South Park no me pertenece.

12.

Abrir los ojos le costó tanto esfuerzo que creyó que se desvanecería en el intento. Aun así, Stan logró entreabrirlos poco a poco, sólo para ser enceguecido al instante por una brillante luz blanca. Lo segundo que percibió, fue su cuerpo. Sentía cada uno de sus miembros pesados y hostigados. Se sentía fatal.

Trató de observar de nuevo su alrededor, esta vez tratando de no enfocarse en lo que resultaba molesto. Nuevamente, abrió pesadamente los parpados, acostumbrándose a la iluminación de la habitación. El cuarto donde se encontraba le resultaba ligeramente familiar, pero no lo suficiente. Era aquella clase de habitación que avistabas escasas veces en tu vida y sin embargo tu mente era incapaz de borrar el recuerdo.

Un dolor lacerante le invadía la cabeza, mientras que unas punzadas agudas le atravesaban el abdomen. Intentó incorporarse con todas sus fuerzas para contemplarse, pero su cuerpo no respondió con fortaleza suficiente y desfalleció sobre el colchón en un sonido seco. Quería observarse. Ver qué era lo que estaba mal consigo mismo, con su cuerpo.

Finalmente, se rindió y se limitó a tratar de contemplar lo que estaba alrededor suyo. Lo tercero que notó, fue una despeinada cabellera rojiza apoyada contra el borde del colchón dónde el mismo reposaba. Un par de delgados brazos bajo su cabeza, haciendo función de almohada, mientras dormía.

Kyle.

Advirtió una sensación cálida esparcirse por su pecho. ¿Cuánto tiempo llevaba a su lado? Por un momento se sintió culpable. Lo notaba, casi imperceptiblemente, más delgado, y en el momento en que giró el rostro en sus sueños, atisbó bajo sus ojos cerrados, un par de purpúreas ojeras.

Cuando menos se dio cuenta, una mano suya ya se había posado sobre sus rizos bermejos y los acariciaba suavemente, percibiendo como el cabello cedía ante su toque, deslizándose por entre sus dedos, tan terso. No quería despertarlo, así que prosiguió con toda la delicadeza que podía, sin dejar de observar su cansado rostro.

Fue ahí cuando Stan supo que Kyle de verdad lo quería.

No en vano le había perdonado todas sus estupideces. Es más, hasta podría jurar que Kyle no le guardaba rencor alguno. Era tan bueno. Y él tan malo.

No, a Kyle no le convenía una persona como él. Merecía algo muchísimo mejor.

Sintió como Kyle comenzaba a retorcerse bajo su toque. Claramente, estaba despertando de su letargo. Al alzar la vista y toparse con los ojos de Stan, su mirada de iluminó. Como si no lo hubiese visto en años.

— ¿Stan? —preguntó, como si no lo creyera.

Stan respiró profundamente, antes de responderle. La voz de Kyle le había "despertado", literalmente. Ya percibía mejor su entorno, y tras no reconocerlo, se sintió perdido. ¿Dónde estaba? ¿Qué hacía ahí?

—Eso creo. —Se encontraba tan desorientado. —Kyle, ¿dónde estoy?

—En el hospital, por supuesto. —La mano de Kyle, vagó por el colchón hasta atrapar la de Stan. Al encontrarla, le dio un suave apretón. Stan sintió su toque arder, su pálida piel se encontraba caliente, al contrario de la suya, tan gélida. Tenía tanto frío. — ¿De verdad no recuerdas nada?

Todo tenía sentido ahora. Bueno al menos una gran parte. Estaba en el hospital.

Hospital.

—Si te soy sincero, no. Recuerdo lo esencial, pero creo que necesitaré palabras claves para hacer que todo encaje. No sé cómo darme a entender.

Hospital.

En respuesta, el sonido de la máquina que registraba los latidos acompasados de su corazón invadió sus oídos. También advirtió la molesta aguja intravenosa que estaba conectada en su muñeca izquierda, la de la mano que Kyle no estaba tocando. Se encontraba en un hospital, eso estaba claro, pero… ¿por qué?

Accidente.

