South Park no es mío, pero Matt Stone si (?).

.

8.

Kyle Broflovski se arrellanó en el amplio asiento del autobús turístico que el instituto había alquilado para trasladar al equipo de baloncesto en su estancia en Denver.

Kyle observó como a su izquierda, Craig colocaba meticulosamente las maletas en la parte superior de donde se sentaban. Al contrario de Kyle, Craig podía alcanzar sin problema alguno la repisa superior, -sin tener que subirse al asiento-, y por esa misma razón, él se había ofrecido a hacerlo.

Finalmente al terminar, con una exhalación de alivio, Craig se sentó a su lado. Kyle fingió no prestarle atención alguna y desvió la mirada al paisaje rocoso que se podía apreciar desde la ventanilla. Las montañas gracias a la velocidad se habían reducido a un enorme borrón blanco y azulino.

Una figura se precipitó rápidamente por el estrecho pasillo del autobús, una mancha verde; dato que no era de mucha utilidad para conocer su identidad ya que todo el equipo portaba el uniforme deportivo de las Vacas.

Como si hubiese sido un cerillo que incendiaba dinamita, en cuanto se escuchó a la figura misteriosa adentrarse hacia el fondo, el caos surgió repentinamente en los asientos posteriores. Un hervidero de voces masculinas, bromas de doble sentido y unas cuantas exclamaciones de desahogo que le daban la bienvenida a la silueta verdusca que parecía responder por el nombre de Kenny; también surtieron unos breves pero retumbantes aplausos de mero sarcasmo, como si el chico McCormick fuese un alguna clase de héroe. No tardaron en acosarle con cuestionamiento sobre cómo es que se encontraba con ellos.

— ¡Fue muy simple, chicos! —Exclamó Kenny con un entusiasmo espontáneo— Todo fue de parte del entrenador: hospedaje, traslado, uniforme…

Los jugadores que estaban cerca de Kenny se turnaron para darle amistosos puñetazos fingidos en sus masculinos brazos, lo único audible en ese momento fueron carcajadas de regocijo.

Jason se incorporó de su asiento con cuidado de no caer por el autobús en movimiento, y con sumo descaro alzó una mano al aire, agitándola frenéticamente como si saludase a alguien, para acaparar la atención de Kenny.

— ¡Vaya, vaya! ¿Se la chupaste o qué? —le inquirió Jason con malicia al abrirse paso por entre sus silenciosos compañeros.

Kenny le dedicó una pequeña sonrisa afable, sin siquiera molestarse en sobresaltarse por aquella insinuación de insulto. No había un porqué después de todo, Kenny sabía lo que hacía y con quien, y con el tiempo terminaba por acostumbrarse a que le impusieran la eterna etiqueta de persona promiscua.

—No. Pero a ti te encantaría que te lo hiciera—respondió él complacido al reparar en la expresión de repulsión que le deformaba su cara poco agraciada.

—Ya sabía yo que amistades como las de Broflovski te volverían un marica.

Kenny no se inmutó, no le sorprendía que Jason tuviera una manía intransigente por humillarlos con cada oportunidad que se le daba.

Jason los detestaba profundamente. Odiaba sus sonrisas hipócritas con las que les ocultaban al mundo lo imperfectos que eran. Cegado por aquel odio irracional, era incapaz de ver que ninguna creatura puede llegar a ser perfecta. Todos los humanos rebosan de defectos que no se molestan en ocultar, como si fuera un orgullo desvergonzado.

A pesar de que la pandilla de Stan parecía disolverse con los años, para Jason la vida continuó por un rumbo insignificante. Por más que intentase sobresalir y ser una persona popular en el instituto, nada parecía salir de acuerdo o como el esperaba y terminaba siendo un cero a la izquierda.

Stan se pellizcó el puente de la nariz en señal de frustración, abrió la boca para defender a Kenny de las alusiones maliciosas de Jason, pero él le interrumpió con un aire fanfarrón al hablar.

— ¿Y Wendy, Marsh?, ¿Ya te dejó por el barril de grasa?

