DE ARDIDES Y MENTIRAS

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CAPÍTULO IX

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Breves notas de la autora:

Gracias a quiénes me han dejado review (a quiénes puedo responderles directamente además), a quienes le han dado favorite, lo han leído o lo siguen de manera anónima. Gracia a quienes lo han recomendado a sus amigos y a los que han reprobado materias pero han creído que valió la pena leer el fic. En fin, muchos besos. Gracias Cuencas Vacías por continuar siendo co–autora de este fic. Los créditos financieros quedan exactamente igual que en el capítulo I.

Este capítulo es más pequeño que los anteriores, y yo digo que es de transición porque une el resto de la historia con lo que sucederá en los próximos capítulos que recuperaran el largo de los anteriores (casi puedo verlo). Por fin llegamos al tema peliagudo de cualquier autora novata en el tema: el Mpreg, no ahondaré en razones ni tratados biológicos explicando cómo y porqué, lo dejaré tal como se lo cuentan a Loki en el capítulo.

ADVERTENCIAS: Mpreg (ahora sí de verdad), AU, Slash, Thorki.

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Capítulo IX:

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Sif despertó mucho antes de que saliera el sol. Se puso sus ropas de guerrera pero en lugar de sus armas de batalla tomó las de cacería. Se sujetó el largo cabello para que no le estorbara al cabalgar. Myr, su doncella, se veía somnolienta todavía cuando apareció para ayudarla, seguramente se había despertado al escuchar a Sif moverse por sus aposentos; pero la despidió. No le dijo con quién o a dónde iba. La corte dormía y a ella no le importaba ponerlos al tanto de sus acciones. El regreso de Thor y su muy evidente preferencia por Loki le habían dado nuevas alas a los chismorreos pero esta vez no se sentía atrapada por las habladurías. Ahora tenía a su padre, a sus amigos, entre los que contaba a su esposo; y un contingente de Alfh que entrenar. Con todo ello ocupando su tiempo podía desapegarse de la malicia.

La idea de salir de cacería había sido de Fandral, en honor a los viejos tiempos. Cuando ella llegó a las caballerías el mozo de cuadra ya le tenía lista a Freki. No era la primera en aparecer, Hogun ya estaba ahí alistando personalmente a su sármata bayo; como berserkir que era le tenía un gran apego a su montura y no dejaba que cualquiera se le acercara. Sif lo entendía, su padre era parecido en ese aspecto. El estoico guerrero le sonrió al mirarla. Estar cerca de él era otro de los motivos por los cuales le daba igual que la señalaran como la valquiria derrotada nada menos que por un jötun. La presencia del guerrero era como un manto cálido bajo el cual arrebujarse, un sitio seguro al cual volver. Ella le devolvió la sonrisa y se acercó.

–¿Listo para hacerlos morder el polvo? –Le inquirió. Se entendían con pocas palabras.

–Por el ojo bueno de Odín, me había olvidado de lo temprano que hay que madrugar para esto –musitó Fandral tras Sif. El espadachín entraba quejándose, pero bien acicalado, jamás se dejaría ver poco presentable en público. Volstagg no tardó en aparecer. Los últimos en llegar fueron Thor y Loki, que aparecieron juntos, era obvio que pasaron la noche de la misma manera.

El caballerizo tenía listo a Tanngrijos, se dirigió al dios del trueno y al jötun pero se quedó de piedra indeciso ante ellos. Sif se rió, el hombre tal vez pensó que uno de ellos dos no acudiría y le faltaba un caballo, además de que no sabía a quién entregarle los arreos. Loki extendió la mano y el caballerizo le dio la brida sin dejar de mirar a Thor como esperando que le soltara un golpe.

–Ahora mismo preparo a Tanngrisner mi señor –se fue casi corriendo.

–¿Qué pasa? –Preguntó Loki mirando el rostro de sus compañeros que luchaban por contener la risa ante el semblante ofendido del hijo de Odín.

–Parece qué me has robado un caballo –le dijo Thor. –¿Desde cuándo usas a Tanngrijos?

–Desde qué viajé a Vanaheim, antes de la guerra –el jötun no entendía cuál era el problema.

–Pensé que se lo habías regalado –le dijo Sif rememorando la ocasión en que salió de caza con Ull y Loki. Thor hizo un gesto de dolor que provocó risotadas entre Volstagg y Fandral.

–Verás –habló Volstagg –Tanngrijos y Tanngrisner son hermanos, un obsequio del mismísimo Padre de Todo para Thor, los más potentes caballos de batalla. Fueron criados sin que as alguno se hubiera atrevido a montarlos antes que él; y de hecho tuvo que domarlos personalmente para que se volvieran los dóciles corceles que ahora ves. Esa brida que porta –señaló –fue forjada por enanos, está imbuida con magia que doma a estas bestias y sin ella no hay manera de refrenarlos.

No estaba sorprendido de que Odín le hubiera obsequiado semejantes animales a Thor.

–No lo sabía.

–Está bien, puedes quedártelo –dijo Thor con semblante de piedra.

–No, en verdad no lo sabía, quédatelo tú.

–Menuda cosa, me robas el caballo y encima debo rogarte para que lo conserves –esta vez Thor se rió.

–No es para tanto, sólo es un caballo –le quitó importancia Loki.

Thor parecía herido, Sif se llevó una mano a la boca.

–Si quieres también te obsequio el Mjölnir, al fin y al cabo sólo es un martillo. –Cuando salieron Fandral y Volstagg seguían mofándose del robo de Tanngrijos.

Sif le dio una palmada en el hombro a Loki dándole a entender que no les hiciera caso. Los seguía un grupo de cinco mozos de caza. Loki había mejorado bastante en equitación, además de que, debía admitirlo, Tanngrijos era muy dócil y le facilitaba las cosas. La partida de caza se alejó riéndose y rememorando otros tiempos, cuando eran adolescentes y se perdían de vista durante días.

–Una vez la partida duró veintisiete días –le contó Volstagg a Loki. –Nos alimentábamos de lo que íbamos matando, y dábamos cuenta de una vasta provisión de licor. Tuvimos que parar porque el Padre de Todo nos mandó a apresar por desacato, nuestro permiso para cazar en sus bosques había expirado y ya nos habían requerido en nuestras unidades del ejército. Esa vez Sif derribó a Fandral de su caballo por mencionar la palabra con "n", ella acababa de unirse al ejército y fue a la que menos severamente regañaron.

–¿Qué palabra con "n"? ¿Niñita? –Sif le lanzó una mirada iracunda pero no dijo nada.

–Nepotismo –habló Volstagg como si aquello fuera el peor improperio.

Dejaron la planicie que conducía a Gladsheim y se internaron en los bosques reales. La jauría de perros de caza que llevaban era de Sif y de Volstagg. Pronto los canes captaron un rastro y se lanzaron en persecución de una presa. El pelirrojo había avistado la posible captura. Era un jabalí de imponente tamaño. Los guerreros se conducían en la cacería como en la guerra. Aquello era muy diferente de la ocasión en que Loki había salido sólo con Ull y la valquiria.

–Cérquenlo por los flancos –les gritó Sif espoleando su caballo. –Thor, Loki por la derecha; Fandral y Volstagg persíganlo –les ordenó sin ningún empacho, bastó una mirada a Hogun para que el berserkir la siguiera por el flanco izquierdo.

Thor condujo a Tanngrisner a galope tendido, su hermano lo siguió lanzándose a la carga tras él. A Loki le gustó la velocidad, la sensación de volar al lado de Thor y la adrenalina de cercar una presa. Corrieron describiendo una parábola y le salieron al jabalí de frente cortándole el paso. La bestia traía a Fandral y Volstagg pisándole los talones, al percatarse de la presencia de dos nuevos jinetes se vio cercado y arremetió contra ellos. Thor lo burló pero Tanngrijos reparó y Loki cayó de la grupa. Escuchó que Fandral se reía de su torpeza pero la risa se le cortó cuando la bestia arremetió contra él sin que se moviera. Los guerreros ya conocían la agilidad del jötun, ninguno pensó que estuviera en problemas, el mismo Loki no lo consideró así pero al tratar de moverse algo en su cuerpo falló estorbándolo, su magia de hielo tampoco respondió.

–¡Por las dísir! ¡¿Qué haces?! –le gritó Sif saliendo de la nada y cegando el cuello del animal a galope con un certero tajo de espada. La bestia se derrumbó. Thor llegaba al lado de Loki quién ya se estaba poniendo de pie.

–Estoy bien –le dijo enojado.

–Vamos Loki, le plantas cara a un dragón y un jabalí te deja pasmado –le dijo Fandral .El jötun seguía molesto pero no quiso preocupar a Thor. Dijo que lo había tomado desprevenido. Los mozos se ocuparon de recoger la presa caída mientras los guerreros retomaban lo suyo.

–Te debo una –le dijo Loki a Sif alcanzándola.

–¿Ahora quién es la niñita? –Le preguntó ella sonriendo.

Sif dirigía la partida sin que nadie le disputara su lugar. Ahora que Loki estaba recibiendo instrucción as entendía más la manera en que luchaban y no le costaba seguir las instrucciones de la valquiria. En algún momento Fandral retó a Thor y a Hogun a esperar de frente el tercer jabalí de la jornada tan sólo con una lanza. El hijo de Odín aceptó el reto, el berserkir no dijo nada, como siempre, pero también desmontó. Los demás se dedicaron a perseguir el animal para conducirlo hacía ellos. Fandral y Volstagg se la pasaron discutiendo el resto de la jornada acerca de quién había dado el golpe de gracia, pues Hogun y Thor habían atinado el tajo casi a la vez.

El día terminaba y los guerreros no daban señales de parar. Loki se sentía inusitadamente cansado, esperaba que no les diera por prolongar aquello veintisiete días.

–Luces como si el jabalí te hubiera arrollado dos veces continuas –le dijo Sif acercándose. A Loki le resultaba irónico que ella se preocupase por él mientras que en cambio Olenna y Oleg habían tratado de matarlo. Él iba a desmentirla pero ella no lo dejó. –Volvamos –le pidió Sif a Thor. –Creo que ya fue suficiente por hoy – Volstagg y Fandral protestaron pero Hogun respaldó la decisión.

