DE ARDIDES Y MENTIRAS
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EPILOGO
ADVERTENCIAS: Thorki, M, M–preg (aunque ya fue superado), AU.
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Epilogo:
guardó detrás de su escritorio, a sus espaldas se dibujaba el valle y el limpio amanecer clareaba con un brillo azul. Mandó llamar a su hijo a sus aposentos a través de un heraldo, no quería tener aquella plática ineludible en el salón del trono, ya era bastante con el tema que debían tratar: Su viaje a Hel y la aparición del dragón negro, a quién había pensado muerto; como para tratarlo de manera oficial. Nadie más en palacio conocía aquello, ni siquiera su esposa estaba al tanto de la peligrosa aventura en la que se embarcó y prefería que jamás se enterara, al igual que su Lord Consejero. Estudió la hoja en su escritorio, era la sentencia de ejecución de Hagen a la cual sólo le faltaba su firma, sobre ella, descansaba una pequeña piedra roja que pareció brillar con determinación propia.
Anunciaron a su hijo antes de que entrara, se detuvo a unos metros de él. Siempre se movía con seguridad y aplomo pero parecía cansado.
–Temes lo que voy a decirte –dijo con voz pausada aunque seria. Le pareció adecuado que su hijo se mostrara nervioso, nada lo delataba en su porte pero era su padre y lo conocía. –Está prohibido descender a los infiernos, aunque sé que fue por una buena causa, nunca sabremos si la señora de Niflheim considere que se le agravió y desee una retribución a cambio. Estás al tanto que lo que hiciste es traición y que el castigo debería ser el exilio. –Dejó que las palabras cayeran sobre los hombros de su vástago, pesadas y emponzoñadas. Aguardó, lo vio apretar los puños.
–Si esa es la sentencia de mi rey –dijo con voz insegura pero sin temor.
–Acércate –le mandó.
Su hijo dudó pero al final lo hizo. Larus soltó un suspiro finalmente. Aún recordaba el día en que nació. No había llorado, en cambio miraba alrededor como si ya hubiera pasado por ese trance varias veces y no le quedaran muchas ganas de repetirlo. Estaba al tanto que su apariencia inusitadamente sublime hacía que la vida no le resultara sencilla, tan complicado que daba casi miedo, a veces tenía arrebatos emotivos que sorprendían a más de una persona y por el contrario, era tan antipático en ocasiones que la gente a su alrededor huía de su presencia.
–He dicho que debería, no que sería –dijo Larus. –Me causaría tanto daño verte lejos de casa, que me arrepentiría en cuanto te viera salir por la puerta –aseguró –nadie sabe lo que hiciste, así que lo dejare en insondable secreto entre ambos –añadió.
Eyvindur asintió aliviado, posó una mano sobre el hombro de su padre en agradecimiento por pasar en alto lo que había hecho. Larus siempre le había mostrado confianza, le explicaba por qué razones actuaba y pedía su opinión respecto a cualquier asunto político y de vida del palacio, su hijo respondía con igual confianza y respeto. Eyvindur le había narrado todo lo ocurrido en Hel, desde las promesas de Thor para que él abriera aquel portal hasta la pelea que tuvieron con los lobos. Cuando arribó con el dragón negro, los sanadores le habían pedido que rompiera el lazo, prometiendo que uno de ellos lo haría con Hagen pero Eyvindur se había negado pues sólo aquel hechizo evitaría que ningún svartálf atentara contra la vida del príncipe de Nornheim. Aún lo mantenía, aun cuando Hagen ya no lo necesitaba.
–Odín me ha enviado esta misiva pidiéndome que condene al dragón negro a muerte –dijo mostrándosela. –Es el único enemigo que le queda ahora que Giselher, Gerenot y Laufey están muertos. –Aquellas guerras tuvieron como pago las cabezas de los reyes, sólo Asgard y Svartálfheim continuaban indemnes. Los tronos los ostentaban jóvenes inexpertos, tal como los gemelos vanir, así que Odín era sin duda el líder de una coalición nunca antes vista en los Nueve Reinos. Un arma de doble filo. –Aquí está la sentencia que he redactado ¿qué debería hacer? –Le inquirió como siempre.
Eyvindur apretó con poca fuerza el hombro de Larus.
–No lo mates –le pidió.
El príncipe sabía que no tenía ninguna razón política, ni justificación, ni podía debatir el porqué era una buena idea dejar a Hagen con vida, su único motivo era de índole sentimental.
–¿Recuerdas la plática que tuvimos hace años respecto a tus sentimientos y preferencias? –Le preguntó. Eyvindur lo recordaba bien. Un príncipe tenía la obligación de casarse y de tener herederos. Larus le había prometido no casarlo joven ni intervenir en la elección de sus amantes, sólo le pidió discreción. Sus padres sabían que prefería parejas de su mismo sexo.
–La recuerdo –respondió –prometiste no obligarme a hacer nada que no quisiera por varios años, a cambio de que cuando fuera necesario, obedecería y me desposaría con aquella que eligieras –le dijo. –¿Es qué ha llegado ese momento?
–No, sólo quería comprobar que aún lo recordabas. Si no quieres que muera Hagen, no lo mataré –aceptó. Todos los padres usaban a sus hijos, era un hecho pero a Larus le importaba que dentro de sus obligaciones, Eyvindur fuera feliz. –Ni Thyra –la reina de los enanos –ni yo, deseamos una guerra con Asgard. Dejar con vida a Hagen no será un desafío a Odín, haré que renuncie a sus derechos sobre trono de Nornheim para que así, una de sus primas en poder de los aesir gobierne. Le daré la ciudadanía svartálf para tener potestad sobre su persona. Será el dragón negro pero no tiene soldados, ni armas, ni un plan, no tiene nada. Esto lo hago para no tener que matarlo ¿lo entiendes? –Eyvindur asintió –si fuera necesario, házselo entender también.
–¿Qué harás con él? ¿Lo encarcelaras?
–Una celda no puede contener un dragón –dijo Larus tomando la pequeña piedra. –Thyra me la ha dado, ¿la reconoces? Es sahya, las usan en las minas, con el calor explotan. Si intenta transformarse morirá. No creas que soy tan cruel como para no advertirle de este freno, se lo diremos –se quedó callado durante un momento –Hagen no peleó contra Svartálfheim pero Surtur posee su alma y aquel demonio, es nuestro enemigo –terminó su explicación. Le tendió aquella piedra a Eyvindur para que la tomara –llévasela a los sanadores, que la pongan dentro de su cuerpo. Puedes retirarte –añadió.
Eyvindur inclinó la cabeza ante su padre pero antes de salir, Larus volvió a hablarle.
–No es conveniente que elijas a Hagen –señaló.
–Lo sé –dijo.
Había guardias custodiando la habitación donde Hagen descansaba, le dejaron pasar sin siquiera dirigirle una mirada y el sanador apareció a su lado para darle noticias sobre el estado del dragón negro. Se encontraba estable. Luego de qué remendaran su carne, unieran su piel con suturas crueles, le pusieran los huesos de vuelta en su lugar y sus miembros terminaran como colgajos nada funcionales; luego de todo eso la magia de Surtur se reactivó y empezó a regenerarse por sí mismo.
–Mi padre ordena poner esto en su interior –dijo entregándole aquella piedra roja. El hombre debió entender al punto que significaba pues lo dejó para ir por su instrumental.
Eyvindur se sentó en la orilla de la cama a contemplar la faz dormida de Hagen. Cuando recobrase la consciencia anularía el lazo entre ambos, sólo hasta entonces. Movió sus dedos acariciándole la mano, pensó que el enojo y el odio le durarían toda la vida, ahora encontraba que no era así. No le tenía malos deseos a Hagen, aunque aún le doliera su abandono en el pasado.
El sanador entró. Abrió una pequeña incisión. Eyvindur observó cómo le injertaba aquella sentencia. Cuando el sanador terminó, se retiró. Apoyó su cabeza sobre el hombro de Hagen, sabía que no lo escuchaba pero eso no le impidió susurrar disculpas, le había salvado la vida pero a pesar de lo que dijera su padre, jamás sería libre.
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La familia real aposentada en Gladsheim volvió a palacio unos días después. En Valaskialf corrió rápidamente la noticia de que Loki había sido salvado de Jötunheim y que el pequeño príncipe había nacido, aquello coincidió con la vuelta del Padre de Todo a su reino. Pronto se anunció la celebración en honor al próximo heredero a Asgard y la ciudad se cubrió de alegría, ahora que por fin veían el final de las guerras en las que sus soldados habían sido participes.
Starkag había vuelto a Asgard tras su conquista de Alfheim, había hablado ya con su rey respecto a lo sucedido en las batallas, además de otros asuntos de índole más personal. Sin embargo no se quedaría mucho tiempo. Como nuevo castellano del reino no podía ausentarse demasiado. Salió de las estancias de la reina, había sido invitado junto con su familia a conocer al infante antes de la celebración. Por prudencia, Starkag le había dicho a Olenna que no acudiera, él la excusaría diciendo que se encontraba indispuesta, lo cual en parte no era mentira. Sif y él habían divisado al pequeño durmiendo en brazos de la reina, y él también constató lo parecido que era al dios del trueno cuando este nació. Sif sonrió ante la visión del hijo de sus amigos, halagaron al niño sin que fuera una obligación para ninguno de los dos, aunque fue una pena que sus padres no se encontraran presentes. Sabían que Loki, con su anterior aspecto azul, estaba reposando en sus habitaciones y por el momento nadie le molestaba.
En el pasillo, antes de que salieran a los corredores donde se encontrarían con einheriar y cortesanos, Starkag abrazó a su hija por un hombro. Ambos eran parcos, y las muestras de cariño no eran usuales entre ellos pero Sif cerró los ojos y pareció agradecerlo. Starkag no era ciego y no era sordo, sabía los rumores que corrían en torno a su hija. Jamás hubiera pensado que su matrimonio con el dios del trueno pudiera ser tan infructuoso y que le causaría tal pena. Ambos se apartaron después de un momento.
–¿Cuándo volverás a Alfheim? –Le preguntó Sif.
–Después de la celebración. El rey Odín me ha entregado el gobierno de ese reino pero debo esperar el nombramiento oficial –dijo pensando en ello detenidamente –tendré a mi cargo a Adalster. Debe volver a su reino pues su pueblo no nos distinguirá de los jötun si tenemos a su legítimo rey apresado, Danna también irá en calidad de su prometida, debe acostumbrarse a su nuevo hogar. Me llevaré a tu madre conmigo y a un gran número de soldados, maestres, una pequeña corte. –De pronto la tarea de Starkag no parecía tan sencilla. Justo la tomó del brazo –tú también irás conmigo –señaló.
Sif asintió.