Jason con el transcurso de ese ciclo escolar, había estado arrebatándole un par de séquitos al grupo que proclamaba a Stan como su líder. Con Craig fuera de la competencia, que había logrado que le perdieran el respeto gracias a su relación con Kyle, todo parecía pintar aún más simple de lo que en realidad era. Kevin Stoley se puso de pie, el mentón arrogantemente alzado dispuesto a incluirse a la pelea verbal.

—Ya bájale, Jason. No seas envidioso—murmuró, y aunque no fue una frase muy ofensiva logró mantener a Jason callado; pues la mayoría de los jugadores comenzaron a secundarlo como un coro de voces que repetían lo que Kevin decía, sólo que de forma agraviante. Impotente, Jason se hundió en su asiento con el rostro agachado, indicación característica de la cobardía.

Kenny le sonrió a Kevin, y luego a Stan en agradecimiento, al mismo tiempo que el terceto se tiraba despreocupadamente en sus correspondientes asientos, con lo cual, Kevin, de baja estatura, desapareció de su campo de visión.

Kenny al tomar asiento se llevó una mano a la cabeza para despeinarse su cabellera rubia. La mirada relajada de Stan se posó en el brazo de Kenny; horrorizado advirtió un limpio corte que ya cicatrizaba por el largo de su antebrazo.

— ¿Realmente fuiste a enfrentarte con un puñado de idiotas? —preguntó Stan, repentinamente enfurecido.

Las bellas facciones de Kenny se tensaron de pronto, sus atrapantes ojos avellanados se opacaron siniestramente al hablar con una amargura tangible en su voz melodiosa.

—Es una larga historia, preferiría no hablar de ello.

Stan observó cómo Kenny desviaba la mirada a la ventanilla para evadir el tema con una expresión sombría en el rostro.

—Deberías vendarte esa mierda—se limitó a decir Stan. Al percibir como Kenny se relajaba y esbozaba un mohín simpático, que resultaba agradable de solo observarse, Stan sintió una agria calma tan fugaz como el suspiro que profirió Kenny al sacar un rollo de vendajes de una mochila redonda.

….

Kyle despertó desconcertado, cuestionándose como era posible que se hubiera dormido en un viaje tan corto. Sólo le serenaba el reconocer que no había descansado con su cabeza en el hombro de Craig. Pero su mano estaba aferrada fuertemente a la suya y percibía la calidez de la piel de sus largos dedos al entrelazarse con los suyos. Kyle apartó su mano bruscamente, como si le quemara su contacto tan agradable. Pues bien es sabido que cuando le das a probar sueltamente de algo a alguien y se lo arrebatas de pronto, la persona volverá suplicante por más.

Craig no tardó en acercarse a Kyle y posar su cálida mano sobre su muslo por encima del largo short verde; pero Kyle mantuvo sus ojos indiferentes muy fijos en el paisaje de la carretera fingiendo indiferencia.

Craig desplazó ligeramente su mano rozando una pequeña área de la desnuda rodilla de Kyle, a quien se le aceleró, imperceptiblemente, la respiración al advertir como acariciaba suavemente con la punta de sus dedos, su pálida piel, hasta ingresar ligeramente por debajo de la áspera tela de su short deportivo y se apartó.

Craig retiró su mano, cesando las sutiles caricias insospechadamente. Kyle con las mejillas levemente ruborizadas reconoció sus intenciones.

—No pierdas en tu propio juego—musitó Craig sin mirarlo, con una leve sonrisa arrogante.

—Siempre existe el botón de reinicio—masculló Kyle en un hilo de voz, incapaz de ingeniar una frase más creativa.

….

El irregular panorama montañoso fue remplazado por una sustitución de imagen urbanizada; acorde más se adentraban en aquella jungla de altos edificios, enormes avenidas de cemento, y centenares de automóviles, más notable era el contraste con su pequeño pueblo; habían frecuentado Denver con anterioridad, pero las considerables diferencias continuaban desorbitándoles los ojos un poco, asombrados por lo que observaban.