En cuanto salieron a la planicie de Gladsheim, Hogun se emparejó con ella, cuando Sif volteó a verlo él arreó su sármata el cual empezó a trotar. Sif espoleó a Freki en respuesta, los dos ganaron velocidad compitiendo uno contra el otro. Los demás no los siguieron. Los vieron alejarse raudos e impertérritos. Sif le gritaba al viento, el cabello se le había soltado, estaba convertida en la auténtica encarnación de Brunhilda, a su lado Hogun corría como un espectro. Loki volteó a mirar a Thor. Su esposo sonreía mirando a sus amigos, no había celos en su mirada, aunque sí reconocimiento. Thor sabía, Loki estaba seguro de ello.

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Odín había emitido su sentencia respecto a su atentado. El juicio duró un día entero, que era demasiado considerando que el rey tenía otros asuntos que resolver. Odín personalmente interrogó a los norn, Oleg, a los einheriar e inclusive a Radha y Rhee. Ninguno de ellos osó mentirle a su soberano y Oleg confesó las razones por lo que cometió el atentado, a pesar de que hubiera intentado halagar al rey con su fidelidad finalmente los norn quedaron libres de toda sospecha y fueron puestos en libertad. En cambio Oleg fue encerrado en las mazmorras.

Loki parecía que vivía en otra realidad separada de lo que había experimentado durante su estancia sin Thor en Valaskialf. Estaba más ocupado que nunca. A pesar de que Frigga ya no era regente, continuaba siendo su secretario lo que le permitía estar al tanto de los sucesos de palacio. Las clases de los preceptores se sucedían por la mañana. Abarcaban política, economía, historia y filosofía. Por la tarde, recibía instrucción militar, habían designado a Volstagg como maestro pues resultó que el manejo de las armas pesadas de los hired: hachas, lanzas y sarisas, se le daba mejor que el uso de aquellas que usaban los berserkir y los ulfhednar. El pelirrojo era todo bromas, devoción a la comida e historias grandilocuentes durante los festejos pero en la arena de entrenamiento se convertía en severidad desmesurada e impaciencia. Loki hubiera preferido que lo entrenara Sif pero aquello hubiera suscitado una larga fila de nobles haciendo apuestas en torno a ellos, y la imagen mental lo fastidiaba. Ull se rehusaba a dejarlo entrenar a solas y casi siempre estaba ahí con él. Volstagg no se rehusó, compartir los regaños con él mejoraba el entrenamiento. En donde el amigo de Loki no fue aceptado fue en las lecciones de estrategia militar impartidas por Fandral, en teoría, aunque en la práctica Loki acababa conversando con Sif y Hogun al respecto.

La hora de la cena la compartía con Frigga, sin importarle que Thor, Sif, los tres guerreros y Ull siempre lo invitasen a acompañarlos. Prefería la tranquilidad que le transmitía la presencia de la reina. Llegaba a su lado hambriento, magullado y a veces con el ego herido pero junto a ella se reanimaba. Siofua y demás deidades del afecto sabían que lo necesitaba. Thor solía hacerle burla por ser tan blandengue e igual requería parte de su atención y tiempo. A pesar de todo, Loki no estaba agobiado por su agenda, e inclusive las conjuras y los tejemanejes de la corte que tanto lo habían acaparado ahora eran relegadas a un segundo plano sin que bajara la guardia, por supuesto.

El día en que le mostró su nueva biblioteca a Stánic, el anciano le contó la historia del palacio de Nornheim mientras contemplaba con ojos emocionados los volúmenes que había conocido, atesorado e inclusive redactado. El presente de Thor aún no estaba bien ordenado en los libreros. Su anciano maestro encontró un libro con los planos de Rondeslottet y se los mostró a Loki relatándole el triste fin de la construcción. Odín había mandado destruirlo hasta los cimientos pero no fue por malicia. El castillo se había alzado en una planicie y podía verse a leguas de distancia recortado contra el cielo, era una edificación noble cuya fachada ornamental se perdía cuerpo a cuerpo hasta parecer interminable; contaba con una gran explanada en la que se daba cabida al ejército norn, entre estatuas colosales. Escalinatas de piedra, enormes fuentes, y el interior era de madera dorada. Stánic le enseñó una pintura de aquel palacio pero dijo que no le hacía justicia, era tan bello como Valaskialf. Un asentamiento así inflamaría la avaricia de cualquier castellano o noble norn, por ello Odín lo destruyó, para que nadie lo ansiara y nadie peleara por él. Aunque desde luego, Stánic había llorado por ese pedazo de paraíso perdido. Estaban tan a gusto en ese lugar que acordaron que las lecciones serían siempre ahí. Loki se aprovechó para lindar la estancia con sus barreras para no ser visto por Heimdall y para no ser escuchado.

Esa mañana cuando lo encontró, su maestro hablaba con Benfred. El tenedor había catalogado los libros de Alfheim aunque aún le faltaba ardua labor para terminar. Tomaron asiento junto a uno de los grandes ventanales. Siempre iniciaban la sesión con el último tema del que habían hablado en la anterior, aún continuaban con las gestas del Rey Bor aunque Stánic permitía que la plática se desviara hacía cualquier duda que Loki tuviera.

–Hablábamos de la genealogía del Padre de Todo. Bor tuvo cuatro hijos en orden de edad: Cul, Odín, Vili y Vé –recordó Loki. –En la batalla en Aesheim contra Cul, los hermanos menores se aliaron con Odín en vez de con su hermano mayor. Luego de aniquilar a los aesheimos que con sus miedos habían alimentado la magia de Cul, Vé atacó con hired a la par de Odín. Lanzaban hordas tras hordas en contra de su hermano sin que mellaran su fuerza, sin embargo Cul no sabía que era una trampa, y que Vili había tomado otro camino para arribar a Aesheim, lo atacó por la retaguardia junto con Starkag. Fue así como el martillo y el yunque, destruyeron las huestes de Cul. –En resumen así sucedió, desde luego previo a la batalla final habían transcurrido años de peleas internas, de intentos de negociación entre los hermanos y demás penurias para los ases. –Vili murió en la contienda contra su hermano Cul mientras que Vé falleció en la primera guerra con Jötunheim. Sin embargo hay algo que me llamó la atención del texto, cuándo se refiere a que Vili tomó otro camino para llegar a Aesheim ¿habla de uno que no es el Bifrost?

–En Nornheim hay un sendero de roca que te lleva a Alfheim, y en Svartálfheim viajan a través de la confluencia de los ríos de la misma manera que Asgard usa el Bifrost, sin embargo las ramas del Ygdrasill que unen los mundos tienen más de un camino entre uno y el otro, caminos que se han buscado exhaustivamente y se mantienen vigilados pero aún hay atajos que permanecen ocultos –dijo Stánic. –El único sitio al que no se puede arribar por ninguna senda es el infierno, dividido en Muspellheim y Hel, ni siquiera por el Bifrost.

–¿De verdad? –Se interesó Loki –¿cómo hizo Giselher para pactar con Surtur? –Le preguntó. De haber sabido antes ello no se hubiera preocupado por las vanas amenazas de su padre de enviarlo con el demonio.

–Mediante una invocación. La prima mayor del príncipe Hagen era una hechicera poderosa, ella realizó las convocaciones para llamarlo. Fue Surtur el que encontró a Giselher y le abrió paso a su mundo –contó pero Stánic calló, parecía no gustarle hablar de aquel demonio con el que su príncipe había pactado. –Retomemos la lección. Cul y Vili no dejaron hijos pero Vé dejó tres. Los varones fallecieron en la guerra contra Jötunheim y su única hija murió al dar a luz. La última de esa estirpe se llama Vilda y vive en Gladsheim, en una de las tantas casas de veraneo reales –le relató. Loki no entendía aún hacia qué punto iba Stánic pero el hombre rara vez hablaba sólo porque sí. –Si el general Thor muriera sin dejar vástagos ¿sería Vilda, su propia prima, la heredera al trono? –Le preguntó.

Loki tomó aire pensando en la respuesta. Había aprendido que a Stánic le gustaba hacerle cuestiones con trampas y sintió que esta lo era. Tuvo que recordarse la historia de Bor para poder decir algo respecto a sus hijos, Loki pronto tuvo la respuesta.

–No –dijo confiado. Stánic no se dejó engañar con la respuesta y lo instó a que se explicara mucho más. –Vili y Vé no eran hijos reconocidos por Bor, no estaban en la línea de sucesión así que sus hijos tampoco pueden estarlo –dijo seguro de ello.

–Es verdad pero olvida que Bor sí reconoció a Vili y Vé aun cuando no fueran hijos de la reina. Fue el concejo del rey el que no legitimó el nacimiento de ambos. Verá, el rey Bor instauró que el reconocimiento del heredero se sucediera en dos partes, la primera era que el rey aceptara que eran hijos suyos y la segunda que el concejo de sus pares hiciera lo mismo, era una forma en que juraban lealtad al siguiente sucesor. Y evitaba dos cosas: Que los hermanos reales bastardos desafiaran a sus hermanos por el trono y que a la muerte del rey alguien intentara imponer un falso hijo.

–Una norma obsoleta que bien podrían derogar, Odín sólo tiene un hijo –dijo Loki.

–La ley continúa vigente por si pudiera necesitarse. Es verdad que sólo hay un heredero en este momento al trono pero le aseguro que tras las guerras de Alfheim y Nornheim, pronto le exigirán al dios del trueno que tenga descendencia, en especial porque siempre está en el fragor de la batalla. Esta norma inútil en su momento, podría servir en un futuro si hubiera una confrontación entre los hijos del general Thor o los hijos de éstos –explicó el anciano y luego se quedó en silencio meditando alguna idea –hay quienes le han dado uso a esta norma para otros propósitos.

–¿Cómo cuál? –Indagó Loki y por la sonrisa de Stánic supo que estaba a punto de enterarse de alguna historia macabra de Odín.