De súbito, los recuerdos arribaron a su mente. Uno por uno. La llamada desesperada de Wendy. El momento en que fue por ella. Ella sentada en los escalones del pórtico de la casa de Cartman. Tan débil y al mismo tiempo tan hermosa mientras le reclamaba por qué le había dejado de querer. La ira que consumía su cuerpo, que se convirtió en adrenalina tras rebasar los límites de velocidad permitidos. Y por último, el accidente. El choque.

El dolor.

Stan estaba a punto de preguntar por Wendy, cuando Kyle comenzó a hablar.

—Bueno, llevas una semana inconsciente, así que…

— ¿Y Wendy? —su voz sonó más desesperada de lo que él hubiera deseado, pero no tenía tiempo para sentirse avergonzado. — ¿Cómo está ella, Kyle? ¡Dime que está viva, por favor!

La simple idea de verla pálida, de jamás poder contemplar nunca más su sonrisa, él no poder escuchar su voz o acariciar su piel, le resultaba impensable.

Kyle no respondió en el momento, se limitó a regalarle una mirada de compasión.

—No, no, no. Wendy no puede estar... —gimió Stan al borde de la histeria.

Todo era su culpa. Todo era su maldita culpa.

—Stan, tranquilo. Ella está bien. Inclusive mejor que tú, y eso que ella recibió una gran parte del impacto.

Stan no le permitió hablar más, no podía encontrarse más feliz y sereno que en aquellos momentos y buscó sus labios arrebatadamente. Lo besó, disfrutando la sensación que implicaba estar vivo. Reconocer que estaba vivo, que continuaba respirando y que no esto no era un sueño resultaba abrumador. Kyle le correspondió con avidez, dejándose llevar por el deseo que le provocaba, profundizando el beso, necesitando de él. Su dulce esencia llenándole. Sus alientos mezclándose.

Lo había extrañado tanto.

— ¿Ya despertó? —inquirió una voz nasal mientras abría la puerta y callaba abruptamente al contemplar la escena.

Kyle, sobresaltado, se separó de Stan, con el arrepentimiento refulgiendo en sus ojos verdes. Entreabrió los labios y los cerró, sucesivamente, mudo ante la frívola expresión que Craig le regalaba, antes de darse media vuelta para irse de ahí.

—Mierda—masculló Kyle incorporándose de su silla, para ir detrás de él.

Aquello fue lo último que Stan quiso escuchar antes de dejarse abrazar por la inconsciencia nuevamente. Tenía tanto sueño, y su almohada se le antojaba tan cómoda.

Cartman odiaba las salas de espera. A su punto de vista, estar dentro de una por tanto tiempo, era señal de mal augurio. Aparte de que trataba de ignorar la sensación de que algo iba a resultar mal.Pero era tan difícil ignorar algo cuando se te oprimía el pecho.

Todo era tan complicado.

Por otro lado, también se sentía fatal. Llevaba una semana viviendo, literalmente, en el hospital. Sólo dejaba el hospital gradualmente para ir al centro del pueblo a comprar comida rápida para él y los padres de Wendy. Se sentía tan mal por ella. Pero claro, él era el grandioso Eric Cartman y nada le importaba lo suficiente. Nunca podría admitir que se sentía culpable, si no podía afirmárselo a sí mismo, ¿cómo se podía esperar que lo confirmara con los demás?

Por otro lado, cuando trataba de pensar en otras cosas que no fueran Wendy terminaría remontándose al baile de primavera. Y ello conllevaba a que pensara nuevamente en Wendy. Aunque no lo dijera mucho, Wendy estaba emocionada por este baile. Estaba casi asegurado que ella ganaría, y Eric sabía que ser reina no era lo que ella esperaba con ansias. Si no compartir su puesto con Stan.

Era tan triste saber que desde pequeños era irrebatible el hecho de que ellos estaban destinados a estar juntos. Siendo novios desde la escuela primaria, continuando juntos hasta la secundaria y finalmente el bachillerato. Era secreto a voces que Stan le engañaba. Todos en el instituto lo sabían. Hasta Wendy. Y aun así ella le quería tanto que seguía con él.