Kenny se giró hacia Stan, que parecía estar abstraído en un ensimismamiento profundo: con la quietud quebrantada por el involuntario movimiento de su pecho al respirar, y sus pupilas oscuras enfocadas en el infinito sin ver nada en realidad.

Kenny aprovechando que estaba siendo ignorado, llevó su mano a su brazo y comenzó a acariciarlo desvergonzadamente para obtener su atención. Stan volteó, sin parecer molesto por su contacto, sólo observó su mano y la apartó sin brusquedad; casi con cariño.

—Llegamos—murmuró Kenny entrecerrando sus ojos de manera tentadora.

—Te apuesto que a Kyle le tocará compartir habitación con Craig—masculló.

—No te preocupes; yo te ayudaré a conseguirlo en menos de tres días.

Esa era la duración exacta del torneo, Stan se cuestionó cómo iba a ser posible encontrar tiempo entre partidos como para hablarle siquiera. Era viernes y el equipo regresaba a South Park el lunes por la noche; sonaba a ser una asignación imposible de cumplir, pero la decisión en el mirar de Kenny le hizo inconcebible tan siquiera plantearse la idea de negarse.

….

Todos descendieron la escalerilla metálica del autobús con sus respectivas maletas, con el entrenador Cole al frente guiándolos hacia la entrada. Stan bajó detrás de Kenny y antes de pasar por las puertas principales, el entrenador se detuvo y se giró hacia su equipo con su característica expresión de dureza en el rostro.

Mientras comenzaba a hablar, Stan contempló el aspecto exterior del lugar sin ocultar su asombro. El hotel era un edificio enorme, más parecido a un edificio de negocios que a un lugar de alojamiento. Centenares de ventanas simétricas, colocadas de forma perfecta, sin irregularidades.

—Tengan sus llaves. Los esperaré en el vestíbulo dentro de media hora. Quien no llegue, no juega el resto del torneo—gruñó mientras sacaba un par de llaves de sus bolsillos del pantalón.

Los llamó a cada uno, indicándoles con quién compartiría el cuarto de hotel, al lapso que les entregaba sus correspondientes llaves.

—Marsh, McCormick, Stoley y Black—les llamó tintineando las llaves entre sus dedos para capturar su atención. Kevin salió de entre los jugadores torpemente, para tomar el objeto con timidez entre sus manos nerviosas. Retrocedió y comenzó a charlar con Clyde amistosamente; Clyde estaba asignado a compartir habitación con los recién ingresados y planeaba la segura novatada para ellos.

—Tucker y Broflovski…

El favoritismo era más que obvia en aquella elección. La mayoría de los cuartos habían sido repartidos equitativamente por cuartetos, con excepción de Craig y Kyle.

Stan pensó en alzar la voz para preguntar, pero era evidente que tal vez ellos tendrían privacidad por ser pareja. Lo cual para Stan debería ser al contrario por el "compromiso con la decencia".

Stan advirtió como Kenny se acercaba para acariciarle las mejillas con la punta de sus largos dedos y luego el roce cariñoso de sus labios en su oreja.

—Craig aportó la suma total para tener una habitación para ellos—le susurró en el oído discretamente, para que nadie más escuchara sus murmuraciones.

Stan involuntariamente sintió los celos atacarle dolorosamente ante la idea de que Craig pudiese tener el privilegio de besar la boca de Kyle… tal vez hasta algo más, como tocar su tersa piel. La simple acción de imaginarlo le dio arcadas y se apartó bruscamente de Kenny como si le quemara su cercanía sugestiva.

—Tranquilo, el plan es perfecto, incluso tengo algunos aliados—se interrumpió a si mismo por unos breves instantes, pensativo, para después continuar—… Su odio por Craig es aún más grande que su homofobia.

— ¿V-van a matarlo? —musitó Stan, incapaz de plantearse otra sospecha.

Kenny no estaba totalmente cuerdo, gracias a aquellas experiencias que le habían marcado para siempre. Era totalmente capaz de arrebatarle la vida a alguien sin sentir un ápice de culpa.

