2.
— ¿Kenny? —inquirió Kyle, sin apartar la vista del suelo.
— ¿Quién más? — ronroneó él, lentamente, en su oído.
Kyle por el tono sugestivo de su voz, supuso que en su rostro se dibujaba una sonrisa cínica. También, se aseguró a sí mismo que lo único que Kenny pretendía era aprovecharse de su vulnerabilidad para probablemente fugazmente usar de su cuerpo, en los baños.
—Sí lo que buscas es "eso" —le avergonzaba no poder mencionar la palabra "sexo"—…Estás con la persona equivocada—soltó un largo suspiro de alivio, al sentir como los brazos de Kenny cedían, soltándolo, seguido de una sonora carcajada.
Kyle se volteó para poder divisar Kenny, frente a frente. En el pasado nunca habían sido muy cercanos. Aun cuando pasaran bastante tiempo en compañía del otro, no acostumbraban a cruzar palabras. Todo cambió totalmente cuando Stan se unió al equipo de básquetbol, alejándose de Kyle y el resto; y contrariamente estrechando su relación con Kenny.
—Sólo bromeaba… ¿Y bien?
— ¿Qué? —masculló Kyle, tajante. Comenzaba a agriarse ante el recuerdo de Stan. Kenny se limitó a bufar con resignación.
— ¿Qué ha pasado? —preguntó Kenny, demostrando un interés sincero, no simple cordialidad.
—Bueno… me ha besado. Sólo para vengarse de la puta de Wendy—soltó precipitadamente, advirtiendo como las lágrimas acudían a sus ojos de nuevo.— ¡Ese hijo de puta!
La impotencia embargó a Kenny al observar como entre aquellos orbes verdes se asomaban cristalinas lágrimas de dolor y humillación. Sintiéndose sumamente estúpido e incapaz, posó su mano en el brazo de Kyle, tratando inútilmente de consolarlo. Murmurando en vano palabras de aliento.
—No te merece—musitó Kenny, limpiando con sus pulgares el rastro de las lágrimas que opacaban sus pálidas mejillas, intentando reconfortarlo. — Definitivo: es un hijo de puta.
Kyle le dedicó una honesta sonrisa, mientras se encogía de hombros, rendido.
Hubo un leve silencio de complicidad tras estas palabras y un intercambio de sonrisas involuntarias.
—Vamos a clase, Kyle—sugirió Kenny, dándole un pequeño golpecito amistoso en el brazo.
…..
—Buenos días ¿Puedo pasar? —inquirió Kyle en el marco de la puerta.
—Claro, pero ¿dónde se encontraba? —preguntó la profesora impertinentemente, sumamente sorprendida. Kyle era comúnmente el alumno ejemplar: responsable y puntual.
La interrogante se respondió por si sola al observar la figura indiferente que esperaba detrás de él.
—McCormick ¿Quién le permitió pasar?
—Mis piernas—tajó insolentemente, tomando su asiento. Kenny por el contrario obtenía malas notas y constantemente se involucraba en problemas.
— ¡Que sea la última vez que sucede esto! — ordenó la profesora frunciendo el entrecejo, molesta, obteniendo por respuesta un leve "sí", seguido de un bufido despreocupado. —Bueno continuemos con la clase…
Stan justamente se sentaba en el pupitre que yacía enfrente de Kyle. Para Kyle le era insoportable tener que lidiar con la tensión que propiciaba su presencia. El odio y el deseo le abrumaban, sintiéndose endemoniadamente bipolar.
No podría dejar de contemplar su cabellera negra, casualmente ese día había olvidado su gorro.
Su espalda, aquella espalda… Kyle reprimió un suspiro.
—Cállate y bésame.
"Que marica" pensó Kyle para sí mismo, finalmente dejando escapar un suspiro de conformismo, captando la atención de Stan; que en respuesta se giró completamente, clavando sus ojos azules en él.
Kyle luchaba contra el deseo que se apoderaba de su cuerpo. Un impulso imponente de besar aquellos labios que yacían sensualmente entreabiertos.
Sus rostros, nuevamente y para desgracia de Kyle, eran separados por una escasa distancia. Kyle advirtió la incómoda frustración de Stan en aquellos ojos azules que le miraban expectantes.
— ¿Qué miras? — inquirió Kyle, hostilmente. Stan no pudo evitar dirigir su mirada a su boca cruel.
—A ti—respondió Stan, intentando sonar ingenuo.
