South Park no me pertenece, es de Matt Stone (dame un hijo D:) y Trey Parker. Las canciones mencionadas pertenecen a sus autores correspondientes.

Advertencias: Slash, uso de bebidas alcohólicas, violencia, temas sexuales (lemmon (?), palabras malsonantes, pero viniendo de un fic SP supongo que no te sorprende equisdé.

6.

Los sagaces ojos negros de Craig se entrecerraron, estudiando indecorosamente a su acompañante.

Thomas a pesar de su notorio nerviosismo, seguía luciendo muy atractivo; el aire que entraba por la ventanilla del Passat negro de Craig, le despeinaba su dorada cabellera, dotándole de un aspecto casual y despreocupado. Tenía enormes ojos cafés, que se entrecerraban cohibidos, de una tonalidad que a Craig inmediatamente le recordaban las galletas, y a Tucker le encantaban las galletas caseras que en inusitadas ocasiones le preparaba su extraña pero cariñosa madre.

No obstante, ambos yacían sumidos en un incómodo silencio, tras una inapropiada pregunta que Thomas se atrevió a formular, y al advertir como esos largos dedos níveos se habían ceñido con fuerza en torno al volante del automóvil, optó por callarse.

—No sé nada de Tweek— masculló hostilmente en respuesta, mitigando la cólera en su voz.

—Entonces ¿Ya no sales con nadie? ¡Mier...!— Justo a tiempo Thomas alcanzó a acallar los estragos que le provocaba el Síndrome de Tourette. No controlaba por completo todo lo que salía por su boca, pero con el simple hecho de poder marcarle un límite a ratos, era un enorme alivio para él.

—Algo así— contestó Craig, enfocando la vista en la desolada avenida.

South Park era un pueblo misterioso: hasta una noche apacible como aquella podía aguardar en sus rincones los más absurdos secretos que cualquier otro excepcional lugar podría ofrecer.

—¿A qué te refieres? ¡Ver…!— mordió sus labios refrenando la palabrota, de nuevo.

—Kyle… quiero algo serio con él, pero no se puede. No con Stan, detrás de él como un perrito faldero—gruñó Craig, con disgusto.

— ¿Y qué haces trayéndome a a esta fiesta? Deberías venir con Kyle— replicó Thomas sensatamente.

Craig intentando ignorar aquello: giró el volante lentamente, para después poner la marcha atrás en el coche, de modo que pudiera aparcar el automóvil cuidadosamente. Escogió un sitio a una cuadra de distancia de la casa de Cartman, la cual colindaba con el recóndito bosque del pueblo.

Toda la manzana donde se encontraba la escandalosa fiesta, yacía ocupada por diversos automóviles y camionetas que se habían estacionado.

Donde Craig y Thomas se hallaban, podían escuchar la escandalosa música que salía por entre las ventanas abiertas de la casa de Cartman, y a pesar de la oscuridad enceguecedora, ambos alcanzaban a atisbar por entre las sombras a varios grupos de personas alrededor de la casa.

—Ya te lo dije: Stan— respondió Craig, tajante, y Thomas asintió con la cabeza intentando lucir comprensivo. Sería una larga noche.

….

Kyle y Stan entraron juntos por la puerta principal de caoba, abriéndose paso por entre las jovencitas que se amontonaban dispuestas a salir, para encaminarse al umbral. Kyle no pudo ignorar aquel notable brillo de excitación que resplandecía en los ojos celestes de Stan, al lapso que un mal presentimiento le atravesó súbitamente el pecho. Se estremeció violentamente, -de una forma que indudablemente le recordó a Tweek-, sin poder apartar de su cabeza aquel presentimiento, que le carcomía los sesos, de que algo estaba por salir mal.

Kyle se limitó a culpar su creciente ansiedad a la paranoia, lo cual sería la respuesta más lógica a su comportamiento. "Estás alucinando" pensó para sí, fijando la vista en cualquier distractor. Observó las enceguecedoras luces brillantes, que tintineaban en la oscuridad de la sala. Efímeras se desvanecían en unos escasos segundos, pero luego volvían a iluminar la estancia con un color totalmente distinto.

Discurrió sus pensamientos en que Cartman había hecho un buen trabajo apartando los muebles, desolando una amplia zona en el suelo, de modo que un grupo de personas se concentraba en esa sección de la enorme estancia bailando al ritmo de Mr. Saxobeat de Alexandra Stan.

Aprovechando las pocas luces estables, Kyle se aferró a la masculina mano de Stan con inquietud, quien en respuesta le dio un leve apretón, cálidamente.

—Busquemos al culón, y luego bailemos—sugirió Stan en un arrebato de entusiasmo. Esbozó una sonrisa amistosa con aquellos labios tan apolíneos, que le arrebataban el aliento a Kyle.

—Me duelen las piernas—se excusó Kyle, sumergido en sus orbes serenos que le hipnotizaban. Atrapándolo como una cruel víbora a su presa inerme.

—Bailaremos—corrigió Stan alzando un poco la voz, pues la música había aumentado de volumen tras la petición del anfitrión.

Stan se dedicó a estudiar los rostros de las invitadas, reconociendo apenas a unas cuantas. La mayoría le devolvieron la mirada, complacidas, creyendo estúpidamente que estaba en búsqueda de alguna con la cual tontear por el rato. Pero no se les podía culpar, no con alguien tan capaz de rozar la perfección como Stan observándolas.

Kyle guió a su mejor amigo por entre las bulliciosas personas que se amontonaban animadas. Algunos sostenían vasos desechables de color rojo, que ocultaba el color verdadero de la bebida que contenían, pero por el hedor suave y dulzón que destilaban, ambos dedujeron que se trataba de alguna clase de cerveza meliflua.

Stan alcanzó a divisar en un rincón apartado como Bebe se besuqueaba salvajemente con un muchacho que por la desordenada cabellera castaña, reconoció como Clyde, el cual la mantenía lujurioso contra la pared.

Antes de que llegaran siquiera a la cocina, Cartman se les atravesó, vivaracho. Portaba una camisa negra de marca, la cual mantenía con un par de botones desabrochados, y unos jeans raídos. Su sonrisa simpática se volvió un gesto cínico al posar sus ojos acaramelados en Kyle, el cual sufrió un leve escalofrío que le hizo apartar la mirada.

—Stan, Kyle… me alegra verlos juntos de nuevo—saludó. La mueca maliciosa no se esfumaba.

Kyle atarantado por el olor desmedido a tabaco, se sentía como en aquellos clichés de películas de terror americanas, donde el asesino se hacía cargo de la ardiente rubia. Sólo que en esa ocasión sería "una pelirroja".

"Mierda" pensó. Su mano temblorosa, buscó nuevamente la de Stan, más no la encontró.

— ¿Por qué no van y se divierten un rato, maricas? —inquirió Cartman, con sagacidad.

—No te deberías preocupar tanto por nosotros, culón—dijo Stan, con notable sarcasmo. Palmeó fuertemente su amplia espalda mientras se dibujaba teatralmente un gesto de aflicción en su atractivo rostro.

Cartman y Stan rieron sonoramente, como los viejos camaradas que eran. El primero no apartaba sus astutos ojos de Kyle, lo cual sólo lograba incomodarlo aún más.

Kyle sacudió la cabeza, intimidado. Tratando de apartar sus pensamientos de sus insensatas paranoias. Enfocó sus orbes verdes en Stan que sonreía afectuosamente, como si por fin estuviera libre de todas sus ataduras y preocupaciones.

—Ahora sí, bailemos—propuso Stan, con voz suplicante.

Kyle tragó saliva, exaltado. No sabía bailar y él sabía que Stan era perfectamente consciente de la desventaja de la situación. Entre sus meditaciones, él llegó a la ridícula conclusión de que Stan sólo quería humillarlo, pero descartó aquella teoría absurda cuando repentinamente fue tomado de la mano.