Stan detestaba a Craig que con su encanto había engatusado a Kyle para alejarlo de él, pero era solamente eso. No lo odiaba lo suficiente como para matarlo.

—Stan—respondió tras un instante que a Stan le pareció eterno. —No saques conclusiones tan estúpidas. Te lo diré tras el partido. Ahora limitémonos a dejar las mochilas al cuarto.

….

Kenny se precipitó a la habitación con exaltación, tras cruzar la puerta de madera oscura, les recibió el acogedor aroma a café de la enorme estancia de paredes tonalidad beige. Justo al entrar se veía entre dos mesas pequeñas, con una lámpara encima cada una, un gran sillón blanco con plaza para cuatro personas, sobre este dos cojines negros a cada extremo que hacían juego con las patas negras del sofá; y frente a este una mesa de café del mismo material al de una silla que se encontraba en una esquina.

Más allá en el fondo se lograba atisbar dos camas matrimoniales de limpias sábanas blancas, junto a una enorme ventana ataviada con cortinas con cierto color vino. La puerta que conducía al baño, yacía a la derecha de la cama más apartada de la ventana.

—Esto es más grande que mi casa—musitó Kenny, lanzándose a una de las camas matrimoniales, rebotando inofensivamente antes de quedar sobre el mullido colchón boca abajo.

El único que no parecía impresionado por la elegancia de la estancia, era Token, que con los ojos cafés fijos en el rubio que jugueteaba travieso entre las sábanas con una sonrisa tentadora, dejó su maleta junto a la cama donde reposaba Kenny.

—Si quieren yo puedo dormir en el sillón. Kevin y Stan pueden compartir la otra.

Era más que claro que quería darle la máxima comodidad a Kenny, lo cual sorprendió a sus compañeros de habitación. Kenny se giró para quedar sobre su espalda y se sentó en la cama, con cuidado de no pisar las cobijas limpias con sus viejos tenis.

—Stan iba a dormir conmigo—replicó en tono picarón.

Stan le dedicó una mirada de misericordia a Token, que reía divertido, antes de agregar:

—Creo que prefiero el sillón.

….

Según el reloj de Stan, faltaban exactamente quince minutos para la hora indicada por el entrenador. Aun así, la mayoría de los sillones del vestíbulo estaban ocupados por los jugadores que habían decidido bajar temprano.

Stan observó alrededor en búsqueda de Kyle o Craig, pero no se veían en las cercanías; y para ser precisos todo el equipo estaba presente excepto ellos dos.

Justo cuando Stan comenzaba a sopesar con exageración las peores posibilidades de sus paraderos a su oído llegó el sonido de unos pasos que se acercaban desde el elevador con parsimonia.

Stan se volteó y atisbó una maraña ensortijada de múltiples rizos rojizos que apuntaban a todas direcciones, moviéndose al vaivén de las pisadas. Kyle risueño, se acercó al grupo escolar con Craig a su lado, que no portaba su usual gorro al igual que los presentes.

Stan contempló a Kyle sin molestarse en pensar si alguien lo pillaba y lo tachaba de escoria para el equipo. Sus ojos viajaron por su rostro, suspicaz a los más mínimos detalles, como que no lucía tan pálido como solía serlo, y su cuello…

Su cuello tan níveo, mancillado por una marca rojiza que contrastaba de sobremanera con su blanca piel. Claro indicio de que Craig lo había marcado como suyo, y a pesar de la obviedad de la situación advirtió como Craig lo miraba desdeñoso de igual forma, con cierta alusión a afirmar sus sospechas de que lo distinguía como su propiedad, como si fuera un objeto.

—Bien—comenzó el entrenador, obteniendo toda la atención. Incluso la de Stan, que atarantado se forzó a voltear a ver a su superior—. Ganen todos los partidos hoy, y si ganan al menos tres consecutivos pasan automáticamente a la final del domingo.

Kenny codeó las costillas de Stan con sutileza.