–El ambiente en la corte no será el mejor para mí en este momento, lo entiendo. Hasta parece que nuestra familia parte al exilio –comentó con una sonrisa burlona. Starkag hizo caso omiso a esa pulla.
–Tienes órdenes del Padre de Todo. El éxito con las tropas alfh fue tal que desea que entrenes nuevas. Nos llevaremos a los soldados más leales a ti para que te ayuden. Además de ello, hablé con Odín –dijo, en ese momento se permitió tutear a su amigo ante su hija –le he pedido la anulación de tu matrimonio con el dios del trueno –aquella revelación dejó a Sif anonadada. –No me lo esperaba, pero la reina apoyó mi petición; Odín ha accedido –reveló. La guerrera abrió la boca un par de veces antes de animarse a hacer alguna pregunta pero calló al instante. Su padre continuó hablando. –No creo en los rumores que corren acerca de tu infertilidad pero ahora que Loki ha dado un heredero y que claramente su esposo lo prefiere, usé el mismo razonamiento por el cual antes se iba a anular el segundo matrimonio de Thor. –Era un buen momento además, Sif era heroína de guerra y el pueblo la adoraba. De todos modos, no estaba de más alejarse un poco de Asgard durante esos momentos de transición. –Hogun irá con nosotros, con una fracción de los berserkir. Volstagg y Fandral partirán a Nornheim para terminar la labor que iniciamos hace un año –dijo como si todo fuera de la misma importancia. Los jóvenes desconocían las órdenes de su rey pero ya se enterarían.
Sif rió de algo que Starkag no entendió pero que ella veía claramente. Hërin había ido a liberarla de la vida en la que estaba atrapada ¿quién lo diría?
–¿Algo más, padre? –Preguntó sonriendo como hacía tiempo que Starkag no la veía.
–No, pero no le digas aún a tu madre –le pidió y ambos se permitieron una sonrisa cómplice. –Deber y honor, no es lo único que hay en la vida –dijo tomándole del mentón a su hija, su mirada rebosante de orgullo, porque Sif aún no lo sabía, pero el Padre de Todo la nombraría diosa de la guerra.
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El cofre de los antiguos inviernos brillaba tenuemente sobre su escritorio. Su anciano secretario, Egill, no dejaba de lanzarle miradas fugaces entre cada línea que escribía, como si no pudiera creer que en verdad estuviera ahí mismo. Odín ordenaría que lo llevaran a la cámara de los tesoros junto con otros de preciado poder que guardaban pero por el momento lo tenía ahí, como un faro que guiaba su determinación. La historia oficial narraría como Loki había evadido a su padre, se había hecho con aquella reliquia y huido de Feigefossen para tener a su vástago. Los adivinos del reino dirían que fue en un buen momento, pues los hijos nacidos en vísperas de victorias eran considerados como hijos de la fortuna. Sin embargo él, igual que Frigga, conocían que el viaje no terminó en Asgard sino en Niflheim, Thor tuvo que narrarle lo sucedido luego que descubriera que Hela lo había hechizado.
Odín tenía muchas cosas en qué pensar.
Habían abandonado Jötunheim tras arrasar la fortaleza, sin embargo en lugar de hacer como en Nornheim donde no dejó ni una columna de Rondeslottet, en este caso habían dejado escombros de la misma como un recordatorio de la derrota y de lo que sucedía cuando se traicionaba una alianza. Había dejado a Hildetand en el país de los hielos perpetuos sin ningún soldado aesir, pues Jötunheim no era un reino que pudiera conquistarse de ningún modo, nadie podía vivir ahí que no fuera jötun. Había hablado con el joven, quien lo había escuchado en silencio, lo encomió a ser más prudente que su padre. No tendrían representación en la coalición de los reinos, ese poder lo ostentaría Asgard que decidiría por ellos en los asuntos entre reinos y cada cierto tiempo, los visitarían para vigilar cómo estaba la situación. De todos modos, al asesinar a Kjolen se había asegurado de que no quedara nadie que pudiera aconsejarlo de forma sabia, y sin reliquia no tenían manera de viajar a ningún otro reino. Estaban encerrados y derrotados. No había más por hacer con Jötunheim.
Por otro lado, Alfheim estaría estable bajo el mando de Starkag. En Nornheim habían nombrado un guardián pero ahora no sólo tenía a otra prima del heredero del reino, sino al mismo Hagen con vida en Svartálfheim. Le había enviado una carta a Larus solicitándole que sentenciara a muerte al dragón negro en aras de la paz de los reinos pero no podía saber que haría el otro rey hasta que no tuviera su respuesta. En cuanto a Karnilla, la bruja había salvado a su nieto, y le estaba agradecido por ello. Como sus derechos eran primero a los de la pequeña Héroïque, él vería que subiera al trono norn. Acompañada desde luego de un consejo aesir. Erwel gobernaría mientras forjaban a la joven para luego enviarla a su reino con una corte aesir que la asesorara y vigilara. Sin embargo Héroïque siempre viviría en Asgard y jamás podría salir de ahí, ella sería su rehén.
Por último estaba Loki. El joven era terriblemente engañoso y sumamente inteligente. Había viajado a Hel buscando a la diosa, había hecho tratos con ella y vuelto con los primos norn, los cuáles según tenía entendido le profesaban verdadero cariño. Ahí donde iba, Loki despertaba odio o aprecio pero nunca indiferencia.
Las leyes aesir eran muy claras respecto a Hel, debía exiliarlo por sus acciones.
¿Y a Thor también? Había acudido a Hel arrastrando consigo al hijo de Larus. A Odín le constaba lo mucho que su hijo había crecido desde que inició la guerra y la prueba de ello estaba en las palabras que le dijo a Laufey; sabía de lo que era capaz su consorte, así pues no tenía una venda en los ojos y dejaba en claro que Loki no podía manipularlo. Frigga, con la que había hablado respecto a ellos dos, había referido que comprendía el cariño que Thor le dispensaba a Loki pues nadie podía amar sólo los aspectos buenos de su pareja. Por parte de ella, Loki estaba perdonado después de lo sufrido en manos de Hela, había cosas que uno estaba dispuesto a tolerar de los hijos que no se pasarían por alto en uno mismo.
Algo que Odín también haría.
En ese punto y tras la decisión que debía tomar, no podía dejar el reino sin su heredero y cuando le narró su aventura Thor le dejó claro que compartiría el castigo de Loki, desterrar a uno implicaba desterrar a ambos. Tomó una decisión. Vetaría aquella magia que cegaba a Heimdall bajo pena de cárcel si se atrevía a emplearla; y además se aseguraría de que Thor nunca se olvidara de no dejarse sobrellevar por él.
Miró nuevamente el cofre de los antiguos inviernos, cuando Loki lo sustrajo aseguró con ello que la guerra estuviera a favor de los aesir. No de manera directa, pero le debía la derrota de Jötunheim. El secretario lo vio suspirar y acomodarse en su silla, le pasó los nombramientos para que los firmara, eran muchos: para Starkag, Sif, Hogun y Erwel.
–Prepara el nombramiento de Loki –le dijo. El secretario empezó a preparar la hoja, con letra elegante y ornamentación. –Será el dios del engaño.
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Thor aun no retomaba del todo sus obligaciones como general y como príncipe. Era como si su padre le diera una tregua luego de los sangrientos combates que libró en Jötunheim, así que tenía tiempo para dedicarle a su hijo y también a Loki. Habían vuelto hacía pocos días de Gladsheim. Toda la corte había pretendido aposentarse en la habitación que compartían para felicitarlos y llevarle regalos al infante pero su madre se había ocupado de explicar que el parto había sido agotador y difícil y que Loki necesitaba descansar. Thor, por su parte, no quiso a nadie en torno a su hijo que fuera ajeno a su círculo de amigos, o que no fuera indispensable como la niñera, la nodriza y así.
La bruja norn dijo que la magia de Loki volvería pronto y que él sólo necesitaba un poco de tiempo para recuperarse. Su hijo, estaba en perfecto estado. El lazo que habían forjado entre Frigga y Hërin se había evaporado por sí mismo cuando el pequeño ya no lo necesitó. La norn, había anulado a su vez el que forjara entre Thor y Loki. Aquel día ella terminó de revisar la herida quirúrgica de Loki y el brazo astillado de Thor. Los encontraba bien y les recordó que cuando Loki recuperase su magia curativa terminaría de arreglarlos en un santiamén.
Aun sin su magia, y gracias a la norn, Loki se recuperaba rápidamente. Se había lamentado excesivamente por su embarazo, pero ahora que había terminado se sentía vacío y algo extraño. No se le veían ganas de salir de sus aposentos y exhibir su piel azul ante la corte, no sentía aprecio por ese aspecto, le recordaba demasiado a Laufey. Esos días apenas y veía a Radha, el cual andaba ocupado ayudando con los preparativos para la presentación de Hërin. Karnilla había pronosticado que se recuperaría en un par de semanas, y el festejo era organizado para esa fecha.
Loki agarró un libro y se tumbó en la cama a leer. En eso, llegó hasta ellos el llanto del bebé en la habitación contigua. Como siempre que eso pasaba Thor le lanzó una mirada de ansiedad pero Loki no se movió y pronto aquel sonido cesó. Ásta o la nodriza, alguna de las dos se había hecho cargo. Loki reanudó su lectura pero apenas había avanzado un par de renglones cuando la mano de Thor le impidió seguir. Había reproche en sus iris azules.
No es que a Loki no le importara aquel pequeño ser que había nacido contra todo pronóstico y además sin arrancarle la vida pero lo que Thor no entendía era que él no era la madre de aquel bebé. Sí, lo había llevado dentro de su cuerpo, pero no tenía aquel instinto del que las féminas se vanagloriaban y aunque corriera a su lado no sabría qué hacer con él ni como calmarlo. Estaba bien en manos de Frigga, y atendido por Ásta. Por tanto no tenía por qué entrometerse.
–Si me importa Hërin –le informó a Thor después de un incómodo silencio –pero seamos francos, ¿qué quieres que haga? ¿Le ofrezco mi pecho? –Thor seguía callado taladrándolo con la mirada –tampoco te vi salir corriendo a por él –el rubio se cruzó de brazos indignado. –Además, con el aspecto que tengo igual y lo aterrorizo, por no hablar de mi tacto frío.
–Esas son excusas –lo cortó Thor. –No creas que no he notado como lo rehúyes. –Loki suspiró. Thor le estaba exigiendo explicaciones y era la única persona en los nueve reinos a quién intentaría dárselas. Después de todo le había salvado la vida y el alma, y por sobre todo lo amaba.
–Le tengo miedo –confesó. Thor no esperaba aquello, se le notó en el semblante. –Tuve una infancia horrible, así que no sé cómo criarlo, menos aún tengo idea de cómo cuidarlo. Temo además ser como Laufey. Gracias a las nornas que los tiene a Frigga y a ti, yo no sé cómo quererlo.
