South Park no me pertenece.Pertenece a mi marido, Matt Stone(?).

Advertencias: lenguaje vulgar, uh, violencia supongo y Cartman.

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11.

Por un enorme lapso de tiempo sólo hubo espacio para el silencio. Un silencio penumbroso y cruel, lleno de frustración e impotencia que era cargada por los testigos que permanecían estáticos alrededor del accidente. El mutismo fue entonces quebrantado de súbito por el agudo lloriqueo, proveniente del auto rojo, donde un niño comenzaba a reaccionar ante lo acontecido.

Consecutivamente la calma fue remplazada por la histeria.

Kenny corrió lo más rápido que pudo en dirección a los sollozos. A estar finalmente frente al automóvil parcialmente destruido, se abalanzó violentamente sobre la puerta trasera intentando forzarla, para liberar a los pasajeros atrapados en una bomba con un tiempo de explosión incierta. Tan incierto como lo eran las probabilidades de que se produjera como tal un estallido o no.

— ¿Dónde carajos están las ambulancias cuando uno las necesita? —le gritó Kenny a la nada, aun sin saber si Butters había siquiera intentado seguirle el paso hasta el coche.

Kenny contempló a través del empañado vidrio de la ventanilla y atisbó como un pequeño de no más ocho años de edad le devolvía la mirada con fijeza e incredulidad. Pero sobretodo, pánico. Desconfianza. Miedo. El niño acalló sus sollozos, sin embargo, en respuesta, sus ojos se abrieron de sobremanera, como si le temiese al extraño que intentaba salvarlo.

La puerta cedió, abriéndose ruidosamente, con un chasquido sumamente molesto y Kenny le hizo un ademán con la mano, para que saliera del automóvil.

— ¿Y papá y mamá? —cuestionó el niño con sequedad, al mismo tiempo que inclinaba la cabeza hacia los asientos delanteros en una señal para que Kenny echara un vistazo.

Él obedeció, sin titubear; y de inmediato giró la cabeza en la dirección señalada, percibiendo el ligero movimiento de pechos, claro indicio de que respiraban, de un par de adultos que ocupaban los correspondientes asientos de enfrente.

—Respiran—se limitó a responder Kenny con desesperación, aun cuando sabía que el ocupante del asiento del piloto, estaba por rendirse. La fuerza del impacto había impulsado su asiento hacia adelante y en esos instantes, su torso había quedado atrapado entre el volante y el respaldo, impidiendo el acceso del oxígeno necesario. Un hilo de sangre tonalidad escarlata resbaló por sus labios, como si sólo afirmara las suposiciones de Kenny.

Por otra parte, la mujer en el asiento de la derecha, sangraba por la cabeza y sus piernas, ambas, se habían fundido en la abolladura del coche, atrapándolas.

Kenny no soportó más, y se volvió hacia el niño, con aún más desespero.

—Por favor, sal de ahí—suplicó Kenny entre susurros mientras extendía el brazo hacia el pequeño para que tomara su mano, que temblaba ligeramente.

El niño terminó por obedecer, y sus temblorosos dedos vacilantes se aferraron a los de Kenny, el cual, jalando de su cuerpecito friolento le impulsó hacia afuera. En cuanto Kenny le posicionó sus pies sobre la blanda nieve que cedió ante su peso, el niño comenzó a sollozar sueltamente, mientras que sus cortos brazos rodearon a duras penas las largas piernas de Kenny, en un torpe abrazo.

—Tranquilo—musitó Kenny, intentando consolarle, sin poder impedir regalarle una mirada llena de impotencia y lástima.

A lo lejos, se escuchó el llamado penetrante de la sirena al acercarse. Las luces rojizas y blancas centelleaban, cuando la ambulancia se detuvo bruscamente. Por atrás, le imitó otra ambulancia, aun a pesar que de la primera, los paramédicos ya saltaban hacia la intemperie en búsqueda de heridos.

A Kenny le irritó de sobremanera el hecho de que un paramédico le hubiese empujado para tomar al niño sollozante entre sus brazos. Aturdido, Kenny parpadeó repetidas veces antes de girar el rostro hacia la camioneta que pertenecía a Randy Marsh. En esos instantes, ya liberaban a los accidentados de ambos automóviles y con ello, ya los acondicionaban sobre las camillas cuidadosamente, para tenerlos listos para ser trasladados con urgencia al hospital.