—Oíste, esto va a ser realmente simple.

Stan no supo descifrar si se refería a los partidos, que no le importaban en absoluto, o el asunto con Kyle, esperando que fuera lo segundo respondió en un susurro:

—Eso espero.

….

Los llevaron al gimnasio escolar de un instituto local, un lugar inmenso digno de eventos de tal magnitud.

Kyle observó los demás equipos con preocupación, todos lucían como un estereotipo bien formado de un jugador de baloncesto. Se intentó tranquilizar pensando que no le correspondería jugar ninguno de los partidos.

— ¿Nervioso? —le preguntó Craig dándole un apretón en la mano que tenía bien sujeta.

Kyle negó con la cabeza, a punto de agregar algo más, pero unos fuertes brazos lo lanzaron de bruces al suelo; por puro reflejo Kyle se dejó caer con suavidad sobre sus antebrazos para mitigar el efecto del impacto.

— ¿De verdad piensas que puedes jugar baloncesto, marica? —le inquirió la voz con notable sarcasmo.

Kyle se levantó rápidamente consumido por la ira y observó a su agresor: un joven alto con cabello corto rubio que lo miraba como si fuera un engendro con alguna deformidad, curveaba los labios en un gesto tosco que recordaba a los primates. Portaba un uniforme morado y su pecho anunciaba que era el número noventa.

—Mejor que tú—gruñó Kyle, ocultando con facilidad la vulnerabilidad que aquel robusto muchacho, tan grande como un armario, le provocaba con aquella mirada arrogante con la que le recorría el cuerpo. Como si buscara la mejor forma de deshacerse de él.

—Me encantaría ver eso, ricitos.

—Métete tus ricitos por el culo—farfulló frunciendo el entrecejo.

Un bramido brutal gorgoteó de aquella gruesa garganta, al mismo tiempo que se abalanzaba sobre Kyle tumbándolo al frío suelo en un crujido sonoro. Sus enormes puños- duros como rocas- golpearon el rostro de Kyle un par de veces, partiéndole el labio inferior, por el cual corrió la sangre cálida hasta su mentón, y lacerándole un ojo. Kyle encolerizado y enceguecido de un ojo, le enterró el pulgar lo más que pudo en una de sus cuencas, al lapso que le propinaba un doloroso codazo en una rolliza mejilla haciendo brotar unos hilos de sangre de una recién abierta herida.

El golpe fue poco preciso, pero el rubio chilló como una rata a la cual le pisan la cola, antes de golpear su abdomen despreciablemente con uno de sus puños; parecía un poseso enfebrecido por la ira.

Kyle gracias a la experiencia con Cartman, aprovechó que tenía sus dos piernas entre las suyas y le propinó un rodillazo letal en la entrepierna, sacándole un alarido que lo hizo rodar hacia el otro lado, para alejarse de Kyle con las manos en la área magullada en una postura de dolor que hizo carcajear a Kyle de puro regocijo de victoria.

Pero no había suficiente aire en sus pulmones, y la falta de aliento le hizo emitir una clase de silbido lastimero.

Se incorporó del suelo, con las manos en el abdomen, dispuesto a patear al rubio desconocido; pero optó por contenerse, ya que era una persona civilizada. Alzó la cabeza con una expresión inmutable y observó a Craig que lo contemplaba con autosuficiencia.

—T-tu maldito bastardo ¡Permitiste que me golpeara! —le gritó Kyle, indiferente de si la gente le miraba como si fuese un loco o no.

—Tú te puedes defender solo. Ya lo demostraste—contestó Craig con indiferencia.

—Jódete—gruñó Kyle y se apartó de la escena lo más veloz que sus piernas le permitieron.

….

Kyle terminó en una enfermería escolar, repleta de extraños que resultaron lastimados durante el partido: le había relatado al entrenador su trágico accidente y no podría jugar hasta el sábado, o con un poco de suerte, hasta el domingo por la mañana.