Kyle vaciló, desviando la mirada al pupitre de madera. Por largos años había lidiado con ese sentimiento. Todo había comenzado en la pubertad; donde reparó como al rozar su cálida piel, sentía "distinto"; como al observarlo sentía una extraña sensación consumirlo por dentro… hasta que finalmente llegó a la cruda conclusión.
Era gay.
Era gay por Stan.
Ambos se contemplaron con desesperación. Como si fueran a desaparecer, desvanecerse como una gota de lluvia. Un intercambio de miradas, colmadas de interrogativas que no serían respondidas jamás.
Finalmente Kyle rompió el contacto visual para dirigir su vista a sus propias manos inquietas.
Pero Stan continuó observándolo; estudiando cada uno de sus nerviosos movimientos. Stan no amaba a Kyle, pero eso no implicaba que no lo necesitara. Era una parte esencial de su vida. No podía arrancarlo de sí, no solamente eso: no quería. Aun así para Stan el tiempo transcurría rápido, estaba consciente de que pronto sería muy tarde… y lo perdería.
Por siempre.
Stan temía involucrase mucho con Kyle. Le aterraban las consecuencias que acarrearía. Pero su propio egoísmo estaba acabando con su amistad.
—Mucha práctica ¿eh?
A pesar de que el tema de aquel beso le era indiferente, Stan aseguraba jamás volver a caer, aquel pequeño desliz nunca se volvería a repetir.
La campana sonó, sobresaltándolos a ambos; rompiendo el silencioso ambiente de falsa tranquilidad. Stan advirtió como Kyle se precipitaba inquietamente para salir del aula. En un brusco movimiento, su libro de química cayó al suelo, abierto.
—Mierda—masculló Kyle.
Antes de que Kyle notase algo: Stan ya se inclinaba hacía el libro, al igual que él, y sus manos inevitablemente se encontraron.
Kyle se ruborizó, reparando en el hecho de que Stan no se apartaba.
—Vamos, Stan… Déjalo ya—suplicó inútilmente Kyle, contemplando sus manos, incrédulo.
—No—replicó el interpelado en un suave murmullo, al lapso que apretaba su mano, sonrojándolo aún más. —No puedo obligarme a quererte Kyle; y lo siento mucho, porque aunque pudiera no lo haría.
—Gran apoyo—farfulló con notorio sarcasmo.
Kyle, ofendido, contenía sus ansias de golpearle otra vez; más aun así, no podía herirlo físicamente-por más que lo deseara-. Aquellos posibles puñetazos no dolerían más que las palabras de Stan.
¿Por qué no podía decir las cosas bien?
—Mierda, mierda. No era lo que quería decir. Kyle, yo… tú sabes, no encuentro las palabras.
—Pues no las digas— tajó, apartando su mano.
…..
Kenny yacía reclinado ociosamente en la pared que estaba al lado de la entrada principal del instituto. Obteniendo la mejor vista de las personas que ambulaban de un lado a otro.
Observaba indiferente a los alumnos que le pasaban por enfrente, unos le ignoraban, otros simplemente trataban de echar vistazos discretos. Kenny no les culpaba; no tenía exactamente una imagen de "niño bien" y no mejoraba el hecho de que sostuviera entre sus labios, su tercer cigarrillo de la mañana.
Fumaba parsimoniosamente, degustando la quietud que el tabaco le proporcionaba; aun consiente de que era la última pieza de la cajetilla.
Después podría persuadir a Kyle para que le comprara otros, pensó dirigiendo su impasible mirada al cielo. Conforme transcurrían los días, aquel era un vicio que se volvía incosteable. Tenía la certeza de que entre más solitario se sintiera, necesitaría una cantidad mayor.
Exhaló lentamente, dándole una última calada a su cigarrillo; para lanzar después lanzar despreocupadamente, la colilla al suelo.
Una mata de desordenados cabellos rubios se precipitó torpemente entre la multitud, acaparando la atención de Kenny, este miraba intrigado como Butters se dirigía nerviosamente hacía él.
— ¿Qué quieres, Stotch? — preguntó con voz áspera, cuando Butters estuvo lo suficientemente cerca como para oírlo. Kenny le escrutaba con la mirada.
Leopold abrió desmesuradamente sus ojos de un increíble azul. Titubeando comenzó a jugar con sus manos.
