DE ARDIDES Y MENTIRAS.
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CAPÍTULO XII
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Breves notas de la autora:
Ya saben, no cobramos ni una pasta por esto, créditos financieros a los mismos de siempre. Y bueno, agradecimientos a: Todas las que han leído este fic, que se nos unieron desde el inicio como se sumaron a lo largo del capítulo o inclusive al final. Les agradezco su tiempo dado, sus palabras de aliento y sus review, favorite y follow. Este es el último capítulo del fic, tal como habíamos anunciado hace tres semanas. Y en fin, no queda más que agradecer a todas, hasta de las que no sé su nombre.
Lo iba a aclarar en la historia pero finalmente lo diré por aquí: Hërin, es uno de los tantos nombres con los que se conoce a Odín; quien tiene muchos de hecho. Como Thor es nombrado así por su abuelo Bor, su nieto tendría un nombre parecido al de Odín.
¡Nos vemos la próxima semana!
ADVERTENCIAS: AU, Thorki, Mpreg, más sangre y tripas (de la guerra), tortura de un personaje.
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Capítulo XII:
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Se materializaron en el observatorio del Bifrost. Loki nunca pensó que se sentiría tan feliz de ver a Heimdall. El guardián caminó hacia él, lo agarró de la ropa y lo lanzó al suelo. Aquel recibimiento se vio justificado cuando las zarpas de un lobo de Hel silbaron en el aire justo donde Loki había estado un segundo antes. El guardián de ojos dorados acuchilló el cráneo de la bestia con su espada, matándolo en el acto.
–¿Hel? –Increpó mirando a Loki, movió la cabeza con incredulidad.
–Thor –llamó Eyvindur, quien aun sostenía a Hagen, su magia seguía siendo lo que lo mantenía con vida. –Debo volver a mi reino, nosotros podemos salvarlo.
–¿Ese es Hagen? –La sorpresas para el guardián, quién no estaba habituado a ellas, no terminaban.
–Heimdall, te explicaré todo, lo prometo, pero ahora necesito que envíes a Eyvindur y a Hagen a Svartálfheim –el guardián negó. –Se está muriendo y le debo el haber ayudado a salvar a mi hijo.
No sin reticencia, Heimdall activó el Bifrost. Eyvindur no se despidió, actuó con premura y se metió en aquella luz. La bruja norn le lanzó un beso a su primo pero ella se quedó dónde estaba.
A Loki no le había pasado desapercibida la manera en que Thor lo evitaba. Casi no le había dirigido ni una palabra desde que se encontraran en Hel, y tampoco lo había tocado ni por accidente; en cambio había permitido que fuera Hagen, a quién detestaba, quien se ocupara de él, había dejado que fuera Eyvindur quién lo defendiera; y ahora lo dejaba de lado junto a Karnilla mientras que el dios del trueno se acercaba a Heimdall para hablar.
–Noticias de la guerra –le demandó al portero de oscura piel. Heimdall y él se apartaron.
–Fandral se encuentra estable. Sif está bien –empezó Heimdall con lo más importante. –El mismo Laufey dirigió el último ataque, fue una auténtica masacre para los dos bandos. Tu padre se sumó a la contienda, mató a Kjolen, el más experimentado de los generales jötun. Volvieron a tomar el muro exterior, los están asediando ahora mismo, sin duda los gigantes volverán a salir al ataque. Te necesitan.
Loki alcanzó a escuchar eso último. Le dirigió una mirada a Thor y repasó las heridas que exhibía. Sangraba en el abdomen y en el brazo derecho donde los lobos lo habían mordido, como si eso no bastara había notado sus manos amoratadas, un inconfundible signo de hipotermia; por lo demás se notaba agotado. Ojalá aún pudiera curarlo, para serle útil y necesario de alguna manera.
–Loki ya no tiene su magia –le dijo Thor a Heimdall como si el aludido no pudiera escucharlos. –No puede ocultarse de ti, por favor vigílalo –el guardián asintió. –¿Enviaste el mensaje a palacio?
–Sí, Ertan viene en camino, llegará en un momento más, todo está dispuesto como pediste. –Thor se dirigió hacia el hechicero.
Loki notó que se le secaba la boca por la ansiedad. Temía lo que Thor fuera a decirle a la vez que deseaba desesperadamente que le pasara por alto su pequeño escape a Hel y simplemente siguiera amándolo como siempre. Con todas las mentiras, el engaño, el intento de infanticidio y demases, con todo eso o quizá precisamente por eso. Karnilla se apartó dándoles espacio y fue con Heimdall. El guardián le dijo, hablando norn, que Hagen había llegado a las casas de curación de los elfos. Ambos salieron dejando a los príncipes en el observatorio.
–Ertan viene por ti. Te llevará a Gladsheim. He dispuesto que descanses ahí hasta que todo pase –Loki mostró confusión, negó, quería ir a Valaskialf con Frigga. –No. –Thor le leyó la mente –en palacio no estás seguro, te secuestraron de ahí y no permitiré tal riesgo. –Qué ironía que su propio ardid causara su destierro.
–¿Así que me envías a un sitio donde puedas contenerme como a un animal en cautiverio? –No pudo evitar la amargura en su tono de voz; pero el Thor que le consentía cualquier arrebato debido a su estado no estaba ahí, la versión ante Loki estaba demasiado dolida como para escuchar su ponzoña.
–No pongas palabras en mi boca que no dije.
–Acabas de decirle a Heimdall…
–Dista mucho de lo que afirmas. Sólo quiero que estés a salvo y lejos de la corte que te asedia. Y sí, quiero que Heimdall te vigile, él me informará de tu estado mientras estoy en Jötunheim. –Thor le dio la espalda pero Loki lo sujetó de un brazo dispuesto a hacer pedazos a ambos con sus palabras, lo que fuera menos la indiferencia que Thor le dispensaba.
–Lo hice todo por nosotros, no quería morir, no quería que esto terminara; tuve que actuar solo pues tú nunca hubieras podido hacer algo como lo que intenté, ¿qué querías que hiciera? ¿Quedarme cruzado de brazos esperando el final?
–¡Sí! –Thor se giró y lo sujetó de los hombros acercándose –quería que confiaras en mí, que me permitieras salvarte. –Thor lo soltó y suspiró, se pasó una mano por la cara y pareció de repente demasiado agotado y demasiado herido. Loki iba a replicarle pero al ver ese rostro que destilaba decepción enmudeció. –¿Sabes Loki? A pesar de la forma en que se dieron las cosas y de que supe que esta gestación sólo te representaba dolor, estaba aferrado a la insensata esperanza de que en el fondo quisieras a nuestro hijo. Te dije que haría lo que fuera por ti, iba a dar un ojo a Ygdrasill con tal de tener respuestas, y después estaba resuelto a matar a cada jötun que se interpusiera en mi camino con mis propias manos, aún más le aposté mi alma a Hela para anular el maldito contrato que hiciste con ella. Todo eso porque te quería y porque estaba seguro de que aunque nunca lo dijeras nos querías a los dos –Loki sintió que se ahogaba. –Dices que hiciste todo por nosotros, no, todo fue por ti y para ti.
–Tú no puedes entenderme –Loki bajó la mirada. –Eres el poderoso Thor, no puedes entenderme.
–Sí puedo. –Loki lo miró, encontró una lágrima en esos ojos azules. –Eres un bastardo egoísta.
Loki se quedó sin aire ante esas palabras sin ganas de pelear ni de usar su lengua de plata para rebatir cuanto argumento surgiera de labios de Thor. Además, no es que eso último no fuera cierto. Cuando logró articular palabra sólo pudo balbucear débilmente.
–¿Te irás entonces? Pensé que… dado que estoy a punto de… pensé que estarías conmigo. –La furia de Thor pareció ablandarse, levantó una mano para acariciar a Loki pero detuvo su gesto antes de tocarlo. Los días en que se compartían la comida desnudos, comentando tonterías en sus aposentos de Valaskialf de pronto parecían haberle ocurrido a alguien más.
–Confiaré en Karnilla, no tenemos más opción –fue lo que le dijo, Loki mostró una tristeza profunda –pero también estaré contigo, debo irme, volveré pronto a tu lado.
No tenían nada más que decirse y Thor partió dentro del portal. De repente Loki se sintió como si lo hubieran desterrado de su hogar. No supo si era por la lejanía de Valaskialf donde se había habituado a vivir o sí era porque Thor lo había expulsado de sus sentimientos. Paladeó las palabras de su cónyuge, había hablado en pasado para referirse a su afecto.
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Ásta había visto Gladsheim por primera vez esa mañana, estaba ubicada al norte del reino a varias horas de Valaskialf. Aquel lugar era un pequeño poblado en el cual se erigían varias residencias de descanso de la nobleza aesir. La familia real poseía una amplia mansión para descansar. Su cercanía con la costa llenaba el ambiente del permanente sonido de las olas, el clima era frío en esa época del año y estaba rodeada de un bosque que la ocultaba en parte de miradas curiosas. Cuando se enteró de que Radha partía al servicio de Loki, se había presentado ante él y le había dejado en claro que le debía el haberla delatado con Oleg, lo cual había causado que éste le cortara la cara. Todo había acabado bien pero fue gracias a Loki así que estaba en deuda con ella. Deuda que consideraría saldada si le permitía acompañarlo. El paje se mostró nervioso pero ella presionó con un vil chantaje emocional. Sin embargo, Ertan le había solicitado que fuera acompañado únicamente por alguien que cocinara. No se admitirían más sirvientes.
–Pues resulta que sé cocinar –siseó Ásta.
Los preparativos habían sido rápidos y muy discretos. Radha preparó el bagaje de su señor. Ásta modificó su aspecto, dejándose ver a sí misma, con su cabello castaño y ondulado, sus ojos color miel y la piel crema. Ni rubia, ni pelirroja, ni pálida. Se vistió con discreción y recato pero se llevó el abrigo de piel que Harma le había regalado antes de irse a la guerra. Ertan era el encargado de todos ellos. Además de ellos dos en calidad de sirvientes, se llevó un par de docenas de einheriar para proteger la mansión. Al llegar, el hijo de Erwel les pidió con su clásica cortesía, que dispusieran del ala oeste de la mansión mientras él instauraba los turnos de guardia y veía que el perímetro fuera seguro; luego él fue en búsqueda de su ilustre huésped.
Cuando Loki arribó esa noche ya lo esperaban. Tenían la cena lista, su alcoba dispuesta, el baño preparado, sus libros favoritos aguardándolo y las chimeneas funcionando entibiando el ambiente. Ásta lo esperaba expectante. Había rezado por él, hecho promesas de reformarse a cuanta deidad se le ocurrió y llorado pensándolo secuestrado en ese maldito reino de hielo.
–Aquí llegan –dijo Radha. Venían cabalgando, Loki iba con Ertan sujetándose de él, junto a ellos avanzaba una mujer de cabello rizado.
Ertan le ayudó a desmontar, estaba más redondo que nunca. Llevaba puestas ropas ligeras que resaltaban la barriga, Ásta se quitó el abrigo y lo cubrió con él entrándolo en la mansión. Loki no dijo nada mientras ella lo conducía, no quería cenar, ni bañarse, ni leer. Se cambió las ropas que llevaba por una túnica verde que Yrsa previsoramente le había mandado confeccionar y luego se metió en la cama y no quiso saber nada de nadie.
Ásta lo dejó sólo y fue a la sala.
