DE ARDIDES Y MENTIRAS
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CAPÍTULO XI
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Breves notas de la autora:
Créditos financieros a los mismos de siempre. Cuencas Vacías, gracias, gracias, sin ella este capítulo no hubiera sido posible, agradezco tus escenas de batallas emocionantes y tu amor incondicional a cierto dragón negro que lo ha traído de vuelta. Agradezco igualmente a las personas que me han dejado review (y que además puedo responderles directamente) y a quiénes se han sumado dándole un favorite o un follow. Gracias a quienes lo han leído desde su inicio como a los que se han sumado a lo largo del fic, también a quienes lo leen de manera anónima, lo recomiendan con sus amigas, usan sus vacaciones para leerlo por completo y a quiénes leen lo que pongo en esta sección xD. Sus palabras de aliento nos animan. ¡Saludos a Sonora!
Agradezco a Loki por la oportunidad de hacer que vuelva la guerra, como la echábamos de menos.
Por último. En este capi nuestros héroes pasan por Hel. En la mitología la reina de ese sitio es hija de Loki, pero aquí nos apegamos al comic donde no está emparentada con él por sangre. Y también aquí llega Karnilla, =) Es canon y los poderes que le dimos de hecho sí son de ella (yey!).
Sólo me queda decir que este es el penúltimo capítulo y que nos veremos el próximo fin de semana.
ADVERTENCIAS: AU, Mpreg, Thorki, traiciones, sangre, tripas y libertades creativas.
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Capítulo XI
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Heimdall había transmitido el mensaje de Frigga: "Vuelve, te necesitamos en Valaskialf", a través de un heraldo. Thor sabía que su madre jamás lo llamaría si no tuviera una razón para ello, mucho menos cuando sabía que estaba en la búsqueda desesperada de la bruja norn. No hizo esperar al correo con una respuesta escrita, ni estuvo dispuesto a dejar a sus hombres varados en Alfheim.
–¿Qué dice? –Preguntó Fandral.
Thor le dejó leer la nota. No decía en realidad mucho, por ello mismo le preocupó.
–Volvemos a Asgard –les informó. Los ulfhednar se aproximaron, tomando la posición para ser transportados por el portal. –Heimdall –lo llamó Thor. La luz del bifrost cayó sobre ellos.
En el observatorio Heimdall le lanzó una mirada significativa que Thor no supo interpretar, pero no le dijo nada, el guardián se apostó a la entrada a Asgard a contemplar las estrellas, o si acaso a alguien con suma atención. Aquella extraña forma de comportarse, le hizo a Thor recorrer el camino al palacio con rapidez, ni siquiera se despidió de sus hombres ni les dio las gracias por la búsqueda, algo que no era propio de él.
Su madre le había convocado con premura pero como siempre, primero acudió a sus aposentos para saludar a Loki. Los nobles y sirvientes con los que se encontró, le dirigieron miradas de sorpresa y a más de uno lo vio murmurar cosas inteligibles, algo estaba sucediendo en Valaskialf, algo que posiblemente no le iba a gustar. Al entrar a sus habitaciones, le extrañó que no apareciera Radha a recibirlo, se detuvo ante la puerta de la recámara.
Dudó. Trató de tranquilizarse diciéndose que Loki estaría al otro lado dormitando sobre un sillón, con aquel libro de pastas negras que a últimas fechas siempre tenía con él, a punto de caérsele; y que en cuanto lo despertara, le lanzaría una mirada enojado por haberlo hecho. Empujó la puerta, pero encontró en cambio a su madre aguardándolo.
Frigga, que lo conocía bien, lo había esperado directamente en dónde sabía que le iba a encontrar.
–Hijo. –La esperanza de que Loki estuviera ahí se desvaneció ¿es qué acaso mientras él estaba en Alfheim se había adelantado el parto? El miedo le atenazó el corazón. –Me gustaría que hubiera una manera de decir esto que no te provoqué dolor pero no la hay, así que seré directa: Loki se encuentra en Jötunheim. Su padre le secuestró con ayuda de Ull hoy en la mañana, Heimdall asegura que está bien, no le han hecho daño a él ni a su hijo –soltó de un tirón.
Thor se desconcertó, cerró los ojos digiriendo las palabras de su madre. El temor que sintió en un principio dio paso rápido al enojo, soltó de golpe el Mjölnir quebrando el piso.
–¿Cómo pasó? –Quiso saber. Su madre le habló de Radha y las heridas que Ull le propinó, que fue el mismo amigo de Loki quién le había secuestrado, inclusive que Heimdall le había visto atrapado pero ileso en su alcoba de Jötunheim. Thor apretó los puños. –¿Dónde está mi padre? –Inquirió con la rabia bullendo dentro de él.
–En los campos de entrenamiento –le respondió Frigga.
Thor abandonó sus aposentos rápidamente. Los einheriar con los que se encontró se quitaron de su paso y nadie osó cruzar una palabra con él. Mientras caminaba maldijo a Laufey por no dejar en paz a Loki, por seguir interviniendo en su vida cuando no tenía cabida ya en ella; se enfadó con su propio consorte porque siempre desconfiaba de todo y de todos y no había podido prever que su amigo le traicionaría de esa manera, con los hired por no haber impedido tal acción y consigo mismo por no haber estado ahí. Su humor trastocó el clima de Asgard, la tormenta se desplazó por un cielo surcado por inocentes nubes que sucumbieron ante el encono del dios. Encontró a su padre mirando los campos de entrenamiento justo cuando el sabor amargo de su propio coraje le inundaba la boca. No había nadie en adiestramiento, los soldados corrían presurosos de un lado a otro preparándose. Odín reparó en él, se giró con lentitud. Iba ataviado con armadura.
–Partimos a Jötunheim mañana a primera hora –le dijo sin más. Desde luego que nada pasaba sin que Odín lo supiera. –Starkag ha partido ya con una fracción de berserkir hacía Ostlandet, van a tomar Alfheim y a pasar por armas a la guarnición jötun. Le he dado la orden a Bran de preparar tanto a los alfh como a nuestros propios guerreros, mandé a tus amigos a formar al ejército. Jötunheim es el reino más difícil de asediar, necesitaremos a todos nuestros hombres –dijo girándose a ver el balcón. –Deberías alistarte –añadió.
–Yo estoy listo –dijo Thor. Las disposiciones de su padre en cuanto a marchar contra Laufey le agradaron. –Aprovecharás el momento para hacer la guerra –le dijo de pronto. No pudo evitar tener la certeza de que su padre tenía la excusa para atacar a su antiguo aliado. Aquella afirmación hizo que el Padre de Todo le prestara atención, por un momento le vio un brillo en los ojos.
–Desde luego, eso deseo. Tu madre anhela que traigamos de vuelta a aquel al que llama su hijo, y a nuestro nieto de cualquier forma, y tú…
–Cazar a Laufey como a un perro –dijo. Tenía intenciones de cumplir las promesas que le hizo a Hildetand.
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Odín salió del bifrost tras que su ejército lo hiciera. Tras su partida había dejado una serie de disposiciones que Frigga como regente tendría que atender, tales como investigar que sucedió en la puerta de Eldgjá, pues no consentía que sus fronteras no estuvieran a salvo. Starkag había triunfado en Alfheim al tomar desprevenidos a los jötun que no habían sido advertidos de las acciones de su rey, le había prometido a su general que Alfheim sería suyo como regente en lo que Adalster terminaba su formación en Asgard para después casarlo con su sobrina Danna, y así algún día los sobrinos de Starkag serían reyes alfh. Era su recompensa por tantos años de lealtad.
Habían levantado únicamente una tienda para el concejo de guerra, el campamento como tal no se montaría sino hasta que las máquinas estuvieran emplazadas. Odín no era tan intransigente como los otros reyes pensaban, le había dado un día a Laufey para enviar un mensaje acerca de Loki pero al ocultar el paradero del joven aun cuando era consciente de que Heimdall podía verlo, no había hecho sino afianzar la decisión de marchar a Jötunheim. Una vista del ejército asgardiano llamando a sus puertas podría hacer a Laufey recobrar la cordura, como también recordarle las derrotas que Asgard le había granjeado.
Ordenó que los segundos capitanes se encargaran de mantener al ejército en formación mientras convocaba a su concejo, esta vez invitó a los tres guerreros y a Lady Sif. Su secretario personal tendió un mapa sobre Feigefossen, tenían distintas versiones sobre él mismo pero este último era una interpretación que Odín ordenó a sus bibliotecarios extraer a Vill y Ull provechándose de su gran amor por la arquitectura, lo habían hecho con pláticas inocentes y luego fueron dibujando las impresiones que daban con sus detalles. Feigefossen era inexpugnable. Nunca había sido tomada. Estaba constituida por un castillo rodeado de un muro interior, y un muro exterior forjado en hielo, en mármol y en bronce. Tenía una entrada frontal principal y algunas más pequeñas esparcidas por sus murallas. A su alrededor se levantaba Utgard, la capital del reino. A la llegada de los aesir los habitantes se apresuraron a refugiarse tras los muros del castillo. Odín había ordenado que descendieran sobre la planicie, pues a un costado de la fortaleza se hallaba un precipicio que desembocaba en un mar helado.
–Hay dos grandes problemas –inició Bran –el cofre de los fríos de los cojones y sus malditas bestias. Una de ellas puede asesinar a veinte guerreros impunemente antes de que la hagamos caer. Aquí está su criadero, tienen suficientes para destrozar toda la falange hired y no dejarnos volver a emplazar la maquinaria –dijo señalando el punto donde se encontraban.
En realidad había tres problemas como Odín recordaba. Lo difícil de asediar Jötunheim no eran sólo los habitantes y las duras construcciones sino que el clima del reino jugaba en contra de quienes intentaban conquistarla. En época de tormentas nevadas era imposible sobrevivir, y de no tener provisiones, estas no se podían obtener arrasando los poblados aledaños. No podían asediar Feigefossen, si planeaban entrar por la fuerza, aquella guerra no podía durar años, ni siquiera meses.
Devolvió sus pensamientos a lo que su general decía, aguardó a que Thor se ofreciera a matar aquellas bestias para estar más cerca de conseguir liberar a Loki, una acción precipitada que Odín hubiera rechazado pero en cambio no dijo nada. Estaba demasiado silencioso, demasiado enojado como demostraba claramente el clima, su proceder no le hizo creer que decidiera ser mesurado sino que estaba iracundo como jamás le había visto, Odín debía encauzar su ira.
–Tal vez –inició Sif –hay una manera en que las bestias nos sean útiles en vez de perjudiciales.
De pronto la cortina se abrió, un ulfhednar asomó interrumpiendo a la valkiria.
–Rey, un heraldo jötun trae un correo –le informó.
Odín mandó a quitar los papeles que estudiaban. El gigante llevaba un pergamino que Bran tomó en nombre de su rey y leyó en voz alta. Laufey deseaba hablar sobre las razones por las cuáles Odín, contraviniendo su alianza, llevaba la guerra a sus tierras. Deseaba una plática entre ellos dos únicamente, sin generales ni hijos. El Padre de Todo le hizo una seña a su secretario para que a su vez le entregara un pliego con sus propias peticiones que tenían listo de antemano por si la situación se presentaba.
–Si Laufey desea hablar conmigo, aceptaré su invitación si a quién envía para pactar la reunión es al príncipe Loki. Le doy el día de hoy, de no hacer caso a esta petición, el único diálogo que tendremos será mediante las catapultas –dejó en claro.
El jötun pareció ofendido y asombrado. Se quedó parado esperando que quizás Odín añadiera algo más que decirle a su rey que aquellas palabras, pero se marchó presuroso cuando Thor hizo amago de ponerse en pie. La tienda se quedó en silencio, el dios del trueno ni siquiera se había levantado.
–No tenemos tiempo –dijo Thor por fin. Odín tenía conocimiento de lo avanzado de la gestación de Loki a través de Frigga, su nieto debía estar por nacer. –No lo va a devolver –añadió Thor con voz lúgubre.
–Es verdad –aceptó el Padre de Todo, le agradó que su hijo lo supiera porque así se enfrentaba a la realidad. Laufey había emprendido una acción desesperada al sustraer a Loki de Asgard de esa manera, llegado a ese punto no podía retractarse y aunque lo hiciera, era demasiado tarde porque Odín había decidido no darle una segunda oportunidad. La primera se la dio cuando asesinó a Hibald. –Lady Sif, continúa con lo que estabas diciendo –le cedió la palabra.
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Su padre ordenó a los guardias que le llevaran de vuelta a sus aposentos mientras él se encargaba de los ases. Loki se dejó llevar sin oposición. Una vez dentro, abrió una ventana para contemplar una parte del ejército asgardiano, la demás quedaba oculta por la fortaleza. Una fracción del ejército terminaba la construcción de los arietes y catapultas, mientras que el grueso de las filas empezaba a dar voces, a rugir con una sola entonación, golpeando sus escudos con las espadas o con las lanzas. Loki jamás había estado en un castillo sitiado y ahora comprendía la desazón de los norn en Ijósálfar y de los alfh en Ostlandet. La visión del poderío del ejército asgardiano no era cualquier cosa, sintió que la piel se le erizaba.
Meditó los sucesos futuros. Odín ordenaría su devolución, Laufey haría tiempo con los heraldos pero no obedecería, posiblemente se reunirían, dialogarían entre ambos reyes, hasta que colmaran la paciencia de Thor que no dejaría que pactaran nada que no significara libertad para él. Era él la llave de una nueva tregua entre ambas naciones pero lo que Loki deseaba era que aquella guerra terminara mediante las armas y que no hubiera ningún tratado, podía asegurarse de eso de una sola manera: que la afrenta fuera tan grave que no se pudiera resanar sino con sangre. Como si las nornas escucharan sus plegarias, las puertas de su alcoba se abrieron y su hermano apareció. Hildetand se quedó paralizado en el dintel hasta que se animó a entrar y le observó de esa manera que a Loki tanto le molestaba. Loki hizo un esfuerzo para crear una barrera para impedir a Heimdall mirarlos, el brilló de sus manos se extendió por la alcoba y su cabeza punzó.
–¿A qué has venido? –Le preguntó Loki.
–No lo sé –reconoció su hermano sorprendiendo por una vez al aesir. –Cuando padre me contó que los asgardianos te hicieron uno de los suyos y te desterró del reino, me alegré. Y ayer no entendí cómo es que no impidieron a Ull traerte en contra de tu voluntad, pensé que era porque en realidad no les importabas y ahora están a las afueras para a reclamarte. He intentado convencer a nuestro padre para que te deje marchar pero está empecinado en negarse, para mí, no vales una guerra –le dijo.
A Loki le alegró por un momento la necedad de su padre.
–Es porque eres corto de miras –dijo Loki. –Laufey no me quiere a mí, quiere a quien llevo dentro –y al decir esas palabras colocó una mano sobre su vientre, como si Hildetand no lo hubiera notado. –Siempre ha querido un sucesor digno de él, y no luzcas sorprendido porque eso ya lo sabías; cree que obtendrá un guerrero portentoso si espera un poco más y por ello está dispuesto a sangrar el reino –le explicó.