—He oído por ahí, que… —tragó saliva ruidosamente, ante la presión— estas teniendo problemas con algunas materias y…
—Ve al grano— le interrumpió toscamente, dirigiendo de nuevo su frívola mirada al pequeño.
—M-me preguntaba si n-necesitabas ayuda alguna — sugirió Butters, tartamudeando.
Kenny jamás espero esa propuesta. Contempló asombrado al rubio que le devolvía la mirada, cohibido, con un rubor encantador en sus mejillas.
Butters al alzar la vista; se encontró súbitamente con los ojos avellanados de Kenny, que le escudriñaban súbitamente.
—Suena bien. Gracias, Butters— musitó Kenny esbozando una fascinante sonrisa torcida.
Kenny, despreocupadamente; posó su mano en la cabellera dorada del pequeño, despeinándolo amistosamente, en un cálido gesto; por su parte Butters se limitó a sonreírle tímidamente.
—Tengo que irme—anunció Kenny repentinamente, fingiendo indiferencia; sorprendiendo a Butters con su inesperada frialdad.
— ¡Nos vemos mañana! —exclamó Butters con inocencia. Aparentando que no había notado el tono voluble en la voz de Kenny.
"Como digas" pensó cínicamente Kenny, para sí.
Dispuesto a ir en busca de Kyle; se retiró de ahí. Impulsivamente, con paso rápido y ágil. Se adentró al solitario edificio, no sin antes, reprimirse a sí mismo por la estupidez que acababa de cometer.
…
Stan aún le miraba detenidamente, tratando de acertar con las palabras adecuadas.
—Kyle, aún podemos salvar nuestra amistad…— musitó Stan, alzándole la barbilla de modo que no pudiera apartar la vista.
— ¿Y si no quiero? Creo que estamos mejor separados—respondió Kyle presuntuosamente, mientras advertía como Stan fruncía sus labios, frustrado.
Sorpresivamente los fornidos brazos de Stan se aferraron a su amigo, en un intenso abrazo. Apresando su delgado cuerpo, evitando que Kyle se apartara.
Kyle aspiró lentamente, disfrutando el momento. Una vez más. Degustando del abrasador contacto. Temía enamorarse más, y no poder sacarlo de su mente. Sus manos se dirigieron a su cabello azabache, acariciándolo cariñosamente.
—Dame una puta razón, y te dejaré ir—dijo Stan, entre susurros.
Kyle, nerviosamente, se apartó de Stan, inhalando lentamente el aire que aún tenía la esencia del perfume de su amigo.
Aun sentía los brazos de Stan abrazándose a su cuerpo, negándose a una separación definitiva. Kyle lo contempló, dispuesto a soltar la verdad, aunque hacerlo implicase perderlo por siempre. Ambos se miraban a los ojos profundamente; Stan esperando la verdad, le dio un leve apretón en el brazo.
—Stan… soy gay. Por ti.
Stan lo observó atónito. Imposible, pensó cuando se apartaba, horrorizado. No podía corresponderle, estaría mal. La acida mirada que le dedicó Kyle ante su reacción, le hizo retroceder hacia atrás.
Se acabó. Había terminado.
Stan permaneció en silencio, con los ojos fijos en su cohibido amigo. Impotente, se limitó a retirarse, precipitadamente.
Kyle arrepentido, mordió su labio inferior; tratando de bloquear las lágrimas que se acumulaban en sus ojos. Se cuestionaba si había hecho lo correcto. Observando estupefacto sus propias manos, que instantes atrás, acariciaban la rebelde cabellera de Stan.
La puerta se abrió en un rechinido molesto, sobresaltándolo. Estúpidamente, volteó el rostro con la falsa esperanza de encontrar a Stan.
— ¿Kyle que putas haces aquí? — preguntó alguien, gravemente.
Craig Tucker lo observó con sus monótonos ojos negros. Avanzó hacia Kyle, sin quitarle la mirada. Kyle simplemente se mantenía cabizbajo. Mechones de cabellos rojos resbalaban por su frente, cubriendo gran parte de su fino rostro.
— ¿Te encuentras bien? —inquirió nuevamente, tratando de hacerle hablar.
Tras una larga pausa de silencio Kyle, finalmente respondió:
—Sí—mintió, pero su voz se quebró; de modo que se volvía una respuesta totalmente absurda.
Craig suspiró nerviosamente, algo exasperado.
—Nunca se te ha dado bien mentir—afirmó Craig, cruzando los brazos a la altura del pecho.
—No estoy mintiendo…—replicó con desgano.
—Lo haces de nuevo.
Kyle se dignó a alzar la vista, correspondiendo su mirada hostilmente. Craig se cuestionó internamente su incapacidad para apartar los ojos. Para su pesar, aunque Kyle pareciera despedazado, le encontraba sumamente fascinante. La escasa luz que atravesaba las cortinas, proyectaba sombras peculiares en las curvas de su níveo rostro, y sus ojos- aquellos ojos-; de tonalidad esmeralda, brillaban feroces.
— ¡Kyle, aquí estas! —exclamó Kenny. Respiraba entrecortadamente y se sostenía del marco de la puerta. Había corrido. Su mirada cansina reparó en algo. — ¿Craig? ¿Qué hace Craig aquí?
En respuesta, Craig se giró molesto hacía Kenny, dedicándole un gesto obsceno con la mano.
—Inmaduro—suspiró Kenny, ofendido.
—El rey de la madurez ha hablado— respondió Craig cínicamente, al lapso que entrecerraba sus ojos, provocadoramente. Esta vez alzó los dedos medios de ambas manos.
—Lárgate con Tweek, Craig—le sugirió Kenny, bruscamente, consciente de que habían terminado hacia dos semanas atrás.
—Jódete, Kenny.
Kenny se mantuvo inmutable, fingiendo que había ignorado eso, después se acercó con pasos vacilantes a Kyle, el cual lucía frustrado.
—No podré acompañarte a casa—declaró Kenny, finalmente, seguido de un largo suspiro.
Kyle alzó la vista dubitativo, encarando a Kenny; para después posar su perpleja mirada en Craig, que le contemplaba con un brillo desconocido en sus pupilas; que ninguno de los dos supo interpretar.
—No te preocupes, Kenny —dijo. Su voz sonó frívola e inexpresiva. Era incapaz de apartar sus ojos curiosos de Craig.
—Yo te acompaño a casa—sugirió Craig, esbozando una leve e inocente sonrisa.
Kyle asintió con la cabeza, lentamente. En respuesta Kenny gruñendo molesto, se retiró del aula farfullando frases incoherentes en voz baja.
—Ojala lo arrolle un camión— suspiró Craig, recibiendo una mirada desaprobatoria de Kyle. —Aunque volvería mañana… lamentablemente.
…..
Kyle se sumía en sus pensamientos, distrayéndose. Provocándole un paso lento, que era entorpecido aún más por la reciente nevada. Craig se limitó a seguirle el ritmo, por educación; sus manos yacían ocultas en los bolsillos de su chaqueta, pues al contrario de Kyle: encontraba los guantes incomodos e innecesarios.
— ¿Por qué terminaste con Tweek? — preguntó el pelirrojo, un frío halito surgió con su aliento.
Craig asombrado, giró su rostro hacía Kyle, para divisarlo directamente.
—Tienes unos lindos ojos—respondió Craig, evadiendo la pregunta.
— ¡Demonios! No cambies de tema—gruñó Kyle, ruborizándose.
—Tú siempre lo haces—replicó Craig, algo desanimado.
Kyle empalideció.
— ¿Por qué me acompañas? —inquirió, tratando de ocultar su curiosidad, bajo una falsa capa de indiferencia.
—No tengo nada que hacer—aseguró el interpelado.
Continuaron caminando, sumidos en un incómodo silencio. Los pulcros copos de nieve caían constantemente sobre sus hombros. Craig se detuvo para sacudirse un par de veces, pero a Kyle parecía no importarle.
—Kyle se me hace extraño no verte con Stan. ¿Qué sucedió?—dijo Craig entre susurros, al lapso que giraba el rostro; inquieto, evitando la mirada de Kyle.
Craig fingió no saber nada, cuando en realidad él había estado ahí. Había observado toda la pelea… desde la tensa mirada que le dedicó Stan al estamparlo contra el casillero, y el hilo de sangre que resbaló de su boca, hasta cuando Kyle se había retirado a los baños.
—Ya no era la misma— se limitó a responder Kyle.
A pesar de que Craig sabía perfectamente que no era exactamente eso, no se molestó en replicar, y se mantuvo callado.
Los ojos verdes de Kyle yacían fijos en la blanca nieve del suelo.
Nuevamente los embargó el silencio; solamente quebrantado por el susurro de sus botas al caminar.