Un chico esbelto de cabellera castaña y rostro aniñado repleto de pecas se sentó a su lado. Por su atuendo, una camisa y pantalón de mezclilla blancos, Kyle ideó una ligera sospecha de que era un enfermero o algo similar, lo cual fue afirmado cuando sus manos temblorosas comenzaron a inspeccionarlo cuidadosamente. Al alzar su jersey verde, para explorar su abdomen manchado por purpureas hematomas, el enfermero le preguntó:

— ¿Te duele cuando hago esto? —no alzó el rostro para verlo al hablar, pero continuaba presionando ligeramente ciertas partes de su torso.

—No, sólo los cardenales duelen—le avisó Kyle.

—Entonces no tienes nada grave—. El chico volteó ligeramente hacia arriba para observarlo con timidez.

—Luces muy joven para ser enfermero.

—Estudio en este instituto—parecía ofendido pero se esforzó por mostrarle una sonrisa tranquilizadora. —Soy voluntario.

El enfermero le ofreció un pequeño espejo con cierto gesto de culpabilidad surcando su cara infantil, y Kyle al contemplarse tuvo que reprimir un jadeo.

El rubio desconocido le había partido el labio inferior, lo que explicaba el sabor a sangre en su boca, y el párpado del ojo izquierdo lo tenía de una tonalidad morada parecida a las marcas de los golpes en su abdomen.

Kyle charló con el enfermero un par de horas mientras esperaban que terminara el partido; él le relató como si se conocieran de toda la vida, que su trabajo voluntariado en la enfermería escolar era para evitar pensar en ciertos problemas familiares que solían surgir de su rutina diaria.

Tras un par de horas la puerta gris se abrió de golpe, y un Stan preocupado se precipitó dentro con los ojos fijos en Kyle con desesperación. Stan acortó la distancia a largos pasos y al estar a un metro el rostro atractivo se le desfiguró en una mueca desdeñosa al atisbar al acompañante de Kyle.

— ¿Y tú eres?

—Bájale, que yo ya me iba—masculló él, en respuesta.

El enfermero se incorporó de la camilla con movimientos desgarbados y desapareció tras una puerta muy distinta a la de la entrada. Stan aprovechando la soledad de la estancia se inclinó sobre Kyle y sin advertencia tomó sus manos, advirtiendo su tersa piel fría a pesar del clima, estremeciéndose al ver como él se ruborizaba levemente y entrelazaba sus dedos.

—Vámonos—le ordenó Kyle en un susurro débil y tembloroso, algo inusual en él.

Kyle no pudo evitar modular la tonalidad alterada en su voz, su simple cercanía era una amenaza para sí mismo, en especial con aquellos labios sensuales tan próximos a los suyos. Stan sólo le miró con pesadez, lo cual le llevó a soltarse con hostilidad.

—Dije que nos vayamos.

….

El sol que despuntaba el cielo, comenzaba a ocultarse pintando el firmamento de un extraordinario anaranjado que se incorporaba al dorado con anuencia. Kyle alzó la vista del cielo algo incomodado por la demora de los partidos. Tan sólo faltaba un poco para que anocheciera, y con ello culminaba el fin de su primer día en Denver.

—Kyle—le llamó Craig a su lado, tomando su mano con seguridad—ganamos tres partidos. Tenemos el sábado libre.

Kyle contempló con amargura la mano que sostenía la suya, sin poder evitar comparar su contraste con la mano que le sostenía unos instantes atrás en aquella solitaria enfermería. A diferencia de Craig, Stan contaba de una cálida piel que le reconfortaba de una manera perturbadora.

—Dormiremos en camas separadas—susurró Kyle mientras subía al autobús sin soltar a Craig.

—Me lo merezco, pero tengo la certeza de que cambiarás de opinión.

Kyle no respondió ante aquella insinuación; le gustaba Craig, pero ¿Era bastante comparable con la intensidad de sus sentimientos hacia Stan? Kyle comenzaba a cansarse de mentirse a sí mismo, de sentir cosas que en realidad no padecía. Por momentos incluso podía llegar a creerse sus palabras, aquellos "te quiero" que le dedicaba a Craig en contables ocasiones. Pero, ¿Eran sinceras aquellas declaraciones?