–No hemos hablado aún a las gestas del rey Odín pero es un buen momento. Verá, el rey Odín no contrajo nupcias inmediatamente tras subir al trono, había quiénes pensaban que Gungnir en realidad era su verdadera esposa sin embargo tras restañar las heridas dejadas por su hermano decidió buscarse una compañera. Tal honor cayó en la actual reina aun cuando algunos concejeros intentaron que el Padre de Todo desposara a otra joven, de nobleza más probada. El inicio del matrimonio tuvo un trance amargo, tanto así que se instauró la guardia de la reina para su protección. Usted sabe que los ases son escépticos en cuanto al uso de la magia y en ese entonces no había otro hechicero más que su majestad Frigga en la corte, así que cuando la reina quedó encinta, sus detractores no dudaron en acusarla de tener hechizado al Padre de Todo. –Stánic lo miró divertido –¿la historia le suena conocida?

Demasiado parecida pero Loki no quiso interrumpirlo.

–El concejo hablaba de no aceptar la legitimación de ese hijo y el rey Odín no podía oponerse a la ley que él había jurado defender. Así que permitió que juzgaran a su reina en un tribunal –dijo. Loki lo miró asombrado y a la vez molesto porque Odín hubiera permitido algo así. Stánic levantó una mano para que no dijera nada –pensaron que el Padre de Todo era blando y al final la repudiaría pero se equivocaron. Con el juicio en puerta, los que no deseaban a Frigga como reina elevaron las voces y salieron de sus escondites. El juicio se celebró, los libros de historia hablan de la majestuosidad con la que la reina se defendió y ganó pero no dicen que después el mismo concejal que urdió su caída fue muerto por orden del rey, las normas que permitían acusar a alguien por hechicería fueron abolidas. –Stánic alzó los ojos al techo como si recordara a pesar de que no pudo haber estado presente. –Exceptuando a Starkag ninguno de los concejales de entonces continúa con vida, aquellos que se alzaron contra su excelencia Frigga fueron apartados de la corte, desterrados o se tornaron irrelevantes. Así el Padre de Todo pacificó las intrigas. Para cuando nació el príncipe ya no había duda de su herencia ni del poderío que la reina ostentaba.

Loki meditó la historia por un instante. De verdad no sabía que pensar de Odín en ocasiones. Al menos le alegraba saber que Olenna no podía emprender un juicio usando como acusación su magia, aunque de poder, ya lo hubiera hecho. Desde luego, Frigga nunca permitiría eso, sus historias eran demasiado parecidas para dejar de notarlo pero en vez de que Loki pensara que la reina se había identificado con él desde un principio, sólo encontró que la estimaba aún más por su aplomo. Conociéndose a sí mismo, él hubiera escapado.

Se había quedado callado y Stánic lo había mirado todo ese momento en perfecto silencio, al darse cuenta de su escrutinio prestó atención nuevamente. Si le había hecho alguna pregunta no había escuchado nada.

–Hace unos días descubrí correspondencia entre la princesa Héroïque y cierto guerrero al que ella le tiene aprecio. Sé que las jovencitas de su edad tienden a llenarse de sueños románticos, que sin embargo me vi obligado a abatir. Tuve que explicarle la realidad y recordarle que será el Padre de Todo quién elija a su marido; y que si se prendara de algún joven antes de tiempo eso sólo le traerá sufrimiento. Sé que el enojo le impidió escucharme con la atención que el asunto amerita pero espero que no olvide mis palabras. Ella me preguntó entonces cuál es el sentido de ser noble si terminará como trofeo. Le expliqué que una reina no es menos que un rey. Y esto me lleva a hacer un comentario atrevido –dijo, hizo una pausa únicamente para tomar aliento –me temo que usted ha olvidado que no sólo es, y que no siempre será, un príncipe consorte –dijo sin ningún tapujo pero continuó hablando. –Cuando me pidió ser su preceptor sabía que detrás de mi nombramiento estaba la aprobación del rey Odín y en la biblioteca suelo encontrarme con sus demás mentores; me doy cuenta de que le están instruyendo en aquello donde el príncipe heredero ha demostrado flaqueza. No me malentienda, tengo en la más alta estima las habilidades, el honor y la reputación del general Thor y estoy convencido que será un excelente rey. Sin embargo me queda claro que el rol que a usted le depara será el de completarlo. Estoy seguro de qué serán admirables gobernantes.

–El rey será Thor –dijo Loki mirándolo.

–Lo será pero después de él, la gente se acercará a usted ¿o me dirá que no ha notado que los embajadores, los gobernadores y la nobleza se inclinan hacia usted en vez de la princesa Sif?

–Es porque Thor me tiene en estima –rebatió Loki. Stánic lo miró duramente.

–No demerite su participación en los asuntos que ha resuelto como secretario de la reina. Yo he sido concejero de dos reyes, de Havard y Generot, el príncipe Hagen iba a ser mi tercer regente pero ahora será Héroïque; usted entiende lo que es gobernar sin haber ostentado demasiado tiempo el poder, sé reconocer a un buen líder cuando lo veo, y usted lo será. Le aseguro que la próxima vez que el Padre de Todo caiga en el sueño, nombrará al príncipe Thor rey, y a usted con él.

Loki se sintió turbado, no dijo nada a lo que el anciano le decía pero en sus labios sonaba auténtico. Como una promesa del futuro.

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Aquella tarde Thor había pasado a verlo. Le había quitado el libro que tenía de las manos y sin más preámbulo lo había derribado sobre el escritorio donde había estado leyendo. Es que a Thor no le importaba la hora, el escenario ni la ocupación de Loki. Terminaron sobre aquel mueble de madera oscura. Emplear otro mobiliario que no fuera el lecho siempre le sacaba comentarios irónicos a Loki. Tenían una cama tan amplia y les daba igual yacer como animales donde fuera.

–Me reuní con mi padre hoy –le dijo Thor levantándose y comenzando a vestirse. –Parece que hay problemas en Vanaheim –Loki ya sabía eso, Thor se lo había contado en el acantonamiento en Alfheim. –Han solicitado la intervención de dos reyes, Larus de Svartálfheim y mi padre.

–Te marcharás entonces, justo cuando empezaba a tomarte cariño. –Thor lo tomó de la nuca y lo acercó para estamparle un beso.

–De eso nada, vendrás con nosotros.

–¿A tu padre le parecerá bien eso? –Preguntó Loki.

–Él me pidió que te lo informara. –Aquello cambiaba el matiz de su presencia en la embajada. No se le olvidaba lo que Odín había dicho acerca de evaluar sus progresos, parecía que formarlo como consorte del heredero al trono iba muy en serio, y aquello se hilvanaba por lo dicho con Stánic. Deseó que el anciano no hubiera comentado nada.

–¿Quién más va? –Inquirió.

–Una comitiva de ulfhednar, a mi mando, nos escoltarán. –Thor adivinó lo que el hechicero quería saber. –Sif se queda, debe entrenar a los alfh en mi lugar. –El Padre de Todo estaba agilizando tanto la asimilación de los guerreros extranjeros que Loki no dejaba de preguntarse si planeaba atacar a Laufey muy pronto. Según vio, la última semana los habían molido entre Thor y los tres guerreros, sometiéndolos a seguirlos a marchas forzadas, a sostener combates de práctica, algunos bajo un cielo torrencial conjurado por Thor, y a no recibir tregua. Aún más, Yrsa, en su última aparición por sus aposentos le contó que Hagbard y su gremio tenían las fundiciones trabajando nuevamente, haciendo armaduras y armas.

–Prepara tu bagaje, nos iremos mañana –Loki asintió.

Thor ya se iba pero regresó a por otro beso, se detuvo a contemplar el cuerpo de Loki, y claro acabó acariciándolo y atrayéndolo hacía él.

–Vete o se nos irá el día en esto –le pidió el hechicero recobrando la compostura. Thor se detuvo, le acarició el vientre a Loki y fue ahí que se le ocurrió comentar.

–Habrá que decirle a Volstagg que intensifique tu entrenamiento –Loki lo miró extrañado, el rubio se rió restándole importancia a lo que dijo –no te ofendas.

–No lo estoy –dijo Loki pero instintivamente se apartó.

–No me estoy quejando de tu aspecto.

–Lo sé.

–Eras más delgado cuando llegaste –añadió Thor aclarando lo que quiso decir. Se despidieron, ahora sí, y el rubio lo dejó solo. Loki se palpó el abdomen, claro, tenía que ser Thor, quién lo tocaba todo el tiempo el que notara el mínimo cambio en él. Una duda empezó a carcomerlo, notó la boca seca.

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El asunto político en Vanaheim le hizo empujar sus dudas al fondo de su mente, resultó más sencillo cuando se enteró que Eyvindur, el mismo al que Thor había seducido una vez, estaría presente. Repasó con Stánic el problema de los gemelos aspirantes al trono. La disputa había derivado en confrontación directa entre ambos príncipes, una guerra civil estaba comiéndose al reino y terminaría en destrucción si no se tomaba una decisión. Los familiares vivos de los jóvenes, en vez de ayudar a resolver el conflicto habían tomado partido. El hermano del difunto rey Audün tomó la custodia del gemelo mayor mientras que la madre apoyaba al gemelo menor. Habrían pedido ayuda al concejo de reyes pero en vista de que ni Adalster ni Héroïque podían tomar partido, decidieron elevar su petición únicamente a Odín y al rey elfo. Laufey se había negado a participar en tan fútil decisión mientras que la reina de los enanos, dijo que el parecer de Larus sería suficiente para ella.

A Thor no dejaba de hacerle gracia que Loki se hubiera preparado para la visita a Vanaheim leyendo un montón de cosas sobre ese reino, sus costumbres, su historia y demases. A la hora de partir estaba más enterado de los menesteres de la familia real que gobernaba aquel país que Thor, quien se había alojado con los hijos de Audün durante su adolescencia. Los sirvientes llevaban su equipaje, estaban por irse y Loki seguía con los ojos puestos entre las páginas de un libro.

–Es hora –lo apremió Thor.

–Lo sé, es sólo que no me dio tiempo de repasar todo lo que hubiera querido –hubo reproche en su voz, pues Thor fue en gran medida el causante de distraerlo. El rubio no se ofendió, en cambio le quitó de las manos el volumen que tenía. Era un libro de poesía de los que Yrsa le había regalado. Thor frunció el ceño, Loki había estado leyendo un poema dedicado a los ojos del príncipe Eyvindur. Iba a preguntarle por qué pero el hechicero ya salía de la habitación con aires de circunstancias.