— ¿Y? — Lo presionó Kyle, tratando de sacar un buen tema de conversación, recibiendo por contestación una mirada de incomprensión por parte de Craig— ¿Tweek? Parecían inseparables…
—Podría decir lo mismo de ti y Stan—afirmó con hostilidad.
Kyle intentó parecer inmutable. Comenzaba a odiar aquel nombre. Odiaba que se lo mencionaran con cada simple oportunidad. Odiaba amarlo tanto. Craig reparó en la expresión de dolor que se formó en el rostro de Kyle; el cómo mordía su labio inferior con nerviosismo. Se mantenía en silencio, resignado a que era mejor ignorarlo y continuar su camino a casa.
Finalmente y para suerte de Kyle, arribaron más rápido de lo pensado. Se detuvieron frente al hogar Broflovski. Una pintoresca casa de dos plantas, de un suave color verde.
— Craig ¿Por qué no te quedas a pasar el rato o algo así? — sugirió Kyle, torció los labios en una sonrisa forzada, que más bien pareció una mueca de mal gusto.
—Bueno, después de todo es viernes—concordó Craig, ocultando una leve sonrisa.
…..
Craig era una persona sumamente interesante. Algo serio y misterioso, pero a la vez ingenioso; y a pesar de sus comentarios monocordes: a Kyle le era imposible aburrirse con él. La mejor parte: no había resentimientos entre ellos, pues Craig solamente culpaba a Cartman por lo de la banda peruana.
Conforme pasaban las horas, los silencios incomodos se presentaron con menos frecuencia; dejados de lado por bromas y juegos de Play Station.
— ¡Te he pateado el trasero! — exclamó Kyle, divertido. Asombrosamente se le escapó una sonora carcajada.
— ¿Cómo sabes que no te he dejado ganar? —insistió Craig, girando el rostro hacia Kyle.
—Imposible.
—Vaya, son las dos de la mañana... — gimió Craig con descontento—mis padres van a matarme.
— ¿Te vas a casa? —preguntó Kyle, desconcertado.
El interpelado se limitó a asentir con la cabeza, lentamente.
A Kyle le escocían los ojos, gracias a que había pasado toda la noche jugando a la Play Station 3, con Craig. Estaba sumamente fatigado. Cada musculo de su cuerpo yacía entumecido; por lo que llegó a la conclusión de que Craig se sentiría igual. Incluso peor, ya que al igual que Stan, pertenecía al equipo de básquetbol, lo que implicaba duros entrenamientos. Antes de que traspasara el marco de la puerta, Kyle se atrevió a preguntar tímidamente:
— ¿Y si te quedas a dormir?
Craig dudó algunos instantes, pero asumió que no era exactamente una buena idea caminar a las dos de la mañana, para cruzar el tranquilo pueblo de South Park. Además se sentía abrumado, por el dolor que sentía en sus cansadas piernas.
—El castigo valdrá la pena… supongo —musitó Craig, mientras involuntariamente se le escapaba un bostezo.
Se adentró a la habitación, con sus manos en su propia camisa azul celeste; desabotonándola con movimientos deliberados.
Finalmente se despojó de la prenda con un movimiento brevemente ágil.
Kyle no pudo evitar posar su vista en esos marcados abdominales, ruborizándose inmediatamente. Apartó la vista apenado; acuclillado en el gélido suelo, y se limitó a abrazar sus propias piernas.
—P-puedo prestarte una p-pijama—sugirió Kyle, entre titubeos; provocándole una sonrisa cínica al azabache.
Craig rió despreocupadamente, mientras avanzaba serpenteante por el suelo: hasta posicionarse sobre Kyle. Los fríos tablones de madera le provocaron un imperceptible estremecimiento al pelirrojo.
— ¿Craig? —inquirió Kyle con voz débil. Se perdió entre aquellos orbes negros, reparando en que eran su única imperfección. Su único defecto, para ser idéntico a Stan. Sus ojos oscuros, entrecerrados, adornados por espesas pestañas oscuras; le contemplaban fijamente, resplandecientes.
— ¿Si? —respondió él, con voz sinuosa; para después atreverse a depositar un suave beso en el pálido cuello de Kyle, con aquellos carnosos labios, que con facilidad confundiría con los de Stan; robándole un profundo suspiro.