–Entonces en cuanto lo escupas, te va a matar –dijo Hildetand. Su hermano no estaba al tanto de las consecuencias de aquella magia, y Loki no tenía ningún deseo de explicársela.
–Y a ti igual –dijo, y luego se rió –si no eres leal, si no te inclinas ante el próximo heredero de Jötunheim, también te cortará la cabeza. ¿Para qué te querrá si obtendrá lo que siempre ha deseado? –lo aguijoneó.
Hildetand apretó los puños molesto, se movió de la puerta y se acercó hasta donde se encontraba Loki. Colocó cada una de sus manos en el alfeizar de la ventana. Miró hacia el exterior, podía empujar fácilmente a Loki si así lo deseaba, desde esa altura no quedaría mucho de su hermano menor.
–Podría matarte ahora mismo y veríamos si la discusión acerca del próximo rey de Jötunheim continúa –le dijo con gesto cruel. Loki descubrió que a pesar de sus palabras, no le tenía ya el mínimo temor a su hermano.
–Tú y yo sabemos que en realidad eres incapaz de matarme –dijo con voz cansina –y si reunieras el valor para hacerlo, por asesinar a su pequeño sucesor, Laufey te decapitaría y los asgardianos no dudarían ya en atacar. O si Laufey no te matara por darle muerte a su nieto, sería porque un heredero débil es mejor que no tener ninguno, ¿y qué adquirirías sino un reino destruido? Eso considerando que pudieran ganar esta guerra –auguró. Hildetand jamás había podido ganarle en una discusión, no iba a ser ese el día en que lo consiguiera. –Aunque hay una tercera opción –añadió poniendo mayor interés en su hermano, y descubrió que Hildetand le prestaba atención.
Empujó a Hildetand suavemente con una mano y éste se apartó de la ventana sin impedirle volver al interior de sus aposentos.
–Ayúdame a escapar. Soy el único que podrá convencer a Thor y a Odín de marcharse de Jötunheim sin causar ningún daño al que será un día tu reino. Algún día gobernaré Asgard así que no tengo ningún interés en continuar siendo el segundo heredero de… esto –dijo barriendo con la mirada la que anteriormente había sido una estancia digna de un príncipe pero que en Valaskialf no era nada. Vio a Hildetand pensarlo. –Laufey no tiene porqué saber que fuiste tú, yo nunca se lo diré –añadió riéndose.
–Está bien –aceptó por fin Hildetand.
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Hildetand estaba al tanto de que su padre había querido otro sucesor porque no estaba orgulloso de él, por eso trajo a Járnsaxa a Jötunheim y tuvo un heredero con ella; aunque al final lo que resultó fue una decepción más grande para Laufey. Pese a ello, Farbauti jamás perdonó a la vanir y cuando Laufey la asesinó, no hubo día en que no le dijera que habría que enviar al hijo junto con la madre. De haber querido, pudo haberlo hecho, a Laufey parecía no importarle el destino de Loki pero Hildetand no olvidaba que aquella lastimosa criatura continuaba siendo su hermano, además era demasiado pequeño para provocar un verdadero daño. Si le ayudaba a escaparse en ese momento no era por instinto de protección sino porque Jötunheim no era el lugar de Loki, debía irse, y si era verdad que podía detener a los asgardianos de continuar con la guerra, lo prefería a tenerle ahí amenazando con aquella brujería extraña que llevaba en su vientre.
Antes de urdir el plan de escape, tuvo que soportar la furia de su padre al saber que su general Ásgeir había sido muerto por los ases, con lo que habían perdido Alfheim y no tenía tiempo ni hombres para enviarlos a recuperar aquel reino. Fue déspota con el heraldo que había enviado y maldijo a Odín por sus palabras y órdenes. La declaración de guerra iba muy en serio.
El mejor momento para ayudar a Loki a escapar era antes de que la contienda iniciara así que ordenó a los guardias que lo custodiaban, que se sumaran en la defensa de las murallas. Nadie nunca osaba desafiar sus órdenes y ese momento no fue la excepción. Le hizo una seña a Loki que saliera. Su hermano le siguió en silencio, ninguno de los dos tenía nada que decirle al otro, sólo en una ocasión le hizo un gesto de qué esperara mientras unos soldados pasaban hacia la salida exterior. No es que Hildetand temiera que los viera, es que prefería que nadie los observara juntos evadiéndose. Se sintió aliviado cuando terminaron de descender hasta las mazmorras. En esa zona había un pasadizo que llevaba al exterior del lado del acantilado. Era peligroso desfilar por el borde pero Loki era menudo y no pesaba lo que un gigante, así que podría hacer el recorrido en pocos minutos. Apoyó el hombro sobre el codo y forzó la entrada secreta, adentro era una boca de lobo pero se podía sentir el viento frío que indicaba por donde había que ir.
–El ejército asgardiano está hacia el sur –le indicó, no tenía nada que advertirle de la salida, Loki ya la conocía. Miró a su hermano, lucía cansado y por un momento Hildetand pensó que se iba a caer. –Esto es todo –añadió con una despedida que deseó fuera la última.
Extendió una mano para tomarlo del hombro y hacerlo caminar, pero cuando lo hizo, Loki desapareció. Lo buscó con la mirada pero no lo halló, miró el pasadizo, juraría que escuchó unas pisadas corriendo a través de él.
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Cuando había visto las tropas ases y alfh tomando posición para atacar el castillo que lo vio crecer había sentido un nudo en el estómago. Se había pasado toda la vida deseando venganza, cobrarse mil humillaciones y maltratos; ofrendar en el altar de su odio litros de sangre jötun, y de preferencia la de su padre. Cuando se dio cuenta de que Thor lo amaba se sintió feliz de una manera que nunca antes había sentido, pero en su momento no supo si era porque él también amaba a Thor, o por el sexo que lo tenía alucinado, o por la forma en que su vida parecía ir tan malditamente bien por una vez. Cuando supo con convicción que Thor lo amaba aquella felicidad se vio contaminada por una nueva certeza.
–Haz que Thor mate a Laufey –le dijo su niño interior y él se negó. Thor era todo luz y, a pesar de sus arrebatos de lujuria, cierta inocencia. Si Loki lo empujaba a matar a su padre mancillaría a la persona que amaba. La asquerosa sangre de Laufey mancharía sus manos de forma indeleble y además, si alguien iba a quitarle la vida a ese hijo de mala cuna sería él, inclusive tenía el discurso preparado para el momento en que le sesgara la maldita cabeza. Pero aquello no maduró.
Loki se aplacó, se puso a estudiar para ser un buen príncipe consorte, se concentró en odiar menos a Laufey y querer más a Frigga, se olvidó de Hildetand y las palizas que le dio, se olvidó de Járnsaxa y su muerte impune y mejor salió a cabalgar en Tanngrijos. Mejor se dedicó a hacer el amor con Thor desaforadamente hasta que hubo días en que no supo donde empezaba él y donde terminaba Thor. Se dedicó a ser feliz y dejó por la paz la oscuridad de su alma.
Y entonces apareció Engendro. Vino a recordarle que de una retorcida manera le pertenecía a Laufey, a decirle que seguía siendo parte de un ardid en contra de aquellos que quería, a ponerle fecha a su ejecución, a destruir su magia, deformar su cuerpo y a erigirse como una barrera entre Thor y él. Y Loki volvió a odiar a Laufey.
–Haz que Thor mate a Laufey –volvió a ser el grito clamoroso y desgarrador emergido de su ser.
Aun así cuando vio el ejército asgardiano no pudo regocijarse ni regodearse con su éxito como lo ameritaba. Y eso fue porque le faltaron fuerzas para hacerlo, porque toda su inteligencia, su determinación y su rencor los tenía concentrados en llevar a cabo aquella traición. Robarle el cofre de los antiguos inviernos en la guerra, no hacía sino asegurar la derrota de su padre.
El brillo azul que despidió el cofre fue como un faro que iluminó su determinación. Se había separado de Hildetand en cuanto salieron de la alcoba para ir a buscar la reliquia. Siempre había sabido donde estaba y para obtenerla no tuvo que pelear con los gigantes que custodiaban aquel tesoro, ni siquiera tuvo que entrar en la cámara, sólo le bastó con sentir su poder para convocarlo a sus manos donde ahora brillaba. A Loki le parecía irónico que justo lo hubiera obtenido con el hechizo que usaba para desnudar a Thor.
Sacó de sus ropas el diario negro, las palabras que antes le habían dado aliento le hicieron entender una cosa, si su problema era la muerte pues debía hablar con la reina de la misma. Tenía que viajar a Hel. No fue fácil saber cómo hacerlo. Stánic, sin tener la intención, le narró cómo Hagen pactó con Surtur y de ahí supo que tenía que buscar en los textos norn, no en los aesir. Su pequeño diario negro tenía el encantamiento para hacerlo pero era verdad que él no tenía la magia para abrir un portal y ese fue un verdadero problema hasta que habló con Eyvindur. El elfo le contó sobre la confluencia de los ríos y de la necesidad de una reliquia, y entonces supo lo que tenía que hacer.
Se dirigió al único lugar donde no habría nadie en ese momento, la biblioteca. En antaño su refugio. Trazó las runas en el piso que le llevarían a Hel, sostuvo en alto el cofre de los antiguos inviernos y lo hizo funcionar para que energizara el portal. Con la fuerza del cofre no tenía que usar la propia, sin embargo una vez que las runas empezaron a brillar, Loki supo que tenía que echar mano de lo último de magia que le quedaba. Cantó el hechizo para abrir el portal y pronto se trazó un sendero que terminó en un vórtice. Ni siquiera miró hacia atrás antes de cruzarlo.
El viaje por el portal lo hizo sentir que su cuerpo se fragmentaba antes de volver a unirse. Perdió el sentido de orientación. Se sintió enfermo, buscó asideros pero no encontró ninguno y se desplomó. Instintivamente se sujetó el abdomen el cual percibía tirante y rígido. La náusea se instaló en su cuerpo subiendo por su garganta. Se sintió extraño, como si su cuerpo no fuera suyo. La habitual energía que fluía por su ser, su intuición, el cosquilleo en sus manos en cada hechizo; todo se había ido. Su magia se había extinguido, casi por completo, en aquel último esfuerzo de cruzar a ese reino, excepto por su aspecto aesir el cual conservaba.
Abrió los ojos, estaba tumbado sobre el yermo mirando un cielo rojizo teñido de nubes tormentosas. No tenía fuerza para moverse así que se quedó dónde estaba con el palpitar de su propio corazón retumbando en los oídos, la vista borrosa y los miembros pesados.
Hacía calor, el aire se sentía enrarecido y el aullido de los lobos le dio la bienvenida al reino de Hel.
–¿Es una mujer? –Inquirió una voz rasposa pero femenina que se escuchaba distante. –Está preñada.
–Sea lo que sea es un intruso, denle muerte –respondió otra voz.
Loki trató de incorporarse, debían ser las temibles dísir. Las valquirias que hacia eones habían traicionado a Bor, cometiendo el crimen de devorar a los aesir que debían conducir al Valhala. Su sempiterno castigo fue el destierro de todos los reinos, vagar como espíritus hambrientos consumiendo las almas de los desdichados que llegaban a sus manos; hasta que Hela les dio cabida en su reino. Habitantes de cuerpos putrefactos y carcomidos por el tiempo. Y ahora hablaban de él.
Quiso replicar pero no pudo. Sintió al hijo de Thor removerse.
–Vamos Engendro, sé bueno –le pidió. Se incorporó despacio. –Humildemente solicito audiencia con la diosa Hela –logró articular.
Contempló a las dísir, eran tres. Las veía borroso y si le respondieron no se enteró. Seguía sujetándose el vientre. Si era necesario les rogaría. Ellas estaban consultándose entre sí y al parecer tomaron una resolución, las vio desenvainar sus espadas.
–¿Qué pasa? –Inquirió una potente voz masculina. –¿Por qué no están patrullando?
–Capitán, encontramos escoria con pulso –respondió alguna –dice que quiere ver al ama, pero ante nuestra señora sólo llegan los muertos así que lo íbamos a poner presentable. –Loki vio al mencionado capitán emerger entre el terreno rocoso.
–No se mofen descarnadas e insubordinadas, aquí no se mata a nadie sin que medie orden alguna; y menos a una mujer encinta –el capitán se acercó envuelto en un manto negro, portaba un yelmo cuya cimera era un dragón, la voz se le antojaba familiar a Loki.
–No es una mujer –rezongó todavía una de aquellos esperpentos.
–Por Ygdrasill. –aquel capitán debió verlo en muy mal estado pues lo sujetó de los hombros antes de que diera con sus huesos en el piso. –Vendrá conmigo, ustedes vuelvan a su trabajo. –Las dísir lo insultaron y se quejaron por perder una presa que prometía ser divertida.
–De eso nada, tenemos más derecho a decidir que tú, escupitajo del infierno –no eran los soldados más disciplinados.
–¡A callar! –Se pusieron a discutir, Loki procuró no vomitarle encima a quién trataba de ayudarlo.
Sintió que se movían y se aferró a él. Las dísir quedaron atrás. Aquel capitán lo obligó a andar casi arrastrando los pies como si llevara cadenas de muerte rumbo a una fortaleza que se vislumbraba en la distancia.
–Loki no desfallezcas. Te cargaría pero al castillo de Hela cada quién debe entrar por su propio pie –se disculpó el capitán y el hechicero lo reconoció en el tono en que dijo su nombre.
–Hagen –si hubiera podido pensar con claridad le habría cuestionado lo que hacía en ese lugar y su voz hubiera sonado muy sorprendida pero en su estado de embotamiento y malestar dio por hecho que era normal encontrarse con el dragón negro en Hel.
–¿Qué haces aquí? –Hagen sí que podía hacer preguntas –y más aún ¿qué rayos es eso? Pareciera que estuvieras esperando un hijo.
Loki no estaba para dar respuestas así que ignoró todas las preguntas.
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Llegaron a las puertas de la fortaleza. Elvidner, se llamaba Elvidner recordó Loki. Un nuevo grupo de dísir intentó frenarlos. Hagen lo soltó y Loki se escurrió desmadejado hasta el suelo. La discusión casi degeneró en altercado.
–Debí saber que no sería tan fácil –se dijo, aunque contaba con ayuda. Hagen ya volvía hacia él, lo ayudó a levantarse y lo instó a caminar. Adentro de Elvidner el aire se respiraba con más facilidad, hacía frío y eso lo ayudó a despejarse un poco. Se dejó conducir, terminaron en una habitación algo pequeña, apenas una cama y un par de sillones, con un ventanal cuyas cortinas permanecían cerradas.
–Descansa –le dijo Hagen ayudándolo a tenderse. Loki cayó dormido casi en el acto.