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El Bifrost los dejó a las afueras de la ciudad. Una comitiva los aguardaba, saludó a Odín con máximo respeto y a los demás con menos diligencia. Loki los reconoció pues había estudiado sus nombres, rangos y rostros. Estaban Hanne, la viuda del rey Audün; Ausmünd, el hermano de éste y el jovencito entre ellos debía ser uno de los gemelos aspirantes al trono, se trataba sólo de un adolescente, alto, nervudo, de cabellos negros y largos, Hjörtur el mayor, o Hrafn; faltaba el otro. Había también soldados de relucientes armaduras y un grupo de cuatro ancianos con túnicas blancas, debían ser maestres.

–Allfödr –saludó Hanne a Odín. –Bienvenido seas, te agradecemos por acudir en nuestro auxilio, tu infinita sabiduría…

Loki dejó de escucharla pues reconoció a uno de los ancianos en la comitiva. Se trataba de Rurik. Cuando Thor lo invitó a acudir con ellos a Vanaheim, y también debido a lo que sospechaba sobre sí mismo, había considerado escaparse a Lundr a buscarlo; el que estuviera presente le facilitaba mucho las cosas.

–Allfödr –habló Ausmünd –perdona que Hjörtur no se encuentre aquí, está convaleciente de las heridas sufridas en el último combate. Le pedí a Hanne que postergara la audiencia hasta que mi sobrino pudiera participar pero se rehusó –ni siquiera habían comenzado oficialmente las negociaciones y resultaba que Odín ya debía mediar conflictos.

–Pierde cuidado, el príncipe Loki puede resolver este inconveniente. –Éste asintió. –Sólo necesita que le indiquen donde encontrar a Hjörtur. –Ausmünd se mostró algo confundido pero aceptó las palabras de Odín.

La comitiva avanzó constante con dirección a Hreyfingin. Atravesaron la puerta del reino y la calle principal que dividía al poblado del palacio, en las calles apenas si había gente y sobre las construcciones se apreciaba el daño que la guerra civil había dejado. Algunos vanir se quitaron de inmediato del camino de los caballos, algunos gritaron el nombre de Hjörtur y algún otro el de Hrafn. El castillo parecía de piedra sólida pero su aspecto marcial se esfumó una vez dentro. Un paraje encantado de agua y cielo, con altos y gráciles arcos fantásticamente decorados y cuya exuberante ornamentación era bella y exótica. Fueron conducidos a una sala anexa al salón del trono mientras que a Loki, Rurik y otro anciano lo escoltaron hacía las casas de curación de la fortaleza.

Hjörtur estaba inconsciente en una habitación privada, como era predecible era idéntico en todo a su hermano, aunque tenía el cabello más corto. Rurik y Loki no se dijeron nada, el viejo hechicero le señaló al herido y se quedó mirando a Loki con una expectativa casi grosera. El jötun lo ignoró y en vez de eso se puso a examinar las heridas de Hjörtur con ayuda del otro maestre.

–Fue derribado de su caballo durante la contienda, al caer se golpeó la cabeza y una de sus piernas se enredó en los arreos, fue arrastrado un largo trecho antes de que sus compañeros frenaran al animal –le narró el hombre.

Debajo de las vendas, Loki encontró una contusión en la cabeza, una pierna rota y quemaduras por fricción. Activó su magia curativa, se las había visto con casos más difíciles cuando había atendido a Thor, a Fandral, a Hogun, a Sköll y a tantos otros que ya había perdido la cuenta, las heridas de Hjörtur le resultaron sencillas para su ya experto don.

–Príncipe te estamos sumamente agradecidos –dijo el segundo maestre visiblemente aliviado al ver a su príncipe abrir los ojos. –Que habilidades tan extraordinarias –siguió elogiándolo –magia curativa así de poderosa ya no se ve ni siquiera en nuestro reino.

Loki dejó de prestarle atención al reparar en la mirada de Rurik, el anciano lucía aterrorizado, hubiera querido interrogarlo pero no era el momento para ello.

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La embajada aesir entró por un largo pasillo hasta el salón del trono, frente a éste habían colocado una serie de butacas dispuestas de manera semicircular. Había un gran grupo de cortesanos, más soldados y demás testigos de la resolución de aquel conflicto apostados a ambos lados del salón. Cuando Odín entró un heraldo se adelantó a anunciarlo; muchos de los vanir presentes bajaron la mirada como si estuvieran ante su propio soberano. Thor y él también fueron presentados, con el título de príncipes sin hacer alusión al origen de Loki. El hechicero notó que las miradas de muchas damas iban directo hacia Thor, no le sorprendía, lo que sí lo sorprendió fue encontrar que él también acaparaba mucha atención.

–El rey Larus se encuentra en los aposentos que le hemos designado, ya he enviado a un heraldo para que le avise que ha llegado, en cualquier momento entrara a la sala –explicó Ausmünd. Odín asintió y tomó asiento al centro, donde siempre estaba, justo delante del trono vanir donde nadie osaría sentarse hasta que se proclamara al nuevo rey. Thor se acomodó a la derecha de su padre y Loki hizo lo propio acomodándose a un lado de Thor. Los ulfhednar que los acompañaban se apostaron tras ellos haciendo guardia.

El rey elfo no tardó en presentarse. Las puertas se abrieron nuevamente.

–Larus, soberano de los cuatro reinos élficos de Svartálfheim –proclamó el heraldo. –Y su hijo, el príncipe Eyvindur.

Los aludidos entraron al salón. Larus tenía el cabello rubio claro, lo llevaba atado en la nuca, sus rasgos eran serios y varoniles. Tenía ojos azules en los cuales se apreciaba bondad. Sus movimientos no tenían la languidez de la nobleza cortesana sino la rigidez marcial de un guerrero. Su hijo era una historia harto diferente. Eyvindur tendría la edad de Loki, llevaba los cabellos largos, lacios de un rubio tan claro que eran como un halo fantasmal enmarcando su rostro, su piel parecía irradiar luz y sus largas pestañas bordeaban unos ojos azules que traspasaban cuando miraban, todos sus rasgos eran armonía y delicadeza. A su paso se hizo un silencio casi tangible. Larus saludó a Odín y a ambos príncipes, Eyvindur hizo lo mismo con la displicencia de un dios, pero cuando posó sus ojos en Thor le sonrió, una sonrisa que el rubio correspondió.

Los elfos se acomodaron a la izquierda de Odín. Llevaban su propia comitiva de soldados quienes se apostaron junto a los ulfhednar. Cuando Hjörtur entró, su gemelo no disimuló la alegría que le daba verlo recuperado. Era difícil creer que ellos dos estuvieran metidos en un conflicto. Un heraldo hizo silencio con el golpe de una lanza y Hanne se paró delante de todos, la mujer era bella a su manera, aunque sus hijos no habían heredado casi nada de sus rasgos. Su voz era fuerte y clara y su presencia imponía de manera severa.

–Reyes Odín y Larus –empezó dándoles las gracias por intervenir y demás formas corteses. –Pido la palabra para mi hijo Hrafn, cuyos derechos han sido cuestionados debido a ser el segundo al nacer.

El aludido se plantó ante Odín y Larus, les hizo una reverencia.

–Mi hermano y yo no nos odiamos –empezó y su madre se cubrió la boca con las manos, era claro que su hijo estaba diciendo algo diferente de lo que le había instruido. –Si mi madre y mi tío ansían ser regentes en nuestro nombre ¿por qué debemos ser nosotros los que nos matemos? Hemos peleado y derramado sangre de nuestros propios compatriotas, hace un par de meses tuve que darle muerte al mismo hombre que fue mi instructor en arquería, un querido amigo mío. ¡No es justo!

–¡Hrafn! –Hanne intervino pero una señal de Odín bastó para que tuviera que resignarse a permitir que su hijo siguiera con tan emotivo discurso. Hjörtur se acercó a su hermano y le tendió la mano dando a entender que estaba de acuerdo en todo cuanto dijera.

–Más aún, quisieron que nos batiéramos a duelo a muerte y que el vencedor gobernara. Mi hermano y yo lo hablamos en secreto y por eso pedimos la intervención de ustedes dos. Nos rehusamos a seguir peleando uno contra el otro, todo el mundo sabe que matar a sangre de tu sangre te deja maldito. No correremos tal suerte. Odín, Larus, ustedes tienen la sabiduría que siempre nos dicen a mi hermano y a mí que nos falta. Ustedes decidan quién debe gobernar y todos acataremos sus palabras.

Ausmünd y Hanne estaban lívidos pero el asentimiento en la corte ante las palabras de Hrafn fue generalizado. Se hizo un silencio sepulcral. Larus miró a Odín esperando que él condujera aquella audiencia. El Padre de Todo a su vez se enderezó en la butaca y apoyó las manos en los brazos de esta… y luego se volvió hacía Loki. El hechicero se quedó de piedra pero pronto entendió lo que su rey esperaba que hiciera. Recordó los concejos de guerra donde el rey casi no hablaba y en su nombre se expresaban Hibald y Starkag, para que luego él dijera la última palabra. Así que ese día Thor y él estaban convertidos en sus cuervos. Hanne y Ausmünd no eran aptos para dirigir la audiencia luego de lo que los gemelos habían declarado. Se puso de pie bastante nervioso pero cuando habló recobró el dominio de sí mismo.

–El Padre de Todo y el rey Larus consienten a su justa petición –habló, la voz le tembló un poco pero fue cobrando aplomo a cada frase. –Escucharemos los testimonios que reivindican el derecho que cada uno tiene para gobernar, así como los méritos que poseen…– les explicó. Había estudiado una audiencia similar, una que había presidido Bor, y en la que Odín había desempeñado el rol que ahora le había asignado.

