiempo, luchó contra alguien capaz de reconocerlo, alguien que llegó a verlo en forma humana.

–Contarme esto con tanto rodeo no está granjeándote mi aprecio.

–Starkag –Loki lo soltó por fin. Thor se dirigió a la puerta. –¿A dónde vas?

–¿A dónde más? A hablar con él.

–Espera, ya voy yo contigo, necesitarás una barrera para Heimdall…

–¡Esto lo resuelvo a mi manera! –lo cortó Thor y salió como un vendaval.

Loki se dejó caer, no le apetecía deambular por palacio ni salir al festival en la ciudad, esperaba que Thor no demorase demasiado en volver. De pronto Radha entró. Se veía desvelado y zigzagueaba al andar.

–Mi señor –por lo menos habló con propiedad –solicito tu licencia para volver a los festejos. –Loki le dijo que sí con un gesto, como hacía Odín con sus generales –ah y también lo buscan unos einheriar –dijo Radha y los dejó pasar de inmediato sin pedirle su opinión. Por lo menos si lo arrestaban en ese momento no habría demasiada gente en palacio para ver aquello.

–Príncipe –eran tres. –El Padre de Todo lo manda llamar –no podía decir que no.

–¿Por qué razón? –Inquirió. El soldado le dijo que no sabía. –Radha, si no vuelvo por favor avisa a Thor de donde me encuentro –trató de no sonar demasiado preocupado y su paje no notó que su señor estaba agobiado. Se limitó a decirle que si se encontraba al general en algún banquete se lo haría saber.

Loki fue a la sala del trono como si arrastrara pesados grilletes, sin embargo cuando lo anunciaron y lo hicieron pasar recobró el aplomo y avanzó con porte seguro.

–Mandaste por mí, Padre de Todo –se inclinó ante el rey quién se hallaba sentado en Hliöskjálf. Odín le concedió enderezarse y mirarlo de frente con un ademán.

–Antes te hice una propuesta – empezó el rey – y accediste a la misma.

–Que sepas que no hay engaño alguno en mí – habló Loki. –Mi lealtad para con nuestro acuerdo fue sincera, es sólo que… –¿qué? ¿Qué iba a decirle Odín? ¿Qué amaba a Thor? ¿Qué su hijo era demasiado persuasivo? –Mi lealtad hacía Thor fue mayor en estos menesteres, espero que puedas pasar por alto mi proceder, lo que menos deseo es causar tu encono.

–Tus palabras son sensatas, así que por esto es que empiezan a llamarte "lengua de plata" en el palacio. Sea, lo dejaré correr pues me doy cuenta de que a pesar de todo sigues siendo joven y los arrebatos de los jóvenes deben ser perdonados si no es que encausados hacía una causa más noble –Loki sintió que el alma le volvía al cuerpo. Odín pasaría por alto que hubiera roto su acuerdo y además Hagen no salía a relucir por ninguna parte. –He decidido que para permanecer al lado de Thor debes tener una formación adecuada. –Loki puso su mejor semblante de circunstancias. –He seleccionado maestres que te instruyan en cuanto a la historia, costumbres y tradiciones de Asgard, principalmente, y también de los demás reinos. Dado que ya antes has demostrado interés en el tema, también deseo que aprendas sobre nuestra manera de hacer política, y también recibirás instrucción militar.

Estaba asombrado, eso quería decir que no pretendía enviarlo de vuelta con su padre, honraría parte del acuerdo aun cuando Loki no hubiera cumplido con lo suyo.

–Gracias –dijo y no adornó más aquello. Se permitió sonreírle a Odín. –Puedo solicitar sólo una cosa –aquello era atrevido de su parte pero no se contuvo. –Quisiera que mi maestro de historia fuera Stánic.

–¿Un extranjero? –Odín negó. –¿Qué sabe él de nuestra historia?

–Ya he hablado antes de ese tema con él, fue muy ilustrativo en cuanto a hazañas tuyas, del anterior Padre de Todo, el rey Bor, e inclusive sobre… –se calló, lo mejor sería no hablar del hermano mayor de Odín.

–Te habló sobre Cul –asintió. –Parece bien preparado, consentiré que sea tu mentor –Odín apoyó las manos en los brazos del trono, Loki anticipó un gesto severo y así fue: –Estaré al pendiente de tu desempeño, evaluaré personalmente tus avances, debes saber que no consentiré que me decepciones una segunda ocasión.

–Colmaré tus expectativas –si no es que iba a superarlas. –Te agradezco nuevamente Padre de Todo.