–Quiérelo tanto como me quieres a mí.
Loki miró a Thor de arriba abajo queriendo deducir aquello. Se fijó en el brazo derecho de su amado. Laufey había ido muy en serio cuando lo atacó en ese punto.
–¿Te duele? –Le preguntó.
–Casi no, Karnilla hace un buen trabajo aunque no es tan hábil como tú. –Loki sonrió y lo acarició sobre el vendaje.
–Yo te incité a matar a mi padre, así es como te quiero Thor, como a un arma de venganza. Soy un monstruo.
El dios del trueno lo escudriñó con la mirada buscando ese monstruo del que Loki hablaba en medio de esos tatuajes, y todo el azul que portaba no sólo en la piel sino en el ánimo.
–No –negó en redondo. –Yo maté a Laufey por mí. Habíamos entrado a la fortaleza, mis amigos habían capturado a Hildetand y yo tenía a Laufey a mis pies, en ese momento podría haber ordenado que lo redujeran y dejárselo a mi padre, para que con toda su sabiduría decidiera lo que se debía hacer con él. No niego que lo que me empujó a pelear con tu padre haya sido el daño que te causó, pensar que jamás nos dejaría en paz, y que debía proteger a Hërin y a ti del odio que le profesabas. Pero fue mi decisión la de darle muerte y lo hice sin ira –finalizó. Se sentó en la cama mirando algún punto de las sabanas pero posiblemente con sus pensamientos en otro lado y a Loki le pareció que quizás estaba rememorando la batalla.
Una lágrima cayó de los ojos de Loki. Thor se dio cuenta primero que él de que estaba llorando.
–No sé qué me pasa –no lloraba por Laufey, no, no era eso. Lloraba de alivio, de saber que Thor, en toda su luminosidad compartía algo de oscuridad junto con él. De saber que el ser abominable que era tenía paralelo en la fuerza del dios del trueno. Y amó aún más a Thor por ello. Se enjugó las lágrimas y sonrió.
Thor se había quedado estático un momento para luego tenderle una mano y estrecharlo.
–Mi padre y tú se toman demasiado crédito por las cosas que hago –bromeó.
–Tu padre –la reacción del Padre de Todo a su viaje a Niflheim lo tenía preocupado. Loki le había cedido el cofre de los antiguos inviernos para atenuar la posible sentencia. –¿Qué haré si me exilia?
–No te preocupes por eso, hablé con él y le prohibí semejante cosa –Loki miró a Thor incrédulo. –Quizá no se lo dije así –admitió sacándole una sonrisa a Loki. –La verdad es que le dije que te seguiría si te enviaba lejos, con todo y Hërin. Me aseguró que no era necesario precipitarse. Además es seguro que no hará nada de ello. Madre me confió que te ha otorgado un título aesir, y no haría tal cosa si pensara castigarte, aunque también tengo entendido que te prohibirá usar tu magia para ocultarte de Heimdall nunca más.
–¿Qué título?
–Dios del engaño –Loki repitió aquello sin emitir sonido. –Yo creo que sería más apropiado "dios del caos" pero ya está hecho.
–Dios del engaño –las palabras salieron ásperas, no era un título que sonara como para enorgullecerse. Thor lo besó adivinando que no lo encontraba digno.
–Su majestad, príncipe de Asgard, Loki Odínson, dios del engaño. –Cuando Thor lo decía así no sonaba nada mal la verdad.
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Ásta se había convertido en niñera real. Estaba sentada en los jardines de palacio tomándose un descanso mientras la reina cuidaba de su nieto. Harma seguía mandándola a buscar pero ella no atendía sus peticiones. Sin las ropas reveladoras y sin el aspecto con que lo sedujera estaba irreconocible; aunque se lo había cruzado por el pasillo no había dado señal de saber quién era aquella joven anodina y mojigata.
Se puso de pie y vislumbró a Héroïque y a Karnilla entre los macizos de flores. Caminó hacia ellas para saludarlas pero se frenó cuando vio a la más joven propinarle un bofetón a la bruja y salir corriendo. Karnilla se quedó dónde estaba con la mirada perdida. La morena le agradaba a Ásta, por todo lo que había hecho por Loki pero además la encontraba sabia y valiente y poderosa; aunque en ese momento parecía hecha polvo por el desplante de su familiar.
–¿Estás bien? –además era muy lista, excepto por palabras complejas de pronunciar o de significado, entendía el as sumamente bien. Karnilla se enderezó con el labio partido. Ásta sacó un pañuelo y le limpió el rostro para luego dejárselo en la mano. –¿Por qué te pegó?
–Seré reina de Nornheim en lugar de ella –le respondió Karnilla y estalló en llanto. Ásta siempre la percibía muy adulta, casi anciana apresada en cuerpo de joven pero en ese momento se dio cuenta de que Karnilla y ella debían tener la misma edad. La abrazó y la apartó pues ya había einheriar mirándolas. La condujo entre los setos y se sentaron bajo la sombra de un rosal. Le acarició el cabello negro. –Mi prima –habló Karnilla enjugándose las lágrimas –está furiosa, no porque haya perdido el trono. No. Eso la libera para enamorarse de quién quiera y casarse con quien pueda. El Padre de Todo dice que nunca saldrá de Asgard pero a ella no le importa. La insulté –explicó Karnilla. –El golpe fue por el insulto. –No pudo traducir lo que le dijo o no quiso.
–No llores, eres su única familia, seguro te perdona.
–Lo sé –habló la bruja y dejó de llorar como ella le pedía. –Las lágrimas son por estar encadenada. Siempre pensé que Hagen sería rey, yo… no sé cómo gobernar, mejor quisiera irme de un reino a otro, aprender magia diferente en vez de quedarme en Nornheim. Ser doula.
Le recitó sus pensamientos inconexos.
–Y qué decir de enamorarte de alguien –dijo Ásta que en el fondo era una romántica incurable. –Ahora Odín te escogerá esposo. –Ella sabía del manejo de la corte, si Karnilla sería reina de Nornheim sería un pez gordo, Odín no iba a escoger a cualquiera pero a saber con quién terminaba. Quizá Bran, o uno de los tres guerreros, o algún noble mentecato. Nadie le parecía lo suficientemente bueno para su amiga.
–Eso no me preocupa por ahora –dijo Karnilla. –Puedo manejar a los hombres –añadió.
–No es tan complicado –admitió Ásta, a menos que te enamoraras de ellos y resultaran ser unos hijoputa como fue Oleg. –Sexo y comida, les dices que son los más guapos, fuertes, inteligentes, que la tienen más grande que nadie y listo. –Karnilla soltó una carcajada y siguió riéndose doblándose en el suelo. Ásta se contagió de su risa. Siempre se olvidaba que Karnilla era de sangre real, no pudo evitar el lenguaje. –Lo siento princesa –la norn dejó de reírse –es que fui una ramera.
–Loki me dijo –ese imprudente, y ella tratando de mantener el secreto. Después de verlo tener un hijo, lo sentía tan cercano a ella que igual se le empezaba a olvidar que era su príncipe y no cualquier amigo al que tuteaba. –No te preocupes. A mí me llaman bruja que tampoco es lo más halagador.
–Te voy a extrañar cuando te vayas de Asgard.
–Faltan años para eso. Igual y me escapo antes.
–No retes al Padre de Todo –le dijo Ásta muy seria. –Muéstrate de acuerdo con todo.
–Le voy a pedir un esposo poderoso, le diré que quiero desposarme con Heimdall y como él no se puede ir del Bifrost tendré que quedarme a su lado aquí en Asgard. –La bruja volvió a estallar en contagiosas carcajadas y se agarró de Ásta con las lágrimas de nuevo corriendo por sus mejillas.
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Habían pasado un par de días. Loki parecía cada vez más animado aunque todavía rehuía a su hijo. Thor lo conocía. Al menos estaba convencido de conocerlo mejor que los demás. Ahora sabía que al hechicero le costaba el alma y más confiar, que no sabía dar un "te quiero" por mucho que lo sintiera y que sus muestras de afecto podían ser espontáneas y apabullantes, cómo con él; o sutiles pero devotas como con Frigga. Estaba seguro de que quería a Hërin de alguna manera, lo sabía en la forma en que lo miraba cuando Frigga se lo acercaba, pero le preocupaba que ese afecto fuera débil, cómo pensaba cuando Loki seguía rehusando tomarlo en brazos.
–Thor mi magia ha vuelto –lo despertó sacudiéndolo. Thor se desperezó en la cama y antes de que el sueño acabara de abandonarlo Loki ya tenía sus manos azules metidas bajo la ropa de Thor. Se sobresaltó ante su tacto frío pues habían perdido su anterior cercanía.
–¿Qué? –Le preguntó pero Loki ya le estaba descubriendo el torso con aquel hechizo que desvanecía ropa. Loki le sonrió, ese gesto suyo de estar por hacer algo malo.
–Déjate hacer –casi le exigió su esposo. Thor estaba algo descolocado pero se quedó quieto. Las manos de Loki fueron sobre su piel, y cuando él empezaba a pensar lujuriosamente, Loki le buscó la cicatriz en el abdomen que le dejó la cuchillada que Hildetand le diera. Su sonrisa se amplió cuando la borró con su magia curativa.
Siguió sonriendo cuando le palpó el torso y dio con una mordida de los lobos de Hel que también desvaneció. Lo fue recorriendo. Cicatrices tenía de sobra y fue borrando cada una de ellas. Sus manos dejaron de ser frías, su magia se sentía cálida ahí donde lo tocaba. El semblante de Loki se tornó serio cuando pasó a su brazo derecho. Le estaba palpando el brazo que se había astillado y que aún no terminaba de sanar. Loki respiró profundo y lo regeneró por completo. Y Thor estuvo seguro de que Loki lo quería por la forma en que lo miró mientras lo curaba. Cuando terminó y lo dejó como si jamás hubiera pisado un campo de batalla, se quedó contemplándolo, pero su mirada ya no buscaba heridas, en cambio Thor sintió que lo acariciaba.
Thor lo deseaba, tanto que sentía que cualquier día al verlo Loki se derretiría bajo el calor de su mirada. Sin embargo ambos temían que un encuentro apasionado terminara con un nuevo embarazo; y definitivamente no estaban dispuestos a ello. Loki sacudió la cabeza y empezó a quitarse la ropa igual con aquel hechizo. Se buscó la incisión de la cesárea y con un gesto lánguido la borró. Thor lo contempló, había quedado como si nunca hubiera tenido un hijo y temió que aquella acción encerrara justo aquel significado.
Loki le dio un beso y salió de la cama antes de que Thor le diera siquiera las gracias. Lo vio meterse al cuarto de baño y salir con el pelo mojado unos minutos después. No entendió el motivo de su prisa. Thor empezaba a vestirse, quería acudir a ver a su hijo antes de hacer cualquier otra cosa. Loki se estaba vistiendo con el hechizo aquel, claramente encantado con el retorno de su magia.