–Nosotros somos los más leales a Loki –les dijo Ertan a los tres. –Debemos ser más cuidadosos que nunca. Nadie que no sea de la familia real tiene autorización para entrar o salir ni para enviar mensajes. Ella es Karnilla –la presentó a Radha y a Ásta –es una doula, es la responsable por la salud de Loki y de su hijo. Radha, verás que cuente con todo lo que necesite, trátala con la máxima deferencia. Ásta, tú dormirás en la habitación anexa a la de Loki, creo que no debo decírtelo pero deberás estar al pendiente de él en todo momento. –Todos se tomarían muy en serio su deber.
Loki no quiso cenar, pero los demás estaban hambreados. Ertan tomó algo rápido y salió a patrullar. Ásta se ocupó de servirles a los otros dos.
–Pensé que Thor vendría con Loki –habló mientras les servía.
–El general Thor –la corrigió el paje –tiene deberes ineludibles –la devoción de Radha por Thor seguía superando el que podría sentir por nadie más. –El príncipe parecía algo abatido –añadió después de un instante. Ásta también lo había notado.
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Al día siguiente Karnilla le hizo una lista a Radha de lo que necesitaba, se trataba de una gran variedad de hierbas medicinales, vendas, bisturíes, mortero, cuchillos y un par de libros que Stánic tenía en Valaskialf. Radha se dispuso a partir a por todo aquello como administrador de ese hogar que era.
Ásta le llevó el desayuno a Loki. Karnilla esperó a que ella saliera para entrar a verlo. Seguía en ropa de dormir, con el cabello alborotado, se veía adormilado pero cuando la miró era la viva encarnación de la serenidad. Ni siquiera tuvo que pedírselo cuando él se recostó para dejarse revisar. A falta de referencias, Karnilla lo trataba como lo haría si fuera una mujer. Lo habitual era que al final del embarazo revisara el latido del bebé todos los días. Sus manos brillaron rojizas y las pasó sobre el vientre de Loki.
–¿Qué pasa? –Le preguntó él en norn –te ves preocupada –ella le hizo un gesto de que guardara silencio. Lo auscultó y él se tensó incómodo pero no protestó.
–¿Cómo te sientes? –Le preguntó cuándo terminó.
–Cansado.
–¿Te duele algo?
–No. ¿Qué pasa? –Empezaba a mostrarse irascible por lo escueto de sus palabras, ¿por qué siempre debía preguntarle dos veces las cosas a Karnilla antes de obtener una respuesta? Ella le aseguró que no ocurría nada y que el pequeño Thor se encontraba bien. –¿Cómo sabré cuando haya llegado el tiempo del alumbramiento? –Inquirió Loki.
–Lo sabrás.
–¿Cómo? No soy una mujer Karnilla, no tendré contracciones, ni líquido, ni nada de eso. ¿Tendré dolor?
–No lo sé Loki. Eres el único hombre que conozco que haya gestado un hijo –bufó, a buena ayuda se había amparado. –Pero estoy segura de que ambos lo sabremos. –Intuir, dejarse llevar, confiar… la magia norn a veces le producía dolor de cabeza. –Hela me enseñó como deshacer y luego rehacer los vínculos que unen a tu hijo y a ti. Los voy a separar antes de que mueras –estaba segura de que eso es lo que debía hacerse aunque los detalles, los alcances y las consecuencias de aquello sólo las sabrían llegado el momento. –No estoy segura de que estarás consciente cuando todo pase, ¿hay algo que yo deba saber en caso de que todo se complique? –Sí, le estaba preguntando qué debía hacer si se veía forzada a escoger entre salvarlo a él o salvar al pequeño Thor. Loki lo meditó un momento.
–Deja que Thor decida –respondió confiado.
–¿Y si él no estuviera? –Loki negó.
–Dijo que estará a mi lado, y él nunca miente. –Karnilla lo ayudó a incorporarse, Loki se acomodó la ropa y con un ademán le indicó el libro de Kaarina, ella se lo pasó, notó que al hechicero le temblaban las manos. Estaba asombrada por lo mucho que parecía resistir.
–Pensé que después de Hel tu estado se precipitaría –admitió. Él negó.
–Después de todo yo no resulté herido en ese reino. –El hechicero la miró –¿cómo estará Hagen? Lamentaría que muriera.
–Está vivo –afirmó categórica –es sangre de mi sangre y lo quiero mucho, si muriera lo sentiría –Loki asintió.
–Acerca de lo que sucedió…
–Quizá no deberías hablarme de ello –lo interrumpió. –Heimdall nos mira justo en este momento.
–¿Cómo lo sabes?
–Puedo sentir su mirada sobre nosotros. –Loki se maravilló por esa intuición, de tener magia, le hubiera pedido de inmediato que le enseñara a presentirlo.
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Nornheim era un reino de clima cálido, así que Karnilla sintió frío esa mañana en Gladsheim. Había dejado a Loki tomando una siesta y ella fue a refugiarse en la cocina. Ásta se encontraba ahí preparando la comida. Karnilla había visto la manera en que trataba a Loki, como se había quitado el abrigo la noche anterior para cobijarlo como si pudiera tener frío siendo de sangre jötun. La bruja se preparó un té, Radha aún no volvía con las provisiones.
–¿Cómo está? –Preguntó Ásta en términos sencillos mientras cortaba vegetales.
–Agotado.
–¿Cuándo nacerá el pequeño Thor? –La bruja se rió pues ella solía llamar al hijo de Loki de la misma manera.
–Creo que aún le tomará días. –Ásta la miró y Karnilla desahogó lo que la había preocupado previamente. –Lo revisé antes –no fue específica al respecto de dónde había sido aquello, –y estuve segura de que el bebé estaba listo, ayer que llegamos pensé que sería cuestión de horas, pero ya no… –se quedó callada escogiendo las palabras para decir lo que pasaba. –Una vez atendí una parturienta que con mucho esfuerzo retuvo a su hijo dentro de ella. –Ásta hizo una mueca de dolor.
–¿Piensas que eso es lo que está haciendo? –Preguntó Ásta. La bruja recordó toda su serenidad y la forma en que crispaba las manos al tomar el libro de Kaarina.
–Se ve muy concentrado en algo, y creo que es retrasar el nacimiento.
–Pensé que ya no tenía magia.
–Aún le queda algo –por eso mantenía su aspecto aesir.
–¿Y qué pasó con aquella mujer? La que retuvo a su hijo.
– Mi abuela la convenció de rendirse –Ásta la miró significativamente. –A él no voy a convencerlo, no se puede, creo que lo hace porque está esperando por Thor.
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La batalla había irrumpido en Feigelfossen como una avalancha. Los ulfhednar y los alfh acometían como oleadas contra los gigantes que continuaban una defensa cada vez más desesperada; en su derrota el frenesí con que luchaban se había vuelto más sangriento. Sif vio a sus hombres con los miembros despedazados al ser azotados contra el suelo, los vio colgando de picas de hielo, con los cráneos aplastados, partidos en dos con tajos feroces. Ella misma no se reconocía. Iba toda teñida de rojo, con el largo cabello pegado a su cuello debido a la sangre seca; no sentía los brazos enhiestos entre el frío y el esfuerzo. Otro gigante a la vista, hundió el puño en el hielo, ella reconoció aquello, dio un salto esquivando los picos emergiendo a sus pies, cayó rodando y se levantó para clavar su arma en el mentón del enemigo deshaciendo rostro y cráneo con certero movimiento. Otro rival, ella se agachó esquivando, se giró y patinó sobre la sangre congelada, en su caída aquel jötun intentó pisarle la cabeza pero la extremidad con que lo intentara salió volando cortada. Se incorporó.
Era Hogun que la había seguido, su espada aún chorreaba sangre. Sif asintió y remató al jötun caído. Los alfh la seguían como a su diosa de la guerra. Las puertas de la citadel al alcance de ellos finalmente.
–A un lado –la voz de Bran los alertó, todos hicieron espacio y la puerta que flanqueaba el castillo se vino abajo con un ataque combinado de Gungnir y Mjölnir.
Bran se lanzó con los hired a la saga, la batalla continuaría en el interior del castillo. Thor ya se adelantaba. Sif lo vio convertido en un arma sin alma. Estaba agotado y con la mirada vacía, luchando sin dudar y sin misericordia. Usando el Mjölnir dio un potente golpe en las piernas al primer gigante que le salió al paso partiéndole las extremidades para luego rematarlo con un golpe en el esternón que debió destrozarle el corazón. Los gigantes se les fueron encima como animales en estampida. Thor abrió una brecha arrojando al frente el martillo y al recobrarlo electrocutó a los caídos. El olor a carne chamuscada inundó el recinto. Los ulfhednar siguieron a su general casi sin tener nada que hacer.
El Padre de Todo se quedó atrás, cuanto jötun se lanzó sobre él fue abatido casi al instante. Algunos gigantes se rindieron ante él. En el interior ocurría una escena similar. Un grupo de jötun se rindió a Thor tirando sus armas y poniéndose de rodillas.
–¿Qué hacemos con ellos? –Preguntaron los ulfhednar. Thor ni siquiera miró a aquellos guerreros.
–Hagan lo que quieran –masculló y siguió su camino hacia la sala del trono.
Sus hombres se prepararon para masacrar a aquellos desgraciados cuando Sif interrumpió.
–Somos asgardianos, nunca matamos a los que se rinden –los interrumpió.
–Sif, si esto fuera al revés, si ellos hubieran ganado y nosotros pidiéramos misericordia, seguro que nos mataban como a cerdos –la contradijo uno de sus soldados.
–¡He dicho que somos asgardianos! ¡Deber y honor! –Sus hombres resoplaron descontentos pero se formaron.
–¡Deber y honor! –Le respondieron.
–Llévenlos ante Odín –ordenó –y no dejen que los alfh se les acerquen. –Dicho eso corrió para alcanzar a Thor.
Bran ya irrumpía para hacerse cargo de aquellos gigantes que preferían morir en combate que rendirse.
Thor se plantó en el salón principal del castillo con Volstagg, Sif y Hogun tras él. Ahí los esperaban Laufey y Hildetand con pocos de sus hombres. Un bando corrió hacía el otro, sin estrategia, ni planes; sin indulgencia ni rendiciones. Hildetand fue a por Thor pero Sif se metió de por medio, atacó con la espada mientras su amigo seguía rumbo a Laufey. El gigante atrapó la hoja de Sif y la lanzó por los aires. Volstagg llegó corriendo a tomar el relevo. Sif cayó y varios enemigos se le vinieron encima deseosos de rematarla, ella era un trofeo importante.
–¡Sif! ¡No! –un viejo amigo se interpuso. Se trataba de Ull que salió a defenderla, todo estaba perdido ya no le importaba nada, excepto que ella saliera lastimada. El jötun, más pequeño que los otros, se puso a combatirlos provocando su furia ante su traición. Sif se puso de pie pero no pudo ayudarlo. Fue atravesado por diversas estocadas y cuando llegó al suelo ya estaba muerto.
La valkiria se quedó sin palabras ante aquel despliegue de amistad, procuró cobrárselas, Hogun se le sumó.
Volstagg logró hacer retroceder a Hildetand, estaban trabados espada contra espada. El pelirrojo sudaba en el esfuerzo de empujar a su rival hasta hacerlo caer con gran estrépito. Hildetand no iba a aceptar morir echado sobre sí. Se levantó de nuevo y saltó sobre Volstagg con su hoja de hielo. El hired lo esquivó por poco, la hoja se clavó en el suelo pero Hildetand creó una nueva y luego otra, arremetió con dos espadas a la vez, letal aunque impreciso.