–En efecto, soy el Padre de Todo, inclusive tuyo, nunca lo olvides; pero también soy tu soberano y ahora que te he admitido como parte de mi corte deberás responder a lo que te diga con un "sí rey". ¿Has entendido?– Su audiencia había terminado.

–Sí mi rey –Loki le hizo una reverencia y se fue. Se encontró a Frigga quién se dirigía donde su amado. Intuía que aquel afortunado giro en su destino se debía en gran medida a ella. Antes de que la reina pudiera saludarlo o preguntarle nada, salvó la distancia entre ellos casi corriendo y la estrechó. –Gracias –le susurró, besó sus manos como había visto hacer a Thor y se alejó.

Volvió a su habitación. Había una nota de Thor:

"Starkag refiere que aquella batalla de la que hablas fue demasiado confusa. Le inquirí si no había reconocido a alguien norn entre la defensa de Adalster, lo hice aduciendo que tenía motivos para pensar que la prima de Héroïque se encontraba en ese sitio. Dijo que no reconoció a nadie. Le creo, él no es dado a ocultar cosas. Pienso que cometiste un gran error al interceder por Hagen, ojalá sea más astuto que tú y no se deje atrapar. Volveré al banquete, si quieres puedes venir, igual puedo divertirme sin ti".

Dos buenas noticias en un solo día, aunque claramente Thor estaba molesto. Loki no acudió al festejo, en cambio se le ocurrió algo más, cumpliría con algo que su amado le había pedido en una de sus cartas.

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La noche caía. Loki había cenado con la reina mientras Thor seguía de fiesta por la ciudad dorada. Se preguntó si aquella celebración terminaría alguna vez. Por su parte estaba redactando una respuesta a una petición de los comerciantes de Gundersheim para viajar a Midgard, le habían pedido que intercediera por ellos ante Frigga, y eso iba a hacer. Había mandado buscar a Ásta, seguro andaba muy ocupada en esos días pero aun así estaba seguro de que iría a él. En efecto, el pasadizo de su habitación, que ya siempre dejaba abierto para ella, excepto cuando estaba con Thor, se abrió. La figura de su amiga emergió. Estaba más arreglada que nunca, engalanada con un vestido perlado sobre el cual destacaba un soberbio collar de rubíes. El cabello lo llevaba teñido de negro tinta esa noche, suelto y lacio, su maquillaje le daba a su piel un aspecto pálido, y cuando lo miró lo hizo con ojos verdes.

–Sé lo que piensas mi príncipe, y la respuesta es sí. –Le dijo Ásta tumbándose en su cama como era su costumbre. Estaba imitando en parte el aspecto de Loki. –No quería que me vieras así pero mandaste por mí y nunca te haría esperar; además esta forma de arreglarme está muy solicitada últimamente. –Loki frunció el ceño, que desagradable saber que había gente pidiendo tal cosa.

–No quiero saber quién te requiere eso, sólo dime que ninguno es Hagbard. –Ásta soltó un gritito.

–Jamás me he acostado con él, es como mi padre –qué alivio. –Y de lo otro no te diré nombres pero son muchos –ella se rió como siempre hacía cuando sus comentarios lograban turbarlo. –Pero bueno, intuyo que no me llamaste para esto.

–Thor está molesto conmigo y pensé –su voz se fue apagando hacía el final –que podrías darme unos consejos.

Ella le sonrió encantada.

–Loki, no creo que necesites trucos ni técnicas para contentarlo, cuando el príncipe te mira sus ojos gritan que te tiene un gran afecto; y ese es el mejor afrodisíaco. Aunque si ese es tu deseo trataré de aconsejarte lo mejor posible.

–Igual puedes ayudarme a entrar en su alcoba. Los aposentos reales, ¿también cuentan con pasadizos?

–Mi príncipe, la realeza se inventó esto, ¿tú crees que no iban a contar con salidas para que nadie los moleste?

–¿Y los consejos?

–Alguien de tu propio género te sería más útil, algunas cosas que yo hago no las podrías repetir, aunque… sí, eso serviría sin duda –le dijo mirándolo evaluadoramente.