–¿A dónde vas? –Le preguntó Thor al notarlo tan emocionado.
–Con Karnilla –respondió. Thor lo miró mal. –Al niño lo veré en la tarde, no me necesita –seguramente estaba ansioso porque la bruja norn le compartiera sus conocimientos ahora que podía ponerlos en práctica.
–Maldición Loki.
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–Está bien pero esto debe ser recíproco –dijo Karnilla mientras ambos se encerraban en la biblioteca de Loki. –Te enseño si me enseñas.
El hechicero aceptó sin dudar.
–¿Qué quieres saber? –Ella sonrió. La magia curativa era imposible de aprender, pues aquello era más bien un talento nato pero había otros hechizos.
–Tu magia de hielo –pidió la norn. Loki asintió, ella ya tenía algo de esa magia la cual había usado para anestesiarlo durante el nacimiento de Hërin, pero era algo débil que podía mejorarse. –Tus barreras; y Hagen dijo que podías desdoblarte en varias réplicas. Eso para empezar –Loki soltó una carcajada. –¿Y tú?
–Enséñame a presentir la mirada de Heimdall y a hacer la proyección astral. –Karnilla asintió. –Y también –de pronto él pareció turbado. –Dijiste que podías sentir a Hagen aún en la distancia, quiero poder intuir lo mismo.
–No puedes, Thor no es sangre de tu sangre, aunque lo ames ese tipo de magia funciona solamente cuando…
–No es para Thor –la interrumpió ansioso –es para Hërin.
Karnilla sonrió y luego se puso seria.
–Loki, creo que encontré una manera de que no vuelvas a concebir un hijo –él le había referido esa preocupación desde Gladsheim. –El signo distintivo de los foreldrar es la magia curativa, esa forma de manipular la energía vital es lo que te hace proclive a engendrar vida. Si renuncias a ella, si te maldijeras sellándola quizás…
Pero entonces ya no podría ayudar a Thor cuando resultara herido, porque era seguro que volvería a pelear más temprano que tarde. Y ¿qué era una vida de celibato a cambio de saber que si su amado se encontraba en peligro podría salvarlo?
–Tengo que meditarlo –concluyó Loki.
Él le mostró su magia de hielo, ella lo imitó lo mejor que pudo. Estuvieron así un par de horas en las que ella trató de producir una espada de hielo. Pararon cuando logró algo similar a una daga. Cuando fue su turno de mostrarle a Loki algún hechizo él escogió iniciar con aquello de presentir a un pariente. La intuición de Karnilla no se regía por conjuros, era algo innato en ella como curar lo era en Loki, pero le enseñó cómo crear un vínculo, no energético como el que antes tuvo con Hërin, sino algo más místico, le enseñó a acrecentar su lazo de sangre al grado de presentirlo.
–A una mujer le son más fáciles este tipo de cosas –dijo ella cuando Loki estaba muy concentrado intentando discernir como mínimo la ubicación exacta de su hijo. –Entre mejor lo hagas podrás llegar incluso a verlo si se encontrara alterado o en peligro. ¿Sabes a qué se parece? –Meditó en voz alta la bruja. –Al instinto materno –tuvo esa revelación –Loki, estás creándote algo con lo que no naciste.
–No me dejas concentrarme –se quejó el hechicero. Ella no se molestó.
–Ve a verlo, tómalo en brazos y mímalo. No vas a lograr esta magia encerrado conmigo y apartado de él. ¿Quieres presentirlo a través de su lazo de sangre? Entonces fortalécelo a través del cariño.
Lo que le dijo le resultó increíblemente complicado a Loki. Su semblante demudó en frustración, ella pensó que iba a mandar a paseo aquella magia pero en cambio lo vio salir de la biblioteca y al seguirlo lo vio entrar decidido en el cuarto del bebé.
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Frigga estaba con Hërin y se extrañó algo al verlo llegar. Loki la saludó con cortesía pero con los ojos fijos en el pequeño en brazos de la reina. Él suspiró y se preparó como si fuera a asaltar una fortaleza repleta de dragones.
–Madre –le dijo a la reina. –¿Puedo sostenerlo? –Frigga le sonrió y se lo pasó.
Loki lo agarró como quién sujeta algo que pudiera estallar si no se manejaba con cuidado. Se las había apañado para nunca cargarlo, así que esa era la primera vez que lo hacía. Su hijo se quedó muy quieto como si intuyera que aquello era importante y abrió los ojos celestes. Loki lo sostuvo con un brazo y con la mano libre le acarició el rostro. Sus manos aun eran azules, aun parecía un jötun. Le tomó una pequeña mano y los dedos de su hijo se cerraron en torno a él. La piel de Hërin se volvió azul donde hacía contacto con la de su padre.
–Por Yggdrasil –Frigga observó asombrada. –Loki, tiene tu magia.
Loki no tuvo que pronunciar palabra para convertir su propio aspecto en el de un aesir, cuando él cambió Hërin también lo hizo. La primera vez que había visto los ojos azules de su hijo, sospechó que debía ser un hechicero cambiaformas pero confirmar aquello lo hizo muy feliz. Le sonrió al pequeño, e igual que cuando nació, sintió algo cálido en su pecho. Lo recordó adolescente de ojos verdes; y supo que el color de esos orbes no era por nacimiento sino por elección. Hërin cambiaría la tonalidad de su mirada en honor a Loki. ¿Eso quería decir que lo querría?
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Se había quedado con Frigga y el bebé un par de horas, su madre se mostró muy feliz por el interés que demostró en Hërin. Finalmente abandonó la habitación. Un sirviente lo esperaba para decirle que la princesa Sif le había solicitado acudir a visitarla. Vivían separados sólo por un pasillo pero no se habían visto desde que él volviera de Gladsheim.
Acudió a buscarla. Ella quería hablar de Ull. Le contó de la manera en que murió su amigo, pero Loki se percató que en realidad estaba buscando que la confortara por haberlo perdido y sobre todo de esa manera. El ojiverde estaba consciente de la estima que el gigante le había profesado a Sif pero nunca se le hubiera ocurrido que enfrentaría a guerreros fieros por ella, simplemente creyó que al no ser soldado saldría de la fortaleza junto con los que no eran útiles en la guerra.
En Jötunheim cuando alguien moría, su cuerpo era enterrado en un ataúd de hielo; y creían que su alma fortalecería a Fimbulvert, el invierno eterno que algún día cubriría los nueve reinos, y también que su alma protegería a su familia como un ancestro más. A Loki se le hacía imposible pensar en Laufey como un ente protector, y menos para él. Tal vez vigilaría a Hildetand desde el más allá quejándose de que no era un digno heredero por toda la eternidad.
Cómo fuera le explicó a Sif acerca de sus tradiciones esperando que aquello le ofreciera algún consuelo.
–Y seguramente, aunque no seas jötun, Ull te cuida –acabó diciéndole.
–Gracias Loki, sé que al final te traicionó y te llevó a Jötunheim contra tu voluntad pero espero que no le guardes rencor.
–Ninguno, él fue mi mejor amigo en mi reino, y nada podría empañar su memoria –le dijo con su mejor cara de circunstancias. Pobre Ull, sin embargo Loki nunca iba a confesar que su secuestro había sido planeado por él. Se acomodó mejor en su asiento y optó por cambiar de tema. –Thor mencionó que su matrimonio será anulado. –Sabía que Starkag lo había promovido y que la gran mayoría del concejo había accedido al ver que el Padre de Todo consentía, y como no se necesitaba unanimidad, era un hecho que pronto Thor y Sif dejarían de ser esposos.
–No será anunciado oficialmente –dijo Sif. Su padre había querido ahorrarle aquello –y aún vivo al otro lado del pasillo, cuando me marche a Alfheim con mi padre, a mi regreso volveré a mis viejas alcobas. Es raro que lo diga pero las siento más confortables que estás, son… –dijo mirando alrededor –demasiado grandes –comentó.
Loki la encontró totalmente ecuánime. No parecía tenerle ningún tipo de rencor u odio por haber intervenido en su vida desde el momento en que Thor lo favoreció por sobre ella, aun así ninguno de los dos tuvo nada más que decirse, seguramente volverían a hablar con más familiaridad con un poco de tiempo.
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Thor besó a Loki instándolo a abrirle paso en su boca para probarlo de esa forma suya, como si el mundo fuera a acabarse y aquel fuera su último beso. Se rieron entre mordidas, se dieron otro beso que les robó el aliento y les aceleró el pulso. Pararon enfebrecidos y algo incómodos en sus pantalones. Y ese tan sólo había sido su beso de buenas noches. Loki le soltó un par de ironías acerca del hecho que de seguir así iba a terminar por tener un millar de hijos; y de que le sentaba tan mal la preñez que acabaría ocasionando el Ragnarok. Thor estaba de acuerdo en que Loki gestando no era precisamente dulzura y brillo maternal. Loki no le contó que había pasado parte de su tarde con Hërin pero Thor ya lo sabía. Frigga se lo había comentado. Se dieron las buenas noches y cada cual se enroscó en las sábanas procurando no tocarse.
Thor despertó en algún punto de la noche. Se encontró con la cama vacía, la habitación a oscuras y callada. Salió del lecho. La habitación contigua, la de su hijo, estaba silenciosa. Iba a dormirse de nuevo cuando reparó en el brillo verde que se escapaba bajo la puerta. Reconoció al punto una de las barreras de Loki. Tenía prohibido bajo amenaza de prisión el cegar a Heimdall con su magia, pero la barrera para silenciar su habitación no. Thor temió que Loki hubiera dejado el llanto de Hërin inaudible; era cierto que si el bebé lloraba con intensidad los despertaba, aunque de cualquier modo Loki nunca salía de la cama a atenderlo, para eso tenían a la nodriza y a la niñera. Le alegraba la desmedida felicidad de Loki por poseer magia nuevamente pero esa manía de embrujarlo todo no le resultó grata.
El sueño se le había ido. Se decidió por acudir a la habitación de su hijo. Abrió la puerta, la niñera estaba dormida sobre un sillón agotada, a sus oídos llegó la voz de Loki.