—Sigo aquí—farfulló Cartman, soltando un largo suspiro de desaprobación. La dedicó una mirada de repulsión a ambos, disconforme agregó. —Los judíos no saben bailar, Stan— el tono empleado en la oración fue de mera brusquedad.

Cartman se limitó a alejarse de la empalagosa escena con el asco provocándole ganas de golpearlos.

Lejos de sentirse ofendido, Kyle no pudo evitar cierto alivio con las insolentes palabras de Cartman. Intentó aprovecharse de ello, y se encogió de hombros con nerviosismo.

—El gordo tiene razón…ve y diviértete—espetó con tranquilidad, soltando la mano de Stan, lentamente. Ante esto, Kyle advirtió un profundo vacío, como si necesitara sentir el abrasador calor de Stan tocándolo.

—Pero, ¿qué harás tú? —cuestionó Stan, replicante. Introdujo sus manos en los bolsillos de sus pantalones de mezclilla, bajo una falsa apariencia de conformismo. Por dentro se incineraba ante la simple idea de que Craig cruzara el marco de la puerta y Kyle corriera a sus brazos. Frunció el entrecejo, al percibir que Kyle pensaba su respuesta en silencio.

—Buscar a Kenny… o algo así—respondió Kyle. A pesar de lo razonable que sonaba esa respuesta, Stan no pudo rehuir en interpretar ese "o algo así" en un "o Craig". Pero Kyle decía solamente la verdad, ya que sus opciones empezaban y finalizaban con Kenny y Craig, y la segunda opción implicaba quebrantar su enorme orgullo de Broflovski. Ni de coña.

—Te buscaré más tarde—musitó Stan sin molestarse en protestar, aun inseguro de sus acciones le dio una mirada rápida a Kyle y haciendo un gesto de despedida con la mano, desapareció entre la temporal luz que los iluminaba y la multitud de personas que se amontonaban, escandalosas.

Kyle mordió su labio inferior, desconcertado.

—Kyle—le llamó una voz taciturna a su espalda. Ronca y sensual, apenas un gruñido entre la retumbante música.

—Craig, ¿qué quieres? —murmuró Kyle. Lo cuestionó intentando ocultar su creciente inquietud. Inútil. Sólo Craig Tucker lograba degradarlo de esa forma.

—Te quiero a ti.

Craig se atrevió a abrazarlo descaradamente por la espalda, entre sus fornidos brazos. Aspiró fascinado, el masculino aroma de la colonia de Kyle, y comenzó a juguetear con unos de sus rizos bermejos entre sus dedos.

"Autocontrol, no me falles ahora" suplicó para sí, Kyle. La inquietud que le provocaba su cercanía, y la calma producto de su presencia se entremezclaban entre sí, haciéndole disfrutar del abrazo. Craig era un cínico ¿Cómo se atrevía a aferrarse a él de esa forma cuando Kyle ni siquiera lo había visto?

Le costó bastante a Kyle, pero se apartó bruscamente de los brazos reconfortantes de Craig, cuestionándose como era posible que alguien lo pudiera confundir de esa forma con aquel desconcertante sentimiento de calidez que le embargaba al sentirlo tan cerca.

—Sí, claro—respondió Kyle con mordacidad. — Y también quieres a Tweek, y a Thomas, y a toda puta que se mueva —enumeró finalmente, encarándolo con osadía. Se sumergió en aquellos ojos oscuros tan inexpresivos y sólidos. Aquellos ojos de tonalidad azabache apenas comparables con un par de pozos profundos.

Kyle sonrió sarcásticamente al advertir como en el rostro de Craig se proyectaba una mueca desconcertada.

—Describiste a Kenny—se limitó a responder.

—Pues tú y el no son muy distintos—esperó, y al no obtener una respuesta inmediata más que otra de sus miradas que sólo lograban frustrarle-pues no lograba descifrar las emociones de Craig- continuó: — ¡Deja de meterte con Ken!

—Sólo era sincero, además si te queda el saco, póntelo.

Kyle arrugó el entrecejo, molesto.

— ¿A qué te refieres? —preguntó arrastrando las palabras, ofendido, ante la repentina "sabiduría de idiota" de Craig.

—Sabes perfectamente a que me refiero. Stan está más apto a quitarle el puesto de ramera a Kenny que…

Pero a media frase fue acallado, gracias a la sorpresa de tener las iracundas manos de Kyle sujetando el cuello de su chaqueta de cuero negro. Su mirada ofuscada por la rabia recitaba tan sólo una cosa: "Te voy a patear el culo, cabrón".

Craig yacía turbado por aquellos orbes verdes, irascibles. Pero a pesar de toda la conmoción del súbito movimiento, apartó a Kyle agresivamente sin necesidad de utilizar mucha fuerza. El hecho de que Kyle contara con el factor sorpresa no implicaba que fuera más fuerte que Craig.

—No-jodas—masculló Craig con tono monocorde, mostrándole su dedo medio obscenamente.

—Sí jodo. Deja de meterte con mis amigos, puedo apostarte que son mejores personas que tú.

"Blablablá" pensó Craig, concentrándose en escuchar la música y no otro de los sermones de Kyle. Sin pensarlo dos veces, en un arrebato instintivo, presionó sus cálidos labios entreabiertos con los de Kyle. Rápido, casto. Apenas un roce que hizo que Craig respirara hondo, deleitándose de la sensación de suavidad y pureza que le provocaba, y nuevamente Kyle disfrutó del contacto de la boca de Craig sobre la suya.

Era exactamente como él recordaba, abrasadora e inesperada, pero sobretodo reconfortante en cierto modo. No obstante, seguía estando mal. No era correcto.

Kyle se apartó con las mejillas ruborizadas. Tembló ante la idea de que alguien los hubiese visto y se limpió fútilmente con la mano la boca, fingiendo una repulsión que se alejaba bastante de lo que realmente había sentido con ese corto beso.

Se alejó refunfuñando insignificancias sobre que los besos se avisaban y Craig contempló divertido como se retiraba ofuscado, sin poder evitar una sonrisa socarrona de autosuficiencia.

….

La canción de On the Floor de Jennifer López retumbaba con tal intensidad que algunas personas considerarían dañino para sus oídos, aun así la pista continuaba colapsando en movimiento.

Wendy lucía preciosa con el cabello suelto cayéndole en cascada por su espalda. Portaba un hermoso vestido corto, sin tirantes, de dos tonos: color negro principalmente, y con la parte superior marfil. El escote era discreto, en forma de corazón. La prenda se ceñía a sus sutiles curvas dándole un aspecto favorecedor a su esbelto y alto cuerpo.

Un grupo de jóvenes de ambos sexos se alinearon en círculo alrededor de Wendy, la cual bailaba sobre sus altos tacones de estampado de leopardo sin pudor alguno. Stan a su lado le seguía el ritmo con unos pasos increíbles y rápidos, sin duda alguna, el mejor del lugar.

Las invitadas ataviadas en cortos vestidos y ceñidas faldas se amontonaban con algarabía en búsqueda de un espacio cercano a Stan, aunque fuese sólo para obtener una buena vista de su firme trasero. Solamente Wendy gozaba de contar con su privilegiada cercanía.

Sus movimientos eran gráciles e insinuantes, se dejaba guiar por su cuerpo y la creciente atracción hacia Stan. Wendy tarareaba la canción por lo bajo con voz taciturna, con el cuerpo de Stan cada vez a menos pulgadas del suyo.

Comenzó entonces a resonar súbitamente Party Rock Anthem de LMFAO ft. Lauren Bennett, Wendy que amaba esa canción aumentó el ritmo en sus ágiles movimientos, Stan sumamente divertido, le imitó con sincronía. A pesar de que continuaban a finales de invierno, no tardó en hacer presencia el inevitable calor. Una gota de sudor perlado resbaló por la frente de Stan.