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Loki se escabulló con pasos silenciosos y movimientos lánguidos. Empujó la pared tal como Ásta le indicó, esta se giró sobre bisagras disimuladas y le dio paso a las habitaciones de Thor. Se percató de que nunca antes había estado ahí. Salió a un vestíbulo iluminado con luz tenue, a su alrededor había puertas y puertas y se sintió perdido. Thor tenía un pequeño palacio dentro del palacio. De pronto se le antojó solicitar estancias más amplias. Probó una puerta y dio con la armería, en su interior había cientos de espadas, hachas, escudos, lanzas, mazos y sinfín de armas, algunas eran claramente ceremoniales pues estaban talladas finamente y adornadas con piedras preciosas. Loki ya se iba pero se detuvo un momento más, había reconocido una espada. Le pareció que habían pasado mil años desde el día en que puso un pie en Valaskialf por primera vez y le tendió aquella espada a Thor como regalo por su compromiso. Su ahora cónyuge la había roto en una batalla en Nornheim, y ahí estaba, se veía donde la habían vuelto a unir pero le pareció todo un detalle descubrir que aún la conservaba. Salió de ahí. No había guardias, a diferencia de las estancias de la reina, no le extrañaba, ¿quién atentaría contra Thor?, el protector del reino y más amado aesir. Y ahí estaba él acechando.

Dio con la puerta correcta y se asomó a la alcoba. Sin hacer el menor ruido se acercó a la cama de Thor la cual estaba en penumbra. Se apostó junto a su cabecera, estaba dormido. Pensó que lo encontraría despierto. Allá en Alfheim detestaba que la gente se apareciera para echarle la ingrata tarea de tener que despertarlo, Loki hubiera querido mandarlos de regreso por donde vinieron con sus órdenes urgentes, sus concejos y planes. Hubiera querido defender el merecido sueño de Thor. Esa noche no se le dio la gana ser quien le negara el descanso. Aun así no se fue. Se deslizó lentamente entre las sábanas y se quedó ahí tendido. Se adormiló escuchando respirar a Thor y se perdió entre sueños dándole la espalda para resistir la tentación de asaltarlo a besos. Se despertó al sentir las manos del dios del trueno rodeándolo y acercándolo a él. Sintió la nariz de Thor hundirse entre sus cabellos e inhalar como si el olor de Loki le fuera indispensable para respirar. Pensó que lo habría despertado pero el respirar acompasado en su oído le dio a entender que Thor seguía dormido. Se quedó quieto disfrutando de la tranquilidad que sentía al encontrarse en aquellos fuertes brazos.

Abrió los ojos, la luz del alba empezaba a colarse por la ventana. Suspiró, dejaría la tarea de seducir a Thor para después. Debía ir a sus habitaciones a alistarse para otro día de desenfrenado festejo, los ases parecían no tener un límite. Se giró despacio y se encontró con la límpida mirada de Thor.

–¿Hace cuánto estás despierto? –Preguntó.

–Una hora –admitió Thor, ¿tan interesante le resultaba?

–Quien diría que es fácil colarse hasta tu cama.

–Te noté de inmediato pero no hice nada, ¿hubiera debido echarte a patadas? –En la broma hubo cierto tono amenazante que le indicó a Loki que Thor seguía molesto por lo de Hagen.

–Me voy –anunció.

–¿Viniste a dormir nada más? –Preguntó Thor sin disimular la desilusión. Podía estar molesto más no loco. Loki le sonrió, como sólo era capaz de sonreír para Thor. Estuvo a punto de simplemente quitarse la ropa y dejar que Thor le nublara las ideas, lo tomara como se le diera la gana y lo llevara a un orgasmo explosivo acompañado de gritos, su piel ardiente y un montón de sentimientos que Loki no sabía que era capaz de sentir. Pero tenía un plan, el de contentar a Thor como se debía y no simplemente enseñándole piel y dejándolo hacer a su gusto, aunque eso tampoco sonaba mal.

–Quería mostrarte un nuevo hechizo que aprendí.

–¿A sí? –Inquirió Thor deseando que ese hechizo tuviera algo que ver con ellos dos enredados el uno en el otro.

–Sirve para transportar cosas de un sitio a otro. –Thor se veía aún más desilusionado pero trató de interesarse en el tema. Era plena madrugada y Loki se había metido a su cama a hablarle de hechizos cuando afuera del palacio la fiesta aún rabiaba. Loki movió una mano y la ropa de Thor se desvaneció.

–¿Qué?

–Desde hace tiempo quería usar mi magia para algo así –le dijo y siguió sonriendo. Sus dedos encontraron la piel de Thor, primero una mano y subieron por su brazo dejando la indeleble sensación de su tacto ahí donde rozaron. Apretó la formidable musculatura del torso de Thor y se acercó a él llenando el espacio entre ellos.