Stan había cambiado mucho en el último año. Tenía la novia, tenía la reputación, tenía un puesto privilegiado en el equipo de basquetbol, era popular… y claro, todo esto se le había subido a la cabeza tan de súbito como le llegó.

Con los demás podría mostrarse amigable, simpático y gracioso, pero en realidad ocultaba a su verdadero yo bajo una máscara. En realidad se había vuelto un ser despreciable y prepotente. Se había convertido en doble cara que tenía todo al alcance de las manos en bandeja de plata.

Y Eric lo despreciaba tanto.

— ¿¡Qué quiere decir con que hoy no podemos ver a nuestra hija!? —escuchó gritar al padre de Wendy desde el otro lado de la sala de espera. Su mujer, tomada fuertemente de su brazo.

Eric agudizó el oído, para ver si era capaz de captar algo más allá que gritos.

—Se presentaron algunas pequeñas complicaciones, pero no se preocupen. Tenemos que encargarnos de ella y no podemos permitirnos visitas. Es por el bien de su hija.

— ¿Qué clase de complicaciones?

A este punto Cartman nomás podía mirar el suelo de relucientes baldosas blancas, sin poder evitar escuchar. De todas formas eran los únicos en la sala, que yacía embargada por un silencio sepulcral, apenas corrompido por su conversación nada discreta.

—Problemas de índole respiratorios. Necesita reposo absoluto. Inclusive una conversación podría quitarle muchas fuerzas.

El día anterior a ese, Wendy se encontraba tan bien. Había charlado por horas con él. Eric había persuadido al doctor para permitirle quedarse con ella más tiempo de lo que las horas de visita le permitían, y el médico ni lo dudó antes de ceder. Así pues habían pasado juntos la noche. Ella nunca había soltado su mano.

En algún momento de la noche, alrededor de las once y media, Wendy había perdido el total de la consciencia, se notaba confundida y no dejaba de repetir una y otra vez que lo sentía. Luego tuvo un paro respiratorio. Frente a él.

Le habían atendido a tiempo suficiente como para que las secuelas no fueran tan graves. Desde entonces no la había visto. La última imagen que tenía de ella, era cuando había dejado de respirar.

En realidad con Wendy nunca se sabía. Su situación era complicada. Un día estaba estable y al siguiente podía estar al borde de la muerte. Estaba bajo constante chequeo, y rigurosos exámenes. Aún no habían podido detectar que era lo que se había dañado en el accidente, y esto lo estaba volviendo loco.

Temía que se dieran cuenta cuando fuera muy tarde.

Cartman sintió una mano posarse en su hombro, y estuvo a punto de apartarla, hasta que alzó el rostro y vio a la mamá de Wendy junto a él.

—Ella estará bien, ¿sabes?

Él asintió levemente con la cabeza, incapaz de contestarle con palabras.

—Wendy es muy fuerte, no tienes por qué preocuparte.

Él no respondió. Permanecieron en silencio ambos por unos momentos. ¿Pensaría su madre que él era su novio ahora que Stan y ella oficialmente ya no eran pareja desde hacía más de un mes? Estaba claro que su mamá sabía lo que él sentía por ella y por un momento se sintió abrumado.

—Hoy dormiré en casa—farfulló, antes de tomar la chaqueta que estaba posada sobre el respaldo de su silla.

Dicho esto, se impulsó hacia la salida.

No toleraría estar ni un segundo más en este hospital de mala muerte.

Al día siguiente, al despertar, Stan se encontró nuevamente con Kyle que dormía sobre la incómoda silla, doblado sobre sí mismo para recostarse sobre sus brazos, justo como lo había encontrado cuando abrió los ojos por primera vez el día anterior. Stan al advertir sus rizos cosquilleándole su brazo derecho, le acarició el cabello cariñosamente.

—Estoy despierto—replicó Kyle en un susurro ronco, tono propio de quien no quiere hablar.

— ¿Qué pasó, Kyle? —inquirió Stan al advertir el desánimo en sus ojos verdes.

—Nada en especial. No éramos nada de todas formas. Craig y yo. Quedamos como amigos —pareció dudar unos instantes antes de seguir hablando. —Pero tú más que nadie sabe que después de pasar tantas cosas con alguien, simplemente, es imposible.