—Creo que tienes razón—Kyle soltó un suspiro, incapaz de poder agitar su cabeza para apartar aquellos pensamientos peligrosos.

….

La cama matrimonial era suave, y cuando Kyle se recostó, el colchón se hundió ante su peso en los lugares indicados. Kyle no se molestó en sofocar un ronroneo de satisfacción que ascendió por su garganta, pues Craig se duchaba en esos momentos y Kyle estaba completamente seguro de que sus gemidos quedarían opacados por el sonido de la regadera.

Al regresar de los primeros partidos en los cuales Kyle no había participado, -en la solitaria habitación oscura de aquel costoso hotel-, Craig lo había recostado con rudeza sobre la cama para besarle efusivamente. Eran obvias sus intenciones, pero Kyle terminó por inventarse una excusa sin sentido la cual Craig se obligaba a creer.

El reloj digital de la mesita de noche que tenía a su lado, marcaba las once de la noche. Por el vidrio de la ventana se atisbaba la penumbrosa oscuridad y las luces de los altos edificios de un paisaje urbanizado.

Kyle se ocultó entre las sábanas para fingir no estar despierto. No quería lidiar con Craig, no quería arreglar nada. Sólo quería dormir y continuar fingiendo que en su vida no pasaba nada de nada.

Se escuchó el cesar de la regadera y tras unos minutos después le secundó el chirriante sonido de la puerta del baño abrirse. Unos pasos que Kyle contó para distraerse: uno, dos tres. Silencio. De seguro Craig lo contemplaba en esos momentos.

—No soy estúpido, sé que estás despierto—decía, intentando sonar molesto, pero aquella voz monótona resultó cansadamente melancólica, tanto que al hablar sólo profirió un hilo de voz apenas audible por el silencio de la noche.

Kyle asomó la cabeza por entre las cobijas, advirtiendo que haberse ocultado de ese modo había sido una elección sumamente estúpida ya que hacía un calor de los mil demonios.

La lámpara le brindaba de un aspecto sombrío a Craig que estaba sentado al borde de su cama temporal con las manos cubriéndole el rostro en signo de frustración. Kyle se incorporaba cuando Craig comenzó a hablar de nuevo.

—No engañamos a nadie, Kyle. Sabes jodidamente a la perfección que aun quieres a Stan.

A Kyle le sorprendió escuchar aquello salir de la boca de Craig, que fácilmente podría estar coronado como el rey de los frívolos… Kyle se limitó a avanzar entre la oscuridad hacia él.

—Yo te quiero—mintió Kyle, sentándose a su lado en la cama, no se molestó en desmentir la parte de Stan, no era necesario arruinar las cosas más de lo que ya estaban.

Craig se giró hacia Kyle observando aquellos ojos verdes casi suplicante.

—Yo te quiero, Craig. Aunque seas un imbécil, te quiero—repitió Kyle intentando convencerse más así mismo de lo que a Craig.

La mano de Kyle se posicionó en su muslo, deslizándola hacia su entrepierna por encima del pijama. Cuando Kyle apretó el miembro ligeramente, Craig jadeó y ocultó el rostro en el cuello de Kyle, avergonzado.

—Te amo.

Kyle perturbado, intentó olvidar aquella declaración insospechada. Comenzó a acariciar despreocupadamente a Craig, obteniendo un par de gemidos con aquella voz ronca. Craig no solía ser dócil en cuanto a todo lo relacionado a sexo, pero por alguna extraña razón aquella noche, estaba más dispuesto a ser complacido que a complacer.

Y el hecho de que no pudiese observarle el rostro aliviaba su calvario, tal vez lo amaba, tal vez en el fondo de su corroído corazón amaba a Craig Tucker.

Pero no era suficiente, no era jodidamente suficiente.

….