Kenny corrió hacia la camilla en la que Stan reposaba. Se encontraba pálido, una tonalidad apenas comparable con la de un cadáver, contrastante con el brillante color de la sangre que corría por su rostro de una herida en las sienes.

— ¿Está vivo? —preguntó Kenny, tras advertir que Stan respiraba bruscamente.

Respiraba, sí. Pero Kenny no sabía por cuánto.

Stan, que siempre le había apoyado aun cuando él era el que necesitaba ayuda, se encontraba en un estado tan deplorable y lastimero que Kenny temía por él. Aun cuando nunca habían sido tan cercanos, temía terriblemente perderlo.

Temía herirle con tan sólo buscarle el pulso, para comprobar que tan estable se encontraba, por lo cual se limitó a alejarse de ahí mientras intentaba regular su propia respiración, la cual se le había olvidado de atender.

Por una desconocida razón, como si fuera un acto reflejo, a su mente llegó el recuerdo de Kyle. Aquella persona que se desvelaba por el débil joven que posiblemente podría morir. Aquella persona que conocía cada uno de los secretos de Stan. Aquella persona que en realidad se preocupaba por él, aun a pesar de que no le sucediese nada.

Kyle, su súper mejor amigo, no era consciente de la atroz situación.

….

Cartman caminó a paso lento alrededor de la cama de Kyle, dándole la apariencia de haberle atrapado como una bestia a su grácil paso. El porte de Cartman, sumamente elegante, tan propio de él, pasos agiles pero retumbantes, como si enfatizaran la tétrica escena, su frívola mirada finalmente se posó sobre Kyle, a lo que él se limitó a responder tragando saliva ruidosamente.

Sus verduzcos ojos se entrecerraron inseguros ante la expresión en el rostro de Cartman, que con la mandíbula forzada en un gesto obsceno de furia, no mostraba ni un ápice de humanidad. Cerraba y abría repetidas veces las manos en puños amenazantes.

Kyle por su parte, sintió el corazón desbocarse en su pecho, acelerándole la respiración al acto, haciendo presencia el pánico. Sin embargo, aun titubeante acogió el suficiente valor como para hablar.

— ¿Qué vas a hacerme? —preguntó finalmente, mientras a duras penas se incorporaba de su cama con torpeza.

—Nada. Aún. Tu y yo, tenemos una plática pendiente—farfulló Eric, hablando con languidez al lapso que conseguía permanecer quieto, de pie, con los robustos brazos cruzados a la altura de su robusto pecho.

—No le he dicho nada a Stan—mintió a su vez, en defensa.

—Tal vez sí, tal vez no. Nunca lo sabré y ¿sabes por qué? —Su inmutable mirada inexpresiva se tornó iracunda. — Porque los judíos son unos imbéciles avariciosos que sólo saben mentir. Por tu parte, juraste cumplir con tu parte del trato, ¿acaso lo has cumplido? —Cartman esperaba una contestación inmediata, así que prosiguió brindándose así mismo de una. —No. Sigues como una mariquita a su alrededor.

Kyle no encontraba como desmentirle aquella afirmación. No sólo era un hecho verosímil, sino que era tan apegada a la realidad que no pudo replicarle. Era demasiado.

—Es mi mejor amigo—se limitó a responder, para después soltar un suspiro de nerviosismo, el característico sonido del terror al embargar su cuerpo.

—Eso te hace creer el hippie, ¿qué no ves que sólo te utiliza? —le cuestionó Cartman, entrecerrando los ojos mientras esbozaba una mueca cruel.

—Él no sería capaz—replicó Kyle, incapaz de devolverle la mirada.

Cartman bufó socarrón y una carcajada de sarcasmo salió por su garganta. Ronca y funesta, como una macabra sinfonía con la cual, Kyle, exasperado, creyó que perdería la cabeza y con ello la poca cordura que restaba en su sistema.

—Eso fue exactamente lo que decía Wendy.

Kyle meditó sus palabras unos momentos, antes de darle una respuesta a Cartman.

Kyle conocía el exterior de la situación, pero nunca, jamás había conocido más allá de lo que la relación que Stan mantuvo por años con Wendy había aparentado.