Wendy se inclinó hacia el suelo, doblando sus piernas en un paso rápido y sensual, obteniendo por respuesta silbidos y gritos por parte de los espectadores masculinos al poder observar gran parte de sus largas extremidades. Ante esto, agradeció mentalmente el no haberse puesto el vestido que Bebe le había recomendado para esa noche. Al ver lo corto que era, Wendy se había rehusado a portarlo.

—Hacemos buena pareja—musitó Wendy, en tono coqueto, sin parar de bailar.

—Siempre—concordó Stan, no muy consciente de la conversación. Aceleró la velocidad en sus pies, retándola a seguirlo, y ella lo observó estupefacta.

—Tienes buen aguante.

Stan se limitó a asentir con la cabeza. Acortó aún más la distancia entre él y Wendy, para poder bailar más salvajemente.

—Stan, ¿Puedes sentirlo? Me refiero a la química entre nosotros, por supuesto… te puedo jurar que si volviéramos, la palabra popular nos quedaría corto—dijo Wendy, capturando la mirada sorprendida del interpelado con sus nada ingenuos ojos cafés.

Incitante, Wendy se atrevió a rozar el glorioso cuerpo de Stan con movimientos provocadores. Él también le imitó con una atrayente sonrisa en el rostro, pensando que solamente se trataba de un simple baile. Pero no abrió la boca, Stan prefería creer que ella sólo bromeaba.

—Tienes que pensarlo—comenzó, tras no recibir respuesta. —Aun te quiero, y sé que todavía sientes algo por mí.

Eso último, lo había dicho en un suave susurro, muy cerca de su oído.

Stan bajó el ritmo en sus movimientos para entregarse totalmente a sus pensamientos. Volver con Wendy era una opción razonablemente tentadora y que beneficiaba a ambos; pero lamentablemente ya no sentía nada por ella, más que un fuerte afecto que no iba más allá de la amistad y la simple admiración.

Stan en esos momentos no estaba interesado en nadie, solamente se enfocaba en poner todo su empeño en que Kyle se alejara del usurpador de Craig. Desconcertante. Stan creía que era gracias a que en su relación de Súper Mejores Amigos se comportaba posesivamente cuando alguien amenazaba con destruir el vínculo tan especial que compartía con Kyle… sólo así no tenía por qué poner en duda su sexualidad.

Pero no era tan sencillo engañarse así mismo.

—Wendy, quiero a alguien más—declaró Stan, sorprendiéndose así mismo.

En el precioso rostro de Wendy se formó una mueca de desconcierto. Disgustada y ofendida se retiró a zancadas torpes, dejándolo solo.

Esta acción le fue indiferente a Stan, quien comenzó a bailar con Annie Faulk, la cual se había acercado con una expresión seductora adornando sus femeninas facciones mientras retorcía coquetamente un rizo rubio con el dedo índice.

En un cómodo sofá a escasos metros de la improvisada pista de baile, Kyle lo observaba detenidamente sintiendo los celos consumirlo. Por unos momentos deseó ser una de esas jovencitas seguras y poder estar junto a Stan. Absurdo.

Estaba sentado solo, de forma que quedaba una plaza disponible. Kyle no había buscado a Kenny, pues estaba totalmente al tanto de que estaría con Butters. Seguramente tratándose de Kenny, en estos momentos podría estar intentando engatusarlo.

Kyle mantenía los brazos cruzados en el pecho, ejerciendo fuerza con sus uñas en sus antebrazos, a tal punto que se provocaba un ligero daño, pero no le importaba... no cuando la ira que le embargaba se intensificaba a medida que se cansaba más de aquella abrumadora soledad.

—Kahl ¿Te estas divirtiendo? —preguntó Cartman con un deje de sarcasmo.

Tomó asiento a su lado, cuidadoso de no derramar la cerveza que contenían los dos vasos que sostenía en sus grandes manos. Uno en cada una. Al familiarizarse con el mullido sofá, Cartman se arrellanó con un suspiro de conformidad.

—No, ¿dos vasos, culón? —cuestionó Kyle, dedicándole una mirada hostil con sus opacados ojos verdes a la bebida.

—Judío— se acercó de forma que sus muslos se rozaron por encima de la mezclilla, —uno es para ti.

Aquella simple insinuación le revolvió el estómago a Kyle. Cartman le acercó el vaso al rostro, casi restregándoselo en las narices.

Los ojos de Cartman continuaban suspicaces, como siempre.

—No gracias. A lo mejor les pusiste marihuana…—se rehusó Kyle, apartándole el vaso de su cara con la mano, con cuidado de no derramarse encima la bebida.

—Jesús… la marihuana se fuma—Kyle no respondió, por lo tanto Cartman resignado le dio un largo sorbo a cada uno de los dos vasos. Alzó un poco los brazos, en un gesto triunfante— ¿Me ves drogado, acaso? ¿Con ganas de más de esta mierda?

—Sólo bromeaba, ¿me crees tan estúpido?

Kyle curveó un poco las comisuras de los labios, esbozando una ligera sonrisa amistosa. Cartman realmente le agradaba cuando se mostraba "amable"-o al menos lo intentaba- y omitía sus opiniones despectivas hacia los judíos, aun a pesar de su repentina afabilidad, continuaba comportándose realmente sospechoso. La palabra más certera para describir a Eric Cartman, según los criterios de Kyle era "agridulce".

Ante la intensa mirada de Kyle, Cartman se ruborizó tenuemente, y agradeció la oscuridad que los rodeaba.

—Uno no daña a nadie—respondió Kyle y dejándolo la desconfianza atrás, le quitó cuidadosamente un vaso.

—Ese es mi pequeño monstruo —canturreó Cartman con entusiasmo. Con la mano libre, ya que sólo cargaba con una cerveza ahora, le cogió un poco la mejilla y le dio un leve pellizco, como solían hacerlo en su infancia.

Kyle contempló el vaso con impotencia. El olor que despedía no era muy agradable, él no encontraba las palabras exactas para explicar aquel extraño aroma. Nunca había tomado en su corta vida, y él sabía que ese no era precisamente el momento para comenzar con el vicio. Cartman lo observó, impaciente.

— ¿Qué esperas? —preguntó Cartman, con desdén.

—No me presiones—Cartman rió ante la nerviosa respuesta, pero calló de inmediato al contemplar como Kyle se dirigía el borde del vaso de plástico a sus labios. Con las pupilas dilatadas, advirtió como Kyle bebió apresuradamente, hasta terminar por completo con toda la cerveza del vaso.

— ¿Quieres más? Hay más… afuera—dijo Cartman astutamente. Tiró su vaso vacío hacia atrás a ningún punto en específico, después tendría tiempo de sobra para limpiar el desastre.

Conforme corrían los segundos a Kyle sintió como si alguien destruyera todas sus preocupaciones, como si tratasen de delgados hilos cortados por un par de afiladas tijeras. Por esos momentos no hubo un Stan en su corazón, o un Craig que le confundiera y le hiciera dudar de sus sentimientos. Sólo eran él y su euforia temporal e imaginaria, que le provocaba querer reír, aunque no tuviera sentido hacerlo, y por supuesto beber más.

Lo jaló del brazo bruscamente, y ambos salieron precipitadamente del hogar de los Cartman. En un abrir y cerrar de ojos las elegantes baldosas de mármol de su hogar, habían sido remplazadas por el césped de la intemperie. De pronto, Kyle se encontraba cara a cara con una pandilla con la que nunca había estado, a pesar de ese inconveniente reconoció un par de rostros.

Eran aproximadamente cuatro chicos, sin contar a Kyle y a Cartman, y tres muchachas que se mostraban estridentes, disputándose de la atención de los varones.

Al primero que reconoció a pesar de la oscuridad fue a Damien Thorn, que era sumamente fascinante, del modo perturbador. Sus ojos carmesís resplandecían por entre las sombras al igual que una hilera de perfectos dientes blancos.