Thor se acercó a Laufey despacio como calculando el golpe fatal que le daría. Había comprendido que Laufey nunca dejaría en paz a Loki y, quizá, si lo mataba aniquilaría parte del odio que Loki sentía. Respiraba pesado balanceando el Mjölnir y luego se quedó quieto mirando al rey jötun. Éste sonrió, la misma sonrisa de Loki antes de lanzarse a la destrucción; y atacó. Thor esquivó la espada y lanzó un golpe del martillo. Laufey salió disparado contra el trono resquebrajándolo, el hijo de Odín saltó con su arma en vilo y descargó un poderoso golpe que acabó por reducir aquel escabel a ruinas; Laufey lo burló por poco y se giró para clavar su espada en su rival. La hoja acertó pero Thor ya se movía y evitó que se le encajara en la carne aunque le abrió un tajo largo. Laufey le lanzó un puñetazo y el dios del trueno cayó, el jötun le pisó el brazo derecho, el que ya tenía lastimado desde Hel. Thor gritó mientras le trituraba los huesos. Laufey levantó su espada presto a decapitarlo.
Sif vio todo eso de lejos y corrió hacia allá presa de la desesperación, Hogun tendió su arco apuntando a Laufey.
–¡Thor!
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Radha volvió con las provisiones. Ásta pasó horas junto con Karnilla y el paje cortando raíces, hirviendo, mezclando, creando pócimas. Karnilla los dirigía pero no les explicaba para qué era todo eso.
Esa noche a Loki le tomó su tiempo conciliar el sueño a pesar de que durante el día no le había costado trabajo dormir dos siestas tumbado junto a la chimenea. Apenas había cerrado los ojos cuando percibió una presencia en la habitación. Se incorporó y vio una amenazante figura femenina materializarse. Ella parecía danzar, con lánguidos movimientos de sus manos iluminó la habitación generando diminutos orbes azulados. El efecto era hermoso pero Loki reconoció de lo que se trataba; la mujer estaba sellando la habitación contra miradas y oídos ajenos.
–Saludos Loki –siseó.
–Saludos Hela –la voz del hechicero fue mesurada, dominando sus emociones. –Ahora que nuestros lazos se han roto, dime, ¿en qué puedo servirte poderosa señora? –La trató con cautela.
–¿Lazos rotos? No sé de qué me hablas –dijo ella paseando por la habitación.
–¿Es qué no lo sabes? Al parecer Thor te venció en tu propio juego. –Los dos se rieron.
–Me precio de conocerte Loki, eres un mentiroso y traidor, sólo que para mí desgracia la víctima de tus engaños en esa ocasión fui yo. ¿Y cómo te resultó todo? Escuché noticias perturbadoras que me encomiaron a buscarte.
Loki miró la puerta mientras hablaba, no se creía que ese fuera un encuentro cortés, sin su magia no había oportunidad de vencer a Hela. Otras figuras aparecieron en la alcoba, materializándose de entre las sombras, eran seis dísir que sin prisa y sin apartar los ojos de él, se fueron apostando frente a las salidas. Era obvio que estaban ahí para impedir que él huyera o que alguien entrara a ayudarlo. Sopesó sus posibilidades, todos lo hacían dormido y con las barreras era difícil que escucharan algo de lo que pasaba, peor aún, estaba seguro de que Heimdall no podía verlo.
Su fachada de frialdad empezó a mostrar grietas.
–¿De qué noticias hablas? –Le preguntó.
–Antes fui a buscarte a Valaskialf, pensé que te encontraría al lado de la dulce Frigga, que entre los dos se consolarían en estos tiempos aciagos. He visto al Allfödr, luce derrotado a pesar de que sus ejércitos han entrado a Feigefossen, he oído los lamentos de sus amigos y también he visto el llanto de los aesir.
–¿De qué hablas? –Loki mordió el anzuelo de la miseria.
–¿No lo sabes? No me extraña, estás recluido en este lugar, apartado del luminoso Valaskialf. –Hela fue hacía él y se acercó como si fuera a besarlo, no quería perderse ni un poco de su expresión. –Thor está muerto. –El rostro de Loki se transformó en una mueca burlona y retrocedió. –Te han alejado demasiado de la corte por eso no lo sabías, temen que atentes contra tu hijo o contra ti mismo al conocer esta noticia. Debo decir que es una pena porque yo ansiaba su alma, pero ahora que ha muerto en batalla Brunhilda la reclamó hacia el Valhala –dijo con tono decepcionado apartándose lentamente de él.
–Querida Hela, no es que no aprecie tu compañía pero un mentiroso reconoce a otro, lo que dices es falso y sí no lo fuera la propia Frigga me lo diría, ella no me ocultaría tal noticia.
–¿Entonces por qué veo temblar tus manos? Temes que mis palabras sean ciertas y que el dios del trueno ya no exista, peor aún, que lo último que haya sabido de ti es que no eres más que un traidor y manipulador. ¿Qué harás ahora, Loki? ¿Escapar nuevamente? Él no va a volver a ti, sólo te queda revolcarte en el suelo con tu prole esperando las migajas de los magnánimos aesir.
–No estoy dispuesto a escucharte más –dijo Loki yendo a la puerta pero tal como temía, las dísir no se apartaron de ésta y Loki tuvo que retroceder.
–Pero también te quedo yo –añadió Hela y desenvainó una espada. –Estoy dispuesta a perdonarte Loki y más aún estoy dispuesta a mantener mi palabra. Tu deseo aún es darle muerte al hijo de Thor, te daré la libertad que anhelas. Escapaste de Niflheim por temor y ahora el temor te ha aprisionado en este lugar pero yo puedo acabar con todo ello.
Un escalofrío corrió por la espalda del aesir antes de volverse hacía Hela. No, ella no lo conocía, aún si lo que decía era verdad, aún si Thor estaba muerto, aun así…
–Lo siento pero no tendrás nada de mí.
Hela le lanzó un golpe con el arma, ella era un diestra esgrimista; Loki pudo burlarla y se lanzó hacía su escritorio donde tenía una daga. Hela lanzó otra estocada que hizo mella en el mueble. A Loki le costaba moverse, tiró un golpe hacía ella el cual abrió un surco en su mejilla pero al hacerlo quedó a su alcance.
Cayó al suelo con gran estrépito, un hilo de sangre le corrió por el rostro. Hela no quería matarlo, al menos no todavía, y la prueba estaba en que teniendo la oportunidad lo había golpeado con el mango de la espada en vez de con el filo. En cambio se arrojó sobre él, Loki la tomó de las muñecas. En fuerza física estaban igualados, o al menos así era antes de que él se quedase sin energía para continuar. Arrancando el arma de manos del ojiverde la señora de la muerte le dio una estocada en el vientre.
–¡Ah! –Loki se dobló sujetándose –¡No! ¡No!
Hela se irguió sin soltar el arma y se quedó quieta observándolo. La venganza que tanto había deseado al fin se realizaba y con creces. Loki llevó sus manos a su abdomen, sangraba. No, no era suya la sangre que observaba manchando su ropa y sus manos; era de su hijo. Su grito resonó en la habitación la cual no dejaría escapar sonido alguno. Hela levantó la espada y volvió a atacarlo, Loki atrapó la hoja con las manos, ella le arrancó el filo casi mutilándolo y con un movimiento fluido lo desventró. Aquel dolor era el más atroz que hubiera conocido, sostuvo sus entrañas con las manos sin atreverse a mirar, temía encontrarse con el diminuto cadáver hecho trizas entre los jirones de su piel.
–¡Maldita! –No tenía palabras que alcanzaran para insultarla ni fuerzas para obligarla a pagar.
–No te preocupes –Hela apoyó el filo de la espalda en la nuca de Loki como para afinar el tajo que daría, –conocerás a tu hijo en el infierno.
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–¡Loki! ¡Loki! –Karnilla lo sujetaba con ambas manos de su cabeza. Recitaba un conjuro y hacía pausas sólo para llamarlo por su nombre. –Ya abre los ojos –dijo la bruja a alguien más. –Loki mírame.
Procuró hacerle caso, su respiración era agitada y luchaba por incorporarse. Karnilla lo ayudó a sentarse y al punto se buscó la letal herida en el abdomen descubriéndose, se encontró con su abultada barriga a salvo, la piel intacta, ningún vestigio del atentado. Posó sus manos sobre su vientre sin hacer caso a lo que Karnilla decía, ella iba a tocarlo pero la apartó. Engendro se movió y Loki soltó un suspiro de alivio, lo sobó sabiendo que eso lo calmaría.
–Estás a salvo –le susurró.
–Ásta –habló Karnilla –ve a la cocina y tráeme la infusión que preparé –pidió hablando aesir. Hasta entonces Loki reparó en Ásta y en Radha, los cuáles iban en ropas de dormir y se veían pálidos y asustados. Ásta tenía el cabello revuelto y lo miraba entre sollozos; salió corriendo a cumplir la orden de la bruja. –Tuviste una pesadilla – añadió ella.
–Eso no fue una pesadilla. –Loki empezaba a recobrar el dominio de sí mismo. Volvió a cubrirse. Karnilla lo instó a recostarse de nuevo y Radha se acercó con un paño para secarle la frente perlada de sudor.
–Quizá tengas razón, sentí la presencia de Hela en la habitación –dijo pero tras eso se calló pues Radha se puso pálido con la sola mención de la señora de los infiernos. Guardó silencio, a nadie le habían confiado su viaje a Hel. Loki asintió pero no le contó lo que había acontecido en su mundo onírico. Ásta volvió con la infusión.
–Loki, ¿estás bien? –La preocupación de la mujer era genuina. Karnilla le ayudó a beber aquel brebaje de sabor amargo pero que de inmediato aplacó sus latidos acelerados. –Te oí gritar como si te mataran y tuve miedo por ti. No podía despertarte por eso fui por Karnilla, te contorsionabas de dolor, fue espantoso –dijo ella impactada por lo que había escuchado. El paje al lado de ella, fue asintiendo a cada una de las palabras.
–Hay que dejarlo descansar –dijo la bruja.
–No creo que pueda dormir –la rebatió el ojiverde, no después de lo que había visto y sentido. Deseó más que nunca la compañía de Thor que lo tranquilizaría y que con su presencia desmentiría lo que la diosa del inframundo había dicho. En ese momento se quedó calló pensando en sus palabras, Hela quería mortificarlo, por eso no podía creer que Thor estuviera muerto, él siempre salía airoso de todas sus peleas, de todos los obstáculos que el destino le ponía. Se negó terminantemente a pensar en la idea de su vida sin su esposo.
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La bruja norn y Ásta habían pasado el resto de la noche junto a Loki. Radha había querido hacerles compañía pero era pertinente que alguien durmiera en la residencia para estar fresco a la mañana siguiente. Entre los tres empezaron una conversación superflua. En algún punto de la madrugada el hechicero cayó dormido y el ataque volvió a producirse. Hela no apareció en su pesadilla pero las dísir que sólo habían contemplado anteriormente, se le echaron encima tras la frase: "Nuestra señora nos ha pedido este encargo, pero nos divertiremos aún más, porque eres el amado de Hagen". El odio que le profesaron al dragón negro en Hel fomentó que las dísir no le tuvieran piedad.
Sin duda se trataba de un hechizo pues fue imposible para Karnilla despertarlo. Los gritos de su aliado resonaron por la residencia al tiempo que se arqueaba en doloroso rictus. Despertó por sí mismo aterrado. Karnilla volvió a tranquilizarlo y finalmente él reveló el contenido de sus sueños. Las dísir daban muerte a su hijo y luego a él. Hasta que no lo mataban no despertaba y estaba casi seguro que al dormir ellas estarían aguardándolo para agredirlo. No volvió a conciliar el sueño y Karnilla no lo culpaba. El dolor en los sueños se sentía como real.
Ni Radha ni Ásta entendían porque la señora de los infiernos deseaba torturar a Loki, estaban asustados de que su príncipe estuviera maldito. No preguntaron nada, en Asgard sólo los poderosos aesir mencionaban el nombre de la diosa, ni siquiera se le mencionaba cuando maldecían.