–Ya, ya, ¿qué pasa? –la voz de su amado sonaba seria pero reconfortante. Thor lo miró paseando de un lado a otro con su hijo en brazos para luego empezar a susurrarle algo a la mitad de ser un poema o una cancioncilla de cuna, estaba hablando norn, Thor ya reconocía la entonación de ese idioma. Se quedó al margen, el bebé se agitaba en brazos del hechicero quién no se rindió en su intento de dormirlo de nuevo; le tomó un par de minutos. Loki se dirigió a la puerta y Thor entendió que se iba a llevar al bebé a la habitación de ambos. El ojiverde reparó en él. Thor tendió una mano para acariciar a su hijo. –Cómo lo despiertes, te vas a enterar –lo retó en un susurro. Lo tocó con cuidado. Loki salió de la habitación llevando al niño a su propio lecho. Se tendió en la cama sosteniéndolo. Thor se acomodó al lado de ambos. – Lo hechicé para presentirlo –debía tener una conversación con él acerca de embrujar a su hijo. –Lo sentí llorar, mandé a Ásta a dormir, no podía calmarlo –dijo contemplándolo e hizo una pausa para mirar a Thor. – Yo sí pude –dijo con suficiencia –creo que es porque cuando lo llevaba dentro escuchaba mucho mi voz, y ahora, cuando le hablo, debe recordarle aquello de estar unidos, y…
–Se siente a salvo –lo interrumpió de aquella larga explicación. Loki sostenía a su hijo algo toscamente comparado con la comodidad con que Frigga se desenvolvía pero su rostro permanecía sereno.
Thor le pasó un brazo sobre los hombros sosteniendo a ambos. Y creyó de corazón que todo estaría bien.
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Frigga observó la manera en que Loki sostenía a su hijo con un brazo mientras leía un libro con el otro. Los primeros días en Valaskialf la nodriza, la niñera y ella se habían hecho cargo casi por completo. Thor se pasaba a verlo varias veces al día y lo sostenía entre sus voluminosos brazos entre los cuales el bebé se perdía. Le sonreía y le hablaba para luego devolvérselo con tanto cuidado como si pudiera romperlo. En cambio Loki aparecía una vez al día, lo miraba sin apenas tocarlo y luego casi huía de él. Frigga se había preocupado por ese comportamiento pero no lo reprendió ni lo presionó a actuar de otra manera. Y luego de un par de semanas así, un día a Loki le dio por tratar de relacionarse con su hijo. La reina estaba segura que había magia de por medio pues el ojiverde siempre sabía cuándo el bebé tenía hambre o sueño antes que nadie, e igual parecía sentirlo llorar de lejos y se aparecía a calmarlo mejor que ellas. Observó ese cambio con una sonrisa apacible, cómo si hubiera sabido desde antes que todo saldría bien y que sólo era cuestión de darle un poco de tiempo a Loki.
Su amado Odín irrumpió de pronto. La niñera y la nodriza se arrodillaron ante él turbadas. Ambas se apartaron con discreción luego de saludarlo. El poderoso Padre de Todo, que para ella siempre sería su compañero eterno se acercó a Loki y sin dudarlo le pidió cargar a Hërin. Su hijo se lo tendió.
–Amado, ¿aún recuerdas como sostener a un pequeño? –Le preguntó ella. Odín lo sostuvo mucho mejor de lo esperado escrutándolo con su ojo bueno, demostrando que no había olvidado aquello aunque hacia mucho que Thor dejó de ser un niño.
–Es idéntico a nuestro hijo –dijo Odín y volvió a sonreír. Debido a la guerra y a todas sus implicaciones, Frigga no lo había visto tan apacible en mucho tiempo. –¿Lo cuidas bien? –Preguntó el rey pero no a Frigga sino a Loki. El hechicero se puso rojo y no supo que decir.
–Hace un buen trabajo –respondió Frigga en lugar suyo, –y Thor también.
Hablando del aludido hizo su entrada. El dios del trueno miró a su padre cargando a su hijo, y luego a Loki a quién le dijo algo apenas moviendo los labios. Frigga notó como el ojiverde se encogía de hombros casi imperceptiblemente. Encontró interesante la manera casi telepática en que se comunicaban. Thor se acercó a su padre, quien ya sabía que Hërin se llamaba así en su honor. Le pidió cargarlo pero Odín se negó a dárselo. Frigga y Loki se rieron.
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Asgard se atavió como una aparición de fábula para aquella celebración. Las calles se adornaron con flores, la música entró por caminos y casas. Los soldados del ejército vestían sus más hermosas armaduras cuando Thor los llamó al centro de Valaskialf. En presencia de una multitud inmensa de nobles y del pueblo mismo, subió la escalinata que llevaba de una terraza, desde ahí pudo contemplar el espectáculo impresionante de la majestuosa ciudad. Siguiendo la tradición, proclamó a los hombres de Asgard el nombre de su hijo y lo declaró su heredero. Se había invitado a los otros reinos a aquella ceremonia que se vio plagada de otros acontecimientos, entre ellos, los nombramientos que Odín había estado preparando con días de antelación. El pueblo y la corte exaltaron el nombre de Hërin y el de sus nuevos dioses. Thor miró en derredor, ahí estaba Loki engalanado en verde y oro, sus ropajes reales, mirándolo con una sonrisa inescrutable; sus amigos de cientos de batallas, y otros venidos de reinos lejanos. La algarabía se acompañó de vino y el festejo arrancó.
Sif se había curtido a través de las batallas, era terca y lo sabía, pero también trataba de ser justa; la encarnación de todos los valores de su padre, aunque la necedad la había heredado de su madre, ni como negarlo. Estaba habituada a nunca llorar, ni quejarse, a ser invulnerable. Lo tenía tan arraigado que cuando quería serlo, ser vulnerable, no sabía cómo. Estaba con los tres guerreros en una mesa, los capitanes de sus unidades celebraban con ellos.
–¡Por Hërin! –Dijo Fandral. Junto a sus amigos era más feliz y más Sif.
Sus amigos bebieron largo y tendido hasta dejar vacíos los tarros de cerveza, ella a la par de ellos; y luego los cuatro arrojaron al piso los recipientes.
–¡Otro! –Gritaron a coro y los sirvientes llegaron corriendo a cumplir tal solicitud.
A su alrededor la fiesta rabiaba. Loki y Thor estaban con la reina Frigga y Odín, sentados en la mesa de la familia real. Ella ya no tenía un sitio en ese lugar pero descubrió que tampoco le importaba demasiado. Sif buscó con la mirada a sus padres, a su madre no la encontró, mientras que su padre estaba con Bran comiendo con parsimonia ajenos al revuelo a su alrededor.
Un nuevo tarro de cerveza llegó a manos de Sif. Tenían mucho por lo cual brindar.
–Primero que nada, ¡por Sif! –Gritó Fandral. –Y su histórico triple nombramiento: General de los Ulfhednar, representante del ejército en el concejo y encima de todo ello: Diosa de la guerra.
–¡Por la diosa de la guerra! –Añadió Volstagg y todos bebieron como si no hubiera un mañana. Al bajar la copa continuaron con los brindis –y ahora ¡por Hogun, recién nombrado general de los berserkir! –Con Starkag siendo castellano, el guerrero de ojos rasgados había sido promovido a comandar la sección del ejército, el mismo Starkag lo había recomendado al Padre de Todo.
–Esperemos que nosotros también seamos ascendidos pronto –dijo Fandral. –¡Ah pero que modales los míos! Por Volstagg y su próxima boda. –Thor les había pedido al rubio y al pelirrojo que tuvieran ya sus propios hijos para que Hërin creciera junto a ellos. Fandral le dijo que prefería que lo mandase de castellano a Jötunheim que eso; pero sorpresivamente el voluminoso león de Asgard dijo que había una joven que le interesaba y que le parecía un buen momento para cortejarla en serio. Fue tan en serio que ya estaban comprometidos. Brindaron, lanzaron los tarros y consiguieron nuevos.
Sif pensó que su nombramiento, en realidad era cuádruple. Además de todo eso, era la primera consorte real repudiada. Eso le producía un amargo sabor de boca aunque estaba convencida de que era lo mejor. Miró a Loki y no encontró el rencor que su madre había jurado que sentía por él, miró a Thor y tampoco pudo despreciarlo ni un ápice. Hogun la miraba mirarlos. Ella le sonrió.
–¿Qué pasa? –Le preguntó Sif.
–Entiendo porque los alfh te adoran –dijo el oscuro guerrero. Fandral y Volstagg escupieron sus bebidas ante un comentario que salido de quien salía y dirigido a quien se dirigía se podría interpretar como un piropo obsceno.
Sif y Hogun no habían vuelto a besarse, ni siquiera habían vuelto a estar a solas desde el funeral de Oleg; y ahora él le decía eso delante de sus otros amigos. Sif sintió que el rubor teñía sus mejillas así que ocultó el rostro detrás del tarro de cerveza. Lo bajó vacío y se puso de pie.
–¿Quién baila conmigo? –Ella no era dada a bailar pero cuando lo exigió los tres se pusieron de pie. Soltó una carcajada. Naturalmente eligió a Hogun.
Juntos debían constituir la peor pareja de baile de las historia de las fiestas de Asgard. Se movían acartonadamente entre los demás llevando su propio ritmo. Ya sabían que se iban juntos a Alfheim, él en calidad de general de los berserkir, ella como general de los alfh. Lejos de la corte que la adoraba como diosa pero se burlaba de ella como mujer, y que a él le reconocía sus hazañas como guerrero pero lo menospreciaban por ser de Gundersheim y no de sangre noble como Fandral y Volstagg. Se iban a rodear de gente que los respetaba y los quería, o sea, sus soldados tanto ases como alfh.
–Sif –dijo él cuando ella ya pensaba que no tenían nada que decirse con palabras. –Thor me pidió intentar hacerte feliz, todo lo feliz que él no pudo.
–¿Y qué le dijiste? –Le preguntó ella.
–Que no lo iba a intentar –le respondió.
Sif nunca dio alas a su afecto por Hogun. Cuando se casó con el dios del trueno, temió que su amigo buscara también otra compañera pero no lo hizo ni dio señales de pretender hacerlo. Y ahora contra todo pronóstico tenían una oportunidad. Como diosa de la guerra, con todo lo poderosa que ahora era, Sif sería un trofeo ideal para cualquier noble; pero las nornas sabían que no iba a permitir que el deber la empujara a casarse nunca más. Empezó a reírse imaginando la cara de Thor cuando Hogun le dijo aquello.
–Tienes razón, yo tampoco estoy para intentos – no lo intentarían, lo harían.
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Los príncipes de Vanaheim y Svartálfheim habían acudido a aquel festejo con sendos presentes para el hijo de su amigo. Karnilla, Héroïque y Adalster igual estuvieron en la recepción. A Loki le fue presentado el príncipe enano, Eyvindur y él se saludaron de manera cortés pero fría, en cambio Hrafn y Hjörtur lo abrazaron con entusiasmo, simultáneamente además. A Héroïque le entró risa y captó la mirada de Hrafn. Adalster se mantuvo al margen apocado como siempre aunque Karnilla lo trataba con amabilidad, como si le diera pena. Los gemelos y el enano llevaban sendas guardias palaciegas, una cincuentena de hombres, en cambio Eyvindur iba escoltado por un solo elfo el cual saludó a Karnilla con un abrazo.