Otro rostro familiar era el tipo francés que había tomado los hilos de los principales cargos de La Resistance cuando eran pequeños. Christophe "Ze Mole" DeLorne era el más atractivo de los que conformaban el grupo. De desordenada cabellera castaña y mirada seductora le besuqueaba el cuello a un complacido rubio, Gregory Yardale.

—Tanto tiempo. Supongo que me recuerdas, Kyle—saludó Ze Mole, tras separar sus encantadores labios de aquel largo y pálido cuello. Su voz era rasposa, y detonaba en un suave acento francés. Sus ojos eran indescriptibles, las irises de sus orbes no eran de un color preciso, más bien era una atrapante aleación de verde y amarillo, que se difuminaban hasta llegar a la negruzca pupila.

Kyle asintió con la cabeza, algo desconcertado, a lo que Cartman se le adelantó.

—Gregory y Chris son universitarios. Damien vive en Denver—no se molestaba en señalarlos, Cartman sabía que Kyle los conocía—Él es Alex—apuntó con el índice a un azabache de sudadera roja que sonreía descaradamente. —Y el resto… las chicas son putas ebrias dispuestas a complacernos.

Tras terminar su breve pero precisa presentación, el brazo musculoso de Cartman le rodeó a Kyle la cintura, y el soltó una carcajada nerviosa.

—Yo no quiero agua, yo quiero bebida—tarareó Eric, su aliento apestoso a alcohol y goma de mascar de menta golpeteó contra la sonrosada mejilla de Kyle.

Todos aceptaron gustosos las latas de cerveza que Damien cordialmente les ofreció, a lo que comenzaron a beber, incluso Kyle, de forma desmedida. Cartman se limitó a un llenar otro vaso de plástico hasta el tope, y fue lo único que tomó, pues necesitaba estar en sus cinco sentidos para poner en marcha su plan.

Las bromas volaban de un lado a otro, Damien abrazaba a dos de las chicas, manteniéndolas muy cerca de su musculoso cuerpo. Gregory y Christophe se besaban ferozmente, indiferentes del público que los observaba muy atentamente, tras unas insinuantes palabras de Ze Mole "¿Quieres conocer los verdaderos besos franceses?" Gregory se había reído escandalosamente para después devorar ansioso aquellos sensuales labios.

Kyle con el cuarto envase, ya estaba completamente borracho, y empezó a flirtear con Cartman, el cual sólo asentía perplejo.

Kyle se sentía mareado, incapaz de mantenerse completamente erguido por sí solo, por lo cual agradecía el firme agarre de Cartman, que era lo único que le hacía permanecer de pie.

—Tengo una idea—anunció Cartman al grupo, al obtener todas las miradas posadas en él, abrazó con más fuerza a Kyle contra él. — ¿Por qué no jugamos al escondite?

Damien rechistó, fastidiado.

—Que infantil, gordo—soltó Damien con ojos desdeñosos.

—No, aquí. En el bosque.

Christophe silbó, claramente interesado en la idea, en respuesta Gregory se alejó del circulo de personas.

—Es lo más estúpido que he escuchado—farfulló Gregory con voz aguda e insegura—Yo no voy.

Se introdujo a zancadas a la seguridad de la casa de Cartman, consciente de que su acompañante no le seguiría el paso.

— ¿Quién me acompaña, entonces? —preguntó Cartman con voz clara y desafiante.

—Yo iré—respondió Christophe acercándose al chico de rizos bermejos que torcía los labios desvergonzadamente en una sonrisa de borracho.

—Yo también—pactó Kyle, sin apartar los ojos de su antiguo compañero de guerra. Complacido al tener parte de la atención de Kyle en él, Ze Mole le tomó de la mano y le depositó un suave beso caballeroso en el dorso.

Kyle rió ruidosamente, sin tener una jodida idea de lo que hacía.

El grupo finalmente terminó reducido a Cartman, Christophe, Kyle y dos seductoras jovencitas de las que Kyle desconocía sus nombres. No se dignó a indagar mucho en ello, no le interesaba en lo más mínimo, no cuando contaba con un muy dispuesto Christophe a su lado.

Entre risotadas el limitado grupo se dirigió a las orillas del bosque, donde los altos robles comenzaban a estar más cercanos los unos de los otros. Se adentraron todos juntos a la oscuridad de la arboleada, hasta un punto donde no había más rastro de luz. Ni de la luna.

—Bien, tengo una linterna para cada uno—dijo Cartman, rompiendo el silencio sepulcral. Le entregó a los cuatro una lámpara de pilas, las cuales fueron encendidas de inmediato. Las luces artificiales proyectaron apenas un leve resplandor con forma de esfera. Continuó: —Contaré hasta cuarenta. Reglas: no está permitido ir acompañado ¿entendido?

Cartman les pasó el fulgor de su propia linterna por el rostro a cada uno, a lo que asintieron con la cabeza, enceguecidos por la intensidad de la luz.

—Que comience el juego.

….

—Butters, Butters. Mira que me haces desperdiciar una grandiosa fiesta de la que hablaran por mucho ¿Qué me has hecho, pequeño? —preguntó Kenny con dulzura, enterrando la nariz entre la mata de cabellos rubios de Leopold.

Inhaló su suave aroma, tan fresco y floral comparable con el de perfume de mujer, que se entremezclaba con otros olores varoniles similares al chocolate, la canela o cedro. Kenny gustaba de llamar a esta extravagante fragancia "la esencia de Butters", era aquel el inocente aroma el que le magnetizaba, el que le hacía imposible apartar el rostro de sus cabellos, totalmente fascinado.

—N-no lo sé ¿Estudiar? —preguntó Butters, con su voz aniñada. Se acarició los nudillos, sin poder ocultar su creciente nerviosismo.

—Oh sí, esa perra de Cálculo—respondió con notable sarcasmo. — Butters, te estoy declarando mis sentimientos y me respondes así. Rompes mi corazón.

Butters sonrió, y a pesar del cinismo en su voz, se sintió optimista en realidad. Nunca nadie en su corta vida lo había querido, al menos no de aquella forma tan especial. El sólo pensar que Kenny le correspondía esos sentimientos que tanto le habían frustrado a lo largo de los años, le revolvía el estómago en un hecho que denominaría después como "mariposas". Dejó de lado su nerviosismo y tomó entre sus inquietas manos el bello rostro de Kenny.

Kenny torció los labios con malicia. Hacer creer a Butters caer en sus jugarretas había sido más sencillo de lo que jamás hubiera imaginado. Claro que él no podía evitar sentirse culpable por mentirle acerca de sus sentimientos para acostarse con él, pero después de todo era Kenny McCormick.

—Te q-quiero Kenny—musitó Butters ingenuamente.

Entonces ¿qué era esa sensación de estrujón en su pecho?

—Y yo a ti, pequeño…—mintió, incapaz de mirarlo a los ojos.

Cerró los ojos, y se limitó a besar aquellos temblorosos labios que yacían entrecerrados tentativamente. Suspiró en su boca, si había algo que a Kenny le gustara más que su extravagante aroma, definitivamente era el dulce sabor de sus labios, o la forma torpe e inocente en que su lengua se enredaba con la suya.

Se separó unos centímetros, para contemplarlo con sus seductivos ojos avellanados.

— ¿Recuerdas lo que te hice el otra vez? —cuestionó Kenny, empleando su usual tono cautivador, al mismo tiempo que hizo descender su abrasadora boca, lentamente por su cuello.

—Hum… s-sí—respondió en un susurro, intentando suprimir-inútilmente- los recuerdos que regresaron a su mente.

— ¿Te gustaría que lo repitiera?

Butters se estremeció ante la pregunta, un escalofrío muy distinto a los que sufría cuando Kenny lo besaba. No quería, por supuesto que no. La simple idea de repetirlo le repugnaba completamente. Aun así se obligó a asentir con la cabeza lentamente, pensando que tal vez si lo hicieran con más frecuencia comenzara a gustarle. En su infantil cabecita sólo había espacio para un propósito, sorprender a Kenny, o alguna percepción afín, que le empujaba a cometer tales acciones.

Butters Stotch era estúpido al pensar que al demostrarle que no era ese niño incauto que solía ser, podrían finalmente ser felices.

Al sentir la mano de Kenny, rozar el borde de sus pantalones, de nuevo, le embargó la suposición de que eso que compartían era lo más apartado de la felicidad que jamás podría experimentar. Y ambos podían estar seguros de que así era.

….

Kyle se abrió paso torpemente por sobre el resbaladizo fango, ensuciándose sus nuevos Chuck Taylor's, lo cual tras el aturdidor efecto del alcohol, carecía de importancia. Su mano vacilante sostenía, con dedos exaltados por la euforia, la linterna, sin ser capaz de enfocarla en un punto en específico. La luz blanca parpadeó repentinamente un par de veces antes de extinguirse por completo.

Kyle se detuvo en seco, precipitándose en presionar el botón de la lámpara de mano repetidas veces en espera de un ápice de luz, no obstante fue ineficaz. Bufó molesto, e incluso comenzó a golpearla contra la palma de su mano con terquedad. Nada.

Con dedos ineptos y temblorosos procedió a sacar las baterías del artefacto, pero al ser incapaz de hacer algo coherente con aquella cantidad desmedida de alcohol corriéndole por las venas, las pilas se le resbalaron de las manos y cayeron al suelo, en el lodo.

—Oh, mierda—masculló para sí, tambaleándose.

Una gélida gota de agua aterrizó sobre su frente, sobresaltándolo. A pesar de estar ebrio sabía lo que significaba: llovería.

Sólo entonces se atrevió, un poco más sensato, a estudiar la zona a su alrededor. El bosque estaba sumido en masas negras de oscuridad, lo cual hacía imposible la labor de observar. Por la consistencia poco estable donde yacía parado, Kyle supuso que se trataba de barro.

Numerosos robles se alzaban imponentes, cegando a la propia luna, lo cual explicaba porque el bosque estaba inmerso en penumbrosas tinieblas.

Kyle flaqueó al imaginar ser acechado. Giró el rostro a los lados a pesar de que no pudiera atisbar nada con claridad, la negrura era demasiado profunda como para distinguir tan siquiera el tronco de un árbol.

Sonó, impetuosamente, el crujido de una hoja de roble a sus espaldas. Kyle se removió azorado, él no podía pensar con claridad, por lo tanto no pudo deducir si el sonido había sido emitido cerca o lejos de él.

—Un, dos, tres por el judío—canturreó una grave voz que Kyle reconoció a la perfección.

Antes de que pudiera moverse un milímetro, el acobardado pelirrojo sintió el violento impacto de un áspero cuerpo contra su espalda que lo arremetió forzosamente contra el suelo, golpeando y lastimándolo en el acto.

Jadeó bruscamente al sentir el fango contra su mejilla, para su suerte había ladeado el rostro justo a tiempo, si no en esos instantes carecería de oxígeno.

Kyle pensó que seguramente tendría toda la ropa manchada de lodo y rechistó, colérico. Necesitaría un par de cervezas para pasarlo de alto.

—Bien, culón… ahora quítate. Pesas—ordenó Kyle, entrecortadamente. Le costaba bastante esfuerzo decir esa oración tan simple con alguien tan corpulento como Cartman, sobre él.

No obtuvo más respuesta que la respiración irregular y sonora de Cartman en su cuello.

—B-basta me rindo.

Cada vez a Kyle le costaba más respirar limpiamente, sentía que con cada bocanada de aire que inspiraba, más se debilitaba, y eso le preocupaba de sobremanera.

—Eh, en este juego no se permite rendirse—tajó Cartman, con pronunciación sombría.

Kyle cerró los ojos, exhausto. Tomó todo el oxígeno que sus apretados pulmones le permitieron, y soltó un disonante gemido, le sorprendía lo sencillo que la consciencia regresaba a su mente, junto con una intensa jaqueca.

El confuso discernimiento de su mente le gritaba que Cartman era peligroso, inclusive más de lo habitual.

—Ya se acabó el juego, ya me atrapaste—respondió Kyle, en un susurro quebradizo.

—No, Kahl. Apenas comienza…

Dicho esto, profirió una carcajada malévola para después tomar el rostro de Kyle entre sus robustas manos. Kyle sentía el cuerpo fallarle, pronto no habría más oxígeno que respirar, no con la cara enterrada en el fango.

….

Era alrededor de medianoche, tal vez más tarde, tal vez más temprano, realmente a Craig no le interesaba en absoluto. Ignorando la fatiga que comenzaban a padecer, las personas continuaban bailando enérgicamente, a su alrededor. Craig los ignoró con menosprecio, cuando se encauzó hacia su objetivo.

Stan Marsh bailaba salvajemente con las chicas, turnándoselas como si se tratasen de simples objetos, Craig no lo culpaba, esas jovencitas estaban tan jodidamente vacías por dentro que le entraba mero disgusto de sólo verlas.

—Stan, Stan, Stan.

Le llamó sin alzar mucho la voz, por lo cual fue ensordecido por la estridente música, y tuvo que posar su mano en su hombro, repitiendo su nombre hasta el cansancio. El interpelado se giró con una expresión hostil endureciendo sus masculinas facciones, tras reconocer la voz que le había llamado.

— ¿Qué? —preguntó, entrecerrando los ojos celestes en un gesto displicente.

Ambos se contemplaron fijamente, por unos breves segundos. El aborrecimiento que Stan y Craig emanaban era casi tangible.

— ¿Dónde está Kyle? —le cuestionó Craig, a su vez.

Stan no se mostró sorprendido ante la pregunta.

—No lo sé ¿Por qué? — Stan estaba siendo persuasivo, trataba de obtener toda la información que Craig tuviera.

—No lo he visto en un par de horas.

Craig desvió la mirada, ansioso.

—Dijo que estaría con Kenny.

—Kenny no vino a la fiesta—tajó Craig en un gruñido.

Stan contrajo las pupilas, atónito. A pesar de que Kyle le había mentido, continuaba aborreciendo que su diálogo con Craig se prolongara tanto. Se odiaban mutuamente con un ímpetu tan grande que Stan tenía que hacer puños las manos, más no era tiempo para inmadureces, no con Kyle desaparecido. Stan no podía disimular lo mucho que le mortificaba la situación, Craig, observador atento, reparó en ello.

—Iré a buscarlo, pues…—le avisó Craig suavizando la antipatía en su voz, de forma que sonara neutral.

—Me mandas un mensaje de texto, sí lo ves—le ordenó Stan, en súplica.

—Eh, claro—mintió Craig, arrugando el entrecejo. "Sí, Stan, quédate con tus putitas mientras yo voy a buscar a nuestra noviecita".

¿Por qué jodidos Kyle tenía que ser tan problemático? Tal vez era eso lo que lo hacía tan atrayente, involucrarse con Kyle implicaba romper con la rutina. Craig vivía en la incertidumbre de no saber que le deparaba al depender de él.

Cruzó el umbral de madera, para enfrentarse con una lluvia torrencial que le empapó la cabellera negra, confundible en la oscuridad, y cruzó los dedos esperando que Kyle no estuviera en un gran lío.

….

Las manos de Cartman cedieron lentamente, disminuyendo la fuerza en su agarre, hasta que las apartó por completo.

Kyle, mareado y desorientado, alzó el rostro, aliviado. Respiró con desesperación, el aire fue aceptado gustoso, como el tomar agua después de una larga caminata.

De pronto no tenía ningún cuerpo sobre él, se sintió libre unos efímeros segundos que utilizó para acomodarse boca arriba, al mismo tiempo que pasó su brazo por su rostro, limpiándolo sin mucho éxito.

— ¿Por qué hiciste eso? —preguntó Kyle, entre jadeos. Aspiró una estrepitosa y discontinua bocanada de aire.

—Te voy a advertir algo. Y apenas estoy comenzado—susurró Cartman a su oído.

A Kyle le sobresaltó su repentina proximidad, Cartman reposaba de rodillas al lado del debilitado pelirrojo, el cual asentía impacientemente con la cabeza.

—No hay necesidad de utilizar la violencia—suplicó Kyle, con un hilo de voz. En su propia mente imploraba que alguien lo encontrara, tan siquiera una de las chicas que acompañaban a Damien.

—Ponte de pie—ordenó secamente, Cartman.

Cartman esperaba de pie, con los brazos cruzados en el pecho, impaciente. Portaba unas sofisticadas gafas de visión nocturna que le permitían observar a la perfección cada movimiento que efectuaba Kyle.

Kyle se incorporó tembloroso, mientras era empapado, inevitablemente, por el aguacero que caía del cielo. Olía a humedad y a la inconfundible colonia nada barata de Cartman.

Nuevamente jadeó, sólo que en esa ocasión el sonido soltado fue como un agudo alarido de terror puro.

Cartman no sonreía, mantenía una expresión apática en el rostro acompañada por la turbia culpa que le golpeteaba al igual que las frías gotitas de lluvia que le mojaban el cabello y los hombros.

—Kyle, escúchame.

La manaza de Cartman se aferró al brazo de Kyle, de una forma que resultó dolorosa, Kyle permaneció callado esperando a que continuara.

—No te vas a acercar a Stan ¿Entendido?

Sólo recibió como respuesta el silencio de la noche.

— ¿Entendido? —preguntó de nuevo.

Kyle se apartó, atemorizado y retrocedió para huir. Apenas había avanzado un par de pasos por el fango cuando percibió el roce nada agradable de los dedos de Cartman en la espalda de su camisa.

— ¡No estoy jugando, judío de mierda! —bramó Cartman.

Nuevamente, al alcanzar a Kyle lo lanzó contra el suelo, y él aterrizó en una mortífera trampa de rocas y ramas.

Kyle contuvo un gemido de dolor al advertir un agudo dolor en su brazo izquierdo, además de escozores a lo largo de su cuerpo. Percibió un líquido caliente deslizarse por su brazo. Sangre.

— ¿Por qué jodidos haces esto, culón? —cuestionó Kyle, palpando cuidadosamente con su mano el brazo herido, sintió entonces un corte no muy profundo, pero doloroso a lo largo de su antebrazo. Seguramente provocado por las rocas.

— ¿Qué no es obvio? Me das asco… no sólo eres judío y pelirrojo, también eres marica—escupió Cartman, y aprovechando que Kyle yacía tendido en el suelo, le propinó una ruda patada en el abdomen.

Kyle estaba doblado sobre sí mismo, con las manos mancilladas en su propia sangre sobre su estómago.

—Te quiero lejos de Stan… y si no, la pagarás muy caro, idiota—farfulló Cartman, desviando la mirada para no tener que encarar a Kyle, que se mordía fuertemente los labios, soportando el dolor de sus magulladuras.

—Me alejaré de él—gimió Kyle. La sangre, se entremezcló con la lluvia gélida y el fango sobre el que se recostó. No eran heridas peligrosas, pero Kyle estaba ebrio y con un dolor de cabeza muy intenso.

— ¡Júralo! —gruñó Cartman.

—Lo juro—musitó Kyle. Cerró los ojos al recibir un puntapié contra su pierna. Cartman tenía una fuerza descomunal, con facilidad pudo habérsela roto, pero no, solamente lo dejaría sin poder caminar por un par de horas… lo cual resultaba alarmante.

—Si me entero que le contaste a alguien sobre esto, te juro por la tumba de mi padre que la próxima sangre que se va a derramar aquí, será la del hippie asqueroso ese, ¿Entiendes?

Kyle asintió con la cabeza débilmente, y repentinamente sintió otra patada justo en el mismo sitio del muslo, ya lastimado, y no pudo contener un alarido que le raspó la garganta.

—Bien. Estás advertido—acordó Cartman en un murmullo apenas audible.

Cartman se alejó corriendo de la escena, dando tumbos entre el lodo y las piedras, abandonando a Kyle con su soledad.

….

Kyle no encontraba palabras para describir lo que sentía. Todo era penumbra y un silencio tétrico imperaba el alrededor, le preocupaba no escuchar siquiera su propia respiración. Kyle pensó que tal vez comenzaba a delirar por el dolor o el alcohol.

Suplicaba mentalmente un rescate, al lapso que la lluvia, que comenzaba a cesar lentamente, le mojaba el rostro.

Kyle supuso que se encontraba en una apariencia deplorable: sucio de lodo, apestoso a cerveza y cubierto de su propia sangre, pero no le tomó importancia.

La impotencia le embargó el cuerpo al igual que el lacerante dolor. Débilmente dirigió sus manos a los bolsillos de su pantalón, en búsqueda de su celular. Nada, ambos estaban tan vacíos como su mente en esos momentos.

Kyle había intentado incorporarse un par de veces, fracasando una y otra vez, gracias al daño que sufría en su pierna derecha que le inmovilizaba un poco. A pesar de que pensar le dolía, la agonía le mantenía alerta, y el continuar no escuchar ningún llamado le hizo llegar a la frívola conclusión de que no le importaba una jodida mierda a los demás.

Sus ojos se perdieron en la nada, observando fijamente hacia arriba como buscando entre la oscuridad y las copas de los árboles, el rastro de la condenada luna. Bien, podían haber pasado minutos, horas, Kyle no se hubiera dado cuenta.

A lo lejos, Kyle escuchó que, finalmente, alguien llamaba su nombre. A veces más cerca, a veces se alejaba. Al avistar un frágil halo de luz iluminar levemente los alrededores se atrevió a abrir la boca.

— ¿Craig? Aquí estoy— su voz era deprimente, pero al igual que en las bodas se aplicaba el "Que hable ahora, o calle para siempre" y el callarse para siempre no era literal.

— ¡Kyle! —exclamó con alivio, Craig.

Kyle estaba demasiado exhausto para sonreírle romper su capa de frialdad al mundo con ese simple grito. Ese grito estaba cargado de emociones estremecedoras, un alivio asfixiante lleno de un afecto que Craig había sentido por nadie, jamás.

Craig aminoró el paso, con la pequeña linterna de bolsillo vacilante, en búsqueda de un rastro que le indicara el exacto paradero de Kyle.

—Aquí estoy, carajo—gruñó Kyle, intentando calmarlo.

Craig avanzó hacia el punto donde había escuchado a Kyle llamarle, saltó un frondoso arbusto, consiguiendo mantener un equilibro estable sosteniéndose del tronco de un grueso roble.

— ¿No te iba a cuidar el hijo puta de Stan? —preguntó con tosquedad apuntando la linterna hacia Kyle, indiferente de si la luz le lastimaba los ojos o no.

Ante los ojos de Craig, Kyle lucía sumamente miserable. La lasitud en su rostro no le ayudaba mucho con su lastimera apariencia; yacía tendido sobre el suelo con el cabello sucio e humedecido por la lluvia que, nuevamente, no daba un ápice de cesar. La ropa mojada e impregnada de lodo y sangre que se había secado le daba un aire patético.

Un hilo de sangre resbalaba por la comisura de sus preciosos labios, y cuando la mirada de Craig se posó en su brazo, tuvo que reprimir un gemido.

— ¿Quién putas te hizo esto? —eso si había sido un verdadero gruñido, similar a un animal, no como los que la gente ociosa solía imitar. Pura ira contenida, soltada en un simple bramido.

—No recuerdo—mintió Kyle incapaz de decir una mejor improvisación por la cabeza que le daba vueltas, atarantándolo.

Craig se arrodilló hacia Kyle, sin importarle si se ensuciaba su ropa o si se mojaba más. Sus manos sujetaron con fuerza la cabeza de Kyle con ternura, si es que se le comparaba al agarre de Cartman, e inclinó la cabeza hacia su boca.

Lo besó con ferocidad, con la furia de verlo en ese estado tan lamentable, y fue correspondido sin muchas ansias tras unos instantes después. Desesperación, alivio, deseo… una explosión de emociones que sus labios representaron moviéndose contra los contrarios en una manifestación de mero abatimiento que resultaba desgarrador.

Craig saboreó de su boca el sabor metálico de la sangre, y el alcohol que mancillaban su propia esencia tan dulce, desconcertado se separó unos centímetros para decirle:

— ¿Y tu celular? Te dieron la paliza de tu vida—cerró fuertemente los ojos para sosegar la furia que literalmente le escupía en la cara, como si fuera veneno—… Vámonos de aquí ¿Sí?

Craig jamás admitiría que comenzaba a sentir una fobia estremecedora al bosque, que lucía más macabro que oscuro.

—Ayúdame a levantarme, me han golpeado la pierna—musitó Kyle, soltando una leve carcajada de optimismo, a la cual Craig se cuestionó si no deliraba.

Craig le pasó un fornido brazo, con cuidado, por detrás para que Kyle lo usara como apoyo y pudiese levantarse sin dificultad.

Kyle se aferró fuertemente a Craig para tener un andar más estable, él no quería imaginarlo vergonzoso que sería cojear junto a su ¿amigo? Ni siquiera Kyle sabía a qué jodidos había llegado con Craig, y le apenaba bastante plantearse la pregunta.

Continuaron avanzando lentamente por entre el terreno irregular del suelo del bosque, Craig alternaba de apuntar con la lamparita del suelo del bosque a hacia los árboles, asegurándose de estar siguiendo el camino correcto.

Caminaron por un largo rato, por un sendero incierto, la mente de Kyle era vacilante, incluso más que su entorpecido andar.

—Christophe me contó todo—comenzó a relatar con parsimonia. —Te habías perdido y nadie había tenido los pantalones para buscarte… Kyle sé que estás borracho, pero jugar al escondite en el bosque es lo más estúpido que has hecho —enfatizó lo último, como si le reclamara todas las estupideces que había cometido a lo largo de su infancia, pero Kyle estaba muy atarantado para pensar.

Kyle alzó el rostro, mirando hacia adelante con desesperación, entrecerró los ojos y divisó a lo lejos un atisbo de luz que conforme más avanzaban más se intensificaba. Su entorno se volvía más nítido al acercársele, y los robles comenzaban a escasear.

Kyle suspiró pesadamente al poder contemplar a una corta distancia la casa de Cartman. Habían llegado.

—No vamos a volver a la fiesta—tajó Craig bruscamente.

Kyle lo miró agradecido, no le apetecía regresar en absoluto.

—Sólo llévame a casa, por favor—suplicó Kyle, con la cabeza dándole vueltas era la mejor oración que podía decir en voz alta.

Craig se detuvo en la mitad del desolado patio trasero de Cartman, apagó la linterna y se la guardó en el bolsillo trasero de sus tejanos, pues las luces exteriores de la casa eran más que suficientes.

Kyle miró desorientado, como Craig sacaba su teléfono móvil de su chaqueta de cuero, sin poder evitar pensar que lucía aún más atractivo con ella puesta. Le brindaba de un aspecto endemoniadamente peligroso y sensual.

Kyle advirtió que aún tenía la mano de Craig aferrada fuertemente a su cintura para ayudarle a sostenerse, con la otra, él se sujetaba el celular contra la oreja.

— ¿Thomas? —preguntó Craig, retomando su tono monocorde e indiferente.

Kyle al escuchar ese nombre, chasqueó la lengua irritado, elevó el mentón para verle la cara y poder estudiarle los gestos, sólo necesitaba obtener alguna pista en concreto de que se traían ellos dos.

—Tienes que averiguar quién puede llevarte a casa—musitó Craig, su rostro se mantenía inmutable, como si se tratase de una bella escultura, solamente sus labios se movían al hablar. —No le digas a Stan, tuve una pequeña complicación—al informarle de esto a Thomas le dirigió una mirada careciente de significado a Kyle. —Luego te digo… lo llevaré a su casa.

Hubo un corto silencio tras estas palabras.

—Cállate, Thomas—gruñó Craig al lapso que colgaba el teléfono.

Ni Craig, ni Kyle cruzaron palabra en el transcurso que les tomó llegar al automóvil de Craig. Kyle estaba muy atarantado como para comenzar una conversación inteligente y prudentemente, permaneció con la boca cerrada.

El Passat negro estaba completamente mojado por fuera, pero irrebatiblemente por dentro estaba cálido y confortable, con el brazo sano el mismo se había cerrado la puerta del automóvil. Craig nomás contrajo un poco las pupilas al entender que tendría que limpiar los asientos el domingo por la mañana, si no le apetecía mantenerlos cubiertos de fango, agua y sangre seca.

Kyle contempló a Craig mientras él desaparcaba el coche y hacía los cambios correspondientes para disponerse a marchar por la avenida.

—Craig, ¿qué hora es? —inquirió Kyle fijando la cansina vista al frente.

—Son las dos de la mañana—respondió Craig sin observarlo, se mantenía atento a los pocos automóviles que se cruzaban con él.

—Mierda… le dije a Ike que estaría ahí antes de medianoche—masculló Kyle, sintiéndose sumamente culpable.

—Ya tiene doce—repitió Craig, dando por finalizada aquella mediocre conversación que no los llevaría a ningún punto con importancia.

Al llegar al hogar de los Broflovski, Craig se estacionó frente a la acera.

Craig sólo había ido a la casa de Kyle un par de veces, cada visita se volvía más especial que la anterior.

Pero Kyle no se bajó del auto, por el contrario buscó con su mano la de Craig y se aferró a esta, enternecedoramente. La piel de Craig se sentía gélida al tacto.

— ¿No quieres pasar? —le propuso Kyle, para después morderse los labios, reprimiéndose por sonar como una puta desesperada.

—Hum… claro—asintió Craig, consciente de que no había vuelta atrás.

Ambos salieron del coche, y se encaminaron a la puerta principal, Kyle podía caminar por sí solo, pero continuaba cojeando un poco.

Kyle lo guió de la mano por la casa a oscuras, subiendo con cuidado la escalinata que conducía a la planta superior.

Cuando entraron a esa habitación que Craig conocía muy bien, sintió como los latidos de su corazón se desbocaban en su pecho, se cuestionó estúpidamente si Kyle podría escucharlos, y luego aprovechando la ausencia de luz agitó la cabeza en negación.

—Voy a tomar un baño—le anunció Kyle en un susurro que el interpelado escuchó con claridad. Soltó su mano. —Puedes tomar un cambio de ropa… si es que no quieres dormir con la… lamento haberte manchado de sangre—se disculpó balbuceando, sin poder encontrar las palabras adecuadas.

Kyle salió de su propia pieza, dejando a Craig acompañado por el hostil silencio que reinaba en la habitación, tan sólo quebrantado por un suspiro nervioso con cierta detonación de alivio.

….

Kyle contempló la ducha con suma impotencia, ya había girado los fríos grifos de acero inoxidable y el agua corría limpiamente, salpicándole el rostro con unas tibias gotas; pero le temía, si le temía por el aspecto magullado que posiblemente tendría su cuerpo sin ropa. La tela de la manga de su camisa, antes blanca, estaba teñida de un rojo brillante.

La herida no era profunda y había dejado de sangrar, pero la gran cantidad de manchas que tenía el resto de su piel con este líquido vital le perturbaba de sobremanera.

"Vamos" se animó mentalmente, de nuevo, desviando la mirada a la pared de azulejos blancos de la ducha para comenzar a desvestirse.

El susurro seco de la ropa caer al suelo fue enmudecido por el de la regadera. Completamente desnudo, se introdujo a la ducha y cerró la puerta de cristal que separaba el baño en dos, tras de sí.

El agua fue amable con su piel, y al hacer contacto con las heridas, no le escoció tanto como creyó, el líquido a sus pies se tornó rosada al entremezclarse con la sangre. A Kyle solamente le aliviaba el hecho de que la había pasado incluso peor. Cerró los ojos permitiendo que el agua tibia le destensara los músculos, y le calmara un poco.

Kyle pensó en tararear una canción, pero estaba demasiado cansado como para recordar la letra entera de alguna y bufó sin abrir los ojos.

Escuchó como alguien recorría la puerta de cristal, sin hacer mucho ruido. Kyle abrió los ojos, sobresaltado, pero no movió su cabeza ni un solo centímetro, se le hacía estúpido no haber escuchado como se había infiltrado un intruso al baño.

Unas cálidas y gentiles manos se posaron en su cintura, estremeciéndolo un poco.

—Craig…—musitó Kyle al sentir sus suaves labios posarse cuidadosamente en la parte posterior de su cuello, depositando un corto beso.

Súbitamente le desconcertó la facilidad con la que encontró los labios de Craig, y reconoció la desbordante pasión que los consumía a ambos.

Las traviesas manos de Craig tocaron su cuerpo con rudeza y desesperación, explorando la palidez de la tersa piel de Kyle sin cuidado alguno. Como si la paciencia de una larga espera hubiera terminado y con ello sólo existiera el profuso deseo. Craig, por su parte, se regocijaba con la sinfonía de sonidos de placer que su amante le proporcionaba.

—Hm… Kyle.

Craig gimió roncamente al advertir como Kyle rozaba con sus dedos la dureza del tronco de su miembro, que se erguía imponente, respondiendo al tacto. Kyle se inclinó sobre las baldosas, hasta que su rostro quedó a la altura de su cadera. Tomó con la mano derecha su palpitante entrepierna, y se la acercó a los labios, a lo que Craig sufrió un violento escalofrío de gozo.

Kyle depositó un corto beso en la glande y expuso su fervorosa lengua rosada con la que recorrió con tortuosa lentitud el contorno de su punta de la que fluían saladas gotitas del líquido pre seminal. Deslizó su lengua lentamente por el largo de su pene robándole unos sonoros jadeos de placer puro, y estremeciéndolo con el húmedo contacto. Sus manos se posaron en la mojada cabellera de Kyle y sus dedos se enredaron entre sus rizos rojizos.

Kyle alzó el rostro buscando la aprobación de Craig, quien asintió sumamente excitado.

Se introdujo en su pecaminosa boca la plenitud de la entrepierna de Craig, al lapso que su lengua continuaba enroscándose en ella, succionándola con suma habilidad. Sus ojos verdes enmarcados por largas y espesas pestañas cobrizas se entrecerraban lujuriosos.

Leves espasmos de goce, recorrieron el apolíneo cuerpo de Craig.

—Kyle… s-si no quieres que me corra en tu boca… —no era necesario decir más, Kyle le dio un leve mordisco, que lejos de lastimarlo le estimuló más y se le escapó un gruñido sumamente sensual por entre sus exquisitos labios.

Kyle se incorporó, buscando su boca. Se besaron nuevamente con pasión descontrolada, fuera de sus propios dominios. Sus lenguas lucharon bajo la lluvia artificial de la regadera.

Kyle jadeó al ser empujado contra la pared del baño, de forma que su pecho quedó contra la frialdad de esta, totalmente expuesto al mayor. Las manos de Craig acariciaron la amplitud de su espalda, recorriendo las curvas y las líneas conociendo cada centímetro de su piel virginal, hasta bajar a su firme trasero.

— ¿Estás listo? —preguntó Craig con voz enronquecida por el placer.

—Sí.

Y lo estaba.

El dedo índice de Craig se deslizó por entre sus glúteos, hasta toparse con la estrechez de su entrada. Al sentirse ligeramente invadido Kyle gimió, se sentía tan jodidamente bien que se apretó más contra la mojada pared.

Craig interpretó ese gesto como un consentimiento e introdujo con sumo cuidado dos dedos más sucesivamente, en esa ocasión Kyle cerró fuertemente los ojos tratando de olvidar el dolor. Craig esperó pacientemente a otro asentimiento de su amante, que no tardó mucho en llegar.

—Hazlo ya, carajo—le ordenó Kyle en un tono sumamente deleitable.

Craig dirigió con recelo su rígido miembro a la inexplorada entrada de Kyle, penetrándolo con suavidad.

Kyle soltó un alarido de dolor y reprimió las ganas de apartarse, era el suplicio más lejano al placer que jamás había conocido.

Involuntariamente unas lágrimas de sufrimiento brotaron de sus relucientes orbes y corrieron por sus ruborizadas mejillas, confundiéndose con el agua que colisionaba contra sus cabezas.

—Tranquilo—le recitaba una y otra vez Craig, tratando de apaciguarlo, mientras sus manos con dulzura recorrían su piel desnuda.

Las caricias de Craig le hizo más sencillo acostumbrarse al dolor, y una vez acostumbrado a la invasión, jadeó en búsqueda de placer.

Craig comenzó a mover sus caderas contra las de Kyle, en un compás calmado, que conforme sus respiraciones se entrecortaban iba aumentando el ritmo hasta volverse agresivas embestidas.

Craig ciñó fuertemente su mano en torno a la firme entrepierna de Kyle, tocándola toscamente, masturbándolo. Arriba, abajo; arriba, abajo.

— ¡Craig! Ah…

La soltura de las embestidas y la extraordinaria destreza de Craig, tocándolo, le hacían estremecerse bruscamente; y finalmente gracias a las contracciones involuntarias que Kyle sufría en sus tensados músculos, le hizo llegar a la tan ansiada culminación del deseo. Le embargó una sensación de alivio placentero al lapso que se corría en la mano de Craig, él ante la reacción de Kyle no tardó mucho en esparcir la calidez de su semilla en el interior de Kyle, con un profundo gemido.

—Te quiero—murmuró Craig, cuando estuvieron separados, al lapso que le besaba suavemente en el pálido cuello.

Kyle sufrió ligeros temblores, sólo hasta que los latidos de su corazón y su respiración se regularizaron, Craig lo rodeó en sus brazos con una enorme sonrisa en los labios.

—Te quiero, Craig—declaró Kyle en un susurro.

—Yo también.

Ambos unieron sus labios en un casto beso, un beso que a Kyle le hizo olvidar. Olvidar las magulladuras que marcaban su nívea tez, junto con el dolor que le embargaba, pero sobretodo olvidar al verdadero dueño de su corazón: Stan Marsh.

Neh, que si fui vulgar lo siento, eso de hacer lemmons no se me da mucho (creo que ya lo notaron equisdedé) :x

Oh, sí tú de casualidad viste aquella nota de que el fic estaba parado por razones técnicas, pues la laptop sirvió en unas horas, así que lo reanudé. (con la de escritorio por supuesto c_c no pienso arriesgarme a descomponerle otro aparato a mi hermana, porque cuando … golpea se vuelve Shelley)

Esta va a ser mi única actualización del mes de Julio por lo tanto la más larga que he hecho, pues me tomaré unas largas vacaciones donde no pienso tocar nada tecnológico que no sea mi celular (no por gusto si no porque no tendré como), así que lo más probable es que actualice a mediados de Agosto.

Por cierto, creo que tengo que subir de rating… pero eso bah, lo haré mañana.

Disfruten de unas lindas vacaciones :D