Despertó, a saber cuánto tiempo después, para encontrarse con un paño mojado sobre la frente y una mujer de cabello crespo y negro cuidándolo. Su abrigo había desaparecido y llevaba la ropa abierta exponiendo su gestación a la vista de aquella extraña. Ella parecía no haber reparado en que aquel que cuidaba estaba despierto y además taladrándola con los ojos. Le puso un nuevo paño… en la barriga. Se sintió fresco y bien pero aun así Loki se revolvió molesto y le sujetó la muñeca. Apenas toleraba que Frigga, quién para todo efecto era su madre, lo auscultara y ahora aquella mujer se atrevía a manosearlo. La joven le lanzó un regaño tácito, le agarró la mano con que la había agredido y la apartó para luego empujarlo de vuelta a recostarse y seguir con lo que hacía. Le cambió el paño de la frente y además de eso sacó una infusión casi de la nada y se la acercó a los labios. Algo en su manera de moverse, seguridad, autoridad o que Loki estaba fuera de su elemento; pero se dejó cuidar juntando energía para volver a ponerse a la defensiva.
–¿Quién eres? –Le preguntó entre sorbo y sorbo de aquella bebida fría, un poco amarga pero que aplacó su malestar casi de inmediato.
–Casi no hablo asgardiano –le dijo ella con marcado acento. –Hagen me pidió cuidarte.
–¿Dónde está él? –Ella no dijo nada. Loki probó en alfh y luego en norn, que no por nada dominaba los rudimentos de ambos idiomas.
–Tu acento norn es espantoso –le respondió ella en esa lengua.
–Y tu asgardiano parece un balbuceo infantil –ella no se alteraba, era joven pero se conducía como una anciana. –¿Dónde está Hagen?
–Afuera, seguramente peleando con su tropa de dísir –sonrió como si le resultara divertido. –No te preocupes por él, sabe cómo manejarlas.
–¿Quién eres? –Volvió a inquirir fijándose en sus ojos, negrísimos como una noche sin luna. Supo la respuesta antes de que ella la dijera.
–Soy prima de Hagen, mi nombre es Karnilla. –Terminó de beber y se incorporó. Se quitó los paños de la frente y del abdomen; volvió a cerrarse la ropa. –A Hagen por poco y le da un desmayo cuando vio tu estado. –Loki apretó los labios. –Es magia vanir, pensé que eras un jötun.
–Mi madre era vanir –se sentó. –¿Sabes lo que implica el que esté gestando un hijo? –Ella asintió.
–Por eso viniste a Hel, para rogarle a la diosa que perdone tu vida. –Stánic había dicho que ella era una bruja poderosa y también una doula.
–¿Tengo otra opción? –Karnilla se quedó callada. Loki miró en derredor, el lugar le resultaba austero pero al menos estaba fresco, no había efectos personales a la vista. Junto a la cama había una cómoda y sobre esta encontró su abrigo y también el pequeño libro negro que lo había acompañado en esa travesía. Fue a tomarlo pero Karnilla se le adelantó. Loki le tendió la mano abierta indicándole que se lo devolviera.
–Es mío –dijo la bruja hojeándolo. –Lo escribió mi abuela Kaarina. Me lo sé de memoria.
El hechicero se lo arrebató con decisión.
–Si lo sabes de memoria no lo necesitas. –Aquel comportamiento casi infantil no era adecuado, sobre todo tratándose de una posible aliada en ese reino de pesadilla pero el impulso le había ganado y ahora parecía que iban a reñir sobre la propiedad de aquel ejemplar.
–Tuve que dejarlo en Ostlandet, considéralo un préstamo –cedió la bruja. Loki tenía muchas preguntas pero no sabía por dónde empezar, si por la diosa Hela, por haberlos encontrado en ese reino o por Kaarina.
–Ella escribió que sabía que iba a morir –el tacto del libro en su mano alentó la primer cuestión. –Dijo que la buscara, eso me dio la idea de acudir a Hel, no por ella claro está, ni siquiera sabía quién había escrito aquello; pero fue… inspirador.
–Murió en la batalla de Ijósálfar, tal como presagió con su muerte salvó mi vida y la de mi prima Héroïque. –Loki frunció el ceño ante la palabra "presagió" –las mujeres de nuestra familia tenemos el don de la clarividencia. –Recordó que algo así había dicho Stánic. Ni siquiera él con todo lo poderoso que era poseía magia de esa índole. –Y también, ese pasaje del libro me llevó a decidir venir aquí –igual que le había pasado a Loki –cuando se lo dije a Hagen pensé que se iba a negar pero encontró que este era el mejor sitio para evadirnos. Dijo que tú se lo habías sugerido.
–No sé qué te ha contado tu primo sobre mí, apenas hemos hablado un par de veces.
–"Sólo podrás ocultarte del Padre de Todo en el infierno" –recitó Karnilla en asgardiano –¿no le dijiste tal cosa? –Loki estaba anonadado de que Hagen se tomara sus palabras aún más en serio que él mismo. –Te traeré algo de comer –dijo Karnilla un segundo antes de que el estómago de Loki gruñera y lo dejó solo.
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Pasó el día con Karnilla quien le dio ropa limpia de color azul, y se ocupó de llevarle además comida y más de aquella infusión que lo hacía tolerar el calor de Hel. Conversaron, él le dio noticias de Héroïque y de Stánic; ella le relató cosas de Kaarina. La gran reina madre norn había sido una bruja en un pueblo que no le temía a la magia, su nieta la describió como una hechicera en perfecta comunión con su seidh, por el cual se dejaba guiar sin dudar nunca. A Loki le hubiera gustado hablar con ella por lo menos una vez. Al caer la noche de aquel larguísimo día Hagen volvió. Iba maltrecho y confirmó la revuelta de las dísir. Al parecer se amotinaban todos los días. Hagen no las temía pues no tenía alma que pudieran devorar pero eso no quería decir que no fueran capaces de degollarlo en cuanto les diera la espalda.
–Deberías ver tu cara. No te puedes creer que esté aquí, ¿cierto? Pues valió la pena el viaje infernal y los tratos con Hela nada más por verte así –siguió y se abalanzó por un beso. Loki metió manos de por medio.
–No te atrevas Hagen –el dragón negro volvió a fijarse en la barriga de Loki, al parecer había esperado que fuera una alucinación suya.
–Por las dísir y demás aberraciones de Hel, en el nombre de la hermosa Frigga ¿cómo… –Loki estuvo por darle un puñetazo pues Hagen dijo todos esos improperios sobándolo para asegurarse de que aquello era real. Karnilla tomó a su primo de un brazo y se lo sacó de encima.
–Stánic vive –le dijo ella desviando la atención.
–¿En verdad? –Loki asintió. Hagen mostró un gran alivio, preguntó en el acto por Héroïque y Loki tuvo que dar noticias de la pequeña nuevamente. Luego de eso el príncipe dragón se mostró deseoso de relatar los pormenores de su aventura en Alfheim y Loki se lo permitió. Hagen se explayó contándole penurias, hambre, frío, muerte de soldados, la insufrible pasividad de Adalster; y su eterno afecto por él. Luego de desgranar todo ese relato fue que Loki volvió sobre lo que le interesaba en ese momento en que razonaba con coherencia nuevamente.
–Debo hablar con Hela, Karnilla me dijo que tú puedes conseguirme una audiencia.
–Puedo y si eso es lo que quieres lo haré, aunque tendrá que esperar un par de días. La diosa partió, no sé a dónde, a veces hace eso. Es mejor que esté fuera y te dé tiempo a adaptarte a su reino, en las condiciones en las que llegaste seguro la habrías exasperado y te hubiera entregado a los lobos. ¿Tu extraño embarazo tiene que ver con qué quieras verla?
Loki se mostró contrariado, no deseaba perder tiempo, además de que sabía que estaba cada vez más próximo a culminar su gestación.
–¿Extraño embarazo? –Reparó en aquellas últimas palabras. Hagen le veía el abdomen nuevamente. –El escrutinio me molesta.
–No se puede evitar, es demasiado peculiar como para no ser llamativo. ¿Es de Thor? – Hagen no aprendería modales nunca, ni siquiera en el infierno.
–Por supuesto.
–¿Sabe qué estás aquí? –No era tan tonto como a veces le parecía.
–No.
–¿Y qué deseas de la diosa?
Loki calló.
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Sif comandaba a los alfh, la seguían de cerca un grupo de ágiles berserkir al mando de Hogun. Iban vestidos de blanco para confundirse con la nieve. Llegaron ante un grueso muro de hielo, sacaron picos y escalas y se apresuraron a treparlo. Un grupo de arqueros ases se quedó al pie para cubrirlos durante aquella maniobra. Al llegar a la cima del muro contemplaron a las bestias de ataque apostadas al otro lado. Si fallaban en algo acabarían muertos. Los animales estaban echados dormitando. Los ases se descolgaron silenciosos y al llegar abajo sacaron alforjas repletas de bitumen. Cuidándose de no provocar una estampida se pusieron a ungir con aquel líquido las patas de las bestias. Cuando terminaron se evadieron de ahí, a tiempo para oír el avance de las tropas de Bran y Volstagg.
El Padre de Todo había cumplido con su palabra, le dio un día entero a Laufey pero ya que no recibió ninguna otra respuesta, decidió atacar sin demora.
Volstagg hizo avanzar a sus hired. Se giró a las tropas. Tenían órdenes de hacer salir a los jötun e incitarlos a atacarlos con sus bestias de ataque, para ello comandaba tres mil ases y cinco mil alfh. Llevaba consigo además cincuenta máquinas de asedio para que los jötun supieran que aquello iba muy en serio. Sólo que en realidad no eran máquinas de asedio, sólo la coraza para pretender que lo eran, por dentro tenían un mecanismo incendiario. A pesar de que los hired eran la infantería pesada portaban armas ligeras. Su misión era un suicidio pero cuando Odín ordenó todos obedecieron.
–Hombres de Asgard –los llamó– recuerden la traición de los jötun en Ostlandet, cuando tantos hermanos, amigos y hombres honorables perecieron en el hielo. Recuerden a nuestro general Hibald muerto a traición –los exhortó. –Hombres de Alfheim –sus nuevos soldados esperaban por sus palabras. La mayoría de los alfh habían manifestado predilección por Sif. Los habían entrenado al estilo de los ulfhednar y los habían puesto bajo las órdenes de la valkiria, Fandral y Thor; sin embargo Volstagg tenía consigo un contingente en ese momento. Odín le había ordenado lanzarlos al frente. El león de Asgard se preguntaba cuántos sobrevivirían. –Recuerden su reino destruido por la tundra, recuerden a sus muertos, recuerden a Giselher decapitado. En nombre de Adalster, de su linaje y de Alfheim, hoy ustedes harán sangrar todas las afrentas.
–¡Muerte! –Gritaron los alfh.
–¡Venganza! –Gritaron los ases.
Volstagg dio la señal de avanzar y los alfh marcharon al unísono enarbolando escudos redondos y ligeros. Debían dar la impresión de estar decididos a defender las máquinas para echar abajo el muro exterior. Y lo lograron.
Desde el flanco izquierdo escucharon la marcha de las bestias de ataque.
–Aquí vienen. Emplacen las máquinas –ordenó. Frenaron la marcha, y los hombres se pusieron a clavar los ganchos de las máquinas que las fijarían al suelo. –Preparados –Volstagg apretó su hacha y al hacerlo sintió la adrenalina corriendo por su ser.
Aquellos gigantescos animales iban contra ellos cobrando velocidad a cada paso. Los alfh los recibieron con flechas que sabían no les entrarían en la piel. Volstagg dejó que se les acercaran más y cuando los tenían casi encima dio la orden de retirarse. Sus hombres dieron la vuelta y prácticamente huyeron. Sólo quedaron con él los alfh encargados de las máquinas los cuales a una señal suya las encendieron. Las máquinas se convirtieron en torres de fuego entre las cuales se metieron las bestias de ataque ungidas en bitumen.
Los animales se prendieron en llamas que contagiaron a los jötun que las comandaban. Enloquecieron e iniciaron una estampida tratando de huir del calor y el dolor.
Sif contemplaba su plan desde lejos. Si Volstagg no moría podría considerarlo un éxito rotundo.
–Hagan avanzar las verdaderas máquinas –le dijo Thor a su lado. No le dedicó ni siquiera una sonrisa como normalmente haría pero ella no se lo tomó a mal. Sif le acarició el rostro y luego se volvió hacía su gente.
–¡Alfh a mí! –Los llamó hablando el idioma de aquellos. Mientras las bestias causaban un infierno ante la explanada de Feigefossen ella avanzaría hasta alcanzar las puertas.
Fandral ordenó a su vez el avance de los ulfhednar. Sif y él tomarían el primer relevo del asedio, mientras que Bran y Hogun alistaban tropas de refresco. Odín había dado la orden de no parar ni un instante. Por su parte Thor los cubriría con rayos para evitar que las catapultas de la fortaleza los hicieran pedazos.
Sif y Fandral llegaron al frente del muro en medio de una lluvia de lanzas de hielo. Muchos alfh murieron en aquella primera maniobra clavados cruelmente pero lograron emplazar las máquinas ante el muro. Thor los defendía desde lo alto. El golpeteo de los arietes se inició. Un rayo cayó a las puertas cimbrándolas.
Bran observaba la obra del ejército. Hogun y él no se decían nada, ojalá le hubiera tocado hacer mancuerna con alguien más comunicativo. Volstagg ya regresaba donde ellos, llevaba consigo varios heridos y muchos muertos que reportar, en su mayoría alfh, pero habían logrado exterminar las bestias a un costo relativamente bajo. Un nutrido grupo de sanadores aguardaban por el león de Asgard, eran dirigidos por el mismísimo Harma, el gran maestre había acudido a petición de la reina, considerando que Loki podría requerir de su auxilio. Condujeron a sus soldados al pabellón que el Padre de Todo había hecho erigir expresamente para fungir como casa de curación. Volstagg se quedó al lado de su general.
–¿Estás herido? –El pelirrojo negó. –Buen trabajo, repón fuerzas, nos toca el relevo.
–Me pregunto –dijo Volstagg. –¿Por qué no han usado el cofre de los antiguos inviernos? Por un momento temí que nos lanzaran una onda congelante como en Ostlandet. –Hogun y Bran se encogieron de hombros, se preguntaban lo mismo.
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Hildetand entró al salón del trono junto con Kjolen. El desastre de las bestias de ataque los llevaba a consultar al rey respecto a lo que deseaba que se hiciera. Hildetand no había hablado con su padre acerca del escape de Loki; Laufey ya sabía que aquel al que llamara hijo menor se había evadido, lo que ignoraba era que Hildetand le había ayudado y él no planeaba decírselo. Esperaba encontrar al rey jötun lleno de furia gritando instrucciones cuyos resultados fueran la muerte de un sinnúmero de ases y sus perros alfh; en cambio encontró a su padre apoyado en su trono en actitud casi aburrida. Kjolen y él le hicieron una reverencia y el general procedió a explicar la situación. Las bestias con las que contaban estaban muertas, la puerta del muro exterior había caído, masacraron a los soldados que la resguardaban y ahora tenían a Thor y a las máquinas de asedio ocupados en resquebrajar la entrada de la segunda muralla. Hildetand ya había enviado a los arqueros a frenarlos en la medida de lo posible.