Loki se alejó del festejo, Thor se había quedado tratando de tirar a Tryggvi y a Adalster, quien increíblemente tenía mucha resistencia, en una contienda de beber más, alentado por los gemelos y Héroïque. Karnilla se había quedado conversando con Eyvindur acerca de magia. El tema le interesaba pero quería ver que Hërin estuviera bien, lo intuía dormido pero aun así quería verlo. Ásta se lo había llevado pues el pequeño no podía quedarse en toda la celebración, como todo el mundo sabía, a los ases les gustaban las cosas bastas. Se metió por uno de los pasadizos del castillo y salió a su biblioteca personal. En eso sintió una presencia. Conjuró su espada de hielo y se giró alarmado, se encontró con que el elfo guardián de Eyvindur lo había seguido.
–¿Qué quieres? –Lo increpó molesto por su osadía.
–Ardía en deseos de conversar contigo –le respondió aquel y recobró su forma original. –Eyvindur me hechizó para cambiar mi forma.
–Hagen –Loki se quedó de piedra por la audacia del dragón negro, era tan imprudente como Thor. –Si Odín se entera…
–¿Sabes? –Lo interrumpió –me había imaginado que por lo menos me darías un abrazo, tú sabes, por defenderte y casi morir ayudándote a escapar de Hel –Loki le sonrió.
–¿Un abrazo? ¿Viniste desde Svartálfheim tan sólo por tal recompensa? –Ahora parecía que le estaba siguiendo el juego. –Salvaste al nieto de Odín, al hijo del poderoso Thor y mío, y sólo se te ocurre pedir eso.
–No lo hice por el infante, no me creas tan heroico, en todo caso lo hice por ti y por ver si así te conmovía y conseguía algo tuyo.
–Conmovido estoy –aceptó el hechicero. Acababa de decir eso cuando Hagen ya había acortado la distancia entre ellos un par de pasos para tomar su rostro entre las manos y besarlo.
Loki se lo permitió. Hagen seguía siendo un ser poderoso y le convenía alentar su afecto por él. Sin embargo cuando las manos del dragón buscaron tomarlo de la cintura se apartó.
–¿Me propasé? –Preguntó Hagen y sonrió, todo dientes y alerta por sí lograba robarse otro beso.
–Ya basta –dijo Loki. Recordó que había estado preocupado porque Hagen hubiera muerto por su culpa, pero ya no se sentía tan mortificado y seguramente no debió de haberlo estado cuando era obvio que sujetos como Hagen no morían tan fácilmente.
–Tomaré eso como un "gracias Hagen"–el rostro se tornó serio. –Desde Hel supe que nunca serás mío como quiero, pero que sepas que siempre serás lo más sagrado para mí. Sé que este tonto romance te molesta pero no pienso retractarme –Loki sonrió a su vez.
–¿Romance? –Apenas fueron un par de besos, peleas y maldiciones, se sintió halagado. –Consíguete otra persona Hagen.
–Necesito un favor –añadió sin hacerle mucho caso a lo que dijo. –Se trata de Adalster, sé que es un simplón pero es uno muy leal y lo considero mi amigo. Cuando puedas échale un ojo, no es tan aburrido como parece a simple vista, le gusta leer y quizá ese gusto en común pudiera ayudarlos a conversar. Donde va siempre lo desprecian pero no lo merece.
–Sea –concedió Loki como haría Odín. –Que no se diga que soy un ingrato. Ahora vuelve al banquete o sospecharán y por muy guardia de Eyvindur que seas, el Padre de Todo aún desea dar contigo y encerrarte. No tientes tu suerte –le dijo Loki señalándole el pasaje. Hagen asintió y lo agarró de una mano, trató de volver a probarlo pero Loki se le escabulló, así que en cambio le besó una mano y se alejó.
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Eyvindur apoyó la mano en el mentón. Su postura perfecta y rígida, sabiendo que muchos ojos lo contemplaban todo el tiempo. Para no delatarlo no podía portarse con demasiada familiaridad junto a Hagen, así que ni siquiera podía mirarlo todo lo que quería mirarlo. Pero aún sin hacerlo había notado que el dragón negro había seguido a Loki cuando éste dejó el salón. Se daba cuenta de que haberlo llevado consigo a Asgard había sido una decisión masoquista. Casi había logrado arrancárselo del corazón. Pero, cuando supo que Thor lo había matado en Alfheim se permitió dejar de odiarlo pues lo pensó extinto, sólo para encontrárselo en Hel y encima tener que cargar con él; y tenerlo cerca, su padre se lo endilgó como guardián como dejándole en claro que debía hacerse responsable de aquel cuya sentencia de muerte había suspendido. Hagen se había mostrado agradecido con él por salvarle la vida, y aceptó lo que Larus le ordenaba acerca de renunciar a sus derechos sobre Nornheim, en todo ese tiempo no había hecho ni un solo comentario pero Eyvindur presentía que estaba molesto. Su familia había sido separada, eran prisioneros y esa verdad, cien títulos no podían ocultarlo. Se sintió algo idiota francamente, pero su exterior no dejó ver nada.
–¡Eyvindur! –Hjörtur medio borracho lo abrazó por los hombros –estuve pensando en que tú sólo deberías casarte con alguien de tu mismo rango y que además no de miedo como Karnilla.
Thor soltó la carcajada.
–¿A quién propones? –El dios del trueno alentó la lengua del gemelo mayor.
–Deberías casarte con Hrafn y conmigo –estos siempre pensando en los dos a la vez. –Aunque aún somos algo jóvenes pero puedes esperarnos. –Thor aprobó la idea y le sugirió a Hjörtur irse apersonando en la corte de Larus a apartar la mano de Eyvindur. –Si debería, le van a llover propuestas.
No sería así, Eyvindur intimidaba. Thor le pasó otra copa de vino a Eyvindur y le sonrió, el elfo le devolvió el gesto. Le gustaba mucho Thor, no en lo físico, ese deseo suyo estaba aplacado, le gustaba la forma en que lo trataba, que no se pusiera caretas ni ocultara nada, y que además se pudiera confiar en él.
–Thor, brindo por tu felicidad –le dijo sin ambages. El dios del trueno se lo agradeció, lo abrazó y le volvió a llenar la copa.
–Y yo brindo por esos ojos tuyos que desangran. –Eyvindur se rió por la alusión de aquel poema que algún bardo le dedicara. –Hoy no has hecho que nadie se caiga –casi lo retó Thor.
Eyvindur le hizo una mueca burlona y se giró a buscar a alguna incauta, clavó los ojos sin proponérselo en Héroïque que bailaba con Hrafn, a quien podía de paso molestar; le sonrió mirándola con intensidad. La joven perdió el paso del baile y ella y su pareja rodaron por los suelos para diversión de su amigo. Thor se mofó del rey de Vanaheim, que no por rey dejaba de ser patoso.
–Vi a Karnilla saludar a tu guardia de manera familiar, ¿es quién creo que es? –Preguntó Thor con la sonrisa aún en los labios.
Eyvindur asintió. A diferencia de las personas que se ocultaban para tratar asuntos personales, el elfo comprendía que si hacían las cosas a la vista de la gente, pocos pensarían que hablaban seriamente. Dejó la copa que le había servido sobre la mesa, movió una mano y se acercó un poco más a Thor, al sonreír parecía que estaba a punto de comentar algo acerca del Hrafn, a quién miraba.
–Mi padre ordenó que le injertaran una piedra para que si se transforma en dragón, muera –le contó pero ahí no terminaba su relato. Eyvindur podía ocultar secretos pero confiaba en el dios del trueno y pensó que debía decírselo. –Pero yo la cambié por una joya de mi taller. Hagen es impulsivo, seguramente se transformará y no quiero que muera así –dijo bajando un poco el tono de voz.
Thor lo miró sorprendido.
–Sé lo que es hacer cosas insensatas por las personas que apreciamos, aunque nunca me imaginé que hubiera algo entre Hagen y tú… –dijo callando. Eyvindur negó a sus palabras pero Thor no insistió, no podía arrancarle ninguna palabra que el elfo no estuviera dispuesto a pronunciar. De pronto Thor cambió de postura y de tema –por cierto, debo presentarte a mi prima Vilda. –Era una petición que Odín le hizo a Larus. Eyvindur estaba enterado de ella y había accedido por darle gusto a su progenitor. Era lógico que el Padre de Todo quisiera forjar un lazo con Svartálfheim tal como había hecho con los otros reinos.
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Loki volvió tras encontrar a Hërin durmiendo junto con Ásta, estuvo a punto de despertarla porque así no podía cuidar a su pequeño pero decidió dejarla en paz, después de todo se estaba perdiendo una excelente fiesta. Al volver encontró a Thor divirtiéndose con Eyvindur. Era el dios del engaño pero no podía engañarse en lo que veía, nunca le iba a gustar demasiado el elfo.
Stánic llegó hasta él con un presente que le ofreció casi rogándole que lo aceptara. Loki lo tomó, el viejo consejero debía instruir a Karnilla en el arte de gobernar así que no le daba ya más lecciones. Abrió el regalo, era un libro tal como lo esperaba. Estaba escrito en extraños ideogramas que Loki nunca antes había visto.
–Es un libro sobre cómo llevar a cabo una guerra, pero sus consejos se aplican a la política, a gobernar y a la vida misma. El idioma es peculiar pero pensé que le gustaría el reto –Loki asintió.
–Stánic –lo llamó y le indicó que bebiera con él. –¿Qué te parece mi nuevo título? –Le preguntó. El anciano puso gesto concentrado.
–Confirma lo que ya sabía, que no es ni será más hijo de Jötunheim, es sin duda un aesir en todo derecho. –Loki no quería lisonjas.
–¿Por qué Odín me ha nombrado dios del engaño? ¿No te resulta algo ofensivo?
–No. Me parece que el Padre de Todo lo encuentra algo peligroso y ha querido ponerle una etiqueta de advertencia para quienes atenten contra usted y por ende contra su familia.
–También es una advertencia a no confiar en mí –habló Loki con algo de amargura.
–Es una amonestación a no tratar de jugar con usted o al contrario un aliciente a retarlo para confirmar si merece tal título –Stánic fue casi severo. –Piénselo con frialdad –suavizó su voz al final y le sonrió.
Loki hizo lo mismo.
–Cuando termines con Karnilla y él tenga la edad adecuada, instruirás a Hërin, ya lo tengo decidido –el consejero se mostró halagado.
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Plantó la moneda en el centro de la mesa para que los demás la observaran con detenimiento. Yrsa fue la primera en girarla en su mano, por un lado estaba el nombre de Hërin y por el otro los cuervos, signos de Asgard. Se la pasó a Erwel que bebía con algo de nostalgia, pues estaba a punto de partir hacia Nornheim. Aunque Karnilla iba a prolongar su estancia en Asgard por una temporada, él en calidad de administrador debía presentarse y entender el funcionamiento del otro reino, que no podía distar demasiado del que ya conocía, de todos modos pensar que estaría lejos de sus hijos le producía cierto desazón.