—De todas formas, ya era hora —respondió Stan, intentando animarle un poco, pero sólo recibió una mirada lastimera como respuesta.

—Stan, sabes que lo quiero. Puede que no como a ti. Pero eso no quita el hecho de que una parte de mi permanezca aferrada a él—agachó el rostro avergonzado e incapaz de encararle. Luego continuó con voz rasposa que se quebró al final. —Lo siento.

Stan aspiró una pequeña bocanada de aire y con gran esfuerzo físico intentó rodearle entre sus brazos para reconfortarle. No obstante, Kyle apartó su agarre de un frívolo movimiento, como si en esos instantes notara que algo dentro de sí, por más diminuta que fuera, exigía el contacto de otra piel. Stan le miró con desdén e impotencia, pero terminó por resignarse cuando Kyle por sí mismo, le abrazó débilmente. Sus dos brazos rodeándole el torso, como si finalmente aceptaran que no podía tolerar aquella mirada hostil que le dedicaban aquellos ojos azules. Era su propio modo de pedir perdón.

Stan permaneció estático con los brazos reposando sobre el colchón de la cama de hospital, reacio a corresponder, lo cual sólo exasperó aún más a Kyle. Kyle alzó la vista dispuesto a encararlo, pero sólo se encontró Stan con una boca que se torcía en una mueca cruel, y como un aire distante e inexpresivo se manifestaba en su joven rostro.

—Dime algo que no sepa, ¿me crees idiota? ¿Crees que no noté que cuando estabas con Wendy te acostabas con Bebe? —lo siguiente fue tan sólo un susurro que le replicaba, aun cuando se estuviese mostrando de una manera que resultaba vergonzosamente patética— No necesito a nadie ni a nada para que me dé cuenta de las cosas.

—Entonces no somos tan distintos. —Stan hizo una breve pausa y continuó con voz más baja—Antes de que me juzgues, déjame contarme mi versión de la historia.

"Wendy era una manipuladora. Me mantenía atado a ella de una manera que no sé explicar. No es que me amenazara o lo dijera con palabras, era la forma en que era ella. Me sentía atrapado en una relación que no sabía terminar. Obviamente Wendy confiaba en Bebe, y ese fue su error. Bebe fue la que me buscó a mí. Desde que entramos al instituto siempre lo ha hecho. De todas maneras sé que aunque ella no lo hubiera hecho, yo hubiera terminado por buscarla a ella.

"Comenzó con juegos de miradas, luego entre pláticas me daba pequeños golpes en los brazos o jugaba con mis dedos. El contacto con ella me era necesario; cada vez ansiaba más, ¿sabes por qué? Porque Bebe me dio a mí lo que Wendy no supo entregarme. Wendy era monotonía y Bebe era su opuesto. Con ella nunca sabía que podía esperar. Justo lo que creía necesitar. Me equivoqué, sólo retrasé lo inevitable. En realidad sólo quería negar que estuviera enamorado de ti.

— ¿Desde cuándo? ¿Cuándo pensabas decirme? —murmuró Kyle sin poder evitar sonar impotente y con una recriminación dolorosa. — ¿No éramos mejores amigos?

—Por eso mismo. Porque éramos mejores amigos, ¿esperabas que me lo tomara con calma? Ya era muy tarde cuando noté que sentía algo por ti. Por mi mejor amigo, por un hombre. Sé cómo actúa la sociedad en estos tiempos, así que tenía miedo de lo que pensaran los demás. Y tras casi diez años de estar encaprichado con la misma niña, no podían ser buenas opiniones.

"Fue ahí cuando me llegó el rumor de que ella me engañaba con Cartman. No me dolió, pero sentí la necesidad de fingir que sí, para ver si era capaz de creerme mis mentiras. Llegué a la conclusión de que ella no era mejor que yo y me rendí. Tú estabas en mi casa y quería saber cómo reaccionarías al decidir el tomar otro paso contigo.