A pesar de lo acontecido un par de horas atrás, habían dormido en camas separadas. Kyle, con un creciente insomnio, jugueteó con su teléfono móvil nerviosamente. Sólo le quedaba poco más de dos meses para escapar de aquella anarquía e irse muy lejos. Le resultaba sobrecogedoramente difícil visualizarse lejos de aquel problemático pueblo de mala muerte.

Porque South Park lo ataba a sus territorios de la forma en que sólo un ancla lo hace, con profundidad, en lo más fondo de su ser donde le encadenaba, inmovilizándolo en los problemas. Resultaba irónico que pensara en ello fuera de los límites geográficos de su pueblo.

Kyle decidió no divagar más en el tema y echarse a dormir, pero su celular repentinamente vibró en su mano, sobresaltándolo. Lo ignoró y cerró sus ojos, pero continuó vibrando, incitándole a leer el mensaje recién llegado o atender aquella llamada.

Kyle se rindió y se llevó el celular al rostro, al presionar el botón de desbloqueado la luz de la pequeña pantalla iluminó inofensivamente la habitación.

Era un mensaje de Token Black.

"Comenzaremos la novatada para los nuevos, reúnete con el equipo en las escaleras, y por favor no traigas al amargado Craig. POR FAVOR".

Terminó de leer, y observó la hora sin poder creerlo. Eran las tres de la mañana, ¿Es que nadie dormía en las horas normales de sueño?

Mientras Kyle se vestía se preguntaba constantemente que tortura les correspondería hacer este año a los recién ingresados al equipo de baloncesto. Subió la bragueta de sus jeans rotos y con la máxima agilidad que le permitía la infinita oscuridad, se calzó unos converse precipitadamente.

Se colocó su suave ushanka verde en la cabeza y se retiró en silencio, meticuloso de no hacer mucho ruido con su torpeza. Le dirigió una última mirada a Craig antes de escapar por la puerta.

Se guardó la llave en el bolsillo trasero del pantalón y comenzó a avanzar por el pasillo, hacia las escaleras. El corredor era ancho y largo, estaba desolado por completo, pero bien iluminado. El silencio solo era quebrantado por su suave trote al hacer contacto con la alfombra color beige que adornaba el suelo.

Al llegar al final del pasillo dobló a la izquierda y siguió desplazándose a paso ágil. Pasó frente a numerosas puertas antes de llegar al elevador, donde a su izquierda se situaba la escalera. No habían especificado si sería arriba o abajo, pero Kyle decidió tras meditarlo escasos segundos que descendería primero.

Bajó los escalones de dos en dos en premiosos trompicones hasta que atisbó una figura que se recargaba con ociosidad contra la pared.

—Token—le llamó Kyle entre jadeos, para recuperar el aire perdido en el ejercicio.

La misteriosa persona se giró hacia Kyle y ante la luz se pudo apreciar su rostro masculino, en una máscara hipotética de mera frialdad que resultaba dolorosa de sólo observarse.

—Tenemos que hablar— musitó Stan en un susurro seductor, al mismo tiempo que avanzaba hacia él con su característica gracia.

— ¿Y la novatada? —cuestionó Kyle, retrocediendo lentamente.

—Eso puede esperar hasta mañana… pero no lo que tengo que decirte… —hubo una breve pausa de silencio antes de que Stan retomara la conversación con voz temblorosa. —Me gustas, Kyle. Me gustas mucho.

….

Odio cortarlo aquí pero bleh, soy mala, muy mala. Les prometí un capítulo con todo Denver pero que va, lo dividiré en dos y así todos felices, actualizo más rápido –o al menos eso trato… pero más pobremente relatado… les juro que si me esforcé, sólo que estoy enferma y a contrario de muchos autores de fanfics eso para mí es lo equivalente a un bloqueo. No evitemos mencionar mi falta de motivación para escribir que no sé de dónde fack salió y que el lunes vuelvo a entrar a la secundaria (¡No! *Llora*).

Espero actualizar con más prontitud (y ya no daré días concretos, ya descubrí que soy incapaz de cumplirlos aun a pesar de que sean mis propios plazos (LOL))…