–A este paso Feigefossen caerá para el anochecer –habló Kjolen. Sólo les quedaba luchar, no podían negociar pues lo que los aesir querían ellos ya no lo tenían, era aún peor, aunque les dijeran aquello no les iban a creer. –Su majestad si usáramos el cofre…
–¿El cofre? ¿Qué cofre? –Preguntó Laufey desconcertando tanto a Kjolen como a su hijo que se miraron como si temieran que hubiera enloquecido. –Loki hurtó el cofre– si faltaba esa serpiente y también su reliquia era obvio lo que había pasado. Hubo un denso silencio en el que los tres saborearon la derrota. –Kjolen –habló Laufey –ordena que evacúen palacio, que se salve quien pueda y como pueda. Yo me quedo, esperaré por Odín justo donde estoy. –A Hildetand ni siquiera le dirigió una palabra.
–Así que ¿nos rendiremos y ya? –Habló su hijo y heredero. –¿Sin luchar? ¿Sin nada? ¿Nos doblegaremos ante Thor y Odín como animales en el matadero? –Estaba indignado –¡¿cómo cobardes?!– Laufey se fijó en Hildetand y sonrió, la misma mueca que éste le había visto a Loki tantas veces, cuando estaba por dedicarle todo su desprecio.
–Kjolen, obedece todo lo que Hildetand te diga, ya que parece deseoso de darnos una lección acerca de cómo ganarle al Padre de Todo. Di a los hombres que lo sigan ciegamente, como si fuera mi propia persona la que los comanda. –Hildetand no era un estratega, todo el reino lo sabía, aquella cruel jugarreta lo hizo bajar la cabeza avergonzado para finalmente apretar los puños.
–Ya entiendo porque Loki te odia –le dijo a su padre, a pesar de su tamaño pareció un niño reprendido por un instante. Luego se giró a Kjolen –ya oíste al rey, sígueme general –el aludido le dirigió una mirada de desazón a su rey para luego seguir a su príncipe. Kjolen había combatido bajo órdenes de Laufey toda su vida, y luego había entrenado a Hildetand; no le parecía mal morir junto con ellos, daba igual si pasivamente obedeciendo a uno, o en combate sangriento siguiendo al otro.
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–Reúne a los jinetes de las bestias de ataque que nos queden y llévalos a las puertas. Haz venir a Ull, y también junta a mi compañía de infantería ligera. Nos vemos en la atalaya del muro interior –le pidió al general. Kjolen hizo como le pedía.
Hildetand no era un genio como el maldito Loki, lo único que sabía era que los asgardianos querían entrar y que él debía mantenerlos fuera.
Ull estaba desconcertado. Todos habían sido convocados a luchar pero ahora recibía el llamado de Hildetand para acudir al muro. Ese bastardo de Loki había provocado todo ello con su ayuda, lo odiaba por ello con toda su alma; aunque no iba a confesar que todo el secuestro fue planeado, eso sólo haría que Laufey lo matara luego de una larga tortura. Se presentó ante Hildetand quien nunca le había agradado pero que en ese momento parecía la única esperanza de salvar el reino.
–¿Para qué soy bueno? –Preguntó.
–Tú sabes de arquitectura –dijo Hildetand mientras Kjolen y los cien sanguinarios guerreros al servicio del príncipe lo miraban. Ull asintió. –Acabo de ordenar a los jinetes de las bestias que usen su magia de hielo para reforzar la puerta. –Ya no les servían como jinetes pues ya no tenían bestias, Hildetand los iba a consumir construyendo un nuevo glaciar que sellara la entrada, si fallaban y los asgardianos los mataban no perdía guerreros indispensables. –Son cincuenta. Así que ahora están ellos generando un nuevo muro de hielo. Quiero que subas y calcules si les dará tiempo a terminarlo antes que las máquinas de asedio hagan una brecha.
–Puedo hacer lo que dices pero no puedo calcular si Thor está implicado, no puedo predecir si lanzará un rayo o dos, o no hará nada.
–Ya voy a quitar a Thor de ahí, no te preocupes, ve. –Ull se marchó a cumplir órdenes. –Kjolen, si Ull dice que hay tiempo prepara a los hombres y hazlos salir a hurtadillas, que se alisten a masacrar a los intrusos –el general asintió.
Dicho eso hizo un gesto a sus hombres y se pusieron en movimiento. Su compañía estaba integrada por jötun escogidos por ser los más altos del reino; habían sido adiestrados para luchar con crueldad y violencia. No temían a la muerte y seguían ordenes al pie de la letra, así fueran arrojarse al abismo.
Feigefossen era toda circular. Estaba emplazada junto a un precipicio que daba a un mar eternamente congelado. Tenía más de una salida. Hildetand hizo salir a sus cien sanguinario por un pasaje que daba al precipicio y ascendía mediante una cornisa hasta la explanada frente a la fortaleza. Iba a atacar a los asgardianos por sorpresa aprovechándose del hecho de que ellos podían correr en la nieve debido a su tamaño y los ases no, ni siquiera se habían molestado en traer caballería; y a pie un jötun siempre sería más rápido.
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La noche ya caía y aprovecharon las tinieblas. Surgieron del abismo y se formaron listos para atacar. Cuando se dio la orden de marchar Hildetand iba a la cabeza. Los aesir y los alfh estaban metidos entre el muro exterior y el segundo. Los cercaron por la retaguardia tomándolos desprevenidos. Los jötun conjuraron estacas de hielo surgidas del suelo con las cuales atravesaron a sus enemigos; y destruyeron las máquinas de asedio. Los que se evadieron de eso encontraron la muerte a través de feroces estocadas. Hildetand distinguió a Sif. La valkiria esquivó la trampa mortal emergida a sus pies con un salto y cercenó los brazos del guerrero que se abalanzó sobre ella. Hildetand fue por aquella presa. La valkiria lo reconoció y se plantó con firmeza esperándolo. Cerca aquel rubio, Fandral luchaba como demonio contra dos jötun a la vez. Hildetand golpeó el hielo con un puño y las estacas surgieron a los pies de la guerrera, pero no la tocaron…
Thor había descendido a combatir. Había apartado a Sif con un movimiento, la guerrera se alejó, había contendientes de sobra y Hildetand en particular le pertenecía a Thor.
–Entrégamelo –le ordenó señalándolo con el martillo. Hildetand comprendió… ese bastardo, no estaba con los aesir. ¿A dónde se había marchado?
–No lo tengo –le respondió.
–Mientes. –Hildetand se le arrojó encima, Thor lo esquivó pero el gigante se giró sobre sí mismo ágilmente y lo apresó por el cuello como había visto al hijo de Odín hacerle a Giselher. Esa vez el dragón no pudo calcinar al dios del trueno pues lo tenía prendido en un punto ciego. Esto era lo mismo. Thor no podía lanzarle un rayo si lo tenía pegado de esa manera. Hildetand lo sujetó haciéndole una llave con toda su fuerza, luchando por estrangularlo. Fandral corrió a ayudar a su general pero los jötun le cerraron el paso generando más de aquellos picos. El rubio trató de burlarlos pero fracasó en el último instante.
–¡Fandral! –Sif gritaba abriéndose paso hasta su amigo.
El dios del trueno se debatía entre sus enormes brazos, era demasiado fuerte a pesar de su tamaño, logró hacer hueco en su agarre para blandir el martillo. Hildetand tuvo que soltarlo cuando el acero del Mjölnir estuvo a un palmo de su rostro. Thor le arrojó un rayo que esquivó por poco. Hildetand aprovechó la cercanía para darle una cuchillada en un costado donde la armadura no lo defendía bien. Thor se dobló maldiciéndolo, Hildetand intentó decapitarlo pero aquel intento le costó un relámpago de menor intensidad pero que le dio de lleno en el pecho. Sus hombres se apresuraron a halarlo y ponerlo a cubierto cuando se derrumbó. Los ulfhednar de Thor hacían lo propio con su general. Cada vez había más lanzas de hielo en el espacio entre el muro interior y el exterior.
–Retirada –ordenó Sif a los hombres que le quedaban. Thor lanzó un rayo a los jötun que les bloqueaban la salida permitiendo a sus hombres escapar. Un par de alfh sostenían a Fandral el cual iba dejando un reguero de sangre por donde lo conducían. Habían perdido el muro interior.
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El hijo de Laufey volvió al interior de la fortaleza. Desde ahí podía ver a sus hombres rematando a los enemigos que habían quedado atrapados como insectos. Uno que otro todavía tenía aliento para defenderse pero fueron ejecutados en el acto y sin misericordia.
–Ull –lo llamó a gritos.
–La puerta interior está sellada pero ahora sólo podremos salir a la explanada por el acantilado.
–No importa –le dijo Hildetand. –Ahora reemplázame la puerta del muro exterior de la misma manera y si necesitas más hombres generando hielo puedes disponer de ellos.
–Cómo quieras –le respondió Ull parcamente pero obedeció en el acto.
–Bien, hay que pensar otra estrategia –se dijo el hijo de Laufey.
–Hildetand –Kjolen iba a él y lo miraba con orgullo. –El rey te llama.
Su padre seguía en el salón del trono donde lo había dejado con sus pensamientos de derrota pero ahora estaba estudiando un mapa.
–Hildetand –lo llamó a su lado –hiciste que me diera cuenta de lo que debemos hacer. –Ni una palabra de felicitación, ni un poco de orgullo en la voz. Al heredero jötun sólo le quedó resignarse. –Debemos usar el terreno a nuestro favor –al menos el viejo había vuelto a sus cabales. –Vacía Feigefossen y pon a todos en la explanada aunque sea a paso lento por el acantilado –le indicó. Ni una disculpa porque todo se hubiera ido a la mierda por su obsesión de tener un heredero digno.
Pero que más daba. Hildetand no le parecía suficiente, si triunfaban, quizá podría decirle que a él tampoco le parecía que valiera algo como padre.
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Fandral se desangraba a través de cinco heridas regadas por su cuerpo, la que amenazaba con matarlo era la huella del lanzazo que le había entrado bajo una costilla y que por poco le revienta un pulmón, le había dejado un hueco en el diafragma que lo hacía respirar borboteando. El propio Harma lo estaba cerrando como hábil sastre mientras otro hombre a su cargo le pasaba una transfusión. Thor estaba parado a su lado como si lo supervisara. Había dejado de momento la refriega para acudir al lado de su amigo.
–Yo creo que sí la va a contar –dijo Sif a su lado. Thor le apretó una mano a la valkiria, había peleado con valor y destreza; siempre había admirado su temple.
Dejaron al rubio espadachín cuando un heraldo les dijo que el Padre de Todo los convocaba. Bran y Volstagg no estaban cuando entraron a la carpa donde celebraban sus concejos de guerra, aunque Hogun ya aguardaba por ellos.
–El ejército jötun está formándose en la explanada frente a la fortaleza –les dijo el berserkir. Thor miró a su padre.
–Atacaremos de frente –dijo éste –los alfh serán arqueros y operarios de las catapultas, los hired en oleadas, Bran y Volstagg ya los están alistando. Thor toma a los ulfhednar por el flanco izquierdo junto al abismo y Sif, tú llevaras otra compañía por la derecha, envuelvan al enemigo– Sif y Hogun salieron al punto a cumplir órdenes pero el dios del trueno se rezagó.
–Padre –le dijo a Odín –necesito saber si Heimdall puede ver a Loki –lo que Hildetand había dicho le sonó a excusa en su momento pero ya no sabía que pensar. El Padre de Todo siempre era visto por el guardián así que ya debía estar al tanto de la preocupación de Thor. Odín podía escucharlo con tan sólo concentrar en ello sus pensamientos, gracias a un artefacto mágico, Hugin. Así entre ambos vigilaban lo que acontecía en todos los reinos.
–No puede –respondió el rey. El semblante de su hijo se descompuso. –No creo que esté muerto –le dijo y sus palabras parecieron tranquilizarlo en algo. –Ordenaré a Heimdall buscarlo en Feigefossen.
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El día siguiente fue solitario pero muy quieto. Un tiempo para releer el libro de Kaarina, para pensar en Thor y en su guerra contra Jötunheim; y para intentar no pensar en Engendro. El día siguiente a ese la diosa Hela volvió a Elvidner. Tal como Hagen le prometió, le consiguió audiencia con ella. El dragón negro lo condujo hasta la sala del trono pero en el trayecto no le dijo ni una palabra, igual omitió volver a sobarle el vientre aunque eso ya lo había hecho previamente, no le dio consejos de cómo tratarla y se limitó a abrirle las puertas. La diosa lo apabullaba.
Loki avanzó por su propio pie a través de un salón de roca sólida, sin ventanas, adornos ni blasones. Estaba iluminado por antorchas y al final se erigía un trono de mármol blanco que contrastaba con la oscuridad del recinto. Sentada en ese trono estaba la reina de los muertos. Loki la encontró sumamente hermosa, pálida, alta, de sedosa y larga cabellera oscura, ojos verdes, la boca sensual y carnosa. Llevaba un vestido verde de pronunciado escote que dejaba a la vista parte de sus senos y su vientre. Ella lo miró impertérrita pero no percibió amenaza alguna.
Cuando Loki llegó a Valaskialf por primera vez, tan sólo había deseado su libertad. A ese deseo de libertad se le sumó el de venganza. Y ahora había una tercera cosa que Loki deseaba con más intensidad que las otras dos: a Thor. Él amaba a Thor y precisamente por eso no podía tener a su hijo. Era lógico y muy claro. No podía amar a Thor estando muerto. En cambio un hijo… eso era algo que Sif podía darle más adelante.
Llegó ante Hela y se inclinó en reverencia.
–Tú eres Loki –dijo Hela con voz profunda, casi gutural. No estaba preguntando, sin duda Hagen la habría puesto al tanto de su situación.
–Salve Hela, señora de Nifflheim –la saludó Loki cuidando sus palabras. Hela era una diosa que no debía ser ofendida bajo ninguna circunstancia. –Perdona mi atrevimiento –siguió con una sonrisa –pero me veo en la necesidad de recurrir a tu sabiduría.
–¿Para qué quieres la sabiduría de Hela cuando tienes la de la dulce Frigga e incluso la del Padre de Todo?
–Ellos no pueden ayudarme pues mi apuro tiene que ver con la muerte, un tema sobre el cual, a pesar de sus muchos dones, carecen de influencia –la diosa se inclinó hacia adelante, era toda oídos. –Mi muerte hermosa señora –dijo Loki y la mirada de Hela bajó hacía su abdomen.