–La moneda conmemorativa de estas victorias –dijo Hagbard.
La moneda estaba lista porque el concejo ya había ratificado que Hërin estaba en la línea de sucesión. Odín había aprobado a su nieto, Starkag había hecho lo mismo con lo que el gobernador de Gundersheim, que era tan amigo de Olenna había hecho lo mismo, Erwel obviamente había votado por el príncipe, Harma había hecho otro tanto y los demás concejales habían seguido la directriz de su rey. Hagbard de todos modos se había encargado de meter algunas mujeres en las camas de éstos para que se encontraran contentos y relajados al momento de la votación. Aún no se sabía quién iba a ser gobernador de Harokim cuando Erwel se marchara pero seguro que pronto se enterarían.
Yrsa bebía contenta, Olenna se marchaba de la corte y nada podía alegrarle más. Brindaron por ese hecho, al igual que por el nuevo nombramiento de Erwel como castellano de Nornheim.
–Estuve pensando en el título del príncipe Loki –dijo Hagbard de pronto –el rey Odín sí que la puso difícil cuando lo ha nombrado así. He escuchado a algunos preguntarse el porqué, me he adelantado a explicarles como si fueran los más tontos del mundo que se debe a que evadió a Laufey, le robó el cofre de los antiguos inviernos, y lo regaló al Padre de Todo sin que nadie lo atrapara. Casi pudo haberse salvado él mismo de no haber estado a punto de tener al pequeño Hërin –añadió.
–Ayudaré a correr aquella explicación entre los siervos –dijo Yrsa.
–Hay algo más –dijo de pronto el gobernador cambiando el tema, viendo que sus colegas ya tenían dominado aquel aspecto y él tenía algo más preocupante que aconsejar. –El rey nombró a Lady Sif, general de los ulfhednar pero no se puede compartir el título como hacen los capitanes, y el general es el príncipe Thor –les explicó el panorama. Casi nadie había captado que ese mensaje no era un acontecimiento casual –no lo hizo en esta celebración que era por su nieto pero va a nombrar al dios del trueno, rey de Asgard; y a Loki con él. Eso sólo puede significar una cosa: se sumirá en el Sueño. –Les contó. Parecía que las guerras lo habían cansado más allá de lo que el mismo Odín estaba dispuesto a aceptar. –Ya lo ha dejado todo dispuesto.
Yrsa derramó su vaso e inclusive Hagbard pareció perturbado.
–Confío en el príncipe –dijo el acerero –pero siempre que el rey toma el Sueño, me siento inseguro –dijo. Es que Odín era el tercer Padre de Todo y era un excelente gobernador, era difícil imaginarse en manos de alguien más. Tomó su copa sin animarse a repetir las palabras que Erwel había dicho pero finalmente lo hizo, sonrió nuevamente. –Por los próximos reyes de Asgard –señaló.
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Thor volvió donde él, le acarició el rostro. Loki se acordó de todas las veces que pensó que Thor se conducía con moderación en su trato para no herir a Sif. Recordó la ocasión en que lo había besado en público festejando su victoria sobre los alfh y se dio cuenta de que seguía siendo incapaz de prodigarle semejante gesto frente a Odín. En cambio le tomó la mano. Su consorte le sonrió cálidamente y entrelazó sus dedos con los suyos, luego le puso una mano en su cuello, aquel gesto tan suyo.
–Y ahora puedes besarme –le dijo Loki sabiendo que no lo haría, excepto que se equivocó.
Thor le plantó un beso en medio de la fiesta, delante de la corte, de sus amigos y de su familia. Fue algo breve eso sí, no un beso en sí mismo sino un adelanto de otros muchos besos que sí podrían darse como quisieran. Thor lo soltó. Loki se dio la vuelta y básicamente se escapó, andando con aplomo y despidiéndose de Frigga primero sin que se notara que estaba huyendo. Y no regresó al banquete. Thor tuvo que ir a buscarlo a donde usualmente se refugiaba cuando se descolocaba, y no, no era en la biblioteca, sino en su cama. Ahí lo encontró todo teñido de azul, ojos rojos y tatuajes ancestrales recitando un conjuro.
–¿Qué haces? –Le preguntó Thor extrañado de su aspecto.
–Hice un hechizo demasiado fuerte y requirió de toda mi magia.
–¿Qué hechizo? –Le preguntó.
En respuesta Loki se echó en sus brazos y buscó su boca como si fuera un náufrago aplacando una sed terrible. Thor le respondió a su pasión con pasión. Al soltarlo Loki había recobrado el tono pálido de su rostro aunque al perder el contacto con Thor la tonalidad azul predominó de nuevo.
–Ya no puedo engendrar vida, he sellado esa magia –le explicó.
–Una vez dijiste que quitarte tu magia era como mutilarte –no es que no le diera gusto saber eso pero le preocupaba.
–Tuve que escoger entre eso o no volver a tenerte sin riesgos, y eso sería igual estar incompleto. En la vida hay que tener prioridades –le sonrió sin rastro de congoja. –Espera, ya me maldigo –dijo aduciendo a su aspecto pero Thor lo atrajo hacía él.
–No, déjame a mí –le pidió notando que donde lo tocaba le contagiaba su aspecto. Los ojos rojos de Loki encerraron un reto y una travesura.
Thor fue a besar su cuello con devoción mientras sus manos le abrían la ropa. El ropaje real ya lo tenía dominado y logró alcanzar la piel de Loki raudamente. Thor acabó de desnudarlo, se quedó mirándolo sin tocarlo indeciso.
–¿Qué pasa? –Le preguntó Loki tumbado de espaldas dejándose ver a su entero gusto.
–Estoy decidiendo por dónde empezar –fue su respuesta. Se estaban riendo antes de siquiera pensarlo. Hacia tiempo que no estaban juntos así, se miraron expectantes pero con la familiaridad de dos amantes que se conocían cada pliegue y cada gusto.
Thor comenzó desde los pies usando sus labios, lo fue recorriendo de a poco, comiéndoselo entero, talones, rodillas, muslos. Se ayudó con las manos para explorar sus nalgas, mientras lo besaba en las caderas. Subió por el vientre, apretándole la espalda, mordiéndole los pezones y luego las clavículas, lo tuvo completamente cautivo entre sus brazos cuando acarició su cuello con sus labios para finalmente besarlo. Dejó calidez en cada parte que tocó al igual que un suave cosquilleo, la piel de Loki se había erizado ahí donde dejó de tocarlo, como una queja por la pérdida de su tacto.
Loki desnudó a Thor con su magia, impaciente y deseoso. Las manos de Thor ya lo estaban girando para besarlo en la espalda. Rehízo el mismo camino, omoplatos, cintura, trasero, la parte interna de sus rodillas y luego volvió sobre él. Le mordió un hombro, sus dedos se hundieron su interior. Loki se tensó sintiendo aquella intrusión, pero la lengua de Thor en su nuca, le hizo olvidarse de aquello. Sus dedos empujaron abriéndose paso y la incomodidad cedió. La mano libre de Thor alcanzó su hombría. Loki se dejó hacer gimiendo el nombre de su amado.
–Espera –lo frenó como pudo cuando Thor le sacó los dedos y comenzaba a penetrarlo. –Quiero verte mientras me lo haces –su petición fue atendida de inmediato. El rubio le dio espacio para girarse. Loki se tumbó de espaldas y Thor lo tomó de los muslos levantándolo y acomodándolo para darle cabida. El cuerpo de Loki no guardaba ni ápice de azul y al contrario su pálida piel empezaba a marcarse donde Thor lo presionaba. Flexionó las rodillas cuando sintió a Thor rozarlo, y fue consciente de su propia excitación. Su amante lo miraba al completo bebiéndose su imagen; Thor cambió de idea y en vez de poseerlo primero se inclinó sobre él y engulló su miembro. Loki no se lo esperaba. Soltó un gemido ahogado. Las manos de Thor lo tenían por las caderas y lo chupó lentamente. Loki vibró y su mente se diluyó.
–Espera –casi le suplicó. Thor lo estaba ignorando y no es que él estuviera muy coherente a hacer cumplir sus palabras, menos cuando los dedos de su amante volvieron a clavarse en su ser sin anuncio previo. Loki se mordió los labios. –Quiero sentirte –ahora sí que le estaba rogando. Se apartó de labios de Thor, el cual lo siguió, Loki se le enroscó sintiendo su piel cálida. Giraron, Thor de espaldas esta vez y Loki dispuesto a todo; tomó el miembro de Thor y se acomodó sobre él. La punta entró. Thor lo miraba, ojos cristalinos y enfebrecidos. Loki hizo presión con su cuerpo metiéndoselo de a poco.
–Loki. –Thor lo agarró por las caderas y lo haló hacía abajo.
Thor se perdía completamente cuando lo hacía con Loki. Se le olvidaba hasta su nombre, el cual recordaba cuando Loki empezaba a gritarlo en medio de embestidas que ocurrían sin esfuerzo. Loki onduló sobre él ofreciéndole la visión de su piel perlándose en sudor, de su rostro dominado por el placer. Se sentía demasiado bien, demasiado perfecto. Se le antojó un beso y que Loki gimiera contra sus labios. Lo alcanzó de una mano y lo hizo caer sobre él sin salirse. Lo agarró como pudo y lo instó a seguir, con lo cual aprisionó la hombría de Loki entre el abdomen de ambos. Se besaron, lo tocó, Loki se tensó como a veces le hacía, hundiéndolo tanto que Thor sintió que pretendía fundirlo dentro de él.
Loki gimió entrecortado, apretó los ojos mientras Thor lo tocaba y se hundía en él y lo besaba. Se sintió al borde. Era adicto a Thor y no era debido al sexo, bueno, el sexo sí tenía algo que ver en su deseo constante por el dios del trueno, pero era más que eso. Era adicto del todo a Thor. Murmuró su nombre, le gritó que no resistía más y se corrió.
Se quedó desmadejado entre sus brazos. El cuerpo de Thor aún palpitante entre sus piernas.
–Loki –el rubio le susurró en el oído sacándolo del limbo de la satisfacción. –Quiero tenerte.
–Ya me tienes –se quejó Loki lánguidamente.
Thor se incorporó alzándolo con él y lo tumbó de espaldas. Loki abrió los ojos cuando sintió reiniciarse el vaivén de la cópula.
–Quiero tenerte siempre –aclaró Thor. Conque era eso. Menos mal que Loki no era el único que sentía ese insaciable deseo.
–Soy tuyo –lo adoró Loki y antes de que perdiera la razón añadió: –te amo. –Thor se quedó de piedra como si aquello fuera un aviso del Ragnarok. –Te amo, Thor –le repitió. El dios del trueno lo acercó a él y lo estrechó con fuerza, hundiendo su rostro en el hueco de su cuello, expulsando su aliento cálido y acelerado contra su piel.
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El festejo en honor del nieto de Odín y de los nuevos nombramientos duró cuatro días. Tras ello los preparativos para la partida de Starkag y Erwel se pusieron en marcha.
Olenna dirigía a las siervas mientras empacaban su ropa invernal. Se iba a Alfheim con su esposo y su familia. No. Lo correcto era decir que iba a regir Alfheim junto con su esposo. Tutelarían a Danna y a Adalster hasta que se desposaran y gobernaran juntos. Olenna estaba encantada con su sobrina. Desde que Sif se volvió diosa de la guerra estaba más ingobernable que nunca. En cambio Danna, no le daba muestras de resentimiento por haberla apartado de Oleg, y acataba todos sus consejos. Olenna la había descubierto prendada del príncipe elfo, un capricho secundario al aspecto de aquel; pero ella, le había indicado a Danna que lo mejor era olvidarse del joven, que de por sí no mostraba interés en ella. Lo mejor era concentrarse en el prometido que el Padre de Todo le había escogido. Adalster era un excelente partido, a Olenna ya se le había olvidado que alguna vez lo calificó de "bárbaro"; era apuesto a su manera, amable y se notaba que podía llegar a ser considerado y aconsejable por su esposa, lo cual era un atributo mucho más valioso que la galantería o el atractivo físico, Olenna lo sabía mejor que nadie.
Así pues Danna había empezado a cenar con Adalster y su tía hacía de acompañante. Igual le aconsejó aprender a hablar alfh. Cuando gobernaran aquel reino, Olenna se encargaría de instaurar una ley que obligara a todos los alfh a aprender aesir como segundo idioma y a emplearlo de manera oficial en la corte, pero, le explicó a Danna, sería bueno que ella dominara el lenguaje aquel para demostrar a sus futuros siervos que les tenía aprecio y que era magnánima. Danna se aplicó a ello, y en las cenas le decía algunas frases a Adalster. El joven se mostró incómodo con el acento de la joven pero al final acabó riéndose de aquel detalle. Danna primero se ofendió porque se lo tomara de esa manera pero al final se lo tomó a broma. Se llevarían bien.
Olenna conducía aquella mudanza como si la hubieran nombrado reina de Alfheim en lugar de como el destierro que se rumoraba que realmente era. Sköll, ese infame convenenciero, había dado con indicios de que ella estuvo detrás del hecho de que los hired que custodiaban la puerta hacía Jötunheim no hubieran detenido a Ull cuando secuestró a Loki. El guardián de la reina no obtuvo pruebas y Starkag intercedió para que aquella investigación no prosperara más. Por ello, Olenna tuvo que ser discreta, ni siquiera había podido acercarse a la reina últimamente.
Le sorprendió que Frigga la mandase llamar. Dejó los preparativos de la mudanza y respondió a la petición de su reina con presteza. La dejaron pasar de inmediato a los aposentos. Debía admitir que había abusado un poco del poder que Frigga le había concedido previamente como guardiana de la corte, un desliz del cual estaba segura que había aprendido.
La reina estaba atendiendo asuntos, con pliegues de peticiones frente a ella, pero también tenía a su nieto en brazos. Olenna no se había acercado a ese hijo que debería haber sido de Sif y no de un inicuo jötun. Le hizo una reverencia a la reina y ella le indicó que tomara asiento cerca.
–Olenna –le dijo Frigga hablando en tono mesurado para no despertar al pequeño en sus brazos. –Quisiera que aceptaras un presente con el cual te deseo prosperidad ahora que partes a Alfheim –Jyana, se acercó llevando un cofre el cual abrió frente a la madre de Sif. Dentro había un brazalete con una piedra preciosa, un zafiro, engarzado. Cómo sus esposos eran amigos, ellas dos se hicieron cercanas hacia ya siglos. Olenna se percató de lo mucho que echaría de menos a Frigga. Casi lamentó su partida.
–Te lo agradezco –le dijo a la reina con sinceridad y le sonrió. El bebé se movió acaparando la atención de ambas. Frigga lo acomodó de manera que Olenna pudiera verlo.
Starkag ya le había dicho que el niño era idéntico a Thor pero una parte de ella se resistió a creerlo. Sin embargo en ese momento fue innegable. Muy a su pesar encontró al bebé hermoso, todo un pequeño Thor. Olenna recordó un día, muchísimos años atrás, cuando entró en esa misma habitación a felicitar a Frigga por el nacimiento del heredero al trono, y para ofrecerle su compañía y ayuda en todo lo que fuera posible. La reina era más joven en ese entonces pero la escena era la misma, era Frigga sosteniendo al infante de rubios cabellos, mirándolo con adoración. La vida le había parecido tan prometedora a Olenna en ese momento. Qué pensamientos tan tétricos. Aun había un largo camino que recorrer, la vida seguía siendo prometedora. Sif, por muy diosa de la guerra que fuera, seguía siendo una doncella y acabaría enamorada de alguien, más valía que de alguien digno. Amaría a ese esposo y tendría hijos con él, seguro habría alguna hija; y Hërin se casaría con esa nieta suya. La idea le pareció tan perfecta a Olenna que tuvo absoluta certeza de que así sería.
Se encontró conmovida, mirando a Hërin embelesada.
–Es hermoso –dijo Olenna. –Es idéntico a Thor –Frigga escuchaba eso todo el tiempo. –Me ha robado el corazón.
–Eso pasa con todos, incluso con su padre, con todo y su temperamento frío –Frigga no estaba hablando de Thor. Olenna la miró como si la reina hubiera dicho algo malsonante pero luego compuso el gesto y volvió a mirar al bebé.
–Se nota que Loki quiere mucho a Thor, seguro igual quiere mucho a su hijo –no hubo sarcasmo en sus palabras.
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Odín estaba en sus estancias privadas, a un lado descansaba Gungnir. Estaba tendido en su lecho pues el Sueño hacía presa de él a cada instante. Thor, a quien ya se le había anunciado que subiría al trono en cuanto su padre durmiera, se encontraba a su lado.
Le había estado dando consejos en esas últimas horas, narrándole sus propias experiencias cuando tomó el poder de manos de Cul e inclusive hablando de su padre, Bor. Se quedaron en silencio durante un par de minutos hasta que Odín volvió a hablar.
–No repitas lo que estoy por revelarte, ni siquiera a Loki. –Thor asintió con gesto adusto. –Los grandes reyes de mi era en su mayoría han muerto. La nueva generación de príncipes llamados a ocupar su lugar es joven, imprudente e inexperta –y Thor contaba como uno de ellos. –Debido a ello Asgard tiene la supremacía de los nueve reinos, pero esto es una espada de doble filo. Estoy seguro que habrá levantamientos en armas que te pondrán a prueba. –Ausmünd de Vanaheim, Hildetand en Jötunheim, Thyra de los enanos de Svartálfheim o inclusive, y a Odín le preocupaba eso en particular, los infiernos. El Padre de Todo confiaba plenamente en que Starkag y Erwel mantuvieran controlados Alfheim y Nornheim, en cuanto a Larus, se fiaba de él a pesar de que retuvo consigo a Hagen. –Tus detractores considerarán que eres poderoso pero falto de astucia y pensarán que este es el mejor momento para atacar. –Siempre la falta de astucia, su peor debilidad. –Para eso te dejo a Loki, se toparan con tu fuerza y su talento combinados –dijo Odín como si el hechicero fuera una reliquia más de su arsenal que le confiaba a Thor junto con el Mjölnir. –Esgrímelo para bien –Thor negó.
–Es más listo que yo, no creo que pueda hacer tal cosa. –Odín negó.
–Ciertamente no puedes conducirlo mediante la inteligencia donde supera a muchos con creces; pero te quiere y es debido a su afecto que podrás guiarlo. Thor, te quedarás al frente no sólo de Asgard sino también de los demás reinos bajo nuestra tutela –de pronto el peso de aquello pareció más agobiante que cuando lo nombró rey. De pronto Odín sonrió y cambió la conversación sin más –supe que estarías listo desde que te enteraste que tendrías un hijo, ser padre cambia todo, Thor. Cuida bien a Hërin y sobre todo a tu madre.
–Padre… – no sabía que decirle, mesuró sus palabras –lo haré con honor y procuraré que estés orgulloso.
Odín cerró su ojo, dentro de su párpado pudo admirar su ciudad eterna, a las llanuras infinitas que se extendían más allá hacía el horizonte, la imagen viva de su hermosa Frigga.
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Habían estado aguardando su tiempo y con Odín sumido en el sueño, este por fin había llegado. Los grandes reyes habían muerto y en su lugar, dejaron niños inexpertos. Ella, la diosa de los muertos, había dudado en participar en aquella contienda pero él, la había convencido por fin con sus alegatos. Mephisto, de los demonios, había enseñado la daga ensangrentada con la cual había liquidado al último de los grandes reyes, el plañir de los elfos sería vasto. Ya no les quedaba ningún obstáculo de cuidado.
Ni la fuerza del poderoso Thor podría frenarlos.
El ser en penumbra se puso de pie. Ante el sonido de su risa, gutural y gozosa la luz se extinguió, como absorbida por él. Surtur por fin marcharía a la guerra.
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Notas de la autora:
Por fin. Quiero agradecer a: Hydra Delphine, Mikunami, L4psis4ngelus, Soy YO–SARIEL, Addictedtosomething, Meikojoker, Hlnjrqr, Itsumiminamino1, Yakumo–Kaiba, Lokidokiandie, Lolitaredhead, Kmy Kusanagi, Kyo, Uchihagumi, Himiko–chan, Chrome Burns, Naghi–tan, Hatake Nabiki, Gigichiba, Alexia Evans12, Drarry Aeternum, Citlali, Sthefynice, Anahi, Rosen Leilo, SaSoRe–NyU, KamilRiddleUchiha, Nameless, NewKanaid, LadyMischievous07, LauraCassie, NineteenBog791, , Ladykarma2188, Megalex, Claus,AmyDake y Guest. A todas ellas por sus hermosos review's, de verdad que sus comentarios nos animaron para continuar con la historia y entregarla en la fecha prometida.
(Para mí, aún es sábado)
Quiero agradecer también a quienes le dejaron favorire o follow a la historia, a quienes la leyeron de manera anónima. A todos los que le dedicaron su tiempo al fic que Cuencas Vacías y yo ideamos, pudimos sentir su cariño irradiando desde sus dedos :3
Gracias mil gracias por leer. La historia De Ardides y Mentiras tiene una continuación llamada "De amor y Traición", la cual pueden encontrar en mi perfil. Muchas gracias por continuar leyéndonos. (También pueden visitar You are not Ulysses (Thorki))