¿Sentiría lo mismo al tocar su cabello que al acariciar el de Stan? Sus largos dedos níveos se enredaron entre sus azabaches hebras, curioso. Comprobando que lamentablemente, eran muy similares. Comenzó a jugar con este delicadamente, intentando engañarse a sí mismo; pensando falsamente que era Stan.
No, no. No.
—Para, para. — Kyle gimió al sentir la abrasadora boca de Craig rozar su cuello. Forcejeando, trató de zafarse del pesado cuerpo que tenía encima— ¡No voy a acostarme contigo!
Craig lo observó atónito. Divertido, se cubrió con una mano la boca, reprimiendo una carcajada. Se incorporó del suelo; riendo por lo bajo, mordazmente.
Craig contempló a Kyle, que reposaba en el suelo, inmóvil: como si fuera una estatua de granito; con la mirada fija en un punto imaginario del techo. Como si aún lo tuviera encima.
Craig le extendió su mano, ofreciéndosela a Kyle; de tal modo que pudiera levantarse sin dificultad. Aun así, el pelirrojo arrogantemente se irguió por si solo- ignorando el dolor punzante de sus extremidades- dejando a Craig con la palma de su mano al aire. Resignado, dejó caer su brazo inerte a su costado.
Kyle evadía su mirada, inquieto; ocultando algo.
—Dormiré—anunció Kyle vacilante; con voz apenas audible, haciendo sus palabras ininteligibles.
— ¿Te enojaste? —le preguntó Craig. Kyle percibió el tono preocupado de su voz.
—No. Ven, si quieres—sugirió inocentemente al interpelado, entrecortadamente.
Kyle se recostó en la mullida cama. Craig solamente lo imitó. Se acostó con recelo, del lado contrario de la cama; Kyle ya se ocultaba entre las suaves sabanas.
— Craig— lo llamó Kyle, en la oscuridad. De nuevo.
Por el tono de su voz, Craig advirtió que no se aproximaba nada bueno.
— ¿Qué?—Craig tuvo que enfocar la entorpecida vista, gracias a la careciente luz que les brindaba la luna nocturna. Entrecerró los ojos para distinguir una sutil silueta entre las sombras.
— ¿Has tenido sexo? Con hombres, me refiero— inquirió entre susurros, sumamente apenado.
La pregunta le incomodó un poco, recordándole con pesadez todos esos momentos que había pasado con Tweek. Momentos que fueron destruidos por un monstruo descomunal, que escondía su fuerza destructiva bajo una máscara de falsa inocencia. Un monstruo capaz de sólo dejar insignificantes migajas de lo que Tweek y él solían ser.
Un monstruo capaz de despedazar, sin siquiera percatarse.
Un monstruo con nombre y apellido… con el que yacía acostado actualmente.
—Sí— se limitó a responder. Craig afligido, escondió su rostro en la almohada.
— ¿Duele?
—Dicen— contestó con voz pasiva, tratando de sonar neutral. Pero en realidad mordía su propia lengua, abatido. —En realidad, no te sabría decir porque prefiero dar que recibir.
A pesar de la broma, Kyle se mantuvo en silencio, absorto en sus propios pensamientos.
De haber cedido con Stan. ¿Qué hubiera sucedido?
Se estremeció en la taciturna oscuridad, tratando inútilmente de evadir esa clase de pensamientos.
Craig, pensaba que había respondido mal. Porque debía haber contestado mal. Culpable, intentó distraerse con el susurro rítmico de la respiración de Kyle. Uno, dos, tres…
Conforme más se adentraba la mañana, el compás se fue acompasando hasta tomar la sosegada cadencia inconfundible, de alguien que duerme.
Buenas noches, pensó Craig, observando esos apacibles labios entreabiertos.
Aun entre las lúgubres sombras, advirtió como entre sueños, Kyle mascullaba cosas carecientes de sentido. Hasta que pronunció su nombre:
—Craig... —musitó, frunciendo el entrecejo, pero curveando sus labios en un cálido gesto.—Oh, Stan…
Y la sonrisa se desvaneció.
…..
¡Holis!
Me alegra mucho estar actualizando n_n; espero que les haya gustado D:. Por cierto muchas gracias a todos por sus reviews, sus alertas y favoritos *o*, me motivan mucho :D, gracias a Muffin, aguito-kira y vintagie , no pude contestar los suyos porque no estaban sign in D:.
Bueno creo que Craigsise parece a Stan… no lo seD: cada quien con sus puntos de vista supongo :D
Reviews :)?