El problema estibaba en que Loki no podía estar sin dormir, sobre todo en ese punto de su gestación en el que el pequeño Thor consumía casi toda su energía. Radha y Ásta se encargaron de velar por su príncipe mientras Karnilla preparaba otra poción, una que revitalizara a Loki para que durmiera lo menos posible. Hasta la cocina le llegó el triste sonido de aquel suplicio. Cuando se acercó nuevamente a la habitación, Ásta estaba al borde del llanto, adoraba a Loki y sufría viéndolo así. Karnilla intentó poner una barrera protectora que dejara fuera a Hela. Cuando Loki cayó dormido nuevamente pareció que su magia funcionaba pero apenas había permanecido en paz unos instantes antes de que la barrera se rompiera y otra vez se iniciara la pesadilla.
–Necesito armas –masculló Loki aturdido al despertarse nuevamente. Karnilla no dejaba de notar que cada vez que lo hacía acariciaba su abdomen hasta sentir que su hijo se movía dentro de él y sólo entonces se relajaba. Eso alentaba la determinación de la bruja de salvar a los dos. –Radha ve al puesto de guardia y tráeme una lanza, una espada, arco y flechas, lo que puedas.
Si el sirviente encontró aquella petición extraña no dijo nada y fue a cumplir la orden al punto.
–¿Qué pasa Loki?
–En nuestra batalla se reproduce el sitio en el que esté, si tengo armas conmigo tal vez pueda usarlas en el mundo onírico para defenderme.
–Tal vez alguien pueda acompañarte en el sueño, un guerrero diestro podría hacer la diferencia –dijo Karnilla.
–Ertan es el más indicado –dijo Ásta.
Loki no pareció muy convencido de hacer entrar a alguien dentro de su pesadilla a contemplar su dolor, pero aceptó finalmente, consciente de que necesitaba descansar. Radha llamó a Ertan, cuando el capitán llegó a su alcoba ya estaba informado de lo sucedido. Ertan tenía instrucción ulfhednar, había sido adiestrado por Fandral en persona y luego por Sköll cuando asumió su cargo como líder de los einheriar; pero las dísir no eran cualquier enemigo que uno pudiera abatir, aquellas mujeres malignas devoraban almas.
–Haré cuanto esté a mi alcance para protegerlo –aceptó con semblante serio.
Karnilla se acercó a él con una esfera rojiza en la mano, se la tendió e hizo que tocara a Loki con ella. En el acto Ertan cayó dormido junto con Loki. En efecto se materializó en el sueño pero las valquirias malditas se fueron encima de él con un alarido digno de la más espantosa criatura en dolor perpetuo. La primera dísir que llegó hasta él se derrumbó a sus pies con una daga proveniente de la mano de Loki clavada en la espalda. Eso no bastaba para destruirla así que Ertan levantó el escudo para bloquear un golpe y se acercó a su oponente para aplastarle el cráneo con éste. Dio media vuelta para enfrentarse a otra que lo atacaba por la espalda y que le lanzó un tajo bajo el yelmo. La estocada de su enemiga le acertó debajo del pecho pero la cota de malla paró el golpe, de modo que Ertan le clavó la espada en el cuello. Cortó piernas a otra más y partió en dos a la cuarta. Se replegó hasta donde se encontraba Loki. Una dísir levantó el hacha que portaba y asestó con tremenda fuerza sobre su escudo, una y otra vez, lo estaba destrozando. Ertan no tuvo más que retroceder, deshacerse del escudo y bailar de izquierda a derecha para esquivar los golpes. Se separó de Loki el cual retrocedió incapaz de mantener el ritmo del combate. Ertan apartó de un empellón a su rival buscando espacio para pelear, por el rabillo del ojo encontró a Loki detrás de un mueble, había perdido todas las dagas y tenía, quien sabe obtenía de donde, una lanza que esgrimía defendiéndose. Ese momento de distracción, hizo que el hacha de su enemiga le rozara la sien con un chirrido de acero contra acero. Su mundo se tornó rojo, logró ponerse nuevamente de pie.
–Esto es un sueño –se dijo tratando de ignorar el dolor. Logró hendir el pecho de su rival y luego se apresuró a ir por aquella que tenía acorralado a Loki, la atravesó por la espalda y apartó el cuerpo. Se plantó delante del príncipe. Ambos contemplaron a sus enemigas caídas. Hubo un remanso de paz antes de que, de entre las sombras de la habitación, se materializarán de nuevo. Ahora eran muchas más y dando gritos de batalla, en el nombre de la diosa Hela atacaron.
Ertan procuró defender a Loki pero eran demasiadas. Al cabo de un encarnizado combate se encontró a si mismo con los brazos mutilados y de rodillas. Alguna lo tomó del cabello para echarle la cabeza atrás y cortarle el cuello. Se ahogó en su propia sangre, antes de morir vio como acorralaban a Loki y lo sujetaban de los brazos con los que trataba de defender su vientre.
–Nadie puede protegerte –habló una dísir. –Ni éste –señaló a Ertan –ni nadie.
Despertó sobresaltado, Radha retrocedió diciendo algo de que no podía resistir más aquello y salió de la alcoba. Loki se retorcía. Ásta le tomaba las manos con fuerza mientras elevaba una oración a Ygdrasill. Lo torturaron largamente. Loki despertó al cabo de horas, con mirada desquiciada. Miró a Karnilla como ausente abrazándose como si su cuerpo fuera a caerse en pedazos. La maldición de Hela iba a enloquecerlo. Ásta se había retirado para darle algo de la infusión relajante, que habían hecho para Loki, a Ertan. Igual dijo que buscaría a Radha.
–Mi amigo –la bruja norn trató de confortarlo –¿qué te hicieron esta vez?
–Jamás lo diré a nadie –musitó. La doula hizo algo que no había hecho antes, lo abrazó y le susurró una canción cuyas notas aplacaron el corazón acelerado de Loki y lo imbuyeron de una sensación de calma. –Karnilla –le dijo Loki recobrando lucidez. – Las dísir dijeron que nadie puede protegerme de esto, sé que lo hicieron aduciendo que Thor ha muerto –la bruja norn lo miró incrédula –Hela me dijo que había muerto –dijo recordando la primera pesadilla.
–¿Hela? ¿La misma diosa que ordenó que te torturaran cada vez que duermes? –dijo Karnilla sin poder creer nada que la deidad hubiera dicho.
–¿Podrías buscarlo? ¿Hacer una proyección astral cómo hiciste antes? –Le preguntó. –Quiero saber que se encuentra bien –pidió. Siempre daba por hecho que Thor era invencible, y eso le hacía olvidar que a pesar de ser un dios, también podía morir.
Karnilla asintió.
–Proyectarse de un reino a otro es agotador y debo preservar mi magia para el parto pero buscaré a Heimdall, él puede darme noticias de Thor –dijo la norn. Loki la vio concentrarse en un solo punto, estaba murmurando algunas palabras y de pronto Heimdall apareció en la habitación. Loki era consciente de que no lo veía, igual que en Hel, Thor no lo vio cuando Karnilla lo convocó. –Loki desea tener noticias sobre Thor –le explicó en pocas palabras.
El portero se quedó quieto, miró hacía las estrellas, ladeó un poco la cabeza.
–No lo veo –dijo desconcertado por ello.
–No –dijo Loki. Su rostro se desencajó por completo.
–Hablaré con el rey Odín, en cuanto tenga noticias de él, me comunicaré con ustedes –dijo Heimdall, quien también se veía sorprendido por ello, su imagen etérea se disolvió al momento.
Karnilla se giró entonces a Loki que se dejó recostar contra la cabecera pensando en las palabras del portero. Ella se sentó a su lado. A pesar del poco tiempo que llevaban de conocerse, Karnilla casi podía leer sus pensamientos. Sin haber escuchado su conversación en el observatorio le era notorio que había reñido con el dios del trueno, y seguramente esa conversación le pesaba junto con las palabras de Hela.
–Loki, Hela está molesta contigo, desea mortificarte. Está esperando que te dejes llevar por la tristeza, que cometas una tontería y te dejes morir para así vengarse de los tres –le hizo ver, pero Loki pareció no escucharla del todo. –Es una hechicera demasiado poderosa, si puede envenenar tus sueños, puede hacer desaparecer a Thor. Confía en mí –añadió. A últimas fechas parecía que en verdad eso era lo único que podía hacer.
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Mientras Radha atizaba el fuego de su estancia, Loki recorrió la habitación descalzo y salió al balcón de piedra blanca desde donde se dominaba gran parte del valle de Ida. Sintió la roca fría bajo los pies, el viento soplaba fiero pero la vista hizo que todo se le olvidara por un instante. El mar se apreciaba envuelto en bruma a la luz de la mañana, y el sol hacía que el bosque pareciera de oso macizo. Apoyó las manos en la balaustrada de piedra.
–Me gustaría ir al mar –le dijo a Radha.
El paje accedió a sus deseos. Salieron caminando por la puerta lateral de los jardines, no había sol, parecía que aquella tarde iba a llover pero no le importó. Le bastó encontrarse en el exterior para sentir que estaba libre y vivo. Fue un respiro al encierro que se había autoimpuesto desde que se enteró de su embarazo. Radha caminaba detrás de él. Los guardias le siguieron con la mirada pero ninguno hizo ningún movimiento, se quedaron quietos en sus puestos de vigilancia como estatuas. Se acercó hasta el final del jardín, terminaba abruptamente en un acantilado, había un camino rústico que llevaba hasta el mar embravecido por el clima.
–Quiero quedarme en el exterior, al menos unas horas –le dijo a Radha. Estaba harto de ver las mismas cuatro paredes, y si algún mensajero de parte de Heimdall se acercaba, quería ser el primero en verlo.
El chico le señaló un banco cerca de un mirador. Algún noble aesir había tenido el mismo deseo en el pasado que él, así que Loki se acomodó ahí. Radha hizo aparecer, casi como magia, una pequeña mesa cerca de él, uno de sus libros y luego se perdió rumbo a las cocinas para llevarle más té de la infusión que Karnilla le preparaba constantemente. La ardua tarea de no permitirle dormir era una batalla continua. Radha, Ásta, Karnilla, todos estaban extenuados. Y no sólo ellos, Ertan continuaba siguiéndolo al mundo de pesadillas aunque nunca lograba evitar que las dísir se ensañaran con él.
Se cubrió la cara con las manos, le hubiera gustado tener la intuición de Karnilla para presentir el bienestar de Thor, pero lo único que sentía era que una desgracia les había desviado las vidas.
Miró el paisaje, la luz aun siendo escasa le molestaba en los ojos, pensando que esa incomodidad le mantendría lúcido fue que se quedó de pronto dormido. Apenas sucedió, las dísir lo rodearon, Loki sacó una daga de entre sus ropas y se apuñaló en el corazón. Despertó sobresaltado pero espabilado, su respiración se agitó sólo un poco. Se le había ocurrido esa mañana suicidarse en el sueño para salir rápidamente, pero se temía que las vengativas valkirias no iban a permitir que lo hiciera de nuevo.
Se puso en pie, miró hacia atrás sólo para constatar que Radha aún no volvía de las cocinas. Caminó, porque al menos eso lo mantenía alerta y siguió al impulso que tuvo de descender por el acantilado. Lo hizo despacio, con una mano pegada a la pared de roca hasta llegar al final. Descubrió que había una estrecha playa de arena endurecida por el mar, y que la furia de este chocaba con unas rocas más adelante, como un rompeolas, por lo que la bruma de mar llegara con menos fuerza hasta dónde estaba. Cabía mencionar que Loki no sabía nadar pero eso no le impidió despojarse del manto que lo cubría ni del calzado que llevaba. Si en algún momento consideró que estaba cometiendo una locura, no lo pensó dos veces. Avanzó con lentitud disfrutando con la sensación del mar en sus pies, la piel de su cuerpo se erizó pero de inmediato estuvo mucho más despierto. No se atrevió a ir más hondo, se quedó ahí, con el agua casi llegando a su vientre.