"Era demasiado para mí. Te había besado. Te había tocado. Por dios, era gay. Tuve que rechazarte, quería rechazarte, pero ni así pude olvidarte. Por ello volví a las andadas con Bebe. Lo siento, de verdad. Nunca tuve la intención de lastimarte, pero era capitán del equipo y contaba con una reputación impecable. Era la realeza de la escuela. —Finalizó Stan con un deje de aflicción en sus palabras.

— ¿Y ahora? —preguntó Kyle, a su vez.

—No lo sé.

Kyle advirtió como su amigo se volvía de hielo de nuevo. Como se distanciaba de él. Resultaba doloroso tenerlo tan cerca, pero sentirlo tan lejos.

—Tienes que decidir entre tu popularidad y yo —sentenció Kyle endureciendo la mirada y apretando los labios en una fina línea. —Si realmente me… me quieres o lo que sea, serás capaz de ignorar lo que te digan los demás. Pero no nomás eso, si de verdad me quisieras no te importaría ni una mierda tu jodida reputación, tu popularidad o tu puesto en el equipo.

Kyle se puso bruscamente de pie y con tal movimiento, la silla donde reposaba momentos antes, se impulsó hacia atrás, en un chirrido agudo.

—No es tan fácil—Stan hizo una breve pausa, para pensar lo que quería decir y dirigió sus vagas pupilas oscuras hasta sus manos. Justo a la aguja intravenosa que tenía clavada en la muñeca. Dolía, sí, pero al igual que las múltiples magulladuras de su cuerpo, eran incomparables a la estrechez que sentía en su garganta, tras saber que era consciente de que estaba nuevamente arruinando todo y no era siquiera capaz de cerrar la boca para no dejar las cosas aún menos jodidas de lo que ya estaban. —Tú nunca entenderás; si realmente me amaras, comprenderías.

Kyle soltó un gruñido de desaprobación al lapso que se giraba para darle la espalda. No podía encararle.

—Pues tal parece que no sentimos nada por el otro, ¿eh? —Se le escapó un suspiro de nerviosismo por entre los labios. —Se acabó. ¿Sabes que esta vez es definitivo, verdad?

Stan mantuvo sus pupilas contraídas fijas en cualquier cosa que no fueran su mejor amigo, y antes de que pudiera impedirlo, ya estaba abriendo la boca nuevamente. Haciendo más daño del que era necesario.

—No puedes acabar lo que nunca ha comenzado.

Kyle, de pie y estático, bajo el umbral de madera de la puerta, quieto muy quieto de la impresión, balbuceó un poco antes de ser capaz de hablar con coherencia.

—A veces de verdad llego a pensar que te odio.

Kyle cerró la puerta de un ruidoso portazo, y por una vez más, el silencio y la agonía interminable se apoderaron de la instancia.

Se había acabado.

Kyle bajó precipitadamente las escaleras del hospital.

Finalmente saldría de este infierno.

No llores, no llores, no llores. Se repetía incansablemente mientras sentía como las escaleras se le antojaban interminables.

Y al final, Stan era tan… Stan. Egoísta, prepotente. Siempre pensando nomas en sí mismo. En lo que pensarían los demás de él. Aun cuando sólo quedaran un poco más de dos meses para que todos se separaran y nadie supiera del otro, sólo le importaba lo que esas personas insignificantes pensaran sobre él. Opiniones sin importancia de gente que una vez que en junio se retiraran a universidades separadas olvidarían quien era el grandioso Stan Marsh.

Una lágrima finalmente se deslizó por su pálida mejilla y apretó sus manos contra los bolsillos de su chaqueta. No quería llorar, pero era imposible.

¿Cómo era siquiera pensable que lo quisiera tanto después de todo lo que le había dicho y hecho?

Al arribar a las puertas dobles de cristal de la entrada, percibió su celular vibrar en su pantalón. No podría contestar el teléfono o rompería.

Aun así se obligó a ver quién era quien le llamaba. Tomó su teléfono móvil, y deslizó su pulgar por la pantalla táctil, desbloqueándolo. Era un mensaje.

"Viernes. Tú y yo. Baile de primavera.

Craig."

Stan se escabulló de su habitación. Antes de retirarse, tomó su celular, que yacía encima de la mesita de noche que estaba adyacente a su cama del hospital. Notó, tras ponerse de pie y en marcha, que ya tenía la fuerza suficiente como para caminar por los alrededores.

Mientras recorría los grandes pasillos blancos, se topó con una enfermera abruptamente y aun así, ella no le dijo nada. Por el contrario, Stan fue y se le acercó por su cuenta, dispuesto a pedirle indicaciones sobre la localización de una habitación en específico.

Minutos después, cruzaba la puerta que tenía una placa con el número ciento cuatro. Era una réplica de su propia habitación. Toda blanca, carente de decoración. En la mullida cama, entre pulcras sábanas blancas, reposaba una chica pálida y frágil que sin saberlo se debatía entre la vida y la muerte. Por la forma en que sus ojos parpadeaban, con la mirada fija en el techo, Stan advirtió que estaba consciente.

—Stan.

Stan rompió la distancia, y tomó asiento en la silla que yacía junto a ella (no pudo evitar pensar que Kyle era el que había estado en esa situación tan sólo unos minutos atrás). Sus manos se lanzaron sobre las de ella, rodeándolas, aferrándose a sus manos con mucho cuidado, como si el toque la fuese a romper. Como si se fuera a derrumbar en cenizas bajo sus caricias.

—Te perdono, Stan.

—Lo sé Wendy, lo sé. Duerme, por favor. Yo te cuidaré esta noche. —Murmuró él, con todo el cariño que pudo, antes de besarle suavemente la frente.

Wendy no era muy diferente a Kyle. Ambos siempre perdonándolo por ser un imbécil de primera. Por nunca poder expresar lo que sentía siempre terminaba dañándolos tanto. Al menos trataría de enmendar sus errores con ella. Era lo menos que podía hacer.

—Te quiero. —Admitió ella en un susurro bajo.

—Y yo a ti.

No, no mentía.

Ella siempre tendría un lugar privilegiado en su corazón. Siempre. Hasta estaba convencido de que la amaba, pero aun así, no lo hacía de la forma que debía hacerlo. Nunca hacía las cosas cómo debía hacerlas. Nunca.

Antes de tomar lugar a su lado, y disponerse a dormir de la misma manera en que Kyle lo había hecho las noches anteriores, reposando la cabeza sobre la camilla de su habitación en el hospital.

—Ven—suplicó ella mientras reunía todas las fuerzas que su débil cuerpo le podían dar y se desplazaba hasta un extremo de la cama.

Stan no la pensó dos veces y escrupulosamente se recostó junto a ella. De un modo reflejo pasó un brazo por encima de su delgado cuerpo. Wendy se encontraba muy, muy fría, así que la calidez de su toque fue algo que ella agradeció infinitamente. Mientras el cálido aliento de ella le golpeteaba el cuello, él la contempló como si fuera la primera vez que la observara. Sus profundos ojos grandes, enmarcados por largas y espesas pestañas negras. Su pequeña boca sonriente. Su largo cabello azabache esparciéndose por encima de la almohada.

—Lo siento—susurró él, advirtiendo como ella finalmente caía presa del cansancio en un sueño tranquilo. No pudo evitar sonreír para sí. Ella era tan buena.

Nunca la había merecido.

Antes de cerrar los ojos advirtió justo como en la mesita de noche de esa misma habitación, vibraba con violencia su propio celular. Asió de éste dudarlo, estirando su brazo libre. Era un mensaje de texto.

"Te visité toda la semana pero sólo coincidí con tus horas de sueño. Bueno quería pedirte que fueras al baile conmigo. Claro eso si te dan de alta antes del viernes.

Bebe".

Volví.

Si creyeron que dejaría esta historia incompleta están muy equivocados. La voy a terminar. No sé cuándo, pero la voy a terminar. Por otro lado, quisiera agradecer infinitamente a todos los que me siguen animando a que escriba esta historia. Siento mucho no poder haber podido contestar los reviews del capítulo pasado, aun así los he leído todos como mil veces (?) me gusta leer sus opiniones lol. Agradezco también mucho que lean este fic todavía, los favoritos y las alertas. Gracias. Son lo mejor.