–La petición mezquina que estás por hacerme la he escuchado muchas veces–señaló Hela interrumpiéndolo. –Aún los aesir pueden morir. En todos los reinos, incluso los torpes midgardianos, han buscado persuadirme de perdonar sus vidas cuando llega el momento. Soy la señora de los muertos y por tanto no defraudo la labor de la cegadora cuando su fría mano apresa tu ser. –Si las palabras de Hela trastornaron a Loki, él no dejó traslucir emoción alguna.
–Esperaba que por tu mediación pudiera encontrar la forma de liberarme de esta maldición.
–Muchos vanir han muerto por esta magia y ninguno la había tachado de ser tal cosa. ¿Por qué debería atender a tu petición?
–Estoy dispuesto… –Loki sabía que debía escoger con cuidado sus palabras –a retribuir tu piadosa intervención, al costo que sea –eso de vender el alma al diablo no era algo que los midgardianos se hubieran inventado en disparatados relatos que Loki a veces leía en la biblioteca de Asgard. Los aesir, los norn, los alfh, todos hacían tratos con Surtur y con Hela desde que Bor reinó. Se decía que nadie obtuvo lo que deseaba de ellos pero no por eso dejaban de intentarlo.
–Debo confesar que siempre he codiciado el alma de Thor –admitió Hela tras una cavilación tan larga como una vida pero tan corta como un suspiro. –Si pudieras ayudarme a obtenerla…
–No puedo ofrecer tal cosa pero cualquier otro precio… –interrumpió Loki a pesar de lo que acababa de afirmar. Matar a Thor era una abominación que no cabía en sus pensamientos. Hubo un nuevo silencio tras el cual Hela se puso de pie. Loki temió que la entrevista hubiera terminado y que lo expulsara de su reino sin más, pero en cambio ella se apostó junto a él y le susurró.
–Hay otro costo que quizá te resulte más asequible. Te ayudaré a cambio de que me permitas arrancar a ese hijo de tus entrañas y que muera en mi regazo. –Loki se desconcertó pero pronto dedujo lo que ella deseaba. Las huestes de Hela se integraban por las almas de los muertos que dominaba. No podía tener el alma de Thor pero el alma de su hijo era otra cosa. Engendro se volvería propiedad de Hela.
–Acepto –susurró.
–Júralo –Loki se llevó una mano al pecho.
–Lo juro por mi alma.
–Te felicito por tu amoroso instinto materno –susurró ella y volvió a su sitial. Se sonrieron mutuamente como dos viejos amigos, dos cómplices en una travesura. –Sea –concedió ella –vivirás.
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Karnilla fue convocada por la diosa a la que servía. La corte de Hel era escasa comparada con otros reinos pero bastaba. Estaba integrada por almas demasiado poderosas para haber perdido el albedrio, contenidas en nuevos cuerpos concedidos por la diosa; por vivos orillados a subsistir en ese sitio y por no muertos. Estaba el dios de la guerra a quién casi nunca se veía pues mantenía a raya a los demonios de Mephisto en las fronteras del reino. Cierto héroe muerto por un plan de su amada despechada, la amada de ese héroe, algunos reyes midgardianos muertos por sus hijos, hechiceros que se confundieron con dioses, poetas suicidas, y demás. Estaban las dísir, con su general, la terrible Brun. Por último, en la categoría de aquellos que habían llegado al reino sin pasar por el trance de la muerte, había sólo dos seres, Hagen y ella.
Kaarina le había dicho que fuera a Hel y había ido pero desde hacía días sentía que las cosas estaban por cambiar y que un nuevo destino se abriría bajo sus pies. Y entonces había llegado Loki. Loki estaba enlazado con ellos dos.
Hincó una rodilla ante su reina y la escuchó atentamente.
–Voy a decirte como desenmarañar la magia que podría matar a Loki –habló la diosa. –Se requieren dos hechiceros para romper con su estado, tú que eres una doula eres la indicada para participar en el ritual. Desharás el vínculo entre el niño y su gestante, mientras yo abro la carne de Loki para sacarlo –con lo cual aquel inocente exhalaría su primer y último aliento en manos de la diosa. –Luego reharás aquel lazo pero lo harás entre Loki y yo, le daré mi magia para que sobreviva. ¿Me has comprendido? –Ella asintió y la diosa conjuró un libro que apareció de la nada. –Tómalo y aprende el hechizo –le ordenó. –No leas nada más.
Karnilla hizo como decía con reverencia, ni siquiera contempló el desobedecer. Lo que debía saber era lo que leería, y lo que leería era todo lo que debía saber. Se retiró a su propia habitación a estudiar aquello. Esa magia manipulaba la vida de una manera inmoral pues la aniquilaba o avivaba a voluntad del hechicero. Kaarina la había instruido de nunca juzgar como blanca o negra la hechicería, pero ella, una doula destinada a salvar infantes y madres, no podía sino sentir que violentaba su ser con aquel asesinato.
–No mates a tu hijo –le susurró a Loki en la oscuridad esperando que de alguna forma sus palabras lo alcanzaran, pero claro, ella tampoco trataría de hacerlo cambiar de opinión. No debía.
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–¿Sabes para qué quiere el ama a tu hijo? –O quizá si debía. Le preguntó aquello a Loki al llevarle la cena.
–Es hijo de Thor Odínson, su valor debe tener –respondió él y sus ojos destilaron frialdad. No le gustaba hablar de aquel con quién compartía su cuerpo, así como no le gustaba que lo miraran o lo tocaran. Pero él no era la primer "madre" reticente que llegaba a manos de Karnilla. Sabía que gestar una vida nueva podía ser aterrador y que el tormento espiritual que un hijo podía causar debía ser curado con compasión y bondad.
–Dijo Brun. –Loki ya sabía quién era Brun –que usará el alma de tu hijo...
–Del hijo de Thor –corrigió Loki, ella lo aguijoneó con la mirada, los dos se retaron.
–Muy bien –Karnilla volvió a empezar. –Brun dijo que usará el alma de tu pequeño Thor –casi pudo sentir el insulto que Loki le dirigió con el pensamiento –para crear un guerrero, un arma.
–¿No sabes Karnilla que ese es el destino de los príncipes? Todos somos usados por nuestros progenitores, hasta Hagen. –A Loki no le importaba o no quería que le importara el destino de aquel hijo.
–¿Hablan de mí? –El aludido entró, en su cuerpo se leía el rastro de otra pelea. ¿De nuevo las dísir? Se preguntó Karnilla. Observó la manera en que su primo fue directo hacía el hechicero para probar a saludarlo con un beso que le fue negado, y luego le sobó la barriga como parecía pretender hacer su costumbre. Loki lo fulminó con los ojos y Hagen lo amenazó con lanzarlo a las dísir como no se dejara.
Hagen era el colmo. Dejó en paz a Loki tras robarle el plato de comida a medias. Karnilla lo encontraba absolutamente devoto, ansioso por mostrar su afecto. Ella lo conocía y le conocía muchísimos amoríos: algunos jugueteos tontos, sexo intrascendente, un par de relaciones fallidas, sexo casual, un corazón roto que no fue el de Hagen, confusión, sexo obsesivo, algo de malicia, seducción y odio; nada como aquello. En Alfheim cuando hablaba con Adalster de Loki, ella lo encomiaba a cesar aquello.
–No te apegues tanto a alguien que ni siquiera te alentó a hacerlo –le dijo pero él seguía tercamente prendado. Y ahora en Hel se lo había repetido: –claramente es fiel a Thor y su cariño es para el dios del trueno, ¿no ves que hasta le hizo un hijo?
Pero ahí seguía, tan necio que hasta le parecía que cumplía alguna penitencia en su empecinamiento por adorar a quien no le correspondía. Los dejó solos.
El ojiverde siguió los movimientos de Karnilla cuando esta se marchó. Hagen se perdió mirándolo, ni él entendía cómo es que lo tenía tan atravesado en sus pensamientos. El embarazo de Loki le causaba repulsión, curiosidad morbosa y a la vez instinto protector. Él no solía complicarse con lo que sentía así que le daba cabida a todo ello sin problemas. Su prima ya le había explicado que para gestar ese hijo Loki podía morir, y que para salvar su vida le había vendido el alma de aquel niño a Hela.
"Menos mal que encontró una solución" fue todo lo que dijo. Karnilla se había enojado con él. "¿Qué quieres que le diga?: Por favor sacrifica tu vida por un hijo que no me interesa. Si él se salva por mí mejor, me gusta pensar que Loki vive aunque sea a ese costo, en vez de, que Loki ha muerto abnegadamente".
–En verdad me molesta el escrutinio –le dijo Loki sacándolo de sus cavilaciones. Estaba leyendo un libro negro que Hagen juraría que antes le había visto a Karnilla.
–No es mi culpa quedarme mirándote.
–Ya, porque mi estado es demasiado llamativo –le soltó con cierta burla.
–No estaba mirando al monstruito, del pecho para arriba estás muy guapo –Loki interrumpió lo que hacía. La obligada cercanía que compartían lo estaba haciendo más tolerante a los avances de Hagen.
–¿Monstruito? ¿Eso es lo que te parece? –Tensó los labios y Hagen sintió que pisaba terreno peligroso.
–Lo más ventajoso de acostarme con un hombre, era despreocuparme de un posible embarazo; y ahora resulta que nunca se está completamente a salvo de eso. Lo siento pero tu estado es… antinatural.
–A Thor no le gustaría que lo llamen así.
–¿Ves a Thor por algún lado?
–A mí tampoco me gusta.
–De todos modos pronto dejará de importar. –Loki se veía preocupado. Karnilla juró que estaba más que resuelto a hacer aquello pero observando sus reacciones Hagen no estaría tan seguro. –Cuando todo termine, ¿qué harás? –Inquirió. Hela les había dado cabida en su reino bajo juramento de que Hagen no se transformaría en dragón, la diosa no quería un demonio de Muspellheim en su territorio; y también a cambio de sus servicios. Sin embargo, Hagen estaba más que dispuesto a abandonar aquel reino y seguir a Loki. O tal vez, el ojiverde quisiera quedarse un tiempo. La magia de Hela rara vez se veía en otro reino y hechiceros como Karnilla y él podían aprender mucho de la diosa.
Loki sonrió, una mueca mostrando los dientes, como un lobo hambriento.
–Volver a mi hogar, ¿qué más habría de hacer? –Hagen estaba confundido. –¿No lo entiendes? Thor espera por mí.
–Dijiste que no sabía que estabas aquí –el hechicero parecía a punto de clavarle hirientes palabras.
–No lo sabe.
–Entonces, ¿dónde piensa que…
–En Jötunheim con mi padre.
Su reina había acudido al borde del mundo recientemente, y les había comunicado la noticia de una nueva guerra, Asgard atacaba Jötunheim; o lo que era lo mismo: Thor atacaba a Laufey.
–¿Y cómo le ocultarás lo que le hiciste a su hijo? –Loki negó, no iba a decírselo pero Hagen empezaba a ver claro. –Lo vas a engañar –se puso de pie –¡vas a culpar a tu padre!
Increíblemente la sonrisa de Loki se amplió.
–Es bueno contar con al menos una persona que sepa apreciar mi obra.
–Por las dísir, Loki, si yo fuera Thor y pensara que Laufey mató a nuestro hijo….
–…hiriéndome bárbaramente con ello y a pesar de lo cual lograré escapar apenas con vida –completó cínicamente.
–No descansaría hasta matarlo.
–Exacto. –Hagen lo contemplaba horrorizado. –Ya no me encuentras tan guapo, ¿cierto?
Loki volvió a su lectura, indescifrable e inalcanzable. Nunca podría tenerlo, ni siquiera lo comprendía bien.
–Le dije a Karnilla que me da gusto que puedas salvar tu vida, pero ahora además me doy cuenta de que posiblemente lo mejor para ese hijo sea morir –Loki no le hizo caso como si no lo escuchara. –No me lo puedo imaginar creciendo bajo la tutela de alguien como tú, eres demasiado peligroso y estás demasiado lleno de odio. Si yo fuera Thor sufriría lo indecible pensándote perdido, luego llorando a mi hijo y matando por ti. Y nada de eso te importa.
–No te pongas tan sentimental –dijo sin despegar los ojos del libro. –Tú no eres Thor, ¿recuerdas que por eso no pudiste ganarme para ti?
Ahora sí, Hagen se largó dejándolo solo.
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–¿Qué le hiciste a Hagen? –Recriminó Karnilla. –Se peleó con la mismísima Brun.
–Le quité la venda de los ojos, ahora me ve como realmente soy. Lamento no estar a la altura de sus románticas expectativas. –La bruja norn no dijo más.
–Nuestra señora me pidió revisarte, hay cosas que necesitamos saber para el ritual. Recuéstate y descúbrete. –Loki obedeció resignado. A pesar de todo su cinismo y de que había logrado descolocar a su primo, cuando le mostró el voluminoso abdomen apretó los ojos y trató de respirar con calma. Se veía tan vulnerable que ella olvidó su molestia para con él.
Las manos de Karnilla brillaron, un tono rojizo, palpó su vientre desde arriba haciendo presión con los dedos como si modelara una figura en arcilla.
–¿Qué haces? –Loki la sujetó. –Me duele –ella le sonrió calmada.
–¿Demasiado?
–No, pero…
–Entonces déjame seguir, te aseguro que no lastimaré ni al pequeño Thor ni a ti –lo regañó. Él la obedeció.
–¿Qué haces? –Volvió a preguntar tratando de permanecer quieto, mirando al techo.
–Averiguando en qué posición está –muy a su pesar Loki abrió los ojos y se estiró para verla hacer eso. –Aquí están sus pies –le dijo señalándole cerca de las costillas –y aquí su cabeza –lo tocó en la parte baja hacía la izquierda. Karnilla lo soltó un momento y generó una esfera rojiza en su mano la cual puso sobre la parte más pronunciada de su vientre. La esfera se quedó en ese sitio y luego se evaporó en formas imprecisas. –Es un niño poderoso el que cargas.
–¿Niño?
–Es un varón, pero eso ya lo sabías –él negó –sí lo sabías, lo intuiste. –Había logrado interesarlo en el tema. –Se encuentra saludable, si fueras mujer te diría que nacerá en los próximos días, se siente ya listo. –Loki se puso pálido. –Es normal que tengas miedo, al tener un hijo el cuerpo se escinde y el alma queda expuesta a todos sus demonios contenidos. Es un trance difícil y a menudo solitario –Loki no negó que tuviera miedo, de hecho no dijo nada más, parecía sumido en profundas reflexiones. –Kaarina solía decir que la magia nos guía a nuestro destino pero que nos negamos a escucharla si ese destino no es lo que queremos.
–¿Me estás diciendo que ella me pediría morir por este hijo?
–Te diría que te dejes llevar.
–¿Cómo lo hizo ella? ¿A una muerte segura? –Loki negó. –Ni siquiera puedes estar segura de lo que ella haría, la estás usando como excusa para tratar de convencerme de hacer lo que a ti te parece correcto –Karnilla se cruzó de brazos.
–Creo que la conocí mejor que tú.
–Creo que puedo reconocer cuando alguien trata de manipularme.
–¿Por qué tú eres el mejor en eso? –Loki se incorporó con el abdomen aún expuesto, se veía como una fiera a punto de atacar. Karnilla no se dejó amedrentar. –Si no me crees habla con ella.
–Eso es imposible.
–Estamos en Hel, su alma debe estar en este sitio –Loki empezó a negar pero parecía maravillado –yo puedo invocarla ante ti.
–Si la quisiste tanto ¿por qué no la conjuraste antes?
–Porque yo no tengo motivos para perturbarla, pero tú la necesitas.
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Karnilla cerró la puerta y además la selló mágicamente para que nadie pudiera interrumpirlos. Loki se apartó y la vio trazar un círculo mágico, tuvo que empujar los muebles a una esquina de la habitación para hacerse del espacio apropiado. Se paró en el círculo e hizo que Loki se quedara sentado frente a ella. Él la miraba con atención, tratando de aprender como hacía cuando miraba a Frigga, pero sin su magia la capacidad de entender un nuevo hechizo era limitada. Ella cerró los ojos y murmuró un conjuro que era casi un cántico. No estaba hablando norn, a Loki le sonó como una forma rudimentaria de aesir pues pudo distinguir algunas palabras. La energía de la bruja inundó el espacio y el círculo mágico cobró vida encendiéndose, todo se desdibujó sumiendo a ambos en oscuridad. Stánic no había exagerado cuando dijo que Karnilla era poderosa. La magia norn lo perturbaba, no era lógica, ni estructurada, ni parecía que pudiera esgrimirse, era más un susurro al oído que te guiaba por la vida como si danzaras.
Karnilla abrió los ojos los cuales estaban en blanco. Los contornos de su cuerpo se habían desdibujado. Se movió mirando en derredor con ojos que empezaban a recobrar su negrura pero que a la vez no eran los de siempre, su cabello negro encaneció flotando como si estuviera sumergida en agua, la piel oscilaba también entre fantasmagórica palidez y el tono apiñonado usual.
–¿Kaarina? –La llamó Loki. Ella fijó la vista en él.
–Soy un eco de una vida. ¿Qué deseas de mí? ¿Por qué me has llamado con tanta tristeza? –La voz no era la de Karnilla, era más aterciopelada y pausada.
–Soy Loki de Asgard, quisiera solicitar tu consejo –aguardó antes de decirle que había decidido matar a Engendro. No podría negar que lo emocionaba el hablar con la gran reina aunque fuera de esa manera o quizá sobre todo porque era de esa manera.
–Yo te conozco –habló ella y la bruja norn quedó completamente anulada. La figura dejó de ser etérea y se tornó tan real que Loki se preguntó si sería prudente tocarla. Aquella mujer en efecto era una anciana pero se mantenía erguida ante él sin el peso de los años. –Te vi una vez pero nunca te olvidé –Loki estaba confundido pero no habló temiendo que si la interrumpía se desvaneciera. –Eres el hijo de Járnsaxa.
–Lo soy –murmuró.
–Yo fui su doula cuando naciste –aquello le resultaba imposible.
–No te llamé para hablar de Járnsaxa sino del hijo que espero.
–Hablaremos de lo que hablaremos. Lo que quiere decir que debemos hablar de Járnsaxa.
A Loki no se le ocurría nada que quisiera saber de su madre biológica, en todo caso prefería saber sobre Kaarina.
–Si fuiste su doula, debiste ir de Nornheim a Jötunheim, ¿para qué te hicieron acudir?
–Tu padre quería obligarla a gestarte a cualquier costo, temía que murieras y quería que yo te ayudara a sobrevivir sin importar lo que le pasara a ella –aquello no lo sorprendía. –Járnsaxa no era un jötun así que se maldijo para mutar su apariencia y hacerse similar a ellos. Logró embarazarse de esa manera –la misma maldición que había aprendido él en Vanaheim, la que ahora hacía su apariencia la de un aesir. –No era un foreldrar –Kaarina parecía saber de todo –pero durante la gestación notó que su hijo consumía su magia. Se imaginó que procrearía un gigante, pero además un hechicero pues si robaba su magia era para atesorarla en él. Me llamaron hacía el final pues conforme la magia se acababa la maldición iba revirtiendo. La pobre Járnsaxa iba disminuyendo de tamaño y si su hijo era gigante…
Loki hizo una mueca de dolor. Debió ser aterrador para su madre cavilar aquello.
–Iba a despedazarla.
–El parto era imposible, se necesitaba una cesárea, Laufey temía que murieras si se hacía demasiado pronto; pero de esperar al final ella se desangraría al ser desgarrada –su historia era tan paralela a aquella que no quiso escuchar más pero el fantasma siguió. –Acudí y no pude precisar si eras o no un gigante, acordamos dejar que el embarazo siguiera su curso. Eligió correr el riesgo de dejarse llevar arriesgando su vida pero no la tuya.
–¿Y no le importó pensar que si moría me dejaría en manos del salvaje que la había obligado a gestar un monstruo? ¿No le importó ser parte del plan e Laufey? O es que ¿acaso su "amor maternal" la empujó a ignorar todo eso?
–Escucho rencor en tu voz, contra una madre que te abandonó a una infancia desdichada pero antes de que la juzgues tan duramente debes saber que ella estaba segura de lo que hacía.
–¿Por qué? –Aulló Loki fuera de sí mismo.
–Por una visión de tu futuro. Las doulas norn tenemos clarividencia, cuando la madre está gestando el hijo es parte de ella y podemos mostrarle lo que será. Ella y yo te vimos. Vimos un joven de negros cabellos dentro de una habitación en penumbra, te vimos vestido de azul, con la ropa entreabierta y más aún te vimos mostrando tu propio embarazo –el corazón se le encogía a cada palabra. –Ella y yo supimos que moriría dejándote pequeño pues cuando se miraron uno al otro, no la llamaste "madre" en cambio le dijiste algo más. Encontró tanta paz en ti que por eso te trajo al mundo sabiendo que tendría que dejarte y sabiendo que serías un foreldrar.
Loki no supo si la imaginó o fue real. Kaarina guardó silencio y entre los dos se manifestó otro ser. El cabello era negrísimo, lacio y le caía como una cortina hasta la cintura. Los ojos le demostraron que cuando se maldijo no fue aleatorio el que sus iris se tornaran verdes y sólo verdes. Los rasgos no eran afilados como los suyos sino suaves. Lo miraba como si no pudiera creer que se encontraran uno al otro. Ella estalló en llanto enmarcado por una sonrisa. Lloraba de felicidad y luego empezó a desvanecerse.
Loki supo que debía decirle algo, quizá contarle que se vengaría de Laufey, quizá asegurarle que no la odiaba.
–Járnsaxa –la llamó –estoy enamorado y soy amado.
Casi maldijo su estupidez por soltarle eso pero la sonrisa de su madre se amplió aún más, ella se lanzó a abrazarlo y desapareció como un suspiro sin que él pudiera sentirla.
Todo se oscureció.
Loki estaba confundido. No podía ver pero se percibía a si mismo de pie en una habitación. Una luz tenue se encendió y reconoció el clásico círculo mágico. Caminó en esa dirección preguntándose qué demonios había hecho Karnilla o Kaarina, ya no estaba seguro. Se detuvo ante esa luz la cual se intensificó y en medio de ella surgió un adolescente sentado en un sitial dorado: ¡Hliöskjálf! Peor aún el muchacho debía ser Engendro pues era idéntico a Thor, tal vez un poco menos musculoso. Levantó la mirada y observó a Loki con evidente sorpresa y emoción. Sus ojos no eran azules como los del dios del trueno sino verdes, cómo los suyos.
–Tú eres –balbuceó Loki sin saber si el chico lo escucharía.
–No puedo decirte mucho –le respondió, su voz parecía venir de muy lejos, –pero estoy seguro de que lo deducirás todo como siempre haces –Loki se quedó callado. Aquel joven apoyó las manos en el trono como si tomara impulso y le sonrió ladinamente. –Soy Hërin.
Loki se encontró tendido en el suelo de la habitación, trató de serenarse pues sentía que estaba por enloquecer. El pasado y el futuro se le habían enredado y de momento no podía razonar sino sólo dejarse llevar.
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El mando de los alfh recayó en Hogun. El berserkir los hizo avanzar, ponerse a cubierto de flechas y ponerse a emplazar catapultas a prudente distancia de las lanzas de hielo de los jötun. Los hired se movilizaron también, y entre ambas infanterías se prepararon para el embate. Los gigantes no parecían dispuestos a esperar que ellos tomaran la iniciativa. El día clareaba y con los primeros rayos del sol los vieron acometer corriendo veloces sobre la nieve rumbo a ellos.
Ambos ejércitos chocaron con un bramido ensordecedor que opacó los gritos de dolor, de furia y los llamados de auxilio de los heridos de ambos bandos que iban cayendo.
Volstagg mandó a sus hired clavar los grandes escudos que portaban para resistir el avance jötun mientras que Hogun causaba daño con sus arqueros y con las catapultas. La refriega no mostraba un bando dominante, si bien los jötun tenían a su favor su gran tamaño, aquello también los convertía en blancos ideales de los proyectiles además de que eran inferiores numéricamente.
Sif y Thor hicieron avanzar sus ulfhednar desde los flancos encerrando a los jötun con ello. Hildetand estaba en la pelea y al percatarse de la presencia del dios del trueno se fue sobre él de inmediato. Ambos lo hicieron. Thor estaba dispuesto a hacer prisionero al gigante, lo usaría para que Laufey le rindiera cuentas sobre el paradero de Loki, y si no lo lograba, bien, el rey jötun tendría un hijo menos del cual preocuparse. Ambos titanes se encontraron entre la nieve, sus soldados se apartaron pues era claro que aquello era personal y que el que se metiera acabaría muerto. Mjölnir dio de lleno contra el cuerpo de Hildetand tumbándolo. El hijo de Laufey generó su espada de hielo y con un movimiento obligó a Thor a esquivarlo dándole espacio para levantarse del suelo. Thor conjuró al rayo y Hildetand al hielo. El resultado fue una explosión que arrojó esquirlas de hielo en derredor, la gente retrocedía para salvarse, y por un momento a Thor le pareció que estaban luchando solos. La cuchillada que Hildetand le diera previamente dolía restándole precisión, pero no velocidad y mucho menos determinación.
Trató de asestarle un golpe en la mandíbula al gigante el cual se valió de aquel ataque para sujetarlo del brazo derecho y derribarlo usando su propio impulso; en cuanto cayó en el hielo Hildetand se apresuró a ponerle un pie encima del brazo con el que blandía el martillo. Creó una lanza de hielo y fue a clavarla en el hijo de Odín; pero Thor hizo que un rayo les cayera a ambos encima. Hildetand quedó cegado un momento. Thor levantó al Mjölnir y emprendió el vuelo, como si fuera una bala de cañón, directo contra su enemigo. Ambos salieron disparados a ras del suelo. Hildetand se repuso lo suficiente para plantar los pies en la nieve y agarrar a Thor de la capa. El hielo se terminó y cayeron juntos, precipitándose al abismo, rumbo a un mar helado que los recibió con fauces congeladas.
El agua estaba tan fría que se sintió como miles de dagas clavándose a la vez en el cuerpo de Thor. Se quedó sin aire y soltó el martillo. La oscuridad lo engulló y le pareció que toda la incertidumbre y el cansancio que había sentido desde que Loki desapareciera hacían presa de él. No. No podía dejar que todo terminara así. Abrió la mano en medio de las gélidas aguas y convocó su fiel arma. Cómo pudo salió volando y aterrizó estrepitosamente en la orilla. Había caído de lado aesir. De hecho unos alfh ya venían corriendo hacia él.
–Yo juraba que se había muerto –dijo uno hablando asgardiano.
–Tonto, Thor nunca cae –le recriminaron y levantándolo en vilo lo llevaron donde los sanadores.
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Cuando Hagen llegó tras otro agotador día patrullando aquel reino inmenso junto a las peores soldados de la historia, se encontró con Loki dormitando apaciblemente. Casi le perdonó todas las insensateces que le había dicho al ver su rostro sereno, e incluso se le antojo robarle un beso. La que lucía preocupada era Karnilla. Su prima se veía exhausta pero estaba ahí con el hechicero, muy quieta como rememorando un sueño.
–Hagen debemos irnos –le dijo cuando él se sentó a su lado.
–¿Por qué dices eso? ¿Qué ha ocurrido? –Inquirió él. Ella le contó acerca de la invocación al alma de Kaarina, no le refirió todo lo que había atestiguado en calidad de avatar de su abuela pues el encuentro de Loki con Járnsaxa y luego con aquella promesa de un futuro, eran algo que no le pertenecía y que por lo tanto no podía revelar. Le explicó a Hagen que su abuela había hecho cambiar de opinión a Loki respecto al futuro de su hijo; ahora deseaba salvarlo y para eso debían ponerlo fuera del alcance de la diosa con quién había pactado. –¿Por qué tenías que entrometerte? –Hagen procuró no subir la voz para no despertar a Loki. –¿No se supone que tú no juzgas a quiénes te necesitan como doula?
–Si mataba a su hijo iba a arruinarse con ello. –Su primo le lanzó una mirada de censura. –Abre los ojos Hagen, aún si no llevara al hijo de Thor en las entrañas jamás sería tuyo –su primo apretó los puños los cuales se cubrieron de escamas negras. Se relajó al siguiente instante aunque siguió mirándola mal. –Dices estar prendado de él, demuéstralo. Ayúdame a salvarlos.
–Tú eres la bruja aquí, llévatelo lejos pero no cuenten conmigo. Condúcelo a Asgard y su adorado Thor mantendrá a raya a Hela –Karnilla negó.
–No podemos salir –le dijo. –Aún si invoco el portal no hay reliquia que lo abra. Tú no puedes convertirte en dragón aquí.
–Usen el cofre –le dijo casi con fastidio, señalando lo obvio –se lo trajo de Jötunheim y seguro funciona mejor que mi fuego.
–Yo no puedo blandirlo, sólo los gigantes de hielo pueden… –Hagen ya iba a replicarle pero ella alzó una mano –cuando tienen magia.
Aunque había dicho que no lo haría, al escuchar aquello Hagen empezó a preocuparse.
–Me estás diciendo, ¿qué entre dos hechiceros, un dragón y una reliquia de hielos antiguos; no podemos abrir un portal fuera de Hel?
–Necesitamos ayuda externa –caviló ella.
–Thor –dijo Hagen mirando a Loki dormir echado de lado, con una mano sobre su barriga. –Invoca a Thor, su martillo igual es una reliquia y seguro que entre la corte de Asgard hay algún hechicero que lo guíe.
–Perdona lo que dije antes.