Había cosas que nunca se decía, ni frente al espejo, ni a solas, ni a oscuras. Verdades que según él, no formaban parte de su esencia. Pero lo cierto es que sí era un bastardo egoísta, y un embustero. Había aprendido a engañar para ser libre, y la forma de librarse de sus propias trampas era inventando nuevas. Siempre que arreglaba un problema era porque ya se había metido en otro. Ahora que estaba en ese lío ¿qué iba a hacer? No podía hablar de Thor muerto.
–No, no puede estarlo– se dijo a sí mismo. Luego se dio cuenta de que mantener la esperanza tan empecinadamente era una característica habitual de Thor, no de él. Como si obtuviera una respuesta Engendro se movió dentro de él. Apoyó su mano sobre su vientre para tranquilizarlo. –Tendrás una abuela que te mimara y un abuelo estricto, Thor será un padre cariñoso. Si convence a sus amigos de tener hijos, tendrás compañía en la corte, será una buena infancia –auguró, al menos mucho mejor que la suya. –Yo… –se quedó callado en ese momento –nunca he sido bueno cuidando a las personas porque antes no tenía alguien que me importara pero estoy aprendido a hacerlo. Lamento haberte vendido a Hela pero en mi defensa debo decir que tú empezaste –se rió de nuevo. Era una tontería pero lo hizo. El pequeño Thor se quedó quieto, aún con el mar golpeando el cuerpo que lo albergaba. –No vas a morir –le aseguró.
Le dio la espalda al mar. Radha corría por el camino de piedra a su encuentro, lo alcanzó cuando Loki ya salía con la ropa mojada, le tendió la capa con la mirada llena de miedo ¿es que creyó que había considerado suicidarse?
–Estoy bien –dijo para tranquilizarlo.
Los miembros le pesaban como si fueran de plomo, y sentía que razonaba muy lento debido a la falta de sueño. Radha lo ayudó a andar hasta la mansión. Justo cuando iban llegando a la entrada un heraldo apareció cabalgando. Llevaba mensajes para él.
–De parte de Heimdall –dijo aquel.
Loki abrió el lacre de inmediato. El primero era un mensaje del portero explicando que Thor se encontraba bien sin dar más detalles. La segunda misiva era de palacio, informaba que la reina viajaba hacía Gladsheim y llegaría esa misma tarde. Eran las noticias más agradables que le podían dar al hechicero. Le ordenó a Radha que preparara de inmediato la habitación de Frigga en esa morada, el paje se apresuró a cumplir órdenes junto con Ásta. Karnilla siguió a Loki a su habitación para que se pusiera ropas secas. Lo vio más lleno de energía que en los últimos días. La bruja se preguntaba cuánto tiempo más esperaría a que Thor llegara a su lado para dejar a su hijo nacer.
–¿Sabes realizar una barrera sensorial? –Inquirió él desnudándose. Los días en que le incomodaba la mirada de Karnilla sobre su cuerpo habían quedado atrás.
–No. Mi magia no se basa en el ocultamiento y las ilusiones como la tuya.
–Pero si te dijera cómo, ¿podrías hacerlo? –Insistió Loki.
–Posiblemente aunque me atrevo a afirmar que no podría cegar a Heimdall si es lo que buscas. ¿Qué deseas esconder?
–No es para Heimdall, es para Frigga.
–No te comprendo.
–Es seguro que me dormiré en algún momento, estoy muy cansado. No quiero que ella escuche mi batalla con las dísir. –Karnilla asintió.
La expectativa de reencontrarse con Frigga mantuvo despierto a Loki todo el día. Sin embargo Radha se encontró encendiendo las luces y el fuego del hogar sin que ella hubiera arribado. Al final Loki ya no se tenía en pie. Ni Karnilla, Ásta o Radha tenían palabras para alentarlo a seguir esperando. Se recluyó en su habitación y en el círculo que había trazado Karnilla para que sus gritos de agonía no escaparan de aquellas paredes. El hechicero se empeñó en quedarse a solas esa noche, no quiso ni siquiera que Ertan intentara pelear contra sus enemigas.
–Aprovechen para dormir ustedes –les dijo, aunque se veían tan preocupados que era seguro que no pegarían pestaña sabiendo que él sufría nuevamente.
Karnilla y Ásta se dirigieron a la cocina para tomar la cena. Radha se había marchado a sus aposentos a dormir mostrándose inapetente. Finalmente cuando las horas avanzaron lentas, Ásta se despidió de Karnilla para acudir a su alcoba, aunque dijo algo de que pasaría a ver a Loki antes de acostarse; en ese momento entró Ertan a las cocinas.
–La reina ya viene en camino –les dijo –llama a Radha –le pidió a Ásta.
Aquella noche se les estaba haciendo bastante larga. Los tres se presentaron a recibirla con parte de la guardia. Salieron al jardín desde donde observaron la escolta de Frigga subiendo por el camino. La reina montaba un caballo blanco, todos se hincaron ante ella.
–Bienvenida Alteza –dijo Ertan acercándose para ayudarla a descender de su montura.
–Saludos –dijo Frigga pero no sonrió.
–¿Dónde está Loki? –Inquirió otra voz. Radha respingó y se puso en pie de golpe. Era Thor.
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Sif andaba en el campamento asentado en Jötunheim. Estaba en el pabellón de curación, iba de un lado a otro dándoles palabras de ánimo a sus soldados heridos ya fueran ulfhednar o alfh. Harma se le acercó.
–Princesa Sif –detestaba que la llamaran así a últimas fechas. –Deberías descansar –ella negó. Le habían vuelto a poner un hombro en su sitio y lo llevaba vendado, pero no tenía heridas mayores, además de que aún tenía la adrenalina de la batalla corriéndole por las venas, no podría conciliar el sueño. –Por lo menos come algo. –Estuvo de acuerdo en ello pero primero fue con Fandral.
Encontró al espadachín molesto por no haber participado en la batalla final, se recuperaba bien de la herida que casi lo mata ahogándolo en su propia sangre. Lo enviarían a Asgard con el resto de los heridos al día siguiente.
–¿Dónde está Thor? –Preguntó Fandral, no era propio de su amigo el dejarlo sin visitar sabiéndolo herido en combate.
–En Asgard –respondió Sif –volvió donde Loki –Fandral asintió y no se quejó. Sif apretó los labios. Thor no estaba bien pero no había querido hablar con ella, no es que hubieran tenido mucho tiempo.
–Princesa –la llamaron y ella crispó los puños. –Sif –se corrigió el soldado al ver su reacción. –El Padre de Todo te llama.
Acudió donde su rey. Supuso que habría nuevas disposiciones militares que atender pero cuando entró en el pabellón real se encontró sola. Ni Bran, ni Volstagg, ni Hogun. Odín estaba frente a su escritorio. Le indicó que se sentara y el mismísimo rey le ofreció una copa de vino que ella aceptó.
–A tus ordenes rey –le dijo y se sentó tras una reverencia.
–Thor mató a Laufey –inició Odín. Ella asintió, había presenciado aquello. Entendió que el Padre de Todo deseaba un relato de primera mano. Algo parecía preocuparlo.
–Irrumpimos en el salón del trono, Thor fue directo a por él, parecía un combate parejo pero Laufey se impuso. –Ella se había separado de Thor acorralada por una horda de jötun que falló por poco en su misión de matarla, gracias a Ull. Rememoró el momento en que vislumbró a Thor tirado, a Laufey rompiéndole el brazo con el que usualmente esgrimía el Mjölnir. Hogun le había disparado al rey jötun, le atinó en un hombro y luego éste tuvo que moverse para evitar una flecha directo a su rostro. Esa interrupción le permitió a Sif llegar a ellos; saltó felina contra Laufey buscando su cuello con su acero pero el gigante la recibió con un revés de su brazo y desvió su trayectoria. Sif había dado contra el suelo zafándose el hombro izquierdo. Laufey continuó machacando el brazo de Thor y pretendía hacer lo mismo con su cabeza. Alzó el pie, y ella le arrojó su arma, no le acertó pero tampoco le había apuntado a Laufey sino a Thor. Su espada se clavó a un palmo del dios del trueno quién la tomó con la mano izquierda y cercenó la extremidad que pretendía aplastarlo.
–Laufey cayó y Thor se incorporó con mi espada. El rey jötun le gritó algo –el semblante atento de Odín le indicó que deseaba conocer aquellas palabras. –Lo insultó –no enumeró cómo –y luego le dijo: "Si Loki sobrevive y Asgard arde algún día, sólo tendrás que voltear a verlo para saber qué mano prendió la pira". Thor respondió: "Ya lo sé" y le cortó la cabeza –finalizó su relato.
Volstagg y Hogun habían sometido a Hildetand. El príncipe parecía buscar la muerte pero no se la concedieron, en cambio decidieron entregarlo a Odín. Sif dejó de lado sus recuerdos. El rostro del Padre de Todo era insondable y ella no se atrevió a preguntarle si le preocupaba algo acerca de la muerte de Laufey. La dejó marchar luego de eso.
Odín había recibido un peculiar mensaje de Heimdall después de la batalla, mientras Harma atendía el brazo de su hijo. El portero dijo que no podía ver al dios del trueno. El Rey ordenó que los dejaran a solas y presintió una energía ajena a él. Haciendo uso de Gungnir, con la cual le apuntó a su hijo el cual ni parpadeó ante ello, anuló una maldición y además reconoció la silueta de su autora antes de que se desvaneciera: Hela. Su heredero no tuvo opción más que revelarle que Loki había ido a Niflheim en busca de una respuesta a la amenaza que encerraba dar vida a su hijo. Cuando Thor le narró los pormenores le pidió su consentimiento para volver a Asgard y él se lo otorgó. Odín se quedó solo y en silencio, meditando aquello largamente. Heimdall también les había dicho que Loki se perdía de su vista, cuando se suponía que ya no tenía magia, pero Odín no tenía qué hacer nada, para ello Thor ya había marchado de vuelta a Asgard.
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El paje casi empujó a las dos mujeres fuera del camino y condujo con premura a sus señores al interior de la casa. Junto con la reina viajaban Jyana y Sköll. El guardián de la reina se reunió con el capitán para hablar de la seguridad de Gladsheim y no entraron a la casa, pero los demás sí. La bruja posó sus ojos en la lesión del brazo derecho que mostraba el dios del trueno pero nadie parecía dispuesto a preguntarle qué le había sucedido. El semblante del hijo de Odín era severo.
Cuando notó su intención de acudir a las alcobas de Loki, se interpuso.
–Alto. –Thor no dijo nada, la tomó de un brazo con firmeza y la hizo a un lado. Por algo era Thor, no pedía permiso a nadie de hacer nada, se dirigió hacia los aposentos del hechicero sin que necesitara que nadie lo escoltara.
Karnilla miró a la reina aprehensiva. Estaba preocupada por lo que Thor estaba a punto de ver. Radha se ocupó de escoltar a Frigga junto a la chimenea de la sala. El paje hizo que Ásta llevara té a la reina mientras él decía algo de que no esperaban al general Thor y que no tenían listas sus habitaciones, dijo que de inmediato se ocuparían de ello. Karnilla fue a ellos.