Les tomó todo el día escuchar cuanto había que decir. Hubo personajes exaltando casi hasta la histeria las cualidades de un gemelo, sólo para que alguien más asegurara que el otro también las poseía; hubo un estúpida discusión acerca de a cuál de los dos había amado más el fallecido Audün. Thor no se explicaba de donde sacaba paciencia Loki para mediar en nombre de ambos reyes aquel deprimente espectáculo. La noche avanzaba y todavía faltaba escuchar el relato de los meses de guerra que se habían vivido, seguro sería una narración detallada de los errores que cada bando había cometido. Odín le hizo un gesto a Loki y éste se encargó de terminar la sesión por ese día. Cuando el Padre de Todo se levantó lo miró y asintió. Estaba satisfecho con su participación. La corte se dispersó y dejó a ambas embajadas y a la familia real. Ausmünd les informó que la cena sería servida de inmediato.

–Menos mal –dijo Hjörtur y su hermano asintió.

Los escoltaron al comedor. Igual que en el resto del palacio, se podía contemplar desde los altos arcos el panorama de la llanura, las montañas nubladas y la ciudad. La luz entraba de lleno al igual que podría hacerlo la vista de cualquiera que cruzara por el jardín, pero esa área del castillo parecía cerrada a cualquiera que no fuera invitado directamente pues Loki no encontró a ninguno de los cortesanos que antes habían entrado al cónclave. Odín se sentó a la cabeza de la mesa con Larus a su derecha. La madre real y Ausmünd se acomodaron a su izquierda y de inmediato entraron en una plática, dejando que los príncipes convivieran entre sí. La comida les fue servida acompañada de un excelente vino.

–Thor, no sabes cuantas cosas disparatadas hemos escuchado de ti –inició Hrafn la conversación.

–Tienes que contarnos de tu guerra en Alfheim –completó la petición Hjörtur.

–Esto es como volver al concilio de los reyes en Svartálfheim –habló Eyvindur sentado junto a Thor. Loki se sintió fuera de lugar. No esperaba que los vástagos reales se trataran con tanta familiaridad, aunque debió intuirlo; Thor ya le había dicho que había conocido a todos ellos previamente. –¿Cómo está Sif? La última vez que la vi fue en su boda –la voz de Eyvindur y su pregunta le produjeron a Loki ganas de clavarle un tenedor en la mano que tenía sobre la mesa muy cerca de la de Thor.

–¡Sif! –Los gemelos suspiraron ante aquel nombre.

–Ella está bien. Tuvo que quedarse a entrenar un contingente de nuevas tropas –les dijo Thor.

–¿Y la segunda esposa? –Loki por poco escupe el vino ante la duda de Hrafn. –Dicen que te enviaron una jötun de muy buen ver ¿te hiciste un retrato de ella? Si es así, queremos verlo. Qué envidia, nosotros también queremos dos esposas.

–Esposas gemelas –habló Hjörtur. –¿Es muy gigante? ¿Tiene todo gigante? –Los gemelos eran idiotas, Loki ya lo había decidido.

Thor estalló en carcajadas pero se refrenó antes de que captara la atención de los reyes que conversaban con seriedad al final de la mesa. En vez de responder les indicó a Loki con un ademán. Los gemelos lucieron desconcertados. Eyvindur se inclinó para mirarlo, el hechicero sintió que lo traspasaba con los ojos pero resistió el impulso de bajar la mirada.

–Eres el hijo menor de Laufey –dijo el elfo.

–Es mi segundo consorte, Loki –aclaró Thor.

–Pero Thor, en vez de esposa tienes esposo –interrumpió uno de los gemelos.

–No importa –dijo. El dios del trueno le tomó la mano y con ese gesto aquel pequeño detalle dejó de ser relevante. Los gemelos pasaron un rato especulando acerca de, en vista de que se valía, casar a Eyvindur también; pero no le encontraron un esposo adecuado.

La cena terminó pero la conversación seguía.

–Faltan Hildetand y Tryggvi y Adalster –enumeró Hrafn.

–Y Hagen –completó Eyvindur. Se quedaron callados.

–Es una lástima que hayas tenido que matarlo –habló, con su ya demostrada falta de tacto, Hjörtur dirigiéndose a Thor. –Me caía bien aunque era demasiado bravucón, y con fuerza de dragón debe haberse puesto aún más engreído.

La conversación se le antojó eterna a Loki. Los gemelos hablaban a veces a coro, a veces completándose las frases uno al otro y siempre en plural. Sus familiares debieron reparar en todo ello antes de intentar enarbolarlos uno contra el otro para hacerse del poder así que las historias de ambos peleando a muerte por el trono no podían ser más inciertas. Sin embargo Loki no podía negar que sentía curiosidad al escucharlos hablar de un mundo al que él antes no había tenido acceso. Dijeron que Eyvindur intimidaba a Hildetand, lo cual lo hizo sentirse molesto contra su medio hermano; dijeron que Hagen se lanzaba sobre todo lo que se movía pero jamás era fiel a nadie, y dejaron en claro que admiraban muchísimo a Thor. Eyvindur hablaba poco y era mesurado en sus expresiones, los gemelos siempre callaban cuando él hablaba y lo tenían por el más listo de los príncipes. Loki no estaba seguro de eso pero sí notó que cuando Thor mencionó que Adalster se encontraba en Valaskialf el príncipe elfo prestó particular atención a ello tal como había hecho cuando el rubio dijo que hacía Sif en ese momento.

Cuando les permitieron retirarse estaba agotado. Los condujeron a las habitaciones donde los hospedarían, tan sólo quería quedarse a solas con Thor y abrazarse a él, ni siquiera tenía ganas de buscar a Rurik en ese momento. Thor se despidió de sus amigos.

–Tu esposo es muy callado –le comentó Hrafn antes de darse la vuelta e irse.

Loki entró en una habitación circular de espectacular adorno, un fuego crepitaba en una chimenea caldeando el ambiente. Había notado que la temperatura había descendido bruscamente cuando llegó la noche, nada que lo molestara en realidad. Se estaba preguntando si Thor desearía entrar con él en la bañera.

–No sé si pueda soportar otra audiencia interminable como la de hoy –habló Thor a sus espaldas.

–Entonces resuelve el conflicto. ¿A quién elegirías tú? –Preguntó Eyvindur. Loki se giró de golpe, el príncipe elfo se había colado tras ellos. Al notar la mirada que el hechicero le dirigía debió comprender su incomodidad pues añadió: –Sé que ustedes son pareja y posiblemente preferirían quedarse solos pero me destinaron a este mismo recinto así que no tenemos más opción que compartir alojamiento.

–No hay problema –le dijo Thor observando que había tres camas dispuestas. A Loki no le quedó sino resignarse. Igual que no le quedó más que entrar solo a ducharse mientras Thor y Eyvindur hablaban acerca de a quién elegirían de los gemelos y porqué.

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La audiencia del día siguiente inició temprano y terminó hacia mediodía. Larus y Odín decidieron encerrarse a deliberar a puerta cerrada para lo cual no necesitarían más de sus hijos ni de Loki, así que los licenciaron para recorrer el castillo junto con los gemelos con la salvedad de que no podían salir. Estos los condujeron a la armería de palacio la cual era un salón cuyas paredes estaban recubiertas por miles de armas diferentes, era claro que deseaban presumir de ellas ante Thor. Eyvindur que jamás había sigo proclive a las peleas cuerpo a cuerpo se dejó caer en una butaca al lado de Loki que tampoco estaba interesado en examinar las armas.

–¿Qué responderán Odín y Larus? –Le inquirió Hjörtur a Eyvindur mientras su gemelo le enseñaba una bola dentada al hijo de Odín.

–Qué ustedes dos son demasiado inmaduros, les impondrán alguien que supervise su reinado –respondió. A su pesar, Loki estaba de acuerdo con la respuesta. No podía evitar pensar que Hjörtur y Hrafn apenas se habían destetado y uno de ellos ya iba a ser rey, aquello era injusto, él jamás iba a reinar; a menos que creyera lo que Stánic le dijo.

–Eyvindur –lo llamó Thor. Loki rodó los ojos, ¿es qué todos ahí le pedían parecer al hijo de Larus? Pero si Thor y él ya habían hablado en la noche hasta que Loki cayó dormido. –Tengo una espada rota en Valaskialf, la envíe a restaurar pero el resultado no es aceptable, se ve claramente el borde por el cual se partió –Loki adivinó que se trataba de la espada que él le había regalado. –Cuando acudas ¿podrías repararla?

–Por supuesto –dijo el elfo y volvió a sonreírle a Thor. Loki apenas y podía contener sus celos.

–¿Irás de visita a Asgard? –Le inquirió. Nadie le había dicho eso.

–Anoche lo acordamos luego de que te quedaras dormido –le dijo Thor. Ahora ni siquiera podía dormirse con el elfo cerca.

–Mi padre desea que acuda a la corte de Odín –le aclaró Eyvindur como dejando en claro que no había sido por iniciativa propia. Loki se obligó a no dejarle caer algún comentario irónico, intuyó que Eyvindur estaba sospechando que se encontraba celoso de él y no quería concederle la razón aunque eso fuera cierto. Los gemelos habían tomado sendas lanzas y ahora estaban retando a Thor a un combate con ellas. El hijo de Odín les dio gusto dejando a Loki y Eyvindur de lado, aunque por desgracia la contienda no duró demasiado cuando Thor los lanzó contra una pared con sus propias armas.

–Perdona que te diga esto pero no pareces un jötun.

–¿Soy demasiado bajo? –Respondió Loki. Si le dieran una moneda de oro por cada persona que le decía aquello, sería más rico que el Padre de Todo.

–Me refería más bien al color de tu piel y tus ojos.

–Es curioso, Hagen me dijo lo mismo cuando lo conocí –rememoró y le mostró una mano la cual cambió de color a azul. Eyvindur pareció ofendido por la comparación pero de inmediato su rostro volvió a ser inexpugnable. Loki se percató en ese momento de que ese era el misterio del príncipe elfo y una de las razones por las cuáles lo fastidiaba, no podía leerlo.

–Eres un hechicero.

–Eyvindur igual lo es –aquí venían los gemelos, como un coro de fanáticas, de vuelta tras ser vapuleados. –Deberían luchar, véncelo Eyvindur –dijeron a coro.

Los dos se miraron, nada le encantaría más a Loki que hacer al príncipe elfo morder el polvo, sin embargo…

–Las palabras cortan más que una espada, –le recitó Loki sonriendo –y hay miradas que hieren aún más que mil palabras, entenderás porqué ante tus ojos la vida se me escapa…

Eyvindur levantó una mano pidiéndole que callara. Había reconocido aquel poema dedicado a su persona.

–Vencido estoy –dijo solemne para estupefacción de los gemelos. Thor en cambio se rió.

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Odín y Larus no habían terminado de deliberar aquel asunto, pidieron ser atendidos en la misma sala en la que se encontraban para no ser influenciados por nadie hasta no tener una respuesta satisfactoria para Vanaheim. Los gemelos fueron llamados por su madre pero la idea no pareció gustarles a ninguno de los dos, se alejaron murmurando algo acerca de que iban a reprenderlos nuevamente. Eyvindur se les uniría una vez que respondiera a una petición de Ausmünd de forjar nuevamente la hoja de su espada. Por una vez en aquel viaje, se quedaron a solas. A Loki le hubiera gustado comentarle a Thor lo cansado que se sentía, y no era por el conclave, sino que literalmente tenía más deseos de estar recostado en el lecho que en pie en el jardín. No apartó los ojos de él, antes hubiera dudado de contarle sus pensamientos, se los hubiera callado sin remordimiento alguno por excluirlo pero había llegado un punto en el que creía poder confiar en él en ciertos aspectos. Loki sabía que jamás se quitaría la desconfianza que había desarrollado toda su vida.

Aun así no habló, no lo hizo porque los sirvientes iban y venía atendiéndolos y comprendió que tratar un asunto personal, no era buena idea en un sitio en el que no conocía a los siervos. Ya había aprendido del manejo de la corte en Valaskialf, en Hreyfingin no debía ser muy diferente. El vino le supo refrescante y le ayudó a sentirse mejor.

–Cuéntame –le pidió a Thor –¿cómo hiciste para seducir a esa piedra? –Le preguntó en referencia al elfo. Thor había dicho que fue por reto de Fandral; comprendía porque el espadachín lo hizo, debió de haber pensado que ni el dios del trueno podría. Eyvindur no parecía ser alguien a quién uno pudiera seducir.

Thor se quedó en silencio un instante.

–No creo que lo haya seducido –aceptó confirmando sus palabras –creo que tenía preferencia hacia mi desde un principio, así que cuando visitamos aquel templo y le insinué… –de pronto Thor se quedó callado. Loki por un instante pensó que tenían a Eyvindur a sus espaldas pero no, Thor lo miraba directamente y de pronto había empezado a reír. –Estás celoso –declaró y aquello ofendió a Loki.

Antes de que el jötun pensara en si valía la pena tomar una revancha, vio aparecer al dichoso elfo, detrás de él iban los gemelos que discutían en voz baja. No tardaron en aparecer los sirvientes con más sillas para que todos se acomodaran.

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Rurik estaba de pie en medio de los demás maestres. Había abandonado Lundr cuando aquella guerra por el trono alcanzó el poblado. Se rehusó a unirse a algún bando pero puso a disposición de los heridos su magia. No tenía poderes que regeneraran heridas pero sí un vasto conocimiento en cirugía, hierbas curativas, anestesias y demás. Se alegraba igual que todos de que el conflicto llegara a su fin. El hijo de Járnsaxa se levantó de su asiento y se hizo silencio. El curandero estaba más que sorprendido por haber reencontrado al joven en compañía del Padre de Todo.

–Hjörtur y Hrafn, hijos de Aüdunn –inició el jötun llamándolos al frente del corro de nobles –los reyes Odín y Larus, quiénes han evaluado sus derechos al trono, tomando en cuenta la lealtad que se profesan uno al otro; han resuelto que sean ambos los que gobiernen Vanaheim precedidos por un concejo que incluirá dos castellanos svartálf nombrados por Larus y tres miembros vanir que no podrán incluir familiares directos suyos. Ausmünd conservará la capitanía de los ejércitos vanar. En cuanto al concejo de reyes, tanto los reyes Odín como Larus, tendrán la representación de Vanaheim hasta que consideren que pueden representar a su reino en tal magisterio. –Eso era todo. Hanne no necesitaba más influencia de la que ya tenía siendo madre de ambos reyes.

En medio de la sala se había acomodado una mesa. Hjörtur y Hrafn aceptaron la resolución dictada y firmaron aquel tratado. Ambos reyes hicieron lo mismo fungiendo como testigos. Desde luego que habría un banquete para finiquitar aquella confrontación y al día siguiente las cortes aesir y svartálf podrían retirarse.

Rurik aún miraba al hijo de Járnsaxa, no fue el único en notar que el hijo de Odín tomaba una de sus manos y la besaba tras hacerle un comentario en el oído que lo hizo reír. Cuando salió de Lundr se enteró de que el mundo había cambiado nuevamente. Alfheim y Nornheim habían caído bajo el poder de Asgard y Jötunheim, a Rurik eso le pareció inverosímil al instante porque desde siempre esos dos reinos habían sido enemigos; y luego supo que se habían aliado debido al matrimonio de sus hijos. Aún entonces, primero pensó en que se trataba de una hermana del hijo de Járnsaxa, nunca en que aquel chico fuera el consorte del hijo de Odín. Como tampoco jamás pensó que fuera un foreldrar.

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–Alguna vez, tuve que mediar como tú en una audiencia. Un asunto pequeño en Nidavelir, había un líder gremial que reclamaba por el precio excesivo de la tintura de las prendas. Estaba nervioso así que cuando hizo esa queja, en vez de decirle que mi padre tomaría la decisión más pertinente para los ases, simplemente anuncié: 'Pues si es alto el precio, que lo bajen' –le contó Thor mientras caminaban solos de vuelta a sus habitaciones para un leve descanso antes de ir al banquete. Loki meneó la cabeza riéndose –mi padre me reprendió todo el camino de vuelta a Valaskialf. Había respetado mi palabra del precio de la tintura pero me castigó haciendo que aprendiera el coste de otros productos de la población; sólo mi madre encontró la gracia –dijo Thor sonriendo.

Antes de entrar un ulfhednar se acercó a ellos.

–Príncipe Loki, el Padre de Todo lo ha convocado a sus habitaciones, desea verle de inmediato –le transmitió el mensaje.

–Nos veremos en el banquete –dijo Thor dejándolo ir.

Loki siguió al soldado aunque no sin antes voltear a ver la espalda del dios del trueno perderse en la alcoba, por desgracia Eyvindur entró detrás de él. Se detuvo en seco y aspiró aire. Él, a diferencia de Thor, se tragaba todos esos sentimientos y no los explotaba, pero estaba considerando seriamente usar las mismas frases que su amado hiciera con Hagen y decirle que si volvía a verle cerca de él iba a destripar a Eyvindur.

A Odín le habían dado una alcoba cercana, mucho más grande y decorada que la de ellos pero el Padre de Todo no parecía haberse acomodado demasiado, esperaba regresar pronto a su reino. Loki miró la hoja del tratado que había proclamado hacía unos minutos, desde luego que habían hecho más de una copia para cada uno de los reyes, sin embargo había otra hoja diferente a un lado. Odín le hizo una seña de que se acercara y la leyera.

–Esta es la política que hacemos los reyes –le indicó.

Loki se inclinó sobre el pergamino, era un segundo tratado en el que Odín y Larus habían pactado sobre Vanaheim. Ya le había llamado la atención que ninguno de los castellanos fuera aesir pero en este nuevo pergamino se especificaba que los regentes svartálf serían aprobados por el Padre de Todo en persona, y además se repartían algunos derechos sobre aquel reino, tales como mejores aranceles en los bienes que se importaban, influencia en la toma de decisiones y beneficios sobre canteras y bosques. Loki ya había intuido que ambos mediadores debían obtener alguna recompensa por su intervención y que más bien habían tardado repartiéndose el reino y no resolviendo quién sería el rey. Hjörtur y Hrafn habían aceptado la influencia de ambos reyes y continuarían teniéndola por medio de los svartálf.

–¿Qué opinas de Eyvindur? –Le preguntó el Padre de Todo. Loki no pudo evitar poner los ojos en blanco –no es momento de sentimentalismos –le dijo de forma dura así que Loki recobró el aplomo. –Larus me solicitó tener a su hijo como huésped por una temporada y he accedido –le anunció.

–El príncipe elfo es difícil de leer –dijo Loki –y su aspecto le granjea respeto y simpatía.

–En efecto, intimida pero a la vez agrada, es mesurado en cuanto dice, inclusive misterioso. Y Larus sabe cómo aprovechar los dones de su hijo. –Otro rey utilizando a su descendiente, a esas alturas ya no le sorprendía. –¿Por qué crees que lo envía a Asgard justo en este momento?

–Seguramente estará intrigado por el resultado de la guerra contra Nornheim y Alfheim, querrá enterarse de buena fuente de lo que acontece en Asgard –dedujo con facilidad. Odín asintió.

–Quiero que no lo pierdas de vista. Sé que tú no te dejarás deslumbrar por su aspecto ni enredar por sus palabras. –Thor era demasiado franco y confiado para una tarea así.

–Sí mi rey –le respondió Loki, de todos modos aunque el Padre de Todo no le hubiera pedido aquello lo habría tenido más que vigilado. –¿Me permitirías una pregunta? –Inquirió a Odín que lo miró un instante antes de asentir, la consentía. –Es claro que los gemelos son muy unidos en este momento pero conforme crezcan es muy posible que su hermandad se vea afectada por la influencia de la corte, de las esposas que tomen eventualmente y por la presión de sus familiares, peor aun cuando tengan hijos seguramente estallará un conflicto debido al orden de sucesión. Por lo tanto ¿no era mejor cortar esos problemas de raíz nombrando rey sólo a uno?

Odín asintió claramente satisfecho con la manera de razonar de Loki.

–Lo que dices es cierto, sin embargo –el Padre de Todo adquirió el mismo tono de voz que empleaba Stánic cuando estaba a punto de darle una lección –mantener el conflicto latente es conveniente para Larus y para mí, pues así continuamos siendo necesarios. –Odín no siguió, Loki tuvo claro que cada vez que interfirieran obtendrían beneficios para sus respectivos reinos, además de que así vedaban a Hjörtur y Hrafn del concejo de reyes y ellos preservarían el voto de Vanaheim para usarlo a su conveniencia. Al terminar de cavilar aquello no pudo evitar sonreír admirado una vez más ante la sagacidad de su rey. ¿Preceptores y maestros? De quién más deseaba aprender y a quién más deseaba igualar era al aesir ante él.

Odín le hizo un gesto de que podía retirarse. Por supuesto Loki no esperaba que Odín le dijera que había hecho un buen trabajo como mediador. El jötun se retiró de la presencia del Padre de Todo aun cavilando lo aprendido ese día.

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Rurik había visto al hijo de Járnsaxa adentrarse en los aposentos destinados al Padre de Todo. Aguardó con paciencia a que saliera nuevamente para poder abordarlo.

–Príncipe, ¿me concedes hablar contigo un momento? –le pidió dirigiéndose a él con la máxima deferencia. El anciano lo condujo por un corredor hacía las casas de curación. El anciano parecía nervioso, si no es que inclusive asustado. Al hechicero le iba bien hablar con él pues tenía muchas preguntas que hacerle acerca de sus recientes sospechas, pensó que le pediría ayuda con algún herido pero en cambio se encontró en una habitación vacía salvo por una cama y un librero atestado. Seguramente eran los aposentos del anciano. Se giró a mirarlo y notó que estaba echando cerrojo a la puerta. Loki hizo lo propio conjurando la barrera que excluiría a Heimdall.

Parecía que Rurik no sabía cómo iba a decir lo que tenía en la mente.

–Estás esperando un hijo.

Le soltó sin ambages. Loki se quedó callado observándolo con mirada inescrutable como si fuera un dios severo a punto de castigarlo por la insolencia de sus palabras.

–¿A qué viene la pregunta? –Lo increpó el jötun.

–No es una pregunta. Me temo que antes subestime los dones que heredaste de Járnsaxa. Loki, eres un foreldrar –le reveló con emociones contradictorias en su voz, el príncipe negó con la cabeza

–Dijiste que eso era imposible –la impasibilidad de Loki empezaba a resquebrajarse. –Dijiste que esa magia nunca se daba fuera de este reino, dijiste que un jötun no podía ser tal cosa.

–Eso pensé pero ahora veo con claridad. Ellos manipulaban la vida y la magia curativa era su signo distintivo, si me hubieras revelado antes que poseías ese don, no habría dudado en un principio –le aclaró. Loki se sentó, incapaz de sostenerse. –¿Hace cuánto te uniste con el hijo de Odín? –Loki se rió perdido en algún recuerdo que no compartió. En cambio le inquirió algo que sin duda debía preocuparlo.

–¿Cuánto tiempo toma?

–Meses, incluso años, depende del hechicero, entre más fuerte seas más pronto logras darle vida, tu magia ya debe haberse debilitado, hace mucho que viniste a buscarme.

–En cierta forma ya lo sabía – musitó Loki recobrándose en algo de la primera impresión. Rurik le concedió unos momentos de tregua, no podía dejar de pensar que un hijo del dios del tueno y suyo sin duda sería poderoso, además de que tendría el respaldo de dos reyes temibles como lo eran Odín y Laufey. Recordó que la primera vez que se vieron ambos desdeñaron la posibilidad de que el jötun engendrara vida, y claro no hablaron de las consecuencias de ello –Ya no puedo realizar magia de hielo y mi cuerpo empieza a cambiar.

–Al final no te quedará ninguna magia, debes ponerte en manos diestras para que lo saquen de ti antes de que lo arrastres contigo a la muerte. –Loki enderezó el semblante y lo fulminó con una mirada.

–¿Qué dijiste? ¿Arrastrarlo a la muerte?

–Es el precio que pagan los foreldrar a cambio de semejante don… –balbuceó Rurik. El príncipe se puso de pie alto y amenazante; el anciano temió por su vida.

–Moriré –le dijo y hubo entendimiento en su semblante.

–Están unidos por un vínculo indisoluble. Te consumirá, usará tu magia y tu vida para formarse; cuando esté listo te agotará para romper ese lazo y poder separarse de ti. Si no lo sacan de tu cuerpo perecerá junto contigo –le explicó pensando que a Loki le preocupaba la posibilidad de perder a su hijo.

–¿Cómo lo detengo? –Inquirió sujetando al anciano.

–No se puede frenar, está hecho de magia, ¿cuál podría dañarlo? –Había oscuridad y desolación en los ojos del príncipe, el anciano adivinó lo que cavilaba. –Tampoco puedes destruirlo y salir ileso. Quienes han intentado arrancarlo de sus entrañas para salvarse igual mueren –hubo desprecio en su respuesta, ¿cómo podía el hechicero pensar en dañarlo? –Entiéndelo, están unidos, si mueres antes de tiempo el morirá contigo, si lo matas te asesinas con ello.

–Estuve en una guerra, he sido golpeado por un dragón y por gigantes de hielo; me he caído cabalgando, y me dices, que nada de eso pudo haberlo dañado.

–No eres una mujer y no es un hijo concebido de manera normal. Tu magia lo protege de todo, mientras conserves un hálito de vida en tu ser estará a salvo. Príncipe este hijo será extraordinario –le dijo sobrecogido, tratando de calmarlo, de obligarlo a ver la bendición que recibía.

–No se lo digas a nadie –Loki parecía agotado aunque su voz sonó serena. –Si lo haces juro que hallaré la forma de que pagues cara tu indiscreción

–No hace falta que me amenaces, este asunto no me atañe más allá de ilustrarte respecto a tu situación. No lo haré –Rurik se quedó en silencio. Loki se alejó como un autómata sin despedirse, cavilando lo que le había dicho. El anciano no pudo sino sentir pena por su destino.

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Loki sintió la furia corriendo por sus venas y el deseo de matar a su padre le corroyó el alma. Laufey lo sabía, ¡Laufey lo sabía! Por eso lo había apartado de Hildetand cuando manifestó sus poderes curativos; y cuando lo prometió a Thor y a Hagen a cambio de una alianza…. Loki, su propio hijo le había resultado tan solo un pie de cría al cual había que escogerle un semental. Recordó el día después de su boda, cuando Laufey había acudido a averiguar si Thor y él habían consumado su unión; ahora se explicaba la seguridad con que trató de devolverlo a Jötunheim. Y él, el mismo Loki le había increpado que lo único que deseaba era que quedase preñado. Empeñado en no ver lo obvio había pasado por alto aquello.

¿Qué era libre de Laufey? Seguía corriendo en círculos en la palma de su mano.

Sentía su cuerpo mancillado, ajeno, como si lo hubiera traicionado. Estuvo callado inclusive cuando se encontró a sí mismo en el banquete. Había música, carcajadas y conversaciones. Eyvindur conversaba con Thor, a saber que le decía su consorte pero el serio príncipe se reía. Y pensar que apenas unas horas antes eso le habría provocado los celos más feroces, en cambio en ese momento no le importaba. No le importaba nada. Ni siquiera podía huir de lo que le pasaba pues la maldición a la que su padre lo había empujado la llevaba consigo.

Thor se le acercó pero Loki lo rehuyó. Se encerró en sí mismo y aguardó a que las horas corrieran perezosas, tan sólo deseaba regresar a Asgard.

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El Bifrost se abrió y la embajada entró en la cámara que resguardaba el puente arcoíris. Loki no veía el momento para separarse del grupo. A su llegada a Valaskialf fue directo hacía los aposentos de la reina sin importarle la extrañeza de Thor o del mismísimo Odín. Jyana le salió al encuentro para anunciarlo pero él la pasó de largo y cerró la puerta tras de sí dejándola afuera. Frigga estaba en su propia biblioteca, sostenía un libro y cuando lo vio llegar le sonrió aunque ese gesto se le congeló en los labios al vislumbrar el semblante de su hijo.

–Necesito hablar contigo –pidió Loki sin mayor ceremonia.

Frigga captó la urgencia en su tono de voz, le hizo una seña para que se sentara cerca de ella.

–¿Qué sucede? –Le preguntó.

Loki no supo qué decir. Su mente se enmarañó igual que su lengua, algo sorprendente en él. Cerró los ojos por un momento intentando calmarse para dar paso a una conversación sensata y racional. Frigga extendió una mano y le acarició el rostro, aquel roce le imbuyó la determinación para confesar lo que lo atormentaba.

–Me dijiste antes, que si un día tenía el presentimiento de encontrarme… –su voz perdió un poco de fuerza –si tenía la sospecha de… –miró a Frigga, con sus ojos verdes llenos de temor y sin que ella entendiera nada de lo que estaba tratando de decirle. Loki intentó reírse de su propia falta de elocuencia pero no encontró el humor para hacerlo. –En Vanaheim me dijeron que… –se llevó una mano al vientre porque no pudo decirlo.

Frigga siguió el movimiento de su mano y se mostró tanto confundida como asombrada.

–¿Por qué lo sospechas?

–Mi magia se ha debilitado, un anciano de Vanaheim, el mismo que busqué hace meses, me dijo que soy un foreldrar. Un hechicero con la capacidad de engendrar vida –dijo atropelladamente.

Frigga lo observó detenidamente. No le preguntó si estaba seguro de ello ni le cuestionó lo que el anciano le había dicho con anterioridad, en vez de eso, tomó una solución más práctica.

–Habrá que confirmarlo.

Salieron de la estancia con Sköll y Jyana a la saga. Frigga tomó el brazo de Loki como si se sostuviera de él y avanzaron rumbo a las casas de curación. En el camino hicieron una plática superflua que hacía que quienes los miraran pensaran que era uno de esos típicos paseos de nobles. Al llegar, Frigga en vez de ir con Harma, entabló la plática con una de las sanadoras de mayor edad del lugar, quién era totalmente leal a Frigga y jamás la cuestionaba.

–¿Podrían dejarnos a solas? –Le pidió.

La mujer asintió llevándose consigo al resto del personal y a su doncella. Sköll se quedó fuera de la puerta para impedir que fueran interrumpidos. Frigga le pidió a Loki que se descubriera el torso y se recostara en el lector de almas. El aparato se activó. Loki observó primero su propio cuerpo proyectado. Frigga manipuló esa unión de magia y tecnología sin que encontraran nada anormal en el jötun. Loki rogaba en silencio porque todo fuera un error, un delirio de un anciano obsesionado con magia retrograda. La reina hizo algo y el cuerpo de Loki se apagó, las luces de la máquina se encendieron dando forma a una silueta, justo a la altura de su vientre.

–No –masculló Loki para sus adentros –nornas misericordiosas, no –estaba sudando frío dividido entre el temor y el rechazo. Apretó los ojos para dejar de verlo pero no pudo evitar escuchar los latidos de su corazón. Estaba vivo, sus palpitaciones más rápidas que las de un adulto. –Por piedad, no puede ser cierto –lo último lo dijo en voz alta.

Pero lo era, aquello que llevaba ya tenía el aspecto de un pequeño ser con sus dedos formados y sus manos, pies, su cabeza, inclusive había alcanzado a vislumbrar los parpados cerrados de unos ojos que tendrían que ser azules. Frigga se había quedado muda y luego susurró algo muy quedamente, algo que Loki no alcanzó a escuchar. Ella reparó en la palidez en su rostro.

–¿Te sientes mal? –Frigga posó una mano en su frente.

–Por favor –le pidió y ella entendió. El aparato se apagó y Loki se incorporó de inmediato. Frigga observaba su vientre. Loki hubiera querido huir de su escrutinio.

–En verdad es difícil notarlo. Eres tan delgado y magro que puedo vaticinar que no tendrás un vientre demasiado voluminoso ni siquiera al final.

–Al final –repitió Loki como en shock. Ella se le acercó y posó una mano en su hombro captando su atención y luego lo atrajo hacia ella. Loki se dejó abrazar, se quedaron quietos con el latido del pequeño engendro aún resonando en sus oídos. –Esta magia va a aniquilarme –le dijo a la reina sin soltarse de su regazo. Frigga lo estrechó con más fuerza mientras que él, por una vez en su vida, le relató toda la verdad sin adornos y sin evadir nada. Sólo ante ella pudo admitir lo débil, asustado y solo que se sentía ante aquella jugarreta fraguada por el que se decía su padre. Ya después le plantaría cara al mundo bajo su máscara de autocontrol, frialdad y cinismo; mientras Frigga le acariciaba el cabello y lo consolaba se permitieron ser madre e hijo.

–Loki escúchame con atención –dijo Frigga sin soltarlo, en pequeños susurros, con sus labios entre la negra cabellera de Loki –llevas en ti una magia demasiado poderosa, algo que causará fascinación, horror y avaricia. Nosotros te protegeremos, somos tu familia, así que cuéntale a Thor que yo haré lo mismo con mi esposo –lo dejó ir y le sonrió, una sonrisa cargada de tristeza –en cuanto a lo que te ha dicho el vanir, de que morirás… buscaremos una solución, debe haber algún modo de salvar de este lance del destino a ambos. Algún día recordaremos este momento y nos regocijaremos por la noticia que nos reveló. Te prometo que así será –Loki asintió deseando con desesperación creerle.

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Thor no había encontrado a Loki en sus aposentos. Le dijeron que se había encerrado con la reina en las habitaciones reales; le dijeron que se había visto muy serios a ambos y no quiso interrumpirlos. Ya había comprendido que Loki era así, que tendía a ocultarle las cosas y evadirlo cuando algo lo inquietaba, pero confiaba que al final el hechicero acabaría revelándole aquello que lo tenía perturbado. Cenó con Eyvindur y con sus amigos; se retiró temprano. Se suponía que debía revisar el informe de los avances de las tropas alfh que Odín había puesto bajo su mando pero no lo hizo. Confiaba en que Sif los había entrenado con tanta o más eficacia que él mismo. Dejó todos esos papeles y fue a dormir.

Sintió su presencia de una manera que no podía explicar. No lo había oído, aunque estaba adiestrado para prestar atención a las sigilosas presas durante la cacería; no lo intuyó como le pasaba con los enemigos que trataban de atacarlo por la espalda durante el combate, no sintió su respiración como podía hacer cuando lo rondaban silenciosos guerreros. No. Lo sintió latir acercándose y juraría que lo escuchó susurrar su nombre dentro de su mente. Se quedó quieto entre su cama. Loki se movía tan intangible y suavemente que cuando finalmente estuvo acostado a su lado fue como si se hubiera materializado de la nada.

A Thor le gustaba que hiciera aquello. Que fuera a él en medio de la noche y que se deslizara a su lado como si nunca se hubieran separado. El hechicero se acomodó de espaldas a él como hacía cuando simplemente dormían. Thor lo abrazó. Él era todo claridad como el relámpago, y luz y fuerza, energía indomable y sí, poco raciocinio. Loki en cambio era sutileza, frialdad y pensamientos rebuscados. Tan distintos que a veces Thor lo sentía muy lejano aunque lo tuviera entre sus brazos. Eso le pasó en ese momento. Lo atrajo hacía él y lo abrazó sintiendo su delgada espalda pegarse a su pecho donde encajaba a la perfección.

Debió quedarse dormido con Loki entre sus brazos, pero en ese momento el hechicero se movió despertándolo. Le pareció que sus hombros temblaban, ¿acaso estaba llorando?

–Dímelo todo, pues no hay nada que no haría por ti, ¿qué te preocupa Loki? –eso iba a decirle pero el ojiverde se giró hacía él, sus ojos no delataban ninguna lágrima. Su amado buscó un beso, y aquello le pareció más apropiado a Thor que cualquier palabra. Loki lo besó despacio y largamente, con una nostalgia que a Thor le supo a despedida. Sintió una amenaza vedada pendiendo sobre ambos. Lo tomó del cuello y lo observó bajo la tenue luz de la luna que se colaba por los ventanales de su habitación.

–¿Puedes amarme? –Le inquirió Loki y fue a por otro beso.

Thor lo desnudó con hábiles dedos y Loki desnudó a Thor con su magia. Cuando las manos del dios del trueno se encontraron con el cuerpo de su deseo lo sintió más frío que nunca. A Thor le costó muchas caricias y muchos besos repartidos en puntos precisos donde sabía que a Loki le gustaba ser tocado; para deshacer toda aquella frialdad. Por fin Loki se le rindió. Cerró los ojos y se quedó muy quieto, disfrutando del tacto de Thor en su piel, de su aliento marcándolo y del calor que irradiaba su cuerpo mientras lo cubría. Su pálida piel adquirió color, y cuando su sangre empezó a palpitar agitada fue como si Thor lo hubiera sacado de un trance mortal y lo hubiera devuelto a la vida. Loki se le subió encima y fue su turno de recorrer al dios del trueno, de disfrutar de ese cuerpo forjado en mil combates, de enredar sus manos entre su cabello y atraerlo hacia él para luego soltarlo y darle placer con los labios. Thor le separó las piernas, lo tocó y finalmente se hundió en él, con todo lo perfecto que siempre les resultaba aquello. Loki lo miró con ojos relucientes, ahí estaba el placentero dolor de ser hendido por su amante pero junto con todo eso que a Thor ya le resultaba familiar e indispensable, había tristeza infinita.

El dios del trueno no era dado a desesperar ni a atormentarse pero al clavar su mirada en aquellos orbes verdes tuvo el presentimiento de que esa era la última vez que estaban juntos de aquella manera. Si hacía unos días le hubieran planteado ese razonamiento hubiera procedido a hacer suyo a Loki con desenfreno, repetida y bestialmente, para colmarse de él, para tratar de saciarse sabiendo que fallaría en el intento. Pero en ese momento, con la certeza de que algo terrible estaba por apresarlos no hizo nada de eso. En cambio se quedó quieto dentro de Loki. Sin soltarlo se puso de rodillas sosteniéndolo sobre él, y abrazándolo empezó a moverse con parsimonia; todo eso sin soltar su mirada. Refrenó sus ganas de embestidas veloces, de sacarle un grito, de desgarrarlo si era necesario en su galope hacia el orgasmo, sus ganas de correrse en su interior para tomar un descanso y empezar de nuevo hasta que sus cuerpos no se sostuvieran por sí mismos. En cambio se abrazó a él, a su interior y a su alma, como si quisiera quedarse así, fusionados permanentemente. Se movió y Loki suspiró. Se movió y Loki gimió. Fue ampliando sus movimientos de a poco, alargando aquel ritual dedicado a ellos dos. Sintió el latido de Loki pegado a él, fue cediendo, acometiendo despacio pero profundo, sacándole aquella tristeza del cuerpo al ojiverde, obligándolo a dejar de pensar en un posible final, trayéndolo de vuelta a su lado. Siguió sujetándolo con un brazo y acariciándolo con la mano libre, besándolo mientras le hacía todo lo anterior, mordiéndole los labios, agitándose con más fuerza.

–Thor –cuando Loki dijo su nombre en medio de todo eso fue como si le jurara amor eterno. –Thor –cuando a su nombre le imprimió un jadeo contenido Thor supo que lo tenía al borde del orgasmo.

No estaba seguro si él trastornaba a Loki o si le devolvía la cordura. Lo recostó de espaldas y le separó las piernas tanto como pudo para poder hundirse en su interior a su antojo. Loki se mordió los labios, dejó caer sus brazos a los costados de su rostro. Thor siguió. Lo amaba, y lo sentía en cada poro de su piel, lo exhalaba al respirar a la par de su amado, lo gritaba su cuerpo en aquel esfuerzo de adorarlo, se lo susurró mientras alcanzaba el punto álgido y estallaba junto con él. Se lo juró cuando se estiró sobre el cuerpo exánime de Loki y lo besó una última vez.

El dios del trueno tenía el rostro del hechicero tan cerca del suyo que no podía ver más allá de él. El jötun no dejaba de contemplarlo, Thor lo acarició pero Loki apartó su mano aunque entrelazó sus dedos con los suyos, sus respiraciones aún no se normalizaban.

–Thor, tengo que confesártelo –por un insensato instante creyó que iba a corresponder a las palabras que le había dedicado –en mi interior llevo a tu hijo.

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CONTINUARÁ…