–No importa, ya me empiezo a hacer a la idea, debería olvidarme de él. –Pero no sería ese día, Hagen estiró una mano y le quitó un mechón de cabello del rostro a Loki.
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Entraron con él a la tienda de los sanadores y le acomodaron sobre un tálamo en medio de espantosas convulsiones, corrieron una cortina para darle un poco de privacidad del resto de los heridos. Le despojaron de las ropas húmedas justo cuando Odín entró para verlo. Thor hizo el amago de ponerse en pie, deseaba continuar en la lucha aunque había perdido el control sobre sus músculos y de sus sentidos: las alucinaciones con un mar helado desfilaban ante sus ojos. Aún sentía la corriente de agua, su piel siendo traspasada por miles de agujas heladas que le llegaron hasta el corazón; entrando a sus pulmones, asfixiando sus gritos y nublando sus ideas. Pero eso no era lo peor, las ofuscaciones y la desesperación de no saber nada de Loki le pesaban en el alma como una piedra, había estado tan cerca de Hildetand para sacarle qué había pasado con Loki a golpes, que no podía creer que se le hubiera escapado.
–Descansa, es una orden de tu rey –le mandó –no les daremos tregua a los jötun –su hijo parecía querer replicarle. –Yo marcharé al frente –le dijo.
Aquellas palabras calmaron de alguna forma a Thor, si su padre peleaba, no podía esperar otra cosa que no fuera la victoria. Su padre se despidió de él. Rechazó la comida y el agua, pero se dejó poner las comprensas para que ganara calor y dejó que le colocaran ropas secas. Aun así continuaba temblando y se quedó tendido sin que nadie más lo perturbara, los sanadores deambulaban de un lado a otro. Cuando Heimdall dijo que no veía a Loki, tuvo la esperanza de que su amado estuviera ocultándose como hizo en Alfheim, que de alguna manera hubiera evadido la guerra y entrara encubierto. Después de un instante la opresión de no saber si eso era verdad o una esperanza vana, se volvió tan fuerte que estalló en un grito casi bestial, nadie lo advirtió entre los muchos otros gritos que herían la noche y los ruidos de la guerra.
Se levantó para sentarse en el lecho, tenía una expresión enloquecida.
–General, debería dormir –le dijo Harma acercándose a él para cambiar las comprensas.
Thor había dormido pero no había descansado desde el día en que Loki fue secuestrado. No podía. La preocupación lo atenazaba, no dejaba de pensar en que su amado no estaba en las mejores condiciones para vagar solo y que no sabía el estado de su hijo, estaba temiendo perder a ambos. Era noche cerrada, se quedó con una única luz esperando a que fuera el día siguiente o tal vez ni siquiera eso soportaría, podía hacer un esfuerzo de ponerse en pie, de conducir personalmente el ataque. Prefería desafiar el viento gélido, el humo de los incendios mezclándose con el olor tan característico del bitumen, las ráfagas de lluvia y nevisca, los alaridos de los combatientes y los gritos de los heridos que se confundirían con el fragor de los truenos y el silbido del viento; a estar ahí, sin hacer nada.
–Estoy enloqueciendo –se dijo.
La luz del velón se intensificó y por un momento le pareció que una sombra se coló por su tienda. Lo que tomó como una más de sus alucinaciones resultó ser una mujer de verdad, Thor pensó en coger el Mjölnir para abatirlo si era un enemigo pero luego recordó que no había más fémina que Sif, y que las gigantas de hielo no eran como aquella: Cabellos negros, mirada oscura y piel trigueña. De todos modos Thor alcanzó el martillo aunque un segundo después, uno en el que aquella extraña pudo haberlo matado, sus reflejos no estaban en su apogeo.
–¿Quién eres? –Preguntó, aunque algo en sus facciones le dijo que conocía su rostro.
–Karnilla, de Nornheim –se presentó la mujer. Thor la miró sin comprender. Aquella era la bruja que buscó en Alfheim para salvar a Loki y a su hijo, definitivamente estaba perdiendo la lucidez. –Necesitamos tu ayuda. –Habló ella pausadamente – Loki y tu hijo se encuentran en grave peligro, podrían morir –le dijo con seriedad, aunque en la nota final de su voz escuchó premura –nos encontramos en Hel.
Thor se pasó una mano por el cabello.
–No –le dijo a la alucinación, y a sí mismo. –Loki se encuentra en Jötunheim, por eso estamos derribando muro por muro, para encontrarlo. He venido para llevarlo de vuelta a Valaskialf, no tiene ningún sentido que se encuentre en Hel ¿qué haría él en los infiernos? –Le preguntó a aquella bruja.
–No me corresponde a mí decirlo –dijo ella –pero veo que Loki te conoce bien, pues anticipó que no me creerías, así que me pidió que te convenciera con lo siguiente: Cuando se colaba en tu lecho por las madrugadas, cuando creías que finalmente estaba dormido, le susurrabas palabras de aliento y cariño al oído –dijo Karnilla.
Thor la miró, relajó el amarre sobre el Mjölnir hasta dejarlo caer. Nadie más sabía eso, él creía que ni siquiera Loki tenía consciencia de lo que hacía por las noches abrazado a su cuerpo. Thor le creyó.
–¿Cómo puedo llegar a Hel? –Preguntó.
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La noche que su padre le dio libre, Thor la empleó en volver a Asgard. Se quedó en el observatorio de Heimdall pues no tenía intenciones de ir a Valaskialf cuando lo hacían en la guerra. Heimdall había visto la conversación entre la bruja norn y él. Aceptó enviar un mensajero a Eyvindur para que se presentara ante él a pesar de las altas horas de la noche, también transmitió órdenes que Thor enviaba para Ertan.
El dios del trueno terminó contemplando el firmamento.
–Alguna vez hablamos en este mismo sitio acerca de Loki –dijo Heimdall poniéndose a su lado.
Thor recordaba la plática y que su amigo le había encomiado a desconfiar de Loki. No sabía que pensar respecto a que su amado se encontrara en ese momento en Hel, la bruja había sido escueta en sus palabras pero dio a entender que estaban en peligro y no en cualquiera, Thor conocía las historias que se contaban sobre la diosa de los infiernos y ninguna invitaba a hacer tratos con ella. Meneó la cabeza, no tenía sentido que hiciera un lío de aquello, lo único que debía hacer era ir por Loki.
–Aún no desconfío de él –dijo Thor sabiendo hacía donde iba la charla. –Te pido por favor que no comentes con nadie lo que has oído, ni le digas a nadie a dónde voy, resolveré esto con tiempo y de nada me ayudará preocupar a mis padres. Puedo cuidarlo.
–No lo dudo –dijo Heimdall –pero me pregunto ¿quién te cuida a ti de él?
Heimdall no dijo nada más pues justo en ese momento llegaba Eyvindur. Parecía despierto aunque no alerta, así que lo había sacado de su sueño, no traslució ninguna emoción respecto a verlo en el observatorio aunque así se sintiera. Pasó la vista del guardián hacía Thor esperando que alguno explicara porque lo habían hecho llamar. Thor se adelantó hasta él, Karnilla le explicó cómo debía llegar a Hel y ya que el Bifrost no podía usarse para ello, debía pedirle a un hechicero que hiciera el círculo mágico, y sólo conocía a Eyvindur.
–Necesito pedirte un favor –empezó Thor. –Loki se encuentra en problemas, me ha pedido ayuda y acudir a su encuentro, sólo que se encuentra en Hel, necesito que abras un portal para mí –dijo yendo directo a su problema. Por un instante los pensamientos del elfo fueron claros inclusive para él –sé que está prohibido, y que es un favor considerable el que te estoy solicitando pero considera que algún día ambos seremos reyes y esto pienso retribuírtelo de la manera en que desees –le dijo. La otra persona a la que podría suplicarle tal magia era a su madre pero no pensaba acudir con ella para mortificarla de esa manera.
–Es una insensatez Thor, no sé si nadie te ha dicho como luces, pero parece que te mantienes en pie por pura fuerza de voluntad no porque tu cuerpo lo resista –le dijo negando con la cabeza. –Los infiernos no son sitio para los vivos, el clima es hostil, las almas que vagan ahí son desertores, traidores, escoria… ¿y dices que Loki acudió a Hel? –Eyvindur lo miró largamente –¿para qué y a costa de qué? Hela sólo atiende peticiones cuando obtiene algo a cambio –y eso todos en todos los reinos lo sabían.
Thor no se dejó apabullar pero notó que Heimdall asentía a cada una de las palabras del elfo. Podía imaginarse para qué había acudido Loki a los infiernos pero no quería decirlo en voz alta.
–Tengo que ir –dijo empecinadamente.
Eyvindur soltó un suspiro.
–Abriré el portal para ti –aceptó.
Salieron del observatorio de Heimdall. Eyvindur trazó las runas, elevó el cántico con su voz suave y serenidad acostumbrada. Thor levantó el Mjölnir y desató la furia de cientos de truenos hasta energizar cada una de las runas, fue entonces que el portal se abrió. Más allá, sólo vio oscuridad, de horizonte a horizonte pero no cualquier negrura, era profunda, imponente, hermosa de una manera escalofriante. E invitante, muchos se habían pedido dando un paso y siendo engullidos por ella.
–Voy contigo –dijo de pronto Eyvindur.
Thor se giró a verlo, le lanzó una mirada de agradecimiento. Heimdall se acercó al príncipe elfo y le tendió dos dagas que siempre llevaba consigo.
–Algo es mejor que nada –le dijo.
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Un portal se abrió sobre Hel. Transitando a través de su sombra surgieron dos figuras solitarias. Avanzaron a paso firme a la fortaleza de Hela. La capa roja ondeaba tras uno de ellos, su fiel arma oscilaba en sus manos; la segunda figura caminaba como entre nubes, contrastando con lo rudo del paisaje. A su alrededor se conglomeraron los lobos de Hel, gigantescos, sin pelaje, con rostro humanoide; y los soldados del recinto, anteriormente almas de criminales, traidores, suicidas, mercenarios. Sin embargo nadie los atacó. La diosa había dado instrucciones desde hacia siglos acerca del trato a dispensar al heredero del reino dorado, por cuya alma ella había suspirado mil veces.
Thor llevaba las heridas infringidas por Hildetand, el pavor del mar de hielo anclado a los músculos y la sensación de ser un títere. Estando ahí, no pudo negar lo obvio, Loki había acudido a Hela para matar a su hijo.
Entró en Elvidner sin ser anunciado. Eyvindur no se le separaba, su amigo siempre lleno de templanza no vaciló ni aún en ese reino de pesadilla. Ambos se aposentaron delante del trono de Hela. Ella era tal como se la había descrito su padre alguna vez, irradiaba una belleza fría y se percibía peligrosa.
–Bienvenidos Thor, príncipe de Asgard y Eyvindur, príncipe de Svartálfheim –dijo ella. –Debo decir que no te esperaba –añadió dirigiéndose al hijo de Odín.
–Hela, he venido… –Thor dudó un segundo –bueno, tú sabes a que he venido.
–Te noto cansado dios del trueno. ¿Cuál es la causa de tus fatigas? ¿Acaso la traición es más dura para ti que la crudeza de un campo de batalla? Haz empezado a comprender que no eres sino una ficha en el juego de Loki. No te preocupes, no es mi intención retener al objeto de tus obsesiones. Te lo devolveré ileso, listo para vivir mil años a tu lado si eso es lo que deseas. –Thor la miró receloso. Sabía que Hela no era de fiar. –Pero primero deberá cumplir el trato que tenemos.
–Me imagino lo que te prometió.
–La vida de tu hijo a cambio de la suya. Loki haría lo que fuera para salvarse, inclusive matar a su retoño. No es sino el aesir de los engaños y el caos –las palabras de Hela eran veneno, lo peor de todo es que Thor sabía que eran ciertas.
–Me temo que tengo una palabra al respecto. Aquel de quién hablan habita en el cuerpo de Loki, pero es mi hijo también. No voy a permitir que lo maten.
–Entonces dejarás que Loki muera. Es una ecuación sencilla. La criatura o su progenitor. No creo que puedas escoger. Cumplirá el período de gestación y morirá. Su cuerpo ni siquiera se habrá enfriado cuando alguien, quizás tú mismo, tendrá que abrir sus entrañas para arrancar a su vástago. ¿Puedes hacer eso? Mírate, el poderoso Thor, ¿y de que te sirve eso ahora? Aún con toda tu fuerza no hay nada que puedas hacer.
–Entrégame a Loki, no vine a escuchar tu ponzoña –apretó el Mjölnir.
–¿Me amenazas en mi propio reino?
–Si eso es lo que necesito para cumplir mi cometido: sí. –Percibió a Eyvindur tensarse a su lado.
Hela se levantó, alta y delgada. Parecía meditar la situación.
–Loki firmó un contrato conmigo y cómo sabes no soy una diosa que deba ser decepcionada –Hela agitó una mano y un pergamino apareció en el aire. Un sirviente se acercó y se lo pasó a Thor. –Tal vez no se leyó la letra pequeña o bien estaba absolutamente seguro de poder pagar el precio.
Thor lo desenrolló y leyó el contenido con expresión agria.
"Yo, Loki príncipe de Asgard juro entregar a Hela, gran señora de Nifflheim el alma de mi hijo y de Thor Odínson, aún no nacido. A cambio recibiré protección de la gran señora de la muerte misma que impedirá mi fallecimiento debido a efectos de la magia que engendró a mi vástago"
–Oh Loki, ¿cómo pudiste? – Se sentía apesadumbrado por lo que su adorado intentaba lograr y a la vez desesperado por su impotencia en aquel asunto.
–Si no cumpliera… –lo alentó Hela a seguir leyendo.
"Si no cumpliera con la palabra dada mi alma pertenecerá a Hela como resarcimiento a tal injuria".
–Te lo puedes llevar pero su alma me pertenece –dijo Hela. Le encantó observar el rostro de Thor en ese momento, atormentado y carcomido por las dudas. Era sabido inclusive en su reino que el hijo de Odín era el combatiente más formidable pero que su punto débil era su falta de astucia.
–Libéralo de ese juramento –exigió Thor.
–No –rebatió Hela y sonrió.
–Entonces prepárate para conocer mi furia.
–¿Qué harás? ¿Lucharás con todo mi ejército? Ni siquiera tú tienes posibilidades de triunfo. Tu amigo y tú morirían.
–Cierto –admitió Thor sin dejarse amedrentar, esperando que Eyvindur le perdonara ponerlo en aquel brete –pero estoy seguro de que podemos aplastar una buena parte de ellos. Te estoy ofreciendo conservar intacto tu reino a cambio del pequeño favor de liberar a Loki de su compromiso contigo.
La diosa estaba barajando las posibilidades, la presencia de Loki la había acercado a obtener lo que por tanto tiempo había codiciado. ¿Debía dejarse llevar por la avaricia o actuar con cautela? Ya tenía el alma del hijo de Thor o mínimo la de Loki pero podía obtener un premio aún mayor. Ella suspiró, conocía mejor al hijo de mala cuna de Loki con apenas haberlo visto un par de veces que Thor habiéndolo desposado. Era fácil ver que se trataba de un manipulador sediento de destrucción y lleno de malicia. Thor no se daba cuenta de que debería dejarlo morir y le estaría haciendo un favor al universo y a sí mismo. Y en ello estibaba su ventaja. Hela lo había aguijoneado con sus palabras tentando el terreno, quería estar segura de hasta donde llegaría Thor con tal de salvar a Loki; y ahora con sus amenazas se estaba entregando en bandeja de plata.
–Siempre he admirado tu temple Odínson. Me atrevo a decir que quedan pocos aesir honorables y poderosos como tú. Pocos son los dispuestos a todo por lo que saben correcto y por amor –dijo Hela como si lo arrullara. Aquel extraño lance desconcertó al hijo de Odín, pero en un instante recobró el aplomo. –Estoy dispuesta a que resolvamos esta desavenencia pacíficamente.
–¿A cambio de qué?
–De una pequeña apuesta. ¿Quién conoce mejor a Loki? Yo digo que matará a su hijo para salvarse a sí mismo aun a costa de perder tu afecto, y tú dices…
–Él no hará tal cosa, se ha dejado llevar por la desesperación pero volverá a casa conmigo y saldremos airosos, los tres.
–¿Apostarías tu alma en ello? –Hela estaba encantada, lo tenía justo donde quería. –Si logras persuadirlo de ir contigo anularé el contrato pero si elige quedarse conmigo tú… –Si Thor moría combatiendo su alma iría al Valhala, Hela no tenía intenciones de que eso pasara –…te suicidarás en este recinto.
Thor lo reflexionó un momento, apostar con Hela en vez de usar su fuerza para lograr su misión no era algo en lo que él creyera.
–No lo hagas Thor –le dijo Eyvindur metiéndose en la conversación. La diosa le lanzó una mirada de advertencia pero el elfo no pudo callar. –Su reputación la precede, seguramente serás engañado. –Thor negó, no había opción.
–Déjame leer este acuerdo – pidió. Hela lo hizo aparecer y esta vez se lo tendió a Thor personalmente.
"Yo, Thor Odínson, príncipe de Asgard apuesto con Hela señora de Nifflheim que puedo persuadir a Loki de abandonar este reino conmigo y con nuestro hijo intacto en su ser. A cambio la gran señora de la muerte anulará el juramento previamente contraído entre Loki y ella. Si perdiera y Loki eligiera quedarse con la nueva dueña de su alma entonces me será entregada la espada Nidjeg que destila veneno mortal en su hoja y con ayuda de la misma degollaré mi garganta para que mi alma pertenezca a Hel" Thor hizo una pausa en la lectura incrédulo. "Y me convertiré en general de las huestes de Nifflheim y las guiaré en la guerra contra todo aquel que Hela considere su enemigo, así sea el mismo Padre de Todo".
Hela no pudo reprimir una carcajada que silenció ante una mirada de Thor.
–Bien, pero quiero que además garantices el retorno a salvo de Loki y de Eyvindur.
–Sea –concedió la diosa. –Ahora júralo –lo instó.
–Lo juro –dijo con voz clara y su firma apareció en el contrato el cual le fue devuelto a Hela en el acto. –Basta de ardides, haz venir a Loki, tengo prisa en que volvamos a Asgard.
Hela hizo un ademán y un sirviente se acercó a ella. Le ordenó llamar a Loki y llevarlo ante ella. Thor, Eyvindur y la demoníaca deidad se quedaron en silencio, al cabo de un instante los pasos del jötun resonaron por el salón del trono. Thor se giró a mirarlo, andaba hacía ellos más pálido y ojeroso que nunca, su avanzado estado lo fatigaba pero aun así conservaba gracia en sus movimientos. A pesar del engaño, a pesar de que había huido y optado por destruir a su hijo, Thor se dio cuenta de que lo amaba, lo único que deseaba era protegerlo y llevarlo consigo.
–Thor –lo saludó su consorte sin dar señales de emotividad. –Eyvindur –al ver al elfo la voz de Loki sonó muy sorprendida. El rubio fue a su encuentro y trató de estrecharlo en sus brazos. –¡No me toques! –Loki se apartó de él como si fuera una alimaña y se acercó al escalafón donde descansaba Hela ante la cual hincó una rodilla. –Mandaste por mí.
Hela estalló en carcajadas.
–Ahí tienes tu respuesta. –Pero Thor no estaba dispuesto a dejarse derrotar tan fácilmente.
–Loki, detén esta locura –Thor tomó del brazo a Loki y lo haló hacía sí. Loki lo miró con auténtico terror en la mirada.
–Te dije que no me tocaras. –La ilusión se desvaneció y Thor se encontró sujetando al príncipe dragón.
–¡Hagen! –Hela se levantó una vez más, impulsada por la ira. Una que al parecer Loki era experto en iniciar. La diosa corrió hacía las puertas del recinto conjurando a sus generales, el engaño del que era víctima debía ser pagado con creces. –Liberen a los lobos, quiero a ese asqueroso descastado –los soldados se arremolinaban para cumplir órdenes –maten a Karnilla –gritó la diosa –¡Tráiganme a Loki! ¡Lo voy a emascular! ¡Arrancaré a su hijo de sus entrañas mientras mira y luego lo partiré en pedazos para alimentar a las dísir!
Thor comprendió al punto lo que Loki había hecho, aprovechando que la diosa se había alejado un instante se acercó a Hagen.
–¿Dónde está? –Lo increpó.
–Está huyendo con Karnilla, me dejaron atrás para ganar tiempo.
Thor sujetó a Eyvindur con un brazo, le hizo una señal a Hagen de agarrarse a él como pudiera, lo necesitaba para encontrar a Loki en aquel reino. Levantó el vuelo y salieron atravesando el techo de Elvidner.
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Aterrizaron en un páramo a kilómetros de distancia. Hagen dio con sus huesos en el suelo sin que a Thor le preocupara mucho aquello.
–Loki ya no puede moverse mucho –explicó Hagen tras levantarse y sacudirse el polvo, –Karnilla lo hizo adelantarse para evitar que nuestra reina le hiciera daño cuando se enterase de que iba decepcionarla. –A lo lejos resonó el aullido de los lobos. –Son los mejores rastreadores que he visto, seguro dan con nosotros.
–Guíanos –pidió Thor. Hagen le señaló un promontorio de tierra rojiza. Se movilizaron rápidamente.
–¿Y tú que haces aquí? –Increpó Hagen a Eyvindur –jamás pensé que vendrías con Thor.
–¿Y tú que haces vivo? –Preguntó a su vez el elfo fastidiado.
–¿Te molesta que lo esté? No pensé que me guardaras tanto rencor ya te expliqué una vez lo que pasó –iban casi corriendo tras Thor el cual no les prestaba atención.
El punto que Hagen había indicado era una hondonada tras la cual había una ladera que descendía hacía un valle. Desde lejos Thor pudo distinguir a Loki. Iba vestido de azul caminando apoyándose en Karnilla, lo vio tropezar y caer, la mujer lo instaba a levantarse pero él no podía. El embarazo, la ausencia de su magia y lo enrarecido del ambiente debían estar pasándole su costo. Los tres príncipes corrieron hacía ellos. Hagen se adelantó a ayudar al hechicero.
–No puede más –le dijo Karnilla en norn. El dragón lo puso en pie y Loki reparó en Thor y en el elfo. –Eyvindur –dijo Karnilla y corrió a abrazarlo, éste le devolvió el gesto. De ella si le alegraba que estuviera viva.
Thor sintió que habían pasado siglos desde que dejara a Loki en la habitación que compartían en Valaskialf, cuando partió en búsqueda de Karnilla. Muchas cosas habían acontecido, a Loki lo habían secuestrado, Thor había luchado ya una guerra por él, luego temió que lo hubieran matado sus propios familiares tan sólo para enterarse de que se había evadido hacía el infierno… para matar al hijo de ambos.
–Sabía que vendrías –le dijo Loki sujetándose el vientre y respirando agitado. –Veo en tu rostro que estás molesto pero, ¿podemos discutir cuando estemos lejos de aquí? –Thor hubiera debido decirle algo ahora que su deseo de tenerlo cerca se cumplía pero cuando buscó las palabras encontró sólo decepción e ira. –Y veo que también trajiste a Eyvindur.
–Saludos Loki –dijo el elfo. –¿Qué tal marcha tu pequeño descanso en Hel?
–La compañía no es muy buena que digamos –respondió el hechicero mirando a Hagen –estoy listo para volver a mi hogar. –Si es que todavía tenía uno.
Karnilla les señaló el valle, lo encontraba propicio para abrir el portal. El grupo se puso en marcha pero no habían avanzado ni media legua cuando los aullidos de los lobos de Hel anunciaron su llegada. Las fieras venían bajando por la ladera hacía ellos.
–No hay tiempo de ir más lejos –dijo Hagen. Su prima asintió y se separó un par de metros de ellos. Levantó los brazos y giró sobre sí misma iniciando el trazo del círculo mágico.
Thor maldijo, Loki tenía razón. Lo primero era ponerse a salvo y después ya resolverían sus desavenencias. Conjuró densas nubes de tormenta para energizar el portal.
–Eyvindur protege a Loki –le pidió a su amigo. Él debía ayudar a la bruja norn y no podría luchar. –Hagen demora a los lobos. –El dragón se mostró más ofendido por el hecho de que le diera una orden precisamente aquel que había clamado ser su enemigo, que si hubieran insultado la memoria de su madre y de su abuela.
Eyvindur se plantó delante de Loki y sacó las dagas que Heimdall le prestara. La manada de lobos llegó a ellos. Los brazos de Hagen se cubrieron de escamas, las manos se volvieron garras y sus ojos se tornaron ámbar. No podía convertirse en dragón pero aquella forma bestial igual le era muy efectiva. Desenvainó su espada e incendió la hoja con un hechizo. El príncipe dragón se movía con velocidad dando tajos certeros a las bestias que triplicaban su tamaño. Eyvindur parecía azorado con aquel despliegue de fuerza. Un lobo esquivó a Hagen y se fue directo sobre Loki, los demás no les interesaban mucho. No llegó a él pues ardió antes de eso. Hagen aún tenía algo del fuego de Surtur y le había arrojado una llamarada emergida de sus manos.
–No te muevas –en un rapto de inspiración el elfo proyectó una ilusión sobre Loki el cual se había doblado sobre sí mismo. El hechicero se convirtió en una copia exacta del príncipe elfo; y luego el hijo de Larus se convirtió a sí mismo en Loki, una versión no preñada. Los lobos se le fueron encima. Eyvindur corrió en dirección hacía Hagen que era lo más lógico. El dragón había visto aquella transformación, se estaba riendo por semejante ocurrencia. –Qué bueno que te diviertas –lo reprendió.
Entre los dos mataron un par de bestias. La tercera se le lanzó a la cabeza a Eyvindur y Hagen se metió con la espada en alto, le cercenó la mandíbula pero se llevó un buen mordisco que además le arrancó el acero de las manos. El elfo lo ayudó a levantarse y los dos corrieron alejando a los lobos de Thor, de Karnilla y del verdadero Loki. Hagen se giró y arremetió con las garras desgarrando cuellos, alzando en vilo a esas bestias para azotarlas en el suelo. El elfo era ágil, se defendía esquivando al enemigo y dando tajos, no era tan mortal como su aliado pero de momento bastaba con que siguiera vivo.
El círculo estaba completo. Thor hizo descender los rayos que lo harían cobrar vida. Karnilla cantaba el conjuro que los guiaría a Asgard.
–Está hecho –dijo ella cuando se abrió el vórtice necesario. La bruja se percató de que Hagen y un Loki vestido a la manera élfica se habían alejado demasiado. –Necesitan ayuda –dijo en asgardiano a Thor. El dios del trueno le señaló al Eyvindur preñado que seguía por tierra, ella asintió y fue a por él.
Un lobo le apresó un brazo. Hagen gritó aunque de no ser por sus escamas seguro que le arrancaba la extremidad. En el colmo de las sorpresas de aquel día, aquella bestia retrocedió ante un golpe del mismísimo Thor. Se pusieron espalda contra espalda como alguna vez hicieron, muchos años atrás cuando Hagen vivía en Valaskialf y entrenaban todos los días con Sif y los tres guerreros. Los lobos los miraron con expresivos ojos llenos de odio y les saltaron encima todos a la vez. El Mjölnir centelleaba, Thor desviaba algunos enemigos, aplastaba otros o los fulminaba; Hagen empezaba a cubrirse de sangre desgarrando aquellos seres, o lanzándoles fuego. Eran una marejada interminable de colmillos y zarpas.
–¡Vete Eyvindur! –Le ordenó Thor. El elfo recobró su forma original y obedeció al punto. Uno de los lobos escapó a los príncipes y lanzando una rápida dentellada trató de agarrar al hijo de Larus. Hagen se metió y en cambio dio contra él. Thor le lanzó un rayo que lo obligó a soltar a su aliado pero en cuanto cayó tres lobos más se apresuraron a destrozarlo a mordiscos. A Thor le cayeron encima otros dos, los dientes de uno de ellos se cerraron sobre su brazo derecho, el dolor punzante le corrió por la extremidad pero aun así Thor hizo girar el martillo en su muñeca y apartó a aquellos monstruos.
–¡Hagen! –La voz de Eyvindur resonó atraído por los gritos del príncipe dragón. Los lobos se volcaron contra él. El elfo levantó las manos hacía el cielo y generó una pequeña estrella entre ellas la cual explosionó como una súper nova arrasando con todos.
Thor estaba acostumbrado a la luz de los relámpagos, y aun así se quedó ciego un instante. Levantó a Hagen el cual estaba hecho trizas y lo llevó consigo. Karnilla estalló en llanto al ver a su amado primo con los miembros hechos jirones, eviscerado y el rostro sangrante. Ella sabía curar pero no podía hacerlo de la nada.
–Debemos irnos –habló Loki, más pálido que nunca –debemos llevarlo a Asgard.
–No sobrevivirá –lo cortó Thor. –No hay tiempo.
El elfo se arrodilló junto a Karnilla y la apartó. Le agarró las manos a Hagen y murmuró algo. Su magia, la cual era blanca como todo él envolvió el cuerpo del dragón. Loki reconoció el hechizo. Eyvindur se estaba vinculando a Hagen para prestarle su vida. La respiración del dragón se normalizó. Eyvindur temblaba pero se levantó llevando a Hagen en brazos.
–Karnilla –llamó Loki a su aliada. Ella recobró la compostura.
El aullido de los lobos volvía a escucharse, ya habían demorado demasiado. Loki entró en el portal seguido de la bruja. El elfo los alcanzó llevando a Hagen. Los lobos ya los cercaban. Thor cruzó el portal y una de aquellas fieras los siguió.
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CONTINUARÁ…