–Lo verá morir –dijo ella a la reina la cual no comprendió de qué hablaba. –Radha dile de Hela –pidió. No podían seguir ocultando que Loki había tenido tratos con la diosa de la muerte y la explicación que pretendía dar era demasiado compleja para su dominio del asgardiano. El paje pidió permiso a Frigga para hablar y ella se lo concedió con un gesto. El protocolo cortesano desquiciaba a Karnilla.
–Habla de las pesadillas –explicó –la diosa de Niflheim tiene embrujado al príncipe, cada vez que duerme, las dísir se adentran en sus sueños para tratar atrozmente al bebé y a él; sin embargo el dolor que siente es demasiado vívido –expuso. La bruja asintió enfáticamente.
–Hacer tratos con Hela y luego defraudarla es sin duda peligroso –dijo Frigga. Quien demostró con ello que estaba al tanto del viaje de Loki a Niflheim. –Loki se pierde constantemente de la vista de Heimdall –dijo la reina, de ahí la razón del disgusto de Thor. Seguramente pensaba que Loki estaba tramando algo.
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La habitación estaba en penumbras. Thor no podía ver a Loki ni oírlo encerrado como estaba en un círculo mágico. Como detestaba esa magia. Se adentró en la barrera y lo encontró tendido en su lecho, su respiración era irregular mientras enfrentaba otra pesadilla. Thor no estaba preparado para lo que vio. Sus extremidades estaban rígidas y extendidas como si lo sujetaran de ellas, los puños crispados, los labios fuertemente apretados conteniendo un alarido.
–Loki –fue a él y lo tomó en sus brazos. Si hubiera escuchado a Karnilla habría sabido que no podría despertarlo. Su amado convulsionó y gritó. Un grito de rabia. Loki aullaba su dolor, la humillación y el rencor que lo apresaban. Y Thor no pudo hacer nada.
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–Majestad. Karnilla cree que la diosa trata de agotar al príncipe Loki para provocarle la muerte.
Frigga recibió esa grave noticia impávida. Se volvió hacía la bruja y trató de hablarle en términos sencillos.
–¿Puedes ayudarlo? –Empezaba a comprender que el destino conjuraba para evitar el nacimiento de su nieto y lamentaba amargamente aquel calvario por el que sus hijos pasaban.
–¡Karnilla! –Thor avanzaba hacía ellos rápidamente llevando en brazos a Loki. –¡Despiértalo! –Le exigió trastornado por lo que había visto y por su propia impotencia. –Despiértalo –ordenó de nuevo mientras lo depositaba con cuidado en un sillón de la estancia.
–No puede mi señor –habló Radha en lugar de la bruja. –Ya lo ha intentado con hechizos, con pócimas, con rezos, incluso con la fuerza física, nada puede despertarlo hasta que las dísir le dan muerte en su mente.
Thor miró con rabia a Karnilla como si ella tuviera la culpa. Loki gemía pero el ataque se había aplacado momentáneamente.
–¿Qué le está pasando?
–Las dísir –respondió Karnilla. –Deben tenerlo sujeto y estar preparando algo terrible –dijo ella al observar ese pequeño remanso de paz. –Loki nunca nos cuenta mucho, sufre… –pensó la palabra –con dignidad. –Al ver a Thor acariciar el rostro de Loki tuvo una idea. Ertan no había sido rival para las dísir, pero él sí. Lo había visto arrancar de cuajo el cráneo a un lobo de Hel cuando escaparon de Niflheim. –Puedo guiarte dentro –le indicó acercándose –tú despiértalo.
Thor asintió. Ella le tendió una mano, al tomarla se encendió una luz roja en ella. Karnilla le indicó que tocara a Loki con aquella pequeña flama y al hacerlo Thor cayó inconsciente a su lado. Frigga parecía preocupada pero por primera vez en días la bruja sonreía.
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Dentro del sueño Thor apareció en la alcoba de Loki. Todo se percibía sumamente real y nítido, sin duda aquello era más que una ilusión del mundo onírico. El mobiliario del lugar estaba destrozado como símbolo silencioso de una pelea. Ubicó a Loki con la mirada, yacía en un rincón de la estancia agazapado. Antes de siquiera poder llamarlo una dísir le salió al paso.
–¡Tú! –Lo reconoció pero no llegó a decir su nombre cuando Thor la sujetó del cuello y la impactó en el suelo destrozando su cabeza. Había más como ella. Loki se enderezó al escuchar el sonido de la trifulca. Thor había recogido la espada de la primera que había matado y la usó para exterminar a la siguiente. Las valkirias malditas no dejaban de brotar de las sombras. Balanceó la espada con la mano izquierda; el acero chocó, degolló otra, a tiempo para enviar al suelo a la que venía atrás con certera patada, la remató en el suelo y se giró para apuñalar la que seguía. Su habilidad se fue imponiendo hasta que logró plantarse frente a Loki y desde ahí defenderlo. Le tomó lo suyo y terminó herido pero finalmente las valkirias malditas desistieron, la habitación acabó surcada de sus cuerpos corruptos pero no pudieron ponerle una mano encima a Loki.
De las sombras comenzó a materializarse un nuevo grupo de dísir. Se agruparon y marcharon contra ellos dos. Thor miró de reojo a Loki quién lo contemplaba con evidente ansiedad. Levantó el brazo izquierdo llamando al Mjölnir. Las dísir estallaron en carcajadas como si no creyeran que su arma pudiera irrumpir en una pesadilla conjurada por su diosa. Enarbolaron espadas y atacaron. El martillo irrumpió a través del techo y Thor les lanzó un rayo haciéndolas caer chamuscadas o retroceder cegadas por su luz. El Mjölnir centelleó aniquilándolas e iluminando la estancia reduciendo las sombras a nada.
Thor soltó su arma y se le acercó. El ojiverde se sujetaba el vientre sangrante y temblaba. Tenía un labio roto, las muñecas y los tobillos en carne viva. Thor recordó la postura en que lo había encontrado en un principio y dedujo que las dísir lo habían sujetado mientras mataban al niño.
–No entiendo este nuevo truco –dijo al ver a Thor sin reconocerlo –pero jamás les daré la satisfacción de verme suplicar.
No parecía muy cuerdo pero a juzgar por el estado en que se encontraba no podía culparlo. Al mirar su vientre vacío y el charco de sangre sobre el cual se hacinaba el infame pensamiento que estuvo por brotar de labios de Thor se disolvió: "esto es lo que querías en un principio". Esa terrible verdad había volado rauda a su mente pero el cuerpo de Loki le gritaba que eso no era cierto, que había defendido a su hijo con uñas y dientes y que justamente por eso las dísir se habían ensañado con él.
–Soy yo –le dijo pero su adorado no lo reconocía. Iba a tocarlo pero Loki se encogió. Thor se sentó a su lado. Ambos estaban agotados, heridos y hastiados. Thor respiró pausadamente y las palabras empezaron a brotar de sus labios sin meditarlas. –¿Recuerdas que consumamos el matrimonio antes de la boda? –Loki parpadeó y lo miró sorprendido. –Luego de eso me fui a Alfheim y me alcanzaste allá para luchar en la guerra conmigo, en Tonsberghus había nieve y se te ocurrió lanzarme una bola –lo tomó de una mano sin que lo rechazara. –Y me contaste lo mucho que detestabas a tu familia –lo atrajo hacía él para rodear sus hombros con su brazo bueno. –Me curaste muchas heridas, me diste consejos, me enseñaste a entender más a mi padre.
–Y tú me regalaste un caballo –habló Loki recobrando la calma.
–Un magnifico caballo –lo corrigió Thor. Se quedaron callados, Loki temblaba dolorido.
–Thor –quiero la revancha contra Hela. Eso iba a pedirle pero ni siquiera estaba seguro de conservar un lugar en el corazón del dios del trueno como para demandarle nada. Excepto una cosa. Señaló la espada junto al rubio. –Por favor mátame, hazlo rápidamente para que no sufra más. Quiero despertar, quiero volver a sentirme completo –añadió y sus ojos se perdieron en su cuerpo mutilado.
El ojiazul asintió. Lo dejó en el suelo, tomó el arma.
–Esto se terminó. Yo dormiré a la par tuya para que no vuelvan a tocarte. Lo prometo –le dijo antes de atravesarle limpiamente el corazón.
Thor despertó mirando el techo de Gladsheim. Se incorporó con el recuerdo de haber matado a Loki de la manera más compasiva que pudo. Su madre abrazaba a Loki el cual finalmente había despertado. Por encima del hombro de Frigga volteó a mirarlo. Tenían tanto que decirse y tan poco tiempo. Loki se soltó de la reina.
–Se mueve –anunció. Frigga no dudó en posar sus manos en el abdomen de Loki para sentir el patalear de su nieto.
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Karnilla unió a Thor al sueño de Loki. Su presencia hizo desistir finalmente a las dísir y Loki durmió doce horas seguidas. En un principio Thor consideró quedarse en el sillón de la habitación pero había terminado por meterse en la cama, por Surtur, por algo estaban desposados. Se quedaron abrazados retando a la diosa de Niflheim. Al amanecer, Thor se retiró del lecho y se dejó caer en el sofá de la estancia, Loki en cambio se recargo de la cabecera de la cama, aunque su rostro tenía mejor color que el día anterior aún mostraba un remanso de ojeras negras y profundas, había perdido algo del peso ganado con la preñez y lucía enfermo.
–Lamento no haber venido antes –se disculpó Thor. Su voz era seria y no mostraba ninguna inflexión que diera pie a saber que sentimientos guardaba dentro de sí. Loki hizo una mueca en referencia a ello, no había sido su intención tenerle de espectador ante las atrocidades que Hela se había ingeniado en realizar para él, pero no podía negar que estaba contento de que hubieran quedado atrás. –Cuando Heimdall me dijo que no te veía, pensé que estabas a punto de acudir a Muspellheim a pactar algún extraño trato con Surtur; monté en cólera. En cuanto me vi libre de las obligaciones de la guerra, le pedí a mi madre que aguardara por mí para que llegáramos juntos y por eso nuestra demora –volvió la cabeza hacía él. ––Le conté lo sucedido en Niflheim, no podía ocultárselo. Ni a ella, ni a mi padre.
Loki debió de haber pensado algo así, Thor no era de los que mentían. Bajó la mirada, no había hablado aun con Frigga aunque el día anterior ella se había mostrado tanto preocupada por él como amorosa. En cuanto a Odín, no sabía que pensar del rey pero seguramente no le había hecho gracia lo que Loki hizo.
–¿Te arrepientes de haberte casado conmigo? –Inquirió de pronto Loki –ahora que sabes lo que soy.
–Estaba de verdad enojado contigo, creo que jamás me había sentido de esta manera, con la sangre hirviéndome por dentro. Rumié la decepción de lo ocurrido a cada minuto, hasta que me encontré con tu padre en el campo de batalla –dijo Thor. La historia de aquel combate no tenía nada que ver con lo que Loki había preguntado así que no la narró. –No, Loki, no me arrepiento de haberme desposado contigo, nunca lo haré –dijo sin ningún titubeo. Lo miró directamente a los ojos, Loki vio aquel amor que le profesaba, de forma desesperada, tan igual al día en que riñeron por el acuerdo de Odín.
Loki soltó el aire, no se había dado cuenta de que lo había retenido. ¿Significaba eso que lo había perdonado? Loki se sabía una criatura rencorosa, no tan fácilmente le hubiera absuelto una decepción a Thor. Le estiró una mano y Thor se levantó del asiento para volver a la cama junto a él, esta vez fue Loki el que le besó la mano izquierda.
–Esto… –dijo señalando su brazo herido –¿quién te lo hizo? –Le preguntó.