Sólo había tenido conocimiento de la atractiva superficie: Stan le amaba con locura y viceversa. Aunque, no obstante, al rebuscar en sus memorias, Kyle encontró un hecho desalentador. Al inicio de aquella martirizante relación, Stan demostraba ser apto sólo para hablar de lo maravillosa que era Wendy y de su noviazgo que parecía florecer cada día más.

Pero, Kyle ya anticipaba su inminente fin cuando Stan comenzó a enfocarse en otras actividades, hasta que finalmente, aun cuando todavía fuera su novia, la palabra Wendy dejó de pertenecer a su vocabulario a tal extremo que dejó de mencionarla por completo, como si tratasen con un tabú.

— ¿A qué quieres llegar? —preguntó Kyle, tras finalmente soltar un suspiro sobreactuado, fingiendo no tomarle importancia. Aun cuando por dentro, moría por una respuesta.

—Hay muchas cosas que no sabes de Stan, es hora de que conozcas la verdad, ¿no crees?

Kyle asintió débilmente con la cabeza, claro signo de no estar seguro sobre si realmente quería conocer la realidad o permanecer como un incrédulo engañado.

—Bien. Pero preferiría que Stan te lo contara por sí mismo. No estoy al tanto de todo lo que sucedió—respondió Eric.

—Habla.

—Paciencia, Stan te lo dirá. Estoy seguro—agregó Cartman, como si pudiera anticipar los hechos venideros. Kyle reprimió las ganas de bufarse de él, al observar la expresión solemne y de falsa madurez en su rostro. —Primero, te aclararé que lo sucedido en el bosque fue…—hizo una breve pausa como si pensara que decir a continuación. —Fue Wendy quien me lo ordenó. Pero no porque te odie, sino, porque ella es consciente de lo que sucede entre tú y Stan. No lo aprueba, sin embargo aunque no me lo creas, ella está de tu lado. Su repulsión por Stan es tal que no quiere que estés a su lado, porque, admítelo Kyle. No te conviene. Ella no quiere que sufras lo que ella tuvo que sufrir; por ello me mandó a golpearte como advertencia, porque días atrás, pensó que tú serías lo suficientemente inteligente como para alejarte de Stan antes de que te lastimara tal como hizo con ella. Y como no te alejaste, la decepcionaste, y ella pensó que tal vez eso podría ayudarte, a apartarte a tiempo. A recapacitar, a que usaras ese cerebro tan supuestamente inteligente.

Antes de que Kyle, pudiese asimilar el golpe de su revelación, su celular comenzó a sonar. Kyle, aturdido, intentó enfocar la vista en el aparato que vibraba sobre el escritorio de madera que yacía tras Cartman. Cartman, a su vez, giró el rostro para atisbar el móvil y lo tomó vacilante.

—Anda, contesta—le ordenó Cartman, lanzándoselo a las manos. Kyle reaccionó tardíamente y lo atrapó con torpeza, para después posicionárselo al oído.

—Bueno… Kenny, ¿qué pasa? —inquirió Kyle. Un lapso de silencio, de unos escasos segundos bastó para que Cartman contemplara como el tranquilo rostro de Kyle se desfigurara en una grotesca mueca de pánico. —Está bien. Voy para allá.

Kyle colgó, cortando la llamada al mismo tiempo que saltaba de la cama precipitadamente. Aquella tosquedad involuntaria que le paralizaba el cuerpo le hizo tropezar, pero nuevamente se incorporó del suelo, dando tumbos hasta la puerta.

— ¿Qué te dijo Kenny? —preguntó Cartman, con creciente fastidio, mientras le seguía hasta la puerta principal.

—Stan y Wendy están en el hospital.

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Actualización rápida y corta. Y FEAAA MUUUY HORRENDAA. Corta porque el próximo está muy largo uU, y ¡es enserio! Ya, ya nos acercamos más al final D: gracias al cielo, cuatro capítulos más, si contamos el epílogo, si es que pongo uno; y mi calidad narrativa que cada día empeora más y que sólo aplaza más las actualizaciones.

Gracias por todo el apoyo, favoritos y reviews. Y sobretodo por soportar mis torpes replys a sus reviews que tanto amo. Actualización para antes de año nuevo, lo juro.Cofcofperonoloprometocofcof.

SÍ, Wendy es BUENA. No mala (: