1.

— ¿Qué debo hacer, Kyle? — inquirió Stan.

Sus ojos profundamente azules amenazaron con liberar frías lágrimas. Pero no se lo permitiría. No lloraría. No por esa razón. Su mirada, fija, se perdió en aquel suelo de tablones madera. Sus dos manos juntas, con los dedos inquietos, se entrelazaron en una danza nerviosa.

No.

¿Por qué a él, precisamente? ¿Por qué de todas las personas tenía que preguntarle a Kyle?

La sensación de confianza era tan intensa, que resultaba palpable en la habitación. Era un efecto abrumador.

—No lo sé, Stan — respondió Kyle, para después morderse el labio inferior, evitando soltar lo que realmente ansiaba decir. Aquel poderoso veneno verbal, que tanto quería expresar. Desde hacía tanto tiempo.

Termina con ella.

Aquellas palabras yacían en su garganta, atascándose como espinas. Espinas que no podría sacar.

De súbito, sus ojos se encontraron: azul en verde. Una mirada intensa, llena de emociones. Sentimientos sólidos que, inútilmente, intentaban ser disimulados. Algo profundo, que había permanecido oculto por tanto tiempo. O al menos así era para Kyle.

Por otro lado, las pupilas perdidas de Stan sólo demostraban una vulnerabilidad que jamás se había permitido reflejar, una tristeza sumamente honda. Casi oscura.

Los ojos penetrantes de Stan provocaron que Kyle se girara de cuerpo entero, dándole la espalda a su mejor amigo, para impedir cualquier contacto visual. Su mirada era demasiada intensa como para soportarla.

—Lo besó — casi gimió Stan, en un murmullo. — Mi Wendy besó al estúpido de Cartman.

Stan se sintió un verdadero idiota cuando percibió sus mejillas húmedas. Las lágrimas resbalaron por su níveo rostro. Sentado en el borde de su propia cama, sus dedos se aferraron violentamente a las blancas sabanas.

—Termina con ella, Stan — masculló Kyle recargando el peso de su cuerpo en sus brazos, apoyándose de un mueble de caoba.

Su respuesta le provocó un leve remordimiento en sí mismo. "Mierda" pensó Kyle; finalmente lo había soltado.

—Eso haré — dijo Stan, en un murmullo apenas audible.

Kyle abrió los ojos desmesuradamente. ¿Debía estar bromeando, verdad?

—O véngate por lo que te hizo—farfulló. Intentando suavizar sus antiguas palabras.

Stan se levantó de la cama de un movimiento brusco. Una vez de pie, mantuvo la mirada fija en la ancha espalda de Kyle, subiendo los ojos hasta encontrarse con la desordenada mata de rizos bermejos que ansiaba desenredar con sus dedos.

La adolescencia generalmente es un golpe a todo lo físico; la etapa menos agraciada para la mayoría. Es cuando, lo usual, es caer en un físico desagraciado. Pero, ante los ojos de Stan, para Kyle este concepto no se aplicaba. En absoluto.

Las fuertes y masculinas manos de Stan se posaron en las estrechas caderas de Kyle, atrayendo su cuerpo hacia él. Se permitió aspirar el dulce aroma que emanaba su mejor amigo, y se dejó llevar por el magnetismo que inevitablemente le provocaba.

— ¿S-Stan? — trató de decir Kyle.

Kyle tan sólo deseaba que no notara el vergonzoso rubor que había aparecido en sus pálidas mejillas. De todo lo pensado, eso era lo último que hubiese sospechado que Stan terminaría por hacer.

—Bebe tiene razón… — ronroneó Stan bajando sus manos tan sólo un poco, casi tocando su parte posterior, en un ademán tentador, casi incitante. — Eres un maldito nalgón, hijo de puta — bromeó.

Kyle no sabía que decir. Simplemente se dejó arrastrar por la respiración de Stan, que rítmicamente golpeteaba contra su níveo cuello, provocándole múltiples estremecimientos.

—Kyle, mírame. Por favor — le ordenó Stan dulcemente.

Sus dedos corazón e índice rozaron cariñosamente el brazo del interpelado. Dejando un rastro de fuego por su piel.

Kyle jamás había experimentado algo así. Sabía que llevaba años negando aquella pesada carga. Sentimientos prohibidos hacia su mejor amigo. Aquella falsa esperanza de que tal vez el pudiese corresponderle, le obligó a encarar a Stan.

Kyle se volvió hacia Stan tomando su bello rostro entre sus dos manos.

Ambos cerraron los ojos, para entregarse a lo desconocido, tentando a lo prohibido. Acercaron sus rostros; para finalmente acortar distancias. Aún con los ojos cerrados, Stan tomó la mano de Kyle, entrelazando sus dedos.

Kyle suspiró ante el contacto. Corrientes eléctricas recorrieron cada centímetro de su piel al sentir su boca tocar la de Stan, con suavidad.

Hábilmente, Stan se atrevió a mover sus labios contra los de Kyle, percatándose de que se movían en sincronía, encajando perfectamente con suma naturalidad. Boca contra boca, Kyle sintió sus manos tocándole los costados, queriendo sentir la palidez de su piel. Stan empujó a su mejor amigo contra la pared, sin dejar de besarlo. Mantenía el cuerpo de Kyle a su merced, contra el muro. Ambos se friccionaban contra el otro, sintiendo la abrasadora lujuria.

Kyle gimió sonoramente al sentir como su labio inferior era atrapado por los dientes de Stan. Mordiéndolo. Tirando de él. Casi al mismo tiempo percibió una ligera presión en los jeans de Stan, cuando esté se apretó contra él.

Aprovechando su distracción, el pelirrojo introdujo violentamente su lengua en la cavidad bucal de Stan, saboreando su esencia, deleitándose con las desconocidas sensaciones que le producía el comenzar una guerra en ambas bocas; partiendo de los movimientos expertos de sus lenguas.

—Mucha práctica, ¿eh? — ronroneó Kyle contra su boca, al lapso que apretaba su cuerpo contra el de Stan. Como si pudiesen fundirse entre ellos, volverse uno.

—Cállate y bésame.

Kyle no vaciló ni un instante en obedecer sus órdenes, provocándolo. Retándolo a continuar con lo ilícito. Rompiendo aún más las reglas.

Stan era como un adictivo licor, no bastaba con degustar tan solamente una pequeña probada de él. Ansiaba más de él. Con cada beso, con cada caricia. Solamente más...

Lo cual hacia más dificultoso parar. No podían detenerse. No había vuelta atrás.

Los dedos de Stan se precipitaron a los botones de la camisa verde de su amigo. Con movimientos temblorosos e inseguros, comenzó a retirarle la prenda, hasta verla rozar la suave piel de Kyle y posteriormente, caer al suelo, silenciosamente.

Stan se estremeció, deleitándose con la vista que le era proporcionada. Un marcado abdomen pálido, sin llegar a exageraciones, simplemente perfecto.

—S-Stan…

Las caricias no cesaban. Stan deseaba recorrer cada centímetro de su piel, y memorizarla: para siempre.

—Stan, detente, por favor — suplicó Kyle, su voz fue apenas un leve murmullo. Alzó sus brazos apartando el cuerpo de su mejor amigo del suyo, con el afán de detenerlo.

—No puedo—gruñó Stan, contemplando fijamente aquellos orbes verdes que le miraban con una mezcla de impotencia y deseo, hipnotizándolo. Involuntariamente llamando a que lo tomara.

— ¿No quieres que continúe? —inquirió Stan, sin dejar de observar esos segmentos de esmeraldas brillantes.

—Todavía estás con Wendy —musitó Kyle.

Stan en respuesta torció sus sensuales labios en una leve sonrisa, ruborizando a su amigo.

Kyle aún mantenía sus manos apoyadas en el pecho de Stan, de la vez que había intentado apartarlo; al final se limitó a dejar caer sus inertes brazos a sus costados. Resignado, Stan le imitó. Ambos tenían la respiración agitada, y las mejillas encendidas.

—Dijiste venganza.

Palabras equivocadas.

Palabras equivocadas que se clavaron fríamente en el pecho de Kyle, estrujando su corazón. Haciéndole daño. Sintiendo un interminable dolor, apenas comparable con que lo abrieran con cuchillas oxidadas.

Kyle advirtió como todo se jodía sin solución alguna. Decepcionado, humillado, estúpido, pero sobretodo engañado.

—Jódete, Stan.

— ¿Kyle? —preguntó el pelinegro, fingiendo inocencia, sabiendo lo que acababa de hacer.

—Jódete, Stan— repitió Kyle, desviando su mirada a las baldosas del suelo. Se inclinó hacia este, para coger su camisa, ahora arrugada.

—Vamos, por favor. No…

El interpelado simplemente se limitó a retirarse, no sin antes dedicarle una mirada despectiva.

Y Stan no hizo nada para detenerlo.

...

Kyle al salir de la casa de Stan, divisó el oscuro cielo que se pintaba sobre él. La lluvia golpeteaba contra su camisa, aun impregnada de "su" aroma. Tan solo quería llegar a su habitación. Estar solo. Meditar las cosas. Caminó a paso descuidado, culpando a la lluvia por la humedad de sus mejillas.

...

Era sencillo para Stan considerar que mañana todo estaría bien. Kyle le perdonaría como siempre. Sólo era una estupidez más para la lista. Siemprelo perdonaba. Solamente había sido un beso. Un beso que le podía haber dado a cualquiera.

Después de todo: eran Súper Mejores Amigos. Y eso no iba a cambiar, nunca. Pero los Súper Mejores Amigos no compartían besos. Los Súper Mejores Amigos no intercambiaban caricias de ese tipo. Los Súper Mejores Amigos no te incendiaban cada poro de la piel con un simple beso. Para Stan era fácil suponer que era porque ellos compartían el vínculo más estrecho que pudiese existir.

Pero Stan y sus cavilaciones estaban mal consideradas. Muy, pero muy mal consideradas.

...

"Esto es una jodida mierda", pensó Kyle, dando vueltas vacilantes en su habitación: como un animal enjaulado. Atrapado por sus propios pensamientos, que le apresaban.

Sus manos se agitaban levemente, y sus ojos estaban llenos de gélidas lágrimas que ansiaba contener.

No podía, no debía. Pero finalmente Kyle lo había hecho: en el momento pensó que estaría bien-porque se sentía bien, aunque "bien" ciertamente era quedarse corto- pero no.

Estaba mal, a pesar de aquellos labios se habían movido contra los suyos, con una suavidad natural; y aquellas masculinas manos habían tocado su cabello rojizo con el mismo ímpetu.

Kyle recordó con aspereza la calidez de su piel bajo la punta de sus dedos, el cómo Stan temblaba nervioso ante su toque.

Suspiró pesadamente, y se limitó a contemplar hacia afuera de su ventana, con dudas creciendo dentro de sí, con suspicacia. ¿Qué pasaría mañana? ¿Sería como si nada hubiera pasado?

Pero de algo estaba seguro: Stan jamás lo vería como algo más que un juguete.

...

Stan se había equivocado. La tensión entre ambos era evidente cuando caminaron hacia sus casilleros. Para mala suerte de Kyle, su locker yacía al lado izquierdo del que pertenecía a Stan.

Ambos percibieron la rigidez como si fueran corrientes de electricidad. Incómoda y dolorosa, como el silencio que Stan, estúpidamente, quería romper.

Con palabras equivocadas, de nuevo.

— ¿Realmente te lo tomaste enserio? —preguntó Stan hostilmente, cuando ponía su combinación.

Stan tenía un sincero talento para el veneno verbal.

—Eres un imbécil— masculló Kyle ofendido.

—Y tú un marica—soltó Stan.

Kyle mantuvo sus ojos verdes muy abiertos, fijos en un punto inexistente. Con un sonido sordo, cerró la puerta de su casillero; que detuvo a los curiosos que caminaban por el pasillo.

Todo fue muy rápido.

El puño de Kyle voló, rompiendo la distancia entre los dos, impactando en el rostro de Stan. La fuerza del golpe le empujó hacia atrás, provocando que cayera al suelo.

Docenas de pares de ojos atónicos contemplaban la escena, casi tan perplejos como Stan, quien ya se incorporaba del suelo, dispuesto a pelear.

— ¡¿Qué demonios, Kyle?! —gruñó Stan, tomándolo violentamente de la solapa de la camisa, para después estamparlo agresivamente su espalda contra los casilleros.

La intensa mirada de Stan atravesó fácilmente la de Kyle, quien observó con impotencia como un hilo de sangre resbalaba por su pálido mentón.

—Pensé que éramos Súper Mejores Amigos—musitó Stan con aquella voz débil que estremecía el cuerpo de Kyle. Él advertía aquella cercanía peligrosa, sus rostros yacían a pulgadas…

No podía.

No ahora.

No con toda esa gente mirando.

—Éramos. Tú has arruinado todo…— susurró en respuesta, finalmente posando sus temblorosas manos en las de Stan, para poder soltarse del agarre.

Stan advirtió por segunda vez, ese dolor sin proveniencia. Un sufrimiento que ambos compartían. Stan observó aquellos ojos verdes que lo miraban con hostilidad; humedecidos por lágrimas de humillación. Pero sobre todo por segunda vez contempló como se alejaba de la escena, abandonándolo. De nuevo.

...

—Mierda, mierda, mierda… —repitió Kyle, observando con impotencia el reflejo del espejo del baño. Una sombra demacrada de sí mismo. Sin poder hacer nada, su propia mano se deslizó por encima de sus marcadas ojeras. Su piel yacía fría, casi tan fría como Stan.

Sintió unos masculinos brazos ceñirse a su alrededor, apretándolo contra sí. Confortándolo.

— ¿Stan? —preguntó ingenuamente, aun sabiendo la respuesta. Clavó su triste mirada en el suelo.

—No—murmuró una voz ronca, en su oído, que reconoció al instante.

Nota de Autora (05-2013): Holy fuck. Hay demasiados errores en este fic. Cada vez que lo reviso tiene más y más. Tiene fallas cronológicas (la trama a veces carece de sentido, pero estoy trabajando en corregir eso), gramáticas y ortográficas, así que si encuentran algún error o alguna oración que suene demasiado extraña no duden en decirme. Gracias.