–Laufey –le contestó dijo Thor sin más. –Lo maté. –Loki apretó los ojos. No, no odiaba menos a Laufey al saber eso pero al menos ahora estaba seguro de que su hijo no tendría que cargar con esa amenaza. –Tu hermano está cautivo. Sif se encuentra bien, igual que los demás aunque Harma echa mucho de menos tus poderes de curación. Mi padre se ha quedado en Jötunheim, yo pude ausentarme para estar contigo –dijo.
Loki quiso hacer más preguntas pero no encontró que ese fuera el momento adecuado. De pronto se quedó sin aire. Su hijo había escogido justo ese momento para moverse. Se dobló sobre sí mismo y se abrazó el abdomen sabiendo que eso lo calmaría.
–¿Estás bien? –el dios del trueno se acercó más a él.
–Se mueve –dijo sintiendo que se le encajaba en las costillas –es una sensación curiosa. –El rostro de Thor mostró su emoción ante lo que Loki le decía. –¿Quieres tocarlo? –Le preguntó. Antes no se lo permitía pues temía que Thor se encariñara tanto con el pequeño, que lo eligiera por encima de él. Thor estiró la mano y la posó en el vientre de Loki, quién lo tomó del dorso y lo guió. –Karnilla dijo que sus pies están por aquí –casi le rogó a su hijo que cooperara y continuara estirándose, su hijo desde ya demostraba que podía ponerse de su lado. Al sentir el movimiento Thor sonrió y sus ojos se iluminaron. –Es un niño. ¿Mandaste a arreglar la armadura con los enanos y encargaste el caballo? –Inquirió Loki.
Thor se rió, Loki no estaba muy seguro de cuándo fue la última vez que lo había visto así. Cuando terminó, también pareció más relajado, a pesar de sus palabras había permanecido serio o tal vez fuera el cansancio debido a la guerra. Loki comprendió en ese momento que jamás podría revelarle que él había planeado su auto secuestro, había verdades que era mejor no decir.
–Si –aceptó –le dije al caballerizo que estuviera pendiente de cuando Freki estuviera en celo, sé que a Sif no le hará gracia. No le he pedido permiso, no le digas nada –dijo mordiéndose un poco los labios. Luego su expresión se volvió más seria. –Has cambiado –aseguró –pensé que aún deseabas deshacerte de nuestro hijo pero, en esa pesadilla… –aludió pero ante el gesto de Loki se calló un momento –no la volveré a mencionar pero comprendí en ese momento que también era importante para ti.
–No Thor, yo no he cambiado. Mi forma de ver al pequeño Thor lo hizo, por eso incumplí mi acuerdo con Hela cuando tuve la oportunidad. Esperaba huir de ella pero no pude salir solo antes de que todo se complicara aún más. Siempre digo que puedo cuidarme, que no te necesito pero al final siempre recurro a ti –dijo Loki –creo que en ese aspecto soy como los demás, siempre quiero estar a tu par.
Thor se rió de nuevo, Loki no entendió que le hizo gracia.
–Eres más listo que yo. Burlaste a Heimdall, a Laufey, a tu hermano, a mi padre y a mí; a Hela y sólo Ygdrasill sabe a cuántos más. Eres tan poderoso que mis enemigos te quieren a su lado y los demás te temen porque no pueden comprenderte. Estás a mi par Loki, a veces me hubiera gustado conocerte antes de que el odio enraizara en ti, y evitar que cometieras todas estas locuras.
Loki hizo una mueca, eran muchas piedras pequeñas, a saber cuál fue. Esperó a que Thor le contara más cosas, como el final de la guerra contra Jötunheim, pero comprendió que esas noticias Thor no se las iba a dar, no por desconfianza, sino porque parecía decidido a no perturbarlo con ellas.
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Se quedaron dormidos de nuevo, tomando la siesta. Thor despertó todavía adormilado, por fin descansaba los desvelos que arrastraba desde antes de Jötunheim. Se había quedado pegado a Loki. No sabía qué hora era. Se estiró y lo atrajo hacía él para abrazarlo, panza de por medio. Loki ya no lo empujaba cuando trataba de tocarlo así que ahora resarcía todas las veces que quiso sobarlo y no se dejó. Le puso una mano encima, el pequeño debía dormitar o algo así, no se movió. Miró el rostro tranquilo de Loki, con las pestañas negrísimas cayéndole sobre los ojos, los pómulos marcados de tanto que Hela lo hizo sufrir y la piel pálida. Estaba muy distinto del Loki que conociera hacía ya más de un año, pero a la vez sabía que la persona que adoraba seguía estando ahí, debajo de capas y capas de resentimiento; enmarañado en planes intrincados, algo aterrorizado por su embarazo todavía. No se pudo aguantar las ganas y lo besó despertándolo. Loki lo envolvió en sus brazos para que no lo soltara y se dejó llevar mordiéndole los labios suavemente a Thor, saboreándolo sin abrir los ojos.
–¿Resultaría ofensivo para tu habilidad de besar el que te diga que aún tengo sueño?
Thor se rió.
–Sí –le respondió –pero puedes volver a dormir y te puedo volver a despertar con un beso, a ver si al segundo intento soy tan bueno como para espabilarte. –Loki sonrió y se hizo un ovillo entre las sábanas.
–Junto con el beso tráeme algo de comer –le dijo con algo de cinismo.
–Karnilla me dijo anoche que estás muy consentido.
–Karnilla podrá decir lo que quiera, no es ella la que espera a tu hijo –Thor bufó y le acarició el cabello, pero lo dejó dormir.
Sentía que respiraba la paz previa a la tormenta. Afuera llovía sin que él se hubiera entrometido con el clima. Volvió a la habitación luego de saciar su apetito, Loki seguía dormido de lado con una mano sobre la barriga. Lo miró, la prudencia dictaba que debería hacerse a la idea de que podía perder a Loki pero al verlo tan cerca suyo fue incapaz de dedicar ni un solo pensamiento a ello.
–Loki, por favor no te mueras –le susurró acariciándole el cabello. Hela le había dicho que a pesar de toda su fuerza no podría hacer nada por él, sentirse impotente le era extraño. Loki se giró y se señaló los labios. Thor comprendió y lo besó como quería.
–No me voy a morir –le dijo Loki contra sus labios. –Ni siquiera te he dicho que te quiero y pienso vivir para hacerlo alguna vez.
–¿Lo prometes? –Loki negó.
–Yo nunca prometo nada –ni se disculpaba, ni decía "te amo".
–Pero esto sí lo vas a prometer –presionó Thor. –Hazlo –lo miró como si pretendiera fundirlo con los ojos.
–¿Y si rompo mi promesa? –Thor empezaba a molestarse. –¿Y si miento al hacerla? –Thor lo dejó estar y mejor lo tomó del cuello y volvió a besarlo, a comerle los labios despacio, a obligarlo a dejar las palabras necias.
–Yo creo que esto cuenta como una promesa –le dijo Thor.
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Karnilla le hizo una reverencia a la reina de Asgard. Kaarina le habló de ella alguna vez, le dijo que entendía de magia, que era muy parecida a ellas mismas. Frigga le indicó que se sentara cerca y la bruja hizo lo que le pedía. La reina estaba aprendiendo norn, entre eso y lo que Karnilla sabía de asgardiano tendría que alcanzarles para entenderse.
–Por favor, dime si puedes salvar a Loki –empezó la reina. Karnilla recordó a Ásta diciéndole que Loki le era tan caro como un hijo a su reina.
–Creo que puedo –no había certezas pero sí esperanzas. –Soy una doula –las que se suponía que podían arrancar de garras de la muerte a cualquier parturienta. –Si sangra puedo cerrarlo, si el corazón le late desbocado puedo frenarlo, si algo le duele puedo adormecerlo. –Frigga asintió. –Pero no sé bien qué pasará. Majestad debo romper el lazo que sostiene a su hijo con vida, lo haré lo más cercano al final que pueda.
–Los elfos dijeron que si se hacía eso el bebé moriría –Karnilla asintió. Hela había dicho lo mismo, precisamente por eso le enseñó el hechizo que causaba aquella separación.
–Sí, pero si no se hace así Loki morirá consumido. Lo que quiero hacer es unir al bebé con otro hechicero que le comparta la magia que le haga falta para empezar a vivir por sí mismo –estaba segura de que Loki convencería a Thor de dejarlos intentar aquello. –Usted majestad es la más indicada –la reina suspiró conmovida.
–Por supuesto, lo haré. ¿Qué pasará con Loki? –El pequeño Thor tenía grandes posibilidades de sobrevivir.
–No estoy segura, supongo que estará muy débil y que la cirugía necesaria lo debilitará aún más; sin embargo es tan fuerte que creo que se dejará guiar de vuelta al mundo de los vivos.
–Haz lo que debas hacer.
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Loki despertó sin motivo aparente pero supo que el momento con el que había estado aterrorizado desde que Rurik le diera la noticia de su preñez había llegado. Se miró las manos las cuales poco a poco se tornaban azules, los tatuajes que representaban su ascendencia jötun empezaban a trazarse. Se recargó en la cama, casi lamentó tener que despertar a Thor del pacifico sueño en que se encontraba. Se sintió irreal, con la cabeza repleta de neblina que no lo dejaba pensar, se sintió extrañamente tranquilo, como si llegara al anhelado final de un largo viaje. Por fin entendía a los vanir que murieron consumidos por aquella magia. Era demasiado fácil, tan sólo debía cerrar los ojos y dejarse llevar. Volver a dormirse para nunca más despertarse. Era demasiado fácil.
–¿Loki? –Thor se incorporó sintiéndolo moverse.
–No temas –le dijo a Thor al notar como su semblante se descomponía rápidamente pasando de la serenidad a un auténtico terror. –Él está bien –le dijo con esfuerzo y se llevó una mano al vientre.
–No, no, no, no –Thor sintió miedo. Él, el que peleaba contra fieras, guerreros, contra la oscuridad misma, él que nunca se doblegaba ahora sentía auténtico horror. Y todo porque Loki cerró los ojos y no parecía que volvería a abrirlos. Estaba gritándole a Karnilla aún antes de sacar a Loki de la cama junto con él. Lo llevó en vilo a la habitación donde habían dispuesto todo.
Puso a Loki en el tálamo que la doula le indicó. Ásta estaba con ella pues necesitaría ayuda. Su madre aguardaba. Karnilla miró a Thor y le cruzó por la mente el pedirle que saliera pero el dios del trueno, luego de recostar a Loki, le había tomado una mano y no pretendía soltarlo.
La doula se puso a trabajar. Cortó la ropa de Loki descubriendo su torso. Sus manos brillaron en rojo y las posó en el abdomen del hechicero, pudo percibir el latir del infante, el pequeño Thor estaba bien. Reparó en Loki, su piel se había tornado azul, lo que anunciaba que su magia se había extinguido por completo, los tatuajes de su raza se mostraban en su rostro. Karnilla lo tomó de la muñeca y le buscó pulso, era errático y su respiración amenazaba con apagarse. No estaba segura de lo que debía hacer pero los años de enseñanza al lado de Kaarina y su experiencia, dictaron su proceder. Debía reanimar a Loki, no permitirle adentrarse en el sendero al reino de los muertos. Lo tomó de la mano libre y se inclinó sobre él para hablarle casi en susurros. Le recitó un conjuro veloz en su lengua natal, lo repitió una y otra vez, sus palabras eran una incitación, una advertencia de no alejarse más.
Súbitamente la reina se unió a Karnilla. Le puso una mano en la frente a su hijo y repitió aquellas palabras en norn, en un idioma que ella no hablaba, pero no importaba, aquel era un ruego, un "no te rindas", un faro.
El cántico de ambas surtía efecto, Thor sintió que Loki le apretaba la mano. Poco a poco abrió los ojos, rojos como la sangre. Enfocó a Thor como si lo mirara por primera vez. Karnilla lo soltó, pero la reina Frigga no, ella continuó con aquel hechizo.
–Voy a abrirlo –anunció la doula sin mirar a nadie. Le pidió a Ásta cierta poción de consistencia espesa. Había instruido a la joven previamente acerca de lo que requería de ella. Le pasó lo que le pedía, Karnilla movió una mano y esa sustancia la siguió como danzando, le aplicó aquel emplasto en el vientre a Loki conforme lo tocaba fue congelándose formando una costra de hielo cuya finalidad era insensibilizarlo. –Lo siento –se disculpó Karnilla con él antes de tomar bisturí y hacerle un corte horizontal.
Loki no sintió dolor pero sí sintió la incisión, sintió presión contra su cuerpo y el frío entrando en su carne abierta al exterior. Se encogió involuntariamente. La bruja le ordenó a Thor sujetarlo. Para Thor, veterano de múltiples combates, no había nada peor que ver a Loki tan indefenso y tener que someterlo. El corte que hizo la bruja fue preciso, sus movimientos exactos, sus manos firmes. Dejó aquel filo y sus manos brillaron al adentrarse en el cuerpo de Loki buscando a su hijo. La reina cesó su cántico, el tiempo mismo pareció detenerse a mirar cuando Karnilla extrajo al bebé. Era un niño tal como había vaticinado. Hizo lo necesario para arrancárselo y separarlos. Ásta le tendió una manta para envolverlo.
Thor reparó en que las manos de Karnilla se habían vuelto negras y embrujaban a su hijo. Estaba conteniendo la respiración escuchando al pequeño llorar en brazos de la doula.
–Déjalo en paz– hubiera querido decirle. El pequeño estaba envuelto en el brillo característico de la magia de Loki, el cual ante las palabras de Karnilla empezó a apagarse. La doula le tendió el pequeño a Frigga quién lo recibió anonadada y lo tomó con cuidado. La bruja le dictó otro hechizo. Había separado al pequeño Thor física y espiritualmente de Loki, lo había dejado a la deriva y ahora debían unirlo a ella.
Frigga repitió una a una las palabras que permitirían a su nieto vivir. La tonalidad de la magia en torno al infante cambió, de un verde esmeralda al dorado característico de Frigga. La reina lo arrulló con ese conjuro y el pequeño dejó de llorar. La doula volcó sus atenciones en Loki. Volvió a hacer una nueva costra de hielo sobre su vientre abierto.
Frigga se acercó a ambos y les mostró el pequeño ser, cuya gestación había volcado el caos en sus vidas. Finalmente estaba con ellos.
–Loki, Thor, mírenlo –les dijo entre lágrimas.
Loki lo miró, y lo sintió suyo por primera vez, no sólo era el hijo de Thor, era suyo… suyo. Había sufrido lo indecible por él, tenía el cuerpo ajado por él, casi pierde el alma por él; pero todo eso se le olvidó al momento en que lo contempló. Era pequeño y frágil, tenía el cabello rubio, no pudo mirarle los ojos pues los tenía cerrados. Un cálido sentimiento, ¿amor? Lo inundó.
–Bienvenido –le dijo. Se crispó al sentir que Karnilla trabajaba en su cuerpo. Desvió sus ojos hacía Frigga. –Sé que serás para él como para mí, la más amorosa madre. –Hizo una pausa –lo siento, lo siento por todo –se gastó el aliento en eso.
La reina reconoció algo en él, algo en su mirada escarlata la hizo retroceder y llevarse al niño consigo. Loki apretó la mano de Thor y cerró los ojos. Sintió los pinchazos mientras la doula cosía la incisión, escuchaba que ella le decía algo, que Ásta le rogaba, Thor lo amenazó y él se rió por inercia, como siempre hacía cuando alguien intentaba amedrentarlo. La sonrisa fue interna, su rostro se había quedado estático.
–¡Loki! –Thor le gritó y él le apretó aún más fuerte la mano para calmarlo.
–Thor te amo –le dijo, pues ese momento era tan bueno como cualquier otro. Le tomó un instante darse cuenta de que no había despegado los labios, de que ningún sonido había salido de su boca y de que, a saber en qué momento, su mano había perdido el agarre. Estaba desmadejado, inerte y silencioso. –Por eso no quise prometerte nada –pensó. Morirse molestaba tanto a Thor que quiso levantarse y silenciarlo a besos pero estaba demasiado cansado, Laufey estaba muerto, su hijo vivía, él era un bastardo egoísta, estaba demasiado cansado… demasiado.
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En Asgard se consideraba un mal augurio que marcaba el destino de los infantes, el que causaran o vieran la muerte de quién los traía al mundo. Por eso Frigga se había llevado al pequeño, para apartarlo de aquel doloroso trance. La bruja norn actuaba con premura, zurciendo piel y músculos con las manos empapadas en sangre, con Ásta tratando de ayudarla a coser más rápido. Usaba su magia y cada puntada se convirtió en cicatriz pero aquello no bastaba.
–Loki, Loki. –Thor no cesaba en llamarlo. Karnilla alguna vez atendió una madre que soportó dolor, agotamiento y una labor de parto que duró días; luego de ver a su hijo murió al cabo de unos minutos. Odiaría que aquello volviera a ocurrir. –Karnilla, haz algo –la increpó el hijo de Odín. Ella lo pensó mientras contenía la hemorragia que se abría paso entre sus suturas.
–Se muere porque no tiene fuerza para seguir –habló en voz alta.
–Pues infúndele eso –pidió Thor furioso con ella. –Haz un hechizo, ¡haz algo!
Agarró a Loki de la mano libre y murmuró el conjuro que la uniría a él, como había hecho con el bebé y la reina. Lo logró pero por un instante casi se desmayó. Había gastado mucha magia en aquel ritual y no podía sostener a su amigo. Tuvo que soltarlo. Ásta la ayudó a incorporarse.
–No tengo fuerza que prestarle.
–Yo sí –habló Thor –haz ese conjuro conmigo.
–No eres hechicero –dijo mirándolo. Tal vez no funcionaría pero en la mirada del rubio comprendió que no aceptaba esa respuesta, que igual debían intentarlo. Murmuró nuevamente creando el lazo.
Thor se sintió repentinamente extraño. El brazo derecho adormecido, los moretones, cuchilladas y huesos astillados que ignoraba con estoicismo empezaron a dolerle a la vez. Sintió que el mundo se oscurecía y dejó de ver a las dos mujeres. Delante de él quedó Loki que se había rendido, el muy maldito; que intentaba largarse de este mundo y dejarlo atrás, siempre escapando, pero él no lo iba a permitir. Lo tenía tomado de la mano, lo obligaría a quedarse, como si fuera su última cuerda que lo sostenía. O quizá, si no lograba hacer que se quedara, quizá debería seguirlo.
–¿Qué haces? –Le preguntó la voz de Loki resonando en su interior.
–Peleo.
–¿Con quién?
–Contigo. –Loki se rió.
–Eres un necio –eso ya lo sabía. –Déjame –pidió aquella voz.
–Nunca, yo nunca me rendiré respecto a ti, y tú tampoco deberías.
Thor le hizo una promesa, una inesperada promesa. Y Loki creyó en ella, pues palabras como esas raras veces se escuchaban en los nueve reinos, y cómo Thor nunca mentía aquello debía ser verdad. Y se quedó.
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Abrió los ojos lentamente, casi con pereza para encontrarse en la alcoba de Gladsheim. No sintió ningún dolor, así como tampoco podía percibir su cuerpo, estaba volando sobre una nube producto de las pociones de Karnilla. Se llevó una mano al vientre, como hacía cada mañana pero no había sino vendas cruzando su piel, entonces recordó lo sucedido. Se giró sobre el lecho, encontró a Thor dormido profundamente a su lado, así que se quedó quieto sin intención de despertarlo pues odiaba que le negaran merecido descanso. El semblante de su esposo era sereno. No recordaba mucho del nacimiento de su hijo, todo le resultaba sumido en confusa bruma. Pero lo había visto. Estaba seguro de haber visto al pequeño en manos de Frigga.
La puerta de la habitación se abrió. Era Karnilla. Quién más sino ella se atrevería a irrumpir de esa manera. Se acercó sigilosamente aunque no bajó la voz cuando habló.
–Tu hijo está bien –le dijo primero que nada. –Vine a ver cómo siguen Thor y tú. –Loki frunció el ceño ante ese: Thor y tú. –Los vinculé, él te dio su energía para que no murieras.
Loki sonrió involuntariamente, aquello le recordó lo que Thor le había dicho respecto a que sería capaz de hacer lo que fuera por él. Nunca mentía, sin duda.
Trató de incorporarse y sintió el dolor de la incisión corriendo en su abdomen. Se palpó, después de la forma en que había percibido su embarazo, como algo abominable, era irónico que echara en falta su barriga. Aún estaba algo inflamado pero se sentía muy ligero y también, vacío. Karnilla le ayudó a sentarse y a descubrirse. Thor no dio señales de enterarse de nada. La bruja le aplicó una nueva capa de hielo para el dolor, le cambió el vendaje que protegía las suturas y le dio una infusión que lo ayudaría a recobrarse.
–Gracias –le dijo Loki cuando ella revisaba el brazo roto de Thor. –Por todo lo que has hecho.
–Tú salvaste a Hagen, quien me es tan caro como un hermano, nos indicaste como evadirnos y luego nos trajiste de vuelta de Hel. –Ella se encogió de hombros como pretendiendo darle a entender que estaban a mano.
Thor se movió y ella se apresuró a retirarse tras prometer que les enviaría algo de comer, aunque sería ella quien cocinara pues Ásta se había vuelto loca por el bebé y apenas se le separaba a la reina Frigga.
El dios del trueno se incorporó en la cama que compartían. Los dos se miraron y sonrieron. Loki se inclinó sobre él buscando cobijarse entre sus brazos y el rubio se lo permitió. Tras un largo e infructuoso viaje habían sobrevivido los tres. Hablando del pequeño, Frigga entró con su nieto en brazos. Sonreía como Loki nunca la había visto sonreír, se acercó a ambos y se los tendió. Loki se quedó petrificado, y Thor se adelantó a tomarlo con gestos torpes. El pequeño se retorció incómodo pero se quedó quieto cuando su padre lo acunó. Frigga le dio un beso a su hijo y luego se estiró para darle otro a quien era su segundo hijo. Los dejó a solas.
Loki se inclinó para mirarlo bien. Extendió una mano para acariciarlo y su hijo abrió los ojos, seguramente por su tacto frío, tenía los ojos azules.
–Escogí un nombre para él –habló Thor. Y procedió a explicarle que su nombre había sido escogido en honor a su abuelo Bor; y pensando en ello, quería nombrar a su hijo en honor a Odín, una variante de su nombre. –Espero que no te moleste no haberte consultado pero tú querías llamarlo "Engendro" –Loki lo miró sin creer que Thor hubiera averiguado aquello. –Una de esas noches, tú sabes, cuando estabas medio dormido, te pregunté, qué nombre querías ponerle y dijiste: Lo he llamado Engendro.
Loki estalló en una carcajada, el bebé se revolvió ante el sonido y Thor lo arrulló como mejor pudo calmándolo.
–¿Qué nombre? –Preguntó –dado que el que yo escogí no es lo bastante bueno.
El recuerdo de un adolescente sentado en Hliöskjálf acudió a su mente, supo lo que Thor iba a decir antes de que lo hiciera.
–Hërin.
FIN.
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CONTINUARÁ EN EL EPILOGO…