Thor no tenía un hechizo que desnudara a Loki con un simple movimiento, en cambio sus manos se metieron entre la ropa de dormir del jötun que, bendita era Siofua por su bondad, eran más fáciles de evadir que el atuendo real que a Loki le había dado por usar. Encontró la piel de su amado y presionó en lugares inapropiados, en sus caderas, en su trasero, en sus pezones. Loki suspiró y sus dedos descendieron hacía el mismo centro de Thor, acariciaron su falo, primero con duda y luego envolviéndolo para incitarlo. Thor lo besó en los labios marcándole el ritmo a seguir, profundizando en su caricia mientras los dedos de Loki aumentaron el ritmo con que lo tocaban. El dios del trueno unió su lengua a la de Loki saboreándolo húmeda y lentamente, la mano de Loki se cerró en torno a la punta y lo tocó donde Thor había empezado a gotear. Thor gimió contra los labios de Loki quien encontró en ello el más excelso de los cumplidos. Soltó a Thor y en cambio sujetó sus hombros. Se acercó aún más restregando su propio miembro contra el del rubio. El contacto era agradable, pegajoso, resbaladizo. Thor buscó nuevamente su boca, lo besó mientras se movía posicionándose encima de Loki. Hizo una pausa para apartar las sabanas que estorbaban y lo sofocaban. El dios del trueno fue a por él pero se detuvo un instante, Loki buscó su mirada y cuando la capturó hizo desaparecer su propia ropa y luego separó lentamente las piernas para Thor. Él le respondió rozando su entrada con su hombría lubricándolo. Loki suspiró de anticipación y echó la cabeza hacía atrás. Thor estaba hincado entre sus piernas, lo sostuvo de los muslos separándoselos y lo atrajo hacia sí, continuó frotándose contra él sin penetrarlo aún. Se hundió un poco en su entrada como probándolo. Loki gimió escandalosamente, pecaminosamente. Thor se salió y volvió a probar esta vez más hondo, aquella tortura continuó, pero en la siguiente deliciosa embestida Loki levantó las caderas y empujó clavándose a Thor dentro de sí. Fue el turno del ojiazul de gemir. El jötun tensó todos los músculos de su cuerpo apretando aún más a su amante en su interior. El sonido que hizo Thor, uno que no le había escuchado antes, un vagido de placer que rayó casi en el dolor, hizo que Loki se sintiera estallar. Procuró no aflojar, procuró continuar tensándose, enredó las piernas alrededor de Thor y lo sostuvo contra sí, entrándolo aún más. Thor se movió con cierta dificultad y Loki sintió mucho dolor. Aun así no cedió, ya sabía que si resistía el dolor daría paso al placer más absoluto.

–Loki –Thor dijo su nombre –Loki esto es…– a Loki le encantaría saber qué era eso que Thor iba a decirle pero en cambio la respiración entrecortada del rubio le dio a entender de sobra eso que no llegó a pronunciar. Las manos de Thor se apoderaron de sus caderas apoyando la labor de moverse en la estrecha prisión en que Loki lo tenía. –No puedo resistirlo, siento que voy a lastimarte.

–Olvídalo –casi le rogó. –No pares, Thor, no pares. –El dios del trueno hizo un esfuerzo y embistió. Loki lo incitó con sus palabras, con su respiración. Thor lo escuchó gemir, por momentos de dolor y por momentos de placer. La fricción era demasiada, un movimiento brusco y Loki gritó, él se detuvo. –Sigue, por favor sigue –la forma en que Loki se lo pidió lo incitó nuevamente. Se movió lentamente trazando círculos en el interior de Loki, elevando poco a poco el frenesí con que lo poseía, hasta que se convirtieron en uno solo, mezclados en un vaivén acompasado que se transformó en ardorosos movimientos luchando por alcanzar el clímax.

–No puedo más –le anunció Thor, Loki no pudo responder –Loki no puedo más –. El cuerpo de Loki cedió, aflojó los músculos y Thor lo sujetó para no dejar que el placer decayera sin satisfacerlo. Ahora que había espacio para embestidas más rápidas y profundas, Thor hizo lo suyo. Loki gritó, se percató de que Thor solía hacerlo gemir de una manera tan poco decorosa y tan animal que quizá debería plantearse un hechizo de silencio. Ese recoveco de claridad se empañó al sentir una mano de Thor rodeando su miembro. Empalado y estimulado sintió el preludio al orgasmo colmando su ser. El jötun se quedó sin aire cuando sintió a Thor colmar sus entrañas con un vagido casi agónico, muy pronto lo siguió derramándose entre la mano de Thor. El dios del trueno se derrumbó sobre él sin aliento, sin fuerzas. Loki lo atrajo hacía él para besarlo. –Te amo –le dijo Thor en medio de la oscuridad y del calor de sus cuerpos. –Te amo –le repitió, ahora en un susurro sólo para los oídos de Loki. Se quedaron dormidos abrazados, las últimas palabras de Thor echaron raíces en lo más profundo de su ser. Loki se durmió con la certeza de que nunca había sido tan feliz.

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Desayunaron metidos en la cama, ociosos, casi decadentes.

–Esta vez fuiste más atrevido –empezó a hablar Thor de lo único que ocupaba su mente. Loki parecía orgulloso. – La primera vez era notoria tu falta de experiencia pero esta vez fuiste más…

–Es que a ti te sobra la experiencia que a mí me falta –rebatió Loki. Thor sonrió, su propia broma privada. Loki no sentía celos al notar que estaba rememorando algo de índole sexual, al contrario tenía curiosidad. Se llevó un bocado a la boca. Comían con las manos pero aun así Loki no perdía el aplomo.

–He estado con muchas, muchas, muchas mujeres –admitió Thor.

–Con un "muchas" era suficiente –esa frase cortó al rubio de decir: "de innumerables reinos, y algunas féminas de apariencia menos humana".

–Y con algunos hombres también. –Loki ya se lo imaginaba. –Fandral y yo…

–¿Fandral y tú? –Hubo asombro y Loki estaba negando con la cabeza. Otra risa de Thor.

–Iba a decir que Fandral y yo tuvimos algunas aventuras experimentando y apostando acerca de seducir a ciertos nobles. Dijo que yo no podría con Eyvindur. –Loki se veía divertido con la plática pero en ese punto frunció el ceño. Ese nombre lo había escuchado antes.

–El hijo de Larus, el rey Elfo. –Thor le había contado de él cuando estuvieron en Alfheim. –Pero si dijiste que era un tipo muy religioso.

–Y ¿acaso no soy un dios? –Loki sintió fuego en las entrañas y ganas de golpear a Thor y luego destripar al tal Eyvindur, por cuya belleza ya habían corrido ríos de tinta que habían llegado inclusive a Jötunheim. El dios del trueno buscó un beso pero Loki giró el rostro. –Ahora entiendes como me siento cuando me hablas de Hagen–. Loki se volvió para cantarle un par de verdades acerca de lo que pensaba de sus celos sobre Hagen pero Thor se valió de aquello para obtener el beso previamente negado. Besarse resarció los comentarios vertidos. Se sonrieron y siguieron comiendo. –¿Anoche te hice daño? –Un poco de seriedad en la pregunta.

–¿Si dijera que sí te arrepentirías de lo sucedido? –La sonrisa de Thor dio a entender de sobra que no.

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Aun después del fin de las celebraciones, Loki le había encontrado el gusto a las habitaciones de Thor. Había más privacidad que en las suyas y además estando ahí evitaba el desorden que Thor causaba con sus arrebatos apasionados. Esa noche se habían dado placer mutuo con la boca. Thor tenía mucha experiencia en el tema y parecía encantado con la idea de instruir a Loki. Encerrados entre esas cuatro paredes le daban rienda suelta a sus deseos, a su imaginación y a sus ganas de fundirse uno en el otro. Habían terminado agotados pero satisfechos y sin siquiera un: "Buenas noches" se quedaron dormidos. Se les estaba haciendo costumbre el que Loki le diera la espalda a Thor y este lo abrazara. Dormir con el aliento del rubio en su oído se estaba volviendo imprescindible para que el jötun descansara profundamente. El cuerpo de Loki irradiaba frialdad a la hora de dormir, pero el dios del trueno ya se había habituado a ello.

A pesar de dormir juntos, Loki seguía despertando antes que Thor. Aprovechaba las mañanas para leer un poco. Ya había iniciado sus lecciones con los preceptores que Odín le había dado, que resultaron ser los mismos que aún instruían a Thor cuando este se encontraba en palacio. Sin embargo dejó su lectura al momento que un pensamiento se adueñaba de su cabeza. Era real, todo era real. Las guerras, las intrigas, las mentiras y él estaba ahí en el centro. Él, el jötun, aquel del que todos se reían y despreciaban, pero que ahora tenía todo. Las influencias, poder, a Thor, a Frigga, incluso la aprobación de Odín. Para eso había nacido y que Ygdrasill lo perdonara, pero lo amaba.

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CONTINUARÁ…

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